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lunes, 19 de octubre de 2020

México 1919. Toros en la prohibición (II/II)

Juan Silveti y Antonio Llaguno
12 de octubre de 1919

La fotografía que ilustra este epílogo es la que inició el comentario de ayer. Don Antonio Llaguno y El Tigre de Guanajuato dando una triunfal vuelta al ruedo en una plaza de toros que se nota improvisada, con el caballo dentro del ruedo, seguramente por ser una de esas que tienen solamente una puerta de usos múltiples y evidentemente, de madera.

Esa plaza se instaló en la calle González Ortega de lo que entonces se llamaba la colonia de La Bolsa, hoy colonia Morelos de la capital mexicana, en donde confluyen tres de los barrios más emblemáticos de esa gran ciudad: Tepito, Peralvillo y La Lagunilla y que nos han dado toreros como Jaime Bravo, matador de toros; los hermanos Acosta (Rodolfo, picador; Alfredo y Francisco Paquiro, banderilleros) o los Herros (Paco padre, Paco hijo y José Luis) y aquí hago un agradecimiento al abogado, torero y librero, don Pepe Rodríguez por ponerme en suerte esta información, porque solamente recordaba a Jaime Bravo como originario de ese rumbo.

Días antes del festejo los diarios de la capital, curiosamente entre ellos El Demócrata, anunciaban la celebración del festejo el día 12 de octubre de 1919, auspiciado por la Junta Privada de Sanidad y Embellecimiento de la Primera Demarcación de la Ciudad de México y era pro obras de drenaje de la colonia de La Bolsa.  Actuaría en solitario Juan Silveti con cuatro toros de San Mateo, de cruza española de Saltillo.

Anuncio del festejo aparecido en El Demócrata

No es necesario decir que la placita se llenó. Encontré dos crónicas del festejo, la primera otra vez curiosamente del otrora furibundo antitaurino diario El Demócrata firmada por Aramis y la otra, aparecida en el Excélsior sin firma. La primera de ellas, entre otras cuestiones relata lo siguiente:

¡Por fin vimos toros!

Un inusitado entusiasmo se notaba ayer en las primeras horas de la tarde por los barriales del Norte de la ciudad, con motivo de la inauguración de la plaza de toros “Morelos”, que la Junta Privada de Salubridad de la Primera Demarcación mandó levantar en terrenos de la calle de González Ortega.

¿Qué por qué se permite dar espectáculos taurinos en un coso que no reúne todas las condiciones debidas y no en “El Toreo”? Secretos gubernativos son, que no nos meteremos a dilucidar y nos concretaremos a dar la enhorabuena a los aficionados a la fiesta brava por las horas que pasaron en su espectáculo favorito…

Bien es sabido que los señores Llaguno se preocuparon por formar una ganadería que contendiera honrosamente con las de cartel, y para ello trajeron sementales de ganado español, escrupulosamente escogido, de cuyo resultado hemos visto toros bravos, de verdadera lidia, que no han defraudado los deseos de sus dueños…

De los banderilleros se distinguieron Ferro, en dos estupendos pares que colgó al cuarto de la tarde, tal como mandan los cánones; esto es parando y levantando los brazos con toda maestría, y que le valieron ovaciones y dianas de la charanga que amenizó el festival.

El bravo mozo guanajuatense, Juan Silveti, fue el encargado de dirigir la lidia de los moruchos de ayer, y la verdad es que nos sorprendió una vez más con su arrojo, aunado a los conocimientos adquiridos durante su estancia en España, de donde regresó no ha mucho tiempo…

Con la muleta, no hay torero como él de los que pisan actualmente tierra mexicana, pues bastará para confirmarlo, la faena que ejecutó en el primero y cuarto toro, especialmente en el primero, que lo pasó como él quiso, y quiso muy bien, pues muleteó de rodillas, de todos estilos, cogiendo los pitones, jugando con el toro como si fuera un borreguillo sin peligro, y con un valor que, sin hipérbole, tan solo Silveti es capaz de tenerlo.

La plaza inaugurada es simpática, con el cariz de las de pueblo, pero al verla llena de bote en bote, no pudimos menos que convencernos de que ni el tiempo ni prohibiciones, harán desaparecer de nuestro pueblo el gusto por las corridas de toros.

Al final, el cronista de El Demócrata acaba por reconocer que no hay prohibición que elimine la afición a los toros y, por ende, reconoce el fracaso de la campaña emprendida por su diario.

En Excélsior, se publicaron detalles como los siguientes, de mejor composición literaria:

Por 1ª vez, después de varios años, hubo toros en México

“El pueblo mexicano pide toros”. Así rezaban unos carteles que a mediados de la semana anterior aparecieron fijados en los muros de las casas de todos los barrios de la capital. Este deseo del pueblo, quedó demostrado prácticamente ayer, al inaugurarse la Plaza de Toros “Morelos” construida por la Junta de Mejoras Materiales de la Primera Demarcación, en una de las calles de González Bocanegra. No obstante que en el coso de La Condesa, convertido hoy en teatro al aire libre, cantaban Enrico Caruso y Gabriela Besanzoni, y que se efectuaba una gran kermesse para festejar la Fiesta de la Raza, la nueva plaza de toros se vio pletórica de espectadores…

En general, el señor Llaguno envió una buena corrida, que hubiéramos deseado ver en un coso de mayor importancia. El público pidió que el ganadero bajara al ruedo, tributándole estruendosa ovación, y encomiándoles su afición que ha hecho que forme una de las mejores ganaderías mexicanas…

Juan Silveti, que desde que se prohibieron las corridas de toros en esta capital, había venido haciendo una encomiable labor en las plazas de los Estados, fue una sorpresa para el público. El muchacho guanajuatense ha progresado mucho, ya no es aquel torero que todo lo confiaba al valor y a las portentosas facultades de que dispone. Ahora sabe manejar bien el capote y la franela roja, mandando a los animales con perfección y rematando las suertes que intenta. En lo que sí es el mismo, es en el valor que derrocha siempre, y que en ocasiones llega a la temeridad.

Reseñar paso a paso su labor de ayer, lo creemos innecesario. Baste decir que toda la tarde estuvo muy afortunado, y que las ovaciones que escuchó se sucedieron unas a otras... 

De los del castoreño debemos citar a Meza y a Conejo, que colocaron tres o cuatro varas buenas. Ferro y Montañés, fueron quienes banderillearon a los cuatro toros, haciéndolo bien, sobresaliendo un par del primero, aprovechando, y que fue de suma exposición. Montañés también colocó dos pares de rehiletes singularmente bien.

Al final de la lidia, el público ovacionó al regidor Saldaña Galván, que fue uno de los que principal parte tomaron para la construcción del nuevo coso…

Como se puede ver, la expectación causada por el festejo en esta oportunidad fue correspondida por el resultado del mismo.

Caruso en El Toreo en la misma fecha

Podrá preguntarse por qué se pudo celebrar el festejo estando vigente la prohibición absoluta en la Ciudad de México. En lo personal creo que entran en juego algunas razones de tipo político que reflejan el debilitamiento de la posición del ya presidente Venustiano Carranza. Plutarco Elías Calles, Adolfo de la Huerta, Álvaro Obregón y Pablo González habían formado un frente para obligarlo a dejar el poder, entonces, estaba más concentrado en defender su situación política, que en hacer cumplir un decreto que al final de cuentas correspondía vigilar en última instancia a los Ayuntamientos. Tanto así, que unos meses después, en mayo de 1920, Carranza moría asesinado en Tlaxcalantongo.

Para más INRI y aunque Venustiano Carranza no lo llegara a ver, un sobrino nieto suyo, fue torero y figura del toreo, se trata nada menos que de Manolo Martínez.

Al final de cuentas, la Cámara de Diputados aprobó la derogación del decreto de Carranza el 9  de diciembre de 1919; la Cámara de Senadores hizo lo propio el 2 de mayo de 1920 y la actividad taurina volvió a El Toreo de la Condesa el 16 de mayo de ese mismo año con una corrida de toros en la que actuaron Juan Silveti y José Corzo Corcito ante un encierro de San Mateo.

Así fue como se dieron toros en la Ciudad de México durante la época en la que estuvieron absurdamente prohibidos. No hay mal que dure cien años... ni afición que lo aguante. 

domingo, 18 de octubre de 2020

México 1919. Toros en la prohibición (I/II)


El amigo Doblón (@toritosyburros) me ha hecho llegar la reproducción de una fotografía que fuera de la colección particular del doctor Jesús Sánchez Pérez, publicada en el número correspondiente al mes de septiembre de 1962 de la revista Toros de Jim Fergus. El doctor Sánchez Pérez en esos días era ganadero de Valcerrajas. La imagen muestra a Juan Silveti y a don Antonio Llaguno dando la vuelta al ruedo en una plaza de toros, según el pie de foto, instalada en el barrio de Tepito en la capital mexicana, el 12 de octubre de 1919. Me sorprendió tanto la ubicación de la plaza como la fecha de la celebración del festejo, pues al menos en la Ciudad de México, las corridas de toros estaban absolutamente prohibidas desde el 10 de octubre de 1916.

Fui a los textos de referencia, es decir, la Historia de Lanfranchi y el libro de Verduguillo sobre esa época del toreo y ninguna mención hacen a ese festejo, así que fui a los diarios de la época que están disponibles en las hemerotecas digitales y allí encontré información de su celebración. Sin embargo, creo importante establecer el contexto en el que se dio, aún a riesgo de que otro amigo, don Gustavo Arturo de Alba, me reproche el exceso de contexto, y paso a ello.

El decreto de Carranza de 1916

En el Diario Oficial del Gobierno Provisional de la República del 10 de octubre de 1916 apareció un decreto firmado por el Primer Jefe del Gobierno Constitucionalista estableciendo dos prohibiciones a los festejos taurinos. Rafael Solana Verduguillo, en su libro Tres Décadas de Toreo en México, cuenta lo siguiente acerca de ese instrumento legal:

Entre las diversas campañas que emprendió “El Universal”, habría de figurar bien pronto una que nos causó mala impresión: la enderezada contra las corridas de toros. Una mañana nos llamó el ingeniero a Edmundo Fernández Mendoza, a Enrique de Llano y a mí. “Sé que ustedes son cronistas taurinos, nos dijo, y les va a sentar mal que dentro de pocos días empecemos a pegarle a lo que ustedes llaman la fiesta brava”.

Es un espectáculo muy popular, dijimos al ingeniero y quizá eso reste simpatías al periódico. Además, ya “El Demócrata” – periódico germanófilo – está haciendo esa campaña, que no encuentra eco alguno en el espíritu del pueblo...

Dos artículos solamente publicó “El Universal” contra las corridas de toros y apareció el decreto firmado por don Venustiano prohibiéndolas. Andando el tiempo me enteré de cómo había estado todo.

Conversando el ingeniero Palavicini con el secretario particular de don Venustiano, el señor Gerzayn Ugarte, éste le dijo que ya el Jefe tenía sobre su mesa el decreto de prohibición. El ingeniero, periodista de muy rápida concepción, dijo a don Gerzayn: “Haga usted lo posible porque ese decreto no salga hasta dentro de unos cuantos días”.

¿Para qué?, preguntó el señor Ugarte.

“Yo sé mi cuento”.

Don Gerzayn retrasó la firma del decreto y mientras “El Universal” hizo la breve campaña de que he dado cuenta. Y así, al aparecer la ley prohibitiva, todo el mundo creyó que se trataba de un nuevo triunfo del diario de la avenida Madero...

Omite Solana que otro diario capitalino, La Defensa, también se había sumado a esa campaña contra la fiesta y que las prohibiciones eran realmente dos, según veremos enseguida.

El decreto de Venustiano Carranza contiene en su exposición de motivos una serie de argumentos que seguimos escuchando de quienes demandan la supresión de la fiesta más de un siglo después. Es decir, no han renovado su línea de pensamiento porque en el fondo no tienen razones de peso para demandar que se prohíba una actividad lícita y moral, entre otras cuestiones dice:

…el Estado [tiene] el deber de procurar la civilización de las masas populares despertando sentimientos altruistas y elevando por lo tanto su nivel moral, se está procurando cumplir en México con especial empeño por medio de los establecimientos educativos... también [con] educación física, moral y estética que prepare suficientemente al individuo para todas las funciones sociales...  [lo que] no produciría su efecto si a la vez se dejasen subsistir hábitos inveterados, que son una de las causas principales para producir el estancamiento en los países en que han arraigado profundamente... Que entre esos hábitos figura en primer término la diversión de los toros en la que a la vez se pone en gravísimo peligro sin la menor necesidad la vida de un hombre, se causan torturas igualmente a seres vivientes que la moral incluye dentro de su esfera y a los que hay que extender la protección de la Ley, que además de esto, la diversión de los toros provoca sentimientos sanguinarios que por desgracia han sido el baldón de nuestra raza a través de nuestra Historia...

La parte dispositiva del decreto establece lo siguiente:

Artículo 1o. – Se prohíben absolutamente en el Distrito y Territorios Federales las corridas de toros. Artículo 2o. – Se prohíben igualmente en toda la República las corridas de toros hasta que se restablezca el orden constitucional en los diversos estados que la conforman. Artículo 3o. – Las Autoridades y particulares que contravinieren lo dispuesto en esta Ley serán castigados con una multa de mil a cinco mil pesos o arresto de dos a seis meses o con ambas penas según la gravedad de su infracción. Transitorio. – Este decreto comenzará a estar en vigor desde la fecha de su publicación. – Constitución y reformas. – Dado en la Ciudad de México a los siete días del mes de octubre de mil novecientos diez y seis. – V. Carranza.

Como se puede apreciar de su lectura, hay dos prohibiciones contenidas en él, la del artículo primero, absoluta, para la Ciudad de México y los entonces Territorios Federales existentes (Baja California, Tepic y Quintana Roo) y la del artículo segundo, relativa, para las demás entidades federativas, sujeta al restablecimiento del orden constitucional.

Es preciso mencionar aquí que en esa misma edición del Diario Oficial, el Primer Jefe también decretó una suspensión general de garantías individuales, estableciendo juicio sumarísimo y pena de muerte para quienes atenten contra la vida, la propiedad o contra la tranquilidad pública.

Las reacciones de la prensa que impulsaba la prohibición no se hicieron esperar. El diario El Demócrata publicó entre otras cosas lo siguiente en su primera plana:

Quedan prohibidas en toda la República, las corridas de toros

El Gobierno tiene el deber de contrariar y extirpar los hábitos y tendencias que son un obstáculo para la cultura”

“El Demócrata” obtiene un señalado triunfo

Pocas notas nos causarán tanta satisfacción al publicarlas como la presente, que se refiere a la supresión del salvaje espectáculo llamado "corridas de toros". EL DEMÓCRATA siempre ha sido enemigo de tal diversión, y en diferentes formas y por cuantos medios ha tenido a su alcance, la ha combatido, procurando llevar a las inteligencias el convencimiento de cuan pernicioso es dicho espectáculo para el pueblo.

En nuestras críticas domingueras censuramos duramente el brutal espectáculo, negándole todo arte y concediéndole que albergaba las más bajas pasiones, y relajaba el gusto de los aficionados a la fiesta a la crueldad...

Las corridas de toros están llamadas a desaparecer muy pronto al influjo de la civilización contemporánea...

Omite hacer referencia alguna en toda su edición al decreto de suspensión de garantías y en cambio, transcribe a la letra el relativo a las corridas de toros.

Por su parte, La Defensa, también en la primera plana, éste sí, dejando allí mismo espacio a la suspensión de garantías, refleja lo que sigue:

Supresión de la fiesta brava

No volverá a haber en México corridas de toros, rigiendo desde hoy el decreto que aplaudirá frenéticamente la gente culta y sensata

La abolición del salvaje espectáculo abarca toda la República

Para honor de México; para honor de la raza y en reivindicación de los fueros de la humanidad ultrajados, el C. Primer Jefe del Ejército, señor Venustiano Carranza, acaba de firmar un decreto que será imperecedero, que prohíbe en lo absoluto, en todo el territorio nacional, las corridas de toros.

Nosotros felicitamos efusiva y calurosamente a la Primera Jefatura, por ese decreto poderosamente reformador, que reivindica la cultura, la humanidad y el altruismo proverbial del heroico pueblo mexicano...

Los que impulsaban la prohibición cantaban lo que resultó ser una victoria pírrica. El restablecimiento de la fiesta en el resto de la República se daría unos meses después con la entrada en vigor de la Constitución de 1917 (restablecimiento del orden constitucional), en ese mismo 1919 Patatero construiría su placita en Tlalnepantla y los habitantes de la capital no se quedarían sin toros, así que de poco o nada sirvió el decreto de marras.

Como escribió Verduguillo:

…La prohibición abarcaba exclusivamente al Distrito Federal. En el año de 1919, el “Patatero” construyó una placita de madera en Tlalnepantla y allí se desarrolló una temporada en toda forma de la que he hecho mención en capítulos anteriores. Muerto el señor Carranza, en mayo de 1920, se reanudaron las corridas en esta capital.

Poco taurino ha resultado el presente capítulo, pero había que colocar al lector en el ambiente de suspensión decretado por don Venustiano, quien, por ser gran admirador de Juárez, no vacilaba en imitarlo hasta en gestos tan intrascendentes como es la prohibición de una fiesta...

El intento de Silveti de 1918

Juan Silveti intentó obtener un permiso especial de la Cámara de Diputados al final de octubre de 1918, durante la etapa más grave de la epidemia de la mal llamada influenza española, para dar dos corridas de toros en El Toreo de la Condesa. Eso se refleja en una nota del diario nocturno El Nacional del 1º de noviembre de ese 1918, que entre otras cosas señala:

Juan Silveti, el valiente matador de toros mexicano, ha enviado a la Cámara de Diputados un memorial que en síntesis encierra la petición de que se le otorgue el permiso necesario para celebrar en la plaza de "El Toreo", dos corridas de toros... Los productos íntegros de estas dos fiestas, se destinarán a la campaña emprendida en contra de la terrible epidemia que asuela a nuestra Patria con todo su furor... Aproximadamente esos productos ascenderán a la respetable suma de $50,000.00, más o menos los gastos que se originen que serán insignificantes. Juan Silveti y su cuadrilla no cobrarán un solo centavo; los demás lidiadores tampoco. Los ganaderos fácilmente prestarán su contingente, renta de plaza no habrá y entendemos que el H, Ayuntamiento de la capital eximirá de toda contribución al espectáculo...

La especie ya no recibió seguimiento por la prensa capitalina. Seguramente la Cámara simplemente lo ignoró, pues tenía cuestiones más importantes que tratar. Pero la celebración de festejos en la Ciudad de México estaba ya próxima, con el decreto aún vigente, como lo veremos el día de mañana...

domingo, 17 de octubre de 2010

El retorno de Los siete magníficos

Los Siete Magníficos: lucharon como si hubieran
sido setecientos...
El pasado miércoles, ahora sí, de manera pública – incluso con fotografía y abogado de por medio – y no morganática como lo hizo la señora González – Sinde, cuando estaba en vísperas el suicidio calculado del Senador García Escudero, el señor Alfredo Pérez Rubalcaba, Ministro del Interior del Gobierno de España, recibió a una versión de los Siete Magníficos de la torería para discutir y acordar con ellos el traspaso de las competencias que le restan al Ministerio a su cargo, al Ministerio de Cultura, a cargo de la primera señora mencionada.

Al finalizar el publicitado encuentro, se expresó satisfacción por los de la púrpura y entre lo que dijeron, fue que Pérez Rubalcaba había manifestado su conformidad de traspasar en breve tiempo esas competencias a Cultura. Pronto el letrado y ganadero Araúz de Robles se dedicó a presentar a algunos medios una ruta crítica del traspaso y a expresar su esperanza de que el inminente año 2011 se inicie con los asuntos de la Fiesta regidos por el Ministerio de Cultura y no por el del Interior.

Pero no todo será coser y cantar a partir de entonces, porque si bien la Fiesta de los Toros tiene una gran vertiente cultural, en el desarrollo de su etapa final, es decir, en la corrida de toros o de novillos, intervienen muchos aspectos que escapan de los límites de lo que es meramente cultura y entran en la esfera de lo que es absolutamente gubernativo y aunque la difusión, defensa y promoción de la Fiesta corresponda al Ministerio de Cultura, la autoridad gubernativa necesariamente tendrá que seguir regulando algunos de sus aspectos. Como escribe don Carlos Ilián:


No me imagino a los funcionarios de Cultura, gente dedicada a labores relacionadas con la pintura, la escultura, la ópera o cualquier otra manifestación de ese rango, metidos en labores de corrales, sanciones por afeitado, control del registro de nacimientos de becerros, ni en el intrincado y misterioso mundo de las suspensiones...
Algo sobre la Fiesta y su regulación

¿Qué es lo que se puede regular de la Fiesta? Afirma el profesor Tomás Ramón Fernández que hay reglas puramente taurinas – regulae artis las llama – y otras que son puramente jurídicas en la reglamentación de los festejos.

Como ejemplo de las primeras, cita las relativas a la manera de ejecutar la suerte de varas, las que previenen la colocación de los diestros y subalternos en el ruedo y de las segundas señala las que imponen prohibiciones a la ejecución de ciertas suertes en el segundo tercio y en la etapa de la muerte del toro.

Las segundas resultan de los deberes que tienen empresas, ganaderos y toreros en la oferta, preparación y desarrollo del espectáculo, como son el debido anuncio de éste, la obtención de los permisos y licencias necesarias, la edad, pero y trapío que deben reunir los toros a lidiarse, así como su integridad sanitaria y física; el hecho de que los toreros deben estar físicamente aptos para el ejercicio de la lidia y en general, de que el espectáculo anunciado debe darse en su integridad, cualitativa como cuantitativa.

El hecho de que se exista una regulación jurídica para los festejos taurinos, de ninguna manera implica un atentado contra la libertad artística de sus participantes, pues ésta solo puede darse en tanto esa actividad artística no perjudique a la colectividad en la que se desarrolla, dado que en esto, existen múltiples variables que quedan fuera del control del aficionado y del simple espectador. De allí que el Estado, se vea compelido a intervenir.

La reglamentación de los espectáculos taurinos tiene por finalidad proteger los intereses de quienes tenemos afición, deseo o simplemente curiosidad de ocurrir a esos festejos, dado que tenemos como única opción el aceptar la oferta de la empresa o rechazarla, pero carecemos de los medios de verificar si esa oferta se cumple en su integridad. De allí que la autoridad gubernativa tenga el deber y la necesidad de asegurar en la medida de lo posible, el mejor interés de la colectividad a la que la actividad del empresario taurino se dirige y la manera que el Derecho tiene para lograr ese cometido, es precisamente mediante la puesta en vigor de normas de orden público, cuyo cumplimiento no puede quedar al arbitrio de los particulares, las empresas o los diestros en este caso.

Por ello, es que me resulta claro que el pretendido traspaso de competencias del Ministerio del Interior al de Cultura que dicen los purpurados que obtuvieron el pasado miércoles, es una victoria pírrica, porque en lo que se refiere a la promoción de la Fiesta y a la difusión de sus valores, es probable que algo consigan, pero en las cuestiones que a alguno preocupan – Morante y las multas – nada deberá cambiar, pues la autoridad gubernativa (nacional o autonómica) seguirá ejercitando sus atribuciones y aplicando sanciones, cuando ello corresponda.

Lo anterior no implica que no se reconozca a los toreros su calidad de artistas, pero el hecho de que lo sean, no les hace refractarios al orden jurídico establecido.

Un retazo de historia

No sé de dónde sacan la idea de que a los toreros no se les considera artistas. El documento que transcribo (parcialmente) enseguida, aunque proviene de una de las etapas más oscuras de las relaciones taurinas entre España y México, pues es la Orden Ministerial que desembocó en el coloquialmente llamado Boicot del Miedo, refleja que a los toreros siempre se les ha reconocido esa calidad y para muestra, lo que sigue, que fue publicado en la Gaceta de Madrid, número 124 del 3 de mayo de 1936:

MINISTERIO DE TRABAJO, SANIDAD Y PREVISIÓN. Ilmo. Sr.: La actual crisis de trabajo, cuyos sensibles efectos se acusan con mayor o menor intensidad en los distintos países y en las diversas profesiones, ha invadido también la zona de los espectáculos públicos, de lo que en España constituye una de sus manifestaciones más típicas e importante la fiesta de los toros.

Ante la competencia muy lesiva que a los profesionales españoles del arte del toreo, organizados corporativamente y sometidos a la legislación laboral, produce la actuación de lidiadores extranjeros, las Asociaciones en que aquellos están organizados solicitaron en distintas ocasiones de este Ministerio protección para su trabajo en términos que, sin constituir prohibición para los extranjeros, regula la intervención de estos en los espectáculos taurinos.

Justo es que lo legislado en España para proteger los intereses de nuestros trabajadores, en relación con la competencia de los profesionales extranjeros, alcance a todas las profesiones y oficios, y como, al mismo tiempo, resulta evidente que en la clase de espectáculos públicos de que se trata, el arte y el valor de cada profesional es lo que constituye el principal atractivo de la fiesta, ambas consideraciones, unidas a la muy digna de tener en cuenta de que, terminada en España la temporada taurina, algunos de nuestros profesionales se trasladan a otros países a proseguir en ellos su actuación, aconsejan tratar de conciliar los intereses en pugna, sin mengua de la protección debida de los artistas taurinos españoles…
Como se ve, las autoridades laborales de la República Española también consideraron artistas a los toreros y creo que nadie en sus cinco sentidos puede dudar de esa calidad para ellos. Entonces y recurriendo de nuevo a un dicho popular de estas tierras: ¿para qué tanto brinco, estando tan parejo el suelo…? El cambio de un Ministerio a otro no va a modificar el actual estado de cosas, ni les va a conseguir a los toreros un reconocimiento que ya tenían, porque insisto, el cambio tiene que venir desde dentro y para todos y no convertirse en una remodelación cosmética que con la primera tormenta, se venga abajo, no obstante que se trate de un traje a la medida, como el que proponen Zabalita y otros iluminati en esta dirección, en la que, los únicos que tenemos que tragar, somos los que pagamos por ver, porque como siempre sucede, los que tienen las soluciones son ellos, los profesionales, los que saben de esto, algo a lo que, los simples mortales en esa obtusa manera de ver la vida, no tenemos derecho.

Una aclaración: La denominación de Los siete magníficos, no es ocurrencia mía, se la tomo prestada a Enrique Martín de Toros Grada Seis.
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