domingo, 30 de junio de 2013

Detrás de un cartel (VIII)

Cartel de la corrida del 7
de febrero de 1909
La temporada 1908 – 1909 en el Toreo de la Condesa se sostuvo en toreros como Rafael El Gallo, Manuel Mejías Bienvenida, Antonio Boto Regaterín, el señor Curro Martín Vázquez y Morenito de Algeciras entre los hispanos más destacados y por primera vez en la historia de esa plaza – breve, apenas tenía dos años en funcionamiento – ofrecía en su elenco a dos toreros mexicanos que habían confirmado su alternativa en Madrid: Vicente Segura y Rodolfo Gaona, quienes serían un atractivo adicional para los carteles de la empresa que dirigía José del Rivero.

Aparte, en esa misma temporada se escribirían varios hitos de la historia de ese coso, pues el 24 de enero de 1909 se dio el primer mano a mano en el que los diestros eran mexicanos y días después, el 14 de febrero, se concedería la primera alternativa en su ruedo, la que Rafael Gómez, entonces Gallito, le concedió a su hermano Fernando – el destinatario del pasodoble Gallito – al cederle los trastos para dar muerte al toro Inglés de Piedras Negras, en presencia de Rodolfo Gaona.

La corrida del 7 de febrero se anunció a partir de un encierro compuesto por toros de Tepeyahualco y  Piedras Negras para El Gallo, Vicente Segura y Rodolfo Gaona y a más de un siglo de distancia, tiene muchos matices que vale la pena observar. Para el caso, encontré tres crónicas en los diarios de la Ciudad de México. La más prolija y detallada es la que escribió Miguel Necoechea Latiguillo para El Imparcial; luego, con más brevedad, pero con sustancia, están las de Luis G. Malváez Don Prudencio, para El País y la de K. CH. T. para La Iberia.

Controversia por el ganado

El primer detalle que abordan las tres crónicas revisadas es el análisis del ganado lidiado. La opinión de Don Prudencio es así:
…bueno será que la autoridad competente ponga el remedio, así como que exija al señor Veterinario e Inspector de Diversiones cumplan con su obligación, pues domingo a domingo se sueltan algunos chotos, con lo que se engaña al público, puesto que los carteles rezan que se lidiarán toros, y por consiguiente soltar becerros es engañar al público… Los toros de Tepeyahualco lidiados en tercero y cuarto lugares, aunque no catedrales, sí fueron aceptables en cuanto a presentación y ambos cumplieron sin sobresalir… Los propietarios de Piedras Negras enviaron toros de todas edades, habiendo algunos becerros que ni por asomo llenaban los requisitos que para el ganado exige el mártir reglamento. ¿Qué dice de esto el veterinario?...
Por su parte K.CH.T. deja entrever que no todos los toros tenían las condiciones para ser lidiados en la primera plaza de México y se expresa en este sentido:
Hubo toros muy bravos y muy nobles, con la edad reglamentaria, y dos toreros artistas, que hicieron filigranas con sus capas y en la candente arena del anchuroso circo nos ofrecieron con su valor y con su arte, todas las bellezas del hermoso y viril espectáculo español… Piedras Negras y Tepeyahualco enviaron toros de empuje, de poder y de extrema bravura; los de aquella ganadería hicieron una pelea franca en todos los tercios y sólo los de Tepeyahualco llegaron un tanto inciertos a rendir el pellejo…
Latiguillo por su parte, elogia la presencia de los toros, la que considera inmaculada, dejando su testimonio en estos términos:
El ganadero, o por mejor decir, los ganaderos, pues han conquistado ayer una ovación, medio ruidosa y envidiable, con que las multitudes han premiado ampliamente sus afanes por hacerse criadores de verdaderos toros de lidia… Pelo liso y brillante, astas finísimas y bien colocadas, pezuñas pequeñas y redondas, la cola barriendo la arena, y en cuanto a la edad, paréceme que cada uno traía como pasaporte su fe de bautismo, expedida hace cinco años allá en la dehesa, donde el aire reverbera entre los altos pastos…
Como podemos ver, hay extremos en los relatos, desde el que habla de chotos indignos, hasta el que asegura que el ganado lidiado era cinqueño. A la vuelta de tantos años, es difícil constatar quien era el que expresaba la verdad ocurrida. El cronista de mayor trascendencia histórica de los tres que me sirven de fuente, es sin duda Latiguillo, pero he de decir que su visión optimista del festejo que da pie a que yo meta los míos ahora, me produce alguna desconfianza. No obstante, no hay más cera que la que arde y con estos mimbres habrá que sacar esto adelante.

A propósito de las crónicas revisadas, diré que me llama la atención que todas comienzan por analizar al ganado lidiado en cuanto a su presencia y juego y enseguida pasan a dejarnos saber la manera en la que se condujeron los varilargueros y dejan para el final la narración de los hechos de los matadores. Quién te ha visto y quién te ve…, hoy se deja para un apartado final – la ficha – algún breve juicio sobre el toro, con mucho énfasis en el peso que dio al llegar a la plaza. Sin duda, la narrativa de la fiesta sale perdiendo con esa nefasta costumbre.

También controversia por la actuación de Vicente Segura

Tanto Don Prudencio, como K. CH. T. coinciden en que la actuación del torero de Pachuca fue desastrosa. En una de las cabezas de su crónica, el primero de los nombrados dice: Segura a la altura del barro…; el segundo resume la actuación del pachuqueño así:
El diestro de Pachuca tuvo una mala tarde. Poco lucido estuvo con el capote y el gesto siniestro de la jindama se dibujó en su rostro al muletear a su segundo toro, en el que había tela para dibujar, pintar, calar, etc., pero el millonario equivocó la faena y dejó dormida la muleta, entre tanto, las «nanas» «Pulga» y «Pepín», descompusieron al torito que murió en manos de Vicente de una estocada baja. ¿Con las banderillas? Si el capote y la muleta no lucen manejadas por el pachuqueño, mucho menos lucen los garapullos. Puso un par medianejo, entrando y saliendo regular. En su abono: toreó con dos primeras figuras del toreo, sin llegar él todavía ni a la mitad del camino. Apláudale el público su afán de alternar con buenos toreros…
En cambio, Latiguillo se deshace en elogios para quien sería después General del Ejército Mexicano y afirma:
Vicente Segura adelanta, adelanta a ojos vistos. Su toreo se hace más afiligranado, su conocimiento de las condiciones de los toros es más perfecto, y su manera de arrancarse a matar se hace más verdad cada día, y eso que tirios y troyanos le han reconocido a este diestro una decisión admirable para meterse entre los pitones, buscando el morrillo con el estoque… En quites estuvo, como siempre, muy oportuno, y los remató con holgura y elegancia. La buena voluntad del diestro pachuqueño ha quedado ayer demostrada de una manera patente cuando cogió banderillas. Hasta la fecha, Segura no había banderilleado toros, y ayer, cuando el público se lo pidió, el espada, sin andarse con repulgos, cogió los palos y demostró habilidad…
Vicente Segura es reconocido históricamente como uno de los grandes estoqueadores que México ha dado a la Fiesta, pero su habilidad con los aceros fue cuestionada así por Don Prudencio:
Una vez más el millonario toreador, nos demostró que se ha equivocado redondamente al elegir como profesión el toreo, el cual, por lo visto, no le entra en la cabeza, y que lo de seguro estoqueador, ha sido sólo un mito, una fábula que él con demasiada candidez se ha creído. ¿Estoqueador seguro? Puede ser, pues en la corrida de autos aseguró a sus enemigos sin fastidiarnos, sí señor. ¡Pero cómo los aseguró! Yéndose descaradamente a los bajos y no de otra manera, perfilándose fuera del pitón derecho y abandonando el planeta aún antes de tocar con la espada la piel de los toretes que le cupieron en suerte. ¡Excelente matador!...
Al final y con el balance de la historia, no me queda más que creer que en extremo, esta tarde fue una de las malas para Vicente Segura, quien en ruedos españoles y mexicanos dejó leyenda de torero valiente y de un extraordinario estoqueador.

Los hitos de Gaona

Apenas ocho meses antes, Rodolfo Gaona había confirmado su alternativa en Madrid. Sus habilidades eran ya conocidas aquí por su paso y desarrollo como torero en la Cuadrilla Juvenil Mexicana que formara Saturnino Frutos Ojitos, llevando como espada principal al de León de los Aldamas. Esos antecedentes le aligeraron las cargas que toda presentación genera a un torero. 

En esta tarde cortaría, según la relación de Latiguillo, una oreja al primero de su lote. De su crónica extraigo lo que sigue:
Gaona se ha revelado ayer, y parodiando una «becqueriana» del Bajío diré: «Ayer lo vide entre los toros…». No cabe duda que hay toro y torero de verdad y para rato. Bullicioso, animado, ganoso de palmas y ansioso de pelea, el diestro leonés toreó a su primero con tres verónicas petronianas, un farol y tres de frente por detrás, engendradas y rematadas con muchísima guapeza. De éstas sólo él sabe el secreto. El público, que está pendiente de lo que hace este muchacho, le aplaude con ruidosas ovaciones al rematar cada uno de sus lances, y al final le tocan música, muy merecidamente… El leonés se aprovecha perfectamente de las condiciones del toro y hace una faena de las que ponen de pie. Sus pases ayudados no tienen desperdicio y son magistrales, por lo tranquilos y ceñidos, sus pases de pecho. Realmente mientras Gaona trastea a su adversario, puede apreciarse toda la elegancia innata que imprime a todas las suertes que ejecuta y que viene a ser el sello de personalidad, con que visa cada uno de sus arrestos… Cuadrado el toro, y en la suerte natural, entra Gaona sin vacilaciones, por derecho, vaciando divinamente y colocando el estoque hasta lo rojo en la mitad del morrillo. Una estocada con todas estas condiciones, tiene que ser de rápido efecto, y así sucede, doblando el toro momentos después de herido y cobrando Rodolfo una gran ovación mientras da la vuelta al ruedo… De la ovación que se le tributó al torero mexicano, se puede juzgar, con decir que se le cortó la oreja al bicho y se le concedió al leonés como el galardón supremo y merecidísimo…
¿La presentación en sociedad de la gaonera?

De lo transcrito deseo hacer notar una parte, la que dice: …el diestro leonés toreó a su primero con tres verónicas petronianas, un farol y tres de frente por detrás, engendradas y rematadas con muchísima guapeza…

Generalmente se admite como fecha de estreno de la gaonera por su autor en El Toreo, la del 23 de enero de 1910, festejo en el que ante toros del Marqués del Saltillo actuaron mano a mano Tomás Alarcón Mazzantinito y Rodolfo Gaona. Se afirma que como matador de toros, El Califa la realizó por primera vez allí ante el toro Pinalito, cuarto de la tarde. Así lo sostiene Horacio Reiba Alcalino y afirma la existencia de alguna noticia de que la ejecutó como novillero en Monterrey, en 1906. Por su parte, don Luis Ruiz Quiroz señala que también como novillero integrante de la Cuadrilla Juvenil, la había realizado ya en el coso de La Condesa el 10 de septiembre de 1907, cuando para lidiar novillos de Atenco y Piedras Negras, fue acartelado con Antonio Ortega.

La realidad es que Latiguillo advierte que ejecutó en este día el lance de frente por detrás, nombre histórico de la suerte, igual como lo hizo en su día Dulzuras, al narrar la corrida del 28 de marzo de 1910, en la plaza de la Carretera de Aragón para el ABC madrileño, cuando ejecutó la suerte ante el toro Sardinito tercero de los de Benjumea jugados esa tarde, en la que alternó con Vicente Pastor y Gallito.

Ya sabemos que la definitiva denominación de la suerte la estableció Don Pío, quien independientemente del antecedente histórico de la suerte, consideró que por la manera tan personal en la que Gaona la ejecutó, debía llamarse gaonera y así es como ha llegado hasta nuestros días.

El Gallo

Donde las crónicas coinciden, es en que la actuación del entonces Gallito fue redonda. Sobre ella afirma K. CH. T.:
Actuaron «Gallito», Segura y Gaona. El primero llegó al ruedo ganoso de aplausos y con sus vistosos lances supo arrancarlos en buena ley; con la muleta trasteó con inteligencia y pupila, y las faenas de sus tres toros fueron muy aplaudidas. En quites entró con oportunidad y se mostró muy buen compañero. Al entrar por uvas no se desvió de la recta y estuvo certero con el estoque…
Toritos de regalo

La función que me ocupa fue extensa, pues en ella se lidiaron nueve toros, los seis de lidia ordinaria y otros tres de regalo. A los cronistas invocados eso les produjo también sentimientos encontrados. En El Imparcial, Latiguillo alaba lo que considera la generosidad de la empresa y los toreros:
Y como apenas ha pasado una hora y cuarto de que empezó la corrida, al momento en que es arrastrado el sexto toro, y como la empresa de «El Toreo» es empresa que no se para en gollerías del toro más o menos para dar gusto al público, hete aquí que el público pide un toro más, que la empresa lo regala de buen grado… [Vicente Segura…] A su vez, hace gala de desprendimiento y de deseos, y regala un toro que ocupa el octavo lugar… En su último toro, que fue el «criminal» aquél de la fea lidia y peores instintos, Rodolfo trasteó con precauciones…
Por su parte, Don Prudencio en El País señala.
Por condescendencia del señor concejal que presidió ayer la corrida, se lidiaron nueve toros, o sean tres más de los anunciados, con lo cual se infringe el Reglamento en vigor, que claramente dice que no podrán lidiarse más toros que los anunciados, y sobre este particular bueno será que la autoridad competente ponga el remedio…

La gaonera, por Rodolfo Gaona
Ya podemos ver que la manía de regalar toros no es enfermedad de estos tiempos, sino que ya hace más de un siglo que se convirtió en inveterata consuetudo… ¿Será por eso que los tres cronistas consultados concluyen en que el festejo – 18ª del ciclo – fue el mejor de esa temporada a esa fecha?

Así vemos que cada cartel, aparte de anunciarnos o recordarnos la celebración de un festejo, nos puede revelar también la manera en la que la Fiesta era vivida en esos días. Lo que intenté contarles aquí, es la historia detrás del cartel y del estado de las cosas de los toros en esos días. Espero que pese a su extensión, la encuentren de interés.

Nota primera: Si alguien desea obtener la transcripción íntegra de las crónicas invocadas aquí, puede solicitármelas mediante algún comentario aquí mismo, o por correo electrónico.

Nota segunda: El resaltado en la crónica de Latiguillo no existe en su versión original, es imputable exclusivamente a este amanuense.

domingo, 23 de junio de 2013

Tesoros Taurinos de la Filmoteca de la UNAM: Recuerdos del Toreo en México (1947 – 1964)

La Edad de Plata del Toreo en México

Ya me había ocupado de la Edad de Plata, cuando se cumplieron sesenta años de la irrupción en los ruedos de los Tres Mosqueteros, terna integrada por Rafael Rodríguez, Jesús Córdoba y Manuel Capetillo, que alternando con quien fuera llamado el D’Artagnan de la tercia, el valentísimo torero de Apam, Paco Ortiz, tomaron el testigo de los diestros de la generación anterior, los que con justicia, representan nuestra Edad de Oro del toreo. La producción que ahora les presento, recopila en buena medida el tránsito de esa etapa histórica de nuestra Fiesta y para no entrar en repeticiones, les invito a pasar por este lugar para conocer mi pensar acerca de la época que cubre el DVD.

Recuerdos del Toreo en México

Fue en el mes de enero del año 2008 cuando la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), presentó el cuarto DVD de la colección Tesoros Taurinos de la Filmoteca de la UNAM, titulado Recuerdos del Toreo en México (1947 – 1964), el que se realizó bajo la supervisión del historiador mexicano José Francisco Coello Ugalde.

En esta recopilación se presentan imágenes de toreros como Rodolfo Gaona, José Rodríguez Joselillo, Miguel Báez Litri, Fermín Rivera, Jorge El Ranchero Aguilar, Joselito Huerta, Antonio Borrero Chamaco, Carlos Arruza, Antonio Ordóñez, Rafael Rodríguez, César Girón, Humberto Moro, Silverio Pérez, Fernando de los Reyes El Callao, Manuel Capetillo, Alfonso Ramírez Calesero, Diego Puerta, Manolo Dos Santos, José Ramón Tirado, Paco Camino, Jaime Rangel, Jesús Córdoba, Juan Silveti, Manolo Vázquez, Juanita Aparicio y Samuel Solís entre los más renombrados.

La producción audiovisual resulta de la revisión de más de un centenar de horas de cintas archivadas en la Filmoteca de la UNAM, mucho del cual estaba en mal estado y alguno, del más antiguo prácticamente en estado de descomposición. Por otra parte, señala Paco Coello en el tríptico de presentación de la producción lo siguiente:

Los materiales que aquí se exhiben formaron parte de un sinfín de noticiarios o quedaron como remanentes del trabajo televisivo (lo que todo buen cineasta denomina – como ya se dijo – “descartes”) que supone exhibir los mejores momentos de la corrida o las faenas más significativas de aquellos años. Pero hablamos del quehacer cinematográfico que, como sustento único de evidencias es la única fuente disponible para rehacer capítulos sobresalientes del toreo que se recuperan, afirmando la presencia de un conjunto de toros, toreros y personajes que brillaron con luz propia hace al menos medio siglo...

Así fue como se editaron esos materiales sobrantes, para dar al DVD la ligazón cronológica y la coherencia necesaria, de tal modo que los aficionados estuvieran en condiciones de apreciar el orden de la lidia y la manera en la que oficiaban los espadas filmados. 

Recuerdos del Toreo en México (1947 – 1964) está ilustrado además por la narración del propio José Francisco Coello Ugalde y en la treintena de capítulos de que se integra, veintiocho corresponden a un torero en particular, uno se dedica a la recopilación de una serie de diversos percances captados en ese espacio de tiempo, y al final se ofrece como material extra un reportaje titulado La hacienda de los toros bravos: Santín, de la que su entonces propietario, don José Julio Barbabosa encargó al fotógrafo de cine Julio Lamadrid y que deja en la cinta de plata, las imágenes del último encierro que ese ganadero lidiara de los entonces llamados toros criollos o nacionales, sin cruza de la simiente española que comenzó a importarse a principios del Siglo XX. A propósito de este último documento fílmico, dice Coello Ugalde:

Como remate, seleccionamos una joya, un cortometraje inédito, filmación del año 1929 donde el propietario de la hacienda de Santín, el señor José Julio Barbabosa encargó registrar el denominado reportaje con el título de: “SANTÍN. Domingo 7 de abril de 1929, gran corrida de toros de la acreditada ganadería nacional de SANTÍN”, bajo la idea de que… “de aquí a 50 años o más, los que vivan verán cómo se traían a Santín los toros, como se encajonaban, etc…”. La filmación y edición de la misma estuvo a cargo del reconocido camarógrafo Julio Lamadrid. Es decir, que se podrá admirar parte de un toreo anacrónico, el de una época que parece ya no corresponder con la realidad, puesto que esos toros, los “toros criollos” o los “toros nacionales” fueron una especie de ejemplares sacados del más primitivo de los órdenes de la crianza que hasta entonces privó en una de las haciendas ganaderas más emblemáticas de entre finales del siglo XIX y los primeros treinta del XX. Me refiero, no podía ser de otra forma, a Santín…

Aparte de las imágenes en movimiento, el DVD recopila en otro capítulo de material adicional, vistas fijas y datos biográficos de los toreros cuyas actuaciones fueron recogidas en película en su día y al inicio, la presentación del marco histórico general en el que los sucesos taurinos reseñados se produjeron.

En el acto de la presentación del DVD, José Francisco Coello expresó que la Filmoteca de la UNAM cuenta con uno de los acervos más ricos en el país y en América Latina y que diversos fondos de materiales son de gran importancia, existiendo en ella el suficiente material para realizar quizás unas diez producciones videográficas acerca de la Fiesta. Agregó que aunque se procuró incluir a la mayoría de los toreros del espacio temporal que cubre la obra, hay algunos diestros de los que no se pudieron localizar imágenes y ejemplificó el caso de Paco Ortiz, aunque por otra parte se pudieron obtener unos breves instantes de una actuación de Joselillo, quizás el torero que abre la cronología que comprende la recopilación.

Lo que el DVD aporta

Uno de los valores que a mi juicio tiene esta producción es el que nos deja ver, mediante la imagen en movimiento, la evolución del toro mexicano en las dos décadas que cubre el material central de la obra, haciéndose evidente el que de una manera directamente proporcional al afinamiento del tipo del toro, se comenzó con un proceso – que a mí me parece perverso – de reducirle la casta, lo que en alguna manera permite conseguir una mayor estética en la ejecución de las suertes, pero elimina la mayor parte de la emoción que produce el presenciar la lidia de un toro verdaderamente bravo.

Es preciso señalar, que dada la fuente del material – los descartes a los que alude Coello –, muchas de las faenas que se aprecian no son de las que entraron en la Historia del Toreo por representar grandes triunfos, pero cumplen con la intención general de la obra en cuanto a presentarnos la realidad a la que se refiere.

Con relación a los anteriores discos de la serie, cabría señalar que éste contiene un importante número de imágenes en color – algunas con la fuerte coloratura del glorioso technicolor – y que cubre los festejos dados tanto en la Plaza México como en el extinto Toreo de Cuatro Caminos.

Concluyo señalando que con esta presentación concluyo el análisis de los cuatro discos digitales que forman la colección en la actualidad, quedando en otros espacios de esta Aldea los comentarios acerca de los tres anteriores.

domingo, 16 de junio de 2013

Los Hermanos Becerril en la Plaza de la Carretera de Aragón

Un charro jineteando un toro y otro corriéndolo a una
mano (Hermanos Becerril, Madrid, 16/07/1927)
Cortesía: Carlos Ximenez González
© Aurelio Rodero Reca - Archivo Ragel
Andrés, Antonio y Audómaro Becerril Arzate fueron de los principales exponentes de la charrería en la primera mitad del Siglo XX. Charros por tradición familiar, dominaban todas las suertes del aquí llamado deporte nacional y exhibieron su maestría recorriendo los lienzos charros y las plazas de toros de todo el territorio mexicano y también presentaron su espectáculo en los Estados Unidos, Centroamérica y Europa.

Los hermanos Becerril se presentaron en la Plaza de Toros de la Carretera de Aragón en el 16 de julio de 1927, y repitieron actuación en diversas fechas de ese mes de julio y el siguiente agosto, en una serie de espectáculos charro – taurinos, que fueron captados en una serie de fotografías de Aurelio Rodero Reca. La autoría de las imágenes ha podido ser establecida gracias a que apareció publicada en el semanario Toros y Deportes de la Ciudad de México, en su número 303 correspondiente al 15 de agosto de 1927 y es donde se establece el nombre del fotógrafo que las realizó.

La presencia de los charros mexicanos en Madrid propició muchas relaciones en los diarios madrileños de la época, tanto en vía de reseña de sus actuaciones, como por el hecho de presentar a la afición y público de la capital española a los practicantes de esas suertes camperas que tienen sello propio. En el número citado de Toros y Deportes, se contiene un artículo de Diógenes Ferrand, su corresponsal en esa ciudad, mismo del que extraigo lo que sigue:
Desde Madrid. Presentación de los Charros Mexicanos hermanos Becerril. Clamoroso triunfo en Madrid… Del debut de los notables artistas envié todas las crónicas que cayeron en mis manos, de las que les publicaron los periódicos de Santander, recientemente, cuando hicieron su presentación en dicha capital… A poco emprendieron el viaje a Madrid donde tuve el gusto de que me honraran con su visita… Estos modestos artistas me expresaron la satisfacción que sentían por el feliz resultado de su primera actuación en España y los vivos deseos que tenían por presentarse en Madrid… El único temor que les embargaba era el de que no pudieran lograr potros a propósito para sus vistosos y arriesgados ejercicios… En esa entrevista que tuve con ellos y que les ofrecí repetir, para conocer sus impresiones después que se presentaran en esta plaza, me insinuaron el deseo que tenían de que reprodujese la siguiente crónica que les había dedicado un periódico de Santander… Con gusto les complazco. Ahí va dicho artículo que dice: «Hemos conversado un momento con don Andrés Becerril, uno de los tres hermanos famosísimos maestros como lazadores de potros salvajes y toros, y que pusieron en alto relieve, de manifiesto en la tarde del domingo, sus excepcionales condiciones. Don Andrés Becerril se muestra muy reconocido del público de Santander que de modo espléndido les exteriorizó sus simpatías en la tarde del domingo. Hombre que tiene un alto concepto del sentimiento de la gratitud, nos ha hablado con veneración del general Cruz, Inspector General de Policía de su país y Presidente de la Asociación Nacional de Charros y excelente caballista. En su amabilidad y en su amor por este deporte han encontrado los hermanos Becerril un entusiasta protector. En los contados momentos de nuestra conversación con don Andrés Becerril nos ha hablado con fervoroso entusiasmo de sus comienzos, cuando tienen que adiestrarse en los difíciles y arriesgados ejercicios de florear y manejar la reata y jinetear; luego, en pleno campo con toros chicos, aprenden a banderillear, suerte que andando el tiempo, consuman a la perfección, citando con gran vista a la res y cuando esta acomete, saliendo con suavidad de la suerte, recortando con supremo arte y habilidad y clavando los rehiletes, a dos manos en lo alto del morrillo. Así, con enorme voluntad y constancia, imponiéndose grandes sacrificios hasta llegar a dominar esas difíciles e impresionantes suertes que realizan ante los toros. Este es el caso de Andrés Becerril y de sus hermanos. Los tres, a fuerza de constantes prácticas y de penosas peripecias, han llegado a alcanzar tal dominio del jinete y del lazo que el primero, hace tres meses, luchando con los americanos en Filadelfia, consiguió el elevado honor de la medalla de campeón. Para realizar estas suertes es preciso ser un gran jinete, un habilísimo lazador. Todas aquellas requieren un gran dominio y una excepcional destreza; pero especialmente el derribar los caballos, deteniéndoles con el lazo, así como pasarse a toda velocidad desde un caballo a un potro salvaje. Sin embargo, hay que reconocer que esta fiesta típica, espectacular y vistosa, que domina todas las pasiones en la República Mexicana, en esta población no se ha comprendido. Y es que es necesario ser un gran caballista para darse cuenta de lo difícil y peligroso que resultan esos ejercicios. Más ya está echada la semilla y pronto ese deporte emocionante será cultivado en este país. Por lo pronto, ya han sido contratados para trabajar en varias provincias españolas, en las cuales deseamos a los hermanos Becerril toda clase de triunfos, en proporción a lo que sus valiosos trabajos se merecen»… En Madrid, puedo decirlo con satisfacción, sí ha sido comprendido y celebrado ese bello y original trabajo de los hermanos Becerril… Los señores don Eduardo Pagés y don Victoriano Argomániz, arrendatarios de la plaza de Madrid para dar una serie de espectáculos mixtos taurinos, por las noches, dado lo acogedores que son de todo lo mexicano, tan pronto supieron la llegada de los simpáticos charros, los contrataron para presentarlos en el festejo de anoche… Este lo integraron: primero, la celebrada cuadrilla bufa de Charlot, Chispa y su Botones; segundo, los charros mexicanos; tercero, dos becerros a muerte para “Chavito”, joven aspirante a matador; y cuarto, fuegos artificiales… Aunque no voy nunca a estos espectáculos, anoche asistí por creerme obligado a ello y por lo que me atrae y seduce todo lo de ese querido país… Comenzó el festejo a las once de la noche y terminó después de la una y media… Desde muy temprano se puso el cartel de “No hay billetes” y quedó público sin poder entrar, como para llenar otra plaza… Y a fe que el festejo no pudo resultar ni más divertido, ni más sugestivo… El «chou», indiscutiblemente, fue la parte a cargo de los hermanos Becerril… En conjunto y en detalle fue un éxito, tan unánime, tan frenético, como pocas veces he presenciado… El público entusiasmado, puesto en pie, los ovacionó sin cesar… Triunfo tan clamoroso ha sido ratificado por la prensa y todo hace esperar que la actuación tan afortunada y brillante de estos artistas mexicanos, sea admirada en toda España y que con los aplausos consigan también muchas pesetas. Su repetición en esta corte es de suponer que no se hará esperar y que no será otra vez tan solo. El filón es de larga explotación…
Por su parte, respecto de la presentación de los Hermanos Becerril en la Plaza de Toros de Madrid, el cronista titular del diario ABC de Madrid, Eduardo Palacio, relató lo siguiente:
«Debut» de los charros mejicanos Hermanos Becerril. Anoche, con un lleno imponente y tras una brillantísima actuación de los toreros bufos Charlot, el Chispa y el Botones que fueron ovacionados, como siempre, en la lidia de dos becerros de Santos, debutaron los charros mejicanos Hermanos Becerril… Comenzaron haciendo unos lucidísimos ejercicios de equitación; siguieron, enlazando con singular maestría varios potros; montaron, después de enlazarlo, un novillo, y culminó su labor, que entusiasmó muy justamente al público, pasando uno de los jinetes de un caballo a pelo, a todo galope, a un potro salvaje, que corría, asimismo, a toda velocidad… El notable artista escuchó una ovación clamorosa, como asimismo todo el número, que, repetimos, es interesantísimo y será visto por todo Madrid… El novillero «Chavito» lidió a continuación dos utreros, también de la ganadería de D. Manuel Santos, y si su labor en el primero de aquellos no pasó de regular, y escuchó un aviso, en el otro se hizo aplaudir, especialmente en unos lances de capa, ejecutados con arte, soltura y valor… El espectáculo terminó quemándose una vistosa colección de fuegos artificiales. E.P.
El espectáculo presentado por los charros puede calificarse como un jaripeo, que según el Diccionario de Charrería del Dr. Miguel Ángel Argüelles Mier, es: Ejercicio de las suertes de lazar, colear, jinetear y aún torear y poner banderillas a caballo por diversión o trabajo. Suele ejecutarse solo en el ruedo del lienzo charro y así, de la narración de Eduardo Palacio puedo deducir que describe algunas suertes charras como las manganas y el paso de la muerte, que el diccionario citado explica así:
El Paso de la Muerte: Pasar de un caballo manso montado en pelo, a una yegua o caballo bruto del cual el jinete se sujetará exclusivamente de las crines, puede ser a toda velocidad corriendo alrededor del ruedo, del lado de la máscara, pegado a las tablas, auxiliado por tres arreadores de su equipo, quienes se encargarán de que la yegua corra convenientemente una vez que salga del cajón... Mangana a caballo: Lazo que estando el charro a caballo, tira exclusivamente para lazar las patas delanteras de un animal, con objeto de sujetarlo y derribarlo...
Así los Hermanos Becerril llevaron al público madrileño una reproducción lúdica de lo que originariamente fueron faenas camperas para manejar ganado. 

Apunte de los sucesos en la Plaza de Madrid
R. Marín (ABC, Madrid, 23/07/1927)
Creo que vale apuntar que en la víspera de la presentación de los Hermanos Becerril, tuvo lugar en el mismo escenario la Corrida de la Prensa, festejo en el que ellos hicieron el despeje y pidieron las llaves y al día siguiente de su actuación, recibió la alternativa el torero mexicano Refulgente Álvarez, de manos de Bernardo Muñoz Carnicerito de Málaga y llevando como testigo a Francisco Peralta Facultades, mediante la cesión del toro Capotero de López Plata.

Reportaje en el semanario Mundo Gráfico
(Madrid, 17/08/1927)
Para conocer mejor la vida de los Hermanos Becerril, en especial la de su líder y fundador, don Andrés Becerril Arzate, les invito a visitar la bitácora Hombres de a Caballo, en la que se hace una buena semblanza de su paso por los escenarios de charrería.

Para ver otras fotografías de Rodero, relativas a la actuación de estos torerísimos charros mexicanos, les invito a pasar a la página de Tauropedia en Facebook, la que contiene varias adicionales a la que ilustra esta entrada.

No termino antes de agradecer a Carlos González Ximénez, titular del Archivo Ragel, que se integra entre otras producciones, por la obra de Aurelio Rodero Reca, su autorización para utilizar la fotografía que ilustra este texto en su inicio.

Por último, dejo aquí este vídeo, en el que Jorge Negrete canta al charro de su tierra:


domingo, 9 de junio de 2013

En busca de la competencia

Diego Silveti en Madrid (19/05/2013)
Foto cortesía de altoromexico.com
En 1989 vio la luz una obra escrita por el matador de toros y escritor de toros Juan Posada que lleva el título que he escogido para esta entrada. Contiene el sumario que hace el torero – escritor de los sucesos más relevantes de la temporada de ese año en España y en él, en plena era de Espartaco aparte de presentar un ensayo literario sobre los sucesos de ese calendario taurino, reflexiona sobre la necesidad de que Juan Antonio Ruiz encontrara competidores entre sus pares. Su impresión es que en esos días, el único torero que se le aproximó – taurina y no numéricamente – fue Roberto Domínguez y que otros diestros, como Julio Robles u Ortega Cano, teniendo todo para asaltar la cumbre, discurrieron por otras vías.

Hoy únicamente tomo prestado el título de la obra de Juan Posada, pero la aproximación al tema, pretendo que sea distinta. Espero no faltar a la memoria y a la obra de quien concibió el título que aprovecho.

Habían pasado trece años sin que un matador de toros mexicano cortara una oreja en la Plaza de Toros de Las Ventas. Hace un año la temporada madrileña se prestaba para que nuestros toreros replicaran lo que por última vez – 22 de mayo de 2000 – realizó Eulalio López Zotoluco en la que se considera la principal plaza de toros del mundo, pues actuaron en esa ocasión siete matadores de toros y un novillero. Las cosas no resultaron de la manera esperada y el intento quedó postergado para este año, en el que la presencia numérica de los toreros mexicanos fue inferior a la del año anterior y según la opinión de algunos, en condiciones más desventajosas que en años anteriores.

Arturo Saldívar, Madrid, 28/05/2013
Foto cortesía de altoromexico.com
El día 19 de mayo se rompió el maleficio. Diego Silveti, en un ejercicio de entrega y valor, en medio de una granizada, cortó una oreja al toro Orador de Fermín Bohórquez; obtuvo réplica de Arturo Saldívar nueve días después – se llevó la oreja de Afrentoso de El Ventorrillo – y ya en el llamado Ciclo del Arte y la Cultura – que tiene solución de continuidad con San IsidroJoselito Adame consumó una actuación que, al decir de las crónicas escritas, fue la más contundente de nuestros paisanos, poniéndose, como en alguna de esas relaciones se dijo, a una espada de la Puerta Grande, obteniendo la oreja de Hojalayero de Montecillo

La presentación de Sergio Flores como matador de toros se fue por el camino de las espinas, pues el toro de su confirmación le hirió y le impidió mayores hazañas. Juan Pablo Sánchez se presentó el 7 de junio y en uno de esos vuelcos que da la fortuna, uno de sus alternantes ha sido Joselito Adame, quien se ganó la sustitución de Iván Fandiño con su entonada actuación de tres días antes y tras de saludar en su primero, volvió a pasear una oreja del segundo de su lote, Alcaparrito de Alcurrucén, en tanto que su paisano y alternante, Juan Pablo Sánchez corrió con poca suerte Hacía 41 años que un torero mexicano no cortaba dos o más orejas en una temporada madrileña. Eloy Cavazos y Curro Rivera fueron los anteriores, en el ya lejano San Isidro de 1972.

Por el lado contrario, varios aficionados de pro consideran que la plaza de Madrid ha perdido seriedad – verbenera u orejera le llaman – y discuten la solidez de los triunfos obtenidos durante estos ciclos feriales. Insisten en que el rasero que implica la obtención de trofeos se ha reducido al mínimo y que hoy resulta fácil – si es que hay alguna facilidad en intentar hacer el toreo – cortar orejas en la Villa y Corte.

Mi conocimiento de los hechos de nuestros toreros viene de la televisión. La tele nos lleva los toros a la comodidad de nuestro salón, pero también nos muestra una imagen parcializada de los sucesos en la plaza. Vemos en acercamiento al torero y al toro, pero el resto de la escena que se nos muestra – en audio y vídeo – está sujeto a la voluntad – o al interés – del productor de la transmisión. Por esta razón, mis apreciaciones pueden resultar incompletas o equivocadas.

Joselito Adame, Madrid, 04/06/2013
Foto cortesía de altoromexico.com
Yo no voy a discutir el valor de las orejas cortadas por los toreros mexicanos en esta primavera madrileña. Lo que veo yo en la concesión de ellas, es más bien el interés de una afición que, después de muchos años de ver repetidos nombres y bosquejos de triunfos en Las Ventas, encontró a un grupo de jóvenes que sin duda, han demostrado que quieren y pueden ser toreros y consideró que ellos, que se han conducido sin complejos en un escenario que impone, pueden ser los que despierten de su marasmo a quienes han mantenido bajo anestesia general las cosas de toros y toreros allá en España.

Creo que es por eso que las actuaciones de los toreros de México – y también tuvo ese síntoma la presentación del novillero colombiano Sebastián Ritter – han sido valoradas en esa forma. Tengo la impresión de que ahora es la afición – y los públicos – la que, a falta de que los miembros del establishment taurino intenten romper con esa inercia negativa, intenta encontrar a quien o quienes se encarguen de revertir ese estado de cosas, aún a riesgo de que se considere que los triunfos obtenidos son sobrevalorados.

El otro ingrediente para propiciar esa competencia está en quienes se autocalifican como los profesionales. Son ellos los que tienen en sus manos la ocasión de propiciar y fomentar esa competencia que los que pagan por entrar a las plazas esperan hallar en el ruedo. Es a esos profesionales a quienes debe interesar que los encuentros entre una generación mexicana de toreros – que en el ambiente hispano serían emergentes – y quienes ocupan puestos de importancia en el escalafón se produzca e invite a la gente a volver a los tendidos.

Creo que los cimientos están ya puestos, ahora sigue levantar el edificio. La pregunta aquí es: ¿se pondrán los interesados a hacerlo, o mantendrán la posición cómoda y cortoplacista que ahora guardan? Solo el tiempo nos dará la respuesta.

domingo, 2 de junio de 2013

11 de febrero de 1945: La epifanía mexicana de Pepe Luis Vázquez

Pepe Luis Vázquez
(Imagen cortesía del Aula Taurina de Granada)
La décima tercera corrida de la llamada Temporada Hispano – Mexicana 44 – 45 representaba la quinta actuación de Pepe Luis Vázquez en el viejo Toreo de la Ciudad de México. Las crónicas reflejan que en las cuatro tardes anteriores había dejado muestras de su buen toreo, pero por algunas causas – principalmente, los toros – no había justificado aún el predicamento que precedió su llegada a esta tierra y que le hacía encabezar el elenco de toreros españoles que volvían a nuestras plazas después de una suspensión de relaciones taurinas que se inició en Madrid, en mayo de 1936.

Cagancho, Antonio Bienvenida, Gitanillo de Triana y Rafael Ortega Gallito ya se habían presentado también ante la afición capitalina y no habían tenido ocasión de poner sobre la arena las virtudes que atesoraban. Por su parte, Pepe Luis Vázquez en sus anteriores comparecencias pudo dejar constancia de su calidad, aunque sin redondear. Eso motivó que se le empezara a comparar con otro ilustre paisano suyo, Chicuelo, afirmando que requería de un tipo de toro bien determinado para poder lucir.

Para el 11 de febrero de 1945, Tono Algara anunció la presentación de la ganadería de Piedras Negras, cuyo encierro sería lidiado por Pepe Luis Vázquez, Rafael Ortega Gallito y Luis Procuna, que era uno de los triunfadores que la temporada había producido y que el domingo anterior le cortara el rabo a Cabrillo de Pastejé y ante el que, haciendo gala de su inventiva, realizara por primera vez el pase por alto que en ese día se llamó procunesa y que pasaría a la posteridad como la sanjuanera.

La corrida que me ocupa hoy estuvo a punto de ser suspendida por causa del viento que sopló toda la tarde. La crónica de Francisco Montes, publicada en el número 115 del semanario La Lidia, aparecido en la capital de México el 16 de febrero de ese año, refiere lo siguiente acerca de esa contingencia:

Minutos antes de que el reloj de la plaza marcara las cuatro de la tarde, la Empresa, por medio de unos cartelitos consultó con los asistentes si se daba la corrida en esas condiciones o si se dejaba para el lunes a las cinco de la tarde (ya que el peor enemigo de las corridas de toros es el mofletudo Eolo que además de poner en inminente peligro la vida de los lidiadores, desluce lógicamente todo lo que se intenta); pero siendo la respuesta afirmativa, la Autoridad ordenó hicieran el paseo las cuadrillas capitaneadas por Pepe Luis Vázquez, que vestía de obispo y oro; Rafael Ortega “Gallito”, de azul rey y oro y Luis Procuna, de verde nilo y plata; el paseo es frío y a tono con la tarde…

Ante los toros de Tlaxcala, fue cuando la afición de la capital mexicana pudo apreciar en toda su extensión la tauromaquia del torero del Barrio de San Bernardo. Fue su faena al cuarto toro, Anillito, número 13, negro bragado, que Pepe Luis Vázquez pudiera expresar su profunda tauromaquia. De la citada crónica de Francisco Montes, transcribo estas ideas:

Su segundo enemigo se llamó “Anillito”, número 13, negro, bragado, listón y capacho; el diestro de San Bernardo, molestado por el vendaval, pero imponiéndose a las circunstancias logró dos magníficas verónicas que remató con media estupenda, siendo muy ovacionado. En los quites “Gallito” derrochó valor y voluntad recibiendo palmas. “Bogotá” y Redondo parean con brevedad… Pepe Luis brindó la muerte de su enemigo al ex – presidente de la República de Cuba, coronel Fulgencio Batista que fue aclamado cariñosamente por toda la plaza. El sevillano, molestado por el vendaval, inicia su faena con un pase por alto, se pone la muleta en la mano izquierda y da el primer natural movidillo, para continuar con otros estupendos, naturales clásicos, siendo el tercero de la serie imponente y superior: un dechado de bien torear. La serie de naturales la liga con el auténtico pase de pecho y la ovación estalla tempestuosa, la música toca en su honor; sigue toreando en la misma forma, toreo serio, hondo, señorial, majestuoso, que hace de la plaza un manicomio; sigue su faena con la mano derecha en plan de escándalo, luchando continuamente con la sosería del burel y molestado por el viento que no ha dejado de soplar un solo instante; una gran faena, una estupenda faena que coronó con una estocada delanterilla que fue suficiente para mandar al destazadero al burel de Piedras Negras, un apéndice; la ovación es apoteósica, las palmas y la música acompañan la vuelta al ruedo del diestro sevillano, quien ha logrado cortar su primera oreja en “El Toreo” de México con una faena en la que tuvo que imponerse a los elementos… Los enemigos gratuitos del diestro de San Bernardo deben estar rabiando, ya que no podrán seguirle llamando “el torero del detalle”, pues su faena fue grandiosa y en circunstancias adversas para el torero; un triunfo meritorio que aunque lo deseen, no podrán negar sus detractores…

La relación que hace Francisco Montes nos refleja el impacto que causó la expresión íntegra de la tauromaquia de Pepe Luis Vázquez, dejando ver en su redacción, la emoción del cronista al poner en blanco y negro la impresión que su actuación le causó.

Una semana después, en el mismo semanario La Lidia, don Luis de la Torre El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada, reflexiona sobre esta actuación y creo que al margen del calor del momento, desentraña la esencia de la actuación del torero de San Bernardo. De su comentario, entresaco lo que sigue:

“Cuatro veces anteriores había dejado solamente el agridulce sabor en detalles fulgurantes de su arte personal, con la esperanza de que al fin destapara el frasco de la esencia pura de su toreo, tal como aconteció hace años con Manuel Jiménez, el torero de la Alameda. Y fue en esta tarde huracanada, cuando el viento en su furia incontenible se empeñó en impedir todo lucimiento, en la que Pepe Luis Vázquez, luchando abiertamente con el desatado elemento, luciera por primera vez en plenitud completa la maravilla del toreo clásico por excelencia. Fueron solamente en cantidad de nueve o diez los muletazos que a media plaza, sin buscar abrigo ninguno libertador del vendaval, los que dieron el triunfo definitivo al pequeño torero sevillano. Pero, ¡qué muletazos! Citando de frente y a distancia al burel para aguantar su acometida, empapándolo en los vuelos de la muletilla y engranar de esa guisa el verdadero toreo en redondo, rematado magistralmente con el auténtico forzado de pecho, ese muletazo de asombro que desde la época de Belmonte no habíamos vuelto a presenciar en toda su magnificencia. ¿Y después? Otra maravillosa serie de muletazos al natural rematados con un molinete doble en la misma cara de la res, esquivando así la acción del viento huracanado. ¡Asombroso! Una faena, más bien dicho, un FAENÓN clásicamente puro, coronado más tarde, ya en medio del entusiasmo general, con media estocada que hiciera a la res clavar las astas en la arena, para morir fulminada a los pocos instantes… La hazaña de Pepe Luis es de las que consagran. ¡Obligados estamos a entonar el “mea culpa” aquellos que supusimos no dejarían mayor recuerdo que sus detalles de oro purísimo en sus pasadas actuaciones! Lástima me causa escuchar en labios de viejos aficionados, conocedores de estos menesteres, frases tendientes a demeritar la que ha sido por todos conceptos la mejor faena de la temporada, por su auténtico clasicismo y belleza incomparable. Belmonte con un toro del Marqués del Saltillo (enero 22 de 1922) y “Chicuelo” con “Dentista” (octubre 25 de 1925), han vuelto a aparecer, gracias a Pepe Luis Vázquez, en el coso de la Condesa…

El anuncio del festejo en La Lidia
De estas reflexiones creo que vale la pena resaltar dos hechos, primero, el que sin buscar abrigo del viento, Pepe Luis Vázquez realizó una faena descansada en el pase natural y después, que con esa entregada actuación, entró en definitiva en el gusto de la afición de la Ciudad de México.

Por el resto del festejo, Luis Procuna cortó el rabo al sexto, Peregrino y Gallito saludó tras la lidia del segundo, Fistolillo. Al descabellar al sexto, Gallito se luxó el hombro derecho, pero pudo concluir su labor y por su pie se trasladó a la enfermería a ser atendido. 

Para Pepe Luis Vázquez, el gran triunfo en México vendría un año y seis días después, cuando en corrida nocturna, alternando con Manolete y de nuevo, Luis Procuna, cortara el rabo al toro Cazador de Coaxamalucan, en lo que resulta ser uno de los festejos míticos de nuestra historia taurina reciente y de la que ya me he ocupado aquí mismo en una entrada anterior.

Con este recuerdo de la tarde en la que manifestó su grandeza a la afición mexicana, expreso mi reconocimiento a la trayectoria de Pepe Luis Vázquez, quien entrara en la inmortalidad hace unos días.

Aclaro: Los resaltados en los textos transcritos no corresponden a sus originales, son responsabilidad exclusiva de este amanuense.
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