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domingo, 23 de noviembre de 2025

La redondez de una tarde de toros (II)

20 de noviembre de 1951: Velázquez, Martorell y El Volcán en una tarde histórica en la Plaza San Marcos


La campaña 1951 – 52 fue la primera en México, que podríamos calificar de normal después de que se reanudaran las relaciones taurinas hispano - mexicanas suspendidas desde 1947. Ya en algún otro punto de esta Aldea contaba que el 27 febrero de 1951 se celebraron tres corridas de la concordia en la Plaza México, en Madrid y en Barcelona.

En ese primer capítulo de la concordia, a inicios del año 51, se presentaría en la Plaza México el torero madrileño Curro Caro, quien ya había confirmado en el Toreo de la Condesa y sí confirmaría Paquito Muñoz, también madrileño de Paracuellos del Jarama, pero había en España una interesante generación nueva de toreros que podía ser del interés de la afición mexicana.

Uno de esos diestros de nuevo cuño era el cordobés José María Martorell, que confirmó en la Plaza México el 11 de noviembre de ese 1951 y repetiría a la semana siguiente. Con esos mimbres llegaba a la fecha en la que, la empresa de don Jesús Ramírez Alonso le anunciaría para actuar, el 20 de noviembre, en la Plaza de Toros San Marcos.

La corrida de la Revolución de hace 74 años

La prensa local anunció con revuelo, que, para el martes 20 de noviembre de 1951, se ofrecería a la afición una corrida de toros en la que se presentaría ante la afición local el diestro español José María Martorell, quien alternaría con Antonio Velázquez y Rafael Rodríguez en la lidia de un encierro de la ganadería debutante de don Ramiro González. Refiere la nota previa al festejo, aparecida en El Sol del Centro, el día de la corrida:

Desde ayer, Aguascalientes está viviendo de nueva cuenta uno de esos periodos de enfebrecimiento taurino, similar a los que provocan nuestras corridas de Feria, y en todo semejante a aquellas ráfagas de “taurinismo” promovidas por la revelación y encumbramiento de Rafael Rodríguez… Sí, porque una vez más el tópico de toros está en todas las bocas y hacia el Coso San Marcos se encaminan, presas de ansiedad y de optimismo, las miradas de los hidrocálidos... Sobre Antonio Velázquez, el primer espada, huelgan los comentarios y frases de presentación... Quizás su mejor recomendación constitúyela el hecho de que, a partir de la temporada 1947 – 48, en que Antonio Velázquez dio el estirón, ha venido figurando, con todo derecho, entre los ases del toreo mexicano... Y por lo que a Rafael Rodríguez respecta... lo que vale decir prototipo de valor, de pundonor y de torerismo – a despecho de cuanto digan sus malquerientes – características que lo han enfilado raudamente, por la vía del triunfo, hasta las alturas donde se hallan los ases... La reaparición del hidrocálido tendrá asimismo un aliciente más: nos dará constatar por nosotros mismos el grado de sazonamiento que los aires de la Madre Patria produjeron en el toreo de Rafael Rodríguez...

Así se palpaba el ambiente de esa señalada fecha de nuestro calendario cívico y que, durante mucho tiempo, fue fija dentro de nuestro calendario taurino.

La ganadería debutante

En 1947 don Ramiro González inicia su ganadería en la ex – hacienda de San Cristóbal ubicada en el municipio de Lagos de Moreno, Jalisco, con 50 vacas de Matancillas y sementales de La Punta. Mantiene en pureza esa línea de Parladé vía Campos Varela y Gamero Cívico durante las casi dos décadas en las que estuvo al frente de la vacada. Justamente en el festejo que en este día me tiene ante ustedes, lidiaba por primera vez en público los productos de su crianza. Se presentó en el Toreo de Cuatro Caminos el 8 de febrero de 1964, y en la Plaza México el 19 de septiembre de 1965. Después de varias enajenaciones, su actual titular es la señora Luz María Delgado Medina, cambiando de ubicación a los ranchos El Correo, ubicado en el Estado de Jalisco y Rosas Viejas, sito en el Estado de Aguascalientes, tomando de este último, la denominación con la que actualmente se presenta en las plazas. A partir de 1979, se deja de lado el encaste fundacional, para optar por el mayoritario en el país.

El sumario de una tarde triunfal

Las crónicas que don Jesús Gómez Medina publicó en El Sol del Centro mantuvieron siempre una cierta medida de espacio. En esta oportunidad, la tarde que me ocupa – y espero que a ustedes también –, debió ser verdaderamente emotiva, porque su relación de lo sucedido en ella le requirió publicar su crónica en dos entregas, la primera, aparecida el jueves 22 de noviembre y la conclusiva, al día siguiente, viernes 23. Su resumen es así:

El mejor resumen, la más viva síntesis de la corrida constituyó, a no dudarlo, el gallardo momento en el que los tres espadas, a hombros de los aficionados, paseaban su triunfo en torno a la barrera... ¡Bella estampa torera a cuya realización habían cooperado, de concierto, el hijo de la vieja Iberia, poseedor actual del cetro de los Califas cordobeses del toreo, y los dos vástagos del Anáhuac: el que en su perfil y su estoicismo lleva la herencia de las viejas razas – Antonio el de León –; y, el que, si callado y frágil al parecer, tiene también la audacia, gallardía e indómita del mestizo...! Que tal es Rafael el de Aguascalientes... Y cuando la trilogía de héroes taurinos abandonó la arena, y desde su humano pavés fue a pregonar su triunfo por las calles de la ciudad en silencio, los espectadores – ¡hecho insólito! – permanecían en sus localidades, como si la magnitud de las hazañas de las que habían sido afortunados testigos, obrase a manera de imán reteniéndolos en el escenario de tantas proezas... ¡Una fecha – 20 de noviembre de 1951 –, y tres toreros, Antonio Velázquez, José Ma. Martorell y Rafael Rodríguez, que, con la dócil arcilla de los bichos de Ramiro González – de bravura y nobleza ducales – forjaron una tarde que vivirá permanentemente en el recuerdo de la afición hidrocálida...! … La entrada, sin constituir el lleno absoluto, fue magnífica en ambos tendidos... Bajo tan gratos auspicios inicióse la histórica jornada en que debutó en Aguascalientes la ganadería de Ramiro González, cinco de cuyos astados – suceso verdaderamente excepcional y que nos da la tónica de lo que fue el festejo – volvieron mutilados al destazadero... El otro – el bravo “Tabernero”, que abrió plaza – regresó, en cambio, sin un pitón, circunstancia que impidió, posiblemente, el que la corrida resultase íntegramente triunfal...

Así en principio, esos párrafos dejarían pensar que no hay pega que ponerle a la corrida, que fue un festejo redondo y que aquellos que no contribuyeron con su presencia para que la plaza terminara de llenarse, en su pecado llevaron la penitencia, dejando de presenciar algo que, de la lectura de su relación, puede constituir uno de los grandes acontecimientos ocurridos en los ya casi 130 años de existencia del coso de la calle de la Democracia.

El triunfo de Antonio Velázquez

Ya lo anticipaba don Jesús en el exordio de su crónica, que el primer toro de Antonio Corazón de León se inutilizó y lo que intentó hacer ante él no fue tomado en cuenta por la clientela, por lo que tuvo que recurrir a su indómito carácter con el segundo que sorteó, para salir triunfador. Relata el cronista:

Cuando “Judío” – el cuarto de la jornada – hizo irrupción en la arena, ya habían triunfado rotundamente Martorell y Rafael Rodríguez. El ánimo del leonés se encontraba en tensión y toda su casta, todo su pundonor presto a lanzarlo a la conquista del difícil triunfo. Porque “Judío”, negro meano, vuelto de pitones, el más grande del terciado encierro, no resultó precisamente propicio para el éxito... Al final de sus días llegó soso en demasía, con la cabeza alta y desparramando la vista, al grado de parecer burriciego. No era, repetimos, el toro propicio para el triunfo. Y, sin embargo, Antonio Velázquez lo consiguió en buena lid... Poniéndose muy cerca, aguantando impertérrito, insistiendo en uno y otro terreno, fue extrayendo a viva fuerza pases altos y derechazos, de un mérito estupendo, porque para ello el leonés necesitó de echar el corazón por delante y, en sitio y condiciones que se antojan imposibles, obligar al mansurrón a embestir, empleando para ello, ya no la muleta, sino el cebo de su propio cuerpo. Así, en aquel cite fabuloso, cuando destruidas las distancias, “Judío”, incierto en fuerza de ser manso, hurgó con el huido pitón la faja del leonés, sin que éste cediera una pulgada del terreno tan audazmente conquistado. Vibró el público ante la descarnada emoción del trance, y en pleno éxito remató Velázquez su labor con tres cuartos de espada que hicieron lo suyo. Su triunfo - uno de los más meritorios que el leonés haya logrado en plaza alguna - tuvo su expresión en las orejas y el rabo de su mansurrón enemigo y en las dos vueltas al ruedo entre ovaciones. La segunda en compañía del ganadero, por lo que a este respecta, resultaba inoportuna, vistas las condiciones de “Judío”...

Antonio Velázquez no iba a dejar que sus alternantes se le fueran por delante. Tenía un sitio de figura que defender y lo haría a cualquier precio. No aprovecharía a su favor la falta de condiciones de los toros para salir del paso y esperar la siguiente tarde para resarcirse y lo dejó patente, como podemos leerlo.

La muy afortunada presentación de Martorell

José María Martorell toreaba aquí en Aguascalientes apenas su tercera tarde en el país. Las dos anteriores, consecutivas, fueron en la Plaza México y entre nosotros arrancaba lo que sería una intensa campaña por nuestras plazas. Aquí cayó de pie. Nos sigue contando don Jesús Gómez Medina:

...citando de largo, pero acortando el terreno ante lo aplomado de su adversario, Martorell torea superiormente con la izquierda, en varias tandas y, tras de nueva acción de toreo derechista, vienen las manoletinas, a las que el debutante da también un sello muy peculiar. A todo esto, el público había jaleado con entusiasmo la faena y como el de Córdoba hiciera el viaje con lentitud, para dejar una estocada de fulminantes resultados, la ovación tomó nuevo impulso, ondearon los pañuelos y Martorell recibió los dos primeros apéndices de una jornada que tan pródiga habría de ser en ellos. Y triunfalmente recorrió el ruedo, haciéndolo, según es costumbre en los redondeles españoles, sobre su izquierda... La ratificación de su éxito, o, para ser más precisos, la culminación de él, ocurrió durante la lidia del quinto, “Globito” de nombre, gordo, capacho de cuerna, y bravo, noble y alegre hasta el fin. Fue, indudablemente, el mejor del encierro… Martorell inició su faena con tres estupendos doblones, rematados superior y toreramente rodilla en tierra. Luego, y sobre la derecha, hace el toreo en redondo, con quietud, ajuste y mando, al que siguieron en varias tandas, los naturales de magnífica factura, precedidas todas ellas con el cite desde largo, y rematados siempre, a la manera clásica, con el pase de pecho, en el que Martorell tiró del bicho imperiosa y suavemente, para salir luego a saborear la ovación... Vino a continuación una tanda de manoletinas piramidales: el torero simulaba un obelisco de seda y oro, a cuyo derredor la negra mole del toro describía, sumisamente, un círculo cada vez más apretado. Entrando nuevamente con rectitud, dejándose ver, dejó el de Córdoba una estocada tendenciosa; descabelló al primer golpe, y por aclamación y entre ovaciones y música, recibió las dos orejas de su enemigo y recorrió dos veces la circunferencia, concluyendo por salir a los medios… ¡Ha sido el de Martorell, un debut tan brillante como memorable! …

El cronista hace al final de su recuento una observación importante, en el sentido de que, si bien Martorell había toreado sus dos primeras corridas en México en la capital, el primer gran triunfo lo obtuvo aquí en Aguascalientes, y que esta actuación le valdría para obtener más fechas en las demás plazas de la República, y por qué no, en la misma gran plaza.

Un Volcán en erupción

Rafael Rodríguez era el tercer espada del cartel y reaparecía en su tierra después de haber concluido su primera campaña en ruedos europeos. Su afición lo esperaba con gusto y también esperaba que le diera pelea a sus alternantes. Conforme al curso que fue tomando la tarde, la crónica refleja que ese sentimiento se fue acentuando y que el torero lo recogió y lo hizo suyo. Así lo cuenta don Jesús, en la parte conclusiva de su crónica, aparecida en el diario El Sol del Centro del día 23 de noviembre siguiente, pues como comentaba al inicio, ésta se publicó en dos entregas:

Los aires de la Península parecen haber obrado de manera estimulante en el proceso de madurez artística en que, con pie firme, ha entrado el hidrocálido, sin mengua de su valor y de su emotividad, mírase ahora más diestro, más poderoso, con mayor templanza y señorío en su toreo... poniéndose tremendamente cerca para obligar al aplomado, pero dócil y suave “Perdido”, Rodríguez repitió las series de toreo en redondo sobre ambas manos, rematadas siempre con el muletazo de pecho, al que el hidrocálido reviste de un sabor y una emoción excepcionales... Entre tanto, los espectadores no habían cesado de jalear al torero... Completó Rafael la serie, entre la emoción de los taurófilos y, yéndose tras de la espada, dejó tres cuartos de ella en buen sitio, con lo que “Perdido” pasó a mejor vida... Entre una ovación tan estruendosa como prolongada, Rafael Rodríguez recibió ambas orejas y el rabo de su enemigo, dando, así mismo, una doble vuelta al ruedo... Lo del sexto fue toda una hazaña. Sí, porque “Estudiante”, que tal fue su nombre, sacó buena dosis de genio y acabó en plan defensivo. Esto no fue óbice para que Rafael Rodríguez, a fuerza de valor y de resolución, redondeara triunfalmente la tarde... El trasteo muleteril, prologado por una tanda de pases altos, seguidos del cambio y del muletazo de pecho, fue aumentando en intensidad emotiva, hasta culminar en la parte final, en la que, mientras “Estudiante” rehusaba la embestida, Rafael Rodríguez en celo de triunfo, acabó por invadir totalmente la jurisdicción del astado... En punto a distancias, literalmente no existieron entre “Estudiante” y su matador durante el último periodo del trasteo. Destruidas desde el momento del cite, la emoción del instante estallaba incontenible cuando “Estudiante”, vencido su recelo por la audacia del torero, arrancaba con ímpetu, para que un leve y preciso quiebro de cintura burlara su acometida, que seguía finalmente, el rumbo impuesto por la franela… Pinchó una vez Rafael, y a continuación dejó la espada honda y en lo alto. Dobló al fin “Estudiante” y, tras de que a su matador le fue entregado el enésimo apéndice de la jornada...

La afición de Aguascalientes no quedó defraudada. Su torero salió a defender el pendón y logró su cometido. Pudo redondear una gran tarde y demostrar a todos que también él era una gran figura del toreo.

El desenlace de una tarde redonda

Ya decía don Jesús Gómez Medina en el introito de su crónica, que, sacados en hombros los toreros de la plaza, la concurrencia permanecía en sus localidades, atónita, emocionada por lo que acababa de presenciar. Por lo visto, las tardes de toros que son verdaderamente redondas, son verdaderamente escasas. Concluye el cronista:

…entregado el enésimo apéndice de la jornada, tuvo lugar la escena a la que nos referimos al principio de esta reseña: los tres matadores llevados en triunfo, en plena exaltación gozosa de una fiesta que, si española por su origen, es también nuestra por la intensidad con que la sentimos los mexicanos, como en esta memorable tarde del 20 de noviembre de 1951… De magnífico por lo que a bravura, nobleza y estilo respecta, podemos conceptuar el encierro con el que debutó en Aguascalientes la flamante vacada de D. Ramiro González. En este aspecto, tan solo el lidiado en cuarto lugar desmereció notoriamente. Fue lo que suele llamarse el lunar de la corrida… en el palco destinado a la Autoridad, imperando – ¡al fin! – la energía y el acierto que raras veces hace acto de presencia en tal sitio… supieron llevar el festejo en la debida forma. Inclusive la prodigalidad que algunas veces registróse en la concesión de apéndices no debe atribuirse a la benevolencia de ellos, sino al estado eufórico de los aficionados…

Así pues, se cerró una de las tardes, que de hacerse un recuento de las verdaderamente trascendentes, caben en una relación histórica de los fastos de la Plaza de Toros San Marcos, que el próximo 24 de abril, cumplirá 130 años de haber sido inaugurada.

jueves, 25 de abril de 2013

Tal día como hoy: 1956. Luis Miguel Dominguín, triunfador de la feria


La Plaza de Toros San Marcos fue escenario de las corridas de nuestra feria desde su inauguración, un 24 de abril de 1896. En su ruedo han actuado casi todos los toreros que la historia reconoce como las principales figuras de la tauromaquia, así entre los diestros hispanos, nombres como los de Antonio Montes, Luis Mazzantini, Ricardo Torres Bombita, el genial Rafael Gómez El Gallo, Ignacio Sánchez Mejías, Marcial Lalanda o Manolete en alguna fecha fueron parte del reclamo para que la afición se congregara en el coso de la calle de la Democracia.

El nombre de Luis Miguel Dominguín se suma a esa lista de ilustres, cuando es anunciado para lidiar mano a mano con Alfonso Ramírez Calesero, un encierro de don Ramiro González. Evidentemente el anuncio de esa corrida, segunda de la feria, produjo gran expectación, porque la presencia de una figura de la importancia del madrileño en nuestra plaza no era cosa común en aquellos años. La información previa a la corrida resalta lo siguiente:

Hoy es el día grande de Aguascalientes, y en la arena del coso San Marcos va a tener realización el tan ansiado y esperado mano a mano de Luis Miguel Dominguín y Alfonso Ramírez "Calesero"... No sería hiperbólico afirmar que en esta tarde, el centro de gravedad taurina del mundo estará situado en el coso San Marcos; sobre sus arenas se fijarán, plenas de expectación, las miradas de los aficionados de uno y otro lado del charco, dispuestas a dar fe de las hazañas de los dos ases del toreo... Incidentalmente, resulta adecuadísimo para festejar el sexagésimo aniversario de la inauguración del coso San Marcos, suceso que tuvo lugar la tarde del ya lejano 24 de abril de 1896... El lleno puede darse por descontado: la solemnidad de la fecha, la categoría y el indiscutible atractivo de los matadores y el ya sólido prestigio de la vacada de don Ramiro González, han despertado entre los aficionados de todos los puntos del país un interés y entusiasmo desusados por asistir al festejo... Todo se ha conjuntado para hacer de la de esta tarde una corrida excepcional, una fecha de relieve extraordinario, un festejo de los de pronóstico...

Ese era el ambiente previo a la corrida que resultó triunfal para Luis Miguel, según lo cuenta la crónica publicada en El Sol del Centro del 26 de abril de 1956, firmada en esa oportunidad por El Reserva y que en lo medular dice:

Triunfo rotundo de Luis Miguel. Cuajó dos faenas plenas de calidad, mando y torerismo. Chispazos de arte de Calesero; los de Ramiro González, nobles y fáciles. En tanto que Alfonso Ramírez fue de nueva cuenta el orfebre de los fugaces lances de calidad excelsa... Luis Miguel Dominguín cuajó una actuación pletórica de solidez y torerismo y, tras de haber sido recibido hostilmente, concluyó convenciendo a todos y llevándose consigo la admiración de forasteros e indígenas... No es la suya una de esas personalidades que, por lo brillantes o simpáticas se adentran luego en el corazón de los públicos, ni tiene su toreo la caleidoscópica luminosidad o la intensidad dramática que singulariza el arte de otros coletudos; por el contrario, su porte adusto, casi altanero, repele mejor que atrae, y su toreo que, por lo seco en ocasiones antójase desangelado, logra a la postre conquistar la admiración del pópulo por la ardua vía del convencimiento... El toreo es el arte de dominar las reses bravas; y esto, señorío absoluto sobre el astado, dominio de las suertes y de las variables situaciones de la lidia; la eficacia aunada al bienhacer, la destreza en feliz conjunción con el arte, tal fue, en síntesis, la actuación de Dominguín... Tan brillante como meritoria resultó su labor con el cuarto "Corsetero", un burel que como sus hermanos, fue noble y manejable, aunque no anduvo sobrado de alegría. Luis Miguel lo lidió con acierto, lo "metió" en el engaño y, midiendo con singular precisión el ritmo de cada embestida, tirando del bicho con mando inexorable, fueron brotando las tandas de derechazos, las repetidas series de pases naturales. Producíase luego, con oportunidad y gallardía el remate de la tanda, y a los pies del diestro rodaba la ovación. Porque el público, que principió jaleando débilmente los primeros muletazos, acabó por entregarse al madrileño y rendirle su admiración. Vinieron los adornos y, tras los adornos, la estocada en sitio desprendido, ejecutando la suerte con clasicismo. Y al rodar "Corsetero", albearon los tendidos y, con ambas orejas y el rabo del bicho en las manos, Luis Miguel recorrió el ruedo por partida doble... Tan lucido paréntesis tendría más tarde una prolongación durante la faena del sexto, "Canastero"... También entonces el dominio del diestro hizo factible la realización de un trasteo de tanta calidad y brillantez, como mérito, porque "Canastero", mansurrón y sin enjundia, acabó por rendirse al poderío de la muleta del madrileño que, como en su turno anterior, dedicóse a trazar reiteradamente la semiparábola del toreo verdad, con asentamiento, temple y mando singulares... Dos pinchazos rematados con una estocada honda en el sitio debido, dieron término a la vida de "Canastero". Y entre ovaciones y música y a hombros de los capitalistas, Luis Miguel Dominguín recorrió por última vez el ruedo sanmarqueño...

Como podemos ver, aún en esos tiempos se seguía reprochando a Luis Miguel Dominguín su participación en la corrida de Linares en la que perdiera la vida Manolete. A ello se agregaba el hecho de que su relación profesional y personal con Carlos Arruza no era de lo mejor, lo que trascendió a los medios de la época y por eso se le hostilizaba al aparecer por la puerta de cuadrillas. Eso aumentaba el grado de dificultad en sus actuaciones y el valor de los triunfos que obtenía, a partir de poder con los toros… y con los públicos.

El festejo de hoy: Corrida llamada Ponciana. Dos reses de Los Encinos para rejones y cuatro de San Isidro para Pablo Hermoso de Mendoza, Fermín Spínola y Joselito Adame.

domingo, 21 de abril de 2013

Tal día como hoy: 1963. El Volcán de Aguascalientes abre la feria con una importante actuación


El cartel que abría la el serial abrileño de 1963 era sin duda atractivo, pues reunía en él a Luis Procuna y a Rafael Rodríguez, dos de los toreros mexicanos que encabezaban el escalafón por esas fechas y cerraba la terna el toledano Pablo Lozano, quien se había presentado en Aguascalientes en la corrida de año nuevo – una tradición que lamentablemente se ha dejado perder aquí – y aún sin cortar orejas, había dejado una magnífica impresión, obteniendo la posibilidad de ser incluido en uno de los carteles de feria, que representan la parte más fuerte de nuestra temporada taurina.

Ese calendario representó un importante reto para nuestros toreros, porque en él llegaron a nuestro país diestros hispanos como Paco Camino, Mondeño, Santiago Martín El Viti, Diego Puerta, Joaquín Bernadó o El Cordobés, quienes vendrían a dar un sesgo diferente a la manera de ver y entender la fiesta, lo que cambiaría la mentalidad y en una importante medida las preferencias de la afición, razón por la que nuestros toreros se verían más exigidos tanto desde el tendido como dentro del ruedo, porque quienes ocupaban la primera línea de nuestra torería tendrían que salir a enfrentar el embate de esas nuevas figuras ultramarinas, algunas de las cuales, hicieron época.

El encierro enviado por don Ramiro González para la ocasión dejó que desear, tanto por su presencia como por su comportamiento. También la actitud de Luis Procuna durante la lidia del cuarto – con la complacencia de la autoridad –, que visto el juego dado por los tres anteriores, solicitó y obtuvo que no se picara al toro, según lo cuenta don Jesús Gómez Medina:

Un encierro terciado y falto de alegría. Los seis bureles enviados por don Ramiro González para esta ocasión, integraron un lote joven, terciado en general del que desentonaba, por su aparatosa e incómoda estructura, el quinto. Los seis resultaron fáciles y nobles. Pero también, casi todos, se mostraron escasos de enjundia; carecieron de la embestida pronta y alegre, cuya repetición da pábulo a que la lidia adquiera la emoción y la brillantez que tanto realzan el espectáculo taurino. Hubo un toro, el cuarto, no más dócil – dóciles todos lo fueron – pero que conservó mucho más gas que sus hermanos. Pero este bicho, a petición de su matador, no fue picado. ¿Se hace preciso afirmar que, para que los toros embistan hasta el fin, hay que suprimir la suerte de varas? Nadie que posea un criterio estrictamente taurino podría asegurarlo; por el contrario, cuando esto ocurriera, habríamos llegado a la etapa anterior a la extinción del ganado de lidia…

El festejo transcurrió entre altibajos por causa del ganado. De la crónica mencionada, recojo lo que sigue:

Una típica actuación Procunista. De altibajos, de rotundos contrastes, como suelen ser las de este torero, fue la actuación de Luis Procuna. A su primero, un toro sin mayor respeto, pero incierto, mansurrón, nada logró hacerle de provecho ni con el percal, ni con la pañosa... Al cuarto, Luis le dio las buenas tardes con cuatro parones de los suyos y un recorte no exento de pinturería. El bicho, como dijimos arriba, no fue picado. El segundo tercio lo cubren Procuna y Rafael Rodríguez... El trasteo, iniciado con apretado muletazo de hinojos se llevó a cabo en diversos sitios y también mediante procedimientos distintos... Pero los desarmes vinieron a restar ligazón y lucimiento a la faena... concluyendo Luis mediante tres pinchazos sin igualer y una estocada honda. Ovación y vuelta al ruedo... La reaparición de Rafael. Los lances de Rafael Rodríguez al segundo burel aportaron el primer paréntesis de brillantez al festejo. Porque tanto en las dos primeras verónicas con el compás abierto, como en la serie a pies juntos que ejecutó a continuación, Rafael imprimió a la suerte ritmo y limpieza de la mejor ley... Más tarde, al quitar, ejecutó una tanda de fregolinas de similares características: con quietud, gallardía y temple... Tras un rodillazo al hilo de las tablas, Rodríguez pasó al bicho en varios muletazos por alto, ceñidos y quietos. Estatuarios, que decían los antiguos cronistas. A estos siguieron dos o tres series de derechazos, corriendo debidamente la mano, con temple y mando y con el bicho agotado, se adornó Rafael reiteradamente y en distintas formas... Quiso todavía recrearse en la ejecución de la suerte suprema; pero agarró hueso en tres ocasiones, concluyendo con un espadazo entero. Los aplausos del cónclave le hicieron salir a agradecerlos desde el tercio... Un estoconazo de Pablo Lozano. No tuvo mayor suerte el de Toledo al actuar por segunda ocasión en Aguascalientes. De una parte la sosería de sus adversarios le impidieron, justo es decirlo, mostrar como en la tarde de su debut, la bondad de sus procedimientos. Pero el hombre no se esforzó mayormente por ganarse las palmas. Cumplió a secas, con discreción... y nada más. En su haber quedaron, no obstante, unas buenas verónicas al sexto y el estoconazo con el que se deshizo de este mismo burel

Estos fueron los sucesos destacados de la primera corrida de la feria de hace medio siglo.

El festejo de hoy: Reses de Celia Barbabosa para Rafael Ortega, Uriel Moreno El Zapata y Joselito Adame.

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