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miércoles, 1 de mayo de 2013

Tal día como hoy. 1964: Destacan Juan Silveti y Humberto Moro


Los toreros de la Edad de Plata mexicana seguían siendo la base de las ferias importantes del país, aunque dentro de las filas de los novilleros ya aparecían algunos nombres que pronto pasarían al escalafón superior y pronto iniciarían el asalto a la cumbre. Tanto Juan Silveti hijo, como Humberto Moro eran integrantes de esa generación de toreros mexicanos y eran quienes llevaban el peso de la corrida del Día del Trabajo, que se completaba con la presencia del utrerano Juan Gálvez y una corrida de toros de Peñuelas.

El encierro enviado a la Plaza de Toros San Marcos por don Miguel Dosamantes Rul fue uno que se distinguió por su bravura y por su fiereza, destacando el juego que dio en varas. Quizás en estos días sería calificada como una corrida dura que dificultó el triunfo de los toreros. Del juego de los toros, don Jesús Gómez Medina escribió para su tribuna de El Sol del Centro lo que sigue:

Peñuelas envió un bravo y bien presentado encierro, el viernes. Por obra de los astados de Peñuelas volvimos a presenciar la suerte de varas con todo lo que encierra de emoción y dramatismo; de gallardía y de espectacularidad. Por obra de los toros de Peñuelas, los picadores, mal de su grado, visitaron varias veces la inhóspita arena – ¡los primeros tumbos de la Feria! –; y también en dos o tres ocasiones, el poderío de los bureles aunado a su fiereza, lanzó estrepitosamente a jinete y cabalgadura contra los tableros, para reproducir una escena que arrancada, al parecer, de las añejas estampas de Daniel Perea, conserva aún su abigarrado patetismo. Fueron los de Peñuelas en suma, fieramente bravos, con la bravura que emociona y entusiasma; con esa bravura, con esa fiereza que son y serán siempre las cualidades esenciales del toro de lidia...

Destaco aquí el hecho de que el cronista haga especial énfasis en el hecho de que es la bravura del toro la que produce emoción y entusiasmo en los tendidos y agregaría yo, lo que incrementa el valor de lo que los toreros hacen delante de ellos. Aquí don Jesús toca un punto sensible de todo esto, en el sentido de que el toro es la esencia y el eje de la fiesta y que si el toro no está presente, no hay fiesta posible.

Respecto de la actuación de los toreros, la relación que traigo aquí nos deja ver que Juan Gálvez no tuvo suerte; que Juan Silveti fue aplaudido en sus intervenciones, dando la vuelta al ruedo en el que abrió la tarde y jugándosela en serio con el cuarto, que le dio tanto a él como a su banderillero Francisco Lora Pericás un serio achuchón. El triunfo fue del muletero de Linares, Humberto Moro al cortar una oreja al segundo de la tarde. La crónica de don Jesús Gómez Medina relata así la actuación de los toreros:

Una oreja para Moro. La obtuvo en su primero, un hermoso ejemplar cárdeno oscuro, corto de pitones y con más kilos que un monopolista... Humberto lo había lanceado sin gran éxito hasta que sufrió una voltereta. El incidente le hizo brotar la casta: se ciñó entonces en un quite por chicuelinas y continuó arrimándose al librar con el lance final... Tras unos muletacillos de exploración, Humberto conduce al astado a los medios. Allí con la facilidad y buen estilo que tanto realzan su toreo, cuajó dos tandas de magníficos naturales, en los que corrió la mano y mandó en el bicho en gran forma. Y naturalmente, lo aplaudimos... Posteriormente el trasteo se convirtió en “derechista”. También con la llamada mano de cobrar Humberto mostró las excelencias de su estilo, con el entusiasta beneplácito de los paganos... Y en la primera oportunidad y metiéndose con decisión, clavó el acero delantero, pero con resultados definitivos. Ovación, oreja y dos vueltas al ruedo...

Así se resume lo más destacado de este pedazo de historia de nuestra Feria.

El festejo de hoy: Seis de Montecristo para Rodolfo Rodríguez El Pana, Morante de la Puebla y Juan Pablo Sánchez.

martes, 30 de abril de 2013

Tal día como hoy: 1961. Antonio Velázquez reaparece triunfalmente en Aguascalientes


La historia de Antonio Velázquez en los ruedos es la de un torero que, a despecho de los obstáculos que la vida y los toros le pusieron en el camino, a partir de una templanza acerada y una voluntad a prueba de cualquier reto, logró escalar las más altas cumbres de la tauromaquia. Comenzó como banderillero en las principales cuadrillas mexicanas y de allí, como antes, dejó de vestir de plata para iniciar su camino como jefe de la suya propia, distinguiéndose siempre por su valor, su honradez y por su entrega en todas las plazas.

Para la cuarta y última corrida de la Feria de San Marcos de 1961 se anunció precisamente para encabezar el cartel a Antonio Corazón de León, quien después de varios abriles de ausencia, regresaba al coso de la calle de la Democracia. Formaron terna con él el mazatleco José Ramón Tirado y el hidrocálido y trianero Rubén Salazar, quien reaparecía también un día antes de cumplirse el primer aniversario de su alternativa en el mismo escenario. Les precedería en la lidia de un toro el rejoneador Gastón Santos. El encierro anunciado era de la ganadería aguascalentense de Peñuelas.

La corrida tuvo como protagonista al toro y del encierro destacó uno llamado por su criador Pajarito, que vino a hacer efectivo el dicho aquél de que no hay quinto malo. Don Jesús Gómez Medina narra así los sucesos del festejo:

Profusión de apéndices en la 4a corrida de Feria. Bravo encierro de Peñuelas, destacando “Pajarito”, el mejor burel de la Feria. Vaya por delante la enhorabuena más cordial y entusiasta para la afición hidrocálida... Ayer su intuición y su perspicacia quedaron puestas de relieve cuando, a despecho de lo espectacular de la actuación de Ramón Tirado con su segundo y pese a la miopía de la Autoridad, fue el público de sol el que impuso su recto parecer a toda la plaza, cuando, a voz en coro, rindió pleitesía a las excepcionales dotes de dicho astado. ¡A la extraordinaria nobleza, alegría y docilidad de “Pajarito”, de Peñuelas! ¡El toro de la Feria, sin lugar a dudas!... Aquellas primeras aclamaciones – ¡Toooro!... ¡Tooro! –, obligaron al resto de la concurrencia a parar mientes en lo que en el ruedo ocurría, ¡Teníamos ante nuestros ojos, un auténtico ejemplar de bandera: bravo, sí, pero, a la vez, dueño de una sedeña y templada embestida! ¡Y tan noble, como diez generaciones de reyes!... Ante un adversario de tan estupendas características, Tirado realizaba monerías de toda especie. Pero pasárselo una y otra vez por el pecho, y ligar los muletazos mandando y pudiendo con el burel, toreando en suma, ¡eso, muy pocas veces!... Aquél primer estallido de admiración quedó prolongado en la triunfal vuelta que los aficionados – ¡los aficionados, conste, no la autoridad! – hicieron obligatoria para los despojos de “Pajarito”... ¡Enhorabuena afición de Aguascalientes!... Lucida reaparición de Velázquez. En su reaparición, Antonio Velázquez mostró el valor constante, sereno de antaño, aunado al aplomo y a la seguridad fruto de sus muchos años de bregar con los toros... Ayer, mediante su derroche de agallas, el leonés hízose aclamar desde el primer momento. Y si en su primero, luego de un valiente y lucido trasteo, coronado con media en lo alto, recibió las dos orejas – galardón excesivo, a nuestro ver –, con el aditamento de la vuelta al ruedo, que acabó difícil y con un lado izquierdo francamente intocable, Velázquez hizo derroche de agallas y expuso y se pasó al pajarraco por la pechera, llevándose inclusive un achuchón con rotura de la taleguilla. Estocada, oreja y dos vueltas, una a hombros de unos intrusos capitalistas. A este su segundo adversario, Velázquez le dio la bienvenida lanceándolo en forma torera y brillante...

Al final el resultado fue superior en apéndices cortados para Antonio Velázquez, además de que su actuación fue más acorde a las condiciones de los toros que le cupieron en suerte. José Ramón Tirado obtuvo las dos orejas de Pajarito, pero con los asegunes que el cronista pone en su relación. Por su parte, tanto el caballista Gastón Santos, como Rubén Salazar saludaron ovaciones en el tercio.

De nuevo, el toro resultó ser uno de los grandes protagonistas de este festejo que quedó para la historia.

El festejo de hoy: Corrida de la Oreja de Oro. Seis de Rosas Viejas - sustituyen a los rechazados de Suárez del Real - para César Delgadillo, Juan Luis Silis, Jorge Delijorge, Antonio García El Chihuahua, Gerardo Adame y Luis Conrado.

viernes, 26 de abril de 2013

Tal día como hoy. 1959: Carlos Arruza estoquea desde el caballo y se alza con el triunfo


La tercera corrida de la Feria de 1959, en el papel, prometía ser la continuadora de una serie de importantes éxitos que se habían producido en los dos festejos anteriores, nada menos, en la víspera, Rafael Rodríguez había realizado su inmortal trasteo al toro Poeta de San Mateo, mismo que le valdría la colocación de la primera placa en la historia de los muros del coso de la calle de la Democracia y que representaría el culmen de una tarde de esas que pueden ser calificadas de redondas.

La presencia de una indiscutible figura del toreo como Carlos Arruza en el festejo que por esos años cerraba la Feria, indudablemente que representaba un atisbo de garantía de que la estela triunfal seguiría adelante, sobre todo, si se considera que sus alternantes eran dos jóvenes espadas que tenían por divisa el ejercitar una tauromaquia refinada. Los toros serían hidrocálidos, de Peñuelas, una ganadería que en los seriales anteriores había obtenido triunfos resonantes.

Los titulares de la crónica que don Jesús Gómez Medina publicó en el diario El Sol del Centro del día siguiente al festejo, en principio parecen relatar una tarde de esas que no pasarán a la historia, pues rezan: Las corridas de feria, tuvieron ayer un desairado epílogo. Los toros de Peñuelas inferiores a los de las corridas del 24 y 25…, pero al penetrar al texto de su relación, encuentra uno que quizás cabeceó su recuento con cierta desazón porque no se mantuvo el hilo triunfal de los dos días anteriores. De lo escrito por don Jesús, entresaco lo siguiente:

Arruza y Moro lograron cortar apéndices... luego de los dos bravos encierros enviados por los ganaderos de La Punta y San Mateo, la corrida de Peñuelas vino a poner un desairado epílogo a la primera entre las Ferias de México... Ayer, cuando los de Peñuelas, además de mansedumbre, sacaron genio en exceso, realizando un tipo de lidia difícil en extremo, por la forma descompuesta en la que acometían y por los continuos cambios de estilo o de tendencias, tan solo Carlos Arruza, en el segundo de los suyos y Humberto Moro, merced a un riñonudo y meritísimo trasteo consiguieron la anhelada obtención de apéndices... La hazaña de Arruza. Bien había estado Carlos con su primero, un bicho con temperamento, que empujaba mucho para las tablas y que, inclusive, lo achuchó de mala manera cuando trataba de colocarlo en suerte para clavar un rejón... Sin embargo, mejor estuvo Arruza cuando, pie en tierra, con unos cuantos muletazos de tremenda eficacia se adueñó del bicho para propinarle una estocada honda... Con el cuarto, Carlos se superó toreando a caballo: lo mismo en su forma de encelar al bicho, manejando a la jaca con alarde de mando y seguridad, que clavando rejones y banderillas con una y con las dos manos, el Ciclón hízose aplaudir rotundamente... Y para concluir, acometió una hazaña sin precedente hasta la fecha, según nuestro leal saber y entender: la de estoquear desde el caballo. Acero en la diestra, echóse Arruza sobre el morrillo del morlaco y le dejó un estoconazo hasta la bola... Estalló naturalmente una ovación de las gordas. Dos orejas, el rabo del burel y una vuelta al ruedo en triunfo: tal fue el premio a la proeza del Ciclón. El triunfo de Moro. Triunfó, sí, el de Linares en la faena a su primero. Y triunfó, por sobre el toro y a pesar del toro, lo que reviste su éxito de un relieve muy especial, pues el bicho, mansurrón y con genio rehusaba además la embestida... exponiendo y toreando de verdad, logró Moro pasarlo por derechazos de excelente factura, tirando del manso en forma superior. Vinieron más tarde adornos, mostrándose siempre valeroso y con afán de palmas y por último la estocada que hizo doblar... Oreja y vuelta al ruedo entre el cerrado aplauso de los aficionados...

Una vez leído lo que nos cuenta el cronista, podemos ver que la tarde, en el renglón ganadero quizás no transcurrió como las de la víspera y la antevíspera, pero al final, el tesón de los alternantes y el poder que ejercieron sobre los toros, lograron superar las complicaciones del ganado.

El festejo de hoy: Ganado de Los Encinos para Eulalio López Zotoluco, Alejandro Talavante - que sustituye a El Juli - y Juan Pablo Sánchez.

domingo, 29 de abril de 2012

Tal día como hoy. 1962: Humberto Moro y Antonio del Olivar triunfan en la quinta y última de Feria


La quinta y última corrida de la feria de 1962 traía de nueva cuenta a Manolo dos Santos – reaparecido el año anterior – junto con el sensacional muletero de Linares, Humberto Moro y el fino torero celayense Antonio del Olivar. Ellos se enfrentarían a un encierro de la ganadería aguascalentense de Peñuelas, que en los calendarios anteriores habían tenido tardes triunfales para su propietario, don Miguel Dosamantes Rul y eran del agrado de los toreros.

Al final del festejo, los toreros mexicanos, Humberto Moro y Antonio del Olivar fueron los que sacaron el mejor resultado de la tarde. Manolo dos Santos pasó de puntillas por nuestra Feria y como lo leímos el día de ayer, en el siguiente serial de San Marcos, anunciaría a nuestra afición su decisión de despedirse de nosotros.

Los momentos destacados

Don Jesús Gómez Medina, cronista titular de El Sol del Centro destaca de esa tarde los siguientes momentos:

...Moro logró un éxito de consideración al pasar de muleta al corrido en el sitio de honor. Un bicho con suavidad y nobleza, con un lado izquierdo magnífico. Además, el más hecho, el de mejor tipo entre los seis... Unos pasecillos para fijar al burel, y el engaño a la siniestra. Y el pase natural, resurgiendo en todo su esplendor. ¡Con ritmo, con cadencia, con quietud y con mando! Las aclamaciones del pópulo corean cada muletazo; pero, inesperadamente el de Peñuelas toma las de Villadiego y la serie queda sin rematar... Pero aquellos naturales fueron de tal calidad y sabor, tuvieron tanta brillantez y señorío – ¡los mejores de la Feria! – que, cuando el linarense, tras un pinchazo, puso al de Peñuelas en manos del aprendiz de jifero mediante una estocada ligeramente desprendida, la ovación se repitió con fuerza y, previo otorgamiento de la oreja, Humberto Moro recorrió el ruedo en triunfo... En conjunto, la actuación de Antonio del Olivar fue la más completa, la más lúcida de la jornada. Con una determinación y un valor realmente singulares; y acusando un sitio y un torerismo también notables, del Olivar llevó a cabo dos faenas igualmente meritorias. Más brillante, más dilatada y emotiva, la del sexto; el bicho tenía bravura y fuerza en sus acometidas, y como del Olivar lo aguantaba a pie firme, y con limpieza y ritmo se lo pasó por la mismísima faja repetidas veces en muletazos en redondo con la derecha, o bien en los de trinchera, en los de pecho de gran plasticidad y dramatismo, y en los firmazos con los que puso fin a las diversas series, la emoción de los espectadores acabó por desbordarse y, pese al pinchazo, cuando coronó su lucido y meritísimo trasteo con una estocada delanterilla, entre grandes aclamaciones, Antonio del Olivar fue izado en hombros y paseado de esta manera por el ruedo, llevando en la diestra la oreja del de Peñuelas... Antes, al concluir la faena del tercero, el poderdante del “Cachorro de Querétaro” había visto premiada su labor con la vuelta a la arena... Rotundamente gris resultó la actuación del artista lusitano. Abrumado por la sosería de sus antagonistas, Manolo a decir verdad, muy poco logró de plausible. Lo mejor, su brevedad para saldar el compromiso...

Así transcurrió este festejo final de Feria, una que resultó ser en su día, junto con la de 1960, la más extensa en cuanto a número de corridas hasta antes de la adopción del modelo actual, implantado en 1971 por don Guillermo González Muñoz.

El festejo de hoy. 4ª corrida de feria: 6 de Teófilo Gómez para Eulalio López Zotoluco, Sebastián Castella y Juan Pablo Sánchez.

sábado, 1 de mayo de 2010

Tal día como hoy: 1964. Triunfo de Peñuelas. Juan Silveti actúa por última vez en nuestra feria.

Durante el último tercio de la década de los 50 y la primera mitad de la siguiente, el hijo del Tigre de Guanajuato fue uno de los toreros que fortificaron la tradición y la leyenda del serial de San Marcos. Su depurada tauromaquia era un platillo que la afición de Aguascalientes se solazaba en degustar, pues de los de su generación, es quizás junto con Jesús Córdoba, el torero que mejor dominó el conocimiento de la lidia, de los terrenos y de las suertes precisas para poder dar a cada toro la lidia correcta y adecuada a sus condiciones.

La oportunidad que da ocasión a este comentario, fue el festejo final de la feria en el que alternaron con él Humberto Moro y el utrerano Juan Gálvez, para dar cuenta de un importante encierro de Peñuelas. Las crónicas refieren la actuación del Tigrillo como discreta y como triunfadores de la corrida al encierro de Peñuelas y al linarense Moro que cortó una oreja.

El relato de de don Jesús Gómez Medina sobre lo destacado de la tarde es el siguiente:


El pasado viernes la del toro con nervio y pujanza. En efecto, por obra de los astados de Peñuelas volvimos a apreciar la suerte de varas con todo lo que encierra de emoción y dramatismo; de gallardía y de espectacularidad.

Por obra de los toros de Peñuelas, mal de su grado, visitaron varias veces la inhóspita arena – ¡los primeros tumbos de la Feria! – y también, en dos o tres ocasiones, el poderío de los bureles, aunado a su fiereza, lanzó estrepitosamente a jinete y cabalgadura contra los tableros, para reproducir una escena que arrancada, al parecer, de las añejas estampas de Daniel Perea, conserva aún su abigarrado patetismo.

Fueron los de Peñuelas en suma, fieramente bravos, con la bravura que emociona y entusiasma; con esa bravura, con esa fiereza que son y serán siempre las cualidades esenciales del toro de lidia. Con la bravura, con la fiera acometividad que, desgraciadamente, va escaseando en otras ganaderías; pero que hay que cuidar con todo celo, pues cuando tales características dejan de existir en los cornúpetas destinados al toreo, se habrá extinguido ya esa raza admirable llamada toro de lidia.

A todo esto, digamos que, con tales cualidades, los de Peñuelas tenían mucho que toreárseles, como se dice en el argot taurino. No, no eran los toros de azúcar y mazapán que por faltos de fuerza o de fiereza – de bravura – se antojan inofensivos. No.

A estos bureles había que dominarlos antes de hacerles florituras. Había que poder con ellos, en suma. ¿Lo consiguieron los maestros?...

El programa anunciador del festejo en los diarios invitaba al público a asistir a los corrales de la plaza a apreciar el encierro. Es curioso observar ese detalle, pues si bien la reglamentación exige que los toros estén a la vista unos días antes del festejo, es raro que se invite públicamente a verlos, más bien se trata de evitar, so pretexto de que con la afluencia de público se mueven y se pueden inutilizar.

Al final de cuentas y como decía antes, solamente Humberto Moro logró cortar una oreja al segundo de la tarde, con el que pasó algún momento de apuro en el primer tercio, cuando le echó mano. Por su parte, Juan Gálvez tuvo una tarde de esas para no recordar, en la que se vio sin deseos ni reposo al hacer el toreo.

Juan Silveti seguiría asistiendo a nuestra Feria de San Marcos, aunque ya no lo haría vestido de luces. La fiesta en México ya se comenzaba a manejar de una nueva manera y el respeto a la dignidad de los toreros estaba siendo soslayado, se pretendía tratar a los artistas como jornaleros sin importar la jerarquía que les es consustancial. Por eso él y varios de los de su tiempo decidieron que era el momento de dar vuelta a la página y dar por concluida con lucimiento una trayectoria, que seguir adelante pero sin esa necesaria dignidad.

Hoy le recuerdo en la que fuera su presentación postrera en nuestra feria y como actual cabeza de una dinastía de toreros, que se encamina a encontrar ya a la cuarta generación de matadores de toros en su historia.

sábado, 11 de abril de 2009

Peñuelas. Una ganadería de Aguascalientes

Introducción


Es interesante acudir a fuentes no taurinas cuando se trata de reconstruir la historia de la fiesta, porque en esas fuentes cuya consulta casi siempre desdeñamos por no referirse expresamente a cosas del toro, nos encontramos con claves que pueden ilustrarnos en forma muy clara el por qué de ciertos hechos de la tauromaquia.


Tal es el caso de la obra de nuestra coterránea Beatriz Rojas Nieto - obviamente gente de toro y gallo como diría Juan Castaingts - intitulada La Destrucción de la Hacienda en Aguascalientes misma en la que con base en las evidencias documentales, desarrolla un interesante estudio sobre ese fenómeno en nuestro Estado y nos muestra, quizá sin pretenderlo, la propensión de nuestra gente hacia la fiesta de toros, pues en la obra que se menciona, nos ubica en el tiempo y en el espacio haciendas como las de El Pabellón, Cieneguilla, La Cantera, Venadero, Garabato, Chichimeco, Santa María de Gallardo y por supuesto Peñuelas.


Todos estos nombres se han visto colgados alguna vez de los carteles de las plazas de toros, especialmente de la de San Marcos identificando la crianza y el origen de los toros lidiados allí.


Los Orígenes


Es sabido que los Condes de Valenciana y también de la Casa Rul fueron los originales propietarios de la Hacienda de Cieneguilla, lugar en el que desde finales del siglo XVIII los jesuitas criaban ganado, entre el que había bastante que era apto para la lidia.


Posteriormente ya iniciado el siglo XIX, se pasó ese ganado bravo a la finca de Venadero, obteniendo renombre ambas heredades por la bravura de sus toros. Al morir don Miguel Rul, Conde de Valenciana, heredarían la propiedad sus nietos Miguel, José y Salvador, ellos apellidados Dosamantes Rul y por ser menores de edad, la administración de dichas fincas recaería en manos de su padre, don José María Dosamantes quien se dio a la tarea de mejorar el ganado allí criado, introduciendo simiente española.


José María Dosamantes fue además el constructor y primer empresario de la Plaza de Toros San Marcos misma que construyó en brevísimo tiempo a efecto de poder dar los festejos de abril de 1896. Cabe señalar que los toros lidiados en la nueva plaza, el 24 de abril de ese año, fueron del hierro de Venadero, con divisa azul y oro.


Al llegar a la mayoría de edad los hermanos Dosamantes Rul, es Miguel quien adquiere de sus hermanos la titularidad del hierro, divisa y ganado de Venadero, mismo que pacía en sus potreros desde el año de 1888, fecha en la que se le trasladó de los potreros de Cieneguilla y en 1925, el ganado pasaría a la Hacienda de Peñuelas, misma que era propiedad de la señora doña María Guadalupe Nieto y Belaunzarán, primera esposa de don Miguel.


Dos años después será la fecha en la que se lidie ganado a nombre de Peñuelas, precisamente en la San Marcos, ya que el 13 de enero de 1927, se lidiarían seis novillos de esta ganadería para el infortunado Esteban García y el valentísimo queretano Paco Gorráez. Aquí nace pues la historia de esta ganadería de Aguascalientes.


El encaste


Al trasladarse el ganado de Cieneguilla a Venadero, don Miguel Rul adquirió dos toros españoles para mejorar su sangre, siendo uno del hierro de Miura y el otro de Pérez de la Concha, es decir, uno de casta Gallardo – Cabrera y el otro Vistahermosa, pues el hierro de Pérez de la Concha es al igual en origen que el de Saltillo, derivados ambos de la porción que Pedro José Picavea de Lesaca adquirió de la sucesión del Conde de Vistahermosa.


Posteriormente ya entrado el pasado siglo, don José María Dosamantes agregó por consejo de su amigo Diego Prieto Cuatrodedos, vacas y sementales de Tepeyahualco, mismas en las que predominaba la sangre de Saltillo y agregó nueva simiente hispana con sementales de Concha y Sierra de puro origen vazqueño y nuevamente de Miura, lo que explica las historias acerca del variopinto pelaje de los originales Peñuelas, pues los agregados tlaxcaltecas también llevaban en sus venas sangre de hierros derivados, tanto del que fuera del utrerano Vicente José Vázquez, como del otrora sombrerero hispalense.


Esta es la base ganadera que adquiere don Miguel Dosamantes Rul en 1924 y con la que inicia su andar como titular del hierro de Peñuelas, iniciando igualmente sus trabajos por mejorar el ganado allí criado y así veremos que una de las primeras actividades a las que se lanza es la de hacer nuevos agregados de simiente española y así adquiere un semental del hierro de Arcadio Albarrán, de nombre Paletas, número 5, de pelo negro zaino, otro del histórico hierro de don Vicente Martínez, ganadero colmenareño que inició un encaste propio al cruzar toros del Colmenar con un semental de Eduardo Ibarra llamado Diano y un tercer padre con el hierro del Marqués del Saltillo. El toro de Martínez se llamó Terciopelo, número 27, de pelo negro mulato. El toro de Albarrán era de origen Campos Varela, es decir, Murube – Ybarra – Parladé.


Por otra parte, en 1927, se agregarían cinco toros con el hierro de Campos Varela, adquiridos originalmente por los señores don Francisco y don José Madrazo y García Granados, ganaderos de La Punta para la mejora de su vacada, dichos toros los obtuvo a cambio de la propiedad de la Plaza de Toros San Marcos, que había heredado de su padre y se dio el hecho de que la retienta de los sementales la hizo Marcial Lalanda, llamado el mas grande. Posteriormente don Miguel agregaría toros de Matancillas y La Punta a sus dehesas, estos de puro origen Parladé vía Domingo Ortega y Campos Varela.


Hasta aquí podemos observar que en alguna forma se intentó mantener un equilibrio entre las sangres de Vistahermosa (Parladé, Campos Varela, Saltillo, Ibarra, etc.) y las que no son de ese origen (Vázquez, Gallardo – Cabrera, Martínez y otras), pero de nueva cuenta se hace una agregación que yo llamaría explosiva en 1928 cuando se adquiere de doña Amada Díaz Viuda de de la Torre la vacada de San Nicolás Peralta, misma que tenía orígenes de Anastasio Martín (Vistahermosa), Concha y Sierra (Vázquez), Veragua (Vázquez) y Arribas Hermanos (Colmenar). Estos ganados serían retentados en su totalidad, refiriéndose que era tal la bravura o el nervio de alguna de las vacas, que morían acalambradas al pelear con los caballos en el tentadero de la ganadería.


Con esas raíces seguiría Miguel Dosamantes Rul su andadura como ganadero de bravo durante veinte años más, pues en 1948 agregó dos toros españoles de Luis Vallejo Alba encastados en Murube y en 1950 otro semental de Ernesto Cuevas de origen Coquilla.


Estas bases ganaderas darían a Peñuelas la oportunidad de presentarse en El Toreo de la Colonia Condesa el 26 de junio de 1932, con seis novillos para José María Calderón, Liborio Ruiz y Luis Castro El Soldado, destacando en la lidia el sexto, de nombre Opalito, de pelo jabonero sucio, pero al tiempo el segundo un negro de nombre Fogoso, fue devuelto al corral por manso. Curiosamente el toro que abrió plaza, aunque anunciado a nombre de Peñuelas, llevó el hierro de Cieneguilla y fue un cárdeno bragado de nombre Niño.


De este polifacético encaste salieron toros muy bravos, recordándose la lidia que dieron Rubito, jabonero barroso, Anacleto, cárdeno bragado, Capullito de Alhelí, salinero, Pegajoso, berrendo en albahío, Calzonudo, negro, Rayito, negro, desorejado en la México por Curro Ortega y Pinturero, desorejado por Calesero en Cuatro Caminos.


También hay toros que pasan a la historia por algún otro hecho, no siempre glorioso, como el llamado Barqueño, que el 26 de abril de 1959 causó la muerte a Paco Pavón, hijo del ganadero de Rancho Seco, don Carlos Hernández, quien iba de sobresaliente en la corrida que mano a mano torearon Alfonso el de Triana y Luis Procuna en el coso Cuatrocaminero.


También cupo el honor a don Miguel Dosamantes Rul de ser el ganadero que lidiara sus toros el 5 de febrero de 1947, fecha en la que Manuel Rodríguez, Manolete, se presentó en la Plaza San Marcos alternando con Manuel Jiménez Chicuelín y Luis Procuna, en la penúltima tarde en la que actuara en México.


Los toros originalmente anunciados eran de Pastejé, pero por el problema de la fiebre aftosa, estos no pudieron pasar a Aguascalientes y así se vio salir de los toriles a Lucerillo, que correspondió a Procuna y se fue sin el rabo al destazadero, Pajarito, que perdió igualmente su apéndice caudal para Chicuelín y Espadachín, toro con el que el Monstruo de Córdoba la armó en el ruedo sanmarqueño perdiendo las orejas por fallar con la espada.


Será en 1974, que don Miguel Dosamantes Rul decida variar el rumbo de su vacada y así agrega dos sementales de Jesús Cabrera, puro San Mateo y será su viuda, la siempre recordada doña Raquel González quien agregue a la ganadería otros toros de Javier Garfias en 1979 y Valparaíso, en 1980. Después se ha continuado con los añadidos, principalmente de la familia Garfias en sus distintas denominaciones, pero se conservan algunas líneas de sangre puras de lo original de la ganadería.


Una corrida que marcó la transición en esta ganadería, ha sido la lidiada en la Plaza Monumental Aguascalientes en el año de 1977, una corrida bien comida, de hermosa presencia que fue lidiada por Fabián Ruiz, Guillermo Montero y Armando Mora, destacando el sexto, que se llamó Rubio, premiado con la vuelta al ruedo y que permitió al trianero Mora lucirse aún evidenciando falta de sitio.


A guisa de conclusión


La historia de Peñuelas está ligada a la de nuestra Ciudad y de su Plaza de Toros San Marcos pues sus orígenes convergen en el mismo punto de partida que es la afición que tuvieron los señores Condes de Valenciana y don José María Dosamantes, constituyéndose pues en los iniciadores de una tradición que a mucha honra, es de Aguascalientes y de su gente, lo que nos debe llenar de orgullo, pues como nuestra Ciudad, en lo taurino, muy pocas.

sábado, 4 de abril de 2009

Hace seis décadas: La Feria de San Marcos sin toros (I)


En realidad hace un poco más de las 6 décadas. Fue en el año de 1947 cuando nuestra feria abrileña transcurrió sin uno de sus ejes, es decir, sin corridas de toros no obstante que en el febrero anterior, se podría haber barruntado un serial de gran tronío, pues se había presentado en la Plaza de San Marcos el Monstruo de Córdoba, que aún sin salir con los apéndices en la espuerta, dejó constancia ante la afición hidrocálida de su trascendencia en el mundo del toreo.

La razón de la ausencia de la fiesta de los toros en la feria, se atribuyó al combate a una epizootia de fiebre aftosa que se había reconocido por un decreto presidencial publicado en diciembre de 1946, en el que se declaró de interés público el combate a esa enfermedad del ganado, principalmente vacuno.

La realidad es que las primeras referencias del mal ya fuera de control se produjeron en el mes de octubre de 1946, cuando veterinarios oficiales del estado de Veracruz reportaron la incidencia de la enfermedad en esa zona de México, aparentemente diseminada por la extracción de una estación cuarentenaria establecida en la Isla de Sacrificios, de ganado cebú importado de Brasil, antes de que se cumpliera el plazo de su estancia en ese lugar.

Las primeras entidades afectadas fueron la propia Veracruz, Tlaxcala, Puebla y el Distrito Federal y el avance del mal amenazó con quedar fuera de control. Lo anterior motivó la alerta de las autoridades sanitarias de los Estados Unidos, país con el que compartimos 3,000 kilómetros de frontera, que a toda costa pretendía evitar el ingreso del mal a su territorio.

Lo anterior motivó la creación de una comisión binacional encargada del combate y erradicación de la fiebre aftosa y la aplicación de una serie de medidas zoosanitarias que incluían la vacunación de la cabaña ganadera existente, la zonificación del país de acuerdo con la incidencia del mal y la utilización del llamado rifle sanitario para exterminar a todo el ganado enfermo o sospechoso de estarlo. La utilización del citado rifle era casi siempre por técnicos norteamericanos, pues en ese entonces, solamente había una escuela de Veterinaria en México, la de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La última circunstancia mencionada, motivó un grave disgusto en la población, pues muchos tenían por todo activo unas cuantas cabezas de ganado. Así, en un estado laico, en el que apenas se cerraban las heridas de la Guerra Cristera, fue necesario que el Arzobispo Primado de México, don Luis María Martínez, en concordancia con la posición estatal, entrara al quite y dejara patente a la feligresía católica – la mayoría de la población mexicana – que la utilización del temido rifle sanitario era indispensable en esas circunstancias y aún en esas condiciones se relatan casos en los cuales los tenedores de ganados en esas condiciones ejercieron actos de violencia contra los que pretendían sacrificar sus animales - aún mediando indemnización -, hablándose de más de algún linchamiento.

Entre el final de 1946 y 1952, que fue el lapso en el cual se llevó esa campaña de erradicación de la fiebre aftosa, se sacrificaron más de un millón de cabezas de ganado de un hato total que rondaba los 14 millones. La zona infestada, fue el Sur de México, que aproximadamente llegaba hasta la ciudad de México; la zona de seguridad que era el Centro del País, llegaba hasta la ciudad de San Luis Potosí y la zona libre, que abarcaba el Norte de la República hasta los Estados Unidos era objeto de rígidos controles y aduanas, con los llamados vados de la aftosa, en los que las personas y vehículos al cruzar de una a otra, debían desinfectar su calzado y rodamientos pasando por tapetes y vados desinfectantes. En cada puesto había una guarnición militar que obligaba a los renuentes a hacerlo, para evitar una mayor propagación del mal.

Quién haya llegado hasta este punto de la entrada, podrá preguntarse: ¿y esto qué tiene que ver con los toros? Pues mucho. En su obra La Fiesta Brava en México y España, 1519 – 1969, Heriberto Lanfranchi dedica un breve párrafo a este problema, mencionando que muchos ganaderos de lidia sufrieron los estragos del rifle sanitario, aunque no se conoce una estadística confiable del número de toros de lidia que hayan sido sacrificados por enfermos o sospechosos de padecer la glosopeda.

Las 10 ganaderías que más toros lidiaron (encierros o toros sueltos) en las plazas de la capital del país en ese tiempo (México y El Toreo), fueron por su orden La Laguna (17 veces), Pastejé (16 veces), Coaxamaluca (15 veces), Piedras Negras (13 veces), San Mateo (13 veces), Torrecilla (11 veces), Zotoluca (10 veces), La Punta (9 veces), Xajay (8 veces) y Tequisquiapan (6 veces), veremos que la mitad de ellas están fuera de la zona infestada, pero dentro de la de seguridad y en el caso de las de San Mateo y Torrecilla, habrá que considerar si los toros que jugaron no estaban aclimatándose en los potreros que tenían en el Estado de México, pues entonces, su situación cambiaría radicalmente, pues aunque nacidos en la zona libre, se desarrollaron en la infestada.

La fiebre aftosa pues impedía el libre movimiento de ganado vacuno, motivó la reducción y hasta la supresión del uso de bueyes en las labores agrícolas y su sustitución por acémilas, la suspensión de la exportación de carne, la disminución en la producción de lana, pieles, lácteos y por supuesto el trasiego de los toros de lidia necesarios para los festejos que ese daban en las plazas de la República. Ya planteaba en una entrada anterior, que para la presentación de Manolete en nuestra tierra, se le anunció con toros de Pastejé, pero la restricción de la aftosa motivó que tuviera que lidiar toros locales de Peñuelas.

Pues bien, ese estado de cosas motivó que en abril de 1947 se anunciara que no habría corridas de toros en la Feria de San Marcos y que el desaguisado se atribuyera a la fiebre aftosa. En la continuación de este asunto, pondré a la consideración de Ustedes la visión de don Luis de la Torre, El-hombre-que-no-cree-en-nada, a quién ya les había presentado, sobre este particular asunto.

Sobre el problema de la fiebre aftosa en México, les recomiendo la lectura de este número especial de la revista Imagen Veterinaria, de la UNAM.

sábado, 7 de febrero de 2009

Manolete en Aguascalientes: Nihil Novum…


En el post relativo al aniversario de la Plaza México, les contaba que el 5 de febrero tiene algunas otras cuestiones para recordar en lo taurino. En el caso de Aguascalientes, se cumplieron 62 años de la única presentación del Monstruo de Córdoba en la hoy centenaria Plaza de Toros San Marcos, en lo que constituyó su penúltima actuación en América, pues cuatro días después toreó en la Mérida mexicana y regresó a España para allí, encontrarse con su destino.

Di algunas vueltas para buscar la forma de comentar este hecho histórico, pero al final de cuentas concluí en que la versión más fiel de los hechos, la podría dar una crónica de la época. Así pues, transcribo íntegra la que escribiera Ramón Morales Padilla para el semanario La Lidia de México, misma que apareció en su número 219, correspondiente al 14 de febrero de 1947. Los resaltados son míos y demuestran que en una importante medida, no hay nada nuevo bajo el sol en estas cuestiones de las relaciones taurinas hispano – mexicanas.

Corrida triunfal en Aguascalientes

Aguascalientes, Ags., a 6 de febrero de 1947. – (Exclusivo para La Lidia de México). – Gran interés despertó en esta ciudad entre los aficionados la corrida efectuada ayer tarde, en la que alternaron El Monstruo de Córdoba, Manuel Rodríguez Manolete, Luis Procuna y Chicuelín, lidiando toros de Peñuelas, que vinieron a sustituir a los de Pastejé, en vista de que no se dio el permiso para que los toros salieran de sus dehesas hasta la plaza, evitando así el contagio de la epizootia.

Quince días antes que fuera anunciada esta corrida, los boletos se comenzaron a vender en gran escala y si la plaza no se llenó completamente como era de esperarse, se debió a que muchos aficionados no habían adquirido su boleto con anterioridad, y dado que también los toros no se pusieron a la vista del público sino hasta el día del festejo, no siendo de la procedencia anunciada.

¿Sabía Usted que la aftosa hizo un bien?

Aquellos que no quedaron conformes con el cambio de los toros, imaginándose que se les iba a engañar, a estas horas estarán contrariados, porque los toros de Peñuelas fueron la base para que viéramos una gran tarde de toros. Don Miguel Dosamantes Rul, propietario de la ganadería envió un lote terciado pero de mucha bravura y nobleza, que permitió el lucimiento de los alternantes. De los seis toros corridos, cuatro hicieron la pelea del verdadero toro de casta, yéndose siempre los toros para arriba, a los cuales Procuna cortó oreja y rabo del segundo y quinto; Chicuelín obtuvo iguales apéndices en el sexto y Manolete hizo una gran faena, pero no tuvo suerte con el pincho y se le fueron las orejas.

El primero llegó aplomado al último tercio pero sin presentar dificultad ninguna y el tercero se aquerenció al último. Pudiéramos asegurar que si se hubieran lidiado las reses de Pastejé, no se habría dado una corrida tan buena tanto para los toreros como para el público. Bendita sea la fiebre aftosa. ¿O no?

Orejas y rabo a Procuna

El berrendito Luis Procuna nos ha dado la impresión de poder más con el toro más valiente y más artista. Con el capote y sobre todo, al torear a la verónica, no se acomoda y lo hace de muy fea manera; en los quites está más variado y se ve adelantado. Pero con la muleta cambia totalmente. Aquel toreo que hacía en épocas pasadas, forzando demasiado el cuerpo, parece haberlo olvidado. ¡El torero se hace toreando!

Desde que el chico partió plaza la gente le hizo saludar desde el tercio al terminar el paseo: (¿Para hacer que Manolete apretara?) y estuvo animándolo para que nos diera una buena tarde como lo hizo.

En el primer toro cuando libró al picador, Procuna hizo un gran quite por chicuelinas, llevándose las primeras palmas.

A su primer toro lo lanceó de fea manera. En los quites se animó tantito, pero con la muleta prodigó algo serio. Después de echar la muleta por abajo en algunas ocasiones, se estiró para dar una serie de muletazos altos girando en la embestida. Vinieron los derechazos, manoletinas, procunesas, pasándose a un milímetro los pitones de la res. Cuando los espectadores aplaudían a rabiar, se fue tras la espada, sepultándola en todo lo alto y que bastó para que el bravo de Peñuelas cayera patas arriba. La oreja y el rabo, dos vueltas al ruedo y ovaciones a Dios dar.

Pero si la faena del primer toro entusiasmó mucho al público, la del quinto toro los volvió locos. Sus mismas deficiencias con el capote, pero después con la muleta, vimos el toreo bueno, sin trampas. ¡Qué bien toreó! El principio de esta faena fue como la del primero. Muy quieto citó Luis de largo para instrumentar unos pases altos, con la particularidad de la casa. Derechazos, naturales, lasernistas, manoletinas, procunesas y pases de adorno, rematando todos ellos. Con el ruedo tapizado de sombreros, Procuna se volcó en el morrillo del bravo animal, volviendo a tirar patas arriba al de Peñuelas. Nuevamente se le concedieron la oreja y el rabo; dio tres vueltas al ruedo, acompañado en una de ellas de Calesero, representante del ganadero.

¡Juventud, valor, clase, personalidad y todo lo que hay que tener para ser figura del toreo lo tiene LUIS PROCUNA!

También en Jalisco hace aire y fresco

Pero en el cartel figuraba además de Procuna y Manolete, otro matador de toros muy bravo y con mucha enjundia. Casta de torero tiene Manuel Jiménez Chicuelín, que si no tiene un lugar de figura entre los primates por el momento, aseguramos que si sigue por esa ruta, muy pronto lo tendrá.

Manolo no había tenido suerte en su primero y hasta se tardó para matarlo. Cuando el toro cayó por fin, el público le premió con algunas palmas. En los toros de sus alternantes había hecho varios quites muy valientes y muy artísticos; pero Procuna había estado enorme y Manolete había toreado estupendamente bien. ¿Qué decisión tomaría Chicuelín para salir adelante? Valor, toreo bueno y otras cosas. A Jiménez se le había puesto la cosa muy dura y pudo salir avante y es cuando se premia más un esfuerzo de esa magnitud.

Al sexto toro lo recibió con una serie de verónicas con los pies juntos, pasándose al toro por los adornos del traje. En los quites Chicuelín hizo el lance creado por su homónimo, volteando la cara a los tendidos. Remató guapamente y las ovaciones, que en esta vez fueron continuas, volvieron a ensordecer el coso.

Inició la última faena de la tarde con tres pases de rodillas. Ya de pie, toreó por derechazos, naturales, un gran pase de pecho. Manoletinas con la vista fija en los tendidos y en fin, desplantes suicidas. Un pinchazo en lo duro y una estocada en la que Manolo salió rebotado de la suerte, dieron fin al festejo. Los pañuelos volvieron a salir rebosantes por enésima vez para pedir las orejas y el rabo para este diestro, que el público sacó en hombros hasta el hotel.

Sí, en San Juan hace aire, pero en Jalisco también lo hay, y muy perfumado.

Manolete, muy buen torero

Hemos dejado al último al torero cordobés cometiendo una arbitrariedad. Pero hay que juzgarlo a la manera que lo vimos.

No cabe duda que el nombre de MANOLETE en el cartel es garantía para la empresa que lo contrata. En Aguascalientes no se había visto nunca que se apartaran boletos con anticipación. Esta vez lo hubo y en qué forma. A Manolete fuimos a ver todos, parece que su nombre tuviera arte de magia; pero si no de magia, sí de arte de torear con mucha grandeza.

La nueva escuela trazada por este señor, trae a la fiesta un alarde más de tragedia, pero para el torero, una forma más sencilla de torear. Así lo creímos.

En su primer toro no pudo redondear una faena de las más grandes pero sí un alarde de torerismo indiscutible; y de no haberse puesto pesado con el estoque, se hubiera ganado una oreja.

Pero también este torero tiene grandeza de no dejarse ganar la pelea, y por ello, le vimos instrumentar unos lances rematados en forma peculiar, para recibir al cuarto.

Con la muleta le vimos estar siempre muy cerca del toro, aguantarlo, consentirlo y sacárselo de abajo. Así tiró varias veces del toro en unos derechazos y naturales. Como sus alternantes, Manolete volteó la cara hacia los tendidos para torear de esa manera. El muletazo de su invención hizo calentar más a la gente y si hubiera tenido suerte con la toledana, se hubiera llevado iguales apéndices que sus compañeros.

Aguascalientes ya vio a MANOLETE, al igual que en otras partes, ha dejado la impresión de lo que es: UN TORERO MUY GRANDE y muy honrado.

El Corresponsal
Ramón Morales Jr.


Como podemos ver, en seis décadas y algo más las cosas no han variado mucho. Se aprecia la grandeza de las figuras, pero también que a veces optan por la comodidad. Creo que la crónica transcrita, así lo revela. Curiosamente, en Aguascalientes no volvieron a darse festejos taurinos, sino hasta octubre de ese 1947, por lo que más adelante les contaré las impresiones de la época sobre un abril sin toros.

domingo, 28 de diciembre de 2008

La simiente de Veragua en México (I)

Es una verdad incontestable que la simiente española predominante en México es el de Vistahermosa proveniente del Marqués del Saltillo, la que cruzada principalmente con el ganado criollo que demostró aptitudes para ser lidiado, en los casos de San Mateo y Piedras Negras, ha producido un par de encastes bien definidos en los que predominan las características de los toros saltilleros, pero con acentos propios que les dan una carta de naturalidad propia.

No obstante, el hecho de que esos encastes sean mayoritarios, no excluye que se haya intentado mejorar la cabaña brava mexicana con simiente de orígenes diversos y así, en algún otro comentario he señalado mi idea de que en San Mateo, un toro de Palha jugó un papel que a la luz de la historia resulta fundamental y que en Piedras Negras, toros de Miura, Concha y Sierra y Veragua también sirvieron para cimentar las bases sobre las cuales los ganados de Saltillo serían la expresión mayoritaria de esa vacada fundacional.

Ante la abrumadora mayoría de la presencia de la sangre de Saltillo, resulta de gran interés conocer qué influencia tienen o tuvieron otras expresiones genéticas del ganado de lidia en nuestro campo bravo y es quizás la vertiente que más atractivo representa es la veragüeña, por lo variopinto de sus toros.

La tienta pública de sementales

Una práctica que se vio con frecuencia en el último tramo del siglo XIX fue la inclusión en corridas de toros, de la lidia de toros que estaban destinados a ser sementales en diversas ganaderías. La historia nos revela varios casos en los que un determinado toro solamente era picado y banderilleado y después vuelto a los corrales a ser curado, porque sería destinado a semental en una determinada ganadería.

Hay datos de toros de Pérez de la Concha, de Miura, de Valentín Collantes, llevado a la Hacienda de Bocas en San Luis Potosí, de Eduardo Ybarra y de tres toros del Duque de Veragua probados en estas condiciones en la Plaza de Colón de la Ciudad de México, el primero, el 2 de marzo de 1890, el segundo llamado Lamparillo, el 13 de abril de ese mismo año, que murió en los corrales de la plaza por los excesos de los picadores y el tercero, digamos tentado el 20 de abril, llamado Amapolo, al que para evitar lo sucedido con el anterior, solo se le señalaron los puyazos.

Lo que no precisan los anales, es el destino que se dio a esos tres toros veragüeños, aunque visto el estado de la cabaña brava mexicana, pudo ser para cualquiera de las ganaderías existentes en ese momento.

San Nicolás Peralta

Esta ganadería adopta esta denominación en 1903, cuando la adquiere don Ignacio de la Torre y Mier, yerno del entonces Presidente de la República, Porfirio Díaz. La vacada se había fundado en 1794 por Raimundo Quintanar en la Hacienda del Contadero, con vacas criollas y dos toros andaluces de procedencia indeterminada.

A mediados del siglo XIX, su nuevo propietario, Manuel de la Peña la anunciaba como Cazadero y con la base de la anterior, agregó 5 sementales españoles. Dos de Anastasio Martín y uno de Miura, Arribas Hermanos y Concha y Sierra, mismos que puso con lotes de cuarenta vacas cada uno y en 1897, agregó un toro de Saltillo que fue tentado públicamente en la Plaza de Bucareli el día 4 de abril de ese año y que tomó 11 puyazos y mató 6 caballos.

Posteriormente ya en propiedad del señor De la Torre y Mier, se vuelve a agregar simiente de Anastasio Martín y del Duque de Veragua. Se afirma que entre 1903 y 1920, llegó a importar alrededor de 40 toros de esta última procedencia para sus vacas, muchos de los cuales, tras el estallido de la Revolución que inició el 20 de noviembre de 1910, fueron lidiados en las plazas de la Capital del País, como en los casos siguientes:

5 de febrero de 1911. El Toreo, 6 toros de Veragua para Antonio Fuentes, Rodolfo Gaona y José Morales Ostioncito. Se anunció que los toros habían sido sementales de San Nicolás Peralta.

17 de septiembre de 1911. 3 toros de Veragua y 3 de Anastasio Martín para Francisco Bonal Bonarillo, que dio la alternativa a Merced Gómez con uno de los del Duque y a Alfonso Zambrano, con uno de los de Anastasio Martín. Igual se anunció que habían padreado en San Nicolás.

12 de enero de 1913. El Toreo, 6 toros de Veragua para Rafael González Machaquito, Arcadio Ramírez Reverte Mexicano y Merced Gómez. Igual se anunció que se trataba de sementales desechados de San Nicolás Peralta. Asistió a la corrida el Presidente de la República Francisco I. Madero. Reverte Mexicano se negó a matar a los dos últimos y cuando fue encarcelado por ello, bajó del tendido Serafín Vigiola Torquito, quien se quitó la americana, pidió unas zapatillas y concluyó lucidamente con el festejo.

11 de enero de 1914. El Toreo, 3 toros de Veragua y 3 de Zotoluca para Rodolfo Gaona, Vicente Pastor y Manolo Martín Vázquez. Asistió al festejo el presidente usurpador Victoriano Huerta.

8 de agosto de 1915. El Toreo, 6 novillos de Veragua para Cayetano González y Miguel Gallardo El Diablito. Este festejo destaca porque en esta época estaba vigente la prohibición decretada por Venustiano Carranza, paradójicamente tío abuelo de quien medio siglo después se levantaría como el mandón de la fiesta en México, Manolo Martínez.

12 de marzo de 1922. El Toreo, 6 toros de Veragua, Juan Silveti e Ignacio Sánchez Mejías.


Entre 1911 y 1923, se mataron principalmente en la plaza de El Toreo, 58 toros del Duque de Veragua, de los cuales la mayoría padrearon en la Hacienda de Santa Catarina, en las cercanías de Toluca, Estado de México, lugar en el que pastaban los toros que en las plazas lucían la divisa con los colores azul y caña.

El destino de los ganados nicolaítas

Siendo la Revolución de 1910 de un fondo eminentemente agrario y habiendo fallecido Ignacio de la Torre y Mier en 1918 después de haber pasado casi 5 años en prisión por causas políticas, resultaba lógico que su viuda se deshiciera de la vacada, por lo que el ejecutor testamentario de De la Torre, Julio Herrera, comienza a encontrar interesados en adquirir esos ganados aptos para la lidia, logrando distribuirlos en cuatro grandes fracciones, ubicadas en las ganaderías de La Punta, Xajay, Peñuelas y Jalpa.

La Punta

A un par de meses del óbito del ganadero de San Nicolás Peralta llega a La Punta, propiedad de los hermanos Francisco y José C. Madrazo y García Granados un lote de vacas de ese origen, sin que se precise por don Francisco Madrazo Solórzano la cantidad de ellas, pero fueron destinadas a dos toros uno el número 23 de Parladé, Pinchasapos y otro de Saltillo el número 18, Finezas, ambos adquiridos por intermedio de Ignacio Sánchez Mejías.

Xajay

Una segunda fracción del ganado fue adquirida por el propio ejecutor testamentario Julio Herrera, que casado con la señora Concepción Perrusquía en segundas nupcias de esta, entre 1918 y 1920, llevan a la Hacienda de Xajay, en los límites de Querétaro e Hidalgo, igualmente un estimable lote de vacas de San Nicolás, las que son cruzadas con dos toros de Piedras Negras, quedando desde 1923 la ganadería a cargo de los hermanos Jorge y Edmundo Guerrero Perrusquía, hijos del primer matrimonio de doña Concepción.

En 1925 se agregan vacas y sementales de Parladé y Campos Varela, que llegaron a México en el mismo embarque que la simiente destinada a La Punta, aunque se mantuvo una selecta punta de vacas de lo de San Nicolás Peralta, lo que permitía lidiar ocasionalmente toros sueltos o encierros completos de toros con características plenamente vazqueñas, como la corrida de los jaboneros de Xajay del 26 de marzo de 1944, que mataron mano a mano Armillita y El Soldado en El Toreo de la Condesa.

Peñuelas

La fracción más estimable del ganado de San Nicolás Peralta llegó al Estado de Aguascalientes. El total de cabezas de ganado fue de 273, pues don Miguel Dosamantes Rul recibió 115 vacas de vientre, 19 eralas, 21 erales, 40 toros entre 5 y 8 años, 29 utreros, 47 crías sin herrar y 2 sementales el Cilindrero número 14 cárdeno bragado y el Gallareto número 34, berrendo en negro.

Jalpa

Una última fracción de vacas y el semental Centello, número 18, negro bragado de San Nicolás Peralta fue a manos de don Antonio Algara en 1925 para su ganadería que originalmente se denominó Jalpa, por estar ubicada en la hacienda del mismo nombre en el Estado de Guanajuato y que posteriormente cedería los colores negro y amarillo de su divisa a la de Pastejé, que formaron en sociedad el propio Tono Algara y don Eduardo N. Iturbide, con saltilleras de San Diego de los Padres y toros de Murube, aunque se dejó, como en el caso de Xajay, una punta selecta de las vacas de San Nicolás, lo que se reflejó en la presencia frecuente de toros berrendos en esa ganadería.

San José de Buenavista

En 1925 en Xajay se dio un golpe de timón hacia lo de Parladé y Campos Varela, reduciéndose drásticamente la base de origen veragüeño de la ganadería. Por esos días, un ganadero guanajuatense, don José Francisco Aranda, había adquirido también algunos ganados de San Nicolás Peralta – quizás influenciado por su vecino Tono Algara – y después entre 1930 y 1940, adquirió vacas en Peñuelas y cuatro sementales de Xajay, dos de pelo negro y dos jaboneros, todo este pie de simiente, descendiente de los ganados que en su día fueran propiedad de Ignacio de la Torre y Mier.

La ganadería duró bajo la dirección de don José Francisco Aranda hasta el año de 1952, fecha en la que asume su manejo su hijo don José Alberto Aranda Díaz Infante, quien la condujo hasta este año 2008 en el que falleció, después de 56 años de conducir los destinos del hierro matriz de San José de Buenavista y el de La Cuatralva, que es el segundo de la casa y que representa el nombre de la finca donde pacen los variopintos ganados de los Aranda.

Aparte de las particularidades cromáticas, los toros de San José de Buenavista tienen otras, como el hecho de que el hierro se marca en el costillar del lado izquierdo y el número en el lado derecho; a los machos, se les hace doble señal de sangre, el zarcillo en la oreja izquierda y la corbata, de abajo hacia arriba en la badana y a las hembras aparte de esas dos señales se les hace un corte o dos en la papada, según sean buenas o muy buenas en la tienta. Independientemente de ello, es una de las pocas ganaderías en México que marcan a fuego en el palomilla el guarismo del año del nacimiento, puesto que aquí no es obligatorio hacerlo.

Remate

Esta es, a muy grandes rasgos, la presencia de la simiente de Veragua en México. Como podemos ver, la sangre del Duque prácticamente no existe en pureza en estas tierras dado que no se trajeron más que toros padres para perpetuarla y de los antecedentes examinados, se puede advertir que el manejo de ella fue bastante caótico, perviviendo más que nada el fenotipo veragüeño, aunque en el fondo, mezclado con diversas otras líneas de sangre brava.

He de aclarar también que lo que aquí expreso es el panorama anterior a 1993, pues en ese año se reanudaron las importaciones de ganado de lidia de España y entre lo que se trajo de aquellas tierras llegó una cuota importante de ganado de origen Domecq, que tiene entre sus bases precisamente la ganadería que en su día fuera la del Duque de Veragua y que mantiene, aunque sea en un mínimo porcentaje, goterones de esa sangre.

Mis fuentes

Las fuentes que consulté para armar este relato que peca por su falta de brevedad son los libros: Nuestro Toro, de Eduardo Castillo García, editado por la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia; Historia del Toro Bravo Mexicano y La Fiesta Brava en México y España 1519 – 1969 de Heriberto Lanfranchi; El Toro de Lidia en México, de Agustín Linares; El Color de la Divisa, de Francisco Madrazo Solórzano; Hierros y Encastes del Toro de Lidia, de Filiberto Mira; Historia de la Plaza El Toreo 1929 – 1946, de Guillermo E. Padilla; Historia del Toreo en México, de Nicolás Rangel y Efemérides Taurinas Mexicanas, de Luis Ruiz Quiroz. Además, me fueron de utilidad dos extensos reportajes, uno publicado en Campo Bravo número 6, correspondiente a noviembre de 1997 y firmado por Rodolfo Vázquez sobre la ganadería de Xajay y el otro, publicado en 6 Toros 6 número 386, correspondiente al 20 de noviembre de 2001, firmado por Juan Antonio de Labra, sobre la ganadería de San José de Buenavista.
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