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domingo, 22 de marzo de 2026

22 de marzo de 1942: Silverio Pérez y Peluquero de Carlos Cuevas; Carlos Arruza y Mordelón de La Laguna

Silverio Pérez - Lasernista
Carlos Ruano Llopis
La temporada 1941 – 42 en el Toreo de la Condesa resultó ser triunfal para una serie de toreros que hoy calificaríamos como emergentes, por lo reciente de sus alternativas. Silverio Pérez (06/Nov./38), Calesero (24/Dic./39), y Carlos Arruza (01/Dic./40) fueron quienes más animaron el ciclo en su parte medular, porque quienes fueron anunciados como el eje de la temporada – Armillita, Solórzano, Garza y El Soldado – no fueron muy regulares en sus actuaciones. Por otra parte, toreros que tenían la onza y la manera de cambiarla, fueron relegados a las corridas del cierre del calendario – David Liceaga, Ricardo Torres, Paco Gorráez – y condenados a enfrentar corridas que pudiéramos considerar como duras. En ese estado de cosas, todo se alineó para que El Faraón de Texcoco tuviera lo que quizás fue una de las campañas más regulares de su andar por los ruedos y así, cuajó sin resquicio de duda a Zapotero de Torrecilla (11ª), a Pescador y Mandarín de Piedras Negras (16ª) y al toro que hoy me ocupa.

La 20ª corrida de la temporada 41 – 42

Para la vigésima corrida de la temporada se anunció un encierro de Piedras Negras para que lo despacharan mano a mano Silverio Pérez y Carlos Arruza, quien también llevaba una temporada bastante exitosa en la capital mexicana. En esas condiciones, el festejo anunciado era atractivo y podría permitir a la empresa resarcirse de las malas entradas tenidas en tardes anteriores.

Al final de cuentas, el encierro de Piedras Negras no se lidió completo. Refiere quien firmó como José Cierto en el semanario Arena, fechado el 24 de marzo de 1942:

Los toros de Piedras Negras, terciados casi todos, no fueron sino cuatro, debido a que de los seis del encierro, dos no dieron el peso reglamentario, de ahí que fueran sustituidos por uno de La Laguna, al que Arruza toreó magistralmente, y otro de don Carlos Cuevas, con el que Silverio cuajó su faenón inolvidable. Pero, de cualquier modo, los cuatro bichos de Piedras Negras fueron todos bravos, aunque disparejos de estilo...

Así pues, solamente se corrieron cuatro toros del hierro anunciado, en defensa de los intereses de la afición, sustituyéndose con uno de la misma casa, pero con el hierro de La Laguna y con otro de don Carlos Cuevas, que resultará ser el eje de esto que trato de contarles.

Silverio y Peluquero de Carlos Cuevas

El toro tercero de la tarde fue el sustituto de don Carlos Cuevas. Se le anunció con el nombre de Peluquero. Así lo describe el Dr. Alfonso Gaona, en su comentario a la corrida publicado en el número del semanario Arena, que él dirigía, aparecido el 31 de marzo de ese 1942:

El toro de don Carlos Cuevas, corrido en tercer lugar de la tarde, en sustitución de uno de Piedras Negras, era bravísimo, muy codicioso, fuerte, aunque no muy grande. De ninguna manera debe pensarse que fue un toro “ideal”, de los llamados de carretilla...

Por su parte, el ya citado José Cierto, en la crónica de la corrida aparecida en el mismo semanario, reflexiona lo siguiente acerca del mismo toro:

El toro de Carlos Cuevas corrido en tercer lugar, en sustitución de uno de Piedras Negras que no dio el peso, fue muy inferior al primero de Silverio. Pero este torero, cuando quiere, no se fija en modos de embestir...

Este comentario viene a cuento de que, el primero de la tarde, Brincón de Piedras Negras, materialmente se le fue al Faraón y la gente terminó abroncándolo.

El inicio del actuar de Silverio Pérez estuvo marcado por la intolerancia en los tendidos. No se le perdonaba haber dejado ir al primero de su lote y poco margen se le concedía para tratar de recuperar el terreno perdido con esa actuación, pero el diestro texcocano seguramente había advertido alguna virtud en “Peluquero” y reservó sus energías y habilidades para el tercio final de la lidia. El tercio en el que la muleta es el avío con el que se realizan las faenas.

La crónica, la gran crónica con la que se recuerda esta faena inmortal, es la que escribió para el semanario La Nación, don Carlos Septién García, firmando como El Quinto. Al socaire del estreno de la película Fantasía de Walt Disney, en la que los instrumentos musicales cobran vida y se convierten en los actores de la cinta, quien pasaría a la historia de las letras taurinas como El Tío Carlos, le da vida a la muleta de Silverio y es ella la que cuenta lo que el Faraón de Texcoco realizó ante Peluquero:

En manos de Silverio y Arruza mis pliegues cobraron vida y ánimo, plasticidad y drama. La faena de Silverio me hizo sentirme parte integrante de la persona del torero. Juro que sentí correr por mi cuerpo la sangre mestiza y torera de los Pérez de Texcoco, y que me moví en momentos imborrables al impulso del drama añorante de Carmelo. Hubo instantes en que me supe incapaz de expresar toda la emoción taurina y estética que Silverio estaba derramando en la plaza, junto al toro. Tan incapaz, como debe haberse sentido el pincel del Greco cuando recorriera en afanes la tela al impulso de una inspiración desbordada, incontenible, profunda. Por momentos temí que Silverio me arrojara a un lado y se pusiera a torear con los brazos. Girones de mi tela quedaron en los cuernos tal y como en esos arrebatos de óleo que testimonian la energía creadora de Doménico más allá de la línea y la figura, más allá también de la forma, torturada por el genio... Aquellos pases altos... En mis vuelos, el toro iba prendido desde el sitio a donde el brazo alanzaba. Sobre el testuz y sobre los lomos llameaba yo entonces, como larga lengua de fuego manso. Y al calor que el torero me transmitía a mí por venas y arterias y nervios que se habían prolongado hasta cubrirme toda, el animal volvía una y otra vez, no por hipnosis ni por hechizo, sino sencillamente porque iba toreado, conforme debe torearse por alto... En los pases en redondo y en los naturales; en el forzado de pecho y en los lasernistas; en los doblones y en los de la firma, me sentí impregnada de aquella sensibilidad mestiza, - lucha y arte, drama y belleza -, que me manejaba. Aquello no era alegre, ni variado, ni gracioso, ni perfecto; era profundo, hondo, entrañable, como profundas son también las mezclas misteriosas de la raza. Era una sensibilidad preñada de oscuros atavismos mágicos que se volcaba tumultuosa en las formas del toreo hispánico. Como ocurre en la arquitectura, en la música, en el amor de estas tierras... Faena de la raza era esta de Silverio. Recuerdo bien como terminó: demudado, deprimido, olvidado de todo. Así acaba el mestizo cuando ha dejado volcar en arte la complejidad que lo ahoga...

Faena de la raza... Después quizás, Agustín Lara tomaría este razonamiento de Septién para cantar, en la letra de su pasodoble, que Silverio era azteca y español... El fondo era, ese toreo hondo, sentido, que viene, como escribió un día Lorca, desde las habitaciones más profundas de la sangre, que no se puede aprender y que no se puede preconcebir, que solamente se puede hacer... y sentir.

La crónica de José Cierto es más al uso, pero sin dejar de ser emotiva también. Y es que, por lo que he podido leer sobre el particular, la emoción que produjo el hacer de Silverio Pérez con Peluquero, desbordó cualquier expectativa:

Silverio seguía trayendo al toro hacia la muñeca derecha para plasmar instantes de una emotividad escalofriante, y en las tribunas, la gente enloquecía. Cuando, por fin, se acabó esa continua reunión de toro y torero, vimos al hombre de Texcoco bañado en sangre del animal de tanto pegársele. ¡Qué bárbaro! Y después, con las piernas un poco abiertas, con ese personalísimo estilo que sólo él tiene, con la mano izquierda en la cintura y el cuerpo ligeramente inclinado, Silverio volvió a citar, de cerca, para realizar cuatro milagros, cuatro derechazos que ahí quedan, inmortales, rematados con un cambio de muleta lento y mandón, eterno, sublime. Ya para entonces la gente aullaba y agitaba los pañuelos, pidiendo la oreja del toro que seguía entrando y saliendo de la muleta mágica, extraordinaria, de Silverio. Y ahora, a los medios, a seguir toreando en forma fantástica, con cuatro lasernistas de tal manera ceñidos, tan brutalmente valientes, que tuvo muchas veces que arquear el cuerpo para evitar la cornada. Como una demostración de su entusiasmo, rayano en locura, y a pesar de que el torero estaba actuando en los medios, el público arrojó sombreros, sacos, abrigos, bolsos de mano, puros, bastones y aún zapatos al ruedo, cerca de la zona de tablas... Cuando Silverio salió de esa serie de lasernistas, la plaza era, esta vez sin exageración, un manicomio, se venía abajo con el trepidar de las ovaciones. Pero no había terminado el milagro: Silverio se pasó a la mano izquierda la muleta, esa muleta bruja, y toreó al natural en forma magistral por tres ocasiones, cruzándose con el toro, echando la muleta atrás para citar con la pierna contraria, llevando al toro prisionero de su maravilloso juego de muñeca; tres naturales clásicos, estupendos, que remató, después de una insistencia suicida, con un brutal forzado de pecho. Y sin esperar mucho, se perfila de cerca para entrar por derecho a enterrar todo el estoque un tanto delantero. El toro tarda unos segundos en caer patas arriba, y se inicia entonces la ovación más estruendosa, más larga (16 minutos exactamente) y más merecida de la temporada. Cuando Silverio ha dado tres vueltas al ruedo, se abraza con Carlos Arruza y juntos dan una vuelta más. Ya la autoridad ha concedido la oreja y el rabo, y la gente no se cansa de aplaudir, de gritar. ¡Una verdadera locura! … Y esto ha hecho Silverio no con un toro de carretilla, de esos que parecen amaestrados, sino con un toro que sabía tirar cornadas, que en ocasiones se colaba de fea manera. Se ha consagrado definitivamente el torero de Texcoco, ha tenido su apoteosis. Tiene la afición un nuevo ídolo, auténtico, con todos los merecimientos de un gran señor de los ruedos...

La capacidad de cambiar las lanzas en cañas y de hacer a los presentes perder la razón en unos cuantos minutos es patrimonio de unos cuantos privilegiados. Silverio Pérez fue uno de ellos. Aquí está la prueba escrita.

Carlos Arruza y Mordelón de La Laguna

Aunque Silverio Pérez terminó dominando la escena con su faena al tercero de la corrida, el tono de la tarde se definió cuando Carlos Arruza se enfrentó al primer toro de su lote, otro de los que sustituyeron a los que no fueron aprobados del encierro originalmente anunciado. Escribió José Cierto:

Con la muleta en la zurda, la mano de los toreros según los clásicos, aguantó al toro, para instrumentar tres naturales muy buenos, siendo el segundo el mejor, rematados con un forzado de pecho superior. Y empiezan esos pases en que Carlos dobla al toro tan suavemente, con una rodilla en tierra, dejando que los cuernos le acaricien el muslo, y que la gente le ovaciona cálidamente. Ya erguido, tres buenos derechazos en redondo, finos, mandones, toreros, y un molinete de rodillas con tanta verdad, hecho precisamente entre los cuernos, que por poco es trincado, pero se quita el peligro con dos doblones rodilla en tierra de seda, verdaderamente dibujados, majestuosos. Y cuando la gente estaba loca de entusiasmo, Carlos se perfila para entrar tan derecho, con tanta verdad en la suerte suprema, que es enganchado, no dejando sino media estocada perfectamente colocada, que tarda un poco en surtir efectos. De todos modos, la gente le hace dar cuatro vueltas al ruedo con la oreja y el rabo de su enemigo. ¡Se lo merece este muchacho, verdadero torero, todo pundonor! …

Valor, poderío, suavidad cuando era menester y un extraordinario dominio de la colocación para realizar las suertes fue lo que demostró Arruza. Por su parte, El Quinto refiere:

En manos de Carlos Arruza fui gozo y poder, juventud y frescura. Me moví suave, lentamente, en los inolvidables pases por abajo, para que quince mil gentes aprendieran o repasaran la difícil lección de cómo se hace el toreo. Para que grabaran bien en sus mentes que existen tres tiempos fundamentales en la ejecución de las suertes de este noble arte: parar, templar y mandar, y para que se fijaran en cuales son los terrenos del animal y los del lidiador y en qué situación ha de quedar el toro para que el diestro pueda repetir la suerte... Ni un solo instante me enrollé por causa de precipitaciones, ni me descompuse en mi original arreglo. Y se realizó entonces el milagro de una muleta poderosa, digna, perfecta y alegre, en manos de un chaval de veintiún años... Arruza no me utiliza para sinfonías inconclusas o para acordes aislados, sino para obras cíclicas, completas que quedan allí escritas como esa rítmica serie de naturales naturalísimos; como el engrane dichoso de nueve tapatías que realizara con mi hermano el capote, o como aquella mariposa en que los pitones tuvieron que sujetarse dócilmente al capricho juguetón del muchachuelo...

El toreo dominador de Arruza, se deduce de lo escrito por Carlos Septién, iba revestido de temple y de ritmo, algo que solamente logran conjuntar aquellos llamados a ser figuras del toreo.

En resumen

Ese primer día de la primavera del 42, dos jóvenes toreros que estaban llamados a ser figuras históricas, se abrían paso delante de quienes eran ya figuras consolidadas. Me resulta curioso que Silverio Pérez confesara precisamente a El Tío Carlos, varios años después, que su faena preferida fue la que realizó al toro Cirilo de Matancillas y que otras, fueron las que le dieron el sitio de figura. Cualquiera pensaría que esta de Peluquero la tendría en algún sitio destacado.

Carlos Arruza por su parte, escribiría muchas faenas con nombre propio en las plazas de México y de España, pero esta de Mordelón es quizás la primera en la que cautivó a la afición y consiguió su total entrega.

domingo, 8 de marzo de 2026

7 de marzo de 1964: Paco Camino gana la Oreja de Oro en la Plaza México

El año de 1964 no pintaba bien para Paco Camino en la capital mexicana. Empezó entre dimes y diretes con la empresa de la Plaza México, cuya gerencia estaba a cargo del Dr. Alfonso Gaona, suegro a la sazón del torero y que fueron ampliamente ventilados en los medios. Escribe Daniel Medina de la Serna:

Para Paco Camino fue una temporada de conflictos, enemistades y broncas, pero en los momentos en los que se pudo sobreponer, también fue de triunfos significativos... al parecer las relaciones con su suegro, sin duda reflejo de las conyugales, empezaban a deteriorarse, o ya lo estaban definitivamente... el apoderado de Camino, José Antonio Martínez “Chopera”, publicó en “Esto” un desplegado aclarando la situación... Reproduce del lado izquierdo un contrato provisional, manuscrito, en el que se alude a seis corridas... Firmado por Alfonso Gaona y Martínez “Chopera”... Aclaraba esta inserción, además, que el contrato no contenía ninguna cláusula de exclusividad; no obstante eso, había declinado los ofrecimientos de la otra empresa para contratar a su poderdante Paco Camino, como sí se hizo con “El Cordobés”... añade que el “doctor” trató de reducir el número de corridas del contrato de seis a cuatro... Paco Camino acabó por torear sólo cinco fechas, incluyendo la de la oreja de oro...

En esas circunstancias, el torero de Camas navegaba contra la corriente tanto en los despachos como en el redondel de la plaza más grande del mundo y para salvar los muebles se veía en la necesidad de apretar en sus compromisos finales en ese escenario. Ese era el contexto en el que llegó a la corrida de la Oreja de Oro, celebrada en ese calendario a beneficio de la Unión de Matadores y de su Sanatorio de Toreros.

El cartel de la Oreja de Oro 1965

A diferencia de las corridas de la temporada, el cartel de la Oreja de Oro se anunció hasta la mitad de la semana, dándose a conocer que la Unión de Matadores tenía a su disposición una corrida del hierro mexiquense de El Rocío, propiedad de don Manuel Buch y Escandón, y que habían aceptado enfrentarla Humberto Moro, Joselito Huerta, Antonio del Olivar, Emilio Rodríguez, Paco Camino y Jaime Rangel.

La corrida se celebraría el sábado 7 de marzo de ese 1964, en horario nocturno. Y es que los dos diestros que más atractivo tenían en el cartel, el citado Paco Camino y Jaime Rangel, ya tenían la fecha del domingo por la tarde comprometida en un mano a mano que se llevaría a cabo en León, Guanajuato.

La fecha y la hora no eran propicios precisamente para la celebración de un festejo taurino, pero así se dieron las cosas. Escribió en su crónica para El Redondel, don Alfonso de Icaza Ojo:

Con una entrada que amenazaba ser catastrófica, pero que se compuso al final, hasta ser más que aceptable, se efectuó anoche, en la Plaza México, la corrida de la Oreja de Oro, a beneficio de la Unión de Matadores y de su sanatorio...

Las tardes de toros, han de ser, de sol y moscas, por lo visto.

Los toros de El Rocío

Las relaciones que pude encontrar de este festejo dejan ver que el juego de los toros condicionó el resultado de la corrida, porque, aunque el encierro tuvo una presencia irreprochable, llegaron con poco fuelle al tercio final. Refiere Ojo en El Redondel:

Se lidiaron, posiblemente, los toros mejor presentados de la temporada, seis buenos mozos de El Rocío, la ganadería de don Manuel Buch, quien siempre se ha distinguido por su escrupulosidad en relación con el trapío de sus reses. Los seis fueron bravos con los caballos, pero se agotaron en seguida, no habiendo soportado ninguno de ellos más de dos varas y pasando varios, no obstante su fuerza inicial, con una sola. El mejor fue el quinto, que embistió con nobleza de principio a fin, y después, los lidiados en cuarto y sexto lugares, lo que determinó que la corrida, un tanto tediosa en su primera mitad, se animara extraordinariamente en la segunda... Según supimos, anoche mismo, fueron analizadas las vísceras de una de las reses, y se encontró con que el hígado estaba muy dañado por unos parásitos, que vienen haciéndole daño, de tiempo atrás, al ganado de la región...

Fascioliasis hepática, el mal que comenzó a afectar a muchas ganaderías mexicanas y que una vez identificado, pudo preverse y en su caso curarse. De hecho, en la misma relación del festejo, se habla de que la ganadería vecina de Pastejé ya empezaba a tomar medidas sobre ese particular.

Paco Camino y Chispireto

El quinto toro de la corrida fue nombrado Chispireto por su criador y se le anunciaron 540 kilos de peso en la tablilla. Sabiendo que las voluntades estaban en su contra, salió dispuesto a entregarse y darlo todo, con tal de reiterarse como el torero que dejó impresionada a la afición mexicana apenas un año antes. Sigue contando Ojo:

Pocas veces, nunca quizá, habíamos visto a Paco Camino tan bien como anoche... Con el capote, desde luego, jamás: ligó verónicas excelentes, y dióse después a “chicuelear” con una finura de seda, entre atronadores aplausos de la concurrencia. ¡Qué primor de lances! … Su toro fue el mejor del encierro, qué duda cabe, pero lo aprovechó a maravillas de principio a fin, pues tras de esos primores con el percal, vino una de las faenas más limpias y artísticas que hayamos visto en nuestro largo peregrinar por los cosos taurinos... Trincherazos majestuosos, pases con la derecha tirando del toro con maestría y llevándolo bien toreado hasta allá; naturales clásicos, muletazos de pecho “suyos”, con lo que está dicho todo, y además, adornos, torerismo, gracia y lo que hay que tener. Mató de dos buenos pinchazos y una estocada ligeramente desprendida, llegando con la mano al pelo, y dio merecidísima vuelta al ruedo, protestada por los ignorantes que creen que el pinchar es malo, aunque se haga bien... ¡Bravo, Paco! …

Por su parte, quien firmó como Juan de Dios, en el número del semanario madrileño El Ruedo salido el 19 de marzo siguiente, manifestó:

En este ambiente desfavorable, y con un público que esta temporada se muestra injusto con Paco Camino, el «Coloso de Camas» labró una faena limpia, artística y de un mérito extraordinario - porque su enemigo, ahogado y sin casta, no daba facilidades - que le valió conseguir el trofeo en disputa, y demostrar en la plaza mayor del mundo que Paco Camino sigue siendo Paco Camino: todo un tratado del arte y la perfección en el toreo… Todo lo realizado en esta noche de competencia fue auténtica lección de lidia, en un toro que no se distinguió precisamente por su bravura. Después, dos entradas a la ley y un estoconazo rubricaron la extraordinaria faena. Como no rodó el toro al primer intento, todo quedó en vuelta al ruedo...

Ambas versiones coinciden en que la actuación de Paco Camino esa noche de sábado fue entregada, en un verdadero intento de ponerse de nueva cuenta en el gusto de la afición de la capital y de dejar en claro que era una auténtica figura del toreo.

Jaime Rangel y Rasposo

Durante esta temporada se había generado una rivalidad entre el torero hidalguense, que llevaba un paso arrollador y Camino, y en esta corrida de la Oreja de Oro, los ánimos no iban a variar. El sexto de la noche, Rasposo, le permitiría mantener el paso triunfal que llevaba por la temporada. Escribió Ojo:

Salió dispuesto a disputarle el trofeo al diestro de Camas, y se lo disputó a ley consiguiendo que el público se dividiera hasta el punto de que parecía indeciso el otorgamiento del trofeo, que en justicia correspondía a quien lo obtuvo al fin y al cabo, sin que ello quiera decir que menos apreciemos la labor de Jaime, que toreó muy bien de capa e hizo una faena a todas luces meritoria, iniciada citando de largo y aguantando a ley, y continuada con pases excelentes, pese a que el toro no humillaba, razón por la cual descomponía, a veces, la muleta. También Rangel pinchó dos veces antes de agarrar la estocada, y aun necesitó el refrendo de un descabello al tercer empujón. De todas maneras, el hidalguense estuvo a la altura de su fama...

La versión aparecida en el número de El Ruedo ya mencionado, refleja:

Jaime estuvo en pian arrollador, y si no cortó oreja, más fue por pinchar demasiado que por haberse dejado enhebrar la muleta en algunos pases. El toro era bronco, echaba la cabeza arriba y no permitía la perfección en el toreo. Pero llegó con más gas que los otros, y Jaime lo toreó con el capote y con la muleta, como auténtica figura de excepción. Si el de Hidalgo sigue en el plan que está, Méjico habrá encontrado la figura que dé la pelea a los españoles...

Por lo que podemos leer, en sus dos últimos capítulos la corrida se recuperó, porque aunque Humberto Moro, Joselito Huerta, Antonio del Olivar y Emilio Rodríguez tuvieron momentos de lucimiento, la ya mencionada falta de fuerza de los toros que les tocaron en suerte, condicionó en mucho el resultado de sus actuaciones.

La Oreja de Oro

Al final de cuentas, el trofeo fue concedido a Paco Camino, por aclamación popular, que debió ser difícil de sopesar porque también Jaime Rangel tuvo mucho apoyo desde las graderías. Escribió don Alfonso de Icaza:

Surgía entonces la disputa por el trofeo: unos, los más, lo querían para Paco, pero eran muchos también los que pugnaban por que se le diera a Jaime, y así, ponerlo en manos del gran torero sevillano. Llovieron cojines sobre la arena y estallaron por igual pitos y aplausos, mientras ambos triunfadores recorrían el anillo en hombros de sus más exaltados partidarios...

Por su parte, opina Daniel Medina de la Serna:

En la oreja de oro (15ª) logró una de sus mejores faenas aquí, el toro se llamó "Chispireto" y era de El Rocío, con ella ganó indudablemente el trofeo áureo, pero sin que faltaran a la hora de la entrega los “masiosares” que no quieren ver más allá de sus narices y la pedían enardecidos para el hidalguense Rangel, los dos salieron esa noche en hombros de los fanáticos...

Como es habitual, hay espacio para la discusión, pero creo que, en este caso, aun después de seis décadas, queda claro que esa noche, la Oreja de Oro fue justamente concedida a Paco Camino.

El devenir de Paco Camino en México

Paco Camino todavía actuaría en la Plaza México los domingos 15 y 22 de marzo de ese 1964 y ya no se le volvería a ver por allí hasta el 1o de abril de 1978, cuando alternando con Manolo Martínez y Eloy Cavazos, enfrentó una corrida de San Miguel de Mimiahuápam, a guisa de despedida de la afición mexicana, corrida televisada en abierto a toda la República.

Su regreso a nuestro país se había dado un par de años antes, cuando regresó a realizar temporadas en los inviernos aquí en México, destacando sus actuaciones en Querétaro, donde realizó faenas muy importantes en su historia.

El 23 de septiembre de 1981, Paco Camino toreó vestido de luces por última vez en Valladolid.

domingo, 28 de septiembre de 2025

26 de septiembre de 1962: Pablo Lozano se presenta en El Toreo de Cuatro Caminos

En medio de la temporada novilleril de 1962, para el día miércoles 26 de septiembre, se anunció una corrida de toros benéfica, nocturna, en El Toreo de Cuatro Caminos. El promotor de ella era Luis Procuna, a la sazón Secretario General de la Unión Mexicana de Matadores de Toros y Novillos y pretendía recabar recursos para encauzar una serie de obras sociales en la colonia Legaria de la capital mexicana, pero también, establecer un adecuado marco para la despedida como matador de toros de un torero de dinastía, Ricardo Balderas, quien prácticamente tras de concluir el festejo, iniciaría su andadura como hombre de plata, manteniéndose así en activo en los ruedos.

Para el efecto, se anunció que se tenía adquirido un encierro hidrocálido de Peñuelas y que el cartel lo completarían Raúl Acha Rovira y el torero toledano Pablo Lozano, quien venía realizando una interesante campaña en ruedos mexicanos, misma que había arrancado apenas el último día de diciembre del año anterior, en Saltillo, donde alternó con Luis Procuna y El Imposible en la lidia de toros de Corlomé.

La Muleta de Castilla en México

Pablo Lozano había tenido en 1957 un gran triunfo en Madrid, cuando en solitario, enfrentó un encierro salmantino de Barcial en la Corrida del Montepío de Toreros, cortándoles cuatro orejas. Eso le dio un buen impulso a su carrera y le animó a buscar oportunidades al otro lado del océano. 

Entre ese primer festejo y el que nos ocupa, había ya sumado 16 corridas en plazas como las de Mazatlán, Moroleón, Nogales, Nuevo Laredo, Ciudad Juárez, Tampico o Torreón entre otras, muchas de ellas organizadas por Luis Procuna, quien en esos días estaba distanciado de las empresas principales por sus actividades como líder sindical y principalmente del doctor Alfonso Gaona, quien lo tenía fácticamente vetado. Cuenta Robert Ryan:

Una vez fui a ver al doctor Gaona a la óptica y le pedí a Pablo que me acompañara. Antes de salir de la oficina, en un aparte, el doctor me comentó que no llevara a Pablo ahí, y que no me juntara con él. Fue algo así como una recomendación, pues sabía que él era íntimo del maestro Procuna, con el que estaba peleado por temas, como suele ser siempre, de dinero...

La lealtad que nace de la amistad pudo más que cualquier otra cosa y Pablo Lozano no pudo conseguir la confirmación de su alternativa en la Plaza México, pero pudo actuar en Cuatro Caminos, que también estaba en la zona urbana de la capital, y, aunque no cortó orejas, tuvo una actuación muy destacada, según cuenta Gabriel Torres Tames en su crónica publicada en El Redondel, fechado el día 30 de septiembre siguiente:

Toreo recio es el de Pablo Lozano, supo andar sobre la arena y movió las manos con soltura... En su primero lanceó hasta en siete ocasiones sin enmendar el terreno, y la ovación no se hizo esperar, para volverse a escuchar cuando echándose el capotillo a la espalda, bordó luminosas gaoneras rematadas con preciosa rebolera... Con la bayeta vinieron los estatuarios, precedidos de naturales y derechazos de excelente sello, toreo por la cara y un molinete aprovechando el viaje que el público premió con cálidas palmas; abreviando el hispano, pasaportó al bovino de un pinchazo en buen sitio y una estocada desprendida que bastó para hacer doblar a la res, mereciendo por tan acertada faena, vuelta al ruedo y salida a los tercios... Tal vez, de los bureles, el más peligroso fue el sexto, pero Pablo, con voluntad y valentía cumplió en todas las etapas de la lidia hasta sepultar el acero en lo más elevado del morrillo de "Borrachito", que, al mismo tiempo de ser arrastrado por las mulillas, “El Toreo”, frente a la noche estrellada, comenzaba a quedarse solitario...

De la lectura de lo transcrito, se advierte que la primera faena de Pablo Lozano, quien tuvo la fortuna de llevarse al único toro potable de la corrida, pudo haber sido premiada con la oreja, de haberlo matado al primer intento. Pero aún con el fallo a espadas, el justamente conocido como La Muleta de Castilla, dejó una excelente impresión ante la afición de la capital mexicana e intuyo, el deseo de verle de nueva cuenta, en condiciones más favorables.

La despedida de Ricardo Balderas

Ricardo Balderas fue uno de los novilleros destacados de la temporada novilleril de 1944 en El Toreo de la Condesa y con esa aureola se presentó en la plaza de Las Ventas, en Madrid 25 julio 1945, sumando varias tardes en una temporada en la que, de los nuestros, allí refulgió con luz propia el malogrado Eduardo Liceaga. Recibió la alternativa en Bayona, Francia, el 8 de septiembre de 1946, de manos de Fermín Rivera y con el testimonio de Calesero y la confirmó en la Plaza México el 3 de noviembre de 1947, de manos de Luis Procuna y llevando como testigo a Luis Briones.

Después de casi dos décadas de recorrer la arena de los ruedos, decidió que había llegado el momento de cambiar la tonalidad de los bordados de los vestidos de seda que llevarían sus vestidos, pues, aunque el cartelillo anunciador del festejo decía que el público juzgaría si debía o no tomar esa decisión, la realidad, es que ya estaba tomada. Su actuación, conforme a la crónica citada, fue en el siguiente tenor:

Ricardo Balderas veroniqueó estupendamente a su segundo después de haberlo recibido de hinojos con un apretado farol, para después no saber qué hacer ante las inquietas astas de “Pajarito”, difícil animal de Peñuelas que sirvió de materia prima para que el espada, después de deshacerse de él de un pinchazo y una estocada caída, entre lágrimas recorriera el anillo cuatrocaminero, agradeciendo al cónclave los sinceros aplausos que aunados al momento apesadumbrado del adiós, hacían eco final sobre las melancólicas notas de “Las Golondrinas”...

Lo bronco y descompuesto de las embestidas de los toros de Peñuelas, pocas florituras permitieron a Ricardo Balderas ante ellos. Así, se despidió de los ruedos como matador de toros, para casi de inmediato integrarse a la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros y pasar a formar parte de las cuadrillas de distintas figuras del toreo como Luis Procuna, Alfredo Leal, Joselito Huerta, Manolo Martínez, Antonio Lomelín o Curro Rivera. Una vez retirado en definitiva de los ruedos, fungió como Juez de Plaza en la Plaza México.

La noche de Rovira

Rovira también estaba ya en el tramo final de su carrera en los ruedos, pues el año siguiente torearía sus últimos tres festejos, vestido de luces. Igualmente tuvo que enfrentar dos toros complicados, papeleta que resolvió, cuenta el cronista, con el toreo sobre piernas, a la manera que recomienda la preceptiva:

A un par de astados gazapones, que tiraban cornadas sin cesar, "Rovira" capoteó movido y rápido, sin llegar a semejar su toreo con el esplendor maravilloso de la noche; con la franela la cosa fue distinta, pues los muletazos que instrumentó a cada uno de los adversarios fueron exactamente los indicados a la lidia que los bichos requerían; concretándose a doblones y faena por la cara, finiquitó a sus enemigos con facilidad y premura, saliendo a agradecer las palmas desde los tercios...

Raúl Acha se dedicó tras de dejar de vestir el terno de luces, al apoderamiento de toreros, uno de los más destacados, el de Antonio Lomelín, al que llevó a ocupar el sitio de figura del toreo.

Para concluir

Quizás los números de Pablo Lozano no le reflejen un gran volumen de actuaciones en México durante el tiempo que estuvo entre nosotros como torero, pero actuó en plazas de importancia, debiendo sumarse a las ya nombradas Yahualica, San Luis Río Colorado, Acapulco y Aguascalientes y además, alternando siempre con los principales del escalafón como Fermín Rivera, Calesero, Rafael Rodríguez, Juan Silveti, El Ranchero Aguilar, El Callao, Antonio del Olivar, El Imposible y evidentemente Luis Procuna.

Tengo la impresión de que también aprovechó el tiempo para ver toreros mexicanos que pudieran funcionar allá en España para tratar de corresponder, en conjunto con sus hermanos, la hospitalidad y el apoyo que aquí recibió en tiempos de tribulación.

Fernando, su hijo, nació en México y es matador de toros. Él sí tuvo la oportunidad de confirmar su alternativa en la Plaza México en diciembre de 1990 y una vez que dejó de torear, se dedicó al apoderamiento de toreros y aquí en Aguascalientes estuvo como instructor en la Escuela Taurina Municipal un buen tiempo y varios de los que fueron sus discípulos ya son matadores de toros.

Solamente puedo agregar que la afición mexicana de esos días, por lo visto en video, se perdió de ver un gran torero, por los líos de los despachos.

domingo, 9 de febrero de 2025

10 de febrero de 1980: Aciago final de la única campaña mexicana de Rafael de Paula


Cuenta Andrés Luque Gago en sus memorias toreras que para la temporada invernal 1979 – 80, José Ignacio Sánchez Mejías y Manolo Chopera, apoderados de Rafael de Paula, le arreglaron una gira por plazas americanas:

Podría decirse que Rafael de Paula fue un premio final a mi larga trayectoria, un lujo para cualquier banderillero... Lo apoderaban Manolo Chopera y José Ignacio Sánchez Mejías, de lo que podría deducirse que fue éste quien propició la llamada de su hermano Pepe a principios de 1979. Me aseguró que tenían previstas unas cincuenta corridas en España y unas diez en América y que iría a aquel continente con él... No estaba seguro de que pudiese torear tantas corridas, el año anterior se había lesionado la rodilla, afectada de un problema congénito, en la plaza de toros de Bayona... (Andrés Luque Gago en Recuerdos de un torero, 2011)

Dadas las circunstancias, podía suponerse válidamente que las fechas americanas a las que hace referencia don Andrés tendrían verificativo en las plazas que sus apoderados controlaban ya en aquellos días al Sur del Ecuador. Pero al menos para quienes en esos días residíamos en la capital mexicana, el miércoles 24 o el jueves 25 de enero de 1980, el doctor Alfonso Gaona, al presentar el cartel de la séptima corrida de la temporada 1979 – 80 de la Plaza México, sorprendió a todos anunciando la confirmación de alternativa de Rafael de Paula para el domingo 27 siguiente, quien no estaba anunciado en el elenco del derecho de apartado.

La tarde de la confirmación de Rafael de Paula queda así, como una fecha señalada en la historia del toreo, pero sin ningún hecho artístico resaltable para contar. Por cuestiones del convenio, el torero jerezano tenía que actuar al menos en tres corridas aquí en México, así que el siguiente domingo 3 de febrero, en Acapulco, toreó mano a mano con Miguel Espinosa Armillita Chico, lidiando dos toros de Villa Carmela y otros dos de Peñuelas y las cosas quedaron listas para que terminara su paso por nuestros ruedos el 10 de febrero, nuevamente en la Plaza México.

La novena corrida de la temporada 1979 – 80 

Para ese domingo 10 de febrero de 1980, el doctor Gaona anunció un encierro de Rancho Seco, que festejaba el cincuentenario de su presentación en la capital de México, para Rafael de Paula, Curro Rivera y Miguel Espinosa Armillita Chico. No debo dejar de decir que quienes estuvimos en posibilidad de asistir a esa corrida esperábamos que el torero gitano nos retribuyera lo que había dejado pendiente dos semanas antes, pero en los hechos, la realidad fue bien distinta.

Escribe Carlos Loret de Mola Médiz, firmando como Luis Soleares, en el diario tapatío El Informador del día siguiente al de la corrida:

Rafael de Paula naufragó ante sus dos enemigos y escuchó una bronca de órdago después de cada uno de ellos, con multitudinario coro de “¡ratero, ratero!”. El juez, además, lo multó con cinco mil pesos por su desaprensiva actuación con el primero, y con diez mil por su segundo fraude al público, con el cuarto. Un verdadero desastre. Su segundo adversario era burriciego; pero el primero pasaba bien, y Paula lo eludió y mató rápidamente… ¿Qué de bueno podría decir de Rafael de Paula? Ni siquiera el terno: un vino obscuro con adornos negros, como si estuviera de luto por su actuación. Ni una sonrisa, ni un lance, ni un pase. Lo que se llama nada. Al primero debió torearlo. Era imperativo categórico de dignidad hacerlo, porque se trataba de un ejemplar de respeto y calidad. Sólo le espantó las moscas huyendo de él, y le sepultó la espada desprendida para una muerte fulminante y cruenta. Bronca grave y multa de cinco mil pesos. El cuarto era burriciego, pero “El Gitano” huyó de su embestida igual que había hecho con el anterior. Le metió una estocada trasera y luego otra delantera. Con los dos estoques puestos, el toro se entregó, mientras el ruedo se cubría de cojines, envases de cerveza e injurias. Paula es, o era un diestro fino con el capote. Desigual y miedoso, tenía sin embargo actuaciones artísticas. En la Feria de San Isidro en Madrid – mayo de 1979 –, probablemente perdió el sitio al ser peligrosamente cogido en su segunda actuación, tras una tarde de éxito para él. Lo de ahora denota que no ha recuperado el aplomo. Ojalá tenga un mañana, lo que, por lo que a México se refiere, parece imposible…

Loret de Mola no es ni comedido ni piadoso con su narración de lo sucedido esa tarde. Estuve presente en la plaza y creo que es una de las broncas más grandes que he tenido oportunidad de ver en casi seis décadas de ver toros. Y es que el torero simplemente salió a despachar a sus toros sin mayor trámite. Entiendo que, como dice don Daniel Medina de la Serna, eran en principio a contraestilo, pero apenas entró en probaturas antes de montar la espada.

Otra cuestión que aborda Luis Soleares es la de la probable falta de sitio a causa de las crónicas y recurrentes lesiones de rodillas que padecía el torero de etnia gitana. Cita en particular un percance sufrido el 26 de mayo de 1979, en la Feria de San Isidro de Madrid, en una corrida en la que Rafael de Paula se había quedado con tres toros de la corrida y en un alarde de torería, realizó un quite a un toro con peligro, yéndose él también a la enfermería, y quedando trunco el festejo. En esa oportunidad, en principio, se le diagnosticó una conmoción cerebral, aunque posteriormente se le detectó esa lesión articular.

Por su parte, don Andrés Luque Gago, quien decíamos, venía como peón de confianza del torero, cita también la cuestión de la lesión articular en sus memorias toreras, pero ya decíamos que fija el origen de la misma en un festejo celebrado en la plaza francesa de Bayona y de estos festejos en la Plaza México, recuerda:

Como estaba previsto, viajamos a América, a Colombia y a Méjico, donde cumplí un viejo sueño, torear en la Plaza Monumental... La ruptura de los convenios había impedido que hubiese toreado allí antes... Creí que ya no lo haría nunca... Toreamos dos corridas en la Monumental de Méjico y los toros no ayudaron, salieron con poco recorrido, escaso juego, e incluso con peligro sordo. Llevé el peso de la lidia en los cuatro, y les pude... Me proclamaron banderillero triunfador de la temporada y me concedieron el trofeo correspondiente...

Efectivamente, Andrés Luque Gago fue el ganador del Trofeo Domecq al mejor peón de brega de esa temporada y en ese par de tardes si alguien brilló fue precisamente este gran torero de plata, quien derrochó torería a raudales.

Los ecos de una tarde desdichada

Los sucesos de esta corrida de toros no se quedaron para consumo local. El diario ABC de Madrid les dedicó un espacio en su sección La Fiesta Nacional en su edición del 13 de febrero de 1980, en el siguiente tenor:

México, 12 (EFE). – Casi toda la crítica mexicana coincide en calificar pésimamente la labor del torero Rafael de Paula en su última actuación en el coso de la capital azteca… «Por favor, no más arte gitano». «¡Qué malo es!». «Gran bronca armó De Paula en la México». «El gitano De Paula, bandido tramposo de siete suelas», son algunos de los titulares que hoy comentan el fracaso del torero jerezano… En cuanto a la multa por 15,000 pesos (unas 45,000 pesetas) que el presidente de la corrida, Jesús Dávila impuso ayer al diestro «calé», se dividen las opiniones, pues una mayoría opina que, de acuerdo con el Reglamento, la sanción, e inclusiva el arresto, solamente caben cuando el torero falta al respeto al público o a la autoridad… Dávila explicó que: «a su juicio no sólo se falta al respeto al público cuando el torero se encara con él, sino cuando no pone de su parte ni un mínimo esfuerzo para cumplir con decoro»…

No debo dejar de aclarar que el jefe de la información taurina del ABC madrileño era en esos días Vicente Zabala Portolés y que, en esos tiempos, Rafael de Paula no era precisamente, uno de los toreros de su estimación. Tanto así que el día aquel de la faena del toro de Martínez Benavides en Madrid, escribía que la plaza de Las Ventas había sido rebajada a ser un inmenso tablao flamenco… Entonces, tenía árbol caído para hacer leña.

Una reflexión final del torero

En una interesantísima entrevista realizada por José Antonio Ayuste, Rafael de Paula se autodefine en la siguiente forma:

Yo podré haber sido mejor o peor torero, pero de lo que estoy seguro es de que el torero de más mérito en la historia del Toreo he sido yo. He sufrido mucho con mis rodillas. Operaciones, problemas..., y por culpa de mis maltrechas rodillas siempre he estado a merced de los toros. Muchas veces me he dicho delante del toro que sea lo que Dios quiera. Estoy convencido de que yo podría haber sido un torero de historia. Con mis condiciones de torero estoy convencido de que podría haber entrado en la historia del Toreo. Un torero inválido, como he sido yo, ha matado siete corridas de seis toros. Respecto a si me he dejado algo en el tintero, he de decirte que por supuesto que sí. Los toreros se retiran sin haber hecho su faena soñada. Sin haberse realizado completamente. Los toreros se mueren sin entender completamente el misterio del toreo. Ni siquiera aquellos que han pasado a la historia por haber sido los más listos e inteligentes. El toreo es un misterio que nadie ha logrado entender jamás…

Así ha sido el paso de uno de los grandes genios del toreo que han pisado el ruedo de la plaza de toros más grande del mundo, hace 45 años.

domingo, 17 de marzo de 2024

18 de marzo de 1979. El Pana recibe la alternativa en la Plaza México

El Pana junto a su cartel de alternativa
La asistencia más o menos continuada a los festejos taurinos nos permite en ocasiones, ser testigos de hechos que pueden marcar o cambiar el rumbo de la historia del toreo. Perdóneseme por hablar en primera persona, pero en esta oportunidad llega la ocasión de hacerlo acerca de algunos hechos vividos por este amanuense. Por motivos que aquí no vienen al caso, residí en la Ciudad de México de 1977 a 1981 y tuve la oportunidad de ver temporadas de novilladas y corridas de toros en la Plaza México y en esa etapa pude conocer de primera mano el desarrollo inicial allí de Rodolfo Rodríguez El Pana, desde aquel domingo 9 de octubre de 1977, cuando se le tiró de espontáneo a José Antonio Ramírez El Capitán en el cuarto novillo de la tarde, Pelotero de San Martín, con el cual, el hijo de Calesero realizaría al final de cuentas, una faena que es considerada una de las modélicas para un novillero en la historia de la gran plaza.

Esa tarde de Pelotero, me enteré por la cofradía que habitaba el balcón dos de sol donde me agregué desde mi primera entrada a esa plaza, que se trataba de un maletilla de Tlaxcala apodado El Panadero y que se dedicaba principalmente a recorrer la legua y a tirársele de espontáneo a quien fuera posible, ante la falta de oportunidades para torear.

Alrededor de año después, la temporada de novilladas del año 78 se inició después de que en las fechas previas dos novilleros, José Pablo Martínez y Gabriel de la Cruz hicieran una huelga de hambre a las puertas de la México. Arrancada la temporada, levantaron su protesta, pero el comentario generalizado era en el sentido de que el doctor Gaona nunca les daría una oportunidad, al menos en esa temporada concreta.

Pero la sorpresa llegó para el tercer festejo del ciclo, cuando se anunció una atípica novillada de selección como culminación de los festejos del Día del Novillero y en ella formaron cartel Rodolfo Rodríguez El Pana, Jesús Trigueros El Tabaco, Héctor de Alba El Pinturero, Longinos Mendoza y sorpresivamente, los huelguistas José Pablo Martínez y Gabriel de la Cruz, quienes enfrentarían un encierro de la debutante ganadería de Santa María de Guadalupe, propiedad del doctor Alfonso Castro Flores y que originariamente fuera fundada por el maestro Juan Silveti Reynoso.

La revelación del festejo fue precisamente El Pana, quien le cortó las dos orejas a Reyezuelo, el que abrió plaza y eso le valió para convertirse, en unión de César Pastor, en el eje de una temporada de festejos menores que es una de las verdaderamente importantes en la historia del llamado Coso de Insurgentes.

Rodolfo Rodríguez El Pana terminó siendo, tras de torear diez novilladas y un festival en ese año, el candidato natural a ser alternativado en la temporada grande siguiente, pero su grandilocuencia y su personalidad desenfadada le granjearon animadversión en el ambiente entre los profesionales. Escribe Daniel Medina de la Serna:

…le gustaba hablar y faltarle al respeto al pinto de la paloma; de hecho, las figuras le tenían decretado un boicot que se prolongó hasta el momento de encontrarle padrino para la alternativa…

Por su parte, el abogado y librero José Rodríguez Téllez – coloquialmente Pepe Rodríguez – expone en su extraordinaria obra El Pana, torero surrealista. Los inicios de una leyenda:

Se anunció la alternativa de “EL PANA” en primera página del periódico “El Redondel”, anunciándose al diestro como un “TORERO DE LEYENDA”, era su primera tarde corno matador de toros y ya era considerado ¡UN TORERO DE LEYENDA"… En esas condiciones cuesta arriba llegó “EL PANA” en la fecha 12 de la temporada a tomar la alternativa el día 18 de marzo de 1979, de manos de Mariano Ramos y de testigo Curro Leal, completando cartel el Caballero en Plaza Gastón Santos, quien abrió el festejo…

Así fue la manera en la que el doctor Alfonso Gaona dio cumplimiento a una regla no escrita de nuestra fiesta, que establecía que el triunfador del ciclo de novilladas anterior, recibiría como una especie de trofeo, su alternativa en la siguiente temporada de corridas de toros.

La corrida del 18 de marzo del 79

La crónica completa que he podido rescatar es la de Carlos León, quien en sus Cartas Boca Arriba publicada en el diario Novedades al día siguiente del festejo, dirigida en la ocasión a don José Ángel Conchello, proclamaba en su exordio lo siguiente:

Llamarse Rodolfo, como el inolvidable califa leonés, que fue el máximo Petronio de la fiesta nacional. Y apellidarse Rodríguez, como el ojiverde “Cagancho”, aquel gitano de leyenda, que a su vez encajó en el gusto de nuestro público como uno de sus ídolos predilectos. Y después de eso, salir a los ruedos desde una modesta tahona de Apizaco, donde en la paz provinciana, lejos del nublumo que envenena la metrópolis, aún se respira lo que López Velarde cantó en las tardes olfativas de su Suave Patria, “El santo olor de la panadería”…

Esa era la expectación que producía la presencia del toricantano que llegó en calesa o jardinera a la plaza y que por alguna razón hasta esas fechas solamente usaba vestidos bordados en plata o en pasamanería. Un torero que, como se deduce del párrafo del cronista, penetró profundamente en el gusto de la afición de la capital mexicana.

De su hacer ante los toros, sigue contando Carlos León:

Verá usted. “El Pana” se ha hecho matador de toros con el astado “Mexicano”, de la vacada de don Alfredo Ochoa Ponce de León, que ha enviado un lote muy bien presentado en cuanto a trapío y con varios de sus ejemplares de bondadosa bravura. Así fue el doctorado, estupendo para el torero, que no pudo con él. Con detalles sensacionales que provocaban un clamor, pero con torpezas que desataban las rechiflas. Pésimo con la espada llegó a escuchar un aviso, mientras se concedió arrastre lento al toro tan lamentablemente desaprovechado. Más tarde, con “Serenito” otro burel que vino de las dehesas de Zinapécuaro con más nobleza que un duque, tampoco pudo “El Pana” justificar la expectación que despertó su alternativa. Cierto que, tanto con el capote como con las banderillas y la muleta, ejecutó cosas que parecen imposibles, pero las hace. Mostró la clase, el aguante, su manera diferente de interpretar el toreo, pero otra vez la faena total se le escapó de las manos, a pesar de contar con otro toro de “Campo Alegre” que fue un dechado de boyantía y fue aplaudido en el arrastre, mientras para su matador hubo división de opiniones. Cosa encomiable, pues provoca pasiones, quedando en incógnita interesante lo que este singular matador pueda dar cuando madure…

Al final de cuentas, el peso de la púrpura superó la voluntad de El Pana. No estuvo absolutamente mal, pero se vio superado por las circunstancias de ese momento y quienes esperaban ver en la corrida de su doctorado una prolongación de los triunfos obtenidos en la temporada novilleril anterior, quedaron de alguna manera, defraudados.

Pepe Rodríguez, en su libro antes citado, lo resume de esta manera:

“EL PANA” recibió la borla de matador de toros con el toro “Mexicano” de Campo Alegre, con el que estuvo voluntarioso y bien a secas, sin lograr el triunfo grande, lo mismo sucedió con su segundo, sin nada digno que comentar, salvo la pasión que empezaba a despertar en los tendidos, unos apoyaban al toricantano, y otros no estaban convencidos de la torería de este diestro, lo que no se discutía era la personalidad del mismo…

La apreciación de Pepe Rodríguez, hecha en retrospectiva, refleja en una importante medida lo que sería una gran porción de la carrera de El Pana en los ruedos, la exposición de una personalidad arrolladora que muchas veces ocultaba al gran torero que llevaba dentro. Pasarían casi dos décadas de altibajos para que la personalidad y la torería encontraran su punto de equilibrio y pudiera eclosionar la figura del toreo que había anunciado ser desde ese domingo 6 de agosto de 1978 en una novillada de selección que nadie, quizás ni él mismo, esperaba.

En conclusión

Decía el pasado domingo, a propósito de otro genio, que el camino hacia la cima no está siempre pavimentado, sino que más bien es pedregoso y lleno de baches. El caso de El Pana que se tuvo que enfrentar a todos y principalmente a sí mismo, es otro ejemplo palpable de que eso es cierto. Ya cerca del ocaso de su andar por los ruedos es cuando pudo vivir el triunfo y su final, fue quizás el que él mismo hubiera esperado, en las astas de los toros. La fiesta es y seguirá siendo porque la nutren hombres como El Pana.

domingo, 24 de diciembre de 2023

21 y 22 de diciembre de 1963: El Cordobés se presenta en México (II/II)

El Cordobés
La primera tarde de El Cordobés en nuestro país se saldó en unos términos que no dejaron convencida a la afición mexicana, sobre todo después del enorme despliegue informativo y publicitario que se hizo de su surgimiento, prácticamente a partir de la nada, hasta escalar a las más altas cumbres de la fiesta. Pero también quedó un sabor agrio en el paladar de quienes asistieron o intentaron asistir a ese primer festejo en la plaza de Cuatro Caminos, porque, se dijo con insistencia, los precios para ver al Huracán de Palma del Río fueron incrementados con exageración. La empresa salió al paso de esas afirmaciones en los siguientes términos:

La empresa “Espectáculos Artísticos y Deportivos”, S.A., hace las siguientes aclaraciones, respecto a los falsos rumores sobre los aumentos de precios de entrada a la plaza de toros “El Toreo”, para las corridas de los días sábado 21 y domingo 22 de diciembre en las que actuará “El Cordobés” … Los precios de entrada no fueron aumentados un solo centavo a los tenedores de Derecho de Apartado, ni en las localidades de sol y sombra general, que se han vendido a los precios de siempre: Sol, $10.00; Sombra, $15.00… La empresa declara que no ha existido, ni existe, ni existirá la reventa en su temporada…

Resulta interesante ver que los tenedores de derecho de apartado pagaron precios diferenciados a quienes adquirieron entradas sueltas, y, afirmo a título personal, es la primera vez que me entero de manera fiable, que la tenencia de ese derecho, concede una ventaja así a sus titulares. Por su parte, la redacción de El Redondel, asegurando que era de justicia, aclaró que en todas las plazas del mundo en las que actuaba Manuel Benítez se incrementaban los precios, y que, en el extranjero, eran significativamente más elevados que los cobrados aquí en México. 

El festejo del domingo 22 de diciembre de 1963

Para la segunda actuación de El Cordobés se anunció un encierro de don Reyes Huerta y como alternantes del hispano a Manuel Capetillo y a Jorge El Ranchero Aguilar. De nueva cuenta en El Redondel se señala que la plaza no se llenó.

Ni el nombre de “El Cordobés” logró llenar la plaza de “El Toreo” de Cuatro Caminos, en domingo, y en competencia con la plaza “México”. La entrada es floja, y en ambas localidades se ven varios huecos, por más que en conjunto, sea la mejor entrada dominguera, en lo que va de temporada… Son muy ovacionados, a la hora del paseo, Manuel Capetillo, Jorge Aguilar y Manuel Benítez, a quienes veremos lidiar seis toros de la ganadería de Reyes Huerta…

Ojo señalaba en su columna semanal lo que a su juicio eran las razones de las entradas no óptimas en Cuatro Caminos. Ya en su crónica del festejo del día anterior apuntaba que el acceso a ese coso era complicado y en su espacio de opinión, agregaba:

La gente sigue prefiriendo la plaza México, que con un cartel flojo superó en entrada, con grandísima diferencia a su rival, donde el programa era mucho mejor... Para nosotros, ojalá y se llenaran las dos plazas, para que además de todos los privilegios de que disfruta, contara nuestra ciudad con ser la única en el mundo que sostuviera dos temporadas simultáneas de corridas de toros... ¿Habrá afición para llenar las dos plazas más grandes del mundo? Cuando este número de EL REDONDEL circule, ya se habrá despejado la incógnita... Seamos optimistas y recordemos aquello de que cómo México no hay dos...

Por su parte, Alberto A. Bitar, algo más de medio siglo después, dice que la concurrencia a la plaza ese domingo apenas llegó a media entrada:

Ese domingo, con escasa media entrada, alternó con Manuel Capetillo y Jorge Aguilar “El Ranchero”, con toros de Reyes Huerta y “El Cordobés” se remontó a las alturas cortando dos orejas de cada uno de sus toros…

Ambos escritores son de la misma casa editorial y con muchos años de diferencia, la crónica in situ y la remembranza de quien asistió al festejo presentan una importante diferencia en su apreciación, la que al final, no incide en el resultado, pero deja un hueco de conocimiento para el historiador.

El rotundo triunfo de El Cordobés

Al final de cuentas, Manuel Benítez terminaría por resarcir a la afición de la capital de lo sucedido el día anterior, porque se levantaría como el triunfador absoluto del festejo, imponiéndose a las condiciones de los toros que le tocaron en suerte y también a la animadversión que por momentos se le expresó desde los tendidos, según podemos advertir de lo que escribió en su crónica para El Redondel en esta oportunidad, Alfonso de Icaza hijo:

TERCER TORO: “Mexicano”, de 480 kilos, la misma pinta de los anteriores y cómodo de cabeza… Manuel Benítez “El Cordobés” está fatal con el capote, pues ni para, ni manda, ni nada. Pitos… “El Cordobés” comienza con muletazos de castigo, consintiendo y a poco se para, para varios derechazos, en los que aguanta mucho, pero toreando con la mano muy alta. De todas maneras, la gente que lo estaba abucheando cambia de actitud. Más derechazos, perdiendo el engaño al dar el pase de pecho con la izquierda… Hay un derechazo de vuelta y media, después del cual, aguantando a ley, se saca al toro por arriba y de ahí en adelante se va para arriba, demostrando que tiene una muñeca privilegiada, al correr la mano en derechazos eternos, pasándose siempre al toro por la propia faja. Es cogido sin consecuencias y cita para el natural izquierdista, dando tres pases juntos. Ya se ha echado al público a la bolsa… Derechazos van y vienen, unos largos y otros cortos, pero dados con una indiscutible personalidad y mostrando serenidad, que parecería que no tuviera toro enfrente. Este es magnífico, y el melenudo diestro, con un toreo que no se parece al de nadie sigue haciéndose ovacionar en forma entusiasta… Con feo estilo, pero entregándose, deja un estoconazo delanterillo, refrescado con certero descabello. Ovación, unánime petición de oreja, gritos de ¡torero!, ¡torero!, y dos orejas concedidas por la autoridad, con las cuales recorre el anillo en son de triunfo, entre otras tantas ovaciones...

SEXTO TORO: “Payaso”, con 515 kilos de peso, berrendo en negro y abierto de carniceras… Con el capote está perdido Manuel Benítez, que no hace sino bailar ante la cara de la res, provocando protestas… Benítez, molestado por su mechón, trata de hacerse de “Payaso”, que así se llama el toro, para dar después una serie de derechazos cortos, que no le dicen nada a nadie. Pero a medida que pasa el tiempo, va parando más y más, corriendo la mano como se debe… Cita de largo, se va acercando a la res como si fuera un león, y le receta más derechazos, de todos calibres que se jalean, venga o no al caso. Vienen ahora cuatro o cinco, de un ajuste extraordinario y nuevamente se echa al público en la bolsa… Siempre sobre la diestra, sigue corriendo la mano cuantas veces le viene en gana, con esa tranquilidad suya, que parece ser su mejor arma. Hay un momento en que se le queda su enemigo a medio pase, y se lo saca con un ligero movimiento de muñeca. Luego, uno de dos vueltas, en los que sólo gira sobre sus talones. La plaza parece un manicomio. Más de media estocada, tendida y tendenciosa, que hace doblar a poco, levantándose el animal, que se entrega junto a las tablas. Ovación, petición de oreja, que concede el compadre Silverio por partida doble, y salida triunfal por la puerta grande…

Cuatro orejas en la espuerta y la primera salida en hombros para su contabilidad personal. La personalidad y la aptitud torera de El Cordobés, destacada por Icaza hijo como un extraordinario juego de muñecas del torero, terminaron por imponerse a la poca paciencia que parecía demostrar la concurrencia al Toreo de Cuatro Caminos, que esperaba quizás, una actuación más explosiva del torero andaluz.

Manuel Capetillo saludó desde el tercio tras la lidia del primero de su lote y al finalizar su labor en el cuarto, las opiniones se dividieron, en tanto que el Ranchero Aguilar dio la vuelta al ruedo después de pasaportar al segundo de la tarde y el quinto, se le fue vivo a los corrales por sus fallos con la espada. La crónica me sorprendió en el sentido de que se ordenó la devolución del toro después del segundo aviso, seguramente por estar así legislado en el Reglamento entonces vigente en el Estado de México.

Lo que siguió después

El primer sorprendido y seguramente reconvenido, fue el doctor Alfonso Gaona, quien, a consejo de un anónimo informante, decidió que El Cordobés no era un torero para el gusto de la afición mexicana, de manera tal que no lo llevó al anuncio de su temporada en la Plaza México. Así lo cuenta don Alberto A. Bitar:

Una vez que El Mechudo emprendió viaje, los accionistas de la empresa – creo recordar que eran Emilio Azcárraga Milmo y el ingeniero Alejo Peralta – llamaron a cuentas al galeno y, obviamente, le reclamaron por los millones que pudieron engrosar sus respectivos bolsillos, así que, sintiéndolo mucho, le retiraban el cargo de gerente de la plaza México, noticia que corrió, como vulgarmente se dice, como reguero de pólvora, preguntándose los aficionados quien sería el elegido…

La salida del doctor Gaona no se dio precisamente en esos tiempos, pero sí al final de la temporada, pero la apreciación de don Alberto es clara en el sentido de que el error de cálculo del gerente de la empresa de la Plaza México fue gravísimo y el haber dejado a El Cordobés para el elenco de la competencia, efectivamente les causaría un quebranto importante.

Por otra parte, citaba en la primera parte de estos apuntes, al referirme a lo declarado por Manuel Benítez a Clarinero, que había manifestado que solamente estaba contratado por dos corridas y más adelante en la misma charla, agregó que tenía pensado descansar un mes completo antes de iniciar su preparación para la temporada española. 

El triunfo del 22 de diciembre del 63 en Cuatro Caminos le abrió prácticamente todas las plazas de la República y a inicios de 1964 regresaría a México para iniciar un auténtico “maratón” taurino, pues toreó la friolera de 32 corridas de toros en 39 días, iniciando su recorrido del territorio nacional el sábado 18 de enero en el Toreo de Cuatro Caminos y lo concluyó el miércoles 25 de febrero en Uruapan. 

En esa extensa jornada, toreaba todos los días de la semana – laborables o no – y salvo un corte profundo en una mano que sufrió en Torreón el 28 de enero, que le hizo perder sus tres compromisos en la feria de Manizales, estuvo presto a salir al ruedo en todas las plazas para las que fue contratado.

En conclusión

La llegada de El Cordobés a los ruedos del mundo representó, sin duda, una transición etaria en la historia del toreo. También vendría a constituirse en un agente de cambio para la forma en la que los festejos se organizaban y, sobre todo, en los mandos prevalecientes en los estamentos de la fiesta, porque, sin duda, un par de años después, no se movía nada en el ambiente de los toros, sin el plácet de Manuel Benítez.

Toreros, ganaderos, empresarios y aficionados del mundo entero, quedaron subyugados y sometidos al nuevo modo de hacer las cosas que sugirió la irrupción de El Cordobés a los ruedos. Se produjo, sin duda, una revolución en la fiesta, no en la forma de hacer delante de los toros, sino en la forma de hacer la fiesta misma.

Es por eso que en estas fechas que se cumplen 60 años de la presentación de El Cordobés en tierras mexicanas, precisamente en el Toreo de Cuatro Caminos que externo estos recuerdos, que indudablemente, impactaron a la fiesta en nuestro país.

domingo, 3 de diciembre de 2023

1º de diciembre de 1963: Guillermo Sandoval confirma su alternativa en la Plaza México

Guillermo Sandoval confirma en
Madrid 1° agosto 1965
Foto: Martín Santos Yubero
El inicio de la década de los sesenta fue promisoria para el toreo en México. Surgió una generación de novilleros que parecía que representarían el relevo de los toreros de nuestra Edad de Plata de una manera tersa, sin sobresaltos. Así, vimos surgir en las plazas México y el Toreo de Cuatro Caminos a Abel Flores El Papelero, Gabino Aguilar, Mauro Liceaga, Fernando de la Peña, y Guillermo Sandoval quienes atrajeron la atención de las casas de apoderamiento españolas que se hicieron presentes aquí a finales de 1961, en la persona entre otros de Alberto Alonso Belmonte, Cristóbal Becerra y los diestros retirados Pepe Iglesias y Antonio Posada, quienes buscaban contratar para sus grupos a algunos de esos novilleros y por supuesto a varios de los matadores que encabezaban nuestro escalafón.

Guillermo Sandoval, originario del barrio de Peralvillo de la capital mexicana, que se había presentado en Cuatro Caminos el 7 de mayo de 1961 y en la Plaza México el 16 de julio siguiente – ambas plazas las llevaba al mismo tiempo el Dr. Alfonso Gaona – se fue a España dándole poderes a Pepe Iglesias, quien por las plazas en las que actuó el torero capitalino, debió ser cercano a la empresa Jardón, que tenía a su cargo la plaza de Las Ventas. Así, casi al bajarse del avión, le contrata su presentación en Zaragoza, para el 8 de abril de 1962, alternando con El Cordobés y Rafael Ataide Rafaelillo en la lidia de novillos de Baltasar Ibán

Así iniciaría una campaña en la que torearía 27 novilladas, destacando sus actuaciones en plazas como Zaragoza (5), Madrid (3), Barcelona (2), Valencia (2), San Sebastián (2) o Alicante. Fue el novillero mexicano que más tardes sumó ese año y quedó arreglado para volver el siguiente, cuando toreó 5 novilladas más otras tres en Madrid, una más en Zaragoza y cerró ese capítulo de su carrera en Calatayud.

La alternativa la recibió en Barcelona el 18 de agosto de 1963, de manos de Joaquín Bernadó y fungiendo como testigo Vicente Fernández El Caracol. El toro de la ceremonia se llamó Algarrobito y fue de la ganadería salmantina de Lamamié de Clairac. Ese calendario todavía alcanzó a sumar otras tres corridas de toros, todas en Palma de Mallorca, entre el 25 de agosto y el 20 de octubre de ese año.

La confirmación de alternativa de Guillermo Sandoval

La temporada de toros 1963 – 64 en la capital mexicana se verificó en dos plazas. Por una parte, la México tenía como cabezas de su elenco a Luis Procuna, Joselito Huerta, Jaime Rangel, Paco Camino, Diego Puerta, El Viti y proponía como confirmantes a Guillermo Sandoval, Fernando de la Peña, Oscar Realme y Abel Flores El Papelero, todos ellos doctorados entre agosto y el final de septiembre en ruedos hispanos y en el caso de Realme, ya hasta confirmado en Madrid.

El elenco de Cuatro Caminos, plaza llevada en esta oportunidad por Alejo Peralta y Dolores Olmedo, se apoyaba en Calesero, Antonio Velázquez, Rafael Rodríguez, Jesús Córdoba, Manuel Capetillo, Juan Silveti, El Ranchero Aguilar, Alfredo Leal y era el gran atractivo del mismo Manuel Benítez El Cordobés, que venía junto con Pedrés, El Caracol y el venezolano César Girón. En algún otro punto de esta bitácora, conté ya que el punto débil de esta empresa estuvo en la obtención de ganado de garantías, porque la empresa de la México, le bloqueó cualquier posibilidad de conseguirlo.

La corrida inaugural de esa temporada en la Plaza México se celebró el 1º de diciembre de 1963, cuando para lidiar un encierro de Tequisquiapan, se anunció a Humberto Moro, Santiago Martín El Viti y Guillermo Sandoval, quien confirmaría su alternativa. A propósito de ese festejo de apertura de temporada, escribió para El Redondel don Alfonso de Icaza Ojo:

La corrida inaugural de la temporada grande siempre es un acontecimiento en nuestra incomparable Ciudad de los Palacios... Hoy la gente ha llenado las localidades numeradas, mucho más que las generales, lo que demuestra que no persigue la baratura de los precios, sino el ver la fiesta desde más cerca y en el mejor asiento posible... Nuestras corridas seguirán siendo grandes, en tanto el público responda a los buenos carteles que se le ofrecen... Preside la corrida el licenciado Jacobo Pérez Verdía, asesorado por Samuel Solís... El tiempo es magnífico, pues brilla el sol en el azul de nuestro cielo, calentando el ambiente que al amanecer de hoy era gélido...

No fue precisamente un lleno el que provocó esa primera tarde, pero sí una entrada respetable, que reflejaba el interés de un cartel imaginativo, balanceado y que dejaba a la afición esperar que en ella se dieran hazañas dignas de ser recordadas.

El primer toro de la corrida se llamó Indiano, de pelo cárdeno claro y se le anunciaron 520 kilos en la tablilla. Fue el de la confirmación de Guillermo Sandoval. Su actuación ante él, de acuerdo con el ya invocado Ojo fue de la siguiente guisa:

Brinda el diestro de Peralvillo a un señor que suponemos sea su padre y pasa a habérselas con un toro que toma muy bien el engaño, yendo hasta donde lo mandan. Comienza a muletearlo cerca de las tablas, siempre por alto, hasta que remata la serie con un pase de trinchera bien instrumentado... Cita de largo con la zurda... resultando cogido a poco... Varios buenos derechazos llevando al toro desde aquí hasta allá, y nueva cogida, rompiéndole la taleguilla. Se levanta y el público lo aplaude ruidosamente... trata de entrar a herir, pero una parte del público se opone. Nueva ración de trapo, con abundancia de derechazos eternos, que demuestra que el toro tenía todavía mucho que torearle... media estocada delantera y perpendicular a un tiempo... los peones capotean y extraen el arma y Sandoval entra de nuevo y deja el estoque delantero, casi hasta el puño, doblando casi de inmediato la res... Hay palmas al toro en el arrastre y ovación para Guillermo Sandoval que saluda desde el tercio...

Por su parte, Carlos León, en sus Cartas Boca Arriba del diario Novedades, dirigiéndose en esta oportunidad a Pedro Chicote, en su Museo Internacional de Bebidas en Madrid, discurre:

Guillermo se pasó dos años en España y, si actuó bastante como novillero, viene apenas con cuatro actuaciones como matador de toros. Su verdor, pues, era lógico que fuera como el de un ligero vino abocado. Sin embargo, el novel espada salió con ansias novilleriles y, en el sorteo, tuvo mejor suerte que la venturosa del sacristán de Boccaccio 70... Nobilísimo era el cárdeno que Don Fernando de la Mora envió para abrir plaza. Un toro para consagrarse, pero... el neófito no lo comprendió y trató de muletearlo a salga pez o salga rana. Y así no es posible. Se llevó dos impresionantes volteretas, de las que se levantó como sólo podían hacerlo Adán y Eva: sin verse la ropa. Pero la voluntad y el valor no fueron suficientes ante un burel de seda que exigía un torero…

Guillermo Sandoval fue herido por el toro que cerró la corrida, llamado Rumbero, sexto – bis del encierro, ante el cual parecía estarse acomodando y presentando por fin el toreo de clase que le caracterizaba. Escribe Carlos León:

Con el sustituto del sexto volvió a tener la suerte de topar con un bicho excelente, más apenas empezaba a armar la escandalera con el capote, cuando se produjo otra cogida, que ahora sí lo mandó a la enfermería...

Por su parte, Ojo reflexiona acerca de la actuación del confirmante ante este segundo toro de su lote:

...después de unos cuantos capotazos de tanteo liga hasta media docena de buenas verónicas, que remata por partida triple con un recorte muy ceñido, una “brionesa” y una rebolera, oyendo palmas en abundancia de la concurrencia... Sandoval, en el quite, chicuelea primorosamente, pero es cogido después de la manera más tonta: remata de rodillas, el toro hace por él y él hace por el toro, que no tiene sino estirar la gaita, para inferirle una cornada en el muslo derecho, que provoca hemorragia...

Cuando parecía que Guillermo Sandoval iba a redimir su crédito ante la afición de la capital, se encontró con los pitones de los toros y sus intenciones se quedaron en mera declaración. Volvería a la Plaza México el 26 de enero de 1964, para alternar con Luis Procuna y Diego Puerta ante un encierro del Ing. Mariano Ramírez y ya no regresaría vestido de luces a la gran plaza.

El resto de la corrida

Santiago Martín El Viti firmó esa tarde una de sus grandes obras en el coso de Insurgentes. Lo hizo ante el quinto de la corrida, Hortelano, al que le cortó las dos orejas, faena de la que Carlos León dijo: Santiago era un ausente de sí mismo y de su alrededor – de su yo y sus circunstancias, como diría Ortega y Gasset – pues allí no existía sino el toro, sólo el toro que el “Viti” iba creando a la medida de su muleta...

Por su parte, Humberto Moro no tuvo una reaparición feliz en la Plaza México, no obstante que tuvo tres toros para revitalizar su cartel ante la afición capitalina. Fue una de esas tardes en la que simplemente no se acomodó.

El futuro de Guillermo Sandoval

Guillermo Sandoval confirmaría su alternativa en Madrid el 1º de agosto de 1965, recibiendo los trastos nuevamente de manos de Joaquín Bernadó y en presencia de Antonio Sánchez Fuentes, cediéndole el primero de los toros de Miguel Zaballos corridos esa tarde veraniega. Fue la única corrida en la que actuó ese año en aquellas tierras y sufrió una cornada grave, según se deduce del parte médico rendido:

Durante la lidia del primer toro ingresó en esta enfermería el diestro Guillermo Sandoval, con herida por asta de toro situada en cara antero interna del muslo izquierdo en la unión con el tercio superior con el medio, que interesa piel, tejido celular y aponeurosis femoral con una trayectoria de cinco centímetros de longitud dirigida hacia atrás y hacia arriba que produce grandes destrozos en el muslo, vasto interno y abductores; contusionando el paquete vascular con espasmo arterial, desgarro de la vena femoral y arrancamiento de la colateral con abundante hemorragia que hizo precisa transfusión de sangre durante todo el acto operatorio. Luxación escapulo humeral del lado derecho. Pronóstico grave.

Como se puede ver, a Guillermo los toros lo castigaron duramente en los momentos menos oportunos.

En 1966 se produjo un cisma sindical entre la torería mexicana y nació lo que hoy es la Asociación Nacional de Matadores de Toros, Novillos, Rejoneadores y Similares. Pero quedó subsistente en el ámbito local de la Ciudad de México la Unión Mexicana de Matadores de Toros y Novillos, misma que fue liderada por Luis Procuna. El semanario El Ruedo de Madrid, fechado el 27 de diciembre de 1966 contenía la siguiente información:

Después de consumada la escisión entre los toreros mejicanos, las personas que forman los Comités o Juntas Directivas de la Unión y de la Asociación son las siguientes: Unión. - Luis Procuna, reelegido secretario general, Jesús Córdoba, Oscar Realme, Víctor Huerta, Guillermo Sandoval y Fernando de la Peña. En Honor y Justicia, Emilio Sosa, Eduardo Moreno y el novillero Rafael Ramírez. En Hacienda y Vigilancia, Emilio Rodríguez Vela, Jorge Carrillo y el novillero Roberto Segovia...

Prácticamente todos los toreros que se integraron a la Unión y que ocuparon cargos directivos en ella, terminaron casi en ese momento sus carreras, pues por una especie de pacto de caballeros, las empresas contrataban preferentemente a los afiliados a la Asociación. Guillermo Sandoval siguió toreando intermitentemente hasta el año de 1978, año en el que encontré el último registro de una actuación suya, el 19 de octubre, en Acapulco, mano a mano con el diestro ecuatoriano Bolívar Vasco, en la lidia de toros de Matancillas. Esa tarde cortó tres orejas a los toros de su lote.

Hoy recuerdo a Guillermo Sandoval en el sexagésimo aniversario de su confirmación de alternativa, un torero que por su clase pudo ocupar un sitio de privilegio en los ruedos de México.

domingo, 10 de septiembre de 2023

1963 – 64. La gran temporada de Jaime Rangel

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El Redondel 12 de enero 1964
La temporada de toros 1963 – 64 en la capital mexicana constó de la friolera de 32 corridas, aunque se diera en una especie de plaza partida, porque 18 de ellas se celebraron en la Plaza México y los 14 festejos restantes, tuvieron lugar en el hoy difunto Toreo de Cuatro Caminos. Las cabezas del elenco de Insurgentes eran Paco Camino, Joselito Huerta, Diego Puerta, Juan García Mondeño y Santiago Martín El Viti, en tanto que el ciclo de Naucalpan fue construido por doña Dolores Olmedo en sociedad con el ingeniero Alejo Peralta alrededor de la personalidad de Manuel Benítez El Cordobés, quien tendría como alternantes a los integrantes de la Edad de Plata mexicana: Antonio Velázquez, Rafael Rodríguez, Jesús Córdoba, Manuel Capetillo, Jorge El Ranchero Aguilar, Juan Silveti y Alfredo Leal, así como el as venezolano César Girón.

En ambos elencos había varios toreros que podríamos llamar emergentes de ambas orillas del Atlántico. De los de allá podemos encontrar a Joaquín Bernadó y a Manuel García Palmeño y entre los nuestros, a Guillermo Sandoval, Antonio Duarte El Nayarit, Raúl García, Oscar Realme, Víctor Huerta y muy significadamente un torero hidalguense de dinastía: Jaime Rangel, quien estuvo siempre anunciado en la Plaza México, regentada por el doctor Alfonso Gaona.

A propósito de esos días, recuerda el torero de San Miguel Vindhó, en entrevista concedida en el año de 1968 al periodista de Guadalajara, Pacorro Páez, recopilada en su libro Soñadores de Gloria:

Mi primer traje de luces lo vestí en Matamoros, Tamaulipas, en 1957... vino la alternativa en la Plaza México el 1º de enero de 1962... En mayo confirmé el doctorado en Madrid... Las tardes de fortuna en la nueva categoría que me dieron el sitio deseado han sido el 22 de diciembre de 1964, en México, alternando con Joselito Huerta y “El Viti”. Otra con toros de La Punta, en la que Oscar Realme sufrió grave cornada antes de recibir el doctorado y siendo el otro alternante “Palmeño” y recuerdo otras tardes muy completas lidiando toros extraordinarios...

Esa temporada que inició el 1º de diciembre de 1963 y que casi todos los domingos tuvo corridas en las dos plazas y casi siempre llenos en ambas, Jaime Rangel fue el torero que sumó más actuaciones, con siete tardes, seguido por El Cordobés del elenco de El Toreo, con seis. Y de esas tardes logró para la historia cuatro actuaciones que le consolidaron en un sitio de figura del toreo, porque lo logrado en ellas, sin duda, no puede calificarse de manera distinta.

22 de diciembre de 1963

La cuarta corrida de la temporada se conformó con un encierro de don Jesús Cabrera para Joselito Huerta, Jaime Rangel y Santiago Martín El Viti. La entrada esa tarde fue casi un lleno, a causa de unos cuantos claros en los tendidos generales. La actuación triunfal de la tarde estuvo a cargo del torero del Estado de Hidalgo, que le cortó una oreja al quinto de la tarde Turronero. A propósito de esa actuación escribió para El Redondel don Alfonso de Icaza Ojo:

Entiende por “Turronero” pesa 450 kilos y es negro como sus hermanos y bien armado... Rangel liga varios excelentes derechazos con los que logra armar la escandalera. El muchacho tiró del toro, se lo pasó a dos dedos de la faja y lo despidió con suavidad, para volverlo a meter en la muleta y repetir una y otra vez. Ovacionaza. Repite la hazaña con igual éxito y cuando acaba por ser desarmado, lo aclama la plaza entera. También con la izquierda hace Jaime un buen toreo, obligando mucho a su adversario que se ha ido quedando poco a poco… Hay naturales cumbres y sobre todo hay un valor heroico y un propósito firme de triunfar. Lo logra clamorosamente cuando da un primoroso pasa por la espalda y después de señalar un pinchazo, sigue toreando confiadísimo y deja más de media estocada desprendida, mortal de necesidad. Ovación, música, nutrida petición de oreja que concede la autoridad y vueltas triunfales a la arena devolviendo sombreros y prendas de vestir…

Esa misma tarde, en Cuatro Caminos, El Cordobés cortó cuatro orejas a los toros que enfrentó alternando con Manuel Capetillo y El Ranchero Aguilar. Como nota adicional, el Juez de Plaza esa tarde era el Faraón Silverio Pérez.

5 de enero de 1964

La sexta de la temporada en Insurgentes se conformó con toros de La Punta para Jaime Rangel, Manuel García Palmeño y Oscar Realme quien confirmaría la alternativa que recibió en Oviedo el 21 de septiembre del año anterior. Señorito el abreplaza, mandó al presunto confirmante a la enfermería y la tarde quedó en un forzado mano a mano entre el hidalguense y el cordobés. Esa tarde la redondeó Jaime Rangel ante el cuarto punteño, Malicioso, al que le cortó las dos orejas. Vuelvo a recurrir al testimonio de Ojo, quien en su crónica dictada por teléfono a la redacción de El Redondel, entre otras cosas dijo:

Jaime brinda al presidente de la Federación Internacional de Futbol, nuestro huésped, que es ruidosamente ovacionado y después de recoger a su enemigo con pases de tanteo, da dos naturales, mejor el primero que el segundo, por en este le cabeceó el socio. Cambia de mano Jaime y con la derecha torea muy bien, con absoluta frescura y corriendo la mano de aquí hasta allá. Pierde la franela, pero cuando la recupera la usa magistralmente, ligando derechazos tan largos como sentidos. Sigue el muleteo de maestro, y cuando remata la serie con un pase de pecho muy ceñido, el público se le entrega totalmente. Aguanta Jaime hasta lo increíble; vuelve a barrer los lomos de su enemigo, pasándoselo muy cerca; torea al natural, con auténtica maestría, cuantas veces le da la gana; sufre un desarme, torna a poner cátedra y entre gritos de "¡torero, torero!", busca la igualada, dando magníficos trincherazos, y termina su gran faena con media estocada contraria que hace doblar… Jaime Rangel oye la ovación más clamorosa de su vida, concediéndole la autoridad las dos orejas del noble astado punteño al que toreó tan bien…

La declaración de intenciones de Jaime Rangel quedó efectivamente expresada y le ganó la repetición – costumbre hoy perdida, parece que para siempre – para dos domingos después, en uno de los carteles señeros del ciclo, como enseguida veremos.

19 de enero de 1964

La octava corrida ofrecida por la empresa del doctor Gaona se formó con toros de don Reyes Huerta para Joselito Huerta, Paco Camino y Jaime Rangel. No queda duda de que la entrada fue un lleno hasta el reloj de la Plaza México. Dos figuras consagradas y un diestro que, en la temporada en curso, pidió sitio y lo aseguró repitiendo actuaciones macizas y triunfales. Esa tarde Jaime se llevó todo ante Moctezuma y Húngaro, tercero y sexto de la función. En primer término, dice Alfonso de Icaza Ojo:

Logra Jaime que “Moctezuma” embista una y otra vez y arma la escandalera con sus pases naturales que ni dibujados serían más bonitos. Vuelve a irse el toro; lo sujeta otra vez Rangel, lo cita a mínima distancia y desde allí se lo pasa en muletazos de maravilla. ¡Eso es torear! Qué tal estarían los ánimos de caldeados, que cuando el espada es desarmado nuevamente, estalla una ovación delirante… Más naturales, y van cincuenta: cites en la propia cara; un muletazo monstruo en el que de tanto ceñirse es atropellado; nuevo trompicón al dar un pase por alto y lograda y conseguida la igualada, viene el estoconazo hasta el puño, haciendo la suerte con perfección y convirtiendo la plaza entera en un manicomio. La espada queda un poquitín contraria y no surte demasiados efectos, pero el astado dobla al fin, concediéndosele a Jaime Rangel las dos orejas y el rabo de un toro difícil, admirablemente toreado y matado. Parte del público protesta este último trofeo, en nuestra opinión muy bien concedido por el licenciado Pérez Verdía. Tira Rangel el rabo, por las exigencias de marras y con las dos orejas recorre el anillo quién sabe cuántas veces, devolviendo sombreros y prendas de vestir… Ha estado inconmensurable, a un toro que no se dejaba torear le ha dado más de cincuenta pases naturales de extraordinaria calidad y lo ha matado de una estocada hasta el puño, practicando a ley la suerte suprema… ¡Así se triunfa!

Como nota adicional. La faena de Jaime Rangel a Moctezuma se puede ver en el cuarto DVD de la colección Tesoros Taurinos de la Filmoteca de la UNAM, titulado Recuerdos del Toreo en México (1947 – 1964). Dejo aquí la información para quienes tengan en su poder esa joya.

22 de marzo de 1964

La décima séptima y penúltima corrida de la temporada se dio con un cartel integrado por Paco Camino, Jaime Rangel y Antonio Duarte El Nayarit, quienes enfrentarían un encierro de Torrecilla. Al final de cuentas, solamente se lidiaron cinco de los toros de la ganadería titular, puesto que el cuarto de los que salieron al ruedo, fue de Mimiahuápam, en esas calendas, de don Luis Barroso Barona.

De lo que he podido leer, quizás esa tarde, ante Solitario de Torrecilla, Jaime Rangel tuvo su actuación más contundente, aunque solamente haya saldado su tarde con una vuelta al ruedo, a causa del defectuoso manejo de los aceros. Otra vez es la crónica de Ojo, precedida por un cintillo en la portada de El Redondel que dice Faenón de Jaime Rangel en la Plaza México, que nos cuenta:

Rangel brinda a la plaza entera, manda retirar a la gente e inicia su faena con dos pases en el estribo, que resultan espectaculares. Ya de pie, torea, ahora sí, con verdadero primor. Sus trincherazos le resultan plásticos y sus derechazos de asombro, pues corriendo la mano con lentitud indescriptible, da varios pases en redondo que arman verdadera escandalera. El toro es bueno y Jaime lo está aprovechando de maravilla. Hay un pase que ni dibujado y nuevos derechazos en los que el hidalguense mide admirablemente el arranque de su enemigo. Sufre una interrupción, reanuda su cátedra de bien torear con la zurda, con la misma perfección con que lo había hecho con la diestra. Varios de sus naturales son de maravilla y no fueron dos o tres, sino diez o doce, obligando a la embestida y tirando del toro prodigiosamente bien… En estos momentos se produce una escena espectacular: dobla los remos “Solitario” como si quisiera rendir homenaje a quien tan bien le ha toreado. Naturales increíbles y el de pecho, digno de ellos, como digno resulta el adorno que se produce entre dianas y gritos de entusiasmo. Dos riverinas muy ceñidas, toreo por delante en busca de la igualada y conseguida esta, entra Jaime y pincha. Segundo pinchazo. Tercero; el toro que se echa, que se vuelve a parar y que se entrega, al fin y al cabo, estallando entusiasta la ovación en honor de Jaime Rangel, a pesar de sus desaciertos con la espada. Si ha matado bien y a la primera, a estas horas estaría recorriendo el ruedo con las orejas y el rabo del noble astado de Torrecilla. Tan grande fue la faena, que Jaime recorre el anillo devolviendo sombreros y prendas de vestir...

Sin abandonar el rigor de sus apreciaciones, don Alfonso de Icaza al justipreciar la actuación de Jaime Rangel en esa tarde, deja claro que lo único que le impidió volver a alzarse con los máximos trofeos en sus manos, fue el defectuoso uso de la tizona para rematar su faena, pero también deja claro que, en ese momento, asegundó con contundencia, su asalto a la cumbre.

Más breve es la reseña que hizo en su día Ernesto Navarrete Don Neto, para la AFP y publicada en el diario El Informador de Guadalajara al día siguiente del festejo:

Jaime Rangel dio esta tarde una de cal y otra de arena... tuvimos que esperarnos hasta la lidia del quinto de la tarde, toro bravo, toro de Torrecilla con el que Rangel cuajó una faenaza a base de naturales... Faena de hombre y de torero. Faena ribeteada con el celo y la casta de este joven y magnífico matador de toros... Una faena puramente izquierdista, la que lamentablemente no fue coronada con la espada, pues necesitó de tres viajes para terminar con la vida de ese bravísimo toro... Una vuelta al ruedo devolviendo prendas de vestir...

Coincide Don Neto en el hecho de que la faena de Jaime Rangel a Solitario de Torrecilla se generó a partir de poderle primero al toro y de bordarlo con la mano izquierda después. No hace pronóstico de los apéndices que pudo haber cortado, pero deja entrever que fue una de esas obras que se quedan para la historia.

Lo que vendría enseguida

Jaime Rangel fue un diestro que ocupó siempre un lugar en los carteles de importancia durante un cuarto de siglo, pues toreó su última tarde el domingo 5 de mayo de 1985 en la Plaza México, en el mismo ruedo en el que había recibido la alternativa. 

Se dedicó a representar y a formar toreros, dando continuidad a la escuela mexicana del toreo que iniciara Ojitos y que llegara a él por conducto de su padre y de su tío Ricardo, quienes a su vez la abrevaron de Samuel Solís, quien fuera discípulo del llamado Maestro de Gaona.

Jaime Rangel entró en la inmortalidad el pasado 7 de septiembre. Hoy le recuerdo con estas estampas de sus triunfos en la plaza más grande del mundo y espero que su paso por los ruedos sirva de ejemplo para todos aquellos que aspiran a ser toreros. 

Aldeanos