Mostrando entradas con la etiqueta Talavera de la Reina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Talavera de la Reina. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de mayo de 2011

16 de mayo de 1920: Los hechos de Talavera de la Reina según Rafael El Gallo

Detalle del cartel anunciador de la
corrida del 16 de mayo de 1920
(Colección Gabriel Vegas)

Por algunas razones que no vienen al caso, en las últimas semanas me he mantenido más lejos del ordenador que de costumbre y más cerca de los libros también. Uno de los que retomé para su lectura, después de muchos años, fue el de Marino Gómez Santos, Mi Ruedo Ibérico, el que compendia una serie de magníficas y extensas entrevistas a toreros de distintas épocas en las que, a diferencia de la interviú de hoy, Gómez Santos deja a sus interlocutores hablar, hablar a su aire a partir de leves insinuaciones que les hace. Eso enriquece la obra en comento y dibuja de manera extraordinaria al personaje entrevistado.

Hace más o menos un año, un amigo, Gabriel Vegas, me envió la imagen que encabeza esta entrada, a propósito del díptico que entonces publiqué conmemorando el nonagésimo aniversario de la tragedia de Talavera y exponiendo la visión de la prensa regional toledana sobre el asunto. En su comunicación sobre el envío, me hacía notar que el cartel que ilustraba el primer artículo, era una alegoría realizada a posteriori y que el auténtico era el que en presentación más humilde, se imprimió en la Imprenta Velasco de Madrid, sita en Marqués de Santa Ana número 11, duplicado. En su comunicación, me pedía incluirlo en esas entradas, pero le respondí entonces que me parecía un desperdicio dejar un documento tan valioso en algo que quedaría archivado, por la relativa frecuencia con la que actualizo esta bitácora. (A petición del propio Gabriel recorté parte del cartel, para evitar que sea usado con fines de falsificación)

Taleguilla usada por Joselito en Talavera
(Museo Taurino de Valencia, imagen aportada por
Gabriel Vegas)
Así que ofrecí a Gabriel el publicar alguna arista sobre este tema al año siguiente, para publicar la imagen que tan gentilmente me envió, junto con otras dos que tiempo después me hizo llegar también y allí empezaron mis quebraderos de cabeza, pues me pareció un despropósito el reiterar alguna temática trillada o el recurrir a algún lugar común – con mis disculpas a Monsieur Flaubert – pero en la lectura del libro de Marino Gómez Santos al que al principio aludía, se me abrió el panorama, dado que allí hay una serie de charlas que durante quizás una semana de abril de 1959, sostuvo con Rafael El Gallo, en la casa familiar de la sevillana calle O'Donnell y entre los temas tratados, está precisamente el de Joselito y los sucesos de Talavera de la Reina.

Lo que contó Rafael a Gómez Santos no es una versión al uso y aunque en otro sitio de esta misma Aldea he señalado que a El Gallo no debemos recordarle por sus bagatelas, sino por su esencia como torero, considero que en este caso vale la pena saber cómo le venía a la memoria, justo un año antes de morir, la tragedia del 16 de mayo de casi 40 años antes:
…¿Dónde estaba Usted aquella tarde…?
- La corrida de Talavera se hizo para mí y para Ignacio, pero José me dijo: «Quítate de Talavera y vete a Madrid. Cógete el sitio mío, porque yo no voy a ir.» José estaba disgustado por lo que ocurría con la corrida de Urquijo.
- Pero ¿qué ocurrió?
Rafael el Gallo se aprieta el pañuelo de seda blanco al cuello.
- Que la marquesa de Urquijo iba a dar la primera corrida de su ganadería y quería que la torease José. Todo el mundo se opuso a que José fuese a Madrid con toros desconocidos. Y José no quieras saber cómo se puso. Dijo que o no toreaba la corrida de Urquijo o no iba. Por eso no quiso torear en Madrid y me dijo a mí que fuese yo, porque no acababa de ponerse de acuerdo con la empresa.
Coloca los brazos sobre la mesa y apoya sobre ellos la barbilla.
- Ese día, 16 de mayo, me reemplazó en Talavera. En Madrid amaneció lloviendo.
El Gallo, al levantarse de la cama la mañana de la corrida, se fue al balcón para ver la cara al día. Llovía torrencialmente. Se quedó un buen rato contemplando el aguacero, miró al cielo turbio y se fue al teléfono para comunicar con Juan Belmonte, con quien debía torear aquella tarde.
- Oye, Juan: te llamo para decirte que si nos vestimos, porque el día ha amanecido infame. ¿A ti qué te parece?
- Hombre, Rafael, yo creo que debemos vestirnos, no sea que a las cuatro «campe» y nos coja en pijama.
El Gallo le dijo a su mozo de espadas que fuese vistiéndole. Sonaba el agua torrencial en los cristales.
- Yo no sé para qué se viste usted, maestro, porque han dicho abajo que en Talavera se ha suspendido también por la lluvia. En Madrid, seguro que también se suspende – le dijo el mozo de espadas.
Rafael el Gallo sintió entonces un alivio inmenso de que suspendiese la corrida de Talavera que iban a torear Joselito y Sánchez Mejías. No sabía por qué, pero estaba contento.
- Vete despacio vistiéndome, que me parece a mí también que no va a cesar de llover y vas a tener que desvestirme.
Sonó el teléfono en la habitación.
- Maestro, que resulta que en Madrid se ha suspendido y en Talavera se está celebrando.
El Gallo comenzó a vestirse de calle y pidió que le marcasen el número de teléfono de Belmonte.
- Oye, Juan: ¿sabes que se ha suspendido en Madrid?
- Sí, acaban de pasarme recado.
- Oye, yo creo que lo mejor será que vaya a recogerte para ir a tomar un cocido a Casa Morán. Estoy aquí en el hotel con el marqués de Llen, que tiene el coche abajo. No tardamos nada.
El Gallo, con el marqués de Llen, bajaba por la escalera del hotel. Al llegar a la conserjería entraba un repartidor de telegramas.
- No se vaya, don Rafael, que es para usted.
Ajeno completamente a la posible tragedia que no había pensado aquella tarde, el Gallo abrió el telegrama: «José, cogida gravísima vientre.»
Ahora, al referirse al telegrama, Rafael el Gallo palidece. Su semblante se torna sombrío. Cambia su tono de voz.
- Yo pensé en seguida que aquello no era nada tranquilizador, porque si era una cogida gravísima en el vientre, lo más probable es que no tuviera salvación. «Lo ha matado», pensé rápidamente.
El marqués de Llen puso en marcha un flamante Rolls – Royce.
- Belmonte me aguardaba para ir a Casa Morán a tomar el cocido, y como no había salido del cuarto no se enteró de lo que ocurría hasta que nosotros estábamos en la carretera.
La noticia llegó a Madrid con rapidez.
- Al llegar a Alcalá para entrar en la Puerta del Sol, la gente se agrupaba en Teléfonos. Era un enjambre que se revolvía como si se tratase de una revuelta política. Bueno, en la Puerta del Sol aquello ya no puede explicarse. No cabía una persona más. Estaba hirviendo.
El Gallo gesticula con la mano.
- ¡Hirviendo estaba aquello! No sé si la gente esperaba noticias o sí sabían todo lo que pasaba.
 En medio de la carretera, que estaba en reparación, había grandes montones de piedras.
- Pasamos sobre ellas como por un tobogán. No sé a qué velocidad íbamos, ni cómo llegamos a la plaza de Talavera. Cuando entré en la enfermería me encontré con dos médicos jóvenes, amigos de José, que estaban ya lavándose las manos. Tenían los brazos manchados de sangre. Al volverme así, vi a José tendido, con el vestido de torear roto a jirones y la cara pálida. Estaba ya de cuerpo presente.
En el rostro de Rafael, continente de cuero, aparece una lágrima.
- Me quedé solo con él, mirándole, contemplándole. Blanquito, el pobre, estaba acurrucado en un rincón.
- Pero ¿y la gente de Talavera, Rafael?
- Había ido al pueblo a llorar.
Esta contestación del Gallo me produce una profunda impresión.
- Sí; la gente había ido a llorar al pueblo. Mi cuñado Ignacio se fue a la estación a gestionar el que reforzaran los turnos del telégrafo.
 Se le rompe la voz. Respeto el silencio. No quiero preguntarle nada.
- José estaba allí, de cuerpo presente.
Me acuerdo de aquellas imágenes certerísimas de Lorca:
Tres golpes de sangre tuvo,
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
A medianoche se percibió el rumor lejanísimo de un motor de automóvil. Prestó atención.
- Junto a la ventana de la enfermería se detuvo un automóvil. Oí un portazo. Empujaron la puerta y vi que entraban la reina Victoria y el rey don Alfonso XIII. No saludaron. Se fueron derechos a arrodillarse a los pies de José. Recuerdo que el rey dijo: «Victoria, ¿has traído el rosario?» La reina dijo que sí: «Vamos a rezar», dijo el rey. Yo estaba empezando a sentirme enfermo, porque no he podido llorar nunca, y eso hace mucho daño al corazón. Me quedé mirando como rezaban los reyes. La reina llevaba un velo negro sobre la cara, muy tupido. Al marcharse, don Alfonso me dio un abrazo y me dijo: «¡Lástima de hombre el que hemos perdido, Rafael!»
A los pocos momentos de haber emprendido los reyes el viaje de regreso a Madrid, la gente que estaba llorando en el pueblo llegó hasta la enfermería de la plaza de toros de Talavera.
- Las mujeres entraban, sin saber por dónde. Entraban atropellándose, y al encontrarse frente a mi hermano de cuerpo presente, decían: «¡José!» Y no decían más porque se desmayaban. Los hombres, con la gorra de visera en la mano, le miraban, se quedaban muy pálidos y acababan por caerse al suelo también. Hubo que prestarles auxilio, y los médicos acabaron todas las cosas que tenían en el botiquín.
Rafael da una palmada en el brazo de madera del sillón.
- ¡Ea, hablemos de otra cosa!
No le digo nada. Y él sigue con su recuerdo melancólico encerrado en la plaza mayor de su cabeza.
- Al día siguiente me puse malo. Estuve siete meses en cama. Creí que también yo me iba «pá» allá.
Pienso que por hoy ya basta el relato. Me despido de Rafael el Gallo, que se queda en su cuarto. Salgo al pasillo, en penumbra. Las mujeres cosen silenciosamente en el comedor.
- Buenas noches.
- Vaya usted con Dios…
(Marino Gómez Santos, Mi Ruedo Ibérico, Ed. Espasa Calpe, Colección La Tauromaquia, Vol. 37, 1ª edición, Madrid, 1991, Págs. 76 a 79)
Museo Taurino de Valencia
(Cortesía Gabriel Vegas)
Como pueden deducir de la lectura de lo transcrito, la versión de El Gallo no es una versión común y corriente de lo sucedido en Talavera. No obstante, resulta de interés saber cómo vio y se vio Rafael ese día, al menos en los remolinos de su mente. Por esa razón no haré comentario alguno, ni la contrastaré con la prensa de la época, creo que vale por sí sola y por lo que en sí representa, por lo que no tiene caso el intentar acreditar o desacreditar su contenido y sí por el contrario, disfrutarlo intensamente.

Espero que pese a su extensión, esto haya resultado de su interés.

lunes, 17 de mayo de 2010

Talavera de la Reina. La prensa regional toledana 90 años después (II/II)

Continúo con lo dejado pendiente ayer, y presento la conclusión de la revisión periodística sobre la muerte de Joselito.


En el Eco Toledano

Verde y Oro era la firma taurina de El Eco Toledano. Diario defensor de los intereses morales y materiales de Toledo y su provincia, dirigido por su propietario Antonio Garijo. Su versión de los hechos es menos prolija y más compuesta en un sentido literario. En algunos pasajes da la impresión de haber recibido la versión de algún asistente de confianza y después haber compuesto la crónica para no dejar a su diario sin la información del momento, sobre todo, cuando invoca el lugar común de la herida en la femoral como causa de la muerte del diestro de Gelves y cuando complementa su nota con datos de otros sitios, como vemos enseguida:



Muerte de Joselito, en Talavera

El lidiador más sabio y alegre que conocieron los tiempos, ha perdido ayer tarde la vida en una plaza de toros de "quinto orden", pues de otra categoría no podemos calificar la de Talavera de la Reina de nuestra provincia.

¡Pobre "Gallito"! Nos parece un sueño que haya matado un toro al que desde el año 1912, puso con su querido compañero Juan Belmonte, la Fiesta Nacional a un nivel no conocido en ninguno de los anales de la tauromaquia.


Un morlaco de la ganadería no asociado de la Sra. Viuda de don Venancio Ortega, tiró al maestro, uno de esos cornalones que llamamos "de caballo", seccionándole la femoral y produciéndole enorme destrozo en la región de los intestinos, falleciendo el gran torero, apenas llegó a la enfermería, en brazos de las asistencias.

La tragedia ocurrió cuando se hallaba pasando de muleta al quinto toro de la citada ganadería, que era gordo, astifino y largo de cuello. Parece ser que a José no le gustó el bicho desde que salió de los chiqueros y le tomó justificadas precauciones, que fueron en aumento; y al disponerse a prepararle con un pase para abrirle más de tablas y estando el espada casi materialmente metido entre los pitones con el fin de que el toro se confiara y no se le fuera, no tuvo éste más que largar el pescuezo, pegar el hachazo y quedarse con el muchacho, al que volvió a recoger del suelo.

El momento fue de inmensa emoción en el público y las cuadrillas, que con Sánchez Mejías al frente, continuaron la lidia bajo la impresión que es de suponer.

Después... ¡el horrible cuadro de dolor para todos! Joselito ya sabéis lo querido que era para los suyos y por todos los aficionados y no aficionados.

La ciencia no pudo salvar al que ya salió casi muerto del asta del toro.


En Talavera, en Toledo, en Madrid, en... toda España ha producido la fatal noticia una honda pena. ¡Un diestro de esa categoría, en sus veinticuatro años de edad; millonario e ir a morir a una plaza de un pueblo, como quien dice!

A José lo acompañaba desde a el año pasado cuando la cogida que tuvo en Madrid con aquél Benjumea, una mala estrella, hasta el punto que anteayer mismo en esta misma plaza, el último día que pisó en ella un sarraceno que le "despidió para siempre con un almohadillazo que le alcanzó la cara"... ¡Quién diría a Joselito que aquello era el fin de su historial en el ruedo de su más afecto, el de Madrid!

No acierto a escribir, queridos lectores, una sensación nerviosa me embarga desde ayer, porque para mí en la fiesta de los toros me arrastraban desde hace ocho años nada más José y Juan. Sin ellos no sabía ir a la plaza.

Ese gran carro con las "dos poderosas ruedas" que transportaba a la afición y formaba los dos bandos en que la tenía dividida, queda desecho.


La fiesta ha perdido el ciento por ciento de su entusiasmo e interés.

A las empresas les ha llegado un golpe inaguantable y los toreros han perdido al maestro de maestros.

Talavera de la Reina, nombre que ha de quedar grabado en los fastos del toreo, se ve invadida de aficionados y gentes de todas clases, altas, medias y bajas categorías que han ido a rendir el último adiós a Joselito.


Más de doscientos automóviles llegaron de Madrid. ¡De toreros no digamos nada! Su inseparable Belmonte fue presa de un fuerte síncope al saber la triste noticia y está abatidísimo.

¡Y Rafael! ¡Pobre Rafael! ¡No quería ver el cadáver cuando llegó!


"Bombita", Gaona, "Fortuna", La Rosa... ¡todos los diestros, ex diestros y admiradores que ayer estaban en Madrid, están en Talavera desde anoche.

El cuerpo de Joselito será embalsamado y transportado por ferrocarril a Sevilla, donde recibirá sepultura en el suntuoso panteón de familia, del Cementerio de San Fernando.

Descanse en Paz el torero más grande que conoció el revistero y amigo imparcial, que vierte lágrimas por su muerte.

Me llama la atención en la prolija crónica de El Castellano, que se pronuncie el nombre completo de la titular de la ganadería que lidió los toros del festejo, es decir, el de doña María Josefa Corrochano Viuda de Ortega, dejando claro su parentesco (algo que siempre escuché, pero de lo que tuve real certeza) con Gregorio Corrochano y que por la corrección política que exigió en su día el respeto al cronista más influyente de su tiempo, se dejó pasar a la historia como el de la Señora Viuda de Ortega, ocultando sus demás señas, para no avergonzar o dejar en entredicho al venerable don Gregorio.

Igualmente me llama la atención el origen de Bailaor, pues resulta ser lo que hoy conocemos como los patasblancas o encaste Vega Villar, producto de un cruce entre Veragua y Santa Coloma, aunque en sus inicios. ¿Sería que Corrochano aconsejaba a sus parientes como llevar la ganadería? ¿O sería que seguían los pasos de Pepe Vega y esta tragedia les cortó el camino? Además, leo una información que no recuerdo haber leído en ningún otro lado, el parte facultativo de la herida que le costó la vida a Joselito. Aunque lo que les presento se trata de prensa regional, contiene información que al paso del tiempo se vuelve invaluable, como podemos ver.

El reporte de la necropsia practicada al día siguiente por los médicos José Fernández Sanguino, Antonio Fernández Sanguino y Fermín Muñoz Urra, refiere lo siguiente:


En la inspección exterior, una herida de forma circular, de siete centímetros de diámetro, en la región hipogástrica derecha. En la cavidad abdominal, perforación de peritoneo y rotura de tres asas intestinales. Desgarro de la aorta descendente a nivel del cuerpo de la segunda vértebra lumbar. Hemorragia interna, producida por la herida arterial, mortal en pocos minutos y sin posibilidad de ninguna intervención científica.

De manera tal que queda confirmado el parte facultativo que se contiene en la relación de El Castellano y la necesaria mortalidad de la cornada que Bailaor infirió al considerado el más poderoso de los toreros.




Los infaltables

En la edición de El Castellano del día 18 de mayo de 1920, en su primera plana (la noticia de la muerte de José en Talavera se dejó para la tercera), quien firmó como Estebanillo González alza su voz y a partir de la reciente muerte de Joselito en Talavera, encuentra una razón para pedir la abolición de la fiesta de los toros. Su arenga de ocasión es la siguiente:



No incurriremos en la vulgaridad de hablar contra las corridas de toros en nombre de la civilización, ni menos vituperaremos a nuestra patria por no haber sabido "europeizarse", como por ahí dicen algunos ignorantes.

Entre el repugnante boxeo que tanto interés despierta entre ingleses y yanquis y las corridas de toros, preferimos éstas cincuenta veces, por ser menos crueles, por haber en ellas más arte y sobre todo, por ser algo nacional.

Pero aún llevando hasta el extremo nuestra benevolencia, tampoco podemos admitir que las corridas de toros sean precisamente una escuela de ahorro y de cultura. De esto se ha dicho ya tanto, que sería superfluo añadir nuevas consideraciones.

También en nombre de la Agricultura nacional y en nombre de la Sociología se ha pedido la supresión de las corridas de toros, pues grandes dehesas que ahora se dedican a la cría de reses de lidia podrían ser cultivadas provechosamente y dar empleo y sustento a centenares de familias; razón que no deja de tener peso en la actual crisis de subsistencias.

Valgan lo que valiesen estas razones, decimos que nunca se presentará ocasión más propicia para prohibir las corridas de toros.

Ha perdido la vida un torero que por su habilidad, por su juventud y por sus cualidades personales gozaba en toda España de las simpatías aún de aquellos que no son aficionados a las corridas de toros.

La prohibición de las corridas sería un funeral espléndido a la memoria de Joselito. Después de él, nadie.

Nosotros propondríamos que por suscripción nacional se erigiese un gran monumento al gran torero muerto en Talavera. Podría ser un monumento alegórico a esa que ha dado en llamarse fiesta nacional y para el cual sobrarían motivos ornamentales en la historia de la tauromaquia. En ese monumento podrían inmortalizarse las grandes eminencias en el arte de Cúchares.

Y cuando estuviese erigido el monumento, propondríamos también que las cortes publicasen una ley con estos dos únicos artículos:

1o Para satisfacción y consuelo de los aficionados, se permite celebrar una última corrida en cada plaza.

2o Una vez celebrada esta corrida "de consolación", se derribarán todas las plazas que no puedan aplicarse para otros usos y quedarán prohibidas para siempre las corridas de toros.

Más difícil que esto era la prohibición de las bebidas alcohólicas y ha bastado la voluntad de Wilson para lograrlo.

España debería gratitud al hombre público que lo intentase.

Concluyendo

Así es como se vio en la cercanía del tiempo y del espacio la muerte de Joselito. No son los renombrados escritores, ni las tribunas de importancia las que transmiten la información, pero como decía al inicio, tiene el valor agregado de que se publicó de inmediato, fijándola para la posteridad y dejando claros algunos datos que la historia oficial a veces oculta o pasa por alto.

Espero que estos puntos de vista, poco leídos, estudiados y dados a conocer, les hayan resultado de interés.

domingo, 16 de mayo de 2010

Talavera de la Reina. La prensa regional toledana 90 años después (I/II)

Hoy es el nonagésimo aniversario de la muerte de Joselito en Talavera de la Reina. Las versiones que conocemos son las de los escritores más renombrados de ese tiempo y la de Gregorio Corrochano es la que tiene primacía sobre las demás, dado que él fue testigo de excepción de la tragedia de ese 16 de mayo en el coso que el 29 de septiembre de 1890 inauguraran Fernando Gómez El Gallo y Antonio Arana Jarana lidiando toros de Enrique Salamanca.

No obstante, existen otras versiones de los sucesos que Guerrita llegara a calificar como el fin del toreo, algunas con el valor añadido de la inmediatez. En el repositorio de la Biblioteca Virtual del Centro de Estudios de Castilla La Mancha y en la de Prensa Histórica del Ministerio de Cultura encontré dos diarios toledanos de la época, El Castellano y El Eco Toledano, en los que con cierta profusión de detalles se narran los sucesos de la última corrida lidiada por el menor de Los Gallos. Los ejemplares vieron la luz al día siguiente del suceso, a despecho de la Ley del Descanso Dominical de Antonio Maura (que implicaba entre otras cosas, que los lunes no se publicaran periódicos), dada la magnitud del hecho.

¿Por qué fue Joselito a Talavera?

Existen diversas versiones que justifican la presencia de Joselito en Talavera ese 16 de mayo. La más común es la que sitúa a José y a Juan comentando la insufrible situación que pasaban en el abono madrileño, donde la afición, por la escasa presencia de los toros y el nulo juego que daban, llegaba incluso hasta a las manos con los toreros. En ese diálogo, se llega al consenso de que hay que retirarse de Madrid por un tiempo y allí surge para Joselito la posibilidad de ir a Talavera, una plaza de la que se ha escrito, le hacía mucha ilusión, porque la había inaugurado su padre.

Tan es así, que Francisco Narbona y Antonio García Ramos, en la biografía que escriben de Ignacio Sánchez Mejías, afirman que el cartel original del festejo del 16 de mayo de 1920 en Talavera estaba conformado por los toros de la Viuda de Ortega para Rafael El Gallo, Ignacio Sánchez Mejías y Larita, pero que al quedar desligado José de su compromiso madrileño, se decidió que la corrida fuera un mano a mano entre él e Ignacio, con el mismo encierro, producto de un cruce entre vacas de Veragua y toros de Santa Coloma.

Creo que esta versión es buena como recurso literario y nada más. Si se revisa la prensa madrileña de esas fechas, se podrá encontrar en el semanario El Toreo de Madrid, en su número del 10 de mayo de 1920, el anuncio de que el cartel de las fiestas de Talavera sería el mano a mano entre Joselito y Sánchez Mejías con toros de Ortega y en los días subsecuentes, el diario El Heraldo de Madrid anunciaba que la Compañía de Ferrocarriles de Madrid, Cáceres y Portugal ofrecía un tren especial para la corrida además de los ordinarios, que saldría a Talavera a las 7:30 de la mañana y regresaría a Madrid a las 8:30 de la noche de esa misma fecha.

Entonces, la versión literaria es solo eso, literatura.

En fechas recientes se ha hecho pública una versión políticamente incorrecta sobre la presencia de Gallito en Talavera. Es la que presenta Domingo Delgado de la Cámara en su libro Avatares Históricos del Toro de Lidia y que cito enseguida:


…La obra de Joselito fue admirable: creó el toro moderno… Pero también hizo otras cosas menos buenas y más vergonzantes. En el cortijo de Los Merinales por orden de Joselito se instaló una ‘barbería’ para ‘adecentar’ las corridas que torreaban los fenómenos. Los Merinales era un apeadero ferroviario donde se embarcaban todas las corridas de las ganaderías sevillanas. Pero antes de ser encajonados, los toros pasaban por un pequeño trámite. Una menudencia sin importancia que llenó de ira a Gregorio Corrochano cuando se enteró.

Corrochano lo hace público; Joselito se indigna, pues lo considera una traición personal. Durante el año de 1919 no se hablan. Los palos que atiza Corrochano Joselito desde su tribuna de ABC son tremendos. Al final hubo paz. A Joselito no le interesaba tener en contra al crítico más influyente de la historia. En el transcurso de la comida reconciliatoria se llegó al siguiente acuerdo: Corrochano se compromete a retractarse de lo dicho y a poner bien a Joselito; José a cambio se compromete a torear la corrida de feria del pueblo de Corrochano, un pueblo sin la menor importancia taurina llamado Talavera de la Reina. Esa y no otra fue la razón por la que Joselito fue a torear a Talavera…

Quizás una combinación de los dos motivos expuestos nos de la motivación exacta del por qué de la presencia de Joselito en Talavera ese día. Don Miguel Lizón cuenta que José pretendía que le acompañara a la corrida José María de Cossío, quizás para tener otro testigo de calidad en lo que allí sucediera, pero la compañía del enciclopedista del toreo no fue posible por un compromiso familiar, así que tuvo que asistir al compromiso sin esa deseada compañía.


En el diario El Castellano

Es el número 3,262 de El Castellano, diario de información el que contiene la información relativa a los sucesos de la corrida del día anterior en Talavera de la Reina. No menciona el nombre de su director, aunque por un anuncio contenido en su cuarta página, deduzco que lo publicaba la Editorial Católica Toledana, que para aprovechar la imprenta, ofrecía servicios de impresión en general a la comunidad.

La descripción de los acontecimientos, remitida por el cronista A. Zamora por la vía telegráfica a la redacción de El Castellano el día de los hechos es la siguiente:



¿Presentimientos?

¡Qué mala cara tienes!

La expectación reinante entre la afición para presenciar la corrida de feria de ayer en Talavera de la Reina era grandísima.

El viernes, a las tres de la tarde, ya se habían agotado las localidades en taquilla, que pasaron en su inmensa mayoría a mano de los revendedores. Localidad hubo que se pagó a 50 pesetas, sin que las autoridades pusieran coto a estos abusos; pues momentos antes de empezar la corrida, en las inmediaciones de las puertas de entrada a la plaza, el comercio clandestino de billetes era escandaloso y público.

LLa animación en las inmediaciones del edificio y particularmente en su interior, fue como jamás se ha conocido en Talavera.

La plaza se hallaba ocupada en su totalidad, abundando en palcos y gradas inmensidad de bellas señoritas ataviadas con la clásica mantilla española y el castizo mantón de Manila.

En el palco de la presidencia tomó asiento, además del alcalde D. José González de Rivera, el gobernador civil de esta provincia, D. José De Figueroa y otras distinguidas personalidades.

Las cuadrillas fueron acogidas con una gran ovación al hacer el paseo, al compás del pasodoble "Gallito" por ser la primera vez que pisaba este ruedo.

El tiempo amenazaba con lluvias, que por fortuna no se confirmaron.


La lidia de los cuatro toros primeros fue corriente, dadas las condiciones que reunía el ganado, que cumplió bastante bien en el primer tercio, poniéndose difícil en los dos restantes.

Al cuarto toro le banderillearon, a petición del público, los maestros, saliendo por delante Sánchez Mejías, que arrancando desde el estribo y a cuatro pasos del de Ortega, prendió un soberbio par, sobrado de valentía.

Joselito puso uno en los medios muy artístico y muy valiente. Mejías cambió a cuerpo limpio en la preparación de su segundo par, que después clavó saliendo del estribo.

Joselito cerró el tercio con otro par de poder a poder.

Lidia del quinto toro

El quinto toro de Da. María Josefa Corrochano, viuda de Ortega, llamado "Bailaor", brocho y cornicorto, negro zaíno, de cinco años, hijo de la vaca "Bailaora" de Veragua y del toro "Canastillo" de Santa Coloma, comprado a D. Dionisio Peláez, hizo una pelea en varas de toro bravo, certero y pegajoso.

Entró a los caballos cinco veces desde largo, dejando sobre la arena los cinco pencos.

En banderillas presentaba alguna dificultad e hizo varias arrancadas fuertes con ánimo de cobrar caza.

Joselito, que vestía por última vez terno grana y oro, se dirigió al toro con cierta desconfianza, toda vez que la gente le oyó decir al bicho: "¡Qué mala cara tienes!"

¿Presentiría el Wilson del toreo lo que pocos momentos más tarde iba a ocurrirle?

Joselito lo tomó con un ayudado, cambiándose luego la muleta por la espalda y después de otros pases vistosos, el toro tomó la querencia de un caballo situado en los tercios entre el 1 y el 2.

Con pases de tirón trató de sacarlo de su querencia, llegando a distanciarle en parte del caballo muerto.

Cogida de Joselito

Al intentar un nuevo pase por bajo se le arrancó el toro con tal ímpetu, que no pudiendo defenderse el torero de la terrible acometida, salió enganchado en el pitón izquierdo, volteado y derribado, quedando tendido en la arena con las manos sobre el vientre y en estado cadavérico, pasando en hombros de sus banderilleros a la enfermería.

La aparatosa cogida del diestro emocionó enormemente al público y lidiadores, quienes desde un principio sospecharon el fatal desenlace que pudiera tener.

Su cuñado Sánchez Mejías quedó en el terrible trance de tener que terminar con la vida del toro que había causado la sensible desgracia del rey de los astros coletudos, haciéndolo con valentía y estando el cornúpeto materialmente encima del caballo, al que tal querencia había tomado.

El público pedía a voces que se suspendiera la fiesta; pero Sánchez Mejías dio prueba de su valor temerario dirigiéndose al presidente y solicitando que diera suelta al toro que cerraba plaza.

Este pisó el ruedo demostrando mayor bravura que sus antecesores, arrancándose tan fuertemente a los caballos que ocasionó en una caída estrepitosa varias lesiones a los picadores Ceniza y Zurito.

Sánchez Mejías, en los quites, estuvo monumental y después cogió los palos, siendo perseguido tan de cerca por su enemigo que saltaron juntos al callejón, librándose milagrosamente de un serio percance.

No se arredró Ignacio y uno tras otro, sopló tres soberanos pares que entusiasmaron al público, que llegó a olvidar por breves instantes la emoción sufrida momentos antes.

Con la muleta, puesto que el toro se puso algo más difícil, trató de aliviar cuando antes, despachándolo de un pinchazo, una estocada medio caída y un descabello con la puntilla.

En la enfermería

Al ingresar Joselito a la enfermería de la plaza, a hombros de su cuadrilla, dijo estas últimas palabras, perdiendo poco después el conocimiento:

"¡Que llamen a mi médico, que me muero en Talavera!"

Depositado en la mesa de operaciones fue reconocido por los doctores, Sres. Luque y Ortega, quienes certificaron que durante la lidia del quinto toro había ingresado en la enfermería el diestro José Gómez (Gallito) con una herida penetrante de vientre en la región inguinal derecha con salida del epiplón, intestinos, vejiga y gran shock traumático y probable hemorragia interna. Otra herida en el tercio superior e interno del muslo derecho.

Muerte de "Gallito"

A consecuencia de estas heridas, falleció el infortunado Joselito a las siete horas y dos minutos de la tarde, sin que los esfuerzos de la ciencia pudieran hacerle reanimar.

Por el sacerdote D. Francisco Vázquez le fueron administrados los últimos sacramentos.

El diestro de Gelves murió rodeado de su hermano Fernando, su cuñado Sánchez Mejías y los individuos de su cuadrilla que estaban visiblemente emocionados.

La cabeza del toro

Sánchez Mejías mandó cortar la cabeza del toro "Bailaor" causante de esta desgracia, que ha sido enviada a Madrid para ser disecada y conservada como triste recuerdo.

Otros detalles

El gobernador civil, Sr. Figueroa, se emocionó grandemente con la inesperada desgracia y ordenó que la estación telegráfica de Talavera permaneciera funcionando toda la noche.

Le pusieron telegramas a Rafael Gómez (El Gallo), al doctor de Joselito, D. Agustín Mascarell y a otros amigos y deudos del finado.

Esta plaza, donde Joselito ha hallado su muerte, fue inaugurada por su difunto padre, Fernando Gómez (El Gallo), en el año 1891, matando él solo toros de D. Enrique Gutiérrez Salamanca.
 Bailaor
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Aldeanos