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domingo, 6 de octubre de 2019

Detrás de un cartel (XIII)

Colección: Modesto Borreguero
En Jerez de la Frontera se celebra desde hace muchísimos años una Feria de Septiembre, pero es a partir de 1948 que hace coincidir con la Fiesta de la Vendimia, que nació como un medio de difundir los productos de la industria vitivinícola y muy principalmente para reanimar el mercado de la exportación del Jerez, que por esas fechas sufría los daños que le causó la Guerra Civil.

Originalmente los festejos relacionados con la vendimia se celebraban en Jerez en las cercanías del día de San Ginés de Arles, que es el 25 de agosto, pero es a partir del calendario mencionado antes, que esos festejos se recorren al mes de septiembre para hacer coincidir la feria tradicional con esos festejos.

En esa nueva versión de la Fiesta de la Vendimia se celebraban Juegos Florales, pisa de la uva, elección de Reina y se ofrecían por supuesto, festejos taurinos. 

Tal es el caso del año de 1962, en el que se ofrecieron a la afición dos corridas de toros y dos novilladas los días 8, 9, 10 y 11 de septiembre.

Abrió el serial la tradicional corrida concurso en la que se disputó el Catavino de Oro entre las ganaderías de José Luis Osborne, Duque de Pinohermoso, Fermín Bohórquez, Rafael Peralta, Ricardo Arellano y Gamero Cívico y Juan de Dios Pareja Obregón; el cartel de toreros lo integraron Julio Aparicio, Antonio Ordóñez y Curro Romero. El toro ganador del Catavino fue Fusilero de José Luis Osborne y la Oreja de Plata que se disputaban los diestros fue para Antonio Ordóñez.

El segundo festejo se anunció con un encierro de toros de don Álvaro Domecq y Díez - actual Torrestrella - y uno para rejones del Marqués de Villamarta para el caballero en plaza Fermín Bohórquez Escribano y a pie Juan García Mondeño, Rafael de Paula y Andrés Vázquez. Al final, Rafael Chacarte sustituyó a Mondeño y tanto Paula como Andrés Vázquez cortaron una oreja, en tanto que Chacarte fue herido por el primero de su lote, al que le cortó las dos orejas.

La primera de las novilladas se dio el lunes 10 de septiembre, con novillos de Julio Aparicio - que llevaban el antiguo hierro de Guadalest - para Mauro Liceaga, Carlos Corbacho y Luis Parra Jerezano. Al día siguiente se dio el cierre del serial con novillos del Marqués de Villamarta para Carlos Corbacho, Manuel Benítez El Cordobés y Luis Parra Jerezano.

Será el primero de esos festejos menores el que me ocupe en esta ocasión, dada la actuación en el mismo de un torero mexicano que es parte de una de las dinastías toreras mas largas que conoce la historia del toreo. Me refiero a Mauro Liceaga.

Mauro Liceaga Guevara

Nació en la Ciudad de México el 30 de noviembre de 1942. Es hijo de Mauro Liceaga Maciel, matador de toros y destacadísimo hombre de plata. Inicia su andadura como novillero en el año de 1958 y es el 27 de agosto de 1961 que se presenta en la Plaza México, alternando con Fernando de la Peña y Joel Téllez El Silverio en la lidia de novillos de Matancillas.

En 1962 y 1963 hace campaña por ruedos españoles, presentándose en la Plaza de Las Ventas el 2 de septiembre de 1962, para lidiar novillos de Felipe Bartolomé en unión de José García Mondeño II y Carlos Corbacho.

Recibe la alternativa en Monterrey el 17 de noviembre de 1963, siendo apadrinado por Juan Silveti y atestiguando la ceremonia Juan García Mondeño. El toro de la ceremonia se llamó Africano y fue de La Punta, como todos los lidiados esa tarde.

Esa alternativa la confirmaría el 14 de febrero de 1965 en la Plaza México, recibiendo los trastos de manos de Rafael Rodríguez El Volcán de Aguascalientes, y fungiendo como testigo Manuel Benítez El Cordobés. El encierro fue de Matancillas y el toro de la confirmación se llamó Rancherito.

Mauro Liceaga tuvo todo para llegar a ser figura del toreo, pero las cornadas le rompieron el paso, primero una sufrida en Monterrey el 23 de febrero de 1964 por un toro de Santa Marta y después otra del 15 de febrero de 1970 en Guadalajara, por un toro de El Rocío le frenaron el paso hacia la cumbre.

Mauro Liceaga falleció en la Ciudad de México el 19 de marzo de 2017.

La novillada

Ha sido poca la información que encontré acerca de este festejo. El semanario El Ruedo solamente se ocupa de los dos festejos mayores y por haberse celebrado en lunes, las Hojas del Lunes tampoco cubren ese festejo, sin embargo la crónica que dejara en las páginas del ABC de Sevilla del día siguiente al del festejo, quien firmó como R. de M., nos da buena cuenta de lo allí sucedido. En dicha crónica se relata así la actuación de Liceaga:
Jerez, 10. – De excelente calidad ha sido esta novillada de hoy de la Fiesta de la Vendimia, donde las palmas han echado humo y bien caliente, porque si la cosa empezó fría, los espadas supieron ponerla al rojo vivo, no porque el ganado fuera superior, que era debilucho, desigual, sosote, frío, recibiendo en total cinco varas nada más, sino porque los tres espadas salieron a torear de verdad y con ganas de agradar. 
El mejicano Lauro (sic) Liceaga, nuevo en esta plaza, cooperó al éxito de la tarde con sus faenas de capa, muy bonitas en sus dos toros, colocando tres pares de banderillas a cada bicho, realmente superior el tercero y de gran espectacularidad los tres últimos. El público, que ya se había deshelado en el primer quite de la tarde a cargo de Liceaga, por chicuelinas, le ovacionó no solo con el capote, sino en toda su actuación con la muleta. Mejor en su segundo toro, por ser de mejores condiciones que el primero, cobrando en los dos sendas y buenas estocadas, que le valieron aplausos y vuelta y una oreja que paseó en triunfo...
La tarde representó pues, un triunfo para Mauro. Habrá que añadir que Carlos Corbacho dio una vuelta al ruedo en cada uno de sus novillos y que Jerezano, le cortó las dos orejas al tercero, para ser paseado en hombros al final del festejo.

Al final de la campaña los novilleros mexicanos tuvieron alguna acción por los ruedos hispanos y así, Guillermo Sandoval actuó en 27 novilladas; Fernando de la Peña en 18; Mauro Liceaga sumó 11; Óscar Realme también 11; Pedro Jiménez Pedrín logró 2, al igual que Roberto Segovia El Sepulturero y Rafael Bejarano cerró el calendario con una actuación, de acuerdo con el escalafón publicado en el semanario El Ruedo.

Retales de la prensa de esos días

Mauro Liceaga
Foto: El Siglo de Torreón
En Córdoba, 9 de septiembre. 5 novillos de Hijos de Juan Valenzuela y 1 de Núñez Moreno de Guerra para Joaquín Miranda, aviso y ovación; Gabriel de la Haba Zurito, dos orejas y oreja; y Manuel Cano El Pireo, ovación y silencio.

En San Roque, 9 de septiembre. Novillos de Juan Gallardo Santos para Armando Soares, oreja y silencio tras aviso; Luis Parra Jerezano, dos orejas y dos vueltas con salida en hombros y Vicente Fernández El Caracol, dos orejas y rabo y dos orejas.

En Barcelona, 9 de septiembre. Toros de Julio Aparicio para Julio Aparicio, ovación y ovación; Alfredo Leal, ovación y silencio y Curro Romero, saludos y vuelta.

En Andújar, 9 de septiembre. Novillos de Ángel Ligero para Fernando de la Peña, palmas y ovación; Manuel Benítez El Cordobés, oreja y ovación y Julio Romero, dos orejas y pitos.

En Madrid, 9 de septiembre. 5 novillos de la Viuda de Alicio Tabernero y 1 de Ángel Rodríguez de Arce (2º) para Mauro Liceaga, silencio, silencio y silencio en el que mató por Espartaco; Antonio Ruiz Espartaco, silencio y herido y Alejandro García Montes, oreja y silencio.

En Haro, 9 de septiembre. Toros de Alberto González Carrasco para Joaquín Bernadó, vuelta, silencio y silencio en el que mató por Osuna; Pepe Osuna, dos orejas y herido y Carlos Chaves Barrón que recibió la alternativa, vuelta y silencio.

En San Martín de Valdeiglesias, 9 de septiembre. Novillos de Mariano Poriné Panadero para Guillermo Sandoval, pitos y palmas; José Luis Barrero, palmas y saludos y Rafael Corbelle, saludos y saludos.

En Alcañiz, 10 de septiembre. Toros de Juan Muriel para Fermín Murillo, ovación, dos orejas y silencio en el que mató por Antonio de Jesús; Jaime Rangel, ovación y dos orejas y Antonio de Jesús, ovación y herido.

Así fue la historia que está detrás del cartel. Una buena tarde de unos tiempos ya idos, porque en estos días que vivimos, ya no hay toros en septiembre en Jerez.

Agradecimiento

Al amigo Modesto Borreguero, que fue quien me puso en suerte este cartel de su colección y me hizo llegar la imagen que ilustra esta entrada.

domingo, 4 de agosto de 2019

Detrás de un cartel (XII)

Antonio Toscano es un torero que poco resuena en los anales de la historia a pesar de que en su tránsito por los ruedos tuvo jornadas brillantes. Aunque Alfredo Marquerie, crítico de El Ruedo lo describe como alto y desgarbadote, de lo que he podido leer en la prensa de su trayectoria, hoy le conceptuaríamos como un torero de pellizco, de esos que hacen las cosas con finura.

Nació en la Guadalajara mexicana el 14 de enero de 1918. Se presentó como novillero en el Toreo de la Condesa el 27 de abril de 1941, para enfrentar novillos de Santín alternando con Ángel Procuna y Manuel Gutiérrez Espartero. En su ciudad natal, debutó el 12 de abril de 1942, formando terna con Nacho Pérez que también se presentaba y Juan Estrada, para lidiar novillos hidrocálidos de Peñuelas. Ese año del 42, don Nacho le vio posibilidades y lo programó tres tardes más, en las que compartió cartel con toreros como el infortunado Félix Guzmán, Luis Procuna o Gregorio García

Marcha a España en el año de 1945 una vez arregladas las relaciones taurinas hispano – mexicanas y logra presentarse en Madrid el jueves 10 de mayo de ese año, alternando con Rafael Llorente y José Catalán en la lidia de novillos de Pérez de la Concha y de su actuación escribió Giraldillo que su presentación hizo concebir grandes esperanzas… Tanto diría yo, que le repitieron en la fecha que me motiva a escribir estas líneas.

Para el domingo 5 de agosto de ese mismo 1945 se anunciaron novillos – desecho de tienta y defectuosos – de José María de Soto para Antonio Toscano, Manolo Navarro y Luis Álvarez Andaluz. Un festejo que como veremos enseguida, fue accidentado y en el que, la diosa fortuna estuvo del lado de Antonio Toscano.

Inicia la crónica de Giraldillo, aparecida en el ABC de Madrid del 7 de agosto siguiente al del festejo, con esta reflexión:
Novillos fogueados ...Y no era preciso hallarse en posesión de don profético para asegurarlo con éxito desde el día en que se fijó el cartel. De los cinco novillos que se jugaron pertenecientes a la vacada de Soto (López Plata), tres fueron fogueados, y el sexto lo hubiera sido también, a no volver a los corrales... ¿Cabe mayor proporción de mansos? El primero, que tomó cuatro varas, derribando a los jinetes en tres de ellas, dio mala lidia a la gente de a pie. Únicamente el torillo cuarto fue pasable. Y con estos mansos se presentaron tres novilleros de categoría. Tan de categoría y de interés para los aficionados, que se registró una entrada muy buena a pesar del calor y del insoportable bochorno. Ni Toscano, ni Manolo Navarro, ni Luis Andaluz podían ignorar que habían de vérselas con ganado de poca casta. Ni ellos, ni sus apoderados. Venían a correr un albur, que se presentía desfavorable, y lo corrieron. Yo se lo elogio. Sobre todas las reservas habituales pusieron el deseo de torear en Madrid. Séales esto alabado y agradecido, y tómeseles como descargo...
Por su parte, don Luis Uriarte, firmando como El de Tanda, en La Hoja del Lunes del día siguiente del festejo, hace la siguiente crítica:
De los cinco novillos de Soto, tres fueron fogueados. ¡Un éxito para el ganadero! Únicamente el cuarto cumplió en varas, pese a su flojedad de facultades – tomó dos y no admitió más que un par de banderillas –, y se dejó torear. Los demás, los otros cuatro, fueron broncos, huían hasta de su sombra y se defendían reculando y corneando con la incertidumbre y el traicionero instinto de los toros mansos, mansos, mansos... Por manso fue sustituido el sexto. ¿Con arreglo a qué reglamento? De sentar este funesto precedente, si de una corrida de seis toros salieran mansos los seis, habría que disponer de seis sobreros. Esto sería lo justificado si el reglamento lo dispusiera así; pero como no es así... Los toros mansos tienen su lidia…
Las crónicas del festejo me causaron cierta perplejidad al hablar de banderillas de fuego, pero la realidad es que investigando sobre el tema vine a enterarme que es hasta el año de 1950 que se sustituyen por las viudas, entonces, debió ser deprimente el espectáculo de ver a la mitad del encierro calentado por los cohetones en el segundo tercio y para más inri, ver a otro novillo devuelto por su manifiesta mansedumbre.

Los fogueados se los repartieron Manolo Navarro en el segundo y quinto lugar – lo que deja claro que a veces sí hay quinto malo – y Andaluz Chico con el tercero, pero además él vio al sexto devuelto y enfrentó al sustituto de Juan José Cruz que fue también una prenda.

El triunfo de Toscano

El cuarto de la tarde fue el único que se dejó hacer cosas y a partir de lo leído, Antonio Toscano se las hizo y le cortó la oreja. El de Tanda, le vio así:
A Toscano le correspondió el único novillo que se dejaba torear, y el mejicano lo aprovechó de la mejor manera posible. Hubo en su faena tranquilidad, aguante, compostura y hechuras de buen estilo. Si de algo se le podría tachar, es de haberse prolongado en su buen deseo de redondear el éxito. Así, le ocurrió que el novillo, tan flojo que no admitió más que dos varas y un par de banderillas, se le quedó a las dos docenas de pases, y a poco le estropea el triunfo. Se basó éste en los pases en redondo, en los ayudados y en algunos naturales, ejecutados con quietud, con prestancia y con decisión. Cortó la oreja y dio la vuelta al ruedo. Fue lo único, aparte algunos lances de capa de Navarro, que tuvo color y sabor de arte taurino en esta novillada, que duró, para aburrimiento de los espectadores, dos horas y media bien contadas. ¡Y con más de treinta grados a la sombra!...
Por su parte, Manuel Sánchez del Arco, Giraldillo entendió de esta manera su actuación:
Toscano brindó al público y comenzó la faena con dos pases por alto, muy quietos y elegantes, que elegante es este mejicano en el juego de muleta. Rompieron los olés entusiásticos y la faena se centró en unos soberbios pases en redondo. Tuvimos tres naturales y de nuevo surgió el muleteo en redondo, cerca, perfectos, medidos, con juego de toreo al natural. Seguían los olés la faena, que tuvo ligeras variantes sobre lo referido, y Toscano dio un pinchazo, para repetir después de unos pases buenos, con una estocada que mató sin puntilla. Tanto ha gustado la faena del mejicano, que le dieron la oreja, acompañada por una ovación larga…
Terminado el festejo, Antonio Toscano fue entrevistado por F. Mendo para el semanario El Ruedo, y estas fueron las impresiones del torero:
Como el hombre cortó una oreja, se le traslucía su contento a través del sudor vertido por todos los poros de su piel.
- Ese toro – el del trofeo – fue el de mejor embestida, aunque no anduviera desprovisto de sosería. Por su falta de alegría vino durante la lidia muy a menos. Por esta causa no pudo ser ni muy extensa ni muy vistosa mi faena de muleta. En los últimos pases hube de ayudarle con muletazos por bajo para hacer pasar a un novillo cuya fuerza se iba por momentos.
¿Contento amigo Toscano?
- Muchísimo, por haber conseguido cortar mi primera oreja en Madrid, que hace la octava desorejada en España. Y muy reconocido al público de la Plaza Monumental por las atenciones dispensadas, no solo hoy, sino también en la tarde de mi debut.
- Para terminar, ¿qué le pareció su primer enemigo?
- Pues que llegó a mis dominios con mucha fuerza, embistiendo mal y poniendo siempre de manifiesto sus ansias de coger. Era uno de esos toros que pareciendo bueno a los ojos del público, hace andar de cabeza a los que están en el ruedo...
Antonio Toscano
Foto: El Ruedo (08/08/1945)
Sin duda el torero mantenía los pies en la tierra. Eso le valió recibir la alternativa el 7 de abril siguiente en Barcelona, de manos de Domingo Ortega y llevando a Luis Miguel Dominguín como testigo. El toro de la cesión fue Rojillo de Atanasio Fernández.

Antonio Toscano falleció en la Ciudad de México el 26 de enero de 1993.

Así que esa es la historia detrás del cartel. Una historia que sin duda, merece ser contada.

Retales de información de la fecha

Muchos toreros mexicanos hacían campaña en ruedos españoles. De la prensa de esos días, extraigo lo siguiente:

El domingo 5, Carlos Arruza corta un rabo en Vitoria alternando con Domingo Ortega y Parrita. Toros de Luis Ramos (5) y uno de Cobaleda (5°)

El lunes 6, también en Vitoria, con toros de Antonio Pérez, Manolete reaparece alternando con Arruza y Pepín Martín Vázquez. Manolete corta 2 orejas del 4º, Arruza, 2 orejas del 5º.

En Santander, el domingo 5, Silverio Pérez escucha ovaciones, Manolo Escudero cumplió, Pepín Martín Vázquez corta una oreja y El Choni escucha ovaciones. Toros de Molero (6) y Villamarta (2).

En La Coruña. Toros de Gabriel González (1 rejones) y Conde de la Corte (6). Conchita Cintrón, vuelta al ruedo. Armillita, 2 vueltas al ruedo. Pepe Luis Vázquez, 2 orejas. Luis Miguel Dominguín, rabo.

Estella. Toros de Pérez de la Concha (4). Cañitas y Julián Marín, oreja cada uno.

Barcelona. Novillos de Manuel González (6) y Bernardo Escudero (2) Ricardo Balderas 2 orejas, Manuel Perea Boni, Alfredo Fauró, oreja y Lorenzo Pascual Belmonteño. Carnicerito de México y Arturo Álvarez Vizcaíno se encontraban en el tendido.

Barcelona. Lorenzo Garza sufre una recaída en su recuperación de la cornada sufrida el 31 de julio anterior. Presentó fiebre y tuvo que ser intervenido nuevamente por el doctor Olivé Gumá. Continúa el estado de gravedad.

domingo, 7 de julio de 2019

Rovira, a 70 años de su encerrona en Madrid

Rovira 

Rovira y Luis Miguel Dominguín
Lima, noviembre de 1949
Raúl Acha Sanz nació en Buenos Aires en 1920. Un mero accidente demográfico diría yo. Hijo de españoles, tenía en las venas una sangre que le impulsaría a andar caminos distintos a los que se dedican los hijos de la tierra en la que nació. Vivió en España durante su infancia y primera juventud y se trasladó con su familia después a Perú, donde decidió ser peruano y caminar así por el resto de sus días. Allí, en las tierras de Atahualpa, es donde decide hacerse torero y después de actuar en sus primeros festejos, viene a México, donde debuta en el Toreo de la Condesa como novillero en el año de 1945 y también en estas tierras recibirá una primera alternativa en nuestra Mérida, de manos de Luis Gómez Estudiante, con el testimonio de Gregorio García, siéndole cedido el toro Diablito de Palomeque.

Vuelve a España y conforme a la normatividad de la época tiene que recibir la alternativa de nuevo. Lo hace en lo que durante décadas fue el puerto de entrada de los toreros que llegaban a España desde América, en Barcelona. Fue el día de San Juan de 1946. Le apadrinó Manolo Escudero y atestiguaron Julián Marín y Luis Briones. El toro de la ceremonia fue Mochuelo, de Arturo Sánchez Cobaleda. Eso le permitió hacer campaña en ruedos hispanos y confirmar su alternativa en Madrid el 10 de octubre de ese mismo año, llevando como padrino a Gitanillo de Triana, quien ante Parrita, le cedió la muerte de Barbas Blancas de Joaquín Buendía.

Rovira mantuvo un buen cartel en los ruedos de España y el accidente demográfico de su nacimiento le permitió actuar en un singular festejo taurino celebrado el 12 de junio de 1947, en honor de Eva Duarte de Perón, en la que para lidiar toros de Clemente Tassara, se acartelaron el rejoneador Pepe Anastasio y los espadas Gitanillo de Triana, Pepe Luis Vázquez y el personaje que motiva estas líneas.

La encerrona

El 3 de julio de 1949 era domingo. Día de toros. La empresa de la plaza de Madrid tenía que dar el festejo del abono. Mucho se especula sobre el origen de esta corrida de único espada en pleno verano madrileño. Una de las leyendas en torno al asunto es en el sentido de que existiendo un fuerte pique entre Rovira y Luis Miguel Dominguín y estando anunciado éste último para el martes siguiente (5 de julio) para actuar en solitario en la Corrida de la Prensa, Raúl Acha movió lo movible y lo inamovible para lograr matar él en solitario antes que el hijo de don Domingo seis toros en Madrid y tratar de írsele por delante. Cierta o falsa esta especulación, el hecho es que así se produjeron y resultaron los hechos.

Para la ocasión se anunció una corrida del Marqués de Albayda para Rovira y uno de Manuel García – Aleas para rejones que lidiaría Pepe Anastasio entre el tercer y cuarto toro de la lidia ordinaria. Alberto Vera Areva, en el número 263 de el semanario El Ruedo, aparecido el 7 de julio de 1949, en columna titulada Las reses y sus condiciones de los cuatro últimos festejos celebrados en Madrid, analiza lo siguiente sobre los toros de Albayda:
El domingo 3 de julio, se jugó una notable corrida del marqués de Albaida, cuyo único "defecto" consistió en ser brava y en conservar los seis toros en la testa, por expresa voluntad de su criador, eso que han dado en llamar el “venenillo”. Corrida algo desigual en tipo, pero uniforme casi toda en casta y buen estilo, que proporcionó al ilustre y esmerado ganadero un legítimo triunfo. 
El primero, “Bravío”, número 40, negro bragao, tuvo poca presencia; bravo y codicioso, tomó tres varas y embistió rectamente, doblando las manos en alguna ocasión; pesó en canal 231 kilos. “Ignorado”, número 31, negro, apretó en tres varas y llegó a la muerte con poco gas, pero con temple y nobleza; pesó 277 kilos. “Carcelero”, número 22, negro bragao, gordo y de trapío, fue un espléndido bicho; suelto de la primera vara, crecióse en las cuatro siguientes, en las que recargó valientemente, derribando y volteando dos veces a caballo y picador; bravo y suave, llegó a la muerte embistiendo como un borrego; pesó el bicho, ovacionado en el arrastre, 285 kilos, “Cocherito”, número 42, negro bragao, terciado y con casta, tomó tres varas con mucha codicia, equivaliendo la última a media estocada; con bravura peleó en el mismo terreno, como todos sus hermanos y pasó a la muerte agotado, pero noblote; pesó 261 kilos. “Gastador”, número 34, negro bragao, recibió cuatro varas, saliendo suelto de la primera y recargando bravamente en las demás; embistió muy dócil, aunque gazapeando a lo último, por haberle pegado en demasía; pesó 281 kilos. “Bolero”, número 43, negro y serio, fue otro toro de bandera, que se dejó meter el palo en seis ocasiones, dando fuertes costaladas a los piqueros, sin acobardarse, siguió embistiendo hasta el último momento, con extraordinaria bravura y nobleza; pesó el bravo toro 294 kilos...
Areva hace algunas puntualizaciones interesantes. En primer término se refiere a la integridad de las astas de los toros. Faltaría alrededor de tres años para que Antonio Bienvenida denunciara que el afeitado era práctica cotidiana en las plazas de España y que una importante mayoría de los toros que se lidiaban en las plazas estaban mutilados. Después, hace notar con claridad que la bravura del toro no está reñida con la nobleza en el juego que dan en la faena de muleta y también que cuando el toro es bravo y tiene fuerza, rinde en la faena de muleta. No cabe duda que eran otros tiempos, desgraciadamente ya idos.

La tarde de Rovira fue redonda. Terminó cortando cuatro orejas entre el beneplácito de la concurrencia que no llenó la plaza de Las Ventas. Manuel Sánchez del Arco Giraldillo, en su crónica del ABC madrileño del 5 de julio siguiente a la corrida, expone lo siguiente:
Al margen de todo comentario sobre la significación y la oportunidad de la corrida celebrada el domingo, atendiendo solo a la reseña de lo que en el ruedo ocurrió, el mero relato ya es un elogio para el gesto de Rovira. Tarde de fuego. Bajaban unas nubes de plomo para fundirse en el crisol de la plaza. Se acentuaba la borrasca veraniega; el ventarrón de Levante, típico solano, recogía todo el ardor de la estepa manchega. Las nubes, pesadas, se sentían perezosas y no descargaban. Este era el ambiente; nada favorable, por cierto. 
Cuenta Raúl Ochoa “Rovira”, con el fervor de los aficionados madrileños, inclinados hacia él, no por capricho, sino ganados por un valor a toda prueba y una voluntad siempre ofrecida. Se le puede discutir si tiene eso que se llama “clase” y que muchas veces consiste no más que en ser pícaro; se le puede negar eso que se llama "salero" y que suele ser no más que un fraude de triste gracia; pero, lo que nadie negará a “Rovira” es su valerosa voluntad, sus deseos sin medida, su propósito de luchar y seguir adelante. En este orden le consideramos capaz no ya de encerrarse con seis de Albayda, sino con doce ya de Palha, ya de Coruche o Miura. Por él, contra viento y marea, llueva agua helada o plomo derretido, no ha de quedar la cosa.
Algo sorprendente fue el gesto de Raúl. La sorpresa estaba en la ocasión, que, creo sinceramente, no fue bien elegida. En otro momento de la temporada hubiéramos considerado mejor encajada la hazaña. Si algo deliberado hubo en la organización, ese algo iba en contra del propio matador. ¡Pero váyanle ustedes con obstáculos al gallardo “Rovira”! Allá va él dando el pecho...
Y dar el pecho a todo fue lo que hizo el simpático y valeroso torero americano de contextura vasca, auténtico “morrosko” o así…
Vamos a la labor de “Rovira”, el animoso. En el primero, faena breve y estoconazo que mereció ovación prolongada hasta el saludo desde el tercio. En el segundo, gran faena con pases en redondo, que emocionan. La gente se ha puesto en pie. No es posible ceñirse más. Hay unas manoletinas y unos adornos por la cara. Cuadra la res. ¿Es un rayo que por fin ha dejado escapar la tormenta cernida sobre la plaza? No; es la espada de “Rovira”, la de alta tensión, que ha caído sobre el toro, fulminándolo. Hay ovación, corte de oreja, vuelta al ruedo y muestras de entusiasmo...  
Sale el tercer toro, “Carcelero”, honra de su divisa. Bravo y noble. Raúl ha hecho un quite muy vistoso. Brindis a Andrés Martínez de León. El toro, al que dejaron dentro el hierro y una cuarta de palo, sigue boyante. En el centro de “la candente arena” es la cosa. Y la cosa es que vemos unos pases de buen temple, sobre redondo. El torero marca el son y el toro le sigue. Hay mando. La faena, sencillamente buena. Pases de pecho. Ovaciones. Otra vez descarga el rayo, es decir, que la espada ha entrado por las agujas. Entusiasmo en signo “rovirista” y las dos orejas con dos vueltas al ruedo...

Por su parte don Luis Uriarte, firmando como El de Tanda, en la Hoja del Lunes del 4 de julio de 1949, relata lo siguiente:
Matar seis toros, lo que se dice matarlos, puede ser cosa relativamente fácil. Matarlos con éxito, de cuatro estocadas y dos medias y tres intentos de descabello, en poco más de hora y media, cortando cuatro orejas en tres toros, dando la vuelta al ruedo en uno, oyendo muchas palmas en los otros dos y ni una sola voz de protesta en ningún momento de la lidia, esto ya es más difícil. Y esto es lo que ayer hizo Rovira... 
El sexto entraba mejor al engaño, y Rovira, que en el primer tercio lo aprovechó para instrumentar un buen quite por chicuelinas, le sacó en el último una bonita y muy completa faena, que inició con seis ayudados por alto aguantando impávido el embroque, prosiguió con afarolados, redondos, molinetes y manoletinas, muy valiente y muy dueño de la situación, y remató con otra estocada de las suyas y un descabello. Nueva oreja, nueva vuelta al ruedo, en hombros ahora de los “capitalistas”, y salida en andas por la puerta grande. 
Eran las nueve de la tarde. Como la corrida empezó a las siete menos cuarto, y de esas dos horas y cuarto hay que descontar media hora larga, larga, que se llevaron el rejoneador y los preliminares, quiere decirse que Rovira empleó poco más de hora y media en su hazaña de matar seis toros de seis entradas, a una por toro, refrendadas con tres descabellos. 
¡Ah! Y sin usar en ninguno la malhadada espadita de madera, sino la de acero, la de verdad, que es la única que deberían usar los toreros que no sean demasiado comodones.
El resumen de la actuación de Rovira se puede condensar en las palabras de Benjamín Bentura Barico, publicadas en el ejemplar de El Ruedo arriba citado:

Es indudable que “Rovira” logró el pasado domingo uno de sus más sólidos éxitos. A nuestro entender llegó al ápice de la perfección como estoqueador. Ni una sola vez pudo el más exigente espectador poner el más leve reparo a la ejecución de las estocadas del peruano. Ya es notable que un matador mate seis toros de cuatro estocadas, dos medias estocadas y tres intentos de descabello, pero si se tiene en cuenta que en todas las ocasiones en que entró a matar el estoque quedó en la cruz, en cuatro, hasta la cruz, y el matador cruzó siempre bien, la hazaña – las tres cruces en cuatro toros y dos cruces en dos – ha de calificarse de extraordinaria…”
Colofón

Dicen las crónicas que los capitalistas se llevaron en hombros a Rovira hasta el obelisco de Manuel Becerra. La leyenda cuenta que él pidió que lo llevaran hasta la casa de Luis Miguel… y que lo llevaron. La encerrona de Dominguín, un par de días después, pasada por agua, pocas opciones de triunfo tuvo, lo que agrandó el de Raúl Acha

El hecho es que la rivalidad entre ambos se fue agrandando, tanto que en la Feria del Señor de los Milagros de Lima de ese año, celebrada en la Nueva Plaza de Toros de Lima, acabaron a los golpes en el ruedo en el festejo celebrado el día 6 de noviembre.

Rovira es el único torero de a pie no nacido en España que ha matado una corrida en solitario en el ruedo de Las Ventas desde que se celebró el primer festejo en ella hace ya algo más de 88 años. ¿Veremos algún día a otro torero de este lado del mar repetir esa hazaña?

Después de dejar los ruedos Rovira se dedicó a apoderar toreros. Falleció en Cuernavaca, México el 3 de junio de 2007.

domingo, 11 de octubre de 2015

Antonio del Olivar. Su alternativa a sesenta años vista

Celayense por adopción, Antonio Oliver López nació en la Mérida mexicana el 20 de octubre de 1935 y se convierte en Antonio del Olivar cuando don Francisco Madrazo y García Granados, el señor de La Punta le nombra así al comenzar a apoyar en su carrera en los ruedos, convencido de que las estéticas maneras del diestro le llevarían a caminar largo en las arenas de los redondeles.

Antonio del Olivar se distinguió por calidad al hacer el toreo y así se recuerdan de él faenas como la de su presentación como novillero en El Progreso de Guadalajara, o como la de su debut en la Plaza México el 17 de mayo de 1953, cuando cortó la oreja de Faisán de Santo Domingo. Este triunfo en particular le valió para torear en 8 de las 30 novilladas de esa temporada, llevándose la Oreja de Plata y ligar 7 festejos más el año siguiente dentro del serial del ruedo capitalino.

Marchó a España y se presentó en Sevilla el 17 de julio de 1955 alternando con José Rodríguez Soriano y Salvador Távora, dando la vuelta al ruedo tras la lidia de su segundo novillo y hace lo propio en la madrileña plaza de Las Ventas dos días después, tarde en la que también da una vuelta al ruedo. Salda la temporada con seis festejos menores (2 en Madrid, 2 en Sevilla y 2 en Barcelona) y lo que nos trae por aquí, la corrida de su alternativa, el miércoles 12 de octubre, precisamente en el ruedo venteño, recibiendo los trastos de manos de Luis Parra Parrita para pasaportar a Empalagoso, número 14, de pelo negro, de don Tomás Prieto de la Cal. Fungió como testigo de la ceremonia Alfonso Merino. Por delante lidió un novillo de Juan Cobaleda la rejoneadora Ana Beatriz Cuchet.

El recuento que hace el diario madrileño ABC sobre el festejo, firmado por X, es de la guisa siguiente:
Alternativa del mejicano Antonio del Olivar en Las Ventas... Para conmemorar la fiesta de la Raza, la empresa de la plaza de las Ventas organizó para ayer una corrida de toros con el aliciente de una alternativa y la repetición de la gentil rejoneadora Beatriz Couchet, que tan buen éxito alcanzó el día de su presentación en Madrid. Lo de la alternativa de Antonio del Olivar bien pudo ser una delicadeza en el día de la Hispanidad; pero estamos por decir que, aún sin esos alicientes, la plaza se hubiera llenado, como, en efecto, se llenó, porque el balance de esta temporada en lo que a concurrencia de espectadores se refiere, ha sido para la empresa de las Ventas, altamente satisfactorio... La corrida enviada por Tomás Prieto de la Cal estaba bien presentada. Lo que se dice una corrida «moza» que dio los siguientes pesos: primero, 515 kilos; segundo, 500; tercero, 531; cuarto, 544; quinto, 532 y el sexto, un jabonero de buena estampa, 550. En general, los toros fueron bien a los caballos, arrancando con codicia y poder, a excepción del quinto, que salió suelto a la primera vara, fue el más flojo y llegó a la muleta con escasa arrancada... Antonio del Olivar, novillero mejicano, tomó la alternativa de manos de Luis Parra «Parrita», de doctorado reciente también. Porque esta temporada ha sido de las alternativas innumerables, y así se da el caso de que muchos «padrinos» son de tan escasa antigüedad, que al comienzo de este mismo año andaban toreando como novilleros sin historia… Olivar toreó de capa con valentía, pero con poca quietud y en estas características se desarrolló la faena de muleta, con algunos intentos de torear con la izquierda, aunque lo más afortunado fue una serie de muletazos con la derecha en que se ciñó mucho y corrió bien la mano. Dejó media no mal colocada y descabelló al cuarto intento. La tardanza al descabellar hizo que los aplausos se enfriaran. Olivar los agradeció desde el tercio… En el sexto, a la valentía se unió más aguante, y como el toro metía dócilmente la cabeza, Olivar templó buenos pases con la derecha y le resultaron impecables y lucidos varios de pecho. Entró a matar un poco precipitadamente, pero agarró una buena estocada de la que dobló el de Prieto de la Cal. Hubo larga ovación, le fue concedida una oreja y los espontáneos para estas ocasiones se lo llevaron a hombros… Olivar se lleva un buen recuerdo de su alternativa y de este día de la raza...
Como podemos ver, el toreo reposado y clásico de Antonio del Olivar conquistó pronto a la afición venteña. El toro al que cortó la oreja se llamó Empalagoso, número 42, de pelo jabonero.

Otra relación más breve del hecho se publicó en el semanario El Ruedo, en su edición aparecida al día siguiente del festejo, firmada por Benjamín Bentura, Barico, quien describe así la actuación del diestro mexicano:
Antonio del Olivar: El nuevo matador de toros mejicano toreó con el capote afectado y retorcido; pero al público le gusta esa forma de veroniquear y se le aplaudió. Algo mejor manejó el capote el mejicano cuando se echó el capote a la espalda para quitar… En el toro de la alternativa, un buen bicho que no tenía fuerza, Olivar muleteó discretamente con la derecha y mató de una corta perpendicular y delantera… En el que cerró plaza, también brindado al público, Antonio del Olivar muleteó con mucho valor y no poco garbo; prodigó los muletazos de pecho y citando de espaldas y se arrimó mucho en los que dio de derecha. Mató de una entera buena, cortó la oreja y dio la vuelta al ruedo a hombros de los capitalistas.
Entre la tarde de su alternativa y el fin de la temporada española de 1957, suma 31 corridas de toros, destacando la del 28 de abril de 1957 en Las Ventas, cuando da la vuelta al ruedo tras la lidia del tercero de la tarde, que pasa a la historia por ser aquella en la que un entonces ignorado Manuel Benítez Pérez, años después célebre como El Cordobés, se tira de espontáneo. Entre el 4 y 18 de agosto de ese año actúa tres tardes seguidas en Barcelona. La primera implicó el estoquear una corrida de Miura que según las crónicas promedió 670 kilos y en la tercera, Antonio corta el rabo de Zurdito de don Felipe Bartolomé.

En México queda memoria de su faena a un toro de La Punta en El Progreso tapatío, malograda con la espada el 19 de enero de 1958; la que realizó a Andaluz de Coaxamaluca el 15 de febrero de 1959 en la Plaza México, la de Barquillero de Pastejé, la tarde de la confirmación de Paco Camino en México, la de Soy de Seda de Piedras Negras, en la que su actuación con el capote fue calificada como una apología de la verónica o la del toro Calé, de Arroyo Hondo, el día de la inauguración de la Monumental de las Playas en Tijuana.

El 4 de marzo de 1962, cuando actuaba en El Toreo de Cuatro Caminos con Juan Silveti y Fermín Murillo, recibe una cornada muy grande en la región perineal del toro Gavilán de El Rocío. La herida tuvo tres trayectorias y una de ellas de 30 centímetros de extensión, recibida al intentar un pase de pecho.

Recuperado de la cornada, Antonio del Olivar no deja de ser parte de carteles importantes, como las confirmaciones de El Viti, Joaquín Bernadó o El Cordobés, aquél que se le tirara de espontáneo algunos años antes y tiene una tarde memorable el 16 de febrero de 1964, cuando actuando con Diego Puerta y Abel Flores El Papelero, corta las dos orejas de Cantaclaro de Santa Marta, toro de regalo.

Antonio del Olivar fue Secretario General de la Asociación Nacional de Matadores de Toros y Novillos en México, de 1969 a 1975, año en el que concluyó su gestión por haberse despedido de los ruedos el 24 de diciembre de 1974, en la plaza Rodolfo Gaona de su tierra adoptiva, en una corrida en la que alternaron con él Manolo Martínez y Curro Leal en la lidia de toros del Doctor Castro.

Antonio del Olivar falleció en Celaya, Guanajuato, el 19 de noviembre de 1997.

Este es mi recuerdo de Antonio del Olivar, un fino torero mexicano, quien es el primer torero de estas tierras que recibiera la alternativa en la madrileña plaza de Las Ventas, un día como mañana de hace sesenta años.

domingo, 27 de septiembre de 2015

En el centenario de Silverio Pérez (IX)

26 de septiembre de 1935: Silverio debuta en Madrid

Portada del ABC de Madrid
27 de septiembre de 1935
Silverio Pérez toreó en Las Ventas. Ya decía en una entrada anterior a esta que su andar por los ruedos hispanos es una de las partes opacas de su historia, y sin razón a mi juicio, porque a más de la brillantez de muchos de los resultados obtenidos, creo que no se puede entender a cabalidad la leyenda de uno de los toreros más grandes que México ha aportado a la tauromaquia, analizando únicamente su hacer en una de las vertientes del Atlántico.

El jueves 26 de septiembre de 1935 se anunció una novillada a beneficio del Instituto Cervantes, en la que, en concurso de ganaderías, se lidiarían ejemplares de Terrones, Coquilla, Leopoldo Lamamié de Clairac, Rafael Lamamié de Clairac, Francisca Melgar y Lorenzo Rodríguez, por una terna formada por Ventura Núñez Venturita, Arturo Álvarez Vizcaíno y el debutante Silverio Pérez, siendo mexicanos los dos últimos. Agregaría yo que el festejo tuvo tal predicamento, que fue el motivo de la portada del diario madrileño ABC del día siguiente al de su celebración.

Voy a referirme a dos relaciones del festejo en esta oportunidad. La primera es la de Eduardo Palacio del ABC de Madrid, titulada El Toro de Oro y el de Fuego, de la que entresaco lo que sigue:
…Mucha gente acudió ayer a la plaza a presenciar el mentado concurso de ganaderías, cuyo premio era nada menos que un toro, modelado por Benlliure. A disputarse trofeo tan artísticamente valioso, acudieron los hierros de Terrones, Coquilla, Leopoldo Clairac, Rafael Clairac, Francisca Melgar y Lorenzo Rodríguez. Digamos enseguida que ninguno de esos ganaderos pareció esmerarse gran cosa en la elección de la res enviada al certamen. Pidió la llave Conchita Costanzo, y pasearon el ruedo en carruaje, pasando luego a ocupar la presidencia de honor, las torturantes bellezas de Anita Tormo, Pepita C. Velázquez, Pepita y Emilia del Cid, Luisita Rodrigo y otras no menos agraciadas y aplaudidas artistas… El toro de Terrones, bien puesto, parecía reparado de la vista, cumplió malamente y se silbó en el arrastre; el de Coquilla acudió alegre a los caballos, se apagó después un poco, pero fue en todo momento un novillo suave y de franco embestir, aplaudiéndosele al ser enganchado su cadáver a las mulillas; el de D. Leopoldo Clairac, embestía con mal estilo y cumplió en varas; el de D. Rafael Clairac no pudo librarse del fuego; el de doña Francisca Melgar hizo gala también de un tanto de mansedumbre y el de D. Lorenzo Rodríguez, tenía cara de toro, no se portó mal en el primer tercio y sirvió para que se aplaudiese al picador Gorrión, que como Zurito, que asimismo actuó en el festejo, mostró decisión y estilo en el menester que encomendado tenía. Total, que la corrida, en conjunto, fue sosona, y aún sin tener malas intenciones, aplanó a los diestros encargados de despacharla... ninguno sintió el deseo de brindar a las presidentas, cuya positiva belleza quizá les hubiese servido de aliento y estímulo para dar cima a la empresa en que estaban comprometidos... En la novillada concurso de ayer se presentó otro diestro mejicano, Silverio Pérez, que con la emoción de pisar por primera vez la plaza de más categoría de España, no lució lo debido, y sería injusto juzgarle con severidad. Es valiente y maneja percal y franela con cierta soltura, mostrando al herir no poca decisión. Se deshizo del bicho de D. Leopoldo Clairac de media estocada y concluyó con el de D. Lorenzo Rodríguez que cerró plaza - ya con los focos encendidos - de dos pinchazos hondos y un certero descabello… Con las banderillas fue muy aplaudido Cantimplas, en los dos pares que clavó al de Terrones… Seguramente se concederá el toro de oro al novillo de Coquilla, siendo solo de lamentar que los organizadores de la fiesta sufriesen la imprevisión de no disponer de otro toro relleno de fuegos de artificio, el que hubiera ganado por unanimidad, la res de D. Rafael Clairac. Aunque ya se yo que en tales certámenes, queda siempre algún cabo por atar. De allí mi legítima prevención por toda clase de concursos taurinos.
La segunda apareció la noche misma del festejo en El Heraldo de Madrid y está firmada por Don Nino. Trata a Silverio Pérez con más dureza, pero nos aporta datos que la anterior no contiene, como por ejemplo, el nombre del primer novillo que quien habría de ser el Faraón de Texcoco mató en Madrid. De ella, es conducente lo que a continuación copio:
La novillada de esta tarde en Madrid. Concurso de ganaderías. Matadores: Venturita, Arturo Álvarez y Silverio Pérez… TERCERO. – De Leopoldo L. de Clairac. Entrepelao. Largo y bien criado. Cornicorto. Embiste derecho. Entra y sale… Silverio Pérez torea a la verónica, sin lograr, ni mucho menos, entusiasmarnos. Ni dolor ni salor. “Sanluqueño” entra de largo al picador adjunto. Empuja con fuerza y derriba con estrépito. Acude al quite Silverio, que no consigue el aplauso de los espectadores… Dos puyazos más entrando con alegría el “morito”, que es tan voluntarioso para las fuerzas montadas como dificultosillo para los infantes; pero no supongan ustedes que es la fiera corrupia. Ni mucho menos… Cuando los de turno rehiletean al de D. Leopoldo, Silverio, el hermano de aquél valiente que se llamó Carmelo, se acerca unas veces y se distancia otras. La faena es breve y la estocada superior. (Muchas palmas y algún pito)… SEXTO. – De Lorenzo Rodríguez. Negro listón. Abierto de pitones. Sale con prisas y se revuelve en un palmo de terreno. Persigue a Castillo y no le cornea por verdadera casualidad… Silverio Pérez es abucheado al torear de capa. Se mueve más de la cuenta. No templa en ningún lance. Al quitar se estira. Da dos verónicas muy buenas. Remata con media de calidad. Y le aplauden, como es justo. ¡Lo ve usted, Sr. Pérez!... Aquí para que aplaudan hay que exponer y torear. Con mandanga, ni en Madrid ni en Monterrey. (Se hizo de noche y encendieron la luz)… El novillo ha cumplido bien con más nervio que bravura… Cuairán y su camarada banderillean. Alfredo supo hacerlo bien y le aplaudimos… Silverio muletea por bajo. Cuando se quiere estirar sufre un serio achuchón. Faena relámpago por las prisas que, al parecer, tienen novillo y torero. Todo rápido y nada bueno. Un pinchazo hondo, tendido, otro feo. Descabella con la puntilla…
Como podemos ver en la lectura comparativa de ambas crónicas, hay diferencias que van más allá del mero grado y que ayer como hoy, nos dejan perplejos en cuanto a entender si los narradores asistieron al mismo festejo o si nos están contando uno diferente cada uno. Sin embargo, de ambas se puede deducir que al final, la labor de Silverio Pérez fue aplaudida al finalizar la lidia de su primer novillo y que debió ser vuelto a programar en la siguiente temporada que terminó prematuramente por el llamado “boicot del miedo”.

Así recuerdo el octogésimo aniversario de la presentación de Silverio Pérez en la plaza de Las Ventas de Madrid.

domingo, 12 de octubre de 2014

12 de octubre de 1964: El Estudiante confirma su alternativa en Madrid

Jesús Delgadillo El Estudiante
Jesús Delgadillo López había recibido una primera alternativa el 20 de abril de 1958 en Aguascalientes, su tierra, de manos de Alfredo Leal y con el testimonio de Joselito Huerta, lidiándose esa tarde toros de Lucas González Rubio. La confirmó en la Plaza México el 18 de enero del año siguiente siendo apadrinado por Jorge El Ranchero Aguilar y en presencia de Fernando de los Reyes El Callao, con la cesión del toro Coreano de La Laguna y hasta el año de 1962 había desarrollado una carrera interesante en los ruedos de México.

El 1º de enero de 1963, en la plaza de toros San Marcos de Aguascalientes, actuó en lo que en su día fue la tradicional corrida de año nuevo alternando con Luis Procuna y Pablo Lozano y esa tarde cortó el rabo al sexto de la tarde, Pajarito de Peñuelas y cuenta el torero que en una reunión posterior al festejo, el torero castellano le sugirió ir a España a mejorar sus maneras, aunque, le advirtió, quizás tendría que reiniciar el camino actuando allá al principio como novillero.

Jesús Delgadillo no echó en saco roto la sugerencia de Pablo Lozano y el 20 de junio de ese 1963 ya estaba debutando en una novillada en la Monumental barcelonesa. Ese calendario toreó tres festejos menores y nueve al año siguiente, para obtener la alternativa en la misma plaza en la que se presentó en España el 6 de septiembre de 1964 – asunto del que ya me ocupé en esta bitácora – de manos de Fermín Murillo y llevando como testigo a Curro Romero.

Para el día de la Virgen del Pilar y Fiesta de la Hispanidad, lunes 12 de octubre de 1964, la empresa de la plaza de toros de Las Ventas anunció al rejoneador Fermín Bohórquez y a los diestros Antonio Ortega Orteguita, Santiago Castro Luguillano y Jesús Delgadillo El Estudiante – los dos confirmaban sus alternativas –. El ganado a lidiarse sería de Ricardo Arellano y Gamero Cívico para los diestros de a pie y un novillo salmantino de Castillejo para el caballero en plaza.

La primera versión que apareció publicada en la prensa fue la que escribió Andrés Travesí para el ABC de Madrid y que vio la luz al día siguiente al festejo, nos narra lo siguiente:
¡Qué Mansada!... Los seis bichos fueron mansurrones y difíciles y dos de ellos tuvieron que ser condenados a banderillas negras. Los toros recortaban peligrosamente, y como la lidia no fue buena llegaron al último tercio probones, achuchando a los de a pie. Y poco más puede decirse de este saldo de ganado que ayer nos hizo pasar muy malos ratos... El mejicano Jesús Delgado, que tenía aceptable cartel en Madrid como novillero, no pudo hacer nada en su primera salida como matador. Fue el único de los tres que utilizó el capote en alguna ocasión suelta. Al segundo, mansurrón y distraído, lo pasó por la cara y lo despenó de un estoconazo y un descabello y escuchó muchas palmas...
Esta relación de lo sucedido nos revela un hecho importante que trascendería al resultado del festejo, que fue el hecho de que dos de los toros lidiados esa tarde fueron condenados a banderillas negras, pero no expresa cuales fueron. Por ello, creo de importancia citar enseguida lo que el 19 de ese mismo mes publicó en la Hoja Oficial del Lunes José María del Rey Caballero Selipe, en la que aclara:
Frío, viento y mansos… Madrid, lunes 12 de octubre de 1964, día de la Virgen del Pilar y de la Hispanidad. Espectáculo sexagésimo cuarto y trigésima corrida de toros. Un alegre novillo – toro de la ganadería de Castillejo, de Salamanca, para el rejoneador Fermín Bohórquez, que actuó, con menos fortuna que en otras ocasiones, a la mediación del espectáculo. Seis toros, con presencia muy superior a la codicia, de don Ricardo Arellano y Gamero Cívico, de Madrid. Matadores: Antonio Ortega (Orteguita), de azul y oro (aplausos y pitos con palmas); Santiago Castro (Luguillano), de negro y plata (aviso y silencio) y Jesús  Delgado (El Estudiante), de rosa y oro (ovación y silencio). Los dos últimos confirmaron sus alternativas... La estación invernal no le va a la fiesta taurina. Cuando  alguna otra saca el cariz de la más cruda del año, el ambiente que el espectáculo del toreo requiere se desluce y se torna adverso para el desenvolvimiento del festejo... El desarrollo de la corrida se vio influido por la condición de la tarde y de manera muy directa por la del ganado. En justicia hay que tener en cuenta una y otra como atenuante de los diestros, que arrostraron una adversidad efectiva... El segundo toro también sufrió la sanción de las banderillas negras; anduvo huido y se produjo sin celo para el engaño, al que era difícil sujetarle. El Estudiante pechó con la arrancada cobardona y se quitó de enmedio a su antagonista de una corta, seguida de un golpe de verduguillo...
De la versión de Selipe podemos deducir que Gladiador, el toro con el que El Estudiante confirmó su alternativa, fue uno de los que se condenaron a banderillas negras; que el clima tampoco fue el propicio para la ejecución del toreo y que en coincidencia con lo que en el ABC publicó Andrés Travesí, El Estudiante realizó lo más destacado y torero de esa tarde que fue de invierno en pleno otoño.

Fue esa la tercera corrida de la temporada para Jesús Delgadillo y el cierre de su campaña, pero no el punto y final de su historia en la plaza de Madrid. Estaba a menos de un año – 8 de agosto de 1965 – la realización de uno de los grandes logros de su paso por los ruedos, cuando alternando con Antoñete y Pepe Osuna, cortaría una oreja al tercero de los toros de don Félix Cameno lidiados esa tarde. Pasarían casi cuarenta y ocho años para que otro matador de toros nacido en Aguascalientes lograra una hazaña igual en una corrida de toros, vestido de luces.

Hoy se cumple medio siglo de su confirmación de alternativa en la plaza de toros más importante del mundo y en la casa en la que nació en el Barrio de Triana en Aguascalientes se develará un azulejo recordando la efeméride. ¡Enhorabuena, torero!

El torero (primero a la derecha) minutos antes de la develación
El azulejo develado

domingo, 14 de septiembre de 2014

70º aniversario de la confirmación de Cañitas y Vizcaíno

Carlos Vera Cañitas
Ricardo Torres fue el último torero mexicano en confirmar su alternativa en Madrid previo al llamado boicot del miedo y a la Guerra Civil Española. Lo hizo el 12 de abril de 1936 y después renunciaría a esa alternativa. Carlos Arruza sería el que reanudaría el intercambio entre nuestras torerías el 18 de julio de 1944, en una histórica Corrida de la Concordia. De estos dos asuntos ya me he ocupado en esta bitácora aquí y aquí.

Reabierto el tráfico trasatlántico, serían dos los toreros mexicanos que siguieran de inmediato los pasos de Arruza. Para ello, el festejo del 10 de septiembre de 1944 se anunció con ocho toros de doña Concepción de la Concha y Sierra para Paquito Casado, Rafael Albaicín, Carlos Vera Cañitas y Arturo Álvarez Vizcaíno, siendo los dos últimos, confirmantes de las alternativas que habían recibido el primero, en Ciudad Juárez, el 26 de octubre de 1941 de manos de Lorenzo Garza y confirmado en El Toreo de la Condesa el 9 de noviembre de ese mismo año de manos de Armillita, en tanto que Vizcaíno confirmaría la que recibió en la capital mexicana el 12 de abril de 1942, de manos de David Liceaga, después de haber renunciado a una obtenida en Puebla en 1936 y a otra de Caracas de 1941.

La corrida fue de ocho toros. A propósito de esa cuestión escribió lo siguiente Manuel Sánchez del Arco, Giraldillo, en una rara edición de lunes del ABC madrileño, aparecida el 11 de septiembre de 1944:
Ocho toros... ¡Nada menos!... Está llena la plaza cuando hacen el paseo las cuadrillas de Paquito Casado, Rafael Albaicín y los mejicanos Carlos Vera "Cañitas" y Arturo Álvarez. Estos se presentan montera en mano, en cortés saludo al público madrileño a cuyo fallo van a someterse… Y comienzan a salir los ocho toros de Concha y Sierra, que estos muchachos han aceptado también en rasgo de cortesía hacia los desdeñados ganaderos andaluces…
El primer toro de la tarde se llamó Atendido y fue el que sirvió para que Paquito Casado confirmara la alternativa de Cañitas. La actuación del valentísimo torero fue así ante este toro:
Primero. “Cañitas”, jugando bien los brazos, lo recibe a la verónica y termina con media muy apretada. (Muchas palmas). Tres varas por dos caídas. “Cañitas” toma las banderillas. Dejando llegar al toro muy guapamente, quiebra y coloca un par desigual. Luego cuartea uno y las banderillas quedan juntas y en lo alto. (Palmas). Otro sesgando que resulta de mucho efecto. (Ovación). Pide permiso y coloca un cuarto par, llegando muy bien. (Otra ovación)… Casado da la alternativa al mejicano, y tenemos ya a D. Carlos Vera, “Cañitas”, doctor en Tauromaquia por la Universidad de Madrid, frente al de Concha y Sierra. Hay saludo a la presidencia y brindis en redondo al concurso madrileño. La cortesía es correspondida con una ovación. “Cañitas”, en el centro del ruedo, cita con la muleta plegada. Parece que va a dar el cambio. Cuando el toro le acude, despliega la muleta y da tres naturales, en los que es de aplaudir el valor. Sigue sobre la izquierda, y luego hay unos derechazos apretados y un farol. (Palmas). Dejándose ver, coloca una estocada que basta. (Ovación y saludos)…
El segundo de la tarde fue nombrado Cotorro y fue el que permitió a Rafael Albaicín confirmar el doctorado de Arturo Álvarez, que se mostró así ante él:
Segundo. Arturo Álvarez lancea. Cuatro varas, un marronazo y una caída. Hay un precioso tercio de quites en el que rivalizan el mejicano y Rafael Albaicín. El de Méjico hace quites valientes y vistosos y el gitano tiende el capote majestuosamente en unos lances que se aclaman. Ambos se estrechan la mano y, descubiertos, saludan al público. Álvarez toma las banderillas y cuartea un par que no prende, y después, uno bueno. (Palmas). Cierra un peón… Albaicín da la alternativa a Arturo Álvarez. Hay saludo a la presidencia y brindis al público madrileño, correspondido con palmas de cortesía. El nuevo matador mejicano recibe el toro con un pase por alto, muy quieto, con la figura bien compuesta. En seguida tenemos una serie de pases por bajo. La faena tiene buena planta torera, caracterizada por la tranquilidad en la ejecución. Tres naturales y un molinete. (El toro está quedado). Entra recto y clava media estocada en las agujas, que mata sin puntilla. (Ovación)...
La actuación de ambos diestros mexicanos ante los toros de su confirmación fue más allá de lo meramente decoroso. Tanto así, que la valoración que en la Hoja del Lunes que hace quien firma como El de Tanda de su presentación en la plaza de toros más importante del mundo, es como sigue:
Algo y aún “algos” hay que estimarles y agradecerles a los toreros mejicanos – aparte y por encima de méritos o deméritos –, que entraña un beneficioso valor para la fiesta en estos tiempos de la “administración” como guía y la “comodidad” como norma de conducta, y es la gran voluntad con la que luchan y porfían por el triunfo. Si la intención bastara en el toreo – que no basta, como para ninguna cosa material –, los mejicanos – por ahora – serían unos perfectos bienaventurados, dignos de todos los bienes en fama y en riqueza que suele otorgar la pública estimación… Bueno éste, regular aquél, mediano el otro, no se les puede negar que la tónica de su actuación en España es la del pundonor profesional y el afán de éxito en el cumplimiento de su cometido. Y ello ha de redundar en favor de la fiesta. Porque aunque no todos esos nombres han de permanecer en los carteles, a los que hoy sirven de nuevo aliciente por la novedad, todos habrán contribuido un poco a despertar el espíritu de emulación que ejerza de reactivo para las ya un tanto adormecidas apetencias de la comodona torería contemporánea. Así ha de ser lógicamente, a nada que persistan en no importarles salir de la plaza con el traje manchado de sangre y de arena… Como salieron ayer Cañitas y Álvarez. Lo cual no es corriente que ocurra cuando los toreros sienten la preocupación de no fatigarse con exceso y de que no se les descomponga ni siquiera el peinado… De Cañitas destaco la valentía; de Álvarez, la experiencia… Cañitas insistió en banderillear – cuatro pares a cada toro, mejores unos que otros –, para predisponer en su favor al público, cuyo beneplácito trató de alcanzar en todo momento y obtuvo de pleno en algunos pases de muleta principalmente, primero en los redondos y después en los de pecho y por alto con que inició, sentado en el estribo, su segunda faena. Sus dos toros, aunque pronto en la arrancada el primero y boyante el sexto, se quedaban en el centro de la suerte y ello le impidió completar un conjunto de mayor solidez; pero en los dos oyó muchas palmas. Y en verdad que no se le debió regatear, en el sexto al menos, la vuelta al ruedo… Álvarez lució más con el capote. Sus quites por chicuelinas y de frente por detrás en el segundo fueron excelentes, en competencia con los no menos excelentes de Albaicín, a la verónica estos. No insistió con las banderillas, que dejó tras un par, al darse cuenta de lo que cortaba el terreno el segundo toro. Y sobresalió en los principios de su primera faena, redondeando bien los pases y cambiándose con gracia de mano la muleta, que manejó con menos soltura en los naturales. Mató bien y se le aplaudió mucho. El séptimo toro provocó las iras del “respetable” por sus extrañas embestidas, que pudieron achacarse a defectos de vista, que en realidad no eran sino síntomas de mansedumbre, y Álvarez se ajustó a las posibilidades del caso; faena de aliño y brevedad con la espada... Los toros de Concha y Sierra cumplieron en varas y no presentaron dificultades; pero se frenaban en el centro de las suertes, sin pasar, y ello no es tampoco una facilidad para el lucimiento de los toreros. El tercero hizo una deficiente pelea, con la cara por el suelo. El séptimo fue mansurrón. El octavo, incierto y avisado, mejoró algo al final. En conjunto, una corrida menos peor de lo que esperábamos de esta que un tiempo fue una ganadería famosa…
Arturo Álvarez Vizcaíno
Cortesía: Blog Toreros Mexicanos
Como podemos ver, el juicio crítico de la actuación de estos dos toreros nuestros no desmereció en manera alguna. De hecho, Cañitas se convirtió en un consentido de la afición madrileña y es, al día de hoy, el torero mexicano que más veces ha toreado vestido de luces y en corridas de toros en la plaza de Las Ventas. Son catorce actuaciones tenidas allí, entre 1944 y 1951 con el corte de tres orejas y la apertura de la puerta grande en una ocasión las que aún no han podido ser superadas.

Arturo Álvarez Vizcaíno, tras de dejar los ruedos se dedicó al apoderamiento de toreros y a actividades relacionadas con la empresa taurina, falleciendo en la Ciudad de México el 5 de diciembre de 1968.

Carlos Vera Cañitas, dejó los ruedos a causa de la cornada de Buen Mozo de Ayala, el 21 de agosto de 1960 en el Toreo de Cuatro Caminos, que motivó que le fuera amputada la pierna derecha. Falleció en la Ciudad de México el 19 de febrero de 1985.

Nota: El sumario con las actuaciones de Cañitas en la plaza de Las Ventas, lo pueden consultar en esta ubicación.

domingo, 31 de agosto de 2014

Detrás de un cartel (XI)

El cartel con historia
La historia detrás del cartel que hoy les presento tiene, a más de las propias de las de cada uno de los anuncios de festejos taurinos, una característica especial, pues la tarde del 2 de septiembre de 1945, en la Plaza de Las Ventas se reunieron para actuar dos novilleros mexicanos. No era, ni es frecuente ver en un mismo cartel a dos espadas extranjeros – de la misma nacionalidad – en plazas de España o México y en aquellos días en los que, apenas se reiniciaba el intercambio entre nuestras torerías, quizás era aún más complicado ver un festejo en esas condiciones.

La empresa madrileña anunció para ese domingo a los mexicanos Ricardo Balderas y Eduardo Liceaga, quienes harían cuarteta con Pedro de la Casa Morenito de Talavera y el debutante Manuel Perea Boni. El encierro a lidiar originalmente sería de doña Concepción de la Concha y Sierra, aunque el corrido en séptimo lugar fue devuelto a los corrales por su manifiesta debilidad y sustituido por uno de doña María Sánchez, de Terrones.

Los novillos lidiados

La relación que hace quien firma como El de Tanda, en la Hoja del Lunes del día siguiente al del festejo comienza por señalar con detalle el comportamiento del ganado que se lidió, en el sentido siguiente:
Lo mejor que queda de la ganadería de Concha y Sierra – diríase acaso con más exactitud que lo único – es la sonoridad eufónica del nombre, ¡Concha y Sierra! Pero de la buena casta que labró el prestigio de ese nombre, ¡ay!, queda ya muy poco... Y no es que los novillos de ayer fuesen tan malos como los de otras veces, pero tampoco tuvieron nada de buenos. Pues si bien es verdad que no adolecieron de invencibles dificultades ni de peligrosas condiciones, también lo es que ninguno embistió con franqueza, sino a medias arrancadas; que algunos de ellos gazapeaban por su falta de ganas de embestir, defecto tan molesto para los toreros, y que alguno, como el quinto, a más de mansurronear más de la cuenta, punteaba y achuchaba con ansias de coger. El de María Sánchez, de Terrones, que sustituyó al que salió al de Concha y Sierra que salió en séptimo lugar, fue pequeño, pero bravo y noble, aunque al final también se puso un tanto gazapón...
A partir de esos mimbres tendría que construirse el festejo, que redundó en el corte de una oreja para Eduardo Liceaga y en una aclamada actuación del debutante Boni, pero sin mucho más que contar.

Eduardo Liceaga

La actuación de Liceaga confirmaba lo que se había visto de él el domingo anterior, cuando se mostró como un torero conocedor de su oficio, poseedor de una gran clase y que impactaba a cuanta afición tenía la ocasión de verle en el ruedo. Manuel Sánchez del Arco, Giraldillo, en el ABC madrileño del 4 de septiembre de 1945 cuenta lo siguiente acerca de su actuación:
El que salió en tercer lugar para Eduardo Liceaga fue un toro trotón, que saltó la barrera. Cumplió con los caballos y el mejicano tomó las banderillas para, cuadrando muy bien, meter dos pares y medio a toro parado. Hubo palmas justificadas. Después de sufrir unas coladas y achuchones por el lado derecho, Liceaga, tan inteligente como fino artista, dominó y se situó en buen terreno, ligando unos pases, entre los que sobresalieron unos cambiados por delante, y el público se entusiasmó. Valeroso, con mucho aguante, debiéndose todo al esfuerzo del torero, Liceaga empalmó una gran faena que hizo vibrar al público. Entró con rectitud, uniéndose tanto en el embroque, que sufrió un pitonazo en la ingle derecha, con rotura de la taleguilla. Consiguió una gran estocada que echó a rodar al toro y le dieron la oreja, ovacionándosele con entusiasmo. Fue retirado el toro séptimo y salió un sobrero de Terrones. Liceaga lo toreó de capa, con mucho arte y en quites él y Balderas fueron aplaudidos. Tomó las banderillas Eduardo y cambió un gran par. Cuarteó bien el segundo, y luego, con una guapeza extraordinaria, dejando llegar al toro, que entraba al paso y dudando, y además con la cabeza descompuesta, quebró formidablemente. La gente se puso en pie y ovacionó a Liceaga largamente. En este ambiente favorable, brindó la faena al público y la abrió con tres pases de rodillas aguantando mucho. Fue arrollado al fin y el mejicano supo hacerse el quite con la muleta. Luego realizó una faena en tres partes, muy lucida, entre ovaciones constantes, destacando adornos y toreo al natural. Al encuentro, mató de media estocada perpendicular. Hubo ovación y vuelta al ruedo...
Por su parte, Benjamín Bentura, Barico, en El Ruedo del 6 de septiembre siguiente al festejo, por su parte, reflexiona lo que sigue:
En nuestro comentario de la pasada semana dimos la opinión que merecía el mejicano Eduardo Liceaga. Seguimos creyendo lo mismo. Liceaga es un gran novillero. Nos gustó más en el primer novillo, un bicho de Concha y Sierra al que había que torear muy bien, que en el becerrillo de Terrones que comprometió muchas veces a Liceaga. Este bicho era, si se le hubiera dado la lidia adecuada, para armar un alboroto; pero se le toreó inadecuadamente, y por ello no dio reposo al matador, que anduvo en muchos momentos, aunque en todos valiente. En el tercero, Liceaga convenció al público. Mereció la oreja. Sigue, pues, en alto el pabellón de Eduardo Liceaga...
Ricardo Balderas

Por su parte, Ricardo Balderas sufrió las consecuencias de la mansedumbre del ganado andaluz y solamente pudo dejar constancia de su oficio, según leemos de la opinión de El de Tanda:
Balderas se mostró decidido y enterado, principalmente en su segundo novillo. A este le corrió muy bien la mano en algunos pases en redondo y lo despachó de una estocada contraria, entrando con ganas de matar. Se le aplaudió. También arrancó fuertes aplausos en un quite de frente por detrás al novillo de Terrones…
En su apuntada crónica, Giraldillo le vio así:
Ricardo Balderas halló primeramente un torillo con “leña” en la cabeza, que punteaba. Cuando se apretaba en un precioso quite por chicuelinas, fue enganchado y quedó prendido unos instantes. Cuando el mejicano se zafó, remató con valiente vistosidad y fue aplaudido. El animal que se quedaba y corneaba mucho, no permitió faena. Hubo unos medios pases y Balderas lo despachó de media estocada al encuentro. El segundo suyo, que era un toro, saltó la valla por el tendido 9 y produjo pánico entre los mozos de estoque y toreros que por allí descansan. Pegaron fuerte a este toro en tres puyazos y vino a parar en probón. Balderas toreó, primero por delante y luego se ajustó con el bicho en unos pases superiores, muy de torero, rematados con arte y mató de una estocada buena. Hubo palmas y saludos…
En una versión más colorida y de conjunto, Alfredo Marquerie, en el ejemplar de El Ruedo ya mencionado, menciona lo siguiente en su sección titulada Banderillas de fuego:
Balderas es un torero, grande de tamaño, dominador y seguro. No tuvo suerte con el lote de “lisiados” pero en todo momento pisó fuerte en la plaza, con pisada maciza, de las que conmueven los cimientos... Liceaga, que tiene nombre de médico (fíjense qué bien suena: ¡doctor Liceaga al teléfono!), fue el torero fino y valiente de otras veces y además nos dio un susto tremendo cuando una cornada le rasgó la taleguilla y el pedazo arrancado cayó como un cuajarón...
Detrás del cartel

Detrás del cartel, la nota manuscrita
acerca de las cuadrillas que actuaron
El hecho es que materialmente, el cartel cuya historia hoy les presento, tiene una anotación manuscrita – debo creer que lo hizo su primer poseedor – con relación a las cuadrillas que actuaron esa tarde. 

Los picadores anunciados eran los siguientes: José de la Haba (Zurito) y Antonio Hidalgo (Patricio); Rafael Barrera (Barrerita) y Valentín Alcázar (Moyano); Antonio Marín (Farnesio) y Francisco Caro; Francisco Zaragoza (Trueno) y Luis Gómez (Paje). Picadores de reserva: José Toribio (El Banquero), Gregorio Oter (Goyito) y León Villa (Villita).

Y los banderilleros: Francisco Serrano, Emilio Ortega (Orteguita) y Rafael de la Casa; Agustín Quintana, Vicente Cárdenas (Maera de Méjico) y Agustín Díaz; Manuel Fuentes Bejarano, José Villalón y Antonio González; Faustino Vigiola (Torquito), Isidro Ballesteros y Ángel Iglesias.

Pues bien, la anotación a la que hago referencia tiene que ver con una circunstancia de la que no se ocuparía ni la más minuciosa de las crónicas y es en el sentido siguiente:
En sustitución de los picadores Moyano, Trueno, Paje,  Banquero, Goyito y Villita, actuaron José Atienza, Francisco Vázquez (Payán), Manuel Silvestre (Salitas), Floro Atienza, Antonio Sampedro (Artillero II) y Vicente Llorente. Autorizado José del Campo. En lugar de los banderilleros Serrano, La Casa, González y Ángel Iglesias, actuaron José Paradas, Mariano Moreno (Chavito), Cayetano Leal (Pepe Hillo) y Manuel Iglesias.
Ricardo Balderas recibiría la alternativa el 8 de septiembre de 1946 en Bayona, de manos de Fermín Rivera y actuando como testigo Calesero. Eduardo Liceaga moriría a causa de la cornada que le infiriera el novillo Jaranero de Concha y Sierra en la plaza gaditana de San Roque el 18 de agosto de 1946, unas semanas antes de su proyectada alternativa en la Feria de San Miguel en Sevilla.

Así queda completa la historia – materialmente – detrás de este singular cartel, que representa una de 15 tardes en las que dos toreros mexicanos se vieron anunciados el mismo día en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, asunto del que ya me he ocupado en esta Aldea en este otro lugar.

domingo, 17 de agosto de 2014

15 de agosto de 2004: José María Luévano confirma su alternativa en Las Ventas

A principios de la década de los noventa del pasado siglo, cuando Guillermo González Martínez institucionalizó la enseñanza del toreo en la plaza de toros San Marcos, uno de los primeros alumnos que llamó la atención fue un muchachito moreno y de mirar taciturno que al decir de Rubén Salazar, el que fuera el primer instructor de esa escuela, tendía a realizar el toreo a la verónica con una singular hondura, encajando la barbilla en el pecho y bajando mucho las manos. Se llamaba José María Luévano y pronto sus aptitudes trascendieron al conocimiento de la afición de Aguascalientes, que tuvo oportunidad de corroborar lo que se decía de él, viéndole ante los becerros.

José María se presentó como novillero con picadores el 7 de octubre de 1990 en la misma plaza que fue su centro de formación, alternando con Ricardo Márquez, César Alfonso El Calesa, Alejandro de Anda, Juan Carlos Sánchez y Alberto Ortiz y el novillo de Los Arce que le correspondió apenas le dejó mostrar sus aptitudes esa tarde, sin embargo, le valió para ir sumando festejos y adquirir el rodaje necesario para poder avanzar en la carrera que había elegido.

Guillermo González Martínez hizo lo que hoy los economistas llaman una alianza estratégica con Manolo Martínez y una compañía cervecera y organizan un certamen novilleril, por lo que comienzan a programar novilladas en distintas plazas de la República, lo que logra que en nuestra plaza San Marcos, por ejemplo, se dieran hasta treinta novilladas en alguno de sus ciclos, cosa pocas veces vista aquí.

En esos certámenes, surgieron toreros como José María, Fernando Ochoa, los Cuates Espinosa, Arturo Manzur, César Alfonso El Calesa o Alfredo Ríos El Conde, entre los que ahora me vienen a la mente y tuvieron la ocasión de compartir tentaderos y carteles con toreros venidos del otro lado del mar, pues José Tomás, Sergio Aguilar y Sebastián CastellaFinito de Córdoba estuvo en el grupo que participaba en los tentaderos – en algún momento o integraron carteles con ellos o estuvieron en los tentaderos de las ganaderías de Manolo Martínez, El Colmenar o San Martín aprendiendo juntos.

José María Luévano se presentó en la Plaza México el 16 de agosto de 1992, llevando de compañeros de terna a Arturo Manzur y El Conde, siendo el encierro de Manolo Martínez. Fue la primera de una docena de festejos menores en los que actuó en la plaza más grande del mundo, entre los que destacan el del 26 de septiembre de 1993, cuando corta una oreja a uno de los novillos de Teófilo Gómez que le tocaron en suerte, o el del 9 de octubre de 1994, en el que cortó dos orejas a Pintadito de De Santiago. También pagó allí su cuota de sangre, pues el 16 de octubre de 1994, Azteca de Xajay le envió a la enfermería
.
Recibió la alternativa en León, Guanajuato el 20 de enero de 1995, apadrinándole Miguel Espinosa Armillita y atestiguando la ceremonia Manolo Mejía. El toro de la cesión se llamó Don Juan y fue de la ganadería de Begoña. Esta alternativa la confirmó en la Plaza México el 14 de enero de 1996, volviendo a fungir de padrino Armillita y siendo testigo Enrique Ponce. El toro de la ceremonia se llamó Payaso y fue de Carranco. Sobre su actuación esa tarde, escribió Enrique Guarner:
Puede afirmarse que ya podemos sustituir a nuestras petrificadas figuras, puesto que existen tres jóvenes que van a llegar lejos. Ellos son: Federico Pizarro, Rafael Ortega y José María Luévano. La actuación de este último ayer fue excelente, tanto de capa como de muleta. Es una lástima que sea tan inexperto en el descabello, pero esto último puede aprenderse… El que abrió plaza se llamaba "Payaso" de Carranco y había nacido en junio del año 2000 A.C. El de Aguascalientes lo recibió con magníficas verónicas y recorte. Con la muleta caminó bien con el novillo y ejecutó varias series en redondo con temple y calidad. Desafortunadamente al final tendió a descargar la suerte, pero su toreo fue limpio y bien instrumentado. Mató de estocada en lo alto, algo trasera que requirió del descabello con el que falló hasta en 13 ocasiones escuchando dos avisos. No obstante, fue aplaudido en el tercio...
La carrera de José María empezó a ascender. Toreaba en las principales ferias y en los mejores carteles de la temporada en la Plaza México. El 26 de enero de 2003 cortó 3 orejas a los toros de Bernaldo de Quirós que lidió esa tarde. Sobre su actuación, Lumbrera Chico escribió:
Dueño de su oficio, pleno de valor, Luévano cortó las dos orejas de Comodín, tercero de la tarde, negro bragado de 488, al que embarcó en largas tandas derechistas retrasando la franela y tragando leña con emotividad, para despacharlo de un estoconazo y hacerlo rodar sin puntilla al cabo de una prolongada agonía… Mucho más interesante fue la faena que logró imponerle a Algodonero, de 485, penúltimo del festejo, también negro bragado y con imponente aunque fea cornamenta, un bicho que salió buscando descaradamente la manera de huir, pero que, luego de recibir siete puyas, de Julio Sánchez, quedó en calidad de piltrafa. Luévano lo metió en la muleta con una serie de doblones suaves y le cuajó cuatro excelentes tandas por la derecha muy bien ligadas tirando del animal con gran solvencia. Para su desdoro, pensando quizá en las dos orejas que ya tenía en la espuerta, José María no quiso verlo por el izquierdo, no obstante que por ese lado el rumiante embestía con mayor claridad y fuerza cuando lo remataba con el pase de pecho… Muy afilado con el estoque, volvió a ejecutar el volapié con brillantez y el juez Balderas le concedió otra orejita, que no borró la sensación de que, si hubiera invertido más riesgo y esfuerzo al intentar el toreo con la zurda, habría obtenido resultados mucho más espectaculares… 
Su actuación en esta tarde le valió para entrar al cartel del 5 de febrero siguiente con Enrique Ponce, Zotoluco y El Juli para lidiar toros de Teófilo Gómez y Reyes Huerta. Su actuación se saldó con el corte de dos orejas y la visión de Leonardo Páez acerca de ella es la siguiente:
En el festejo del 57 aniversario de la monumental Plaza México volvió a prevalecer el triunfalismo pueblerino y la apoteosis emergente que caracterizan a la empresa, brillando en todo su esplendor la principal aportación de aquélla al espectáculo: megacorridas con cuatro toreros, ocho toros de lidia ordinaria, dos más de regalo, la despedida de un picador y cuatro horas 40 minutos de infructuosos intentos por emocionar... sin toros bravos… José María Luévano lanceó muy bien a Suspiro, de Reyes Huerta, y realizó la faena más sentida y honda de la tarde frente a un astado pasador más que bravo. Como se entregara en la estocada, Balderas, quien ya había devaluado la concesión de premios con Ponce, debió soltar las segundas dos orejas que Chema paseó orgulloso por el redondel… Con su segundo, sosote, el de Aguascalientes se plantó seguro y realizó un meritorio trasteo por ambos lados, empañado, raro en él, con la espada…
El 1 de febrero de 2004, volvió a salir de la plaza más grande del mundo con trofeos en la mano, gracias a una actuación riñonuda y no desprovista de clase, según lo cuenta de nuevo Leonardo Páez:
También en su tercera corrida en el serial, el diestro de Aguascalientes se las vio primero con Buen trato, con 481 kilos, negro entrepelado bragado y bizco del pitón derecho, que no obstante su debilidad de manos sufrió un bombeo inmisericorde en la única vara que tomó… A la sosería del astado hubo de añadirse un fuerte viento, por lo que Luévano tragó en dramáticos muletazos por ambos lados, sin lucimiento pero de gran mérito. Como se entregara en el volapié, incluso de efectos más rápidos que el de Caballero, dio una justificada vuelta al ruedo… Como consecuencia de que en el callejón de la México había, además de embarnecidos apoderados, ganaderos, actores, hoteleros y locutores, Luévano, al querer brindarle a uno de los empresarios de Madrid se equivocó de persona… Diácono, con 534 kilogramos, fue sin embargo el más claro y pasador del desafortunado encierro, lo que permitió a José María consentir al mansurrón en tandas de derechazos con sentimiento y hondura, muy bien rematadas. Cuando buscó la igualada prestó oídos a ciertos villamelones e intentó algunos naturales sin lucimiento. En el primer viaje pinchó y fue trompicado, para enseguida dejar tres cuartos de acero que bastaron, llevándose merecida oreja...
Cerró esa campaña 2002 – 2003 en la Plaza México el 22 de febrero, llevándose a casa la Oreja de Oro que disputó con Rodrigo Santos, Armillita, Jorge Gutiérrez, Zotoluco, Rafael Ortega, Ignacio Garibay y Fermín Spínola, en la lidia de toros de varias ganaderías.

Embalado en esa cadena de triunfos, se anunció la confirmación de José María Luévano en Madrid para el 15 de agosto de 2004. Su padrino sería Fernando Cepeda y atestiguaría el acto el albaceteño Sergio Martínez y el encierro anunciado sería de Antonio San Román. Al final, el toro primero de la corrida fue devuelto por inválido y sustituido por Ribereño de El Pizarral, que es el que pasa a la historia y a la estadística como el que sirvió para que José María actuara por primera vez como matador de toros en Madrid y en España. Sobre esta tarde escribió Rosario Pérez:
Confirmaba la alternativa José María Luévano, triunfador de la pasada temporada grande en México. El precioso castaño que abrió plaza fue sustituido por un sobrero de El Pizarral bronco y con cierto sentido. El de Aguascalientes lo intentó; sin embargo, por momentos se vio desbordado por su enemigo, al que había que dejar siempre el trapo bien puesto. Saludó con destacados lances al ensabanado quinto. Arrancó con brillantez sobre la derecha, pero el valeroso trasteo decayó…
Su parecido físico con Fernando de los Reyes El Callao, torero de su misma cuerda, consentido de la afición de la Plaza México, despertó viejos sentimientos dormidos que le permitieron gozar por algún tiempo, del favor de la plaza más grande del mundo, pues tras de su confirmación madrileña entró en un bache del que luchaba por salir cuando el toro de la carretera se interpuso en su empeño.

José María Luévano falleció el 24 de enero de 2011 en un accidente de tráfico en las cercanías de San Juan del Río, Querétaro, donde residía con su familia.
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