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domingo, 9 de agosto de 2020

9 de agosto de 1981: Presentación de Cruz Flores en ruedos españoles

Anuncio de la presentación de
Cruz Flores
La Vanguardia de Barcelona
Cruz Flores
fue hijo de Saulo Flores El Chapo, un personaje que tuvo nexos con la fiesta desde su juventud. Por algún tiempo le sirvió las espadas a Manuel Capetillo, y más tarde fue parte de los ayudas de Manolo Martínez y se afirma que fue él quien le aplicó un torniquete aquél 3 de marzo de 1974, cuando Borrachón de San Mateo comprometió seriamente la vida del torero regiomontano. Pasado el tiempo, Saulo Flores se integró al equipo de la empresa Alfaga cuando gestionaba el coso de Insurgentes y era representada por Curro Leal y al concluir éste sus labores allí, pasó a ser colaborador del ganadero Pepe Chafik.

Poco antes de cumplir 19 años de edad, Cruz Flores se presentó como novillero en la Plaza México. Fue el domingo 14 de septiembre de 1975 y alternó con Gustavo Garza y Alfredo Gómez El Brillante en la lidia de novillos de De Santiago, siendo el primero que enfrentó nombrado Campanero por su criador.

Recibió la alternativa el 13 de junio de 1976 en San Juan del Río, Querétaro, apadrinado por Manolo Martínez y con el testimonio de Eloy Cavazos, lidiándose un encierro de San Martín. Esa alternativa la tuvo que confirmar en dos ocasiones, debido a un prurito tradicionalista que logró que se ignorara la reglamentación taurina vigente en la Ciudad de México y así, la primera ocasión lo hizo en el Palacio de los Deportes, el 14 de septiembre del año de la alternativa, cediéndole los trastos Curro Rivera delante de Roberto Domínguez para matar al toro Milagroso de San Miguel de Mimiahuápam y la segunda y definitiva – para la paz espiritual de los que se dicen tradicionalistas – fue en la Plaza México el 5 de marzo de 1978, siendo su padrino Manolo Martínez y el testigo Curro Rivera y el toro de la ceremonia Sultán de La Laguna.

Entre la fecha de su alternativa y la efemérides que me ocupa en este día, Cruz Flores toreó con relativa frecuencia, pues sumó 186 corridas, teniendo las cifras más altas los años de 1977, con 51 festejos y 1979, con 47. En el año de 1981, sumó 10 corridas únicamente en plazas mexicanas.

La presentación en Barcelona

Es ya un argumento manido en esta bitácora, pero es una abrumadora realidad; Barcelona fue tradicionalmente el puerto de entrada para los toreros mexicanos que iniciaban una campaña española. Y tampoco es de desdeñarse que 19 de nuestros connacionales se hayan hecho matadores de toros en alguna de sus plazas. Así pues, resultaba de una cierta lógica que para intentar hacer una campaña en ruedos hispanos, Cruz Flores empezara por la capital catalana.

Pedro Balañá le anunció precisamente para el domingo 9 de agosto de 1981, inicialmente los toros serían de Javier Pérez Tabernero Montalvo para los de a pie, y uno del Marqués de Domecq para rejones y los lidiarían el caballero en plaza Álvaro Domecq, el linarense José Fuentes, el granadino Andrés Moreno y Cruz Flores. La publicidad de la corrida advertía que el rejoneador actuaría en cuarto lugar. Al final se lidiaron solamente cuatro toros de Pérez Tabernero, uno de ellos para rejones y tres de Lamamié de Clairac (1º, 2º y 7º).

La actuación de Cruz Flores estuvo cercana a ser redonda. Cortó una oreja al segundo de su lote y dio vuelta tras petición en su primero. La crónica de Rafael Manzano, titulada Cruz Flores: El oro por el toro aparecida en la Hoja del Lunes de Barcelona, del día siguiente del festejo, entre otras cosas dice:
...Languidecía la corrida de ayer; tanto los toros de Lamamié de Clairac como los de Pérez Tabernero, quedados y sosotes, no se prestaban al lucimiento. Y el bostezo se extendía bajo la tarde caliginosa de agosto. 
Pero salió el sexto de lidia ordinaria, un bicho de Lamamié de Clairac con una cierta embestida, arrancándose desde lejos. El diestro mejicano Cruz Flores, que hacía su presentación, vio allí su oportunidad. Estuvo valiente y decidido. Faltaba la rúbrica de la espada. Y el torero, pese a que el bicho tenía la cabeza muy levantada, entró a herir en el siempre peligroso terreno de los toriles. Le puso corazón a la suerte suprema, aunque en el envite, la res le arrancase con sus finas agujas la bocamanga de la casaquilla. O el oro o el toro; y Cruz Flores prefirió perder el oro del bordado para ver rodar el toro a sus pies después de una larga y estética agonía... 
Cruz Flores 
Se presentaba en nuestra plaza – y creo que en España – un diestro mejicano. Y que había tomado la alternativa el 13 de junio, en San Juan del Río (Méjico) de manos de Manolo Martínez. Es muy poco una corrida para establecer un juicio sobre el diestro. Ayer fue sin duda el triunfador de la tarde. A su primero lo saludó con unas verónicas algo rudas. En la muleta estuvo muy bien con una res sin fuerzas, especialmente en dos tandas de naturales corriendo muy bien la mano y evidenciando fino juego de muñeca. Mató rápido de una entera pasada y tendida. Petición de oreja y vuelta. 
Se superó en el sexto, un bicho de Lamamié de Clairac, que fue, sin duda, el mejor del encierro. Lo lanceó con arte a la verónica. El tercio de banderillas fue un desastre. 
Brinda Flores al abogado de Balañá, señor Tejero. Y montó el azteca una faena excelente sobre ambas manos, evidenciando su excelente juego de muñeca rematando con limpidez los pases, sobre todo los naturales y el de pecho. A la hora de herir, con rabia de trofeo en su presentación, se arrancó en terrenos de toriles. El bicho levantó la cabeza dejando en el asta el oro de la bocamanga de su casaquilla. Herido certeramente, la res tuvo una muerte espectacular, derrumbándose a los pies del maestro. Hubo ovación, oreja y vuelta al ruedo a hombros de los «capitalistas»...
Por su parte Julio Ichaso, el veterano cronista de La Vanguardia, quizás en una de las últimas crónicas que escribió para el diario, pues falleció al mes siguiente, manifestó esto:
Tarde oscura 
...El cielo estaba tachonado de nubes, amplias y, aparentemente, cargadas de agua. El viento las movía con graciosos vaivenes. Pero todo este aparato quedó en un goteo sin importancia, afortunadamente... 
Cruz Flores 
Este espada mejicano hace su presentación, con esta función, en España. 
Tercero, número 7, «Hormiguero», de Pérez Tabernero, al que lo lanceó muy bien. Recibió la primera puya con empuje y, la segunda, y última, zarandeando al jaco. Comenzaron a caer unas gotitas de agua, que no siguieron. Brindó a la concurrencia iniciando la faena con pases por bajo, para seguir con derechazos y, el pectoral final con mucho valor y dominio. Más pases, en varias tandas, y más olés y música. No faltaron los naturales ni por supuesto, las palmas. Logró una gran estocada, echándose encima de la cuna, que fue felizmente mortal. Hubo una petición grande e insistente de la oreja, que no fue otorgada, con vuelta triunfal por e! ruedo, entre aplausos.
Séptimo, número 112, «Algarrobito», de Clairac. Fue un gran astado, que dio mucho juego al que lo veroniqueó con mucha clase y le ovacionaron. Los banderilleros anduvieron aperreados. Brindó Cruz al señor Tejero, de la Empresa Balañá. Los mejores fueron los naturales, con los finales de pecho. Mató con decisión y le atropelló el bicho en el encuentro, pero quedó fulminado espectacularmente. Le concedieron una merecida oreja, con paseo por el ruedo a hombros de los «capitalistas»...
La tarde como decía, casi le resultó redonda. Le valió para torear allí mismo, en la Monumental, otras dos tardes, la del 6 de septiembre, alternando con Dámaso Gómez, en lo que fue su última actuación en esa plaza y Francisco Ruiz Miguel, que cortó una oreja a cada uno de sus toros, en la lidia de toros de Antonio Pérez de San Fernando y Terrubias (5º). La actuación del torero mexicano fue discreta. Regresó el 30 de septiembre en un cartel bien rematado, con Palomo Linares quien tuvo una mala tarde, Emilio Muñoz, quien cortó cuatro orejas y un rabo, saldando Cruz Flores su actuación con un par de salidas al tercio. Los toros fueron de Baltasar Ibán y Bernardino Piriz (3º). Los escalafones publicados por la prensa española al final de la temporada le consignan una cuarta actuación en aquellos ruedos, misma que no pude localizar.

La hora dorada de Cruz Flores

Pero el momento dorado de la carrera de Cruz Flores se produjo el 5 de febrero de 1979, cuando alternando con Manolo Martínez y Eloy Cavazos y con la presencia en el cartel del rejoneador Álvaro Domecq, realizó al toro Simpatías de la ganadería de Reyes Huerta, una faena de indulto. Luis Soleares, pseudónimo usado inicialmente por don Carlos Loret de Mola Médiz y posteriormente por su hijo Rafael, en crónica para la agencia AEE, publicada en el diario El Informador de Guadalajara del día siguiente del festejo, escribió entre otras cosas, esto:
Don Reyes Huerta: le brindo mi faena a su torito... no la muerte, porque al rato se lo devuelvo para la cría... 
Así brinda Cruz Flores (coral y oro) ante el palco del ganadero y luego entra a la historia de la Plaza México y quizá a la gloria inigualable de ser figura del toreo. Antes, el muchacho ha veroniqueado con mando y temple, marcando los 3 tiempos a «Simpatías», de 450 kilos, marcado con el número trece. Lo lleva a la pica con mandiles sobrios. Hay ovación a su toreo de capa. Embiste bien el morito y lo castigan adecuadamente. Ni un milímetro más, Llega a la muleta como un galgo. 
Lo cita Cruz en el tercio de matadores y lo dobla sin castigar pero con finura. Va él solo a los medios, y de largo lo cita. Viene como locomotora, y lo hace entrar a la muleta con un derechazo de filigrana y carácter, seguido de seis más, y broche de pecho rodilla en tierra. 
Se entrega el frío público. Siguen nueve lentos, cadenciosos, interminables derechazos, cambio y pase de pecho con la izquierda. En el mismo terreno, en los medios, y sin enmendar entre pase y pase y entre serie y serie, Flores se supera con la gracia de tres derechazos muy despatarrado, en círculo completo, un primoroso de la firma, cambio por la espalda y molinete invertido con la izquierda. Puros cuadros al óleo. La gente ruge. Comienzan a flamear pañuelos. 
A continuación, exactamente en el centro del anillo, seis naturales de prodigio, uno con los pies juntos, y los demás con el compás abierto, adelantada la pierna contraria y la mano baja, limosnera, corriendo con lentitud. Pase de pecho interminable.  
Cita de frente por detrás, con la muleta en la derecha y corre la mano a la inversa para concluir en un larguísimo pase de pecho. Otros cinco derechazos de vuelta entera. Cuatro preciosos naturales. Una serie variada: molinete, péndulo, tres derechazos de pontifical y pase de pecho rodilla en tierra. La petición de indulto se generaliza, y el matador todavía sigue toreando como si fuera para él mismo y solo. Concede el juez el indulto, y hay más naturales y varios pases de pecho, el último de los cuales conduce a «Simpatías» a los chiqueros, a la dehesa y a la paternidad responsable. 
Un acto absurdo: solo le conceden dos orejas simbólicas. Le niegan el rabo. Protesta la gente. El joven triunfador deja los apéndices en la arena y da dos vueltas al ruedo en marcha victoriosa, más una salida a los medios. Comparte honores con el representante de la ganadería...
Cruz Flores también conocería las simas de la fiesta en la propia Plaza México, fue uno de los protagonistas de las corridas de la ignominia, específicamente la celebrada el 29 de abril de 1990 y de las que ya me he ocupado en este espacio y todavía volvería una vez más a su redondel, pero sin recuperar ya el sitio que algún día tuvo.

Cruz Flores falleció en la Ciudad de México el 9 de diciembre de 2004, después de una enfermedad complicada.

miércoles, 29 de julio de 2020

En el centenario de Carlos Arruza (X)

29 de julio de 1951: Triunfo de Arruza en la despedida de Chicuelo

Chicuelo, Arruza y Manolo González
Barcelona, 29 de julio 1951
Foto: Mateo
Manuel Jiménez Chicuelo fue el primer torero que tuvo la intuición necesaria para ejecutar completa la sinfonía del toreo de la que Gallito, Gaona y Belmonte habían dejado compuestos por separado los movimientos que representan lo que hoy concebimos como el toreo moderno. Y no lo hizo con un signo meramente imitativo, sino que le dio su propio acento y su propia signatura, lo que le convirtió indudablemente en uno de los constructores del edificio que es la tauromaquia contemporánea.

Chicuelo, nacido en 1902, recibió la alternativa en septiembre de 1919 de manos de Juan Belmonte en la plaza de Sevilla. Él a su vez alternativó a 29 toreros, de los que quizás el más señalado sea Manolete, a quien se dice entregó el testigo de la evolución del toreo. Esto último es un buen recurso literario, más no un acto consciente, sin embargo, quienes han escrito sobre esta arista de la historia del toreo, así lo consideran.

Para el 29 de julio de 1951, Pedro Balañá – el viejo – anunció una corrida salmantina de Alipio Pérez Tabernero Sanchón para el ya nombrado Manuel Jiménez, Carlos Arruza y Manolo González. El anuncio de la corrida señalaba que era la despedida del diestro sevillano de la afición barcelonesa y la reaparición de Arruza tras de cuatro años de ausencia, causada esta por la ruptura de las relaciones entre las torerías de México y España.

Ese 1951 Chicuelo toreó solamente tres corridas. Abrió el año allí en Barcelona, luego, el 26 de agosto actuaría en El Puerto de Santa María con José María Martorell y Litri en la lidia de toros de Juan Pedro Domecq y cerraría su brillante trayectoria en Utrera el 1º de noviembre cuando ante toros de Concha y Sierra se acarteló con Juan Doblado y Juan de Dios Pareja Obregón a quienes dio la alternativa, para poner el punto y final a una carrera que sin duda es crucial para la fiesta de los toros.

Aunque después en una entrevista que le realizó Fausto Botello en 1967, publicada en el ejemplar del semanario El Ruedo correspondiente al 2 de febrero de ese año, el maestro diría que él jamás se despidió, que Balañá anunció la corrida con esa finalidad en su propio beneficio… 

La gran tarde de Chicuelo

Lo que realizó el diestro de la Alameda de Hércules puede observarse desde distintas ópticas, como la de A. de Castro, cronista del diario Mundo Deportivo de la Ciudad Condal, quien al día siguiente del festejo publicó lo que sigue:
...La vieja gloria – léase Manuel Jiménez «Chicuelo» – no se dejó pisar los talones por las glorias de hoy y tal fue su labor que faltó un tris para que se llevara la oreja de su primer toro, y si no la obtuvo fue por culpa del puntillero que levantó al toro con el cachete cuando ya «Chicuelo»  había cumplido brillantemente su labor. Hubo sin embargo de dar la vuelta al ruedo y salir a los medios. Del cuarto toro se llevó en la espuerta las dos orejas y su éxito fue de los que dejan «mascar» una repetición inmediata...
Pero también puede analizarse su actuación a la luz de lo que su paso por el ruedo de la Monumental representó para la historia del toreo y es así como lo trata Eduardo Palacio en su tribuna de La Vanguardia, quien entre otras cosas, reflexiona lo siguiente:
Diré sólo que en Barcelona toreó su última corrida el 29 de agosto de 1948, tarde en que se presento Manolo González, que salió al coso herido en la cabeza, como ocurrió el domingo, que hubo de salir destocado pues venía de ser pisoteado en la feria valenciana por un toro, que le hirió en la frente. Bien, pues «Chicuelo», que el aludido domingo pasado reapareció en la Monumental, donde se apretujaba la gente y, gracias a Dios, se dejaba sentir, ¡al fin!, un fuerte calor, fue ovacionado en el paseo, se le obligo a salir a los medios, y después sacó a éstos a sus dos compañeros de terna, que eran nada menos que Carlos Arruza y Manolo González. Vestía el reaparecido de perla y oro, y traía de peón de confianza al que siempre lo fue suyo; al fiel amigo, al auxiliar incondicional, Benito Martin, «Rubichi», persona conocedora como nadie de las alegrías y dolores del «maestro», quien le quiere tanto y tan predilectamente, que lo hizo padrino de pila de una de sus hijitas. No es de extrañar que «Rubichi» cuando el público aclamaba el domingo a «Chicuelo» y se le otorgaban las dos orejas del cuarto toro de la tarde, fingiese reír o por lo menos sonreír, y en vez de ello sollozase y de sus ojos desprendiéranse lágrimas, que enjugaba en su capote de brega, como el peón que siente escozor al recibir en un parpado las arenas que los toros levantan con sus remos y bufidos al corretear por los cosos. Total, que la corrida, fue un éxito, un gran éxito para los tres espadas y una delicia para los veintitantos mil espectadores que la presenciaron, entre los que había no pocos sevillanos venidos expresamente «a vé a Manué». ¿Y sabéis quien vino también de allí? Lo explicaré. Me saludo un señor, cuya cara me era conocida y ocupaba la quinta localidad a mi derecha; yo le respondí con el mismo afecto que él había puesto en el ademán y hacíame señas cuando toreaba «Chicuelo» y se tropezaban nuestras miradas, siguiendo yo sin reconocerle. Pregunté a un peón y me dijo: «Es don José Zarco, de Sevilla también». «Bien — repliqué —, ¿pero qué es?». «Pues un señor millonario que fue torero, lo dejó, se metió en negocios y ha hecho un fortunón». Entonces caí en que era José Zarco Carrillo, novillero puntero que mataba de manera extraordinaria y que se doctoró en Madrid en 1921 de manos de «Ale», para, al poco tiempo retirarse de la circulación taurina, lo que ahora juzgo muy bien hecho...
Ese cuarto toro al que Chicuelo le cortó las orejas se llamó Canastillo, número 31 y por su parte, Antonio Santainés pone esa faena al nivel de una de un toro Rebujina de Villamarta el 5 de mayo de 1932 y a su vez Don Quijote, al narrar esa faena, la reúne con otras realizadas allí como la de un toro de Pérez de la Concha en 1920, la de Vividor de Contreras en 1921, uno de Cruz del Castillo en Las Arenas también ese año, la de Sulimán de Vicente Martínez en 1923, uno de Albaserrada en el 26, otro de Contreras en el beneficio de Conejito en el 27... Y Santainés reitera que esa del Rebujina de Villamarta era la última gran obra de Chicuelo antes de esta tarde del 51...

El triunfo de Carlos Arruza

Con el recorrido realizado hasta este punto por la trayectoria de Carlos Arruza nos queda ya claro que Barcelona era una especie de plaza talismán para el Ciclón Mexicano. Es quizás, la plaza española en la que más toreó y también en la que muchos triunfos resonantes obtuvo. No creo incurrir en error si señalo también que era una plaza en la que era también muy querido.

Esa tarde del último domingo de julio de 1951, Carlos Arruza volvió a triunfar en la Monumental barcelonesa. Y lo hizo sin perder un ápice del toreo entregado y emotivo que fue su divisa desde su primera actuación allí. Eduardo Palacio, en la crónica ya citada, nos cuenta:
...Desde que Arruza ha echado a torear esta temporada lleva cinco corridas de actuación y en cuatro ha sido orejeado. Ello parece, lógico y natural viendo lo artista que está y el valor que le acompaña. El domingo recibió su primer toro con cuatro faroles de rodillas, y en pie tres verónicas majestuosas, seguidas de un quite, centelleante, iniciación de un tercio de maravilla que amenizó la música, pues González dibujó en el suyo seis lances con el capote a la espalda que fueron un verdadero primor, «Chicuelo» por «chicuelinas», y tornó Arruza a hacer otro con el capotillo a la espalda. No habían cesado las ovaciones, cuando Arruza cosechaba otras tres en sendos pares de rehiletes, y ya sonaba de nuevo la música amenizando la siguiente faena... Señaló un pinchazo sin soltar el arma y arreó un volapié entero en el propio hoyo de las agujas. Concediéronsele las dos orejas del cornúpeta y dio la vuelta al ruedo y salió a ¡os, medios entre una ovación unánime y calurosa. Al quinto toro de la fiesta clavóle dos pares y medio de banderillas, formidable el segundo, y con la muleta enjaretó una faena porfiona, acompañada por la música... La faena del mejicano, valerosa en alto grado, fue interrumpida por el toro, que prendió al artista, derribólo y lo tuvo entre las patas, tirándole fuertes derrotes, pero sin encarnar hondo por fortuna. Levantóse el muchacho con el vestido deshecho y con sangre en la pantorrilla derecha, requirió los avíos, dio cinco panes más, plenos de coraje, y entró a herir con mil toneladas de valor, enterrando todo el estoque en la misma cruz. Se le entregó una oreja, dio la vuelta, al ruedo, salió a los medios y saltó al callejón para que le recompusieran el traje...
Como se puede leer, fue la actuación de Arruza en estado puro, lo que le permitió mantener su empatía con la afición de la capital de Cataluña y a la cual correspondería siempre que tuviera la ocasión de hacerlo.

Finalizando

Hasta los carteles de la despedida de un torero tienen que organizarse con imaginación. Aquí al viejo Balañá no le faltó de esto. Manuel Jiménez Chicuelo, quien en la década anterior toreaba intermitentemente y promediaba unas tres corridas anuales tenía que ir bien arropado en su adiós en una plaza de categoría. Pero no solamente en el papel. Así, por una parte se le acompañó en el cartel con Carlos Arruza, representante de la verdadera escuela mexicana del toreo, la de Ojitos, recibida vía las enseñanzas de su maestro Samuel Solís y el toreo de la sevillanía más pura encarnado en Manolo González que mutatis mutandis, era la prolongación de la obra del torero que decía adiós.

Como se ve, hasta para eso hay que saber poner las cartas sobre la mesa, tanto para que la gente vaya a la plaza, como para que, en una actitud de respeto al torero que se despide, su tauromaquia luzca debidamente. Pero esos eran otros días. Hoy, decía un personaje de una novela de la revolución mexicana, las cosas se jilan de otro modo…

Agradecimiento

Agradezco a Joaquín Albaicín el haberme puesto sobre la pista de este interesantísimo asunto.

domingo, 14 de junio de 2020

Hace 55 años. El debut de Finito en ruedos hispanos

Raúl Contreras Finito, nativo de Chihuahua, era hijo de Alberto Contreras El Ronco, quien en su día también quiso ser torero y se preocupó por inculcar su afición a su hijo y por enseñarle el oficio para desempeñarlo en los ruedos. El Ronco era empleado de don Tomás Valles, político mexicano, quien además fuera un tiempo empresario de la Plaza México y años después, criador de reses de lidia  y don Tomás, viéndole posibilidades a Finito, decidió ayudarle en sus inicios.

Finito se presentó en la Plaza México el 8 de septiembre de 1963, alternó con Juan de Dios Salazar y Paco Lara. El primer y único novillo que mató en ese ruedo se llamó Retozón y fue el segundo del encierro de Zotoluca lidiado esa tarde. Ya no volvería como novillero a la gran plaza.

El gran año de Finito en el escalafón menor en ruedos mexicanos sería el de 1964 y su plaza la de Guadalajara. Ese año torea seis tardes entre octubre y diciembre, corta 12 orejas, se lleva el Estoque de Plata y una cornada seria. Algunos de sus contemporáneos más renombrados fueron Antonio Sánchez Porteño, Joel Téllez El Silverio, Jesús Solórzano, Manolo Rangel, Rafael Muñoz Chito, Mario de la Borbolla y Calesero Chico.

Esa racha de triunfos le anima a ir a España el año siguiente a terminar su preparación para la alternativa. Llega a España el 12 de junio de 1965. El semanario El Ruedo de Madrid, en su número aparecido el día 15 de ese mes, consigna lo siguiente:
“El sábado último llegó a Madrid por vía aérea Raúl Contreras «Finito», novillero azteca, que será dirigido en España por el que fue gran matador de toros Jaime Marco «El Choni», que fue a recibirle a Barajas. Su presentación en España se hará ante el público de Barcelona el próximo día 17, festividad del Corpus. Chopera y otras empresas le tienen firmados numerosos contratos”.
Así pues, llegaba el chihuahuense a tierras hispanas a hacer su primera campaña como novillero.

El Corpus de Barcelona en 1965

Para el Jueves de Corpus de 1965 don Pedro Balañá confeccionó un cartel interesante, con la presentación en esa plaza de dos novilleros, la que ya hemos mencionado de Finito – que también lo era en ruedos de España – y la de Sebastián Palomo Linares y completaría la terna el gaditano Manolo Sanlúcar, para enfrentar una novillada salmantina de don Salustiano Galache.

La tarde fue buena para Finito, que la concluyó cortando dos orejas al cuarto de la tarde. La relación que hace Juan Fontanet para El Mundo Deportivo de Barcelona, aparecido al día siguiente del festejo, es la siguiente:
Del que menos se hablaba antes de iniciarse el festejo en el mentidero del patio de caballos, junto a la puerta de cuadrillas, era del otro espada, que, con Palomo «Linares», hacía su presentación ante nuestro público, esto es, del mejicano Raúl Contreras «Finito», de quien lo único que se sabía era que lo había traído consigo el que fue valiente matador de toros valenciano Jaime Marco «El Choni». 
Pues bien: a la salida de la Monumental, de quien más y mejor se hablaba era del mejicano «Finito», que con su aplomo, su tranquilidad, su valentía serena, nunca torpona y estrafalaria, su amplio repertorio, su bien medir las faenas – cuatro minutos empleó en la llevada a cabo en su primer novillo y cinco en la de su segundo – demostró cómo en tan breve tiempo se puede torear mucho y bien si se liga la faena y se tiene al toro preso en los vuelos del trapo rojo. 
No cabe duda da que el joven y espigado mejicano causó magnífica impresión y que se le volverá a ver con el mayor interés, ya que en ningún momento dio la impresión de que la flauta sonaba por casualidad, sino que estaba en manos de un tañedor que sabía hacer uso de ella, sacándole bellas y armoniosas notas. «Finito» estuvo muy torero con el capote, con el cual, queremos insistir en ello, lució amplio repertorio; escuchó música en sus dos faenas de muleta, que fueron muy buenas, aunque pudieron ser mejores de retorcerse menos, más de notar dada su mucha estatura. Se precipitó al entrar a matar a su primero – un novillo de dócil embestida y débil de remos, al que la presidencia cambió en el primer tercio con una sola vara –, por precipitarse, repetimos, al entrar a matar. «Finito» mató de una estocada que dejó al descubierto la punta de la espada, motivo – suponemos que fue por éste – por el cual el Presidente no accedió la petición de una oreja que solicitaba el público, el cual obligó al diestro a dar dos vueltas al ruedo, Que volvió a darlas tras de pasaportar a su segundo enemigo de una estocada chispita atravesada también, pero esta vez con una oreja en cada mano, pues fueron dos las que ahora concedió la presidencia. Terminado el festejo, «Finito» sería sacado a hombros. Buena presentación, pues, la de este joven y fino torero mejicano…
También la relación hecha por Juan de las Ramblas en El Ruedo, fechado el 22 de junio siguiente, es laudatoria, según se lee:
También hizo su presentación el mejicano Raúl Contreras «Finito». ¡Atención a este nombre, señores aficionados! A ambos enemigos los lanceó de capa soberbiamente, especialmente al segundo, al que propinó tres verónicas impresionantes. La faena de muleta a su primero fue magnífica, sobre ambas manos, ligando los pases y colocándose superiormente en sus terrenos. Mató de una estocada en la yema, que tuvo el defecto de asomar por debajo de la res al atracarse demasiado el matador y ser el bicho poco hondo. Flamearon los pañuelos. Como el «usía» no concedió la oreja, el público le obligó a dar tres vueltas al anillo. 
En su segundo se superó al tirar de su enemigo con la mano zurda, en naturales justos, largos y hondos. Lo mató de una estocada en la cruz. Le concedieron las dos orejas y dio triunfal vuelta al anillo. Además puso dos pares de banderillas al quiebro con mucha facilidad, Ahí hay un novillero cuajado y diestro en todas las suertes...
Manolo Sanlúcar dio la vuelta al ruedo en su primero y fue aplaudido en el quinto y Palomo Linares fue aplaudido en el tercero y dejó ir el triunfo con la espada en el que cerró plaza. Los novillos lidiados – sin precisar su encaste, pues en casa de don Salustiano se llevaba por separado lo de Vega Villar y lo de Urcola – fueron por su orden: el número 64,  Canastillo con 367 kilos; el 55, Tabernero con 375 kilogramos; el número 61, Zurdito de 377 kilos; el número 72, Bailarín que dio 427 en la báscula; el número 60, Español con 412 kilos y el 71, Bastonero, de 413 kilogramos.

Al final de la campaña 1965, Finito toreó, según el escalafón publicado en el semanario madrileño El Ruedo el 21 de diciembre de 1965, 13 novilladas y cortó 13 orejas.  

Recibió la alternativa en la plaza La Esperanza de Chihuahua el 31 de octubre de 1965, de manos de Joselito Huerta, siendo testigo Antonio del Olivar, con el toro Coloritos de La Laguna.

La confirmó en la Plaza México el 29 de enero de 1967, apadrinado por Juan Silveti y atestiguando Juan García Mondeño, con el toro Saucito de Torrecilla.

Finito falleció el 4 de diciembre de 1974 a los 28 años de edad, a consecuencia de las lesiones sufridas en un accidente automovilístico que tuvo el 23 de noviembre anterior. 

domingo, 10 de mayo de 2020

En el centenario de Carlos Arruza (V)

Hace 75 años. Triunfo grande en Barcelona frente a Manolete

Cartelillo anunciador aparecido en La Vanguardia
10 de mayo de 1945
Para Carlos Arruza la temporada española de 1945 fue la de las 108 corridas. Un resumen de sus actuaciones publicado en el semanario madrileño El Ruedo al final de ese calendario, revela que había firmado allá 154 contratos de los cuales, por diversas lesiones sufridas solamente pudo cumplir los que, sin romper la marca impuesta por Juan Belmonte en 1919, representaron durante dos décadas la mayor cantidad de festejos toreados por un diestro en una temporada.

También considero importante hacer notar que durante la presencia de ambos en los ruedos, Arruza toreó 60 corridas con Manolete. De ese total, 47 se verificaron en el ciclo de hace 75 años y en la plaza en la que más actuaron ambos, fue precisamente la de Barcelona, donde lo hicieron 10 veces. No creo descabellado señalar que el cartel estrella de ese 1945 se formaba con Manolete, Arruza y – esto sin implicar un tono despectivo – otro

La corrida de Barcelona del 10 de mayo del 45 representaba el noveno encuentro de estos dos grandes toreros dentro de la temporada, el primero particularmente en la Monumental catalana y reproducía, en cuanto a toreros, el cartel de la segunda corrida de la feria de abril sevillana, celebrada el 19 de abril anterior, pues completaba la terna Pepín Martín Vázquez. Solamente difería el ganado anunciado, que en abril fue de don Carlos Núñez y para esta corrida que aquí recuerdo, don Pedro Balañá anunció un encierro de don Joaquín Buendía, de origen Santa Coloma.

Los prolegómenos del festejo

El anuncio de la corrida despertó gran expectación; tanta, que en la publicidad que se hacía a ella en los diarios de la época, se insertaba una nota al final del siguiente tenor: AVISO: Se suplica al público acuda con tiempo suficiente para acomodarse. Era tal el frenesí en la adquisición de entradas al mismo, que se preveía un lleno de No hay billetes y la nota al pie tenía por objeto el intentar garantizar que toda la concurrencia a la Monumental, pudiera disfrutar cómodamente del festejo.

La prensa barcelonesa se hizo eco también del atractivo despertado por la presencia de Manolete y Arruza juntos en esa capital por primera vez. En su debut allí, el 2 de abril, Arruza acabó con el cuadro, cortando cuatro orejas, dos rabos y una pata, y de Manolete, que se presentaba allí en la temporada, poco más se puede agregar, era una figura universal del toreo. La gente tenía real interés en ver a ambos encontrarse en los ruedos y competir por el triunfo. 

José Martín Villapecellín comenta lo siguiente el día de la corrida en el diario Mundo Deportivo:
...«Manolete» y Arruza se enfrentan en Barcelona. El comentario de la gente crece y crece como en la época gloriosa de Joselito y Belmonte. El perfil de los toreros se agiganta. Espigado y serio uno, como moderno Quijote; el otro alegre, musculoso y juvenil, como protagonista de una novela real. El arte de dos modos distintos de ser... Los manoletistas y los arrucistas llegan a las manos. ¡Viva el esplendor de la fiesta de toros! Fiesta dura y de discusión. Fiesta de hombres... «Manolete puede con Arruza...» «Arruza puede a Manolete...» Y los dos toreros distintos, pero grandiosos, triunfan una y otra tarde por esas plazas de España... El señor Balañá ha querido traerlos juntos a Barcelona para afianzar la calidad taurina de sus carteles. ¡Honor a la fiesta de los toros en jueves esplendoroso del mes de mayo! ... «Manolete» y Arruza, como Joselito y Belmonte, han dado todo lo que tenían que dar de sí para que sus respectivas épocas se escriban con letras de oro...
Puede parecer ditirámbico el parangonar a Manolete y Arruza con Joselito y Belmonte, pero a un cuarto de siglo de la disolución de la pareja que revolucionó el toreo, los dos actuantes captaban todo el interés de la afición y provocaban el interés de que se les viera en las plazas. Quizás lo comparable entre un tiempo y otro, es que se formaron bandos, algo que solamente pueden lograr las grandes figuras del toreo.

El festejo del 10 de mayo del 45

Efectivamente, la Monumental de Barcelona registró un lleno total. La corrida ofrecida por don Pedro Balañá no tenía medio de ser criticada en el papel, pues reunía aparte de los dos toreros más cotizados de la época, a Pepín Martín Vázquez, que habiendo tomado la alternativa al final de la temporada anterior alzándose como la revelación de ella, llevaba un importante paso en este calendario, siendo el triunfador de la feria de abril de Sevilla.

Al final fue Carlos Arruza el que salió con los trofeos en las manos. A Manolete se le juzgó con cierta dureza y Pepín Martín Vázquez sacó en el sorteo el lote menos propicio de una corrida que vio solamente lidiarse cuatro de los toros de la ganadería titular, siendo sustituidos por dos de don Felipe Bartolomé, uno desde el sorteo (4º) y otro por ser defectuoso de la vista el quinto. Quien firma como A. de Castro, en el ya citado diario Mundo Deportivo analiza así el comportamiento del ganado:
...Hace años que una corrida no despertaba el entusiasmo y el interés de la que estamos reseñando y por no faltar a la tradición, se torció el carro al tercer toro y no hubo medio de encarrilarlo. ¿De quién fue la culpa? Única y exclusivamente de los ganaderos que surtieron de reses la corrida. Don Joaquín Buendía se durmió en sus laureles y olvidando la importancia de la Monumental barcelonesa, envió lo peor que debió encontrar en la camada. Ya antes de la corrida hubo necesidad de substituir un toro, por otro de don Felipe Bartolomé y por ser defectuoso de la vista el quinto, fue devuelto al corral, saliendo en su lugar el sobrero también del susodicho don Felipe...
La crónica más extensa del festejo apareció en el diario La Vanguardia. La firma Eduardo Palacio Valdés, cronista de toros desde los inicios del siglo XX en el ABC madrileño y arrastra en ella el estilo implantado por su mentor Dulzuras, de hacer una especie de revista, toro a toro, de lo sucedido en el festejo y en un apartado final, realizar lo que en aquellos años se llamaba el juicio crítico de la corrida, lo que hoy consideramos propiamente como crónica.

Carlos Arruza le cortó el rabo al segundo de la tarde, Homero, número 4, de pelo negro, de don Joaquín Buendía. En la parte cuantitativa de su relación, Palacio Valdés describe lo siguiente:
...Segundo. – Grande y bizco del izquierdo. Arruza capoteó sin estrecharse. En quites hizo uno por chicuelinas, que se ovacionó. Pepín hizo el suyo con dos lances finísimos de temple, suavidad, dominio y lentitud. (Gran ovación.) El bicho sólo aceptó dos varas y Arruza, a petición del público, tomó los garapullos y clavó tres pares magníficos, sobre todo el que le sirvió para cerrar el tercio, de poder a poder. (Ovación continuada). Arruza, brindó al público y después del pase de tanteo ligó cinco naturales, uno de pecho, un natural, otro de pecho, todo ello ya entre ovaciones y música. Prosiguió su labor con un derechazo, uno por alto, y al engendrar otro, fue derribado, quedando bajo las patas del bicho, hasta que acudieron al quite todos sus compañeros... Se levantó el mejicano y, sin mirarse la ropa, volvió al toro, al que dio cuatro pases de rodillas, apoyando después, el brazo en el testuz. Un pinchazo en hueso y un volapié en todo lo alto concluyeron con la vida del astado. (Ovación, dos orejas, rabo, vuelta al ruedo y salida a los medios)...
En la parte crítica de su crónica, titulada Sillas de Ruedo, don Eduardo hace las siguientes reflexiones en torno a las actuaciones de Manolete y Arruza:
...Tornaba «Manolete» al ruedo de sus señeros triunfos, para competir en noble y justa emulación con Arruza, diestro marcado por el público de toros de toda España como posible rival del cordobés... «Manolete», a fuerza de impavidez y de dominadores recursos, logró ligar al compás de la música, como en el otro, una faena meritísima, cuya belleza arrogante no podía llegar, y no llegó, al graderío todo. Los quilates de aquella labor sólo podían valorarlos quienes hubiesen advertido las dificultades del astado. Se le aplaudió, pero mucho menos que en el bicho que rompió plaza, donde la ovación fue larga y unánime, por una gran faena que coronó con un volapié tan magnífico como el que le sirvió para despenar a su otro mentado y peligrosísimo enemigo... «Manolete» sonrió ayer dos o tres veces, y en la última creí entrever algo así como confianza en sí mismo, algo que no era orgullo ni jactancia, pero que me hizo recordar estos versos: 
Fiado en mi valer, que es quien me empuja
desoigo admoniciones que señalas.
El ave canta aunque la rama cruja;
¡como que sabe lo que son sus alas! 
Soberbiamente aprovechó Arruza las excelentísimas condiciones de su primer toro, al que banderilleó con el arte, alegría y poder que le son peculiares. Las ovaciones que escuchó fueron justísimas, como lo fueron las que acompañaron su faena en la que, imitando lo que hiciera antes «Manolete», dio dos tandas de naturales pisando majamente el terreno del toro, y tirando de él con suavidad y mando entre música y aplausos. Al engendrar un pase fue derribado, cayendo entre las patas del bicho que le buscaba afanosamente. Llegaron todos al quite, y el mejicano se levantó con sólo una paliza fuerte que no le impidió proseguir la faena con bravura, poniéndole punto final con un pinchazo y un volapié. Hubo corte de orejas y rabo y paseo triunfal... He de decir que las pasiones en tendidos, gradas y andanadas estuvieron al rojo. Las banderías no cejaron en sus respectivos empeños y todo fue algarabía, gritos, aplausos y un desbordante frenesí que a mí, viejo aficionado, me llenaba de entusiasmo, mientras el señor Balañá, entre barreras, meditaba mordiendo el puro y mirando fijamente a la arena. Sólo entonces temblé, pensando con terror si para el próximo encuentro «Manolete» – Arruza instalará, como en los combates de boxeo, «sillas de ruedo». Porque para mí tengo que también se venderían...
A. de Castro, en Mundo Deportivo recuerda lo siguiente:
...El apasionamiento que se ha adueñado de la afición barcelonesa por Manolete y Arruza, hace presagiar que han de dar ambos en nuestras plazas, tardes memorables de toros. La labor de uno y otro se midió ayer con distintos raseros y fue tanto lo que de bueno prodigaron, aunque no pudieran excederse por la calidad del ganado, que a la salida de la plaza, los encendidos comentarios en pro de los grandes toreros fueron tema obligado no sólo en los corrillos y peñas taurinas, sino que se extendieron a todos los ámbitos de la ciudad...
Manolete y Arruza reaparecerían en Barcelona unas semanas después y dejarían preparado el terreno para una de las más grandes ferias de la Merced que en la Ciudad Condal se recuerdan. En 1945 esa feria se dio con cuatro festejos, los días 23, 24, 25 y 26 de septiembre, actuando el Monstruo de Córdoba y el Ciclón Mexicano en todos ellos, y fueron de esas corridas monstruo tan del gusto de Balañá, de ocho toros, para dar cabida a las demás figuras del momento, y en ellas, también Arruza dejó su signatura de triunfador.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Un centenario pasado por alto

Alfonso Cela Celita
El pasado 12 de julio se cumplió un siglo de una hazaña – de las verdaderas –, sucedida en lo que es la actual plaza Monumental de Barcelona. En esa tarde del año de 1914 el primer matador de toros gallego – y hasta donde mi entender alcanza, el único –, Alfonso Cela Celita, mató en solitario seis toros de Pérez de la Concha alcanzando uno de los éxitos importantes de su carrera en los ruedos.

Celita

Alfonso Cela Vieito, nació el 11 de julio de 1886 en San Vicente de Carracedo, Láncara, Lugo en Galicia, lugar en el que vivió hasta que cumplió los once años de edad, pues entonces su familia se traslada a vivir a Madrid, donde aprende el oficio de tablajero, que desarrolla en el matadero de esa capital. Eso le permite aprender allí los rudimentos del toreo y comenzar a moverse en el mundillo de las capeas.

Se presenta como novillero en la plaza de la Carretera de Aragón en 1910. Acerca de este debut, cuenta la profesora María Celia Forneas:
Lo que sucedió fue que una tarde en el Café Inglés le dijo Retana: “¿Quieres torear el domingo?”… “Sí señor”, respondió Celita… Retana replicó: “Te advierto que si no te encuentras con facultades, no debes precipitarte. La plaza de Madrid da y quita. Si fracasas, te costará gran trabajo volver”… “Anúncieme, don Manuel”, respondió Celita y salió con Dominguín y Pacomio… Gustó tanto que Retana para evitar que le explotase algún apoderado desaprensivo, se ofreció incondicionalmente a arreglarle algunas corridas en provincias y en la Corte… “Casi todos los toreros pasaron fatigas, pero ninguno ha sufrido lo que yo, – declara Celita – porque además de ser un desconocido, nací en Galicia. Y como Galicia no es tierra de toreros…”
El 10 de julio de ese 1910, apenas unas semanas después de su presentación ante la cátedra, Celita sale al ruedo madrileño como sobresaliente de Manuel Mejías Bienvenida que mataría en solitario seis toros de Trespalacios. El cárdeno tercero de la tarde, Viajero, hirió de mucha gravedad al Papa Negro que a partir de esa herida vio truncada su aspiración de encaramarse a la cumbre de la torería de su tiempo. Alfonso Cela despachó al toro heridor y a los otros tres que quedaron enchiquerados con valor y con una solvencia inusitada en un principiante, siendo sacado en hombros de la plaza al finalizar la jornada.

Ese episodio forjó una sólida amistad entre Bienvenida y Celita, por ello que le otorgó la alternativa el 15 de septiembre de 1912, en La Coruña, según lo cuenta Calín Fernández Barallobre:
…el gran escritor madrileño Pérez Lugín, autor de la novela La Casa de la Troya, Don Pío como le gustaba firmar sus artículos taurinos, convenció a Celita, del que era muy amigo, a que tomase la alternativa en nuestra ciudad en un festejo a beneficio de la asociación de la prensa puesto que el novillero gallego está convencido de tomarla en Barcelona. “¡Qué rayo de Barcelona! ¡Carballeira, como le llamaba el escritor a Celita, tú tomas la alternativa aquí en la Coruña como está mandado. Es más vamos a fijar ya la fecha. Será el domingo día 15 de septiembre y se convertirá en la primera alternativa realizada en nuestra plaza”. “No se hable más” dijo Lugín”. Ahora vamos a ponernos a trabajar para buscar padrino y ganado”. “Pepe: Dame un habano”. Celita replicó. “Me gustaría que el padrino fuese Manolo Bienvenida”…
Su alternativa coruñesa la confirmó en Madrid una semana después, de manos de Agustín García Malla, que le cedió al toro Primavera de Rafael Surga.

Los seis pérezconchas

El cartel originalmente anunciado para el 12 de julio de 1914 era un mano a mano entre Joselito y Celita, pero el domingo anterior Coletero, tercer toro de la misma ganadería sevillana le hirió y le produjo la fractura de la clavícula izquierda, dejando de entrada incompleto el cartel de toreros, aunque la aceptación de Alfonso Cela para estoquear él solo el encierro no alteró el interés del festejo originalmente anunciado.

Y Celita no desilusionó al público que hizo una gran entrada en la Plaza del Sport. Despachó a los seis toros con lucimiento, tal y como se desprende de la relación firmada por Miureño, en el número de Palmas y Pitos aparecido el 20 de julio de 1914:
«Veni, vidi, vinci», seguramente que fueron las frases pronunciadas al terminar la corrida por el representante coletudo de Lugo… Al anuncio de que «Celita» iba a liarse él solito con seis bichos de Pérez de la Concha, se llenó casi por completo el novísimo circo. Teníamos noticias de que era un gran estoqueador, pero no podíamos concebir que llegara a realizar con tanto éxito la proeza que nos anunciaron… Se portó como un héroe; estuvo en todo, activísimo en quites, y hasta se permitió el lujo de banderillear, haciéndolo superiormente… Ante la evidencia de los hechos, muy pocas palabras bastan para reseñar lo visto… Dos pinchazos, seis estocadas y un descabello bastaron para lanzar patas arriba a los seis Pérez; la presidencia ordenó que se cortara la oreja a cinco de los bichos, pero el público que estaba compuesto de la verdadera afición barcelonesa, le concedió por unanimidad las seis orejas… El presidente aguantó el correspondiente meneo por su injusticia… La tarde del 12 de julio de 1914, tendrá un recuerdo eterno en la memoria de Cela, y no se borrará tampoco de los que nos extasiamos contemplando cuando ejecutan con verdadera limpieza la suerte suprema.
En La Lidia del 28 de julio de 1914, Relance reflexiona lo que sigue:
…También en el coso del Sport, de la ciudad condal, triunfó «Celita» recientemente… Y también fueron de los hermanos Pérez de la Concha los bichos lidiados del 12 de julio último… Los animales se portaron desigualmente. Pero no así su matador, su único matador, que realizó colosal hazaña, escribiendo la página más brillante de su historia torera… Sin necesitar puntillero y consumando a perfección el volapié, tumbó los seis astados mediante dos pinchazos superiorísimos y seis soberanas estocadas… Las ovaciones eran indescriptibles y el maruso cortó cuatro orejas, mas las dos del sexto toro, y salió en hombros… De novillero vimos en Madrid a Alfonso Cela estoquear magníficamente varias reses. Hacía el volapié de modo maravilloso. Así es que su triunfo de ahora no me ha sorprendido. Lo esperaba de un momento a otro… Hay que seguir por ahí, «Celita». Usted sabe matar bien y puede matar bien…
Celita en Barcelona, 12 de julio de 1914. Foto Sautés
Aparecida originalmente en Palmas y Pitos, 20/07/1914
Seis estocadas, solamente dos pinchazos, un golpe de descabello y el puntillero de parroquiano, como dice la revista que de la corrida publicó el diario madrileño El Heraldo de Madrid, dan cuenta de la eficacia con la que estoqueó esa tarde Celita, pero también deducimos de esa y de las demás aparecidas en El Imparcial, El Liberal o La Correspondencia de España, que el torero gallego se lució en quites y cuando lo consideró oportuno, colocó banderillas, dando a la lidia de los seis toros la variedad necesaria para no sumir a la concurrencia en el sopor que produce la monotonía o la reiterada repetición de procedimientos y suertes.

Celita cortó seis orejas esa tarde. Una a cada uno de los toros segundo, tercero, cuarto y quinto y se le concedieron las dos del sexto de la tarde. Podrá considerarse que la plaza de Barcelona tenía en esos días un baremo de exigencia menor para el otorgamiento de trofeos, pero el cortarlos en avalancha tal, refleja una actuación de gran calado del diestro que obtuvo esa carretada de orejas y más aún, cuando la concesión de éstas era una cuestión excepcional.

Para la estadística. Celita vistió de pizarra y oro, según se consigna en La Correspondencia de España y sacó de sobresaliente al novillero afincado en Barcelona apodado Crespito. Llevó en su cuadrilla a dos banderilleros mexicanos: Mariano Rivera y Luis Frontana, quienes llegaron a España en la Cuadrilla Juvenil que organizara Eduardo Margeli con Manuel Martínez Feria.  

Para concluir, copio esta reflexión del doctor Rafael Cabrera Bonet acerca de lo que significó esta tarde que hoy recuerdo – con retraso – para el paso por los ruedos de Alfonso Cela Celita:
El cénit lo hallaría en la corrida en solitario que estoqueó en Barcelona el 12 de julio de 1914, nueve días más tarde de la hazaña de José ante los de Martínez en Madrid. Fueron de la, por entonces, dura vacada de Pérez de la Concha, y estuvo francamente soberbio. Don Quijote, en La Fiesta Brava, tal y como señala el redactor de la biografía del diestro en el Cossío, se deshizo en elogios, admirado por lo que hasta entonces era el culmen de lo que habían contemplado sus ojos, y que repetiría en su conocida obra Cinco lustros de toreo… (Barcelona, 1933): “¡Triunfo estupendo! Fue aquella una de esas corridas de fortuna en que llega a parecer imposible –e imposible llega a resultar- que nada salga mal. El artista, tocado de la gracia, se supera, y consigue fundir, equiparar y hacer una sola cosa de su intención y del resultado de sus intentos. Aquella tarde, sobre culminar y consolidarse para siempre su prestigio de matador excelso, Celita hizo lo que nunca había hecho y nunca habría de volver a hacer, por lo menos con tal abundancia de detalles, como lidiador completo. Fue una de las corridas más gloriosas que yo he presenciado., una de las que más grabadas han quedado en mi recuerdo, y, desde luego, el florón más alto de la ejecutoria del buen torero gallego… Mató los seis toros de seis estocadas y dos pinchazos, y las ocho veces pinchó en la cruz. De las ocho veces, siete entró a volapié neto, purísimo, recto. De los seis toros, cinco rodaron sin puntilla… Se pidió para él la oreja en los seis toros, y sólo en el primero no se le concedió, y del sexto le dieron las dos. Seis orejas, pues. Y despachó la corrida en siete cuartos de hora. Pero hizo más. No se limitó a matar el magnífico matador. Dio un gran cambio de rodillas, dibujó en un quite unas gaoneras inenarrables, puso un par de banderillas cambiando el viaje, forzado, de altísimo mérito; inició una de las faenas con un pase, las dos rodillas en tierra, digno de la oreja de Machaquito…
Nunca es tarde para recordar las hazañas verdaderas que son la armazón de la historia del toreo.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Barcelona, 6 de septiembre de 1964: la alternativa definitiva de El Estudiante

El Estudiante
(Publicidad de los años sesenta)
Jesús Delgadillo López nació en Aguascalientes, en su castizo Barrio de Triana, por la calle de La Alegría, hoy nombrada en uno de sus tramos en honor a Alfonso Ramírez Calesero, muy cerca del templo en el que se venera a su Cristo Negro, el día 8 de octubre de 1938. Se presentó como novillero en Guadalajara, el 5 de junio de 1955 en una novillada de selección junto con Jesús Gómez, Jesús de Anda, Pedro Jiménez Pedrín, Gabriel Linares y Rodolfo Ramírez El Pirata y en ese festejo Jesús ya utilizó el sobrenombre de El Estudiante, pues al tiempo estudiaba teneduría de libros en la Academia Rodríguez Dávila de esta ciudad Capital. 

En estos años el nombre de El Estudiante como novillero estuvo ligado al de varios toreros más que lograron traspasar los límites del anonimato y así actuaron en las plazas de México su paisano Víctor Mora, el mazatleco José Ramón Tirado, el guanajuatense Héctor Obregón, el tlaxcalteca Fernando de los Reyes El Callao, el regiomontano Américo Garza Romerita y el que en su día fuera apoderado de Arturo Gilio, Marcelo Acosta, entre otros toreros que lograron sacar la cabeza y hacer a la afición de ese tiempo concebir esperanzas de que en ellos habría una figura del toreo en ciernes.

Sus actuaciones en la temporada 1955 – 1956 le permitieron obtener su inclusión en el cartel del Estoque de Plata, celebrado en también en Guadalajara el 28 de octubre de 1956, fecha en la que para despachar una novillada de Matancillas, José Ramón Tirado, Rubén Aviña, Carlos Saldaña y El Estudiante, partieron plaza vestidos de luces en El Progreso. En esa tarde se llevó el gato al agua el venezolano Saldaña, quien tuvo la que quizás sería más importante tarde de su vida torera en México. 

En 1957 logra actuar hasta 18 tardes en las plazas de Ciudad Juárez, Nogales y Tijuana y en el siguiente año, actúa en cuatro novilladas seguidas en El Toreo de Cuatro Caminos, dejando constancia de que estaba ya listo para el cambio de escalafón.

La Feria de San Marcos de 1958 iniciaba su ciclo de tres corridas con una en la que El Príncipe del Toreo, Alfredo Leal, otorgaría a El Estudiante la borla de matador de toros, fungiendo como testigo el poblano Joselito Huerta, con toros de don Lucas González Rubio, un festejo en el que efectivamente los tres alternantes triunfaron. 

Después de actuar en seis tardes el año de su doctorado, el 18 de enero de 1959, Jorge Aguilar El Ranchero, le cedería al toro Coreano de La Laguna, ante el también tlaxcalteca Fernando de los Reyes El Callao, quedando revalidada su alternativa sanmarqueña en el coso de Insurgentes y como causara buena impresión en esa fecha, el 7 de abril de ese mismo año se le incluye en el cartel de triunfadores que se disputaban la Rosa Guadalupana, mismo en el que para estoquear ocho toros de Mimiahuápam, partieron plaza Curro Ortega, El Ranchero Aguilar, Jaime Bravo, Joselito Huerta, Antonio del Olivar, José Ramón Tirado, Fernando de los Reyes El Callao y El Estudiante.

Al final de ese festejo, el huamantleco de la triste mirada y del hondo toreo, El Callao, saldría con el trofeo en disputa dentro de la espuerta. Así, durante 1959, Jesús completaría una docena de actuaciones en plazas mexicanas. Entre 1960 y 1963 suma veinticuatro actuaciones, destacando la que tuvo en Aguascalientes el primero de enero de este último año, en la que con Luis Procuna y Pablo Lozano, dio cuenta de un encierro de Peñuelas, cortando las orejas y el rabo al sexto de la tarde.

El anuncio de la alternativa
Esta tarde resultaría ser un parteaguas en la vida taurina de El Estudiante, pues su compañero de cartel, el castellano Pablo Lozano, quien años después tuviera bajo su responsabilidad los destinos de la Plaza de Las Ventas de Madrid, advirtió que Jesús tenía aptitudes para caminar en la fiesta y le sugiere ir a España a probar suerte como novillero allá, renunciando al doctorado obtenido en el ruedo sanmarqueño casi un lustro antes.
Retomando el rumbo en España

Siguiendo el consejo de Lozano, el 20 de junio de 1963 se presenta de nueva cuenta como novillero en la Plaza Monumental de Barcelona, para despachar novillos del Conde de Ruiseñada en unión de Curro Montenegro y José María Aragón, logrando actuar en tres tardes más en cosos hispanos ese año.

1964 representa un buen año para el torero de Aguascalientes pues logra presentarse en 9 oportunidades dentro del escalafón novilleril, siendo cuatro de esas actuaciones en la plaza de Las Ventas, cortando además, una oreja en su debut, el 19 de julio de 1964, al lado de Eduardo Ordóñez y José Luis González Copano, para lidiar cinco novillos de Luis Frías Piqueras y uno – sexto – de Carlos Sánchez Rico. En su día, Antonio Díaz – Cañabate escribió:
Otro buen novillo fue el tercero, menos bravo, bastante menos que el primero, en el primer tercio, pero más noblote en el último. En el bochorno de la tarde canicular, el novillo, al tomar la muleta de “El Estudiante”, daba la sensación de que se bebía un apetitoso refresco de grosella bien helado, que “El Estudiante” le servía complacido, ya con la mano derecha, ya con la izquierda. Al novillo y al público le gustaron más los refrescos de la mano izquierda. ¡Oh, sí, nos venían muy bien, nos oreaban como una brisa que rompe el ardor! Fueron pocos estos buenos naturales y su corta cantidad acrecentó su valía. Entrando con arrestos cobró una estocada. El presidente concedió una oreja. Los insaciables pidieron otra, negada con buen criterio y “El Estudiante” se hartó de dar vueltas al ruedo...
En su presentación en Palma de Mallorca, es herido de consideración por un novillo de Enriqueta y Serafina Moreno de la Cova, llevándose a la enfermería una oreja y el 15 de agosto de ese año, en Madrid, tiene un encuentro con la otra muerte en el ruedo y le corresponde atestiguar junto al ya nombrado Copano y José Luis Teruel El Pepe, el fallecimiento del banderillero gitano Manuel Leyton Peña El Coli, quien fue herido por el primero de los únicos tres de Ángel Rodríguez de Arce corridos esa infausta tarde pues al conocerse la muerte del subalterno, se suspendió la novillada.

El 6 de septiembre de 1964 vuelve a recibir la alternativa, la definitiva, tras de justificarse en las dos temporadas novilleriles anteriores y así, en la Monumental de Barcelona, el gran estoqueador de Zaragoza, Fermín Murillo, con el testimonio de Curro Romero, le cede a Murciano, el primero de los seis de Torrestrella que se lidiaron esa tarde, dando Jesús la vuelta al ruedo en el sexto. Julio Ichaso, cronista del diario barcelonés La Vanguardia, cuenta así el hecho:
Le otorgó la alternativa con el conocido ceremonial, Fermín Murillo, presenciándola como testigo Curro Romero, con el toro lidiado en primer lugar, número 130, «Murciano», jabonero sucio o burraco, pues el pelo de las reses tiene muchas denominaciones, que el nuevo doctor lanceó con poco lucimiento, debido al viento, que descubría peligrosamente... Previo brindis al público, sus primeros muletazos fueron por bajo. Ya en el centro del ruedo, vinieron unos estupendos pases con la derecha. Llevaba al toro muy obediente a la flámula. (Olés y música). Hubo otra tanda, pero que muy buena de pases, también con la diestra y molinetes de rodillas emotivas y espectaculares. Después de unos naturales agarró, con habilidad, una estocada y el puntillero puso todo lo demás con el cachete para finiquitar al animal. (Petición de oreja, vuelta al ruedo con sostenida ovación y salida al tercio)...
El 12 de octubre de ese mismo año confirma su alternativa barcelonesa en Las Ventas, formándose el cartel con un novillo de Castillejo para el rejoneador Fermín Bohórquez, quien actuó a mitad del festejo y para los de a pie, toros salmantinos de Ricardo Arellano y Gamero Cívico. El padrino de la ceremonia fue Antonio Ortega Orteguita quien esa tarde confirmó a Santiago Castro Luguillano y a El Estudiante. El toro de la confirmación de Jesús se llamó Gladiador. Andrés Travesí relató así su actuación en el ABC madrileño:
Hacía tiempo que no veíamos una corrida de toros tan mala como la de ayer... Los seis bichos fueron mansurrones y difíciles y dos de ellos tuvieron que ser condenados a banderillas negras. Los toros recortaban peligrosamente, y como la lidia no fue buena llegaron al último tercio probones, achuchando a los de a pie. Y poco más puede decirse de este saldo de ganado que nos hizo pasar muy malos ratos... El mejicano Jesús Delgado, que tenía aceptable cartel en Madrid como novillero, no pudo hacer nada en su primera salida como matador. Fue el único de los tres que utilizó el capote en alguna ocasión suelta. Al segundo, mansurrón y distraído, lo pasó por la cara con precauciones y lo despenó de un estoconazo afortunado y un descabello y escuchó muchas palmas. En el sexto no mejoró la labor y mató de media, una entera, y descabelló al cuarto intento...
Uno de los momentos más importantes de su carrera, lo alcanzaría El Estudiante casi un año después de su confirmación y así, el 8 de agosto de 1965, alternando con Antoñete y el albaceteño confirmante Pepe Osuna, cortó una oreja al tercero de los toros murubeños de don Félix Cameno lidiados en la fecha. Esta tarde trascendería también, porque Antonio Chenel, cortó dos orejas al cuarto de la tarde, lo que le llevó a la Feria de San Isidro del siguiente año, en la que realizó la faena inolvidable del toro Atrevido de José Luis Osborne, el toro blanco de la leyenda del 15 de mayo de 1966. El relato de Gómez Figueroa en la Hoja Oficial del Lunes siguiente al festejo es así:
También Jesús Delgado (El Estudiante) supo tocar esa fibra sensible del público que termina por ganarse su admiración y simpatía. Largas cambiadas, un airoso quite con cierto aire de “ballet”, una faena bastante completa e inspirada, un estoconazo eficaz y naturalmente, la oreja para El Estudiante. Como el último de la tarde resultó manso y con dificultades, El Estudiante se desprendió de él no pronto, pero sí con decisión. Pinchó dos veces, clavó media estocada y utilizó dos veces el verduguillo. Fue despedido con una ovación...
La última etapa

Durante 1964 y 1965 Jesús permanece en España y es hasta 1966 que reaparece en su patria, ligando seis tardes, dos de ellas en El Toreo de Cuatro Caminos. En 1967 confirma su alternativa barcelonesa en la Plaza México, misma que ocurrió el 22 de enero de ese año, siendo su padrino Joaquín Bernadó y actuando como testigo Raúl García para lidiar a la usanza española seis toros de Tequisquiapan y uno de Pastejé para el centauro potosino Gastón Santos, cerrando ese año en Guadalajara el 17 de diciembre con el potosino Pepe Luis Vázquez y Alfredo Leal en la lidia de toros de Cerro Viejo.

En 1971 se viste de seda y alamares sólo una vez para doctorar en la propia plaza de San Marcos a su vecino de barrio, el dinástico Armando Mora ante el testimonio de Fernando de la Peña. Esa tarde Jesús realizó una de sus mejores faenas en la plaza de su tierra, al cortar las dos orejas al segundo de la tarde después de una faena completa, de la que merece recordarse el testimonio de don Jesús Gómez Medina:
La estocada de la tarde. Ocurrió en la primera década del siglo, Bombita y Machaquito detentaban el mando del cotarro taurino durante el interregno que medió entre la despedida del Guerra y la aparición de Joselito y Belmonte… Y una tarde, en Madrid, Machaco se fue tras del estoque con férrea determinación y lo clavó todo en el morrillo de un imponente miureño. Del pitón de éste pendían luego los encajes de la camisa del bravo cordobés, en testimonio de cómo se entregó Rafael González en el trance supremo… Don Modesto, pontífice de la crítica taurina de la época, emocionado ante la hazaña del Machaco, urgió al escultor Mariano Benlliure – ¡Apresúrate ilustre alfarero! – decíale en su crónica el célebre revistero. Y Benlliure, tan buen aficionado como artista eximio, atendió el reclamo de don José de la Loma y sus manos prodigiosas produjeron esa estupenda obra de arte que se llama “La Estocada de la Tarde”… Ayer, en la muerte del segundo burel, la sombra de Machaquito pareció aletear sobre el coso. Porque al igual que entonces lo hiciera Rafael González, El Estudiante se perfiló marchosamente, fija la mirada en el morrillo de “Guapo”; el estoque centrado entre ambos pitones y tan cerca de estos, que la punta parecía reposar sobre el testuz. Y al arrancar, lo hizo recta y decididamente, con tal precisión y maestría, que mientras la mano izquierda vaciaba la acometida del corlomeño, la diestra, empuñando el alfanje, concluía su viaje en el morrillo de “Guapo” del que emergía tan solo la bola de la empuñadura… ¡Fue la estocada de la tarde! ¡De esta y muchas más!... Los espectadores al unísono brincaron de sus asientos y tributaron a Delgadillo una cálida, estruendosa ovación. Y tras la ovación, las orejas, ganadas en la mejor forma, con la verdad incuestionable del acero”. (El Sol del Centro, 29 de marzo de 1971)
Alternativado por primera vez en la feria de su tierra, la despedida tenía razón para darse en ese mismo marco y así, el 30 de abril de 1982, tras de varios años de ausencia de los ruedos, hizo su presentación en la Plaza Monumental y al mismo tiempo tuvo su despedida de los ruedos, alternando con Eloy Cavazos y Humberto Moro hijo, en la lidia de seis toros de San Manuel, dando la vuelta en tras la lidia del cuarto de la tarde, el último que mató vestido de luces.

Después de esa señalada fecha, Jesús Delgadillo se mantuvo ligado a la fiesta de los toros y con frecuencia toreaba festivales benéficos. La última actuación pública que ha tenido, fue el 8 de diciembre de 1996, en un festejo organizado en honor del subalterno hidrocálido que muchas tardes le acompañó, don Arturo Muñoz La Chicha, obteniendo las orejas del novillo de Ángel Lascuráin que sorteó esa fecha.

La tauromaquia de Jesús Delgadillo

Las transcripciones que se hacen a lo largo de este texto, nos reflejan que El Estudiante ha sido un torero de los llamados de escuela, de los que ejecutan las suertes con clasicismo y que conocen y realizan una gran cantidad de ellas. Banderillero fácil, clavaba los palos por los dos lados del toro, cuestión que poco se ve, dado que por lo general se tiende a dominar la ejecución del segundo tercio por un solo perfil.

El Estudiante en su última tarde 8/XII/1996
Con la muleta, Jesús Delgadillo gustó de trastear con la mano baja y aprovechando su estatura, daba dimensión a las suertes, pero cargando la suerte, a lo clásico y resultando ser un brillante ejecutor del pase natural. Las crónicas invocadas nos exhiben también que era un formidable estoqueador, que redondeaba sus faenas con el filo de su espada, como escribiera en alguna de ellas don Jesús Gómez Medina y en más de alguna oportunidad, fue su solo alfanje el que le deparó tardes de triunfo.

En suma, un torero conocedor de su oficio, dominador de los toros cuando así se requería y con la facilidad de transmitir a los tendidos la valía de su quehacer en el ruedo, lo que se refleja en las importantes tardes de triunfo que tuvo durante su carrera activa.

Arrastre

El Estudiante es uno de los toreros de Aguascalientes que no tuvieron temor de salir de sus confines para buscar el triunfo en la difícil profesión de ser torero. De los toreros de su tierra, es uno de los que más veces ha actuado en la Plaza de Las Ventas y de los mexicanos que allí lo han hecho, sólo le aventajan en número de actuaciones Carlos Vera Cañitas, Miguel Espinosa Armillita Chico y Eulalio López Zotoluco cabiéndole a Jesús el honor de ser junto con el Volcán Rafael Rodríguez, Joselito Adame y Arturo Saldívar uno de los matadores de toros de Aguascalientes, que vestido de luces, ha cortado oreja en la principal plaza de toros del mundo.
En este día se celebran cincuenta años de su definitiva alternativa como matador de toros y El Estudiante aún conserva la figura que le hiciera parecer torero para poder ser torero. Medio siglo hace y aún se recuerdan sus hazañas, las que son una de las columnas que sostienen la taurinidad de Aguascalientes. ¡Enhorabuena Maestro!

domingo, 18 de agosto de 2013

23 de agosto de 1931: El adiós de Luis Freg

El anuncio de la corrida en Mundo Deportivo
El pasado 7 de junio se discutía sobre lo inusitado que resultaba un cartel en Madrid, en la llamada Feria del Arte y la Cultura en la que dos toreros mexicanos – Joselito Adame y Juan Pablo Sánchez – alternaban con El Cid. En los próximos días se cumplen 82 años de un hecho en el que, cuatro toreros mexicanos – sí, ¡cuatro! – actuaron en Barcelona en la misma tarde.

Fue la del día 23 de agosto de 1931, fecha en la que, habiendo cedido Eduardo Pagés la Plaza Monumental de la capital catalana a Luis Freg para organizarse un beneficio y despedida, logró que participaran en ese esfuerzo junto con él Juan Espinosa Armillita, Pepe Ortiz y Alberto Balderas, quienes lidiarían un encierro compuesto por ocho toros salmantinos de Alipio Pérez Tabernero Sanchón.

Luis Freg había toreado apenas cinco tardes en España el calendario anterior y todas en Barcelona. El toreo había evolucionado y quizás el hecho de ser El Rey del Acero ya no era suficiente para mantenerse en el gusto de una afición que había tenido la oportunidad de apreciar una profunda transformación en la manera en la que los toreros se conducen ante los toros. Por su parte Armillita apenas había actuado un par de tardes el calendario anterior y junto con Freg, tendría esta tarde su única corrida del calendario.

Pepe Ortiz
El Orfebre Tapatío Pepe Ortiz reaparecía en Barcelona después de 5 años y Alberto Balderas iniciaba en los ruedos hispanos un camino que terminaría alrededor de una década después en las astas de Cobijero en el ruedo del Toreo de la Condesa.

La convocatoria a la corrida tenía como aliciente adicional el sorteo entre los asistentes de 380 pesos mexicanos – en monedas de oro – en tres partidas de 150, 120 y 110 pesos cada una. 

Trincherilla, cronista del semanario barcelonés La Fiesta Brava, relata los siguientes prolegómenos del festejo:
¿Despedida de Luis Freg? Así se anunció... Yo no puedo creerlo. No es posible que esta sea la última vez que en Barcelona aplaudamos a este torero, todo hombría, todo dignidad… Las ovaciones cálidas, entusiastas que sonaron en su honor, le fueron otorgadas a impulsos de un sentimentalismo hacia el torero que, cosido a cornadas en veinte años de ostentar orgulloso por los ruedos el glorioso airón de su pundonor profesional, amargado, desilusionado por la injusticia con que le tratan las empresas pone final a sus luchas, sacrificando su afición cada vez con más fuerza sentida. No. Porque más que un torero que se va, pareció un novillero que llega, rabioso por alcanzar su puesto, desbordante de afición y ambicioso de gloria… No quiero creer que Luis Freg no vuelva a pisar más estos ruedos, escenarios de sus mayores triunfos… No se va Luis por propio impulso. A ello le obliga el desdén con que se ve tratado quien es merecedor de las mayores admiraciones. Bien claro lo ha dicho… Y eso no puede ser, no debe ser. El domingo nos demostró que “aún” puede codearse dignamente con los gerifaltes de la torería, quienes tienen mucho que aprender de él. Y no me refiero a su pundonor, que eso es virtud intransferible, sino a sus cualidades de TORERO, así, con mayúsculas…
La afición de Barcelona se entregó sin reservas a Luis Freg en esta última tarde. Terminó cortando una oreja a cada uno de los toros que le cupieron en suerte y al final incluso, se le intentó sacar en hombros de la plaza, sin que el torero así lo permitiera. La relación citada antes lo cuenta así:
Torerísimas fueron las verónicas que Freg ejecutó esta tarde en las que paró, templó y mandó como los grandes estilistas… Erguido, arrogante inició el trasteo en su primero, que pasó todo entero bajo los pliegues del rojo engaño, quieto como un poste Freg, sin enmendar su terreno, jugando los brazos acompasadamente y dejándose acariciar la pechera por el pitón del enemigo… Continuó toreando por naturales y de pecho, altos y cambiándose de mano la muleta, muy ajustado, de impecable ejecución. Una gran faena para justificar a un gran torero… Amagó un pinchazo por desigualarle el toro al emparejar y cobró una gran estocada poniendo en el ataque su proverbial majeza… Estalló la ovación clamorosa, emocionante, se le concedió la oreja y recorrió el ruedo recibiendo las más francas demostraciones de entusiasmo… Un “regalo” fue el quinto toro. Tardeaba, pero cuando fe arrancaba lo hacía descompuesta y con fuerza de ciclón… Brindó en los medios la muerte de este bicho y sin arredrarle el peligro desafió de largo para el ayudado por alto, grandioso, emocionante. Repitió el muletazo y en el tercer viaje sufrió un acosón serio. Intervino Ribera eficazmente para quebrantar al morito que seguía sin abrir la boca y humillando… Jugándoselo todo, aprovechó Luis una igualada para entregarse en un estoconazo formidable, hasta las uñas. Duro en doblar el toro, apeló al descabello el matador acertando al segundo golpe… ¿Quién acierta a reflejar la emoción que produjo este momento? Volvió Luis a cortar la oreja. En tanto el público, en pie, daba rienda suelta a su sentimiento aclamando al torero que se iba en pleno triunfo… Acabada la corrida, el público cogió en volandas a Luis Freg, lo pascó por el ruedo e intentó llevarlo en triunfo hasta el hotel, a lo que se opuso resueltamente el diestro… Empresario de esta corrida era Luis Freg. Buscando un beneficio que le ayudara a vivir un retiro holgado la vida y su dinero… No creemos que el resultado material de esta corrida sea óptimo. Cuando más, habrá asegurado las pérdidas…
Pepe Ortiz tuvo una muy interesante reaparición en Barcelona. Un lustro antes había retomado su alternativa mexicana, causando una muy buena impresión, pero no había vuelto a la Monumental de las cuatro cúpulas. En este regreso causó una muy buena impresión según podemos leer:
Reaparecía Pepe Ortiz, a quien desde su alternativa en esta misma plaza el 20 de junio de 1926 no habíamos vuelto a ver. Por eso más que reaparición suya fue un debut… Había curiosidad por juzgar a este torero de quien tantos y tan entusiastas elogios ha venido haciendo la crítica de su país, y recientemente la madrileña… Torero finísimo con el capote, lanceó suavemente a su primero, sujetando al toro que quería irse. Luego en su quite nos maravilló con la suerte de su invención, esas "orticinas" deslumbrantes de alegría, elegancia y vistosidad, bellísimo lance en el que el genio creador de este gran torero se muestra con toda su imponderable grandeza y del que teníamos una idea remotísima a través de la grotesca interpretación que le diera Bienvenida… Ciertamente es incomprensible este desvío de las empresas, porque en Pepe Ortiz hay un artista magnifico, un torero de personalidad acusadísima. Pronto apreció esto el público, que se entregó al tapatío en los primeros momentos y tuvo para él entusiastas y fervorosos aplausos… José Ortiz, a pesar de que el ganado no se prestó para el lucimiento del artista, obtuvo un éxito muy estimable y dejó al público con el deseo de volverlo a ver pronto... La figura de Ortiz había despertado en Barcelona extraordinario interés, interés que no resultó en ningún momento injustificado, pues desde los primeros capotazos el mejicano se nos reveló como un torero excepcional, en quien concurren un sin fin de cualidades de las que forman un torero… Ortiz practicó durante toda la tarde un toreo preciosista y valiente, admirablemente ligado con los conocimientos taurinos, que le valió constantes ovaciones…
Por su parte, Alberto Balderas logró destacar en el primero de su lote. La relación de su actuación que hace el corresponsal de El Heraldo de Madrid es de la siguiente guisa:
Cuarto. Con muchas arrobas. Balderas entusiasma al respetable con unos lances por bajo llenos de suavidad y temple. En quites compite con Ortiz, a cual más adornado. Los montados abusan del palo, destrozando al bicho. Balderas coge palos y prende un superiorísimo par de frente. Cierran los de turno. El toro llega al último tercio bronco y avisado. Balderas, dominador e inteligente, liga una faena sobria y serena, que corona con media en las agujas. (Ovación, petición de oreja, vuelta y salida.)
El Rey del Acero
Juan Armillita no tuvo suerte en la única tarde que toreó en ese calendario. Era la antepenúltima que torearía en los ruedos hispanos vestido de oro, pues su destino estaba en la grandeza de los hombres que visten de plata, donde fue una primera figura.

Pese a la incredulidad del cronista barcelonés, la tarde que nos ocupa fue la última que toreó Luis Freg en ruedos españoles. Su carrera se prolongaría en México todavía tres años más y terminaría de manera abrupta, con su muerte por ahogamiento en el río Palizar en Campeche el 12 de noviembre de 1934.

En cuanto al sorteo de los pesos mexicanos, el corresponsal de La Voz de Madrid, señala lo siguiente:
Se sortean monedas de oro mejicanas, por valor de 2.500 pesetas, y corresponde el primer premio al número 9.057; el segundo, al 3.163, y el tercero, al 1.653…
Don Luis de la Torre El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada, resume así el paso por los ruedos de Luis Freg:
No fué Luis Freg un lidiador que se distinguiera por un estilo depurado en su toreo de capa, ni tampoco fué un muletero preciosista, pero supo usar el capotillo y de la roja franela, ejecutando todas las más bellas suertes con el clasicismo y la escuela imperantes con anterioridad al revolucionismo traído por Juan Belmonte... lo que los hizo descollar como figura prominente dentro de las modalidades de la época, fué su estoque formidable, unido a un valor rayano en heroísmo. Estas cualidades lo hicieron acreedor a ser calificado en tierras españolas con las significativas designaciones de “El Rey de Acero” y “Don Valor”, con que ampliamente era reconocido en toda España... Excepción hecha de Salvador Sánchez “Frascuelo”, la historia taurina no señala lidiador alguno tan castigado por los toros como lo fuera nuestro compatriota Luis Freg. Calculándose en los veinticinco años de su carrera, no menos de sesenta cornadas recibidas, de las cuales más de treinta fueron graves y no menos de cinco de las que ponen en inminente peligro la vida... Torero sin estrella, ni en su propia Patria pudo lograr la aceptación definitiva de los públicos, muy merecida si en cuenta se toma su preponderancia como estoqueador puro, certero, valeroso, y buscada por él al no escatimar esfuerzo alguno, aún a costa de su sangre, generosamente ofrendada en aras de la fiesta..

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