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sábado, 21 de marzo de 2009

José Chafik y el retorno de los Coquillas a México


Necesaria aclaración previa: He planteado ya en este espacio algunos aspectos del origen de la ganadería de lidia en México. En esta oportunidad y en torno a un homenaje que en España se ha rendido recientemente al personaje central de esta entrada, me parece que vale la pena el retomar un artículo escrito hace ya una década y media (es de 1994, publicado originalmente en el diario Hidrocálido). Además de lo anterior, tiene de reprochable su extensión, pero aún así, espero que resulte de su interés.


A finales de 1993, en una forma un tanto discreta, José Chafic y Marcelino Miaja, propietarios de los hierros de San Martín, La Gloria y El Olivo, anunciaron la adquisición de la ganadería española de Sánchez Fabrés Hermanos. El móvil de la compra lo expresa así el primero de los ganaderos mencionados: …la unica explicación por lo que a mi se refiere, es que le tengo un gran cariño a la Fiesta de los Toros, un gran cariño al encaste de Saltillo; que en España se va perdiendo poco a poco…


Las palabras de José Chafic son en parte ciertas, porque como ya lo he expuesto alguna otra oportunidad, la generalidad de las grandes ganaderías españolas se inclinaron por la linea de sangre del Conde de Vistahermosa que vía José Arias de Saavedra se derivó en las ganaderías de Murube, Ybarra y Parladé, encaste que en México pervive testimonialmente en las ganaderías de Matancillas, Pastejé y Las Huertas, pues hoy en ellas predomina la línea del Marques del Saltillo, traída principalmente a México en 1908 por don Antonio Llaguno y que igualmente deriva del tronco vistahermoseño.


La critica que puedo hacer a la exposición de motivos de Chafic es, que el origen de la ganadería de Sánchez Fabrés Hermanos, no es Saltillo en pureza, pues si bien comparte el común origen Vistahermosa, con lo de Coquilla, lleva mezclados otras derivaciones del encaste generado por esa casa condal.


Fernando Freire, vecino de Alcalá del Río, en Sevilla, ad¬quiere en 1823 ganados aptos para la lidia de la testamentaria del Conde de Vistahermosa. Filiberto Mira señala que fueron 5 sementales y más de cien vacas. Los Freire eran ganaderos de antiguo, pues ya en 1784, adquirieron doscientas cabezas de ganado bravo a los frailes de la Cartuja de Jerez, reses que por su origen andaluz tendrían características genéticas similares a las de Vistahermosa y demás de esa región y con las que mezclaron lo recién adquirido.


Los Freire enajenan sus toros a Justo Hernández en 1846 y en 1883 las adquiere el romántico Faustino Udaeta, quien cruzó sus nuevos toros con cuatro sementales de Miura, mismos que se dice le ligaron admirablemente. La aventura ganadera de Udaeta termina el 13 de mayo de 1894, cuando una corrida suya despachada por Espartero, Guerrita y Reverte sale mansa de solemnidad. Refiere Fernández Salcedo que esa tarde don Faustino ordenó mandar toda su ganadería al matadero, dado el papelón que jugaron sus toros ante la Infanta doña Isabel de Borbón.


Antes de que Udaeta acabara con su ganadería, vendió simiente a Juan Rico, quien a su vez la transfirió a don Andrés Sánchez Rodríguez, propietario de la finca salmantina de Coquilla, en el año de 1905 y después agregará sementales de Veragua y de Carreros. Con este encaste, hereda la ganadería Francisco Sánchez, hijo de don Andrés, mismo que será universalmente conocido como Paco Coquilla y que vendrá a definir los caracteres de esta ganadería y del encaste que propiamente representa.


Paco Coquilla adquirirá en 1916 ganado tanto del Conde de Santa Coloma como del Marqués de Albaserrada. No encontré referencias de que en Coquilla se haya desechado lo originario, que por cierto, es del mismo origen que lo recién adquirido. Con esas bases, en Coquilla se desarrolló un toro fino, recortado de tipo, bravo y noble, preferido por toreros como Manuel Jiménez Chicuelo.


En 1934 por vicisitudes económicas Paco Coquilla enajena su ganadería en varios lotes, quedando el hierro original en manos de Daniel Ruiz Yagüe y el resto del ganado en poder de Justo Sánchez Tabernero, José Maria López Cobos y el Marqués de Villagodio.


Justo Sánchez Tabernero inscribe su parte de Coquilla a nombre de sus hijos, los señores Sánchez Fabrés, para que en 1951 se vendiera la mitad de la ganadería a José Matías Bernardos y la otra mitad se anunciaría como Herederos de Sánchez Fabrés.


Muere en 1972 Alfonso Sánchez Fabrés y la ganadería se anuncia a nombre de sus herederos, que son representados por Juan Sánchez Fabrés. La ganadería había dejado los primeros planos ya que con la rectificación en la presencia y el tipo del toro en la época posterior a El Cordobés, se alejó de las plazas de importancia y por ello, al final de la década de 1980, Juan Sánchez Fabrés echó a sus vacas un toro de los hermanos Martinez Elizondo, intentando dar más cara y alzada a sus productos.


Por su parte, Pablo Martinez Elizondo en 1946 adquiere la ganadería de Demetrio Fraile, creada con reses de Santa Coloma, Albaserrada y Graciliano Pérez Tabernero. En 1967 se agrega un toro padre de Urquijo, puro Murube y en 1964 un lote de vacas y sementales de Joaquín Buendía, que no es mas que la original ganadería del Conde de Santa Coloma.


Como podemos ver, el encaste predominante en la ganadería de Sánchez Fabrés Hermanos es pues el de Santa Coloma – Albaserrada, que en 1905 fuera fundada con reses de Eduardo Ybarra y añadido en 1912 con reses del Marqués del Saltillo. Es menester señalar que la original ganadería del Marqués de Albaserrada, hoy de Victorino Martín, surge de la de Santa Coloma en 1913. La de Santa Coloma es vendida en 1935 a la sociedad formada por don Joaquín Buendía Peña y don Felipe Bartolomé Sanz, misma que al terminar, dejó el hierro de Santa Coloma en manos de don Joaquín y don Felipe lidiaría en lo sucesivo con el antiguo de Surga.


La conclusión hasta aquí es que si bien el hierro de los Sánchez Fabrés tiene predominantemente sangre de Saltillo, su encaste real es santacolomeño, que en principio es una mezcla de Saltillo y Murube, conjugando características de ambos orígenes, con un sello y personalidad propios.


De lo expuesto puedo deducir que los motivos de Chafic y Miaja no son precisamente los de preservar en España el encaste de Saltillo, sino que como lo veremos enseguida, es dar un nuevo giro a la ganadería brava en México, que de resultar, será muy interesante.


José Chafic y Marcelino Miaja compraron en 1966 al varilarguero Juan Aguirre Conejo Chico quien anunciaba a su nombre la ganadería, que se presentó en El Toreo en 1937. La vacada fue formada con ganado de San Mateo y Zacatepec, de origen saltillero puro de la primera y la segunda fundada con ganados de San Mateo, Piedras Negras y Carmen de Federico. En 1958 se agregan toros de Mimiahuápam de origen San Mateo y Pastejé, este predominantemente murubeño. En 1968 se agregan toros y vacas de San Mateo, José Julián Llaguno y Valparaíso, acentuando el aspecto saltillero de la ganadería.


En 1988, Chafic y Miaja en sociedad con el rejoneador Ramón Serrano adquieren la ganadería de Tequisquiapan, fundada en 1942 por don Fernando de la Mora Madaleno y don Carlos Cuevas Lascuráin con ganados de este último, originarios de Zacatepec, San Mateo, vacas de Coquilla y un toro de Graciliano Pérez Tabernero. Como dato curioso, señalaré que esta ganadería nació en los terrenos de la Hacienda de Los Morales, hoy elegante zona residencial de la capital de la Republica.


En 1990 se rompe la sociedad Chafic – Miaja – Serrano y se hacen una serie de intercambios de ganados de tres hierros involucrados en la transacción (San Martín, La Gloria y Tequisquiapan) y así nace el de El Olivo, que permitiría a Chafic y Miaja el refrescar sus ganados con los de Tequisquiapan, hierro que quedó en manos de Ramón Serrano, refrescado con ganado de San Martín y La Gloria. Agustín Linares señala que la ganadería de Tequisquiapan se formo con cien vacas y cinco sementales de Carlos Cuevas, de puro origen Coquilla, como se dejo sentado con anterioridad.


En la declaración invocada al principio, Chafic señala lo siguiente: ... a nosotros nos beneficiara porque se abrirá la consanguinidad y eso en los ámbitos humanos y genéticos es importante. De esta manera se evitan la consanguinidad, las posibles mutaciones y los problemas de poca fuerza...


Entonces, parece resultar que en el fondo, la finalidad de Chafic y Miaja no es la de salvar en España la sangre de Saltillo, predominante en México, sino la de abrir una nueva linea en sus ganaderías que a la fecha, son únicas en México, dado el origen singular de la sangre Coquilla que hay en ellas; lo que sin duda, dará un nuevo matiz a la crianza del toro bravo en México, que ojala sea para bien.


Si a lo anterior sumamos que se adquirió también para San Martín, El Olivo y La Gloria, simiente de Victorino Martín y que se planea enviar simiente mexicana a España tanto a Victorino como a Sánchez Fabrés (que se anunciará ya como San Martín allá en España), veremos que aunque sin confesión, lo que se pretende en realidad es el ampliar el horizonte genético de la ganadería de lidia de aquí y de allá.


Post – Scriptum: A quince años de distancia, lo que barruntaba entonces parece que se confirmó, aunque con algún cariz distinto. Chafic y Miaja han cedido la mayor parte de su participación en la San Martín hispana a Ignacio Huelva. En México, El Olivo hoy lidia como Julián Hamdam y parece que es donde se ven los frutos de los esfuerzos del que fuera en su día apoderado de Manolo Martínez, pues San Martín, por razones que tienen cierta comprensibilidad, se ve relegada a lidiar en plazas de poco fuste y además, la importación de ganado español se amplió a otras procedencias, lo que nos ha dejado ver, aunque sea a cuentagotas, ejemplares con sangre de encastes como Domecq y Atanasio Fernández, lo que a pausas, ha dado algo de variedad al ganado que se lidia en este país.


No obstante, los que deciden en esto no terminan por aceptar el ganado que trae el renuevo importado a instancias de José Chafic. Las sinrazones que se ponen para ello son múltiples, pero sinrazones al fin. Ojalá que pronto alguien se decida a dejarnos ver lidiar con más frecuencia algo distinto a lo habitual en nuestras plazas.
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