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domingo, 7 de junio de 2026

9 de junio de 1929: Paco Gorráez recibe la alternativa en Tetuán de las Victorias

Paco Gorráez en un brindis al Dr. Alfonso Gaona
Foto: Sosa - Colección: Pepe Rodríguez

Para el año de 1929 la recién remozada plaza de Tetuán de las Victorias estrenaba empresario. Manuel Retana, aquel que junto con Indalecio Mosquera llevara en los albores del siglo XX los destinos de la Plaza de Madrid, dejó en las manos de Domingo González Dominguín, el diestro de Quismondo, la conducción del coso. 

Retirado de los ruedos desde 1925, a partir de 1926 Dominguín se dedicaba a ver toreros y apoderaba a aquellos a quienes les veía posibilidades. Cagancho es uno de los que hasta ese momento había sacado del anonimato y ahora se dedicaría a organizar festejos en la capital de España, aunque no en su principal plaza de toros.

Por su funcionamiento histórico, la plaza de Tetuán puede pensarse como concebida para albergar novilladas con y sin picadores, festejos cómico – taurinos y festivales de aficionados, pero don Domingo González tenía una percepción distinta y se propuso, entre otras cuestiones, dar allí corridas de toros con toda la seriedad del caso, para proyectar a los toreros a los que él apoderaba y alternarlas con novilladas con picadores en las que pudiera dar sitio a los toreros a los que él se interesaba en proyectar.

Ese año de 1929, el primero de su trayectoria allí, descubrió a un torero que sería una figura universal del toreo: Domingo Ortega. Y además, tendría en sus carteles novilleriles a una pareja de novilleros mexicanos que darían mucho de qué hablar, Alberto Balderas y José El Negro Muñoz.

De entre los matadores de toros que allí actuaron en ese calendario estuvieron Chicuelo, Antonio García Maravilla, Félix Rodríguez, los hermanos Valencia I y Valencia II, el ya nombrado Cagancho y los mexicanos Juan Espinosa Armillita, Edmundo Maldonado Tato y Paco Gorráez.

La corrida del 9 de junio de 1929

Para el domingo 9 de junio de 1929 se anunció una corrida de toros en la que alternarían Juan Espinosa Armillita, el aragonés Francisco Royo Lagartito y el queretano Paco Gorráez, quien recibiría la alternativa de manos de su paisano, ante toros de Tomás Pérez Padilla. En su reciente obra La Perla Tetuaní, el escritor y periodista José Luis Ramón apunta que esta alternativa resulta ser apenas la segunda en este coso, después de la de Rodolfo Gaona, verificada el 31 de mayo de 1908.

Gorráez llegaba de México después de haber sido el triunfador de la temporada de novilladas de 1928 en El Toreo de la Condesa, plaza en la que fue alternativado el 17 de febrero de 1929 por Luis Freg en presencia de Pepe Ortiz y Vicente Barrera, con la cesión del toro Director de Atenco, siendo herido por el octavo de la corrida. Al no ser tenida por válida esa alternativa en España, para torear allá como matador de toros, Paco Gorráez tenía que volver a recibir allá un nuevo doctorado.

La alternativa de Paco Gorráez

El torero queretano salió a exhibir la característica que siempre lo distinguió durante su paso por los ruedos, es decir, a tratar de triunfar a toda costa, pero sin dejar de hacer las cosas con clase. Aunque el primero de la tarde no fue propicio, con el cierraplaza pudo resarcirse. Cuenta Recorte para La Libertad, fechado el 11 de junio siguiente:

Paquito Gorráez, que apenas pudo hacer nada en el toro de su alternativa, saluda al último de la tarde con una serle de lances de finísimo estilo, en los que acusa un amor propio muy conveniente para la profesión de torero. ¡Tampoco quiere quedar en el olvido! En el tercio de quites, Gorráez veroniquea con temple y más quietud, y Armillita y Lagartito son también aplaudidos por su Intervención... El nuevo doctor en tauromaquia mejicano toma los rehiletes, y llegando bien a la cara y levantando los brazos guapamente, clava dos pares y medio en lo alto, muy bien reunido uno, que la concurrencia aprueba con otra ovación... Aprovechando las buenas condiciones del toro hace una faena de estilo preciosista, salpicada con cuatro o cinco pases «militares», en los que corre muy bien la mano, durante la cual el público muestra su aprobación, y la corona con un pinchazo hondo en el hoyo de las agujas entrando decidido, y un descabello...

Por su parte, relata Don Nino, para el diario Heraldo de Madrid del día siguiente al del festejo:

Gorráez, otro torero mejicano, que en la tarde de su presentación tomaba la borla de doctor en tauromaquia. Si hemos de juzgarle por lo hecho en el toro de la alternativa, Gorráez es un pobre hombre. Pero si lo hacemos por lo que llevó a cabo en el toro que cerró plaza. Gorráez es un nuevo matador de toros que ha de quitar muchos moños. Porque el novel matador lanceó a la verónica templando como los mejores; tuvo adornos y alegrías en el tercio de quites; banderilleó muy bien y la mejor faena de muleta, la más torera, la más dominadora, la que tenía ciencia taurómaca, fue la suya. Pases al natural, de pecho, de costadillo, de la firma, molinetes. ¡De todos! Y con ser esto bueno, no fue lo mejor de Gorráez. Lo que merecía la oreja, aunque no se la dieran, fue la irreprochable forma en que entró a matar. Un pinchazo hondo arriba, en todo lo alto, Tanto que el de Padilla. medio muerto, se aculó en tablas. Y lo lamentable fue la poca fortuna que Gorráez tuvo al descabellar. Cuando lo intentó una y otra vez, sin suerte, Gorráez lloraba. Poco importa una oreja, después de aquel curso de bien torear y de bien matar. El descabello tiene importancia para los que no saben ver toros. Para el público, el triunfo mayor fue el de este nuevo matador de toros, apenas conocido en España, y que quizá muy pronto, a pasos agigantados, logre ponerse a la cabeza de los «ases» ...

El resto de la corrida

Juan Espinosa Armillita y Lagartito le cortaron la oreja al segundo de su lote entre la emoción de la concurrencia y refieren las crónicas que a pesar de que Gorráez perdió la que con seguridad había ganado por el defectuoso manejo de la espada, a los tres se los llevaron en hombros. Refiere J. Carmona en su crónica para el ABC madrileño:

Y terminó la corrida con la apoteosis triunfal de Armillita, Lagartito y Gorráez, que fueron paseados por el ruedo en hombros de varios entusiastas… Si la Empresa repite esta terna de lidiadores, los billetes van a tenerse que adquirir por recomendación. ¡Palabra! …

Los toros de la corrida

Los derechos del hierro perteneciente a la ganadería de Tomás Pérez Padilla son los que actualmente corresponden a la de Laurentino Carrascosa. Escribió en su día mi amigo Joaquín Monfil Sola:

Tomás Pérez Padilla... Debuta en Madrid, en novillada nocturna, el 7 de agosto de 1920... En 1921 Pérez Padilla aumenta la ganadería con un lote de 30 vacas y un semental, adquirido a doña Juliana Calvo, viuda de don José Bueno, que aún conservaba en su pureza la mitad de las reses de su marido, procedentes del marqués de Albaserrada. Al parecer, don Tomás mantuvo siempre por separado esta última punta de ganado, sin cruzarla con el resto, hasta después de la guerra civil española...

La línea diversa de ganado a la que alude Joaquín, es una formada con ganados de Casta Jijona, cruzados posteriormente con reses del Duque de Veragua.

Los toros que se lidiaron esta tarde del 9 de junio de 1929 aparentemente se seleccionaron de las dos procedencias, si hemos de dar crédito a quien firmó como Marcelo en la crónica aparecida en el diario madrileño La Voz, al día siguiente del festejo:

Ayer mandó el ganadero de La Carolina una corrida seria. Un jabonero, gordo, bien puesto de defensas; dos negros, un castaño salpicao y dos cárdenos obscuros. El jabonero valió poco, mansurroneó y tardeó en el primer tercio; se defendió en banderillas y no quiso tomar la muleta. Su lidia resultó difícil y peligrosa; un toro bronco y mansurrón... El segundo, negro y largo, de libras y abierto de defensas no quiso pelea con los montados, y tuvo las características de la mansedumbre. Llevó el lazo negro... El castaño, cornigacho, peleo mejor con los picadores, pero luego echó la cara al suelo, y cuando se arrancaba lo hacía fuerte... El cárdeno obscuro lidiado en cuarto lugar fue bueno en conjunto, y tomó con poder varios puyazos. Algo se defendió en el segundo tercio; pero se dejó torear a placer en el último. Un buen toro fue el quinto, y muy bueno también el sexto...

Es decir, de la descripción parece ser que los tres primeros fueron del origen primario de la ganadería y los tres últimos, encastados en Albaserrada, ya más propios para el toreo de la época en la que el festejo se desarrolló, aún así, la prensa no escatimó elogios para ese encierro. Escribió Alfonso, para El Liberal:

Señor Pérez Padilla: vaya un sincero aplauso. Después de ver jugar su magnífica corrida, en la que destacó la bravura y la nobleza, sobre todo en tres de sus reses, no cabe pensar que es usted uno de tantos Pérez. Eso es tener escrúpulo, conciencia de ganadero. Tenga la seguridad de que se estará hablando «rato largo» de sus toros y que ha puesto un rotundo mentís a los que diariamente dicen para buscar una justificación; «Sí es que no hay toros.» …

El devenir de Paco Gorráez

El llamado Cachorro Queretano, a partir de 1936 tendría que reandar el camino y el 14 de noviembre de 1937 recibiría una tercera y definitiva alternativa en El Toreo de la Condesa, de manos de Alberto Balderas y con el testimonio de Lorenzo Garza. En 1938 ganó la Oreja de Oro en la capital mexicana, en una cerrada disputa con Fermín Espinosa Armillita, y en 1947 toreó su última tarde en esa plaza junto a Silverio Pérez y Manolete, despidiéndose de los ruedos en Querétaro el día de Navidad.

Se dedicó posteriormente a apoderar toreros y a ser empresario de distintas plazas de toros, distinguiéndose especialmente por el destacado papel que tuvo al frente de la Plaza de Toros Colón de la capital queretana, en la que siempre ofreció espectáculos de gran categoría, con las principales ganaderías y los toreros más importantes de cada momento.

Paco Gorráez falleció en Irapuato, Guanajuato el 30 de enero de 1993, a los 84 años de edad.

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