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domingo, 30 de junio de 2013

Detrás de un cartel (VIII)

Cartel de la corrida del 7
de febrero de 1909
La temporada 1908 – 1909 en el Toreo de la Condesa se sostuvo en toreros como Rafael El Gallo, Manuel Mejías Bienvenida, Antonio Boto Regaterín, el señor Curro Martín Vázquez y Morenito de Algeciras entre los hispanos más destacados y por primera vez en la historia de esa plaza – breve, apenas tenía dos años en funcionamiento – ofrecía en su elenco a dos toreros mexicanos que habían confirmado su alternativa en Madrid: Vicente Segura y Rodolfo Gaona, quienes serían un atractivo adicional para los carteles de la empresa que dirigía José del Rivero.

Aparte, en esa misma temporada se escribirían varios hitos de la historia de ese coso, pues el 24 de enero de 1909 se dio el primer mano a mano en el que los diestros eran mexicanos y días después, el 14 de febrero, se concedería la primera alternativa en su ruedo, la que Rafael Gómez, entonces Gallito, le concedió a su hermano Fernando – el destinatario del pasodoble Gallito – al cederle los trastos para dar muerte al toro Inglés de Piedras Negras, en presencia de Rodolfo Gaona.

La corrida del 7 de febrero se anunció a partir de un encierro compuesto por toros de Tepeyahualco y  Piedras Negras para El Gallo, Vicente Segura y Rodolfo Gaona y a más de un siglo de distancia, tiene muchos matices que vale la pena observar. Para el caso, encontré tres crónicas en los diarios de la Ciudad de México. La más prolija y detallada es la que escribió Miguel Necoechea Latiguillo para El Imparcial; luego, con más brevedad, pero con sustancia, están las de Luis G. Malváez Don Prudencio, para El País y la de K. CH. T. para La Iberia.

Controversia por el ganado

El primer detalle que abordan las tres crónicas revisadas es el análisis del ganado lidiado. La opinión de Don Prudencio es así:
…bueno será que la autoridad competente ponga el remedio, así como que exija al señor Veterinario e Inspector de Diversiones cumplan con su obligación, pues domingo a domingo se sueltan algunos chotos, con lo que se engaña al público, puesto que los carteles rezan que se lidiarán toros, y por consiguiente soltar becerros es engañar al público… Los toros de Tepeyahualco lidiados en tercero y cuarto lugares, aunque no catedrales, sí fueron aceptables en cuanto a presentación y ambos cumplieron sin sobresalir… Los propietarios de Piedras Negras enviaron toros de todas edades, habiendo algunos becerros que ni por asomo llenaban los requisitos que para el ganado exige el mártir reglamento. ¿Qué dice de esto el veterinario?...
Por su parte K.CH.T. deja entrever que no todos los toros tenían las condiciones para ser lidiados en la primera plaza de México y se expresa en este sentido:
Hubo toros muy bravos y muy nobles, con la edad reglamentaria, y dos toreros artistas, que hicieron filigranas con sus capas y en la candente arena del anchuroso circo nos ofrecieron con su valor y con su arte, todas las bellezas del hermoso y viril espectáculo español… Piedras Negras y Tepeyahualco enviaron toros de empuje, de poder y de extrema bravura; los de aquella ganadería hicieron una pelea franca en todos los tercios y sólo los de Tepeyahualco llegaron un tanto inciertos a rendir el pellejo…
Latiguillo por su parte, elogia la presencia de los toros, la que considera inmaculada, dejando su testimonio en estos términos:
El ganadero, o por mejor decir, los ganaderos, pues han conquistado ayer una ovación, medio ruidosa y envidiable, con que las multitudes han premiado ampliamente sus afanes por hacerse criadores de verdaderos toros de lidia… Pelo liso y brillante, astas finísimas y bien colocadas, pezuñas pequeñas y redondas, la cola barriendo la arena, y en cuanto a la edad, paréceme que cada uno traía como pasaporte su fe de bautismo, expedida hace cinco años allá en la dehesa, donde el aire reverbera entre los altos pastos…
Como podemos ver, hay extremos en los relatos, desde el que habla de chotos indignos, hasta el que asegura que el ganado lidiado era cinqueño. A la vuelta de tantos años, es difícil constatar quien era el que expresaba la verdad ocurrida. El cronista de mayor trascendencia histórica de los tres que me sirven de fuente, es sin duda Latiguillo, pero he de decir que su visión optimista del festejo que da pie a que yo meta los míos ahora, me produce alguna desconfianza. No obstante, no hay más cera que la que arde y con estos mimbres habrá que sacar esto adelante.

A propósito de las crónicas revisadas, diré que me llama la atención que todas comienzan por analizar al ganado lidiado en cuanto a su presencia y juego y enseguida pasan a dejarnos saber la manera en la que se condujeron los varilargueros y dejan para el final la narración de los hechos de los matadores. Quién te ha visto y quién te ve…, hoy se deja para un apartado final – la ficha – algún breve juicio sobre el toro, con mucho énfasis en el peso que dio al llegar a la plaza. Sin duda, la narrativa de la fiesta sale perdiendo con esa nefasta costumbre.

También controversia por la actuación de Vicente Segura

Tanto Don Prudencio, como K. CH. T. coinciden en que la actuación del torero de Pachuca fue desastrosa. En una de las cabezas de su crónica, el primero de los nombrados dice: Segura a la altura del barro…; el segundo resume la actuación del pachuqueño así:
El diestro de Pachuca tuvo una mala tarde. Poco lucido estuvo con el capote y el gesto siniestro de la jindama se dibujó en su rostro al muletear a su segundo toro, en el que había tela para dibujar, pintar, calar, etc., pero el millonario equivocó la faena y dejó dormida la muleta, entre tanto, las «nanas» «Pulga» y «Pepín», descompusieron al torito que murió en manos de Vicente de una estocada baja. ¿Con las banderillas? Si el capote y la muleta no lucen manejadas por el pachuqueño, mucho menos lucen los garapullos. Puso un par medianejo, entrando y saliendo regular. En su abono: toreó con dos primeras figuras del toreo, sin llegar él todavía ni a la mitad del camino. Apláudale el público su afán de alternar con buenos toreros…
En cambio, Latiguillo se deshace en elogios para quien sería después General del Ejército Mexicano y afirma:
Vicente Segura adelanta, adelanta a ojos vistos. Su toreo se hace más afiligranado, su conocimiento de las condiciones de los toros es más perfecto, y su manera de arrancarse a matar se hace más verdad cada día, y eso que tirios y troyanos le han reconocido a este diestro una decisión admirable para meterse entre los pitones, buscando el morrillo con el estoque… En quites estuvo, como siempre, muy oportuno, y los remató con holgura y elegancia. La buena voluntad del diestro pachuqueño ha quedado ayer demostrada de una manera patente cuando cogió banderillas. Hasta la fecha, Segura no había banderilleado toros, y ayer, cuando el público se lo pidió, el espada, sin andarse con repulgos, cogió los palos y demostró habilidad…
Vicente Segura es reconocido históricamente como uno de los grandes estoqueadores que México ha dado a la Fiesta, pero su habilidad con los aceros fue cuestionada así por Don Prudencio:
Una vez más el millonario toreador, nos demostró que se ha equivocado redondamente al elegir como profesión el toreo, el cual, por lo visto, no le entra en la cabeza, y que lo de seguro estoqueador, ha sido sólo un mito, una fábula que él con demasiada candidez se ha creído. ¿Estoqueador seguro? Puede ser, pues en la corrida de autos aseguró a sus enemigos sin fastidiarnos, sí señor. ¡Pero cómo los aseguró! Yéndose descaradamente a los bajos y no de otra manera, perfilándose fuera del pitón derecho y abandonando el planeta aún antes de tocar con la espada la piel de los toretes que le cupieron en suerte. ¡Excelente matador!...
Al final y con el balance de la historia, no me queda más que creer que en extremo, esta tarde fue una de las malas para Vicente Segura, quien en ruedos españoles y mexicanos dejó leyenda de torero valiente y de un extraordinario estoqueador.

Los hitos de Gaona

Apenas ocho meses antes, Rodolfo Gaona había confirmado su alternativa en Madrid. Sus habilidades eran ya conocidas aquí por su paso y desarrollo como torero en la Cuadrilla Juvenil Mexicana que formara Saturnino Frutos Ojitos, llevando como espada principal al de León de los Aldamas. Esos antecedentes le aligeraron las cargas que toda presentación genera a un torero. 

En esta tarde cortaría, según la relación de Latiguillo, una oreja al primero de su lote. De su crónica extraigo lo que sigue:
Gaona se ha revelado ayer, y parodiando una «becqueriana» del Bajío diré: «Ayer lo vide entre los toros…». No cabe duda que hay toro y torero de verdad y para rato. Bullicioso, animado, ganoso de palmas y ansioso de pelea, el diestro leonés toreó a su primero con tres verónicas petronianas, un farol y tres de frente por detrás, engendradas y rematadas con muchísima guapeza. De éstas sólo él sabe el secreto. El público, que está pendiente de lo que hace este muchacho, le aplaude con ruidosas ovaciones al rematar cada uno de sus lances, y al final le tocan música, muy merecidamente… El leonés se aprovecha perfectamente de las condiciones del toro y hace una faena de las que ponen de pie. Sus pases ayudados no tienen desperdicio y son magistrales, por lo tranquilos y ceñidos, sus pases de pecho. Realmente mientras Gaona trastea a su adversario, puede apreciarse toda la elegancia innata que imprime a todas las suertes que ejecuta y que viene a ser el sello de personalidad, con que visa cada uno de sus arrestos… Cuadrado el toro, y en la suerte natural, entra Gaona sin vacilaciones, por derecho, vaciando divinamente y colocando el estoque hasta lo rojo en la mitad del morrillo. Una estocada con todas estas condiciones, tiene que ser de rápido efecto, y así sucede, doblando el toro momentos después de herido y cobrando Rodolfo una gran ovación mientras da la vuelta al ruedo… De la ovación que se le tributó al torero mexicano, se puede juzgar, con decir que se le cortó la oreja al bicho y se le concedió al leonés como el galardón supremo y merecidísimo…
¿La presentación en sociedad de la gaonera?

De lo transcrito deseo hacer notar una parte, la que dice: …el diestro leonés toreó a su primero con tres verónicas petronianas, un farol y tres de frente por detrás, engendradas y rematadas con muchísima guapeza…

Generalmente se admite como fecha de estreno de la gaonera por su autor en El Toreo, la del 23 de enero de 1910, festejo en el que ante toros del Marqués del Saltillo actuaron mano a mano Tomás Alarcón Mazzantinito y Rodolfo Gaona. Se afirma que como matador de toros, El Califa la realizó por primera vez allí ante el toro Pinalito, cuarto de la tarde. Así lo sostiene Horacio Reiba Alcalino y afirma la existencia de alguna noticia de que la ejecutó como novillero en Monterrey, en 1906. Por su parte, don Luis Ruiz Quiroz señala que también como novillero integrante de la Cuadrilla Juvenil, la había realizado ya en el coso de La Condesa el 10 de septiembre de 1907, cuando para lidiar novillos de Atenco y Piedras Negras, fue acartelado con Antonio Ortega.

La realidad es que Latiguillo advierte que ejecutó en este día el lance de frente por detrás, nombre histórico de la suerte, igual como lo hizo en su día Dulzuras, al narrar la corrida del 28 de marzo de 1910, en la plaza de la Carretera de Aragón para el ABC madrileño, cuando ejecutó la suerte ante el toro Sardinito tercero de los de Benjumea jugados esa tarde, en la que alternó con Vicente Pastor y Gallito.

Ya sabemos que la definitiva denominación de la suerte la estableció Don Pío, quien independientemente del antecedente histórico de la suerte, consideró que por la manera tan personal en la que Gaona la ejecutó, debía llamarse gaonera y así es como ha llegado hasta nuestros días.

El Gallo

Donde las crónicas coinciden, es en que la actuación del entonces Gallito fue redonda. Sobre ella afirma K. CH. T.:
Actuaron «Gallito», Segura y Gaona. El primero llegó al ruedo ganoso de aplausos y con sus vistosos lances supo arrancarlos en buena ley; con la muleta trasteó con inteligencia y pupila, y las faenas de sus tres toros fueron muy aplaudidas. En quites entró con oportunidad y se mostró muy buen compañero. Al entrar por uvas no se desvió de la recta y estuvo certero con el estoque…
Toritos de regalo

La función que me ocupa fue extensa, pues en ella se lidiaron nueve toros, los seis de lidia ordinaria y otros tres de regalo. A los cronistas invocados eso les produjo también sentimientos encontrados. En El Imparcial, Latiguillo alaba lo que considera la generosidad de la empresa y los toreros:
Y como apenas ha pasado una hora y cuarto de que empezó la corrida, al momento en que es arrastrado el sexto toro, y como la empresa de «El Toreo» es empresa que no se para en gollerías del toro más o menos para dar gusto al público, hete aquí que el público pide un toro más, que la empresa lo regala de buen grado… [Vicente Segura…] A su vez, hace gala de desprendimiento y de deseos, y regala un toro que ocupa el octavo lugar… En su último toro, que fue el «criminal» aquél de la fea lidia y peores instintos, Rodolfo trasteó con precauciones…
Por su parte, Don Prudencio en El País señala.
Por condescendencia del señor concejal que presidió ayer la corrida, se lidiaron nueve toros, o sean tres más de los anunciados, con lo cual se infringe el Reglamento en vigor, que claramente dice que no podrán lidiarse más toros que los anunciados, y sobre este particular bueno será que la autoridad competente ponga el remedio…

La gaonera, por Rodolfo Gaona
Ya podemos ver que la manía de regalar toros no es enfermedad de estos tiempos, sino que ya hace más de un siglo que se convirtió en inveterata consuetudo… ¿Será por eso que los tres cronistas consultados concluyen en que el festejo – 18ª del ciclo – fue el mejor de esa temporada a esa fecha?

Así vemos que cada cartel, aparte de anunciarnos o recordarnos la celebración de un festejo, nos puede revelar también la manera en la que la Fiesta era vivida en esos días. Lo que intenté contarles aquí, es la historia detrás del cartel y del estado de las cosas de los toros en esos días. Espero que pese a su extensión, la encuentren de interés.

Nota primera: Si alguien desea obtener la transcripción íntegra de las crónicas invocadas aquí, puede solicitármelas mediante algún comentario aquí mismo, o por correo electrónico.

Nota segunda: El resaltado en la crónica de Latiguillo no existe en su versión original, es imputable exclusivamente a este amanuense.

domingo, 6 de mayo de 2012

Tal día como hoy. 1973: Rafaelillo y Miraflores de Rancho Seco


La Feria de San Marcos de 1973 tuvo una inusual y no vuelta a repetir presencia del campo bravo de Tlaxcala. El 25 de abril se lidió un encierro de Piedras Negras; el 1º de mayo uno de Coaxamalucan y el día 6 de mayo, fecha que en este momento nos ocupa uno de Rancho Seco. Y si he de ser exhaustivo, tanto la corrida que abrió el serial, como la extraordinaria del 5 de mayo, fueron de la ganadería del Ingeniero Mariano Ramírez, que en esos días era pura de ese origen, pues se fundó en 1956 con la mitad de la original vacada de Zotoluca, la que hogaño lleva el hierro que originalmente fuera de la fundacional de Tepeyahualco.

Esa corrida del cierre de la Feria, se conformó con la actuación del Centauro Potosino Gastón Santos, el colombiano Pepe Cáceres, Raúl Contreras Finito y el tijuanense Rafael Gil Rafaelillo, quienes enfrentarían ese bien presentado encierro que trajo a nuestra feria don Carlos Hernández Amozurrutia desde Tlaxco, Tlaxcala.

El sorteo del encierro fue accidentado, pues un toro, el número 73, que al salir al ruedo sería llamado Miraflores y saldría en séptimo lugar, presentaba en una anca una lesión, que para el ganadero y los apoderados era un mero puntazo y para don Jesús Gómez Medina, que ocupaba el palco de la Autoridad, podía ser una cornada. Tras de un largo rato de discusión y de observación del toro, que no tenía signos de cojera y tampoco presentaba síntomas de fiebre o de otros daños derivados de una lesión profunda, compatible con una cornada, por lo que el toro fue aceptado condicionado a que de mostrar signos de claudicación en el ruedo o de ser protestado por el público, sería devuelto a los corrales sin miramientos. Afortunadamente eso no sucedió y pudimos ver al toro de la Feria, y de muchas más.

La gran faena de Rafaelillo

Paso sin más a la relación de don Jesús Gómez Medina sobre esta gran tarde:

Rafaelillo y Rancho Seco dieron broche triunfal a la Feria. A la memoria de don Enrique Bohórquez, cronista ejemplar, que supo expresar como pocos “el sentimiento del toreo”; a Eduardo Solórzano y Rafael Rodríguez que, aunque alejados de los ruedos, sienten aún la fiesta a pleno corazón; a Juan Luis y Pepe Pérez Jaén, en cuya afición pervive la savia torera del inolvidable don José Pérez Gómez “Nili”... Fue a la hora del crepúsculo, durante esos minutos propicios al ensueño, ricos en presagios, en los que las sombras nocturnas se esparcen lenta e insensiblemente, prestas a ganar la diaria contienda a los esplendores solares. Durante ese breve lapso crepuscular que oscila entre la luz y las tinieblas y que constituyó, dicen, el marco de las grandes proezas belmontinas... Fue entonces que salió el séptimo de Rancho Seco, sexto de la lidia ordinaria. Se llamó “Miraflores”, tenía el número 73 y era negro, de cabeza acarnerada, tirando a veleto y con cuatro años largos en la boca. Nada más ni nada menos que un toro... “Rafaelillo” – desde ayer, tras la faena a "Miraflores" y mientras prosiga por el mismo camino, don Rafael Gil, torero artista si los hay –, se dio a torear al de Rancho Seco en una serie de lances a pies juntos, en una forma si no del todo clásica, de todas maneras espectacular y brillante, a lo que contribuía la brava acometida de “Miraflores”. Remató con pinturería, y oyó una ovación, la primera de las que luego brotarían en incontable sucesión... “Miraflores”, tras el fuerte puyazo y el trajín de las banderillas, había llegado al final con su bravura intacta, atemperada por el castigo recibido; dócil, nobilísimo, embistiendo con el hocico al ras del suelo; con una alegría, con un estilo, con un “son” extraordinarios... Erguido, sonriente, el chiquillo desafiaba al de Rancho Seco, llevando la faena en la diestra; acometía aquél sobre el señuelo que a su bravura se ofrecía, y brotaba, así, el derechazo lento, pausado, solemne. Cada pase superaba en calidad y en intensidad emotiva al precedente; y el ¡olé! que provocaba subía de diapasón a medida que la serie íbase redondeando... ¡El torero, ebrio de emoción artística, impelido por el fuego creador que crepitaba en su pecho, volcaba sobre la arena todo el profundo sentimiento – ¡“el sentimiento del toreo”! – que albergaba su corazón de artista ansioso de encontrar la fórmula de expresión para su mensaje! Y de los tendidos brotaba de inmediato la réplica, el eco más contundente y halagador para quienes usan coleta: ¡torero!... ¡torero!... clamaban a coro los espectadores, saboreando, ellos también y viviendo con toda la intensidad de que es capaz un aficionado, la gesta que en el ruedo se realizaba... En las alturas, las sombras eran cada vez más densas; pero en la arena había un incendio de arte que bañaba en luz y fuego a “Rafaelillo” y a “Miraflores”... Las series de toreo en redondo, con la derecha se sucedían; la emoción crecía de punto y el ritmo de triunfo aumentaba en la misma proporción en que cada muletazo resultaba más pulido, más templado, de mayor longitud. En algunos de estos, “Rafaelillo” toreó sin ver al burel; ¡tal era su nobleza!, ¡admirable toro de Rancho Seco, embistiendo con idéntica alegría, con la misma claridad, con tan depurado estilo como si en él confluyese toda la sangre bravía de muchas generaciones de bureles próceres!... Tan solo un bache registró la gran faena: fue cuando “Rafaelillo” confundió su condición de torero – artista con la de director de la banda; le perdió la cara al toro, acometió éste y le propinó la voltereta y el susto consiguiente. Mas, en cuento Rafael tornó a ponerse en torero – torero, dejándose de recursos que suelen emplear los mediocres, incapaces de provocar en otra forma la emoción popular, resurgió el bien torear; renació la emoción derivada de la evidencia del arte; y aquel sentimiento del toreo sustituido pasajeramente por la sensación del susto, readquirió la primacía conferida por la plena entrega del gran artista del toreo que es – que ayer fue cumplida plenamente – Rafael Gil “Rafaelillo”... Una entrega que encontró su expresión más dramática en el momento de la estocada: a toma y daca, yéndose sobre el morrillo con la mayor decisión a cambio de salir volteado de manera tan espectacular y peligrosa que provocó hasta la intervención de algunos – como Rafael Rodríguez y Pepe Pérez Jaén – que, como tantos más, desde el callejón presenciaban entusiasmados y extáticos la imprevista proeza. Rafael Gil puso remate a aquella. Y, aunque salió trompicado, al tornar al ruedo, vivió su momento de apoteosis, en unión del ganadero, don Carlos Hernández; las dos orejas y el rabo del admirable “Miraflores”; las vueltas al ruedo entre aclamaciones y a hombros de los capitalistas; las ovaciones, la música; en suma, el fervor popular volcado a sus pies de joven y brillante triunfador... Y para “Miraflores”, el toro que con su bravura y nobilísima condición revivió viejos lauros de su divisa, los honores del arrastre lento en torno a la barrera...”

Rafael Gil Rafaelillo
La corrida se había desarrollado en un ambiente que medió entre el sopor y la tragedia. Del resto de la corrida unos batallaron para mantenerse en pie y otros fueron la antítesis de Miraflores, pero el primero de la lidia ordinaria fue el que condicionó en gran medida lo que habría de venir. Manolo Pérez, banderillero y compatriota de Pepe Cáceres sufrió una grave cornada al ser prendido y prensado contra el burladero que está exactamente en el tendido de sol, en el otro extremo de la puerta de cuadrillas. Desde ese momento la pesadumbre se apoderó de los presentes y de quienes estaban en el ruedo y ya poco se esperaba del festejo.

Pepe Cáceres y Finito no volvieron a actuar en una de nuestras ferias, así como tampoco hemos vuelto a ver un encierro de Rancho Seco en nuestras plazas. Y en cuanto a la faena de Rafaelillo, si algún día se hiciera un recuento de las grandes faenas ocurridas en el ruedo de la Plaza de Toros San Marcos, esta es una de las que se deben tomar en cuenta.

El festejo de hoy, 11ª corrida de feria: 6 de Fernando de la Mora para Eulalio López Zotoluco, José Mari Manzanares y Arturo Macías.

jueves, 14 de enero de 2010

Antonio Montes, a 103 años de su muerte (II/IV)


Matajaca

Cartel anunciador de la corrida del
13 de enero de 1907
Entre los toros de Tepeyahualco desentonaba el marcado con el número 42, nombrado por don José María González Pavón como Matajaca. Verduguillo afirma que era hijo de un toro de Miura y de una vaca de San Cristóbal la Trampa (cruza de criollo y español); por su parte, Roque Solares Tacubac afirma que era hijo también de un toro de Miura, pero de una vaca española, quizás de Arribas, en tanto que el anónimo informante de Eduardo Muñoz N.N. en El Imparcial de Madrid (seguramente Carlos Quirós Monosabio), afirma que era una cruza de Miura y Veragua.

El toro, desde que llegó a la plaza llamó la atención por su catadura y por la leyenda de la que venía precedido, pues se señalaba que era de la misma procedencia de otro que había causado la muerte en Puebla a Juan Romero Saleri y que el mismo Matajaca, en la ganadería, había matado al caballo de un vaquero y que por ello se le había llamado así.

Independientemente de esos relatos, el toro número 42 causó una impresión negativa entre los toreros que actuarían el 13 de enero. Verduguillo lo cuenta de esta manera:

…no sólo los aficionados hablaban del ya famoso Matajaca, también los toreros, hombres que por estar familiarizados con el peligro tienen frecuentes presentimientos. Picadores y banderilleros de las cuadrillas de Fuentes, de Montes, de Bombita, después de almorzar se dirigían a la plaza y se quedaban horas y horas contemplando aquel animal, como con ganas de envenenarlo. Y la pregunta que se hacían a sí mismos, en silencio, no podía ser otra que la de; ¿a quién le tocará?

Los matadores naturalmente, ya sabían también de la presencia del repugnante bicho en la plaza. Fuentes pensaría: si me toca, me lo quito de delante de cualquier manera. Bombita diría para sus adentros: más feos que ese me han salido por ahí y me los he despachado. El verdaderamente preocupado era Montes, porque su vergüenza torera y el cariño que le tenía el público de México, no le dejarían salir del paso de cualquier manera; habría que exponer con ese lo mismo que con los demás…

Por su parte, el Dr. Carlos Cuesta Baquero, que a la postre resultará un personaje axial en esta historia, reseña al toro de la siguiente forma:

…Entre los toros mexicanos, destacábase por lo cornalón y poderoso, y a la vez por lo socarrón, uno llamado Matajaca. Era de pinta cárdeno entrepelado – con exactitud cárdeno obscuro –, porque dominaba el color negro.

Aquel burel tenía el tipo característico miureño, por la longitud del pescuezo y por lo alto de agujas, por lo zancudo. Ostentaba las características que califican al toro como “de mala construcción”, riesgosa por la facilidad para alargar la gaita y también por la dificultad para dominarles el morrillo para verles los rubios al banderillear o estoquear. Era uno de esos toros nada deseables, que son rehusados.

Montes tenia costumbre de ir a la plaza de toros la víspera de la corrida. Acudía con la finalidad de ver el encierro y formar juicio respecto a la lámina y condiciones de corpulencia que presentaban los bureles. En esta vez quedó desagradado respecto al toro nombrado "Matajaca", de ese que acabo de reseñar…


Es decir, era un toro antipático para los toreros y transcurridos los hechos, resultaría que tuvieron razón en su disgusto por él.

La fiesta se torna en tragedia

Antonio Montes
A las tres y media de la tarde se abrió la puerta de cuadrillas. La llegada de Antonio Montes a la plaza había sido accidentada, pues en el camino a ella desde su hotel, se encontró con un hecho desagradable. El Inspector General de Policía, el General Carbadilla, había perdido la vida en la Calzada de la Piedad tras de impactarse el vehículo en el que viajaba. Eso detuvo el tráfico y retrasó el traslado de la jardinera que llevaba al trianero y su cuadrilla.



Si a ese infausto acontecimiento le sumamos la incomodidad que llevaba ya Antonio por el hecho de que en el sorteo celebrado por la mañana, le había correspondido el lote que llevaba el toro número 42 de Tepeyahualco, el estado de ánimo de Montes, no era precisamente el mejor. Se refiere tanto por Verduguillo, como por Roque Solares Tacubac que los fotógrafos pasaron dificultades para captar algunas gráficas de la terna en el patio de cuadrillas previo al paseíllo.

Antonio Fuentes vistió esa tarde de verde nilo y oro; Bombita, de solferino y oro y Antonio Montes estrenaba un terno azul turquesa y oro. Con el que abrió plaza, Fuentes lució grandemente con el primero de los del Marqués del Saltillo lidiados esa tarde, lucimiento que aumentó el deseo de Montes de salir airoso del compromiso, cuya cuadrilla había decidido echar por delante al toro mexicano, reservando al español, más recogido y de mejor tipo, para jugarse en quinto lugar.

Matajaca tardó en salir al ruedo y cuando lo hizo, levantó en la concurrencia una exclamación que medió entre el pavor y el asombro según las crónicas. Tal fue el contraste que marcó con el primero de la tarde, un toro cortejano, fino, bien cortado, en suma un dije.

Montes le veroniqueó a su manera, manteniendo los pies muy quietos, jugando solamente los brazos, acompañando con la cintura y ligando los lances en un corto espacio de terreno. Al intentar el quinto lance, Matajaca lo prendió por una corva y lo lanzó por los aires, y una vez en el suelo, intentó volver a hacerle daño, pero Calderón estuvo oportuno al quite. Fue a las tablas y allí tanto Blanquito como Calderón le aconsejaron ir a la enfermería, él en cambio, pidió un pañuelo, se amarró con él la destrozada taleguilla y volvió al toro.

Mazzantini y Salzoso por su parte, pasaron penas para picotear a Matajaca, que aún a la defensiva, mató dos caballos, pero acabó apencado en tablas. Blanquito y Calderón también batallaron para parearlo, pues se defendía en su querencia y cuando pasó la lidia al último tercio, las crónicas refieren lo siguiente:

Manuel E. de Icaza P. Pito, corresponsal del semanario La Fiesta Nacional, de Barcelona, en su número del 20 de febrero de 1907 señala:

…Viendo Fuentes y Blanquito que el toro pisaba el terreno al diestro quisieron ayudarle, pero Montes los volvió á retirar con insistencia, quedando otra vez solo y da dos altos, tres de pitón á pitón y uno de latiguillo y de cerca y recto se tira con un gran volapié hasta la bola, pero sin marcar salida por lo que el toro lo y lo levanta dos veces cogiéndole por el vientre y por la nalga derecha. Quiso, sin embargo, ver el efecto de su espléndida faena pero no pudo tenerse en pie y fue metido en brazos de tres banderilleros á la enfermería y al momento de salir del redondel, caía el toro asesino rodando y sin necesidad de puntilla. La consternación del público fue grande y se oyó una exclamación de dolor unánime; todos los espectadores se pusieron de pie y se hacían dolorosos comentarios. ¡Pobre Antonio!...

Antonio Montes estoqueando
a Matajaca

Rafael Solana Verduguillo, por su parte, refiere:

…La faena fue de espanto; en cada muletazo aquellos largos y afilados puñales pasaban a un milímetro de la cara, del pecho, de la barriga del lidiador. Fuentes, Bombita y los demás toreros permanecían cerca por si algo se ofrecía: Matajaca se vencía por el lado derecho, una barbaridad. Y de pronto Matajaca juntó las manos frente a la división de sol y sombra, estaba el toro en los terrenos de adentro. Se produjo en la plaza un silencio imponente, podía oírse el zumbido de un mosquito. Mucho se ha dicho que Fuentes en voz alta, aconsejó a su compañero que arrancara de prisa. "Entra con pataj Antonio", pero hablando yo con Fuentes años después, no logré confirmar tal versión. Lo probable es que Fuentes no haya dicho nada, sabedor de que Montes no le escucharía si acaso hubiera podido oírle. El caso fue que Montes se perfiló un poco largo en el centro, entró muy despacio y derecho y hundió toda la espada en el hoyo de las agujas…

La versión del anónimo informante del cronista de El Imparcial de Madrid, Eduardo Muñoz N.N., publicada el 3 de febrero de 1907, es la siguiente:

…Pasó al toro con valentía, y cuando logró igualarle, aculado á los tableros, Montes no vaciló en prepararse á entrarle á matar, á pesar de tener muy poca salida. ‘¡Éntrale con patas!’, le gritaban sus compañeros; pero Montes, desoyendo estos consejos, entró en corto, por derecho y en viaje natural, dando una gran estocada. El toro, con su resabio, le ganó el poquísimo terreno que tenía el matador; le empaló; volteándole, y le recogió en el aire por la parte posterior y superior del muslo derecho, encarnándolo por el doblez de la nalga y la pierna. Entonces – dice Bombita – observé una cosa en el toro que jamás he visto. Al sentir el daño de la estocada y el peso del infortunado torero en la cabeza, el toro siguió su viaje, apretando, empujando el cuerno en el cuerpo de su víctima, dando lugar á que todo el mundo apreciara cómo se iba introduciendo el asta. Generalmente, los toros tiran el derrote, y la mayor ó menor profundidad de las heridas obedecen á mil circunstancias; pero ninguna de ellas es la de 'empujar' para profundizar, 'como si fuera de intento' el daño. Ya en el suelo el pobre Montes, buscaba el toro con avidez á su víctima, sin reparar en los capotes de los matadores, hasta que pudo Bombita lograr distraerle un momento con el suyo, momento que se aprovechó para retirar al herido, que llegaba á las puertas de la enfermería en brazos de sus banderilleros y asistencias de la plaza en medio de estruendosa ovación, al tiempo que el bicho doblaba á consecuencia de la estocada…

Por su parte, Julio Bonilla Recortes, corresponsal en México del semanario madrileño El Toreo, describe así lo sucedido en el número aparecido el lunes 18 de febrero de 1907:

…El toro estaba muy resabiado cuando Montes, después de brindar, llegó á su terreno y tendió la muleta. Observando el ir y venir del matador, y alargando el pescuezo que era un prodigio, el de Tepeyahualco pareció esperar ocasión propicia para hacerse con el diestro que, jugándoselo todo, se estrechaba con él, y toreaba confiadamente como si tuviera delante uno de los más manejables veragüeños. Su faena consistió en un pase ayudado, seis por alto, tres con la derecha, y estando el toro en tablas, más avisado que un alguacil, Montes se perfiló sobre corto, tanto, que siguiendo un natural impulso nos pusimos en pie desconfiando de que la cosa saliera á satisfacción, teniendo en cuenta las pésimas condiciones del bicho. Montes no vaciló, y sin despegarse del sitio en que había fijado los pies más que para engendrar el viaje, entró superiormente al volapié, atizando una estocada buena de veras, pero saliendo atropellado y derribado. El toro entonces hizo por él, enganchándole por el lado derecho yproduciéndole la horrible y funesta cornada que todos lamentamos, y que nadie, por pronto y decidido que estuviera, habría podido evitar.

Verduguillo y el informante anónimo de N.N., que insisto en que es Monosabio, por las razones que más adelante expresaré, señalan que Fuentes, colocado detrás de Antonio Montes al momento de tirarse a matar, le gritó ¡entra con patas Antonio!, pero el mismo Rafael Solana hace notar que dado el defecto auditivo del trianero, el recelo que guardaba hacia sus alternantes y la algarabía que había en la plaza, difícilmente le hubieran permitido escuchar la recomendación y agrega comentando una entrevista que hizo al diestro de La Coronela 15 años después, cuando volvió a México a despedirse de la afición mexicana y a reunir unos cuartos para remediar su difícil situación económica, que Fuentes le dijo lo siguiente:

…Larga y amena fue la charla, acaparada la conversación casi todo el tiempo por el maestro. Llegó el momento en que don Antonio tocó el punto de la corrida del trece de enero de 1907, en la que fue mortalmente herido Antonio Montes. Yo aproveché la oportunidad para aclarar un detalle de esa corrida, falseado por gran número de aficionados que la presenciaron. Ya en capítulo lejano, cuando hablé de la muerte del valeroso trianero, me referí a la versión que entonces se hizo circular en el sentido de que cuando Matajaca juntó las manos y Montes se perfiló para entrar a matar, le había aconsejado Fuentes: "Aligera. Antonio". Otros oyeron muy claramente que Fuentes dijo. "Entra con pataj". Y no faltó por entonces quien asegurara que Fuentes había gritado: ¡"Rápido, que te coge"!

Como se ve, no se ponían de acuerdo en la forma, aunque sí en el fondo, los que aseguraban haber asistido a la cogida de Montes desde unos cuantos metros de distancia, pues todos ellos ocupaban barrera de primera fila de sol, precisamente al lado de los chiqueros, que fue donde se desarrolló la tragedia.

Al preguntar yo a Fuentes qué era lo que había dicho, me contestó el maestro:

- Yo presentí la cogida; me puse lo más cerca posible para intervenir en el momento preciso... pero no dije ni una palabra. Bombita tampoco dijo nada. Quizás alguno del público hizo la recomendación que se me atribuye.

Con esta declaración terminante echó por tierra don Antonio Fuentes los infundios propalados a raíz del trágico suceso…

Reconstrucción de la cornada a Antonio Montes

Entonces, no hubo tal recomendación o consejo y Antonio Montes trató de despenar a Matajaca de la manera en la que su oficio se lo aconsejó, siendo parte de las leyendas que surgen en torno a esta clase de sucesos, todas las versiones que sobre ese diálogo se han tejido.

domingo, 21 de diciembre de 2008

21/XII/1908. Llega a Piedras Negras la simiente de Salitllo

Hoy 21 de diciembre se cumple un siglo de que la sangre saltilla se estableciera definitivamente en el campo bravo tlaxcalteca. Si bien desde 1874 los señores González Muñoz y González Pavón se decidieron por la crianza del ganado de lidia, la base genética de la que partieron fue influenciada primeramente por la existencia nacional y así lo demuestra el comienzo con el ganado de Atenco, adquirido a los señores Barbabosa y los posteriores agregados que hicieron de toros padres de Miura, Murube y Pablo Benjumea, siendo predominantes las dos líneas genéticas mencionadas primero, pues entre 1896 y 1906 se agregan 6 toros de procedencia Murube y 3 de Eduardo Ybarra y 6 de Miura.

Aparte de esa simiente predominante, los primos González Muñoz y González Pavón trajeron para sus ganaderías de Tepeyahualco, Piedras Negras y Coaxamaluca, una par de sementales de procedencia lesaqueña, uno de Saltillo y el otro de Pérez de la Concha y que una vez analizado el producto de la cruza con los ganados que ya tenían una bien lograda fama en el ambiente taurino mexicano, quizás comenzó a sembrar en los señores de Piedras Negras y Tepeyahualco la idea de enfocar genéticamente su ganadería hacia lo del Marqués del Saltillo. Considero importante resaltar que este hecho que ocurrió en 1889.

En 1904, José María González Pavón, por conducto del diestro Francisco Bonal Bonarillo y Alberto Parrés, inicia los tratos para traer a México vacas y toros del Marqués del Saltillo, pero ya no vería la llegada de esa simiente que sería el punto de inflexión en la historia de esta casa ganadera, pues es este el año de su fallecimiento.

Sus herederos continuarían con la ganadería hasta 1907 e incluso recibirían las 12 vacas y 4 toros de Saltillo, pero la muerte de Antonio Montes causada por Matajacas, en la antigua Plaza México de la Calzada de la Piedad, el 13 de enero de 1907, les hizo vender la ganadería, víctimas del descrédito social que tal hecho les causó. El nuevo adquirente fue don Manuel Fernández del Castillo y Mier, que pronto la trasladó a la Hacienda de la Concepción en el Estado de México.

Poco duraría en la propiedad de Fernández la vacada, pues en el año de 1908, apremiado por las deudas que le causó su participación en la construcción de la plaza de toros El Toreo se vio en la necesidad de venderla, adquiriéndola los hermanos Carlos, Lubín y Romárico González Muñoz y su cuñado Aurelio Carvajal. Entre el ganado readquirido, venían las diez vacas y los cuatro toros de Saltillo, que se agregarían a los hierros familiares de Piedras Negras, Coaxamaluca, La Laguna y a Zotoluca, que ocuparía el lugar de Tepeyahualco y usaría como hasta la fecha, su hierro.

La historia ganadera de la familia González giró ciento ochenta grados con la recompra de Tepeyahualco, pues es a partir de allí que se define una línea genética en la crianza del ganado de lidia que mantendrá el renombre de la familia en el ámbito ganadero nacional y además, adaptará al toro de Tlaxcala a los cambios que la lidia iba presentando en el devenir de los tiempos.

El centro de gravedad de las cuatro ganaderías sería la finca madre, Piedras Negras, que proveería a las demás de la simiente necesaria para mantener las cotas de calidad necesarias para representar un símbolo de garantía en todas las plazas mexicanas, pero la sangre pura estaría allí, como una fuente de reserva, accesible a todos los hierros familiares.

Lo que llegó de Saltillo

El ganado llegado en 1907 para Tepeyahualco y que resulta ser la base de la actual Piedras Negras fueron cuatro toros de nombres Tinajito número 58, negro entrepelado bragado; Tabaquero número 61, negro lucero; Barrileto, que fue lidiado en El Toreo de la Condesa el mismo año de su llegada y Lucerito, que no aparece en los libros de la ganadería.

Las vacas fueron: Garbosa número 423, cárdena clara; Campanera número 523, cárdena oscura bragada; Conductora número 544, negra entrepelada bragada; Cantarera número 548, chorreada bragada; Carriona número 554, negra entrepelada bragada; Recobera número 564, chorreada bragada; Andaluza número 566, cárdena clara; Fantasía número 583, cárdena clara; Murciana número 586, chorreada bragada y Trianera número 587, cárdena caribella.

Aquí resulta interesante destacar una cuestión, la Recobera número 564, la Andaluza número 566, y la Trianera número 587 son tres nombres que también venían dentro del ganado que importaron don Antonio y don Julián Llaguno para San Mateo, dos con las vacas y uno con un toro semental (el Trianero) que tiene una función aún no esclarecida en la historia de la ganadería zacatecana. La diferencia se dará, en el antecedente de mezcla para extender esa base hispana y en la cantidad de sementales españoles, que en el caso de los González ya vimos que fueron dos, más el Fantasío, engendrado en España, pero nacido en México de la vaca Fantasía y que es, al final de cuentas, el definidor de la ganadería.

Así pues, este 21 de diciembre se cumple un siglo de la llegada de la base saltilla definitiva de la ganadería de lidia en Tlaxcala, que es una de las cuatro columnas fundamentales de la cabaña brava mexicana y que hoy, tras de una gran problemática causada por el manejo de las cosas del campo y de la tenencia de la tierra en estos pagos, parece que vuelve por sus fueros, recuperando el sitio de privilegio que por su origen le corresponde.



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