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domingo, 28 de junio de 2026

26 de junio de 1960: Se inaugura la Plaza Monumental de Tijuana

En la inauguración
Foto: Ortega
Cuando en el año de 1956 se derribó en Ciudad Juárez la plaza de toros conocida como la Plaza Pani, quizás en recuerdo de su constructor, el ingeniero Camilo Pani – también autor del proyecto y edificación de la San Marcos de aquí de Aguascalientes – , rápidamente fue sustituida por dos cosos en un plazo breve, porque en el año de 1957, en el mismo predio que ocupaba la plaza antigua, se levantó la actual Alberto Balderas y por su parte, el Mayor Médico Veterinario Salvador López Hurtado construyó lo que fue la Plaza Monumental de aquella ciudad fronteriza. 

Era una época de bonanza de la fiesta de los toros en la frontera norte de México, donde en el verano, se daba alrededor de la tercera parte del total de los festejos taurinos que se celebraban en todo el país. Le contaba el Mayor López Hurtado a Rafael Morales Clarinero, que, entre septiembre de 1957 y octubre 1959, nada más en Ciudad Juárez se dieron 120 corridas de toros entre las dos plazas.

El Mayor atribuía ese éxito a lo siguiente, cuando reflexionaba sobre el bajo número de corridas en el año de 1978:

Ahora sólo se dan seis corridas al año porque se acabó la afluencia turística que había cuando se hacían rápido los trámites para los divorcios. Los norteamericanos, que son prácticos y buscan hacer pronto las cosas, preferían ventilar sus asuntos en Juárez... Eso, como causa principal, pero hay otras varias que han determinado que de treinta corridas y tres novilladas que se daban en una temporada, se haya llegado sólo a la media docena...

En otra parte de esta Aldea ya escribía de la pérdida para la fiesta del territorio fronterizo, dejándose de celebrar festejos los días feriados de uno y otro lado de la línea divisoria, como el cuatro de julio, el labor day, el 5 de mayo, nuestras fiestas patrias y otras que invitaban a nuestros vecinos a acudir a las plazas, pero ante la paulatina deserción de los tendidos, la oferta cesó, lo que causó que los toros sean casi testimoniales ya en aquellas tierras.

La Monumental de Tijuana

En un texto titulado El hombre pasa, la obra queda, el cronista radicado en Tijuana Valeriano Salceda Giraldés, nos cuenta:

Se acercaba el final de 1959 y el Mayor Salvador López Hurtado, propietario y empresario de la plaza de Monumental de Ciudad Juárez se puso en contacto con los señores Alfonso Bres y Enrique Jordá dueños de El Toreo de Tijuana, con la idea de comprar la plaza y se la ofrecieron en dos millones de dólares de los de aquella época, y el Mayor les aseguró que con ese dinero él podía construir una plaza de toros mejor que la de ellos, y le contestaron: Bueno eso dice usted. Decirlo es muy fácil. Vamos a ver si usted es capaz de hacerla...

Después de lo hecho en Ciudad Juárez, no era fácil dudar de la capacidad del Mayor para resolver la afirmación a los señores Bres y Jordá y así, con sagacidad, López Hurtado adquirió una importante superficie de terreno en la zona de Las Playas, al Poniente de la ciudad, localizada frente al Océano Pacífico, a la que los gobiernos estatal y federal pretendían impulsar para su desarrollo. Así, en los límites de la zona federal de la línea fronteriza con los Estados Unidos, decide construir la plaza de toros que había anunciado, teniendo como perito responsable de la obra al ingeniero Raymundo Múzquiz Ayala.

En febrero de 1960, Aurelio Pérez, conocido aquí en México por su seudónimo de Villamelón, en esos días corresponsal del semanario madrileño El Ruedo

, en el número correspondiente al 25 de febrero de ese calendario, escribe:

Se confirma que en Tijuana el hombre de negocios don Salvador López Hurtado, que pretendió, sin resultado, llegar a un acuerdo con el empresario de la plaza de toros, que actualmente organiza corridas, ha decidido construir una nueva plaza de toros en dicha ciudad fronteriza. Plaza que espera inaugurar el próximo primero de junio. Es muy posible que para esa fecha esté terminado el coso taurino, porque el señor López Hurtado ha encargado la construcción del mismo a una empresa norteamericana, y ya se sabe lo que los americanos son en lo relacionado con el cumplimiento de sus obligaciones, y hay que pensar que, si ellos se han comprometido a entregar el inmueble a fines de mayo, cumplirán su promesa. Dice el nuevo empresario que la plaza de toros que está construyendo será la más bonita y la mejor acondicionada del país. Esto puede ser cierto, pero habrá que esperar para comprobarlo. También asegura que ha firmado ya contratos con los matadores de toros Procuna, «Calesero», Capetillo, Silveti, Rafael Rodríguez y Joselito Huerta. El señor López Hurtado concedió una entrevista a los informadores de Prensa, y entre otras cosas dijo: «Traté de entrar en arreglos con la empresa de la plaza de toros de Tijuana, pero se puso fuera de la realidad. Ya en plan de competencia buscaré los mejores elementos para dar la pelea. Dicen que no soy taurino, que me arriesgo demasiado, pero los negocios deben arreglarse con decisión. Ahí está mi obra de Ciudad Juárez. Ahora quiero dejar otra en Tijuana, ciudad que tendrá una plaza como se merece». Lo cierto es que, de ahora en adelante, si el proyecto del señor López Hurtado se lleva a término, como parece. Tijuana tendrá dos plazas de toros, y si bien es verdad que hasta ahora ha sido un gran negocio la explotación dé la plaza existente, por el gran número de aficionados y turistas norteamericanos que se han desplazado a la ciudad mejicana para presenciar espectáculos taurinos, es posible que la concurrencia de aficionados y turistas no sea de ahora en adelante todo lo numerosa que el mantenimiento de dos plazas de toros exige para que en ambas sea negocio la explotación de dicho espectáculo. Pero, en fin, es muy posible que durante la actual temperada tengan en Tijuana corridas de toros en una o en dos Plazas, en tanto que en Méjico nos tengamos que conformar de vez en vez con alguna corrida de novillos...

La versión del dicho del Mayor López Hurtado coincide con lo que expresa Giraldés, en el sentido de que se pidió por El Toreo de Tijuana un precio exorbitante. 

Para el siguiente mes de marzo, Villamelón reiteraba en su tribuna de El Ruedo, que el Mayor López Hurtado estaba muy activo contratando toreros para superar a la competencia que le representaría El Toreo:

UN EMPRESARIO IMPACIENTE. – El constructor y empresario de la futura Plaza de Tijuana, don Salvador López Hurtado, está decidido a contratar a todos aquellos toreros de cartel que estén a su alcance para evitar así que sean comprometidos por los empresarios señores Jordá y Bres. Los señores Jordá y Bres piensan comenzar su temporada en el mes de abril, y el señor López Hurtado confía en poder inaugurar la nueva Plaza allá para el mes de julio. Lo contrario de lo que va á suceder en Tijuana ocurre en Ciudad Juárez, donde las dos empresas que hasta ahora actuaban en competencia han llegado a un acuerdo y comenzarán su temporada conjunta en el próximo mes de abril...

La información de don Aurelio Pérez refleja que, al arrancar las plazas de Ciudad Juárez al mismo tiempo su existencia, fue consecuencia necesaria un acuerdo colaborativo para que pudieran funcionar, pero en la forma en la que se produjeron los hechos previos a la decisión de construir la Monumental, un acuerdo de esa naturaleza en ese momento no era posible.

La tarde de la inauguración

Al final la obra estuvo concluida y lista para ser abierta al público para el domingo 26 de junio de1960. Al nuevo recinto lo apadrinaría don Rodolfo Gaona, quien develaría la escultura de El Encierro que corona el pórtico de acceso al coso, y una escultura suya, rematando un quite, ambas obra del gran escultor mexicano, Humberto Peraza Ojeda. También presidieron la ceremonia inaugural los gobernadores de Baja California Norte y de Chihuahua, Eligio Esquivel Méndez y Teófilo Borunda, respectivamente.

Se anunció un encierro de don José Julián Llaguno para Alfonso Ramírez Calesero, Rafael Rodríguez y Antonio del Olivar. Los toros lidiados fueron Rondeño, que se despitorró y fue sustituido por Mirabrás, que permitió al Volcán de Aguascalientes dar dos vueltas al ruedo; Cordobés, al que Del Olivar le cortó la primera oreja concedida en la nueva plaza; Martinete, con el que tras de su lidia, Calesero dio dos vueltas al ruedo; Petenero, Calé, y Sevillano.

Cabe mencionar que esa misma tarde se llevó a cabo también una corrida de toros en el El Toreo en la que actuaron Curro Ortega, Joselillo de Colombia y el venezolano Carlos Saldaña, quienes lidiaron toros de La Trasquila.

El devenir de la Monumental

El Toreo de Tijuana fue demolido en el año 2007 después de una batalla legal en la que el poder económico se impuso a la razón y al Derecho. Después, diversos ayuntamientos tijuanenses se pronunciaron en contra de la fiesta de los toros y se negaron a autorizar la celebración de festejos taurinos, de esa manera, los sucesores del Mayor Salvador López Hurtado intentaron primero, vender la Plaza Monumental y posteriormente, obtener una licencia para su demolición, pero en una resolución que me resulta hasta cierto punto sorprendente, la Dirección de Administración Urbana (DAU) del Ayuntamiento de Tijuana, en mayo de este 2026, denegó la licencia de demolición, con fines de establecer en el predio que ocupa el coso, desarrollos habitacionales, porque tras consultar con diversas instancias gubernamentales, la DAU determinó que la Plaza Monumental es un monumento que no puede ser alterado ni destruido.

Así pues, la Plaza Monumental de Tijuana es, en mi conocimiento, uno de los pocos casos en los que, un inmueble dedicado primordialmente a la tauromaquia, es declarado monumento por una autoridad competente.

La Sociedad de Historia de Tijuana, el Seminario de Cultura Mexicana y el Patronato Pro Preservación del Patrimonio Histórico de Agua Caliente, son algunas de las instancias que también han sometido a la Secretaría de Cultura del gobierno estatal para preservar la Plaza Monumental de Playas de Tijuana, a partir de la noción de que, por la rápida evolución urbana y poblacional, sería un grave error, muy grave, que se derribara, dejando a la ciudad sin referentes históricos.

A 66 años de su inauguración, la Monumental de Tijuana sigue luchando por permanecer.

domingo, 14 de junio de 2026

13 de junio de 1971: La primera transmisión satelital a todo el mundo de una corrida de toros

Estamos prácticamente en la víspera de la conmemoración del quinto centenario de la celebración del primer festejo taurino celebrado en lo que hoy es México, que la historia tiene documentado con certeza. Los juegos de toros y cañas a que hace referencia Hernán Cortés en su Quinta Carta de Relación al emperador Carlos I, y que recuerda, no tanto por el hecho de la celebración táurica en sí, sino porque encontrándose en ella, llegaron hasta él los enviados de Luis Ponce de León a comunicarle que estaba sujeto a Juicio de Residencia, es decir, a un procedimiento de investigación por las responsabilidades en las que pudiera haber incurrido durante el tiempo en el que desempeñó diversos cargos al frente de los asuntos de la Corona Española en estas tierras.

El hecho que refleja el documento da debida cuenta de que las celebraciones con toros, como la de ese día de San Juan de 1526, habían trascendido ya los confines de la Península Ibérica y que así como la lengua, la religión y la cultura de la antigua Iberia buscaban acomodo en las tierras recién ocupadas, a partir de ese momento, también los divertimentos, como las fiestas con toros tratarían de encontrar su sitio entre los recién llegados y los naturales. Y a este día, es perfectamente dable afirmar que se arraigaron en su nuevo asentamiento y fueron aceptados por quienes los trajeron y también por quienes los recibieron.

La universalidad del toreo

Sin dejar de tener una esencia profundamente hispana, la fiesta de los toros es aceptada por personas de todo tipo de herencia cultural en el planeta, aunque también es innegable que en sus inicios, su funcionamiento dependía totalmente de lo que se gestaba y producía en España. Será, en la visión de José Alameda, México, de donde salga quien rompa ese ciclo y abra las entrañas de la fiesta para el resto de los países donde se verificaba:

Se dice que Gaona fue el que “universalizó” el toreo mexicano, el que abrió las puertas del ámbito internacional para los toreros de México… La consideración tiene que ser más amplia. Veamos: hasta entonces, todas las figuras del toreo habían sido nacidas en España; Gaona es el primero que, sin haber nacido en tierra directamente española, se hace figura del toreo mundial. Más tarde, vendrían Armillita y Arruza, y el venezolano César Girón y el portugués Manolo Dos Santos… Pero el primero: Rodolfo Gaona... No digamos, pues, que Gaona “universalizó” el toreo mexicano: “universalizó” el toreo. Punto...

Así lo plantea don José en su Historia Verdadera de la Evolución del Toreo, porque a su juicio, es a partir de la emergencia del Califa de León cuando se entiende que las puertas se tienen que abrir para cuando menos, los toreros que surgen en latitudes diferentes a lo que España es.

Las ciencias avanzan que es una barbaridad...

Esa expresión que Sebastián hace a don Hilarión en La Verbena de la Paloma, obra de Ricardo de la Vega, musicalizada por Tomás Bretón, ha trascendido a su tiempo y la realidad es que en algo más de medio siglo, el conocimiento de los sucesos de la fiesta, pasó de las reseñas escritas en los diarios, a las imágenes en movimiento en los noticieros cinematográficos, pero el saber del acontecer en las plazas en lo que hoy llamamos tiempo real, estaba reservado solamente a aquellos que adquirían su localidad en las taquillas y ocupaban una localidad en los tendidos. No había otra manera de ver los toros en directo.

Cuando la televisión llega a las plazas, se amplía el número de espectadores, pero en un inicio, en un radio restringido alrededor del coso en el que se celebraba el festejo. Cuando se descubre que enviando las señales al espacio exterior y devolviéndolas después a puntos determinados en la tierra, se pueden cubrir cuantos puntos se deseen sobre el planeta, se desarrolla la tecnología, lanzándose diversos satélites de comunicaciones de órbita geoestacionaria. En el caso relacionado con este tema, es fundamental el llamado Intelsat IV – F2, que fue el que hizo posible la transmisión de la corrida que me ocupa.

La llamada corrida del siglo

Para el 13 de junio de 1971, se anunció que en la plaza de toros de Jaén actuarían Santiago Martín El Viti, Manuel Benítez El Cordobés y José Fuentes ante un encierro de don Carlos Núñez, en un festejo nocturno que sería transmitido a veintidós países del mundo, entre los que se contaron Estados Unidos, Canadá, México, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Venezuela, Colombia, Perú, Uruguay, Ecuador, Argentina, Grecia, Rumania, Portugal, Yugoslavia, Taiwán, Hong Kong, Líbano, Japón y Australia.

El festejo tendría un carácter benéfico, destinándose los ingresos que produjera para las FEAPS (Federación Española de Asociaciones Pro Subnormales) y el mismo tuvo por un incansable y eficaz organizador a El Cordobés, que fue quien gestionó los asuntos taurinos en España y en el extranjero, hizo los amarres necesarios para obtener la transmisión internacional del mismo. Escribió quien firmó como A, en El Ruedo fechado el 8 de junio de 1971:

…la Fiesta de Toros no podía quedar al margen de la evolución ecuménica que se está operando en el mundo respecto a que por canónico entendemos incluso lo moral… Y es en Jaén en donde, en la anunciada corrida multitelevisada de próxima celebración – el día 13 del corriente –, El Cordobés, El Viti y José Fuentes van a matar seis «toros» a las ocho de la tarde… Esta serie de coincidencias en la celebración del espectáculo que han de presenciar unos doscientos millones de seres pertenecientes a pueblos, razas y naciones diversas, dispares en psicología y entendimiento, va a suponer un veredicto en cuanto atañe a la Fiesta que ha caracterizado la mayor parte de la manera de ser del espíritu hispánico… Nos alegra, y presumimos de que no será ésta la última ocasión en la que la Fiesta española conmueva. al mundo y nuestras instituciones benéficas cambien también la escuálida faz de su Hacienda…

El transmitir en vivo, una corrida de toros a muchas partes del mundo, representaba hace 55 años, una oportunidad dorada. El resultado de la corrida fue triunfal, El Viti le cortó las orejas y el rabo a su primer toro, El Cordobés también le cortó el rabo a su primero, a pesar de un pinchazo y las dos orejas a su segundo y José Fuentes saldó la noche con tres orejas en la espuerta. Al exterior, se dio una imagen de que la fiesta de los toros encerraba – y encierra – una grandeza que merecía y merece ser conocida.

Algunas celebraciones periféricas

En Nueva York, se renombró una plaza pública con el nombre de Plaza de Toros, según relata la crónica aparecida en semanario El Ruedo fechado el 15 de junio de 1971:

Y es que la histórica plaza neoyorquina de Pennsylvania se llama desde el pasado jueves, día 10 de los corrientes, «Plaza de Toros», en conmemoración de la primera corrida que, por televisión, vía satélite, se retransmitió desde España al Madison Square Carden, situado frente a la nueva «plaza»… La ceremonia que rebautizaba la plaza neoyorquina se inició a la una de la tarde (las 19,00 hora española) en la esquina de la calle 33 y Séptima Avenida y fue presidida por míster Bud Palmer (jefe de Relaciones Públicas de la ciudad) y míster E. William Henry (presidente de la Management System Corp., promotora de la corrida). En un ambiente de pasodobles participaron en ella muchachas ataviadas con trajes regionales españoles, y los invitados, entre los que se encontraban personalidades españolas, fueron obsequiados con una típica sangría…

Y además, desde la gran manzana, se envió a una funcionaria de su Ayuntamiento para presidir el festejo, junto con las autoridades de plaza, Margarita Martínez, de origen portorriqueño, quien entregó al alcalde de Jaén, Ramón Calatayud Sierra, una placa conmemorativa enviada por el alcalde neoyorkino John Lindsay, quien a su vez recibió por conducto de su enviada, las llaves de oro de la ciudad de Jaén.

El devenir de esta tarde

Ya en las diversas relaciones del festejo, tras de exponer el éxito de este festejo, se proponía declarar el 13 de junio como el Día Mundial de la Tauromaquia y se anunciaba la celebración de más corridas televisadas vía satélite en circuito cerrado. Sigue el cronista de El Ruedo:

Cuando nos referimos a que esta corrida de Jaén puede modificar la cara financiera de la Fiesta, no especulamos con hipótesis. Por de pronto, las corridas que se van a celebrar en Valencia (Venezuela), en conmemoración de te batalla de Carabobo durante los días 26 y 27 del presente junio, serán retrasmitidas (vía satélite) a España, Méjico, Perú, Colombia, Ecuador y Panamá como obsequio del Gobierno venezolano a los mencionados países de habla hispana… En la corrida del sábado 26, Antonio Bienvenida y Luis Miguel Dominguín lidiarán, junto con el venezolano Curro Girón, toros mejicanos de Reyes Huerta. La del domingo 27 será a usanza goyesca y las reses de Javier Garfias serán despachadas por Curro Romero, el mejicano Manolo Martínez y el venezolano Efraín Girón… En resumen: la corrida que comentamos marca – no por lo que sucedió en el ruedo, sino por sus planteamientos y supuestos previos y posteriores – una verdadera fecha histórica… No es aventurado augurar que, en lo sucesivo, se podrá hablar del toreo, antes y después de su primera retransmisión mundial vía satélite, desde la plaza dé Jaén…

Ese festejo resultó ser apenas un primer paso. Hoy, algo más de medio siglo después, los toros se transmiten vía satélite y en directo a quien tenga el deseo de acceder a ellos, y no solamente festejos puntuales o con una causa benéfica, sino ferias y a veces temporadas completas.

Eso demuestra que cinco siglos después de haber salido de España, la fiesta de los toros efectivamente adquirió el carácter de universal.

domingo, 10 de mayo de 2026

10 de mayo de 1957: José Ramón Tirado confirma su alternativa en Madrid

José Ramón Tirado, Julio Aparicio y Antoñete
Foto: Martín Santos Yubero - Archivo Comunidad de Madrid

José Ramón Tirado llegó a España de la mano de Rafael Sánchez El Pipo hace 70 años. El diestro de Mazatlán y el apoderado nacido en Córdoba eran proclives a realizar acciones que llamaran la atención, por los medios que fueran. Javier Manzano, autor de un interesante libro titulado Antoñete. La tauromaquia de la movida, en su página personal al referirse al encuentro de El Pipo con Tirado, escribe:

Su primera peripecia, añagaza y osadía la perpetró a finales de los 50 con el mexicano José Ramón Tirado a quien para darle a conocer en España le inventó la siguiente historia contada por él mismo: “iba a llegar Franco de un viaje y llamé a Tirado para que sacase un billete de avión para ese mismo día pero que no viajase. En el aeropuerto estaba toda la prensa esperando al Caudillo y yo a través de un fotógrafo amigo hice correr el rumor de que el torero que llegaba ese día no lo haría porque se había tirado del avión. Al momento todos los periodistas estaban a mi alrededor y yo inventando la historia; al día siguiente todo el mundo conocía a Tirado. Pero no me quedé ahí, sino que la seguí alimentando y un par de días después me inventé que un barco había rescatado al torero en alta mar y que aquello era un milagro. Tirado volvió a llenar páginas de periódicos y revistas, y esa temporada todo el mundo quería verle torear...

Ese aparente desacato le valió para que José Ramón toreara esa campaña 42 novilladas, quedando cuarto en ese escalafón, detrás solamente de Chamaco, Jaime Ostos y Curro Girón y le permitió recibir la alternativa el 12 de octubre de ese mismo año en la Mérida extremeña, apadrinándole Litri y llevando el testimonio de Antonio Ordóñez. El toro de la ceremonia se llamó Cuellolargo y fue de don Manuel González.

José Ramón Tirado regresó a torear el invierno a México, y confirmó su alternativa en la capital con el toro Remador de La Laguna, volviendo a ser su padrino Miguel Báez Litri, y fungiendo como testigo el Güero Miguel Ángel García.

El San Isidro de 1957

Rafael Sánchez El Pipo, tenía su manera de resolver las cosas. José Ramón Tirado ya tenía cierto predicamento en Madrid, porque allí se había presentado el 8 de julio del año anterior, y le cortó una oreja al primero de su lote; reapareció cuatro días después y se volvió a llevar una oreja del que cerró plaza y en su tercera oportunidad, el 29 de ese mismo mes de julio le cortó las dos orejas al tercero de la tarde, de Garro y Díaz Guerra.

Esa cadena de triunfos en la Villa y Corte la vendió bien don Rafael y le escrituró tres tardes para ese San Isidro del 57. Creo importante anotar aquí que Joselito Huerta, figura cimentada, apenas logró firmar una en esa feria. La confirmación de la alternativa en la apertura de la feria, con Julio Aparicio y Antoñete; la reaparición al día siguiente, con Aparicio otra vez y Manolo Vázquez y cerraría ese serial el 17 de mayo con Manolo Vázquez y Gregorio Sánchez. Y los toros eran los que exigían las figuras, por su orden, de doña Eusebia Galache, Atanasio Fernández y Barcial. Iba colocado como figura del toreo, aunque tuviera todo que demostrar.

José Ramón Tirado en su confirmación

Al final de cuentas Tirado no logró asegundar los éxitos que como novillero firmó la temporada anterior. Hay una amplia gama de apreciaciones entre los cronistas de aquellos días, pero todos coinciden en el hecho de que, ya no realizó el toreo destinado a conectar con los tendidos que le caracterizó en las presentaciones anteriores. Escribe Juan León en su crónica para el diario madrileño Arriba:

Este mejicano supo conquistarse grandes sectores de opinión con sus actuaciones novilleriles en el coso de las Ventas. Se le recibió, pues, con agrado, y él supo en sus primeras intervenciones con el capote hacerse aplaudir con fuerza, sobre todo, en su primer quite, echándose el capote a la espalda y pasándose muy cerca a su enemigo. Se 1e aplaudió también en la solemnidad de la confirmación, cuando Julio Aparicio le hizo entrega de las armas toricidas... Brindó al público y se fue al toro para citarle con el pase cambiado que tanto le acreditó en esta plaza: adelantar la muleta por delante y sacarla luego por la espalda, cuando el toro llega a jurisdicción. Siguió con dos ayudados por alto y uno de pecho. Citó con la derecha, y al segundo pase en redondo se le llevó el toro la muleta, cuajando seguidamente una buena serie de esta misma clase. Cambió de mano y logró tres naturales y el de pecho. Las embestidas de la res eran tardas y nada alegres, desluciendo los buenos deseos del diestro. Aliñó, para un pinchazo y una estocada desprendida, escuchando palmas y algún pitito...

Por su parte, Antonio Bellón, titular de la crónica taurina en el diario Pueblo, refiere:

A Tirado, un alboroto emocionante de ovaciones, sus ceñidísimas y reposadas gaoneras le dejaron su boyantillo primer toro donde más aire hacía: en la boca de riego. Su vaciarse el toro por la espalda tras angustiosa espera arrancó aclamaciones. Luego, en lucha contra viento y marea, salía airoso en redondeados redondos, y ovacionado, matando pronto, y en el huidizo sexto, acosadísimos los rehileteros, al borde del percance el Portero de Méjico, los focos encendidos, el público frío y enfriado, el espada en su macheteo preventivo no estudiaba la embestida del toro, mató aliviado, y al embotársele el verduguillo, se llevó un recado...

Y por su parte, Manuel Casanova, director del semanario El Ruedo, firmando como Emecé, refiere:

Entre el explicable nerviosismo en la tarde de confirmación de su alternativa, entre el viento que tanta desconfianza pone en los toreros, y entre que los toros que le correspondieron no fueron de los de «faena hecha», lo cierto es que la primera actuación del mejicano José Ramón Tirado como matador de toros en Madrid resultó bastante deslucida... En diestros cuya casi única tecla es la emoción, cuando ésta falta, se desvanece poco menos que en absoluto la posibilidad del éxito. Así le ocurrió en la tarde del viernes a Tirado. Salvo unas verónicas al toro de su alternativa y un ceñido quite por gaoneras, y más tarde en la faena de muleta una serie de redondos con la mano derecha, sus restantes intervenciones carecieron de brillantez. Todo lo sacrificaba en su primera faena a dar ese pase espectacular de adelantar la muleta por delante y sacarla por la espalda, en el que destacó su personalidad como novillero. Lo dio al fin, aunque a destiempo. Lo demás ya fue cuesta abajo. Unos pases discretos, un pinchazo y una estocada desprendida pusieron fin al trance de la confirmación, que la hizo con «Medianejo», número 80, berrendo en negro...

Por lo relatado en las crónicas que se transcriben, tal pareciera que la afición de Madrid esperaba al torero explosivo, que procuraba el hacer pirotécnico, exclusivamente de cara a la galería, para celebrar su hacer en el ruedo. Pero, por otra parte, también se puede apreciar que los elementos jugaron a la contra en el hacer del torero, que se vio afectado por el viento y las naturales incomodidades que éste produce.

El condicionamiento de una campaña

Las dos tardes que le restaban a José Ramón Tirado en Madrid no le resultaron triunfales tampoco, lo que condicionó en mucho el desarrollo de su temporada española del año 57, misma que cerró apenas con 6 tardes, las tres de Madrid, dos en Barcelona y una final en Palma de Mallorca el 9 de julio de ese año, con la que concluyó su paso por los ruedos hispanos.

A mediados de agosto, ya estaba toreando en plazas de México.

Una remembranza de El Pipo

Decía al principio de estas líneas que Rafael Sánchez Ortiz El Pipo, fue el artífice de la sorpresiva irrupción de José Ramón Tirado en ruedos de España, pero ese apoyo no fue gratuito. Observando su desarrollo como apoderado, he adquirido la impresión de que sabía descubrir toreros, llevando de las capeas o de las tapias a diestros como El Cordobés, José Fuentes o Curro Vázquez. Dirigiendo las carreras de otros toreros que dejaron historia como José María Clavel, José María Montilla, Paco Pallarés, o Antonio Ruiz Espartaco padre. Entre los nuestros, aparte de Tirado, también llevó las cosas de Manuel Capetillo.

Normalmente recordamos a El Pipo por las cuestiones que lo vinculan con la picaresca que se infiltra en esta fiesta – como la anécdota que cuenta Manzano –, pero era un aficionado sagaz, que sabía ver las virtudes de los aspirantes a toreros y no paraba en mientes para tratar de que llegaran a ser figuras del toreo.

Ser apoderado de toreros es algo más que ser un administrador. El ejemplo de El Pipo creo que lo deja claro.

domingo, 15 de marzo de 2026

14 de marzo de 1965: Manolo Espinosa Armillita se presenta como novillero en Barcelona

Manolo Espinosa, el hijo mayor del maestro Armillita se había presentado como novillero en Lima el 24 de mayo de 1964, alternando con Jesús Solórzano y el peruano Paco Céspedes en la lidia de novillos de Chuquizongo. Recién había terminado sus estudios de arquitectura en la capital mexicana, condición al parecer impuesta, para que pudiera dedicarse al toreo. Después de esa y una segunda presentación en la Plaza de Acho, se presentó en Bogotá y de allí regresó a México para actuar en diversas plazas de nuestra geografía, entre las que se cuentan las de Mérida, San Luis Río Colorado y muy señaladamente la de Aguascalientes, en donde el 16 de agosto de ese calendario, escribió, junto con los hijos de Calesero y de El Rey del Temple, una de las páginas brillantes de la historia de la Plaza de Toros San Marcos, pronta a celebrar su 130 aniversario.

Para el calendario de 1965, Manolo Espinosa marchó a España, donde, apoderado por José Ignacio Sánchez Mejías, realizaría una campaña novilleril que le permitiera recibir la alternativa en ese mismo calendario. Su presencia en aquellas plazas no iba a estar exenta de las remembranzas. En el número de El Ruedo fechado el 23 de febrero de ese 1965, un joven Vicente Zabala Portolés le realizó una extensa entrevista, cuya entrada es la siguiente:

Tiempos gloriosos para la historia del toreo. Transcurren los años finales del veinte, entrando casi en el treinta. Los españoles viven una época brillante de la fiesta de los toros, en que anduvieron en competencia más de una docena de figuras. Allí estaba el poderío de Ortega, la alegría de Manolo Bienvenida, la difícil facilidad de Marcial, el capote de Curro Puya. Y los mejicanos: Garza, El Soldado, Chucho Solórzano, Ortiz, ¡Armillita! Hemos dicho Armillita, «el Joselito mejicano», como le llamaban los de su época. Torero largo, dominador, fácil, completo. Los españoles recuerdan a Fermín Espinosa. Los mejicanos le añoran. Es parecido. Pero no es igual. Los aztecas dirán: «Si hubiera ahora mismo un Armillita...» Y lo van a tener. El hijo de Fermín está en España. Viene a hacer su temporada española. Se trata de un muchacho correcto, con aspecto de hombre todavía en el preuniversitario, aunque ya sea todo un arquitecto...

De ese inicio se advierte una cuestión, que, en la generación torera de Manolo Espinosa, también venían empujando varios hijos de figuras del toreo de las edades de oro y de plata de México y España, lo que prometía, al menos en los nombres, una renovación con nombres de otras épocas. 

El anuncio de su presentación

La temporada en Barcelona había iniciado el domingo 21 de febrero de ese año, y el miércoles 24 siguiente, falleció don Pedro Balañá Espinós, propietario de las plazas de toros de Barcelona y empresario de ellas, en especial de la Monumental. Por sus exequias y el luto que se le guardó, el desarrollo de la temporada se interrumpió y se programó su reanudación para el domingo 14 de marzo siguiente, con una novillada en la que se lidiaría un encierro de don Carlos Urquijo de Federico para el malagueño Andrés Jiménez El Monaguillo, el salmantino Paco Pallarés y el debutante mexicano Manolo Espinosa Armillita, quien era uno de los atractivos del cartel, según se puede deducir de esta gacetilla aparecida en el diario barcelonés El Noticiero Universal de la víspera del festejo:

Grandes atractivos ofrece la novillada que se celebrará mañana en la Monumental y en la que hará su presentación el novillero mejicano, Manuel Espinosa “Armillita”, hijo de que fue famoso matador de toros, Fermín Espinosa... Completan el cartel, otros dos novilleros, sobradamente conocidos del público barcelonés, como son “El Monaguillo” y Paco Pallarés... Se lidiarán reses de la acreditada ganadería de don Carlos Urquijo de Federico y esta extraordinaria novillada comenzará a las cinco menos cuarto en punto de la tarde.

Tanto El Monaguillo, que se presentaba en el ciclo, como Paco Pallarés, que reaparecía después de su éxito en el festejo inaugural, fueron de los que encabezaron el escalafón novilleril el calendario anterior y eran buenos conocidos de la afición de Barcelona, pero la novedad, el atractivo reclamo para llevar a la gente a la plaza, era precisamente el hijo de Armillita, un torero que en su día, escribió allí importantes páginas de su historia personal y también de las de la del coso.

La segunda novillada de 1965 en Barcelona

El festejo tuvo algunos matices singulares, porque se reflejó en su celebración la desaparición de quien por alrededor de cuatro décadas había sido el responsable de organizar las cosas en esa plaza. Escribió Rafael Manzano en su crónica de la Hoja del Lunes de Barcelona, aparecida al día siguiente del festejo:

Ayer, el despejo, al reemprenderse la temporada taurina barcelonesa, tuvo una honda emoción. Salieron las cuadrillas descubiertas y con un lazo negro, en recuerdo del inolvidable empresario don Pedro Balañá Espinós. Cuando, los bien repletos graderíos le consagraban un minuto de silencio, yo pensaba en muchas cosas. Por ejemplo, que don Pedro Balañá había iniciado su carrera de empresario taurino el 13 de febrero de 1927, con reses de la divisa de Murube; su hijo la continuaba el domingo con un encierro de don Carlos Urquijo de Federico, es decir, también de Murube. En el ruedo, espigado y moreno, vestido de verde botella y oro viejo, estaba Manuel Espinosa Acuña, hijo de «Armillita chico», que pisaba por vez primera un ruedo en España. También su padre salió por vez primera a un coso español en la Monumental de Barcelona, el 25 de mayo de 1928. He aquí que, en la familia taurina se suceden «constantes históricas» y eso tan difícil que se llama «continuidad de las generaciones»...

Pareciera que nada nuevo hay bajo el sol, pero la realidad es que todo en esta fiesta se renueva, los hombres, los toros y las aficiones. También la forma de apreciar lo que en los ruedos sucede. Por eso la fiesta ha subsistido, y seguirá subsistiendo.

La labor de Manolo Espinosa

La tarde de Manolo Armillita no resultó en un triunfo resonante. Se mostró, sí, como un torero enterado y con oficio. En primer lugar, cito lo que escribió acerca de su labor Fernando Gudiel Fillat, firmando como FEGUFI en el Diario de Barcelona del 16 de marzo de ese 1965:

Este joven novillero mejicano ha llegado a España no muy cuajado y aunque dejó vislumbrar buenas maneras, como no está acostumbrado a lidiar ganado español, con más casta y temperamento que el de su país, no obtuvo el señalado triunfo que de él esperábamos... No estuvo el muchacho mal, ni muchísimo menos. Torea de capa y muleta con buen temple y cuando se aclimate al genio, bravura y casta de nuestros novillos lucirá más su buen arte... Al sexto lo fijó con unos lances buenos e hizo un magnífico quite por gaoneras. Rafaelillo y Pablo Celis le prendieron dos formidables pares de banderillas, que se ovacionaron en grande y muy merecidamente... Brindó Armillita a su apoderado, don José Ignacio Sánchez Mejías y empezó a torear por naturales de muy buen son, sufriendo una aparatosa cogida de la que salió indemne por milagro. Acabó con el bicho de una estocada atravesada y un descabello al tercer intento... Se le despidió con palmas...

Regreso a la crónica de Rafael Manzano ya citada, quien, en la parte conducente, expresó:

Ayer, Manuel Espinosa, no sólo tuvo que luchar con las reses de Urquijo, encastadas y menos «dulces» que las hispanoamericanas, sino con algo más fuerte: con el recuerdo. Se pensaba en su padre, cuando recibió a su primero con dos valerosos faroles de hinojos. El muchacho ha salido con dignidad de la prueba; es muy duro luchar contra el fantasma de la nostalgia... A su primero, le hizo una faena muleteril con sabor, tirando muy bien de la res, ahondando cada pase, templando la embestida de su enemigo. Se le aplaudió y sonó la charanga. Aun se alegró con pases de costadillo y afarolados. Mató de media, sin cuadrar a su enemigo, con una salida indiscreta y acertó al tercer golpe de verduguillo. Se le aplaudió. Llevando el alias de «Armillita» debería practicar más con las banderillas. Por aquello del recuerdo...

Y concluyo la revista de medios con lo que publicó quien firmó como A.E. en El Noticiero Universal, al día siguiente de la novillada:

Al debutante Manuel Espinosa «Armillita» se le vio poco puesto aún, pero demostró innegable voluntad… Saludó a su primer bicho con dos faroles de rodillas poco logrados. El bicho derribó en la primera vara y llegaría al último tercio con franca, ideal embestida. Y «Armillita», que había prendido dos pares de banderillas vulgares, muleteó en redondo y al natural sólo discretamente, adornándose en unas trincherillas y un pase afarolado. Después de un buen pinchazo recetó una estocada atravesada, para descabellar al tercer golpe. Escuchó palmas. Lo mejor de su actuación fue el quite por gaoneras al sexto de la corrida, en las que el «manito» se apretó lo suyo. El bicho tomó una pica empujando mucho y se cambió el tercio a petición del mejicano. En el segundo sentaron cátedra los banderilleros Pablo de Celis y «Rafaelillo» que tuvieron que corresponder, montera en mano, a la gran ovación del concurso. «Armillita» inició su faena con unos naturales discretos. Poco después fue alcanzado por el novillo, sin más consecuencias que un rasgón en la taleguilla. El resto del trasteo careció de color y se remató de una estocada atravesada y descabello al segundo golpe...

Como pueden ustedes leer, hay opiniones para todos los gustos. En lo particular, me quedo con dos cuestiones: en el hecho de que por la fecha en la que llegó Armillita a Madrid y la de su presentación en Barcelona, poco tiempo tuvo para prepararse en el campo y también, que el tener un apellido ilustre es una exigencia añadida en cualquier profesión.

Para la estadística: el amigo José Luis Cantos Torres, en su exhaustivo estudio sobre la plaza Monumental de Barcelona nos deja saber que los nombres de los novillos que enfrentó Manolo Espinosa en su presentación por su orden fueron Altisol, de 376 kilos de peso y Saltarín, de 382 kilos en la romana.

El resto del festejo

El Monaguillo salió triunfador de la tarde, pues terminó cortándole una oreja al cuarto de la tarde, nombrado Sozaleño, al que se le dio la vuelta al ruedo y Paco Pallarés se vio imposibilitado de refrendar el éxito obtenido en su presentación, por sus reiterados fallos con el estoque.

La campaña de Manolo Armillita

La temporada novilleril de 1965 en España llevaba en sus carteles nombres que después tuvieron el carácter de ilustres: José Fuentes, Palomo Linares o Paquirri eran de los que encabezaban el escalafón, junto con otros toreros que destacaron como Gregorio Tébar El Inclusero o José Manuel Inchausti Tinín. Entre esos nombres, Manolo Espinosa torearía 20 festejos entre España y Francia y sería de los nuestros el que más sumaría, seguido de Finito, Jesús Solórzano, El Silverio, Mario de la Borbolla y Juan de Dios Salazar, que fueron los mexicanos que actuaron por aquellas plazas.

Cerró su temporada en Toulouse, el 3 de octubre de ese 1965, para regresar de inmediato a México, donde recibiría la alternativa el 20 de noviembre siguiente en San Luis Potosí, de manos de Joselito Huerta y con el testimonio de Raúl García.

Se despidió de los ruedos el 23 de febrero de 1992 en la Plaza México

domingo, 8 de marzo de 2026

7 de marzo de 1964: Paco Camino gana la Oreja de Oro en la Plaza México

El año de 1964 no pintaba bien para Paco Camino en la capital mexicana. Empezó entre dimes y diretes con la empresa de la Plaza México, cuya gerencia estaba a cargo del Dr. Alfonso Gaona, suegro a la sazón del torero y que fueron ampliamente ventilados en los medios. Escribe Daniel Medina de la Serna:

Para Paco Camino fue una temporada de conflictos, enemistades y broncas, pero en los momentos en los que se pudo sobreponer, también fue de triunfos significativos... al parecer las relaciones con su suegro, sin duda reflejo de las conyugales, empezaban a deteriorarse, o ya lo estaban definitivamente... el apoderado de Camino, José Antonio Martínez “Chopera”, publicó en “Esto” un desplegado aclarando la situación... Reproduce del lado izquierdo un contrato provisional, manuscrito, en el que se alude a seis corridas... Firmado por Alfonso Gaona y Martínez “Chopera”... Aclaraba esta inserción, además, que el contrato no contenía ninguna cláusula de exclusividad; no obstante eso, había declinado los ofrecimientos de la otra empresa para contratar a su poderdante Paco Camino, como sí se hizo con “El Cordobés”... añade que el “doctor” trató de reducir el número de corridas del contrato de seis a cuatro... Paco Camino acabó por torear sólo cinco fechas, incluyendo la de la oreja de oro...

En esas circunstancias, el torero de Camas navegaba contra la corriente tanto en los despachos como en el redondel de la plaza más grande del mundo y para salvar los muebles se veía en la necesidad de apretar en sus compromisos finales en ese escenario. Ese era el contexto en el que llegó a la corrida de la Oreja de Oro, celebrada en ese calendario a beneficio de la Unión de Matadores y de su Sanatorio de Toreros.

El cartel de la Oreja de Oro 1965

A diferencia de las corridas de la temporada, el cartel de la Oreja de Oro se anunció hasta la mitad de la semana, dándose a conocer que la Unión de Matadores tenía a su disposición una corrida del hierro mexiquense de El Rocío, propiedad de don Manuel Buch y Escandón, y que habían aceptado enfrentarla Humberto Moro, Joselito Huerta, Antonio del Olivar, Emilio Rodríguez, Paco Camino y Jaime Rangel.

La corrida se celebraría el sábado 7 de marzo de ese 1964, en horario nocturno. Y es que los dos diestros que más atractivo tenían en el cartel, el citado Paco Camino y Jaime Rangel, ya tenían la fecha del domingo por la tarde comprometida en un mano a mano que se llevaría a cabo en León, Guanajuato.

La fecha y la hora no eran propicios precisamente para la celebración de un festejo taurino, pero así se dieron las cosas. Escribió en su crónica para El Redondel, don Alfonso de Icaza Ojo:

Con una entrada que amenazaba ser catastrófica, pero que se compuso al final, hasta ser más que aceptable, se efectuó anoche, en la Plaza México, la corrida de la Oreja de Oro, a beneficio de la Unión de Matadores y de su sanatorio...

Las tardes de toros, han de ser, de sol y moscas, por lo visto.

Los toros de El Rocío

Las relaciones que pude encontrar de este festejo dejan ver que el juego de los toros condicionó el resultado de la corrida, porque, aunque el encierro tuvo una presencia irreprochable, llegaron con poco fuelle al tercio final. Refiere Ojo en El Redondel:

Se lidiaron, posiblemente, los toros mejor presentados de la temporada, seis buenos mozos de El Rocío, la ganadería de don Manuel Buch, quien siempre se ha distinguido por su escrupulosidad en relación con el trapío de sus reses. Los seis fueron bravos con los caballos, pero se agotaron en seguida, no habiendo soportado ninguno de ellos más de dos varas y pasando varios, no obstante su fuerza inicial, con una sola. El mejor fue el quinto, que embistió con nobleza de principio a fin, y después, los lidiados en cuarto y sexto lugares, lo que determinó que la corrida, un tanto tediosa en su primera mitad, se animara extraordinariamente en la segunda... Según supimos, anoche mismo, fueron analizadas las vísceras de una de las reses, y se encontró con que el hígado estaba muy dañado por unos parásitos, que vienen haciéndole daño, de tiempo atrás, al ganado de la región...

Fascioliasis hepática, el mal que comenzó a afectar a muchas ganaderías mexicanas y que una vez identificado, pudo preverse y en su caso curarse. De hecho, en la misma relación del festejo, se habla de que la ganadería vecina de Pastejé ya empezaba a tomar medidas sobre ese particular.

Paco Camino y Chispireto

El quinto toro de la corrida fue nombrado Chispireto por su criador y se le anunciaron 540 kilos de peso en la tablilla. Sabiendo que las voluntades estaban en su contra, salió dispuesto a entregarse y darlo todo, con tal de reiterarse como el torero que dejó impresionada a la afición mexicana apenas un año antes. Sigue contando Ojo:

Pocas veces, nunca quizá, habíamos visto a Paco Camino tan bien como anoche... Con el capote, desde luego, jamás: ligó verónicas excelentes, y dióse después a “chicuelear” con una finura de seda, entre atronadores aplausos de la concurrencia. ¡Qué primor de lances! … Su toro fue el mejor del encierro, qué duda cabe, pero lo aprovechó a maravillas de principio a fin, pues tras de esos primores con el percal, vino una de las faenas más limpias y artísticas que hayamos visto en nuestro largo peregrinar por los cosos taurinos... Trincherazos majestuosos, pases con la derecha tirando del toro con maestría y llevándolo bien toreado hasta allá; naturales clásicos, muletazos de pecho “suyos”, con lo que está dicho todo, y además, adornos, torerismo, gracia y lo que hay que tener. Mató de dos buenos pinchazos y una estocada ligeramente desprendida, llegando con la mano al pelo, y dio merecidísima vuelta al ruedo, protestada por los ignorantes que creen que el pinchar es malo, aunque se haga bien... ¡Bravo, Paco! …

Por su parte, quien firmó como Juan de Dios, en el número del semanario madrileño El Ruedo salido el 19 de marzo siguiente, manifestó:

En este ambiente desfavorable, y con un público que esta temporada se muestra injusto con Paco Camino, el «Coloso de Camas» labró una faena limpia, artística y de un mérito extraordinario - porque su enemigo, ahogado y sin casta, no daba facilidades - que le valió conseguir el trofeo en disputa, y demostrar en la plaza mayor del mundo que Paco Camino sigue siendo Paco Camino: todo un tratado del arte y la perfección en el toreo… Todo lo realizado en esta noche de competencia fue auténtica lección de lidia, en un toro que no se distinguió precisamente por su bravura. Después, dos entradas a la ley y un estoconazo rubricaron la extraordinaria faena. Como no rodó el toro al primer intento, todo quedó en vuelta al ruedo...

Ambas versiones coinciden en que la actuación de Paco Camino esa noche de sábado fue entregada, en un verdadero intento de ponerse de nueva cuenta en el gusto de la afición de la capital y de dejar en claro que era una auténtica figura del toreo.

Jaime Rangel y Rasposo

Durante esta temporada se había generado una rivalidad entre el torero hidalguense, que llevaba un paso arrollador y Camino, y en esta corrida de la Oreja de Oro, los ánimos no iban a variar. El sexto de la noche, Rasposo, le permitiría mantener el paso triunfal que llevaba por la temporada. Escribió Ojo:

Salió dispuesto a disputarle el trofeo al diestro de Camas, y se lo disputó a ley consiguiendo que el público se dividiera hasta el punto de que parecía indeciso el otorgamiento del trofeo, que en justicia correspondía a quien lo obtuvo al fin y al cabo, sin que ello quiera decir que menos apreciemos la labor de Jaime, que toreó muy bien de capa e hizo una faena a todas luces meritoria, iniciada citando de largo y aguantando a ley, y continuada con pases excelentes, pese a que el toro no humillaba, razón por la cual descomponía, a veces, la muleta. También Rangel pinchó dos veces antes de agarrar la estocada, y aun necesitó el refrendo de un descabello al tercer empujón. De todas maneras, el hidalguense estuvo a la altura de su fama...

La versión aparecida en el número de El Ruedo ya mencionado, refleja:

Jaime estuvo en pian arrollador, y si no cortó oreja, más fue por pinchar demasiado que por haberse dejado enhebrar la muleta en algunos pases. El toro era bronco, echaba la cabeza arriba y no permitía la perfección en el toreo. Pero llegó con más gas que los otros, y Jaime lo toreó con el capote y con la muleta, como auténtica figura de excepción. Si el de Hidalgo sigue en el plan que está, Méjico habrá encontrado la figura que dé la pelea a los españoles...

Por lo que podemos leer, en sus dos últimos capítulos la corrida se recuperó, porque aunque Humberto Moro, Joselito Huerta, Antonio del Olivar y Emilio Rodríguez tuvieron momentos de lucimiento, la ya mencionada falta de fuerza de los toros que les tocaron en suerte, condicionó en mucho el resultado de sus actuaciones.

La Oreja de Oro

Al final de cuentas, el trofeo fue concedido a Paco Camino, por aclamación popular, que debió ser difícil de sopesar porque también Jaime Rangel tuvo mucho apoyo desde las graderías. Escribió don Alfonso de Icaza:

Surgía entonces la disputa por el trofeo: unos, los más, lo querían para Paco, pero eran muchos también los que pugnaban por que se le diera a Jaime, y así, ponerlo en manos del gran torero sevillano. Llovieron cojines sobre la arena y estallaron por igual pitos y aplausos, mientras ambos triunfadores recorrían el anillo en hombros de sus más exaltados partidarios...

Por su parte, opina Daniel Medina de la Serna:

En la oreja de oro (15ª) logró una de sus mejores faenas aquí, el toro se llamó "Chispireto" y era de El Rocío, con ella ganó indudablemente el trofeo áureo, pero sin que faltaran a la hora de la entrega los “masiosares” que no quieren ver más allá de sus narices y la pedían enardecidos para el hidalguense Rangel, los dos salieron esa noche en hombros de los fanáticos...

Como es habitual, hay espacio para la discusión, pero creo que, en este caso, aun después de seis décadas, queda claro que esa noche, la Oreja de Oro fue justamente concedida a Paco Camino.

El devenir de Paco Camino en México

Paco Camino todavía actuaría en la Plaza México los domingos 15 y 22 de marzo de ese 1964 y ya no se le volvería a ver por allí hasta el 1o de abril de 1978, cuando alternando con Manolo Martínez y Eloy Cavazos, enfrentó una corrida de San Miguel de Mimiahuápam, a guisa de despedida de la afición mexicana, corrida televisada en abierto a toda la República.

Su regreso a nuestro país se había dado un par de años antes, cuando regresó a realizar temporadas en los inviernos aquí en México, destacando sus actuaciones en Querétaro, donde realizó faenas muy importantes en su historia.

El 23 de septiembre de 1981, Paco Camino toreó vestido de luces por última vez en Valladolid.

domingo, 1 de marzo de 2026

28 de febrero de 1965: El gran triunfo de El Cordobés en la Plaza México

Desplegado publicitario de El Cordobés
El Redondel 7 de marzo de 1965

El Cordobés tardó en entrar con el público de la Plaza México. Confirmó allí su alternativa el domingo 7 de febrero de 1965, recibiendo los trastos de manos de Antonio Velázquez y oficiando como testigo Antonio del Olivar. A pesar de que, Manuel Benítez estuvo empeñoso y hasta entregado ante los dos toros de su lote, casi de inmediato un importante sector de la concurrencia se puso en su contra y se dedicó a reprocharle cuanto intentaba. La tarde terminó para él y para todos, como tituló su crónica don Alfonso de Icaza Ojo, en un mitin de órdago. Reapareció a la siguiente semana para atestiguar la confirmación de alternativa de Mauro Liceaga, de manos de Rafael Rodríguez. La actitud de una buena cantidad de los concurrentes hacia el de Palma del Río fue en el mismo sentido, quizás más ruidosa. Escribe Daniel Medina de la Serna:

Y, ¡por fin!, pisó el ruedo de la México el fenómeno de la época, Manuel Benítez Pérez llamado “El Cordobés”, para el que quisiera algo de él. Confirmó (9ª) de manos de Antonio Velázquez y aunque tuvo buenos momentos, "inspiradísimos" escribió Alfonso de Icaza, acabó por fracasar dándole gusto a los que fueron a ver eso y que eran legión. Segunda corrida (10ª) y segundo y más ruidoso descalabro...

Era evidente que, en la Plaza México, que tenía un cupo del doble del Toreo de Cuatro Caminos, había lugar para aquellos que, quizás se quedaron fuera de esta última plaza, donde El Cordobés se había presentado en este país y había triunfado en toda línea, quizás pensando que, aquel viejo refrán seguía rigiendo: fuera de México, todo es Cuautitlán...

La 12ª corrida de la temporada 1964 – 65

Manuel Benítez reaparecería en la gran plaza el domingo 28 de febrero de 1965, y ese día el de la duodécima corrida de esa temporada 1964 – 65, dejaría en claro por qué era una figura del toreo. El cartel anunciado para esa tarde se formaba con los acalitanos Alfonso Ramírez Calesero y Rafael Rodríguez, que precederían en el orden de lidia a El Cordobés, para enfrentar a un encierro de Mimiahuápam, ganadería entonces de la titularidad de don Luis Barroso Barona.

Los dos toreros de Aguascalientes estaban ya en el ocaso de sus carreras, sin saberlo y quizás sin preverlo, Rafael Rodríguez toreó ese día su última corrida en la plaza de toros que lo llevó a la cima, y por su parte Calesero estaba a su vez actuando en su antepenúltima tarde, porque poco menos de un año faltaba para que allí mismo se cortara la coleta en una tarde que, después de todo, resultó ser memorable para él.

También El Cordobés, aunque en circunstancias distintas se presentaría en la Plaza México, dentro de su carrera, ya solamente esta tarde y la noche del siguiente jueves 4 de marzo, en la corrida de la Oreja de Oro. Seguiría viniendo a México en otros calendarios, pero ya no volvería a actuar en la capital mexicana.

Una tarde verdaderamente histórica

El tercer toro de la corrida se llamó Palomo y venciendo la oposición de aquellos que en las dos tardes anteriores lograron poner a la mayoría en su contra, le cortó la primera oreja de la corrida. Escribió Ojo en su crónica para El Redondel:

“El Cordobés” se quita la montera y como viene más mechudo que nunca, causa sensación. Se dobla con su adversario echando la cabeza al suelo e inmediatamente después instrumenta dos derechazos que arrancan olés de los tendidos. Se sigue arrimando, da otros dos pases iguales y luego se cambia y alborota el gallinero con uno de sus característicos muletazos. Toda la faena la realiza “El Cordobés” entre los pitones y para provocar la arrancada del toro le patea en los hocicos. Torea ahora con la izquierda en el mismo palmo de terreno en que ha desarrollado todo su trasteo, y aunque sus pases no le resultan limpios, sí son indiscutiblemente emocionantes... Porfía el diestro; da pases estatuarios a la mínima distancia. Aguanta heroicamente y se hace ovacionar por la plaza entera. El toro se ha ido quedando más y más y Manuel lo hace embestir pegándole con la barriga. Se adorna rasgando el testuz de la res y vuelve a torear con su aguante único a dos dedos de los pitones. Le chillan algunos el que se cambie de lado, pero luego cuando pisa los terrenos inverosímiles, arma la escandalera... Hay otros alardes de parte del diestro de Palma del Río, que a unos gustan y a otros no, y en cuanto “Palomo” junta las manos, entra a herir Manuel en corto y por derecho y deja un estoconazo ligeramente contrario, de tanto atracarse. El toro tarda en doblar y ello induce al “Cordobés” a descabellarlo al primer intento. Ovación, música, millares de pañuelos que piden la oreja, concesión del apéndice por parte de la autoridad y vuelta triunfal al anillo, devolviendo sombreros y prendas de vestir… Este es “El Cordobés”: un torero que torea distinto a los demás y que entusiasma más que ninguno...

Una faena típica de las suyas. Imponiéndose al toro que se quedó parado y metiéndose entre los pitones. No dejó ya resquicio de duda de que los espectadores estaban ante una real y auténtica figura del toreo. Pero todavía tenía el de Palma del Río cosas que expresar. Así, ante el sexto de lidia ordinaria, Mayito, sucedió lo siguiente:

Y ya tenemos al “Cordobés” frente a “Mayito”. Doblones suaves como ellos solos; dos pases por alto, molestado por el aire y derechazos en los que se enrosca al toro a la barriga, armando tremenda escandalera. Anuncia que va a regalar un toro y la ovación crece de punto. Más pases de aguante y mando increíble y ahora con la zurda, naturales sencillamente asombrosos. Los remata con el pase de pecho y la plaza se viene abajo, cayendo al ruedo sombreros en cantidad. Sigue la faena cordobesista pura, impregnada de esa personalidad que hace de Manuel Benítez un torero único, mejor o peor que los demás, pero sin parecerse a nadie. Los naturales de ahora son de asombro y los dos pases de pecho que le siguen, fenomenales... El toro se agota poco a poco, pero “El Cordobés” sigue encima de él, provocando la arrancada, sacándole pases de todas marcas. Lo iguala y atiza media estocada, llevándose el arma. Nuevo viaje, y acostándose en el morrillo, sepulta una estocada hasta el puño. El bravo y noble burel está a punto de entregarse, pero “El Cordobés” se empeña en descabellar innecesariamente, y falla hasta cuatro veces, para acertar al quinto intento. Estalla la ovación, no obstante y no pocos pañuelos flamean en los tendidos cuando el diestro se retira al callejón, obligándolo el público a que saliera para agradecer los aplausos de la mayoría de los espectadores...

A los primeros muletazos anunció el regalo de un toro, seguramente porque calibró que Mayito estaba ya muy mermado de fuerzas, y sin embargo, le realizó una faena de corte muy distinto a la anterior, principalmente sobre la mano izquierda, tan rematada, que aun después de los fallos con la espada, se le pedían las orejas.

El toro de regalo

El séptimo de la corrida se llamó Corsario, y era de Torrecilla. El obsequio no tenía por intención el salvar in – extremis una tarde fallida, era en realidad el intento del torero de complacer a la afición, aún habiendo triunfado con el lote sorteado en su momento. De lo realizado ante ese toro, escribió don Alfonso de Icaza Ojo:

Dos doblones para hacerse del toro y una serie de pases rápidos en los que los cuernos del burel le destrozan la franela. Cambia ésta Manolo e instrumenta varios derechazos, habiendo a poco otro intermedio en el trasteo. Naturales aguantando mucho; derechazos enredándose al toro en la cintura; uno de cuatro vueltas que para a la plaza de cabeza por la manera en la que el diestro corre la mano y mide el arranque de la fiera, y ya, con el ambiente caldeado, naturales; pases cambiados y uno de pecho piramidal. Más derechazos de lentitud increíble; toreo personalísimo de aguante heroico; cite a distancia que va acortando hasta que el toro se le arranca y más muletazos, con una y otra manos, de positivo asombro. Cuando lo remata con el de pecho, la plaza entera es un manicomio… Más naturales, sencillamente maravillosos; el de pecho fenomenal y ya desde ese momento, centenares de pañuelos que piden para este sensacional torero, de este nobilísimo animal, los apéndices. Se perfila a ley Manolo, arranca a matar y deja un estoconazo, también contrario, que hace doblar. Ovación inenarrable, miles de pañuelos que se agitan en los tendidos, concesión de las orejas y el rabo, el público que se echa al ruedo para abrazar al “Cordobés” y pasearlo por el ruedo en hombros, por una multitud enloquecida. Los granaderos dispersan a la multitud, los gritos de torero, torero, se oyen por todo el ruedo; vuelven a cargar al “Cordobés” en hombros, cuyo traje de luces ha sido destrozado, y en hombros se lo llevan por la puerta grande en una auténtica apoteosis…

El Cordobés terminó de establecer en la Plaza México, ante todos los que le demostraban admiración o respeto y también ante aquellos que iban dispuestos a reventarlo, que era una auténtica figura del toreo y no una creación publicitaria o de la literatura. Dejó fuera de cualquier duda su categoría dentro de los redondeles. Escribió quien firmó como Paliacate en el semanario madrileño El Ruedo, salido a los puestos el 9 de marzo siguiente:

Ha ganado El Cordobés una batalla difícil, ciertamente. Y la ha ganado – hasta sus más acérrimos adversarios, los que le silbaron cuando iniciaba el paseíllo – en muy buena lid, limpiamente. Para fortuna de los aficionados mejicanos, que han tenido la oportunidad de contemplar una de las más completas actuaciones que se le recuerdan a Manuel Benítez; en tres toros ha podido dar la imagen precisa y completa de lo que es su toreo…

Creo que la explicación es clara y contundente.

¿El final de una época?

Decía al inicio que Alfonso Ramírez Calesero y Rafael Rodríguez El Volcán de Aguascalientes, en esta señalada tarde prácticamente concluyeron su paso por la Plaza México, representando el cierre de las edades de Oro y de Plata del toreo en México. Nuestra Edad Moderna ya estaba en ciernes, puesto que las figuras que la encabezarían estaban próximas a recibir la alternativa. Sigue escribiendo el invocado Paliacate:

De verdad: se le puede discutir el arte, pero no su fabulosa habilidad para hipnotizar a quien se le ponga por delante, público o toro. Este Cordobés ha escrito una nueva página en la historia del toreo en Méjico y ha confirmado que es, sin discusión, el torero de la época. Porque hoy, ya lo saben, es cordobesista todo Méjico…

Ya advertía el escriba que el estado de cosas en la fiesta mexicana estaba por cambiar. La historia nos demuestra que no le faltaba razón.

El triunfo en la visión del torero

En El Redondel fechado el 7 de marzo de ese 1965, se publicó una entrevista que don Rafael Morales Clarinero hizo a El Cordobés, en la que, a propósito de la corrida de su triunfo, dijo:

Si no hubiera tenido éxito en mi tercera corrida den la Plaza México, quizá me hubiera retirado. Cuando menos así me lo había propuesto. No sé si hubiera podido cumplirlo... Uno de los días más felices de mi vida lo tuve el domingo cuando triunfé en la México. El más malo, se puede escoger entre los dos anteriores en que no pude torear a gusto entre ustedes... Puedo decir que en esta plaza es donde más se nota un triunfo o un fracaso... Pesa mucho la plaza. Siente uno que se sume, que está muy hondo. Que la gente está arriba, muy arriba. Siente uno como que se ahoga... No puedo señalar mi tarde de triunfo en la México como la mejor de mi vida; pero sí en la que más gusto y felicidad sentí. No estaba seguro de triunfar; pero sabía que iba a poner todo lo que pudiera. Estaba dispuesto a todo con tal de lograrlo... Y claro, salí con más miedo y compromiso que otras tardes...

Lo que comentó al entrevistador refleja la responsabilidad que sintió el torero y la sensación de alivio que le produjo el triunfo.

Tres brindis

Esa tarde destacaron tres brindis de los diestros actuantes. Calesero brindó el primero de la tarde a don Manuel Tello Barnaud, Secretario de Relaciones Exteriores, zacatecano y sin complejos derivados de la mal llamada corrección política, fue a los toros y fue brindado. El mismo Poeta del Toreo igualmente brindó su segundo a una asistente habitual a las barreras de la plaza, a la Doña María Félix.

Por su parte, El Cordobés brindó el séptimo a Manolo Prieto Crespo, quien, junto con Juan Cañedo, fue quien lo trajo a México por primera vez para actuar en el Toreo de Cuatro Caminos. Dijo el torero:

Manolo Prieto ha sido aquí, en México, más que un amigo, un hermano, por eso le brindé el toro del desquite...

Así se produjeron los acontecimientos más destacados de una corrida que resulta ser histórica en muchas de sus aristas.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Dalí en los toros

Cortesía: Joaquín Albaicín
A finales de 1960, al hacerse público que Salvador Dalí y su esposa Gala habían llegado a un acuerdo con el Museo del Prado para que todas sus pinturas, dibujos y otras creaciones artísticas pasaran al Museo del Prado después de su muerte, Ramón Guardiola, el alcalde de Figueras se entrevistó con el pintor para hacerle ver que dada la trascendencia de su persona y de su obra, Figueras debería tener un sitio en dedicado a representar y exhibir la obra de Dalí.

Fue el propio Dalí el que propuso que se rehabilitaran las ruinas de lo que fuera el Teatro Principal o Municipal de la ciudad, casi destruido en las postrimerías de la Guerra Civil, inspirado en lo que se realizó con la Sala de las Cariátides del Palacio Real de Milán, donde unos años antes había expuesto obra y que había sido rescatada de los efectos causados por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Figueras homenajea a Dalí

El 12 de agosto de 1961 se organizó un homenaje a Salvador Dalí en Figueras, su ciudad natal, con un extenso programa de actividades. Recorrido por las calles, corrida de toros, desfile de cabezudos, visita a las ruinas del teatro que se reconstruiría para instalar allí el museo, la entrega de la Hoja de Higuera de Plata y una cena de gala.

La corrida de toros

La decimonónica plaza de toros de Figueras, en esos días todavía de propiedad privada, se engalanó con un cartel formado por Curro Girón, Fermín Murillo y Paco Camino, quienes enfrentarían un encierro de Molero Hermanos, de Valladolid. Aunque la tarde fue ventosa, los toreros pudieron tener actuaciones destacadas. Relató el corresponsal de El Ruedo, en el número fechado el 17 de agosto siguiente:

En Figueras, la bella ciudad del Ampurdán, se celebró una corrida en homenaje del genio pictórico de Salvador Dalí, que hizo de las suyas a lo largo de la corrida y al término de la misma... Curro Girón realizó en su primero una faena valerosa y porfiona, para despacharlo de una gran estocada. Al cuarto le toreó de forma superior a la verónica, le banderilleó entre ovaciones y le cuajó una excelente faena que mereció los honores de la música y le valió dos orejas y rabo… Fermín Murillo tuvo el lote menos apto para el lucimiento. En ambos peleó contra el viento y el pésimo estilo de sus enemigos, a los que realizó dos valerosas y expuestas faenas, que fueron premiadas con música y grandes ovaciones. Pero la espada no estuvo certera y lo que pudo ser triunfo de orejas quedó en ovaciones… Paco Camino dejó la impronta de su arte en unos lances maravillosos. Con la muleta, dos grandiosas faenas, en las que la mano izquierda entró en funciones con un toreo al natural que entusiasmó a propios y extraños. Mató a su primero dé estocada y hubo premio de dos orejas y rabo, y al sexto, de estocada y descabello, pero como quiera que el puntillero le levantase en tres ocasiones el toro, todo quedó en vuelta triunfal...

En varias publicaciones se refiere que, a petición de Dalí, se pretendía que los despojos del último toro de la tarde fueran levantados por un helicóptero y depositados en el mar o en los picos de Montserrat. Refiere el redactor de El Ruedo:

Muchas, veces Dalí – que se hace el quite de la pintura buscando por medios pintorescos las páginas gráficas de los semanarios – ha sido atraído por la fiesta de les toros. Aún recordamos aquella corrida proyectada para ser celebrada en Lima, a cuyo final un autogiro izaría el cadáver de un toro sobre el pico más alto de los ingentes Andes. La versión andina cedió paso a la versión mediterránea - ninguna de las cuales vio la luz - y los Andes fueron sustituidos en el proyecto por los picos de Montserrat...

Al final de cuentas, el helicóptero, que debió llegar desde una población francesa cercana, no llegó y el fin de fiesta sugerido y previsto por el pintor no se pudo producir, pero hubo un final adecuado a su personalidad, el estallido de un toro esculpido en yeso, por los artistas belgas Niki y Saint Phalle y Jean Timbuyill, mismo que estuvo a punto de causar un desaguisado, pues las chispas de uno de los cohetones casi le queman la cara. Relata el corresponsal de la Hoja del Lunes de Barcelona:

El primer cohete de la traca fue a dar, precisamente, en el ojo izquierdo de Dalí, que no se había movido de su sitial en la presidencia... A la salida de la plaza, abriéndose paso entre la muchedumbre, compuesta de turistas extranjeros en su mayor parte, una vistosa comitiva recorrió las calles de Figueras....

Y por su parte, refiere el corresponsal del diario madrileño Pueblo:

Esto no fue obstáculo para que, durante la desintegración del toro de yeso, lleno de cohetes, bengalas, fuego y una paloma viva que emprendió el vuelo ante el entusiasmo de los asistentes, Salvador se cubriera la cabeza con un gran pan de los denominados de “pages” para protegerse de los petardos y recibir, de paso, una gran ovación del público...

Fragmentos de una entrevista

Juan R. Vila, de la Hoja del Lunes de Barcelona, tuvo la oportunidad de entrevistar a Salvador Dalí ese día. Y le dio algunas respuestas muy interesantes:

- ¿Qué significado tenía el «toro sorpresa», sacrificado al final de la corrida daliniana?

- El alquitrán, que lanzaba a chorros, significa lo que de momento es blando y luego se endurece. Esto es la vida misma, que es así.

- ¿Y el fuego?

- El fuego que el toro despedía expresa el vigor, y da el tono de rito sagrado a lo que es la corrida de toros.

- ¿Sigue con la tauromaquia?

- Continúo haciendo bocetos sobre ella. Siempre me renuevo. Ahora pienso renovar mi forma de pintar. Yo siempre estoy en renovación.

- ¿Entonces, lo que ha hecho y hace, no es definitivo?

- Definitiva en sí es la idea; la expresión es variable. Como soy un genio, seis veces por minuto se me ocurre una genialidad...

Esas pocas respuestas pintan de cuerpo entero a Dalí.

Las corridas de homenaje

En varios de los textos periodísticos que he podido consultar se hace referencia al festejo como corrida daliniana, pero lo fue por el personaje en cuyo honor se celebró, porque al final de cuentas, como lo señala el redactor de El Ruedo, fue una corrida seria y al uso, es decir, no hubo ni vestidos de torear estilizados especialmente al efecto, ni intervenciones absurdas en la plaza para darle más efecto al evento. En suma, no se trató de una de las hoy en día tan traídas y llevadas corridas temáticas que tanto abundan y que tan poco aportan.

Por otra parte, aunque en su día y con vista hacia la taquilla, la confección del cartel puede considerarse como redonda, a veces ese tipo de festejos debieran formarse en función de la idiosincrasia del homenajeado, que será quien llevará a la afición a los tendidos. Escribe Joaquín Albaicín:

...creo que lo suyo habría sido confeccionar los carteles con espadas gitanos y mexicanos, que – con excepción de “El Platanito” y “El Cordobés” – han sido los únicos toreros destiladores de un arte afecto al surrealismo. Haber, sí, traído como fuese desde su retiro en Texcoco a Silverio, o al Procuna aún en activo, o hacer reaparecer para la ocasión a un “Rafael Albaicín” entonces a caballo por los “spaghetti – westerns” de Almería o a un “Gitanillo de Triana” al frente de su tablao madrileño. Y llamar a Yul Brynner para pedir la llave de la plaza… Y “Manitas de Plata” tremoleando desde un palco. Pero no se hizo...

Es decir, los toreros que rinden el homenaje, deben ser coincidentes con el ser y con la personalidad del homenajeado – vamos, de la misma cuerda –, de modo tal que éste sea más profundo y más sentido por todos.

Aviso Parroquial: Agradezco a Joaquín Albaicín el haberme puesto sobre la pista de este asunto y de la imagen que ilustra estos pergeños.

domingo, 14 de diciembre de 2025

14 de diciembre de 1963: Manuel Capetillo se presenta en la plaza Santamaría de Bogotá


Joselillo de Colombia – civilmente José Edgar Zúñiga Villaquirán – es, con poco margen para la discusión, uno de los integrantes de la terna de figuras principales de la torería colombiana junto con Pepe Cáceres y César Rincón. Doctorado en el año de 1953 en Lorca, Murcia, fue quizás el primero de los toreros de su tierra en hacer campañas completas en ambos lados del Atlántico. Confirmó su alternativa en Madrid el 12 de octubre de 1956 y en la Plaza México el 8 de mayo de 1960.

En México encabezó el escalafón, junto con Juan Silveti y Alfredo Leal el año 1963, toreando 33 festejos, de los cuales cuatro fueron en la Plaza México, abriendo la puerta del encierro en uno de ellos. Se presentó además en plazas como Guadalajara, Tijuana, Ciudad Juárez y San Luis Potosí. Se despidió de los ruedos el 8 de marzo de 1964 en Cali, su lugar de nacimiento, aunque dos años después volvería a los ruedos para torear esporádicamente en Colombia, hasta el año de 1975.

El fuerte de la actividad de Joselillo de Colombia dentro de la fiesta, desde un poco antes de esa primera despedida se desarrollaría en los despachos. Constituyó una entidad denominada Empresa Zúñiga que tuvo la ocasión de llevar plazas como la Santamaría de Bogotá o La Macarena en Medellín y organizar en ellas dos de las principales ferias del verano austral en Colombia, ocurriendo en una de ellas, los hechos que intentaré rememorar el día de hoy. 

La feria decembrina en Bogotá el año 63

La Empresa Zúñiga se propuso, con tiempo, ofrecer a la afición de la capital colombiana un conjunto de combinaciones que atrajeran al público a la plaza. Así, desde un par de meses antes, dio a conocer la composición de esos carteles de acuerdo con una información aparecida en el semanario El Ruedo fechado el 17 octubre de 1963:

De Colombia llegan noticias de estar casi ultimados los carteles de las más importantes ferias. Por lo que se refiere a la plaza de la capital colombiana, su empresario "Joselillo de Colombia", ha dado las siguientes combinaciones de toreros, con ganado a designar:

1 de diciembre: Andrés Vázquez, “Vázquez II” y “El Cordobés”.

14 de diciembre: “Joselillo de Colombia”, Capetillo y “El Cordobés”.

15 de diciembre: “Joselillo de Colombia”, Capetillo, Andrés Vázquez, “Vázquez II” y “Miguelín”.

El día 22 de diciembre se lidiará una corrida extraordinaria. Los toros serán colombianos, con la excepción de una corrida salmantina de Alipio Pérez T. Sanchón…

Al anuncio de octubre se le añadirían los nombres de El Cordobés y Manolo Zúñiga en la corrida del 15 de diciembre, para completar a siete espadas en el mismo y dentro del capítulo de vicisitudes, en el número de El Ruedo salido a los puestos el 5 de diciembre, se relataba que había dificultades para autorizar la importación de los toros españoles para esas corridas decembrinas, pero que se esperaba que se resolvieran para las de la tradicional feria de febrero. La cuestión era que los toros ya estaban en Colombia, en la zona de resguardo aduanal, sin posibilidad de poder reponerse adecuadamente y aclimatarse en la medida de lo posible.

Por otra parte, en una excelente medición del buen ambiente que había en torno a las cuestiones taurinas en Bogotá, Joselillo de Colombia ofreció a la afición una corrida extraordinaria el día 8 de diciembre, con un cartel formado por Andrés Vázquez, Miguel Mateo Miguelín y Manolo Zúñiga, quienes lidiaron triunfalmente un encierro nacional de Vistahermosa de don Francisco García. De esa manera no se rompió la continuidad del serial y se mantuvo el interés por los dos festejos que cerrarían ese ciclo a la siguiente semana.

La presentación de Manuel Capetillo en Bogotá

Resulta de cierto interés el advertir que a quien don Alfonso de Icaza Ojo llamara El Mejor Muletero del Mundo, apenas se presentara en la capital de Colombia hasta 15 años después de haber recibido la alternativa. Sus compañeros de promoción habían actuado en plazas de la América del Sur ya mucho tiempo antes, y de ellos, era quizás el único pendiente de dejarse ver por aquellos pagos.

El cartel en el que actuaría por primera vez en la plaza Santamaría tenía visos de redondez, porque lo completaban quien en ese momento era la primera figura de la nación colombiana, Joselillo de Colombia y el torero más discutido e interesante del llamado planeta de los toros en ese momento: Manuel Benítez El Cordobés, enfrentándose la terna a un encierro de toros formado por reses de la ganadería española de Alipio Pérez Tabernero Sanchón y de la nacional de Clara Sierra.

La actuación de Capetillo se saldó, en esta presentación, con un saldo que podríamos calificar de regular. En la crónica del doctor Manuel Piquero Picas, aparecida en el diario El Tiempo de Bogotá al día siguiente de la corrida, se resume en lo siguiente:

Debutaba hoy en nuestra plaza Manuel Capetillo, el torero de México de mayor cartel. Se anuncia como “el mejor muletero del mundo”, pero esto debe ser algo que está dentro de la cursilísima campaña de “haga usted sonreír a un niño”. Pero quitando este “eslogan”, lo vimos ayer como un excelente torero con el trapo rojo, mandón y dominador. La faena en su segundo la realizó a los acordes de la música y a base de pases con la derecha larguísimos, mandando una enormidad y pases con la zurda verdaderamente buenos. El torillo se le cayó varias veces, por desgracia, pero Capetillo supo dejar la mejor impresión en este enemigo. Poco pudo hacer en el otro, áspero y bronco, despachado de una atravesada y otra mejor puesta. Las opiniones se dividieron...

Por su parte, Germán Castro Caycedo, corresponsal del semanario El Ruedo, en el número fechado el 26 de diciembre de 1963, resume así la actuación de Manuel Capetillo:

El de Méjico abre con un toro manso, de Alipio Pérez Sanchón, que recibe los palos negros y se torna difícil por ambos lados. En faena descompuesta, sin sitio ni coordinación, hace que sean los pitos quienes abran plaza. Dos estocadas acaban con la pesadilla que será olvidada en el cuarto toro, bueno, tanto en varas como para los de a pie. Los largos muletazos por bajo, sin cuidar al animal, que rapta buena parte de la lidia, encuentran eco en los tendidos y a juzgar por el movimiento de su cuerpo nadie dudará que hay un torero mejicano en el ruedo que liga y templa y hace aplaudir y mata sin puntilla y da vuelta al ruedo...

Como podemos deducir, al doctor Piquero no le pareció el remoquete que le concedió al torero de Guadalajara don Alfonso de Icaza, pues lo califica de cursi, y de lo escrito en las dos relaciones, se advierte, en la brevísima descripción que se hace de la faena al cuarto de la corrida, la esencia de su hacer con la muleta, es decir, la inusitada extensión que daba a los muletazos con ambas manos. El problema es que cuando el toro se cae, la fiesta lo hace junto con él y poco es lo que se puede lucir así. Ya tendría una nueva oportunidad Capetillo al día siguiente.

La actuación de El Cordobés

El Cordobés tuvo una tarde de contrastes. En su primero entusiasmó a la concurrencia, pero en el que cerró plaza, la concurrencia le tomó a mal que no aceptara poner banderillas y se le puso a la contra. Sigue contando el cronista:

...el público resolvió derribar al ídolo y se engañó con él, quizás con el pretexto de que no había querido banderillear. Parece que esta suerte la practicaba de novillero y para las películas en que toma parte. Pero ya de matador no toma los palos, como tampoco lo hicieron muchas otras figuras del toreo (Manolete, Belmonte, Domingo Ortega). Pero es sin duda injusto basar tan fuerte protesta por esa falla de “El Cordobés”. El muchacho se desconcertó ante la bronca y después de intentar una faena que tuvo varios pases de gran aguante, abrevió y de media despachó al último de don Alipio, que tenía casta y alegría. La bronca arreció y el público por fin respiró tranquilo...

Al parecer, los parroquianos confundieron al Manuel Benítez torero, con el Manuel Benítez actor que conocieron antes en las películas Chantaje a un torero y Aprendiendo a morir, que se proyectaron en varias salas de Bogotá como avance a la presentación del torero el primero de diciembre. Y en el pecado, El Cordobés llevó la penitencia.

Joselillo de Colombia la gran faena, pero sin espada

La faena de la tarde la realizó José Zúñiga al segundo de la tarde. Pudo llevarse la oreja del toro, pero anduvo fatal con la espada toda la corrida y dejó ir la oportunidad de alzarse como el triunfador numérico del festejo. Narró Picas en su crónica:

Joselillo es un caso de valor y casta ante el cual tienen que rendirse sus más enconados enemigos; muchos años de matador de toros y cada día con más decisión, más deseos de triunfar y más conciencia en todo lo que ejecuta. Su tarde de ayer lo acredita como un auténtico “caso2 dentro de la fiesta en Sudamérica... Su primer toro fue muy bueno y dócil; pero el caleño supo torearlo con tanto arte, mando y maestría que levantó la más fuerte ovación durante toda la faena de muleta. Ligó los pases más bellos con la izquierda, los derechazos más centrados y toreros que le hayamos visto y al grito de ¡torero! ¡torero! prosiguió lidiando, cada vez con más justeza y con mayor arte. Falló con la espada, pero muchos pañuelos pidieron la oreja. Que bien la merecía por esa faena que tuvo aún más mérito para los buenos aficionados que aquella inolvidable del mes de septiembre...

Durante la suerte de varas de su segundo, Joselillo sufrió una herida en el cuero cabelludo de unos 6 centímetros de extensión, que le provocó abundante sangrado, que no le impidió continuar la lidia, pero que ameritó su ingreso en la enfermería al terminar la lidia del quinto toro de la tarde.

Presencia presidencial en la plaza

Eran otros días, la fiesta de los toros no llevaba en sambenito de la incorrección política y cualquier personaje público podía asistir a la plaza sin temor a ser señalado y vilipendiado por ello. Ese fue el caso del entonces Presidente de la República, doctor Guillermo León Valencia, quien, sin complejos ni temores, asistió ese sábado a los toros:

A las cuatro menos diez apareció en el palco presidencial, acompañado de varios ministros, nuestro presidente, doctor Valencia. Hubo cariñosa y general ovación. Hacía mucho que un mandatario colombiano no asistía a la plaza de toros. Siguió la corrida con interés de buen taurófilo y lo vimos pedir la oreja para “El Cordobés”. ¡Cómo se siente uno bien con un presidente sencillo, cordial, sin “pos” de genio y tan compenetrado con su pueblo! …

Así, leemos, el Presidente asistió a los toros, la atendió con interés y externó su parecer conforme iba avanzando la lidia. Así debiera ser siempre.

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