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domingo, 2 de junio de 2013

11 de febrero de 1945: La epifanía mexicana de Pepe Luis Vázquez

Pepe Luis Vázquez
(Imagen cortesía del Aula Taurina de Granada)
La décima tercera corrida de la llamada Temporada Hispano – Mexicana 44 – 45 representaba la quinta actuación de Pepe Luis Vázquez en el viejo Toreo de la Ciudad de México. Las crónicas reflejan que en las cuatro tardes anteriores había dejado muestras de su buen toreo, pero por algunas causas – principalmente, los toros – no había justificado aún el predicamento que precedió su llegada a esta tierra y que le hacía encabezar el elenco de toreros españoles que volvían a nuestras plazas después de una suspensión de relaciones taurinas que se inició en Madrid, en mayo de 1936.

Cagancho, Antonio Bienvenida, Gitanillo de Triana y Rafael Ortega Gallito ya se habían presentado también ante la afición capitalina y no habían tenido ocasión de poner sobre la arena las virtudes que atesoraban. Por su parte, Pepe Luis Vázquez en sus anteriores comparecencias pudo dejar constancia de su calidad, aunque sin redondear. Eso motivó que se le empezara a comparar con otro ilustre paisano suyo, Chicuelo, afirmando que requería de un tipo de toro bien determinado para poder lucir.

Para el 11 de febrero de 1945, Tono Algara anunció la presentación de la ganadería de Piedras Negras, cuyo encierro sería lidiado por Pepe Luis Vázquez, Rafael Ortega Gallito y Luis Procuna, que era uno de los triunfadores que la temporada había producido y que el domingo anterior le cortara el rabo a Cabrillo de Pastejé y ante el que, haciendo gala de su inventiva, realizara por primera vez el pase por alto que en ese día se llamó procunesa y que pasaría a la posteridad como la sanjuanera.

La corrida que me ocupa hoy estuvo a punto de ser suspendida por causa del viento que sopló toda la tarde. La crónica de Francisco Montes, publicada en el número 115 del semanario La Lidia, aparecido en la capital de México el 16 de febrero de ese año, refiere lo siguiente acerca de esa contingencia:

Minutos antes de que el reloj de la plaza marcara las cuatro de la tarde, la Empresa, por medio de unos cartelitos consultó con los asistentes si se daba la corrida en esas condiciones o si se dejaba para el lunes a las cinco de la tarde (ya que el peor enemigo de las corridas de toros es el mofletudo Eolo que además de poner en inminente peligro la vida de los lidiadores, desluce lógicamente todo lo que se intenta); pero siendo la respuesta afirmativa, la Autoridad ordenó hicieran el paseo las cuadrillas capitaneadas por Pepe Luis Vázquez, que vestía de obispo y oro; Rafael Ortega “Gallito”, de azul rey y oro y Luis Procuna, de verde nilo y plata; el paseo es frío y a tono con la tarde…

Ante los toros de Tlaxcala, fue cuando la afición de la capital mexicana pudo apreciar en toda su extensión la tauromaquia del torero del Barrio de San Bernardo. Fue su faena al cuarto toro, Anillito, número 13, negro bragado, que Pepe Luis Vázquez pudiera expresar su profunda tauromaquia. De la citada crónica de Francisco Montes, transcribo estas ideas:

Su segundo enemigo se llamó “Anillito”, número 13, negro, bragado, listón y capacho; el diestro de San Bernardo, molestado por el vendaval, pero imponiéndose a las circunstancias logró dos magníficas verónicas que remató con media estupenda, siendo muy ovacionado. En los quites “Gallito” derrochó valor y voluntad recibiendo palmas. “Bogotá” y Redondo parean con brevedad… Pepe Luis brindó la muerte de su enemigo al ex – presidente de la República de Cuba, coronel Fulgencio Batista que fue aclamado cariñosamente por toda la plaza. El sevillano, molestado por el vendaval, inicia su faena con un pase por alto, se pone la muleta en la mano izquierda y da el primer natural movidillo, para continuar con otros estupendos, naturales clásicos, siendo el tercero de la serie imponente y superior: un dechado de bien torear. La serie de naturales la liga con el auténtico pase de pecho y la ovación estalla tempestuosa, la música toca en su honor; sigue toreando en la misma forma, toreo serio, hondo, señorial, majestuoso, que hace de la plaza un manicomio; sigue su faena con la mano derecha en plan de escándalo, luchando continuamente con la sosería del burel y molestado por el viento que no ha dejado de soplar un solo instante; una gran faena, una estupenda faena que coronó con una estocada delanterilla que fue suficiente para mandar al destazadero al burel de Piedras Negras, un apéndice; la ovación es apoteósica, las palmas y la música acompañan la vuelta al ruedo del diestro sevillano, quien ha logrado cortar su primera oreja en “El Toreo” de México con una faena en la que tuvo que imponerse a los elementos… Los enemigos gratuitos del diestro de San Bernardo deben estar rabiando, ya que no podrán seguirle llamando “el torero del detalle”, pues su faena fue grandiosa y en circunstancias adversas para el torero; un triunfo meritorio que aunque lo deseen, no podrán negar sus detractores…

La relación que hace Francisco Montes nos refleja el impacto que causó la expresión íntegra de la tauromaquia de Pepe Luis Vázquez, dejando ver en su redacción, la emoción del cronista al poner en blanco y negro la impresión que su actuación le causó.

Una semana después, en el mismo semanario La Lidia, don Luis de la Torre El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada, reflexiona sobre esta actuación y creo que al margen del calor del momento, desentraña la esencia de la actuación del torero de San Bernardo. De su comentario, entresaco lo que sigue:

“Cuatro veces anteriores había dejado solamente el agridulce sabor en detalles fulgurantes de su arte personal, con la esperanza de que al fin destapara el frasco de la esencia pura de su toreo, tal como aconteció hace años con Manuel Jiménez, el torero de la Alameda. Y fue en esta tarde huracanada, cuando el viento en su furia incontenible se empeñó en impedir todo lucimiento, en la que Pepe Luis Vázquez, luchando abiertamente con el desatado elemento, luciera por primera vez en plenitud completa la maravilla del toreo clásico por excelencia. Fueron solamente en cantidad de nueve o diez los muletazos que a media plaza, sin buscar abrigo ninguno libertador del vendaval, los que dieron el triunfo definitivo al pequeño torero sevillano. Pero, ¡qué muletazos! Citando de frente y a distancia al burel para aguantar su acometida, empapándolo en los vuelos de la muletilla y engranar de esa guisa el verdadero toreo en redondo, rematado magistralmente con el auténtico forzado de pecho, ese muletazo de asombro que desde la época de Belmonte no habíamos vuelto a presenciar en toda su magnificencia. ¿Y después? Otra maravillosa serie de muletazos al natural rematados con un molinete doble en la misma cara de la res, esquivando así la acción del viento huracanado. ¡Asombroso! Una faena, más bien dicho, un FAENÓN clásicamente puro, coronado más tarde, ya en medio del entusiasmo general, con media estocada que hiciera a la res clavar las astas en la arena, para morir fulminada a los pocos instantes… La hazaña de Pepe Luis es de las que consagran. ¡Obligados estamos a entonar el “mea culpa” aquellos que supusimos no dejarían mayor recuerdo que sus detalles de oro purísimo en sus pasadas actuaciones! Lástima me causa escuchar en labios de viejos aficionados, conocedores de estos menesteres, frases tendientes a demeritar la que ha sido por todos conceptos la mejor faena de la temporada, por su auténtico clasicismo y belleza incomparable. Belmonte con un toro del Marqués del Saltillo (enero 22 de 1922) y “Chicuelo” con “Dentista” (octubre 25 de 1925), han vuelto a aparecer, gracias a Pepe Luis Vázquez, en el coso de la Condesa…

El anuncio del festejo en La Lidia
De estas reflexiones creo que vale la pena resaltar dos hechos, primero, el que sin buscar abrigo del viento, Pepe Luis Vázquez realizó una faena descansada en el pase natural y después, que con esa entregada actuación, entró en definitiva en el gusto de la afición de la Ciudad de México.

Por el resto del festejo, Luis Procuna cortó el rabo al sexto, Peregrino y Gallito saludó tras la lidia del segundo, Fistolillo. Al descabellar al sexto, Gallito se luxó el hombro derecho, pero pudo concluir su labor y por su pie se trasladó a la enfermería a ser atendido. 

Para Pepe Luis Vázquez, el gran triunfo en México vendría un año y seis días después, cuando en corrida nocturna, alternando con Manolete y de nuevo, Luis Procuna, cortara el rabo al toro Cazador de Coaxamalucan, en lo que resulta ser uno de los festejos míticos de nuestra historia taurina reciente y de la que ya me he ocupado aquí mismo en una entrada anterior.

Con este recuerdo de la tarde en la que manifestó su grandeza a la afición mexicana, expreso mi reconocimiento a la trayectoria de Pepe Luis Vázquez, quien entrara en la inmortalidad hace unos días.

Aclaro: Los resaltados en los textos transcritos no corresponden a sus originales, son responsabilidad exclusiva de este amanuense.

domingo, 19 de febrero de 2012

17 de febrero de 1946: Manolete, Pepe Luis y Procuna. Platino, Cazador y Cilindrero


A la memoria de don Isidoro Cárdenas Carranza, gran amigo y aficionado a esta fiesta, en su día corresponsal de los semanarios Dígame y El Mundo de los Toros, quien falleciera hace unos minutos.

Las tormentosas vísperas

El Toreo de la Condesa
La 19ª corrida de la temporada 1945 – 46 en El Toreo de la Condesa estuvo a punto de no celebrarse. Tres días antes se había efectuado allí mismo la corrida a beneficio del Sanatorio de Toreros – fue la corrida en que Armillita ganó la Rosa Guadalupana y de la gran faena de Pepín Martín Vázquez con Caribeño de Xajay – y el Monstruo de Córdoba se cayó del cartel alegando el agravamiento de una lesión muscular que venía padeciendo desde el mes de enero anterior – no obstante el 5 de febrero actuó en la inauguración de la Plaza México – y le sustituyó en la ocasión Gitanillo de Triana. La Unión de Matadores que lideraba Luciano Contreras no se quedó conforme con el parte facultativo presentado por Manolete y decidió suspenderle en sus derechos sindicales por dos años, quedando el torero impedido en consecuencia, para actuar en todas las plazas mexicanas por ese lapso de tiempo. Una información aparecida al respecto en el diario El Informador de Guadalajara, el 15 de febrero de ese año, dice lo que sigue:

La Unión de Matadores de Toros, del cual es Secretario Luciano Contreras, anunció un veto a Manolete, por dos años para no torear en plazas mexicanas. La determinación de la Unión, obedece por no haber toreado hoy el diestro cordobés estando anunciado, pretextando estar enfermo, pero los médicos que lo reconocieron dictaminaron que estaba bien. Esto viene a suspender la corrida “mano a mano” que estaba anunciada para el sábado próximo en la Plaza México con Silverio Pérez. Se dice también que el cordobés está siendo atacado por un diestro mexicano, que hace labor subterránea en contra de él.

Manolete triunfante el El Toreo
El resultado del veto que Luciano Contreras y sus huestes intentaron imponer, resultó en la fundación de una nueva Unión Mexicana de Matadores de Toros, presidida por Armillita y a la que se afiliaron también David Liceaga, Jesús Solórzano, Silverio Pérez, Calesero, Juan Silveti, Heriberto García, Luis Procuna, Antonio Velázquez, Fermín Rivera, El Soldado, Cañitas, Carlos Arruza y Gregorio García entre los mexicanos más notables y por los hispanos el propio Manolete, Pepe Luis Vázquez, Manolo Escudero, Gitanillo de Triana, Pepín Martín Vázquez y Angelete, quedándose en la anterior solamente Cagancho y éste, por breve tiempo.

Creo que no es necesario decir, que ni el mano a mano del sábado 16 de febrero entre Manolete y Silverio Pérez en la Plaza México – fue la tarde del Faraón con Barba Azul de Torrecilla – ni la corrida del día siguiente en El Toreo, sufrieron contratiempo alguno.

La apoteosis en El Toreo

La empresa dirigida por Tono Algara anunció un encierro de Coaxamalucan, ganadería tlaxcalteca dirigida por los hermanos Felipe y Darío González. Eran seis toros que por su orden se llamaron Tilapo, Cazador, Cilindrero, Platino, Troyano y Abanico. Seis toros que, de acuerdo con la crónica de Francisco Montes en el número 168 de La Lidia, aparecido el 22 de febrero de ese año:

…Así es como se demuestra la categoría de ganadero de reses bravas, enviando astados que lo sean de verdad y es como se gana la predilección de la afición. Fueron sencillamente magníficos cinco de los bureles de Coaxamalucan habiendo llegado tres de ellos al destazadero sin apéndices, además de que uno de ellos fue paseado en torno del redondel como premio a su bravura, compartiendo el premio el ganadero, que en medio de los tres espadas dio la vuelta al anillo…

Manolete salió con la parroquia en su contra. Algún efecto surtió la campaña que en los días previos iniciara Luciano Contreras, más con su actuación esta tarde pudo resarcir las pérdidas que ello le pudo causar. La gran faena vino con el cuarto de la corrida, Platino, número 264, de pelaje sardo, entresacando de la crónica antes referida lo siguiente:

…inició su portentosa faena con tres pases ayudados por alto, estatuarios, en los que se pasó entero al burel y después del tercero, recibió un fuerte palotazo… pero imponiéndose a éste… se irguió como un genio que es del toreo y ligó seis derechazos de portento, de prodigioso temple y mando… ligándolos en redondo… derechazos que fueron la mecha que prendió la locura en los tendidos… siguió con tres manoletinas… y para poner fin a su portentosa faena ligó tres naturales  que ahí quedan en el ruedo de El Toreo de México como modelo de bien torear… entró a matar muy derecho y ejecutando la suerte a la perfección, dejó una estocada en buen sitio, se precipitó porque el toro no doblaba con rapidez y descabelló al segundo empujón… La plaza era un manicomio, veintidós mil pañuelos pedían también la pata…

Pepe Luis Vázquez
Pepe Luis Vázquez tuvo esta tarde lo que a mi juicio resulta ser quizás la tarde más redonda en su paso por los ruedos mexicanos. Fue ante Cazador, segundo de la tarde, número 275 y El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada escribió en el número 169 de La Lidia, del 1 de marzo siguiente, lo que sigue:

…Hagamos caso omiso de las excelencias de su toreo de capa, cada vez creciendo en ligazón, en gracia, en sabor, para seguir batiendo palmas de entusiasmo a la esencia pura, al clasicismo sin par de su primer faena, preciosa, valiente, segura, sin un solo lunar, en la que lo mismo lucieron los pases naturales armoniosos, ligados con los incomparables de pecho, perfectos, largos, impecables, que todos los de otra índole como complemento de belleza a lo ya por sí mismo intensamente bello…

Luis Procuna a su vez tuvo su gran momento de la tarde con el tercero, Cilindrero, número 278, toro que le dio la ocasión de mostrar su especial tauromaquia y de ejecutar el toreo por alto que tanto le distinguiera. De la ya citada crónica de Francisco Montes, extraigo lo que sigue:

…el torero de San Juan ligó tres faroles de magnífica ejecución y artística rebolera… tomó los palos y después de un vistoso galleo, dejó un palo… cerró el tercio uno de sus peones… Brindó a David Liceaga y principió con pases de tanteo para luego estirarse con tres de costado… luego ligó tres derechazos extraordinarios, dos afarolados artísticos y plenos de gracia, dos derechazos en que aguantó enormidades… luego con el toro en los medios ligó naturales magníficos… y entró a matar dejando media en todo lo alto para tumbar patas arriba al bravo ‘Cilindrero’…
Luis Procuna
El Toreo de la Condesa vivía su última temporada. Durante cuatro décadas fue la principal plaza de toros de la capital mexicana y ante la puesta en funcionamiento de la Plaza México, que le duplicaba en capacidad, sus días estaban contados. Durante el último año de funcionamiento de El Toreo y primero de La México, no se puede hablar de una real competencia entre ambos escenarios, básicamente por el número de festejos que en una y otra plaza se dieron y en menor medida, porque en el nuevo coso, aún se trabajaba para terminar detalles que lo dejarían en condiciones óptimas de funcionamiento, no obstante esto, la tarde que hoy les recuerdo, debió ser una de las más grandes en la historia de la plaza que se despedía, más que nada, por lo redonda que resultó, pues todo salió bien. Se hizo presente el seguro azar del toreo, que diría José Alameda.

El festejo al final, admite, a 66 años vista, el certero y breve resumen de El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada:

Toros y toreros, conjuntamente, nos proporcionaron el placer incomparable de presenciar una verdadera corrida de toros…

Placer incomparable sin duda y en estos tiempos que corren, cada día más escaso…

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