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domingo, 1 de marzo de 2026

28 de febrero de 1965: El gran triunfo de El Cordobés en la Plaza México

Desplegado publicitario de El Cordobés
El Redondel 7 de marzo de 1965

El Cordobés tardó en entrar con el público de la Plaza México. Confirmó allí su alternativa el domingo 7 de febrero de 1965, recibiendo los trastos de manos de Antonio Velázquez y oficiando como testigo Antonio del Olivar. A pesar de que, Manuel Benítez estuvo empeñoso y hasta entregado ante los dos toros de su lote, casi de inmediato un importante sector de la concurrencia se puso en su contra y se dedicó a reprocharle cuanto intentaba. La tarde terminó para él y para todos, como tituló su crónica don Alfonso de Icaza Ojo, en un mitin de órdago. Reapareció a la siguiente semana para atestiguar la confirmación de alternativa de Mauro Liceaga, de manos de Rafael Rodríguez. La actitud de una buena cantidad de los concurrentes hacia el de Palma del Río fue en el mismo sentido, quizás más ruidosa. Escribe Daniel Medina de la Serna:

Y, ¡por fin!, pisó el ruedo de la México el fenómeno de la época, Manuel Benítez Pérez llamado “El Cordobés”, para el que quisiera algo de él. Confirmó (9ª) de manos de Antonio Velázquez y aunque tuvo buenos momentos, "inspiradísimos" escribió Alfonso de Icaza, acabó por fracasar dándole gusto a los que fueron a ver eso y que eran legión. Segunda corrida (10ª) y segundo y más ruidoso descalabro...

Era evidente que, en la Plaza México, que tenía un cupo del doble del Toreo de Cuatro Caminos, había lugar para aquellos que, quizás se quedaron fuera de esta última plaza, donde El Cordobés se había presentado en este país y había triunfado en toda línea, quizás pensando que, aquel viejo refrán seguía rigiendo: fuera de México, todo es Cuautitlán...

La 12ª corrida de la temporada 1964 – 65

Manuel Benítez reaparecería en la gran plaza el domingo 28 de febrero de 1965, y ese día el de la duodécima corrida de esa temporada 1964 – 65, dejaría en claro por qué era una figura del toreo. El cartel anunciado para esa tarde se formaba con los acalitanos Alfonso Ramírez Calesero y Rafael Rodríguez, que precederían en el orden de lidia a El Cordobés, para enfrentar a un encierro de Mimiahuápam, ganadería entonces de la titularidad de don Luis Barroso Barona.

Los dos toreros de Aguascalientes estaban ya en el ocaso de sus carreras, sin saberlo y quizás sin preverlo, Rafael Rodríguez toreó ese día su última corrida en la plaza de toros que lo llevó a la cima, y por su parte Calesero estaba a su vez actuando en su antepenúltima tarde, porque poco menos de un año faltaba para que allí mismo se cortara la coleta en una tarde que, después de todo, resultó ser memorable para él.

También El Cordobés, aunque en circunstancias distintas se presentaría en la Plaza México, dentro de su carrera, ya solamente esta tarde y la noche del siguiente jueves 4 de marzo, en la corrida de la Oreja de Oro. Seguiría viniendo a México en otros calendarios, pero ya no volvería a actuar en la capital mexicana.

Una tarde verdaderamente histórica

El tercer toro de la corrida se llamó Palomo y venciendo la oposición de aquellos que en las dos tardes anteriores lograron poner a la mayoría en su contra, le cortó la primera oreja de la corrida. Escribió Ojo en su crónica para El Redondel:

“El Cordobés” se quita la montera y como viene más mechudo que nunca, causa sensación. Se dobla con su adversario echando la cabeza al suelo e inmediatamente después instrumenta dos derechazos que arrancan olés de los tendidos. Se sigue arrimando, da otros dos pases iguales y luego se cambia y alborota el gallinero con uno de sus característicos muletazos. Toda la faena la realiza “El Cordobés” entre los pitones y para provocar la arrancada del toro le patea en los hocicos. Torea ahora con la izquierda en el mismo palmo de terreno en que ha desarrollado todo su trasteo, y aunque sus pases no le resultan limpios, sí son indiscutiblemente emocionantes... Porfía el diestro; da pases estatuarios a la mínima distancia. Aguanta heroicamente y se hace ovacionar por la plaza entera. El toro se ha ido quedando más y más y Manuel lo hace embestir pegándole con la barriga. Se adorna rasgando el testuz de la res y vuelve a torear con su aguante único a dos dedos de los pitones. Le chillan algunos el que se cambie de lado, pero luego cuando pisa los terrenos inverosímiles, arma la escandalera... Hay otros alardes de parte del diestro de Palma del Río, que a unos gustan y a otros no, y en cuanto “Palomo” junta las manos, entra a herir Manuel en corto y por derecho y deja un estoconazo ligeramente contrario, de tanto atracarse. El toro tarda en doblar y ello induce al “Cordobés” a descabellarlo al primer intento. Ovación, música, millares de pañuelos que piden la oreja, concesión del apéndice por parte de la autoridad y vuelta triunfal al anillo, devolviendo sombreros y prendas de vestir… Este es “El Cordobés”: un torero que torea distinto a los demás y que entusiasma más que ninguno...

Una faena típica de las suyas. Imponiéndose al toro que se quedó parado y metiéndose entre los pitones. No dejó ya resquicio de duda de que los espectadores estaban ante una real y auténtica figura del toreo. Pero todavía tenía el de Palma del Río cosas que expresar. Así, ante el sexto de lidia ordinaria, Mayito, sucedió lo siguiente:

Y ya tenemos al “Cordobés” frente a “Mayito”. Doblones suaves como ellos solos; dos pases por alto, molestado por el aire y derechazos en los que se enrosca al toro a la barriga, armando tremenda escandalera. Anuncia que va a regalar un toro y la ovación crece de punto. Más pases de aguante y mando increíble y ahora con la zurda, naturales sencillamente asombrosos. Los remata con el pase de pecho y la plaza se viene abajo, cayendo al ruedo sombreros en cantidad. Sigue la faena cordobesista pura, impregnada de esa personalidad que hace de Manuel Benítez un torero único, mejor o peor que los demás, pero sin parecerse a nadie. Los naturales de ahora son de asombro y los dos pases de pecho que le siguen, fenomenales... El toro se agota poco a poco, pero “El Cordobés” sigue encima de él, provocando la arrancada, sacándole pases de todas marcas. Lo iguala y atiza media estocada, llevándose el arma. Nuevo viaje, y acostándose en el morrillo, sepulta una estocada hasta el puño. El bravo y noble burel está a punto de entregarse, pero “El Cordobés” se empeña en descabellar innecesariamente, y falla hasta cuatro veces, para acertar al quinto intento. Estalla la ovación, no obstante y no pocos pañuelos flamean en los tendidos cuando el diestro se retira al callejón, obligándolo el público a que saliera para agradecer los aplausos de la mayoría de los espectadores...

A los primeros muletazos anunció el regalo de un toro, seguramente porque calibró que Mayito estaba ya muy mermado de fuerzas, y sin embargo, le realizó una faena de corte muy distinto a la anterior, principalmente sobre la mano izquierda, tan rematada, que aun después de los fallos con la espada, se le pedían las orejas.

El toro de regalo

El séptimo de la corrida se llamó Corsario, y era de Torrecilla. El obsequio no tenía por intención el salvar in – extremis una tarde fallida, era en realidad el intento del torero de complacer a la afición, aún habiendo triunfado con el lote sorteado en su momento. De lo realizado ante ese toro, escribió don Alfonso de Icaza Ojo:

Dos doblones para hacerse del toro y una serie de pases rápidos en los que los cuernos del burel le destrozan la franela. Cambia ésta Manolo e instrumenta varios derechazos, habiendo a poco otro intermedio en el trasteo. Naturales aguantando mucho; derechazos enredándose al toro en la cintura; uno de cuatro vueltas que para a la plaza de cabeza por la manera en la que el diestro corre la mano y mide el arranque de la fiera, y ya, con el ambiente caldeado, naturales; pases cambiados y uno de pecho piramidal. Más derechazos de lentitud increíble; toreo personalísimo de aguante heroico; cite a distancia que va acortando hasta que el toro se le arranca y más muletazos, con una y otra manos, de positivo asombro. Cuando lo remata con el de pecho, la plaza entera es un manicomio… Más naturales, sencillamente maravillosos; el de pecho fenomenal y ya desde ese momento, centenares de pañuelos que piden para este sensacional torero, de este nobilísimo animal, los apéndices. Se perfila a ley Manolo, arranca a matar y deja un estoconazo, también contrario, que hace doblar. Ovación inenarrable, miles de pañuelos que se agitan en los tendidos, concesión de las orejas y el rabo, el público que se echa al ruedo para abrazar al “Cordobés” y pasearlo por el ruedo en hombros, por una multitud enloquecida. Los granaderos dispersan a la multitud, los gritos de torero, torero, se oyen por todo el ruedo; vuelven a cargar al “Cordobés” en hombros, cuyo traje de luces ha sido destrozado, y en hombros se lo llevan por la puerta grande en una auténtica apoteosis…

El Cordobés terminó de establecer en la Plaza México, ante todos los que le demostraban admiración o respeto y también ante aquellos que iban dispuestos a reventarlo, que era una auténtica figura del toreo y no una creación publicitaria o de la literatura. Dejó fuera de cualquier duda su categoría dentro de los redondeles. Escribió quien firmó como Paliacate en el semanario madrileño El Ruedo, salido a los puestos el 9 de marzo siguiente:

Ha ganado El Cordobés una batalla difícil, ciertamente. Y la ha ganado – hasta sus más acérrimos adversarios, los que le silbaron cuando iniciaba el paseíllo – en muy buena lid, limpiamente. Para fortuna de los aficionados mejicanos, que han tenido la oportunidad de contemplar una de las más completas actuaciones que se le recuerdan a Manuel Benítez; en tres toros ha podido dar la imagen precisa y completa de lo que es su toreo…

Creo que la explicación es clara y contundente.

¿El final de una época?

Decía al inicio que Alfonso Ramírez Calesero y Rafael Rodríguez El Volcán de Aguascalientes, en esta señalada tarde prácticamente concluyeron su paso por la Plaza México, representando el cierre de las edades de Oro y de Plata del toreo en México. Nuestra Edad Moderna ya estaba en ciernes, puesto que las figuras que la encabezarían estaban próximas a recibir la alternativa. Sigue escribiendo el invocado Paliacate:

De verdad: se le puede discutir el arte, pero no su fabulosa habilidad para hipnotizar a quien se le ponga por delante, público o toro. Este Cordobés ha escrito una nueva página en la historia del toreo en Méjico y ha confirmado que es, sin discusión, el torero de la época. Porque hoy, ya lo saben, es cordobesista todo Méjico…

Ya advertía el escriba que el estado de cosas en la fiesta mexicana estaba por cambiar. La historia nos demuestra que no le faltaba razón.

El triunfo en la visión del torero

En El Redondel fechado el 7 de marzo de ese 1965, se publicó una entrevista que don Rafael Morales Clarinero hizo a El Cordobés, en la que, a propósito de la corrida de su triunfo, dijo:

Si no hubiera tenido éxito en mi tercera corrida den la Plaza México, quizá me hubiera retirado. Cuando menos así me lo había propuesto. No sé si hubiera podido cumplirlo... Uno de los días más felices de mi vida lo tuve el domingo cuando triunfé en la México. El más malo, se puede escoger entre los dos anteriores en que no pude torear a gusto entre ustedes... Puedo decir que en esta plaza es donde más se nota un triunfo o un fracaso... Pesa mucho la plaza. Siente uno que se sume, que está muy hondo. Que la gente está arriba, muy arriba. Siente uno como que se ahoga... No puedo señalar mi tarde de triunfo en la México como la mejor de mi vida; pero sí en la que más gusto y felicidad sentí. No estaba seguro de triunfar; pero sabía que iba a poner todo lo que pudiera. Estaba dispuesto a todo con tal de lograrlo... Y claro, salí con más miedo y compromiso que otras tardes...

Lo que comentó al entrevistador refleja la responsabilidad que sintió el torero y la sensación de alivio que le produjo el triunfo.

Tres brindis

Esa tarde destacaron tres brindis de los diestros actuantes. Calesero brindó el primero de la tarde a don Manuel Tello Barnaud, Secretario de Relaciones Exteriores, zacatecano y sin complejos derivados de la mal llamada corrección política, fue a los toros y fue brindado. El mismo Poeta del Toreo igualmente brindó su segundo a una asistente habitual a las barreras de la plaza, a la Doña María Félix.

Por su parte, El Cordobés brindó el séptimo a Manolo Prieto Crespo, quien, junto con Juan Cañedo, fue quien lo trajo a México por primera vez para actuar en el Toreo de Cuatro Caminos. Dijo el torero:

Manolo Prieto ha sido aquí, en México, más que un amigo, un hermano, por eso le brindé el toro del desquite...

Así se produjeron los acontecimientos más destacados de una corrida que resulta ser histórica en muchas de sus aristas.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 6 de abril de 2025

A un siglo de la despedida de los ruedos de Rodolfo Gaona (V)

Gaona y Revenido II de Zotoluca

La temporada 1924 – 25 del Toreo de la Condesa fue la final del ejercicio de Rodolfo Gaona ante los toros vestido de luces y fue una llena de triunfos. Entre los que se pueden listar a partir de la prensa de la época que relata sus hazañas, están las de Faisán de Atenco; Jorobado de Piedras Negras; en el beneficio de Valencia II; Cantarero de Coaxamalucan; Cornetín de Atenco, en el beneficio de Antonio Márquez; en la Corrida de la Prensa; y, Turronero II de La Laguna, aparte de las que he intentado relatar de manera individual en estas virtuales páginas.

Pero hay una tarde, la del 11 de enero de 1925, la corrida del beneficio de Gaona, en la que realizó una faena a un toro de regalo que la crónica consideró que superó a casi todas las realizadas en ese ciclo final de su paso por los ruedos y algún relator incluso llegó a calificarla de la faena más grande que le había visto al Califa de León en toda su trayectoria. Me refiero a la que le realizó al toro Revenido II de Zotoluca, nombrado así quizás en remembranza de aquel otro Revenido de la casa matriz de Piedras Negras, al que enfrentó el 17 de febrero del año anterior y acerca de la que, El – hombre – que – no – cree – en – nada escribió lo siguiente:

Sí, señores, en esa labor, grande entre las grandes, desde el primer muletazo iniciado y consumado de rodillas, hasta el momento en el que el estoque desapareció palmo a palmo en el morrillo del toro, hubo de admirarse valor enorme y sereno, tranquilidad pasmosa, sapiencia por toneladas y, sobre todo, arte puro, delicado y exquisito. ¡El acabose, señores! Torear con mayor quietud, con mayor dominio, con mayor coraje y con mayor belleza – sin hipérbole – ¡IMPOSIBLE!... Para esa faena cumbre, que nació inmortal, es una fortuna que los cronistas taurinos no hayan podido describirla; merece ser cantada por los artistas capaces de producir, al hacerlo, una obra tan perfecta, como lo fue la misma faena; necesita ser dibujada por mano maestra capaz de hacer comprender toda la belleza contenida en cada uno de sus detalles admirables...

Pues la obra de Gaona ante el segundo Revenido, despertó similares pasiones entre los cronistas, como podremos verlo enseguida.

El beneficio de Rodolfo Gaona

El cartel de la décimo cuarta corrida de la temporada 1924 – 25, a celebrarse el 11 de enero de 1925, se formó con toros de Piedras Negras para Rodolfo Gaona, José Roger Valencia I y Joselito Flores y como lo adelantaba antes, era el beneficio de Gaona. El cartel no era tan redondo que los anteriores del ciclo, descansando básicamente en la presencia del Petronio. Escribió en su día, Rafael Solana Verduguillo:

Sabemos de memoria que Rodolfo Gaona es afecto a presentar la tarde de su beneficio carteles un tanto débiles y a veces, escasos de interés. Mejor dicho, él no. El leonés no se ocupa por regla general de organizar las funciones en su honor. Comisiona a segundas partes, y como éstas nunca fueron buenas, de ahí que, taurinamente hablando, los beneficios del Maestro resulten un tanto esaboríos… Los organizadores de esos festejos no suelen ser personas entendidas en cuestión de toros, pero sí son comerciantes o bien negociantes que saben dónde se puede ganar un peso más. Y probablemente se harán este cálculo: Si la plaza se llena, Rodolfo, ¿para qué nos vamos a meter en trabajos de pagar toreros caros? … Hoy ha figurado en el cartel un buen torero, José Roger “Valencia I”, pero, en cambio, se ha hecho actuar también a Joselito Flores, modesto torero mexicano que por culpa de quién sabe quién, no se ha llegado a vestir de luces en toda la temporada. Y precisa dejar asentado aquí, que no era el momento para la presentación de un diestro de la categoría de Joselito, después de haber visto a los ases todos de la temporada en diversas actuaciones…

La critica de Solana es dura, pues hace notar que, al ser el producto de la corrida en su totalidad para Gaona, se procuró una inversión corta, en la pretensión de una utilidad grande, aprovechando sin duda, el tirón de taquilla del torero guanajuatense, al que todos querían ver a sabiendas de su despedida y por esa razón su equipo pareció haber procurado el mejor beneficio al menor costo posible.

La corrida de Piedras Negras fue de juego desigual, correspondiéndole a Gaona los toros de juego más complicado, aparte de que sopló viento toda la fría tarde. Al final de cuentas Valencia I saludaría un par de ovaciones y Joselito Flores sería herido por el sexto. 

Rodolfo Gaona y Revenido II de Zotoluca

Las crónicas señalan que la concurrencia pidió a Gaona el obsequio de un toro. Al final de cuentas él era el organizador del festejo y en cierto modo tenía el deber añadido de complacer a quienes llenaron el Toreo de la Condesa esa señalada tarde. En esa tesitura, al leonés no le quedó más que corresponder a la petición de la afición que quería acompañarlo en su temporada final. Sobre su hacer con el toro de Zotoluca, escribió Verduguillo para El Universal Taurino:

A petición del público, que no quiere llevarse una mala impresión del último beneficio de Gaona, el leonés obsequia un toro. Es de Zotoluca, cárdeno claro, vuelto de pitones. Se llama “Revenido”… Gaona torea de capa como en sus buenos tiempos; para, templa y manda en las verónicas, conservando los pies quietos y el cuerpo erguido. ¡Cuánto tiempo hace que no toreaba así! Y luego se echa el capote atrás y suelta cuatro lances estupendos y remata con una larga cordobesa. ¡El delirio! … En los quites, nos hace Rodolfo volver quince años atrás. Nada de modernismos, ni de retorcimientos, ni de quebrantamientos de la res. Todo suave, todo artístico, todo torero. Y Pepe Valencia, no le fue a la zaga, y también rayó a enorme altura, ya abanicando, ya doblando con el toro hacia las afueras, rematando apoyado en el testuz. Las palmas echaban humo… Y Rodolfo tomó las banderillas. Y comenzó con un par al cambio majestuoso, imponente, dejando llegar lo indecible. Metió los brazos el leonés, cuando ya tenía los dos pitones en la barriga. ¡Cuánto valor! ¡Cuánto arte! Y luego tres pares de frente, de los suyos, no hay que decir más… ¿Y la faena? Bastaría con decir que Rodolfo ha toreado como antes. El pase de la muerte, los naturales con la derecha, con la izquierda, los de pecho, los ayudados por bajo. Todo de torero bueno, de torero clásico… Y para coronar tan grande labor, el estoconazo hasta las uñas dando el pecho, saliendo por los costillares, limpio, sin más suciedad que la de los dedos tintos en sangre… ¡Qué bien ganadas las dos orejas y el rabo! ¡Y el paseo en hombros de los entusiastas! ¡Ese era Gaona... ese es Gaona! Somos jóvenes aún. Nuestras canas y nuestras arrugas nos engañan. ¡Mentira! No ha pasado el tiempo... Ahí está Ojitos llorando de emoción, con el puro apagado entre los labios... ¡Qué grande eres, Rodolfo! …

La faena que relata Rafael Solana recupera, en su concepto, aquellos matices que fueron objeto de duros señalamientos críticos por los críticos y aficionados que señalaban que su tauromaquia se había modernizado y dejado atrás las enseñanzas y los moldes clásicos que aprendió con su mentor Saturnino Frutos Ojitos

El juicio de Gaona ya en retrospectiva, respecto de su obra ante este toro es un poco diferente. Considera que la obra es absolutamente suya. Desde su óptica, el toro fue muy complicado y todo lo tuvo que poner él. Así le contó a Monosabio:

Con “Revenido II”, de Zotoluca, creo haber hecho mi mejor trabajo de muleta en esta última temporada... Para todo el público, aquel bicho fue un gran toro, y hasta se ha dicho que fue como “Revenido I”. Y no era un gran toro. Distó mucho de serlo... Era bravo, sí, pero no tenía lidia. Acabó sin pasar, con la cabeza alta, embistiendo reunido y sin humillar. Casi nada más atropellaba y en un principio creí que no podría matarlo, porque no se descubría... Y no obstante que a “Revenido II” no podía toreársele, le saqué lucimiento. Le obligué a pasar y, como es natural cuando el toro no acompaña, le expuse mucho y estuve a orillas de fracaso. Forcé el toreo... Ese toro se lo pongo a otro, ¡y a ver qué faena le hace!...

Así pues, con la visión del cronista desde el tendido y el parecer del autor de la obra, podemos apreciar que coinciden en que fue una gran faena, sin duda la mejor del Califa en su temporada de despedida, aunque en los matices relativos al toro y su comportamiento, haya divergencia en sus comentarios, pero eso es parte de la riqueza de la fiesta. Hasta la próxima semana.

domingo, 26 de marzo de 2023

27 de marzo de 1963: Paco Camino y Catrín de Pastejé


El cierre de la temporada 1962 – 63 estaba próximo a llegar y también, a la vista de los resultados, la signatura de las más grandes realizaciones del llamado Niño Sabio de Camas en la capital mexicana. Apenas el 23 de enero anterior, todavía en la Plaza México, había realizado una gran faena al toro Novato, del ingeniero Mariano Ramírez, un toro de regalo que salvó del naufragio a una tarde que no pudieron a sacar a buen puerto ni Alfredo Leal, ni Juan Silveti, ni tampoco el prodigio andaluz.

Al final de esa tarde, se atribuye nada menos que a don Rodolfo Gaona haber afirmado: Toreros más técnicos podrá haberlos... También podrá haberlos más valientes... Pero como ha toreado ese chiquillo con la muleta en la izquierda es imposible torear mejor... La afirmación podría considerarse temeraria de no provenir de quien la hizo, pero una vez que se hizo pública – apareció en el número de El Ruedo de Madrid fechado el 7 de febrero de 1963 – dejó el listón muy alto para Paco Camino y para cualquiera que quisiera mejorar las cosas delante de los toros aquí en México.

La Oreja de Oro 62 – 63

Para la corrida de la Oreja de Oro se anunció un encierro de Coaxamalucan que sería lidiado por Manuel Capetillo, Juan Silveti, Joselito Huerta, Joaquín Bernadó, Paco Camino y Santiago Martín El Viti. Como se ve, fue un festejo de triunfadores que se disputarían el galardón que señalaría al triunfador de la temporada y no como en la actualidad, que se ha convertido en una mera corrida de oportunidad.

El encierro enviado por don Felipe González sacó una variedad de complicaciones. Acerca de los toros escribió para El RedondelAlfonso de Icaza hijo:

…se lidiaron seis mansos de Coaxamalucan, relativamente bien presentados, pero que no permitieron a los toreros mostrar sus facultades. De los seis no salió uno, y en cambio, sí tuvieron distintos defectos que provocaron, además del aburrimiento general, que el público se encrespara, al grado de mostrarse injusto aún con los que habían sacado algún provecho de sus adversarios…

Manuel Capetillo estuvo empeñoso y lucido con el que abrió plaza – hasta banderillas puso – y pudo salir al tercio a agradecer una ovación, agregando Icaza que bien pudo dar la vuelta al ruedo, pero no estuvo por la labor. Juan Silveti también agradeció una ovación al terminar su labor, aunque con menos fuerza que su antecesor. Joselito Huerta y El Viti fueron pitados, más que por su labor, por sus fallos con la espada y Joaquín Bernadó dio una vuelta al ruedo entre protestas.

El trofeo fue declarado desierto. Sobre este particular, Alfonso de Icaza hijo hace la siguiente reflexión:

Si hubiera habido justicia, la oreja de oro se la deberían haber disputado Capetillo y Bernadó, que fueron, de los seis espadas, los únicos que supieron sacar partido de los mansos coaxamaluqueños, pero como el primero cuenta con una legión de enemigos envidiosos, y el segundo no es ídolo, agregado a la furia imperante contra el ganadero, determinaron que el público declarara desierto el trofeo en disputa…

Paco Camino y Catrín

En la misma crónica de El Redondel, Icaza hijo habla de que la corrida tuvo dos partes bien definidas, la de la Oreja de Oro y la de dos toros de regalo que ofrecieron Paco Camino y Juan Silveti. Al final de los hechos, fue el que ofreció Camino, el que cambió el rumbo de la noche y el que dejó un recuerdo para la historia.

Narra Icaza hijo:

Paquito Camino se subió hasta los cuernos de la luna. Con la capichuela se hizo aplaudir con lances al natural y con chicuelinas, muy pintureras, aunque un tanto rápidas. Con la muleta, en cambio, nos deleitó con una faena inolvidable, en la que tan pronto toreaba con primor con la derecha, como nos regalaba con tandas de naturales en las que templaba maravillosamente, corría la mano desde aquí hasta allá, y engranaba a la perfección un muletazo con otro. Fue una faena de época, a la que sólo le encontramos un pero; sus continuos intermedios. Si en vez de ligar tandas de cuatro o cinco pases, hubieran sido de diez o doce, habría quedado como modelo para el futuro. De todas maneras, Camino confirmó ser una primerísima figura del torero. No tuvo suerte al matar, ya que necesitó de dos pinchazos antes de meter el estoque, por lo que el juez de plaza no le concedió más que una oreja, que el gran torero de Camas tiró en forma despectiva. Hubo, eso sí, cuatro, cinco o seis vueltas al ruedo, en medio de un triunfo apoteósico…

En el mismo número de El Redondel, del 31 de enero de 1963, Paco Hidalgo, colaborador del semanario, hace las siguientes reflexiones acerca de la actuación de Paco Camino esa noche de miércoles en el Toreo de Cuatro Caminos:

Recordando la ya varias veces reproducida frase del Califa Gaona, cuando lo vio torear, que dijo: “No se puede torear mejor”, voy a permitirme aclararle: sí pudo torear mejor Camino y esto lo hizo en la ya citada noche, que quedó inmortalizada, en la historia del toreo, junto con ese bravo “Catrín” de Pastejé… Salió “Catrín” haciendo cosas raras, suelto, abanto, echando las manos por delante a la hora de embestir, tal parecía que no valía un real, pero este torero, que por algo le llaman el “Niño Sabio”, se dio cuenta que el bovino traía una noble embestida que había que hacerla lucir… El toro “se comía” la muleta de bravo. Ni una sola vez dudó el toro, ni una sola vez hubo que porfiarle, ni andarle alrededor, Cuando se arrancaba, se arrancaba fuerte, franco, pero fuerte; estaba peligroso de bravo, sólo que Paco está peligroso de torero, ¡y qué torero, TORERAZO! Su faena fue de esas que dejan una honda huella en la mente, que se deleita uno recordándolas y que todavía se valorizan más a la distancia… Como los grandes trasteos fue de menos a más. Sabiendo que tenía el toro un lado izquierdo de maravilla, después de poner a los tendidos al rojo vivo de entusiasmo toreando con la derecha, vino lo insuperable, lo excelsos, con la mano de los toreros: naturales de ensueño. ¡Qué tersura en la muleta! ¡Qué limpieza en su ejecución! ¡Qué manera tan perfecta de medir la embestida, la distancia, llevarlo embebido en los vuelos y al final, dar ese muñecazo suave con que manda lejos y la muleta se extiende como un abanico y todo eso impregnado de una clase, de un sabor, que pocas veces se ve! … Cómo sería de grandiosa la faena, que el público, que ensordecía el ambiente con sus gritos de ¡TORERO, TORERO!, no reparó en los dos pinchazos entrando con fe que precedieron al estoconazo, y pidió los máximos galardones, y como únicamente hubo una oreja, lo desagravió, haciéndole dar SEIS vueltas al ruedo…

Por su parte, quien firmó como Juan de Dios, en el número de El Ruedo salido el 4 de abril de 1963, cuenta lo siguiente:

Alguien me insinuaba en voz baja – creo que era Enrique Vera – el título de la crónica de la corrida de la Oreja de Oro: «¡Olé por todo!» … El novillero Juan Anguiano me confiaba: «Yo jamás he visto torear así». El matador mejicano y secretario de la Unión de Matadores, Andrés Blando, se encontraba entusiasmado y hacía gestos de que lo que había sucedido en la arena era algo de locura… También Anselmo Liceaga se maravillaba de lo que había hecho el maestro de maestros, el «Coloso de Camas», el gran torero que es Paco Camino… Los tendidos eran un volcán de júbilo. Los espectadores se encontraban atónitos y habían enronquecido vitoreando una y otra vez, acompasando cada pase de Paco con e l ¡olé! clásico, rematado por el coro emocionante de estas latitudes «¡Torero, torero, torero!», que se prodiga cuando alguien concierta todos los matices del arte del toreo… El clamor no cesaba. Se lloraba. Se saltaba de entusiasmo en los grádenos. El público, en pie, hacía objeto de un homenaje sin precedentes al sevillano, que consumaba una de las gestas más brillantes que se puedan escribir sobre el ruedo… Decía Rodolfo Gaona, a raíz del triunfo de Paco con «Novato», que cuando se torea como en aquella ocasión todos los toros parecen buenos. De acuerdo. Pero esta vez el toro salió con muy mal estilo. Y Camino fue centrando en su capote al pupilo de Vargas, hasta que se declaró dueño y señor del ruedo con gracia, esencia y arte andaluces… Después, ¡olé por todo! Porque todo fue completo y perfecto. Desde su concepción hasta su remate. Las verónicas, las chicuelinas, los pases con la derecha, los naturales de tres tiempos, ejecutados en seis fases, como para levantarles un monumento, los pases de pecho... ¡Olé por todo! ¡Olé por esa maravilla torera! …

Aún le restaba, esa noche de miércoles, una actuación a Paco Camino en el Toreo de Cuatro Caminos, la del domingo 31, ante los seis berrendos aparejados de Santo Domingo. Esa es otra historia y sin duda, la más grande tarde que tuvo en la capital de México, hecho del que también están por cumplirse sesenta años.

Paco Camino escribiría nuevas historias triunfales en México, pero ya no en la capital. Lo haría principalmente en Querétaro y alternando con los toreros mexicanos de la generación que siguió a aquellos que lo recibieron en sus primeras visitas a nuestro país. Ya habrá tiempo de recordar esas otras grandes tardes.

domingo, 5 de marzo de 2023

3 de marzo de 1963: Alfredo Leal corta un rabo en El Toreo de Cuatro Caminos

Ya había apuntado por aquí, para más señas, el pasado 18 de diciembre, al rememorar la confirmación de alternativa de Mondeño, que el ciclo de festejos mayores 1962 – 63 se dio a plaza partida. La primera docena de festejos se celebró en la Plaza México, más que nada, creo, por las cuestiones que regulan el llamado derecho de apartado, que exigen precisamente ese número de tardes para sacarlo a la venta. Después de esa última corrida, verificada el 24 de febrero de 1963, con toros de La Laguna para Humberto Moro, Joselito Huerta y Curro Romero que confirmaba su alternativa, al domingo siguiente, la fiesta se trasladó a Naucalpan, al coso de Cuatro Caminos.

El elenco de toreros anunciado para el serial de siete fechas que se dieron entre el 3 de marzo y el 7 de abril de 1963 en El Toreo se formó con los mexicanos Manuel Capetillo, Juan Silveti, Joselito Huerta, Alfredo Leal, Antonio del Olivar, Luis Procuna, José Ramón Tirado, Víctor Huerta, y Morenito, los hispanos Paco Camino, El Viti, Joaquín Bernadó, Diego Puerta y Curro Romero, y el lusitano José Julio y en el renglón ganadero se presentaron encierros o toros sueltos de Coaxamalucan, Tequisquiapan, Mimiahuápam. Jesús Cabrera, Pastejé, Santo Domingo, Mariano Ramírez, La Laguna, La Punta, Torrecilla, Las Huertas, José Julián Llaguno, Reyes Huerta y Valparaíso.

En una nota aparecida en El Redondel del mismo día de la confirmación del Faraón de Camas, que ya he citado en parte, se adelantaba lo siguiente:

La empresa ofreció dar doce corridas, y la de hoy fue precisamente la duodécima, no prolongándose la temporada por incosteabilidad… Además de los toreros anunciados, se contrató a Luis Procuna, a Juan Silveti, a Jorge Aguilar, a José Ramón Tirado, a Joaquín Bernadó, a Curro Romero, que se presentó hoy… Así pues, con mejores perspectivas para la empresa, se pasa a la plaza El Toreo desde el próximo domingo, abriendo un derecho de apartado para un mínimo de seis corridas, que podrían ser muchas más y para las cuales se cuenta con todos los toreros que han actuado en la México con los cuatro triunfadores a la cabeza: Capetillo, Joselito Huerta, Paco Camino y Diego Puerta, para combinar carteles que satisfagan ampliamente a la afición… Tenemos noticias de que, dentro de ocho días, actuarán Paco Camino y Joselito Huerta, con un tercero, con lo que el lleno está previamente asegurado…

Y con la anticipación reglamentaria, como lo anticipó la nota de prensa del domingo anterior, efectivamente el cartel inaugural se formó con un encierro de don Jesús Cabrera para Alfredo Leal, Joselito Huerta y Paco Camino, quienes consiguieron un importante lleno en la plaza de Cuatro Caminos

La corrida inaugural del Toreo de Cuatro Caminos

La corrida fue accidentada. Los toros de Cabrera no tuvieron ese día el trapío suficiente para agradar a la concurrencia y fueron protestados de continuo y para más INRI, el tercero de la tarde, primero del lote de Paco Camino, llamado Tragabuches, se despitorró al estrellarse contra el estribo de la silla del picador en su primer viaje hacia los montados y fue devuelto y sustituido por otro de la misma ganadería, el que según la crónica de Ojo, con más edad al parecer, y bien puesto de cuerna... Ya había molestia por la poca presencia de los primeros dos toros, sin importar el tesón que puso Joselito Huerta para tratar de agradar a la parroquia.

La corrida siguió por el despeñadero. Quizás el momento crítico fue durante la lidia del cuarto, donde el ya citado don Alfonso de Icaza señala que el Juez de Plaza aguantó la bronca y mantuvo en el ruedo a otro toro carente de trapío y que El Príncipe del Toreo se empeñó en torearlo, por lo que a la mitad del trasteo la concurrencia, en son de chunga, comenzó a sacar pañuelos pidiéndole las orejas. 

Joselito Huerta tuvo momentos de lucimiento ante el quinto Curro Puya, luciendo con la capa y logrando sujetar a un toro que tendía a buscar el abrigo de los machihembrados tableros de Cuatro Caminos. En la labor de recoger y sujetar se le fue caminando el tiempo y la concurrencia de los tendidos empezó a impacientarse y las opiniones a dividirse. 

Paco Camino, tras de que el primero de su lote tuvo que ser sustituido, no las tuvo todas consigo. Pero le esperaban tardes mejores en los días siguientes y en ese mismo ruedo.

El séptimo de la tarde

Alfredo Leal anunció el regalo de un toro, sin que la crónica de Ojo precise el momento. El obsequio se llamó Carpintero, procedía de Pastejé y era de pelo negro. La actuación del Príncipe ante este toro fue descrita así por el invocado cronista de El Redondel:

Leal lo recoge con la capa y entre las verónicas que le propina tres que le resultan de recibo y le valen palmas… Una vara recargando, que dura eternidades y cambio de tercio a petición del donante… Cumplen los banderilleros y la plaza entera aplaude a Joselito Huerta, que anuncia a su vez que va a regalar un toro… Brinda Alfredo e inicia su faena con dos magníficos pases en el estribo. La continúa con otro de rodillas, también valentísimo y la sigue con dos magníficos derechazos, rematando con un soberbio pase de pecho. Ovación general… Alfredo se crece, se agiganta y liga muletazos superiores de toda superioridad, entre ovaciones y dianas continuas. Sus naturales, ligados a la perfección, tienen precioso remate con un pase de pecho que ni dibujado… Más naturales y otro de pecho monumental, para seguir con un adorno muy torero y varios derechazos estatuarios. Da un afarolado, sigue con uno de pecho y da unas manoletinas ceñidísimas que caldean aún más el ambiente. Entra a herir en derechura; se vuelca sobre el morrillo de la res y deja una estocada hasta el puño que sospechamos de defectuosa dirección a juzgar por la premura con que sus peones extraen el arma. El toro queda de todas maneras anonadado, pero no dobla, estallando la plaza de entusiasmo cuando se entrega, para que lo pare el puntillero; se amorcilla la res que por fin se entrega al punto de que miles de pañuelos flamean en los tendidos, pidiendo para Alfredo Leal los máximos honores, Le concede la autoridad las dos orejas y el rabo, pero el público protesta éste. Leal lo tira y da la vuelta al ruedo mostrando orgulloso los dos apéndices auriculares del bravo astado de Pastejé, a quien se conceden los honores del arrastre lento…

Como lo deja bien patente don Alfonso de Icaza, la concurrencia hizo a Leal tirar el rabo por considerar que la autoridad se excedió en la concesión del trofeo, pero para la estadística, fue el número 27 de los 36 allí concedidos. Joselito Huerta regalaría esa misma tarde otro toro de Pastejé, pero no tendría suerte con él.

Lo demás que traería esa temporada

Aunque se disputaría una Oreja de Oro que quedaría desierta, en el ciclo se tendrían tardes de gran calado con faenas como las de Diego Puerta a Limoncito y a Soñador de Valparaíso,  la de Santiago Martín El Viti a Marismeño de Tequisquiapan, o las Paco Camino a Catrín de Pastejé, toro de regalo la noche de la mencionada Oreja de Oro y días después las realizadas a los ya históricos berrendos de Santo Domingo.

También habría tardes aciagas, como la de Luis Procuna con Ojitos de Mimiahuápam, que se le fue vivo sin siquiera haber intentado tirarse a matar, o la de Curro Romero el siguiente domingo cuando armó la marimorena en sus dos toros e incluso fue multado por doblarse y encajar el estoque en los ijares del toro al rematar la suerte en su segundo. 

Esa fue la inauguración de una temporada de hace seis décadas, la que seguramente tendrá material para seguir contando aquí en las siguientes semanas.

domingo, 11 de marzo de 2012

Sevilla, 1953. Un esplendoroso abril para Jesús Córdoba


El Maestro Jesús Córdoba

La Feria de Abril sevillana del año 53 fue accidentada. Primero, porque la lluvia impidió que se celebrara conforme a lo originalmente planteado. De las seis corridas ofrecidas inicialmente, terminaron dándose solamente cinco y con varios cambios en el programa original. La feria descansaba en cuatro comparecencias de Antonio Ordóñez y completaban el elenco Jesús Córdoba, Rafael Ortega, Manolo Vázquez, Emilio Ortuño Jumillano, Jorge El Ranchero Aguilar, José María Martorell y Manuel Calero Calerito, todos ellos, originalmente a dos tardes cada uno.

El mal tiempo impidió iniciar los festejos el día 18 de abril, por lo que las tres primeras corridas se desplazaron en su fecha, arrancando el día 21 con la Corrida de la Cruz Roja, misma en la que Antonio Ordóñez fue herido de consideración y quedó imposibilitado para cumplir con los tres compromisos que le restaban en la feria. El mismo recorrido de fechas, hizo que la corrida de Clemente Tassara, originalmente anunciada para el 20 de abril y que lidiarían José María Martorell, Rafael Ortega y Jumillano, se suspendiera en definitiva y que varios carteles se reconfiguraran, quedando El Ranchero Aguilar solo con una de las tardes que tenía contratadas. 

Para sustituir al herido Antonio Ordóñez, el 22 de abril se programó al cordobés Manuel Calero; para el 24, a Jerónimo Pimentel y el 25 de abril, fue El Tesoro de la Isla quien cogió la sustitución. Por último, el 26 de abril, domingo, se cerró el serial con una novillada en la que destacan la presencia de Manolo Zerpa y el lusitano Paco Mendes. Luego siguiendo con las vicisitudes, el 22 de abril, la corrida se suspendió tras la lidia del tercero de la tarde, debido a la negativa de los toreros para continuar toreando por lo impracticable del ruedo a causa de la lluvia, razón por la cual el Teniente de Alcalde que presidía el festejo puso a disposición del gobierno civil – eufemismo para decir que mandó detener – a los toreros actuantes, que fueron multados. 
Anuncio de los carteles de la Feria de Abril de 1953 recompuestos
tras de las suspensiones debidas a las lluvias (ABC de Sevilla, 19/04/53)

Jesús Córdoba y la tarde de los Miuras

La presentación del Joven Maestro se produjo el día 24 de abril con la corrida de Miura – anunciada como la tradicional corrida de Miura – en la que formó cartel junto con Calerito y Jerónimo Pimentel. Para la anécdota, al festejo asistió el General Franco acompañado de su esposa y mi paisano Jesús Córdoba, le cortó una oreja al cuarto de la tarde. De la relación de Gil Gómez Bajuelo, publicada en el diario ABC de Sevilla al día siguiente del festejo, extraigo los siguientes recuerdos:

…Sus dos faenas de muleta fueron excelentes, siempre con el sello elegante. La primera, brindada al Caudillo. Muy derecho, corriendo la mano, acabando los pases. Girando muy bien en los naturales y preciosos de ejecución los redondos. Siempre erguida la figura, airoso el andar. Cuando el toro no pasaba, le obligó y le sacó unos estatuarios magníficos. La espada le quitó la oreja. Porque pinchó dos veces, no entrando muy bien. En cambio en la estocada entró superiormente y la logró en lo alto. Córdoba recibió un regalo del Caudillo y dio la vuelta al ruedo. La segunda faena, brindada al público, tuvo el mismo perfil de esencia torera. Y como la primera, arrullada por los alegres sones de la música. Volvió la suavidad y mando de los redondos, el aguante con los pies juntos en los bellísimos altos, barriendo despaciosamente los lomos, y el tirar de la res a un centímetro del pitón en los momentos de obstinada queda. Faena torera de los pies a la cabeza. Y esta vez, coronada con una estocada hasta la empuñadura, entrando decidido y saliendo trompicado en su preocupación de mirar sólo al morrillo y porque el toro se quedó quieto… Jesús Córdoba cortó la oreja, dio la vuelta al ruedo devolviendo sombreros, recibiendo ramos de flores y ordenando guardar la oreja… El mejicano es también de los que saben el calor de una oreja en Sevilla...

Al día siguiente, a hombros, tras un hecho inusitado

Apunte de Vicente Flores de una estocada
de Jesús Córdoba la tarde de los Miuras
(ABC de Sevilla, 25/04/53)
El día de San Marcos – 25 de abril –, Jesús Córdoba alternó con Rafael Ortega y Jumillano para matar una corrida originalmente anunciada de María Sánchez Cobaleda. Al final, solo se lidiaron cuatro de los originalmente anunciados y dos de Escudero Calvo como sobreros. En esa tarde se produciría en el festejo un hecho inusitado tanto en España, como en una plaza como la de la Real Maestranza sevillana, se lidió como regalo un séptimo de Benítez Cubero, regalo que a petición de los señores Maestrantes haría a la afición congregada en el Coso del Baratillo precisamente el diestro leonés Jesús Córdoba

Independientemente de lo que más adelante comentaré, recurriré de nueva cuenta a la relación hecha por  Gil Gómez Bajuelo del ABC de Sevilla, que en lo medular de su crónica, nos refiere:





Jesús Córdoba lidió el sobrero de la última corrida de Feria en el que obtuvo un triunfo saliendo a hombros 
Evidentemente, no se pueden hacer cestos sin mimbres. Esto ocurrió ayer en la última corrida de toros de nuestra renombrada Feria. Claro es que, con corridas de este corte, el renombre corre riesgo de esfumarse. Se lidiaron cuatro toros de Cobaleda, dos de Escudero y uno de Benítez Cubero, obsequio gentil del mejicano Jesús Córdoba... En esta corrida, el mejicano Jesús Córdoba confirmó plenamente sus excelentes aptitudes toreras. Deja en Sevilla un gran cartel de torero fino y enterado... La faena a su primero fue de calidad. El Cobaleda, aunque feo y con grandes defensas, era noble. Pero se fue apagando de tal modo que sólo un torero de los recursos del mejicano pudo obtenerle el máximo rendimiento. Había que citarle muy cerca, tirar de él, a una distancia inverosímil, y después llevarlo empapado en el viaje, con un temple ideal. Fue así como Córdoba aprovechó el poco gas que tenía el bruto. Tan al límite aprovechado que logró unos pases altos mayestáticos, unos redondos suavísimos y otro del mismo género, monumento de aguante, que hizo entrar en acción el metal de la banda. Todo ello muy cerca, muy torero, en una faena en la que hasta lo accesorio tuvo aire de elegancia. Alegrando al bicho, esculpió un pase alto soberano. La faena quedaba lograda. Unos pinchazos y media estocada no pudieron interponerse en la aprobación unánime a la gran faena de muleta. En el cuarto, de Escudero, no había nada que hacer. Lidiado entre constantes protestas del público y cayéndose con frecuencia. Córdoba, instigado por los espectadores, dio sólo unos pases, poquísimos, y con sólo dos pinchazos se echó el animal. Entonces Córdoba tuvo un gesto, que el público ovacionó calurosamente. Fue obsequiar a los espectadores con un séptimo toro, de Benítez Cubero. Lo brindó al respetable. Quiso la docilidad del enemigo que el mejicano cuajara una gran faena, con variedad de pases, bajo el signo unitario de un estilo personalísimo. Los pases altos, los ayudados por bajo, los derechazos, los naturales y el rodillazo afarolado. Todo con mando, suavidad y derechura. Faena oleada por el público y alegrada por la música. Una estocada en lo alto culminó la actuación feliz del mejicano, que dio a hombros la vuelta al ruedo, exhibiendo el trofeo triunfal de la oreja de su enemigo. Bonito final de una corrida que, había transcurrido sin grandes relieves y en la que Córdoba puso de vez en cuando la nota alegre de su reposado y elegante capote...

Y terminando su casi redonda actuación – la espada le restó ese aire de rotundidad –, se lo llevaron en hombros por la puerta de cuadrillas hasta salir de la plaza por la calle Iris, en una tradición sevillana que hoy se encuentra lamentablemente abandonada.

Otro apunte de Vicente Flores de la tarde del 25
de abril (ABC de Sevilla, 26/04/53)
Alguna vez tuve la ocasión de escuchar del Maestro Córdoba el recuerdo de esta tarde. Contaba que al estar preparando para la muerte a un débil segundo de su lote, le llamaron a acercarse a las tablas y lo hizo intrigado, con cierto recelo, pues pensó que quizás le sancionarían por ir a tomar muleta y espada y sin mayor trámite, salir a doblarse con el toro para buscar la igualada y tirarse a matar. 

Ya en tablas, es enterado de que el recado era otro, de parte de los señores Maestrantes, en el sentido de que el sobrero estaba a su disposición para que lo obsequiara, pues querían seguirle viendo. Allí refiere el Maestro, pidió que el representante de la Autoridad en el callejón interviniera, porque él sabía que solo se podía obsequiar el sobrero, excepcionalmente, en corridas de un solo matador. Allí le confirman que tiene la venia de la presidencia del festejo y de los maestrantes para obsequiar el toro si así lo desea. Cuenta el Maestro que la manera en la que se lo ofrecieron, le hizo sentir que era un desprecio el no hacerlo.

Al final, el obsequio del toro de Benítez Cubero ese día de San Marcos le permitió a Jesús Córdoba redondear una feria sevillana y destacar la firmeza del paso con la que llevaba y que le permitiría terminar la campaña con 35 corridas toreadas y entre los diez primeros del escalafón, según podemos ver en esta página del blog del Aula Taurina de Granada.

Mi homenaje

Faltan algunas semanas para llegar al aniversario de estos fastos, no obstante, el pasado miércoles el Maestro Córdoba cumplió 85 años de edad y llegó a ellos bien y de buenas. No se me ocurre mejor forma de rendirle homenaje – a los toreros se les debe recordar siempre por lo que hacen delante de los toros y nada más –, más que recordando estas dos grandes actuaciones suyas en los ruedos, que resultaron de las más importantes de ese abril y de esa temporada de 1953.

domingo, 27 de febrero de 2011

Reflexiones cuesta abajo...

Ya la temporada grande de la Plaza México va en su tranco de salida. Las corridas que reclaman la presencia de los del clavel o de la gente bonita (como Ustedes gusten llamarles) se terminaron y la empresa se dedica a cumplir contratos pendientes con toreros y ganaderos que poca o ninguna ocasión de triunfo tendrán y de llegar a cobrar el premiado, la escasa concurrencia a los tendidos y el desfase en la temporalidad en la que eso ocurrió, implicará que no genere rédito tangible para el que lo obtenga.

Otrora, la parte final de la temporada era el grand finale y esto no lo invento yo. Releyendo antiguas revistas, me encuentro con esto que publicó en La Lidia de México mi paisano don Luis de la Torre, El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada en abril de 1950, acerca de eso mismo:

…Se utilizaban cinco meses para el desarrollo de la temporada, cinco meses de persistente buen tiempo y suficientes para la verificación de veinte o más festejos en que se barajaban hábilmente los diestros contratados en número prudente, sin imposiciones sindicales o de compadrazgo y a los cuales se les daban las oportunidades necesarias según sus merecimientos. Aquellos que por su mediocridad o franco fracaso no garantizaban la satisfacción del público iban quedando descartados, cediendo el lugar a los triunfadores para llenar los últimos carteles, por ello los más destacados y atractivos; yendo las temporadas con esta acertada medida, siempre de menos a más, evitándose, hasta donde era posible, el decaimiento del entusiasmo en el público asistente…

Como decimos aquí, igualito que ahora… y en nada alivia el real petit finale que vivimos, el hecho de que se haya logrado el pasado domingo una aceptable entrada en torno a la única actuación en la temporada de Pablo Hermoso de Mendoza, combinado con la reaparición de un deslavazado Pana, que en cuanto vio al toro cuajado, confirmó aquello de que hay que saber irse a tiempo; así como tampoco lo remedia el hecho de que, sin visos de continuidad, se haya programado a uno de los dos únicos toreros que – como haya sido – abrieron el año pasado la Puerta Grande de la Plaza de Las Ventas. Por increíble que parezca, ni la administración de Juan Bautista, ni la empresa en cuestión capitalizaron ese hecho y lo relegaron a un intrascendente cierre de una intrascendente temporada.

Entonces, de nuevo serán pasto para el nostálgico comentario las grandes hazañas consumadas en torno al LXV aniversario del coso, aunque como lo señaló en su día Heriberto Murrieta, las mismas parecieran toreo de salón. Ya se va haciendo una lamentable costumbre ver a los principales toreros de un lado y otro del Atlántico, vistiendo ternos de la aguja, enfrentando chotadas indignas y para más INRI, desde su anuncio, procedentes de vacadas que proverbialmente se distinguen por el descastamiento y la falta de pujanza de sus productos.

Y lo peor de todo es que los públicos (no me doy la licencia de llamarles afición), se encantan con esas funambulescas combinaciones, en las que el resultado es de inicio altamente previsible, tanto en el ruedo, como en los tendidos, porque en estos, estarán personajes de la política, del espectáculo, del clero y alguno que otro escriba de cámara de los diestros actuantes; en tanto que en la arena, veremos una extraña combinación de chotos y utreros rodar por la arena a la más mínima provocación, dejando el campo libre a una lacra de este espectáculo, que en estas ya señaladas fechas ha cobrado carta de naturalidad: el torito de regalo.

Y es que el seguro del azar de la fiesta, así como otras cuestiones que le son consustanciales se  han perdido. Hoy, la mayoría de los que asisten a las plazas de toros, pretenden recibir a cambio de su entrada, un triunfo forzoso. Entonces, si los toreros no lo logran con el lote que la suerte les deparó, recurren al séptimo cajón en el que habrá algo que les servirá para obtener lo que la masa exige. No importa que la presencia de la sabandija sea peor que lo que salió en la lidia ordinaria, total, se aplica aquello de que a torillo regalado, no se le ve el trapío…

Como un principio de solución, yo propondría, como alguna vez lo dijo don Antonio, un compañero de la Facultad de mi padre, que los toros sobreros o de reserva, fueran de esos que nadie quiere, para que a la hora del regalito, el obsequioso se lo pensara dos o tres veces y de hacerlo, que el triunfo logrado, fuera serio y no como los de los últimos tiempos, que en realidad, mueven a risa.

En las condiciones actuales, se celebran festejos que duran cuatro horas y media, en los que los triunfos vienen con reses que por lo general, no pasaron el reconocimiento de las autoridades, ni fueron anunciadas para la lidia en los carteles, pero sí impuestas por el generoso diestro que lo lidia o por la atrabiliaria empresa, que entiende a la Autoridad de la Plaza como uno más de sus servidores y no como el guardián de los legítimos intereses de quienes pagaron por ver un espectáculo íntegro, no de utilería, no de toreo de salón…

Sobre esos obsequios, les invito a leer lo que comentan certeramente Antoñito Díaz en su bitácora Hasta el Rabo Todo es Toro, Luis Pla Ventura en el portal Opinión y Toros e incluso el inefable Zabalita en su bitácora del diario madrileño El Mundo. Los tres coinciden, cada uno desde su particular óptica, en lo ridículo y en lo patético que resultan tanto los regalitos, como los triunfos obtenidos con ellos.

¿Tiene remedio todo esto? Yo creo que sí, aunque es muy complicado. El problema reside, como en todos los lugares en los que la Fiesta es, en que en estos tiempos que corren, se considera políticamente incorrecta, entonces, el Estado no entrará de lleno a cumplir la parte que le corresponde, dejando en manos de grupos interesados el manejo de situaciones que con el ingrediente autoridad, tendrían una salida más pronta y justa.

Los ganaderos y los toreros también tienen que hacer su parte. Los criadores, enviando a las plazas animales de presencia más digna y cuando menos, con algunas gotitas más de raza de lo que nos tienen acostumbrados a ver, aún a pesar de los diestros, quienes a su vez, también tienen que admitir que no todo el toreo es la ejecución de verónicas de alhelí, que en su esencia, el toreo es poderle a los toros y que cuando son dificultosos, hay que darles su lidia, que puede ser tanto o más emotiva y lucida que la que es bonita.

Mientras eso no suceda, seguiremos viendo pantomimas como las de los últimos domingos, soportando cátedras plagadas de pedantesca erudición proclamadas por escribas de cámara y toreros que han perdido la elemental vergüenza que caracterizaba a tan nobles profesiones antaño y en el caso nuestro, algo tenemos que hacer, porque no hace tantos años, la Plaza México y muchas otras de este País se llenaban con mucha frecuencia y ahora, los llenos son esporádicos, el testigo de las hazañas de los toreros es el cemento y esto, entiendo, no se trata de eso.

Aldeanos