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lunes, 13 de julio de 2020

En el centenario de Carlos Arruza (VIII/II)

La creatividad de Carlos Arruza

Retomo aquí lo que dejé pendiente el día de ayer y continúo con la relación de las suertes del toreo creadas por Carlos Arruza durante su trayectoria en los ruedos del mundo.

El Pase o Vuelta de Toledo

Carlos Arruza
Respecto de esta suerte Carlos Arruza no hace mención en sus recuerdos, cuando habla de la temporada de 1945, no hace especial recuerdo de su paso por Toledo y al rememorar su temporada del 51, curiosamente hace remembranza de días antes y del día después de su actuación allí, pero no de esa tarde ni de la creación de la suerte como en el caso de las anteriores. 

Pude localizar tres tardes suyas en esa ciudad. En 1945 fueron dos, la del 31 de mayo cuando con toros de Rogelio Miguel del Corral, alternó con Manolete y Parrita y la del 7 de septiembre, cuando con los mismos alternantes, lidió toros de Galache. La siguiente que encontré es la del 15 de septiembre de 1951 en la que sus alternantes fueron Manolo González y Julio Aparicio y los toros de Arturo Sánchez Cobaleda.

Es en esta última tarde en la que una crónica, la de Benjamín Bentura Barico, aparecida en El Ruedo del 20 de septiembre de ese año, parece describir lo que después se conoció como El Pase o Vuelta de Toledo y lo hace de la siguiente manera:
...Y así vimos a éste Carlos Arruza – ¡qué lejos de aquel Arruza cuya presentación fue sensacional! – supervalorado. Y vimos aquél “péndulo” de la muleta tras el cuerpo del torero, como para hacer ver a la res que la pelea continuaba, y aquel doble muletazo que empezaba por un lado de la res, continuaba por alto para dejar muerta la muleta en el lado contrario y proseguir luego el pase. Arruza iba creando a medida que el bicho embestía, desacompasadamente de ordinario...
Aquí vamos a encontrar un término – péndulo – que será fundamental para entender la siguiente suerte creada por El Ciclón. Y es que ese movimiento pendular de la muleta por detrás del cuerpo del diestro, que sirve para fijar la atención del toro, daría como resultado otra suerte distinta unos meses después.

José Luis Ramón, en su Diccionario Ilustrado de las Suertes del Toreo, citando a Fernando Vinyes, define así esta suerte:
Fue un muletazo de recurso que Arruza improvisó, precisamente en la imperial Toledo, mientras toreaba sobre la mano derecha para salvar una colada del toro, al sacárselo hacia afuera con la panza de la muleta y haciéndole dar un giro en sentido contrario al natural. Una vez perfeccionado lo repitió – ya preparado –, incorporándolo a su repertorio.
El Pase o Vuelta de Toledo cayó en desuso. Manolo Arruza, hijo del creador de la suerte, lo practicaba cuando las circunstancias lo permitían, pero en España, el que revitalizó la suerte fue Jesulín de Ubrique y la rebautizó, le llamó El Pase de la Tortilla, del que el citado José Luis Ramón dice:
…consiste en ligar, con idéntico movimiento de abrir la mano y dar salida al toro, dos muletazos, uno en cada dirección, manteniendo siempre una absoluta quietud: uno dando salida al toro por el pecho del matador y otro dándosela por la espalda. Para rematar el feo nombre y su mala fama, al torero de Ubrique le gustaba explicar que había dado este nombre a la suerte no por el movimiento envolvente de la muleta, sino porque hacen falta un par de huevos para darla sin moverse. Carlos Arruza hizo este mismo muletazo y en aquella época se llamó la Vuelta de Toledo.
Nihil novum sub sole, nada nuevo hay bajo el sol, simplemente algunas décadas y unos públicos que desconocían el bagaje y el genio creador de Carlos Arruza que fue quien como recurso primero y como medio de captar la emoción de los tendidos después, lo hizo parte de su repertorio delante de los toros.

El Péndulo

Contó Arruza a Conrad:
Unos días después me fui a torear a Perú. Mari y la niña se quedaron en España y me encontrarían en México cuando terminara esa breve campaña sudamericana. No estuve bien en Lima. Empecé mal y aunque lo intenté, no pude hacer nada para corregirlo... Después de mi actuación en Lima volé a Tijuana y tuve una tarde como la que hubiera querido dar a los peruanos. Pero así es la fiesta. 
Fue en esta corrida que hice El Péndulo por primera vez. Intencionadamente esto es. Algunos meses antes, lidiando un toro complicado, citándolo para dar un derechazo, se arrancó de repente, sorprendido, vi que en lugar de pasar por enfrente de mis piernas donde sostenía la muleta, se colaba por detrás, probablemente por algún defecto en la vista, no tuve forma de salir del aprieto así que solamente hice un arco con el cuerpo y saqué la muleta por detrás, el toro pasó rozándome, pero sin causarme daño. Lo despaché pronto... Eso me dejó pensando las siguientes semanas acerca de sí fuera posible hacer eso deliberadamente... Entendí que no había manera de saberlo más que intentándolo frente al toro, así que cuando saque en el sorteo uno bueno en Tijuana, balanceé la muleta como un péndulo detrás de mí cuando estaba a cierta distancia del toro para probar su visión y me fui a los medios para llamarlo... el toro se arrancó, siguió el movimiento de la tela y me pasó por detrás... Ese día tuve uno de mis más grandes triunfos en México...
Estamos hablando del final de la temporada española de 1951. La feria de Lima se dio entre los días 1º de noviembre y 6 de diciembre de ese año. Arruza toreó el 4 de noviembre con Manolo González y José María Martorell toros de Yencalá y como refiere en sus recuerdos, el resultado que se le apunta en el semanario El Ruedo es que su actuación fue discreta

Su reaparición en ruedos mexicanos fue en Tijuana, el 2 de diciembre de 1951, alternando con Miguel Báez Litri y Jorge El Ranchero Aguilar. Los toros fueron de La Punta. Allí le cortó el rabo al segundo toro de su lote y si hemos de hacer caso a su dicho, en esa faena fue donde estrenó el muletazo de El Péndulo como una suerte ya preparada.

No obstante, la conseja popular tiene una versión distinta del estreno de esa suerte, pues se atribuye que fue un par de años después y en la Plaza México durante un festival benéfico. Daniel Medina de la Serna, en el primer volumen de la obra Plaza México. Historia de una Cincuentona Monumental, escribe lo siguiente:
…El 20 de septiembre la Sra. María Izaguirre de Ruiz Cortines, esposa del mandamás, organizó el “Festival del Recuerdo” a beneficio de algún hospicio. Hicieron el paseíllo Pepe Ortiz, Heriberto García, Jesús Solórzano, Paco Gorráez, Silverio Pérez y Carlos Arruza, esa tarde “El Ciclón” dio a conocer, que casi fue poner de moda, el péndulo…
Es decir, conforme a esa versión, Carlos Arruza pondría a disposición del público capitalino, ya retirado, la suerte de El Péndulo, habida cuenta de que toreó su última corrida vestido de luces del 22 de febrero de 1953 en la gran plaza y lo hizo de manera final y definitiva en Ciudad Juárez el 1º de marzo de ese mismo año, toreando a beneficio de su cuadrilla.

Alejandro Silveti, uno de los toreros que después ejecutaron con frecuencia esta suerte, la explica de esta manera a José Luis Ramón:
La primera vez que lo vi hacer, siendo yo un niño, fue al maestro Carlos Arruza, cuando ya estaba en su etapa de rejoneador. Se bajó del caballo en la plaza México y le dio el péndulo a un toro de Pastejé, su propia ganadería, al que le cortó el rabo... Antes de ejecutar el péndulo, yo tengo en cuenta varios aspectos fundamentales: el primero; la espalda del torero (hacia dónde va a sacar su muleta) siempre debe estar hacia la puerta de toriles. Es más fácil que a un toro se le pueda cambiar su viaje si éste va hacia su querencia natural... En Madrid, por ejemplo, yo siempre pongo el toro entre los tendidos 6 y 7, quedando los toriles a mi espalda...
En conclusión

Escribía Díaz – Cañabate en la efervescencia del año 45 que Carlos Arruza daba un sentido deportivo al toreo. Bien sabido es que don Antonio, El Cañas para sus allegados, poco o ningún aprecio tuvo para lo que llegaba a España de este lado del Atlántico. Cierto es que Carlos Arruza desplegó siempre una tauromaquia que se apoyaba en una envidiable condición física, pero en ello demostró que era un adelantado a su tiempo, pues hoy en día los toreros cuidan casi como atletas de alto rendimiento esa arista de su preparación.

Con toda la admiración y el respeto que me merece la obra de don Antonio, creo que en el caso de Arruza no supo separar la paja del grano y la prueba está en estas líneas. Carlos Arruza dejó para la posteridad suertes del toreo que se siguen ejecutando y que, además, quienes las integran a sus faenas, procuran imponerles un sello personal, es decir, no son objeto de mera imitación, sino que sus autores tienden a encontrar en ellas un motivo de expresión personal.

Todo esto demuestra que la tauromaquia de Carlos Arruza era mucho más que una mera exhibición de poderío físico y tan es así, que a un siglo de su natalicio, nos sigue dando tema de conversación.

domingo, 12 de julio de 2020

En el centenario de Carlos Arruza (VIII/I)

La creatividad de Carlos Arruza

Arrucina
Portada de El Ruedo 01/08/1945
Obra de Saavedra
Las suertes fundamentales del toreo son quizás unas cuantas. Y ese manojo de suertes, en manos de un torero creativo puede ampliarse en una gama de otras nuevas que, a fuerza de desarrollar la imaginación del diestro o de resolver una situación comprometida, dejan al bagaje de la fiesta nuevas maneras de resolver las embestidas de los toros con lucidez y armonía.

Y no son unas cuantas esas nuevas maneras, esa intuición creativa o la necesidad de resolver ante la cara del toro ha generado historia suficiente para que se pueda escribir obra al respecto, cuando menos, José Luis Ramón – a quien agradezco desde ahora su ayuda para esto – ha logrado publicar un par de ellas, recopilando, si no todas, sí una gran mayoría de las suertes del toreo que se han generado en los siglos de existencia de la tauromaquia. Algunas las vemos a menudo en estos tiempos que corren, otras, apenas quedan descritas en las crónicas y en los textos que se guardan en hemerotecas y bibliotecas, pero son parte de la riqueza artística y cultural de lo que nos hace aficionados a este noble arte.

Las suertes de Carlos Arruza

A Carlos Arruza se le atribuye la creación de cuatro suertes cuando menos. Por su orden cronológico son las llamadas El Teléfono – que es más bien un desplante – de 1944; La Arrucina, un muletazo de 1945; El Pase o Vuelta de Toledo” y El Péndulo, muletazos ambos, estos dos, del año 1951.

Recurriendo a los apuntes biográficos que realizó con Barnaby Conrad en el libro My Life as a Matador y a diversas crónicas de sus actuaciones, así como a las obras del citado José Luis Ramón, intentaré encontrar el origen de cada una de esas suertes y la manera en la que fueron entendidas en el momento en el que aparecieron por primera vez. Cabe hacer la aclaración que las tres primeras las realizó inicialmente en ruedos españoles y solamente la última la estrenó en ruedos mexicanos.

El Teléfono

Cuenta Arruza a Conrad:
Cuando Vargas me daba muleta y espada, un borracho que me estuvo increpando toda la corrida desde la primera fila, me gritó: “Escucha payaso, ese asunto del teléfono que dicen hiciste alguna vez, a ver si lo haces con éste animal...”. 
Se refería a un adorno que intenté en Valladolid. Una vez vi en un libro una ilustración de Reverte, descansando el codo en el testuz de un toro. Eso se me quedó en la cabeza. Cuando saqué en el sorteo un toro parado en Valladolid y me di cuenta de que ya no iba a embestir mas, llegó el momento en que me incliné hacia él y descansé mi codo en su testuz. Eso creó cierta sensación y la prensa le comenzó a llamar “El Teléfono”. 
Ahora, que estaba lidiando un toro muy grande de Pablo Romero, pensé qué pasaría si lo intentaba otra vez, así que esperé a la mitad de la faena, cuando ya tuviera al toro dominado y después de una serie con la derecha. Me le arrodillé en la cara, le puse el codo en los rizos de la frente y... la gente en los tendidos observaba incrédula. El toro también pareció sorprendido y no embistió... me levanté y lo maté a la primera... Cuando regresé a la barrera, le dirigí una sorpresa al que me increpaba y le dije: “A sus órdenes, señor...”.
Arruza se refiere al inicio a una estampa de Reverte. Seguramente hace alusión a la litografía de Daniel Perea publicada como desplegable en el número del semanario La Lidia aparecido el 25 de mayo de 1896, y de la cual, Mariano del Todo y Herrero hace la siguiente explicación:
Empezó Reverte, a quien correspondía, dándole dos muy buenos lances de capa; y durante la suerte de varas... los matadores se adornaron graciosamente en todos los quites, sobresaliendo Reverte en el último que hizo, y en el que, después de recogerle con el capote y llegarle con la mano a la cara, se quedó parado entre los cuernos, apoyando el codo derecho en el testuz de la fiera, y la mano sobre la mejilla del mismo lado, por espacio de algunos segundos. La ovación fue estrepitosa ante este alarde de serenidad y confianza en la res...
Los hechos que narra, ocurrieron en la segunda corrida de la Feria de Sevilla, celebrada el 16 de abril de ese 1896, y en la que actuaron Guerrita, el nombrado Reverte y Antonio Fuentes, con toros de la Viuda de Concha y Sierra.

No existe crónica de los hechos de Valladolid en donde toreó el 18 de septiembre con Manolete y Andaluz, toros de Antonio Pérez de San Fernando, pero sí hay evidencia fotográfica de El Teléfono en Logroño, plaza en la que actuó los días 21 y 22 de ese mismo mes, con Manolete en ambas y en la primera con Pepe Luis Vázquez y toros del Conde de la Corte y con Estudiante en la segunda y toros de Alipio Pérez Tabernero. El reportaje fotográfico aparecido en el semanario madrileño El Ruedo del 27 de septiembre de ese año, contiene una imagen de esa feria logroñesa, sin precisar fecha, de Arruza haciendo el desplante a uno de sus toros.

Ya en 1945, en Barcelona, al inicio de la temporada, cautivó a la afición con El Teléfono. Todavía no se le conocía así. Eduardo Palacio, en el diario “La Vanguardia” de la Ciudad Condal aparecido el 24 de abril de ese año, relata los sucesos de la corrida celebrada el día 22 anterior, cuando para lidiar toros de Arturo Sánchez Cobaleda alternaron Estudiante, Arruza y Andaluz. Esa tarde, el toro quinto se llamó Batanero y El Ciclón le cortó hasta una pata:
...Porque si con la capa, con los rehiletes y con la muleta hizo lo mismo con idéntico temple, con análogo dominio y con parejo valeroso garbo, en el capítulo de adornos, cuando ya el ruedo estaba alfombrado de sombreros y la multitud, que llenaba a reventar la Monumental, ebria de entusiasmo demandaba la oreja, el mejicano, por dos veces, arrodillóse frente al toro y apoyó el codo en el testuz, durante segundos que pesaban como siglos...
Más adelante volveré con la tarde y la faena de este toro Batanero.

En lo que refiere a Conrad respecto al toro de Pablo Romero en Madrid, Manuel Sánchez del Arco, Giraldillo, en el ABC madrileño del 25 de mayo de ese año cuenta lo que sucedió el día anterior en Las Ventas cuando Arruza alternó con Pepe Bienvenida y El Choni y es de la siguiente guisa:
...El mejicano reaparece, con toros andaluces: con Pablorromeros, nada menos. Él pudo pedir una corrida cómoda, atemperada, y ha querido toros andaluces. El que manda, manda, a veces, lo que a su categoría corresponde y no lo que a su comodidad conviene. Este fue el éxito inicial de la presentación de Arruza: Pablo Romero. Ya sé que puso banderillas, con esa manera de llegar que no llega nunca, complaciéndose en la angustia de mermarse la salida palmo a palmo... Ya sé que se arrodilló; que se puso a meditar con morosidad de penitente, apoyando el codo sobre el testuz y la frente en el puño, casi como el Pensador de Rodin...
La suerte, aunque echada, aún no tenía nombre propio. Los públicos y la prensa no tardarían en encontrárselo y se quedó para la posteridad como El Teléfono.

La Arrucina

En Todas las Suertes por sus Maestros, José Luis Ramón sitúa la primera ejecución de la arrucina el jueves 10 de agosto de 1944 en Barcelona durante la celebración del Festival pro Hogar del ex Combatiente en el que actuaron Juan Belmonte como rejoneador, Rafael El Gallo, Carlos Arruza, José Ignacio Sánchez Mejías y los aficionados José Martín y Pedro Domecq lidiando novillos de Miguel Zaballos. La crónica aparecida en el diario La Vanguardia del día siguiente del festejo no refleja ninguna suerte inusual y el reportaje gráfico de El Ruedo de Madrid del 16 de agosto siguiente, tampoco. El día anterior Arruza alternó allí mano a mano con Pepe Bienvenida, con 5 toros de Sánchez y uno de Natera y tampoco la crónica refleja suerte especial alguna.

En la obra biográfica de Barnaby Conrad está escrito lo siguiente:
Manolete creó su manoletina tomando una vieja suerte de La Serna, pero tomando el extremo de la muleta con la mano izquierda detrás de su espalda.  
Yo tenía una idea que creía que sería más sensacional que la manoletina y que sería el pase de muleta con más peligro que se hubiera intentado. 
La gente en la plaza de Castellón de la Plana parecía molesta. Tenían una actitud de exigir que se les demostrara el por qué de los altos precios de las entradas. Y la realidad es que el primer tercio de la lidia - la parte más floja de mis actuaciones - fue más malo que de costumbre. Ya con la muleta, logré calentar el ambiente... Cuando me acerqué a las tablas a cambiar la espada, escuché a un manoletista gritar: “¡¿qué tal una manoletina o dos muchacho?!”, y la multitud soltó la carcajada, porque un torero nunca realiza la suerte especial de su rival. 
Me dije: “¡te voy a dar algo mejor que eso, amigo. Verás una suerte espectacular o una gran cornada!” Con la muleta y la espada en las manos me dirigí al centro del ruedo. 
“¡Toro!” Grité al animal. Cuando se arrancó, le di tres derechazos. Al final del tercero, continué con el movimiento de la muleta, pero me la puse tras de las piernas, corriendo detrás del toro, casi encimándolo cuando se dejó venir para la siguiente embestida. Parte de mi esperanza de salir sin daño estaba en que pudiera poner la muleta así en la cara del toro para poder darle salida... esta era la maniobra más peligrosa que había yo intentado en un ruedo... 
No salieron ovaciones de los tendidos, solamente suspiros de alivio, porque no comprendieron que se trataba de una suerte, pensaron que de alguna manera fui encontrado en una situación comprometida y que milagrosamente no me volteó el toro, así que volví a torear por derechazos y naturales y le corté el rabo... Pero al segundo de mi lote, le volví a repetir la suerte, pero en esta ocasión lo hice dos veces, para que se dieran cuenta de que lo hacía a propósito y todavía lo intenté una tercera, pero comprendí que por las condiciones del toro, no la podría culminar... La gente ahora sí se volvió loca y cuando maté al toro, me otorgaron las orejas, el rabo y una pata...
Arruza ya estaba en una franca competencia con Manolete. Entonces, tenía que aportar algo propio además, para encender aún más los ánimos en los tendidos. Eso fue en 1945, el año en el que estableció una marca de corridas toreadas en España que no ha sido superada por ningún torero mexicano y que tal como las cosas se dan hoy en día, seguramente no lo será. 

La corrida de Castellón que menciona El Ciclón en ese esbozo biográfico se celebró el 31 de marzo. No encontré más que una breve reseña de la agencia CIFRA con el resultado, pero a los dos días – en lunes – se presentó en Barcelona, en un cartel formado por el rejoneador Simao da Veiga, Pepe Bienvenida y Benigno Aguado de Castro que tomaba la alternativa. Los toros fueron de Ramón Gallardo para rejones y de Carmen de Federico para la lidia ordinaria. Destacó el quinto de la tarde, llamado Inspector, al que Arruza le cortó las orejas, el rabo y una pata. La crónica de Eduardo Palacio, en La Vanguardia del día siguiente del festejo, entre otras cosas dice:
... ¡qué pase aquél, con la muleta en la espalda y toreando únicamente con el cuerpo! Todo poseía un brío, una luminosidad, un arte, una armonía, que pasmaban y exaltaban. Y es porque el mejicano, al exaltarse a si propio, contradecía en acción, aunque tal vez sin saberlo, la forma en la que Max Nordau define la exaltación, diciendo: «Ella, no se cuida nunca de hacer cálculos exactos». Y así parecía ser, en efecto; pero en aquellos pases, si los cálculos hubiesen carecido de exactitud, se habría visto que en todos ellos se agazapaba la muerte presta o soltar para hacer presa segura...
Veinte días después, la tarde del toro Batanero que ya había mencionado arriba, el mismo Eduardo Palacio refleja lo siguiente:
...El mejicano brinda también al excelentísimo señor gobernador civil, a quien la concurrencia dedica cariñosos aplausos, y hace una faena compuesta de un pase por alto, dos derechazos, uno por alto, nueve toreando con el cuerpo más que con la muleta, entre el delirio de la multitud y a los sones de la música. Da luego un pase, teniendo la muleta en la espalda y haciendo un maravilloso quiebro de cintura para librar la cabezada. El ruedo está lleno de sombreros y en el graderío flamean unánimemente los pañuelos en demanda de la oreja...
Esta suerte – y perdónese el pleonasmo – tuvo más suerte, pronto la prensa le puso nombre. Para la feria de Valencia de ese mismo 1945 ya se hablaba de La Arrucina. La crónica de la agencia Mencheta para el ABC de Madrid del festejo celebrado el 25 de julio de 1945 en el que actuaron el rejoneador Álvaro Domecq, Luis Gómez Estudiante, Carlos Arruza y Pepín Martín Vázquez con toros de Charro para rejones y Clairac para los de a pie, refleja lo siguiente en cuanto a la lidia del segundo de la tarde: 
...Sigue con pases en redondo intercalando uno mirando al tendido. (Clamorosa ovación.) Sigue por rodillazos, molinetes, arrucinas y toda la gama de adornos colocando el codo sobre el testuz...
Y como colofón, la portada del semanario El Ruedo de Madrid aparecido el primero de agosto de 1945, era una pintura de Santos Saavedra representando a Carlos Arruza ejecutando el muletazo.

Para terminar este apartado, cito lo que Manolo Arruza, hijo del Maestro, confió a José Luis Ramón sobre esta suerte:
La arrucina es un muletazo que se da muy en corto. No hay que citar de largo; de ahí que se ejecute en la parte final de la faena, cuando el toro ya está empezando a quedarse parado. En la actualidad, yo lo hago con frecuencia porque tiene mucha vistosidad y porque los públicos lo identifican con la familia Arruza. Podríamos decir que es el sello de la casa... yo definiría la arrucina como un muletazo que, como decía antes, es el sello personal de Carlos Arruza...
Debido a la extensión que van tomando estos apuntes, los dejo aquí para continuar con ellos el día de mañana.
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