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domingo, 1 de marzo de 2026

28 de febrero de 1965: El gran triunfo de El Cordobés en la Plaza México

Desplegado publicitario de El Cordobés
El Redondel 7 de marzo de 1965

El Cordobés tardó en entrar con el público de la Plaza México. Confirmó allí su alternativa el domingo 7 de febrero de 1965, recibiendo los trastos de manos de Antonio Velázquez y oficiando como testigo Antonio del Olivar. A pesar de que, Manuel Benítez estuvo empeñoso y hasta entregado ante los dos toros de su lote, casi de inmediato un importante sector de la concurrencia se puso en su contra y se dedicó a reprocharle cuanto intentaba. La tarde terminó para él y para todos, como tituló su crónica don Alfonso de Icaza Ojo, en un mitin de órdago. Reapareció a la siguiente semana para atestiguar la confirmación de alternativa de Mauro Liceaga, de manos de Rafael Rodríguez. La actitud de una buena cantidad de los concurrentes hacia el de Palma del Río fue en el mismo sentido, quizás más ruidosa. Escribe Daniel Medina de la Serna:

Y, ¡por fin!, pisó el ruedo de la México el fenómeno de la época, Manuel Benítez Pérez llamado “El Cordobés”, para el que quisiera algo de él. Confirmó (9ª) de manos de Antonio Velázquez y aunque tuvo buenos momentos, "inspiradísimos" escribió Alfonso de Icaza, acabó por fracasar dándole gusto a los que fueron a ver eso y que eran legión. Segunda corrida (10ª) y segundo y más ruidoso descalabro...

Era evidente que, en la Plaza México, que tenía un cupo del doble del Toreo de Cuatro Caminos, había lugar para aquellos que, quizás se quedaron fuera de esta última plaza, donde El Cordobés se había presentado en este país y había triunfado en toda línea, quizás pensando que, aquel viejo refrán seguía rigiendo: fuera de México, todo es Cuautitlán...

La 12ª corrida de la temporada 1964 – 65

Manuel Benítez reaparecería en la gran plaza el domingo 28 de febrero de 1965, y ese día el de la duodécima corrida de esa temporada 1964 – 65, dejaría en claro por qué era una figura del toreo. El cartel anunciado para esa tarde se formaba con los acalitanos Alfonso Ramírez Calesero y Rafael Rodríguez, que precederían en el orden de lidia a El Cordobés, para enfrentar a un encierro de Mimiahuápam, ganadería entonces de la titularidad de don Luis Barroso Barona.

Los dos toreros de Aguascalientes estaban ya en el ocaso de sus carreras, sin saberlo y quizás sin preverlo, Rafael Rodríguez toreó ese día su última corrida en la plaza de toros que lo llevó a la cima, y por su parte Calesero estaba a su vez actuando en su antepenúltima tarde, porque poco menos de un año faltaba para que allí mismo se cortara la coleta en una tarde que, después de todo, resultó ser memorable para él.

También El Cordobés, aunque en circunstancias distintas se presentaría en la Plaza México, dentro de su carrera, ya solamente esta tarde y la noche del siguiente jueves 4 de marzo, en la corrida de la Oreja de Oro. Seguiría viniendo a México en otros calendarios, pero ya no volvería a actuar en la capital mexicana.

Una tarde verdaderamente histórica

El tercer toro de la corrida se llamó Palomo y venciendo la oposición de aquellos que en las dos tardes anteriores lograron poner a la mayoría en su contra, le cortó la primera oreja de la corrida. Escribió Ojo en su crónica para El Redondel:

“El Cordobés” se quita la montera y como viene más mechudo que nunca, causa sensación. Se dobla con su adversario echando la cabeza al suelo e inmediatamente después instrumenta dos derechazos que arrancan olés de los tendidos. Se sigue arrimando, da otros dos pases iguales y luego se cambia y alborota el gallinero con uno de sus característicos muletazos. Toda la faena la realiza “El Cordobés” entre los pitones y para provocar la arrancada del toro le patea en los hocicos. Torea ahora con la izquierda en el mismo palmo de terreno en que ha desarrollado todo su trasteo, y aunque sus pases no le resultan limpios, sí son indiscutiblemente emocionantes... Porfía el diestro; da pases estatuarios a la mínima distancia. Aguanta heroicamente y se hace ovacionar por la plaza entera. El toro se ha ido quedando más y más y Manuel lo hace embestir pegándole con la barriga. Se adorna rasgando el testuz de la res y vuelve a torear con su aguante único a dos dedos de los pitones. Le chillan algunos el que se cambie de lado, pero luego cuando pisa los terrenos inverosímiles, arma la escandalera... Hay otros alardes de parte del diestro de Palma del Río, que a unos gustan y a otros no, y en cuanto “Palomo” junta las manos, entra a herir Manuel en corto y por derecho y deja un estoconazo ligeramente contrario, de tanto atracarse. El toro tarda en doblar y ello induce al “Cordobés” a descabellarlo al primer intento. Ovación, música, millares de pañuelos que piden la oreja, concesión del apéndice por parte de la autoridad y vuelta triunfal al anillo, devolviendo sombreros y prendas de vestir… Este es “El Cordobés”: un torero que torea distinto a los demás y que entusiasma más que ninguno...

Una faena típica de las suyas. Imponiéndose al toro que se quedó parado y metiéndose entre los pitones. No dejó ya resquicio de duda de que los espectadores estaban ante una real y auténtica figura del toreo. Pero todavía tenía el de Palma del Río cosas que expresar. Así, ante el sexto de lidia ordinaria, Mayito, sucedió lo siguiente:

Y ya tenemos al “Cordobés” frente a “Mayito”. Doblones suaves como ellos solos; dos pases por alto, molestado por el aire y derechazos en los que se enrosca al toro a la barriga, armando tremenda escandalera. Anuncia que va a regalar un toro y la ovación crece de punto. Más pases de aguante y mando increíble y ahora con la zurda, naturales sencillamente asombrosos. Los remata con el pase de pecho y la plaza se viene abajo, cayendo al ruedo sombreros en cantidad. Sigue la faena cordobesista pura, impregnada de esa personalidad que hace de Manuel Benítez un torero único, mejor o peor que los demás, pero sin parecerse a nadie. Los naturales de ahora son de asombro y los dos pases de pecho que le siguen, fenomenales... El toro se agota poco a poco, pero “El Cordobés” sigue encima de él, provocando la arrancada, sacándole pases de todas marcas. Lo iguala y atiza media estocada, llevándose el arma. Nuevo viaje, y acostándose en el morrillo, sepulta una estocada hasta el puño. El bravo y noble burel está a punto de entregarse, pero “El Cordobés” se empeña en descabellar innecesariamente, y falla hasta cuatro veces, para acertar al quinto intento. Estalla la ovación, no obstante y no pocos pañuelos flamean en los tendidos cuando el diestro se retira al callejón, obligándolo el público a que saliera para agradecer los aplausos de la mayoría de los espectadores...

A los primeros muletazos anunció el regalo de un toro, seguramente porque calibró que Mayito estaba ya muy mermado de fuerzas, y sin embargo, le realizó una faena de corte muy distinto a la anterior, principalmente sobre la mano izquierda, tan rematada, que aun después de los fallos con la espada, se le pedían las orejas.

El toro de regalo

El séptimo de la corrida se llamó Corsario, y era de Torrecilla. El obsequio no tenía por intención el salvar in – extremis una tarde fallida, era en realidad el intento del torero de complacer a la afición, aún habiendo triunfado con el lote sorteado en su momento. De lo realizado ante ese toro, escribió don Alfonso de Icaza Ojo:

Dos doblones para hacerse del toro y una serie de pases rápidos en los que los cuernos del burel le destrozan la franela. Cambia ésta Manolo e instrumenta varios derechazos, habiendo a poco otro intermedio en el trasteo. Naturales aguantando mucho; derechazos enredándose al toro en la cintura; uno de cuatro vueltas que para a la plaza de cabeza por la manera en la que el diestro corre la mano y mide el arranque de la fiera, y ya, con el ambiente caldeado, naturales; pases cambiados y uno de pecho piramidal. Más derechazos de lentitud increíble; toreo personalísimo de aguante heroico; cite a distancia que va acortando hasta que el toro se le arranca y más muletazos, con una y otra manos, de positivo asombro. Cuando lo remata con el de pecho, la plaza entera es un manicomio… Más naturales, sencillamente maravillosos; el de pecho fenomenal y ya desde ese momento, centenares de pañuelos que piden para este sensacional torero, de este nobilísimo animal, los apéndices. Se perfila a ley Manolo, arranca a matar y deja un estoconazo, también contrario, que hace doblar. Ovación inenarrable, miles de pañuelos que se agitan en los tendidos, concesión de las orejas y el rabo, el público que se echa al ruedo para abrazar al “Cordobés” y pasearlo por el ruedo en hombros, por una multitud enloquecida. Los granaderos dispersan a la multitud, los gritos de torero, torero, se oyen por todo el ruedo; vuelven a cargar al “Cordobés” en hombros, cuyo traje de luces ha sido destrozado, y en hombros se lo llevan por la puerta grande en una auténtica apoteosis…

El Cordobés terminó de establecer en la Plaza México, ante todos los que le demostraban admiración o respeto y también ante aquellos que iban dispuestos a reventarlo, que era una auténtica figura del toreo y no una creación publicitaria o de la literatura. Dejó fuera de cualquier duda su categoría dentro de los redondeles. Escribió quien firmó como Paliacate en el semanario madrileño El Ruedo, salido a los puestos el 9 de marzo siguiente:

Ha ganado El Cordobés una batalla difícil, ciertamente. Y la ha ganado – hasta sus más acérrimos adversarios, los que le silbaron cuando iniciaba el paseíllo – en muy buena lid, limpiamente. Para fortuna de los aficionados mejicanos, que han tenido la oportunidad de contemplar una de las más completas actuaciones que se le recuerdan a Manuel Benítez; en tres toros ha podido dar la imagen precisa y completa de lo que es su toreo…

Creo que la explicación es clara y contundente.

¿El final de una época?

Decía al inicio que Alfonso Ramírez Calesero y Rafael Rodríguez El Volcán de Aguascalientes, en esta señalada tarde prácticamente concluyeron su paso por la Plaza México, representando el cierre de las edades de Oro y de Plata del toreo en México. Nuestra Edad Moderna ya estaba en ciernes, puesto que las figuras que la encabezarían estaban próximas a recibir la alternativa. Sigue escribiendo el invocado Paliacate:

De verdad: se le puede discutir el arte, pero no su fabulosa habilidad para hipnotizar a quien se le ponga por delante, público o toro. Este Cordobés ha escrito una nueva página en la historia del toreo en Méjico y ha confirmado que es, sin discusión, el torero de la época. Porque hoy, ya lo saben, es cordobesista todo Méjico…

Ya advertía el escriba que el estado de cosas en la fiesta mexicana estaba por cambiar. La historia nos demuestra que no le faltaba razón.

El triunfo en la visión del torero

En El Redondel fechado el 7 de marzo de ese 1965, se publicó una entrevista que don Rafael Morales Clarinero hizo a El Cordobés, en la que, a propósito de la corrida de su triunfo, dijo:

Si no hubiera tenido éxito en mi tercera corrida den la Plaza México, quizá me hubiera retirado. Cuando menos así me lo había propuesto. No sé si hubiera podido cumplirlo... Uno de los días más felices de mi vida lo tuve el domingo cuando triunfé en la México. El más malo, se puede escoger entre los dos anteriores en que no pude torear a gusto entre ustedes... Puedo decir que en esta plaza es donde más se nota un triunfo o un fracaso... Pesa mucho la plaza. Siente uno que se sume, que está muy hondo. Que la gente está arriba, muy arriba. Siente uno como que se ahoga... No puedo señalar mi tarde de triunfo en la México como la mejor de mi vida; pero sí en la que más gusto y felicidad sentí. No estaba seguro de triunfar; pero sabía que iba a poner todo lo que pudiera. Estaba dispuesto a todo con tal de lograrlo... Y claro, salí con más miedo y compromiso que otras tardes...

Lo que comentó al entrevistador refleja la responsabilidad que sintió el torero y la sensación de alivio que le produjo el triunfo.

Tres brindis

Esa tarde destacaron tres brindis de los diestros actuantes. Calesero brindó el primero de la tarde a don Manuel Tello Barnaud, Secretario de Relaciones Exteriores, zacatecano y sin complejos derivados de la mal llamada corrección política, fue a los toros y fue brindado. El mismo Poeta del Toreo igualmente brindó su segundo a una asistente habitual a las barreras de la plaza, a la Doña María Félix.

Por su parte, El Cordobés brindó el séptimo a Manolo Prieto Crespo, quien, junto con Juan Cañedo, fue quien lo trajo a México por primera vez para actuar en el Toreo de Cuatro Caminos. Dijo el torero:

Manolo Prieto ha sido aquí, en México, más que un amigo, un hermano, por eso le brindé el toro del desquite...

Así se produjeron los acontecimientos más destacados de una corrida que resulta ser histórica en muchas de sus aristas.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 23 de febrero de 2025

24 de febrero de 1963: En la confirmación de Curro Romero, el triunfo es para Joselito Huerta


Curro Romero es un torero que tiene una legión de seguidores, aún cuando ya hace casi un cuarto de siglo que, sin anunciarlo previamente, toreó su último festejo un 22 de octubre en la plaza de La Algaba. Cuando vino a México por primera vez, hace sesenta y dos años, su hacer en los ruedos ya tenía visos de leyenda, fuera porque los aficionados mexicanos que viajaban a presenciar las ferias españolas traían versiones en tal sentido o por las escenas de su arte que se podían contemplar esporádicamente en los noticieros cinematográficos. La realidad es que cuando se le anunció como parte del elenco que se presentaría en aquella singular temporada que se daría a plaza partida, tanto en la Plaza México, como en el Toreo de Cuatro Caminos en el invierno que mediaría entre 1962 y 1963, había interés por conocerle.

Curro Romero actuó por primera vez en plazas mexicanas el domingo 17 de febrero de ese 1963, en El Progreso de Guadalajara, alternando con Luis Procuna y Joselito Huerta en la lidia de toros de Torrecilla. La crónica que del festejo escribió Enrique Aceves Latiguillo para el diario El Informador, refleja lo siguiente:

Este diestro español todo lo que tiene de buena clase, lo tiene de pésimo estoqueador. Ayer nos demostró que sabe torear estupendamente con el percal y que maneja la pañosa con temple y mando; pero también nos demostró que a la hora de la verdad “se va de este mundo”, voltea la cara horrorosamente y tira la puñalada sin saber a ciencia cierta hacia dónde va dirigida, siendo esta la razón por la cual perdió la oreja de su segundo enemigo y hasta escuchó un bocinazo de la autoridad...

Como se puede ver, pese a sus fallas con la espada, causó una buena impresión al público tapatío, que llenó los tendidos de la plaza aledaña al Hospicio Cabañas y aguantó a pie firme una tarde que pudo ser histórica si el viento no hubiera impedido mejores hazañas a los diestros alternantes.

La 12ª corrida de la temporada 1962 – 63

El derecho de apartado de la Plaza México concluía el 24 de febrero de 1963 y con ese festejo, también se ponía fin a la actividad en ese escenario, para continuar posteriormente en el Toreo de Cuatro Caminos. Ese festejo final se ofrecía precisamente con la confirmación de Curro Romero, apadrinado por el linarense Humberto Moro y con el testimonio de Joselito Huerta, enfrentando la terna un encierro tlaxcalteca de La Laguna. La plaza registró una muy buena entrada, afirmando don Alfonso de Icaza Ojo, que era tan buena como en los domingos anteriores y preguntándose qué sucedería en Cuatro Caminos con esas concurrencias, si apenas aforaba la mitad que la México.

El primer toro de la corrida se llamó Tablajero, fue negro, y la tablilla le anunció 446 kilos, aunque el cronista de El Redondel le señalaba que era algo sacudido de carnes. Ese fue el toro de la confirmación. La actuación de Curro Romero esa tarde es resumida por quien firma como Juan de Dios, corresponsal del semanario madrileño El Ruedo, en el ejemplar salido el 7 de marzo siguiente, de esta manera:

Lo vimos nervioso – cosa natural – en el toro de la confirmación de alternativa… En su segundo, Curro engarza varias verónicas extraordinarias. Con la máxima expectación se esperaba al último tercio. Empezó bien Curro, con unos muletazos que llevaban el sello de la casa, pero entre un derrote feo que hizo el lagunero, que se quedó sin fuerzas, como sus hermanitos, y que se levantó un aire del diablo, Curro optó por abreviar, y lo consiguió con un estoconazo algo caído, pero de efectos rápidos…

La versión contenida en El Redondel va más en el sentido de que en el primero de su lote la cosa terminó en una bronca de medianas proporciones y su hacer ante el sexto de la corrida, terminó entre división de opiniones, porque al final, coincidiendo con el corresponsal de El Ruedo en que fue apenas un ramillete de lances fundamentales los que aprobaron los parroquianos congregados en esa señalada corrida de toros.

Joselito Huerta, un león en el quinto de la corrida

Uno de los toreros mexicanos que más se han distinguido por defender el sitio que han conquistado delante de los toros y por su entrega, garra y tesón, es precisamente el llamado León de Tetela, Joselito Huerta. El encierro de La Laguna se había distinguido por su sosería, lo que dejaba a los diestros que lo enfrentaron el poner el resto para generar la emoción que hace estremecer a los tendidos. Así lo entendió José, y lo llevó a la práctica en el segundo de su lote, Tecolote, quinto de la tarde, ante el cual, fue visto así por Ojo, cronista del semanario El Redondel:

Joselito Huerta, después de un pase inicial, liga tres buenos derechazos que le valen calurosas palmas. Establece un intermedio en su faena que reanuda corriendo bien la mano y rematando sus pases por abajo con un forzado de pecho… El toro ha tomado bien la muleta y José sigue toreando a gusto haciendo que los aplausos y los olés alegren su meritorio trasteo. Nuevo intermedio y después de un ligero tropiezo motivado por el aire, viene un buen pase, seguido de un achuchón. Cambia de mano el espada y manda bien con la zurda, sin ceñirse mayormente. Hay un pase completísimo que remata con un molinete… Solo, en medio del anillo, sigue muleteando Joselito Huerta con tanta confianza como dominio y cuando quiere entrar a herir, el público se opone. Más naturales, cites a corta distancia, un abaniqueo por delante, un doblón y la cogida, sin más consecuencias que la voltereta. Toreo por alto, molinetes y por final de cuentas una estocada desprendida hasta el puño, que hace doblar. Ovación clamorosa, millares de pañuelos pidiendo la oreja y concesión de un apéndice con que el diestro poblano, que como quiera que sea ha salvado la corrida, da la vuelta al ruedo devolviendo sombreros y prendas de vestir…

La cabeza de la primera plana de El Redondel señala que es Joselito Huerta el salvador de la corrida de ese domingo; igual encabezado lleva la crónica que Don Neto hizo para la AFP. La realidad es que cuando los toros no provocan la emoción en el ruedo, es complicado que los toreros, por sí mismos generen esa sensación sin la colaboración de los astados.

Lo que sí es de resaltarse, es el hecho de que, como aficionados, tenemos que aceptar que cuando el torero considera que debe montar la espada, por mucho que deseemos seguirle viendo torear, debemos respetar esa decisión. En la relación de Alfonso de Icaza se advierte que Huerta, por hacer caso a un sector del público, desistió de su idea de ir tras la espada y por ello, se llevó un achuchón, para concluir con una estocada defectuosa. Quizás, si hubiera concluido en el momento que él había determinado, de otra cosa estuviéramos comentando.

Humberto Moro y un toro de regalo

Humberto Moro se vio en la necesidad de regalar un toro, Sevillano de Coaxamalucan, ante el cual tuvo una actuación de altibajos y con la que pudo saldar medianamente una tarde que se apuntaba como un fracaso. Escribió el cronista de El Redondel:

Moro inicia su faena con un doblón y a renglón seguido liga cuatro derechazos en los que corre la mano con primor. Le estorba una banderilla, pero otra vez corre la mano en pases a todas luces meritorios. Muchas palmas. Con la zurda no se luce tanto porque el toro va perdiendo gas y cuando estaba a punto de ser desarmado lo evita agarrando casi en el aire la muleta. Nuevos derechazos meritorios, uno de ellos de dos vueltas y un desarme efectivo. Dos pases excelentes; otro espectacular citando a distancia y después de cambiarse la muleta de mano al estilo de Gaona, remata con un pase de pecho. Siguen los derechazos y ya con la gente a su favor Humberto Moro vuelve a ser el de antes, pero, como en su primera corrida, prolonga demasiado su faena, a la que pone fin de un pinchazo sin soltar y una estocada casi entera en buen sitio, perdiendo el engaño en el embroque…

Así fue como terminó una corrida de toros que, en el papel parecía que podía ser histórica y al final quedó como una mera efeméride, porque las cosas se acomodaron de tal manera, que los grandes hechos no se pudieron producir.

Curro Romero en México

Decía al inicio que en México hay una importante legión de curristas, y, sin embargo, Curro Romero actuó en nuestras plazas apenas siete tardes esparcidas en tres décadas distintas. En el año de 1963, ya señalaba que se presentó en Guadalajara el 17 de febrero y que confirmó en la Plaza México el día que hoy me ocupa en este espacio. Reaparecería hasta el 17 de marzo, en Monterrey, alternando con Joselito Huerta y Felipe Rosas, en la lidia de toros, otra vez de La Laguna y terminaría ese ciclo el 24 de marzo en el Toreo de Cuatro Caminos, completando el cartel Manuel Capetillo, Santiago Martín El Viti y Víctor Huerta, enfrentando la cuarteta toros de Tequisquiapan, de don Fernando de la Mora Madaleno.

Joselito Huerta, Dr. Raúl Gómez Alanís, Curro Romero, Felipe Rosas
Monterrey, 17 de marzo de 1963
© Archivo Manolo Saucedo - Cortesía: Francisco Tijerina Elguezabal

Retornaría una segunda oportunidad hasta el año de 1981, para presentarse en la plaza de Pachuca, el 20 de noviembre, alternando en la lidia de toros de don Javier Garfias con Antonio Chenel Antoñete, Manolo Espinosa Armillita y Jesús Solórzano, en corrida que fue televisada a nivel nacional y el día 22 siguiente, se presentaría en San Luis Potosí, para compartir cartel con Jesús Solórzano y Miguel Espinosa Armillita Chico, siendo los toros también de don Javier Garfias. Su actuación final en nuestras tierras tendría lugar el 5 de diciembre de 1992 en Querétaro, plaza en la que le otorgó la alternativa a Rodrigo Galguera, en presencia de Miguel Espinosa Armillita Chico, con toros de Lebrija. 

Esa ha sido la brevísima trayectoria en México, de un torero que, sin lugar a dudas, ha construido en los ruedos y fuera de ellos, una de las leyendas más sólidas que se reconocen en el llamado planeta de los toros.

domingo, 24 de diciembre de 2023

21 y 22 de diciembre de 1963: El Cordobés se presenta en México (II/II)

El Cordobés
La primera tarde de El Cordobés en nuestro país se saldó en unos términos que no dejaron convencida a la afición mexicana, sobre todo después del enorme despliegue informativo y publicitario que se hizo de su surgimiento, prácticamente a partir de la nada, hasta escalar a las más altas cumbres de la fiesta. Pero también quedó un sabor agrio en el paladar de quienes asistieron o intentaron asistir a ese primer festejo en la plaza de Cuatro Caminos, porque, se dijo con insistencia, los precios para ver al Huracán de Palma del Río fueron incrementados con exageración. La empresa salió al paso de esas afirmaciones en los siguientes términos:

La empresa “Espectáculos Artísticos y Deportivos”, S.A., hace las siguientes aclaraciones, respecto a los falsos rumores sobre los aumentos de precios de entrada a la plaza de toros “El Toreo”, para las corridas de los días sábado 21 y domingo 22 de diciembre en las que actuará “El Cordobés” … Los precios de entrada no fueron aumentados un solo centavo a los tenedores de Derecho de Apartado, ni en las localidades de sol y sombra general, que se han vendido a los precios de siempre: Sol, $10.00; Sombra, $15.00… La empresa declara que no ha existido, ni existe, ni existirá la reventa en su temporada…

Resulta interesante ver que los tenedores de derecho de apartado pagaron precios diferenciados a quienes adquirieron entradas sueltas, y, afirmo a título personal, es la primera vez que me entero de manera fiable, que la tenencia de ese derecho, concede una ventaja así a sus titulares. Por su parte, la redacción de El Redondel, asegurando que era de justicia, aclaró que en todas las plazas del mundo en las que actuaba Manuel Benítez se incrementaban los precios, y que, en el extranjero, eran significativamente más elevados que los cobrados aquí en México. 

El festejo del domingo 22 de diciembre de 1963

Para la segunda actuación de El Cordobés se anunció un encierro de don Reyes Huerta y como alternantes del hispano a Manuel Capetillo y a Jorge El Ranchero Aguilar. De nueva cuenta en El Redondel se señala que la plaza no se llenó.

Ni el nombre de “El Cordobés” logró llenar la plaza de “El Toreo” de Cuatro Caminos, en domingo, y en competencia con la plaza “México”. La entrada es floja, y en ambas localidades se ven varios huecos, por más que en conjunto, sea la mejor entrada dominguera, en lo que va de temporada… Son muy ovacionados, a la hora del paseo, Manuel Capetillo, Jorge Aguilar y Manuel Benítez, a quienes veremos lidiar seis toros de la ganadería de Reyes Huerta…

Ojo señalaba en su columna semanal lo que a su juicio eran las razones de las entradas no óptimas en Cuatro Caminos. Ya en su crónica del festejo del día anterior apuntaba que el acceso a ese coso era complicado y en su espacio de opinión, agregaba:

La gente sigue prefiriendo la plaza México, que con un cartel flojo superó en entrada, con grandísima diferencia a su rival, donde el programa era mucho mejor... Para nosotros, ojalá y se llenaran las dos plazas, para que además de todos los privilegios de que disfruta, contara nuestra ciudad con ser la única en el mundo que sostuviera dos temporadas simultáneas de corridas de toros... ¿Habrá afición para llenar las dos plazas más grandes del mundo? Cuando este número de EL REDONDEL circule, ya se habrá despejado la incógnita... Seamos optimistas y recordemos aquello de que cómo México no hay dos...

Por su parte, Alberto A. Bitar, algo más de medio siglo después, dice que la concurrencia a la plaza ese domingo apenas llegó a media entrada:

Ese domingo, con escasa media entrada, alternó con Manuel Capetillo y Jorge Aguilar “El Ranchero”, con toros de Reyes Huerta y “El Cordobés” se remontó a las alturas cortando dos orejas de cada uno de sus toros…

Ambos escritores son de la misma casa editorial y con muchos años de diferencia, la crónica in situ y la remembranza de quien asistió al festejo presentan una importante diferencia en su apreciación, la que al final, no incide en el resultado, pero deja un hueco de conocimiento para el historiador.

El rotundo triunfo de El Cordobés

Al final de cuentas, Manuel Benítez terminaría por resarcir a la afición de la capital de lo sucedido el día anterior, porque se levantaría como el triunfador absoluto del festejo, imponiéndose a las condiciones de los toros que le tocaron en suerte y también a la animadversión que por momentos se le expresó desde los tendidos, según podemos advertir de lo que escribió en su crónica para El Redondel en esta oportunidad, Alfonso de Icaza hijo:

TERCER TORO: “Mexicano”, de 480 kilos, la misma pinta de los anteriores y cómodo de cabeza… Manuel Benítez “El Cordobés” está fatal con el capote, pues ni para, ni manda, ni nada. Pitos… “El Cordobés” comienza con muletazos de castigo, consintiendo y a poco se para, para varios derechazos, en los que aguanta mucho, pero toreando con la mano muy alta. De todas maneras, la gente que lo estaba abucheando cambia de actitud. Más derechazos, perdiendo el engaño al dar el pase de pecho con la izquierda… Hay un derechazo de vuelta y media, después del cual, aguantando a ley, se saca al toro por arriba y de ahí en adelante se va para arriba, demostrando que tiene una muñeca privilegiada, al correr la mano en derechazos eternos, pasándose siempre al toro por la propia faja. Es cogido sin consecuencias y cita para el natural izquierdista, dando tres pases juntos. Ya se ha echado al público a la bolsa… Derechazos van y vienen, unos largos y otros cortos, pero dados con una indiscutible personalidad y mostrando serenidad, que parecería que no tuviera toro enfrente. Este es magnífico, y el melenudo diestro, con un toreo que no se parece al de nadie sigue haciéndose ovacionar en forma entusiasta… Con feo estilo, pero entregándose, deja un estoconazo delanterillo, refrescado con certero descabello. Ovación, unánime petición de oreja, gritos de ¡torero!, ¡torero!, y dos orejas concedidas por la autoridad, con las cuales recorre el anillo en son de triunfo, entre otras tantas ovaciones...

SEXTO TORO: “Payaso”, con 515 kilos de peso, berrendo en negro y abierto de carniceras… Con el capote está perdido Manuel Benítez, que no hace sino bailar ante la cara de la res, provocando protestas… Benítez, molestado por su mechón, trata de hacerse de “Payaso”, que así se llama el toro, para dar después una serie de derechazos cortos, que no le dicen nada a nadie. Pero a medida que pasa el tiempo, va parando más y más, corriendo la mano como se debe… Cita de largo, se va acercando a la res como si fuera un león, y le receta más derechazos, de todos calibres que se jalean, venga o no al caso. Vienen ahora cuatro o cinco, de un ajuste extraordinario y nuevamente se echa al público en la bolsa… Siempre sobre la diestra, sigue corriendo la mano cuantas veces le viene en gana, con esa tranquilidad suya, que parece ser su mejor arma. Hay un momento en que se le queda su enemigo a medio pase, y se lo saca con un ligero movimiento de muñeca. Luego, uno de dos vueltas, en los que sólo gira sobre sus talones. La plaza parece un manicomio. Más de media estocada, tendida y tendenciosa, que hace doblar a poco, levantándose el animal, que se entrega junto a las tablas. Ovación, petición de oreja, que concede el compadre Silverio por partida doble, y salida triunfal por la puerta grande…

Cuatro orejas en la espuerta y la primera salida en hombros para su contabilidad personal. La personalidad y la aptitud torera de El Cordobés, destacada por Icaza hijo como un extraordinario juego de muñecas del torero, terminaron por imponerse a la poca paciencia que parecía demostrar la concurrencia al Toreo de Cuatro Caminos, que esperaba quizás, una actuación más explosiva del torero andaluz.

Manuel Capetillo saludó desde el tercio tras la lidia del primero de su lote y al finalizar su labor en el cuarto, las opiniones se dividieron, en tanto que el Ranchero Aguilar dio la vuelta al ruedo después de pasaportar al segundo de la tarde y el quinto, se le fue vivo a los corrales por sus fallos con la espada. La crónica me sorprendió en el sentido de que se ordenó la devolución del toro después del segundo aviso, seguramente por estar así legislado en el Reglamento entonces vigente en el Estado de México.

Lo que siguió después

El primer sorprendido y seguramente reconvenido, fue el doctor Alfonso Gaona, quien, a consejo de un anónimo informante, decidió que El Cordobés no era un torero para el gusto de la afición mexicana, de manera tal que no lo llevó al anuncio de su temporada en la Plaza México. Así lo cuenta don Alberto A. Bitar:

Una vez que El Mechudo emprendió viaje, los accionistas de la empresa – creo recordar que eran Emilio Azcárraga Milmo y el ingeniero Alejo Peralta – llamaron a cuentas al galeno y, obviamente, le reclamaron por los millones que pudieron engrosar sus respectivos bolsillos, así que, sintiéndolo mucho, le retiraban el cargo de gerente de la plaza México, noticia que corrió, como vulgarmente se dice, como reguero de pólvora, preguntándose los aficionados quien sería el elegido…

La salida del doctor Gaona no se dio precisamente en esos tiempos, pero sí al final de la temporada, pero la apreciación de don Alberto es clara en el sentido de que el error de cálculo del gerente de la empresa de la Plaza México fue gravísimo y el haber dejado a El Cordobés para el elenco de la competencia, efectivamente les causaría un quebranto importante.

Por otra parte, citaba en la primera parte de estos apuntes, al referirme a lo declarado por Manuel Benítez a Clarinero, que había manifestado que solamente estaba contratado por dos corridas y más adelante en la misma charla, agregó que tenía pensado descansar un mes completo antes de iniciar su preparación para la temporada española. 

El triunfo del 22 de diciembre del 63 en Cuatro Caminos le abrió prácticamente todas las plazas de la República y a inicios de 1964 regresaría a México para iniciar un auténtico “maratón” taurino, pues toreó la friolera de 32 corridas de toros en 39 días, iniciando su recorrido del territorio nacional el sábado 18 de enero en el Toreo de Cuatro Caminos y lo concluyó el miércoles 25 de febrero en Uruapan. 

En esa extensa jornada, toreaba todos los días de la semana – laborables o no – y salvo un corte profundo en una mano que sufrió en Torreón el 28 de enero, que le hizo perder sus tres compromisos en la feria de Manizales, estuvo presto a salir al ruedo en todas las plazas para las que fue contratado.

En conclusión

La llegada de El Cordobés a los ruedos del mundo representó, sin duda, una transición etaria en la historia del toreo. También vendría a constituirse en un agente de cambio para la forma en la que los festejos se organizaban y, sobre todo, en los mandos prevalecientes en los estamentos de la fiesta, porque, sin duda, un par de años después, no se movía nada en el ambiente de los toros, sin el plácet de Manuel Benítez.

Toreros, ganaderos, empresarios y aficionados del mundo entero, quedaron subyugados y sometidos al nuevo modo de hacer las cosas que sugirió la irrupción de El Cordobés a los ruedos. Se produjo, sin duda, una revolución en la fiesta, no en la forma de hacer delante de los toros, sino en la forma de hacer la fiesta misma.

Es por eso que en estas fechas que se cumplen 60 años de la presentación de El Cordobés en tierras mexicanas, precisamente en el Toreo de Cuatro Caminos que externo estos recuerdos, que indudablemente, impactaron a la fiesta en nuestro país.

sábado, 23 de diciembre de 2023

21 y 22 de diciembre de 1963: El Cordobés se presenta en México (I/II)

El Cordobés
Después del rebumbio que Manuel Benítez armó en ruedos de Europa entre 1962 y 63, ya alternativado, se decidió a hacer las Américas. Comenzó por el Sur del continente, iniciando su campaña en plazas como Lima y Bogotá. A la Ciudad de México llegó el 16 de diciembre de 1963, casi una semana antes de su presentación en el Toreo de Cuatro Caminos, dedicándose a hacer una especie de gira de medios. En su visita a El Redondel, fue entrevistado por Rafael Morales Clarinero, a quien, entre otras cosas, le dijo lo siguiente:

Llevo diez corridas en América y un día toree dos... Me gustó mucho Lima, y en todas partes me han tratado muy bien... Esta temporada en España toree 14 novilladas y 63 corridas... Tengo 60 firmadas para la temporada próxima... Después de estas dos corridas aquí me voy a Cali, para torear el 27 y 29... No sé si regrese a México, eso es cosa de mi apoderado... Yo estoy dispuesto a dejar contento al público, aunque como es natural, no siempre se puede...

Habló también del hecho de que quien hace figura a un torero son los públicos y no los apoderados – con referencia expresa a Rafael Sánchez El Pipo – y a su gusto por ir aprendiendo las cosas de la vida y por ello la presencia en su equipo de un profesor de cultura general que le iba ilustrando sobre lo que iba viviendo en el cambio que su existencia estaba experimentando.

La contratación de El Cordobés

En algunos espacios anteriores ya había expuesto por aquí que el Toreo de Cuatro Caminos para esta particular temporada estaba a cargo de doña Dolores Olmedo, su hijo Carlos Phillips Olmedo y su entonces marido, el rejoneador Juan Cañedo. Otras informaciones agregan que tuvo alguna intervención en la operación taurina del coso don Pablo B. Ochoa, que era el hombre de confianza del Ing. Armando Bernal, propietario del inmueble, como lo refiere Alberto A. Bitar:

En México, aún antes de presentarse entre nosotros – esto si podía pagársele lo que cobraba – se le tenía ya como un “figurón del toreo” y cuando se supo que vendría a El Toreo de Cuatro Caminos… el joven hijo de la señora Olmedo, fue más asediado y perseguido que un ministro de Estado… Si mal no recuerdo, entró “al quite” don Pablo B. Ochoa, aunque no estoy plenamente seguro de esto… a los dos días estaba yo en su oficina para plantearle que nos permitiera seguir utilizando el teléfono que se utilizaba para las novilladas y el palco donde estaba instalada la conexión telefónica, desde que se inauguraran los festejos taurinos en ese coso… Un joven espigado, por demás correcto y amable, me recibió a la hora indicada y cuando le expuse el motivo de la visita, más o menos me dijo lo siguiente: “sé muy bien de la importancia de El Redondel y, desde luego, cuente con el servicio telefónico que, enterado estoy, ustedes lo han venido pagando para trasmitir los festejos de los domingos. Los palcos tienen ocho asientos, la mitad en las filas delanteras y el resto en la parte de atrás, así que pueden contar con los cuatro delanteros” … Nunca olvidé el trato y la educación del señor Olmedo…

Así pues, El Redondel conservó su sitio para hacer su crónica in situ por la vía telefónica de manera que estuviera lista unas horas después de la conclusión del festejo y también nos deja ver que los nuevos empresarios tuvieron el apoyo de la propiedad de la plaza, por la vía del experimentado don Pablo B. Ochoa.

Sin desdoro de las demás presencias en el elenco del derecho de apartado de la Plaza México, la estrella más rutilante con la que contaba era Paco Camino, a esas fechas ya yerno del doctor Alfonso Gaona y resulta hasta algún punto inexplicable, el por qué no se trajo al torero de Palma del Río para formar parte de ese grupo de toreros. El mismo Alberto A. Bitar, lo explica de la siguiente manera:

El doctor Gaona había pedido su opinión a un amigo suyo que se encontraba en España (al parecer un militar de muy alta graduación) acerca de El Cordobés y éste le contestó que ni se le ocurriera traerlo a México, ya que los aficionados lo matarían a él y al de Palma del Río, y fue por ello que el “equipo” mencionado “le mató la mano al galeno” …

El inicio del desarrollo de los hechos parecería que le daba la razón al doctor Gaona y a su anónimo informante, según veremos enseguida.

La tercera corrida de la temporada en Cuatro Caminos

La apretada agenda de El Cordobés hizo que se le programara su presentación para el sábado 21 de diciembre de ese 1963. Se le anunció para alternar con Alfredo Leal y Víctor Huerta en la lidia de un encierro de Tequisquiapan, de don Fernando de la Mora Madaleno. En el papel, la combinación resultaba atractiva, porque El Príncipe del Toreo era el triunfador de la corrida anterior y por su parte Víctor Huerta había iniciado sus pasos como novillero allí en El Toreo. Creo que el atractivo que representaba Manuel Benítez, no requiere explicación.

Pero el taurino dicho aquel de que el toro llega y todo lo descompone, se materializó esa tarde de sábado, según lo contó don Alfonso de Icaza Ojo, en el exordio de su crónica para El Redondel:

Una corrida de saldo de Tequisquiapan… No hay por qué sacar las cosas de quicio… Cierto que Manuel Benítez “El Cordobés”, ni llenó la plaza, ni satisfizo el gusto de la afición mexicana, pero hay que tomar en cuenta las condiciones desfavorables en que el famoso diestro hizo su presentación en México… Tarde de un día de trabajo; plaza a la que la gente va con dificultad; aumento considerable en los precios de las entradas, y una corrida de saldos, así haya procedido de una de nuestras mejores ganaderías…

El argumento de inicio es un claro resumen de lo que sucedió ese día. Un encierro que no correspondió a lo que de él se esperaba y una elección de fecha desafortunada. Ya se advertía, desde entonces, la complicación para acceder al coso de Cuatro Caminos – cuestión que fue quizás una de las causas de su defunción – y, sobre todo, la subida del precio de las entradas para ver al fenómeno del momento.

En cuanto a la entrada, hay recuentos son contradictorios. Ernesto Navarrete Don Neto, en su crónica para la Agencia France Presse (AFP), afirma:

Ante un lleno absoluto, pero sin llegar a agotarse las localidades como todo el mundo creía, pese a los altísimos precios que se cobraron esta tarde...

Como se puede ver, hasta para calibrar la cantidad de público que acudió a la plaza a ver al debutante, se levantó polémica.

La actuación del El Cordobés

Manuel Benítez tuvo una tarde en la que no pudo justificar lo que de él se decía en la prensa, tanto generalista como especializada. Evidentemente se esperaba que llegara a acabar con el cuadro, pero no sucedió así. El torero de Palma del Río tuvo momentos de lucimiento, pero sin justificar la vitola con la que venía anticipado. Don Neto, en su relación para la AFP, lo juzgó de la siguiente manera:

En algunos momentos, “El Cordobés” enardeció a la multitud, pero en general defraudó a la afición que esperaba más de él... Torero con personalidad, basto en sus procedimientos y falto de recursos, salió del paso en su primero... después de una faena valentona e ineficaz en la que mató con horrendo espadazo en las costillas... Al sustituto del sexto le paró en verónicas dramáticas y con la muleta dio algunos pases de mérito al igual con la diestra que con la zurda, enardeciendo a la gente en algunas ocasiones. Prolongó el trasteo más de la cuenta y éste vino a menos. Cuando mató con estocada hasta las cintas, se dividieron las opiniones...

La crónica de Ojo es algo más detallada y la explicación se encuentra en que no tenía demasiada limitación de espacio para expresarse, como vemos enseguida:

En su primer toro, con más de quinientos kilos sobre los lomos, y quién sabe cuántos años a cuestas, poco pudo hacer “El Cordobés”, que se deshizo de él mediante dos pinchazos y una estocada, enseñando, desde luego, que tiene un feo estilo para matar… Pero en su segundo cambió la cosa, y estuvo Benítez a punto de armar la escandalera… Aguanta enormidades; torea desde muy cerca, y si en sus derechazos y naturales corre la mano, y se enrosca al toro en la cintura, en sus pases de pecho se lo pasa todo entero a unos cuantos centímetros de la faja… Decíamos que estuvo a punto de armar la escandalera, porque hubo momentos, durante su faena el público rugía de entusiasmo, pero cuando el triunfo estaba a su alcance, se descompuso un momento; el toro pudo más que él, y no obstante que dio entonces dos molinetes en la propia cara de su enemigo, o quizá por haberlos dado, en vez de seguir los procedimientos anteriores... el caso fue que mucha gente le volvió las espaldas, como se las volvió cuando después de haber matado con el feo estilo que acostumbra, de una estocada en buen sitio, no lo dejó dar la vuelta al ruedo, pedida por el público de sombra, que inclusive sacó no pocos pañuelos en solicitud de una oreja que no habría tenido razón de ser…

Nuevamente vemos espacio para la discusión. La cuestión reside, creo, en el hecho de que no se pudo ver desde la primera actuación de El Cordobés al huracán arrollador que salía con las orejas de todos sus toros en las manos a cualquier costo. Eso es quizás lo que confundió a la afición que lo vio y también, por qué no decirlo, a la crónica que se encargó de narrar esa su primera actuación.

El resto de la corrida

Alfredo Leal estuvo discreto con los dos toros de su lote y uno de regalo y también Víctor Huerta cerró su actuación con el silencio de la concurrencia en sus dos toros. De Leal, dijo Ojo que, si tuviera un poquito del aguante de El Cordobés, sería un torero de época y a Víctor Huerta, lo calificó como anodino.

Pero había una tarde más para El Mechudo al día siguiente. De ese asunto me ocuparé el día de mañana, dada la extensión que van ocupando estas notas.

domingo, 17 de diciembre de 2023

15 de diciembre de 1963: Pedrés y Alfredo Leal triunfan en el Toreo de Cuatro Caminos

El Toreo de Cuatro Caminos
Al concluir la temporada 1962 – 63 en el Toreo de Cuatro Caminos, se dio a conocer que DEMSA, la empresa que dirigía en el aspecto taurino el doctor Alfonso Gaona, se concentraría en ofrecer espectáculos exclusivamente en la Plaza México, por lo que el escenario de Naucalpan quedaba vacante y podríamos decir que a disposición de cualquiera que se interesara por dar festejos en ese lugar.

No transcurrió mucho tiempo para que la señora Dolores Olmedo, en unión de su entonces marido, el rejoneador Juan Cañedo – civilmente Hugo Olvera Villafaña – y su hijo Carlos Phillips Olmedo, manifestaran su interés por esa plaza de toros y la tomaran en arrendamiento. Pronto se encaminaron a Europa para contratar a figuras de importancia de aquellos ruedos, y como le contó don Alejo Peralta al periodista Luis Suárez, fue en el vuelo trasatlántico, donde el propio Peralta se agregó a la incipiente empresa, pues la idea central de Cañedo era traer a México a El Cordobés, que era quien estaba revolucionando allá las cosas de los toros.

No es ocioso señalar que Alejo Peralta era el tenedor principal de las acciones de DEMSA en aquellos días, razón por la cual, en el caso de Cuatro Caminos, participaba en la sombra en un negocio que le hacía competencia a otro en el que él mandaba. Con lo que no contaba don Alejo, era que el doctor Gaona conocía los entretelones de la fiesta y con eso le iba a causar más de algún dolor de cabeza a los nuevos empresarios de El Toreo.

Al final se logró contratar a El Cordobés, inicialmente para un par de tardes, convirtiéndole en el eje de una temporada que constó de catorce festejos y en la que nuestras figuras, encabezadas por Calesero, Antonio Velázquez, Rafael Rodríguez, Jesús Córdoba, Manuel Capetillo y El Ranchero Aguilar fueron los encargados de darle la réplica al de Palma del Río, en tanto que en la Plaza México, el elenco se apoyó en Luis Procuna, Joselito Huerta y Jaime Rangel por la parte nacional y El Viti, Mondeño, Paco Camino y Diego Puerta por la parte extranjera.

Cuenta Alejo Peralta por vía de Luis Suárez en Alejo Peralta: un patrón sin patrones:

La empresa de la México, regenteada aún por Gaona, paró mientes en el asunto, pues si bien El Cordobés no era conocido en México, aquí ya retumbaba la fama que su figura y valor levantaban en otras arenas. Lo primero que hizo la más experta competencia fue controlar las ganaderías, de modo que los ganaderos no vendían toros a la señora Olmedo…

Así entonces, las ganaderías que se presentaron en Cuatro Caminos en aquellas fechas eran, o de aquellas que tenían tiempo de haber visto pasar sus mejores días, o de las que hoy en día llamaríamos emergentes y de las que las condiciones de sus productos no eran muy conocidas.

La segunda corrida de la temporada 1963 – 64 

La temporada se abrió el domingo 8 de diciembre con un cartel formado por el rejoneador Gastón Santos y los matadores Juan Silveti, César Girón y Martín Sánchez Pinto, quienes lidiaron toros de El Rocío.

La segunda fecha de la temporada originalmente se anunció con un encierro de Soltepec para el rejoneador Fermín Bohórquez, Alfonso Ramírez Calesero, Pedro Martínez Pedrés y Alfredo Leal. Cuando el encierro anunciado fue bajado a los corrales de Cuatro Caminos, el juez de plaza, el Faraón Silverio Pérez lo rechazó por su evidente falta de trapío. La prensa de la época menciona que esa circunstancia se conoció a nivel de rumor o trascendido, más nunca por una declaración oficial de empresa o autoridades.

Posteriormente, la víspera de la corrida en la mañana, se hizo del conocimiento público que Calesero presentó un parte médico señalando que padecía una lesión en un tobillo, por lo que no podría actuar, anunciándose que lo sustituiría Jesús Córdoba. Dice la crónica – de agencia – del festejo aparecida en el diario El Siglo de Torreón al día siguiente del festejo:

Este festejo estuvo salpicado de dudas y engaños toda la semana, pues mientras todo el mundo sabía que los toros de Soltepec no habían dado el peso y la autoridad representada por el diputado Silverio Pérez no los había aceptado, la empresa puso oídos de mercader y siguió anunciándolos hasta ayer sábado. Lo mismo ocurrió con “Calesero”, cuya imposibilidad para torear fue anunciada apenas anoche, por lo que se puso a Jesús Córdoba sin que estuviera preparado… La entrada fue inferior a la de la inauguración de la temporada y con diminutos carteles en las puertas de acceso al coso se anunció que la corrida de Soltepec había sido cambiada por una de San Diego de los Padres…

Al final, se terminaron lidiando, un toro de Heriberto Rodríguez para rejones; dos de Soltepec, uno sustituto del tercero de la lidia ordinaria, que fue devuelto por manso y otro, de regalo y cinco de San Diego de los Padres, que fue el encierro que sustituyó al originalmente anunciado.

Lo mejor de la tarde lo hicieron Pedrés con el segundo de San Diego de los Padres, al que le cortó una oreja y Alfredo Leal con el octavo de la jornada, de Soltepec, al que le cortó las dos orejas.

La actuación de Pedrés

El albaceteño Pedro Martínez Pedrés regresaba a México después de varios años de ausencia. Había confirmado su alternativa en la Plaza México una década antes, dejando una buena impresión y ahora reaparecía en ruedos mexicanos. El primero de su lote fue Machaquito, de San Diego de los Padres. Escribió Alfonso de Icaza hijo para El Redondel, salido a los puestos el mismo día del festejo:

Pedro Martínez brinda al respetable y se inicia con un ayudado por alto, tras del cual el toro arranca un pedazo de burladero. Torea luego sobre la derecha, por arriba, con sitio y conocimiento de causa, pero sin dar mayor sabor a las suertes. Dos derechazos que no brillan, y cambio de mano para torear al natural, sin dar tampoco mayor profundidad a sus pases, por lo que casi siempre se deja encima a su adversario… Éste dobla otra vez las manos, se vuelve reservón, pero Pedrés le llega hasta la propia cara, para sacárselo en varios derechazos, eso sí, largos y profundos. Otra tanda más completa que la anterior, con la cosa de que se ve muy por encima el matador sobre la bestia… Entra a matar por derecho para dejar una entera, tendenciosa, que surte los deseados efectos. Ovación, petición de oreja que es atendida por la autoridad y vuelta al ruedo en son de triunfo… Una vez más contrasta el esfuerzo de los diestros hispanos con la abulia de los nuestros…

La última expresión de las reflexiones de Icaza hijo, vienen a colación de la columna editorial de su padre Ojo, que cuestionaba con fuerza en la misma fecha, la abulia con la que se conducían nuestros toreros y los rumores que se propagaban, en el sentido de que el convenio se rompería otra vez, para concluir señalando que no era cuestión de echar a los de fuera, sino de enfrentarse a ellos con hidalguía.

Alfredo Leal y el sobrero de Soltepec

Alfredo Leal había tenido una tarde poco afortunada con el lote que le tocó, pues el primero de los de San Diego que sorteó fue devuelto a los corrales por manso y sustituido por uno de Soltepec que fue muy complicado; el segundo suyo, también de San Diego de los Padres, se aquerenció junto al cadáver de un caballo que murió durante el tercio de varas y no fue posible lidiarlo en condiciones, por lo que optó por regalar un octavo toro, de Soltepec, ante el que, según el citado Icaza hijo, realizó:

De la ganadería de Soltepec, negro bragado, abierto de pitones y no se anuncia su peso, que se puede calcular, cuando mucho, en unos 400 kilos… Alfredo Leal veroniquea a pies juntos primero y abriendo el compás después, acabando por armar la escandalera, ya que está toreando como los propios ángeles. La media final es de oro y la ovación a la altura de las circunstancias… Con una varita se pasa al astado, no sin que Leal nos volviera a recrear la vista, con varios lances al natural… Alfredo cita de largo, muleta en mano, para dar un sensacional pase cambiado en el centro del anillo. Sigue toreando, sobre la diestra, corriendo la mano con primor en sus derechazos, para rematar con el forzado de pecho. Ovaciones. Más derechazos, a un toro que sigue el engaño con primor. Pasándose la pañosa a la izquierda, para varios naturales buenos, viniendo la cogida a poco, al dar uno de pecho. Se levanta cojeando y con la taleguilla rota y sangrando, cita para dos o tres muletazos más y deja un estoconazo desprendido de efectos fulminantes. Ovación clamorosa, gritos de torero, y petición de oreja que concede el juez de plaza por partida doble…

Al final, in extremis, Alfredo Leal terminó por salvar una tarde que comenzó mal desde su anuncio, aunque en su espacio editorial de la siguiente semana, don Alfonso de Icaza Ojo, haría la siguiente reflexión:

En el coso de Cuatro Caminos, una gran faena de Pedro Martínez “Pedrés”, a un toro que precisaba un torero tan bueno como el albaceteño, que además estuvo en plan de gran matador; la labor completa de Alfredo Leal en el toro de obsequio, y de alivio por su tamaño y sus condiciones de lidia, y paren ustedes de contar…

De nuevo hacía Ojo la distinción entre la faena del torero poderoso y el torero que se aliviaba. Al final de cuentas, el resultado de la tarde trascendió poco a la historia de sus actores, pero sí lo hizo a la de la plaza y a la de nuestra fiesta, porque fue el preludio de una temporada que tuvo una trascendencia grande a partir, prácticamente, de uno solo de sus integrantes.

En las próximas entradas, seguiré tratando sobre algunas de estas cuestiones.

domingo, 3 de diciembre de 2023

1º de diciembre de 1963: Guillermo Sandoval confirma su alternativa en la Plaza México

Guillermo Sandoval confirma en
Madrid 1° agosto 1965
Foto: Martín Santos Yubero
El inicio de la década de los sesenta fue promisoria para el toreo en México. Surgió una generación de novilleros que parecía que representarían el relevo de los toreros de nuestra Edad de Plata de una manera tersa, sin sobresaltos. Así, vimos surgir en las plazas México y el Toreo de Cuatro Caminos a Abel Flores El Papelero, Gabino Aguilar, Mauro Liceaga, Fernando de la Peña, y Guillermo Sandoval quienes atrajeron la atención de las casas de apoderamiento españolas que se hicieron presentes aquí a finales de 1961, en la persona entre otros de Alberto Alonso Belmonte, Cristóbal Becerra y los diestros retirados Pepe Iglesias y Antonio Posada, quienes buscaban contratar para sus grupos a algunos de esos novilleros y por supuesto a varios de los matadores que encabezaban nuestro escalafón.

Guillermo Sandoval, originario del barrio de Peralvillo de la capital mexicana, que se había presentado en Cuatro Caminos el 7 de mayo de 1961 y en la Plaza México el 16 de julio siguiente – ambas plazas las llevaba al mismo tiempo el Dr. Alfonso Gaona – se fue a España dándole poderes a Pepe Iglesias, quien por las plazas en las que actuó el torero capitalino, debió ser cercano a la empresa Jardón, que tenía a su cargo la plaza de Las Ventas. Así, casi al bajarse del avión, le contrata su presentación en Zaragoza, para el 8 de abril de 1962, alternando con El Cordobés y Rafael Ataide Rafaelillo en la lidia de novillos de Baltasar Ibán

Así iniciaría una campaña en la que torearía 27 novilladas, destacando sus actuaciones en plazas como Zaragoza (5), Madrid (3), Barcelona (2), Valencia (2), San Sebastián (2) o Alicante. Fue el novillero mexicano que más tardes sumó ese año y quedó arreglado para volver el siguiente, cuando toreó 5 novilladas más otras tres en Madrid, una más en Zaragoza y cerró ese capítulo de su carrera en Calatayud.

La alternativa la recibió en Barcelona el 18 de agosto de 1963, de manos de Joaquín Bernadó y fungiendo como testigo Vicente Fernández El Caracol. El toro de la ceremonia se llamó Algarrobito y fue de la ganadería salmantina de Lamamié de Clairac. Ese calendario todavía alcanzó a sumar otras tres corridas de toros, todas en Palma de Mallorca, entre el 25 de agosto y el 20 de octubre de ese año.

La confirmación de alternativa de Guillermo Sandoval

La temporada de toros 1963 – 64 en la capital mexicana se verificó en dos plazas. Por una parte, la México tenía como cabezas de su elenco a Luis Procuna, Joselito Huerta, Jaime Rangel, Paco Camino, Diego Puerta, El Viti y proponía como confirmantes a Guillermo Sandoval, Fernando de la Peña, Oscar Realme y Abel Flores El Papelero, todos ellos doctorados entre agosto y el final de septiembre en ruedos hispanos y en el caso de Realme, ya hasta confirmado en Madrid.

El elenco de Cuatro Caminos, plaza llevada en esta oportunidad por Alejo Peralta y Dolores Olmedo, se apoyaba en Calesero, Antonio Velázquez, Rafael Rodríguez, Jesús Córdoba, Manuel Capetillo, Juan Silveti, El Ranchero Aguilar, Alfredo Leal y era el gran atractivo del mismo Manuel Benítez El Cordobés, que venía junto con Pedrés, El Caracol y el venezolano César Girón. En algún otro punto de esta bitácora, conté ya que el punto débil de esta empresa estuvo en la obtención de ganado de garantías, porque la empresa de la México, le bloqueó cualquier posibilidad de conseguirlo.

La corrida inaugural de esa temporada en la Plaza México se celebró el 1º de diciembre de 1963, cuando para lidiar un encierro de Tequisquiapan, se anunció a Humberto Moro, Santiago Martín El Viti y Guillermo Sandoval, quien confirmaría su alternativa. A propósito de ese festejo de apertura de temporada, escribió para El Redondel don Alfonso de Icaza Ojo:

La corrida inaugural de la temporada grande siempre es un acontecimiento en nuestra incomparable Ciudad de los Palacios... Hoy la gente ha llenado las localidades numeradas, mucho más que las generales, lo que demuestra que no persigue la baratura de los precios, sino el ver la fiesta desde más cerca y en el mejor asiento posible... Nuestras corridas seguirán siendo grandes, en tanto el público responda a los buenos carteles que se le ofrecen... Preside la corrida el licenciado Jacobo Pérez Verdía, asesorado por Samuel Solís... El tiempo es magnífico, pues brilla el sol en el azul de nuestro cielo, calentando el ambiente que al amanecer de hoy era gélido...

No fue precisamente un lleno el que provocó esa primera tarde, pero sí una entrada respetable, que reflejaba el interés de un cartel imaginativo, balanceado y que dejaba a la afición esperar que en ella se dieran hazañas dignas de ser recordadas.

El primer toro de la corrida se llamó Indiano, de pelo cárdeno claro y se le anunciaron 520 kilos en la tablilla. Fue el de la confirmación de Guillermo Sandoval. Su actuación ante él, de acuerdo con el ya invocado Ojo fue de la siguiente guisa:

Brinda el diestro de Peralvillo a un señor que suponemos sea su padre y pasa a habérselas con un toro que toma muy bien el engaño, yendo hasta donde lo mandan. Comienza a muletearlo cerca de las tablas, siempre por alto, hasta que remata la serie con un pase de trinchera bien instrumentado... Cita de largo con la zurda... resultando cogido a poco... Varios buenos derechazos llevando al toro desde aquí hasta allá, y nueva cogida, rompiéndole la taleguilla. Se levanta y el público lo aplaude ruidosamente... trata de entrar a herir, pero una parte del público se opone. Nueva ración de trapo, con abundancia de derechazos eternos, que demuestra que el toro tenía todavía mucho que torearle... media estocada delantera y perpendicular a un tiempo... los peones capotean y extraen el arma y Sandoval entra de nuevo y deja el estoque delantero, casi hasta el puño, doblando casi de inmediato la res... Hay palmas al toro en el arrastre y ovación para Guillermo Sandoval que saluda desde el tercio...

Por su parte, Carlos León, en sus Cartas Boca Arriba del diario Novedades, dirigiéndose en esta oportunidad a Pedro Chicote, en su Museo Internacional de Bebidas en Madrid, discurre:

Guillermo se pasó dos años en España y, si actuó bastante como novillero, viene apenas con cuatro actuaciones como matador de toros. Su verdor, pues, era lógico que fuera como el de un ligero vino abocado. Sin embargo, el novel espada salió con ansias novilleriles y, en el sorteo, tuvo mejor suerte que la venturosa del sacristán de Boccaccio 70... Nobilísimo era el cárdeno que Don Fernando de la Mora envió para abrir plaza. Un toro para consagrarse, pero... el neófito no lo comprendió y trató de muletearlo a salga pez o salga rana. Y así no es posible. Se llevó dos impresionantes volteretas, de las que se levantó como sólo podían hacerlo Adán y Eva: sin verse la ropa. Pero la voluntad y el valor no fueron suficientes ante un burel de seda que exigía un torero…

Guillermo Sandoval fue herido por el toro que cerró la corrida, llamado Rumbero, sexto – bis del encierro, ante el cual parecía estarse acomodando y presentando por fin el toreo de clase que le caracterizaba. Escribe Carlos León:

Con el sustituto del sexto volvió a tener la suerte de topar con un bicho excelente, más apenas empezaba a armar la escandalera con el capote, cuando se produjo otra cogida, que ahora sí lo mandó a la enfermería...

Por su parte, Ojo reflexiona acerca de la actuación del confirmante ante este segundo toro de su lote:

...después de unos cuantos capotazos de tanteo liga hasta media docena de buenas verónicas, que remata por partida triple con un recorte muy ceñido, una “brionesa” y una rebolera, oyendo palmas en abundancia de la concurrencia... Sandoval, en el quite, chicuelea primorosamente, pero es cogido después de la manera más tonta: remata de rodillas, el toro hace por él y él hace por el toro, que no tiene sino estirar la gaita, para inferirle una cornada en el muslo derecho, que provoca hemorragia...

Cuando parecía que Guillermo Sandoval iba a redimir su crédito ante la afición de la capital, se encontró con los pitones de los toros y sus intenciones se quedaron en mera declaración. Volvería a la Plaza México el 26 de enero de 1964, para alternar con Luis Procuna y Diego Puerta ante un encierro del Ing. Mariano Ramírez y ya no regresaría vestido de luces a la gran plaza.

El resto de la corrida

Santiago Martín El Viti firmó esa tarde una de sus grandes obras en el coso de Insurgentes. Lo hizo ante el quinto de la corrida, Hortelano, al que le cortó las dos orejas, faena de la que Carlos León dijo: Santiago era un ausente de sí mismo y de su alrededor – de su yo y sus circunstancias, como diría Ortega y Gasset – pues allí no existía sino el toro, sólo el toro que el “Viti” iba creando a la medida de su muleta...

Por su parte, Humberto Moro no tuvo una reaparición feliz en la Plaza México, no obstante que tuvo tres toros para revitalizar su cartel ante la afición capitalina. Fue una de esas tardes en la que simplemente no se acomodó.

El futuro de Guillermo Sandoval

Guillermo Sandoval confirmaría su alternativa en Madrid el 1º de agosto de 1965, recibiendo los trastos nuevamente de manos de Joaquín Bernadó y en presencia de Antonio Sánchez Fuentes, cediéndole el primero de los toros de Miguel Zaballos corridos esa tarde veraniega. Fue la única corrida en la que actuó ese año en aquellas tierras y sufrió una cornada grave, según se deduce del parte médico rendido:

Durante la lidia del primer toro ingresó en esta enfermería el diestro Guillermo Sandoval, con herida por asta de toro situada en cara antero interna del muslo izquierdo en la unión con el tercio superior con el medio, que interesa piel, tejido celular y aponeurosis femoral con una trayectoria de cinco centímetros de longitud dirigida hacia atrás y hacia arriba que produce grandes destrozos en el muslo, vasto interno y abductores; contusionando el paquete vascular con espasmo arterial, desgarro de la vena femoral y arrancamiento de la colateral con abundante hemorragia que hizo precisa transfusión de sangre durante todo el acto operatorio. Luxación escapulo humeral del lado derecho. Pronóstico grave.

Como se puede ver, a Guillermo los toros lo castigaron duramente en los momentos menos oportunos.

En 1966 se produjo un cisma sindical entre la torería mexicana y nació lo que hoy es la Asociación Nacional de Matadores de Toros, Novillos, Rejoneadores y Similares. Pero quedó subsistente en el ámbito local de la Ciudad de México la Unión Mexicana de Matadores de Toros y Novillos, misma que fue liderada por Luis Procuna. El semanario El Ruedo de Madrid, fechado el 27 de diciembre de 1966 contenía la siguiente información:

Después de consumada la escisión entre los toreros mejicanos, las personas que forman los Comités o Juntas Directivas de la Unión y de la Asociación son las siguientes: Unión. - Luis Procuna, reelegido secretario general, Jesús Córdoba, Oscar Realme, Víctor Huerta, Guillermo Sandoval y Fernando de la Peña. En Honor y Justicia, Emilio Sosa, Eduardo Moreno y el novillero Rafael Ramírez. En Hacienda y Vigilancia, Emilio Rodríguez Vela, Jorge Carrillo y el novillero Roberto Segovia...

Prácticamente todos los toreros que se integraron a la Unión y que ocuparon cargos directivos en ella, terminaron casi en ese momento sus carreras, pues por una especie de pacto de caballeros, las empresas contrataban preferentemente a los afiliados a la Asociación. Guillermo Sandoval siguió toreando intermitentemente hasta el año de 1978, año en el que encontré el último registro de una actuación suya, el 19 de octubre, en Acapulco, mano a mano con el diestro ecuatoriano Bolívar Vasco, en la lidia de toros de Matancillas. Esa tarde cortó tres orejas a los toros de su lote.

Hoy recuerdo a Guillermo Sandoval en el sexagésimo aniversario de su confirmación de alternativa, un torero que por su clase pudo ocupar un sitio de privilegio en los ruedos de México.

domingo, 27 de marzo de 2022

1º de abril de 1962: Joaquín Bernadó y Manzanero de Coaxamalucan

Joaquín Bernadó
Foto: Martín Sánchez Yubero
Joaquín Bernadó inició el año de 1962 en Guadalajara el día 14 de enero y allí, en El Progreso, compartiendo cartel con Alfonso Ramírez Calesero y Jorge El Ranchero Aguilar, ante toros de Tequisquiapan, y se reiteraría, como escribió el cronista del diario El Informador que firmó como Gitanillo, que le definió como un torero:

...de gran personalidad, exquisita clase y una suavidad de seda, que corre la mano con temple extraordinario... y con su gran clase logró que los aficionados se le entregaran en su presentación...

Dos semanas después tuvo la ocasión de refrendar su buen hacer ante una complicada corrida de Xajay en el Toreo de Cuatro Caminos, alternando con el caballero en plaza Ángel Peralta, Rafael Rodríguez y Antonio Campos El Imposible. Solamente pudo dejar constancia en esta tarde de sus buenas formas ante los toros, pues la corrida no permitió a ninguno de los diestros actuantes manera alguna de lucimiento en esa sexta corrida del ciclo organizado por el doctor Alfonso Gaona.

La décimo quinta de la temporada 61 - 62

Para el primer día de abril del año 62, se anunció un encierro de Coaxamalucan, de don Felipe González, para Manuel Capetillo en su tercera comparecencia de la temporada, Joaquín Bernadó que iba a por su segunda tarde, José Ramón Tirado también en una tercera actuación y el madrileño Luis Segura que se presentaba por segunda ocasión, reapareciendo después de la grave cornada que recibió el 11 de febrero anterior. Al final de cuentas, de los toros anunciados se lidiaron solamente siete, pues el que abrió plaza fue de Piedras Negras.

El segundo de la tarde se llamó Manzanero y lo que apreció don Alfonso de Icaza Ojo acerca de la labor de Joaquín Bernadó ante él en su crónica aparecida en El Redondel de la misma fecha del festejo, es de la siguiente guisa:

…“Manzanero”, de mucho menos respeto, pues se trata de un novillo de pinta fúnebre y bizco del pitón izquierdo.

Joaquín Bernadó le sale al encuentro, trata de recogerlo, y una vez que lo logra, da varios lances de chicotazo, con los pies juntos, para instrumentar después tres buenas verónicas, toreramente rematadas. Ovación y dianas.

El propio Bernadó pone al toro en suerte, mediante un abaniqueo, y cuando él da una larga, echándose el capote a la espalda, el de Coaxamalucan dobla los remos. Una vara recargando y de nuevo cae el toro cuando hace el quite el diestro catalán, que, citando después desde lejos, instrumenta tres saltilleras estatuarias y bien rematadas que le valen nuevas ovaciones.

Siguen los banderilleros haciendo de las suyas.

Bernadó brinda a un amigo y hace que su peón le lleve el toro a las tablas, para iniciar su faena con tres pases en el estribo. Airosamente se lleva al toro a los medios y ahí corre la mano de manera superior en varios derechazos, a la vez que torea al natural, de frente, con auténtico preciosismo. El toro se echa, pero el diestro no se desanima, antes, por lo contrario, continúa toreando cada vez mejor; da un pase en dos tiempos, muy espectacular, y se adorna con manoletinas y afarolados. Las palmas del público han atronado el espacio cuando Joaquín entra a matar muy derecho, y deja una estocada entera. Estalla la ovación, y la autoridad concede dos orejas, dando el espada dos vueltas al anillo.

Dispénsesenos que no detallemos más la labor de Bernadó, pues nuestro teléfono sufrió una larga interrupción…

El juicio de Ojo respecto de la presencia del encierro es duro, desde la cabeza de la crónica que abarca las dos páginas centrales del tabloide, pues afirma que los pupilos del Gallo Viejo fueron el grupo más disparejo de lo que iba de temporada. Yo diría, tratando de atenuar la apreciación de don Alfonso, que esa circunstancia es el resultado de tratar de completar un encierro de ocho toros, pues normalmente los grupos son de seis o de siete y para cerrar uno así, a veces se tiene que echar mano de otros que están menos puestos. Pero sesenta años después y sin imágenes a la mano, difícil es ir más allá de la mera especulación.

Otra versión es la de Carlos León, quien en el Novedades, al día siguiente de la corrida, dedicó su carta boca arriba a don Miguel Alemán Valdés, en esas calendas Presidente del Consejo Nacional de Turismo y entre otras cosas, le contó en esa crónica a guisa de misiva:

En sus memorias, Pío Baroja cuenta que la vez primera que salió de viaje hacia la capital británica, se encontró en la Estación del Norte de Madrid a Ortega y Gasset. Al decirle cuál era el destino de su viaje, le preguntó el que luego sería gran filósofo:

- ¿Pues qué hay ahora en Londres?

- Hay Londres - respondió Don Pío.

Así, si alguien que no hubiera estado hoy en la plaza nos preguntara: ¿Pues qué hay en Joaquín Bernadó?, bastaría con responder: hay torero. Eso que se dice tan sencillo y que es tan difícil de afirmar. Pues si otra vez habíamos dicho que lo único torero del barcelonés era que se llamaba Joaquín, como “Cagancho”, ahora es de justicia reconocer que tuvo una actuación completa, que lo revela como un magnífico lidiador.

Con “Manzanero”, el bravísimo toro de Coaxamalucan que cubrió de gloria la divisa de Don Felipe González, le íbamos a ver a Joaquín Bernadó una lidia completísima, de acuerdo con la noble bravura del burel. Desde que se abrió de capa y trazó verónicas mandonas, yendo del tercio a los medios, se desgranó la primera ovación, que iba a repetirse cuando crispó los nervios de las masas con unas saltilleras estrujantes. Luego, la faena larga y variada, abundante en alegre pinturería. Primero los muletazos sentado en el estribo, el firmazo garboso y el de pecho dramático, para después citar como los clásicos, con la muleta plegada, para dar varios naturales citando de frente, como en las mejores épocas del toreo. Siempre suntuoso, elegante y pinturero, el catalán tiró del repertorio de las alegrías hasta lograr una faena que en todo instante fue coreada por la muchedumbre. Y como digno colofón, la estocada desprendida, pero fulminante, que hizo polvo al noble coaxamaluqueño. Dos orejas y otras tantas vueltas al ruedo, fueron el justo premio a labor tan señera...

Carlos León, mordaz cuando hacía falta o cuando las cosas no eran de su parecer, en esta oportunidad quedó rendido ante la torería y la clase de Joaquín Bernadó, cantada desde sus primeras tardes en estas tierras y que le permitiría permanecer en el gusto de la afición de este lado del mar por un par de décadas más y de alguna manera permanecer, pues después de dejar de vestir el terno de luces, como profesor de la Escuela Taurina de Madrid, varios diestros mexicanos, fueron discípulos suyos.

Lo demás de la corrida

Manuel Capetillo tuvo una faena poderosa y de lucimiento intermitente ante Mechudo, el de Piedras Negras que abrió plaza, saludando desde el tercio. José Ramón Tirado por su parte saldó su actuación con discreción, luciéndose con las banderillas en sus dos toros y por su parte, Luis Segura se vio inseguro, seguramente aún no repuesto de la cornada que recibió en la octava corrida de la temporada en ese mismo ruedo, aunque en su descargo habrá que decir que el primero de su lote era burriciego – coinciden Ojo y Carlos León – en tanto que el octavo no se vio, por la desastrosa lidia que se le dio.

Bernadó y México

Joaquín Bernadó, es todavía, creo, por pocas fechas, el torero español que más ha toreado en México desde el año 1920, con 190 tardes. Recorrió toda nuestra geografía desde 1961 hasta el año de 1988, cuando toreó entre nosotros su última docena de festejos. No rehuía fechas, plazas, ganaderías o alternantes y esa disposición siempre le fue correspondida por la afición, que acudía gustosa a verlo, porque sabía que apreciaría cuando menos, torería, que esa se lleva a la plaza, pues lo demás es aleatorio.

Es por eso que hoy, en las cercanías del sexagésimo aniversario de su primer gran triunfo en la capital mexicana, traigo a estas páginas virtuales su recuerdo.

domingo, 13 de marzo de 2022

6 de marzo de 1949: Ricardo Torres y Africano de Pastejé

Ricardo Torres
Visto por Carlos Ruano Llopis
La temporada 1948 – 49 en la Plaza México fue una de esas que representaron un punto de quiebre en su ya prolongada historia. Es la que representó la despedida – la primera, la anunciada – de Armillita, en la 16ª corrida del ciclo, celebrada el domingo 13 de abril. También albergó la llegada a las filas de los matadores de toros de Los Tres Mosqueteros, con la alternativa de Rafael Rodríguez en la inauguración y las confirmaciones de Jesús Córdoba y Manuel Capetillo. Y por último, representó también el retorno a la costumbre de premiar las faenas con una o dos orejas, antes de la concesión de las dos orejas y el rabo a partir del domingo 13 de marzo de ese 1949.

Además de los toreros ya nombrados participaron en la temporada un reaparecido Silverio Pérez, Luis Castro El Soldado, Fermín Rivera, Luis Procuna, Antonio Velázquez, Alfonso Ramírez Calesero y Luis Briones por los nacionales, los sudamericanos Alí Gómez y Luis Sánchez Diamante Negro y el portugués Diamantino Vizeu. La ganadería de La Punta envió seis encierros; entre San Mateo y Torrecilla, cuatro; Pastejé, tres; Coaxamalucan, dos; entre La Laguna y Piedras Negras, también un par; y Zotoluca y Matancillas, uno cada una. Ese fue más o menos el elenco de la tercera temporada de nuestra gran plaza, este año sin la competencia con la del Toreo de Cuatro Caminos en la que solamente se celebró, el 15 de marzo de 1949, una corrida de toros a beneficio de las familias de las Guardias Presidenciales.

La 12ª corrida de la temporada 48 – 49

También formó parte de ese elenco Ricardo Torres, de quien ya he hecho alguna memoria por estas virtuales páginas. Se presentó el domingo 6 de marzo de 1949, en la decimosegunda del ciclo, alternando con Lorenzo Garza y Luis Procuna para enfrentar un encierro de Pastejé. Era apenas la segunda comparecencia del torero hidalguense en la México, quien había debutado allí el 24 de noviembre de 1946 alternando con Domingo Ortega y Silverio Pérez, con toros de Matancillas. Dio dos aclamadas vueltas al ruedo tras la lidia de su primer toro Bolero y hasta este domingo de casi tres años después, regresaba al escenario de la colonia Nochebuena. Vaya usted a saber por qué fue así.

El encierro de Pastejé fue disparejo, pues hubo un toro (1º) que apenas dio 427 kilos en la báscula, contra otro que pesó 492 (4º). El promedio del peso del sexteto fue de 454 kilos y voy a insistir, fue una auténtica escalera. Se lidió un séptimo, regalo de Lorenzo Garza, de Jesús Cabrera, al que se le anunciaron 449 kilos y al que las crónicas se refirieron como un torillo. La realidad es que el doctor Gaona apoyó su temporada apenas en un puñado de ganaderías, lo que me induce a pensar que al ir entrando ésta en sus profundidades, el género de calidad comenzó a escasear y se tuvo que echar mano de lo menos impresentable.

Ricardo Torres y Africano

El tercero de la tarde, de los últimos que crio don Eduardo N. Iturbide, pues en ese mismo año enajenó la ganadería a Luis Javier Barroso Chávez, fue bautizado como Africano y la tablilla le proclamó 430 kilos de peso. Ante ese toro tendría Ricardo Torres la actuación más destacada del festejo y la que resultaría ser, sin anuncio previo, su última en el llamado Coso de Insurgentes. Acerca de ella, don Carlos Septién García, entre otras cosas, escribió:

La gente – desde luego en número harto menor al de las anteriores corridas – había acudido a ver a los hombres más o menos ilustres. No era ciertamente el torero hidalguense Ricardo Torres, hace mucho tiempo alejado de la Plaza México, quien atraía a la mermada muchedumbre. Y, sin embargo, fue él quien a poco de iniciada la corrida se convirtió en la figura central de la tarde, y fue él quien despertó las ovaciones legítimas y fue él quien se quedó con la oreja de un pastejeño entre las manos. Su terno deslustrado, que en el paseo había hecho contraste junto a los trajes suntuosos de sus alternantes, fue adquiriendo la mejor luz torera, que no es la que cabrillea sobre los calamares sino la que sale del ánimo esforzado y del júbilo generoso de torear: luz interior que le permitió iluminar de triunfos su tarde y que hizo palidecer hasta el apagamiento los brillos simplemente epidérmicos en los ternos ilustres de sus alternantes...

La crónica de El Tío Carlos dejó sin lugar a duda que la entrada fue floja, pero también, líneas adelante expresaría que los asistentes al festejo redescubrieron a un torero que por esas razones que quedan a la vista, pero nunca se explican o se expresan, simplemente no pasaba por allí. Sigue diciendo el cronista:

De su largo aislamiento, de su dolor fresco aún en la cicatriz de la reciente cornada de Mérida, de su maltrecho pasado, Ricardo Torres supo sacar el éxito de una brillante tarde de toros. Brillante y completa; porque el hidalguense cubrió con su dimensión de torero a lo tradicional los tres tercios de la lidia clásica. Y así, su capote trazó la comba y la cruz de la verónica rematada por el cono severo de la media verónica; y trazó gaoneras y revoleras, mariposas y mandiles tras de haber acudido siempre con seca y taurina eficacia a los quites en que primero se salva la vida de un hombre para después salvar la belleza del lance. Y resucitó su vasto dominio del segundo tercio recordando los tiempos (1933 – 34) en que pareando de poder a poder no reconocía otro rival que Fermín Espinosa; y con excelencias de colocación y pureza de línea complementada con algunas ejecuciones muy buenas, cubrió ese segundo tercio en sus dos toros yendo siempre a más. Y, finalmente, supo llegar a lo moderno con la muleta en la derecha y la silueta entre los pitones hasta la noble faz de ese magnífico segundo toro al que templó en varios derechazos lineales; o bien, cuando por la visible fatiga de su resentida salud no encontró ya modo de repetir el trasteo, supo llegar con la mano al pelo en la correcta ejecución de una estocada que hizo morir al toro con la prestancia y la gallardía con que morían los bureles en las páginas de “La Lidia” añeja o en las esculturas de principios de siglo… Fue así conciliando dentro de sus posibilidades lo tradicional y lo actual al calor de una llama ambiciosa de triunfo, como Ricardo Torres logró sacar de su aislamiento y de su dolor, esta completa y brillante tarde de toros...

Decía ya que esta fue la segunda y última vez que Ricardo Torres pisó vestido de luces el ruedo de la Plaza México. En las dos ocasiones tuvo actuaciones brillantes y en ambas la retribución a su actuación destacada fue el ostracismo y el enviarlo a torear por las afueras. Hoy, afortunadamente, aunque despacio, la historia se encarga de restituir al torero de Hidalgo el sitio que en ella le corresponde.

Los demás sucesos de la corrida

Salvo un quite por orticinas realizado al primero de su lote, Luis Procuna tuvo una de esas tardes de las que un torero no quisiera que se guardara memoria. Y por su parte, Lorenzo Garza, tuvo que recurrir al expediente del toro de regalo para intentar enmendar una tarde que tampoco caminaba para él en la dirección correcta. El juicio del Tío Carlos es lapidario:

Más daño le hizo a Garza este toro bravo de ayer que a Velázquez el manso de hace 15 días. El delicioso animal de Cabrera vino a mostrar que Garza conserva clase con el capote ya que las verónicas por el lado izquierdo y los “pases del velo” por ese mismo perfil que ejecutara Lorenzo, fueron de verdad bellos, templados, ejecutados a la perfección. Pero también vino a poner en evidencia cómo Garza carece de capacidad torera con lo que otrora fuese su mejor arma: la muleta. Lo que le resta a Garza es el cite y el parón. Y ni conoce el muletazo completo, ni la liga, ni la unidad del trasteo. Esto va dicho porque ayer frente a un toro inofensivo y dócil como muy pocas veces se ve un toro así, Garza no tuvo sino el muletazo aislado, el cite y el parón. Lo que le ocurre con cualquier otro bicho que muestre menos facilidades está a la vista con su labor en los toros de la lidia ordinaria. Ni plan, ni decoro, ni poder, ni nada… Excelentísimo capote con el toro ideal. Y con la muleta, El Rey del Cite. Tal es hoy Lorenzo Garza…

Para terminar

Escribía don Alfonso de Icaza Ojo acerca de Ricardo Torres:

Excelentísimo banderillero, dueño de un capote de seda, con la muleta bajaba, pero volvía a subir, no pocas veces con la espada…

Una buena manera de apreciar su clase y sus buenas maneras es verlo en imágenes en movimiento. Una fuente importante y accesible es el DVD Tesoros de la Filmoteca de la UNAM. Tauromaquia I. Colección Daniel Vela. Allí vienen unas extraordinarias imágenes del torero.

Aldeanos