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domingo, 27 de septiembre de 2026

A las cosas, por su nombre...

La Tapatía de Pepe Ortiz

Un breve apunte sobre la Escuela Mexicana del Toreo

Samuel Solís se quitó el añadido en un festejo mixto celebrado el 27 de marzo de 1927, mismo en el que presentó a dos tres discípulos suyos, porque ya estaba afincado en la vieja plaza de toros de Tacuba y allí comenzaba a enseñar el toreo. Tenía el toreo en la cabeza, tenía bien aprendidos los conceptos que le transmitió Saturnino Frutos y en el andar por los ruedos, tuvo la ocasión de formarse también los propios. Así que decidió seguir el camino de su primer mentor y como Ojitos, aunque quizás de una manera más callada, se dedicó a formar toreros y a buscar uno que pusiera esto de cabeza.

No tardó mucho en encontrar el primer par de prospectos. Uno, llegaría a ser llamado El Torero de México y sería así considerado hasta que las astas de Cobijero terminaran con sus días; el otro, encaminaría sus afanes por las veredas de la literatura y la gastronomía. Pero esa pareja de Alberto Balderas y El Negro Muñoz pronto dio bastante de que hablar de ambos lados del Atlántico. Después de ellos vendrían David Liceaga y Ricardo Torres, alcanzando su cota más alta con Carlos Arruza, una de las figuras más destacadas de la historia universal del toreo.

También por su parte, Alberto Cosío Patatero formó a Heriberto García, a Fermín Rivera y a Amado Ramírez entre otros y posteriormente estos alumnos suyos, a su vez también se dedicaron a enseñar toreros y así, por ejemplo, Joselito Huerta se hizo torero con Heriberto García. Por su parte, otro discípulo de Ojitos, Luis Güemes, formó a Pepe Ortiz, quien a su vez ayudó en sus inicios a Jesús Córdoba y a Rafael Larrea y éstos después siguieron también formando toreros.

Esa es la verdadera Escuela Mexicana del Toreo, la que continuó las enseñanzas de Ojitos, adaptándolas a nuestra particular manera de ser.

El Orfebre Tapatío

Hace unas líneas mencionaba que Pepe Ortiz aprendió el toreo con Luis Güemes, quien iba de banderillero en la cuadrilla juvenil de Ojitos. Güemes era originario de San Pablo Apetatitlán, Tlaxcala y tras la disolución de la cuadrilla, se coloca con distintos toreros, hasta quedar colocado con Juan Silveti, con el que viaja a España en 1916. Fue muy castigado por los toros y quizás por eso disminuyó su actividad en los ruedos, combinándola con la enseñanza del toreo. En entrevista con la escritora Elena Poniatowska, el cantante Pedro Vargas, comentó lo siguiente:

…durante un tiempo el maestro Pierson me invitó a vivir en su casa; allí vivía Jesús Mercado, barítono; Pepita Alonso, contralto, y José Arce, tenor, y a los cuatro nos dio habitación, comida y clases de canto a cambio de que le ayudáramos a hacer la limpieza de la casa. Yo era muy bueno para hacer las camas. Un día sentí que mi voz no era la misma y Mario Talavera, mi segundo padre, me consiguió entonces un empleo de profesor de coros en las escuelas secundarias. El era un hombre muy querido y me introdujo en todos los círculos artísticos, sociales, políticos, todos; él es autor de Gracia plena y con él conocí a Pepe Ortiz, quien andaba ya de torero y le gustaba cantar; entonces yo quise ser torero también, y a las seis de la mañana me levantaba, iba por él a Tacuba y luego a ejercitar el toreo, en casa de un banderillero, Luis Güemes…

El llamado Tenor Continental revela que él también intentó ser torero, pero deja claro que el mentor original de Pepe Ortiz, quien después sería conocido como El Orfebre Tapatío, fue precisamente el discípulo de Ojitos, que fue quien le enseñó el oficio y tuvo la inteligencia natural para transmitirle, además de la teoría del toreo escrita en las tauromaquias, la manera de llevar al movimiento delante de los toros, las imágenes que ilustraban esas descripciones. Y así surgieron suertes como la orticina, la tapatía, el quite por las afueras, el quite de oro, o el quite de La Guadalupana, suertes todas que tienen nombre e historia propias. Y su creatividad no se limitó a las suertes de capa. Declaró lo siguiente a Rafael Morales Clarinero en entrevista publicada el 21 de julio de 1955:

¿Muletazos no inventó ninguno? – Hay muchos muletazos que he creado; los hacen todos los toreros, y, sin embargo, nadie sabe que son míos. - ¿Usted por qué no lo ha dicho? – No tiene caso. Para mí es igual la satisfacción y me evito muchas molestias. Alguna vez yo leía: “un novedoso muletazo que no habíamos visto antes” … y me daban ganas de hacer declaraciones, pero nunca pasaron de eso: de ganas. – ¿Nos quiere citar alguno? – Pues mire (se pone de pie y lo hace); este cambio de muleta por la espalda es una derivación de la orticina, o mejor dicho la orticina con la muleta... Se me ocurrió una tarde en que todo me salía bien. En la actualidad lo hacen todos los toreros...

La inteligencia inventiva de Pepe Ortiz estaba siempre presente y cuando las circunstancias eran las adecuadas, la ponía a su servicio, y al servicio de la fiesta.

La Tapatía

Aunque hay alguna discusión acerca de la fecha de presentación en sociedad de la suerte de La Tapatía, casi todas las opiniones coinciden en que fue el miércoles 2 de noviembre de 1927, día de Fieles Difuntos, en una corrida en la que Ortiz alternaría por primera vez con el maestro Fermín Espinosa Armillita, quien, a su vez, reaparecía en el Toreo de la Condesa, después de la tarde de su alternativa. Los toros a lidiarse serían de la ganadería mexiquense de Atenco.

La corrida en su conjunto no representó un acontecimiento digno de ser recordado. Así, con brevedad, resume Rafael Solana Verduguillo, en su tribuna de Toros y Deportes, lo acontecido en esa corrida:

Fue muy mala la corrida de Difuntos, y eso que los muchachos hicieron cuanto estuvo de su parte para dejarnos complacidos. La culpa del descalabro la tiene casi exclusivamente el señor ganadero de Atenco; también le correspondió alguna parte a Eolo. En otros términos: se lidiaron toros mansos de Atenco, y sopló durante la corrida un viento molesto que descubría a cada momento a los lidiadores...

El cuarto de la tarde se llamó Catalán, le correspondía a Armillita y en su turno al quite, Pepe Ortiz deslumbró a la clientela con una suerte que no tenía antecedentes en su memoria. Escribió en su tribuna de El Redondel, don Alfonso de Icaza Ojo:

Y ahora hablemos de la nota más brillante del festejo. Fue indudablemente el maravilloso quite que instrumentó Pepe al cuarto toro que correspondió a “Armillita”. Ortiz toma al toro y se lo lleva toreado en los pliegues del percal, echa este para atrás con una gracia imponderable y nos obsequia con una gaonera máxima, tras de la cual gira el diestro suavemente, como en el lance de Chicuelo, y eso por tres veces, con una tranquilidad pasmosa, pasándose al toro tan cerca y derrochando tal cantidad de sabor torero, que la plaza entera se levantó para ovacionar al gran artista del capote...

Por su parte, el ya citado Verduguillo, a propósito de esa parte de la actuación de Pepe Ortiz, refiere:

En los quites mucha gracia. Hizo uno con el capote a la espalda, combinando la media gaonera con la media navarra, con arte extraordinario, con tranquilidad y dominio, con elegancia inenarrable. No sé si me equivoque; pero un quite parecido al de Pepe, lo hizo ya Heriberto García en una novillada. Se le aplaudió mucho a Heri, pero más se le aplaudió a Ortiz, porque el tapatío tiene el secreto de la belleza, de la majestad...

Creo que es importante el apuntamiento que hace Rafael Solana, en el sentido de que en la temporada de novilladas de ese 1927, había visto a Heriberto García realizar una suerte parecida. Y es que las enseñanzas de los discípulos de Ojitos seguramente transcurrían por una especie de vasos comunicantes, dado el común origen de sus conocimientos.

Por otra parte, la novedad de la suerte es evidente, Ojo habla de una gaonera en la que se gira como en la chicuelina, en tanto que Verduguillo refiere un lance que combina una media gaonera con una media navarra, descripción esta última que me parece poco afortunada, porque no entiendo la manera de partir, a medias, un lance de tal naturaleza, aunque sea para remendarlo con la mitad del otro.

Ya se encargarían los teóricos de esto, tiempo después, de hacer una descripción legible y entendible de lo que los ojos del aficionado entienden como La Tapatía.

El día de autos

El pasado viernes 25 de septiembre del presente año de gracia, durante el primer tercio de la lidia del tercer toro de la primera corrida de la Feria de San Miguel de Sevilla, correspondiente al trianero Juan Ortega, pudimos ver, unos por la televisión y otros dentro de la plaza, que el diestro llevó a ese toro, llamado Cuba, de El Puerto de San Lorenzo, lo llevó al caballo con una suerte de capa poco vista, pero que a todas luces era La Tapatía de Pepe Ortiz.

Los que vimos la corrida por televisión, escuchamos el comentario de que se trataba de un galleo… así, lisa y llanamente. Y posteriormente, en las redes sociales y más tarde en las crónicas del festejo, se insistió en esa simplona versión, llegando a llamarlo galleo del bú. Varios aficionados, sobre todo de esta orilla del Atlántico, tratamos de hacer notar que la suerte que realizó Juan Ortega tiene paternidad y nombre propios, con poco eco.

El nacimiento de La Tapatía ya ha quedado claro. La cuestión es ahora, ¿se trata de un galleo?, o esa versión es solamente una muletilla para definir verbalmente y sobre la marcha a cualquier suerte que se realiza al paso.

Define al galleo el Diccionario Ilustrado de Términos Taurinos de Luis Nieto Manjón:

galleo. Quiebro que, ayudado con la capa, hace el torero ante el toro.

«Pepe – Hillo» lo considera dentro de la suerte de recorte que se ejecuta con la capa; y será Paquiro quien determinará que esta definición debe designarse con el nombre de galleo: «El galleo se diferencia del recorte en que se hace a favor del capote o algún otro engaño, mientras que el recorte se ejecuta con sólo el cuerpo». Sin embargo, es muy frecuente llamarlos genéricamente recortes.

De acuerdo con esa definición, el galleo es una especie del género quiebro, que a su vez, de acuerdo con el Diccionario del Arte de los Toros de José Carlos de Torres, es:

quiebro. «Es lo que se hace al toro con la capa, ladeando el cuerpo de perfil, o con las banderillas y recortes cuando llegan a juntarse el diestro y el toro en el centro de los quiebros» (T. de Hillo). - «Todo movimiento de cintura con el que se evita el hachazo» (T. de Montes)…

Vuelvo a la doctrina, para aclarar lo que hoy se entiende lo que es La Tapatía, dado que las apreciaciones primarias no reflejan más que el asombro que produjo el día de su presentación en sociedad. Recurro de nuevo a la obra de Luis Nieto Manjón:

tapatías. Lance que se compone de dos fases consecutivas: al costado por detrás y de frente por detrás, a la que sigue un giro del torero sobre sí mismo, inverso a la embestida del toro. Después de la primera queda el diestro en posición de hacer la segunda, la que una vez ejecutada gira como en el molinete, quedando de nuevo en suerte. Se atribuye su invención al diestro mexicano José Ortiz Puga.

El concepto habla de movimientos y de giros, pero en ningún momento refleja o considera quiebros o recortes, entonces, me es dable concluir, que en la ejecución de La Tapatía no se involucra o media galleo alguno, salvo que, en mi desconocimiento, torear al paso, implique gallear, pero cierto estoy, que esto no es así. 

Las diversas versiones

Luego, a propósito de la misma suerte, se afirmó que, si era la Rogerina, atribuida a Victoriano Roger Valencia II o la Cacerina, cuya paternidad se imputa a Pepe Cáceres. La cuestión es sencilla. Ambos toreros vinieron a México en su día y después de hacerlo, regresaron a su tierra y fueron a presentar allá la creación de Pepe Ortiz, desconocida para sus paisanos, misma que seguramente, fue señalada por la taurinidad de sus días, como creación de ellos. En sus distintas épocas, la información viajaba de maneras muy diferentes a las actuales y lo que sucedía en un lugar lejano, podría llegar a ser conocido o no.

El hecho es claro, el primero en ejecutar la suerte en el tiempo y en darle sello propio, fue indudablemente Pepe Ortiz, así que, sin darle tantas vueltas, es él quien tiene la paternidad de la criatura y no algún otro, por importante que pueda ser.

Coda

Creo que he podido aclarar, en la medida de mi entender, que La Tapatía no es un galleo, porque no implica ni quiebro ni recorte y las circunstancias en las que la ejecutó el pasado viernes Juan Ortega, tampoco le dan la calidad de quite, porque nada quitaba, sino que exactamente a la inversa, pretendía llevar al toro al caballo. Así creo que fueron las cosas.

Aviso parroquial: Agradezco a los amigos Octavio Lara y Sergio Peraza el haberme acercado un par de interesantes documentos para orientar mis pasos en la elaboración de estos pergeños. Y a quienes tengan la paciencia de llegar hasta este punto, les ofrezco una disculpa por la extensión, pero mucho más se podría argumentar a este propósito.

domingo, 12 de julio de 2026

10 de julio de 1910: El encuentro de El Papa Negro y Viajero de Trespalacios

El Nuevo Mundo, Madrid, 14 de julio 1910

Escribía don Manuel Serrano García Vao Dulzuras en su anuario Toros y Toreros dedicado a la temporada 1910:

Un ejemplo de voluntad firme, de afición grande, de pundonor exagerado es el que ha dado el joven Manuel Mejías, y ha sido una lástima que, cuando mayor era la velocidad adquirida, haya encontrado un obstáculo que le ha impedido continuar la marcha triunfal con tan grandes resultados emprendida con paso firme y puesta la vista en un punto al que quería llegar y podía llegar, según hemos visto por el esfuerzo realizado... Llevaba cinco años de alternativa, en los que no había perdido terreno, sino al contrario, había ganado todos los años un poco, pero no lo suficiente para ocupar el lugar que desde luego era su ilusión, como es la de todos... Tuvo un rasgo de clarividencia y un arranque de valor, y se presentó al empezar la temporada de 1910 ofreciendo a los públicos todo el gran toreo que tiene dentro, y sacando de lo más hondo de sus reservas un excelente matador de toros, que había estado oculto mucho tiempo... Los ímpetus que traía eran avasalladores; de los que espantan, alegran, entusiasman, producen estupefacción y arrollan todo lo que cogen por delante...

En ese sentir, el joven Bienvenida había contratado para ese calendario más de medio centenar de festejos y para el 10 de julio de 1910, llevaba cumplidos 19 contratos, de los cuales, 16, se verificaron en las plazas de Sevilla, Madrid y Lisboa, tres de primera línea. Para esa tarde del 10 de julio de 1910, refiere Luis de Armiñán, la empresa de Madrid a traves de Manuel Retana, propuso inicialmente un cartel en el que El Papa Negro alternara con Machaquito y con Rafael El Gallo, pero, don Manuel se empeñó en hacerlo en solitario:

Se lo agradezco, don Manuel, pero llevo una temporá magnífica y deseo redondearla aquí, antes de completarla en el norte. Tengo sueños, esperanzas muy grandes. Ruegue a mis compañeros que me cedan la fecha... ¿Qué toros tienen ustedes? … En «La Muñoza» hay dos corridas del conde de Trespalacios... A Manolo le agradaba entonces el ganado de Trespalacios, prócer extremeño... Retana y Bienvenida escogieron los más gordos y entre ellos, uno que les gustó mucho... Era cárdeno, chorreado, alto de cuerna, número 13 en su camada, se llamaba «Viajero». El buen sastre no quería lidiarle... Mira Manolo, que tiene cara de guasa, es descaradillo y alto de agujas...

Bienvenida manifestó su gusto por ese último ejemplar y hasta anunció que lo echaría en tercer lugar.

La corrida del 10 de julio de 1910

Bienvenida vistió ese domingo un terno grana y oro y llevó como sobresaliente de espadas al entonces novillero Alfonso Cela Celita y presidió el festejo don Antonio Rosado.

Ante el primero, llamado Cometa y el segundo Jardinero, Bienvenida lució sobre todo en los primeros tercios. Saludó en los medios tras el arrastre del que abrió plaza y su labor fue silenciada al terminar la lidia del segundo. 

Viajero de Trespalacios

Quien firmó como Don Benigno, encargado de la información taurina del diario El Mundo de Madrid, relata lo siguiente:

El socio que sale ahora se llama Viajero, viste de cárdeno y es algo mayor que los otros... Bienvenida da tres lances, muy bueno el primero, bueno el siguiente y atropellado el otro... Tampoco es bravo este toro, y tardea como los otros para acometer cuatro veces, la cuarta en los toriles, por dos caídas... Vuelve a parear Bienvenida, clavando un par al cambio, un poco pasado, pero dejando llegar... Bienvenida brinda al público de sol y se va solo al toro... Cita de largo, acude el toro, codicioso, derrota al bulto y engancha á Bienvenida por la pierna izquierda, lo tira a lo alto y en el suelo le mete la cabeza, sin acertarle... Acuden los capotes y Bienvenida se lleva la mano á la pierna, sin poderse levantar, y en brazos de los peones es conducido a la enfermería... La impresión en el público es enorme y el sentimiento general. Este era el primer toro que salía propósito para quo se luciese el torero... De la enfermería dicen que es un puntazo lo de Bienvenida. Parecía más...

La realidad se iría develando al paso de las siguientes horas, porque todavía el parte facultativo rendido por el servicio médico de plaza era escueto y daba espacio al optimismo:

«Durante la lidia del tercer toro ha ingresado en esta enfermería e1 diestro Manuel Megías (Bienvenida), con una herida contusa en la región de1 tercio medio del muslo izquierdo y en la cara interna, de cinco centímetros de extensión y unos seis de profundidad, y otra en la cara posterior, de tres centímetros de extensión y que interesa sólo la piel y tejido celular. – Doctor Julián de la Villa.»

La cirugía se realizó en la enfermería de la plaza y se reportó que no había mayores lesiones que las descritas en el parte, por lo que en esa misma tarde se trasladó al torero herido a su domicilio para su recuperación, señalando el doctor de la Villa que estaría recuperado en unos veinte días.

Al día después del percance

En la madrugada posterior a la cornada, Bienvenida comenzó a sentir fiebre y dolor en la región herida, por lo que pidió la intervención del doctor Pindado, para hacer una nueva exploración de sus lesiones. En el ejemplar del diario El Mundo salido el 11 de julio de 1910, se publicó la siguiente información firmada por su cronista Don Benigno:

A las doce le curó el doctor Pindado... Al trasladarle de cama se vieron dos charcos de sangre en el suelo, señal de que Bienvenida había sufrido una hemorragia de consideración durante la noche... El doctor Pindado procedió a reconocer minuciosamente la herida, y se encontró con que la de la parte anterior del muslo, que se creyó puntazo, era un cornalón, según el tecnicismo médico de los toreros, cuya profundidad no pudo determinarse, pero que excede de 12 centímetros... Ni con el dedo ni con unas pinzas, al limpiar con algodones la herida, pudo encontrar el doctor Pindado el fondo de aquella... Sin embargo, como no hay vasos ni tendones interesados, esta no es grave. De ella extrajo el médico un trozo de taleguilla...

Tras de la cura, y ya sintiéndose mejor, el torero habló con los periodistas, explicando el mecanismo de la cornada:

Yo cité al toro de largo, esperándole con los dos pies juntos para darle así un pase natural. Él se vino a mí, se ilusionó con el bulto y yo le quise dejar llegar y le dejé, le dejé, y cuando le metí la muleta, él no hizo caso, se metió por debajo y me pudo... Este es uno de los salarios del oficio... Cuando se los pagan a uno, no hay más remedio que cobrarlos...

Con esa entereza asumió Bienvenida el gravísimo percance que había sufrido.

El duro trance de la recuperación

En cuanto pudo viajar, Bienvenida volvió a su casa en Sevilla, pero se percató que no podía mover la pierna herida. Pidió la opinión del médico Gonzalo Blanco, quien, tras valorarlo, concluyó que tenía seccionado el nervio ciático y de allí inició un peregrinar por diversas clínicas y consultorios donde la respuesta a sus interrogantes caía en el mismo casillero: había quedado inútil para seguir siendo torero. 

Hasta que encontró al doctor Decref quien había atendido a un picador suyo, Monerri, quien había sufrido una seria lesión tras de una caída de un caballo. Decref le diseñó una especie de prótesis que le ayudaba a caminar y le aplicó sesiones de electroterapia, las que se sumaron a una cirugía que logró unir los cabos del nervio seccionado, y que permitieron que, con el tiempo, la pierna recobrara su movilidad.

El devenir del torero

Bienvenida reapareció hasta el mes de abril de 1911, temporada en la que no tuvo muchos éxitos, debido a su disminuida condición física. Para el año de 1912, arrancaba una temporada que sería definitoria en su futuro como torero, pero el 26 de mayo, en Madrid, el pitón de otro toro, éste llamado Ropero de la ganadería de Esteban Hernández, le hirió de gravedad de nueva cuenta en el muslo izquierdo. 

Escribió en su día Verduguillo:

Yo creía que a 'Bienvenida' lo había quitado de torero la cornada que le dio el 10 de julio de 1910 en la plaza de Madrid el toro 'Viajero', cárdeno, número 13, de la ganadería de Trespalacios, al iniciar su faena con el llamado pase de la muerte... El mismo “Bienvenida” me sacó del error:

- No – me dijo una noche – el toro que me cortó la carrera fue “Morito”, negro zaíno, número 45, de la ganadería de don Esteban Hernández, en Madrid, el 14 de mayo de 1912...

El nombre del toro y la fecha no coinciden, pero la corrida a la que me refiero es la misma a la que hizo mención el torero en esa conversación, porque ese 14 de mayo de 1912, no hubo toros en Madrid.

Bienvenida toreó por última vez vestido de luces en España el 9 de septiembre de 1924 en Bélmez, Córdoba, mano a mano con Manolo Belmonte, para lidiar toros de Pérez de la Concha y fue aquí en México, en el Toreo de la Condesa donde lo hizo por última vez en su vida, el 20 de marzo de 1927, en un festejo benéfico, matando él dos toros de San Diego de los Padres y sus hijos Manolo y Pepe, cuatro erales de Xajay.


domingo, 21 de junio de 2026

20 de junio de 1926: Pepe Ortiz recibe la alternativa en Barcelona

Verduguillo refiere que conoció a Pepe Ortiz en el año de 1923, cuando Arturo M. Doblado, quien apoyaba al tapatío durante sus inicios en los ruedos, lo llevó a las oficinas de El Universal Taurino para pedir al escritor que lo apadrinara, invitándolo además a su presentación en El Toreo el domingo siguiente. La primera impresión que le causó a Rafael Solana fue la siguiente:

Me gustó el muchacho tapatío, lo encontré medrosillo y algo amanerado, pero al mismo tiempo le descubrí un estilo muy especial, una forma muy distinta de interpretar el toreo. Es decir, tenía personalidad... Desde luego, advertí un cuidado minucioso en el atuendo, iba Pepe muy bien vestido, con un traje flamante, corinto y oro, nuevecito, y al con su andar por el ruedo se distinguía el mozo entre sus compañeros con los más usados ternos que les alquilaba “Frascuelillo”...

Pepe Ortiz tendrá, como lo veremos al paso de estas líneas, una carrera en la que se irán entreverando los triunfos con las cornadas. En ese mismo 1923, llegando a ser puntero con Juan Espinosa Armillita y los hermanos Rodolfo y Julián Rodarte, el ciclo terminará abruptamente para él con una grave cornada inferida por un novillo de Piedras Negras. Se tendría que resarcir en los dos calendarios siguientes, llegando en la temporada de 1925, a ser aceptado por Rodolfo Gaona como sobresaliente en el festejo de su despedida, a propuesta del nombrado Verduguillo y de Carlos Quirós Monosabio. 

Y así llegó al día de su alternativa en El Toreo, el 2 de noviembre de 1925, de manos de Chicuelo, con quien actuó mano a mano ante toros de Atenco. El toro de la ceremonia, primero – bis, se llamó Garlopo, colorado, número 37, sustituto del titular devuelto por manso. En su crónica de Toros y Deportes, nos recuerda el propio Verduguillo:

No logró el mexicano el triunfo completo; pero la faena que hizo al toro de la alternativa, basta por sí sola para acreditarlo como muy buen torero... En cuanto a finura y gracia, Ortiz las tiene por toneladas; por eso le resultan tan bonitos esos quites en que abaniquea suavemente y se lleva a la res prendida al capotillo... Con la muleta estuvo hecho un maestro, un artistazo en su primer toro. ¡Con qué suavidad lo toreó! Con qué finura, con qué estilo de buen torero engranó los pases ayudados por bajo con los de pecho, ligando la faena, haciéndola toda en el mismo terreno... Faena cumbre fue lo de José en el toro de la alternativa; por eso la concurrencia pidió para el espada las dos orejas, el rabo y todo el toro, obligándole a dar dos vueltas al ruedo, y a salir después, a los medios, abrazado de Chicuelo, el padrino, el gran artista...

Junto con el torero de la Alameda de Hércules e Ignacio Sánchez Mejías, Pepe Ortiz se convertiría en el sostén de esa temporada 1925 – 26, pero el destino le tenía preparada otro percance, porque en el festejo final de la misma, celebrado el 31 de enero de 1926, una reedición del cartel de su alternativa, el toro Gallito de Atenco, cuarto de la corrida, le infirió una cornada en el brazo derecho al intentar un par de banderillas, dejando prácticamente la corrida completa a Chicuelo y quedando él en el dique seco hasta bastante avanzado el año.

La alternativa española

El tiempo que le llevó recuperarse de la cornada sufrida en el cierre de la temporada de la capital mexicana, motivó que Pepe Ortiz llegara a España tiempo después del inicio de la temporada española, así fue que es hasta el 20 de junio de 1926 que puede iniciar su andar por aquellos ruedos, para recibir, como era mandatorio en ese tiempo, una nueva alternativa. Su puerta de acceso fue, como en muchos casos, la Plaza Monumental de Barcelona, donde para ante toros salmantinos de Graciliano Pérez Tabernero, le apadrinaría Juan Belmonte en presencia de Ignacio Sánchez Mejías. La nota previa del festejo, aparecida en el diario Noticiero Universal de la víspera del festejo, entre otras cosas dice:

El interés por ella va creciendo a medida que se acerca el domingo. Y era de esperar... Los toros de Graciliano P. Tabernero, han gustado mucho en la fotografía expuesta sobre las taquillas del Principal y es de suponer que ocurrirá lo mismo en el ruedo, dada la característica bondad de las reses de este ganadero, que ayer dio en Madrid otra buena corrida de toros... De Juan Belmonte y de Mejías ya se sabe lo mucho y bueno que se puede esperar lidiando ganado bravo y de José Ortiz, que constituye la novedad mayor de la corrida y por cuya alternativa hay verdadera expectación en los aficionados, es de esperar que conforme lo mucho, bueno que de él ha dicho toda la prensa dé Méjico por su valor y excelente estilo de torear, rememorador del de Gaona...

La tarde de la alternativa no pareció ser atractiva a las mayorías, si hemos de hacer caso a la descripción de la entrada que hace el anónimo cronista de el Diario de Barcelona, que refiere lo siguiente:

Fallaron en esta corrida los pronósticos. La plaza no se llenó. Los tendidos de sombra se llenaron, pero en los de la parte de sol quedaron vacías las seis últimas filas; en los tendidos de sol y sombra se vieron durante la tarde algunos claros y en las gradas y andanadas de las dos partes se vieron importantes huecos. En la parte de sombra vimos a muchos tripulantes del crucero danés surto en nuestro puerto y en varios palcos se encontraban los jefes del mismo. En uno de ellos había el comandante y segundo comandante con el cónsul de Dinamarca y su familia... En la plaza estaba el público especial de las solemnidades, el que va a los toros cuando hay una corrida grande, no los que van ordinariamente a los toros...

Así que en ese ambiente fue el que Pepe Ortiz refrendó – porque ya había recibido el grado en México – su calidad de matador de toros en ruedos de España. Refiere Enrique García Cellalbo Carrasclás en su crónica para el diario Noticiero Universal:

El toro de la alternativa era, como queda dicho, de don Graciliano P. Tabernero; atendió por "Guajiro"; lució en el costillar el número 34; fue negro de pelo; terciado; de bonito tipo, y gacho de cuerna. Datos para la historia. Lo lanceó Ortiz en dos tiempos, por irse y no dejarle rematar el bicho en el primero, dándole seis verónicas muy buenas y media final muy ceñida y lucida, que se premiaron con una ovación, reproducida al rematar el primer quite, en el que el debutante toreó con gran suavidad y finura... "Guajiro" llegó bien a la muerte, aunque achuchando algo al neófito, que empezó siendo muy aplaudido al recibir los trastos de manos de Belmonte y brindar después la muerte del toro de su doctorado desde los medios a toda la concurrencia... Fresco y tranquilo toreó Ortiz con la muleta. Parando con soltura y lucimiento dio con la mano derecha cuatro lucidísimos muletazos, dos ayudados, consintiendo bien, y otros cuatro de ambas clases, derecho y lucido, oyendo grandes aplausos. En mal terreno intentó el natural con la zurda, saliendo trompicado; y tras breves muletazos más arrancó un poquito largo, pero decidido, a matar, dejando media estocada tendenciosa y una entera algo contraria, doblando el toro después de tres intentos de descabello. Ortiz fue cariñosamente aplaudido, saludando desde los medios...

El jueves siguiente al día del festejo, en el semanario La Fiesta Brava, también de la capital catalana, Fernando Sayos Trincherilla, redactor jefe y cronista de la publicación, cuenta lo siguiente:

En José Ortiz hay figura de toreo, le cae bien la ropa. Juventud y buena disposición para el toreo; cuando se haga a este ganado que en España se juega José Ortiz puede dar grandes tardes de toros... Desde el primer momento, apenas desplegó el capote en el que rompió plaza, el público vio en él un torero fino y elegante, y aplaudió entusiasmado los lances con que obsequió al toro de la alternativa. Siguió el público aplaudiendo en los quites, y cuando Belmonte le hizo entrega de los trastos resonó una ovación unánime. Saludó Ortiz a la presidencia, y fuese a los medios a brindar la muerte de su enemigo. Tranquilo y torero empezó la faena con la derecha, sobresaliendo de su labor unos magníficos muletazos de pecho y por alto que se jalearon. Con la espada cogió de primeras un buen pinchazo y luego un poco más de media estocada, y como el toro tardara a doblar recurrió al descabello acertando al segundo empujón. Y José Ortiz oyó nutridos aplausos, viéndose obligado a saludar desde los medios...

Una presentación importante, emborronada por el mal manejo de la espada, que dejó entrever a la afición barcelonesa la calidad de torero que tenía Pepe Ortiz.

Los toros de la corrida

Del encierro anunciado solamente se lidiaron cinco toros. En el reconocimiento previo se desechó uno de ellos, siendo sustituido por otro de Villamarta, mismo que le tocó en el sorteo precisamente a Pepe Ortiz, que lo dejó para salir en sexto lugar. Ese toro fue devuelto a los corrales por estar notoriamente reparado de la vista y fue reemplazado por otro de Pérez Padilla, al que todas las crónicas se refieren como un mulo con poder y nada más y al que se quitó de encima de la manera más pronta posible. Resume el ya citado Trincherilla:

Se lidiaron cinco toros de Graciliano Pérez Tabernero. No justificaron la justa fama de que goza esta vacada. Terciados y feos de cabeza. De bravura fueron bastante parejos, pues excepto el primero, los restantes hacían un tufo a mansos que mareaban. No era esto lo que el público esperaba de este ganadero que tan bien acostumbrado nos tiene. Don Graciliano nos debe el desquite. Ya hemos dicho que el de Pérez Padilla fue un mulo...

Tan complicado fue el encierro, que Juan Belmonte saldó su tarde apenas con una vuelta al ruedo en el segundo, en tanto que Ignacio Sánchez Mejías pudo terminar la suya con una vuelta tras nutrida petición en el quinto, negada ésta, según las crónicas, por lo defectuoso de la estocada con la que puso fin a su faena.

La llegada de la modernidad

Mi amigo José Luis Cantos Torres, en su acuciosa obra sobre la Plaza Monumental de Barcelona, refiere que en esta fecha se utilizó por primera vez un vehículo de motor para el riego del redondel a la mitad del festejo. Curiosamente, no todas las crónicas de la corrida reparan en el hecho. La que aparece sin firma en el Diario de Barcelona, dice:

Por primera vez se utilizó ayer para el riego del ruedo un automóvil de riego, que hizo la operación en breves minutos, en substitución del carro cuba que empleaba el triple de tiempo...

Por su parte, en la Hoja del Lunes de la Ciudad Condal, al día siguiente del festejo, la crónica firmada por Don Eduardo, indica:

La empresa, «que no se priva de nada», hace el riego del redondel con un auto - tanque, al que se aplaude...

Un par de líneas apenas, pero era ya un paso importante en la manera de conducir los festejos taurinos para evitar la producción de tiempos muertos en su desarrollo.

La temporada de Pepe Ortiz

Quien pasará a la historia como El Orfebre Tapatío apenas torearía un par de tardes más en ruedos europeos. El 18 de julio siguiente iría a Palma de Mallorca para alternar con Rafael El Gallo e Ignacio Sánchez Mejías en la lidia de toros de Aleas y el 31 de agosto se presentaría en Melilla en un festejo en el que alternaría mano a mano con Cayetano Ordóñez Niño de la Palma y en el que se correrían toros de Santa Coloma.

Aunque Pepe Ortiz tuvo aficionados y periodistas que lo apreciaron como torero, el sistema en sí nunca entendió sus calidades como tal. Escribe Tomás Orts Ramos Uno al Sesgo:

Cuando por primera vez vino a nuestra patria en 1926, este notabilísimo lidiador mexicano, llegaba convaleciente de una cornada en un brazo que recibió toreando, en la plaza de México, su primera temporada de matador de toros. Un explicable deseo de darse a conocer cuanto antes de los públicos españoles, le hizo precipitar su presentación en manifiesto estado de inferioridad; y si bien en esta corrida, que fue la de su alternativa en Barcelona, se le aplaudió mucho toreando, más con el capote que con la muleta, y matando estuvo decoroso, el éxito no pasó de estimable. En dos corridas más actuó en esta excursión, una en Palma de Mallorca y otra en Melilla, en condiciones poco favorables para que pudiera revelarse el torero de que se nos había hablado... Para estas corridas no podía vestirse a gusto el diestro tapatío, que, si aceptaba torear, era por una imposición de las circunstancias...

Volvería en 1927, 1928, 1931 y 1934, pero siempre en esas condiciones poco favorables a las que se refiere Uno al Sesgo, por lo que no pudo firmar en aquellos ruedos tardes que confirmaran lo que aquí se pudo ver de su hacer en los ruedos.

Pero dejó para la posteridad una importante herencia artística, representada en suertes de capa que cuando se ejecutan – muy de cuando en cuando – vuelven a su nombre una cita obligada. 

domingo, 8 de febrero de 2026

6 de febrero de 1927: Pepe Ortiz realiza la orticina por primera vez en El Toreo de la Condesa

La temporada 1926 – 27 en El Toreo no resultó ser todo lo satisfactoria que la afición esperaba. Después de los grandiosos sucesos ocurridos en la anterior y con las ausencias de Rodolfo Gaona y la de Ignacio Sánchez Mejías, uno, retirado definitivamente de los ruedos y el otro, temporalmente fuera de ellos y dedicado a otros menesteres, se encontraron con un elenco que no llevaba nombres rutilantes en su composición, ni figuras que, en ese momento, se distinguieran por su consistencia. Escribió en su día Verduguillo:

No había en España, ni tampoco en México, toreros de quienes echar mano, diestros que con el anuncio de su nombre pudieran llamar a los aficionados a las taquillas a adquirir su derecho de apartado, y asistir a las corridas en que tomaran parte... Don Antonio Galván Duque tuvo la gentileza de atender a mi recomendación, y el primer espada que contrató en Madrid fue Nicanor Villalta, un muchacho aragonés, “gigante y cabezudo”, y que tenía el pescuezo más largo que un toro de Miura. Fue quien despertó mayor entusiasmo en aquella temporada en que ni “Chicuelo” ni Marcial Lalanda lograron hacer cosas mayores...

La parte nacional de los matadores de toros fueron únicamente Pepe Ortiz y Juan Espinosa Armillita, quienes junto con otros diestros como Valencia II, Fausto Barajas o Manuel del Pozo Rayito se encargaron de completar los 22 festejos de los que constó el serial que se dio entre el 10 de octubre de 1926 y el 20 de febrero de 1927.

Ka penúltima corrida de la temporada era parte de una serie de tres festejos ofrecidos de manera continua por la Asociación de Prensa, los días 5, 6 y 7 de febrero de ese 1927, los dos primeros, corridas de toros y el tercero, una actuación de los hermanos Manolo y Pepe Bienvenida ante erales de Zotoluca.

Una corrida pasada por agua

La corrida del 6 de febrero de 1927 se anunció con un encierro de San Diego de los Padres, para Manuel Jiménez Chicuelo y Pepe Ortiz, mano a mano. Una corrida que a punto estuvo de ser suspendida, después de arrastrado el segundo de la tarde, pero Chicuelo en su calidad de primer espada y director de lidia, consideró que la corrida podía continuar y se llevó una de las más fuertes ovaciones de la tarde.

Aparte de las vicisitudes climáticas, los toros no dieron el juego que de ellos se esperaba. Relata en su crónica aparecida en el semanario Toros y Deportes, aparecido al día siguiente de la corrida:

Poco tengo que decir de los toros que para la segunda corrida de la prensa enviaron los señores Barbabosa propietarios de la ganadería de San Diego de los Padres. Los pupilos de don Antonio mansurronearon de lo lindo; casi todos ellos volvieron la cara ante los pencos, no se dejaron castigar, salieron rebrincando cuando los hulanos les hurgaban la piel y saltaron al callejón una barbaridad de veces... Tres de los sandieguinos no debieron pasar, y si se escaparon de volver a los corrales, ello se debió a que el cambiador de suertes se empeñó en hacernos tragar el camelo, y en complicidad con los pincharratas, puso cuanto estuvo de su parte porque la divisa barbabosina – permítaseme el término –, saliera lo mejor librada posible... Pero justo es asentar que entre tanto buey de carreta como hoy soltaron los señores Barbabosa, hubo un toro que mereció los honores de ser paseado por el redondel... Mi felicitación calurosa a los señores propietarios de San Diego, por la brillante pelea que dio este animal; pero siento no poder decir lo mismo de los demás, porque francamente hablando, hubo algunos de ellos indignos de ser lidiados en la plaza más importante de la República, que es la de “El Toreo”...

Como vemos, un ejemplar salvó in – extremis el honor de la divisa, porque la corrida en su conjunto no correspondió con su juego al prestigio de la ganadería de su procedencia. Y, sin embargo, los toreros pudieron triunfar ante ella.

El genio creador de Pepe Ortiz

La crónica refiere que quien después sería llamado El Orfebre Tapatío sorteó el lote más malo de la corrida y que los toros corridos en segundo y cuarto lugar no tenían dentro faena alguna. Es más, el primero de su lote, saltó repetidas veces al callejón, en todos los tercios de la lidia y para poder matarlo, Pepe Ortiz tuvo que ir a sacarlo de allí. 

Lo interesante llegó con el sexto de la corrida, llamado Aretillo, un toro negro, ante el que, realizó una obra que ha pasado a la historia y que es, al final, la que da notabilidad a esta fecha de la historia. Relata Verduguillo:

José Ortiz torea con el capote con una exquisitez, con una suavidad, con una finura inigualables. Ahí han quedado esos cuatro lances para que venga cualquiera de aquí o de allá a mejorarlos. Cuatro monumentos. Si los ve Benlliure de seguro que los adopta por modelo, porque de esos entran muy pocos en libra… ¿Y en los quites? Ortiz se reveló en los dos que hizo, como un maestro. En el primero ejecutó otras dos verónicas de las que llevan su sello, y luego, con majestuosidad, con garbo indescriptible, se echó el capotillo a la espalda, dibujó una gaonera y recortó muy torero. En el otro, ejecutó tres lances de difícil clasificación: fueron una especie de tijerillas combinadas con navarras, vamos, algo maravilloso, estupendo, grandioso. “Chicuelo” no se dejó ganar la pelea, y también hizo de las suyas. La ovación para ambos fue delirante... Inició el trasteo con un pase cambiado por alto; luego dio uno de pecho, ceñidísimo, siguió con un natural con la diestra, y después otro de pecho hincando la rodilla derecha. Dejó que el toro se repusiera para después continuar la faena... La segunda parte se compuso de un pase de la firma que ni dibujado resulta más bonito, al que siguió uno de pecho muy apretado. Luego toreó José por delante, con elegancia, con dominio, con gallardía. Y al correr la mano en un natural con la diestra, el diestro resbala y cae en la cara. Momento emocionante: el toro hace por el diestro, le mete la cabeza, lo tiene entre las patas, largo rato y le pisa la cabeza. Pepe se levanta encorajinado, recoge espada y muleta, y sin verse la ropa va en busca de su enemigo... Pero a partir de eso, la faena se torna vulgar. Pepe torea por la cara, de pitón a pitón y en cuanto logra la cuadratura entra derecho y pincha en las alturas. La escena se repite hasta cuatro veces más, porque el toro se pone por delante y no ayuda nada al matador. Al fin logra Pepe media estocada en las agujas, que basta. Ovación grande...

La pérdida del equilibrio por un resbalón, quedando a merced del toro, da la impresión de haber arruinado una obra que apuntaba a ser redonda. Pero la impresión causada en la concurrencia fue contundente.

Chicuelo se mantiene en el ánimo de la capital

Manuel Jiménez Chicuelo terminó de entrar en el ánimo de la afición de la Ciudad de México un par de años antes, cuando materialmente bordó el toreo ante Lapicero de San Mateo allí mismo en El Toreo. En esta oportunidad, ya como cabeza del elenco de la temporada, se veía en la situación de tener que refrendar su calidad de figura ante la afición capitalina.

La ocasión se le presentó ante el tercero de la corrida Pergamino, que fue el toro de la corrida que salvó el honor de su divisa, lo aprovechó cumplidamente y le cortó las orejas y el rabo. Refiere Rafael Solana en su relación:

Seis lances dio Manolo a “Pergamino”, y en todos ellos el artista hizo alarde de bravura, de elegancia y dominio; remató enredándose el toro a la cintura. En los quites, el de la Alameda, lo mismo que su compañero el tapatío, se hicieron aplaudir fuerte… La faena de “Chicuelo” con “Pergamino” fue artística, pinturera, valiente: el toro no pasaba y Manolito toreó con la derecha, por bajo y por alto, siempre cerca, metido constantemente entre los pitones, en el terreno enemigo. Hubo una serie de medios pases graciosísimos que levantaron una oleada de aplausos y un afarolado que puso a la concurrencia de pie. Entró derecho el maestro y sepultó la mitad del acero en el mismo hoyo de las agujas, y como el toro tardara en doblar, “Chicuelo” descabelló al primer sopapo. La ovación fue enorme y se le concedieron al artista las dos orejas y el rabo de su noble enemigo. A petición del público, el toro fue paseado por el redondel, previa la aquiescencia del C. Regidor que presidía la corrida...

La descripción de la faena nos revela una arista distinta del toreo de Chicuelo, pues hace referencia a un torero que se mete en los terrenos del toro, más que hacer el toreo artístico con la muleta, todo con el afán de salir triunfante de esta corrida.

Reflexiones sobre Pepe Ortiz

El sesgo histórico de esta tarde deriva de que Pepe Ortiz realizó en ella por vez primera en un quite la orticina, reflejando con ella la profundidad de su creatividad con el capote en las manos. Escribe Robert Ryan:

La tauromaquia de Pepe Ortiz tiene extraordinaria vigencia porque restaura al moderno toreo de capa la olvidada riqueza del repertorio antiguo. En un momento histórico en que el arte de torear tomaba nuevos cauces de temple, estética y despaciosidad, Ortiz tomó en sus manos la capa de torear y, acorde con la nueva disciplina, se forjó una maestría de la tauromaquia de los siglos. Siendo un artista creativo, su hondo concepto de torería le impulsó a reencontrar, a redescubrir, las perdidas huellas del galleo, a explorar y revelar los pliegues más sutiles de la navarra, la tijerilla, la suerte de “Illo”, los recortes y las largas. Su arte recoge los matices de un espíritu sensible inmerso en la cultura de la capa, partiendo sus innovaciones de las aportaciones y el ejemplo de los clásicos…

A partir de esas bases es que creó distintas suertes con el capote, que le permitieron perpetuar su nombre y su obra en la historia del toreo. A propósito de la orticina, el propio torero refirió al licenciado Alberto Guzmán, quien firmando como Alberto Lázaro, dejó escrito en el semanario La Lidia:

La orticina está inspirada en “Chicuelo”, por su chicuelina – pero la chicuelina antigua, que es girando con el toro al compás de una verónica en redondo –. Se me hizo fácil hacer exactamente la suerte al revés, o sea haciendo una tijerilla redonda, girando con el toro en una vuelta completa… Esta suerte la intenté en mis horas de práctica, cuando hacía el toreo de salón. Cuando creí que era realizable, la hice con una vaca en la hacienda de Xajay y viendo que resultaba, y con la aprobación de don Eduardo Margeli (que Dios guarde), la hice en El Toreo durante la corrida que ya mencioné.

Toreros graves y toreros leves

Decía al principio que Verduguillo criticaba la temporada 1926 – 27 por no tener figuras de peso en su elenco y en sus reflexiones escritas y publicadas años después, sostenía sus argumentos señalando que el triunfador de la temporada había sido nada menos que Nicanor Villalta, quien a la vez ganó la Oreja de Oro. Esa reflexión me llevó a recordar un capítulo del libro La pantorrilla de Florinda y el origen bélico del toreo, de José Alameda, mismo que lleva por encabezado el que utilizo para esta sección. Entre otras cosas, Alameda expresa:

La literatura taurina, complacida en realzar a los toreros llamados "hondos", ha olvidado con frecuencia otra condición en cierto sentido más pura, la de los toreros que se elevan y pierden peso al torear… Entre los diversos matices del toreo de nuestro tiempo, puede distinguirse y establecerse un orden de niveles en que se sitúan los toreros, por su expresión y proyección. Unos, al ras; otros, ahondando, gravitando. Otros, hacia arriba, levitando. (La palabra “levitación”, no registrada por la Academia, lo está por otros diccionarios más abiertos, de más pronto eco, como procedente de un cierto uso real, del que puede derivarse el verbo levitar, parónimo de leve, y de levantarse.) … Toreros de gravitación y toreros de levitación. Toreros graves y toreros leves… De los primeros, está llena la literatura taurina, pragmática. De los segundos, ¿cuáles?, ¿quiénes? … Pongo tres ejemplos: un sevillano, Manuel Jiménez “Chicuelo”; un mexicano, Pepe Ortiz; otro sevillano, Pepe Luis Vázquez… Frente a la expresión ahondada del trianero Juan Belmonte, por ejemplo, del toledano Domingo Ortega (el de su primera época) o del mexicano Silverio Pérez, epígono de Ortega con personalidad propia, está el de Pepe Luis Vázquez, torero sin peso; está el de José Ortiz, que, al caminar con el toro, parecía despegarse del suelo, liberado de la arena… Pepe Ortiz fue un caso notabilísimo. Entre los toreros que han sabido andarle al toro, sólo él tuvo un acento distinto. Se le anda al toro, por lo común, para “poderle”: Ortiz lo hacía para “florearlo”. En México, “florear con la reata”, con la cuerda, es el juego que hace el jinete charro, convirtiendo la utilidad – lazo, aprehensión, caza – en adorno, ya sin causa. Era lo que Ortiz hacía en los quites, yendo y viniendo con el toro, en un juego de ala, complicado y fino a la vez, un barroco impalpable. De la “chicuelina” hizo un desliz. Inventó la "chicuelina andante". Tal como él la hacía era un paseo que se convertía en vuelo… Calificar a eso, simple y poco despectivamente, de “gracia torera” y pasarse de largo, como algunos quieren hacer… pone en entredicho a sus críticos superficiales…

Alameda nos deja claro aquí, que el poder con los toros no es ya solamente cuestión de profundidad o de hondura, que también se puede conseguir a través de la belleza e incluso, con la apariencia de lo que, algunos pretenden demeritar reduciéndolo a la mera expresión de un gracejo taurino. 

Esas son las reflexiones que nos deja, a la vuelta de casi un siglo, la creación de una suerte de capa que, la escuchamos en las reflexiones sobre el arte que se crea delante de los toros, pero la vemos muy de cuando en cuando delante de ellos. Quizás sea tiempo ya, de ir desempolvando ese amplio catálogo de suertes, para darle variedad y vistosidad a lo que sucede en el ruedo.

Hasta dentro de una semana.

Aviso parroquial: los resaltados en los textos de Verduguillo y José Alameda son obra imputable exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 28 de diciembre de 2025

26 de diciembre de 1920: Sánchez Mejías corta el primer rabo en la historia del Toreo de la Condesa

El 11 de octubre de 1916 se publicó en el Diario Oficial del Gobierno Provisional de la República Mexicana un decreto mediante el cual, Venustiano Carranza, en su calidad de Encargado del Poder Ejecutivo de la Unión, prohibió la celebración de corridas de toros en el Distrito y Territorios Federales, así como en el resto de la República, hasta el restablecimiento del orden constitucional.

Ese decreto, sibilinamente hecho público en su literalidad en la prensa ordinaria, con precisión en los diarios La Defensa, El Demócrata y El Universal desde el día 9 anterior, implicaba dos prohibiciones, una, que afectaba a todas las entidades del país y que terminó con la entrada en vigor de la Constitución de 1917, es decir, el 6 de febrero de ese año y la otra, relativa al entonces Distrito Federal y los territorios de Baja California, Del Bravo, Jiménez, Quintana Roo y Tepic perduró algunos años más, fuera porque esos territorios dejaron de tener esa calidad jurídica – Del Bravo, Jiménez y Tepic – o por lo que enseguida intentaré relatar.

En el mes de abril de 1920, en Sonora, se hizo público el llamado Plan de Agua Prieta, donde aparecían como figuras principales a Adolfo de la Huerta, Plutarco Elías Calles y Álvaro Obregón, oponiéndose al apoyo que daba el todavía Presidente Carranza a su embajador en los Estados Unidos, Ignacio N. Bonillas, para ser su sucesor en la elección próxima. Los ánimos se caldeaban en la Ciudad de México y por esa razón, tras de asistir don Venustiano al acto conmemorativo de la Batalla de Puebla el 5 de mayo, al siguiente día decidió cambiar la sede de los poderes federales al Puerto de Veracruz, abordando el tren presidencial para ello.

La posición política de Carranza ya estaba bastante debilitada, tanto, que el 9 de diciembre de 1919, la Cámara de Diputados dejó insubsistente su decreto prohibicionista y la de Senadores hizo lo propio el 2 de mayo de 1920, pero esa debilidad no impidió que antes, en plena vigencia de ese decreto, el 12 de octubre de 1919, se diera una corrida de toros en una plaza de toros levantada al efecto en la colonia La Bolsa – hoy colonia Morelos – de la capital, a beneficio de las obras de embellecimiento y drenaje de ese desarrollo habitacional. Esa tarde Juan Silveti lidió y mató en solitario cuatro toros de San Mateo de manera exitosa, mientras en El Toreo, Enrico Caruso y Gabriela Besanzoni presentaban la ópera de Verdi Un baile de máscaras.

La reapertura de El Toreo a las corridas de toros se celebró 16 de mayo de ese 1920, con un cartel formado por el diestro sevillano José Corzo Corcito y el Tigre de Guanajuato Juan Silveti, quienes lidiaron toros zacatecanos de San Mateo, en ese entonces, propiedad de los hermanos Antonio y Julián Llaguno.

La temporada 1920 – 21 en El Toreo

Una vez destrabados los obstáculos legales, se comenzaron a reorganizar los estamentos taurinos para volver a dar a El Toreo de la Condesa la función para la que originalmente estaba designado. En esa tesitura, se constituyó la sociedad denominada Empresa Taurina, S.A., formada por los señores Amada Díaz de De la Torre, propietaria del coso, el industrial minero español Andrés Fernández, el zacatecano Francisco Carreño, José del Rivero y Ramón López, siendo estos dos últimos representantes de los intereses de la señora Díaz y del señor Fernández, respectivamente. La cara visible de esa empresa, serían los tres últimos nombrados.

Escribe a este propósito Verduguillo:

Pepe Rivero y Ramón López salieron para España a contratar matadores que deberían actuar en la primera temporada 1920 – 21, después de la prohibición... El primer matador contratado fue Gaona y luego, por recomendación de éste, Alfonso Cela “Celita” de quien no teníamos más antecedentes de que era gallego, un matador de Galicia, una novedad. A poco supimos que estaba firmado Ignacio Sánchez Mejías, y al de Ignacio siguieron los contratos de Domingo González “Dominguín”, Ernesto Pastor, Juan Luis de la Rosa y Ángel Fernández “Angelete”, Juan Silveti fue contratado aquí...

Omite Rafael Solana en esa relación a Ernesto Pastor y refiere Heriberto Lanfranchi que se lidiaron toros de Piedras Negras, San Diego de los Padres, Atenco, Zotoluca, La Laguna y Coaxamalucan de entre las ganaderías nacionales, y del Duque de Veragua, Juan Conradi, Juan Manuel García, antes Arribas y Luis Gamero Cívico entre las españolas.

La temporada se inauguró el 17 de octubre de 1920 con toros de Piedras Negras para Juan Silveti mano a mano con Ángel Fernández Angelete, una corrida que solamente pasó a la historia por la efeméride que representó, pero por la escasa presencia de los piedrenegrinos, los espadas terminaron con rapidez la tarde.

Por su parte, Gaona volvió a México a principios de octubre de ese año y se instaló en una casa en la calle de Limantour, hoy Abraham González, de la que Verduguillo cuenta lo siguiente:

Sencillo el mobiliario, una que otra fotografía en las paredes tapizadas con papel descolorido. La sala tenía dos balconcitos a la calle; detrás un reducido comedor y luego el patiezuelo que daba acceso a la estrecha cocina. Esto era la planta baja, en la planta alta todo debió estar en consonancia. No hacía falta tener gran olfato para descubrir que Rodolfo venía, como se dice vulgarmente, “sin una peseta”... Largo rato permanecí con Rodolfo, conversando de diversos asuntos... Y mientras, el fiel mozo de espadas “Maera”, que no abandonó a Rodolfo ni en los momentos más críticos, entraba y salía arreglando el guardarropa del torero, en el que figuraban seis ternos. Los más lujosos que bordaron las habilísimas manos de la “Maestra”...

No olvidemos que el haber brindado un toro a Victoriano Huerta y el haber aceptado un festejo en correspondencia por ese brindis, motivó que Carranza le incautara sus bienes por considerarlo traidor a la patria, despojando, incluso, a la madre del torero de la casa que habitaba, y que el ridículo decreto que terminó por caer por su propia iniquidad, tenía un recipiendario en específico: Rodolfo Gaona, quien se tuvo que alejar de México durante todo el tiempo que el de Cuatro Ciénegas detentó el poder. 

Todos estos elementos, es decir, el regreso de los toros a la Ciudad de México, la vuelta del Petronio a México y los integrantes del elenco anunciado, despertaron un interés inusitado por adquirir derechos de apartado, lo que motivó la necesidad de ampliar en alguna forma El Toreo. Es cuando, cuenta Guillermo Ernesto Padilla, se le agregan los palcos de contrabarrera que terminaron de definir su personalidad como escenario taurino:

Fue por aquellos días cuando se le aumentaron a la plaza los cincuenta y ocho palcos de contrabarrera cada uno para seis personas que serían una novedad para el público capitalino al inaugurarse la temporada 1920 – 1921...

La decimoprimera corrida de esa temporada 1920 – 21

Para el domingo 26 de diciembre de 1920 se anunció la decimoprimera corrida de la temporada, con un encierro de San Diego de los Padres que sería lidiado por Juan Silveti e Ignacio Sánchez Mejías mano a mano.

En los mentideros no agradó mucho el cartel ofrecido por la empresa, en ellos se auguraba una mala entrada. Escribe Gonzalo Espinosa Don Verdades, en su crónica aparecida en el diario Excélsior al día siguiente del festejo:

Todos aquellos que presagiaban que la corrida de ayer iba a ser un acusado fiasco, que el cartel era mal confeccionado y que la entrada sería menos que mediana, quedaron burlados de todo a todo. Ni el cartel fue malo, ni la corrida pesada, ni la entrada escasa. Por el contrario, como antes lo indicamos, la entrada fue un lleno, los diestros cumplieron y todos los asistentes quedaron complacidos... El frío invernal que se sentía y el aire molesto que sopló toda la tarde, pronto fue olvidado, ya que la animación hizo enardecer la sangre en los aficionados de buena cepa, y hasta en aquellos que no lo son y acuden al circo a presenciar una fiesta de la que poco entienden. Estos señores Villamelones son los que a veces con sus intemperancias y sus necedades ocasionan molestias, silbando, nada más porque se les antoja, suertes bien consumadas, que, en vez de merecer censura, deben ser aplaudidas... Antes de comenzar la corrida se notaba cierto pesimismo. Los presagios lúgubres de las pitonisas y agoreros se habían extendido, y el mal humor había contagiado a todos los que, rebosantes de alegría y esperanza, llegaban a la plaza...

Al parecer, por lo narrado, la tarde fue fría y ventosa, pero eso no impidió que la gente acudiera a la plaza, la llenara y disfrutara de una tarde de toros que, a la vuelta de los años, resulta histórica. 

Apuntes de Ernesto García Cabral
Excélsior, 27/12/1920

El primer rabo en la historia de la plaza

El segundo toro de la tarde se llamó Caparrota, fue el primero del lote de Ignacio Sánchez Mejías. La faena realizada reflejó su emotivo acento hasta en el hacer del cronista, que tuvo que hacer uso, en momentos, hasta del ditirambo para poder transmitir lo que estaba apreciando en el ruedo. La versión de Miguel Necoechea Latiguillo, para el diario El Demócrata, aparecido al día siguiente del festejo, entre otras cosas dice:

...inicia Sánchez Mejías su estupenda faena de banderillero... La preparación es espectacular. Torero y toro están solos en la arena y separados de tercio a tercio... Reta Ignacio y el toro se encampana, se engalla y da una corta carrera. Después se detiene… El capote de “Bombita” interviene y lo devuelve al tercio con ánimo de cerrarlo en tablas y allí va a buscarlo el diestro que al pasarse de vacío por no acudir el animal, cambia los palos por otros y decidido entra al sesgo, dejando el primer par que le vale palmas; de poder a poder es el segundo que le conquista aclamaciones y en la forma esa impresionante, sesgando por el terreno de adentro sin salida casi, encomendando su vida solo al poder de sus facultades y a la serenidad de su corazón, deja el de Sevilla un par que es quizás el más grande y expuesto que le hemos visto clavar en la temporada... Ya no es ovación sino delirio el que sacude al público, que como un poseído grita vítores y palmotea hasta romper las manos... “Caparrota” está ahora más bravo que al salir del chiquero. La faena que nos espera con un toro semejante y un torero de tanto arrojo, habrá de ser grande, pensamos... Pero fue más; resultó inmensa de valentía y relampagueante por lo breve y deslumbradora... Sánchez Mejías brindó este toro a Silveti. ¿Diplomacia? No, merecido honor al mexicano que sabiendo con quien tenía que habérselas se apretó los machos de la taleguilla como pocas veces lo ha hecho y entró en el ruedo decidido a salir como los héroes de Esparta ¡con el escudo o sobre el escudo! … Lo que después sucedió fue un asombro. “Caparrota”, cerrado en tablas, vio a su enemigo citándolo en un palmo. Al hilo de las tablas hubo un pase por alto que fue preparación de lo estupendo. Dos pases de pecho, sentado en el estribo, pero no pases, así como quiera, no; dos pases tan apretados, que ya no con los cuernos estuvo expuesto el sevillano a morir prensado contra la barrera... Cuando se puso en pie, vimos que había perdido en el lance una zapatilla. Después se echó materialmente sobre “Caparrota” dándole solo tres muletazos formidables por alto y un ayudado, que lo obligó a juntar las patas, y ya cuadrado le soltó Ignacio una media estocada monumental y en las mismas péndolas, entrando corto y derecho y saliendo por el costillar, limpio como un rayo de sol... ¡Olé los hombres! … Llovieron al ruedo sombreros y bastones, flores y prendas de vestir y una mujer entusiasta se arrancó la piel - la de abrigo, se entiende - y la arrojó al ruedo... Se concedió a Ignacio la oreja y el rabo de “Caparrota”...

Era el primer rabo que se concedía en poco más de diecinueve años de existencia de la plaza. Lanfranchi refiere que también cortó el del cuarto de la tarde, Boticario, siendo que Don Verdades y Guillermo Ernesto Padilla hablan de que cortó solamente una oreja, en tanto que Latiguillo, refiere que solamente fue ovacionado. A saber.

Fuera de datos estadísticos, esta tarde el terreno quedaba debidamente preparado para la corrida del siguiente domingo, en el que se encontrarían Gaona y Sánchez Mejías con toros de Atenco y San Diego de los Padres. En esa tarde se iniciaría una muy interesante competencia entre ambos, que trascendió a los tendidos y que le agregó un ingrediente de interés a esta temporada de reapertura.

Y, para terminar

Recurro de nueva cuenta a Latiguillo que resume el festejo de esta manera:

La de ayer sí fue una competencia entre esos dos lidiadores que cultivan el mismo género emotivo e impresionante de torear... Y si Sánchez Mejías, ayer, como el día de su debut, nos puso en un sobresalto constante, Juan Silveti, en más de una ocasión nos mantuvo el resuello en suspenso y nos hizo sentir en las carnes ese estremecimiento que es a modo de augurio de tragedia...

Los toros son sol y sombra, triunfo y sangre, vida y muerte... Así lo hacen patente los toreros en el ruedo, unas veces de manera más evidente que otras, como esta que intento contarles el día de hoy.


domingo, 11 de mayo de 2025

El Toreo de la Condesa: El triunfo de Larita, la porra, Gaona y los toros de Palha

La temporada 1922 – 23 del Toreo de la Condesa constó de 22 corridas y corrió entre el 22 de octubre y el 1º de abril de este último año. Los diestros mexicanos que integraron el elenco fueron Vicente Segura, Rodolfo Gaona, Luis Freg, Juan Silveti, José Ramírez Gaonita y Salvador Freg, mientras que por el lado de los hispanos estuvieron presentes Rafael Gómez El Gallo, Manuel Mejías Bienvenida, Marcial Lalanda, Manuel García Maera, Julián Sáiz Saleri II, Matías Lara Larita, José García Alcalareño, Rafael Rubio Rodalito, Serafín Vigiola Torquito, Ángel Fernández Angelete y Pedro Carranza Algabeño II.

Los toros que se lidiaron fueron de Piedras Negras, San Diego de los Padres, Atenco, La Laguna, Zotoluca, Coaxamalucan, La Trasquila, Malpaso y Santín por los criadores mexicanos y del Duque de Palmella y Palha por los portugueses y un encierro hispano del Duque de Veragua.

El escalafón lo encabezaron Juan Silveti con 12 tardes, Rodolfo Gaona, con nueve; Marcial Lalanda, con siete; y, Maera. con seis; en tanto que las ganaderías que más toros enviaron a la plaza fueron Piedras Negras, con treinta y cinco; San Diego de los Padres, con veintiuno; y, Atenco, con veinte.

La décimo sexta corrida de la temporada

Para el domingo 4 de febrero de 1923 se anunció una corrida que inicialmente se planteó como el beneficio de Larita, pero que posteriormente se ofreció como un festejo a beneficio de la Cruz Blanca Neutral, que estaba edificando el Hospital del Niño. Para tal efecto se lidiaría un encierro portugués de Palha – anunciado como español en los programas – que Matías Lara había traído con él y le acompañarían en el cartel Rodolfo Gaona y se presentaría en el coso de la colonia Condesa el torero alcarreño Julián Sáiz Saleri II, quien ya era conocido de la capital mexicana, pero actuando en la placita de Chapultepec.

El encierro portugués, se dijo, se recuperaba del viaje trasatlántico en los prados de El Olivar, aunque mermado en uno de sus ejemplares, que pereció durante el trayecto, por lo que el sexteto se completaría con un toro de Atenco, que reglamentariamente saldría en primer término al ruedo y correspondería a Rodolfo Gaona, primer espada de la corrida.

Además, indicaban los programas anunciadores del festejo que al final del mismo, se sortearían entre los concurrentes dos mantones de Manila cortesía de Larita, estando anotado al reverso de los boletos de acceso al coso, el número correspondiente a tal sorteo. Además, se advertía, que por haber una competencia de carreras de automóviles en esa misma fecha, el festejo empezaría a las tres y media de la tarde, en lugar de a las tres, como era acostumbrado, para dar tiempo a los interesados, a asistir a ambos eventos.

El triunfo de Larita

Ya me había ocupado por aquí del pintoresco Matías Lara Larita, a propósito de la tarde en la que cortó un rabo en Madrid. Pues no se iba a ir de México sin un triunfo. No cortó un rabo, pero su desparpajo ante los toros y su absoluto desprecio por la muerte. Además, ya había comentado también su predilección por los toros portugueses de don José Pereira Palha Blanco, aquellos toros del ¡horror, terror y furor! y de los que Belmonte decía que cuando Larita se encerraba con ellos, parecía que lo hacía con gallinas. Entonces, el espacio, al menos para él, era el adecuado para triunfar.

Ante Lindero, quinto de la tarde, Larita fue visto así por Verduguillo en su crónica publicada en el Universal Taurino:

Es berrendo en jabonero, capirote, botinero, alto de agujas, y muy bien armado. Está marcado con el número 28... Don Matías provoca repetidas veces al morucho, pero, apenas si en tres ocasiones se hace tomar el percal, resultando deslucida la suerte por los largos intervalos que hay entre un lance y el otro... Guadalupe Rodríguez agarra un buen puyazo, saliendo su jaca desbocada, y sin que haya un monosabio que logre detenerla. El caballo herido da dos, tres vueltas al redondel y en una de tantas, se encuentra con Navarro, que está bregando inteligentemente para poner al toro en suerte, derriba al peón y le deja tendido en la arena; el toro hace por él, lo empitona por la parte posterior, y lo romanea aparatosamente. Todos creemos que Navarro ha recibido una cornada mortal... Cuando el herido es conducido a la enfermería, se acalla la pita... ¡Ya podían seguir chillando! … Del mismo Guadalupe y de Frontana, recibe el berrendo dos puyazos más, y pasamos a otra cosa... El Sordo clava un buen par; Rafael López un palo, y cierra Pablo Baos con un par de mucha exposición saliendo comprometido... Larita brinda a otro particular, y después hace una faena como la primera: valiente y emocionante, pero escasa de finura, Seis muletazos por alto, dos de pecho y un molinete; preceder: a un pinchazo en que el diestro se ha quedado en la cara, saliendo perseguido. Después del susto, se estrecha nuevamente con su enemigo en dos muletazos más, y perfilándose en el centro, y entrando derecho, mete toda la espada por las agujas, rodando el toro sin puntilla... Ovación grande, música, lluvia de sombreros y bastones, la oreja y regalo del particular. Olé los matadores con agallas...

Como se puede leer, Larita convenció a los asistentes con su particular tauromaquia. Quizás el toro por su comportamiento no recordara la leyenda de los Palha, aunque su pelo delatara desde lejos su origen.

La porra y Gaona

Decía antes que Gaona desde el anuncio del festejo enfrentaría para abrir la tarde un toro de Atenco, ganadería que, por confesión suya, era su favorita. Y en su segundo turno, tenía reseñado al toro número 40, curiosamente nombrado Saltillo, del hierro portugués, pero estaba escrito que esa tarde el Califa enfrentaría dos toros nacionales, porque Saltillo fue devuelto a los corrales por manso, no obstante que reglamentariamente debió ser fogueado y fue sustituido por otro de La Laguna. Ese hecho desató una tremenda bronca en los tendidos de El Toreo, pues se exigía que el sustituto fuera del hierro titular de la tarde, no obstante, el anuncio de que solamente había cinco toros de Palha disponibles ese día. Sigue contando Verduguillo:

El público quiere que la reserva sea nada menos que de Palha. ¡Pero hombre, por Dios!, si estamos viendo que el primer toro fue de Atenco precisamente, porque sólo había cinco de Palha, ¿cómo va a haber reservas de Palha? … El substituto es de La Laguna, o como si fuera, de Palha mexicano. En medio de morrocotuda bronca, Rodolfo se abre de capa y da cinco verónicas buenas. Aumenta la pitería…

Gaona había batallado con el de Atenco, que fue manso y bronco y el de La Laguna comenzó siendo suave y fácil, pero llegó al final escaso de fuerzas, lo que sumado a la indignación popular por no ser de Palha, ocasionó que se abroncara a su matador.

La crónica que escribió Gonzalo Espinosa Don Verdades para el diario Excélsior, señala como responsables de la bronca al sector de la afición conocido como la porra:

Sabemos todos que Rodolfo Gaona es y sigue siendo nuestro torero favorito, no tanto por partidarismo ni por ridícula patriotería, sino porque el leonés se ha encumbrado después de jugarse la vida tarde a tarde, durante quince años y por haber sostenido una ruda competencia con tres generaciones de toreros... Hay que recordar la tarde en que reapareció Rodolfo, después de haber estado ausente de la patria por siete años. La ovación que se le tributó esa tarde fue unánime, al igual que las que se le siguieron tributando en las grandes tardes que tuvo... Por desgracia de la afición nació la “Porra” y un grupo de incondicionales a los que yo no puedo calificar como buenos amigos de Gaona, principiaron a sembrar las disensiones entre el público, pretendiendo opacar a cuanto torero al lado del leonés. ¡Y qué torpe proceder siguieron! ¡Cómo si Rodolfo necesitara de esto, cuando todos sabemos el torero que ha sido, es y seguirá siendo! … El resultado de esta labor lo está sufriendo hoy Rodolfo... ¿Y quiénes son los responsables de ello? ¡Hay que decirlo claro! ¡La Porra y sus directores! Este grupo, queriendo incensar a nuestro gran torero, solo le ha causado perjuicios y se los seguirá causando... Un torero de la talla de este diestro no necesita de “claque”, él solo se impone y sabe conquistar a los públicos... El día que la Porra desaparezca, todo el público volverá a hacer justicia a Gaona y a aclamarlo como siempre lo ha aclamado por sus justos merecimientos...

Y es que la porra, de ser un grupo de aficionados independiente, que se dedicaba a exigir a los toreros sin importar su nombre, se fue convirtiendo, en un grupo decididamente de filiación gaonista. De su origen y resurrección a partir de 1908, escribió Verduguillo:

Por primera vez volvió a palparse la presencia de la Porra cuya acción se había amortiguado desde la muerte de Montes. Volvieron a escucharse los gritos de aliento para el “Indio” y las manifestaciones hostiles para los que con él alternaban. Actuaban los porristas por su propia cuenta pues ninguno de ellos recibía órdenes ni favores del “Califa”, le servían porque servían a la causa taurina que consideraban justa. Si alguna vez “Chano”, el apoderado de Gaona, pretendió obsequiar un boleto a algún porrita, éste lo rechazó indignado: “Dígale usted a Gaona que no necesitamos de él para nada”... Había en la porra médicos, abogados, estudiantes, empleados de comercio, burócratas, ferrocarrileros, propietarios de fincas, etc...

El germen del gaonismo estaba allí, pero al decir de Rafael Solana, se respiraba cierta libertad. Comparando lo escrito por Don Verdades tres lustros después, da la apariencia de que esa diversidad de criterios ya había desaparecido y se había unificado en uno solo.

El encierro de Palha

La corrida de Palha tuvo una calificación de ser mediana, ni buena ni mala, dijo Latiguillo en su crónica de El Demócrata, pero el segundo de la tarde fue un toro sobresaliente según el mismo cronista:

Tomó siete varas a ley, es decir, arrancándose desde largo, sin rehusar un solo momento la pelea y ¡qué pelea! la que hacen los astados de bandera... los toros que por tener verdadera sangre brava debajo del pelambre, no se duelen al castigo sino más bien, con él se crecen, como se creció el primoroso cárdeno cuya pelea llena de arrogancia y nobleza, quedará como un recuerdo en la memoria de la afición que ayer, haciendo justicia a “Lancero” – que así se llamaba este animal – cuando era arrastrado por las mulillas, le dispensó suntuosos funerales y le tributó honores de capitán general... y pidió que a semejante dechado de bravura y poderío lo acompañara al destazadero, no la marcha fúnebre de Chopin, sino la alegre diana, la autóctona fanfarria con que demostramos nuestra jocundia y premiamos a los que han merecido bien nuestra admiración; lo mismo a Fleta – ¡hum! – tenor de la época... que a un toro de Palha, si el tal toro, como el de ayer, da en la pelea el sonoro do de pecho de su nobleza y pujanza... Sí, este toro fue indudablemente el más bravo y el más toro que hemos visto correr en nuestra plaza desde tiempo inmemorial, igual puede ser que alguno haya salido, pero mejor que éste, ninguno...

Así pues, de la cuarteta de toros portugueses, este Lancero vino a salvar el buen nombre de su criador, quedándose, en la opinión del importante escritor de aquellos días, entre los mejores toros de la entonces reciente historia de la principal plaza de toros del país.

Para terminar

La entrada al festejo no fue muy buena. Ya decía antes que el mismo día de la corrida hubo carreras de automóviles, pero también en esa misma fecha se estrenaba en la capital la película Sangre y Arena con la actuación estelar de Rodolfo Valentino; en el teatro Arbeu se despedía la compañía de Lupe Rivas Cacho, que se iba de gira por Sudamérica y también hacía temporada María Conesa. Es decir, sin importar la presencia de Gaona en la plaza, había mucha oferta de espectáculos ese domingo. Nihil novum sub sole.

Tres días después, también en El Demócrata, Rodolfo Gaona anunciaba en una extensa entrevista que se iba a España para torear y despedirse de los públicos a partir de abril y hasta el mes de septiembre. Ya he contado por aquí las vicisitudes de esa última campaña, y los hechos de su tarde final.

Hasta el próximo domingo.

domingo, 13 de abril de 2025

A un siglo de la despedida de los ruedos de Rodolfo Gaona (y VI)

12 de abril de 1925: Rodolfo Gaona se despide de los ruedos

Cuando Rodolfo Gaona preparaba ya lo que sería su última campaña en los ruedos, celebró varias reuniones con Carlos Quirós Monosabio, para preparar la obra que se anunció como el libro íntimo de Gaona, titulado Mis Veinte años de Torero. En ese interesantísimo recuento, publicado primero por entregas en El Universal Taurino, el Califa de León explicó en la parte final una parte de los motivos – taurinos – que lo hacían apartarse de los ruedos. En el capítulo veinte de dicha obra, entre otras cuestiones, el torero hace estas reflexiones:

Pues sí: ya es tiempo. Después de veinte años de pelea, creo que se ha hecho bastante en todos sentidos... Hay que ir pensando en “pirarse”. Y está decidido: me voy... ¿Cuándo? Cualquier día. El menos pensado. Antes de lo que algunos puedan creer... Me siento en pleno goce de todo mi poder. Estoy fuerte. Puedo con el toro... Juzgo que mi misión ha quedado cumplida... Sin alardes de ninguna especie, estoy convencido de que mi carrera ha sido una de las más difíciles, porque fue una pelea sin tregua. Aquí y en España siempre me han echado un contrincante con quien disputar las palmas. No se ha querido que descanse, y de lo que yo haga depende el éxito de las temporadas de México... Toda fuerza tiene su límite... Me voy satisfecho porque no me han vencido, y de que en el último momento supe conservar el puesto que los públicos me dieron...

La principal razón taurina de Gaona para irse de los toros es la que compele a casi todas las figuras del toreo que se retiran en su plenitud: la desmedida exigencia de los públicos a partir de la capacidad reconocida a la figura en turno. Y cierto es también, como lo afirma el Petronio, que toda fuerza tiene un límite, por lo que llega un momento en el que hay que buscar el momento de dejar el sitio a los que vienen llegando atrás, eso sí, sin claudicar y defendiendo hasta el último instante el sitio conseguido delante de los toros.

Los prolegómenos de una despedida triunfal

La corrida de la despedida de Rodolfo Gaona fue organizada por el propio torero y su entorno. Si bien ocurrió en las inmediaciones de la temporada 1924 – 25, se celebró un par de domingos después de que esta concluyera. A propósito de la forma en la que este festejo fue confeccionado, escribió Rafael Solana Verduguillo:

“Monosabio” y yo estuvimos días antes a ver a Gaona, tratando de convencerlo de que no se fuera. Alegamos mil cosas... Gaona me escuchaba viendo el humo de su cigarrillo que se perdía en el infinito... Cuando yo terminaba de hablar, recogía el hilo de la conversación “Monosabio”... Gaona, cuando contestaba algo, decía siempre lo mismo: “Esto está resuelto: lo he meditado mucho, y se acabó” ... No tuvimos más remedio que conformarnos. Y nos pusimos a hablar sobre el cartel que había preparado para la tarde de su despedida; nada había resuelto... Estaba en México un torero, bueno nada más, muchacho atento y caballeroso que se hacía simpático no solo por su comportamiento en la plaza, sino por sus buenas maneras de gente educada. Se llamaba Rafael Rubio y lo apodaban "Rodalito". Juzgándolo oportuno, eché un capotazo a su favor, diciéndole a Rodolfo: La plaza se llenará con cualquiera que esté al lado tuyo, pon a “Rodalito” que te cobrará poco, y le darás una buena oportunidad a este muchacho para que se haga cartel en México... Y ya que se habla de oportunidad, dijo don Carlos Quirós, yo también quiero hacer una petición... ¿Cuál?, preguntó Gaona... Que pongas de sobresaliente a Pepe Ortiz, aunque no sea más que para que haga el paseíllo al lado tuyo... Bueno, ¿ya no quieren pedir más?, preguntó Rodolfo entre serio y gracioso. Yo le respondí: Hemos venido a pedirte que no te vayas, pero ya que “está todo resuelto”, cualquier cosa que te pidamos ahora es poco... Bueno, dijo Rodolfo; hablaré con “Rodalito” y con Pepe Ortiz hablará “Chano”, y le dirá que torea de sobresaliente. ¿Alguna otra cosa? ... Nos despedimos porque ya Rodolfo comenzaba a impacientarse...

No tengo manera de comprobar la veracidad de las afirmaciones de Verduguillo, pero del desarrollo de la prensa de la época, se advierte que él y Monosabio eran los escritores de toros más cercanos al torero de Guanajuato, así que tampoco me queda mucho espacio para dudar de la certeza de esas afirmaciones.

Rafael Rubio Rodalito, torero albaceteño alternativado por Luis Freg en 1922 y que tendría que esperar para confirmar en Madrid por Larita hasta agosto de ese 1925 cobra relevancia en la historia del toreo por un par de acontecimientos en su andar por los ruedos. El de más trascendencia, creo, es el haber actuado en la tarde postrera del Califa de León y el otro, es el haber sido participante en unas corridas de toros que se dieron en el Estadio Nacional de Roma los días 22, 29 y 3 de julio de 1924, alternando con Pedro Basauri Pedrucho. Del sobresaliente, Pepe Ortiz, solamente he de decir que es conocido universalmente como El Orfebre Tapatío y es el creador de algunos de los más hermosos quites que la tauromaquia reconoce en estos tiempos que corren.

La última tarde

La corrida se anunció para las tres y media de la tarde del domingo 12 de abril de 1925. Se lidiarían dos toros de Atenco, dos de San Diego de los Padres y dos de Piedras Negras por Rodolfo Gaona, quien se despedía de los ruedos y Rafael Rubio Rodalito, fungiendo como sobresaliente de espadas, José Ortiz. Las puertas de la plaza se abrieron refiere la prensa de la época, a las once de la mañana y alrededor de las dos de la tarde comenzó a lloviznar. Afortunadamente, a la hora del inicio del festejo, el cielo comenzó a abrirse y dejó de llover.

La tarde de Gaona tuvo lucimiento en dos toros, el quinto de la corrida y tercero de su lote, Veguero, número 17, de San Diego de los Padres, faena brindada en comandita al Secretario de Agricultura, Ing. Luis L. León, al Lic. Miguel Alessio Robles y al Gral. Arnulfo R. Gómez y de la que el corresponsal del diario tapatío El Informador, escribió:

En el quinto, el Indio deslumbra al público con nueve verónicas, de las cuales tres fueron coreadas y tres aplaudidas... Gaona comienza por sentarse en el estribo y así da un colosal pase por alto, luego de pie hace el de la firma, después cinco naturales con la izquierda, uno de pecho, otros tres naturales y uno de pecho, aquí escucha una gran ovación. Después un molinete entre los pitones, saca un pase ayudado con los pies clavados, vienen otros altos, que constituyen el delirio del público, que no descansa de aplaudir; caen al ruedo sombreros, bastones, se escuchan dianas, y después de que cesa un poco la ovación, el Indio continúa la faena y saca un pase de pecho, otro rodilla en tierra, se tira a matar y deja un pinchazo, después otro más y por fin deja una honda con que hace morir al bicho. Entonces escucha Gaona una ovación que se prolonga por cinco minutos, en cuyo tiempo da varias vueltas al ruedo en medo de un repiqueteo de campanitas...

Pero Gaona no pensaba irse con ese resultado y pidió que le echaran el sobrero. Y así salió en séptimo lugar Azucarero, cárdeno, número 20, de San Diego de los Padres. La crónica de El Universal Taurino, seguramente escrita por Verduguillo, está firmada por La Afición y acerca de esta última faena, relata, a la letra:

Un bonito ejemplar de San Diego de loa Padres llamado “Azucarero”, marcado con el número 20, berrendo en cárdeno y recogidito de pitones. Hizo salida de toro de bandera y a fe que resultó un azucarero, pues no era otra cosa que miel, rica miel de San Diego de los Padres, de la cual gustó el Califa hasta empalagarse. Remata el regalito en las tablas, acude con valor a los montados, ocasiona un tumbo a Conejo Grande, después otro a Guadalupe Rodríguez a quien hace el quite Gaona con una serie de verónicas de esas que ya no tienen calificativo, por lo grandes y remata con una larga vistosa. La ovación es imponente. Guadalupe Rodríguez, que ha sido arrastrado por su cabalgadura, hace coraje, monta otra vez y arrea un puyazo archimonumental, el puyazo de la temporada, nada menos; recargó con maestría, chorreó el palo y no se dejó desmontar, marcando la salida colosalmente. No se sabía para quien era la ovación que todavía duraba, si para el Gran Gaona o para el magnífico picador Guadalupe Rodríguez… Gaona coloca cuatro pares de banderillas; dos al cambio, uno de poder a poder y un cuarteo superior. ¿Para que repetir que se provocó el delirio en este tercio y que las manos se cansaron de tanto aplaudir? … Y vino la mejor, la última faena del maestro, que principió con el pase de la muerte; después obsequió a “Azucarero” con dos ayudados por alto, dos de pecho, un natural, uno de tirón, un ayudado por abajo, se cambia la muleta de mano y sigue dándonos la última emoción de la temporada… Hay en la faena de Gaona todo el arte que sabe doblegar, toda la finura de su estilo. La plaza entera parece venirse abajo. Ahora sí, “Las campanas de León tocan a gloria” … Pero el maestro se hartó de torear y “Azucarero” llegó a la muerte un tanto aplomado, lo que contribuyó a que Rodolfo pinchara cuatro veces y acabara en una estocada. Todo esto deslució la faena…

Esta última faena resultó ser el epítome de la tauromaquia de Gaona, salvo por sus desaciertos con la espada, siendo que siempre fue un estoqueador seguro. Pero la afición supo reconocerle, aún con esos fallos, la grandeza con la que se estaba despidiendo de los redondeles.

Rodolfo Gaona se retiró de la plaza en cuanto se preparaba el arrastre del toro. No esperó la ocasión de ser sacado en volandas y en olor de multitudes. Así lo cuenta el cronista del Universal Taurino:

La banda tocó la vieja pieza de “La Golondrina” y Rodolfo agradeció la ovación desde los medios. Y cuando todo el mundo creyó que el Indio aún estaba en la plaza para esperar el complemento de su homenaje, resultó que se había marchado y sin decirnos “adiós”…

No me queda la menor duda de que Rodolfo Gaona supo ser, pero también supo dejar de ser…

El día después

El Universal Taurino reunió en una edición especial numerosas colaboraciones de las principales plumas de la época con reflexiones acerca de lo que representó el adiós de Rodolfo Gaona. Así, podemos leer en sus páginas opiniones, positivas todas, de autores como Ángel Caamaño El Barquero, Tomás Orts Ramos Uno al Sesgo, Maximiliano Clavo Corinto y Oro, y el mismo Eduardo Pagés de España y de México, indudablemente, los nombrados Verduguillo y Monosabio así como también de hombres de letras como el Académico de la Lengua don Luis G. Urbina y muchos otros más. De entre ellas, tomo una breve reflexión de lo que en esos días escribió el acalitano don Luis de la Torre El – hombre – que – no – cree – en – nada acerca de la despedida del diestro leonés:

Las corridas de toros seguirán siendo el gallardo espectáculo de siempre, lleno de inusitado espectáculo, de alegría incomparable, de atractivo sin límites; seguiremos presenciando lidias pletóricas de incidentes sugestivos y bellos, y no veremos desaparecer de los espectadores esos apasionamientos creados por el partidarismo que solamente encuentra asiento entre los aficionados a la fiesta brava... Pero, ¿quién podrá negar que la retirada de Rodolfo Gaona haya muerto la figura más gigantesca con que ha contado el toreo? Vino Gaona. Se ha ido Gaona. La fiesta seguirá siendo la misma. Pero la historia tendrá que señalar un periodo de veinte años como excepcional, por haber figurado en él el mago del toreo, el único que merece el título de ÚNICO…

Unas reflexiones personales

De las propias expresiones de Gaona, considero que bien hubiera podido mantenerse en el superior primer plano que guardaba un par de temporadas más, para ceder el testigo a quien habría de sucederlo. Afirmo lo anterior, porque 232 días antes, vestido de corto, se había presentado en El Toreo de la Condesa un chiquillo nacido en Saltillo, hermano del torero que había alternativado el 30 de noviembre de 1924. ¿Su nombre? Fermín Espinosa Armillita Chico y al domingo siguiente, en la placita de Chapultepec, ya vestido de luces, volvió a poner a la afición de cabeza. La historia nos deja claro que la sucesión se produjo, pero la sede quedó vacante al menos un par de años.

Después, unas semanas antes de ese 12 de abril, El Universal Taurino publicó que el Califa de León había contraído matrimonio con doña Enriqueta Gómez, madre de sus hijos Rodolfo y Enrique. Quiero pensar que también esa fue una de las razones de peso que le llevaran a afirmar con contundencia, que todo estaba decidido y que le dieron la firmeza necesaria para respetar la decisión tomada y también a la afición, no volviendo a vestir el terno de luces desde esa fecha.

Por último. Se ha cumplido un siglo de la despedida de los ruedos de Rodolfo Gaona. Reitero, una auténtica despedida, porque nunca más volvió a vestir el terno de luces, por razón alguna. ¿Se imaginaría el Califa que su legado solamente permanecería vigente apenas cien años y que se intentaría sepultar por un puñado de insensatos?

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