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domingo, 8 de junio de 2014

Ética, estética, patética… ¿y la épica?

En el primer tercio del año 2003 David Silveti concedió a Francisco Prieto y a Eduardo Garza una extensa entrevista a propósito del anuncio que hizo de que debido a una lesión neurológica causada por un percance sufrido en San Miguel de Allende al final del año anterior, se veía precisado a dejar los ruedos en definitiva. En esa charla con los entrevistadores, El Rey David habla de lo que fue su vida en los ruedos, de lo que esperaba para el porvenir – que él mismo se encargaría de truncar meses después – y de lo que representaba para él la fiesta de los toros.

En uno de los diálogos iniciales, David Silveti expresó lo siguiente:
Haces cosas técnicamente aberrantes y, sin embargo, las haces porque ves que las puedes hacer y porque estás muy entregado y muy lanzado… En el toreo paralelo yo ya no me cruzaba sino que, a diferencia de Manolete, que dejaba la muleta atrasada, yo la echaba para adelante y únicamente corría la mano. Gané mucho en verticalidad, que es parte de la estética. Gané mucho en patética, porque los toros me pasaban cerquita – a diferencia de los toreros que se cruzan –. Siempre fui muy respetuoso de la parte ética, del ser coherente dentro y fuera del ruedo, de una serie de cosas por respeto a mis antepasados, a todos los que han regado sangre en la arena por defender una posición. Entonces me tomé como norma estos tres pilares: la ética, la estética y la patética… (Ética, estética y patética: tres ejes del arte taurino. – Ixtus, número 43, año XI, Homenaje a David Silveti, México, 2003, Págs. 91 – 92)
La ética

La declaración de principios – en retrospectiva – que hace David Silveti implica que el ejercicio del toreo lleva implícita una moralidad, un conjunto de virtudes que, desde un enfoque aristotélico, deben desarrollarse como hábitos – la valentía o la templanza – pues como afirmaba el estagirita, para ser valeroso, hay que actuar valerosamente. Cuando esas virtudes son llevadas a un ejercicio, toman la forma de saber práctico, de excelencia en la deliberación. Las virtudes se desarrollan con el aprendizaje y maduran con la experiencia.  De aquí podemos derivar que el toreo, como la vida es más compleja que un simple juego de teorías y de reglas, pero esas reglas y teorías son el cimiento de un ser y un estar, en este caso, en el ruedo, que hace diferente al torero que se sujeta a ellas, de todos los demás.

La estética

Luego, hace referencia a la estética. Samuel Ramos, filósofo mexicano, afirma lo siguiente:
Puesto que la estética tiene que definir el concepto del arte, su gran problema radica en la multitud de formas históricas que apenas parecen tener algo de común entre sí. Las formas del arte varían con los pueblos, las épocas, las culturas, los lugares; en un mismo lugar y en el mismo tiempo, el arte varía de individuo a individuo. Los valores artísticos tienen altas y bajas, a veces en cortos intervalos y parecen estar sujetos al capricho de la moda… Una vez acabada la obra de arte y salida de las manos de su autor, empieza a vivir una vida propia… La obra de arte una vez creada ejerce por contragolpe una sugestión en el espíritu de su propio autor y, con frecuencia, traza el cauce de sus creaciones posteriores. En un cierto momento, por debilitamiento del poder creativo, puede darse el caso del artista preso en su propia obra y condenado a repetirse a sí mismo…
La obra de arte vive por sí sola y ostenta cualidades objetivas, pero no necesariamente existe como cosa en sí. Efectivamente tiene un sustrato material, aunque lo artístico de la obra no radique en esa materialidad. La obra de arte se presenta como tal, solo cuando es apreciada por un espectador. Es allí cuando la obra de arte se convierte en objeto estético o como algunos lo señalan, un objeto de apreciación estética.

La materialidad de la obra de arte en la tauromaquia se circunscribe a la conjunción del toro y del torero en el redondel. Es una materialidad efímera, puesto que cada lance de la lidia es irrepetible. También, esa materialidad es fugaz, porque una vez llevada a cabo una faena, no queda más que en la mente del espectador y en la reproducción, más o menos fiel que de algunos instantes de ella se realizan. Al final, lo que queda para trascender, es el conjunto de sensaciones que toro y torero produjeron en quien los presenció, sensaciones que ningún medio puede reproducir.

La patética

Y lo que el hijo y nieto de los Juanes llama la patética. Según el diccionario de la lengua, patético es aquello que es capaz de mover y agitar el ánimo infundiéndole afectos vehementes, y con particularidad dolor, tristeza o melancolía.

Entonces, esa patética se traduciría, creo, en la capacidad del artista de transmitir a sus observadores los sentimientos que pretende transmitir con la obra realizada o en el caso de la tauromaquia, con la faena que se realiza, pues dadas las características del arte del toreo – fugaz, efímero, pero trascendente – la comunicación con el espectador tiene que producirse en el instante mismo de la creación, no puede dejarse para después, porque entonces, ya no habrá obra, habrá concluido, fenecido.

La épica

La épica es la narración o el canto de lo heroico. Lato sensu, podrá afirmarse que el toreo lleva implícita su propia épica porque quien se viste de luces y enfrenta un astado tiene un cierto dejo de heroísmo. En otros tiempos quizás fuera así. Hoy con el toro determinado – Alameda dixit – el valor estética es el que parece primar sobre todos los demás y el de la ética parece ser el que se ha quedado al final de la escala de valores.

Pero hay oportunidades en las que tenemos la ocasión de recordar que el torero es mucho más que un héroe literario. Lo pudimos apreciar el pasado jueves 5 de junio en la plaza de Las Ventas, cuando una seria corrida de Victorino Martín exhibió por una parte, que el arte del toreo no es solo aquello de pegar pases – dar pases no es lo mismo que torear dijo textualmente Ortega – sino que implica el saber lidiar y el poder a los toros que no son adecuados al toreo que hoy gusta.

En casos como éste los toreros no pudieron expresar lo que la mayoría entiende como arte. La opción que les quedó a los torero fue la de – materialmente – jugarse la vida y lidiar y matar lo que le salió de los toriles de la plaza, es decir, luchar con el toro incitándolo y esquivando sus acometidas hasta darle muerte

Los toreros salieron entre almohadillas y pitos de la plaza. Manolo Rubio, tercero de la cuadrilla de Antonio Ferrera, con una cornada y una lesión de ligamentos en una rodilla que quizás le quite de torero. Y los toros de Victorino Martín se fueron al desolladero entre inmerecidas ovaciones, cuando en realidad ocultaron su mansedumbre con genio. 

Peligrosa bipolaridad de un público – excluyo al aficionado cabal – que dos días antes daba síntomas de su padecer al dividirle la opinión a Diego Urdiales tras de hacer el toreo y un par de toros después, pedir dos generosísimas orejas para Miguel Ángel Perera y al día siguiente volver a abrir la puerta grande a Daniel Luque en lo que pareció una barata de liquidación de premios por final de feria.

Rematando

David Silveti no enunció a la épica como valor en su declaración de principios y sin embargo está bien presente. Los toreros son héroes más allá de la literatura – de color o no – y han escrito brillantes páginas a partir de esa arista del hacer en los ruedos. No nos olvidemos de ella y no dejemos también de respetarla.

domingo, 13 de noviembre de 2011

David Silveti, ocho años de ausencia


Ayer se cumplieron ocho años de la desaparición física de David Silveti. La verdad es que la confirmación de alternativa de su hijo Diego en la Plaza México el pasado domingo me había movido a escribir algo sobre “El Rey” dada la proximidad de esta fecha, evitando caer en algo que llevara un tono fúnebre o encaminado a rememorar exclusivamente la ausencia del torero ido. Fue entonces que revolviendo la hemeroteca me encontré con la crónica de la corrida celebrada en Huelva, el 11 de octubre de 1986. Un festejo que es un hito para la Historia del Toreo por dos razones. Primero, porque en ella se presentó en ruedos españoles la ganadería mexicana de San Mateo y después, porque esa corrida mexicana la lidió y mató David Silveti en unión de José Ortega Cano y Tomás Campuzano.

Previo al festejo

En una entrevista concedida a Rafael Moreno del ABC de Sevilla y publicada el 6 de octubre de ese 1986, David hace un repaso del camino de lesiones que tuvo que padecer para llegar a ese momento, iniciado prácticamente la tarde de su confirmación de alternativa en 1977 en la Plaza México y repetido con inquietante frecuencia en forma de lesiones que, a diferencia de las cornadas, no tardaban en sanar quince días, como acostumbradamente rezan los partes facultativos, sino que llegado un momento, le llevaron a los ruedos bajo su propia responsabilidad y usando un aparato ortopédico. De esa entrevista extraigo lo siguiente:

- ¿Te sientes mermado con el aparato ortopédico delante del toro?
- Me siento con la capacidad suficiente. No sería capaz de hacerlo de otra forma, primero por no engañar al público y segundo, por mí mismo.
- ¿Has tenido que aprender algún tipo de recurso por este motivo?
- Taurino no, físicos sí; tengo que aguantar mi peso de otra forma...
- ¿Se nota el aparato por fuera?
- Si te fijas bien, sí...
- ¿Qué función cumple?
- Evitar que la rodilla se doble en cualquier dirección.
El próximo sábado está anunciado en Huelva. «Mi intención es quedar bien para que me contraten para la próxima temporada. Torear en España es mi gran ilusión. He luchado mucho para lograrlo y sé que lo voy a lograr»”

David Silveti ya planteaba desde ese momento lo que Jesús Solórzano hijo llamaría después la ética, la estética y la patética del toreo, en una serie de revelaciones que hizo a Rafael Ramírez Heredia, de la siguiente guisa:

…Jesús Solórzano, matador de toros como sello en su vida, no en vano es hijo y sangre de toreros, expresó que los diestros se podían dividir en tres clases (claro, cuando son figuras, no antes): Éticos, estéticos y patéticos… Ético, cuando el torero es un dechado de pundonor, el que todas las tardes sale a cumplir consigo mismo y por supuesto con aquellos que pagaron su boleto… Estéticos, aquellos para los cuales el arte va sobre todas las cosas… - y ¿patéticos? – hicimos la pregunta… diestros que olían a drama, a pesadumbre interna…

El David Silveti que volvía a los toros tras de cada nueva lesión salía a cumplir con su deber en el ruedo, ejecutaba las suertes con una gran belleza y además, quizás sobre todo lo anterior, resultaba un verdadero drama el ver a un hombre prácticamente imposibilitado para ello, desviar las embestidas de los toros con solamente el juego de los brazos y las muñecas, devolviendo al toreo la sensación de mortal peligro que le es consustancial. El David Silveti que la afición mexicana vio, sobre todo en sus últimas actuaciones, demostró que ese ingrediente es el verdadero faltante para hacer que los públicos regresen a las plazas.

La Corrida de la Hispanidad de Huelva

De la crónica de Rafael Moreno, aparecida en el ABC de Sevilla del 12 de octubre de 1986 destaca lo siguiente:

Con estos toros, David Silveti anduvo hecho un león. Así de claro. Sin dejarse arrugar, con los dientes apretados y dispuesto a jugarse la vida para triunfar. Nos sorprendió el torero mexicano, aunque bien mirado no tendría por qué haber sido así: un hombre que ha sido capaz de superar todas las adversidades que él ha superado para poder vestirse de torero no podía ahora tirarlo todo por la borda, ahora que por fin se veía en España frente a dos toros de su tierra. Dos toros que no quisieron darle ninguna facilidad.
El primero tuvo genio para dar y regalar. David le pudo porque le llevó siempre la muleta muy baja. El toro de pronto se dio cuenta de que no asustaba al torero y se fue buscando las tablas. Luego, el puntillero lo levantó en varias ocasiones. Botaba el toro buscando al del cachete. Con el segundo, David se jugó la vida. El toro se lo quería comer, pera él fue capaz de ganarle la pelea.
Estuvo hecho un león. Creo que lo de León le viene de familia.

Poco más se puede agregar. Un torero que demostraba que ante todo quería ser torero y ante el toro se preocupó por serlo, honrando su dignidad y sobre todo, a sus antepasados que también lo fueron.

Los toros

La presentación en España de los toros de San Mateo, continentes de una de las vertientes más puras de la sangre del Marqués del Saltillo en el mundo, es otro hito importante que merece ser recordado. La corrida tuvo también lo suyo y aunque solamente cinco de los toros llevaron marcado el hierro de la “S” y de la “E” entrelazadas y uno el de San Marcos, el encierro terminó causando sensación. De la misma crónica recojo los siguientes pasajes:

Cuando el último toro mexicano lidiado ayer en la plaza de Huelva cayó a los pies de su matador Tomás Campuzano todos respiramos tranquilos. De pronto se había acabado la corrida. No nos habíamos dado cuenta. Nadie, absolutamente nadie, se había aburrido en la plaza. No había sido posible: los toros mexicanos nos mantuvieron a todos la tensión constantemente a flor de piel. Ni siquiera era posible hablar con el vecino. Lo que ocurría en el ruedo exigía toda nuestra atención. Aquellos toros, mejor toritos, si los juzgamos por su volumen, habían obrado el milagro de mantenernos con el alma en un vilo durante todo el festejo. La fiesta recuperó de pronto todo su sentido emotivo. El miedo llegaba a los tendidos. El peligro se veía desde lejos y también el mérito de los toreros que fueron capaces de hacerle frente… Con esta clase de toros no hace falta más. Ayer en Huelva vivimos una dimensión de la fiesta casi olvidada. Los saltillos que volvieron a su tierra de origen para morir nos trasladaron a otra época, no sabemos si definitivamente superada, pero desde luego altamente emotiva. Comprendo que en España se ha alcanzado un nivel de selección distinto. Al toro de aquí ese genio se le ha transformado en bondad. Quizá en el punto medio estaría la virtud. Pero eso es difícil. Tras una larga epopeya, estos toros descendientes de aquellas doce vacas y dos sementales que el legendario Antonio Llaguno, en combinación con su amigo Bombita, le compró al marqués de Saltillo, y que en tiempos de la revolución mexicana tuvo que esconder en los sótanos de su casa de la capital cuidándolos él mismo, estos toros, aunque no nos han dado una lección, sí al menos nos han hecho reflexionar sobre la necesidad que tenemos hoy en nuestra tierra no de raza ni de bravura, pero sí de fiereza para que el animal no se caiga y tenga movilidad durante toda la lidia…

En suma, el toro bravo, con movilidad, que requiere de una muleta poderosa que lo someta para que se le pueda torear. Eso fue lo que la corrida mexicana representó en esa Corrida de la Hispanidad de 1986 en Huelva.

¿Cuál fue el resultado? José Ortega Cano, que vistió de rosa y oro, dio la vuelta al ruedo en el que abrió plaza y fue silenciado en el cuarto; Tomás Campuzano, vestido de grana y oro, cortó la oreja al segundo y las dos al quinto, que no fue malo y David Silveti, que vestía de azul y oro, salió al tercio a pesar de ser avisado en el tercero y saludos y cortó una oreja al sexto. Tomás Campuzano salió a hombros por la puerta grande.

Creo que así es como se debe recordar a los toreros, en sus tardes de gloria.

Post - scriptum: Hoy me doy cuenta de que el pasado viernes 11, esta Aldea cumplió 3 años de estar en el éter. Espero que desde entonces, esté aportando algo a esta Fiesta tan propensa al vilipendio. 

sábado, 14 de noviembre de 2009

Dinastías en las plazas de Aguascalientes

Se ha anunciado para este día un festival, que para efectos de marketing, es de dinastías, en el que actúan los hijos de Armillita, Calesero, Juan Silveti, Humberto Moro, del rejoneador Jorge Hernández Andrés y el matador en retiro Luis Fernando Sánchez. La finalidad del festejo es el homenajear se afirma – celebrar, diría yo – el septuagésimo aniversario de vida del hijo mayor de Fermín El Sabio, Manolo Espinosa Armillita y el recolectar fondos para la atención de la infancia discapacitada, que serán aplicados por la Fundación Teletón y el Ayuntamiento de esta ciudad.

Aunque casi no me ocupo de la actualidad inminente en este espacio, me siento motivado a hacerlo ahora, porque en ese marketing al que he aludido antes, se afirma que este festival es el primer evento taurino que reúne en una plaza nuestra a varias dinastías de prosapia en los ruedos y creo que un mero accidente demográficoClaudio H. Vargas dixit – lo puede hacer aparecer así, pero un recorrido por la historia, nos puede mostrar que en festejos formales y en festivales también, los hijos de aquellos que han sido gente en esto, se han reunido más de alguna vez.

El retroceso en el tiempo lo iniciaré en el año de 1964 – que si hurgamos en las hemerotecas y en los anuarios con seguridad habrá más para relatar –, cuando precisamente Manolo Espinosa hacía sus primeras armas en los ruedos y en Aguascalientes había lo que parecía iba a ser una próspera industria vitivinícola. En el mes de agosto, la Feria de la Vendimia se acompañaba de festejos taurinos y así, el día 16 de ese mes se anunció una novillada en la que con un seleccionado encierro de Matancillas – todavía encaste ParladéCampos Varela –, aún propiedad de don José C. Madrazo, se reunieron en el ruedo de la hoy centenaria Plaza de Toros San Marcos, el ya nombrado Armillita, Jesús Solórzano y Alfonso Ramírez Calesero Chico, cuyos padres llenaron grandes páginas de la historia del toreo.



Manolo Espinosa y Calesero Chico el 16 de agosto de 1964 (Foto: Archivo Carlos Meza Gómez)


Este festejo tuvo mucho predicamento, pues aún tratándose de una novillada, la plaza se llenó. Me contaba Carmelita Madrazo, una notabilísima escritora de estos temas, sobrina del ganadero que lidiaba en la fecha e hija del de La Punta, que al empresario, don Jesús Ramírez Alonso le sobró únicamente una entrada en las taquillas, misma que colocó en un marco. Sobre este festejo, don Jesús Gómez Medina escribió lo siguiente en El Sol del Centro del día 17 de agosto de 1964, en crónica que tituló Los tres cachorros llenaron la plaza al máximo:
...Una completa faena de Chucho. Soberbios naturales de Calesero y el fácil hacer de Manolo. Primoroso encierro de Matancillas del que destacaron tres novillos. La tarde, espléndida. Y el lleno, total, rebosante. Clima y ambiente de una gran solemnidad, en suma. Y dispersos aquí y allá, entre barreras y en el tendido, los miembros del senado taurino en pleno: El Maestro Fermín, Carlos Arruza, Chucho y Lalo Solórzano. También Humberto Moro y Juanito Silveti. Y ganaderos y aficionados de postín en gran número. Todo esto a tono con la categoría y la importancia del cartel. En estas condiciones hicieron el paseo los tres herederos: Chucho Solórzano, Calesero Chico y Manolo Armilla…


Un segundo encuentro dinástico se daría el 23 de noviembre de 1969, cuando Manolo Espinosa, Jesús Solórzano y el hijo de Fermín Rivera, Curro, se enfrentaron a un gran encierro del Ingeniero Mariano Ramírez. Fue una tarde de grandes triunfos en los que el hijo de Armillita destaca con Garambullo, el primero de su lote; Solórzano con Piel de Plata, al que le corta el rabo y que le ha valido una placa en los muros del coso y Curro Rivera con Pitero, del que también recibe el apéndice caudal.

No pasará mucho tiempo para que el encuentro se dé ya en la nueva Plaza Monumental, el 1º de noviembre de 1975, en esta ocasión serán Alfonso Ramírez Calesero, Juan Silveti y Humberto Moro por los de ayer y Humberto Moro hijo, David Silveti y José Antonio Ramírez El Capitán por los de hoy los que enfrentaron un encierro de Santa Rosa de Lima, entonces sita en Aguascalientes y propiedad en esas fechas de los señores Ibarra Mora, cuñados de El Poeta del Toreo. El festival tenía finalidad benéfica también y resulta interesante ver aquí que en alguna forma, aunque resulte simbólica, los padres entregaron el testigo a sus hijos toreros que prácticamente iniciaban su andadura por los redondeles. El triunfo ese día, fue para el hijo del linarense Humberto Moro, que le cortó el rabo al cuarto del festejo.

Hogaño, a unas décadas de distancia, volvemos a ver algunos nombres anunciados, como el de Manolo Espinosa Armillita, el de José Antonio Ramírez El Capitán – autor por cierto, de una de las faenas más grandes que haya realizado un novillero en la Plaza México –, Humberto Moro y eso me permite alzar la voz para señalar que quizás debió tenerse en cuenta a Jesús Solórzano, que en Aguascalientes realizó algunos de sus trasteos más recordados y que desde ese aparentemente lejano 1964, arrancó junto con el homenajeado una carrera en los ruedos que les llevó juntos por muchos ruedos y por muchas cuestiones de la vida. Pero este es un deseo personal y seguramente los organizadores no están para satisfacer ese tipo de peticiones.

Creo que por la causa noble a la que pretende apoyar y por el reconocimiento que pretende dar a alguien que ha dedicado prácticamente toda su vida a la fiesta de los toros, merece ser exitoso. ¡Que todos tengan suerte!

domingo, 21 de junio de 2009

21 de junio de 1988: Se inaugura en Morelia El Palacio del Arte


Mi primer encuentro con el Palacio del Arte fue en el año de 1993, en el mes de mayo, para atestiguar una corrida de toros que la familia Ramírez Villalón organizó en homenaje y beneficio de un singular personaje del ambiente taurino mexicano, Francisco Gómez El Zángano, quien caído en un estado de discapacidad a causa de una cornada, estaba pasando una larga tarde de esas que los toreros prefieren olvidar. Aún recuerdo el sentido brindis que David Silveti le hizo, reconociéndole que él y muchos de sus pares no estarían en los ruedos de su ayuda y hasta de su complicidad, pues le decía El Rey en ese breve parlamento: …muchas veces me escapé de mi casa contigo Zanganito, para ir a torear a las escondidas…

En esa oportunidad, el Arquitecto Eduardo Florentino Ramírez Villalón, titular de la ganadería de Real de Valladolid, que como siempre, fue un extraordinario anfitrión para la ocasión, me contó a grandes rasgos la adquisición de la plaza portátil La Guadalupana, que funcionó de manera semi – fija en el Estado de Puebla, su traslado a Morelia y las principales vicisitudes para su conversión en un escenario definitivo. Quizás uno de las más grandes, resultó ser la deficiente circunferencia del ruedo, misma que causó alguna problemática que los ingenieros se encargaron atingentemente de resolver.

Un año tomó la transformación de la nómada en sedentaria y para el 11 de junio de 1988, se pudo llevar a cabo la prueba del funcionamiento de las instalaciones, con un festival taurino en el que mano a mano, dos alcaldes dejarían constancia de que el lugar estaba listo para abrirse al público. Se trató de un muy taurino encuentro entre el Valladolid hispano y el Valladolid de México, hoy llamado Morelia, en honor del más preclaro de sus hijos, don José María Morelos y Pavón, uno de los artífices de nuestra independencia.

Así, don Tomás Rodríguez alcalde de Valladolid, España y don Germán Ireta Presidente Municipal (Alcalde) de Morelia, Michoacán, México, enfrentaron sendos novillos de Campo Alegre, en una tarde en la que ambos demostraron su buena afición y quedó claro que el escenario estaba listo para comenzar a escribir su historia con las puertas abiertas a la sociedad moreliana y a la de todo el mundo.

Hoy hace 21 años

De esa forma, el 21 de junio de 1988, Monseñor Estanislao Alcaraz y Figueroa, Arzobispo de Michoacán, bendijo las instalaciones y seguramente reclamó para sí el mismo privilegio que su homólogo, don Luis María Martínez en su día, jocundamente pidió respecto de la Plaza México, en el sentido de que se hiciera constar en los anales, de que la primera vuelta al ruedo allí dada, fue la suya.

Cumplimentados los ceremoniales propios de nuestras tradiciones religiosas, correspondió al Ingeniero Luis Martínez Villicaña, Gobernador del Estado, declarar formalmente inaugurado el Palacio del Arte, nombrado así a sugerencia de quien fuera durante muchos años su Gerente, el buen amigo Gabriel Rosales, imponiéndose su sugerencia a otras más reduccionistas, como la del también gran amigo Claudio Esquivel, que pedía que tuviera un nombre exclusivo de plaza de toros, limitando desde su denominación la multifuncionalidad a la que el escenario está destinado.


Concluidas las ceremonias, se pasó al espectáculo de la señora Pilar Rioja, primera dama de la danza española, que abrevara en las fuentes de Regla Ortega, de Ángel Pericet y de El Estampío, logrando crear una expresión propia al fusionar la danza tradicional de su tierra con la clásica y la moderna. Confiesa Marco Antonio Ramírez que a esas fechas, solo conocía a Pilar Rioja de oídas, pero que a instancias del escultor José Luis Padilla Retana, taurinamente El Seminarista, fue que se decidió a presentarla y con un éxito tal, que una escultura monumental suya es la que anuncia la presencia del Palacio en la plaza que se ubica en su exterior.

El origen de la idea

¿De dónde nace esta idea? Habrá que remontarse a unas cinco o seis décadas atrás, cuando los hermanos Enrique, Víctor Manuel y Mariano Ramírez Miguel inician una aventura ganadera en Encarnación de Díaz, Jalisco. Con simiente de Pastejé fundan la ganadería de San Antonio, para más o menos una década después, enajenar esa base genética en su totalidad a su paisano don Gustavo Álvarez y adquirir una importante fracción de la ganadería tlaxcalteca de Zotoluca, con la que cobraría gran importancia la vacada, anunciada en los carteles como la del Ingeniero Mariano Ramírez, aunque esa es otra historia, que debe y merece ser contada con la debida amplitud y en otro tiempo y espacio.

Ese vínculo ganadero liga a la familia Ramírez Villalón con la fiesta de manera indisoluble y así, en 1985, el doctor Marco Antonio Ramírez Villalón, en apoyo al entonces Gobernador de Michoacán, organiza una corrida de toros a beneficio del Sistema DIF Estatal (la Beneficencia Pública).

Cuenta Marco que el resultado económico del festejo no fue precisamente el esperado, pero que le quedó la idea de volver a intentar la experiencia, aunque en otras condiciones. Refiere también que contó siempre con el apoyo de su padre, el licenciado Enrique Ramírez Miguel, uno de los más activos emprendedores que he conocido y afirma que si la del Palacio no es la que más le redituó, sí es la que más le divirtió y eso en los negocios, a lo mejor es un resultado mucho mejor que el económico en muchos casos.

Algunos fastos notables

La primera corrida de toros se da en su ruedo la tarde del 9 de julio de 1988. Toros de Jesús Cabrera, propiedad de don José Velázquez Pérez para Guillermo Capetillo, Jorge Gutiérrez y Javier Bernaldo.

El primer toro que se lidió en el Palacio fue Purépecha, número 17 y pesó 494 kilos, le correspondió lidiarlo a Guillermo Capetillo. La primera oreja fue cortada por Jorge Gutiérrez a Cafetero, la propia tarde inaugural. Esa misma tarde se produjo la primera salida en hombros, para el diestro queretano Javier Bernaldo que se llevó las dos orejas del tercero de la tarde, Aguacatero, nombrado así en honor de los frutos tradicionales de Uruapan.

Para Alfredo Lomelí fue el primer rabo, cortado al novillo Tabernero de Campo Alegre, el 23 de julio de 1989, aunque el primero que se paseó por ese redondel fue por Arturo Gilio, uno que le tiraron del tendido y que le costó una fuerte sanción económica. La primera alternativa fue para un fino torero de Morelia, Teodoro Gómez, el 15 de diciembre de 1990. Su padrino Miguel Espinosa Armillita, le cedió al toro Buena Suerte, número 3, de la ganadería michoacana de Campo Alegre, ante el testimonio de Paco Doddoli. El toricantano se alzó como triunfador de la tarde al cortar las dos orejas del toro de la ceremonia.


También el Palacio del Arte representó la Omega para algunos conspicuos personajes de la fiesta. En la década de los setenta se habló con insistencia de un torero que parecía tomar el testigo dejado por el gran Jesús Solórzano, el inconmensurable artista moreliano. El Inspirado llamaban a Miguel Munguía, quien hacía el toreo con una gran finura. Es el suyo uno de esos casos que nos dejan con la miel en los labios, porque por alguna desconocida razón, a pesar de la calidad de su toreo, nunca se fraguó la figura que nos anunciaba. Es en este ruedo donde mata a Cariñoso, número 63 de don Aurelio Franco, el último toro de su vida, el 12 de diciembre de 1989, muy poco tiempo antes de adelantarse en el viaje que no tiene regreso.

Ya fuera de los ruedos, pero ligado a la fiesta en todos sentidos, un singular personaje que al mediar el pasado siglo tuvo la osadía de tomar la alternativa sin haber pisado como novillero la Plaza México fue uno de los encargados de cimentar el prestigio de el Palacio del Arte como escenario taurino. Guillermo Carvajal El Chicharrín fungió como Juez de Plaza (Presidente) los últimos años de su existencia, guiando con acierto las funciones y dejando ver que el criterio de la capacidad para clasificar una plaza de toros como de primera categoría es falaz, pues esa primera categoría se adquiere con el remate de los carteles y la seriedad de los festejos que en ella se dan, lo que siempre procuró y consiguió el matador Carvajal.

El Palacio del Arte nace con la idea de fomentar precisamente el arte en Michoacán. En lo taurino, se abre como espacio de expresión para los toreros de la tierra y así vemos que han llegado a la alternativa tras forjarse en su ruedo, aparte del ya recordado Teodoro Gómez, Jacobo Hernández, Ricardo Rosas, Jesús Luján, Cirilo Bernal, Pepe López, José Retana, Alfonso Hernández El Pali y entre los que hoy día más actividad tienen, se encuentran Omar Villaseñor y Fernando Ochoa y todos ellos en su tiempo y en su circunstancia han hecho concebir grandes esperanzas a la afición de Michoacán y a la de todo México.

Pero la actividad no se circunscribe a lo local, pues pocas plazas del mundo pueden recopilar en sus anales la presencia de todos los principales de su tiempo. Así podemos contar que ha sido punto de encuentro de toreros de la talla de Eloy Cavazos, Enrique Ponce, Jorge Gutiérrez, Julián López El Juli, Miguel Espinosa Armillita, Pablo Hermoso de Mendoza, David Silveti, Sebastián Castella, sin faltar ninguno de los que en su tiempo gozan del reconocimiento de la afición como figuras del toreo.

Más que una plaza de toros

Decir que el Palacio del Arte es solamente un centro de espectáculos sería una falacia, pues no se limita a los circulares muros que delimitan su escenario. Su noción va más allá de lo que es un sitio en el que se realizan eventos masivos. La idea completa es la de una Fundación Cultural. Así, alrededor del Palacio, gravitan la Biblioteca José Villalón Mercado, con un fondo taurino que rebasa con facilidad los ocho mil ejemplares; la Pinacoteca del propio Palacio que tiene lo más selecto de la obra de pintores como Carlos Ruano Llopis y Pancho Flores las cumbres de la pintura taurina del pasado siglo.

También el Palacio del Arte resulta ser el precursor de la información taurina en la Internet. Cito a continuación a María Verónica de Haro de San Mateo, quien en la comunicación que dirigió al VII Congreso Nacional de Periodismo Digital celebrado en Huesca, España, en marzo de 2006, titulada 10 Años de Información Taurina en Internet. Un Nuevo Modelo de Periodismo Taurino, expresó lo siguiente:

El primer intento de revista taurina electrónica lo encontramos en Gaceta Taurina (http://www.bibliotoro.com/gaceta.htm). Editada exclusivamente en y para los usuarios de la Red, nacía por empeño del Centro Cultural Palacio del Arte de Morelia (Michoacán, México) en agosto de 1996. Dirigida por el bibliófilo Salvador García Bolio apareció mensualmente hasta enero de 1999 con el objetivo de de divulgar, promocionar, enaltecer y preservar “lo que Las Corridas de Toros o Fiesta Brava, son”.

En realidad, su tosco diseño respondía al propio de una revista en papel elaborada casi artesanalmente y su contenido relataba, casi en exclusiva, la actualidad taurina azteca salpicada por algún acontecimiento internacional de repercusión para la afición de este país. Pero con todo, en Gaceta Taurina está el germen de las páginas y portales taurinos que posteriormente, y muy poco a poco, vieron la luz.



Es decir, hace aproximadamente una docena de años, el Palacio del Arte descubrió honrosamente, desde México, el potencial de la red de redes, para difundir la información taurina. Hoy mantiene la primera biblioteca taurina virtual en la Internet, en la que tiene a la disposición de la afición diversa información relativa al propio escenario, como de la Biblioteca, entre ella, el catálogo de la misma digitalizado y accesible para su consulta

Tratar de resumir en unas breves líneas veintiún años de historia no es una tarea sencilla, pero lo importante en esta fecha, es el recordar en esta fecha, que la apertura al mundo de los toros del Palacio del Arte es un evento que merece ser recordado y tenido en cuenta como uno de los trascendentes de la Historia de la Fiesta de los Toros en el México contemporáneo. Desde aquí reitero mi enhorabuena a la familia Ramírez Villalón por la creación de tan importante espacio de expresión artística y taurina.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

David, cinco años ya...

La fiesta para David representó siempre una forma de vida, en su caso personal fue la forma que él escogió para su realización, por eso siempre procuró ser torero en la vida, en la plaza y en la calle, trayéndonos reminiscencias en pleno siglo XXI de una torería que parecía haber entrado en extinción unas tres o cuatro décadas antes, cuando las cosas de los toros comenzaron a sumergirse en una globalización tropicalizada, en la que los toreros se iban de los ruedos para aprender a hablar inglés – y pensar que cuando a Cagancho se le preguntó si parlaba la lengua de Shakespeare respondió con un rotundo ¡Qué Dios me libre! – o en la que se privilegia el aspecto crematístico, promoviéndose solamente lo que es monetariamente rentable, desdeñando la ilusión y la esperanza de encontrar, en cualquier pueblo de Dios, a la figura que habrá de llevar sobre sus hombros el peso de la fiesta, que sin duda, es una de las más veneradas tradiciones de nuestros pueblos.


Al final fueron el toro y el dinero los que parecieron poner las cosas en su lugar. Una lesión sufrida en un festival en San Miguel de Allende y una pseudo casta empresarial que ciega, no supo aquilatar el revulsivo que la presencia de David en los carteles representaría, convencieron al hijo y nieto de los llamados Juan Silveti de que los días de vestirse de luces para salir a ejercitar un ministerio que implica el jugarse la vida, habían llegado a su fin; aunque ese jugarse la vida se hiciera aprovechando a un toro de una edad e integridad cuestionables, que se realizara después de tergiversar el fondo de la suerte de varas, para tener un colaborador moribundo, que aún así, exudaba el peligro que corría el diestro, más que por las condiciones del toro, por su propia endeblez, pues él era el que estaba siempre a merced del astado.


Para terminar, es el filósofo michoacano, Samuel Ramos, el que me permite robarle una idea para concluir esta reflexión:


Para el artista la vida se cifra en su actividad, o lo que es lo mismo, el arte y la vida son para él la misma cosa. La creación absorbe toda su voluntad, toda su inteligencia, todo su interés, toda su atención, toda su vitalidad. A su servicio está toda la experiencia de la vida, toda su cultura, todo lo que es y todo lo que posee como ser físico y espiritual. La gran obra de arte no admite la entrega parcial, sino la entrega total del ser humano.


Los hechos nos dicen que esa fue la concepción de David Silveti acerca de la vida y del toreo, cuando la posibilidad de brindarse por completo llegó a su fin, resultó que el camino para él también había terminado.


Postdata: No creía que fuera a hacer una entrada nueva tan pronto, pero este aniversario la ameritaba.
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