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domingo, 9 de febrero de 2020

De Orejas y Estoques de Oro y otros trofeos disputados

Cupón y resultado de cómputo
Oreja de Oro 1922 -23
El Universal Taurino
Este día se disputa el Estoque de Oro en la Plaza México después de casi 44 años de que no se verifique en ese escenario una corrida de esa naturaleza. Muchas versiones han circulado en los distintos medios acerca de este trofeo y su antecedente inmediato, la Oreja de Oro, mismos que en su día sirvieron originalmente para premiar al triunfador de una corrida en la que actuaban los triunfadores de una temporada de corridas de toros.

La primera Oreja de Oro

La realidad de los hechos es que la primera Oreja de Oro se entregó al final de la temporada 1922 – 23, celebrada en El Toreo de la Condesa. También es prudente resaltar que ese trofeo no se disputó en una corrida de toros, sino que su otorgamiento se decidió mediante una suscripción pública que difundió El Universal Taurino, a iniciativa del poeta queretano Samuel Ruiz Cabañas El Vate y Rafael Solana Verduguillo, quien a propósito, cuenta lo siguiente:

De pronto, Ruiz Cabañas, dirigiéndose a mí – entonces era jefe de redacción de El Universal Taurino – me dijo: 
- Tengo una idea que te va a gustar. 
- ¿De qué se trata?, pregunté al Vate
- De un concurso que hará que aumente la circulación de El Universal Taurino
- Entonces habla con Regino Hernández Llergo, que es el propietario y director del periódico. 
Con cualquier pretexto dimos por terminada la reunión, y El Vate y yo salimos en busca de Llergo. Lo encontramos en la redacción de El Taurino y desde luego Ruiz Cabañas le expuso el plan.  
El Universal Taurino crearía el galardón La Oreja de Oro, que se concedería al matador que tuviera mayor número de votos. La votación se haría por medio del cupón que semanariamente publicaría el periódico; en ese cupón se asentaría el nombre del matador y la faena ejecutada por él, que ameritaba el voto…
El primer ganador de la Oreja de Oro bajo ese sistema fue Rodolfo Gaona, quien la recibió en el teatro Esperanza Iris la noche del 11 de abril de 1923, de manos del empresario Pepe del Rivero.

Las corridas de la Oreja de Oro

La disputa del trofeo en una corrida de toros se da por primera ocasión el 20 de febrero de 1927. Ante un encierro de Piedras Negras, alternan Manuel Jiménez Chicuelo, Marcial Lalanda, Pepe Ortiz y Nicanor Villalta. El triunfador del festejo resulta ser Villalta, que corta el rabo a Fogonero y es designado como ganador del trofeo por el jurado instaurado para el caso.

En el coso de La Condesa se celebran 20 corridas de la Oreja de Oro y los máximos triunfadores en esos festejos son Fermín Espinosa Armillita, quien la obtuvo en tres ocasiones (1928, 1932 y 1937) y Lorenzo Garza en tres oportunidades también (1935, 1936 y 1938).

En la Plaza México, la Oreja de Oro se disputó siete veces entre 1949 y 1965. Hechos anecdóticos a recordar hay varios, como aquél ocurrido en la de 1950, cuando la cámara de Jenaro Olivares captó a un carterista en plena labor, birlándole la billetera al abuelo de Juan Pablo Sánchez, quien cargaba en hombros al Volcán de Aguascalientes, la gran estocada recibiendo de Jorge El Ranchero Aguilar al berrendo Sol de Santo Domingo, que le valió el trofeo en disputa o la entrega de la afición hacia Paco Camino en marzo de 1964, que le valió obtener el áureo trofeo.

Pero también el desaparecido Toreo de Cuatro Caminos albergó dos corridas de la Oreja de Oro, la primera fue la que correspondió al año de 1954, se celebró el 14 de febrero y ante toros de Coaxamaluca se las vieron Fermín Rivera, Jorge Medina, Julio Aparicio, Manolo Vázquez, Guillermo Carvajal y Chicuelo II. Julio Aparicio cortó la oreja de Azucarero, el toro que el sorteo le deparó y se llevó también la metálica en la espuerta y la segunda fue la del 15 de abril de 1962, que fue cuando Joselito Huerta cortó el rabo a Superior de Mimiahuápam y ganó el trofeo en disputa.

El Estoque de Oro

El año de 1966 prácticamente se inició con una nueva asociación sindical de los toreros mexicanos. El año anterior hubo una especie de cisma en la Unión Mexicana de Matadores de Toros y Novillos y nació lo que hoy es la Asociación Nacional de Matadores de Toros, Novillos, Rejoneadores y Similares, quedando la primera como una asociación sindical con jurisdicción únicamente en el entonces Distrito Federal y la segunda en toda la República Mexicana.

El derecho a usar la denominación y el trofeo Oreja de Oro, por alguna cuestión legal correspondía a la Unión, así pues, la naciente Asociación, para seguir dando la corrida de triunfadores, que tenía un fin benéfico, pues sus utilidades engrosaban sus cuentas, principalmente para satisfacer los gastos médicos de sus agremiados, recurrieron a establecer como trofeo a disputar en el festejo el del Estoque de Oro.

Pero el de 1966 no era el primer Estoque de Oro que se disputaba, pues ya en el año de 1948, en El Toreo de Cuatro Caminos se había puesto uno en juego. Los toreros de la corrida fueron Armillita, El Soldado, Fermín Rivera, Silverio Pérez, Antonio Velázquez y Luis Procuna, quienes lidiaron un encierro de Zotoluca. Sin cortar orejas, la faena de Antonio Velázquez al quinto, Periodista, fue considerada la más completa y merecedora del premio.

Pero aquello ha sido solamente un antecedente. La Plaza México albergó entre los años de 1967 y 1978 nueve veces la corrida del Estoque de Oro, mismo que fue obtenido por Manolo Martínez tres veces (1967, 1970 y 1973), Curro Rivera otras tres (1969, 1972 y 1978), una Joselito Huerta (1971), una también Mariano Ramos (1975) y Manolo Arruza también una sola vez (1976). Cabe hacer notar aquí que en todas las corridas en las que se disputaron trofeos por los toreros, en la única en la que se ha indultado un toro, es precisamente en la del Estoque de Oro de 1978, cuando Saltillero de Campo Alegre, lidiado por Curro Rivera, recibió esa gracia.

El retorno de la Oreja de Oro

Habiendo recuperado la Asociación de Matadores el derecho a usar el trofeo y denominación de Oreja de Oro, el 28 de febrero de 1993 se volvió a disputar en la Plaza México. El cartel lo integraron la rejoneadora Karla Sánchez (fuera de concurso, al igual que su toro), Mariano Ramos, Miguel Espinosa Armillita, Jorge Gutiérrez, Eulalio López Zotoluco, Alejandro del Olivar y Teodoro Gómez ante toros de seis distintas ganaderías que estaban en concurso, disputándose también el Toro de Oro. El trofeo de los toreros fue declarado desierto y el de los ganaderos se lo llevó el toro Madroño de Tequisquiapan.

Al año siguiente – 27 de marzo – se repitió la fórmula del concurso de toreros con Mariano Ramos, El Niño de la Capea, Guillermo Capetillo, David Silveti, Jorge Gutiérrez, Manolo Mejía, Zotoluco y Arturo Manzur, con toros por su orden de Celia Barbabosa, Fernando de la Mora, De Santiago, José Julián Llaguno, La Gloria, Huichapan, Xajay y La Paz. La Oreja de Oro se la llevó Guillermo Capetillo y el Toro de Oro fue para Siempre Fiel de De Santiago.

Con posterioridad el concepto de la corrida de la Oreja de Oro fue cambiando. De ser una corrida de triunfadores, se fue transformando en una corrida de oportunidad. Salió de la Plaza México y fue llevándose a otras plazas del país, con mayor o menor fortuna, pero siempre con el interés de allegar a la organización sindical de los toreros recursos para sus agremiados.

Otros trofeos que se han disputado

En El Toreo de la Condesa en 1938 se disputó un Trofeo Presidencial que ganó Lorenzo Garza y en 1946 se disputó la Rosa Guadalupana que ganó Armillita en cerrada disputa con Pepín Martín Vázquez; en la Plaza México se disputó un Trofeo Presidencial Cigarrera de Oro que ganó Félix Briones en 1947; la Rosa Guadalupana que ganó Manolo dos Santos en 1950; Fermín Rivera en 1955, Fernando de los Reyes El Callao en 1959 y Manuel Capetillo en 1966. Y para finalizar, el 12 de diciembre de 1956, en El Toreo de Cuatro Caminos se disputó también una Rosa Guadalupana, misma que fue declarada desierta y en mayo de 1958, se disputó un Trofeo de la Cruz Roja, que ganó Juan Silveti por su faena al toro Rielero de Torrecilla.

Este es pues, un breve repaso por las corridas en las que se han disputado trofeos en las plazas de la capital mexicana.

domingo, 26 de enero de 2020

28 de enero de 1934: Pepe Ortiz realiza por primera vez el quite de oro

Pepe Ortiz el quite de oro
Cortesía: Antena 3
Iniciamos el año en Twitter, entre otras cosas, con un hilo de conversación con el aficionado bilbaíno que firma como Martín Agüero Ereño (@MartinAgueroE) y nos exponía los diversos apartados de la Tauromaquia de Pepe Illo de 1796 y entre las infografías que nos presentó se encontraba la de el llamado “lance de frente por detrás”.

He de confesar que esa denominación de lance de frente por detrás automáticamente lo asociaba con la gaonera, pues cuando el Califa de León trajo la suerte a los ruedos y le imprimió su personal sello, se discutió mucho la denominación del lance, hasta que Don Pío zanjó la cuestión y determinó con autoridad que en lo sucesivo sería gaonera dada la personalísima manera en la que Rodolfo Gaona ejecutaba esa suerte.

Pues bien, al observar la litografía de la tauromaquia de Pepe Illo que ilustra la descripción del lance de frente por detrás me encontré con que era una suerte distinta, pero que en la tauromaquia más o menos reciente ha sido ejecutada. Es más, casi de inmediato me recordó al Orfebre Tapatío, Pepe Ortiz, quien es reconocido como uno de los más grandes creadores de suertes de capa de la Historia del Toreo y pensé que se trataba de la tapatía. Ocurrí a la videoteca de la red y consultada, me encontré con que esa imagen de la Tauromaquia coincide con lo que en movimiento es el quite de oro.

Una vez aclarada la duda, me puse a hurgar en la hemeroteca y me enteré que la efeméride de la presentación en sociedad de la suerte estaba cercana, siendo por ese motivo que estoy aquí tundiendo teclas para presentarles algunos datos de ese hecho.

La corrida de la Oreja de Oro de 1934

La temporada 1933 – 34 en el Toreo de la Condesa se sostuvo básicamente con los nombres de Armillita, Domingo Ortega, Jesús Solórzano y Alberto Balderas. La competencia ganadera entre los toros de Tlaxcala y Zacatecas fue férrea. Debutó la ganadería de Torrecilla y no exageraría si afirmo – de acuerdo con lo leído – que la cumbre de la temporada se presentó en los dos mano a mano que se celebraron entre Armillita y Domingo Ortega en domingos consecutivos.

El cierre de la temporada se dio el domingo 28 de enero, con la corrida de la Oreja de Oro. Se anunció a los cuatro ejes del serial ya nombrados y se completó la sexteta que disputaría el trofeo con dos toreros que pasaron sin dejar huella por el mismo, el veterano Luis Freg y Pepe Ortiz. El encierro a lidiarse sería de La Laguna.

La corrida tuvo su momento cumbre en el segundo de la tarde, el toro de Pepe Ortiz. La crónica publicada en el diario El Informador de Guadalajara, relata lo siguiente:
SEGUNDO. – El segundo animal es un ejemplar magníficamente dotado de puñales de nombre “Periodista”, marcado con el número 19, cárdeno oscuro, con bragas y abierto de pitones. Corresponde a José Ortiz que lo recibe con tres verónicas ceñidas y espectaculares, causando un verdadero escándalo en los tendidos por la naturalidad y el aplomo con que las ejecuta. 
Pepe continúa toreando por “tapatías” y haciendo con vistosidad “mandiles”. Solórzano sin necesidad, pues el toro pasa bien por ambos lados, torea por la cara y tan no es necesario, que Pepe, en el quite hace una verdadera demostración de sabiduría domando al animal por ambos lados. Lagartijo se encarga de banderillear, haciéndolo bien. 
Pepe que viste terno crema y plata, toma los trastos y comienza su faena con tres pases naturales, lentos, suaves, hechos con valor, siguiendo seis naturales que remata con un molinete, cambiando el trapo a la espalda, recibiendo en pago una justa ovación. 
Decide terminar y pincha, más ración de tela para tirarse al volapié dejando todo el estoque que dio fin con el astado. La plaza se convierte en un caso de ebullición y todos los aficionados, convencidos, piden al presidente que se le de a Pepe la oreja del animal, pero como el cambiador no accede, se organiza la gran rechifla en su honor, siendo obligado el diestro a dar la vuelta al ruedo escuchando dianas. En realidad la faena ha sido muy buena y merece el premio, pero la presidencia está inaccesible...
De lo que relata el que firma como El Corresponsal Viajero, no se desprende el quite novedoso realizado por el Orfebre. Resalta el conjunto de la faena como una obra grande, sobre todo con la muleta y el hecho de que haya pinchado al toro y que le haya sido negada la oreja, pese a la petición de la concurrencia.

Por su parte, años después (1951), Rafael Solana Verduguillo, en su recuento histórico publicado por los Bibliófilos Taurinos de México bajo el título de Tres Décadas del Toreo en México, hace la siguiente remembranza:
La oreja de oro de ese año fue para Pepe Ortiz pero tal vez no le fue concedida por su buena faena al toro Periodista, sino por un quite, un quite de prodigio, de maravilla, no vuelto a hacer después, ni hecho antes, que se llamó “el quite de oro”, y que fue el momento cumbre de la temporada: un instante de arte, de inspiración, que borró la esforzada labor de muchas tardes de los toreros maestros; el genio es así, una sola gota de genio vale más que océanos enteros de buena voluntad o de esfuerzo. 
El quite de Pepe Ortiz, que cegó con su novedad deslumbradora, en realidad no tenía nada nuevo, era el viejísimo lance que ya aparece interpretado por los moros en las litografías de Goya; pero nadie lo ha hecho en la época moderna, más que Ortiz, que por cierto, sólo lo ejecutó dos veces en su vida, esa tarde aquí, y otra en Granada…
Circula en diversos medios digitales y lo cita también Luis F. Odría, en su libro El Arte del Toreo y los Secretos de la Lidia la siguiente afirmación atribuida a Pepe Ortiz, pero sin fijar circunstancias de tiempo, modo y lugar de su pronunciamiento:
Fue un caso excepcional el de ese quite, pues nació esa misma tarde frente al toro. Me eché el capote a la espalda con intención de hacer una suerte conocida, pero al sentir la arrancada del toro tan intempestivamente, no tuve tiempo de hacer lo que iba a ejecutar, y entonces me quedé con los pies juntos, casi de costado. Dejé pasar al toro en la forma más o menos en que se hace el lance de costado; volví a tirar de mi capote y me volví a colocar por el otro lado, dándole la espalda al toro y haciéndolo pasar; ya al tercer lance tenía perfectamente echa la suerte. Esta suerte es una de las más bellas del toreo, y es muy semejante a las de frente por detrás con los pies juntos; desde luego, una de las más difíciles de hacer, pues yo mismo apenas la he podido ejecutar en tres ocasiones: en México, el día de la “Oreja de Oro”, la segunda en Granada, España, y la tercera, en Guadalajara, Jalisco…
Esa es pues una breve relación del nacimiento de lo que hoy conocemos como el quite de oro.

El resto del festejo tuvo el siguiente resultado: Luis Freg dio la vuelta al ruedo en el primero; Armillita tuvo división en el suyo, Alberto Balderas fue ovacionado y resultó herido, Jesús Solórzano fue silenciado en su labor y Domingo Ortega fue abroncado.

La creación artística

Ya había expresado por aquí que hace algunos años – ya muchos – tuve un paso nada reseñable por la Facultad de Arquitectura. En ese paso tuve la fortuna de tener como profesor de Teoría de la Arquitectura a Salvador Pinoncelly (Torreón, 1932 – Ciudad de México, 2007) quien nos decía que el creador tiene muy escasas posibilidades de ser absolutamente original. Afirmaba que dentro del proceso creativo, todos obtenemos información de nuestro subconsciente de algo que hemos visto, oído o leído en alguna parte, en algún momento de nuestra vida, aunque no lo recordemos de inmediato. De allí concluía Pinoncelly, la absoluta originalidad, era casi imposible, aunque la nueva obra tenga el sello personal y la firma de su autor.

El lance de frente por detrás
Infografía cortesía de Martín Agüero Ereño
@MartinAgueroE
No tengo la exacta noción de quien fue el mentor taurino de Pepe Ortiz, pero seguramente fue uno de esos toreros del entresiglos del XIX al XX, un torero formado en las rígidas reglas de la Tauromaquia de Pepe Illo y que cuando menos le instruyó al Orfebre Tapatío los rudimentos de esa Tauromaquia o Arte de Torear, donde se explican las suertes y la forma de ejecutarlas.

Así pues, en ese ejercicio subconsciente al que se refería el maestro Pinoncelly, de ser veraz la cita atribuida a Pepe Ortiz acerca de la forma en la que se vio compelido a ejecutar el quite de oro, surgió a la realidad ese conocimiento que alguien le transmitió de ese lance de frente por detrás descrito e ilustrado en esa tauromaquia primigenia y quedó perpetuado en una creación que hogaño se trata de rescatar del olvido, como lo hizo Antonio Ferrera en la más reciente Feria de San Isidro.

Agradezco a Martín Agüero Ereño haberme facilitado la infografía utilizada en estas líneas y el haberme puesto en la pista de este asunto.

Si desean ver la ejecución del quite de oro, en esta ubicación se encuentra un vídeo de la serie Alas de Mariposa, donde, de salón, lo ejecuta el matador de toros Miguel Ángel Martínez El Zapopan.

domingo, 5 de enero de 2020

En el centenario de Carlos Arruza (I)

1º de enero de 1939. Carlos Arruza corta un rabo en Guadalajara

Necesaria aclaración

El próximo 17 de febrero se cumple el primer centenario del natalicio del Ciclón Mexicano Carlos Arruza, quien resulta ser, a la luz de los hechos, una de las cumbres altas de la Historia Universal del Toreo. A partir de este día y cuando menos una vez al mes, procuraré ocuparme de alguno de los hechos notables de su paso por los ruedos del mundo, distintos a los que ya he dejado constancia en las páginas virtuales de esta bitácora. Espero que los encuentren de interés y que sirvan para dejar claro que independientemente de que haya un océano entre Europa y América, la Fiesta es una y así debe seguir siendo.

Carlos Arruza novillero

Carlos Arruza y su hermano mayor Manolo obtuvieron sus conocimientos iniciales del toreo con José Romero Frascuelillo primero y después con Samuel Solís. Se iniciaron emparejados como becerristas en 1934 y debutaron como novilleros en El Toreo de la Condesa el 5 de abril de 1936, alternando con Andrés Blando en la lidia de novillos de Peñuelas. Esa tarde el triunfador fue Carlos, que cortó una oreja al segundo de la tarde.

El hecho de que Manolo Arruza hubiera nacido en España, le impidió seguir actuando en México después de la ruptura con la torería española a partir de mayo de ese mismo 1936, por lo que Carlos su hermano tuvo que seguir su andadura por separado. Una de las plazas en las que tuvo gran predicamento fue la de El Progreso de Guadalajara, donde se presentó el 10 de octubre de 1937 y entre esa fecha y el 10 de noviembre de 1940, toreó 10 tardes, número no superado por ninguno de los novilleros de su generación.

La novillada del año nuevo de 1939

Para recibir el penúltimo año de la década de los treinta, don Ignacio García Aceves confeccionó un cartel asaz interesante. Anunció como atractivo central del mismo a la torera madrileña Juanita Cruz, que actuaba en nuestro país desde el año anterior para actuar junto a Alfonso Ramírez Calesero y Carlos Arruza. Los novillos a lidiarse serían de la ganadería mexiquense de San Diego de los Padres.

Hago el señalamiento de que Juanita Cruz actuaría junto a Calesero y Carlos Arruza, porque no alternaría con ellos en la lidia de sus novillos, sino que como se señala en la crónica del festejo aparecida en el diario El Informador de Guadalajara, en su número del día siguiente al del festejo, la torera de Madrid lidió y mató a los dos primeros de la tarde y posteriormente quienes después serían conocidos como El Poeta del Toreo y El Ciclón Mexicano alternaron con los cuatro restantes.

El festejo dejó contentos a quienes asistieron a él. Juanita Cruz demostró valor y maneras. Calesero justificó su vitola de artista y Arruza se llevó el gato al agua al final de cuentas. La crónica ya aludida, firmada por El Tío Castuera, en lo medular, relata lo siguiente:
... ¡qué valiente se muestra ante los astados Juanita Cruz y con cuantos riñones ejecuta las suertes del toreo que muchos diestros del sexo feo envidiarían! No cabe duda que la chica, que ayer fue admirada no solamente por los de casa, sino por los contingentes de varios cientos de chiquillos españoles de los que el Gobierno magnánimo hizo traer de la tierra Ibera para librarlos de los sufrimientos inherentes a la guerra y quienes asistieron con el fervor y entusiasmo de buenos españoles, se impuso y triunfó en toda la línea... 
Carlos Arruza y Calesero, también contribuyeron a dar el buen colorido a la fiesta brava de que nos ocupamos; el primero haciendo gala de su valor temerario y el segundo, cuando las circunstancias lo permitieron, arrancando palmas como fue al banderillear; y sobre todo, cuando ejecutaba alguna suerte con el estilo que tiene de un torero de clase.  
Arruza tuvo, sin dudarlo, su mejor tarde, porque estuvo afortunado en su primer toro, que por concepto de sus valientes pares de banderillas fue aplaudido y con la muleta hizo una gran faena, con pases de gran riesgo y con el estoque estuvo también muy certero, obteniendo al fin la oreja y el rabo del toro, que también recibió el homenaje póstumo de los buenos bichos, como es la vuelta al ruedo. San Diego de los Padres se sacó la espina y levantó el ánimo de los aficionados...
El triunfo de Arruza resultó ser inobjetable al final del festejo, independientemente del resultado de la actuación de sus compañeros de cartel. Aparte de los trofeos obtenidos, se observó que el proceso de maduración del torero en ciernes seguía su cauce de manera favorable, pues fue capaz de aprovechar en su correcta medida a un toro de bandera, que al final de la lidia fue premiado con la vuelta al ruedo, para orgullo y satisfacción de los señores Barbabosa, titulares del hierro sandieguino.

Carlos Arruza estaba a poco más de un año de recibir la alternativa. Sin embargo mostraba ya la raza que acabó por llevarle a la cumbre, apuntándose un triunfo en una plaza de importancia que le permitiría seguir andando el camino que le llevaría a ser una las grandes figuras de la historia del toreo.

domingo, 29 de diciembre de 2019

29 de diciembre de 1940: Alberto Balderas y Cobijero de Piedras Negras

Alberto Balderas con la oreja de Rayao
29 de diciembre de 1940
Alberto Balderas nació en la Ciudad de México el 8 de octubre de 1910. Se presentó como novillero en El Toreo de la Condesa el 27 de marzo de 1927, actuando allí en el escalafón menor también en las temporadas de 1928 y el inicio de la de 1929, calendario en el que marcha a España a hacer campaña. Se presenta en la plaza de toros de Madrid el 15 de agosto de ese 1929, alternando con Joselito Romero y el norteamericano Sidney Franklin, también debutante, en la lidia de novillos de don Andrés Sánchez de Coquilla, asunto del que ya me he ocupado por estas páginas.

Recibe la alternativa el 19 de septiembre de 1930, cuando Manolo Bienvenida, en presencia de Andrés Mérida, le cede al toro Hocicudo del Marqués de Guadalest y la confirma en la capital española el 3 de mayo de 1931, apadrinándole Cayetano Ordóñez Niño de la Palma y con el testimonio de Vicente Barrera. El toro de la ceremonia se llamó Giraldillo y fue de Villamarta.

En México, se presentó como matador de toros en El Toreo de la Condesa el 2 de noviembre de 1930 para lidiar toros de San Diego de los Padres, alternando con Manuel Jiménez Chicuelo y Heriberto García. En esos tiempos no se confirmaban en México las alternativas españolas. La faena de Balderas al toro Provinciano, al que cortó las orejas y el rabo, le va a permitir actuar otras cinco tardes en ese escenario, consolidándole como una de las promesas de la tauromaquia mexicana de esos días.

El 12 de febrero de 1933 gana la Oreja de Oro que disputó con Pepe Ortiz, Cagancho, Armillita, Jesús Solórzano, David Liceaga, Luis Gómez Estudiante y Luciano Contreras, al cortar el rabo al toro de La Laguna que le tocó en suerte.

El 22 de enero de 1939 en El Toreo de la Condesa, obtiene un singular triunfo al cortar seis orejas y tres rabos a los toros Gallareto, Lucerito y Marinero de Piedras Negras. Su alternante fue Fermín Espinosa Armillita y el 26 de marzo de ese mismo realiza su última gran faena en El Toreo de la Condesa al toro Navarro, de La Laguna, al que corta el rabo.

La última tarde

Para el quinto festejo de la temporada 1940 – 41, el doctor Alfonso Gaona anunció un encierro de Piedras Negras para la alternativa de Andrés Blando, que sería concedida por Alberto Balderas ante el testimonio de José González Carnicerito.

Muchas leyendas se han tejido en torno al estado de ánimo de Alberto Balderas esa tarde. En el libro biográfico del torero escrito por don Armando de María y Campos, se relata lo siguiente, narrado por Francisco Balderas, hermano, apoderado y banderillero del diestro:
Nada extraordinario hubo en la vida de Alberto la tarde del 29 de diciembre de 1940 – relató después su hermano, apoderado y banderillero de su cuadrilla, Pancho – que pueda interpretarse como un presentimiento de la tragedia. Mi hermano jamás creyó que podría matarlo un toro. Sabía que arrimándose como se arrimaba, tendría que sufrir cornadas; pero jamás tuvo el pensamiento de que moriría toreando. 
Estaba mi hermano de buen humor – continúa – como de costumbre. Ni mis hermanas ni yo notamos en él nada raro, nada que pudiera decirse fuera una corazonada de que iba a morir ese mismo día. 
Tenía Alberto la costumbre de ir todos los domingos, en las mañanas, a la Villa de Guadalupe, y a rezar a los pies de la Virgen Morena. Así lo hacía siempre, menos el día de su muerte, pues su amigo íntimo, Esteban Erchuk, insistió en llevarlo a visitar a la Virgen del Carmen, y ya no tuvo tiempo de ir a la Villa. Al regresar a la casa, se dedicó a torear de salón, esperando que fuera la hora de vestirse. 
Llegó la hora de la corrida y cuando me presenté a buscarlo en su casa de Copenhague, estaba ya vestido, estrenando un traje canario y plata por el cual tenía una ilusión muy grande. Yo estaba en el coche, tuvo un disgusto que lo contrarió mucho, al informarle yo que no había sido posible conseguir barreras de primera fila para dos amigos que él quería mucho y que se las habían pedido, y quienes se sintieron al recibir barreras de segunda fila. Esa fue la única nota desagradable… Mi hermano estaba, como siempre, animoso, con gran entusiasmo de torear, pues tenía el propósito de triunfar en todas las corridas de la temporada…
Como se puede leer, la serie de noticias que hablaban de premoniciones que tuvo Alberto Balderas en las horas previas a la corrida no son fiables, pues salvo el disgusto de que no se hayan conseguido las barreras de primera fila para sus amigos, nada más afectó su estado de ánimo.

El primero de la tarde se llamó Lucerito y fue el toro con el que Andrés Blando se convirtió en matador de toros. Su actuación no pasó de discreta.

El segundo de la tarde fue para Balderas. La mejor versión de su actuación ante ese, que resultó ser el último toro de su vida la encontré en Vida y Muerte de Alberto Balderas de Armando de María y Campos y es del tenor siguiente:
En su primer toro, en el único que toreó y mató esa tarde, Balderas estuvo muy bien… El cronista español Mayral describe con una espontaneidad que no he encontrado en otros escritores cómo toreó Balderas a su último toro, de Piedras Negras, que se corrió en 2º lugar: “cargando la suerte, mandando en él. Las ovaciones en su honor estallaban impresionantes en los sentidos y las dianas subrayaban agudamente su éxito. Hubo unas gaoneras del más puro estilo, dejándose rozar los alamares en cada lance. Hubo un quite de la mariposa sencillamente magistral. Luego, a petición insistente del público, Alberto tomó los palos para cambiar en terreno dificilísimo, dos pares soberbios y cerró el tercio después de un soberbio “galleo” con un par cuarteando, tan bueno como los anteriores. El triunfo, en oleadas crecientes, nimbaba la figura de Balderas. Tomó los trastos de matar, y aprovechando que el toro estaba boyante, propicio al lucimiento, realizó toda una faena preciosa y clásica. La muerte, que lo acechaba, hizo que el de Piedras Negras lo enganchase por la región epigástrica, y lo voltease de un modo trágico. Pero ¡aún no era llegado el momento fatal…! Y Balderas, indemne, levantose con más coraje que nunca, y volvió a la faena. Más muletazos buenos, y luego un estoconazo, seco, vibrante, que le valió una ovación estruendosa, vueltas al ruedo, la oreja…”. “Rayao” se llamó este toro…
El tercero de la tarde fue Cobijero, era el primero del lote de Carnicerito. Durante los dos primeros tercios de la lidia de ese toro, se hicieron reparaciones al vestido que estrenaba Alberto Balderas. Por esa razón estuvo distraído de lo que ocurría en el ruedo y no se percató de las condiciones del toro. Al dirigirse José González a solicitar permiso a la autoridad para el tercio final de la lidia, Balderas ocupó el sitio que le correspondía en el ruedo y así fue como sobrevino el desenlace fatal. Francisco Balderas refiere lo siguiente:
El toro causante de la tragedia, “aparentemente no tenía nada de peligroso”, continúa relatando el percance un testigo de la calidad de Pancho Balderas. Y agrega: “Alberto no pudo hacer el quite, porque le estaban componiendo la taleguilla, pero cuando “Carnicerito” fue a brindar a la Presidencia, Alberto cogió el capote para ponerle el toro en suerte… Cuando me di cuenta, Alberto ya estaba en los cuernos de “Cobijero”, que no obedeció el engaño, lo atropelló y le dio varias cornadas… Tambaleándose inmensamente pálido, mi hermano se dirigió a las tablas. Los monosabios no sabían que hacer… Entonces yo lo tomé en mis brazos, ayudado por uno de los espectadores, y lo llevé a la enfermería, donde ya lo esperaban los doctores. Con una navaja le rompí el vestido y los doctores Ibarra y Rojo de la Vega le ponían rápidamente una inyección… Cuando me acerqué a Alberto para ver cómo se sentía, me dijo que se le estaban durmiendo las piernas… Se le hizo una transfusión de sangre y Alberto quiso moverse, pero los médicos le indicaron que no lo hiciera. Entonces mi hermano volvió a decirme: Pancho, me siento muy mal, se me están durmiendo las piernas… Fueron sus últimas palabras…
El parte facultativo rendido después del hecho es el siguiente:
Herida de cinco centímetros de extensión en el noveno espacio intercostal del hemitórax derecho, en la intersección con la línea axilar anterior, fracturando octavo, noveno y décimo cartílagos costales, penetrante en la cavidad abdominal, desgarrando el hígado. Intensa hemorragia con cuadro de muerte aparente. Otra cornada situada en el hueco axilar derecho, de tres centímetros de extensión por cuatro de profundidad…
El cadáver del torero fue trasladado a su domicilio de Copenhague 23, donde se instaló la capilla mortuoria y al día siguiente por la tarde el cortejo fúnebre se trasladó al Panteón Moderno de Tacuba para el sepelio de los restos del diestro. La prensa aseguró en su día que los restos de Alberto Balderas fueron acompañados por cuarenta mil personas hasta su última morada:
Se calcula que no menos de cuarenta mil personas estaban en el panteón en el momento de bajar a la tumba el cadáver del infortunado diestro Balderas. 
La presidencia del duelo la componían los familiares de Balderas, entre los cuales estaba su hermano Francisco, miembro de su cuadrilla. También figuraba su compañero e íntimo amigo Chucho Solórzano y el licenciado Retana. 
Antes de bajar el cadáver a la tumba, Chucho Solórzano leyó unas cuartillas como última despedida, haciendo resaltar lo que en vida fue el finado, en los términos siguientes: “Balderas fue un gran amigo de todos. Cuántos compartimos momentos de alegrías y penas con él, no podremos olvidarle nunca. Así lo sabe y ha reconocido el pueblo de México que en el último camino hacia la eternidad le acompañó”. 
También el licenciado Retana leyó unas cuartillas en el mismo sentido. 
Por la enorme aglomeración de público y los carros que acompañaban el entierro, éste duró en su trayecto tres horas, considerándose que ha sido uno de los más impresionantes habido en México…
Alberto Balderas fue el primer torero en morir en las instalaciones de El Toreo de la Condesa.

En esta ubicación pueden apreciar una galería de imágenes de la cornada fatal de Alberto Balderas.

domingo, 22 de diciembre de 2019

15 de diciembre de 1929: alternativa de Jesús Solórzano en el Toreo de la Condesa

Jesús Solórzano
El Rey del Temple
La temporada de novilladas de 1929 en El Toreo de la Condesa generó una interesante cosecha de toreros. De la promoción de 1926 participó Esteban García; de la de 1928 participaron Alberto Balderas y José El Negro Muñoz. Y ya en el concurso del calendario correspondiente surgieron Carmelo Pérez, José González Carnicerito y Jesús Solórzano.

Es curioso ver que en esa temporada de novilladas, marcada por la acendrada rivalidad que mantuvieron Esteban García y Carmelo Pérez, misma que en alguna manera fue el eje y el sostén de ese ciclo novilleril, cuatro de los participantes en ella, tendrían un final trágico delante de los toros. El propio Esteban ese mismo año de 1929 en Morelia; Carmelo moriría en Madrid en 1931 a consecuencia de la cornada recibida en El Toreo unas semanas después de la que mandó a la tumba a su rival; Alberto Balderas sería el primer torero en morir en esa misma plaza el año de 1940 y Carnicerito terminaría sus días trágicamente en Vila Viçosa en Portugal en 1946. Personalmente, no creo que haya habido una generación de toreros con un final más trágico que esta.

En esta temporada de novilladas se disputaron dos galardones. Primeramente se disputó un anillo de oro con un gran brillante entre Esteban García y Carmelo Pérez, mismo que sería adjudicado al que resultara ser el triunfador en tres novilladas mano a mano que se celebrarían los días 18 y 25 de julio y 2 de agosto de 1929. 

Al final las novilladas terminarían celebrándose los días 18 de julio y Carmelo resultaría herido en un quite al primero de la tarde, quedándose Esteban con toda la corrida. La segunda se verificaría el 18 de agosto y Carmelo triunfaría y la tercera se verificaría hasta el 1º de septiembre y de nuevo Carmelo sería herido por el segundo de la tarde, aunque le sería llevado el rabo de su oponente a la enfermería. 

El 15 de septiembre se disputó la Oreja de Plata y ante novillos de Santín actuaron Esteban García, José González Carnicerito, Jesús Solórzano y Carmelo Pérez. El triunfador de la tarde y ganador del argentino trofeo fue el moreliano Solórzano. El premio llevaba añadido además el aliciente de recibir la alternativa en la temporada de festejos mayores inminente. Además, al final de ese festejo, se anunció al ganador del anillo, con valor de tres mil pesos que se disputaron Esteban García y Carmelo Pérez. El jurado designado al efecto decidió que era para Carmelo Pérez, independientemente de que de nueve toros que debió haber matado, solamente mató a cuatro. Cosas del destino.

La alternativa de Solórzano

La novena corrida de la temporada 1929 – 1930 se anunció con el santanderino Félix Rodríguez, Heriberto García y la alternativa de Jesús Solórzano, que, como había señalado líneas arriba, ganó esa oportunidad al obtener la Oreja de Plata el 15 de septiembre anterior. El encierro que se anunció para la ocasión fue uno de Piedras Negras, pero siempre hay contratiempos en esas cuestiones de los toros que se presentan a la plaza. La crónica del festejo, firmada por Edmundo Fernández Mendoza con su pseudónimo de Martín Galas, aparecida en el ejemplar de El Taurino publicado el 16 de diciembre de 1929, refiere lo siguiente:
La empresa de toros invitó al público a que fuera a admirar la hermosa estampa de los bureles de Piedras Negras que iban a lidiarse ayer. Pero, contra lo que era de esperarse, los aficionados hicieron poco caso del reclamo y se abstuvieron de ir a conocer la magnífica corrida (¿) que había encerrada. 
Y una prueba de lo que dejamos dicho, es que, habiendo anunciado que se correrían seis toros de Piedras Negras, hubo necesidad de sustituir dos de ellos, por otros tantos de La Laguna – ¡al fin de la misma camada! – porque los primeros tenían unas pezuñotas enormes, eran bastos, con exagerados pitones y con todas las hechuras de los bueyes que suelen pastar en las dehesas tlaxcaltecas de las que es propietario el bueno de Viliulfo González. 
Quizás en el cambio hayan salido perdiendo los aficionados, porque los dos bureles de La Laguna que pisaron el ruedo la tarde de ayer, se repararon de la vista a las primeras de cambio y dieron mal juego, sin que esto quiera decir que sus primos de Piedras Negras les fueran a la zaga, porque, en realidad, resultaron menos mansos de lo que se esperaba. Uno de los bichos tuvo que ser devuelto a los corrales porque también se reparó de la vista y… porque era manso. ¡Nada, que las ganaderías tlaxcaltecas no aciertan una ni por casualidad!...
Como vemos, ya de entrada se sustituyeron dos de los toros anunciados por otros de una ganadería distinta – si bien del mismo titular y residente en los mismos potreros – y durante la lidia se tuvo que sustituir a otro por resultar defectuoso de la vista, así pues, la mitad de la corrida que se anunció no se lidió.

Uno de los toros sustituidos fue el de la alternativa de Jesús Solórzano. Todas las relaciones históricas consignan que el toro de su alternativa en El Toreo fue de Piedras Negras, sin embargo, la crónica a la que he venido aludiendo relata lo siguiente:
Al toro que abrió plaza, que se llamó “Cubano” y que era negro zaino, bien puesto de defensas y oriundo de La Laguna, el de Morelia lo toreó por verónicas templando, mandando y recogiendo, hasta engranar cuatro lances que se le premiaron con ovación y música. En quites, el nuevo doctor hizo una chicuelina graciosa y ceñida, una verónica y media para rematar, que también se le aplaudieron con entusiasmo. El bicho se reparó de la vista desde el primer puyazo y los alternantes de Chucho no tuvieron lugar a lucirse en los turnos que les correspondían… 
Eran las cuatro y nueve minutos de la tarde, cuando Félix Rodríguez cedió los trastos a Solórzano, sonando las palmas para el nuevo doctor, que, tras de cumplir con la Presidencia, brindó desde el centro del ruedo a todo el público. Erguido, con calma, sabiendo el terreno que debía pisar, Chucho desplegó la muleta; pero, como el animal no acometiera, insistió repetidas veces, hasta que consiguió la arrancada del burel y entonces se produjo superior pase por alto, al que siguió un natural derechista, uno de pecho, que se le premian con palmas abundantes. Después otro alto y un natural con la izquierda; dos altos más, de muy fina factura y cuidando la línea, uno por abajo y otro de pecho. Sobre corto, atacando con fe y decisión, Solórzano cobró una estocada entera desprendida, que hizo que “Cubano” se entregara a los pocos instantes. Y para el nuevo doctor, que con este toro demostró que puede llegar a ser figura del toreo, hubo ovación y dianas, salida a los medios y vuelta al anillo. 
La alternativa de Chucho, como se ve, quedó sancionada por la opinión unánime del concurso…
Es decir, Cubano, el toro de la alternativa mexicana de Jesús Solórzano, fue de La Laguna. Muchos textos de historia tendrán que ser corregidos. Un testigo de excepción y de primera mano deja clara esa circunstancia.

Félix Rodríguez cortó un rabo a Cafetero, ese sí de Piedras Negras esa tarde. La crónica refiere que fue un torillo de escasa presencia con el que el torero de Santander pudo estar a gusto. Esa fue la gran tarde de Félix Rodríguez en México, que ya exhibía los estragos de la enfermedad que acabaría unos años después con su vida.

Colofón

Jesús Solórzano se vería forzado a renunciar a esa alternativa al año siguiente. Se fue a torear a España y realizó una intensa e interesante campaña novilleril, con triunfos en Barcelona, Sevilla y Madrid, para terminar recibiendo la alternativa el 30 de septiembre de 1930 en la Maestranza de manos de Antonio Márquez, con el testimonio de Marcial Lalanda, siéndole cedido el toro Niquelado de Pallarés Hermanos, antes Peñalver.

La historia de quien sería conocido como El Rey del Temple se llenó con nombres como Granatillo, Cuatro Letras, Leonés, Redactor, Tortolito, Brillante, Picoso y por supuesto, el de Revistero, toro de Aleas con el que realizó una de las faenas que entraron entre las más importantes que se realizaron en la historia de la plaza de toros de la Carretera de Aragón en Madrid.

Jesús Solórzano se despidió de los ruedos el 10 de abril de 1949 en la Plaza México, alternando con Luis Procuna y Rafael Rodríguez y el último toro que estoqueó fue Campasolo, de La Punta, propiedad entonces de sus cuñados Francisco y Jose C. Madrazo.

Jesús Solórzano falleció en la ciudad de México el 21 de septiembre de 1978.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Carmelo Pérez y Michín de San Diego de los Padres. 90 años después (II/II)

Anuncio de la reaparición de Carmelo Pérez
para el 24 de noviembre de 1929
Decía ayer que la recuperación de Carmelo fue lenta, como lento debió ser su andar por los ruedos. Las opiniones autorizadas de su tiempo señalan que se le adelantó a la alternativa y que no se le permitió madurar un concepto del toreo que le era propio, distinto a todo lo visto hasta entonces y que quizás, requería un toro distinto al que se lidiaba por esos entonces.

La manera en la que se le llevó a la alternativa fue retorcida, por lo menos. Si lo que escribe Verduguillo lleva algo de verdad, más que facilitarle el camino para ser una figura del toreo, se le envió directamente al cadalso:
Yo hablé con Carmelo con toda claridad. 
- Mira Carmelo, tú todavía no estás preparado para la alternativa: te cogen mucho los novillos, y si no te lastiman seriamente es porque ‘El Conejote’ trae enemigos sin fuerza, sin grano, apropiados para que tú hagas con ellos ese tipo de toreo tan peligroso que tienes metido en la cabeza. Cuando vengan las corridas gordas y graneadas, va a ser diferente el caso, vas a tener que sortear y si te toca un toro fuerte te puede lastimar de VERDAD. 
Pocos fuimos, ciertamente, los que nos atrevimos a hablar con Carmelo Pérez con sinceridad, los demás taurinos, temerosos de que Gaona se disgustara si se le quitaba un elemento de gran arrastre, preferían guardar un medroso silencio… 
Llegó esa tarde Carmelo de la Rosa a hablar con Rodolfo Gaona y entró temblando como tiembla el conejo en la presencia del león. El que lo hubiera visto abrir la puerta de aquel despacho, habría comprendido que todo estaba perdido… 
- Te he llamado, dijo Rodolfo, para que firmes el contrato de Carmelo Pérez. Ya él te habrá hablado del asunto. Son dos corridas a tres mil pesos cada una, lo que siempre se ha pagado por las alternativas. 
Como Carmelo de la Rosa musitara que su torero valía un poco más, Gaona lo atajó: Eso ya se verá con el toro: si como yo creo Carmelo Pérez está bien, ya toreará más corridas a mejor precio. 
En eso entró ‘El Chato’ Padilla que fue quien aceleró la firma del funesto contrato: 
- Si no firmas, le dijo a Carmelo de la Rosa, ya te puedes despedir del zarzo de banderillas. No lo volverás a hacer en todos los días de tu vida… 
Y al ver Carmelo de la Rosa que se le escapaba un ingreso de aproximadamente QUINCE PESOS a la semana, firmó la alternativa de su poderdante Carmelo Pérez… No era el contrato de la alternativa, era la sentencia de muerte…
Y esa relación de Rafael Solana no era la única en ese sentido. Se habló también en El Taurino del 31 de diciembre de ese 1929 del hecho de que su deficiente administración lo había llevado a esa penosa situación en la que se encontraba:
En un periódico de la tarde, que tiene el sólido prestigio de su seriedad, se publicó hace pocos días una información relacionada con el estado que guarda Carmelo Pérez. En esa información, que debemos considerar honrada, porque en ese concepto tenemos a su autor, se pintaban, con los más vivos e impresionantes colores, la desilusión del matador herido, su pesimismo para continuar en la peligrosa profesión a que se ha dedicado, su desencanto por la explotación de que fuera víctima y su amargura por los padecimientos sufridos y por la situación lamentable en que se encontraba. 
Pocos días después, en el mismo periódico de la tarde, aparecía un nuevo reportazgo, que para nosotros tuvo todas las características de una gacetilla de la empresa, en el que pretendió desvirtuar aquella impresionante noticia que tan comentada fuera por el público, haciendo aparecer, en boca del propio Carmelo Pérez, opiniones y conceptos completamente distintos a los que expusiera al periodista que primeramente lo entrevistó… 
Mas, a pesar del cambio radical que se operó en el ánimo de Carmelo, los aficionados sensatos, los que hemos seguido paso a paso el viacrucis de este desafortunado muchacho, los que no comulgamos con ruedas de molino, vimos en su nueva actitud la presión moral de alguien a quien interesa que el público confíe en su pronta reaparición en “El Toreo”, para seguir siendo objeto de la misma incalificable explotación que, desde que vistió por primera vez el traje de luces, se ha venido cometiendo con él… 
¡Qué distinto hubiera sido si Carmelo Pérez cae en manos de un apoderado consciente, de un administrador que, lejos de buscar un rápido enriquecimiento, a costa de la sangre de este esforzado mozo, con inminente peligro de su vida, se hubiera preocupado por enseñarle lo mucho que le faltaba por aprender, antes de llevarlo a que tomara la alternativa, por mil conceptos prematura!... 
Porque los apoderados de Carmelo tenían la seguridad de que este muchacho, al doctorarse, arrastraría a las multitudes hasta proporcionar a la empresa que lo contratara, el único lleno que, como nosotros lo aseguramos al iniciarse la temporada, se registraría en “El Toreo”…
No obstante esos comentarios, surgían voces que intentaban alentar al torero herido y que dejaban patente, que como lo dijo Frascuelo, los toros dan cornadas porque no pueden dar otra cosa. Así parece hacerlo entender don Luis de la Torre El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada en su comentario titulado El Caso Carmelo Pérez, donde expresa:
…El punto de mira de todas las opiniones ya citadas, no es otro que señalar como causa fundamental del accidente la ignorancia del diestro y su temeridad al enfrentarse con enemigos mayores a sus fuerzas, aprovechándose para ello de las circunstancias aparentemente favorables en apoyo a sus tesis… Carmelo Pérez, no hay que dudarlo, está muy lejos de ser un lidiador consumado, está muy lejos de conocer a la perfección todos los secretos de la lidia, que para eso se necesita tiempo; pero de esto a que sea un ignorante y todavía más, a que su ignorancia y falta de recursos haya sido el motivo de su horrenda cogida, media un abismo. ¿Acaso no hemos visto caer al más sabio de los toreros, al golpe certero de un utrero? ¿Vamos a buscar en su sabiduría lo que sólo fue obra de la fatalidad?... No señores, limitémonos a lamentar las continuas caídas de quienes se dedican a tan difícil y peligrosa profesión, sea quienes fueren, un maestro o un principiante; pero no nos asustemos de esos percances, hijos legítimos de la fiesta, y mucho menos nos aprovechemos de las circunstancias para sacar avantes nuestras ideas por sofísticas que sean. 
Carmelo Pérez, ¡ese loco desenfrenado!, algo debe tener para haber electrizado a las multitudes, no una vez, sino durante toda una temporada, siendo él un principiante y toreando al lado de lidiadores reconocidos ya unánimemente como cuajados, y de los cuales, por enorme desgracia, hemos visto caer también a uno…
Concluyo esta intervención con algo de la apreciación que José Alameda hace sobre Carmelo Pérez en su libro Los Heterodoxos del Toreo y que dice así:
Carmelo era un torero roto que traía la muerte en el cuerpo… Sin facultades y con poca luz aparente, toreaba muy cerca de la tierra (otra similitud con «El Espartero»); tanto que sin el arte de «Chicuelo», claro; y sin la grandeza de Ortega, desde luego; era más «moderno» que ellos. Y con más drama, con más misterio… Fue Carmelo Pérez un heterodoxo no tanto por el «qué», pues no hacía suertes distintas a las conocidas, sino por el «cómo», pues las hacía en una forma totalmente suya, no mimética, creada y con un acento marginal fortísimo, con ese sabor a légamo que hay en los que están en el río, pero no en su corriente, sino en su doliente…
Carmelo Pérez falleció en Madrid el 18 de octubre de 1931, a consecuencia las secuelas de las cornadas que le infirió Michín de San Diego de los Padres.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Carmelo Pérez y Michín de San Diego de los Padres. 90 años después (I/II)

El tránsito de los años de 1929 a 1930 estuvo marcado por el sino de Carmelo Pérez. El torero texcocano fue el eje de esos calendarios, primero porque en la temporada de novilladas que se dio en el primero de esos calendarios, que constó de 21 festejos, toreó dos terceras partes de ellos, después de renunciar a una fallida alternativa que había recibido en Puebla el 13 de enero de manos de Cagancho y después, porque casi al final del año, recibió una de las cornadas más pavorosas que recuerda la historia del toreo en México.

La temporada grande 1929 – 1930 en El Toreo de la Condesa gravitaba principalmente sobre los nombres de los toreros hispanos que vendrían a sostener el interés de los carteles que en ella se ofrecerían. El toreo mexicano seguía padeciendo la orfandad en que la despedida de Rodolfo Gaona – para esas fechas metido a empresario – lo había dejado y así, los nombres del ya mencionado Joaquín Rodríguez Cagancho, Antonio Márquez, Félix Rodríguez, Mariano Rodríguez Exquisito y Ricardo González vendrían a apuntalar a los emergentes Heriberto García, Jesús Solórzano, Pepe Ortiz, Paco Gorráez y a un Juan Silveti que seguía derrochando valor ante los toros.

El imán mexicano para la temporada era la alternativa de quien revolucionó la temporada de novilladas: Carmelo Pérez. La cosa hubiera resultado redonda si su epígono novilleril, Esteban García no hubiera perecido en una novillada en Morelia, asunto del que me he ocupado ya en este sitio de esta Aldea, porque de esa manera la empresa que regentaban Gaona y El Chato Padilla hubieran podido mantener un enfrentamiento delante de los toros que había nacido en los festejos menores, pero el hombre propone y viene el toro y todo lo descompone…

La quinta corrida de la temporada 29 – 30

Para el domingo 17 de noviembre de 1929 se anunció un encierro de San Diego de los Padres para Antonio Márquez, que se presentaba en la temporada, Pepe Ortiz y Carmelo Pérez, que reaparecía después de una triunfal alternativa recibida en la tercera corrida del ciclo, el 3 de noviembre, de manos de Cagancho, con Heriberto de testigo y toros de Piedras Negras.

Rafael Solana Verduguillo cuenta que se pensó repetir a Carmelo al domingo siguiente de su alternativa, con la corrida de San Diego de los Padres, pero que había en ella un toro que desentonaba con el resto del encierro y que al pedirse a don Antonio Barbabosa que lo cambiara por otro, se negó rotundo. Por ello, se pospuso su reaparición para el domingo 17, en espera de que don Antonio recapacitara y escogiera otro toro para completar la corrida.

Llegada la fecha, El Chato Padilla fue de nuevo a San Diego y lo que cuenta Verduguillo es lo siguiente:
No tengo otro, contesta el ganadero. Si quiere usted esos seis, bien, si no, déjelos.  
El empresario explica a don Antonio: es que va a torear Carmelo Pérez y si ese toro llegara a tocarle, podría lastimarlo. 
¿Y por qué le va a tocar?, dice don Antonio. Son tres los matadores. Puede que le toque a alguno de los otros. 
Con esto se dio por convencido “El Chato” Padilla y vino la corrida de San Diego, integrada como dije, de cinco ejemplares muy a modo y uno que tenía cara de Barrabás…
Por lo visto Michín – el que tenía cara de Barrabás – era el sino de Carmelo Pérez.

La crónica del suceso

En el ejemplar del semanario El Taurino, que viene a ser algo así como la última etapa de El Universal Taurino, aparecido al día siguiente del festejo, viene la crónica de Edmundo Fernández Mendoza, bajo el seudónimo de Martín Galas, de la que rescato lo siguiente:
¿No será posible que lleguemos a ver una buena corrida de toros esta temporada? Porque tardes van, tardes vienen y siempre lo mismo: El eterno desfile de toros mansurrones, difíciles, broncos, reparados de la vista y resentidos de los remos. Toros de encargo para quitar la personalidad a los lidiadores. 
Ayer se encerró una corrida de San Diego de los Padres, desigual en presentación como en bravura; y el público, que está cansado ya de tantos camelos que le vienen dando los señores ganaderos, no pudo contener sus iras y se dio a protestar, primero, a voz en cuello, después, uniendo la acción a las palabras, destruyendo los anuncios de lámina que había en el tendido, arrojando los cojines, maderas y toda clase de proyectiles a la arena, cuando el cuarto toro, un manso perdido que había vuelto la cara vergonzosamente a los caballos, fue impuesto por la autoridad y por el cambiador de suertes, a pesar de la gritería enorme, de la bronca más grande que hemos visto en “El Toreo”. 
La actitud del público es explicable y justificada, puesto que, a pesar de que paga sus boletos al precio que se les fija, no se les cumple lo que los carteles ofrecen. ¿No hay toros de primera clase en las ganaderías? ¿Se acaba el ganado de lidia en México? ¡Vayan ustedes a saber; pero el caso es que, de seguir las cosas como van, la temporada fracasará irremisiblemente!... 
¡La Tragedia! 
Fue en el sexto, un retinto albardado, bien puesto de pitones, que se llamó “Michín”, donde se registró la tragedia que tiene luchando entre la vida y la muerte al bravo torero de Texcoco. Apenas salido el animal y sin esperar a que los peones lo fijaran – tal era su deseo de desquitarse ampliamente – Carmelo le largó un capotazo por abajo y al ejecutar una verónica de las suyas, es decir, ceñidísima y parando lo indecible, fue empitonado por el burel que, al derrotar, se lo pasó de un cuerno al otro, para arrojarlo a la arena, meterle la cabeza varias veces y arrastrarlo, porque, seguramente, el pitón estaba atorado en la ropa. ¡Momentos de intensísima emoción, de inenarrable angustia! Todos intentan hacer el quite, arrebatar su presa al burel que, codicioso, seguía tirando cornadas al cuerpo del lidiador, que fue recogido en grave estado por las asistencias y conducido a la enfermería…
Otra versión del hecho está en el libro Tres Décadas de Toreo en México, de Rafael Solana Verduguillo, también testigo del hecho y versa de la siguiente manera:
No esperó más Carmelo y sin ver un segundo capotazo, saltó a la arena… sin ver el estilo del toro, al ver solamente que era muy bravo, se plantó muy entablerado, casi a la puerta misma del burladero de matadores, para largar un capotazo por el lado izquierdo, sobre el que el toro se revolvió con la velocidad de un relámpago. Carmelo entonces se hizo arco para dejar pasar al bravo sandieguino en un lance por el lado derecho comprometidísimo; nuevamente se revolvió el toro con enorme rapidez, ganando terreno y entonces Carmelo, por más que estiró el brazo izquierdo, no pudo darle salida; ‘Michín’ lo prendió con el pitón izquierdo, por el muslo izquierdo, más arriba de la rodilla. 
Lo que la afición mexicana presenció en los siguientes segundos fue una verdadera pesadilla, un drama espantoso; jamás la fiesta de toros fue más sangrienta, jamás hubo en plaza alguna una cogida más impresionante; lo que ‘Michín’ hizo con Carmelo fue una verdadera carnicería, parecía un perro bravo destrozando una gallina, saltaban trozos de la ropa de Carmelo, de la ropa blanca y de la ropa roja… Los toros de San Diego siempre fueron sanguinarios con los caballos; pero esta era la primera vez que se veía a uno cebarse tan golosamente no en un cuadrúpedo, sino en un hombre. 
Era imposible hacer un quite; por más que los otros matadores y los subalternos luchaban, no conseguían que la atención del codicioso animal se separase por un solo instante de la víctima que estaba destrozando. La cogida duró más de un minuto y medio, y es la más larga que jamás haya habido… ‘Michín’ se pasaba al sangriento muñeco de trapo en que Carmelo se había convertido, de un pitón a otro, aunque siempre se pudo ver que el que usaba para herir era el izquierdo; solo lo alejaba de sí para tomarle nuevamente puntería y volver a herir… la cornada del tórax fue perfectamente visible; y la mayor del muslo se produjo también en una forma en la que todo el público la pudo ver; el toro se puso a Carmelo entre las patas, y bajó el pitón para arar con él sobre la carne viva del infortunado diestro, haciendo brotar un torrente de sangre...
Espeluznante debió ser presenciar la escena. Si la lectura de este par de relaciones es sobrecogedora, quiero suponer que haber presenciado en la plaza el hecho, debió serlo aún más, y es que aunque la Historia del Toreo de este lado del mar nos habla de percances graves, no nos refiere alguno donde el toro se haya encelado con tal fiereza con su víctima.

Los partes facultativos

El parte que quiero suponer previo, está en la crónica de Martín Galas y es de la siguiente guisa:
Durante el primer tercio de la lidia del último toro, ingresó a esta enfermería el diestro Carmelo Pérez, que presenta las lesiones siguientes: 
Herida causada por cuerno de toro en la cara antero – interna de la unión de los dos tercios, medio y superiores del muslo izquierdo, que interesó, tejido celular y músculos. Herida causada por cuerno de toro, en la cara posterior del hemitórax derecho, a la altura del noveno espacio intercostal y sobre la línea axilar posterior, penetrante de tórax. Otras tres heridas causadas por cuerno de toro: Una en el escroto, como de tres centímetros de extensión, que interesó piel y tejido celular; otra en la cabeza de la ceja izquierda, de un centímetro de extensión, que interesó piel y tejido celular; otra en el párpado superior del mismo lado, como de tres centímetros de extensión que interesó los mismos planos que la anterior. 
La herida del muslo tiene una extensión como de veintiocho centímetros. La del tórax, una extensión como de ocho centímetros. Las dos primeras lesiones son de las que ponen en peligro la vida. 
Además presenta contusiones dermoepidérmicas en diferentes partes del cuerpo…
Por su parte, Verduguillo, en su libro citado, expone un parte más elaborado, quizás redactado con posterioridad y sin la prisa que requiere la inmediatez de la crónica y que es del tenor siguiente:
Los médicos cirujanos que suscriben, encargados de la enfermería de la plaza El Toreo, dan parte a la autoridad que preside, de que durante el primer tercio de la lidia del sexto toro, ingresó a esta dependencia el diestro Carmelo Pérez con las siguientes heridas: 
Primera: Herida causada por cuerno de toro, de veinticinco centímetros de longitud, situada en el tercio medio e inferior de la cara interna del muslo izquierdo, interesando las partes blandas, faltando solo la piel para salir por la cara externa; descubrió las venas femorales y desgarró el nervio crural, destruyendo grandes porciones musculares. 
Segunda: Herida causada por cuerno de toro en el hemitórax derecho a la altura del noveno espacio intercostal, de nueve centímetros de extensión. 
Tercera: Herida contusa de tres centímetros en la región axilar, que interesó el tejido celular. 
Cuarta: Herida contusa de dos centímetros de extensión en la cabeza de la ceja izquierda, interesando el tejido celular. 
Quinta: Herida con desgarradura de la porción izquierda del escroto central de tres centímetros de extensión. 
Sexta: Varios varetazos en distintas partes del cuerpo. 
Pronóstico: El conjunto de las lesiones pone en peligro la vida del diestro.  
Curación: Bajo anestesia mixta amplióse la herida del muslo haciéndose una contraabertura en la cara externa; canalizóse con tubo de goma y taponóse con gasa yodoformizada la herida del hemitórax, suturándose las contusiones; inyectáronsele quinientos centímetros cúbicos de suero fisiológico, aceite alcanforado y adrenalina…
La recuperación de Carmelo Pérez fue lenta. Duró más de un año, porque en un principio al parecer se concedió poca importancia a la herida del tórax y fue la que generó mayores complicaciones y la que al final de cuentas vendría a costarle la vida.

Carmelo Pérez reapareció vestido de luces en El Toreo de la Condesa hasta el 4 de enero de 1931.

Pero dada la extensión que va adquiriendo, aquí dejo esto por hoy y espero concluirlo el día de mañana.

domingo, 10 de noviembre de 2019

Detrás de un cartel (XV)

La confirmación madrileña de Juan Espinosa Armillita

Colección: Biblioteca Digital de Madrid
Juan Espinosa Saucedo fue el primer Armillita en alcanzar la dignidad de matador de toros. Su recuerdo en la memoria colectiva reside como parte de la mancuerna de extraordinarios hombres de plata que formó con su hermano Zenaido en la cuadrilla de su hermano menor Fermín, integrando una de las mejores cuadrillas que ha conocido la historia del toreo, sin embargo, su paso por los ruedos como jefe de cuadrillas tiene momentos interesantes que vale la pena traer al recuerdo.

Acerca de la carrera de Juan Armillita escribió Rafael Solana Verduguillo:
Es un buen torero fundido en los moldes antiguos, pero con mucha personalidad, no tiene la finura de Ortiz ni de José Flores, ni de Cayetano González, pero tiene mucho sentido del toreo. Es valiente, se pasa los pitones cerca; apunta un gran banderillero. 
Se abre paso Juan, con la cooperación de la mala suerte de Pepe Ortiz y las disipaciones de José Flores. Tiene Armillita un numeroso grupo de partidarios... 
Juan Espinosa Armillita fue el triunfador de esa temporada chica de 1924 y a principio de la temporada formal, la última del Califa de León, recibió la alternativa de manos de éste, con todos los honores. 
Buen torero Juan Armilla, se malogró a causa de una terrible cornada que recibió en una plaza española. Se hizo banderillero, y varios años estuvo en la cuadrilla de su hermano Fermín...
Es un breve resumen de su paso por los ruedos. Por mi parte, ya hice algunos apuntes biográficos en esta ubicación y por esta oportunidad me ocuparé de la confirmación de su alternativa española en Madrid.

La alternativa hispana

Si bien Juan Espinosa había sido doctorado por Rodolfo Gaona en El Toreo de la Condesa el 30 de noviembre de 1924, con la cesión del toro Costurero de Zotoluca en presencia de Antonio Márquez, al emprender el viaje a España, esa alternativa no le fue reconocida, razón por la cual tuvo que recibirla nuevamente en Talavera de la Reina el 16 de mayo de 1925. Le apadrinó Marcial Lalanda en festejo que torearon mano a mano. El ganado anunciado fue de Justo Puente, antes Vicente Martínez, pero las crónicas del festejo indican que el toro de la ceremonia fue de la señora Viuda de Ortega. De la actuación de Armillita esa tarde, para el Heraldo de Madrid, escribió lo siguiente Federico Morena bajo el seudónimo de Chatarra:
...El toro de tu alternativa – le anunciaron – pertenece a la Viuda de Ortega. 
Ese – respondió – es un accidente sin importancia. 
Y en efecto, aunque el toro no estaba para dibujos, como suele decirse, Espinosa le tomó de capa valerosamente y ciñóse con él en varios lances a la verónica que levantaron una tempestad de aplausos. 
– ¡Viva Mejico! – se oyó decir en las graderías. 
Cambiado el tercio, Espinosa tomó las banderillas. En esta suerte, al decir de los mejicanos, no tiene rival. Dicho queda que no permitía el astado florituras. Empero le clavó Armillita un par soberbio en las mismas péndolas. Fue algo así como un pequeño anticipo que plugo al rey del arponcillo hacernos en la fecha de su alternativa. 
La característica de la faena con el trapo rojo fue el valor, un valor frío, sereno, que le permitió sortear impávido los peligros de un bruto que no era ciertamente un dechado de nobleza; pero hubo además una serie de muletazos magníficos, oro de ley de 18 kilates. 
Y cuadró el toro. Armillita perfilóse sobre corto y avanzó con deseo de matar bien. ¿Qué importa si la espada quedó vertical y unas mijitas delantera? Así lo entendió, como nosotros, el pueblo soberano, que hubo de conceder al neófito el galardón supremo; la oreja de la víctima. 
Espinosa dio la vuelta triunfal y saludó en fin, desde los medios. 
Talavera de la Reina, la ciudad hidalga, había dado al toreo, a modo de cumplida reparación, un lidiador excepcional, ya que no, como Joselito, un lidiador único...
Grata impresión causó Juan Espinosa en su presentación en ruedos españoles, haciendo válida la publicidad que le precedió en la que se le anunciaba como el heredero de Gaona y dejó desde el inicio el interés de seguirle viendo por las posibilidades que apuntaba su hacer en los ruedos.

La confirmación en Madrid

La revalidación de la alternativa de Talavera se programó para el 20 de septiembre de ese 1925. Le apadrinaría Serafín Vigiola Torquito y sería segundo espada José Roger Valencia. El encierro que se anunció era de Florentino Sotomayor, de Córdoba. Al final solamente se lidiaron cinco de los inicialmente anunciados, puesto que uno de ellos se inutilizó en los corrales, siendo sustituido por uno de José Bueno, antes Albaserrada, que fue el que abrió el festejo y que se nombró Rebozado.

Varias son las crónicas del festejo que localicé y que detallan una lucida actuación de Juan Espinosa en esa señalada fecha. En primer término cito la que publicó el diario madrileño el Heraldo del día siguiente al del festejo, firmada por Ángel Caamaño El Barquero, que en lo medular dice:
Armillita. – Por ser la primera vez que le hemos visto ante los toros, cae dentro de nuestro sistema de no juzgar definitivamente por la primera exhibición. Vimos, sin embargo, en él cosas tan estimables, que aunque no repita merecen ser consignadas. Ellas son: vista para enmendarse capoteando a bueyes inciertos como el primero; dominio absoluto y grandioso del asunto banderilleril, demostrado con todas las excelencias en el primer par al cornúpeto que rompió plaza, y en el inmensísimo que clavó al último; inteligencia para medir las faenas de muleta (breves ambas, la una por mansedumbre de uno de los enemigos y la otra por acabamiento del otro) y decisión al meter el brazo de la espada. 
Quien hace todo eso, y en ello pone maneras y no se acobarda ni se duele en lances como el que le ocasionó el toro sexto, y, en fin, pisa tranquilamente la arena sin hacerse un lío ni ofrecer una vacilación, no es lógico emparejarle con la diosa casualidad. Al tiempo confiamos la afirmativa o la negativa. Esperemos pues...
La versión de quien firma como Rafael en el ejemplar de La Libertad aparecido el 22 de septiembre siguiente, es en el sentido que sigue:
El mejicano Armillita es de los pocos que ha venido a España modestamente, sin fantasías ni reclamos a la americana, para someterse al fallo del público y recibir su placet. Tomó la alternativa en Méjico de manos de Gaona, y luego, más respetuoso que muchos toreros nacionales con los prestigios de la plaza de Madrid, vino a que el público español rubricara su doctorado en la más importante de todas sus plazas, y aceptó para ello una corrida dura y difícil como suelen ser las del ganadero cordobés D. Florentino Sotomayor. Todas estas consideraciones debió tenerlas el público en cuenta, porque al hacer el paseo fue saludado el mejicano con cariñosas palmas de simpatía, que debieron quitarle el miedo, si es que lo tenía, a esa severidad que la leyenda adjudica a los aficionados madrileños. 
No fue la alternativa de Armillita todo lo brillante que hubiera podido ser, dadas las buenas condiciones que apuntó el muchacho; pero lo que no tuvo de brillantez ganó de efectividad para los efectos de comprobar la capacidad taurina del nuevo doctor. Luchando con toros difíciles, con el aire, que soplaba fuerte, y con ese natural azoramiento que producen todas las ceremonias, por sencillas que sean, logró Armillita ser ovacionado y dar la vuelta al ruedo después de la muerte del primer toro, un marrajo de D. José Bueno, grande y difícil, y ser aplaudido también en la muerte del que cerró plaza, así como en cuantos quites tuvo ocasión de hacer. 
Párrafo aparte merece su labor como banderillero. En la corrida del domingo demostró Armillita que si como torero es, después de Gaona, de lo mejor que ha venido de Méjico, con las banderillas puede emparejarse con aquel. Los tres pares que clavó al primer toro, uno de poder a poder, otro de frente y otro por los terrenos de dentro, fueron tres pares de maestro por la ejecución, el valor y la seguridad que demostró, ya que el toro no era una pera en dulce ni mucho menos...
En el sentido de que Juan Armillita demostró ser un avezado banderillero, también se pronunciaron Corinto y Plata en La Voz, Federico M. Alcázar en El Imparcial, César Jalón Clarito en El Liberal y M. Reverte en el ABC.

El encierro

La corrida a lidiarse no era de las consideradas fáciles. Como podremos leer a continuación, enfrentar los de Sotomayor tenía su dificultad añadida. Como ejemplo, recurro a la apreciación de Clarito, que para El Liberal del 22 de septiembre escribió:
Como ocurre más de una vez con las corridas «pregonadas», la de Sotomayor, que llevaba en los prados de la empresa desde el mes de abril, resultó punto menos que inofensiva. Sólo salió a la plaza un toro verdaderamente manso y de lidia peligrosa, por lo que se defendía y acechaba el momento de «hacer carne», y para eso no pertenecía a la vacada cordobesa; era un sobrero de D. José Bueno, que sustituyó a un inútil y que rompió plaza por respetar la absurda costumbre de que también con los sobreros se considere el turno de antigüedad... 
El Sr. Sotomayor ha encastado sus reses, hasta hace poco de media sangre miureña, con Parladé. Buen andaluz, hablará de las excelencias de los Miura ganaderos; pero luego, a la chita callando, irá «echando abajo» todo lo que en su vacada conserve las características de Miura, guardándose y reforzando lo que trascienda a Ibarra...
En ese año de 1925 Juan Espinosa inició su camino como matador de toros, mismo que andaría hasta el año de 1933, cuando cambiaría el oro por la plata y se integraría a la cuadrilla de su hermano Fermín, misma en la que permanecería casi hasta el final de su carrera.

Vuelvo a traer aquí algo que ya había citado y que escribió el biógrafo del Maestro Fermín, don Mariano Alberto Rodríguez, acerca de Juan Espinosa Armillita:
...Juan tenía el toreo en la cabeza y fue un eficaz peón de brega. Con los toros difíciles el capote de Juan fue látigo y tralla para domeñarlos, quitarles resabios, toreando sin enseñarles malas ideas. Solía cambiar los toros de tercio con el capote a dos manos, moviéndolo rítmicamente mientras se movía hacia atrás. En el sitio en que lo quería su matador entraba el capote de Zenaido y cortaba el viaje del toro. La colocación de aquella pareja de Juan – Zenaido fue única…
Juan Espinosa falleció en la Ciudad de México el 24 de mayo de 1964.

Aviso parroquial: Los subrayados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanunense, pues no obran así en sus respectivos originales.
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