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domingo, 10 de enero de 2021

El Premio Nobel del Toreo

10 de enero de 1954. Calesero realiza la mejor tarde de su carrera en la Plaza México

El Premio Nobel se instauró a finales del siglo XIX para galardonar e incentivar las investigaciones y avances en la ciencia. También se incluyó una vertiente artística en el mismo al establecerse uno para la literatura, entendiéndose que todos esos avances y obras literarias tendrían que haber aportado algo a la humanidad. 

Es curioso que esos premios se concentren en disciplinas científicas y solamente uno de los seis que se entregan – en 1968 se creó uno para las ciencias económicas – se destine a las artes, siendo quizás que, en la evolución de la humanidad, las artes expresan mejor el ser y el sentir de lo que somos y se alejan de las implicaciones políticas que la mayoría de los que se otorgan tienen.

No voy a defender el otorgamiento de un Premio Nobel para el toreo. Entiendo y acepto que su propuesta fue un ditirambo de Carlos León, cronista en su día del diario Novedades de la Ciudad de México, pero ese aparente desatino ilustra la necesidad de que quienes otorgan ese tipo de galardones volteen sus ojos a la fiesta, y se enteren de que allí hay una manifestación artística que merece ser valorada y por qué no, recompensada.

La enorme hazaña de Calesero

Alfonso Ramírez Alonso, natural de la Triana de Aguascalientes, era uno de los toreros que hicieron la transición de El Toreo de la Condesa a la Plaza México, pues recibió en el antiguo coso la alternativa el 24 de diciembre de 1939. Era conocido por su extraordinaria clase y por su creatividad con el capote, pero en las plazas de la capital no había redondeado una tarde. Podría afirmarse, sin afán peyorativo, que apuntaba, pero no disparaba, aunque en plazas como Guadalajara o Aguascalientes tuviera tardes redondas que le mantuvieran en el ánimo de la afición e hicieran que se le esperara una temporada y la otra también.

Ese domingo 10 de enero de 1954 le correspondieron dos toros de Jesús Cabrera que por su orden de salida se llamaron Campanillero y Jerezano y con ellos Calesero se encontró con su toreo y se encontró con la afición de la capital mexicana. Solamente les cortó una oreja por un mal manejo de la espada, pero lo que les hizo con la capa, las banderillas y la muleta sigue allí y si algún día se hiciera un recuento de las grandes faenas hechas en el ruedo de la Plaza México, al menos una de ellas sería tomada para esa relación.

Decía al principio que Carlos León, del extinto diario Novedades, propuso un Premio Nobel del Toreo. Pues para recibirlo designó a Calesero precisamente en esta tarde. Lo hizo en sus Cartas Boca Arriba, dirigida en esta ocasión a don Rodolfo Gaona, y entre otras cosas, le refiere lo siguiente:

El Calesero saturó de arte a la Plaza México; cortó una oreja, pero merecía el Premio Nobel de la torería

…Maestro, es necesario que usted vea torear a Alfonso Ramírez, ese extraordinario artista, que al fin, ha redondeado en la capital, una actuación inolvidable…

… ¡Qué alegría siente el aficionado cuando triunfan los auténticos artistas del toreo! Estoy seguro de que usted, si hubiera contemplado lo que en los tres tercios de la lidia realizó el diestro hidrocálido, habría sentido una gran emoción estética y, muy en lo íntimo, la satisfacción de ver el resurgir a quien es capaz de seguir su escuela y continuar el dogma artístico que usted dejó como ejemplo de lo que debe ser el arte del toreo…

A partir de los lances sedeños con que saludó a ‘Campanillero’, lances de una suavidad y de un temple exquisitos, empezamos a saborear el resurgimiento de este gran torero que sublimó en esta fecha memorable la limpia ejecución de las suertes. Ese quite con dos faroles invertidos, una chicuelina y el clásico remate de la larga cordobesa, llenaron la plaza de sabor a torero. Y por ahí siguió, alegre y variado, finísimo en todo instante, como en la gallardía con que citó para un par al quiebro, marcando la salida y saliendo deliberadamente en falso, para inmediatamente volver a citar y dejar al cuarteo un par perfecto que aún ligó con un rítmico galleo…

…Y hoy, ¡con qué alborozo me he unido al clamor popular, celebrando el renacimiento de un auténtico torero!…

Pues así ha ocurrido maestro, en esta inolvidable tarde. Cuando salió ‘Jerezano’, el quinto del encierro, todavía Alfonso Ramírez iba a superarse. La suavidad de aquellos lances a pies juntos y la lentitud que puso en las chicuelinas para rematarlas con un recorte teniendo ambas rodillas en la arena, volvieron a poner de relieve que nos hallábamos ante un artista de los que se ven pocas veces. Descubierto y en los medios, Alfonso tuvo que agradecer la ovacionaza que premiaba su excelsitud con el capote.

Clavó un solo par, al cuarteo, y no es exagerar si decimos que usted mismo lo hubiera rubricado como propio, por la majestad y la exposición con que el hidrocálido cuadró en la cara y alzó los brazos. Luego brindó al doctor Gaona; al empresario que tendrá que poner al Calesero todos los domingos de lo que resta de la temporada. Y salió de hinojos, para iniciar su trasteo con tres muletazos dramáticos. Pero en seguida, ya de pie, volvió a bordar el toreo. Sobre todo, allí quedaron dos series de naturales que nadie – así: ¡nadie! – ha trazado con más naturalidad y mayor lentitud desde los buenos tiempos de Lorenzo Garza en 1935.

Sin suerte con la espada, se le fueron las orejas de ‘Jerezano’. Pero otra vez ha dado dos vueltas al ruedo y ha saludado desde los medios, en una apoteosis inacabable.

…Y luego ha salido en hombros, consagrándose de la noche a la mañana como el artista de más clase de cuantos hoy por hoy visten el traje de torero...

Si solamente tuviéramos a la vista esta crónica, pudiéramos pensar que Carlos León vio algo parecido a un espejismo. Pero afortunadamente el maestro Julio Téllez, en la obra que el Gobierno de Aguascalientes dedicó al Poeta del Toreo, cita otra crónica, aparecida ésta en el diario El Universal, sin firma, en la que se manifiesta entre otras cuestiones esto:

Alfonso Ramírez lo hizo todo, y todo con una inspiración y una belleza insuperables; cortó una oreja y fue paseado en hombros por las calles de la capital.

Alfonso Ramírez, Poeta del Toreo; porque eso ere tú Alfonso – nada más, en toda su sencilla inmensidad – ¡El Poeta del Toreo!

Teníamos empañada la visión de las cosas, como la tenemos siempre, porque las miramos con tristes ojos de adulto, que presumen de ya saber, de ya conocerlo todo. Y lo que pasa es que hemos olvidado al niño que en nosotros quedó atrás, y que fue asomándose al mundo con ojos nuevos, sorprendidos, jubilosos de cada encuentro y de cada hallazgo.

Hemos olvidado, olvidamos casi siempre al poeta que quedó atrás, allá en la infancia lejana. Porque dicen – y tú debes saberlo bien Calesero – que ser poeta es volver a ser niño. Que es crear, volver a crear en nosotros aquella mirada de sorpresas y de júbilo fresco ante el mundo, ante todas las cosas: el sol y las aves, la rosa y el agua.

Las vemos todos los días, y porque creemos presuntuosamente conocerlas, se nos quedan sólo en la mirada, y no nos penetran hasta la raíz del alma, ahí donde se halla el verdadero conocimiento, la comprensión auténtica, emocionada e íntima. Ahí donde sabe llegar el poeta, para comprender, para sentir la música oculta y ofrecérnoslas luego, y hacernos el regalo de su propia emoción, de su comprensión, de su inspiración, en suma.

Ahí donde llegaste tú ayer, Calesero poeta.

¿A que seguir? ¡Todo el toreo, de rodillas y de pie, por verónicas y chicuelinas, en las largas cordobesas y en las vitaminas, en los derechazos y en los naturales, en los remates y en los desplantes, nos los diste como poeta: como cosas nuevas, frescas, estrenadas ahí mismo, descubiertas en ese momento, desconocidas -o mejor, reconocidas en su perfil primero, en su sabor inicial, ¡en su autenticidad más honda…!

Así pues, podemos advertir que esa tarde del 10 de enero de 1954, Calesero conmovió las estructuras del toreo hasta sus cimientos. 

Cuenta don Julio Téllez, testigo también de esa tarde:

¿Por qué esa gran emoción? ¿Por qué esa locura colectiva? Todo era como un gran juego de niños; remataba de rodillas, y la gente se paraba gritando. Pegaba una seria de naturales y la gente de pie enloquecida se miraba entre sí diciendo: “Esto no puede ser”. Y la locura final, con aquella cadenciosa larga cordobesa. ¿Cuántos años hace que no ven algo parecido?, nos preguntaban los compañeros de tendido.

Salimos de la plaza exhaustos, felices, por primera vez vi a mi padre con una alegría que no le conocía, y a boca de jarro le pregunté: ¿El Calesero es el mejor torero del mundo? ¡Hoy lo fue!, y cada vez que toreé en esta forma, lo será, me contestó…

Creo que está claro por qué Carlos León propuso un Premio Nobel para el toreo y a Alfonso Ramírez Calesero para recibirlo.

El predicamento inicial de la corrida

Inicialmente, el interés del festejo se depositó en la reaparición de Fermín Espinosa Armillita, que volvía a la gran plaza después de haber toreado allí su despedida el 3 de abril de 1949. El Maestro había iniciado lo que resultaría ser una breve campaña de retorno el 20 de diciembre anterior en Aguascalientes alternando con el propio Calesero y Antoñete.

Esa temporada del regreso de Armillita constaría de quince festejos y concluiría el 5 de septiembre en Nogales. Dos de esas corridas se verificaron en el extranjero, una en Bogotá y otra en Arles.

El tercer espada del cartel fue Jesús Córdoba, quien fue herido por Gordito, el primero de su lote durante la faena de muleta y pasó inédito esa tarde. Fue la tercera de una racha de cuatro cornadas consecutivas que el llamado Joven Maestro sufrió en la Plaza México.

Para terminar

Dijo don Francisco Madrazo Solórzano acerca del propio torero: Cuando los artistas se enfadan y les sale un toro a su modo, cuidado con ellos, porque no perdonan… 

Probablemente Calesero sorteó el mejor lote esa tarde, pero indudablemente que no se trata únicamente de llevarse los mejores toros, sino de saber que hacer ante ellos. Y Calesero lo hizo, por eso hoy, sesenta y siete años después, se le sigue recordando, entre otras cosas, por esa señalada tarde. 

viernes, 18 de diciembre de 2020

Mi amigo Marco

Foto: Landín-Miranda
Mi primer contacto con la familia Ramírez Villalón se produjo en abril de 1993. En la Feria de San Marcos de ese año mis compadres Nicolás Rodríguez Arellano y su esposa Lucero nos presentaron a Lucía mi esposa y a mí – y perdóneseme que escriba en primera persona – con Florentino, ganadero de Real de Valladolid quien después tendría ese vínculo también con él y con su esposa Luisa. Tino es una persona con la que es imposible no conectar. De inmediato nuestra común afición a esta fiesta nos llevó a concertar otra cita, esta vez en Morelia para el entrante mes de mayo, fecha en la que su familia organizaba una corrida en el Palacio del Arte en homenaje a un singular personaje del toreo mexicano, Francisco Gómez El Zángano

Así que nos desplazamos a Morelia y allá fue donde conocí a Marco Antonio, con quien mi compadre pretendió hacerse lenguas acerca de mi habilidad de emborronar cuartillas. La verdad es que Nicolás me tuvo siempre mucha estima, quizás más de la que yo merecía. En esa ocasión Marco nos llevó a su casa en Santa María de Guido, la Hacienda de la Flor, donde tenía ya el esbozo de lo que es la Biblioteca hoy llamada Salvador García Bolio, radicada en el Centro Cultural Tres Marías y en la que resguardaba el fondo de su tío, Monseñor José Villalón Mercado y la colección de textos taurinos que tenía ya tiempo de ir formando, junto con una pinacoteca que era un lujo.

Allí me enteré de que estudió Medicina, se especializó en Cardiología, que ejerció su profesión y que tiempo después por necesidades de los negocios de la familia, tuvo que apartarse de la vocación. También confirmé lo que por noticias de la prensa se dijo, en el sentido de que, al fallecimiento de su tío, el ingeniero Mariano Ramírez, brevemente fue titular de los dos hierros que éste tuvo, el que lidiaba a su nombre y el de Montecillo, mismos que por no tener tiempo para atenderlos debidamente y mantener su bien ganado prestigio, se vio en la necesidad de enajenar. Pero eso sí, siempre llevó con orgullo en uno de sus dedos anulares un anillo con el hierro de don Mariano.

Los libros nos acercaron a Marco y a mí. Cada vez que adquiría un lote interesante para su biblioteca o que tenía noticia de que algo se publicaba por estas tierras, me llamaba por teléfono y comentábamos acerca de esas novedades, me hacía recomendaciones de la manera de como conservar los libros que tengo en mi poder y me sugería formas de adquirir obras, sobre todo aquellas que están descatalogadas o que se consideran difíciles de conseguir. Se había vuelto un gran maestro de la bibliofilia.

Un tanto, importantísimo que hay que anotar a Marco Antonio Ramírez, es la creación del primer medio taurino de comunicación digital. Él y Salvador García Bolio crean y sacan a la luz la Gaceta Taurina en el año de 1996. Quizás el formato no es precisamente el de un portal o sitio de internet, pero sí es un documento digital elaborado por y para los lectores de este medio. Decía en su cabecera todo lo que de toros es… en internet. Su primera época abarcó de agosto de 1996 a enero de 1999 y ambos me hicieron el honor de invitarme a participar en ella. Actualmente vive una segunda época que comenzó en mayo de este año que corre.

Tuve el honor de que Marco me guiara personalmente un recorrido por el Museo Taurino del Centro Cultural Tres Marías, su gran obra a favor de la cultura de la fiesta. En ese momento tenía en construcción una sala para dedicarla a obras taurinas de Pablo Picasso y me comentaba la ilusión de edificar otra para destinarla a la dinastía de los Solórzano, que tiene su punto de partida allí, en Morelia. Cada vez que conversábamos tocábamos el tema y los avances eran lentos, pero él no perdía la esperanza de lograrlo. Quizás sus sucesores puedan concluir ese proyecto pendiente.

Más no solamente dedicó Marco Antonio sus esfuerzos a la cultura de la fiesta de los toros. Estuvo involucrado en un importante número de obras sociales que tienen como fin el apoyar a aquellos que están en situaciones desventajosas. Y lo hacía de manera silenciosa, sin buscar los reflectores ni las noticias en la prensa. Llevaba así a cabo una solidaridad bien entendida, que es aquella en la que no se tiene que alardear del bien que se hace.

Marco ha sido un hombre sencillo que supo disfrutar de la vida. Todavía recuerdo aquel 23 de abril de 1996, reunidos en la casa en la que vivo, con Tino su hermano y su esposa, Nicolás y Lucero, el coronel Chávez, abuelo de Fernando Ochoa, mi otro compadre Isidoro Cárdenas y Rosi su esposa y el Maestro Jesús Córdoba y su esposa. Íbamos a comer allí para después ir a la presentación del libro que el Centro Taurino México España había publicado por el centenario de la Plaza de Toros San Marcos. Nos dispusimos en el comedor y Marco, el coronel y el Maestro Córdoba sigilosamente se mudaron a la mesa de la cocina, porque allí las tortillas estarían más calientes… Maniobra inteligente de los tres.

La última vez que vi a Marco Antonio en persona fue en Madrid, en la Feria de Otoño del año 2018, el viernes 28 de septiembre, justamente en el puesto de libros que se pone en los bajos de la Plaza de Las Ventas – ¿dónde más podría ser? – sabía que estaba allí, pero ese tiempo para él no era de toros, sino de ópera y de teatro. Me confesó que el bombo de Simón Casas le intrigó y le llevó a la plaza y allí nos encontramos y conversamos. Después tuvimos algunas conversaciones telefónicas hasta que la mañana del jueves me encontré con la noticia.

Pues ya Marco y Nicolás están reunidos otra vez. Seguramente discutiendo si el toro Tejón de su tío Mariano que inmortalizara Alfredo Leal en Cuatro Caminos era o no de vuelta al ruedo. Hoy me he quedado un poco huérfano de amistad. 

Transmito desde aquí nuestra sincera solidaridad en este momento de tristeza a Enrique y a Tino, sus hermanos y a Valentina y a Rafael, sus hijos. Me consta que es complicado asumir una pérdida así, pero la única solución que tienen es aprender a seguir viviendo con ella.

Por mi parte digo: ¡Te voy a extrañar mucho Marco!

domingo, 16 de agosto de 2020

1º de mayo de 1949: Jesús Córdoba hace su presentación en plazas europeas

Anuncio de la presentación de Jesús Córdoba en Lisboa
Diario de Lisboa, 30 de abril de 1949
De convenios y rupturas

Aunque desde el principio del año los ánimos estaban caldeados, fue a mediados de mayo de 1947, cuando Antonio Bienvenida, Luis Miguel Dominguín, Juan Belmonte Campoy y otros toreros que no hicieron campaña invernal en México, invocaron falta de reciprocidad de nuestras empresas y toreros y declararon definitivamente terminado el convenio de 1944 que regulaba las relaciones taurinas entre México y España. Ante tal hecho, Manolete y otros diestros que si actuaron en nuestras plazas en ese periodo, intentaron recomponer esa situación y lo reinstalaron un par de semanas después, pero el 28 de junio se declararon definitivamente suspendidas las relaciones taurinas entre ambos países.

En esa tesitura, se quedaron parados entre otros allá los matadores Fermín Rivera, Antonio Velázquez, Carlos Vera Cañitas, Ricardo Torres, Manuel Gutiérrez Espartero y Antonio Toscano, así como los novilleros Pepe Luis Vázquez y José Antonio Chatito Mora. De nada valió que Carlos Arruza, otro de los afectados, fuera el Presidente de la Asociación de Toreros de España y de su Montepío, simplemente no fue escuchado y El Ciclón, al ver que su opinión no era tenida en cuenta, terminó por renunciar a ese cargo en septiembre de ese calendario.

Es interesante ver que Armillita, en entrevista concedida a El Tío Carlos en abril de ese mismo 1947, publicada en El Universal y después en La Lidia, en la que hace un análisis de su paso por los ruedos y anuncia su inminente despedida de los ruedos, estimó que la normalidad se restablecería en unos tres meses. La realidad es que los nuestros volvieron a los ruedos hispanos hasta el año de 1951.

Las otras plazas europeas

No obstante el cierre de las plazas de España para los nuestros, quedaban francas las de Portugal y las de Francia y durante los veranos, era casi mandatorio que fueran por allá a hacer campaña varios de nuestros toreros. Durante el boicot del 36, allí estuvieron para los nuestros y ahora allí seguían. En el año de 1949 Jesús Córdoba fue uno de los que acudieron a ellas. Estando en Aguascalientes, como visitante en la Feria de San Marcos, fue entrevistado para El Sol del Centro el día 21 de abril y manifestó entre otras cosas lo siguiente:

…La “cosa” taurina tenía que salir a colación. “Mi deseo – nos dijo – era actuar en la Feria de Abril. Tú te diste cuenta. Hace apenas cuatro meses que toree en Aguascalientes mi última corrida como novillero. Dos horas después mi apoderado, el doctor Ruiz, había arreglado un contrato para que yo toreara en las Fiestas. Luego hubo ciertas dificultades y el contrato se rompió. Fueron líos internos, Bueno, ahí será en otra ocasión”.

Córdoba esperaba ayer comunicación de México. Se mencionaba su nombre como uno de los probables espadas que saldrían en domingo en la Monumental en la presentación de Conchita Cintrón. Todavía no se sabía nada en firme. Se hablaba insistentemente de un mano a mano entre Capetillo y El Soldado; pero nada seguro. “Mira si no reaparezco el domingo allá – refiriéndose a la Capital – me quedaré aquí. Sí, hasta después del famoso día 25. Pero nada. Tengo pasajes para el día 27 a Portugal, en donde debutaré el próximo domingo”.

- ¿Te gustaría que se arreglara el intercambio taurino hispano – mexicano?

- ¡Claro que sí! Arruza ya está haciendo gestiones desde hace tiempo. Ahora vamos Antonio Velázquez, Gregorio García y yo. Todos metemos “canilla” en favor de la solución del lío. Yo me presento el 1o de mayo, actuando con Parrita que es una de las figuras españolas y Manolo dos Santos.

- ¿Cuántas fechas llevas contratadas?

- Quince, nos contestó. Pero hay posibilidades de que ese número aumente. Todo depende de lo que yo haga frente al toro. “Armillita” me ha dicho que allá me “pondré” mucho, pues el toro de lidia es más grande y de mayor pujanza que el de México. Y debe tener mucha razón porque conoce como nadie de toros, como lo está demostrando con su ganadería que será una de las mejores de México…

Así pues en ese orden de acontecimientos, El Joven Maestro sería el primero de Los Tres Mosqueteros en presentarse en las plazas de toros del otro lado del mar.

Lisboa, 1º de mayo de 1949

La empresa de Campo Pequeno anunció para esa fecha una corrida de toros – tourada le llaman allá – en la que a pie actuarían Pepín Martín Vázquez y el debutante Jesús Córdoba, con toros del Duque de Palmela y los caballeros en plaza Simao da Veiga y José Casimiro con toros de Francisco dos Santos y el grupo de forcados de Antonio Matías.

La tarde se torció en el aspecto climatológico, de acuerdo con la breve crónica aparecida en el Diario de Lisboa del día siguiente del festejo, firmada por F, en sustitución de quien tradicionalmente lo hacía como El Terrible Pérez y es, en traducción libre efectuada por este amanuense, de la siguiente guisa:

Si ayer hubiera sido un día primaveral, Campo Pequeno ciertamente se hubiera inundado, porque no solo era atractivo el cartel en su conjunto, sino que también había en él una persona que la afición, anhelaba ver en carne y hueso, tras las estupendas «faenas» de este «Currito de la Cruz», rehabilitando esta fiesta brava, tan distorsionada y dañada por películas, novelas y artículos pseudo – humanitarios...

Lamentablemente, el temporal que azotó con fuerza desde la madrugada, no solo perjudicó a la empresa, sino a los toreros y al público que, a su vez, dejó de lado una serie de pases redondos y dos molinetes del alegre y valiente sevillano, y unas notas con el capote, del mexicano Jesús Córdoba. Poco se pudo ver en la lidia con los trapos, de los cuatro toros de Casa Palmela, los cuales, descontando su amplia encornadura, estaban bien presentados y mostraron casta, bravura y suavidad, mostrando por qué la ganadería es de las primeras nacionales.

Los cuatro toros del Sr. Francisco dos Santos que salieron para los caballeros, también fueron de buena presentación, denotando las conocidas características de la finca ganadera de la que proceden, que tiene muchos admiradores en Portugal.

Simao da Veiga, a pesar de haber llevar en la lidia de toros ya un cuarto de siglo, mantiene la alegría que durante tantos años ha conquistado a nuestro público, al de España y al de México. Estuvo empeñoso, pisando los terrenos a los toros, y las ovaciones que le dieron fueron bien merecidas.

José Casimiro lució con su habitual seriedad y serenidad, clavando hierros largos y cortos en suertes que fueron justamente apreciadas y que le valieron una entusiasta llamada a los medios.

Alé nos dio con el capote, un poco del aire de su gracia, teniendo los peones restantes –Procopio, Correia, Joaquinillo, Gorjao, Gloria, Alemao, Navajas, Rubichi y Pla – voluntad de cumplir, luchando con el viento fuerte e incómodo.

Los forcados de Antonio Matías hicieron buenas pegas, como el «combolo», que funciona bien siempre que la «locomotora», – el  pegador – no «descarrile»...

Incomprensible la cogida de Jesús Córdoba – a quien queremos ver en una tarde más apacible – al intentar clavar un par, entrando al toro, sin pensar en la salida.

Manuel dos Santos, como siempre, es competente y rápido en la dirección de la lidia.

El próximo domingo fiesta para todos los paladares en Campo Pequeno. Parrita y otro torero, y destacan José Rosa Rodrigues y Fernando Salgueiro; y en Santarem el «mano a mano»  Diamantino – Manuel dos Santos con Simao y Manuel Conde.

Como se puede ver, salvo el hecho de que la fecha representó para Jesús Córdoba su primera actuación en un ruedo ultramarino, poco más hay para contar. 

La campaña europea de Córdoba en el 49

Al final del calendario Jesús Córdoba toreó en Europa once corridas, seis en Portugal los días 1º de mayo en Lisboa; 29 de mayo en Tomar; 31 de julio en Pavoa do Varzim; 8 de agosto en Guimaraes; 14 de agosto en Figueira da Foz y 28 de agosto en Espinho y cinco en Francia, el 19 de junio y el 14 de julio en Burdeos; el 19 de julio en Mont de Marsan; el 16 de agosto, en Collioure y cerró su temporada europea el 18 de septiembre en Arles.

Quizás el impedimento de actuar en ruedos españoles redujo el número de actuaciones de nuestros toreros en Europa, pero no impidió la circulación de ellos por esas tierras. Su paso por Portugal y por Francia es una arista de la historia de nuestra tauromaquia que está poco estudiada. Aquí un detalle de esos hechos que vale la pena averiguar. 

domingo, 2 de febrero de 2020

4 de febrero de 1951: Jesús Córdoba y Luminoso de San Mateo. Alternativa de Humberto Moro

Jesús Córdoba
La temporada grande 1951 en la Plaza México inició con retraso. Comenzó hasta el final de enero porque se negociaba desde los últimos del año anterior la reanudación de las relaciones con la torería hispana, rotas desde 1947. Así, entre el ir y venir de noticias de esa continuación del intercambio, se programó para los dos primeros carteles de esa temporada, la alternativa de los triunfadores de la temporada de novilladas 1950 y en la corrida inaugural se le dio a Jorge El Ranchero Aguilar y en esta que hoy me entretiene aquí, se le daría al linarense Humberto Moro.

Un ejemplo de esas informaciones que cruzaban el Atlántico es la siguiente nota:
Valencia, febrero 4. – Refiriéndose a la inminente solución del pleito taurino hispano – mexicano, lo empresarios de la plaza de Toros de Valencia, que acaban de llegar de Madrid, afirman que si se llega al arreglo apetecido, los carteles de las corridas incluirán además de los toreros españoles, en la Feria de Julio a los mexicanos Antonio Velázquez, Jesús Córdoba, Luis Procuna, Carlos Arruza y Rafael Rodríguez. 
Tratarán de contratar además a los toreros Luis Miguel Dominguín, Aparicio, Litri, Martorell, Calerito y Manolo González, todos ellos españoles. 
La temporada valenciana comenzará con las corridas falleras en marzo. Luis Miguel Dominguín, Litri y Aparicio figuran en la primera el día 18. El 19 se enfrentarán mano a mano Aparicio y Luis Miguel Dominguín…
La segunda corrida de la temporada 1951

La segunda corrida de esa temporada 1951 fue anunciada con Manolo dos Santos, Jesús Córdoba y como ya señalaba arriba, la alternativa del torero de Linares, Nuevo León, Humberto Moro. El encierro seleccionado para la ocasión fue uno muy bien presentado de San Mateo.

El momento culminante de la tarde se dio en el quinto toro, llamado Luminoso por el ganadero y que correspondió en el sorteo al Joven Maestro. Ante este toro haría el primer asalto a la cumbre que ratificaría un mes después ante Cortijero de Zotoluca. La crónica de Paquiro en el ejemplar de La Lidia de México fechado el 9 de febrero de ese año, entre otras cosas, relata lo siguiente acerca de esa faena:
Jesús Córdoba sostuvo su cartel de primera figura de los ruedos y categoría de maestro del arte. Y para lograrlo tuvo que arriesgar la vida, salir con un puntazo en un muslo y con la taleguilla hecha trizas. Pero en las manos, orgullosamente lucía las orejas y el rabo del quinto de la tarde...  
Se portó pues, como un primate heróico... 
No le fue posible esculpir la obra la líneas suaves, serenas, plácidas, románticas. Correspondióle interpretar momentos de arte y de drama; de sol y de sangre, de calma y tempestad, de suspiros y de gritos. Porque la faena de Córdoba al quinto fue vibrante, roja, cálida... ¡de aguafuerte! 
Hubo inspiración y belleza, sí, pero también drama y tragedia. 
Los muletazos fueron surgiendo entre el alarido histérico de la multitud, que se asombraba al ver como el torero desafiaba y burlaba los puñales de su enemigo con una constancia de mártir, y con un temperamento de héroe. La hazaña – para que nada faltara – quedó rubricada con una estocada en la que el corazón fue entregado sin ninguna artimaña. Fue una estocada a lo hombre, a lo torero, llegando la mano hasta los mismos rubios después de haber metido todo el acero. Córdoba olvidóse salir del embroque, ¿para qué? Y el lógico resultado fue que saliera tropezado rodando por tierra. Una vez más había alcanzado las gestas únicas de los toreros y de los héroes. 
Fue aquello, en suma, la muestra más vibrante de lo que una figura de los ruedos debe hacer para sostener el máximo grado. 
Córdoba toreó al 5º con el corazón. Por eso, además de artista, fue un trágico avasallador. 
El ascenso prosigue 
Actuando en plan de testigo de la alternativa del día, se encargó de pasaportar en primer lugar al bicho que ocupó el tercer sitio. Este fue “Novelista”, bien armado y bien cubierto de riñones. Con la capa toreó Córdoba como lo hacen los maestros. Y con la muleta continuó en el mismo plan dándole al morlaco la lidia requerida y siempre manteniéndose limpio, desahogado y poderoso, El bicho acabó sus días un tanto soso, y fue entonces cuando surgieron las delicadezas del toreo por la cara, que Chucho hizo con todo acierto. Un pinchazo. La estocada y la ovación. Aquello había sido el prólogo. 
El quinto, el maravilloso “Luminoso”, fue saludado por Córdoba con verónicas de tres tiempos. El remate fue piramidal. El bicho acudió a los montados y tanto Córdoba como Dos Santos arrancaron ovaciones en sus respectivos quites. Moro, el ridi. 
Banderilleado por la peonería, “Luminoso” quedó a disposición de la muleta del leonés. Pases por alto; naturales citando de largo, templando a ley, estrechándose como los hombres, los remates de príncipe, la “vitamina” estrujante, una cogida quedando destrozada la taleguilla y el muslo con un puntazo. Levantóse Córdoba entre el manicomio que había forjado en los tendidos y siguió toreando ya con la diestra, ya con la zurda, burilando pases de factura indescriptible. ¡El drama y el arte habían tenido realización! 
Y tras de los últimos pases se acostó materialmente sobre el morrillo del bovino, en un volapié clásico y perfecto, saliendo rebotado de la suprema suerte. A los pocos instantes, el bravísimo y nobilísimo “Luminoso” rodó sin vida. 
Para Córdoba fueron las dos orejas y el rabo, además de incontables vueltas al anillo escuchando, una vez más, el himno de los consagrados ¡torero...! ¡torero...! 
Después de la apoteosis internóse en la enfermería...
De acuerdo con la estadística, ese es el único rabo que Jesús Córdoba cortó como matador de toros en la Plaza México, pero la cornada que se llevó, a esas alturas era la ya segunda de las siete que sufriría en el mismo escenario. Sin duda, el llamado Joven Maestro fue un torero duramente castigado por los toros en momentos especialmente inoportunos.

No obstante, esta faena es una de las que, dentro de un recuento que se hiciera de las grandes obras realizadas en el ruedo de la gran plaza, debería estar como una de las importantes.

El parte facultativo

La crónica nos refiere que se llevó un puntazo. La misma publicación a la que me he referido, transcribe el siguiente parte facultativo:
Herida por cuerno de toro en el tercio medio, cara externa del muslo izquierdo, con orificio de entrada de cuatro centímetros y trayectoria hacia adentro de doce centímetros. Interesó piel, tejido celular, aponeurosis y fibras musculares. Tiene también escoriaciones en el cuerpo de diversos grados. Se le aplicó anestesia con pentotal sódico, resección de piel, desbridación, desinfección, canalización con tubo de goma y suero antitetánico. Tardará en sanar quince días. Se traslada al Sanatorio Santa María de Guadalupe.
Como se puede leer, la herida sufrida por Jesús Córdoba fue algo más que un puntazo. Sin embargo no le restó ni afición, ni valor para seguir transitando por los ruedos.

El resto del festejo

Humberto Moro recibió la alternativa de manos de Manolo dos Santos con el toro Muchachito y fue herido por el sexto del festejo. A su vez, el padrino de la ceremonia cortó la oreja al cuarto, Jardinero, entre división de pareceres.

La de la concordia

Dos domingos después, el 25 de febrero se celebró en la quinta corrida de la temporada, la versión mexicana de la Corrida de la Concordia con Curro Caro, Carlos Arruza y Antonio Velázquez, los toros fueron de Pastejé y Arruza cortó el rabo a Holgazán, quinto de la tarde.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Una fotografía con historia (V)

Monterrey. 16 de diciembre de 1962, triunfos grandes de Jesús Córdoba y Mondeño

La independencia del empresario

Jesús Córdoba, Raúl García y Mondeño
Plaza Monumental Monterrey 16/XII/1962
Colección: Francisco Tijerina
En los años sesenta del siglo pasado – y bastantes más que siguieron –, el empresario taurino era un hombre de negocios unidimensional. Su función era la de arreglarse con ganaderos para comprar toros y con toreros para contratarlos y así organizar festejos taurinos. En ese orden de ideas el sistema funcionaba de manera organizada y cada determinado tiempo los escalafones de toreros se renovaban y en el campo surgían nuevas vacadas que seguían haciendo honor a la renombrada calidad del toro de lidia mexicano. 

Hoy en día, las cosas han cambiado y el empresario lo es todo. Apodera toreros, tiene ganaderías y la propiedad de las plazas y el sistema más que avanzar, parece ir en reversa. ¿Qué es lo que no funciona en esa multidimensionalidad? Explicaciones hay muchas, algunas tienen una buena dosis de sentido, otras, simplemente no resisten el más mínimo análisis. Estos son los tiempos que vivimos hoy en nuestra afición a la fiesta. Y no es que nos quedemos mirando el retrovisor, sino que los resultados del ayer eran más halagüeños que los de hoy.

En 1962 era empresario de la Plaza Monumental Monterrey don César Garza. Uno de esos de una sola dimensión, era empresario nada más. Y en esa actividad, durante ese calendario ofreció a su afición catorce corridas de toros. Llevó a la plaza que regentaba – por estricto orden de aparición – a toreros como Alfredo Leal, Antonio del Olivar, Humberto Moro, Jesús Córdoba, Antonio Velázquez, Luis Procuna, Juan Silveti, Manuel Capetillo, Jorge El Ranchero Aguilar, Jaime Rangel o Raúl García entre los nacionales y a Paco Camino, Fermín Murillo, Luis Segura y Mondeño entre los del otro lado del mar.

Tardes memorables tuvo ese año de 1962, como la del día 14 de enero, con un gran triunfo de Alfredo Leal ante toros de Santacilia; siete días después, los que se llevaron el gato al agua fueron Antonio del Olivar y el madrileño Luis Segura con toros de La Punta; el primero de julio la tarde fue para el linarense Humberto Moro y Joselito Huerta, que enfrentaron un encierro de Las Huertas; luego, el 2 de septiembre, Raúl García, ante sus paisanos triunfó con el ganado de Pedro Castorena y el 2 de diciembre, en el penúltimo festejo del calendario, serían Manuel Capetillo y Mondeño los llamados al éxito con un encierro también de La Punta.

Pero don César no era solo empresario de corridas de toros y entreveradas con los festejos mayores, nunca faltaban las novilladas que en el calendario que me ocupa tuvieron la presencia de toreros jóvenes como Joel Téllez El Silverio, Mauro Liceaga, el de Reynosa Tito Palacios y Gabino Aguilar entre los más destacados punteros de la novillería de esa temporada.

La forma de hacer del empresario independiente daba rédito a la fiesta y la historia es testigo de ello. Por ello mi recuerdo a la manera de hacer de un empresario independiente que supo hacer temporada en su plaza.

La historia de la fotografía

Para el 16 de diciembre de 1962 don César Garza programó una corrida de toros con un encierro de Las Huertas – el segundo que se lidiaba en el año – para Jesús Córdoba, Raúl García y Juan García Mondeño. El primero de los encierros de Luis Javier Barroso que se lidió, más o menos medio año antes, permitió el triunfo de los toreros y con la combinación que ahora presentada, era un buen atractivo para la afición.

La crónica que me sirve para hilar estos recuerdos apareció en el diario El Porvenir, de Monterrey, al día siguiente del festejo. La escribió Antonio Córdova. No hace juicio sobre la entrada al festejo, pero quiero suponer que fue un lleno. El triunfo en apéndices fue para el Maestro Córdoba y Mondeño realizó una faena importante al sexto de la tarde. Raúl García tuvo que lidiar con el hueso del encierro.

Jesús Córdoba y Perlito

El toro que abrió plaza se llamó Perlito. De la labor del Joven Maestro, Antonio Córdova escribió:
¡Las campanas de León sonaron a triunfo! Sí señor, que hasta allí donde la vida no vale nada llegó el estruendo del triunfo clamoroso que obtuvo el joven maestro Jesús Córdoba; que esculpió con la finura de su arte dos faenas primorosas a otros tantos astados de Las Huertas, y no se vaya a pensar que los pupilos del Chacho Barroso que le tocaron en suerte eran dos peritas en dulce, lo que pasa es que dichos astados se encontraron con un TORERO que tiene este año, por el sitio que merece dentro de la afición. 
“Perlito” se llamó el primero de la tarde, y con él, Jesús arrancó los primeros olés de la jornada, al dibujar cinco primorosos lances a la verónica – que todavía hay toreros que la dan ¡qué caray!, y el de León es uno de ellos – que fueron un dechado de perfección: fueron solo cinco lances, pero qué diéramos los aficionados por ver aunque sea esa cantidad en cada tarde. 
Chucho Córdova (sic) es el torero mexicano cuyo arte se funde en el crisol de la plasticidad y la clase y por ello en su turno en quites repitió la dosis de toreo al natural con la capichuela, para bordar nuevamente el lance a la verónica. 
Que Córdova (sic) es un maestro, nadie lo duda: menos aún después de verlo doblar tan toreramente con su enemigo para fijarlo en el engaño y luego correrle la mano derecha en varias tandas, adornándose en todo momento y dejando sobre el ruedo de la Plaza Monterrey el aroma suave, limpio y puro de su toreo clásico y bello. 
Su labor fue completa, por eso intercaló en su trasteo el toreo preciosista y los pases de adorno que contrastaron a veces con la verdad de sus manoletinas y la entrega total en sus pases de costado. 
La faena del leonés derechista, porque por ahí quiso el toro que se le lidiara; pero qué manera de correr la mano de Córdova (sic), sobre todo en los muchos muletazos de vuelta entera que hubo en la faena. Y como colofón digno a su torerísima labor, Chucho Córdova (sic) dejó una estocada perfecta en el hoyo de las agujas, que fue suficiente para que el de Las Huertas rodara patas arriba, y la plaza se nevara de pañuelos blancos pidiendo los trofeos para este purista del toreo que se llama Jesús Córdova (sic); que con las dos orejas de su enemigo dio otras tantas vueltas al ruedo, recibiendo la aclamación del público… 
Era la corrida número 315 de las 372 que toreó en su carrera el Maestro Córdoba y sin abdicar a su concepto, volvió a dejar en la arena regiomontana su rúbrica artística.

Mondeño y su fallo a espadas

Juan García Mondeño venía a refrendar un triunfo que había conquistado dos semanas antes. El aire ascético que imprimía a su toreo impactaba a quienes lo presenciaban y calaba hondo en los tendidos. El sexto de la tarde fue otro de los toros de Las Huertas que facilitaron el toreo que impacta en las masas y el de Puerto Real aprovechó esas condiciones para reiterar sus cualidades. Antonio Córdova lo describe así:
España debe sentirse orgullosa de contar con un torero como “Mondeño”, sobre todo, por la vergüenza y el pundonor que hay en el ruedo cuando el torero de Puerto Real está en él.
Ayer no se lograron los faenones del día de su presentación, pero “Mondeño” volvió a electrizar a la afición regiomontana con la litúrgica belleza de su toreo y nuevamente al grito de ¡Torero, Torero!, debió llegar hasta Monda, el pueblecito donde nació el magistral diestro que se cuenta entre las siete maravillas de España.
Nada logró hacer el de Monda con la capa en su segundo – bueno, aparentemente – porque logró sujetarlo y fijarlo en el engaño, para luego con la muleta enloquecer a la multitud con su toreo señorial y único, más todavía, porque el pundonoroso torero español le pisó sus propios terrenos a la res para obligarla a embestir, estando a punto de recibir una cornada al ser zarandeado peligrosamente por el astado.
Y nuevamente imperó en el ruedo de la Plaza Monterrey el toreo de “Mondeño”, nuevamente surgieron de su maravillosa muleta los derechazos de mística belleza, rematados toreramente con el forzado, para que de todas las gargantas surgiera como una sola voz el grito de ¡Torero!, mientras allá en las alturas la banda de la plaza dirigida por Dn. Bernardo y Armando Garza, perfumaba el ambiente con un pasodoble torero, tan torero como el que estaba en el ruedo.
Con qué liturgia hace el toreo “Mondeño”, cómo honra el terno de luces y cómo respeta al público que llena las plazas este torero; sacerdote pagano que oficia en las plazas de toros convertidas en templos de la tarde.
Ayer volvió a no tener fortuna con la espada, y mire que en el primer viaje se fue en corto y por derecho dejando más de medio estoque, que desgraciadamente no surtió los efectos deseados; cómo nos hubiera gustado verlo con las orejas de su enemigo en sus manos, porque cuando se torea como “Mondeño” lo hizo ayer en su segundo toro, los apéndices son imprescindibles. ¡Lástima de verdad! Pero a la gente no le importó si “Mondeño” no mató a su toro en el primer viaje y lo aclamó de nuevo obligándolo a dar la vuelta al ruedo; qué torero está el tío, no cabe duda…
Las orejas se cortan con la espada, que en esta oportunidad no le fue propicia a Juan García. No obstante la impronta dejada por su hacer ante el toro caló hondo ante la afición congregada en la Monumental Monterrey, que lo acogió como suyo.

Retales de la prensa de ese día

La prensa mexicana de esa fecha consignaba entre otras estos resultados de festejos y noticias:

En Torreón, Alfredo Leal, división y silencio; Antonio del Olivar, 3 orejas y rabo y Enrique Vera, abroncado en ambos. Toros de La Ventilla.

En la Plaza México, Antonio Velázquez, silencio y herido; Humberto Moro, ovación, silencio, pitos en el cuarto que mató por Velázquez y silencio en el sexto que mató por Camino. Paco Camino que confirmó, oreja protestada y herido en el sexto. Toros de José Julián Llaguno.

En Guadalajara, Calesero, vuelta y pitos; Manuel Capetillo, pitos y vuelta; Juan Silveti, silencio y silencio. Toros de San Mateo. Al finalizar el festejo se anunció la novillada del Estoque de Plata para el día de Navidad con Mauro Liceaga, Gabino Aguilar, Ángel Flores y Juan Clemente, con novillos de Santo Domingo.

Rematando

Esta es la historia de la fotografía. No es un reflejo fijo de un momento de una tarde determinada, sino una ventana que nos lleva a ver los sucesos de una tarde de toros. En esta oportunidad se trata de la visión de una tarde triunfal de una época ya ida, cuando las cosas de los toros eran menos convulsas que hoy en día y quizás por ello, sus resultados eran más tangibles.

Con mi gratitud

A mi amigo Francisco Tijerina, que me facilitó la fotografía, así como la crónica de Antonio Córdova que dan pie a que yo meta los míos. Sin esas facilidades, esto no quedaría escrito. ¡Un abrazo Patrón!

domingo, 28 de febrero de 2016

Jesús Córdoba: siete décadas de magisterio

Jesús Córdoba se presentó como novillero en la Plaza México el 18 de julio de 1948 y fue el primero de Los Tres Mosqueteros en debutar en el gran escenario. Venía como triunfador de una corta serie de novilladas que el picador Juan Aguirre Conejo Chico ofreció en el Rancho del Charro ubicado en la calzada de Ejército Nacional, donde ya por su manera clásica de hacer el toreo, se le comenzó a anunciar como El Joven Maestro.

Le acompañaban en el cartel otro debutante, Rafael García, originario del Estado de México y que se decía era asilveriado en sus maneras frente al toro, el tapatío Luis Solano y otro joven que repetía después de que dos domingos antes, había puesto a la plaza más grande del mundo de cabeza al exhibir un valor desmedido y hasta temerario delante de los novillos, el hidalguense Paco Ortiz.
Jesús Córdoba se enfrentó esa tarde a Apizaquito y a Rondinero, cuarto y octavo de los de La Laguna lidiados esa tarde y en ambos dio la vuelta al ruedo. La crónica enviada por el corresponsal de la agencia que transmitía la información al diario El Informador de Guadalajara, Jalisco, narra lo siguiente acerca de lo sucedido esa tarde:
Derroche de buena voluntad en la corrida de la Plaza México. Alternaron Luis Solano, Paco Ortiz, Rafael García y Jesús Córdoba. 
México D.F., julio 18.  – En la Plaza México se llevó a cabo la novillada de La Laguna, alternando Luis Solano, Paco Ortiz, Rafael García y Jesús Córdoba. Los cuatro alternantes hicieron un derroche de buena voluntad, siendo los más afortunados Paco Ortiz y Rafael García, que cortaron oreja a sus segundos... Paco, al banderillear a su primero en el segundo viaje, cita a un metro escaso de la jeta del animal, saliendo prendido por la taleguilla y arrojado a la arena, resultando ileso, y en su segundo, al buscar un forzado de pecho es prendido nuevamente, levantado y despedido... Con un valor característico da dos pases por alto mirando a los tendidos que le resultan de una manera temeraria, pues a cada pase se va metiendo en los propios pitones de la res. Vuelve a colocarse a un palmo del enemigo y sufre un derrote que le parte totalmente la taleguilla por el lado derecho... En su primero recibió la gran ovación, y en este último troza la oreja de su enemigo, por petición del público.
Rafael García estuvo bien en su primero, que fue el tercero de la tarde, y en su segundo, que fue el séptimo, hace un faenón que se le premia como a Paco, con el apéndice de su enemigo... Solano estuvo desafortunado en su primero, pero no así en su segundo, que por su actuación le hace merecedor a la vuelta al ruedo... El cuarto de la tarde fue para Chucho Córdoba, su primero, al que al intentar el segundo viaje, después de haber señalado un pinchazo, es prendido por la entrepierna. Retornando al ruedo muy valiente, y dispuesto a jugarse el pellejo, coloca un formidable estoconazo. Se le ovaciona la faena de buena voluntad, ya que le tocó lidiar la res más mala y difícil de la tarde. En su segundo, el octavo de la tarde, hace una faena con prontitud, serenidad y torerismo, adornándose con pases de rodilla en tierra y un toque de pitones. Recibe fuerte ovación y el público pide la vuelta al ruedo, que le es concedida...
De la lectura de la transcripción también podemos desprender que fue entregado, sin verse la ropa cuando los novillos le echaron mano y jugándoselo todo a cara o cruz con tal de salir triunfante. En lo que narra de Jesús Córdoba, nos refiere escuetamente a un torero con valor y enterado, que sin arredrarse ante las complicaciones de su primer novillo, salió a demostrar que podía con él y ante el que se lo permitió, desplegó su tauromaquia clásica y dominadora.

Lo que me cuestiono es si hoy en día, un novillero que no terminara con las orejas en la mano, en una de las principales plazas del mundo, volvería a tener una oportunidad. En aquellos días, se valoraba la torería y la voluntad de ser; hoy, parece que solamente se mide a los toreros por su capacidad de cortar lo que Manolo Martínez llamó un día retazos de toro.

Jesús Córdoba concluiría su paso por la temporada de 1948 con 8 novilladas toreadas en un serial que 1948 constó de 29 festejos y en el número 24, celebrado el 31 de octubre, ganó la Oreja de Plata en cerrada disputa con Paco Ortiz, quien pese a haber cortado un rabo, vio como el trofeo le era adjudicado al Joven Maestro, quien solo cortó una oreja esa tarde.

Su hacer delante de los toros le valió que el día de Navidad de ese mismo 1948, el maestro Fermín Espinosa Armillita, mano a mano, le cediera el primer toro de Xajay corrido en la plaza de toros Rodolfo Gaona de Celaya, Guanajuato, cerrándose así una importante etapa de la historia taurina mexicana, en la que tres toreros juntos cimentaron el porvenir de su oficio y de la historia futura del toreo en su patria.

El clasicismo de Jesús Córdoba contrastó con el valor sincero e indomable del Volcán de Aguascalientes y la personalísima expresión taurina de Manuel Capetillo. Por ello, antes de finalizar la temporada novilleril de 1948, Los Tres Mosqueteros marcaban el paso en las cosas del toro.

Nada fácil fue este logro. Recordaré una vez más que la llamada Generación del 48 en materia de novilleros fue muy rica. Basta revisar los carteles de las 29 novilladas ofrecidas por el doctor Alfonso Gaona ese año y veremos nombres como los del recordado Alfonso Pedroza La Gripa – después un excelente torero de plata –; Héctor Saucedo; Jorge El Ranchero Aguilar; Fernando López El Torero de Canela; Curro Ortega; Paco Ortiz; Alfredo Leal y otros nombres ilustres de la tauromaquia mexicana. Para sobresalir en esas condiciones, algo muy grande tenía que llevarse dentro y además se debía tener una gran facilidad para expresarlo, lo que sin duda se conjugó en estos tres toreros. Sobre esta última afirmación, creo que la historia me da la razón.

De su paso por los ruedos nos queda la grata impronta de faenas como las de Luminoso, Cortijero o Estanquero en la Plaza México o las realizadas en Madrid el 29 de septiembre de 1957, fecha que marcó la reaparición de Luis Miguel Dominguín en Las Ventas, o la del Miura de Sevilla del 24 de abril de 1953, junto a Calerito y Jerónimo Pimentel, festejo al que asistió el entonces Jefe del Estado y que le valió levantarse como triunfador de esa edición de la feria de abril sevillana.

Los toreros de su corte siempre tienen la desventaja de ser considerados o fríos o estilistas o académicos y el primer reproche que se les hace es su supuesta incapacidad de conectar con los tendidos. Creo esas afirmaciones son equivocadas pues hoy recordamos a una figura del toreo, a un gran torero que hizo de su conocimiento de los toros y de sus terrenos y de la finura con la que realizaba las suertes, una tauromaquia que es hoy día un referente.

La visión del Maestro Córdoba acerca de algunos temas de la Fiesta es la siguiente:

La expresión del torero:
Siempre hay una razón del por qué existe algo que se puede expresar con certeza, consciente en la realidad de la expresión natural de un arte. Es la interpretación al exterior de sí mismo, de la inspiración con la seguridad técnica de su ejecución; siendo la razón el estudio y la enseñanza práctica que se ha recibido, unido a la intuición propia…
La creación artística:
El ser humano…. ha creado una de las artes más hermosas, en la que refleja su destreza y personalidad. En una sola frase, su expresión física e inteligente…
Nuestra capacidad de asombro:
El arte del toreo, que actualmente lo entendemos como la expresión que pone a flote los más hondos sentimientos del hombre - miedo, valor, coraje, duda, alegría y nobleza - hacen brotar también una de sus más grandes cualidades: La capacidad de admiración (tan desgastada en la actualidad)…
El estilo en el torero:
En la ejecución de los pases nacieron los estilos… Algunos son inspirados por una capacidad creadora, otros simplemente son técnicos, es decir, aplican hábilmente su conocimiento de la lidia, o como a veces decimos, su oficio. Ambos estilos son muy importantes. Pero hay otro tipo de torero fundamental para la fiesta: El valiente. Es el que hace alarde de ese dominio al miedo llamado valor, estrujando así al espectador, despertando en él una angustia que le provoca emoción. El público siente admiración y respeto por quienes ejecutan ese tipo de toreo…
La personalidad del torero:
El estilo de los toreros se define conforme a su sensibilidad, su forma de ser, su personalidad y propio sentimiento, su carácter y naturalmente, su valor. De todo esto va impregnado su toreo, ¡qué es lo que nos gusta! Más aún cuando llega la inspiración y todo el entorno se muestra propicio. Por ello los diferentes estilos mantienen ese interés por la fiesta. Nunca se pida que un torero actúe como el otro. Debemos conservar esa variedad, pero siempre dentro de una autenticidad…
Tras de dejar los ruedos, se preocupó por formar a quienes habían de continuar llevando adelante la tradición y la historia que representa la Fiesta de los Toros. Jesús Córdoba entró en la inmortalidad el pasado 16 de febrero, por eso es que hoy, con admiración y respeto, reconozco a este gran hombre y gran torero su inmenso aporte a la fiesta.

domingo, 11 de mayo de 2014

Mexicanos que cortan orejas en la Feria de Abril de Sevilla

En la Feria de Abril sevillana – paradójicamente verificada en mayo – de este año de gracia de 2014, se anunciaron tres toreros mexicanos. Es este un hecho que llama la atención a la afición, sobre todo si consideramos que en los últimos ciento tres años (1911 – 2014), es más el tiempo muerto que el coso del Baratillo ha representado para nuestra torería.

Afirmo lo anterior porque durante los siguientes calendarios no localicé presencia de toreros mexicanos en la temporada sevillana: 1911, 1913, 1915, 1920 – 1929, 1931, 1932, 1934, 1936 – 1944, 1948 – 1953, 1958 – 1962, 1966, 1967, 1970, 1973 – 1976, 1980 – 1982, 1984, 1985, 1987 – 1993, 1995 – 1997, 1999 y 2003 – 2007.

Como lo reflejan las cifras, en ciento tres años, cincuenta y ocho de ellos han visto transcurrir el abono de Sevilla – y por ende su Feria de Abril – sin el concurso de nuestros diestros. De allí que ahora me ocupe de localizar quienes han actuado en ella más de una tarde – y aclaro desde ahora que solo me limito al espacio de tiempo de esa feria abrileña – y a que en ella hayan cortado alguna oreja.

Rodolfo Gaona

Abre esta relación el Califa de León, que el 21 de abril de 1918 cortó una oreja al segundo de su lote, de Concha y Sierra, en tarde en la que alternó con Gallito y con Fortuna. La relación aparecida en el diario El Imparcial de Madrid, al día siguiente del festejo, dice lo que sigue:
En Sevilla, La cuarta de feria. Ganado de Concha y Sierra para Gaona, Joselito y Fortuna. Una oreja a Joselito y otra a Gaona. Sevilla 21 (6:10 tarde). Con el tiempo amenazando lluvia y un lleno completo se celebra la cuarta corrida de feria, en la que se corren toros de Concha y Sierra... Cuarto. - Un aficionado salta al ruedo para torear, cae ante la cara del toro y de milagro no es empitonado... Gaona torea por gaoneras, siendo colosales las tres primeras. (Ovación)… El mejicano empieza la faena de muleta con un pase de rodillas colosal; luego, pases de tirón para llevarse el toro a los medios. Allí hace una gran faena; arregla la muleta de espaldas al toro. Entrando bien, da un volapié inmenso y se sienta en el estribo, mientras el bicho dobla sin puntilla. (Grandísima ovación, oreja y vuelta al ruedo. Al cabo, con la colosal faena, ha redimido en parte el mejicano sus culpas de las anteriores tardes)...
Del mismo Madrid, El Heraldo, la noche misma del festejo, dice lo que sigue:
Cuarto. – «Rutinero», castaño... Un capitalista se arroja al ruedo. Gaona da dos verónicas valientes y una gaonera superior. Después hace un quite muy lucido. Gallito otro bueno y Fortuna otro de valiente... Gaona cuartea en un par muy fino. Repite con otro igual. Termina con otro, al cuarteo, de buena ejecución... Toma los trastos y da el primer pase hincado de rodillas. Sigue cerca, con pases de tirón para llevarse el toro a los medios. Una vez conseguido el objeto, da dos pases de rodillas agarrando el pitón. Un molinete muy lucido. La faena es muy adornada. Entrando de manera colosal, deja una estocada en la cruz. El toro tarda en doblar y Gaona se lo lleva al sol, donde dobla…
La crónica de El Heraldo no consigna el otorgamiento de la oreja, igual que el semanario El Toreo. Habría que aclarar que en el que abrió plaza también se le tiró un espontáneo a El Petronio y que Joselito le cortó una oreja al segundo de la tarde. La oreja obtenida por Gaona resulta ser, según los historiadores de la Maestranza, la tercera que se concedía en la historia de la plaza.

Armillita

La siguiente oreja que cortó un torero mexicano la obtuvo Fermín Espinosa Armillita el 20 de abril de 1933, cuando para lidiar toros de doña Carmen de Federico alternó con Manolo Bienvenida y Domingo Ortega. Es curioso que el Maestro, pese a la excelente impresión que causó en esa plaza, de acuerdo con la crónica publicada en el ABC de Sevilla por Juan Mª Vázquez al día siguiente de la corrida, no terminaría de entrar en ella sino hasta 1945, cuando corta un rabo a un toro de Manuel González en la Corrida de la Prensa. De la relación indicada extraigo lo que sigue:
Ocho toros y un torero… No necesitaron ser muy puros ni absolutamente reposados los cinco naturales que Fermín Armillita engarzó en su corrida de la Feria de septiembre, para que el ágil y gracioso torero de Méjico sobrepujase – aparte la gentileza de sus adornos sevillanos – la impresión producida entonces por las estrellas que le acompañaban en el cartel, de las cuales, porque eran estrellas fugaces, sería inútil preguntarnos ahora los nombres... Únicamente por el esfuerzo de su mano izquierda Armillita ha vuelto a Sevilla, y, gracias a su vuelta, volverá otra vez, como primerísima figura, a figurar en nuestras corridas más solemnes... Adornado, pinturero, valiente, decidido a abrirse paso... él – nadie más que él – alegró el circo de la Maestranza durante la lidia de una corrida que hizo difícil, no la malicia – que no existió –, sino la bravura auténtica y pegajosa de unos bichos en los cuales la traza veragüeña derivaba mejor al estilo pastueño, encarrilado y lento, de los murubes, por el camino sinuoso, de apremiantísimas curvas, de la sangre de Saltillo. Suelto, desahogado, muy torero, el reposo suave de sus verónicas, el floreo multicolor de sus quites y la majeza de sus pares de banderillas – al quiebro y al cuarteo – acusaron al único torero de la tarde, que, si un poco atosigado al muletear, por el nervio de sus enemigos, de ellos dio cumplida cuenta bien pronto, sin que le hubiese abandonado la tranquila sonrisa de quien sabe lo que hace, cómo lo hace y cuál ha de ser el resultado feliz de su esfuerzo... Armillita, frecuentemente ovacionado, cortó la oreja del quinto toro, y fue despedido con una calurosa salva de aplausos...
En el caso de Armillita hago una necesaria y muy honrosa excepción en esta relación de triunfos, porque en 1933, el Maestro actuó una sola tarde.

Carlos Arruza

El Ciclón Mexicano, el 18 de abril de 1945 será el siguiente en obtener un trofeo. Esa tarde los toros fueron de Clemente Tassara y sus alternantes Manolete y Pepe Luis Vázquez. La crónica de Antonio Olmedo Don Fabricio, también en el ABC de Sevilla, refiere lo que sigue:
Dos taleguillas rotas... El tema de los toros ha vuelto al ser habitual en esta nuestra Sevilla, madre del toreo. La expectación, forjada a fuerza de valor y estilo por esas dos figuras señeras de la tauromaquia, que son Manolete y Arruza, se ha justificado ayer plenamente sobre el ruedo de la Real Maestranza... Dos taleguillas rotas, las que ciñen Arruza y Manolete, califican y ponderan el éxito del festejo de ayer; las dos primeras taleguillas de la torería actual, hechas jirones por las astas de los toros de Tassara, son el exponente de una competencia que devuelve a la fiesta su emoción sustancial, sin la cual degeneraría el toreo... Arruza merece la consideración de benemérito de la fiesta nacional... Las faenas a sus dos toros fueron sencillamente inenarrables. La primera breve, pero cerquísima y eficaz, para matar como los cánones mandan. La segunda faena, tan cercana como la otra, más reposada y completa, sobresaliendo los pases por bajo iniciales, los magníficos naturales con la izquierda y dos emocionantísimos y soberbios molinetes de rodillas... La faena había puesto en vilo a los espectadores y como la estocada fue certera, hubo oreja y aún unánimemente se pedía mayor premio para el aclamado espada...
Al día siguiente, 19 de abril, alternando de nueva cuenta con Manolete y completando la terna Pepín Martín Vázquez, Carlos Arruza volvió a cortar otra oreja a uno de los toros de Carlos Núñez que le tocaron en suerte.

Jesús Córdoba

En 1953 Jesús Córdoba le cortó una oreja a un Miura el día 24 de abril y al día siguiente, otra a un sobrero de Benítez Cubero que los maestrantes le obsequiaron para que in extremi” salvara un festejo que se había ido por la borda a causa de la falta de casta y fuerza de los toros de Sánchez Cobaleda y Escudero Calvo corridos en la lidia ordinaria. De ese par de tardes me he ocupado ya en esta ubicación por lo que les remito a ella para recordar las particularidades de esas hazañas del Joven Maestro en el coso del Baratillo.

Joselito Huerta

El León de Tetela es el siguiente torero mexicano que actuó un par de tardes en la Feria de Sevilla y salió al menos con un apéndice en la mano. El 17 de abril de 1957 fue acartelado con toros de Manuel Sánchez Cobaleda y Carlos Núñez (4º, 5º) y con Antonio Ordóñez y Manolo Vázquez como compañeros de terna. La tarde transcurrió entre el sopor que producen el calor y el mal juego de los toros. La crónica de Gil Gómez Bajuelo en el ABC de Sevilla apunta lo que sigue:
En el segundo festejo Joselito Huerta realizó brillante labor, premiada con un apéndice… Los «cobaledas», gordos, congestivos, quedados al máximo, pero sin malas ideas... La fiesta transcurrió sosa, monótona, apenas sin relieve... El brindis de Joselito Huerta. Cuando juzgamos la labor del mejicano, el Domingo de Resurrección, dijimos que era muy otro del año pasado. Que se había superado... Hubo un momento ayer - ¡hombres de poca fe - en que estuvimos a punto de retractarnos... Y llegó el sexto. Tenía los cuernos en alto, ancha la cuna. Nada con el capote. El caballo repelía al toro. Estaba la atmósfera cargada de pesadez. Los banderilleros acentuaron el clima. Sólo Luis Andaluz pareó con discreción. Y vimos como Joselito Huerta molido por la paliza que le dio su toro anterior, cosido y recosido el traje en el callejón, salió al tercio brindando a la plaza. ¿Brindar de qué? ¿Qué había visto? Hasta el viento se levantó, haciendo el quite al torero, tratando de hacerle desistir. Pero el mejicano no cedió. Empapó de agua la muleta, para vencer al aire primero y vencer después al toro. Surgieron indómitas las reacciones del indio bravo. Le consintió a fuerza de arrimarse. Le hizo embestir, lo dominó y surgió en varias fases una magnífica faena, en la que los redondos fueron el motivo de varias tandas de naturales, soberbios, magistrales, en los que el mejicano tomó de largo al toro y lo llevó con temple, embarcándolo, corriendo la mano superiormente... Estupenda, magnífica faena, valerosa y artística, que culminó con la estocada, que puso al toro patas arriba, en decúbito supino, Aleteó de albura el graderío y el presidente concedió la oreja al mejicano. Quedó justificado el sorprendente brindis y nosotros sentimos el gozo de diferir la íntima retractación…
Curro Rivera

Pasarían 14 años para que otro diestro mexicano obtuviera algún apéndice y es en este orden Curro Rivera quien, alternando con Curro Romero y Victoriano Valencia en la lidia de toros de Fermín Bohórquez logra la hazaña. La tarde del 19 de abril de 1971 corta tres orejas y se convierte en el primero y único torero mexicano entre 1911 y esta fecha en abrir la Puerta del Príncipe en la Feria de Abril de Sevilla. Manuel Olmedo Don Fabricio II, relató en el ABC de Sevilla lo siguiente:
Curro y Currito… La presentación de Currito Rivera en la Maestranza ha sido triunfal y convincente. Lo hemos visto en todo momento muy seguro y muy suelto. Al tercero de la tarde lo lanceó con tanta decisión como prestancia... Luego, dominador y arrogante, con sereno coraje compuso una faena de muleta superior a las condiciones del toro... Excelente fue el trasteo y soberbia fue la estocada con que Currito tumbó a su adversario... difícilmente superable por la guapeza, por el buen estilo y por la precisión con que realizara la suerte el joven diestro, premiado justamente con las dos orejas de su adversario. En el sexto, manso integral... Currito lo persiguió denodadamente y le dio muchos pases, deshilvanados, llenos de majeza... concluyó su esforzada labor con un estoconazo, saliendo trompicado. Hubo eufóricos en número suficiente para que al interesante espada le concedieran una oreja. Halagüeño debut...
Los toros a los que Curro Rivera cortó las orejas fueron Zalamero (3º) y Gavilán (6º).

Joselito Adame

Cierra esta relación el torero de Aguascalientes, quien el 16 de abril de 2012, enfrentando toros del Conde de la Maza, cortó una oreja al segundo de su lote – sexto de la tarde –, en tarde en la que alternó con Luis Bolívar y Salvador Cortés. A esa fecha, habían pasado 41 años entre la tercera oreja de Curro Rivera – también cortada al sexto de aquella corrida – y esta obtenida por Joselito. Fernando Carrasco, cronista del ABC de Sevilla, contó así lo sucedido:
Joselito Adame capea la mansedumbre… Al que cerró plaza le dejó un quite por lopecinas para el recuerdo. Vino con muchas ganas este Adame, que brindó al respetable. Se la jugó sin cuento en unos estatuarios ajustadísimos rematados con un extraordinario pase del desprecio. Muy bien el mexicano, que le dio distancia a su oponente y al natural, le hilvanó una tanda majestuosa. Sin humillar del todo, Adame supo sacarle todo el partido por ambos pitones. Estuvo pinturero y a la par valeroso para tragar en las embestidas con la cara a media altura de «Puritito», que finalmente claudicó. Buena la estocada. Una oreja de ley por cómo planteó y resolvió la situación…
He de aclarar que en la Feria de 2012, esta fue la única tarde a la que Joselito Adame fue contratado.

El pasado viernes – 9 de mayo –, Joselito Adame cortó una oreja, de nuevo al sexto de la corrida de Victoriano del Río, un colorado llamado Despreciado. Sus alternantes fueron Enrique Ponce y Sebastián Castella. De nuevo y para no romper la línea de citación de opinión seguida, recurro a la crónica de Fernando Carrasco publicada en el ABC de Sevilla en la que expresa esto:
A por todas… Joselito Adame ha recibido a sus dos toros a portagayola. Muy bien el inicio de faena a su primero, un toro encastado que ha pedido mando y que le dejasen la muleta en la cara. Así lo ha entendido el mexicano, que ha brillado sobre todo sobre la diestra. Toro importante al que le ha tragado en los últimos compases de faena. Los dos descabellos han dejado todo en una vuelta al ruedo... Otro toro bueno ha sido el sexto, repitiendo y con vibración. Adame, queriendo mucho, lo ha toreado muy bien, primero en estatuarios y luego sobre la diestra en series quizá algo ligeras pero emocionantes. Bajó algo al natural pero subió de tono sobre la diestra, donde recibió una fea voltereta al rematar con un molinete. Se levantó sin mirarse y una postrera serie a diestras encandiló al respetable. Y la gran estocada, que ha necesitado de dos descabellos, le ha puesto la oreja en sus manos…
Dados los tiempos muertos a los que me he referido al inicio y a la gran cantidad de festejos fuera de feria a los que han acudido nuestros toreros, la cosecha de apéndices en los de abril es breve. Pero todos tienen su historia. Aquí tienen lo que yo considero lo más relevante de ella.

domingo, 26 de enero de 2014

Guillermo Capetillo y Gallero de Cerro Viejo. 20 años después

Guillermo Capetillo
Guillermo Capetillo sale a los ruedos al final de los años sesenta y el inicio de los setenta del pasado siglo. Lo hace junto con otros hijos de toreros que pretendían continuar la trayectoria de sus padres ante la enseñanza de éstos. Así, Manolo Arruza, David Silveti, Fermín y Miguel Espinosa, José Antonio Ramírez El Capitán, Humberto Moro, Martín Obregón y su hermano Manuel comenzaron a torear festivales por las distintas plazas de nuestro país con la guía de Armillita, CaleseroCarlos Arruza, Manuel Capetillo, Juan Silveti, Humberto Moro y el ganadero Rafael Obregón entre varios de los destacados que se unieron a esta singular cuadrilla que inició casi como de niños toreros y que culminaría con el ingreso al escalafón mayor de varios matadores de toros que ocuparon el sitio de figuras del toreo.

Guillermo Capetillo se presentó como novillero en la Plaza México el año de 1977 – el de la faena de su contemporáneo El Capitán al novillo Pelotero de San Martín – junto con su hermano Manuel y dejó apuntes de un toreo profundo, de gran inclinación artística, pero sin rematar faena alguna. No obstante el 20 de noviembre de ese año recibió la alternativa en San Luis Potosí de manos de Manolo Martínez, llevando como testigo a José Mari Manzanares.

Comienza a combinar su carrera en los ruedos con la actuación en el cine y en series de televisión, lo que le aparta por temporadas extensas de los ruedos y es quizás por ello que confirma el doctorado en la Plaza México hasta seis años después. Esa arista de su actividad profesional – la actuación – le va a ocasionar algunas desavenencias con grandes sectores de la concurrencia a las plazas de toros, aunque cuando se enreda con un toro logra la unanimidad. Sin embargo, esto ocurre con intermitencia.

La tarde de Gallero

Guillermo Capetillo
La tarde del 30 de enero de 1994 parecía estar gafada. Ese domingo pasaba por televisión a nivel mundial la final del fútbol americano profesional – el super bowl – y el cartel integrado por los toros de Valparaíso – la última corrida de su hierro que vio lidiar don Valentín Rivero en la Plaza México –, Guillermo Capetillo, Jesús Janeiro Jesulín de Ubrique y Humberto Flores que confirmaba su alternativa esa tarde no fue capaz de sacar a la gente de sus casas para ir a los toros, así que la asistencia resultó paupérrima en el llamado Coso de Insurgentes.

Los toros de la lidia ordinaria parecieron confirmar la decisión de quienes prefirieron permanecer en sus domicilios a presenciar el espectáculo televisivo. Los seis de Valparaíso dejaron pocas opciones a los diestros actuantes, tanto así, que nada más tomar la muleta Guillermo Capetillo para dar cuenta del cuarto de la tarde, anunció el regalo de un séptimo. Ni siquiera esperó la posibilidad de que el toro hubiera cambiado de lidia o que alguno de esos raros milagros que a veces suceden, se diera momentos después.

El toro de regalo se llamó Gallero, de la ganadería jalisciense de Cerro Viejo. La versión del psiquiatra Enrique Guarner, en esas fechas encargado de la crónica taurina del desaparecido diario Novedades de la Ciudad de México sobre lo realizado por Guillermo Capetillo con él es en este sentido:
Con «Gallero» de Cerro Viejo, Capetillo fue el mero, mero. Lionel Landry escribía en 1927: «Se ha hecho un abuso tal de la noción de ritmo que sería positivo dejar de usarla en estética». Si este término se ha ido convirtiendo en un concepto vago e impreciso es porque se le ha cargado de significaciones de carácter heterogéneo. De cualquier manera el ritmo es un sinónimo de la velocidad plástica y representa a un esquema de duraciones que acompañan a cualquier obra de arte. Para que algo posea ritmo se requiere de una periodicidad entre sus partes y es así como en la naturaleza observamos la sucesión de los días con las noches y en la vida diaria las alternativas entre el trabajo y el reposo… En el toreo el ritmo no resulta más que un esquema de sucesiones temporales y han habido algunos diestros con gran habilidad para construir sus series de pases. Ayer en la Plaza México tuvimos uno de esos casos cuando Guillermo Capetillo – ante un burel de regalo terciado de Cerro Viejo – acompasó sus muletazos guardando proporción entre sus movimientos realizando una magnífica faena. En realidad la base de su toreo fue la muñeca con la cual hacía que el astado girara una y otra vez a su alrededor en pases de gran estética… Con lo anterior se convirtió en el «mero mero» de la torería mexicana y tengo que añadir que la expresión se deriva del latín «merus», adjetivo que indica que el objeto sea puro, simple y no tenga mezcla de otra cosa... Guillermo Capetillo. Hace tres años Guillermo realizó dos buenas faenas, una con un toro de San Martín y la otra con uno de Vistahermosa. Sin embargo, faltaba hilvanar lo suficiente los pases y alcanzar el triunfo rotundo. Ayer puede decirse que lo logró al torear, como dije arriba, a base de muñeca, en lugar de tirar del toro. Ciertamente que los muletazos no resultan tan largos, pero los enmarca la estética y eso es en última instancia lo que cuenta. Tengo que agregar que su actuación con «Gallero» fue completa, puesto que desde que se abrió de capa vimos espléndidas verónicas terminadas en medias, como debe ser; asimismo con la muleta magníficas series rítmicas y todo culminado con gran estocada... Su primero fue el cárdeno «Granizo» con 527 kilos y no vimos gran cosa de capa pero sí un herradero notable durante el segundo tercio. Con la muleta Capetillo ejecutó cuatro estupendos naturales que parecían presagiar los del séptimo. La faena no cuajó y mató de un golletazo desprendido. Nada pudo hacer con «Motivos» con 529 por peso y desde que tomó la muleta anunció que regalaría el sobrero… Este fue «Gallero» de Cerro Viejo con 480 kilos y aquí vimos excelentes verónicas con todas las de la ley y jugando muy bien los brazos. Las mismas se repitieron en el quite extremadamente templado. Con la muleta Capetillo comenzó por alto y en seguida surgieron enormes naturales bien rematados. El toreo en redondo con la derecha también fue magnífico y rítmico. Los adornos, de buen gusto y bien construidos. Mató de entera y el juez Jesús Córdoba otorgó el rabo del animal, premio con el que nunca estaré de acuerdo, pero que en esta ocasión puede justificarse... En resumen, nada satisfizo el encierro de Valparaíso, pero Capetillo estuvo más que certero con «Gallero».
Una segunda opinión es la de Heriberto Murrieta, expresada en las páginas del diario deportivo Ovaciones, también de la capital mexicana. De ella extraigo lo que sigue:
Capeto torea hacia adentro, se pasa cerca a los toros, los lleva templados, «magnetizados» en la muleta para luego despedirlos con el «canillazo» de la casa Capetillo. Atendiendo siempre a la estética, siempre fue a más. Guillermo, que es hombre sobrio y callado, guardaba un mutismo taurino de años, pero ahora, libraba toda esa energía torera que estaba aprisionada. Lo mismo en los derechazos que en los naturales, hubo siempre una gran verdad, un torero auténtico, de las zapatillas a la montera. En las brevísimas pausas entre las tandas, pareció que se imaginaba en su mundo interior al tiempo en que el público hacía crecer el coro de ¡torero, torero! Se estremecía Guillermo como si de pronto penetraran rayos luminosos en su ánimo. El público pedía el indulto del toro, pero Capetillo hizo bien en darle muerte con un estoconazo impecable, ¡Una faena grande debía terminar así! Ha sabido extrovertirse cuando era el momento y le tumbó el rabo al completísimo toro de Cerro Viejo, mérito que no ha de soslayarse, debido a la categoría de la faena y la plaza donde la consumó. Anonadado por el aluvión de voces de aficionados emocionados que habían vibrado con aquella obra maestra, Guillermo el artista sentimental, el hombre que ha sufrido, sollozó, invadido por el éxtasis de haber entregado el alma en todos y cada uno de los muletazos. Casos como el suyo no se encuentran a diario. Toreros como él, ninguno… La faena de Guillermo Capetillo a «Gallero» de Cerro Viejo ha pasado a la historia del toreo en México…
Guillermo Capetillo
Cada uno de los cronistas invocados, con su estilo, dejan bien claro que la obra de Guillermo Capetillo ante Gallero de Cerro Viejo fue de un gran relieve y creo que lo deja bien claro el hecho de que le haya otorgado el rabo del toro el Maestro Jesús Córdoba, el último de los jueces que en la Plaza México, le daban valor y sentido a los trofeos que allí se otorgaban.

La temporada 1993 – 94 fue redonda para Guillermo Capetillo. El 27 de marzo de 1994 ganó en la Plaza México la Oreja de Oro, misma que disputó con Mariano Ramos, Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea, David Silveti, Jorge Gutiérrez y Manolo Mejía, cerrando así lo que ha sido para él, hasta ahora, el serial de más triunfos en su paso por los ruedos de México.

Esta es otra faena de culto, que en un hipotético recuento de las mejores que se hayan realizado en el ruedo de la Plaza México, tiene un especial lugar.

Un vídeo de la faena

Lo pueden encontrar en esta ubicación, disfrútenlo.
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