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domingo, 16 de febrero de 2014

Postdata

Plaza Monumental de Sevilla
El único vestigio
Durante los últimos siete días continué dando vueltas a lo que dejé aquí publicado la pasada semana. Algo no me cuadraba y al volver sobre el tema, de pronto me vino a la memoria el recuerdo de aquellos sucesos que se dieron en el tránsito de la primera a la segunda década del siglo XX, cuando José Gómez Ortega Gallito, proclamado El Rey de los Toreros, tuvo sus diferendos con la administración – empresa – y con la propiedad de la Plaza de Toros de la Maestranza de Sevilla.

Gallito en su día no exigió de manera absurda que los propietarios del coso echaran o pusieran a tal o cual empresario a manejarlo. Antes mejor, consiguió inversionista – José Julio Lissén Hidalgo –, terrenos y puso también sus cuartos para construir una plaza de toros en la cual pudiera lucir su arte – y su ciencia – para los más. Pero en el tiempo que esa nueva plaza de toros estuvo en proceso de construcción, no se alejó de la Maestranza, siguió acudiendo a ella, pues reconocía que su compromiso primero era con la afición. 

La nueva plaza de toros fue la Monumental de San Bernardo, obra que quedó inconclusa en sus propósitos por los sucesos de Talavera de la Reina y por la deliberada incuria a la que fue abandonada por aquellos interesados en evitar su florecimiento y permanencia, tanto física como en la memoria histórica de Sevilla.

Este recuerdo me lleva a preguntarme si hoy, a casi un siglo de distancia, la Versión 2014 de los Fabulosos Hombres G está tan descontenta con lo que en la Maestranza sucede y tiene tanta urgencia o deseo de torear en Sevilla, como para abordar una empresa como la que Gallito inició en el primer cuarto del pasado siglo.

De acuerdo con lo que se oye y se lee, los cinco inconformes cuentan con los posibles para costear la edificación de un escenario adecuado – quizás hasta cubierto y multiusos, para hacerlo de una máxima rentabilidad – y si Sevilla es la manzana de la discordia, quizás pudiera levantarse, no en el término municipal de la capital andaluza, pero sí en alguno de los otros municipios colindantes y conurbados como Alcalá de Guadaira, Tomares, Camas o quizás en la misma Puebla del Río, como punto de inicio de una campaña renovadora de la manera de hacer fiesta” y de homenaje al autor intelectual de este intento de coup d’etat – hasta ahora fallido – abrileño.

Con esa casa propia, nadie impondría condiciones a los chicos G y ellos podrían poner en práctica todas las reivindicaciones que reclaman y demostrar a tirios y troyanos cuál es la realidad que debe imperar en la Fiesta en este nuevo siglo.

Pero aquí es que me surge otra interrogante: ¿Tendrán los G – 5 el suficiente tirón para emprender exitosamente una empresa de esa envergadura? De esto no puedo, ni quiero barruntar una respuesta. Lo único que creo al respecto es que resulta más cómodo exigir y criticar a los demás sin ponerse en los zapatos del de enfrente.

¿O será que no lo piensan emprender por temor a que de su inversión quede como recuerdo únicamente un pedazo de un muro?

domingo, 9 de febrero de 2014

¡Qué se vayan! (II)

Rasgarse las vestiduras

En las últimas semanas muchos se rasgan las vestiduras por los acontecimientos previos a la Feria de Sevilla. El más destacado quizás es la proclama del hoy llamado G – 5 en el sentido de que no volverán a poner un pie en la Plaza de Toros de la Maestranza en tanto la actual empresa – Pagés – se siga encargando de su gestión.

La mayoría de sus comentarios se han decantado por señalar que la Feria de Abril hispalense, sin el concurso de esos cinco notables se irá por el despeñadero, que perderá su categoría, que dejará huérfana a la afición y alguno, palabras más o palabras menos, ha dado paso a aquella sentencia pronunciada por Guerrita a la muerte de Gallito: se acabó el toreo, nada menos.

Creo que la realidad es bien diferente. Con un océano de por medio, pero con los libros de la historia en la mano, puedo afirmar que esta no es la primera vez – y tampoco será la última – en la que los más conspicuos miembros del escalafón de matadores de toros dejen de comparecer específicamente a la Feria sevillana.

En cada caso anterior las causas de esas incomparecencias fueron individuales y diversas – nunca el producto de una extorsión colectiva como ahora – y oscilaron entre los desarreglos en materia de dineros y la falta de coincidencia en fechas, alternantes o toros a lidiar, cuestiones que son de todos los días en la organización de festejos taurinos. Debo señalar que en ninguna de estas ocasiones anteriores, hasta donde pude obtener información, se alzaron las voces al tono y con la violencia con que hoy se elevan por la unilateralmente anunciada ausencia de esos cinco diestros.

¿Qué sucedió en esas oportunidades anteriores? Tomo como ejemplo la Feria de Abril de 1989, en la que se quedaron fuera José Mari Manzanares, José Ortega Cano, Roberto Domínguez y Juan Mora, un número similar de figuras a las que en este calendario abdican a comparecer al coso del Arenal.

Ese ciclo se dio con un número de doce festejos, incluido el del añorado lunes de resaca y aunque se otorgaron pocos trofeos – retazos de toro al fin –, Espartaco ratificó su posición de cabeza del escalafón; se recuperó un torero de corte y aroma clásico como José Luis Parada; Manili demostró en las duras que lo del año anterior no había sido casualidad; Julio Robles realizó el toreo eterno, es decir el puro y clásico y Curro Romero y Rafael de Paula dejaron, como cada año, alguna pincelada onírica en el albero de la Maestranza.

Visto así, ni la Feria del 89 resultó un fracaso, ni el toreo se acabó por las ausencias comentadas, ni los maestrantes echaron a Pagés y al año siguiente, los ausentes volvieron cual hijos pródigos a una Feria que, querámoslo o no, da y quita.

Yo, mi, me, conmigo…

El problema de estos tiempos que corren, es que más que pensar en sacar adelante a la Fiesta, cada uno de sus actores piensa en la manera de sacar adelante sus particulares intereses. Hay un discurso permanente en ellos en el sentido de que se debe defender al la fiesta. La pregunta que yo hago ahora es: ¿de quién o de quiénes?

Si los así llamados profesionales actúan desarticuladamente, cada quién tirando por su lado y sin una visión de conjunto hacia una finalidad común, quizá la proclamada defensa debería plantearse hacia el interior, dado que esa actuación descoordinada genera un perverso proceso autodestructivo. En pocas palabras, primero hay que limpiar la casa por dentro, antes de pintar la fachada. Por ello, antes de pensar en defender a la Fiesta de los ataques externos, hay que conseguir una genuina unidad de metas de sus estamentos. Esa es la mejor defensa y la primera que de ella se puede hacer.

Por otra parte, no creo que sea necesario explicar que en los países en los que la Fiesta tiene lugar, se pasa por procesos de crisis económica. En unos está más acentuada que en otros, pero esa crisis golpea y fuerte a todos los sectores de la Fiesta. En situaciones críticas, generalmente se piensa primero en la sobrevivencia y después en el superávit. Esa sería la situación ideal, pero en la actualidad cada parte interesada cree que su parcela es la única que importa y pretende llevarse la mayor parte del producto, sin importarle la suerte de las demás. Allí es cuando surgen los conflictos, como el que me lleva a escribir esto.

La solidaridad profesional – de todos los estamentos – es fundamental en estos tiempos. Ninguno de ellos por sí solo es suficiente para que la Fiesta subsista. Quizás el más maltratado y ninguneado por la crítica situación que hoy se vive es el de los ganaderos y paradójicamente ellos son el eje de todo esto, pues sin toro, no hay Fiesta. Creo entonces que equilibrar pretensiones y adecuarlas a los momentos que se viven, es fundamental.

Nadie debe olvidar que al final de cuentas la destinataria de la Fiesta es la afición, que es la que paga por apreciar un espectáculo y el precio que desembolsa resulta proporcional al costo que tiene su organización. Cuando las pretensiones de uno o de varios de los estamentos involucrados se exageran o se salen de la realidad, aparte de impactar directamente a los otros, se trasladan al precio de las entradas que pagan los probables espectadores. Si a eso se suma la monotonía en la que el toreo se ha sumergido en los últimos tiempos, caeremos en la cuenta de que el único resultado previsible es que la gente se vaya de las plazas.

¿Se quiere defender a la Fiesta? Pues entonces, los estamentos de ella deben caminar en la misma dirección, mirar por los intereses de ella como una sola unidad y evitar siempre atender a los propios como primordiales. No veo otra solución posible.

Al final, la Feria de Abril de Sevilla de este año se va a celebrar sin el concurso de la Versión 2014 de los Fabulosos Hombres G. Seguramente algunos toreros serán sacados del ostracismo y otros jóvenes recibirán una verdadera oportunidad en una Feria de importancia. Algunos de ellos demostrarán que son recuperables y darán variedad a la temporada española que ayer arrancó en Valdemorillo. Además, esto quizás sirva de lección y comience a desbaratar la costumbre de hacer las ferias desde principios de año, para esperar a que vayan surgiendo los triunfadores sorpresa de las primeras ferias para dar variedad y novedad a las siguientes. Al tiempo.

Coda… y con mariachi

Al socaire de todo este culebrón, dos periodistas, uno en España y otro en México – José Antonio del Moral y Leonardo Páez – difundieron la especie de que don Alberto Bailleres había hecho una oferta para quedarse con el manejo de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

El tono de Del Moral fue despectivo y chauvinista y el de Páez, crítico, calificó como rácana la administración que hace de las diez plazas de toros – ocho de su propiedad – que opera en nuestra República a través de Espectáculos Taurinos de México.

La noticia relativa a la oferta resulta a mi parecer un auténtico y malintencionado bulo. Don Alberto Bailleres frisa ya los ochenta años de edad y aunque se mantiene al frente de sus negocios y conserva su afición a los toros, arrancar en estos tiempos una empresa como de de manejar la Plaza de Toros de Sevilla no resulta congruente, ni lógico.

Además del accidente meramente demográfico mencionado antes, veo un obstáculo jurídico que me parece insalvable y es la relación contractual que existe entre la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y la Empresa Pagés. El Principio General del Derecho contenido en el aforismo pacta sunt servanda implicaría para ambas partes el que ese contrato debe ser cumplido a cabalidad antes de pensar siquiera en celebrar uno nuevo.  En los días en los que se celebró no se hablaba siquiera de cláusulas de confidencialidad como en la actualidad, sin embargo, ambas partes, mediante un pacto de caballeros, han optado por no dar a conocer ni los términos, ni la vigencia del actual contrato, por lo que nadie ajeno a las partes del mismo tiene la certeza del momento en el que sea posible celebrar uno nuevo sin pagar indemnizaciones millonarias por incumplir o rescindir el anterior. Y lo que se diga en contrario es especulación pura y dura.

Por último, considero que en una contratación de esa envergadura, tanto la Maestranza como corporación, como la Empresa Pagés se habrán protegido con una serie de derechos de preferencia y cláusulas de prórroga o cuestiones similares, de modo tal que llegado el contrato a su término, pudieran asegurarse la continuación de la relación por otro plazo largo sin mayores contratiempos. Aclaro que esto es también una especulación de mi parte.

Entonces, lo de don Alberto Bailleres en Sevilla no creo que se de más que en el tendido, disfrutando de los festejos de la feria abrileña, siempre y cuando decida no asistir a los él que ofrece en su Plaza de Toros Monumental Aguascalientes.

domingo, 17 de febrero de 2013

Y mañana, ¿qué?

Apuntes de una jornada legislativa

Visitantes distinguidos en el palco de invitados del
Congreso de los Diputados 12/02/2013 (Foto: La Razón)
Haciéndose esa pregunta Luis Procuna termina la película ¡Torero!, dirigida por Carlos Velo. Una vez que el diestro había vencido a sus demonios interiores y conseguido el triunfo, se preguntaba qué era lo que venía después. Ahora yo, como creo que lo hace mucha de la afición, me pregunto lo mismo después de que el Congreso de los Diputados en Madrid, aprobó principalmente con el voto de la fracción parlamentaria del Partido Popular – y a pesar de la hipócrita abstención de los del Partido Socialista Obrero Español – la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que proponía que se declarara la Fiesta de los Toros como Bien de Interés Cultural del pueblo de España.

No voy a comentar en esta oportunidad la pobreza del debate, ni entre los que decían defender a la Fiesta, ni entre los que se posicionaron en contra de ella – Gustave Flaubert hubiera tenido abundante material para una reedición de su Diccionario de Lugares Comunes –. Si quieren conocer una buena opinión acerca del valor de esos debates, les invito a leer el blog de Juan Manuel Pérez Alarcón, Y digo yo…  en el que pone las cosas en su sitio. O si desean conocer en su integridad el debate, pueden pasar al Diario de Sesiones del Congreso y a partir de la página 4 y hasta la 18, leer la transcripción de lo allí expresado.

La única intervención que me pareció sensata y fundada, fue la del diputado del partido Unión Progreso y Democracia, Toni Cantó, que al establecer como esencia de su intervención la negativa a que la Fiesta sea prohibida o subvencionada, manifestó entre otras cuestiones lo siguiente:

El problema, el eje del problema es ese: ¿tienen  o no los animales derechos? De eso es de lo que hemos de hablar. El problema sería ese, si los tienen, y considerar además la defensa de sus necesidades y su bienestar como parte de nuestras obligaciones morales. En principio, estrictamente hablando, los animales no tendrían derechos, a la par que tampoco tienen obligaciones. Y al carecer de libre albedrío y capacidad de decisión, no podríamos considerarlos sujetos éticos capaces de discernir entre el bien y el mal. Por lo tanto, señorías, el tema de la libertad nos separa de los animales. Sin embargo, la capacidad de sufrimiento y la percepción de dolor establecen una continuidad entre animales racionales y animales irracionales. Esa continuidad no transforma a las bestias en nuestros iguales éticos, pero sí nos obligaría a considerar sus padecimientos y a velar por su bienestar.  
Señorías, todo contrato implica igualdad entre las partes; con los animales no puede haber contrato, este es el fondo del asunto, solo puede haber trato y, desde luego, todos deseamos que ese trato cada vez sea mejor. El maltrato a los animales no es un atentado ético, no viola ninguna obligación moral para con ellos, pero sí que es cierto una cosa: degrada, señorías, nuestra humanidad. Nuestra brutalidad con los animales, ¡ojo! —en esto creo que se está haciendo mucha hipocresía hoy— con todos los animales, no solamente con los toros, sino también con los que sacrificamos en los mataderos, e incluso también con los animales domésticos. Nuestra brutalidad con todos los animales nos hace menos humanos, nos predispone a ejercerla con nuestra especie, pero lo cierto es que ni los toros ni el resto de los animales tienen siquiera dos de los que son nuestros derechos fundamentales, uno es el derecho a la libertad y otro es ese tan importante, del que también estamos hablando hoy aquí, no nos olvidemos, que es el derecho a la vida.  
No los toros, pero, repito, tampoco las vacas, las gallinas, los corderos. No seamos hipócritas. Hay límites evidentes. Dentro de poco hablaremos aquí de un proyecto de ley que decidirá cuáles son esos límites en la forma que tenemos de comercializarlos, de transportarlos o de sacrificarlos. Como vamos avanzando cada vez más en nuestra civilización, cada vez queremos someterlos a un trato mejor. 
La realidad, señorías, es que vivimos a espaldas de cómo criamos y cómo matamos a aquellos animales de los que nos servimos para alimentarnos o, por ejemplo, para investigar, y los toros en eso son claros, son públicos, no se esconden. Hoy quisiera que hubiésemos hablado más de esto y no tanto de hacer política con la cuestión o de hablar de sentimentalismos. Pedimos derechos a sujetos, señorías — lo hemos hecho y lo he escuchado —, que no los poseen, pero no me parece raro. Hemos estado escuchando aquí muchas veces como los señores nacionalistas pedían derechos también a los territorios. No me extraña oírles que estén haciendo lo mismo con los animales. Por otra parte — y quisiera decirlo también —, tengo la sensación de que la fiesta de los toros no está en su mejor momento. Dejemos que sea el propio mercado, que sea la sociedad española la que decida si deben seguir o no deben seguir. Y desde luego, ya para terminar, señores del Partido Popular, ni que decir tiene que en una época en la que ustedes están retirando las subvenciones a todos los sectores, sobre todo en cultura, me parece injusto que se las otorguen a los toros y estaremos en contra de eso…

Jurídica y éticamente Cantó ha dado en el clavo y echa por tierra las más recientes argumentaciones animalistas, recogidas por las legislaciones como la catalana (BOE Nº 205, martes 24 de agosto de 2010), que invocan esa proximidad genética entre especies, o el hecho de que, al fin y al cabo, todos los animales somos el resultado de procesos evolutivos paralelos… para establecer que los animales tienen derechos, cuando la realidad es que el Derecho y los derechos fueron destinados, como lo plantea la historia, la ciencia jurídica y el diputado Cantó en su intervención, para quienes tienen capacidad de discernimiento y libertad para ejercitarla, nada más. La capacidad de razonar es un requisito indispensable para ser sujeto de derechos.

Presentación de la ILP en marzo de 2012
(Foto: Qué!)
Pero al margen de lo que sucedió en la tribuna parlamentaria, en las gradas destinadas a la asistencia del público se observaron algunos distinguidos visitantes al recinto de la Carrera de San Jerónimo. Dadas las proporciones de las fracciones parlamentarias representadas en el Congreso de los Diputados, podía preverse que la ILP sería aprobada. Lo único que quedaba “en el aire”, era el monto de los votos aprobatorios, dado que la fracción del PSOE ya había anunciado su negativa a ello, junto con varias formaciones nacionalistas, en tanto que algunas otras formaciones políticas con menor presencia en la Cámara, no habían fijado una posición al respecto.

Así pues, ante la evidencia de la victoria, concurrieron varios de los que el año pasado formaron el fallido G – 10 y así, El Juli, José María Manzanares y Miguel Ángel Perera estaban sentados en postura que les hacía parecer profundamente interesados en los debates de la tribuna. Allí les acompañaban Santiago Martín El Viti, Curro Vázquez y Simón Casas, quienes hacían las veces de embajada de las fuerzas vivas de la Fiesta en tan trascendente evento.

Descortesía profesional

Serafín Marín solo en el Parlamento de Cataluña
27/07/2010 (Foto: Público)
A quien no se vio por el palco de invitados, - ¿le llamarían siquiera? -, es a Serafín Marín, al torero catalán al que El Juli, José María Manzanares y Miguel Ángel Perera y El Viti y Curro Vázquez y Simón Casas y muchos más dejaron solo en el Parlamento de Cataluña el día 27 de julio del año 2010, cuando se perpetró allí una de las villanías más grandes que registra la Historia del Derecho y la Historia del Toreo. Ese día sí que era necesaria su presencia como embajadores de la Fiesta, ese 27 de julio la Fiesta requería de todo el apoyo que se le pudiera dar y se dejó a Serafín Marín solo. En cambio, el 12 de febrero pasado, con la victoria segura, todos ellos estuvieron presentes, para salir en la foto y colgarse las medallas.

Ya lo decía el diputado Cantó, será lo que él llamó el mercado – yo prefiero llamarle la afición o la falta de ella – lo que determine la pervivencia o no de la Fiesta, pero con ayudas como las que le proporcionan sus fuerzas vivas o la mayoría de sus defensores en la reciente sesión del Congreso, lo más seguro es que ni con blindajes como el que se persigue con la ILP aprobada se pueda avanzar mucho. De allí mi pregunta, se aprobó la iniciativa legislativa, pero, y mañana, ¿qué?…

Nota importante: La intervención del diputado valenciano Toni Cantó la pueden ver y escuchar en vídeo en esta ubicación.

domingo, 6 de enero de 2013

De fiesta a espectáculo. El sostén del edificio de la Fiesta

Una verdad incontrovertible

Durante los días que me vi compelido a estar fuera del éter, medio me enteraba de lo que por aquí sucedía. Me daba cuenta de que seguían adelante los lamentos – debates acerca de los intereses crematísticos de aquellos que afirman cargar sobre sus hombros el peso de esta Fiesta, invocando que el esfuerzo que hacen por los menos favorecidos merece ser recompensado en sus alforjas. Y también me enteré que un conspicuo criador de reses de lidia afirmó que el eje de esta Fiesta es el toreo. Y hoy me entero, haciendo hilo con esta última afirmación, que el autor de lo que quizás resulta ser la última hazaña épica en la historia de la plaza de Las Ventas, el colombiano César Rincón, ahora aboga por las corridas incruentas, porque al fin y al cabo, lo importante es torear. Como diría uno que fue mi profesor de Derecho Agrario: ¡habráse visto!

Nadie puede negar que la Fiesta de los Toros, tal como la conocemos, es una especie de edificio que descansa sobre cuatro columnas que por su orden son El Toro, las plazas, la afición y los toreros. Afirmo que siguen ese orden, porque aunque existieran toreros, la ausencia de toros, plazas o afición, o de cualquier combinación de estas tres últimas, haría imposible el juego de vida y de muerte que es la tauromaquia.

En el último año se han levantado algunas voces – varias rayanas en la obcecación – que demandan un respeto para los toreros y como el criador de reses de lidia al que he aludido, señalan que la tauromaquia de estos tiempos se debe únicamente a ellos. La finalidad de esas afirmaciones, es la de fundamentar una especie de star system para justificar el pago de los llamados derechos de imagen y que de manera gángsteril, un grupo de las llamadas figuras del toreo pretendieron obtener de las principales empresas europeas la pasada temporada.

Hago aquí un paréntesis para reiterar que efectivamente, lo que esos toreros reclamaban para sí – y que en solidaridad profesional, debieron pedir para los demás – era su derecho, pero también reitero que en la vida pública – la de los toreros lo es –, la forma es también fondo y en este caso, al no observar las formas debidas a la hora de pedir, su movimiento nació hueco, sin posibilidad de permear a los demás estamentos de la fiesta y de permanecer. El tiempo – implacable juez – se encargó de dejar en claro que el llamado G – 10 no es más que el recuerdo de una amarga pesadilla… para algunos de los que lo formaron.

Pero me he desviado. El objeto de que esté yo aquí es otro. Decía que nadie puede negar que la Fiesta, tal y como la conocemos está construida en torno al toro. Por eso es la Fiesta de los Toros. Por eso, dígase lo que se diga y dígalo quien lo diga, el toro es y será – mientras esta Fiesta sea como es –, el eje y razón de ser de la misma. Y el toro al que hago alusión, como afirmó en su día Ortega y Gasset, no es cualquier macho bovino – adulto, agrego yo – sino aquél que tiene casta, poder y pies. Es decir, el toro debe ser bravo, fuerte y lo más importante, transmitir a los tendidos una sensación de peligro que le de al toreo que se le realice a ese toro, un ingrediente indispensable para que sea atractivo: emoción.

Esa sensación de peligro deriva de la bravura del toro, que se observa en el primer tercio, que se corrobora en el segundo y que culmina en el último. No me refiero al toro que pasa, sino al toro que embiste, al toro que busca prender al que – por decirlo de alguna forma – le hostiga y pelea con él. En esa clasificación del toro bravo pues, para mí, están excluidos los llamados toro artista y toro colaborador, porque no embisten, pasan y le quitan a la lidia la emoción que le es consustancial.

Sin toro pues, no hay Fiesta posible y en estos tiempos que corren, estamos viendo la realidad de tal afirmación. Lo podemos apreciar por la alarmante escasez de bravura en la mayoría de las reses que se lidian en las plazas y también por la falta de presencia y quizás de edad que muchas de ellas exhiben también. El que la afición pida el toro, no implica que se le presenten moles de carne y de abundante cornamenta. El toro ajustado al tipo zootécnico de su encaste, con su edad adulta, debe ser suficiente. Y en lo que a la bravura refiere, debe ser una cuestión de principio de los criadores, el intentar retornar a una situación en la que el toro al menos cumpla con los caballos, galope en las banderillas y pelee en el último tercio.

Las faenas no han de ser centenarias. La calidad no debe ser objeto de mensura, así como tampoco han de ser necesariamente siempre obras de arte. El toreo no es necesariamente estilismo. Cada toro tiene su lidia y a veces, ésta tendrá que ser meramente utilitaria y con la finalidad de terminar con la vida del toro. Desgraciadamente, esa tendencia al estilismo y a la primacía de la faena de muleta, han hecho casi obligatorio el que la cantidad prime sobre la calidad y que las faenas tengan casi necesariamente ser “de lucimiento”, sin importar las condiciones del toro ante el cual se está.

El segundo elemento en el orden que he planteado, son las plazas de toros. Cuando las fiestas populares con toros se comenzaron a regular a partir del Siglo XII de nuestra era, comenzaron a perder la espontaneidad que les resultaba natural y en cierta medida, el carácter de fiesta popular y cuando se recluyeron en recintos cerrados, se transformaron en espectáculo. Esos recintos cerrados, edificados en principio ex – profeso para ese fin, son propiedad de personas y corporaciones públicas y privadas que invierten en la organización de los festejos, mismos que se organizarán en la medida en que las instalaciones – plazas de toros – existan y en la medida en que esas personas o corporaciones estén interesadas en invertir a cambio de obtener el retorno de su inversión y una utilidad razonable a cambio.

Después tenemos a la afición, que es la que genera el interés por la Fiesta. Es el principal proveedor de la economía de la Fiesta y es, en una medida importante, la que decide, a partir del juicio que hace con su preferencia por toros y toreros, de quienes son los más importantes de un lugar y tiempo determinados. Dejo claro que hablo de afición, de personas que tienen un cierto conocimiento de lo que en el ruedo y en el ambiente de la Fiesta sucede, porque existen otros tipos de asistentes a los festejos, reconocidos como público, que muchas veces comparecen a ellos por un mero atractivo mediático, pero que no tienen el nivel de permanencia como para juzgar al medio.

Señalo en cuarto lugar a los toreros. Más de alguno seguramente me hará un airado reclamo. Pero resulta que los toreros dependen de las tres variables anteriores, si no hay toro, si no hay plazas y si no hay afición, ser torero sería, como alguien dijo burlonamente por allí, como ser almirante en Suiza. No tendría caso. El hecho de que hoy en día se les pretenda señalar como la columna fundamental del edificio de la Fiesta es irrespetuoso y es la señal inequívoca de la descomposición que se vive en ella. Se reclama respeto para los toreros, pero en esa actitud – concediendo el beneficio de la duda, pensaré que no es de ellos, sino de su entorno – los primeros que no ejercitan esa virtud son ellos mismos. Faltan al respeto a la Fiesta, faltan al respeto al Toro, faltan al respeto a la Afición y se faltan al respeto a ellos mismos.

Todo tiene un sitio y para exigir respeto, primero hay que otorgarlo. Al toro se le respeta lidiándolo en su integridad física y psíquica; a la afición se le respeta dándole lo que se le ofrece y a las plazas se les respeta actuando en ellas conforme a la categoría y a la tradición que las mismas representan. Una vez que se ha respetado todo eso, entonces sí se puede exigir un respeto, pero antes, jamás.

Los toreros tienen la delicada misión de instruir a afición y públicos. De dejar claro a todos aquello que antes decía, que cada toro tiene su lidia; de que las orejas al fin y al cabo, no son más que meros retazos de toro que pueden o no reflejar el triunfo y que igual se puede lucir con una faena de mero aliño que con cien muletazos artísticos. El respeto que demandan lo ganarán formando afición.

Al final de todo esto, vemos que el único elemento permanente y por ello resulta ser el eje, es el toro. Los demás se van renovando con el tiempo. Unos por razón natural y los toreros además, por el hecho de que están sujetos al gusto y a la voluntad de la afición y de los públicos. Entonces, el afirmar que el toreo es el eje de la fiesta o que torear es lo que importa, resulta ser una de las sinrazones más grandes que se han expresado en la Historia del Toreo, las haya dicho quien las haya dicho.

En el estado actual de cosas tal pareciera que vamos encaminados hacia algo que vislumbró hace cerca de seis décadas el profesor Cecilio Muñoz Fillol y que es lo siguiente:

…En la fiesta de toros se inoculó el germen de la decadencia desde el momento mismo en que se hizo espectáculo… Significa, pues, esta transformación, que la “fiesta popular de toros” se ha convertido en teatro… Con tal contaminación se prostituye el teatro y se contaminan los toros; porque ni en el escenario de la farándula cabe la tauromaquia, carente de aire y de técnica teatral, ni los toros pueden exhibirse como teatro, en pura estética… (Metafísica Taurina, Págs. 60 – 61)

De la reflexión de don Cecilio se puede deducir algunas cuestiones, principalmente la que implica la transformación de la fiesta popular en espectáculo y su consecuente estandarización en la actuación y en el funcionamiento de todos los elementos que forman parte del mismo. En ese orden de ideas, todos los participantes deberán guardar una calidad razonablemente uniforme, terminando con la idea aquella que Alameda resumía en la expresión: Seguro azar del toreo. Esa “uniformidad” es la que nos lleva a la mediocridad que hoy vivimos y a la subversión de los valores de los factores que constituyen la Fiesta, sin duda.

Esta es mi carta a los Reyes. No obstante, como decía Rafael Rodríguez El Volcán de Aguascalientes, no dejaré de seguir siendo un comprador de ilusiones, porque espero, como dijo Domingo González Dominguín, que venga un destripaterrones a poner de cabeza esto y en consecuencia, las cosas en su sitio, especialmente la idea de que el toro es la razón de ser y la esencia de esta Fiesta.

domingo, 15 de enero de 2012

La forma es también fondo...


Durante el tránsito de la pasada semana, poco se movieron las aguas en torno a las pretensiones – apegadas a la legalidad, por cierto – de los fabulosos hombres G a propósito de la difusión televisiva de sus actuaciones. La única información con cierta sustancia, fue la generada por la reunión sostenida por Simón Casas, empresario de Valencia, con Javier Folqué, quien se manifiesta como Chief Executive Officer (CEO) de All Sports Media (ASM), la empresa gestora de los derechos audiovisuales de los toreros involucrados en este asunto.

La reunión, según la versión de Casas, le proporcionó datos generales y de concepto sobre el asunto y algunas cifras, pero según su propio dicho, tendrá que hacer cuentas para medir la viabilidad de lo que se le pide y por lo mismo, tendrá que retrasar el anuncio de la Feria de Fallas, previsto originalmente para el viernes 20 de enero, dado que el día 18 tendrá una segunda reunión con ASM para presentar la versión definitiva de lo que está en aptitud de ofrecer.

No obstante, habrá que tomar en cuenta algunas informaciones, producidas también en el entorno de la empresa valenciana y que pueden dejar claro el rumbo que va tomando esto. Un día antes de la reunión de Simón Casas con ASM, Santiago López declaró a una emisora de radio que: 

...la cuerda no podía estirarse más de la cuenta… pase lo que pase habrá feria y si no están las figuras habrá otro tipo de atractivos. A lo mejor se trae otra clase de ganaderías, de las llamadas duras, que también tienen mucha aceptación en el público de Valencia.  

Eso me hace pensar que se tiene dispuesto ya un plan de contingencia para el caso de que no haya entendimiento.

Algunas contradicciones más en este asunto


Facsímil de la nota de prensa de la Unión
de Toreros
del 27 de octubre de 2010
Lo que sigue metiendo ruido a todo esto es lo siguiente, desde mi punto de vista. En el mes de octubre pasado trascendió que la Unión de Toreros estaba en negociaciones con una empresa para cederle los derechos de imagen de los toreros afiliados a ella. Por nota de prensa fechada el 27 de ese mes, la referida Unión negó haber cedido esos derechos y señaló que únicamente se recibió a los representantes de una empresa especializada, sin celebrar contrato alguno con ella.

El 10 de enero de este 2012, otra nota de prensa de la misma Unión de Toreros comunica que pone a disposición de sus afiliados los servicios de ASM para que gestione sus derechos de imagen. Y agregan: 





La novedad y la ambición del proyecto no están exentas de riesgos. Más aún cuando la concentración empresarial del sector taurino puede ejercer presiones sobre los propios matadores. Y, en particular, sobre los toreros que se encuentran en posición menos sólida. Es la razón por la que el proyecto arrancará inicialmente con el compromiso adquirido por las principales figuras del escalafón...

Más no explican la manera en la que cubrirán los derechos de los que están en posición menos sólida, tampoco lo hacen respecto de los derechos de los subalternos y mucho menos acerca de los que indudablemente corresponden a los ganaderos. Más bien da la impresión que las diez cabezas más notables de la Unión de Toreros se escudaron tras el membrete de ésta, para lograr sus particulares propósitos, importándoles un soberano cacahuate la suerte y los derechos de los demás.

Opacidad

Por otra parte, los interesados directamente en el asunto no han salido al foro para explicar sus intenciones más allá de la escueta nota de prensa del 10 de enero y de una comunicación de ASM, del día siguiente, con una retórica semejante a la de la nota de prensa de la Unión de Toreros y con el único añadido del anuncio de la primera reunión con Simón Casas

Fuera de lo anterior, ninguno de los involucrados ha salido a la luz pública a expresar qué es lo que espera de todo esto. Ninguna cifra se ha manejado. Entiendo que los números precisos son cuestión propia de cada uno de ellos, pero existen números gruesos o porcentuales que pueden dar una idea de la viabilidad de las peticiones y de lo que lo que podemos esperar como desenlace los que estamos fuera de esto. No obstante, los principales interesados son los que menos se interesan en dar la cara y son quienes, creo, tendrían el deber de hacerlo.

Facsímil de la nota de prensa de la Unión
de Toreros del 10 de enero de 2012
Total, que cada quien maneja sus números, sus cifras, y su probabilística acerca del desenlace de este culebrón, pero quienes realmente tienen los datos duros para exponerlos y dejar en claro la justeza y la viabilidad de sus pretensiones, prefieren adoptar la conducta del avestruz. Quizás les resulta más cómodo y más fácil. Allá ellos.

Y que no me salgan que al aficionado no le asiste derecho de saber de esto. Todo el que tiene un abono para asistir a una plaza de toros, el que saca sus entradas sueltas o incluso, el que se suscribe a un sistema de televisión de paga para poder ver los festejos por ese medio, tiene derecho de saber el destino de sus dineros. Así de fácil y así de claro. Por eso los que están en medio de esta rebatinga debieran dar la cara y exponer lo que es y lo que esperan que sea y dejar de tratar a la afición como el capitis diminutio de todo este asunto.





El brindis al sol

Cuando la opinión general reaccionó en contra de la forma escogida para reclamar lo que legalmente les corresponde, los fabulosos hombres G de inmediato respondieron con un gesto demagógico. Ofrecieron al ente público Televisión Española (TVE) el torear seis corridas televisadas sin problema de dinero

Lo interesante aquí es que pretenden lavar su imagen pública a sabiendas de que su oferta no puede ser ni aceptada por TVE, ni cumplida por ninguna de las dos partes, dada la normatividad interna de la televisora pública hispana, pues como se recordará, el Manual de Estilo que se impuso alli hace más o menos dos años, califica a los toros como cuestión sensible y por ello, con todas sus letras, establece que no emitirá corridas de toros.

La forma es también fondo

Nadie que tenga al menos dos dedos de frente puede negar que los toreros – y cualquier persona –, tiene derecho a percibir la utilidad de la explotación pública de su imagen fija o en movimiento. Pero tampoco nadie que tenga esa misma extensión frontal podrá negar que es una verdad tan grande como una basílica el refrán aquél que reza en la manera de pedir, está el dar.

No obstante desde dentro se comenzaron a deshonrar las maneras de hacer las cosas que existen desde tiempos cuando menos de Joselito El Gallo, que es el que institucionaliza el concepto de apoderado como hoy lo conocemos en la persona de don Manuel Pineda, al que encarga de llevarle sus asuntos en los despachos, para poder dedicarse él en cuerpo y alma a jugarse la vida delante de los toros.

Nota de prensa de ASM, 11 de enero
de 2012
Con la intrusión que los fabulosos hombres G decretaron a favor de ASM, se produce un ninguneo a la figura del apoderado del torero. Hoy, ese apoderado queda nulificado para llevar los asuntos de esos toreros ante determinadas empresas, puesto que – Simón Casas dixit – no saben cómo conducirse cuando hay tele de por medio en este estado de cosas. ¿Hubiera permitido Camará que le pisaran así sus terrenos? La verdad, no lo creo.

Por otra parte, nadie me quita de la cabeza la idea de que la actitud actual de los fabulosos G es cercana al concepto de la extorsión. Me resulta indudable que en octubre, cuando anunciaron que trataban con una empresa gestora de imagen, ya tenían preparado un esquema para reclamar sus derechos en una forma distinta a la acostumbrada.

La pregunta que me hago y que me lleva a la respuesta contenida en el párrafo anterior, es la que deriva del comunicado del 10 de enero pasado. ¿Por qué hasta esa fecha? ¿Por qué no iniciar las gestiones en ese mismo octubre, o antes? Tal parece que su intención era arrinconar al empresario de la primera feria importante del año y sacudirlo con los dineros, para así tener el camino allanado con los siguientes. El primero sería el difícil, así que entre menos tiempo tuviera para negociar, más tendría que ceder. Definitivamente, la táctica tiene tintes extorsivos.

Decía don Jesús Reyes Heroles, un notable político e historiador mexicano, que en la vida pública, la forma es también fondo. Los toreros son hombres públicos y como tales, creo que están obligados a guardar las formas en su quehacer, tanto en los ruedos, como fuera de ellos y más aún, cuando se trata de cuestiones relacionadas a su ejercicio profesional.

El cuidado de esas formas implica, la oportunidad, la transparencia y la lealtad en el actuar. Nada menos y en este asunto, esas virtudes creo que han brillado por su ausencia, dejándoles mal parados a ellos y dañando – una vez más – la imagen de esta fiesta tan propensa al vilipendio.

Corolario: Cuando las formas están mal llevadas, el fondo necesariamente será negativo también.

Y por último, lo que si me queda claro a mí es que ninguno de esos fabulosos hombres G me vuelve a sacar de mi casa. Seguro.

domingo, 8 de enero de 2012

¡Que se vayan!


Esta imagen se la tomé prestada a Antoñito Díaz
de Hasta el Rabo Todo es Toro

Durante cerca de 25 años me dediqué a enseñar temas de Derecho Civil en la Universidad. Uno de los que me gustaron, fue el relativo al patrimonio no pecuniario de las personas, discutido por muchos, porque las teorías clásicas – y aceptadas por los más – postulan que solamente se puede entender por patrimonio aquello que es valorable en dinero.

No obstante, como lo sostiene nuestra Suprema Corte de Justicia de la Nación a propósito del resarcimiento de los daños morales, desde las últimas etapas del Derecho Romano, se admitió la necesidad de resarcirlos, inspirado en un principio de buena fe, y a partir del principio de que junto a los bienes materiales de la vida, objeto de protección jurídica, existen otros inherentes al individuo mismo, que deben también ser tutelados y protegidos, aun cuando no sean bienes materiales.

De ahí parte la idea de que existe un patrimonio no pecuniario de las personas, mismo que se compone de bienes como lo serían la propia imagen; nuestros afectos; nuestras creencias; nuestros sentimientos; nuestra vida privada; nuestra configuración y aspecto físicos; nuestro decoro; nuestro honor; nuestra reputación o la consideración que de nosotros tienen los demás.

Por esa razón muchas de las legislaciones que tutelan la autoría de obras, por ejemplo, establecen entre otras cuestiones, que el retrato de una persona solo puede ser publicado con su consentimiento expreso o con el consentimiento del titular de los derechos correspondientes. En esta última situación, se comprende el caso cuando a cambio de una remuneración se deje retratar. La imagen puede ser publicada sin permiso, cuando la persona sea parte mínima de un grupo o con motivos exclusivamente informativos o periodísticos.

De allí que los llamados por Antoñito Díaz como jédiez – yo les llamo los fabulosos hombres G –, hayan puesto precio especial a su imagen televisiva a partir del 8 de diciembre pasado, con la razón jurídica de su lado, porque al final de cuentas, es su propia imagen la que se transmite por la televisión y se hayan tirado a los brazos de una compañía llamada All Sports Media para, desde su punto de vista, intentar reivindicar lo que es suyo.

El problema aquí es de lo que los mercadólogos y políticos llaman de timing y que en correcto castellano, es de oportunidad. Los fabulosos hombres G, con El Juli a la cabeza, anuncian que negociarán, al margen de sus apoderados y a despecho de costumbres y contratos previos, sus derechos de imagen para la temporada que iniciará en un par de meses y eso, a contra reloj, tiene tintes de una verdadera extorsión.

Hace una docena de años, en una ya casi olvidada rueda de prensa celebrada en lo que fuera el Hotel Victoria de Madrid, Joselito y José Tomás hicieron un anuncio similar, indicando que contaban también con El Juli en sus filas. Al final de cuentas, solo los dos primeros, a los que apoderaba Enrique Martín Arranz se mantuvieron en sus trece, pues el de Velilla de San Antonio, saltó del barco y un mes después, se anunciaba con tele para Sevilla, pretendiendo negar incluso su participación en el intento de asonada de los otros dos. Y hoy retoma el tema, porque quizás cree que hay algo que en el año 2000, no estaba allí para él. 

Me enoja la incongruencia con la que se manejan además de El Juli, José María Manzanares, Miguel Angel Perera, Cayetano, Alejandro Talavante, El Fandi, Manuel Jesús El Cid, Morante de la Puebla y Enrique Ponce en estos días en los que la fiesta es objeto de toda clase de ataques, de dentro y de fuera. En estos momentos no necesita esto. No necesita que quienes se ufanan de ser sus principales, se valgan de esa condición para extorsionar con ella y obtener algo más de lo mucho que la fiesta les ha dado.

¿Por qué no hacer el mismo planteamiento a la mitad de la temporada anterior y dejarlo sobre la mesa para preparar la siguiente? De allí que insista en que su actitud es extorsiva, casi gángsteril, indigna desde mi punto de vista, de alguien que quiera llevar el estandarte de figura del toreo.

Por eso, mi proposición es: ¡Qué se vayan! Que en el llamado circuito paralelo – Enrique Martín dixit –, encuentro nombres suficientes para ofrecer carteles y ferias interesantes para el aficionado, aunque quizás no para el público clavelero y la prensa rosa

El pasado 2011 actuaron en ruedos de España, Francia y Portugal 212 matadores de toros. De entre ellos, extraigo una relación de los que creo que no están metidos en este lamentable asunto y ya me dirán sí no se puede hacer algo de interés: Iván Fandiño, David Mora, Curro Díaz, Serafín Marín, Morenito de Aranda, Javier Castaño, Rubén Pinar, Víctor Puerto, Rafaelillo, Matías Tejela, Uceda Leal, Juan Mora, Miguel Tendero, Leandro, Diego Urdiales, Salvador Vega, Fernando Robleño, Luis Bolívar, Oliva Soto, Sergio Aguilar, Joselillo, Jairo Miguel, Juan Pablo Sánchez, Eugenio de Mora, Arturo Saldívar, El Fundi, Jiménez Fortes, Diego Silveti, Iván García, Joselito Adame, Ambel Posada, Raúl Velasco, Andrés Palacios, José Luis Moreno, Ángel de la Rosa, Alfonso Romero, Frascuelo, Fermín Spínola, Ignacio Garibay, Mari Paz Vega, El CalifaPaulita, Guillermo Albán, El Zapata, Calita, Arturo Macías y El Payo. Con este personal, a lo mejor resulta que entre los emergentes, los recuperables y la legión extranjera, nos encontramos con que hay muchas cosas nuevas bajo el sol. De los toros no hablo, que los perjudicados dicen tenerlos cuando menos apalabrados.

Insisto en que lo que reclaman los jédiez les pertenece, pero no es lo mismo cobrar una deuda vencida ante un tribunal con todas las de la ley, que mandar un par de matones a cobrarla a como dé lugar. Y desde mi punto de vista, con su pésimo timing, la actitud que asumieron se parece más a la última, que a la primera.

Por eso, ¡Que se vayan!, considero que hay opciones para ofrecer ferias más allá de la dignidad sin ellos y con la expectativa de dar un aire nuevo a esto.
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