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jueves, 2 de mayo de 2013

Tal día como hoy: 1981. Fermín Armillita se impone a toros y viento


La sexta corrida de la Feria de San Marcos de 1981 era promisoria en el papel. Toros de Xajay, una de las ganaderías principales de este país para Manolo Martínez, Antonio Lomelín y Fermín Espinosa Armillita. El seguro azar del toreo proclamado por José Alameda se hizo presente en la Plaza Monumental Aguascalientes y cuando todo estaba dispuesto para que la afición local y nuestros visitantes disfrutaran de una gran tarde de toros, resultaría que esta se volvió inolvidable, más no por las proezas de los hombres vestidos de seda y alamares, sino por todo lo contrario.

Se atribuye a don Antonio Llaguno la expresión aquella de que los toros no tienen palabra de honor, para dejar claro que independientemente de todo el cuidado y empeño que haya puesto el ganadero en su crianza y selección, a la hora de saltar al ruedo, serán los toros quienes determinen su circunstancia y no el proceso anterior a su aparición en el ruedo. En función de ese seguro azar, la corrida enviada por el Arquitecto Juan Sordo Madaleno para la ocasión fue de aquellas que el criador prefiere olvidar y los toreros desean no haber contratado. Y si a todo esto sumamos el ventarrón que se soltó toda la tarde, al final todo estaba dispuesto para el fracaso.

Así nos lo cuenta don Jesús Gómez Medina:

Los toros (¿) de Xajay frustraron la corrida. Tan solo Fermín Espinosa se hizo aplaudir; Manolo, apático. Intempestivamente Eolo abandonó su palacio de broncíneas murallas, donde la existencia, para él, transcurre plácidamente entre banquetes, músicas y diversiones mil, en la dulce compañía de su amada esposa Enareta, madre venturosa de seis hijos y de otras tantas hermosísimas hijas; y alejándose de las islas eolias, su morada desde hace milenios, encaminó sus alados pasos hacia Aguascalientes... ¡Y los paganos de tal ocurrencia, fuimos los aficionados!... Pues en efecto, las constantes y agresivas manifestaciones de la presencia de Eolo se convirtieron en la causa primera del fracaso de la corrida. A ella sumóse luego la inaudita mansedumbre de los bureles de Xajay y la desaprensión de impotencia de los espadas; todo lo cual desembocó en una tarde de toros – ¿de toros? – que será histórica por lo accidentada, por lo absurda, por lo catastrófico de su desarrollo y desenlace... ¿Cómo es concebible que en una plaza considerada como de primera entre las de provincia y en una feria reputada como la número uno entre todas las de México, no se cuente con una pareja de cabestros y se destine a toro de reserva un burel cuyo tipo parecía sacado de las pinturas rupestres de Altamira o de los dibujos de Antonio Carnicero, pero que ni de lejos, aunque lo haya sido, tenía el aspecto de ser toro de casta? Sin contar con que además ese bicho ya tenía largos meses en los corrales... En fin: toda esa serie de causas desembocó y produjo la que ha sido, indudablemente, la peor corrida de feria de muchísimos años a esta parte, dejando en los millares de espectadores que de nueva cuenta atiborraron el graderío, un sabor de frustración y desencanto, sí no, un dejo de profunda irritación...

Como lo señala don Jesús al principio de su recuento, solamente Fermín Armillita logró ser ovacionado por su actuación, retirándose entre sendas broncas tanto Manolo Martínez como Antonio Lomelín.

Al final del festejo, los toreros declararían lo siguiente a Everardo Brand Partida, del mismo diario El Sol del Centro:

Manolo Martínez: “Quisiera que las cosas hubieran rodado de otra manera, ya te había comentado en mi tarde anterior que hoy venía por el triunfo grande. Pero, ¿cómo se puede triunfar con estas reses y este aire? Desgraciadamente los dos toros llegaron parados, con media embestida y desarrollando un sentido bárbaro, que difícilmente podría confiarse en ellos, y el resultado ya lo ves, al traste con la corrida. Puedes señalar en tu columna y en forma directa a este público tan bueno de Aguascalientes, que me siendo endeudado con él... ¡y pronto saldaré esa cuenta!” Antonio Lomelín: “Con una bueyada como ésta nada se puede hacer y extrañamente el público no vio los toros, su sosería y su mansedumbre, nunca reparó en el esfuerzo del torero, que hicimos, y digo yo, a nombre de Manolo y Fermín, todo lo posible por salvar la tarde en la que yo quería reafirmar el triunfo que estuvo conmigo en la primera de la feria. Desgraciadamente tengo que irme rápido, ya que mañana toreo en Chiapas... pero pronto estaremos de nuevo aquí, y ojalá nos vaya mejor”. Fermín Espinosa: “Resulta increíble que don Juan Sordo Madaleno, propietario de Xajay mande reses como éstas a una feria de tanta importancia como es la de San Marcos. Todo desgraciadamente, me ha caminado a la inversa en este año, porque deseos de armarla los tengo especialmente aquí, pero contra tantas circunstancias adversas, no se puede luchar

Creo que no hace falta más explicación.

El festejo de hoy: Reses de Fernando de la Mora para Uriel Moreno El Zapata, Arturo Macías y Joselito Adame.

viernes, 22 de mayo de 2009

A propósito de San Isidro. Hoy hace 38 años de la presentación y triunfo de San Miguel de Mimiahuápam en Las Ventas


No me queda duda alguna de que don Luis Barroso Barona es el ganadero mexicano más importante de la segunda mitad del Siglo XX, segunda mitad que cubre completa con sus éxitos, pues es en el año de 1948, que asume la responsabilidad de ser criador de toros de lidia junto con su primo, Luis Javier Barroso Chávez, al adquirir el hierro y la divisa de lo que fuera la vacada de Torreón de Cañas, fundada por don Rafael Gurza, con simiente de San Mateo y Torrecilla.

A los ganados adquiridos a Rafael Gurza, se agregan los de Pastejé en el año de 1949 y aunque las ganaderías se llevan por separado, en la actualidad, al revisar la genealogía de diversos toros padres de San Miguel de Mimiahuápam en la actualidad, se reflejan en sus antecedentes la presencia de un toro del Conde de la Corte que padreó en Pastejé en la década de los cuarenta, lo que deja en claro que los primos Barroso Barona – Barroso Chávez hicieron cruzas entre los ganados de ambas vacadas con la finalidad de mejorar los hatos de ambas.

En 1953 se deshizo la sociedad y Luis Barroso Barona conservó el hierro coloquialmente conocido como Mimiahuápam, en tanto que Luis Javier Chacho Barroso formó el nuevo de Las Huertas, cediendo al torero mexicano Carlos Arruza el de Pastejé, de base primordialmente murubeña y del cual se había desprendido unos años antes el de El Rocío, formado por don Manuel Buch y Escandón, hoy en el centro de la controversia con su nuevo propietario, don Manuel Fernández Castañeda, promotor de la clonación del toro Zalamero, criado en su día por Manolo Martínez Ancira.

Al iniciar su andadura al frente de Mimiahuápam en solitario, don Luis Barroso Barona agregó vacas y sementales de la rama saltilla pura de San Mateo, que una vez fallecido don Antonio Llaguno se volvieron accesibles, dado que en vida del fundador de la ganadería, eso no era posible y de esa manera obtuvo dos toros el 44 de nombre Pardito y el 56 de nombre Cominito, que junto con las vacas y su rastra, dieron un giro radical a la historia ganadera de México.

A partir de ese momento comenzó a construir una historia de triunfos con doble apelativo y así la historia recuerda a Jorge El Ranchero Aguilar y Joronguito; a Manuel Capetillo y Arizeño; a Joselito Huerta y Romancero; a El Cordobés y Diamante y Rubí; a Manolo Martínez y Traficante, El Cid o Presidente; a Eloy Cavazos y Coquetón – este toro fue criado por don Luis, pero lidiado después de que enajenó la ganadería – y otros muchos que construyen la leyenda de una de los hierros más importantes de la historia ganadera de México.

Con la ayuda de sus amigos Álvaro Domecq y Díez y Antonio Ariza Cañadillas, don Luis logra contratar la lidia de uno de sus encierros para la Feria de San Isidro de 1970. Se dice que originalmente serviría para la confirmación de la alternativa de Manolo Martínez, pero las vicisitudes del viaje por barco hicieron que los toros llegaran tarde y en un estado desastroso. Así pues, descansaron un año en Los Alburejos y se pusieron para el siguiente calendario.

El cartel del 22 de mayo de 1971 se anunció con Victoriano Valencia, Antonio Lomelín y José Luis Parada, quienes por su orden enfrentaron al número 21, Hermano; 22, Cariñoso; 14, Manito; 33, Amistoso; 58, Cuate y al 39, Amigo. Los nombres de los toros fueron alegóricos, apropiados para la ocasión, como generalmente se hace en México y nada nos dicen respecto de su genealogía. El cuarto de la tarde, Amistoso, fue premiado con la vuelta al ruedo y el acapulqueño Antonio Lomelín, un valiente como pocos, cortó la oreja de Cariñoso, corrido en segundo lugar.

Se dice que un séptimo toro, el número 45, se quedó en Los Alburejos y que don Álvaro Domecq lo usó como reproductor. De ser así, es un caso único en la historia del toro de lidia en el mundo, pues la práctica usual es que la simiente venga de España a América y no a la inversa, pero esa es una historia que solo los involucrados nos podrían contar.

Así pues, este es uno de los buenos recuerdos de Madrid y su Feria de San Isidro, que no se ve completa sin la presencia de México en el amplio ruedo de la Plaza Monumental de Las Ventas.









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