Mostrando entradas con la etiqueta El Ruedo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Ruedo. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de marzo de 2026

28 de febrero de 1965: El gran triunfo de El Cordobés en la Plaza México

Desplegado publicitario de El Cordobés
El Redondel 7 de marzo de 1965

El Cordobés tardó en entrar con el público de la Plaza México. Confirmó allí su alternativa el domingo 7 de febrero de 1965, recibiendo los trastos de manos de Antonio Velázquez y oficiando como testigo Antonio del Olivar. A pesar de que, Manuel Benítez estuvo empeñoso y hasta entregado ante los dos toros de su lote, casi de inmediato un importante sector de la concurrencia se puso en su contra y se dedicó a reprocharle cuanto intentaba. La tarde terminó para él y para todos, como tituló su crónica don Alfonso de Icaza Ojo, en un mitin de órdago. Reapareció a la siguiente semana para atestiguar la confirmación de alternativa de Mauro Liceaga, de manos de Rafael Rodríguez. La actitud de una buena cantidad de los concurrentes hacia el de Palma del Río fue en el mismo sentido, quizás más ruidosa. Escribe Daniel Medina de la Serna:

Y, ¡por fin!, pisó el ruedo de la México el fenómeno de la época, Manuel Benítez Pérez llamado “El Cordobés”, para el que quisiera algo de él. Confirmó (9ª) de manos de Antonio Velázquez y aunque tuvo buenos momentos, "inspiradísimos" escribió Alfonso de Icaza, acabó por fracasar dándole gusto a los que fueron a ver eso y que eran legión. Segunda corrida (10ª) y segundo y más ruidoso descalabro...

Era evidente que, en la Plaza México, que tenía un cupo del doble del Toreo de Cuatro Caminos, había lugar para aquellos que, quizás se quedaron fuera de esta última plaza, donde El Cordobés se había presentado en este país y había triunfado en toda línea, quizás pensando que, aquel viejo refrán seguía rigiendo: fuera de México, todo es Cuautitlán...

La 12ª corrida de la temporada 1964 – 65

Manuel Benítez reaparecería en la gran plaza el domingo 28 de febrero de 1965, y ese día el de la duodécima corrida de esa temporada 1964 – 65, dejaría en claro por qué era una figura del toreo. El cartel anunciado para esa tarde se formaba con los acalitanos Alfonso Ramírez Calesero y Rafael Rodríguez, que precederían en el orden de lidia a El Cordobés, para enfrentar a un encierro de Mimiahuápam, ganadería entonces de la titularidad de don Luis Barroso Barona.

Los dos toreros de Aguascalientes estaban ya en el ocaso de sus carreras, sin saberlo y quizás sin preverlo, Rafael Rodríguez toreó ese día su última corrida en la plaza de toros que lo llevó a la cima, y por su parte Calesero estaba a su vez actuando en su antepenúltima tarde, porque poco menos de un año faltaba para que allí mismo se cortara la coleta en una tarde que, después de todo, resultó ser memorable para él.

También El Cordobés, aunque en circunstancias distintas se presentaría en la Plaza México, dentro de su carrera, ya solamente esta tarde y la noche del siguiente jueves 4 de marzo, en la corrida de la Oreja de Oro. Seguiría viniendo a México en otros calendarios, pero ya no volvería a actuar en la capital mexicana.

Una tarde verdaderamente histórica

El tercer toro de la corrida se llamó Palomo y venciendo la oposición de aquellos que en las dos tardes anteriores lograron poner a la mayoría en su contra, le cortó la primera oreja de la corrida. Escribió Ojo en su crónica para El Redondel:

“El Cordobés” se quita la montera y como viene más mechudo que nunca, causa sensación. Se dobla con su adversario echando la cabeza al suelo e inmediatamente después instrumenta dos derechazos que arrancan olés de los tendidos. Se sigue arrimando, da otros dos pases iguales y luego se cambia y alborota el gallinero con uno de sus característicos muletazos. Toda la faena la realiza “El Cordobés” entre los pitones y para provocar la arrancada del toro le patea en los hocicos. Torea ahora con la izquierda en el mismo palmo de terreno en que ha desarrollado todo su trasteo, y aunque sus pases no le resultan limpios, sí son indiscutiblemente emocionantes... Porfía el diestro; da pases estatuarios a la mínima distancia. Aguanta heroicamente y se hace ovacionar por la plaza entera. El toro se ha ido quedando más y más y Manuel lo hace embestir pegándole con la barriga. Se adorna rasgando el testuz de la res y vuelve a torear con su aguante único a dos dedos de los pitones. Le chillan algunos el que se cambie de lado, pero luego cuando pisa los terrenos inverosímiles, arma la escandalera... Hay otros alardes de parte del diestro de Palma del Río, que a unos gustan y a otros no, y en cuanto “Palomo” junta las manos, entra a herir Manuel en corto y por derecho y deja un estoconazo ligeramente contrario, de tanto atracarse. El toro tarda en doblar y ello induce al “Cordobés” a descabellarlo al primer intento. Ovación, música, millares de pañuelos que piden la oreja, concesión del apéndice por parte de la autoridad y vuelta triunfal al anillo, devolviendo sombreros y prendas de vestir… Este es “El Cordobés”: un torero que torea distinto a los demás y que entusiasma más que ninguno...

Una faena típica de las suyas. Imponiéndose al toro que se quedó parado y metiéndose entre los pitones. No dejó ya resquicio de duda de que los espectadores estaban ante una real y auténtica figura del toreo. Pero todavía tenía el de Palma del Río cosas que expresar. Así, ante el sexto de lidia ordinaria, Mayito, sucedió lo siguiente:

Y ya tenemos al “Cordobés” frente a “Mayito”. Doblones suaves como ellos solos; dos pases por alto, molestado por el aire y derechazos en los que se enrosca al toro a la barriga, armando tremenda escandalera. Anuncia que va a regalar un toro y la ovación crece de punto. Más pases de aguante y mando increíble y ahora con la zurda, naturales sencillamente asombrosos. Los remata con el pase de pecho y la plaza se viene abajo, cayendo al ruedo sombreros en cantidad. Sigue la faena cordobesista pura, impregnada de esa personalidad que hace de Manuel Benítez un torero único, mejor o peor que los demás, pero sin parecerse a nadie. Los naturales de ahora son de asombro y los dos pases de pecho que le siguen, fenomenales... El toro se agota poco a poco, pero “El Cordobés” sigue encima de él, provocando la arrancada, sacándole pases de todas marcas. Lo iguala y atiza media estocada, llevándose el arma. Nuevo viaje, y acostándose en el morrillo, sepulta una estocada hasta el puño. El bravo y noble burel está a punto de entregarse, pero “El Cordobés” se empeña en descabellar innecesariamente, y falla hasta cuatro veces, para acertar al quinto intento. Estalla la ovación, no obstante y no pocos pañuelos flamean en los tendidos cuando el diestro se retira al callejón, obligándolo el público a que saliera para agradecer los aplausos de la mayoría de los espectadores...

A los primeros muletazos anunció el regalo de un toro, seguramente porque calibró que Mayito estaba ya muy mermado de fuerzas, y sin embargo, le realizó una faena de corte muy distinto a la anterior, principalmente sobre la mano izquierda, tan rematada, que aun después de los fallos con la espada, se le pedían las orejas.

El toro de regalo

El séptimo de la corrida se llamó Corsario, y era de Torrecilla. El obsequio no tenía por intención el salvar in – extremis una tarde fallida, era en realidad el intento del torero de complacer a la afición, aún habiendo triunfado con el lote sorteado en su momento. De lo realizado ante ese toro, escribió don Alfonso de Icaza Ojo:

Dos doblones para hacerse del toro y una serie de pases rápidos en los que los cuernos del burel le destrozan la franela. Cambia ésta Manolo e instrumenta varios derechazos, habiendo a poco otro intermedio en el trasteo. Naturales aguantando mucho; derechazos enredándose al toro en la cintura; uno de cuatro vueltas que para a la plaza de cabeza por la manera en la que el diestro corre la mano y mide el arranque de la fiera, y ya, con el ambiente caldeado, naturales; pases cambiados y uno de pecho piramidal. Más derechazos de lentitud increíble; toreo personalísimo de aguante heroico; cite a distancia que va acortando hasta que el toro se le arranca y más muletazos, con una y otra manos, de positivo asombro. Cuando lo remata con el de pecho, la plaza entera es un manicomio… Más naturales, sencillamente maravillosos; el de pecho fenomenal y ya desde ese momento, centenares de pañuelos que piden para este sensacional torero, de este nobilísimo animal, los apéndices. Se perfila a ley Manolo, arranca a matar y deja un estoconazo, también contrario, que hace doblar. Ovación inenarrable, miles de pañuelos que se agitan en los tendidos, concesión de las orejas y el rabo, el público que se echa al ruedo para abrazar al “Cordobés” y pasearlo por el ruedo en hombros, por una multitud enloquecida. Los granaderos dispersan a la multitud, los gritos de torero, torero, se oyen por todo el ruedo; vuelven a cargar al “Cordobés” en hombros, cuyo traje de luces ha sido destrozado, y en hombros se lo llevan por la puerta grande en una auténtica apoteosis…

El Cordobés terminó de establecer en la Plaza México, ante todos los que le demostraban admiración o respeto y también ante aquellos que iban dispuestos a reventarlo, que era una auténtica figura del toreo y no una creación publicitaria o de la literatura. Dejó fuera de cualquier duda su categoría dentro de los redondeles. Escribió quien firmó como Paliacate en el semanario madrileño El Ruedo, salido a los puestos el 9 de marzo siguiente:

Ha ganado El Cordobés una batalla difícil, ciertamente. Y la ha ganado – hasta sus más acérrimos adversarios, los que le silbaron cuando iniciaba el paseíllo – en muy buena lid, limpiamente. Para fortuna de los aficionados mejicanos, que han tenido la oportunidad de contemplar una de las más completas actuaciones que se le recuerdan a Manuel Benítez; en tres toros ha podido dar la imagen precisa y completa de lo que es su toreo…

Creo que la explicación es clara y contundente.

¿El final de una época?

Decía al inicio que Alfonso Ramírez Calesero y Rafael Rodríguez El Volcán de Aguascalientes, en esta señalada tarde prácticamente concluyeron su paso por la Plaza México, representando el cierre de las edades de Oro y de Plata del toreo en México. Nuestra Edad Moderna ya estaba en ciernes, puesto que las figuras que la encabezarían estaban próximas a recibir la alternativa. Sigue escribiendo el invocado Paliacate:

De verdad: se le puede discutir el arte, pero no su fabulosa habilidad para hipnotizar a quien se le ponga por delante, público o toro. Este Cordobés ha escrito una nueva página en la historia del toreo en Méjico y ha confirmado que es, sin discusión, el torero de la época. Porque hoy, ya lo saben, es cordobesista todo Méjico…

Ya advertía el escriba que el estado de cosas en la fiesta mexicana estaba por cambiar. La historia nos demuestra que no le faltaba razón.

El triunfo en la visión del torero

En El Redondel fechado el 7 de marzo de ese 1965, se publicó una entrevista que don Rafael Morales Clarinero hizo a El Cordobés, en la que, a propósito de la corrida de su triunfo, dijo:

Si no hubiera tenido éxito en mi tercera corrida den la Plaza México, quizá me hubiera retirado. Cuando menos así me lo había propuesto. No sé si hubiera podido cumplirlo... Uno de los días más felices de mi vida lo tuve el domingo cuando triunfé en la México. El más malo, se puede escoger entre los dos anteriores en que no pude torear a gusto entre ustedes... Puedo decir que en esta plaza es donde más se nota un triunfo o un fracaso... Pesa mucho la plaza. Siente uno que se sume, que está muy hondo. Que la gente está arriba, muy arriba. Siente uno como que se ahoga... No puedo señalar mi tarde de triunfo en la México como la mejor de mi vida; pero sí en la que más gusto y felicidad sentí. No estaba seguro de triunfar; pero sabía que iba a poner todo lo que pudiera. Estaba dispuesto a todo con tal de lograrlo... Y claro, salí con más miedo y compromiso que otras tardes...

Lo que comentó al entrevistador refleja la responsabilidad que sintió el torero y la sensación de alivio que le produjo el triunfo.

Tres brindis

Esa tarde destacaron tres brindis de los diestros actuantes. Calesero brindó el primero de la tarde a don Manuel Tello Barnaud, Secretario de Relaciones Exteriores, zacatecano y sin complejos derivados de la mal llamada corrección política, fue a los toros y fue brindado. El mismo Poeta del Toreo igualmente brindó su segundo a una asistente habitual a las barreras de la plaza, a la Doña María Félix.

Por su parte, El Cordobés brindó el séptimo a Manolo Prieto Crespo, quien, junto con Juan Cañedo, fue quien lo trajo a México por primera vez para actuar en el Toreo de Cuatro Caminos. Dijo el torero:

Manolo Prieto ha sido aquí, en México, más que un amigo, un hermano, por eso le brindé el toro del desquite...

Así se produjeron los acontecimientos más destacados de una corrida que resulta ser histórica en muchas de sus aristas.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Dalí en los toros

Cortesía: Joaquín Albaicín
A finales de 1960, al hacerse público que Salvador Dalí y su esposa Gala habían llegado a un acuerdo con el Museo del Prado para que todas sus pinturas, dibujos y otras creaciones artísticas pasaran al Museo del Prado después de su muerte, Ramón Guardiola, el alcalde de Figueras se entrevistó con el pintor para hacerle ver que dada la trascendencia de su persona y de su obra, Figueras debería tener un sitio en dedicado a representar y exhibir la obra de Dalí.

Fue el propio Dalí el que propuso que se rehabilitaran las ruinas de lo que fuera el Teatro Principal o Municipal de la ciudad, casi destruido en las postrimerías de la Guerra Civil, inspirado en lo que se realizó con la Sala de las Cariátides del Palacio Real de Milán, donde unos años antes había expuesto obra y que había sido rescatada de los efectos causados por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Figueras homenajea a Dalí

El 12 de agosto de 1961 se organizó un homenaje a Salvador Dalí en Figueras, su ciudad natal, con un extenso programa de actividades. Recorrido por las calles, corrida de toros, desfile de cabezudos, visita a las ruinas del teatro que se reconstruiría para instalar allí el museo, la entrega de la Hoja de Higuera de Plata y una cena de gala.

La corrida de toros

La decimonónica plaza de toros de Figueras, en esos días todavía de propiedad privada, se engalanó con un cartel formado por Curro Girón, Fermín Murillo y Paco Camino, quienes enfrentarían un encierro de Molero Hermanos, de Valladolid. Aunque la tarde fue ventosa, los toreros pudieron tener actuaciones destacadas. Relató el corresponsal de El Ruedo, en el número fechado el 17 de agosto siguiente:

En Figueras, la bella ciudad del Ampurdán, se celebró una corrida en homenaje del genio pictórico de Salvador Dalí, que hizo de las suyas a lo largo de la corrida y al término de la misma... Curro Girón realizó en su primero una faena valerosa y porfiona, para despacharlo de una gran estocada. Al cuarto le toreó de forma superior a la verónica, le banderilleó entre ovaciones y le cuajó una excelente faena que mereció los honores de la música y le valió dos orejas y rabo… Fermín Murillo tuvo el lote menos apto para el lucimiento. En ambos peleó contra el viento y el pésimo estilo de sus enemigos, a los que realizó dos valerosas y expuestas faenas, que fueron premiadas con música y grandes ovaciones. Pero la espada no estuvo certera y lo que pudo ser triunfo de orejas quedó en ovaciones… Paco Camino dejó la impronta de su arte en unos lances maravillosos. Con la muleta, dos grandiosas faenas, en las que la mano izquierda entró en funciones con un toreo al natural que entusiasmó a propios y extraños. Mató a su primero dé estocada y hubo premio de dos orejas y rabo, y al sexto, de estocada y descabello, pero como quiera que el puntillero le levantase en tres ocasiones el toro, todo quedó en vuelta triunfal...

En varias publicaciones se refiere que, a petición de Dalí, se pretendía que los despojos del último toro de la tarde fueran levantados por un helicóptero y depositados en el mar o en los picos de Montserrat. Refiere el redactor de El Ruedo:

Muchas, veces Dalí – que se hace el quite de la pintura buscando por medios pintorescos las páginas gráficas de los semanarios – ha sido atraído por la fiesta de les toros. Aún recordamos aquella corrida proyectada para ser celebrada en Lima, a cuyo final un autogiro izaría el cadáver de un toro sobre el pico más alto de los ingentes Andes. La versión andina cedió paso a la versión mediterránea - ninguna de las cuales vio la luz - y los Andes fueron sustituidos en el proyecto por los picos de Montserrat...

Al final de cuentas, el helicóptero, que debió llegar desde una población francesa cercana, no llegó y el fin de fiesta sugerido y previsto por el pintor no se pudo producir, pero hubo un final adecuado a su personalidad, el estallido de un toro esculpido en yeso, por los artistas belgas Niki y Saint Phalle y Jean Timbuyill, mismo que estuvo a punto de causar un desaguisado, pues las chispas de uno de los cohetones casi le queman la cara. Relata el corresponsal de la Hoja del Lunes de Barcelona:

El primer cohete de la traca fue a dar, precisamente, en el ojo izquierdo de Dalí, que no se había movido de su sitial en la presidencia... A la salida de la plaza, abriéndose paso entre la muchedumbre, compuesta de turistas extranjeros en su mayor parte, una vistosa comitiva recorrió las calles de Figueras....

Y por su parte, refiere el corresponsal del diario madrileño Pueblo:

Esto no fue obstáculo para que, durante la desintegración del toro de yeso, lleno de cohetes, bengalas, fuego y una paloma viva que emprendió el vuelo ante el entusiasmo de los asistentes, Salvador se cubriera la cabeza con un gran pan de los denominados de “pages” para protegerse de los petardos y recibir, de paso, una gran ovación del público...

Fragmentos de una entrevista

Juan R. Vila, de la Hoja del Lunes de Barcelona, tuvo la oportunidad de entrevistar a Salvador Dalí ese día. Y le dio algunas respuestas muy interesantes:

- ¿Qué significado tenía el «toro sorpresa», sacrificado al final de la corrida daliniana?

- El alquitrán, que lanzaba a chorros, significa lo que de momento es blando y luego se endurece. Esto es la vida misma, que es así.

- ¿Y el fuego?

- El fuego que el toro despedía expresa el vigor, y da el tono de rito sagrado a lo que es la corrida de toros.

- ¿Sigue con la tauromaquia?

- Continúo haciendo bocetos sobre ella. Siempre me renuevo. Ahora pienso renovar mi forma de pintar. Yo siempre estoy en renovación.

- ¿Entonces, lo que ha hecho y hace, no es definitivo?

- Definitiva en sí es la idea; la expresión es variable. Como soy un genio, seis veces por minuto se me ocurre una genialidad...

Esas pocas respuestas pintan de cuerpo entero a Dalí.

Las corridas de homenaje

En varios de los textos periodísticos que he podido consultar se hace referencia al festejo como corrida daliniana, pero lo fue por el personaje en cuyo honor se celebró, porque al final de cuentas, como lo señala el redactor de El Ruedo, fue una corrida seria y al uso, es decir, no hubo ni vestidos de torear estilizados especialmente al efecto, ni intervenciones absurdas en la plaza para darle más efecto al evento. En suma, no se trató de una de las hoy en día tan traídas y llevadas corridas temáticas que tanto abundan y que tan poco aportan.

Por otra parte, aunque en su día y con vista hacia la taquilla, la confección del cartel puede considerarse como redonda, a veces ese tipo de festejos debieran formarse en función de la idiosincrasia del homenajeado, que será quien llevará a la afición a los tendidos. Escribe Joaquín Albaicín:

...creo que lo suyo habría sido confeccionar los carteles con espadas gitanos y mexicanos, que – con excepción de “El Platanito” y “El Cordobés” – han sido los únicos toreros destiladores de un arte afecto al surrealismo. Haber, sí, traído como fuese desde su retiro en Texcoco a Silverio, o al Procuna aún en activo, o hacer reaparecer para la ocasión a un “Rafael Albaicín” entonces a caballo por los “spaghetti – westerns” de Almería o a un “Gitanillo de Triana” al frente de su tablao madrileño. Y llamar a Yul Brynner para pedir la llave de la plaza… Y “Manitas de Plata” tremoleando desde un palco. Pero no se hizo...

Es decir, los toreros que rinden el homenaje, deben ser coincidentes con el ser y con la personalidad del homenajeado – vamos, de la misma cuerda –, de modo tal que éste sea más profundo y más sentido por todos.

Aviso Parroquial: Agradezco a Joaquín Albaicín el haberme puesto sobre la pista de este asunto y de la imagen que ilustra estos pergeños.

domingo, 14 de diciembre de 2025

14 de diciembre de 1963: Manuel Capetillo se presenta en la plaza Santamaría de Bogotá


Joselillo de Colombia – civilmente José Edgar Zúñiga Villaquirán – es, con poco margen para la discusión, uno de los integrantes de la terna de figuras principales de la torería colombiana junto con Pepe Cáceres y César Rincón. Doctorado en el año de 1953 en Lorca, Murcia, fue quizás el primero de los toreros de su tierra en hacer campañas completas en ambos lados del Atlántico. Confirmó su alternativa en Madrid el 12 de octubre de 1956 y en la Plaza México el 8 de mayo de 1960.

En México encabezó el escalafón, junto con Juan Silveti y Alfredo Leal el año 1963, toreando 33 festejos, de los cuales cuatro fueron en la Plaza México, abriendo la puerta del encierro en uno de ellos. Se presentó además en plazas como Guadalajara, Tijuana, Ciudad Juárez y San Luis Potosí. Se despidió de los ruedos el 8 de marzo de 1964 en Cali, su lugar de nacimiento, aunque dos años después volvería a los ruedos para torear esporádicamente en Colombia, hasta el año de 1975.

El fuerte de la actividad de Joselillo de Colombia dentro de la fiesta, desde un poco antes de esa primera despedida se desarrollaría en los despachos. Constituyó una entidad denominada Empresa Zúñiga que tuvo la ocasión de llevar plazas como la Santamaría de Bogotá o La Macarena en Medellín y organizar en ellas dos de las principales ferias del verano austral en Colombia, ocurriendo en una de ellas, los hechos que intentaré rememorar el día de hoy. 

La feria decembrina en Bogotá el año 63

La Empresa Zúñiga se propuso, con tiempo, ofrecer a la afición de la capital colombiana un conjunto de combinaciones que atrajeran al público a la plaza. Así, desde un par de meses antes, dio a conocer la composición de esos carteles de acuerdo con una información aparecida en el semanario El Ruedo fechado el 17 octubre de 1963:

De Colombia llegan noticias de estar casi ultimados los carteles de las más importantes ferias. Por lo que se refiere a la plaza de la capital colombiana, su empresario "Joselillo de Colombia", ha dado las siguientes combinaciones de toreros, con ganado a designar:

1 de diciembre: Andrés Vázquez, “Vázquez II” y “El Cordobés”.

14 de diciembre: “Joselillo de Colombia”, Capetillo y “El Cordobés”.

15 de diciembre: “Joselillo de Colombia”, Capetillo, Andrés Vázquez, “Vázquez II” y “Miguelín”.

El día 22 de diciembre se lidiará una corrida extraordinaria. Los toros serán colombianos, con la excepción de una corrida salmantina de Alipio Pérez T. Sanchón…

Al anuncio de octubre se le añadirían los nombres de El Cordobés y Manolo Zúñiga en la corrida del 15 de diciembre, para completar a siete espadas en el mismo y dentro del capítulo de vicisitudes, en el número de El Ruedo salido a los puestos el 5 de diciembre, se relataba que había dificultades para autorizar la importación de los toros españoles para esas corridas decembrinas, pero que se esperaba que se resolvieran para las de la tradicional feria de febrero. La cuestión era que los toros ya estaban en Colombia, en la zona de resguardo aduanal, sin posibilidad de poder reponerse adecuadamente y aclimatarse en la medida de lo posible.

Por otra parte, en una excelente medición del buen ambiente que había en torno a las cuestiones taurinas en Bogotá, Joselillo de Colombia ofreció a la afición una corrida extraordinaria el día 8 de diciembre, con un cartel formado por Andrés Vázquez, Miguel Mateo Miguelín y Manolo Zúñiga, quienes lidiaron triunfalmente un encierro nacional de Vistahermosa de don Francisco García. De esa manera no se rompió la continuidad del serial y se mantuvo el interés por los dos festejos que cerrarían ese ciclo a la siguiente semana.

La presentación de Manuel Capetillo en Bogotá

Resulta de cierto interés el advertir que a quien don Alfonso de Icaza Ojo llamara El Mejor Muletero del Mundo, apenas se presentara en la capital de Colombia hasta 15 años después de haber recibido la alternativa. Sus compañeros de promoción habían actuado en plazas de la América del Sur ya mucho tiempo antes, y de ellos, era quizás el único pendiente de dejarse ver por aquellos pagos.

El cartel en el que actuaría por primera vez en la plaza Santamaría tenía visos de redondez, porque lo completaban quien en ese momento era la primera figura de la nación colombiana, Joselillo de Colombia y el torero más discutido e interesante del llamado planeta de los toros en ese momento: Manuel Benítez El Cordobés, enfrentándose la terna a un encierro de toros formado por reses de la ganadería española de Alipio Pérez Tabernero Sanchón y de la nacional de Clara Sierra.

La actuación de Capetillo se saldó, en esta presentación, con un saldo que podríamos calificar de regular. En la crónica del doctor Manuel Piquero Picas, aparecida en el diario El Tiempo de Bogotá al día siguiente de la corrida, se resume en lo siguiente:

Debutaba hoy en nuestra plaza Manuel Capetillo, el torero de México de mayor cartel. Se anuncia como “el mejor muletero del mundo”, pero esto debe ser algo que está dentro de la cursilísima campaña de “haga usted sonreír a un niño”. Pero quitando este “eslogan”, lo vimos ayer como un excelente torero con el trapo rojo, mandón y dominador. La faena en su segundo la realizó a los acordes de la música y a base de pases con la derecha larguísimos, mandando una enormidad y pases con la zurda verdaderamente buenos. El torillo se le cayó varias veces, por desgracia, pero Capetillo supo dejar la mejor impresión en este enemigo. Poco pudo hacer en el otro, áspero y bronco, despachado de una atravesada y otra mejor puesta. Las opiniones se dividieron...

Por su parte, Germán Castro Caycedo, corresponsal del semanario El Ruedo, en el número fechado el 26 de diciembre de 1963, resume así la actuación de Manuel Capetillo:

El de Méjico abre con un toro manso, de Alipio Pérez Sanchón, que recibe los palos negros y se torna difícil por ambos lados. En faena descompuesta, sin sitio ni coordinación, hace que sean los pitos quienes abran plaza. Dos estocadas acaban con la pesadilla que será olvidada en el cuarto toro, bueno, tanto en varas como para los de a pie. Los largos muletazos por bajo, sin cuidar al animal, que rapta buena parte de la lidia, encuentran eco en los tendidos y a juzgar por el movimiento de su cuerpo nadie dudará que hay un torero mejicano en el ruedo que liga y templa y hace aplaudir y mata sin puntilla y da vuelta al ruedo...

Como podemos deducir, al doctor Piquero no le pareció el remoquete que le concedió al torero de Guadalajara don Alfonso de Icaza, pues lo califica de cursi, y de lo escrito en las dos relaciones, se advierte, en la brevísima descripción que se hace de la faena al cuarto de la corrida, la esencia de su hacer con la muleta, es decir, la inusitada extensión que daba a los muletazos con ambas manos. El problema es que cuando el toro se cae, la fiesta lo hace junto con él y poco es lo que se puede lucir así. Ya tendría una nueva oportunidad Capetillo al día siguiente.

La actuación de El Cordobés

El Cordobés tuvo una tarde de contrastes. En su primero entusiasmó a la concurrencia, pero en el que cerró plaza, la concurrencia le tomó a mal que no aceptara poner banderillas y se le puso a la contra. Sigue contando el cronista:

...el público resolvió derribar al ídolo y se engañó con él, quizás con el pretexto de que no había querido banderillear. Parece que esta suerte la practicaba de novillero y para las películas en que toma parte. Pero ya de matador no toma los palos, como tampoco lo hicieron muchas otras figuras del toreo (Manolete, Belmonte, Domingo Ortega). Pero es sin duda injusto basar tan fuerte protesta por esa falla de “El Cordobés”. El muchacho se desconcertó ante la bronca y después de intentar una faena que tuvo varios pases de gran aguante, abrevió y de media despachó al último de don Alipio, que tenía casta y alegría. La bronca arreció y el público por fin respiró tranquilo...

Al parecer, los parroquianos confundieron al Manuel Benítez torero, con el Manuel Benítez actor que conocieron antes en las películas Chantaje a un torero y Aprendiendo a morir, que se proyectaron en varias salas de Bogotá como avance a la presentación del torero el primero de diciembre. Y en el pecado, El Cordobés llevó la penitencia.

Joselillo de Colombia la gran faena, pero sin espada

La faena de la tarde la realizó José Zúñiga al segundo de la tarde. Pudo llevarse la oreja del toro, pero anduvo fatal con la espada toda la corrida y dejó ir la oportunidad de alzarse como el triunfador numérico del festejo. Narró Picas en su crónica:

Joselillo es un caso de valor y casta ante el cual tienen que rendirse sus más enconados enemigos; muchos años de matador de toros y cada día con más decisión, más deseos de triunfar y más conciencia en todo lo que ejecuta. Su tarde de ayer lo acredita como un auténtico “caso2 dentro de la fiesta en Sudamérica... Su primer toro fue muy bueno y dócil; pero el caleño supo torearlo con tanto arte, mando y maestría que levantó la más fuerte ovación durante toda la faena de muleta. Ligó los pases más bellos con la izquierda, los derechazos más centrados y toreros que le hayamos visto y al grito de ¡torero! ¡torero! prosiguió lidiando, cada vez con más justeza y con mayor arte. Falló con la espada, pero muchos pañuelos pidieron la oreja. Que bien la merecía por esa faena que tuvo aún más mérito para los buenos aficionados que aquella inolvidable del mes de septiembre...

Durante la suerte de varas de su segundo, Joselillo sufrió una herida en el cuero cabelludo de unos 6 centímetros de extensión, que le provocó abundante sangrado, que no le impidió continuar la lidia, pero que ameritó su ingreso en la enfermería al terminar la lidia del quinto toro de la tarde.

Presencia presidencial en la plaza

Eran otros días, la fiesta de los toros no llevaba en sambenito de la incorrección política y cualquier personaje público podía asistir a la plaza sin temor a ser señalado y vilipendiado por ello. Ese fue el caso del entonces Presidente de la República, doctor Guillermo León Valencia, quien, sin complejos ni temores, asistió ese sábado a los toros:

A las cuatro menos diez apareció en el palco presidencial, acompañado de varios ministros, nuestro presidente, doctor Valencia. Hubo cariñosa y general ovación. Hacía mucho que un mandatario colombiano no asistía a la plaza de toros. Siguió la corrida con interés de buen taurófilo y lo vimos pedir la oreja para “El Cordobés”. ¡Cómo se siente uno bien con un presidente sencillo, cordial, sin “pos” de genio y tan compenetrado con su pueblo! …

Así, leemos, el Presidente asistió a los toros, la atendió con interés y externó su parecer conforme iba avanzando la lidia. Así debiera ser siempre.

domingo, 30 de noviembre de 2025

De algo tienen que morir los hombres

30 de noviembre de 1968: el encuentro entre Joselito Huerta y Pablito de Reyes Huerta

El Toreo de Cuatro Caminos
Imagen: Héctor García

La temporada de novilladas de 1968 concluyó hasta el 17 de noviembre de ese calendario, constó de 31 festejos que corrieron entre el 31 de marzo y ese tercer domingo del penúltimo mes del año de los XIX Juegos Olímpicos. El arranque de la temporada grande requería de un espacio de tiempo, por lo que éste se aprovechó para ofrecer a la afición lo que se anunció como la III Gran Feria de México, que correría entre el 20 de noviembre y el 3 de diciembre de ese año del 68 y que tendría como grand finale, la Corrida Guadalupana a celebrarse el día 12 de diciembre. 

El elenco de toreros en el que descansaba la feria era en Joselito Huerta y Raúl García, como las figuras mexicanas consolidadas y las figuras emergentes representadas por Raúl Contreras Finito, Manolo Martínez, Eloy Cavazos, Jesús Solórzano y Curro Rivera. Completaban los carteles los diestros hispanos Diego Puerta, Palomo Linares, Miguel Márquez y Manolo Cortés. Estos toreros enfrentarían toros de Jesús Cabrera, José Julián Llaguno, Reyes Huerta, Torrecilla, Pastejé, Tequisquiapan, Mimiahuápam y Javier Garfias

Refiere Daniel Medina de la Serna, acerca de este serial:

La temporada chica terminó el 17 de noviembre y la Plaza México no volvió a abrir sus puertas hasta el 5 de enero para iniciar la temporada de toros; en el interín se dio en El Toreo una feria de ocho corridas (entre el 20 de noviembre y el 3 de diciembre), en la que se lidiaron toros chicos, hubo manga ancha por parte del juez, Carlos Gudiño, para la concesión de apéndices y las entradas fueron más bien raquíticas a excepción de las últimas corridas, con carteles de triunfadores...

En algún sitio de esta misma Aldea he comentado que la afición de la capital mexicana no se adapta a las ferias con festejos en días continuados, sino que su afección es a las corridas de temporada, de domingo a domingo, como toda la vida. En esta feria del 68, los siete festejos que se dieron de manera continuada – el del 12 de diciembre se pospuso – se dieron dos en sábado, dos en domingo, y una en los días lunes, martes, miércoles y jueves. Creo que resulta complicado en una ciudad como la de México, acudir a los toros entre semana, sobre todo, cuando se trata de días laborables, de allí que las ferias taurinas no hayan arraigado en ella.

La cuarta corrida de la feria

Para el sábado 30 de noviembre de 1968 se anunció un encierro de don Reyes Huerta, que sería lidiado por Joselito Huerta, Palomo Linares y Eloy Cavazos. El fin de semana anterior, Huerta había cortado una oreja algo discutida por una riñonuda faena al toro Aceituno de José Julián Llaguno, mismo que regaló, intentando salvar los muebles en un festejo que naufragó por el pésimo juego de la corrida titular de Pastejé, así que traía una espina clavada y el deseo de sacársela. Eloy Cavazos, por su parte, había cortado una oreja una semana antes, con el beneplácito de la concurrencia y Palomo Linares se presentaba en el serial.

Esos fueron los mimbres con los que se construiría una historia que casi terminaría en una tragedia.

Pablito, cuarto de la tarde

La corrida iba en caída libre. Como lo narró brevemente Medina de la Serna, el poco público que acudió a la plaza de Cuatro Caminos estaba ya de uñas. Las crónicas del festejo refieren que el abreplaza estuvo aceptablemente presentado, pero los dos que le siguieron, no tenían la presencia necesaria para ser jugados en una corrida de toros. Entonces, para Joselito Huerta, ese segundo toro de su lote representaba el volver las cosas a su orden, al precio que fuera, habida cuenta de que, ya solamente le quedaba, en el papel, un toro en la feria, en la corrida del 3 de diciembre, donde se disputaba el trofeo Azteca de Bronce.

Así pues, salió dispuesto desde el inicio a dejar la vida en el ruedo, con tal de refrendar su calidad de figura del toreo y también, de revertir el desplome de una tarde que parecía ya estar perdida en cuanto a la posibilidad de un resultado exitoso. Escribió don Manuel García Santos en su crónica para el diario El Sol de México salido al día siguiente del festejo:

Cuando vio José que el público no reaccionaba con el buen toreo, por hacerse éste con la becerrada que envió el señor don Reyes Huerta, buscó emocionar a la plaza con un toreo dramático. Con un toreo comenzado con dos faroles de rodillas al cuarto toro, lleno de rabia y aguante el segundo, por haberlo arrollado “Pablito” en el primero. A partir de ahí, verónicas apretadas y ceñidísimas a pies juntos. Gran quite por fregolinas. Y la decisión, retratada en el semblante, de buscar el triunfo costara lo que costare cuando con la espada y la muleta pidió que le cerraran al toro en tablas. Se arrodilló José. Se abrió el toro. Quedó cruzado con el torero... Aguantó José la dramática situación… La cornada fue impresionante, seca, brutal, y el diestro de Tetela, el torero de más oficio que tiene México, salió lanzado a gran altura. Cuando acudieron en su socorro pudo apreciarse que tenía una cornada penetrante de vientre con salida de intestinos...

Por su parte, Juan Pellicer Cámara – firmando como Juan de Marchena – relata en su tribuna del diario deportivo Esto, lo siguiente:

Huerta salió a buscar las palmas sin detenerse ante nada. Casi se metió al callejón de toriles para esperar de rodillas al astado, con una larga afarolada un tanto atropellada. Al hilo de las tablas volvió a hincarse para un farol apretadísimo y se incorporó para veroniquear, sin la menor enmienda, a pies juntos y rematar con media ceñidísima… Un puyazo, el único tumbo de la tarde y quite de José por fregolinas, en las que el cornudo se enroscó a la cintura del torero más que su propio capote. Otro puyazo y feísimas, pueblerinas gaoneras de Palomo. En el segundo tercio vimos como el de Reyes Huerta se quedaba en la suerte… Momentos antes de iniciarse la faena de muleta, el bicho quiso saltar al callejón. Huerta, en busca del triunfo, buscando el peligro, se arrodilló de espaldas a las tablas y acudió gazapeando el manso que de pronto frenó, hasta colocarse frente al torero, quien quedó materialmente atrapado, sin salida. En cuanto sintió la presa segura acometió el de Reyes Huerta y empitonó a José, lanzándolo por los aires, a gran altura, como un trágico pelele. La cogida fue impresionante. En brazos de las asistencias el torero de Puebla fue llevado a la enfermería...

La irreductible voluntad de triunfo y la hombría de Joselito Huerta le llevaron a sufrir un percance que, a simple vista, dejaba en claro su gravedad. Tras de la primera intervención, realizada en la enfermería de la plaza, el equipo médico integrado por los doctores Xavier Campos Licastro, Xavier Ibarra hijo, José y Tirso Cascajares, Quijano Méndez y Gustavo Zárate, rindieron el siguiente parte facultativo:

Cornada penetrante de vientre, situada en la línea media del hipogastrio, tiene una extensión de diez centímetros de longitud, presentando hernia de epiplón. Al intervenirse quirúrgicamente se encontró, además, herida de diez centímetros en el peritoneo, contundiendo y descubriendo la arteria ilíaca derecha; herida del músculo psoas ilíaco con extensión de ocho centímetros y herida en la cara externa de la vejiga en extensión de siete centímetros, que interesó peritoneo y músculo. Estas lesiones, por su naturaleza, son de las que ponen en peligro la vida. El herido ingresó en la enfermería bajo shock traumático. Durante la intervención se le aplicó una transfusión de 500 c.c. y se le aplicó suero.

Tras de la intervención, Joselito Huerta fue trasladado al sanatorio Las Américas para continuar con su tratamiento, cuya evolución inicial pareció ser favorable, llegándose incluso a darle el alta hospitalaria para que terminara de restablecerse en su domicilio, pero como sucede en muchos casos de cirugía de la masa intestinal, desarrolló una condición llamada íleo paralítico postoperatorio, que requirió su reingreso al hospital y una nueva intervención quirúrgica. Menciona el semanario El Ruedo fechado el 24 de diciembre de 1968:

En los días prenavideños ha sido una preocupación para los aficionados taurinos el estado de extrema gravedad de Joselito Huerta, que, como se recordará, fue herido en el vientre por un toro, en la plaza de El Toreo, el pasado día 30 de noviembre... El estado del paciente obligó a hacer una segunda intervención quirúrgica el pasado día 19. Ello hizo que los periódicos mejicanos destacasen, en grandes titulares, el estado de Joselito con matices pesimistas, aunque los cirujanos que le intervinieron mantenían la esperanza de que el diestro superaría la crisis... El día 21 se inició una mejoría, y los médicos, que temían tener que operarle por tercera vez, descartaron la necesidad de intervenir de nuevo...

Y ya no le intervinieron por tercera ocasión, recuperó su motilidad intestinal y paulatinamente recuperó su salud, pero tardó prácticamente once meses en volver a los ruedos, porque su reaparición se dio hasta el 26 de octubre de 1969 en Guadalajara, alternando con Mauro Liceaga y Manuel Benítez El Cordobés y cortó tres orejas esa tarde, saliendo en hombros de la afición tapatía. La realidad es que debió reaparecer la víspera, en Monterrey, alternando con el mismo Cordobés y con Roberto Ortiz El Fotógrafo, pero la corrida se suspendió por lluvia.

El porqué del título de estos apuntes

En su día, el título de estos apuntes ocupó la cabeza de más de un diario en México, y parece una de esas historias que se cuentan una y otra vez y se pierde la noción de su veracidad, pero es la propia esposa del torero la que contó lo siguiente a Ignacio Solares y Jaime Rojas Palacios:

La cornada le ocasionó, entre otras cosas, una peritonitis, una hernia, una oclusión intestinal, una fístula y una salmonelosis. Permaneció retirado de los toros por más de un año, y todavía está sometido a una dieta y a un chequeo médico mensual. ¿Y sabe usted lo que dijo José cuando tenía los intestinos en la mano?: “De algo tienen que morir los hombres”...

Joselito Huerta no murió en la raya, pero sin duda estuvo dispuesto a ello.

La corrida pospuesta

Decía al inicio de estas líneas que la Corrida Guadalupana incluida en el anuncio de la feria se pospuso. La causa fue que Manolo Martínez sufrió una lesión al torear en Quito y el programado mano a mano con Palomo Linares y toros de Javier Garfias se difirió para el día 29 de diciembre siguiente, pero con una modificación en el cartel de toreros, pues al hispano lo sustituiría Eloy Cavazos. Ese festejo sería el último que se daría en el Toreo de Cuatro Caminos, con su fisonomía original, que cerraría sus puertas a los toros hasta el día 15 de octubre de 1994, fecha en la que se volvería a dar una corrida de toros en su ruedo, actuando José Mari Manzanares, Manolo Arruza, Fermín Espinosa Armillita y Pepín Liria ante toros de Vistahermosa, es decir, casi 26 años después.

Hoy, el Toreo de Cuatro Caminos ya es historia y su lugar lo ocupa un conjunto de oficinas y un centro comercial.

domingo, 3 de agosto de 2025

3 de agosto de 1975: Marcos Ortega recibe la alternativa en Barcelona

Marcos Ortega nació en Morelia, Michoacán y se crio en la Ciudad de México, en la colonia La Joya, y de este último sitio se asentaba su origen en los programas de la gran plaza, en la que se presentó el 21 de mayo de 1972, cortando una oreja al sexto de la corrida, que tuvo que matar por herida de su alternante Joselito Herrera, llamado Presidente, de Santa Rosa de Lima. Ese ciclo del 72, actuaría en siete festejos más y pasaría el invierno en Sudamérica, actuando principalmente en plazas de Venezuela.

Al siguiente calendario volvería a la Plaza México, para presentarse en cinco festejos más cortando una oreja el día de su presentación, a Bicicleto de Santa Marta y teniendo resultados discretos el resto de sus participaciones.

Es en esas fechas que el apoderado español Rafael González Chabola, a quien seguramente conoció en la temporada que realizó al Sur del Ecuador, lo invita a ir a España y a intentar torear novilladas allá para recibir posteriormente la alternativa. Marcos Ortega hace suya la idea y no se le verá por nuestros ruedos sino hasta cerca del final del año de 1975.

Marcos Ortega en España 1974 – 75

Chabola le encuentra a su nuevo poderdante mexicano actividad casi desde el inicio del año. En esos días, en Arnedo, La Rioja, el Festival del Zapato de Oro, organizado por el Club Taurino Arnedano era un festejo informal que tenía finalidades de beneficencia. Para 1974, se programó en horario matinal con los rejoneadores Álvaro Domecq Romero y Manuel Vidrié, el matador de toros Andrés Hernando y Marcos Ortega como novillero, con cuatro novillos de Torrestrella. Los entonces presidente y secretario de dicho Club Taurino Arnedano, Santiago Gutiérrez Milla y Marino Gil de Muro, explicaban al redactor de la revista madrileña El Ruedo, en marzo de 1974, al anunciar el festival, lo siguiente:

El trofeo «Zapato de Oro», que tiene un gran valor intrínseco... está patrocinado por la prestigiosa industria zapatera de la importante ciudad riojana... Queremos que ese día sea de auténtica fiesta para Arnedo. La solemnidad se iniciará con una misa matinal celebrada en el ruedo de la plaza, seguida de un festival, cuyos beneficios, si los hay, se destinarán a la lucha contra el cáncer... También gestionamos que los actos sean presididos por una alta personalidad riojana...

El festival fue triunfal para todos los actuantes, pues Álvaro DomecqAndrés Hernando y Marcos Ortega se alzaron con dos orejas cada uno, en tanto que Manuel Vidrié cortó las dos orejas y el rabo del novillo que le tocó en suerte.

Para el siguiente calendario, ese festival se convertiría en una de las ferias de novilladas más importantes del llamado planeta de los toros, vigente hasta la fecha.

Ese triunfo le abriría a Marcos Ortega las puertas de plazas como Jumilla, Logroño, Vitoria, Calasparra, Algemesí o Azpeitia en España y las francesas de Born de Parentis, Ceret, Saint Cyprien, Saint Sever y Aire sur Adour, sumando en ese calendario 31 novilladas cortando 58 orejas, 9 rabos, y sumando 14 salidas en hombros.

El año siguiente lo planteó para acercarse a Madrid y se anunció en varias ocasiones en San Sebastián de los Reyes, logrando llamar la atención de los veedores de la casa Balañá, quienes lo llevaron a Barcelona, donde toreó seis tardes, cuatro novilladas y dos corridas mixtas. De las novilladas, en tres formó cartel con el salmantino Pepín Peña y el alicantino Luis Francisco Esplá. También se presentó en la plaza mallorquina de Inca y en el coliseo francés de Arles. Cerró su etapa de novillero ese año con 18 festejos toreados. 

En este punto creo importante resaltar que en las plazas de Balañá, a partir de su tercera actuación, la del 1º de junio, se le colocó un remoquete que tres décadas antes Ricardo García K - Hito había acuñado para describir el arrollador paso de Carlos Arruza por los ruedos hispanos. Así entonces, los publicistas de Barcelona, Palma y otras plazas anunciaban a Marcos Ortega como El ciclón mexicano.

El anuncio de la alternativa

La empresa de don Pedro Balañá Espinos le ofreció la alternativa a Marcos Ortega y con ella, cinco corridas de toros adicionales, cuatro en Barcelona y otra en Palma de Mallorca. Se planteó inicialmente que ese festejo se diera a finales de julio, pero algunos ajustes de calendario motivaron un cambio de fecha, según se hizo saber en el semanario El Ruedo fechado el día 22 de julio de 1975:

Debido a un ajuste de última hora en los carteles de la Ciudad Condal, la alternativa del mejicano Marcos Ortega, prevista en un principio para el 31 de julio, tendrá lugar el domingo 3 de agosto. Será padrino de la ceremonia el madrileño Ángel Teruel, y testigo el diestro albaceteño Dámaso González. Queda pendiente tan solo la divisa de los toros a lidiar ese día en la Monumental de Barcelona...

Así pues, quedó ya firme la fecha del doctorado del torero mexicano, estando solamente pendiente la procedencia del ganado que completaría el cartel.+

La tarde de la alternativa, tarde de efemérides

Arreglado ya el cartel de toreros y definida la fecha, se definió que los toros serían de Juan Mari Pérez Tabernero, de Salamanca - actual Montalvo - los que enfrentaría la terna ese domingo de hace 50 años. La actuación de Marcos Ortega esa tarde tuvo diversos matices, cortando la oreja al segundo de su lote. La crónica de Rafael Manzano, en la Hoja del Lunes aparecida al día siguiente del festejo, refiere:

...Recibió los trastos de mano de Ángel Teruel... Inició su faena con un pase sentado en el estribo. A nuestro juicio equivocó su trabajo, ya que se empeñó en realizar una labor vibrante y cálida con un toro que se había desinflado en las varas y aparecía derrengado de los cuartos traseros. Mató mal, alargando el brazo, de tres pinchazos y una honda. Se le aplaudió con afecto. Digamos para la historia que el toro de la alternativa se llamaba «Calamar» y que el maestro vestía de azul y oro... Al que cerró plaza, Marcos Ortega lo veroniqueó con arte. Y se llevó al bicho al castigo por chicuelinas corraleras. Llegó la res con cierto son al último tercio. El azteca comenzó su faena con tres pases, ambas rodillas en la arena. Y siguió sobre la mano derecha con un toreo vistoso, aunque falto de temple. Entró a herir en su rectitud, agarrando una gran estocada que fulminó a su enemigo. Flamearon los pañuelos y le concedieron una oreja. Marcos Ortega banderilleó a sus dos toros, con su acostumbrada brillantez y eficacia...

Como dato adicional, agregaré que Manzano abre su relato recordando que el festejo se celebró en el 483 aniversario del inicio de la primera expedición de Cristóbal Colón.

Otra versión de los hechos es la signada por Juan de Salamanca en el Diario de Barcelona fechado el 5 de agosto siguiente:

Teruel, como padrino y en presencia de González, entregó al mejicano los trastos de matar, – no sin su discursito de circunstancias –. «Calamar» llegó con escasa fuerza al último tercio, y «el ciclón mejicano» perdió intensidad y no precisamente por su culpa, si no por la de su enemigo. Y entre los deseos justificados de agradar con pases de distintas marcas, al son de la música – el pasodoble dedicado a Domingo Ortega – trató de rematar su labor, pero los dioses le negaron el éxito, ya que estuvo desafortunado con el estoque. Solamente y al retirarse al callejón escuchó palmas de cortesía. Más «el ciclón mejicano» resurgió levemente en el último de la tarde. Brindó la faena a su padre, desplazado desde Méjico para tan propicia ocasión, y con «Banquero» realizó un trasteo muy meritorio con derroche de valor y en algunos instantes con claros atisbos de arte. Al cobrar una buena estocada cortó la oreja. Ilusiones cumplidas en un día histórico para su carrera taurina...

De Salamanca hace mención al entradón que produjo el cartel anunciado y respecto de la fecha, refiere que, por ser día de lidia de toros, no debe olvidarse que es día de santa Lidia de Tiatira

Por su parte, Julio Ichaso, en La Vanguardia, es más pragmático, va directamente a los hechos ocurridos, sin hacer referencias históricas de tipo alguno a lo sucedido y refiere:

Primero, número 35, «Calamar». El mejicano se arrodilla para recibir al toro de su doctorado y sufre una tremenda colada. No se aflige y ya en pie torea con los pies juntos sacando Unos lucidos lances. Pone banderillas el mejicano y es aplaudido. Con la muleta apenas puede aprovechar la escasa fuerza de su enemigo, pero, con todo, la voluntad de Ortega permite al público que veamos buenas maneras y, sobre todo. valor y ganas de triunfo. Acaba en la cuarta entrada y es aplaudido... Sexto, número 53, «Banquero». Un precioso ejemplar al que Ortega saluda con garbosas verónicas. Con un picotazo hondo pide el mejicano el cambio y de nuevo vuelve a sonar la música en su trabajo muleteril iniciado de hinojos. Toree Ortega con lentitud y saca a relucir bastante temple en sus naturales que quizá carecen de remate. Sin embargo, el público reconoce la extraordinaria voluntad del novel doctor, lo ovacione. Y cuando acaba de una entera, solicita y obtiene de la presidencia una oreja como premio a este matador mejicano que va a actuar en tres ocasiones consecutivas a nuestra Monumental...

Así fue como vio la principal prensa barcelonesa a Marcos Ortega la tarde de su alternativa, en la que, cada uno de los escribas tuvo sus motivos para conmemorar determinadas efemérides o santificar las fiestas.

Lo que vendría enseguida 

La línea final que escribió el cronista de La Vanguardia habla de que actuaría en tres tardes consecutivas en la Monumental. Y es que casi al salir de la plaza, ya estaba anunciado para el siguiente jueves, para alternar con César Morales y Paco Alcalde en la lidia de toros del Conde de Mayalde y el domingo 10 de agosto, acartelado con el rejoneador Álvaro Domecq Romero, Rafael Torres y Paco Bautista, para lidiar toros de Salvador Guardiola.

Y es que efectivamente, don Pedro Balañá le cumplía lo ofrecido al firmarle la alternativa. Y todavía volvería allí el 31 de agosto con Paquirri y Pepín Peña. Seguiría después en Palma de Mallorca, Oviedo, Ayamonte, Gerona y Figueras.

Y seguramente el incombustible Chabola le buscaba acomodo en las ferias del final de calendario, como Zaragoza, Jaén y alguna otra de tronío, con la finalidad de traerlo de regreso a México con su cartel bien cimentado.

La suspensión del convenio

Para el último día de septiembre del 75, Marcos Ortega sumaba ya 10 corridas toreadas en ruedos hispanos y apuntaba a sumar varias fechas más. Pero en vísperas de esa fecha, acontecimientos políticos generados entre el gobierno de México y el de España, motivaron la suspensión prácticamente de todo contacto entre ambos países y por consecuencia, la fiesta no iba a ser excepción. Señala una nota aparecida en El Ruedo del 7 de octubre de ese año:

El Convenio Taurino Hispano – Mejicano ha sido suspendido de manera provisional, ante la actitud mostrada por el Gobierno mejicano hacia España, en relación con los últimos acontecimientos de la política española. Este acuerdo fue tomado el viernes día 3 por la Junta Nacional Sindical Taurina... La Junta Nacional Sindical Taurina... ha examinado la situación que los recientes acontecimientos y la actitud del presidente de Méjico hacia España han planteado hacia el Convenio Taurino Hispano - Mejicano y las actuaciones previstas de toreros mejicanos en plazas españolas y viceversa. Por unanimidad, se acordó suspender el Convenio con Méjico, hasta en tanto no se modifiquen las circunstancias actuales...

Así pues, la temporada que tenía todavía por delante un mes, terminó para los toreros nuestros que hacían campaña por aquellas tierras. Una información contigua señalaba que un par de días antes, Eloy Cavazos y Arturo Ruiz Loredo ya habían emprendido el viaje de regreso y que en los días siguientes lo harían Manolo Arruza, el personaje de estas líneas y el novillero José Alfredo Betancourt El Chaval.

Marcos Ortega reaparecería en la Plaza México el 28 de diciembre de ese mismo año 75 para confirmar su alternativa barcelonesa, de manos de Curro Rivera y atestiguando Manolo Arruza, cediéndosele el toro Silao de San Miguel de Mimiahuápam.

Un remate estadístico

Marcos Ortega es el décimo noveno torero mexicano que recibe la alternativa en una plaza de Barcelona; el decimosexto en la Plaza Monumental; y, el último en obtenerla allí al día de hoy. Agregaré que el último matador de toros mexicano en actuar en esa plaza, es Arturo Macías, quien se presentó allí el 15 de agosto de 2010 y el último novillero en hacerlo fue Sergio Flores, quien actuó en la Monumental el 19 de junio de 2011. 

Edito: En la misma fecha de esta entrada, a las 12:30 horas del tiempo del lugar de donde la publico, me avisa el amigo Guillermo Leal que el torero Marcos Ortega ha fallecido, justo medio siglo después de haber recibido la alternativa. Que encuentre el eterno descanso.

domingo, 29 de junio de 2025

29 de junio de 1965: Presentación de Jesús Solórzano en ruedos de España

La muy taurina Cádiz es hoy en día una ciudad sin plaza de toros. Está por cumplirse medio siglo de que el último coso que tuviera fuera derribado y casi seis décadas de que en él se diera la última corrida de toros. Sin embargo, desde el siglo XVIII existen evidencias históricas, como nos lo describen escritores gaditanos como Guillermo Boto Arnau o Francisco Javier Orgambides Gómez, de la existencia y funcionamiento de plazas de toros en las que se presentaron las principales figuras del toreo de sus respectivas épocas. 

La última, que, por cierto, fue la única de obra, tuvo una vida relativamente corta, porque operó entre 1929 y 1967, siendo cerrada por una serie de problemas estructurales y por la renuencia del ayuntamiento de la antigua Gades a invertir en su reparación, como nos lo refiere el nombrado Francisco Javier Orgambides:

Pero la plaza murió joven. Al finalizar el festejo del 17 de julio de 1967, el arquitecto municipal Sánchez Esteve – que también era técnico municipal cuando se construyó el coso – informó al alcalde – el hijo de quien tan decididamente había impulsado el edificio – del estado ruinoso de una parte de la plaza y del peligro que corrían los espectadores. Había ruina estructural en uno de los cascos de la plaza próximos al mar... Se acordó el cierre del coso nombrándose una comisión en la que además de Sánchez Esteve se integraron el ingeniero Moreno Torres y dos arquitectos designados por su colegio profesional, para estudiar el problema. En el estudio se concluyó que la plaza debía permanecer cerrada hasta su reparación, que proyectaron y presupuestaron en 12.572.000 pesetas...

A partir de esa fecha la plaza de toros de Cádiz permaneció cerrada y fue aprobada su demolición en agosto de 1976, iniciándose casi de inmediato las obras, para terminarse a finales de octubre de ese mismo año. Ese fue el final de una plaza de toros histórica.

Los Solórzano en la plaza de Cádiz

Los hermanos Jesús y Eduardo Solórzano, en la década de los treinta del pasado siglo, consiguieron tejer una profunda amistad con la familia Domecq que estaba afincada en Jerez de la Frontera. Eso les permitió en algunos años, hacer el invierno en sus fincas de aquellos lares, pero también acomodarse en los carteles de las plazas del llamado Rincón del Sur, sobre todo cuando ellos iniciaban por aquellas tierras su andar por los ruedos. 

Así, quien después sería conocido como El Rey del Temple, en 1930, la campaña que cerraría con su alternativa en la sevillana Feria de San Miguel, se presentó allí en tres ocasiones, los días 01 de junio, 05 de julio y 10 de agosto, alternando en el segundo de esos festejos, con Alberto Balderas, el futuro Torero de México y en el tercero con Carnicerito de México en el cartel.

Por su parte, en 1934, su hermano Eduardo tendría una actuación destacada en el coso gaditano al presentarse allí el día primero de junio, cuatro años justos después de la primera actuación allí de su hermano mayor. Así pues, los Solórzano toreros, tenían historia escrita en Cádiz.

Jesús Solórzano hijo

El hijo de El Rey del Temple se había presentado como novillero en Nogales en 1962, debutó en la Plaza México en 1963, con el hijo mayor de Armillita se presentó en Lima en 1964 y el 18 de octubre de ese mismo año, le cortó en la propia Plaza México el rabo al novillo Bellotero de Santo Domingo, en festejo televisado a nivel nacional.

A inicios de 1965, Jesús Solórzano hijo anunció su interés de hacer campaña en ruedos hispanos, trasladándose a la península para hacer tentaderos y adaptarse al toro de aquellas tierras. Al tardarse su presentación, la prensa de estos lares comenzó a elucubrar sobre esa dilación y a achacarla al incumplimiento del convenio. Se publicó entre otras cosas, lo siguiente en el ejemplar de El Ruedo fechado el 8 de junio de 1965:

Lean la versión que da un conocido cronista – Juan de Marchena – del caso de Solórzano; «Jesús Solórzano, Jr., ha decidido regresar de España. Auténtico novillero puntero, autor de la mejor faena de Ja temporada veraniega del año pasado, una faena, además, de las mejores que se han visto, en verano o en invierno, en la plaza capitalina. Durante tres meses Solórzano ha esperado que se le abrieran las puertas de alguna plaza española. Tiene derecho a una plaza de cierta categoría, por lo menos, para empezar, o a integrar un cartel adecuado y de importancia. Después de tres meses de inactividad, se le ofrece, de golpe y porrazo, y para darle un golpe y porrazo a su carrera, una novillada desesperada, alternando con dos desconocidos, en la plaza de Madrid y con novillos, seguramente, difíciles, traídos de Portugal. Un tropiezo en Madrid sería gravísimo y, tal vez, definitivo en la vida torera de Solórzano, que es acreedor, por su comprobado torerismo, a un trato decente y justo, que sería una expresión de reciprocidad, perfectamente lógica, correspondiente al trato que aquí reciben, por igual, figuras, segundones, maletas y maletillas que vienen de Ultramar. Pero en cambio, ya se rumorea que vamos a ver en los carteles de la plaza de Insurgentes los nombres de novilleros hispanos. Sé muy bien que otra vez, la enésima, voy a ser culpado de antiespañol. Pero nada más irritante, nada más indignante que la injusticia con que se trata a nuestros toreros en tierras de España...»

Sin evidencias o bases que sustenten las afirmaciones, se intentó justificar una inactividad que, por una parte, estaba por terminar y por la otra, quizás estaba planificada.

La inauguración de la temporada del 65 en Cádiz

La temporada de toros de 1965 en Cádiz llevaría dos fastos en su inauguración. El arranque de los festejos taurinos de ese calendario y la puesta en funcionamiento de un nuevo sistema de alumbrado de la plaza de toros, la que, a partir de esa fecha, sería anunciada como la Plaza mejor iluminada del mundo. Para la oportunidad, a celebrarse el 29 de junio de ese año, se anunció una novillada en la que actuarían el palentino Amado Ordóñez, el madrileñísimo José Teruel El Pepe y Jesús Solórzano, todos nuevos en esa plaza, ante un encierro de origen Hidalgo Barquero, vía Benítez Cubero de don Diego Romero Gallego

Gracias al encargado de la información taurina del Diario de Cádiz, Francisco Javier Orgambides Gómez, he obtenido la crónica del festejo publicada en ese medio, escrita por Francisco Gómez Carrasco, firmando FRANGOCA, misma que describe la actuación de Solórzano de la siguiente guisa:

El mejicano recibió al tercero de la serie con un arriesgado lance con ambas rodillas en tierra y otros en los que el novillo se le quedó. Colocó un gran par de banderillas, levantando muy bien los brazos y luego medio de superior ejecución. Brindó al público y empezó con dos muletazos rodillas en tierra siguiendo con redondos, dos naturales y una tanda de otros cuatro ligados con el de pecho. Un molinete arrodillado y dos manoletinas. Mató de media estocada sin puntilla. (Ovación, oreja y vuelta)… En el último, el mejicano puso a prueba su valor y su inteligencia ante un novillo peligroso que sólo buscaba el bulto. Lo lanceó con valor, clavó tres soberbios pares de banderillas y con la muleta toreó por redondos, naturales ceñidos y otros pases salvando con vista los derrotes de la res, que empitonó al torero al dar un pase por alto, derribándolo sin consecuencias. Entró sin igualar y dejó una entera atravesada, asomando la punta del acero y a renglón seguido, media que no necesita el puntillero. (Ovación y saludos)…

Como se puede ver, la actuación de Jesús fue casi redonda, pues por la precipitación al entrar a matar a su segundo, perdió seguramente el apéndice que le hubiera abierto la puerta grande. Destaca también la calidad que demostró con las banderillas y lo destacado de su toreo al natural.

No debo dejar de mencionar que Amado Ordóñez y El Pepe también cortaron una oreja cada uno al primero de su lote y que, en el segundo de este último, se tiró un espontáneo que se enfrentó con violencia a los agentes del orden que intentaron detenerlo.

El resto de la temporada de Jesús Solórzano

Al igual que su padre y que su tío, logró una breve pero intensa campaña apoyado por la familia Domecq y en ese calendario suma siete festejos, casi todos en el llamado Rincón del Sur, pues actuó posteriormente en las plazas de Sanlúcar de Barrameda (2 tardes), La Línea de la Concepción, Ayamonte, Jerez de la Frontera y Valencia. En ese ciclo actuaron allá otros novilleros mexicanos, como Manolo Espinosa Armillita, Raúl Contreras Finito, Joel Téllez El Silverio, Juan de Dios Salazar, Mario de la Borbolla y Juan Anguiano.

Ya volvería al año siguiente para presentarse en plazas de mayor responsabilidad y recibir la alternativa en Barcelona al final de la temporada, la que le serviría para escribir una serie de páginas importantes en la historia del toreo en México.

Aviso parroquial: Agradezco a mi amigo Francisco Javier Orgambides Gómez el haberme facilitado la crónica aparecida en el Diario de Cádiz que se cita en este texto y los apuntes hechos acerca de la plaza de toros de Cádiz, por su gran utilidad para lo que hoy les presento aquí.

domingo, 22 de junio de 2025

10 de junio de 1971: Reaparece en los ruedos Luis Miguel Dominguín

El 31 de mayo de 1970 se produjo un catastrófico sismo en el Perú, que pasó a la historia como el Sismo de Ancash, que causó el fallecimiento de 70 u 80 mil personas, la desaparición de unas 20 mil y alrededor de 400 mil lesionados. Fue, indudablemente una tragedia de extraordinarias proporciones que produjo la movilización de todas las diferentes agrupaciones de personas y de instituciones para intentar remediar, en lo posible, las carencias que generó ese fenómeno de la naturaleza.

El toreo, siempre solidario

Para el final de la temporada madrileña de ese año de 1970, se anunció la celebración de un festival taurino a beneficio de las obras de reconstrucción de los daños causados por el sismo en el Perú. Inicialmente se manejó que el cartel de toreros sería una terna formada por Antonio Bienvenida, Luis Miguel Dominguín y Manuel Benítez El Cordobés. El anuncio final se produjo con la fecha del sábado 10 de octubre de ese mismo año, con un mano a mano entre Antonio Bienvenida y Luis Miguel Dominguín, quienes enfrentarían seis novillos de Juan Mari Pérez Tabernero Montalvo. Creo interesante resaltar lo siguiente de ese festejo:

Al gesto de torear en Madrid unieron los dos diestros la honradez de hacerlo ante novillos – toros (ligeramente despuntados), que tuvieron más de toros que de novillos. Peso, edad, genio... En fin, nada de becerras festivaleras. Toros de pareja lámina y desigual comportamiento, lo que permitió a Antonio y a Luis Miguel lucir sus largas facultades de lidiadores, buscando en cada uno de ellos, los lances más oportunos, las suertes de más feliz ejecución...

Nada de becerras festivaleras..., señaló Andrés Travesí en su crónica del ABC madrileño, resaltando de la actuación de los maestros en el retiro – todavía – la eficacia con la que se condujeron y que motivó que, aunque el festejo fue largo – dice la crónica que duró dos horas y cuarto – que se los llevaran en hombros por la calle de Alcalá.

Ese ganado que ellos seguramente escogieron para el festival de Madrid me sugiere que, como se cuenta en las varias biografías que se han publicado ambos toreros se preparaban ese año 70 para reaparecer el siguiente calendario, pero ya vestidos de luces, en las plazas de España. Escribe don Carlos Abella en su libro Luis Miguel Dominguín a corazón abierto:

Luis Miguel decidió volver a los toros en 1970, y fiel a su trayectoria, se encerró durante el invierno para perder los kilos ganados en las «farras» y en los saraos de los últimos diez años, aunque durante ellos había procurado torear en el campo becerros y toros de su propia ganadería, comprada en 1960 a Dª Piedad Figueroa, y a los que ha marcado con un hierro que hace honor a su personalidad: los toros de Luis Miguel lucirán en el brazuelo el Nº 1.

Así pues, el festival de Madrid y el que torearían tanto don Antonio Bienvenida, como Dominguín en Huelva el lunes siguiente, a beneficio de la Hermandad del Rocío, con Litri, Chamaco, Diego Puerta y Paco Camino ante novillos del Marqués de Albayda, eran parte de una preparación, a esas alturas del calendario, intensiva, para romper a torear en la siguiente temporada.

La reaparición en Palma de Gran Canaria

Antonio Bienvenida había reaparecido en Madrid, en la Feria de San Isidro el día 30 de mayo de 1971, mientras que Luis Miguel Dominguín postergó la suya para cuando la temporada estuviera algo más avanzada y en una plaza de menor responsabilidad. Así, arregló con Octavio Martínez Nacional, diestro retirado y empresario de la Palma de Gran Canaria, volver a los ruedos en ese escenario de veraneo. El cartel que se formó para la ocasión, a celebrarse el jueves 10 de junio de ese año – Jueves de Corpus – fue con Antonio Bienvenida, Luis Miguel Dominguín y Miguel Márquez, quienes lidiarían un encierro de Samuel Flores, del que al final, solamente se corrieron cinco toros, pues el sexto fue sustituido por un sobrero de Soto de la Fuente. La tarde fue ventosa y eso condicionó el resultado de la corrida. Escribió Jerónimo Aguilar, corresponsal del semanario madrileño El Ruedo:

El fuerte viento reinante ha roto las ilusiones de cuantos acudimos a ver la reaparición de Luis Miguel «Dominguín»... Con lluvia se puede torear, con frío y calor, también; con viento, no. Es el mayor enemigo de la Fiesta nacional... Esto es lo que ha ocurrido esta tarde en la que tan sólo el joven diestro Miguel Márquez, por sus especiales condiciones físicas – su poca estatura le permite torear con el capote muy recogido o con muleta pequeña –, ha podido triunfar rotundamente... Si la tarde hubiera sido apacible, tenemos la seguridad de que el festejo habría hecho historia... Y no es que Luis Miguel nos haya defraudado, ni mucho menos; pero no le hemos podido ver en todo su esplendor... Ahora bien, sí que hemos podido ver a un Luis Miguel seguro, tranquilo, dominador, con esas mismas características que un día le situaron a la cabeza de la torería... No hemos asistido a un éxito de clamor de Luis Miguel «Dominguín», por causa del viento, como hemos repetido, pero sí a la efeméride de su reaparición y a poder comprobar que el maestro está en plenitud de facultades y podrá dar grandes tardes de toros. Y Dios quiera que sea por mucho tiempo...

Recibió una oreja del primer toro de su lote y saludó desde el tercio en su segundo. Pero su presencia y sobre todo, el vestido de luces que estrenaba, era parte del atractivo de la tarde. Sigue escribiendo el corresponsal de El Ruedo:

¡Ah! El terno de Luis Miguel. Mucho se ha hablado de que iba a constituir una innovación grande. Desde el tendido nos ha parecido un traje precioso, liviano en las hombreras y, especialmente, en los bajos de la taleguilla, donde se aprietan los machos. Si es cierto que resulta mucho más cómodo para el torero que se han venido usando hasta ahora no hay pero que podamos oponerle, pues no rompe la ortodoxia de los trajes de luces...

Eran los vestidos de diseño picassiano que tenían la particularidad de ser más livianos que los convencionales. Se habla también que, en esa fecha, partió plaza con un capote de paseo que llevaba motivos dibujados por el poeta Rafael Alberti, pero eso, la prensa no lo refleja por razones comprensibles.

Antonio Bienvenida, quien también reaparecía en el coso de la Palma, cortó una oreja al toro que abrió la corrida y Miguel Márquez le cortó el rabo al tercero del encierro. La entrada apenas alcanzó, señalan los cronistas, la mitad del aforo del coso.  Así pues, sin ser una tarde de grandes triunfos, quedó señalada en la historia, como aquella que representó el último regreso a los ruedos de Luis Miguel Dominguín.

El devenir de ese retorno

La temporada de 1971 le representó a Luis Miguel 40 corridas de toros, en plazas de mediana responsabilidad, pues a excepción de las de Barcelona y San Sebastián, los demás cosos en los que actuó fueron de menor compromiso. En ese ciclo le dio la alternativa a José Mari Manzanares y al francés Roberto Piles

También regresó a México, donde toreó cuatro tardes entre el 10 y el 17 de octubre, en Monterrey, Guadalajara (2) y Tijuana, quedándose contratado para reaparecer en la Plaza México el 16 de enero de 1972, pero una fractura sufrida en una mano en Lima, lo mantuvo en el dique seco hasta después de las Fallas de Valencia, por lo que esa reaparición ya no se produjo.

Al año siguiente torearía 34 en España y 4 en Francia, pero ampliaría su presencia en plazas de importancia al acudir a las ferias de Bilbao y Santander y reaparecería en Madrid – Carabanchel – el 9 de julio de ese año, alternando con Curro Romero y Eloy Cavazos.

Y terminaría su andar por los ruedos en 1973 con 45 corridas en España, iría a las ferias de Valencia y de Sevilla y reaparecería en la plaza de Las Ventas el 9 de junio, nada menos que en la Corrida de la Beneficencia, alternando con El Viti y José Antonio Campuzano, quien confirmaba la alternativa, enfrentando la terna toros de Manuel Arranz.

El 23 de septiembre de ese 1973, en la apertura de la Feria de la Merced de Barcelona, toreó vestido de luces por última vez en su vida. Alternó con Francisco Ruiz Miguel y Julio Robles en la lidia de toros de Sepúlveda. Fue una tarde lluviosa, en la que el público no se mostró agradado con lo que le realizó a sus toros. 

Así es como se cerró la carrera en los ruedos de uno de los toreros más carismáticos que la historia reciente del toreo ha conocido.

domingo, 1 de junio de 2025

25 de mayo de 1975: El sobresaliente Julián de Mata, paga su cuota de sangre en Las Ventas

Ya había planteado, al comentar la confirmación de alternativa de Manolo Arruza, que el San Isidro de 1975 se caracterizó por la gran cantidad de encierros rechazados en todo o en parte. El 24 de mayo, la corrida de José Luis Osborne que debieron enfrentar Miguelín, Paquirri y Paco Alcalde fue echada para atrás y la solución que dio la empresa, fue tomar el encierro de Alonso Moreno de la Cova anunciado para el día siguiente, que, en teoría, enfrentarían Francisco Ruiz Miguel y Antonio José Galán mano a mano.

Al final de cuentas, el encierro sería sustituido por otro de la misma procedencia, pero de menos presencia que el que se apropiaron las figuras para poder cumplir su compromiso la víspera. Y es que no estaba rematado todavía. Le contó José María Recondo, apoderado de Antonio José Galán a Manuel Molés, en esos días, redactor del diario madrileño Pueblo:

La empresa tuvo un problema y se llevó nuestra corrida. Podían haber lidiado la de Palha. ¿A que no se atreven a quitársela a Camino...?» «Naturalmente», contesta Recondo, mientras atiende a su torero. Galán no le ha dado importancia al toro, ha metido el pico y ha toreado con la muleta muy retrasada. «Ese – contesta Recondo – es un vicio de casi todos los toreros...» … La corrida es una de las más chicas de la feria. Resulta que Alonso Moreno no la tenía prevista para Madrid. Es más, esta corrida iba a lidiarse en Valencia en el mes de julio...

Como es de costumbre, quienes tienen una posición preponderante en los estamentos taurinos, disponen de las cosas a favor de su interés. Y a veces, el resultado final, se tuerce.

La decimoséptima del San Isidro del 75

El festejo del domingo 25 de mayo se celebró en un ambiente bastante caldeado. Ya se había apuntado por aquí, que uno de los signos de esta feria fue el del constante baile de corrales que motivó la sustitución de los toros anunciados originalmente por otros que no estaban originalmente contemplados en el programa del serial y por el reacomodo de otros encierros en detrimento del interés de los espadas anunciados con ellos.

En el caso del mano a mano entre Francisco Ruiz Miguel y Antonio José Galán, al menos inicialmente, en el papel, no parecía haber cambio alguno, pero en el fondo, el encierro reseñado por la empresa y por sus apoderados para la fecha, el 25 de mayo de 1975, no era el que habían aceptado, pues como se planteó líneas arriba, se había lidiado la fecha anterior para suplir a otro distinto que había sido rechazado y lo que teóricamente saldría por toriles, era otra corrida que estaba siendo preparada para ir a Valencia el mes siguiente.

Y al final de cuentas, lo que aprobaron las autoridades madrileñas ni siquiera fueron los seis toros, porque se sortearon solamente cinco de los de Alonso Moreno y uno de El Jaral de la Mira. Y de los titulares, el abreplaza sería aceptado por la concurrencia hasta el primero tris.

Ante un lleno de no hay billetes, Ruiz Miguel y Galán tuvieron que enfrentarse a un encierro complicado. Las crónicas del festejo no cuentan mucho acerca de sus actuaciones, porque el difícil juego de los urcolas de don Alonso, los mandó a ambos a la enfermería. El primero en caer allí fue Ruiz Miguel, quien tras la lidia del tercero ingresó, emitiéndose el siguiente parte médico por el doctor Máximo García Padrós:

El diestro Francisco Ruiz Miguel ingresó en la enfermería tras la lidia del tercer toro de la tarde, presentando heridas en la región superciliar y malar izquierda; puntazo corrido en la cara posterior del muslo izquierdo. Conmoción cerebral. Pronóstico reservado...

Durante la lidia del quinto de la tarde también fue lesionado Antonio José Galán. El parte médico emitido es el siguiente:

Contusiones y erosiones múltiples. Conmoción cerebral. A descartar fractura de fémur. Pronóstico reservado...

Esa última lesión y el dictamen facultativo, dejaron las cosas dispuestas para que la tragedia que merodeaba la plaza de Las Ventas, se consumara.

Julián de Mata, sobresaliente de espadas

Heridos los diestros anunciados en el cartel, el sobresaliente de espadas tenía que terminar el festejo. Ese 25 de mayo del 75 se había anunciado en el cartel a Julián de Mata – civilmente Julián de la Mata González – nativo de Cehegín, Murcia, de donde salió para Madrid, para tratar de hacerse torero, pero terminó de taxista y siguió pagándose el carnet, para poder seguir vistiendo el terno de luces y al menos poder salir de sobresaliente. Escribió Juan Teba de Montes, en el número de El Ruedo fechado el 10 de junio de ese 1975:

Y se hizo taxista. Y de aquí para allá, transportando seres humanos que le hablaban de extrañas historias que no comprendía. Y mire usted por dónde se le brinda la oportunidad de torear dos novilladas... Y al final, lo de siempre. Sobresaliente. Ni banderillero, ni corredor. Nada. Bueno, sobresaliente. Y con la misión propia del cargo, a contemplar los rostros crispados de los maestros y los chanchullos de los «hombres de confianza». Sí, el pago: cuatro migajas...

La oportunidad que terminó en tragedia se le presentó a los cuarenta y dos años de edad, en un momento en el que muchos toreros ya empiezan a pensar en dejar de vestir el terno de luces. Pero Julián de Mata tenía todavía la ilusión de demostrar que podía ser alguien en el planeta de los toros. Le tocó aprender el toreo junto a la vía del tren de Arganda con Alfonso Merino, Luis Parra Parrita, y Martín Sánchez Pinto, entre otros.

Pero el oficiar como sobresaliente no era una manera muy sencilla de exhibir sus aptitudes. Desde el inicio de la década de los 70, era un fijo en los festejos que organizaba la casa Chopera y que requerían sobresaliente. Le pude localizar al menos tres presentaciones en tal calidad en Las Ventas, una, el 4 de octubre de 1970, cuando el torero canario Pepe Mata despachó en solitario una corrida del Conde de la Maza, resultando herido; el 28 de mayo de 1972, en el mano a mano que torearon don Antonio Bienvenida y Andrés Vázquez con toros de Victorino Martín y el 20 de junio de 1974, con un cartel de toreros igual al de la fecha que nos ocupa, pero con toros de Martínez Benavides, con motivo de la Corrida de la Prensa de ese calendario.

Como todo sobresaliente, entonces y en la actualidad, su actividad es espaciada, limitada y el sitio que tienen delante de los toros es evidentemente escaso.

El hacer de Julián de Mata quien estrenaba esa tarde un vestido grana y oro, estuvo marcado entre el escándalo en los tendidos y la tragedia. Cuando se llevaron a Antonio José Galán a la enfermería, Jaime Ostos desde su localidad, le hacía saber al presidente García Valiño que debía suspender la corrida, porque el sobresaliente no estaba en capacidad de terminar con el festejo. Posteriormente, Bartolomé Sánchez Simón también matador de toros, se tiró al ruedo ofreciéndose a despachar al quinto y al sexto, recibiendo por respuesta la orden presidencial de ser detenido y remitido a la comisaría. Escribió Alfonso Navalón en la edición de Pueblo ya citada:

Aquí, señor presidente, en el instante justo que se llevaban a la enfermería al segundo matador, era el momento justo de suspender la corrida. Así lo pedía el público y ésta sería la solución lógica, habida cuenta que Julián de Mata es un hombre que no podía afrontar semejante prueba. En todo caso, cabía acceder al ruego de un matador de toros para matar el sexto. Porque esto ha pasado ya muchas veces en casos semejantes. “Simón” bajó a pedir permiso y fue detenido. Con todos mis respetos, considero que no era la decisión adecuada. “Simón” no era un espontáneo, puesto que, al no haber ningún toro en la plaza, mal pudo interrumpir la lidia. Cabía, aceptar o denegar su ruego. Nada más...

Posteriormente, García Valiño esgrimiría los argumentos de que el reglamento no lo permitía y también el de que no había precedente. Este último es el favorito de la autoridad cuando no quiere actuar en determinado sentido, pero cuando menos, encontré uno en la hemeroteca, cuando el domingo 23 de agosto de 1953, el matador Octavio Martínez Nacional, bajó del tendido para despachar un novillo devuelto que no quería regresar al corral, con el permiso de la presidencia de ese día. En conclusión, el precedente existe.

Y salió el sexto de El Jaral de la Mira. La intervención del sobresaliente fue brevísima, sigue contando Navalón:

Luego llegó el horror de la cornada a Julián de Mata. Como era previsible, nada más abrirse de capa quedó a merced del toro, y todos volvimos la cara con horror, cuando, cosido en la mazorca del pitón, llevaba un pedazo del chaleco del pobre sobresaliente, víctima absurda de una situación todavía más absurda. Porque aquí no cabe invocar el reglamento. Estábamos ante un caso de conciencia. Estaba en juego la vida de un hombre...

Y es que, García Valiño, policía de formación y ocupación, al fin y al cabo, se escudó siempre en la interpretación literal del texto legal, según se lo declaró a Pilar Trenas en la edición del ABC madrileño del día 27 siguiente:

Mientras haya un sobresaliente vestido de torero, la corrida debe continuar, según el reglamento... Lamento el percance, pero el reglamento lo dice así...

El parte médico de Julián de Mata

Después de ser intervenido en la enfermería de la plaza, el doctor Máximo García Padrós, extendió el siguiente parte facultativo:

Herida por asta de toro en la cara posterior del hemitórax derecho, entre la novena y décima costillas, penetrando en la cavidad torácica con grandes destrozos en los lóbulos inferiores y medio del pulmón derecho, contusionando el pericardio. «Shock» traumático intenso que precisó transfusión de 1200 centímetros cúbicos de sangre. Pronóstico muy grave...

Le declaró el doctor García Padrós a Manuel F. Molés:

¡Chico qué cornalón!... Un cornalón. Pero tengo esperanza de que se recupere; claro, que luego hay que contar con las complicaciones. Pero ha sido algo muy gordo. Fíjate que tenía tres cornadas en el pulmón: pero tres boquetes así de grandes. Ya veremos...

Tras de concluir la intervención se dudaba si trasladar al torero herido al Sanatorio de Toreros o a otra unidad hospitalaria de alta especialidad para continuar su tratamiento, al final de cuentas, se decidió llevarle al Francisco Franco, para que un especialista en cirugía de tórax continuara con su tratamiento.

En su cama del hospital, atendió a Manuel F. Molés, quien en la edición de Pueblo del 29 de mayo siguiente, publicó lo siguiente:

Me duele más el no haber estado bien que la cornada.

- Pero, Julián, si no podías estar bien.

- ¿Por qué?

- Porque no estabas preparado.

- Sí lo estaba. Toreo mucho de salón.

- Pero el toro es otra cosa. Torear de salón es torear al aire. Imaginar un sueño. Hace falta el toro, la práctica. ¿Desde cuándo no te has puesto delante de un toro?

- El año pasado.

- ¿Te das cuenta de que era imposible estar bien, de que lo más seguro era la cornada?

- No. Lo que pasa es que en la voltereta que me dio el quinto me dislocó la mano derecha y no pude mandar debidamente al sexto con el capote. Si no es por la mano estropeada a estas horas hubiera cambiado mi futuro.

- Ya. ¿Cuánto te han pagado, Julián?

- Todavía no he cobrado. Lo estipulado son ocho mil, y vienen a quedar seis mil y pico limpias... Pero la empresa es muy buena conmigo.

- ¿A cuánto asciende esa bondad?

- El año pasado me dieron doce mil...

- En la taquilla habría seis o siete millones ¿Te parece suficiente ese sueldo tuyo?

- No lo sé...

Insisto: es increíble, pero real. Charlando con él me duele hacer preguntas necesariamente duras. Nadie puede convencer a Julián de Mata que era una barbaridad dejarlo salir. Nadie puede convencerle que no le bastaba un carnet si no tenía una preparación. Nadie puede convencerle que le contrataron como comparsa precisamente porque no tenía nada que hacer. El sueña un sueño imposible, temerario, bárbaro, y al fin y al cabo comprensible.

- Molés, yo tengo que ser matador de toros...”

Julián de Mata no perdía, ni en la cama del hospital, la intención de recibir la alternativa de matador de toros algún día.

En un apunte de interés meramente económico, a un tipo de cambio directo, las ocho mil pesetas de 1975, equivalen a 48.08 euros de estos tiempos y deflactados, serían aproximadamente 2000 euros contantes y sonantes. Es decir, casi nada.

El día después

La tragedia de Julián de Mata movió a los estamentos de la fiesta. La posición y función del sobresaliente se cuestionó y se pidió opinión a personas destacadas dentro del medio. Entre otras, destaca la opinión de Antonio Bienvenida, quien dijo al respecto:

Debería ser un novillero con experiencia, que conociera el oficio. También un matador de toros, aunque siempre o casi siempre hayan sido novilleros. Yo exigiría que estuviesen en activo y que hubiesen toreado un mínimo de corridas, porque en caso contrario se exponen a una catástrofe...

Por su parte, Paco Camino también comentó su parecer sobre ese particular:

La culpa la tienen las empresas. Hay gente joven capaz de resolver un problema con rapidez. Yo exigiría que fuese capaz, un número de actuaciones por año con caballos y que tengan también ilusión, que es algo muy importante. Lo que sucede es que si son novilleros piden que les den alguna compensación, y las empresas no quieren complicaciones de ese estilo...

Ambas opiniones me hacen pensar que los dos toreros ven al sobresaliente como una especie de convidado de piedra que no se luzca, que sea eficiente nada más, que se mantenga en la sombra y evite destacar en toda medida.

Julián de Mata se tuvo que quitar de torero a causa de esta cornada, aunque en el lecho del dolor le insistiera a Molés que tenía que llegar a matador de toros. En 2016 varios toreros que don Máximo García Padrós curó de sus cornadas se reunieron con él con motivo del cincuentenario de su actividad como cirujano en la plaza de Las Ventas. Sobre esa reunión escribió Ana María Ortiz para el diario El Mundo, de Madrid y entre otras cosas dijo:

En representación de la década de los 70, la primera de García Padrós en el servicio médico de Las Ventas, Julián González de Mata. Traje chaqueta azul marino, 82 años bien llevados, aunque pierda el resuello cuando circulamos arriba y abajo por el graderío. «Julián, ahora te ponemos un poco de oxígeno cuando bajemos a la enfermería», bromea el doctor. Aquel 25 de mayo de 1975 Julián de Mata – ese era su nombre artístico – era sobresaliente – suplente, coloquialmente hablando – pero los dos titulares en el cartel sufrieron sendas cogidas y tuvo que salir. «Me metió el pitón en la cintura, me levantó en el aire y me llegó el pitón a dos centímetros del corazón. Me quedé con seis pulsaciones, pensé que me moría», rememora. Tras el envite no pudo ya retomar la carrera taurina y se hizo taxista, profesión que también tuvo que abandonar por las secuelas. «Gracias a la bondad de señora Cuqui Fierro (famosa aristócrata madrileña) que me ayuda desde entonces», pide que se recoja en estas líneas...

Las cornadas de los toros tienen secuelas que se arrastran, a veces, por toda la vida. Esta de Julián de Mata es una prueba de ello.

Aldeanos