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domingo, 22 de marzo de 2015

21 de marzo de 1982: Mariano Ramos y Timbalero de Piedras Negras

Si algún día se hace algún recuento de las faenas más importantes que se han realizado en la historia de la Plaza México, sin duda alguna que entre las principales de éstas se contará la que el día de la primavera de 1982 realizó Mariano Ramos al toro Timbalero de Piedras Negras. No fue una faena que vaya a recordar por los momentos de sublimación artística que en ella se generaron, o por la cantidad de suertes que en la misma se realizaron, sino porque en su realización el torero dominó y después toreó al toro imponiéndose a las condiciones de éste.

El cartel de la octava corrida de la temporada 1982 de la Plaza México se formó con toros de Piedras Negras para Mariano Ramos, Christian Montcouquiol Nimeño II y Felipe González hijo, quien recibió la alternativa esa tarde, con la cesión del toro Tercia de Ases

El segundo toro de la tarde fue Timbalero. Daniel Medina de la Serna cuenta lo siguiente acerca del desarrollo de esa memorable tarde:
Mariano Ramos... se sacó la espina con creces cuando se enfrentó (8a) a “Timbalero” de Piedras Negras, al que le hizo la faena de la temporada, y aún de muchas temporadas; fue aquella una lidia (de lid, lucha, pelea) que nos tuvo al borde de los asientos y con el alma en los dientes, pues dicho astado era, más que bravo (en algún momento trató de saltar al callejón, un toro de mala leche que no permitía a su lidiador la menor vacilación; cualquier otro le hubiera largado tres trapazos y se lo hubiera quitado de enfrente a la mayor brevedad posible, pero el de La Viga, profesor numerario de geometría y trigonometría de la Universidad Taurómaca, se enfrentó bizarro al morito y le pudo. La narración que Alberto Bitar envió por teléfono a la redacción de “El Redondel” fue esta: 
“dos muy buenos doblones y una especie de trincherilla que gusta a la asamblea. Con la derecha y por abajo, a un animal de mucha fuerza y muy mal estilo, tres intentos de derechazos y un terrible estilo de Ramos. Procede como de él se espera, de un torero poderoso y le vemos tres formidables doblones, muy bien instrumentados, que le festejan todos, para que luego se diga hoy en día, que eso no se comprende. Se juega la vida, con la zurda y volvemos a ver al diestro poderoso que nos gustara en sus inicios... cuatro derechazos, que no hay tela para más, hacen vibrar a los tendidos... preciosos doblones rodilla en tierra y un abaniqueo de torero poderoso y el teléfono, jugándose la vida, ante un aullido en los tendidos. Casi todo el estoque, en sitio apenas desprendido, cayendo el toro a los pies de Ramos y pidiendo la gente una oreja que concede el juez. A fe nuestra que merecía las dos...”
Otra versión que nos recuerda esta gran faena es la de Guillermo Salas Alonso, que algo más de dos décadas después del suceso, lo recuerda de esta manera:
El artista de La Viga después de dos series de muletazos, al intentar torearle por abajo con la mano diestra, el astado piedrenegrino se le puso por delante. Segundos de incertidumbre, belleza, peligro y resplandor. Todavía no se explican ni aficionados, ni toreros, ni críticos, cómo pudo írsele de distancia, tras recorrer medio ruedo, sin hacerle daño... Todo mundo pensó lo inevitable: que lo “trincaría” y le lesionaría. No. A partir de ese momento el trasteo transcurrió en medio de una emoción que se marcaba con los aficionados al borde de sus asientos. Estremecidos. Oliendo la sangre y el peligro... Tras ello, el diestro se volvió el protagonista de esa escena; procedió dándole una tanda de poderosos doblones para después torearlo, sobre todo, con la mano izquierda, en el pase fundamental del toreo, o sea, el natural. Uno, otro. Y uno más, elaborándolos con ritmo y con cadencia. Siempre de menos a más. Los últimos pases de las dos series, con el toro entregado al mandato del poder humano, ya seguía el engaño dando la impresión de una docilidad que, indudablemente, no era un atributo marcado por el burel que crió Raúl González y González... Tanto fue el poder de Mariano Ramos, que concluyó la labor haciéndole a “Timbalero” el desplante del “teléfono”... Y el público en fervorosa comunión con el arte, el toro, el peligro y el torero... Habría más: la estocada que terminó con la vida del toro tlaxcalteca, mortal por necesidad, no hizo que el estado doblara, sino que cayó rodado como pelota, en fracasado intento de embestir a quien le está proporcionando la muerte. Morir queriendo coger a su matador. ¡Cuánta emoción! Una obra de torero para toreros. Pero... En la opinión del juez en turno, Pedro López Anaya, sólo fue merecedora de una oreja. Una placa recuerda aquella tarde...
En suma, una de las grandes obras cinceladas delante de un toro en la Plaza México. La pueden apreciar en el vídeo (pinchando aquí), comentada por el propio torero, veintitantos años después de haberla realizado, junto con el Licenciado Julio Téllez.

Edito: Después de que apareciera esta publicación, encontré la crónica aparecida el 22 de marzo de 1982 en el desaparecido diario capitalino Novedades, suscrita por el psiquiatra Enrique Guarner. De la misma, extraigo lo que sigue:
...Mariano ha dejado oscilar su cartel; sin embargo, esta temporada ha salido con cualquier encierro que le pongan y por ello merece nuestra admiración. La tarde de ayer Mariano Ramos volvió a ser el diestro que conocimos en sus inicios y logró imponerse a un pésimo astado de Piedras Negras, del que se llevó una justa oreja... El ganado. - La corrida en general dejó bastante que desear... En cuanto a trapío los dos primeros pasaban... Por ello solamente pudo lucir Mariano Ramos con el corrido en segundo lugar. No todos los toreros poseen la capacidad suficiente o el valor necesario para trastear esta clase de bichos... Mariano Ramos... buenas verónicas, pero donde el público le aplaude es en los lances a pies juntos, lo cual me parece decepcionante... En seguida el diestro de La Viga lleva al burel frente a Domingo López quien pica dos veces en lo alto. Los Kingston cubren banderillas haciéndolo adecuadamente Felipe, en tanto que Eduardo deja solo un palo... Ramos brinda a don Jesús Garduño, quien es Oficial Mayor del Departamento del Distrito. Comienza doblándose cerca de toriles y de pie instrumenta excelente pase cambiado. La primera serie de redondos se inicia bien, pero el toro lo busca en el cuarto y entonces Mariano pone rodilla en tierra y produce extraordinarios cambios al estilo de Vicente Pastor... El de La Viga toma la muleta con la izquierda y aguantando tarascadas pega algunos naturales mandones. Viene a continuación con cuatro pases en redondo con la derecha que son buenos en verdad. Claro que hay algún enmiende de repente, pero es que el burel no es de carril ni mucho menos. Termina Mariano Ramos su labor con muletazos de pitón a pitón y un desplante. Se tira a matar y cobra una buena estocada ligeramente delantera... Se pide la oreja que concede el ingeniero Pedro López Anaya, pero el público en forma absurda e intransigente pide otra. Mi opinión es que el Juez de Plaza estuvo en lo justo y que la faena valía ese apéndice. Aguardemos mayores hazañas para otorgar más trofeos. Lo que sí es criticable y debiera haberse multado, fue que el torero arrojara al suelo el premio, despreciando a las autoridades. Mariano a continuación dio dos merecidas vueltas al ruedo...
La apreciación de Guarner no coincide con las anteriores en cuanto a la premiación de la faena y nos deja más datos (la inmediatez respecto de los hechos le otorga ese valor añadido), acerca del desarrollo de la lidia. Creo que es un interesante complemento a lo expuesto originalmente en esta entrada.

Aclaración necesaria: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.


lunes, 29 de abril de 2013

Tal día como hoy: 1978. Molinero, un gran toro de Tequisquiapan


Para la antepenúltima corrida de la Feria, Mariano Ramos encabezaba un cartel que presentaba como atractivo adicional el hecho de que en el ruedo de la Plaza Monumental Aguascalientes se concedería una alternativa. El toricantano sería el capitalino Jesús Salazar, un torero que como su padrino de alternativa, era practicante del llamado deporte nacional, la charrería y durante la temporada novilleril anterior en la Plaza México, había mostrado un estilo sobrio y de poderío hacia los toros. La terna era completada por un diestro colombiano anunciado como as, Juan Gómez, desconocido para nuestra afición y que representaba una verdadera incógnita para todos. 

Pero la atención la cautivó desde el inicio el bien presentado encierro que envió para la ocasión don Fernando de la Mora Madaleno, que llenaba los corrales de la Monumental por su trapío. Entre todos, destacaba el número 378, negro de pinta y llamado Molinero por su criador. Varias fotografías del toro se publicaron en los diarios de los días anteriores de ese toro y de otros varios que formaron el lote, pasando a ser así el encierro de Tequisquiapan el mayor atractivo de la tarde.

La crónica de don Jesús Gómez Medina destaca entre otras cosas lo siguiente:

Molinero, ¡Qué gran toro de Tequisquiapan!... La séptima corrida de feria hubiera carecido de relieve y se habría señalado por su intrascendencia, si no se hubiese lidiado en ella ese tercer toro de Tequisquiapan... Se llamó “Molinero”, estuvo marcado con el número 378; un bicho negro, largo, enmorrillado, bien puesto de defensas. ¡Un toro – porque eso fue – de lucida presencia!... Y particularmente resultó bravo, embistiendo de principio a fin; aceptó dos puyazos fuertes, recargando; nobilísimo, de exquisito estilo – no llegó a tirar una cornada –; con un son, con un temple delicioso en su acometida. Era, en suma, un toro para una faena de consagración... Infortunadamente correspondió al debutante Juan Gómez, torero colombiano de raquítico arte y que, al parecer se encuentra fuera de forma; el cual con todo su valor y toda su voluntad en juego, de todas formas rayó muy por abajo de las condiciones singulares de “Molinero”. Tan solo de forma intermitente logró Gómez acoplar el ritmo de su toreo a la diáfana y sedeña embestida del de Tequisquiapan: producíase entonces un pase de mejores características que el reducido cónclave coreaba con entusiasmo; mas tornaban a continuación los desaciertos y flaquezas y la faena se frustraba. Y como “Molinero”, mientras tanto, proseguía embistiendo deliciosamente, surgieron los gritos de ¡toro!... ¡toro!, el colombiano requirió de dos pinchazos y una honda delantera para despenarlo y vino entonces el gran momento para don Fernando de la Mora; paseo lento en torno a la gran barrera para los despojos de “Molinero” y vuelta triunfal también para el escrupuloso ganadero queretano...

Respecto de la alternativa de Jesús Salazar y el juego en conjunto de los toros agrega:

Ha sido la de Jesús Salazar una alternativa más, la enésima de las que a últimas fechas se vienen otorgando. Y tan injustificada, tan inmerecida como todas ellas. Porque una alternativa no se da: se gana... De la actuación del flamante doctor tan solo cabría destacar un quite por ceñidas tapatías en el primero. Mariano Ramos hizo la cesión simbólica de trastos, acto que, sin embargo, no tuvo virtud suficiente para hacer de Salazar un verdadero matador de toros, pues lució muy poco al pasar de muleta a este enemigo y al sexto. Además, al de la alternativa lo pinchó repetidas veces... Nota final... El encierro de Tequisquiapan, mejor presentado y con más respeto que varios de los lidiados en anteriores festejos. Y un toro estupendo: "Molinero"; y otro también bueno el berrendo de Mariano Ramos. Además, todos pelearon con bravura con los montados...

Así fue el desenlace de una tarde en la que el protagonismo corrió totalmente a cuenta de los toros lidiados. 

El festejo de hoy: Reses de Begoña para Juan Pablo Sánchez, Arturo Saldívar y Diego Silveti.

domingo, 7 de octubre de 2012

Mariano Ramos. Torero


Es mi palabra escritura y es mi lema la bravura,
soy de mi tierra el que guarda la tradición y el honor.
Soy el charro mexicano, noble, valiente y leal…


La primera actividad de Mariano Ramos en un redondel fue relacionada con la charrería. Él y su familia eran charros mexicanos, de esos de los que Jorge Negrete cantaba que eran nobles, valientes y leales… y que según el mismo cantar, vestían trajes alamarados con botonadura de oro y espuelas de Amozoc… En ese ambiente de la charrería es seguro que aprendió el manejo del ganado y también pudo relacionarse con otro torero que al igual que él, primero aprendió a florear la reata, a hacer manganas a pie y a caballo y a ejecutar todas esas suertes, que al decir de Alameda, de ser utilidad – para el manejo del ganado en el campo, en este caso –, se volvieron juego. Me refiero a Joselito Huerta, figura en los ruedos del toreo y también en los del aquí llamado deporte nacional.

Considero que esa proximidad con El León de Tetela facilitó a Mariano Ramos el acercarse al ganadero Agustín Chávez Magallón, titular del hierro de Ibarra – y suegro de Huerta –, en donde aprende el toreo enfrentándose a una gran cantidad de vacas de retienta. Ante esa clase de ganado, evidentemente, la tauromaquia que desarrollará será sobria, dominadora y de un gran entendimiento de las condiciones de los toros; lo accesorio tendrá poco espacio o ninguno en su andar por los ruedos.

Esa formación la va a completar en el rastro – matadero – que había en Ferrería en la Ciudad de México, al que fueron a parar casi todas las vacas de la ganadería de La Punta, cuando sus potreros tuvieron que ser evacuados a causa de una reforma agraria mal aplicada y entendida a principios de la década de los setenta del pasado siglo. Allí se relaciona con el inefable Rafael Herrerías, quien tenía alguna función administrativa en el lugar y es precisamente con Mariano Ramos con quien comienza a frecuentar los callejones de las plazas y a introducirse en el taurineo.

Su presentación como novillero fue el 21 de febrero de 1970 y llega a la Plaza México el 25 de julio del año siguiente, alternando con los hidrocálidos Arturo Magaña y Mauricio Lavat. Esa tarde corta la oreja de Auditor el sexto de los de la Viuda de Emilio Fernández corridos ese domingo. La temporada de 1971 en la capital mexicana constaría de veintidós festejos y tuvo también como atractivos a Luis Procuna hijo, Rafael Gil Rafaelillo, José Antonio Gaona y Curro Leal. Mariano toreó nueve novilladas en el ciclo, cortó siete orejas y se llevó el Estoque de Plata en el festejo de triunfadores celebrado el día 31 de octubre, tras cortar las dos orejas de Agricultor de La Laguna.

En Aguascalientes le vimos por primera vez el día 10 de octubre de ese 1971. Don Guillermo González Muñoz le anunció con un encierro de don Ezequiel Gutiérrez, de origen Parladé vía La Punta y Matancillas, que enfrentaría alternando con Arturo Magaña y Luis Procuna hijo. La tarde fue lluviosa y la asistencia al coso de la calle de la Democracia escasa, pero lo visto allí nos dejó claro que estábamos enfrente de un torero de esos que surgen muy de cuando en cuando. Así le vio Everardo Brand Partida, en esos días, encargado de la información taurina en el diario El Sol del Centro:
   
Magaña, Ramos y Procuna, orejeados… No pudo ser más satisfactorio el resultado – en el aspecto artístico – de la primera novillada de la temporada 1971 – 72 que se dio ayer en el Coso San Marcos en cuyo ruedo cosecharon sendos triunfos el hidrocálido Arturo Magaña, Luis Procuna hijo y Mariano Ramos quienes desorejaron a los corridos en primero, sexto y séptimo lugar, respectivamente... el tendido cálido registró una entrada bastante aceptable y en sombra, los aficionados, los auténticos taurinos, dieron fe de los triunfos de Magaña, Ramos y Procuna que se las vieron con un encierro de don Ezequiel Gutiérrez, bravo en términos generales, peleando bien con los de a caballo y permitiendo el lucimiento de los espadas, quienes fueron paseados en hombros de los eufóricos aficionados al término de la novillada... UN TORERO DIFERENTE, CON MUCHO MANDO Y CLASE ES MARIANO RAMOS... Mucho se había dicho del muchacho, que se reveló en la actual temporada chica capitalina y ayer justificó ante el público de Aguascalientes, el por qué llegó a esta plaza precedido de tales triunfos... En efecto, Mariano Ramos, pese a su corta edad y al poco tiempo que tiene en las filas de la novillería mexicana, demostró que es un torero diferente, muy poderoso, con mucho mando, y si bien los dos primeros adversarios – en la lidia ordinaria – no le dieron margen para el éxito, con el séptimo, de regalo, armó la escandalera... El novillo no era propiamente una “perita en dulce” ya que llegó al tercio final reservón y desarrollando sentido, pero Mariano, con ese valor y ese poderío muleteril, fue mostrando el camino a seguir al astado, exponiendo enormidades y haciendo el toreo de verdad, sin ventajas y sin adelantar en lo absoluto el engaño... Mariano daba la impresión de un torero español, que jamás cita adelantando el engaño, empero sin torear exclusivamente con la muñeca, en sí, que aguantaba a pies juntos la embestida del burel, al que luego llevaba bien acompañado trazando con su muleta la dimensión del pase, surgiendo una faena que mantuvo al público de pie y entregado plenamente a la clase y torerismo de Ramos, que finalizó con tres cuartos en buen sitio, para que doblara el séptimo y último de la tarde, y con ello el triunfo del muchacho, que recibió la oreja de su enemigo... Los tres espadas fueron paseados en hombros de los aficionados, a esas alturas eufóricos, por el resultado de este primer festejo de la temporada 1971 – 72, que se inició con el mejor de los éxitos...
Como podemos deducir de lo reseñado, desde sus inicios, Mariano Ramos fue fiel a una manera de hacer el toreo, que era la de poderle a los toros, dominarlos y así hacerles el toreo. Como decía hace unos párrafos, lo accesorio no le venía; pareciera que no lo necesitaba para expresarse en el ruedo, pues esa tauromaquia en cierto modo parca pero efectiva le hacía llegar a los tendidos y encontrarse en el ánimo de la afición.

Mariano Ramos
Recibió la alternativa en Irapuato, el 20 de noviembre de ese mismo año de 1971, de manos de Manolo Martínez, que le cedió al toro Campanero de Santacilia, en presencia de Francisco Rivera Paquirri. Confirmaría en la Plaza México el 5 de diciembre siguiente, con el mismo padrino, pero con Antonio Lomelín de testigo y el toro de la ceremonia fue Antequerano de Tequisquiapan. Su confirmación en Las Ventas se celebró el 18 de mayo de 1974, cuando Curro Romero le cedió al toro Fusilillo de Baltasar Ibán, nuevamente en presencia de Paquirri.

Su historia en la Plaza México está marcada por tres grandes faenas. La primera es la del toro Abarrotero de José Julián Llaguno, al que indultó el 6 de enero de 1974, cuando alternaba con Manolo Martínez y Manzanares padre; la segunda, el 9 de febrero de 1975, cuando alternando con Manolo Cortés y Curro Rivera, cortó el rabo a Azucarero de Tequisquiapan y la que quizás se estime como su más grande obra en ese ruedo y una de las faenas más destacadas de la historia de esa plaza de toros, la que realizara el 21 de marzo de 1982 al toro Timbalero de Piedras Negras, al que, con saldo de una sola oreja, realizó una faena en la que exclusivamente lidiando – entendida esa lidia como lid, dice Daniel Medina de la Serna – dominó a un toro de esos que se diría en términos comunes que no sirven, pero que al torero – charro le fue útil para escalar lo que quizás fue la cumbre de su paso por los ruedos.

En Aguascalientes, el 2 de mayo de 1993 realiza una de las faenas más importantes realizadas en la historia de la Plaza Monumental al toro Tocayo de Javier Garfias, el que es indultado – un indulto serio y merecido – en lo que quizás constituye también uno de los momentos más altos de su historia en su paso por las plazas de nuestra ciudad.

Conchita Cintrón escribió acerca de Mariano:

Hace años hubo una tarde histórica, en Sevilla, en la cual realizó Mariano Ramos una faena cumbre… Yo tengo dos horas disponibles para describir lo que realizó y no me es posible hacerlo… pues la expresión artística, cuando se revela en toda su plenitud, es tan rica en matices como difícil de analizar… Todo arte se resume en belleza, aunque no todo lo bello se considera arte. El arte, diría yo, nace del propósito de expresar belleza; de la necesidad imperiosa de comunicar un mundo interior, incompatible con las limitaciones impuestas con lo mortal… Por existir belleza sin arte puede haber interpretaciones con momentos hermosos que no llegan a ser expresión artística. Son actuaciones superficiales que, en los toros, incitan al aplauso entusiasmado del aficionado popular que grita, gesticula, y se preocupa muchísimo por la actitud de la presidencia… pero en cambio, a su lado, nunca faltará gente más exigente (¿o será más sensible?) totalmente al margen de la algarabía del tendido. Son personas que esperan algo más profundo de los toros… Aguardan ese momento que nos ofreció ahora Mariano Ramos; ese momento sublime en que el artista de elección, expresando una emoción que le rebasa el alma, le revela en el espectáculo grandioso el encuentro del hombre con la eternidad…
Antier dejó esta tierra Mariano Ramos, un torero que siguiendo el cantar de Jorge Negrete, fue ejemplo sin reproche o desdoro, de la noble tradición…,  de los hombres de a caballo de este país, pero también de aquellos que vestidos de seda y oro, de su tierra guardan la tradición y el honor… Creo que el juicio que hará la historia de su trayectoria será favorable, porque si algo siempre le distinguió, fue su honradez en el ruedo. Descanse en paz.

Aclaración pertinente: Los resaltados en los textos transcritos, son imputables exclusivamente a este amanuense.

domingo, 13 de mayo de 2012

Tal día como hoy. 1984: Campo Alegre, Mariano Ramos y César Pastor


Entre el final de las décadas de los setenta y los ochenta, la ganadería que en su día fuera la de don Alfredo Ochoa Ponce de León gozó de gran predicamento entre la torería mexicana. Eran toros que en esos días mantenían el justo equilibrio entre bravura y nobleza, dando lustre a una saga ganadera que comprendía en esos tiempos a su hermanos don Jesús con el hierro de El Romeral, don Fernando con el de El Junco y doña Mercedes con el de Viuda de Emilio Fernández, todos asentados en el Estado de Michoacán y que facilitaron el afincamiento de la fiesta en esa región de nuestro país.

Para el festejo que es motivo de esta remembranza, ocho fueron los toros que apartó para el festejo que daba cierre a la vertiente taurina de nuestra Feria y en la que comparecían dos toreros que gozaban de notoriedad en el medio nacional, como es el caso de Mariano Ramos y César Pastor, en tanto que cerraban la cuarteta Jorge Carreño y un diestro hidrocálido, Arturo Magaña, quien, ante la escasez de oportunidades en su tierra, se marchó a Sudamérica, luchó por allá hasta que consiguió que Antoñete le diera la alternativa en Isla Margarita, Venezuela, el 17 de diciembre de 1978, en presencia de Carlos Rodríguez El Mito, cediéndole el toro Chamicero de Bellavista

El buen encierro de Campo Alegre

La crónica de don Jesús Gómez Medina dice sobre los toros de Campo Alegre lo siguiente:

Magnífico encierro de Campo Alegre. – La ganadería michoacana de Campo Alegre, de la que es propietario don Alfredo Ochoa, reapareció – ¿o acaso fue debut? – en Aguascalientes, con muy plausibles resultados. Los ochos bureles lidiados, en efecto, tuvieron presencia, trapío. Algunos destacaron en este capítulo como “Bordador”, el hermoso berrendo que abrió plaza y los dos de pelaje castaño, “Cumplido” y “Amapolo” respectivamente... Esto en cuanto al aspecto; que por lo que hace a la bravura y condiciones para la lidia, se impone reconocer que, en general, los de Campo Alegre cumplieron con creces; algunos en forma excelente como los dos castaños y “Rebollo”, el cuarto. En suma; que el ganadero puede estar satisfecho de su encierro. Sus pupilos dejaron bien plantados los colores de su divisa en la Plaza Monumental Aguascalientes...

Los toreros

Mariano Ramos cortó una oreja al quinto de la tarde y César Pastor las dos al séptimo. Lo que destaca don Jesús a ese respecto, es lo siguiente:

Mariano, que nada había logrado de relieve en el primer tercio, muleta en mano llevó a cabo un trasteo casi exclusivamente derechista, integrado por series breves, pero bien estructuradas, aprovechando cabalmente el buen estilo de “Cumplido” cuya fortaleza decrecía a ojos vistas. Por ello su matador terminó llevándolo toreado con el engaño a media altura, para ayudar al astado, al que despenó con media estocada ligeramente caída. Ovación, oreja y vuelta al ruedo... A la postre el triunfador del festejo lo fue César Pastor, que hizo suyas las dos orejas de “Amapolo”, el bravo castaño que apareció en séptimo lugar. De salida, el toro, codicioso; remató en tablas, luego Pastor lo toreó gallardamente por verónicas y remató con una revolera, entre aplausos... De largo acometió “Amapolo” sobre el caballo, sobre el que recargó codiciosa y reiteradamente. Y tres pares de banderillas, tres, colgó César Pastor, sin excesivo lucimiento... Por el contrario, sí lo obtuvo al torear de muleta; desde el pase en el estribo inicial, al que siguieron varios por alto, muy quietos y el toreo en redondo sobre la diestra en varias series, superándose siempre en ligazón y ajuste, en la quietud y en la brillantez con que eran ejecutados los muletazos. Aún añadió el toreo por naturales; nuevos derechazos, los pases de adorno y, por último, lo mejor; la estocada, el estoconazo haciendo el viaje con rectitud, echándose lentamente sobre el morrillo y sepultando el acero en lo alto... Fue esta, tal vez, la mejor estocada de la feria y por sí sola explicaba la exigencia popular para que César Pastor fuese galardonado con las dos orejas de “Amapolo”, amén de la consiguiente vuelta al ruedo...

Jorge Carreño se exhibió sin sitio y dejando en el cronista la duda acerca de sus condiciones para ser torero y en cuanto a Arturo Magaña, consigna su voluntad de agradar ante el lote menos potable del encierro, siendo premiado con la vuelta al ruedo tras de la muerte del segundo de la tarde.

El festejo de hoy. 15ª y última corrida de feria: 8 de Celia Barbabosa para Rafael Ortega, Víctor Puerto, Antonio García El Chihuahua y Antonio Romero.

domingo, 10 de julio de 2011

Torería (I)

11 de enero de 1981, Plaza México, tarde de la confirmación de alternativa de Pepe Luis Vargas

Esta es una de las corridas de las que tengo recuerdos muy claros. Fue la inauguración de la temporada 1981, en la que el Dr. Alfonso Gaona celebraba sus 40 años como empresario, la ganadería de Piedras Negras reaparecía en la gran plaza después de 11 años justos de ausencia, tras de resolver en alguna medida los problemas derivados de una reforma agraria mal encauzada y de la falta de fuerza que mostraron sus toros en las últimas tardes que fueron a ese ruedo y Curro Rivera realizaba lo que se dio en llamar por esos días una gesta, intentando remontar un bache que su trayectoria guardaba ante la afición de la capital mexicana desde la temporada anterior.

La última corrida que Piedras Negras había lidiado en la Plaza México antes de la que ahora les comento, fue la del 11 de enero de 1970, para Ángel Teruel y Curro Rivera, mano a mano. Esa tarde solamente Curro Rivera le cortó una oreja a Zalamero, segundo de la tarde y después de ello los toros de don Raúl González y González no volvieron a la llamada primera plaza de América, sino hasta el día que es motivo de este comentario.

El cartel de toreros era completado por el que es quizás el torero mexicano más poderoso de la segunda mitad del Siglo XX, Mariano Ramos, que cerca de cumplir una década como matador de toros, estaba a punto de llegar a la cúspide de su andar por los ruedos y un joven torero de Écija, que venía precedido de los mejores augurios y que con el andar del tiempo, terminaría ignorado por las empresas y además, como remate la fatalidad se cruzaría en su camino: Pepe Luis Vargas.

El encierro de Piedras Negras fue justo en su presencia, pero ajustado al tipo de la ganadería. Algunos de los toros acusaron todavía cierta propensión a perder las manos, pero en el conjunto, la corrida mostró el comportamiento del toro bravo, del que tiene mucho para toreársele y que cuando el torero se pone en el terreno y la distancia adecuados, puede hacerle cosas, puede torearle, no solamente dejarle pasar, citándole con la muleta retrasada y esperando que el bobalicón prácticamente siga una trayectoria preconcebida.

Pepe Luis Vargas confirmó con el toro Estanciero, del que aún recuerdo el quite por las afueras que le realizó en el primer tercio, su limpísimo toreo al natural y la manera tan pura y efectiva con la que ejecutó la suerte de matar, en la que el toro vendió cara su muerte. Voy a recurrir a la crónica aparecida en el diario El Informador de Guadalajara, pues no conservo notas propias de la corrida y la memoria elude el detalle. La relación invocada, refiere así su actuación con ese toro, del que obtuvo la oreja, la primera de la temporada:

Curro cede la muerte del primero al sevillano José Luis Vargas, un jovencillo con hechuras que se granjea simpatías con el capotillo al recibir a “Estanciero”. Tiene ideas el chaval, pisa bien en el ruedo y no le faltan cadencia ni valor. Entre sus muletazos al primero, sobresalen cuatro naturales sabrosos. No hay mucho paño de donde cortar, y el burel mete peligrosamente el pitón derecho. Se perfila clásicamente José Luis y mete el estoque en el hoyo de las agujas. Una gran estocada, de efectos escenográficos bien aprovechados por el joven misacantano. La borla es para un auténtico matador de toros; un señor de la suerte suprema. Merecida oreja, vuelta al ruedo.

Sobre el quite por las afueras, Nelson Arreaza escribe lo siguiente:

“El Quite por las Afueras” fue el tercer quite creado por el maestro tapatío Pepe Ortiz. Fue ejecutado por primera vez el 27 de enero de 1929 al toro “Duquesito”, de “La Laguna” en la plaza “El Toreo”, de La Condesa de la capital mexicana. Se ejecuta caminando, dándole el perfil al toro y pasándoselo por la espalda. Antiguamente, como su nombre lo indica, se daba al “quitar” al toro del caballo, y se realizaba de los tercios a los medios, es decir, “de dentro hacia fuera”, pero ahora es más común verlo realizar de los medios hacia los tercios para “poner” en suerte al toro. Algo muy importante: en esta suerte no se gira, sino siempre el torero camina hacia delante, alternando la salida del toro por la espalda. Algunos cronistas llaman a este lance “chicuelinas andantes” o chicuelinas al paso”, expresiones no acertadas, pero que resulta lo bastante gráfica para entender esta suerte, pues se le asemeja mucho.

Mariano Ramos por su parte, cortó la oreja de Don Fulano, tercero de la tarde, tras una faena en la que se tuvo que imponer al toro, primero dominándolo y después procurando el lucimiento. El relato del cronista anónimo de la agencia AEE es de la siguiente guisa:

Parece faltarle una vara a "Don Fulano". La muleta marianesca la sustituiría con el aliño de una lidia caminándole hacia los medios, imperativo y seco. Luego alterna las series de derechazos mandones, enérgicos, fuertes y lentos, con algunos naturales de corte clásico. La faena tiene cohesión y liga, arquitectura; y dos ayudados por abajo, tres pases de pitón a pitón, abaniqueo y el desplante severo y audaz del teléfono. Buena serie sin interrupción ni enmienda. Pincha levemente y clava el estoque fulminando. Ovación y oreja, con vuelta.

Y Curro Rivera. El hijo de Fermín el de San Luis había salido con malas cuentas con la afición de la Ciudad de México la temporada anterior, así que volvía a tratar de recuperar el sitio que le correspondía, imprimiendo un aire distinto a su toreo, dejando atrás ese aire que en sus inicios supuso una renovación a algunas formas, para presentar una imagen más propia del asentamiento que genera la madurez en los toreros. 

Él mismo, obtuvo uno de sus más grandes triunfos en la Plaza México con un piedrenegrino, fue el 20 de abril de 1969, en la corrida del Estoque de Oro, cuando le cortó el rabo a Soy de Seda de la emblemática divisa roja y negra y en esta oportunidad intentaba rehacerse ante toros de la misma ganadería.

El primero de su lote fue nombrado por don Raúl González precisamente Soy de Seda, pero en esta ocasión le sucedió lo que a todas las segundas partes y el torero nunca se confió, por lo que fue abroncado. El resarcimiento vino con Rondinero, segundo de su lote, refiriendo el cronista lo siguiente:

Con el cuarto, “Rondinero”, se saca la espina. No obstante las frecuentes caídas, el burel tiene embestida suave, y Curro logra, en terreno de toriles, varias series de derechazos sedeños, interminables y majestuosos. La faena de Rivera, hoy, apunta al inicio de un nuevo período en su carrera. Ha cambiado el chaval de ayer. Está maduro, con calidad nueva, y da a sus pases en redondo una suavidad silveriana, con un corte recogido y recoleto. Más cerca, más puro, más entregado con el capote y con la muleta, Curro es otro. Mata con certera estocada de efectos inmediatos, y con la oreja en la mano diestra recorre el anillo...

La Plaza México se llenó para ver a los toros de Piedras Negras y los toreros ante ellos exhibieron un valor que hoy en día es bien escaso en los ruedos: la torería. No se concretaron a esperar al toro de entra y sal, sino que adaptándose a sus condiciones y aprovechando sus particulares circunstancias, les realizaron las faenas que cada uno pedía y sin aspavientos o gesticulaciones inútiles, los toreros en lo suyo. Por ello los que llenamos la plaza salimos satisfechos y convencidos de que Curro Rivera, Mariano Ramos y Pepe Luis Vargas se comportaron en el ruedo con una especial torería, lo que hizo que esa tarde, la del 11 de enero de 1981, fuera diferente y digna de ser recordada por mucho tiempo.

Por eso es que, sin ser la efeméride del día, traigo al recuerdo esta corrida, porque puede ser que haya visto tardes en las que se hayan cortado más apéndices o en las que hayan sucedido hechos que destaquen más en los libros de historia por alguna razón, pero en mi opinión, la torería desplegada ese día, en el ejercicio de tres tauromaquias distintas le concede a mi parecer, un lugar distinto a esta y por eso tengo el gusto de recordárselas.
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