El cartel en esa oportunidad lo integraban también el rejoneador Álvaro Domecq y Díez, Silverio Pérez y Manuel Rodríguez Manolete, enfrentando todos, un encierro de Coaxamalucan, propiedad de don Felipe González y González. El festejo se daba en un ambiente revuelto, porque desde España se denunciaba el convenio que permitió la reanudación de las relaciones taurinas hispano - mexicanas en 1944 y se planteaba ya una nueva ruptura.
Paradójicamente, y en términos meramente cronológicos, el torero más antiguo del cartel era precisamente David Liceaga, quien había recibido una primera alternativa en El Toreo el 11 de enero de 1931 y posteriormente otra, en Barcelona, el 21 de junio de ese mismo año, la que incluso confirmó en Madrid el 25 de septiembre de ese año, misma que se vio en la necesidad de renunciar para volver a torear novilladas y recibir un doctorado definitivo hasta el 18 de diciembre de 1938, también en El Toreo, que era con el que actuaba en esta, anunciada como su última tarde y que lo colocaba como segundo espada de la corrida.
Liceaga en su tarde final
El anuncio de la despedida de Liceaga, un torero querido por la afición y la presencia de Manolete aseguró una gran entrada en la Plaza México, lo que proporcionaba un extraordinario escenario para esa primera tarde de adiós en la gran plaza. El sorteo le deparó al maestro de Romita, Guanajuato, los toros llamados Motivoso y Garcito, siendo este último, con el que cerraría su vida como matador de alternativa.
Refiere quien firmó como Paquiro en la crónica publicada en el número 218 del semanario La Lidia de México, lo siguiente:
Dos símbolos acompañaron a Liceaga: el de la tristeza y el del recuerdo. Tristeza, y más que ella, llanto, porque era la última corrida de su vida torera. Y en todo momento el diminuto y gigantesco lidiador dejó ver sus ansias de perdurar en un recuerdo imborrable. En no pocas ocasiones se dejó acariciar por las astas de “Motivoso” y “Garcito”, lidiados en tercero y sexto lugar... Dejemos al primero de ellos. A “Garcito” lo recibió con verónicas tremendas y torerísimas. Colocó los aretes con voluntad y con suerte, haciendo que se recordaran aquellos pares de su exclusiva factura... Tomó la muleta, por última vez, fue a los medios y brindó a todo el público la lidia y muerte de su postrer enemigo... Con el engaño en la izquierda dio principio a su faena y logró varios naturales extraordinarios que quedaron dignamente rematados con el forzado de pecho, con un afarolado y con un molinete... Siguió toreando con saber y conocimiento. Por fin, se volcó sobre el morrillo y toda la espada quedó dentro de las carnes del burel. Hasta en su último instante fue un auténtico matador... Lo que siguió fue apoteótico. Apoteosis de triunfo y de tristeza. El torero luciendo la oreja de su enemigo daba la vuelta al anillo, con la cabeza baja, el paso lento y lágrimas en los ojos... Las “Golondrinas” completaron el momento de melancolía... En aquellos momentos terminaba la realidad de un torero, pero se iniciaba la leyenda de un ídolo, de un héroe...
Por su parte, Carlos Septién García El Tío Carlos refiere lo siguiente acerca de la actuación del maestro que se despedía:
El toro de la despedida se llamó “Garcito” número 311, cárdeno claro, bragado y lucero, basto de pitones. Lo corrió Tabaco y lo lanceó David con valor en varias ocasiones cerrando con revolera... A petición de las masas tomó David los palos que cambió después por unos de lujo que le ofrecieron del tendido. Colocó un primer par cambiando el viaje por dentro, muy vistoso, pero dejando un solo palo; luego un buen cuarteo y otro alegrando de largo, de dentro hacia afuera... Tomó la muleta y estoque por última vez y brindó largamente por el micrófono. En seguida ofreció al público, desde los medios, la muerte de “Garcito”, e hizo una faena sobre la mano izquierda, con varias series de pases naturales y muletazos de castigo muy toreros. Después toreó con la derecha por alto y en redondo... Entrando de frente, dejó una estocada caída y entera que mató... Se concedió la oreja pedida por el público. Y el torero dio dos vueltas al ruedo recibiendo regalos y sombreros. Manolete y Domecq lo abrazaron cordialmente... Y entre “Las Golondrinas” – esa puñalada sentimental capaz de hacer llorar a las piedras –, David Liceaga se fue triunfalmente del toreo...
La despedida de David Liceaga causó una impresión profunda en los medios y la prensa especializada, como podemos leer en el editorial del número citado de La Lidia de México:
Hombre de voluntad férrea, altivo, seguro de sí, sin complejos, salía a las plazas con una obsesión: el triunfo. Con un ideal: la superación. Y por el triunfo y la superación fue combatiente que sostuvo la batalla por años y lustros... Sí, indudablemente, fue maravillosa la transformación de aquel chiquillo “agarrotado”, al artista en plena eclosión que inmortalizara a “Macharnudo”, a “Zamorano”, a “Afinador”, a “Florista”... Así se fue David Liceaga, trazando un rasgo más, rotundo y vigoroso, en el pergamino de honor que recopiló sus actos más brillantes y destacados de luchador infatigable... Se va con él, el gesto noble y altivo del luchador caballeroso que peleó con las armas legítimas de su templado corazón y su torerismo vigoroso...
Sin duda, David Liceaga fue un torero querido por la afición mexicana.
El resto del festejo
La corrida vino a traducirse en la última que toreó Manolete en la Plaza México y le cortó una oreja al sexto de la tarde, Guitarro, ante el que, en la versión de El Tío Carlos, realizó:
Con el capote, Manolete se limitó a largar tela y fijar al toro. En quites tampoco intervino. David hizo un farol de rodillas y media verónica de pie... Brindó Manolete su faena a David Liceaga. Los dos diestros se abrazaron entre los aplausos del público... Fuese al toro Manolo. Y desarrolló en el mismo terreno una faena perfectamente concebida, limpia y pura, llena de señorío, de mando y de temple... Principió con tres ayudados por alto majestuosos. Siguió con un doblón. Y a renglón seguido, cuatro derechazos musicales modelos de aguante, de mando, de limpieza en la ejecución y de eslabonamiento. Cerró con un remate. Luego, con la muleta en la mano izquierda, ejecutó cinco naturales cordobeses. Volvió sobre la derecha y fueron ahora tres derechazos coronados con dos molinetes, uno hacia cada lado... Dos ayudados por alto y un remate por abajo positivamente imperial por el rigor y el temple. Se puso la muleta atrás y ejecutó tres manoletinas - la segunda ajustadísima - rematando también por atrás... Cerró la obra - cuajada de unidad y desarrollada a la perfección - con un prevé abaniqueo para igualar... Un pinchazo en todo lo alto, y en seguida, tres cuartos de estoque en muy buen sitio y haciendo bien la suerte, que bastaron... El público pidió largamente la oreja. Pero la autoridad - con un rigor injustificado - no la concedió. Manolete dio la vuelta al ruedo entre ovaciones y fue a saludar a los medios... Allí dejaba otra muestra de su toreo imperial...
Me llama la atención que El Tío Carlos consigne y reproche la negativa a concederle la oreja a Manolete, cuando tanto la crónica de Paquiro en La Lidia de México como la información estadística de don Luis Ruiz Quiroz refieren la concesión de ese apéndice, así que...
Por su parte, Silverio Pérez solamente mató al primero de su lote, porque el cuarto de lidia ordinaria Hormigo, le infirió una cornada penetrante de vientre que le impidió concluir su actuación. El parte médico rendido es el siguiente:
Herida por cuerno de toro con orificio de entrada de cuatro centímetros en la piel de la fosa ilíaca izquierda, interesando en una extensión ascendente de quince centímetros, la piel, tejido celular subcutáneo, el músculo oblicuo mayor, desgarrando el músculo oblicuo menos y el transverso y la grasa subperitoneal, descubriendo el fondo del saco peritoneal que se encuentra contundido. De no presentarse complicaciones, tardará en sanar veinte días. Dres. José Rojo de la Vega, Xavier Ibarra, Herrera Garduño y Huerta de la Sota.
Por su parte, don Álvaro Domecq le cortó la oreja al toro que abrió plaza, al que después de fallar con el rejón de muerte, despachó echando pie a tierra y demostrando buenas maneras de muletero y de estoqueador.
El día después
Se anunciaría en los siguientes días que el convenio taurino hispano - mexicano quedaría suspendido a partir del lunes 10 de febrero siguiente. Desde España Juan Belmonte Campoy, Domingo Dominguín, Antonio Bienvenida, Parrita y Morenito de Valencia, como dirigentes de la Unión de Matadores de España, decidieron dejar sin efectos unilateralmente ese pacto.
Es curioso que los toreros que se opusieron al mismo, fueron aquellos que no hicieron temporada aquí en México y que al paso del tiempo se descubrió que lo que en el fondo pretendían, era evitar que Carlos Arruza hiciera temporada en sus plazas, nuevamente emparejado con Manolete, en lo que había anunciado que sería su temporada de despedida. Las relaciones se reanudarían hasta 1951.
Por su parte, David Liceaga regresaría a los ruedos el 20 de junio de 1948 en Ciudad Juárez y se mantendría activo hasta el 11 de enero de 1959, cuando toreó su última corrida en Mérida, Yucatán.


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