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domingo, 23 de febrero de 2020

Antonio Lomelín y Bermejo de Xajay. Hace 45 años

Antonio Lomelín
La temporada 1974 – 75 en la Plaza México fue confeccionada por Carlos González, gerente de DEMSA por esas fechas, contando con quince matadores de toros. Entre ellos no se encontraba Manolo Martínez, sin duda el más atractivo de los mexicanos en ese momento. De los quince que contrató, seis eran confirmantes de alternativa, por su orden, Manolo Arruza, Rafael Gil Rafaelillo, Antonio José Galán, Humberto Moro hijo, Enrique Calvo El Cali y Guillermo Montero.

Con esos mimbres sin embargo, la temporada tuvo episodios para la memoria. Es la de Pedro Gutiérrez Moya Niño de la Capea con Corvas Dulces de don Javier Garfias y la de Mariano Ramos con Azucarero de Tequisquiapan, dos faenas que en un hipotético recuento de los grandes fastos de la plaza de toros de más capacidad del mundo, probablemente tengan un lugar preponderante. Así pues, se salvó con honor lo que en el principio pareció algo condenado al naufragio.

Pero también la 74 – 75 sirvió para recordar que la tragedia es pariente consanguíneo de la fiesta. Y en la décima corrida de la temporada se hizo presente, sin invitación previa, como siempre lo hace.

La 10ª de la temporada 1974 – 75

La décima corrida de esa temporada se confeccionó llevando como atractivo la presentación del torero de Acapulco, Antonio Lomelín y la reaparición de dos de los confirmantes mencionados arriba, Antonio José Galán, quien había sido herido por el toro de esa confirmación, al que no pudo matar y fue objeto de discusiones en el sentido de que si la mera cesión de trastos era suficiente para tenerle por confirmado o necesitaba matar al toro para completar la ceremonia y Rafaelillo como tercer espada para dar cuenta de un encierro queretano de Xajay.

El primero de la tarde fue Bermejo, correspondió a Antonio Lomelín. Lo que ocurrió en su lidia prácticamente no trascendió a las crónicas, sino hasta el tercio de banderillas. Una de agencia aparecida en El Siglo de Torreón del día siguiente del festejo, describe lo siguiente:
México (Excélsior). – El diestro Antonio Lomelín sufrió ayer una tremenda cornada en el vientre, durante la lidia del primer toro de ayer en la Plaza México. 
El burel de la ganadería de Xajay, de nombre “Bermejo”, con 484 kilos de pesos prendió a Lomelín, cuando intentaba realizar la suerte con las banderillas al quiebro, el toro se arrancó, cerca del matador se frenó, esto desconcertó un poco al diestro. El toro arrancó nuevamente y prendió en el vientre al torero. 
Un grito de angustia se dejó escuchar en los tendidos cuando los espectadores vieron al diestro con el vientre abierto. De inmediato fue conducido a la enfermería, carios médicos que estaban en las tribunas saltaron al callejón y fueron a ayudar en la operación en la enfermería. Luego de una intervención de 2:20 horas, los médicos informaron que el estado del matador es grave…
Mi recuerdo personal se reduce a lo escuchado por la radio en casa de mi abuela y a las imágenes vistas en el noticiero de la televisión de la noche posterior a la corrida. Ignacio Solares y Jaime Rojas Palacios, en su libro Las Cornadas (1981) describen así el hecho:
...Lomelín había puesto dos pares que le fueron muy aplaudidos. Para el tercero se colocó en los medios de la plaza dando la espalda a la puerta de toriles. El toro se arrancó de largo; hizo Antonio el quiebro, pero perdió unos instantes. Bermejo le metió el pitón en el estómago y cuando el torero cayó al suelo, el público vio con espanto cómo tenía los intestinos de fuera. Rodó por el piso y se levantó con el dolor reflejado en el rostro. La cornada ha sido una de las que más han conmocionado al público capitalino... (241 – 242)
Sin duda, fue una herida gravísima y de gran impacto visual. El parte facultativo rendido por el doctor Javier Campos Licastro, en esos días Jefe de los Servicios Médicos de la Plaza México, es del tenor siguiente:
Es una herida en el mesogastrio penetrante de abdomen, con cuatro heridas en el intestino delgado y cuatro en el mesenterio intestinal. Hemoperitoneo – colección de sangre – de 400 centímetros cúbicos, fue necesario resecar el epiplón mayor y reconstruir la pared abdominal por medio de zetaplastía. La vida del torero estuvo en peligro, cuando al llegar a la enfermería, sufría un shock traumático, luego reaccionó.
La historia nos cuenta que con el tratamiento adecuado sacaron adelante a Antonio Lomelín, quien en el proceso de la preparación del libro de Solares y Rojas Palacios, les contó lo siguiente:
Ha sido mi cogida más impresionante. Sentí el frío de la muerte. Al llegar a la enfermería, cuando me quitaron la taleguilla, brotó todo el paquete intestinal y me espanté. Creí que me moría. Experimenté cómo se me iba la vida, poco a poco. Me desesperaba de la impotencia de no poder hacer nada por impedir mi fin... Entré en shock... Afortunadamente, tuve una atención médica increíble y no he tenido consecuencias. Se pensaba que podía venir la peritonitis, pero no pasó nada, gracias a Dios...(242)
Pero Antonio Lomelín no fue el único herido ese día. Rafaelillo también se fue al hule. El que hubiera sido el segundo toro del lote de Antonio, hirió al Gitano de Tijuana. La crónica de la United Press International, aparecida en el diario El Informador de Guadalajara el día después de la corrida, describe lo siguiente:
En su segundo fue cogido con el capote, ingresando a la enfermería con traumatismo en la pierna derecha y posible fractura en la clavícula del mismo lado… Rafaelillo, al ser auscultado por los médicos de la plaza y después de habérsele tomado varias placas radiográficas, solamente mostró contusión de segundo grado y hematoma en la región posterior del hombro derecho, así como contusiones y escoriaciones en la rodilla izquierda y cadera del mismo lado, amén de otras escoriaciones en diversas partes del cuerpo…
Así pues, Antonio José Galán terminó matando 5 toros, los dos de su lote (2º y 5º), el primero que hirió a Lomelín, el cuarto que hirió a Rafaelillo y el sexto que correspondía a éste último ya en la enfermería. Los toros por su orden se llamaron Bermejo, Bate II, Buena Suerte, Consentido, Palomo Rojo y Lajeño.

El resto del festejo

La última crónica citada señala lo siguiente:
…El español Antonio José Galán tuvo que matar cinco toros. El primero de Lomelín y en el primero de su lote cumplió. En su segundo recibió aplausos. En el tercero, pitos. En el cuarto fue ovacionado con el capote, faena por naturales y derechazos, aunque con prisas, rematados por el de pecho y el de la firma. Media estocada. Una oreja y vuelta con el ganadero. En el último salió del paso. Rafaelillo, que fue ovacionado con el capote, llevó a cabo una magnífica faena de muleta y, entre ovaciones, media estocada. Una oreja…
La reaparición

En la vigilia hospitalaria, Raúl Acha Rovira, en esas calendas apoderado de Antonio Lomelín, estimaba que su torero estaría listo para reaparecer en Aguascalientes, durante los festejos de la feria de San Marcos, en abril.

Efectivamente, Antonio reapareció en abril, el día 20, pero en Durango. Lo hizo matando él solo seis toros de Reyes Huerta, a los que cortó la oreja al primero y al sexto, y sí, al día siguiente estuvo en Aguascalientes para torear la primera de las tres corridas que contrató en nuestra feria con Manolo Martínez y Fermín Espinosa Armillita y toros de Suárez del Real, era la segunda corrida de ese ciclo, primero que se verificaba en la entonces nueva Plaza Monumental Aguascalientes.

La Plaza México se le resistiría un poco más, Antonio Lomelín no volvería a ella sino hasta cuatro años después de lo de Bermejo, el 11 de febrero de 1979, para alternar en la lidia de toros de Las Huertas con El Niño de la Capea y Manolo Arruza. Esa corrida la presencié en la plaza.

Lomelín y la Sentencia de Frascuelo

Antonio Lomelín fue un torero duramente castigado por los toros. La cornada de Bermejo era la décima que recibía hasta ese momento y no era la primera grave. Cuatro años antes, en Tijuana, una le había partido el hígado y le puso a las puertas de la muerte.

De las primeras cosas que recogió la prensa sobre su recuperación fueron estas:
“...La primera noche de Lomelín, después de la cornada, fue intranquila, tuvo dolores en el vientre y constantes náuseas, pocas veces pudo dirigir la palabra a sus familiares. “Ya me tocaba otra vez”, le dijo a su esposa Patricia Berúmen de Lomelín, al referir que por décima ocasión está postrado, herido, a causa de los toros...”
La reflexión que el torero hacía a su entonces esposa me recordó la que hacía Frascuelo cuando se recuperaba de la cornada del toro Peluquero de Antonio Hernández, sufrida en la corrida a beneficio de la sociedad El Gran Pensamiento el 13 de noviembre de 1887. Al condolerse los miembros de su cuadrilla de su estado, les dijo:
Los toros dan esto porque no pueden dar otra cosa. Si dieran caramelos daría gusto torear... Pa evitar verse así no hay más que dos caminos: huir o cortarse la coleta… No me había tocao en toa la temporada un toro tan bueno como éste. Le toree a placer y cuando le vi cuadrado, quise meterle el pie a favor de obra, porque yo daba la espalda a los chiqueros. Entonces, se tapó. Quise ponerle en suerte y como hoy había en Madriz una teja que tenía que caerle a alguien en la cabeza, me cayó a mí. No ha pasao más…
Esta es la fiesta de los toros. Recuerdo esto hoy, aunque el pasado domingo fuera cuando se hayan cumplido 45 años del hecho, pero a veces las efemérides se acumulan y tiene uno que ir acomodando las cosas.

Antonio Lomelín falleció en la Ciudad de México el 8 de marzo de 2004 a los 58 años de edad.
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