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domingo, 9 de junio de 2019

Rodolfo Gaona y Barrenero de Albaserrada

A un siglo de la presentación de los grises en Madrid

Rodolfo Gaona y Barrenero de Albaserrada
Foto: Aurelio Rodero Reca. La Lidia, 4 de agosto de 1919
En el año de 1912 don Hipólito Queralt y Fernández Maqueira, Marqués de Albaserrada, adquirió de su hermano Enrique, Conde de Santa Coloma, ganados encastados en Saltillo y Santa Coloma – estos a su vez origen Saltillo – Ybarra – para formar su propia ganadería de lidia. Presentó su primera corrida de toros en Sevilla el día 23 de abril de 1916, misma que lidiaron mano a mano Gallito y Juan Belmonte y algo más de tres años más tarde, haría su presentación en Madrid, con una corrida que lidiarían Cástor Jaureguibeitia Cocherito de Bilbao, Rodolfo Gaona y Julián Sáiz Saleri, misma que es la que me ocupará en esta oportunidad.

Algunos antecedentes

A riesgo de incurrir en territorios de lo que es materia de la prensa rosa, he de señalar que Rodolfo Gaona y Jiménez, natural de León de los Aldamas, Guanajuato, México, había contraído matrimonio eclesiástico con Carmen Ruiz Moragas en la parroquia de la Señora de las Angustias de Granada en noviembre de 1917. Una boda que tuvo rumbo y significación dentro del ambiente social y taurino de la época.

El matrimonio tuvo una breve duración, pues era casi de dominio público que la señora Ruiz Moragas era amante del rey Alfonso XIII, con quien procreó dos hijos, aunque en la época, se acusó por activa y por pasiva al carácter brusco, duro, insensible, juerguista, incapaz de comprender el tesoro de ternura que guardaba el corazón de aquellas muchachita de dieciocho años la ruptura matrimonial. El paso del tiempo develaría las verdaderas razones, pero eso se decía en aquellos tiempos y eso se usó como arma arrojadiza en contra del torero.

En ese entorno y en ese estado de ánimo llegó a la corrida del 29 de mayo de 1919 el Indio Grande. Atacado por la sociedad española, especialmente por la madrileña. Hecho trizas moralmente. Pero dispuesto a enfrentar a una ganadería de nuevo cuño integrando un cartel en el que él representaba seguramente el máximo atractivo. Supongo que todo se le presentaba cuesta arriba.

La corrida

Cocherito de Bilbao fue cogido por el primero de la tarde antes de la estocada, así que en términos de la reglamentación aplicable de la época, Rodolfo Gaona mató esa tarde los dos toros que le tocaron en suerte, más los dos de su alternante herido. De la actuación de Saleri solamente se ocupan las crónicas de la época de su primer toro, del tercero, señalando que fue una actuación aseada. Fue tal la escandalera que se armó en la lidia del quinto, que allí terminan las relaciones que encontré.

El encierro

El ganadero debutante debió salir satisfecho con lo que la prensa madrileña expresó respecto de sus toros. Para muestra lo que Alejandro Pérez Lugín Don Pío, escribió en El Liberal de Madrid del día siguiente del festejo:
La nota interesante de la corrida fue el ganado. Enorgullecedor «debut». Toros bien presentados, que recordaban por su tipo y hechuras el origen, y por sus hechos hicieron honor a su sangre brava entre las bravas, aún cuando los hubo mejores y menos buenos, tuvieron todos bravura y poder, de cabeza y de patas, que es el que disgusta a los toreros y dejaron satisfecha a la afición y al marqués de Albaserrada, colocado en la plaza de Madrid entre los ganaderos de primerísima fila, como dice el académico Retana.
Ahora marqués, no olvide usted el momento tan agradable, su mejor rato de ganadero, que ayer gozó largamente en esta plaza y cuando llegue la hora de hacer todos los años la elección de toros, recuerde a la primera plaza de España, que le dio ayer la mayor satisfacción que como ganadero podía esperar... y apártele lo mejor. Siquiera porque aquí hay paladar para saborear las cosas buenas.
Nunca olvidaremos los aficionados aquél quinto toro «Barrenero» de nombre, número 11 en el padrón municipal, negro de pelo y con tipo de Saltillo.
En cuanto «Barrenero» vio delante de sí el primer caballo arrancó a él impetuoso, lo alzó como una pluma y lo metió dentro del callejón por encima de la barrera, haciendo saltar a continuación el tablero que arrancó de un golpe para ver la cara de su víctima. Luego, cada vez que le citaban y le citaron siete, se arrancaba pronto y breve y codicioso y dejaba caer con tremendos tumbos caballo y caballero hechos tal lío que los «monos» se veían y deseaban para deshacerlo y separar al de arriba del de abajo. En la arena reinaba un pánico tremendo. ¡Quites! La providencia los haga. ¡Quién osaba ponerse en el camino de aquella mole, de aquella impetuosa catapulta que lo arrollaba todo! Seis fueron los tumbos. En seis años no vuelven a sonreír los picadores que llevaron esta suerte de varas.
 - ¡A cualquier cosa llaman suerte! - dirán los aludidos.
Fue una pelea de toro bravo, seco, duro y poderoso, que el público, que el público siguió enardecido y entusiasmado, aplaudiendo repetidas veces las bravas arrancadas del bravo «Barrenero» y haciendo una ovación grandísima al ganadero, que estaba en su barrera del 10, junto a su hermano el conde de Santa Coloma...
Gaona y Barrenero

Vista la crítica que hace el gallista Don Pío a las condiciones del toro, ¿qué fue lo que sucedió a Rodolfo Gaona delante de él? 

Primero la versión de Ángel Caamaño El Barquero, en el Heraldo de Madrid:
Formidable escándalo. A Gaona le echan un toro al corral... Gaona empieza su faena sin ganas más que de meter mano pronto y sin preparación entra a herir descompuesta y arteramente, desatándose el público en una de las protestas más serias y más indignadas que hemos presenciado.
El ruedo se cubre totalmente de almohadillas dando una en la cara del torero que ya agotadas sus menguadas energías no hace por acercarse a las tablas, donde los proyectiles caen en verdadera nube.
A todo esto el cornúpeto no se muere ni a tres tirones, y el escándalo no cesa, y salen almohadillas no sabemos de dónde, pues parece que en cada tendido hay una fábrica de esos chismes. Uno de ellos arranca la muleta de manos de Gaona y otra queda clavada en en pitón derecho de la res.
Uno tras otro suenan los avisos, y al recibir el tercero Gaona abandona su enemigo, que ni a tres tirones quiere seguir a los mansos.
En el tendido 1 vienen a las manos algunos espectadores y la benemérita se lleva a uno de ellos...
Más desarrollada es la versión de Joaquín López Barbadillo Barbadillo, en El Imparcial, de la que extraigo lo siguiente:
Un excelentísimo toro criado por un Excelentísimo Señor... Cuando Gaona, para quien la tarde venía ya siendo aciaga y contra quien el público venía mostrando un encono hasta entonces excesivo quizás, cogió los trastos, hubo un momento de revuelo, de voces, de manifestaciones encontradas y, en el fondo, de gran expectación «aguardaban» allí, en la brega con la fiera; en la reserva o en el arrojo al muletearla; en la decisión o la cobardía al herir. Llegó el espada al bruto y lo empezó a trastear. Hubo dos o tres pases por la cara, que el matador daba con precaución. Surgió la grita. Hubo otros pases más, en igual forma. Entonces el escándalo se hizo de pronto, repentinamente, loco, descomunal. Para que el torero no entrase a herir al toro, comenzaron a caer montones de almohadillas al redondel... Gaona entró cuarteando y la protesta imponente arreció... Era la pasión que estallaba desmedida, furiosa, ciega, atroz contra él y contra todos, contra lo de ayer y anteayer, y todo el año y siempre, y contra el asco al TORO DE VERDAD. Y el toro de verdad, como temiendo a algún almohadillazo traicionero más que a los hombres que estaba visto que no podían con él, fue a plantarse en el centro de la plaza y allí le entró de nuevo malamente el ya aturdido y ciego matador, y le dio un metisaca, que a simple vista pareció que debiera haber concluido con la vida del duro y pujante animal.
Pero aconteció lo contrario; desde entonces, fue como si la res, teniendo dentro un misterioso brío que la hiciera invulnerable, hubiera decidido no morir, si no se moría a ley, y frente a frente, como en la dehesa alguna vez soñó. Se fue hacia los tableros; de todas partes proseguía la lluvia implacable y furiosa de almohadillas; no era ya posible torear; triunfaba el público; Gaona se resignó. Humilló la frente; la suya y la de toda o casi toda la torería actual. A partir de aquel momento no intentó siquiera el muleteo. Sonó el primer aviso, y el segundo y salieron los mansos al redondel.
El toro inmóvil, impasible, soberbio, herido de muerte, pero sin morir, los contemplaba inmóvil. Y es que pensaba el toro:
- Yo no me voy de aquí; yo muero aquí. No voy con mansos a ninguna parte. Al corral van los bueyes, los marrajos, los que no saben concluir como yo.
Y al cabo de un gran rato le abrieron la puerta del callejón por si tal vez el bruto quisiera irse por él. Pero él corneó la puerta, se resistió, volvió a andar por el ruedo con su doliente y bestial majestad. Miraba a los tendidos; parecía buscar a alguien, querer poner en práctica una firme y postrera voluntad... Le abrieron otra puerta. Era la Puerta de Madrid. Por ella entró, Avanzó lentamente rascando con el flanco la barrera del 10.
Y alzó los ojos y se detuvo allí, bajo su amo. No se volvió a mover. Allí fueron por él un par de bueyes y no lo pudieron sacar. Allí por fin, a petición del público, dispuso el presidente que el puntillero acabase con él.
Y cayó «Barrenero» patas arriba, mirando a lo alto, como preguntando:
- ¿He muerto dignamente Excelentísimo Señor?
Y las mulillas dieron lentamente dos vueltas a la plaza con él, y en cada una de ellas, cuando el toro pasaba por el 10, sus ojos negros, sus ojos grandísimos, todavía llenos de nobleza y de ferocidad, miraban a lo alto diciendo:
- ¿Cómo he muerto, Excelentísimo Señor?...
La versión de Rodolfo Gaona

En Mis Veinte Años de Torero, Rodolfo Gaona reflexiona lo siguiente sobre esta séptima tarde del abono madrileño de 1919:
No voy a tratar de justificarme. Hice mal. Es un borrón que tengo en mi carrera. Relato cómo fue y porqué lo hice. Claro que mi deber me obligaba a matar a ese toro. No lo niego. Pero nadie podrá negarme que no estaba obligado a desafiar un peligro mayor, como era que me derribaran de un cojinazo delante de un bicho de tanto peligro como aquel.
Fui criticado rudamente. Mis enemigos se dieron vuelo. Nadie tomó en consideración la actitud del público para conmigo. Y no se dijo que Barrenero había distado mucho de ser un toro de bandera y no que lo comenzaba yo a torear como se torea a esos toros broncos que conservan poder: quitándoselos a fuerza de doblarlos con la muleta, con mucho castigo...
Corolario

Todo apunta a que la tarde aciaga de Rodolfo Gaona ante Barrenero fue la explosión de un hombre roto por las circunstancias que le afectaban fuera del ruedo. El torero no dijo más que lo expresado a Monosabio en su libro biográfico. La prensa y la sociedad hispana se cebaron con él en la fecha de los hechos y años después con motivo de la muerte de Carmen Ruiz Moragas. Tal parece que nunca le perdonaron que fuera a pelear de tú a tu con los principales de allá.

Muchos afirman que esta fue la última tarde de Rodolfo Gaona en España. Nada más falso. El Califa de León todavía terminó esa temporada y toreó la siguiente (1920), con la que terminaría su andar por los ruedos hispanos. Sin embargo, en 1923 intentó volver a torear por aquellos pagos pero se encontró con que ya las cosas estaban organizadas de una manera distinta a como él las dejara tres años antes. No obstante, pudo torear una corrida de toros el 1º de julio en Barcelona, alternando con Diego Mazquiarán Fortuna y Francisco Vila Rubio de Valencia, en la lidia de toros de Andrés Sánchez.

Así pues, se dieron las cosas en la tarde en la que debutaron en Madrid hace un siglo los toros que hoy en día se lidian a nombre de Victorino Martín.

Edito: A unas horas de haber puesto esto en circulación, Octavio Lara Chávez, amigo de Querétaro, me hace llegar una información que tenía a la mano pero que no tuve la precaución de consultar. Es lo que escribe Guillermo Ernesto Padilla en su libro El Maestro de Gaona acerca de este asunto. Transcribe, sin citar la fuente, una entrevista que hace Manuel García Santos a Julián Sáiz Saleri en el año de 1943, en el que entre otras cosas revela lo siguiente:
Años después de aquél sonado suceso, Julián Sáiz "Saleri", uno de los protagonistas de tan infausta tarde, hacía las siguientes confesiones al periodista español don Manuel García Santos:
"Le hacía yo una entrevista para las páginas de "El Ruedo" al que fue buen torero, Saleri II, en la ya desaparecida "Granja del Henar". Estábamos sentados Julián y yo en los divanes debajo del reloj, y terminada mi misión llegó esa hora de las confidencias en las que se habla íntimamente sin recato ni escrúpulos. Y fue entonces cuando me dijo Saleri II al hablar de la grandeza de Joselito:
- Joselito es el torero que yo he admirado más. Era asombroso en su dominio, y no se le veía el fin. Nadie ha tenido ni más poder, ni mayor afición, ni más inteligencia... Pero tiene un lunar José en su historia, y yo he sido testigo de ese acto.
- ¿A qué se refiere Usted?
- A lo que hizo con Gaona.
- ¿Con Gaona?... ¿Cuándo?
- El día de la corrida de Albaserrada.
Y me contó con detalle esta anécdota íntima de la vida de Joselito que, ciertamente fue un borrón en su historia de torero y que fuera de Saleri II, no se la oí contar a nadie:
Había exigido Joselito a la empresa de Madrid que anunciara una corrida gorda, dura y con años que tenía Albaserrada. El empresario Retana, acostumbrado a los rasgos de Joselito, no discutió, pero asombrado por aquello que no estaba justificado por ningún suceso taurino, le preguntó a José:
- ¿Quién va a torearla?
- La voy a torear yo. Y me pone Usted en el cartel con Gaona y... con otro.
Saleri al llegar a este punto me contaba:
Yo llegué a Madrid, de torear en el Norte y me extrañó que me avisaban que toreaba. Iba a negarme, pero me dijo Retana que era cosa de José y acepté. Gaona se negó de plano, pero al saber que toreaba Joselito, accedió también. Pero la sorpresa fue mayor en la víspera de la corrida, cuando vemos anunciado con nosotros a Cocherito de Bilbao en lugar de José. Yo como nada tenía que perder, y a mí me han dado siempre igual unos toros que otros, no me gustó la cosa, pero... pasé por ella. Rodolfo creo que protestó. Se le dieron razones, se le habló y terminó accediendo. Y... ¡no le digo a Usted nada!... No había salido el primer toro y ya estaba Cocherito de Bilbao en la enfermería... Luego salió "Barrenero" y acabó con Gaona. Acabó con él porque se dejó vencer sin luchar.
- Sin luchar, ¿contra quién?
- Sin luchar contra el toro y sin luchar contra José, que aquella tarde debía estar con nosotros frente a los albaserradas, que para eso los había exigido a la empresa...
Eso ha sido el lunar en la historia de un torero tan grande como fue Joselito...
Esto lo supe yo, porque Saleri II me lo dijo en el mes de agosto de 1943, en los divanes de la antigua "Granja del Henar" con el pelo ya blanco Julián Sáiz. En esa edad las cosas se dicen ya sin acritud, porque se está tan lejos del bien, como del mal..."
Reitero, Padilla no cita la fuente de la que obtiene la entrevista que transcribe. Pero por otro lado, volviendo a la prensa que revisé inicialmente, me encontré con el parte médico de la herida de Cocherito de Bilbao, publicado en el Heraldo de Madrid y es el siguiente:
Parte facultativo: Durante la lidia del primer toro ha ingresado en la enfermería el diestro Cástor Ibarra «Cocherito», con una herida en la región perónea izquierda, de forma triangular, de diez centímetros de extensión, que interesa masas musculares; lesión que le impide continuar. - Dr. Taboada.
En términos médicos, la herida de Cocherito no aparenta revestir gravedad y sí, a la luz del tiempo, aparenta ser solamente una coartada para dejarle a Gaona lo que tenía encerrado en toriles. Así pues, la hipótesis de la encerrona no se puede descartar por completo. 

Hay cosas que por el tiempo que ha transcurrido ya no se puede averiguar, pero evidencias quedan siempre que nos dejan material para pensar y para discutir.

sábado, 21 de marzo de 2009

José Chafik y el retorno de los Coquillas a México


Necesaria aclaración previa: He planteado ya en este espacio algunos aspectos del origen de la ganadería de lidia en México. En esta oportunidad y en torno a un homenaje que en España se ha rendido recientemente al personaje central de esta entrada, me parece que vale la pena el retomar un artículo escrito hace ya una década y media (es de 1994, publicado originalmente en el diario Hidrocálido). Además de lo anterior, tiene de reprochable su extensión, pero aún así, espero que resulte de su interés.


A finales de 1993, en una forma un tanto discreta, José Chafic y Marcelino Miaja, propietarios de los hierros de San Martín, La Gloria y El Olivo, anunciaron la adquisición de la ganadería española de Sánchez Fabrés Hermanos. El móvil de la compra lo expresa así el primero de los ganaderos mencionados: …la unica explicación por lo que a mi se refiere, es que le tengo un gran cariño a la Fiesta de los Toros, un gran cariño al encaste de Saltillo; que en España se va perdiendo poco a poco…


Las palabras de José Chafic son en parte ciertas, porque como ya lo he expuesto alguna otra oportunidad, la generalidad de las grandes ganaderías españolas se inclinaron por la linea de sangre del Conde de Vistahermosa que vía José Arias de Saavedra se derivó en las ganaderías de Murube, Ybarra y Parladé, encaste que en México pervive testimonialmente en las ganaderías de Matancillas, Pastejé y Las Huertas, pues hoy en ellas predomina la línea del Marques del Saltillo, traída principalmente a México en 1908 por don Antonio Llaguno y que igualmente deriva del tronco vistahermoseño.


La critica que puedo hacer a la exposición de motivos de Chafic es, que el origen de la ganadería de Sánchez Fabrés Hermanos, no es Saltillo en pureza, pues si bien comparte el común origen Vistahermosa, con lo de Coquilla, lleva mezclados otras derivaciones del encaste generado por esa casa condal.


Fernando Freire, vecino de Alcalá del Río, en Sevilla, ad¬quiere en 1823 ganados aptos para la lidia de la testamentaria del Conde de Vistahermosa. Filiberto Mira señala que fueron 5 sementales y más de cien vacas. Los Freire eran ganaderos de antiguo, pues ya en 1784, adquirieron doscientas cabezas de ganado bravo a los frailes de la Cartuja de Jerez, reses que por su origen andaluz tendrían características genéticas similares a las de Vistahermosa y demás de esa región y con las que mezclaron lo recién adquirido.


Los Freire enajenan sus toros a Justo Hernández en 1846 y en 1883 las adquiere el romántico Faustino Udaeta, quien cruzó sus nuevos toros con cuatro sementales de Miura, mismos que se dice le ligaron admirablemente. La aventura ganadera de Udaeta termina el 13 de mayo de 1894, cuando una corrida suya despachada por Espartero, Guerrita y Reverte sale mansa de solemnidad. Refiere Fernández Salcedo que esa tarde don Faustino ordenó mandar toda su ganadería al matadero, dado el papelón que jugaron sus toros ante la Infanta doña Isabel de Borbón.


Antes de que Udaeta acabara con su ganadería, vendió simiente a Juan Rico, quien a su vez la transfirió a don Andrés Sánchez Rodríguez, propietario de la finca salmantina de Coquilla, en el año de 1905 y después agregará sementales de Veragua y de Carreros. Con este encaste, hereda la ganadería Francisco Sánchez, hijo de don Andrés, mismo que será universalmente conocido como Paco Coquilla y que vendrá a definir los caracteres de esta ganadería y del encaste que propiamente representa.


Paco Coquilla adquirirá en 1916 ganado tanto del Conde de Santa Coloma como del Marqués de Albaserrada. No encontré referencias de que en Coquilla se haya desechado lo originario, que por cierto, es del mismo origen que lo recién adquirido. Con esas bases, en Coquilla se desarrolló un toro fino, recortado de tipo, bravo y noble, preferido por toreros como Manuel Jiménez Chicuelo.


En 1934 por vicisitudes económicas Paco Coquilla enajena su ganadería en varios lotes, quedando el hierro original en manos de Daniel Ruiz Yagüe y el resto del ganado en poder de Justo Sánchez Tabernero, José Maria López Cobos y el Marqués de Villagodio.


Justo Sánchez Tabernero inscribe su parte de Coquilla a nombre de sus hijos, los señores Sánchez Fabrés, para que en 1951 se vendiera la mitad de la ganadería a José Matías Bernardos y la otra mitad se anunciaría como Herederos de Sánchez Fabrés.


Muere en 1972 Alfonso Sánchez Fabrés y la ganadería se anuncia a nombre de sus herederos, que son representados por Juan Sánchez Fabrés. La ganadería había dejado los primeros planos ya que con la rectificación en la presencia y el tipo del toro en la época posterior a El Cordobés, se alejó de las plazas de importancia y por ello, al final de la década de 1980, Juan Sánchez Fabrés echó a sus vacas un toro de los hermanos Martinez Elizondo, intentando dar más cara y alzada a sus productos.


Por su parte, Pablo Martinez Elizondo en 1946 adquiere la ganadería de Demetrio Fraile, creada con reses de Santa Coloma, Albaserrada y Graciliano Pérez Tabernero. En 1967 se agrega un toro padre de Urquijo, puro Murube y en 1964 un lote de vacas y sementales de Joaquín Buendía, que no es mas que la original ganadería del Conde de Santa Coloma.


Como podemos ver, el encaste predominante en la ganadería de Sánchez Fabrés Hermanos es pues el de Santa Coloma – Albaserrada, que en 1905 fuera fundada con reses de Eduardo Ybarra y añadido en 1912 con reses del Marqués del Saltillo. Es menester señalar que la original ganadería del Marqués de Albaserrada, hoy de Victorino Martín, surge de la de Santa Coloma en 1913. La de Santa Coloma es vendida en 1935 a la sociedad formada por don Joaquín Buendía Peña y don Felipe Bartolomé Sanz, misma que al terminar, dejó el hierro de Santa Coloma en manos de don Joaquín y don Felipe lidiaría en lo sucesivo con el antiguo de Surga.


La conclusión hasta aquí es que si bien el hierro de los Sánchez Fabrés tiene predominantemente sangre de Saltillo, su encaste real es santacolomeño, que en principio es una mezcla de Saltillo y Murube, conjugando características de ambos orígenes, con un sello y personalidad propios.


De lo expuesto puedo deducir que los motivos de Chafic y Miaja no son precisamente los de preservar en España el encaste de Saltillo, sino que como lo veremos enseguida, es dar un nuevo giro a la ganadería brava en México, que de resultar, será muy interesante.


José Chafic y Marcelino Miaja compraron en 1966 al varilarguero Juan Aguirre Conejo Chico quien anunciaba a su nombre la ganadería, que se presentó en El Toreo en 1937. La vacada fue formada con ganado de San Mateo y Zacatepec, de origen saltillero puro de la primera y la segunda fundada con ganados de San Mateo, Piedras Negras y Carmen de Federico. En 1958 se agregan toros de Mimiahuápam de origen San Mateo y Pastejé, este predominantemente murubeño. En 1968 se agregan toros y vacas de San Mateo, José Julián Llaguno y Valparaíso, acentuando el aspecto saltillero de la ganadería.


En 1988, Chafic y Miaja en sociedad con el rejoneador Ramón Serrano adquieren la ganadería de Tequisquiapan, fundada en 1942 por don Fernando de la Mora Madaleno y don Carlos Cuevas Lascuráin con ganados de este último, originarios de Zacatepec, San Mateo, vacas de Coquilla y un toro de Graciliano Pérez Tabernero. Como dato curioso, señalaré que esta ganadería nació en los terrenos de la Hacienda de Los Morales, hoy elegante zona residencial de la capital de la Republica.


En 1990 se rompe la sociedad Chafic – Miaja – Serrano y se hacen una serie de intercambios de ganados de tres hierros involucrados en la transacción (San Martín, La Gloria y Tequisquiapan) y así nace el de El Olivo, que permitiría a Chafic y Miaja el refrescar sus ganados con los de Tequisquiapan, hierro que quedó en manos de Ramón Serrano, refrescado con ganado de San Martín y La Gloria. Agustín Linares señala que la ganadería de Tequisquiapan se formo con cien vacas y cinco sementales de Carlos Cuevas, de puro origen Coquilla, como se dejo sentado con anterioridad.


En la declaración invocada al principio, Chafic señala lo siguiente: ... a nosotros nos beneficiara porque se abrirá la consanguinidad y eso en los ámbitos humanos y genéticos es importante. De esta manera se evitan la consanguinidad, las posibles mutaciones y los problemas de poca fuerza...


Entonces, parece resultar que en el fondo, la finalidad de Chafic y Miaja no es la de salvar en España la sangre de Saltillo, predominante en México, sino la de abrir una nueva linea en sus ganaderías que a la fecha, son únicas en México, dado el origen singular de la sangre Coquilla que hay en ellas; lo que sin duda, dará un nuevo matiz a la crianza del toro bravo en México, que ojala sea para bien.


Si a lo anterior sumamos que se adquirió también para San Martín, El Olivo y La Gloria, simiente de Victorino Martín y que se planea enviar simiente mexicana a España tanto a Victorino como a Sánchez Fabrés (que se anunciará ya como San Martín allá en España), veremos que aunque sin confesión, lo que se pretende en realidad es el ampliar el horizonte genético de la ganadería de lidia de aquí y de allá.


Post – Scriptum: A quince años de distancia, lo que barruntaba entonces parece que se confirmó, aunque con algún cariz distinto. Chafic y Miaja han cedido la mayor parte de su participación en la San Martín hispana a Ignacio Huelva. En México, El Olivo hoy lidia como Julián Hamdam y parece que es donde se ven los frutos de los esfuerzos del que fuera en su día apoderado de Manolo Martínez, pues San Martín, por razones que tienen cierta comprensibilidad, se ve relegada a lidiar en plazas de poco fuste y además, la importación de ganado español se amplió a otras procedencias, lo que nos ha dejado ver, aunque sea a cuentagotas, ejemplares con sangre de encastes como Domecq y Atanasio Fernández, lo que a pausas, ha dado algo de variedad al ganado que se lidia en este país.


No obstante, los que deciden en esto no terminan por aceptar el ganado que trae el renuevo importado a instancias de José Chafic. Las sinrazones que se ponen para ello son múltiples, pero sinrazones al fin. Ojalá que pronto alguien se decida a dejarnos ver lidiar con más frecuencia algo distinto a lo habitual en nuestras plazas.
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