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martes, 5 de mayo de 2009

Manuel Capetillo en la Monumental Aguascalientes (In memoriam)


Hace no mucho rato comenzó a circular la noticia de que a las diez de la mañana de este día 5 de mayo del año 2009, falleció el torero mexicano al que el periodista don Alfonso de Icaza Ojo, llamara El Mejor Muletero del Mundo, es decir, el torero tapatío Manuel Capetillo, a la edad de 83 años.

En los alrededores de la pasada Navidad comenté aquí mismo el sexagésimo aniversario de su alternativa y hoy, en una circunstancia distinta y atípica, trataré de recordar su paso por la Plaza Monumental Aguascalientes, escenario que en sus inicios, tuvo como uno de sus actores al único de Los Tres Mosqueteros que alcanzó a pisar su redondel vestido de luces.

La Feria de San Marcos de 1976 era apenas la segunda que se daba en el nuevo escenario que doblaba – en ese entonces – al vetusto Coso San Marcos y uno de los toreros atractivos que funcionaban en el ambiente, no obstante que Enrique Guarner, evidentemente uno de sus malquerientes, afirmara lapidariamente en esos días que un torero que frisaba ya el medio siglo de existencia, no interesaba a nadie.

Manuel Capetillo toreó en la Monumental las noches de los días martes 20 y miércoles 21 de abril de ese año. La primera corrida alternó con Curro Rivera y Humberto Moro en la lidia de toros del Ingeniero Mariano Ramírez y en la segunda, con Manolo Martínez y Eloy Cavazos, en la lidia de toros de Valparaíso, ganadería propiedad de su gran amigo Valentín Rivero Azcárraga y que estaba íntimamente ligada a los grandes triunfos del torero de Guadalajara.

El resultado del festejo fue de esos que no dejan gran cosa para la memoria. Por esas fechas existía en los periódicos un gran debate acerca de la eficacia de la luz artificial para la celebración de festejos taurinos y de los efectos nocivos de ésta sobre el juego de los toros. Aparte, la nueva plaza aún estaba con muchos detalles constructivos sin concluir, lo que la hacía algo inhóspita en la nocturnidad.

Este recuerdo tiene lugar porque entre las cosas que conservo, encontré esta fotografía que tomé la noche del 21 de abril de 1976 desde mi sitio en el tendido. Tiene mala resolución, pero presenta un grupo interesante: Capetillo recargado en el burladero de matadores, a su izquierda, Porfirio Bobadilla El Maestrito, mozo de estoques de Manolo Martínez, enseguida, recargado en las tablas, Pepe Chafik, apoderado de Manolo Martínez y ganadero de San Martín, a la izquierda de Chafik, Rafael Báez, apoderado de Eloy Cavazos y en el ruedo, Manolo Martínez, seguramente cuidando la lidia del toro durante el segundo tercio.

Si observan la mano izquierda de Manolo Martínez, se darán cuenta que luce un abultado vendaje. Es la consecuencia de una voltereta que sufrió la noche del lunes 19, cuando un toro de Suárez del Real lo prendió en festejo en el que alternaba con Jesús Solórzano y Fermín Espinosa Armillita, lesión que en principio se pensó que le impediría continuar con sus compromisos en esta feria de hace 33 años.

Pero en este caso, el tema central es recordar que en este año de la influenza, en el que materialmente nos quedamos sin toros, se nos ha ido por delante el que fuera llamado El Mejor Muletero del Mundo y que es él, Manuel Capetillo Villaseñor, uno de los personajes que han hecho la historia de nuestra Plaza de Toros Monumental y de nuestra Feria de San Marcos. ¡Que encuentre un pacífico reposo!

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Manuel Capetillo. Sesenta años de un nuevo canon

El 24 de diciembre de 1948 se anunció en la vieja Plaza Colón de Querétaro, la tradicional corrida de Navidad. Seis toros de La Punta para Luis Procuna, Rafael Rodríguez y Manuel Capetillo, quien recibiría la alternativa. Había transcurrido poco más de un año desde que Rafael González, ganadero de La Esperanza, le hubiera conseguido ese puesto extraordinario de sobresaliente en la plaza de El Progreso y que un quite por fregolinas lo lanzara a la cabeza de la novillería en ese momento.

El primero de la tarde fue Juchiteco, negro como todos los punteños y el toricantano se vio bien con él. El segundo toro de su lote, Callebaja, le infiere una cornada grande en el muslo izquierdo, por lo que se frustra la confirmación programada para el 2 de enero siguiente. Recuperado ya del percance, logrará ese objetivo cerca de un mes después. En efecto, el 23 de enero de 1949, hizo el paseo en el Coso de Insurgentes flanqueado por Luis Castro El Soldado y Antonio Velázquez. En los corrales se encontraba una corrida de don Antonio Llaguno y el sexto de ellos, bautizado por su criador como Avellano, permitió a Manuel el obtener el primer rabo de su carrera como matador de toros en esa plaza. Al respecto, el propio Manuel es el que relata:

La alternativa la tomé el 24 de diciembre de ese 1948 en Querétaro siendo, Luis Procuna el padrino y Rafael Rodríguez el testigo y recibí una cornada en el muslo izquierdo. Después, en enero del año siguiente, confirmé la alternativa en la Plaza México con El Soldado como padrino y Antonio Velázquez como testigo. Esa tarde me salió un toro de San Mateo que resultó de bandera y le corté las orejas y el rabo. Debo decirte, no obstante, que el toro estuvo muy por encima de mí y que a la fecha creo que los trofeos me los dieron por estimularme y como recuerdo de mi temporada novilleril, Las cosas como son…


En cuanto a su forma de hacer el toreo, Manuel Capetillo resultó ser un heterodoxo, se apartó de los cánones. Eso le hizo lograr – aprovechando su elevada estatura – dar una gran extensión a los muletazos, hecho que motivó que tras su triunfo del 17 de febrero de 1957, don Alfonso de Icaza Ojo, le proclamara El mejor muletero del mundo.

Así describe Capetillo sus procedimientos ante el toro:

Mi manera de pararme ante el toro es contraria a los cánones clásicos. La escuela rondeña especifica que torear es cargar la suerte, echando la pierna contraria para adelante. Más yo toreo descargando la suerte. Con la pierna que cita por delante y la otra un poco atrás.

¿Con qué objeto?

Alargar el muletazo a una dimensión tal, que se puede hablar del cuarto tiempo. Además, la fuerza inicial del toro se aminora con esa vuelta, con ese consentirlo, con ese curvarlo. El paso del toro se vuelve más lento y su lentitud consiguiente es que me permite templarlo con una suave cadencia que de otro modo no conseguiría.


A confesión de parte, relevo de prueba. Aún así, no hay duda sobre la calidad de figura del toreo que tuvo Manuel Capetillo. De los toreros de su tiempo, ha sido el mas longevo, pues en mi opinión, supo adaptarse al cambio que se fue gestando en el toro mexicano, que fue definiéndose cada vez mas hacia la suavidad – perdiendo raza y por ende emoción en su lidia – permitiendo faenas de muleta muy largas, en desdoro del primer tercio de la lidia, que fue el que paradójicamente permitió a este torero salir del ostracismo, pero estableciendo un nuevo canon que es el que a la fecha sigue vigente.

Hoy se cumplen seis décadas de su alternativa como matador de toros y por ello le recuerdo en este espacio.
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