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miércoles, 1 de mayo de 2013

Tal día como hoy. 1964: Destacan Juan Silveti y Humberto Moro


Los toreros de la Edad de Plata mexicana seguían siendo la base de las ferias importantes del país, aunque dentro de las filas de los novilleros ya aparecían algunos nombres que pronto pasarían al escalafón superior y pronto iniciarían el asalto a la cumbre. Tanto Juan Silveti hijo, como Humberto Moro eran integrantes de esa generación de toreros mexicanos y eran quienes llevaban el peso de la corrida del Día del Trabajo, que se completaba con la presencia del utrerano Juan Gálvez y una corrida de toros de Peñuelas.

El encierro enviado a la Plaza de Toros San Marcos por don Miguel Dosamantes Rul fue uno que se distinguió por su bravura y por su fiereza, destacando el juego que dio en varas. Quizás en estos días sería calificada como una corrida dura que dificultó el triunfo de los toreros. Del juego de los toros, don Jesús Gómez Medina escribió para su tribuna de El Sol del Centro lo que sigue:

Peñuelas envió un bravo y bien presentado encierro, el viernes. Por obra de los astados de Peñuelas volvimos a presenciar la suerte de varas con todo lo que encierra de emoción y dramatismo; de gallardía y de espectacularidad. Por obra de los toros de Peñuelas, los picadores, mal de su grado, visitaron varias veces la inhóspita arena – ¡los primeros tumbos de la Feria! –; y también en dos o tres ocasiones, el poderío de los bureles aunado a su fiereza, lanzó estrepitosamente a jinete y cabalgadura contra los tableros, para reproducir una escena que arrancada, al parecer, de las añejas estampas de Daniel Perea, conserva aún su abigarrado patetismo. Fueron los de Peñuelas en suma, fieramente bravos, con la bravura que emociona y entusiasma; con esa bravura, con esa fiereza que son y serán siempre las cualidades esenciales del toro de lidia...

Destaco aquí el hecho de que el cronista haga especial énfasis en el hecho de que es la bravura del toro la que produce emoción y entusiasmo en los tendidos y agregaría yo, lo que incrementa el valor de lo que los toreros hacen delante de ellos. Aquí don Jesús toca un punto sensible de todo esto, en el sentido de que el toro es la esencia y el eje de la fiesta y que si el toro no está presente, no hay fiesta posible.

Respecto de la actuación de los toreros, la relación que traigo aquí nos deja ver que Juan Gálvez no tuvo suerte; que Juan Silveti fue aplaudido en sus intervenciones, dando la vuelta al ruedo en el que abrió la tarde y jugándosela en serio con el cuarto, que le dio tanto a él como a su banderillero Francisco Lora Pericás un serio achuchón. El triunfo fue del muletero de Linares, Humberto Moro al cortar una oreja al segundo de la tarde. La crónica de don Jesús Gómez Medina relata así la actuación de los toreros:

Una oreja para Moro. La obtuvo en su primero, un hermoso ejemplar cárdeno oscuro, corto de pitones y con más kilos que un monopolista... Humberto lo había lanceado sin gran éxito hasta que sufrió una voltereta. El incidente le hizo brotar la casta: se ciñó entonces en un quite por chicuelinas y continuó arrimándose al librar con el lance final... Tras unos muletacillos de exploración, Humberto conduce al astado a los medios. Allí con la facilidad y buen estilo que tanto realzan su toreo, cuajó dos tandas de magníficos naturales, en los que corrió la mano y mandó en el bicho en gran forma. Y naturalmente, lo aplaudimos... Posteriormente el trasteo se convirtió en “derechista”. También con la llamada mano de cobrar Humberto mostró las excelencias de su estilo, con el entusiasta beneplácito de los paganos... Y en la primera oportunidad y metiéndose con decisión, clavó el acero delantero, pero con resultados definitivos. Ovación, oreja y dos vueltas al ruedo...

Así se resume lo más destacado de este pedazo de historia de nuestra Feria.

El festejo de hoy: Seis de Montecristo para Rodolfo Rodríguez El Pana, Morante de la Puebla y Juan Pablo Sánchez.

domingo, 19 de junio de 2011

Jueves de Corpus de 1954: Juan Silveti sale en hombros de La Maestranza

Algunas razones para recordar esto

La entonada actuación que han tenido los toreros mexicanos en el reciente San Isidro y la proyección que les ha dado con cara a la realización de una real campaña en ruedos hispanos, me motiva a repasar la historia y a encontrar antecedentes en ella de diestros que en otros tiempos, mantuvieron en alto el pabellón nacional y con sus buenas actuaciones abrieron el camino para que los toreros de nuestros días pudieran cruzar el Atlántico y continuar con la obra que ellos iniciaron.

Suma además al hecho, que uno de los cinco nacionales que comparecieron a Las Ventas, es precisamente Diego Silveti, nieto de quien me ocupa en esta ocasión y representante de la cuarta generación de toreros de su dinastía que comparecía en la capital hispana y en lo general, representante de una dinastía de toreros de suyo larga, de las que la Historia del Toreo registra muy pocas.

Por último, además de la efeméride, creo que vale la pena entrar un poco más a profundidad en la trayectoria de Juan Silveti Reynoso en los ruedos de España. Siempre que se habla de ella, se llega al punto de algo que ya parece un mero lugar común, la tarde de los toros de Pablo Romero en el San Isidro de 1952, cuando en el fondo su historia en esas arenas es más profunda y rica que esa única tarde. Es por eso que recurro a ella, la que en su día, confesara a don Filiberto Mira, que había sido el día más feliz de su vida y se trata de la Corrida de la Asociación de la Prensa de Sevilla, celebrada el 17 de junio de 1954 – Jueves de Corpus por cierto –, en la que para lidiar toros de don Salvador Guardiola, alternaron Cayetano Ordóñez Niño de la Palma II, Jesús Córdoba y el nombrado Juan Silveti

¿Hoy cómo ayer?

La crónica que me sirve de apoyo para esta remembranza, es la de Gil Gómez Bajuelo, quien fuera cronista del diario ABC de Sevilla entre 1952 y 1960. Al inicio de ella, hace una reflexión que, pese al tiempo que ha transcurrido entre la celebración del festejo y estas calendas, creo que vale en todos sus términos:

Decíamos días pasados que lo de menos era el éxito económico. Y lo demás, procurar que el público saliera satisfecho. Creo que esto se ha conseguido plenamente. Lo primordial es darle a la afición sevillana su sitio, rendir a la plaza respetuoso vasallaje, velar por el rango de una fecha tradicional y la pureza de una fiesta de nacional raigambre y reiterar el prestigio de la entidad organizadora. Lo demás viene, o debe venir por añadidura, si es cierto que la rectitud del procedimiento tiene su premio…”

Hoy, pareciera que no se respeta ni a las plazas, a las aficiones ni se vela por el rango de fechas tradicionales o por la pureza de la fiesta. Igual, sale sobrando la integridad o el prestigio de la entidad que organiza o a cuyo nombre se organiza un festejo determinado. Ahora – el mundo al revés – el éxito económico es el principio y fin de la organización de cualquier festejo. Y sí la fecha tradicional, la pureza de la fiesta o el prestigio de la entidad organizadora se van al caño por un puñado de dólares… pues bien empleado, que de ganar se trata.

Hasta en eso han cambiado los tiempos, pues si vemos los festejos benéficos de estos días, veremos que la organización es rácana y en consecuencia, la finalidad es obtener el mayor retorno a cambio de una inversión mínima o nula y si no, remito a Ustedes al recuerdo de la últimas Corridas de la Beneficencia celebradas en Madrid, en la que ni la Asociación de la Beneficencia, ni la Plaza de Las Ventas, ni la fiesta en su conjunto, ni la afición, ni nada importaron a los organizadores. Sólo les interesaba el lleno y lo demás… pues lo demás era añadidura y si venía o no, parecía no importarles realmente.

Información previa a la corrida

En la nota previa al festejo del que hago este recuerdo, se hacen los siguientes apuntamientos:

…La animación fue extraordinaria, especialmente después que los aficionados vieron el desencajonamiento en la plaza de los seis soberbios ejemplares escogidos y enviados por el prestigioso criador de reses bravas don Salvador Guardiola. Los aficionados salieron gratísimamente impresionados, haciendo encendidos elogios de la presentación de los hermosos toros… La baratura de los precios fue también gran aliciente para este movimiento taquillero, haciéndose gran acopia por los aficionados de las entradas de cinco duros, cifra "récord" en esta época, de precio económico, tratándose de una corrida de toros… La terna de maestros, todos ellos de categoría artística, pueden ofrecernos una gran tarde de toros. Y esperamos que, al hacer el paseíllo, el público les reciba con una cariñosa ovación, lo que en realidad merecen quienes han mostrado una elogiosa decisión al no oponer reparo alguno a la lidia de toros de respeto, como tiene que ser, si queremos que la fiesta mantenga el tono de riesgo, seriedad y majeza que la han hecho singular y famosa en el mundo…

Anuncio de la Corrida de la Prensa en el diario
ABC de Sevilla, la víspera del festejo
Los presagios que hacía el redactor del ABC de Sevilla, según veremos enseguida, serían debidamente honrados por el encierro y por los diestros actuantes, dado que la Corrida de la Prensa del año 54 fue triunfal – en el recto sentido del término – dado que los toros lo fueron y dieron juego de tales y los toreros cumplieron ante ellos lo que se esperaba.

La Corrida de la Prensa del año 54

Como lo indica el título de esta entrada, el triunfador del festejo fue Juan Silveti. No obstante, por fallos a espadas, Niño de la Palma II y Jesús Córdoba solamente tuvieron la ocasión de dar sendas vueltas al ruedo, manteniendo el tono de un calendario que don Filiberto Mira llama el año de los extranjeros, pues no olvidemos que en la Feria de Abril de ese año, es en la que César Girón salda su participación con el corte de dos rabos. ¿Pero cómo fue el triunfo del hijo del Tigre de Guanajuato? La crónica de Gómez Bajuelo, ya citada en parte líneas arriba, en su médula, dice lo siguiente:

Para Juan Silveti, la tarde fue de éxito. Cortó las dos orejas a su primero y salió a hombros de la plaza. Le tocó en suerte el mejor lote, y el mejicano sacó de ello provechoso fruto, dejando en el público una impresión inmejorable de torero valiente y de torero artístico. Si vino a Sevilla con ambiciosas metas, no cabe duda que las consiguió plenamente y las conquistó en buena lid. Silveti ganó a pulso la inclusión de su nombre en futuros carteles sevillanos. 
Su manera de torear en el primero, con lances bellísimos, de suavidad y mando, con las manos bajas, puso el ambiente en muchas atmósferas. En los cuatro colosales lances, repetida la calidad en otro tiempo y reafirmada en el quite soberbio, con remate airoso de pies juntos, coronando el temple precedente. Las ovaciones fueron entusiastas y enardecidas. En este tercio de quites, el «Niño de la Palma» y Jesús Córdoba pusieron también de manifiesto su indiscutible clase. Ya hacía tiempo que no se veía en la plaza un tercio de quites así. Parecía olvidado o soterrado en el recuerdo tejano de los aficionados, y ayer surgió en toda su belleza de plástica ejecución y noble competencia de los maestros. 
Así estaba el ambiente, abonado de felices presagios, cuando Silveti, tras brindar a la plaza, se dirigió al encuentro de la res, arropado por la expectación del graderío. Dos pases altos, pasando toda la caja del animal, fueron el inicio, seguidos por dos por bajo finísimos y con sello, en los que «mataba» la arrancada del animal con un corte del pase en el que la fiera quedaba «fijada» obediente al original y torero mando. Prodigó los redondos, y en el cambio de mano de muleta por la espalda engendraba los pases de pecho colosales, coreados por olés, con el alegre fondo de la música torera. La suavidad de los derechazos tenía una continuación en los personalísimos pases por bajo, de airoso remate. Se perfiló Juan Silveti y clavó todo el estoque en la carne del bravo y noble animal. Al toro se le dio lenta y apoteósica vuelta al ruedo. Y cuando ésta terminó, Silveti, con las dos orejas que Barrera le llevó, dio dos vueltas al ruedo, entre incesantes aclamaciones. Todavía durante la lidia del toro siguiente, el público seguía ovacionando al mejicano…”

Al Tigrillo le tocó el toro bueno de la corrida y sin cuidarlo, aceptó la competencia en los quites de sus alternantes. Sin falso celo aprovechó ese momento en el que tradicional y reglamentariamente los demás espadas del cartel pueden intervenir para hacer crecer el ambiente y dejarlo a punto para el momento en el que tuviera que enfrentar con el trapo rojo y la espada al toro, hecho que consumó con su toreo clásico, vertical y profundo.

A Juan Silveti se lo llevaron en hombros de La Maestranza al terminar el festejo. Por la calle Iris, pues no había cortado más de dos orejas para salir por la Puerta del Príncipe, pero con esa actuación quedó en el ánimo de la afición de Sevilla y encantado con la ciudad, tanto, que es Cófrade de San Roque y como decía antes, en los años 80, cuando Filiberto Mira vino a México a estudiar el origen de nuestro toro de lidia, le confesó lo siguiente:

El día más feliz de mi vida, fue aquél en el que le corté las dos orejas a un toro de Guardiola en La Maestranza…

Fue el jueves 17 de junio de 1954. Jueves de Corpus, fecha tradicional del calendario taurino de Sevilla y una de las páginas importantes en la historia de Juan Silveti Reynoso.

sábado, 28 de mayo de 2011

Mexicanos en San Isidro (III/III)

Plaza de Toros de Las Ventas, Madrid
El último tramo cronológico del tema que me ha ocupado estas últimas fechas, va a contener un importante número de novedades, pero implicará también, a la manera de la presentación de los grandes maestros de la música, una especie de encore de algunos importantes diestros de generaciones anteriores que, a pesar de haber dejado su impronta en la Monumental de Las Ventas en su tiempo, volvieron a intentar ratificar su categoría en su redondel – y alguno lo consiguió – a pesar de que en España y en México, venían promociones de toreros empujando fuerte y el promedio del aficionado que ocupaba los tendidos de la plaza, ni siquiera tenía idea de quienes eran.

En este misma sección temporal, vuelven a hacerse presentes en el ruedo madrileño los novilleros de nuestro país, que durante las dos décadas anteriores habían estado ausentes de lo que se reconoce como la feria taurina más importante del mundo y durante algunos años, fue su actuación la única que mantuvo presente a la torería mexicana en este serial. Tendremos también en esta última época la feria – la actual, de 2011 – con la mayor cantidad de toreros mexicanos actuando, cinco en total, superando al año de 1963, en el que estuvieron presentes cuatro diestros nacionales – dos matadores de toros y dos novilleros – aunque en aquella oportunidad ocupando seis fechas, al igual que este año.

Los contemporáneos en San Isidro

Decía arriba que los toreros contemporáneos son en la mayor medida los personajes de este último capítulo, aunque nos encontraremos en fechas señaladas con la presencia de nombres destacados de generaciones anteriores que volvieron a Madrid a demostrar que seguían siendo figuras del toreo. Alguno lo consiguió, otros simplemente acusaron los efectos del paso de Cronos. Aquí pues, lo que considero que destaca de las dos últimas décadas en la presencia mexicana en la Feria de San Isidro:

1991: Miguel Armillita, la tarde del 21 de mayo, en que alternó con Curro Vázquez y César Rincón en la lidia de toros de Baltasar Ibán, materialmente atestigua el surgimiento de una figura de época, en la persona del torero colombiano. De su actuación esa tarde, Vicente Zabala Portolés, escribió para el ABC madrileño lo siguiente: Armillita se dejó ir un buen toro. Inicia bien, pero no remata. Me parece que le falla el motor. Dicen en México que se trata de un buen torero, que se ha sacrificado poco. Me parece que no van descaminados. Fea se le pone la campaña española. Y lo siento, porque soy un sincero admirador de las dinastías toreras. Pero no olvide que los blasones hay que mantenerlos relucientes. Mala cosa es dormir sobre los laureles de la historia.


Miguel Espinosa Armillita Chico
El 29 de mayo, reaparecía en Las Ventas Eloy Cavazos. Su última actuación en ese ruedo fue el 18 de mayo de 1975, prácticamente 16 años antes. Con Roberto Domínguez y Joselito enfrentó 3 de Los Guateles (2º, 3º y 4º), 2 de Peñajara (1º y 6º) y uno de Alcurrucén. Tras del festejo, declaraba a Emilio Martínez, de El País, lo siguiente: «Animado por el cariño de este gran público, a mi primer toro le di, con mi estilo alegre y variado, los ocho ó 10 pases que tenía». El mexicano creía que el público también valoró mucho su valentía y entrega a la hora de matar: «No es ningún mérito, es que, como soy tan chaparrito, no me queda otro remedio. Hay que hacer honor a nuestra profesión de matador de toros, ¿no?».
 
El 1º de junio, es nuevamente Eloy Cavazos el que da la nota. Alternó con Fernando Lozano y Enrique Ponce en la lidia de toros de Los Bayones y le cortó una oreja al cuarto. Joaquín Vidal, en su crónica del diario madrileño El País, reflexionó lo siguiente: Eloy Cavazos contribuyó a la diversión toreando con alegría. Dios le bendiga por eso. En época de toreros aburridos, de toreros que confunden la grandeza del arte de torear con darse ínfulas -y acaban siendo bastante horteras, los pobres- era un gozo ver al veterano mexicanito, chiquito pero matón, alegrando la embestida del toro, llamándole de usted – «¡Ándele no más!», decía –, y con la sonrisa en los labios, sin necesidad de poner cara de drama, ni fingir tentativas de suicidio, iba y le enjaretaba redondos, ligándolos sin perder ni un milímetro de terreno, que es como se hace el buen toreo.

Mariano Ramos
1993: El 16 de mayo reaparece Mariano Ramos en Las Ventas. Alterna con José Antonio Campuzano y Vicente Ruiz El Soro, para lidiar una corrida portuguesa de Murteira Grave, cinqueña y que sacó muchísimas complicaciones. Vicente Zabala Portolés tituló así su crónica para el ABC de Madrid: Los Lozano se olvidaron de poner a Bombita, Machaquito y Vicente Pastor. Esta crónica la debería haber firmado Dulzuras, primer crítico de ABC. El torero, tras del festejo, declaró a Luis García, del mismo diario, lo siguiente: He visto lidiar toros de Murteira en varias ocasiones. Los he visto buenos; algunos con problemas; pero como éste, ninguno. Parece como si el más malo de la ganadería me lo hubieran reservado... Es posible que no haya acertado a cogerle la distancia, pero no obstante, he de decir que ha sido un toro más para el público que para el torero... espero poder desquitarme en la otra corrida que me queda.

El 30 de mayo volvió a actuar Mariano Ramos, esta vez alternando con Pepín Jiménez y Mariano Jiménez en la lidia de toros de Celestino Cuadri. De nuevo se vio desconfiado, aún teniendo un toro (4º) que de acuerdo con las crónicas, servía. Al final del festejo, declaró a Luis García lo siguiente: Esta profesión es complicada y tengo que decir que me voy en deuda con Madrid y su afición. Con una espina clavada, que voy a tener presente hasta que goce de una nueva oportunidad para quitármela.
 
1994: El 14 de mayo confirma su alternativa Alejandro Silveti. David Luguillano, en presencia de Miguel Rodríguez, le cede al toro Pastelero de Peñajara. De su actuación, Joaquín Vidal rescata: …Inválido el primero, Alejandro Silveti apenas pudo instrumentarle tres verónicas ceñidas, par de gaoneras, otros tantos derechazos. En el cuarto repitió Silveti las gaoneras, dio dos espeluznantes pedresinas en el centro geométrico del redondel, sorteó las inciertas arrancadas... y tras del festejo, el torero declaró a Luis García lo siguiente: Hubiera querido hacer mis cosas con más claridad... pero ha resultado imposible rematar la tarde. Después de esta actuación se queda uno con ganas de volver...


1995: El 2 de junio, en corrida en la que Miguel Armillita actuaba con Manuel Caballero y Antonio Borrero Chamaco, para lidiar toros de Juan Andrés Garzón (1º, 2º y 6º), Gabriel Hernández García (4º y 5º) y Herederos de Carlos Núñez. El cuarto de la tarde, al tirarle un derrote, le hiere gravemente en el cuello con una banderilla. El parte facultativo, aunque lacónico, no deja lugar a dudas de la gravedad del percance: El diestro Miguel Espinosa Armillita Chico fue herido en la región lateral izquierda del cuello. Trayectoria hacia adentro de 15 centímetros, penetrando en faringe. Contusión de arteria carótida y venas yugulares. Pronóstico muy grave. Pasa a la clínica La Fraternidad, de Madrid. Firmado: Dr. Máximo García Padrós.

2000: El 22 de mayo, fueron acartelados Eulalio López Zotoluco, Enrique Ponce y Manuel Caballero para dar cuenta de toros de El Puerto de San Lorenzo y Peñajara (6º). Zotoluco cortó la oreja al 4º de la tarde y de su actuación, Joaquín Vidal destaca lo siguiente: El torero más interesante de la tarde fue el llamado Zotoluco. Serio y entregado en la lidia, pundonoroso en los trasteos de muleta, empeñado en aplicarles a los toros el toreo puro, desgranó muletazos de alta escuela... La segunda faena, tenaz y valiente, también con algunos pasajes cálidos, alcanzó la cumbre en la suerte suprema: perfilado en corto, atacó no echándose fuera como se acostumbra, ni siquiera pasando al hilo del pitón, sino que se abalanzó sobre la cuna y fue la mano izquierda – la muleta echada bajo los belfos – la que vació, mientras hundía el acero en las agujas y salía limpiamente por el costillar... La estocada, por sí sola, valía una oreja. Y se la dieron. Y menudo iba de contento el moreno aceituno Zotoluco presumiendo de ella en su vuelta al redondel.

Octavio García El Payo
2001: El 16 de mayo se produce la reaparición de la novillería mexicana en la Feria de San Isidro. Corresponde a Leopoldo Casasola quien alternó con Javier Valverde y el portugués Luis Vital Procuna, en la lidia de novillos de La Quinta. Casasola solamente pudo recoger una ovación al retirarse a la enfermería tras de llevarse una paliza en el cuarto. El parte facultativo dice: Leopoldo Casasola sufrió una herida inciso - contusa en la región frontal de ocho centímetros. Ligera conmoción cerebral. Puntazo en el tercio superior del muslo izquierdo. Pronóstico reservado. Firmado: Dr. Máximo García Padrós.

2009: Octavio García El Payo, confirma su alternativa el día 20 de mayo, de manos de Miguel Abellán y llevando como testigo al torero catalán Serafín Marín. Se lidiaron 3 de Peñajara (2º, 4º y 5º), Hermanos Torres Gallego (1º), María Cascón (2º) y Pío Tabernero de Vilvis (6º). El toro de la confirmación fue Arábigo, de Hermanos Torres Gallego. El confirmante dio la vuelta al ruedo en el 6º. De la crónica de Antonio Lorca, de El País, recojo lo siguiente: ...algo se puede salvar del desastre. Primero, el torero mexicano El Payo, que sorprendió a todos con su arrojo, valentía, disposición e inteligencia... El sexto era un soso zambombo con el que estuvo hecho un tío, un torero de los pies a la cabeza, y trazó muletazos hondos por ambas manos, aunque sin la necesaria continuidad... pero su forma de estar en la plaza y su disposición le auguran un futuro prometedor. Que no se olvide el tercio de quites que él y Abellán protagonizaron en el primero. Hasta cinco quites entre ambos: El Payo, por gaoneras, chicuelinas y delantales, y Abellán, por verónicas y delantales. No fue un tercio grandioso, pero sí alegre, emotivo y novedoso en tiempos de tanta uniformidad.

2011: El día de San Isidro, Morante de la Puebla, confirmó la alternativa de Arturo Saldívar, en presencia de Alejandro Talavante. El encierro fue de Núñez del Cuvillo. El toro de la ceremonia fue Aguador. De la actuación del torero de Aguascalientes, que salió dos veces al tercio, Ignacio Álvarez Vara, Barquerito, destaca lo siguiente: Confirmó la alternativa ambiciosamente el mexicano Arturo Saldívar... El de la alternativa se movió con son agresivo, y mal ahormado o díscolo, pegó muchos cabezazos. Saldívar, bien conocido en las Ventas como novillero valeroso, salió arrancado y, de rodillas y en los medios, citó de largo para una aparatosa tanda en redondo: los cabezazos del toro fueron como balas que le pasaron silbando las sienes. Si llega a estar Saldívar en pie, no lo perdona el toro, que no vino metido en el engaño. Sopló viento pero no se arredró ni volvió la cara el torero de Jalisco. Firmeza y ajuste impecables, conmovedores. No ceder ni un paso ni un centímetro. La segunda faena de Saldívar, a toro bastante más apacible que el de la confirmación, volvió a tener el sello de la firmeza y la resolución... Arturo repetiría el 27 de mayo en sustitución del linarense Curro Díaz, herido en la Feria de Abril de Sevilla.

El domingo 22 de mayo, reaparecía en Las Ventas Ignacio Garibay. Sus alternantes fueron Serafín Marín y Sergio Aguilar, quienes lidiaron toros de Partido de Resina (3º a 6º), Nazario Ibáñez (1º) y Los Chospes (2º). Pese a que algún sediciente iluminati – y para más tristeza, de Aguascalientes –, con ínfulas de sabio, ha querido hacer aparecer la actuación de Garibay como un fracaso, la realidad es que fue de una gran dignidad ante una corrida que presentó un gran número de complicaciones. El toro, llamado Morito, cercano a los seis años de edad y con 672 kilos de peso, lo brindó en comandita a Eloy Cavazos, Palomo Linares y César Rincón, más o menos en estos términos: Maestros: Quiero brindarles este toro y decirles que me voy a jugar la vida por ustedes, por lo grandes que han sido.

La visión de Andrés Amorós acerca de su actuación es esta: Ignacio Garibay se muestra toda la tarde digno y con oficio. El primero, de Nazario Ibáñez, es muy flojo. Aunque lo lleva templadito, se derrumba. Consigue algunos derechazos de mano baja, asentado y firme. Prolonga la faena y mata mal. El cuarto pesa 672 kilos, es abierto de pitones: ¡un tío! Lo ovacionan de salida pero mansea claramente, barbea las tablas. Huyendo, recibe seis picotazos. No se amilana Ignacio, lidia con oficio pero el toro va con la cara muy alta; en un arreón, lo voltea y se ceba con él. Hasta acabar con el toro, no pasa por su pie a la enfermería: hemos vivido el lado más áspero de la Fiesta. El parte facultativo es el siguiente: «Herida en el tercio medio del muslo derecho de 25 centímetros, con destrozos en músculos tensor, vasto y recto, con salida en el tercio superior». Pronóstico «grave».

El 23 de mayo se presentó en la Feria el novillero de Tlaxcala Sergio Flores, para alternar con el francés Thomas Duffau y el madrileño López Simón en la lidia de novillos de Montealto. La visión de Patricia Navarro, en el diario madrileño La Razón sobre su actuación es la siguiente: La voluntad del mexicano no tuvo fisuras, tampoco en el remate, buscando ajustarse con el toro, llegar al público, transmitir, y se tiró a matar con todo. Se le pidió la oreja, pero esta vez el presidente sacó la vara de medir con el novillero que olvidó con los matadores en otras tardes. El chaval, como si le hirviera la sangre, no quiso dar la vuelta al ruedo. El quinto fue un toro mucho más serio que muchos de los que han salido por Madrid en los últimos tiempos. Derribó al caballo, manseó después y se dejó en tres o cuatro arrancadas por abajo. Había que marcarle muy bien el camino, mucho toque, llevarle, guiarle. En nada ya no había toro, había sido una alucinación, y dejó Flores una faena de novillero cuajado que quiere, con buen concepto y corazón del bueno.

Joselito Adame
Foto: Juan Pelegrín
El 25 de mayo confirmó su alternativa Joselito Adame. Ofició como padrino Sebastián Castella y atestiguó la ceremonia Miguel Ángel Perera. Los toros fueron de Alcurrucén y el de la ceremonia se llamó Escribano, cuya muerte brindó al Rey Juan Carlos I. Tras de su lidia fue llamado a saludar en el tercio. De su actuación escribe Andrés Amorós: Comienza la tarde con ilusión pero se va despeñando hacia la grisura... Quedan en el recuerdo, en definitiva, la alternativa del mexicano Joselito Adame, y la presencia del Rey, al que brindan los tres toreros... Confirma Joselito Adame con «Escribano», levantado, bien hecho, que huye de salida; luego, resulta manejable. Muestra su disposición en chicuelinas. En la muleta, aguanta algún derrote, a costa de enganches. Va mejor por la derecha y consigue buenos pases, arrastrando la muleta por la arena. Mata con decisión. El último, «Guitarra», que pertenece a la famosa familia de los músicos, huye, casi salta la barrera, es francamente difícil. Brinda a sus padres. El mexicano se muestra dispuestísimo: firme, quieto, muy valiente. Aguanta parones y se saca al toro por la espalda. Se la juega de verdad: merece todo el respeto...


Este 30 de mayo se cierra la participación mexicana programada en esta Feria de San Isidro. Y es un cierre que por sí mismo hará historia. Diego Silveti, con su comparecencia, hará presente a la tercera generación de los Silveti en la Plaza de Toros de Las Ventas del Espíritu Santo. Su abuelo Juan, su padre David – su tío Alejandro también – y ahora él. Y ya que echamos cuentas – como decimos aquí en México –, sería la cuarta generación de toreros Silveti en las plazas de Madrid, porque también Juan, El Meco, su bisabuelo, inició la historia de esta dinastía en Madrid el 8 de abril de 1917 en la Plaza de la Carretera de Aragón, cuando Rafael El Gallo, en presencia de Pacomio Peribáñez y Cocherito de Bilbao, le cedió al toro Zarcillo, de García de la Lama, para confirmarle la alternativa.

El cartel de ese día lo forman el nombrado Diego Silveti, Víctor Barrio y Rafael Cerro, quienes se enfrentarán a una novillada de El Ventorrillo. Insisto, solamente el anuncio del cartel, es motivo para entrar en la historia, pues creo que pocos son los toreros de cuarta generación que han pisado la Plaza de Las Ventas.

Resumen del Periodo


Años de Ausencia: 1990, 1998, 1999, 2003, 2006, 2007.

Festejos toreados:

Miguel Armillita, 9: [1991 (2); 1993 (2); 1995 (2); 1997 (2); 2001 (1)]; Zotoluco, 8: [1997 (1); 2000 (2); 2001 (1); 2002 (1); 2004 (2); 2005 (1)]; Eloy Cavazos, 3: [1991 (2); 2002 (1)]; Alejandro Silveti, 3: [1994 (1); 1995 (1); 1996 (1)]; Jorge Gutiérrez, 2: [1992 (2)]; Mariano Ramos, 2: [1993 (2)]; Manolo Mejía, 2: [1996 (2)]; Arturo Saldívar, 2: [2011 (2)]; El Payo, 1: [2009 (1)]; Arturo Macías, 1: [2010 (1)]; Ignacio Garibay, 1: [2011 (1)]; Joselito Adame, 1: [2011 (1)]; Leopoldo Casasola, 1: [2001 (1) novillada]; El Payo, 1: [2008 (1) novillada]; Mario Aguilar, 1; [2009 (1) novillada]; Arturo Saldívar, 1: [2010 (1) novillada]; Sergio Flores, 1: [2011 (1) novillada].

Carlos Vera Cañitas
Sumando actuaciones fuera de San Isidro, así como en los periodos anteriores objeto de esta serie – en corrida de toros y vestidos de luces – de los diestros que actuaron en el periodo de tiempo que abarca la parte final de esta serie de remembranzas, Miguel Espinosa Armillita y Zotoluco, suman 12 en total, lo que les coloca en el segundo lugar histórico de los toreros mexicanos que más han actuado en la Plaza de Las Ventas, solamente detrás de Carlos Vera Cañitas, que logró en total en su carrera, 14 corridas de toros en ese escenario entre 1944 y 1951. Por su parte, Eloy Cavazos, con las cuatro del periodo anterior, suma 7 en total para su contabilidad histórica; Jorge Gutiérrez así totaliza 6 y Mariano Ramos 4.

Concluyendo

Escribe Javier Villán que hacer una antología es hacer una opción y que hay tantas antologías como antólogos haya. Esta – que en tres partes les he presentado – es la mía. Insisto que cada uno de Ustedes puede tener algún recuerdo más importante para destacar que los que aquí les he presentado y esa diversidad de criterios es lo que hace rica y culta a esta Fiesta. Mi único interés es el recordar el hecho de que nuestros toreros y en algún momento también nuestros toros han sido parte crucial de lo que es reconocido como la feria taurina más importante del mundo. Ojalá que eso motive a nuestros toreros y a nuestros ganaderos a seguir siendo parte activa de ella, para seguir contribuyendo a la grandeza que es consustancial a la fiesta de los toros.

domingo, 22 de mayo de 2011

Mexicanos en San Isidro (I/III)

Monumento a Livinio Stuyck, interior de la
Plaza de Las Ventas
Livinio Stuyck, quien según Dominique Lapierre y Larry Collins, es descendiente de unos alfombristas flamencos llegados a España en la época de Felipe V, era abogado y accedió a la gerencia de la empresa Nueva Plaza de Toros de Madrid S.A. (Jardón) en una situación coyuntural que sería temporal en un principio, más su habilidad innata para dirigir se reflejó también en los destinos de la Plaza de Las Ventas, la más importante del planeta de los toros, lo que le haría permanecer al frente de ella más tiempo del que habrían calculado, tanto él, como quienes le encomendaron esa tarea.

Una de las innovaciones que don Livinio llevó al manejo de los asuntos de Las Ventas, fue la creación de una serie de festejos de gran tronío en torno a la festividad de San Isidro Labrador, patrono de Madrid y que tenían por objeto el resaltar la importancia taurina de la Villa junto con las demás festividades que enmarcaban la celebración. La primera Feria Taurina de San Isidro – aunque las ferias fueran cosa de pueblos el Marqués de la Valdavia dixit – se da en 1947 y ya en relación con los toreros mexicanos, será hasta 1951 cuando comiencen a aparecer en ella, pues es al final de la temporada mexicana 46 – 47, que se rompen las relaciones hispano – mexicanas y se reanudan precisamente hasta ese calendario.

El primer torero mexicano en comparecer en San Isidro será Rafael Rodríguez El Volcán de Aguascalientes, que el 16 de mayo de 1951 entrará a sustituir a Manolo dos Santos en un cartel que éste inicialmente formaba junto a los sevillanos Pepe Luis Vázquez y Manolo González, para lidiar un encierro de don Felipe Bartolomé. Al final, de los toros anunciados, solo se lidiaron cuatro, completando la corrida uno de doña Francisca Sancho Viuda de Arribas y otro de Castillo de Higares de don Pedro Gandarias.

Esa tarde Rafael Rodríguez confirmó su alternativa de manos del Sócrates de San Bernardo, siéndole cedido el toro Guitarrero de don Felipe Bartolomé, toro al que le cortó la oreja, en consecuencia, la primera que un torero mexicano ha obtenido en esta trascendente feria taurina. Para la anécdota, contaba El Volcán que teniendo preparado el inicio de su campaña para unas semanas después, la ropa de torear que había encargado a la maestra Marcén no estaba lista, por lo que cuando se le avisó de la sustitución, no tenía un terno para vestir y de esa manera, Antonio Velázquez le prestó un terno blanco y oro, nuevo, que fue el que sacó para tan señalada corrida, vestido que después le obsequió Corazón de León y que la familia del diestro hidrocálido aún conserva con gran orgullo.

Debido a la extensión del tema – abarca seis décadas – intentaré presentárselos en tres partes, la primera que cubrirá las décadas de los 50 y 60; una segunda que se referirá a los años 70 y 80 y la final que amparará desde los años 90 y hasta la fecha. El objeto de lo que se relacione aquí, será exclusivamente la Feria de San Isidro, motivo por el cual, no obstante su cercanía cronológica, no quedarán comprendidos aquí, hechos ocurridos en otras ferias o festejos señalados, como la Corrida de la Beneficencia, o la Feria del Campo, que se daba en los años 50, la de la Comunidad o la más reciente del Aniversario, insisto, aunque a veces, en el tiempo, no tengan diferencia temporal con la del Santo Patrono, pues el objeto es meramente lo que se anuncia y abona como Feria de San Isidro.

Los 50 y 60. La Edad de Plata Mexicana

Ya apuntaba arriba que fue El Volcán de Aguascalientes quien abrió la presencia mexicana en lo que inicialmente se quiso denominar como Corridas Extraordinarias del Santo Patrono y en esos cuatro lustros de lo que bien puede considerarse como la Edad de Plata del Toreo en México, fueron quienes llevaron el pendón nacional a lo que se considera la principal plaza de toros del mundo.

Confirmaron su alternativa o actuaron en ese periodo de tiempo, además del citado Rafael Rodríguez, diestros como Manuel Capetillo, Jesús Córdoba, Juan Silveti, Joselito Huerta, El Ranchero Aguilar o Alfredo Leal y de lo sucedido en esas calendas, destaco lo siguiente:

Juan Silveti
1952: El 15 de mayo de 1952 confirmó su alternativa Manuel Capetillo. Le apadrinó Paquito Muñoz y llevó de testigo a Antonio Ordóñez. Esa tarde le cortó la oreja a Brillante, que fue el toro de la ceremonia y que fue de Antonio Pérez de San Fernando, como todos los corridos ese día. Giraldillo, cronista del ABC madrileño, señaló acerca de la actuación del diestro mexicano: …hubo unánime petición de oreja, concedida con los honores de la vuelta al ruedo y la salida hasta el centro, pues las palmas seguían. Capetillo, en el séptimo toro de los 63 que han de correrse, había puesto un punto de luz en la Feria de San Isidro...

El día 24 de mayo Jesús Córdoba tras de fallar con la espada da dos celebradas vueltas al ruedo en corrida en la que alternó con Manolo Vázquez y Julio Aparicio en la lidia de toros de Sánchez Cobaleda. De él dijo esa tarde Manuel Sánchez del Arco Giraldillo, cronista del diario ABC de Madrid: Torea tan limpiamente que ello, acaso, le perjudique para los que adoran el barullo del torero y el toro rebujado en maraña emocionante... sin una concesión ni a los morenos del sol ni a los pálidos de la sombra…

Al día siguiente, Juan Silveti se convertiría en el primer torero mexicano en abrir la Puerta Grande de Las Ventas en San Isidro y escribiría una de las grandes páginas de su historia y de la Feria, al quedarse casi con la corrida completa de Pablo Romero que en principio lidiaría en unión de Raúl Acha Rovira y Pablo Lozano. Canario, el tercero de la tarde hiere primero a Pablo Lozano y después a Rovira. Así, Silveti se queda con Chaleco, Campero Cautivo y es al quinto, Campero, al que de acuerdo con la crónica del nombrado Giraldillo, el hijo del Tigre de Guanajuato, toreó estupendamente al natural, para cortarle las dos orejas y salir a hombros junto con el mayoral de la ganadería.

1953: Por primera vez en la historia de la Feria, un diestro mexicano se acartela tres tardes. Es Jorge El Ranchero Aguilar, quien había confirmado el verano del año anterior. La primera, el 10 de mayo, sirviendo de testigo para que Jerónimo Pimentel le confirmara la alternativa a Emilio Ortuño Jumillano, con toros de Antonio Pérez de San Fernando, siendo aplaudido; la segunda, el día del Santo, para lidiar toros de Fermín Bohórquez y alternar con Rafael Ortega y Antoñete, con lleno de no hay billetes, está discreto y dos días después, alternando con Antonio Bienvenida y Rafael Rodríguez en la lidia de toros de Joaquín Buendía, salda su participación con una vuelta al ruedo tras la lidia del tercero.

1957: José Ramón Tirado, hábilmente apoderado por El Pipo, quien aprovechó que en la temporada anterior el sinaloense cortó orejas en tres novilladas consecutivas, abriendo la puerta grande la última de ellas, le coloca en tres de los carteles más señalados de la Feria de ese mayo. Confirma el 10 de mayo, de manos de Julio Aparicio y llevando como testigo a Antoñete, lidiándose toros de Eusebia Galache de Cobaleda. Repite al día siguiente alternando de nuevo con Julio Aparicio y Manolo Vázquez en la lidia de 3 toros de Atanasio Fernández, 1 de El Pizarral de Casatejada (3º), 1 de Flores Albarrán (5º) y 1 de Eusebia Galache (6º) y cierra su comparecencia a la semana exacta de su presentación actuando junto a Gregorio Sánchez y de nuevo Manolo Vázquez para enfrentar toros salmantinos de Barcial. El resultado de las tres tardes del mazatleco no fue halagüeño y quedan como un hecho meramente anecdótico.

En esa misma feria, Joselito Huerta – quien había confirmado en el San Isidro del año anterior –, el 15 de mayo, al alternar con Rafael Ortega y Chicuelo II en la lidia de toros de Pablo Romero – el de Tetela sustituía a Antoñete – fue herido gravemente. El parte rendido por el doctor Jiménez Guinea dice: Herida en parte alta de la región glútea izquierda, con una trayectoria ascendente de 15 centímetros hacia región lumbar, que produce destrozos en los músculos de la región lateral del abdomen y termina a nivel de la duodécima costilla, calificada de pronóstico grave.

Jesús Córdoba
El 19 de mayo Jesús Córdoba actuó por última vez en una Feria de San Isidro, sustituyendo al herido Joselito Huerta. Alternó con José María Martorell y Gregorio Sánchez y llevaron por delante al rejoneador portugués Simao da Veiga. Los toros fueron de Salvador Guardiola para los de a pie y del Marqués de la Ribera para rejones. La opinión de José María del Rey Selipe acerca de esta actuación del Joven Maestro es en este sentido: …Llevó a cabo el mejicano dos faenas limpias, tersas y elegantes, con un sereno entendimiento del toreo, que desarrolló principalmente con la muleta en la mano derecha mediante pases redondos acabados y de excelente traza... Esta actuación fue premiada con una aclamada vuelta al ruedo, quedándose sin orejas nuevamente por sus fallos con la espada.

1962: Alfredo Leal firma tres tardes para la Feria de este calendario. Se presenta el 13 de mayo alternando con Gregorio Sánchez y Curro Girón, con el prólogo del rejoneador Ángel Peralta, para lidiar 5 toros de Antonio Pérez Angoso (uno para rejones) y 2 de María Montalvo (5º y 6º). La segunda comparecencia de El Príncipe del Toreo sería siete días después, flanqueado por Curro Romero y Manolo Vázquez y llevando por delante al caballero jerezano Fermín Bohórquez. Los toros para la ocasión serían de Carlos Núñez para los de a pie y el de rejones, de las dehesas del propio caballista. Cerraría su actuación abriendo con los rejoneadores Ángel y Rafael Peralta y alternando con Curro Girón y Rafael Chacarte en la lidia de 7 toros de Clemente Tassara. De acuerdo con las crónicas de Antonio Díaz – Cañabate – por lo leído, poco amigo de lo mexicano – la actuación de Leal fue desafortunada en esas tres tardes.

1963: Se presentan por primera vez novilleros mexicanos en la Feria. El 25 de mayo lo hace el regiomontano Fernando de la Peña, quien alterna con Jerezano y José María Aragón en la lidia de 4 novillos de Carmen González de Ordóñez y 2 de Antonio Ordóñez (2º y 6º) y el día 26 cierra la feria Óscar Realme, que alterna con Jerezano y Antonio Medina en la lidia de novillos de Clemente Tassara. Al final, Realme y Jerezano quedaron mano a mano, pues el tercero de la tarde hirió muy grave a Medina.

1964: El 31 de mayo Antonio Sánchez Porteño, debutante en Madrid, abre la Puerta Grande – es el último mexicano en hacerlo en esta etapa histórica – de Las Ventas al cortarle las dos orejas al tercer novillo de un importante encierro del Marqués de Albayda, cuando alternaba con José Luis Barrero y Antonio Sánchez Fuentes. Sobre este festejo escribió Antonio Díaz – Cañabate: La novillada del señor marqués de Albayda fue magnífica. Fue soberbia. Fue ejemplar. Sobre todo esto, ejemplar. Demostró lo que vengo sosteniendo con reiteración, que la fiesta es de toros y que los ganaderos, en su afán de complacer a los toreros, la han convertido en fiesta de los borregos. El señor marqués de Albayda, por lo menos en esta novillada, ha sabido conservar la casta, la fiereza de los toros... Dos vueltas al ruedo a dos toros, primero y quinto. Cuatro orejas e innúmeras ovaciones a los toreros. Vuelta al ruedo acompañado de los espadas. Es decir, la apoteosis de la casta. El triunfo de los toros sobre los borregos... Un triunfo auténtico del novillero acapulqueño, que no tuvo ocasión de reiterarse. 

Alfredo Leal
Antes, el tlaxcalteca Gabino Aguilar se había presentado el día 10 de mayo, alternando con Rafael Corbelle y el cordobés Manuel Cano El Pireo en la lidia de novillos de Andrés Parladé. El compromiso lo cerró Gabino con discreción, teniendo ya en puerta su alternativa en la cercana Corrida de la Beneficencia.

1966: El 26 de mayo el torero de Monterrey, Raúl García confirma su alternativa de manos de Paco Camino y llevando de testigo a El Cordobés. El toro de la cesión se llamó Camilloso, de Francisco Galache. Fue una corrida en la que el padrino y el testigo fueron abroncados toda la tarde, por imputárseles la blandura y poca presencia de los toros lidiados, en tanto que al regiomontano, como confirmante, se le trató respetuosamente, pero el éxito fue ausente para todos.

Resumen del periodo

Años de ausencia: 1958, 1959, 1960, 1961, 1967, 1968, 1969.

Festejos toreados en el periodo:

Joselito Huerta, 7 [1956 (2), 1957 (1), 1964 (2), 1965 (2)]; Jesús Córdoba, 5 [1952 (2), 1954 (2), 1957 (1)]; Manuel Capetillo, 3 [1952 (2), 1963 (1)],  Jorge El Ranchero Aguilar, 3 [1953]; José Ramón Tirado, 3 [1957]; Alfredo Leal, 3 [1962]; Rafael Rodríguez, 2 [1951 (1), 1953 (1)]; Juan Silveti, 2 [1952 (1), 1954 (1)]; Antonio Campos El Imposible, 2: [1963]; Miguel Ángel García, 1 [1955]; Raúl García, 1 [1966]; Fernando de la Peña, 1 [1963, novillada]; Óscar Realme, 1 [1963, novillada]; Antonio Sánchez Porteño, 1 [1964, novillada]; Gabino Aguilar, 1 [1964, novillada].   

A mi parecer, estos son algunos de los hitos que marcan la presencia de México en la Feria de San Isidro en este periodo de la Historia. Cada quien, en su opinión particular, podrá recordar estos mismos u otros distintos. No obstante, la riqueza de esta fiesta y de su Historia, está precisamente en lo que cada uno de nosotros podamos aportar a su recuerdo.

Continuará… 

lunes, 12 de julio de 2010

Juan sin Miedo (I/II)

Apostillas a una (insulsa) entrevista

El pasado martes inició la Feria de Pamplona. El cartel de apertura fue una novillada en la que actuaron Cristian Escribano, Juan del Álamo y Diego Silveti. En el entreacto del quinto y sexto novillo, el entrevistador de Canal Plus, David Casas se acercó a conversar con Juan Silveti Reynoso, abuelo de Diego y padre de David y Alejandro, estos dos, como él, matadores de toros e integrantes de la tercera generación de diestros de alternativa que llevan el apellido Silveti.

Casas preguntó meras fruslerías al Tigrillo, lo que de suyo representa una pena, pues es Juan Silveti hijo, quizás uno de los pocos puentes que nos quedan para conocer y entender los orígenes de la fiesta que hoy vivimos y con un valor añadido en el caso de este torero, que es el haber sido parte de las entrañas de esto de ambos lados del Atlántico. Por eso afirmo que Juanito Silveti – como también se le llama de manera cariñosa – tiene mucho y muy bueno que contarnos.

Pero Casas se perdió, guiado por Molés, en una serie de intrascendencias, motivadas, deduzco, del desconocimiento de lo que ha sido el paso por los ruedos y por la vida de Juan Silveti Reynoso y acabaron comentando – a medias y sin referir la sustancia – la actuación del torero en Madrid el 25 de mayo de 1952, cuando por percances de Rovira y de Pablo Lozano, se quedó solo con una corrida de Pablo Romero, terminando por salir en hombros esa memorable jornada.

Tal pareciera que tomaron, antes del festejo, un libro de los varios que sumarizan la historia de la Plaza de Las Ventas y allí vieron el tema que convirtieron en tópico – seguramente el de Suárez Guanes, pues la expresión de se decía que parecías un torero español así lo delata, pues en esa obra de 1991, se contiene el comentario en ese sentido –, cuando del Tigrillo hay más hazañas que contar, como la del 12 de octubre de ese 1952, cuando él, Antonio Bienvenida y Manolo Carmona tuvieron ante toros del Conde de la Corte una tarde muy importante a beneficio del extinto Montepío de Toreros o la de los toros de Guardiola en Sevilla, el 17 de junio de 1954, cuando con Jesús Córdoba y Cayetano Ordóñez, abrió la Puerta del Príncipe en la Corrida de la Prensa. Pero no, ni al que cargaba el micrófono, ni al que le hacía de apuntador, se les pasó siquiera por la mente eso.

Pero dónde preguntador y apuntador de plano patinaron, fue cuando le preguntan a Juan Silveti Reynoso el por qué de los sobrenombres de Juan sin Miedo o El Tigre de Guanajuato. Allí estuve a punto de caer de la silla, sobre todo, al ver que con socarronería, el abuelo – que orgulloso debe estar de serlo – de Diego Silveti, respondía algo así como esto: …es que en México la gente es muy inclinada a poner apodos… y lo hizo el Tigrillo a sabiendas de que, quien le transmitía la pregunta de Molés, ni idea tenía de lo que inquiría y seguramente de que el mismo Molés tampoco hablaba de un tema que conociera.

Belmonte Mexicano, Juan sin Miedo, El Tigre de Guanajuato, El Hombre de la Regadera, El Meco, El Hombre del Mechón y El Resucitado entre los más conocidos, era don Juan Silveti Mañón, padre del entrevistado y bisabuelo del novillero actuante, pero de eso, ni idea en los hacedores de la transmisión televisiva. De allí que diríamos, en cadena mundial, Juan Silveti Reynoso materialmente se cachondeara de ellos con la respuesta que les dio.

La verdad es que aparte de la hilaridad que me produjo el gesto del torero, resulta que me sugirió tema para presentarles esta semana, pues hay días en los que simplemente no se me ocurre nada nuevo, como no sea el deseo de ofrecerles algo aquí. Así que independientemente de lo insulso de la entrevista a la que aludo, al menos me surgió algo interesante de ella y es lo que enseguida les presento.

Belmonte Mexicano

Cuenta Verduguillo lo siguiente:

A mediados de 1914, para ser más exactos, al iniciarse el segundo trimestre de aquél año trágico y sangriento, se presentaron en mi oficina dos personas, conocida la una, mayor de edad, desconocido el joven que le acompañaba… Uno de ellos era el viejo banderillero Margarito de la Rosa, el otro un mocetón alto, fuerte, seco… Frecuentemente se llevaba la mano al cuello de la camisa con ganas de arrancárselo… Margarito hizo la presentación: ‘Este se llama Juan Silveti y le dicen «Belmonte Mexicano»’. Entramos en conversación; me enteré desde luego que el muchacho había nacido en Marfil, lugar cercano a Guanajuato y que la mayor parte de su vida la había pasado en Celaya al lado de su madre; allí le brotó el sarampión de la afición taurina… Ese era el Silveti que me fue presentado en el año de 1914, un muchacho fuerte, sano de cuerpo y alma… Debuta Juan como novillero y arma el escándalo grande. Repite el siguiente domingo y al otro y al otro; llena la plaza como antes la habían llenado Merced Gómez primero y luego Luis Freg. Es el amo de la novillería. Su estilo es basto, no tiene la finura de Cayetano González, pero derrocha valor por toneladas. Pelea con los toros cuerpo a cuerpo y se apodera de ellos. Lo diré de una vez: Silveti fue un gran dominador con la mano derecha; cuando cogía la muleta con la zurda, no sabía correr la mano…

Este es el perfil que don Rafael Solana nos dibuja de quien es todavía un ícono en la tauromaquia mexicana y nos deja en claro que su primer sobrenombre fue el de Belmonte Mexicano, que con ese se anunciaba en los carteles y que al poco tiempo, dejaría atrás por mérito propio, para adquirir otros, que como hemos visto, trascienden el tiempo y a quien los llevó orgullosamente por los ruedos del mundo y por la vida.

El Resucitado

El 25 de junio de 1916 Juan Silveti está en Valencia y va a tener allí su segunda actuación en ruedos hispanos. Hay un encierro de Palha para Luis Freg, Saleri II y él. Todavía se le conoce y anuncia como Belmonte Mexicano, pero el segundo toro de la tarde cambiará la apreciación de la afición acerca del torero y también la manera de llamarle en los carteles.

Ese domingo fue particularmente ocupado para los servicios médicos de las plazas en España. En Carabanchel, Mariano Montes y Bernardo Casielles resultaron heridos; en la Monumental de Barcelona, el novillero Marchenero y el banderillero Compare también pasan con los facultativos y en Tetuán por su parte, los novilleros Madriles y Morato también caen víctimas de las astas de los toros. En Valencia, Juan Silveti pasaría a formar parte de esa nómina de sangre y por poco no lo cuenta.

La cornada en la prensa madrileña

En El País (26 de junio):

Silveti, que debutaba en esta Plaza, fue cogido al hacer el primer quite con media verónica; el toro le prendió por una pierna, le derribó, recogiéndole en el suelo por el pecho y volteándole aparatosamente. Silveti cayó como desvanecido, pero se levantó cayendo enseguida de rodillas y viendo el público que arrojaba mucha sangre por el pecho. Cayó otra vez a la arena, de donde le recogieron los monos. El público se horrorizó al ver que la arena estaba llena de sangre y que el diestro estaba pálido y contraído. Según parece, la herida ha interesado la pleura y un pulmón. La impresión del público es enorme. A poco de ingresar el diestro mejicano en la enfermería, nos dan el siguiente parte facultativo:

El diestro Silveti sufre una herida penetrante de pecho, de diez centímetros, superficial y fracturas de la quinta y sexta costillas, situada en la cara anterior del tórax, estando interesado el pulmón derecho y la pleura. Pronóstico grave.

Me dicen de la enfermería que el diestro herido está postradísimo, habiéndosele dado, para reanimarle, inyecciones de suero fisiológico y de aceite alcanforado. Los médicos han establecido turnos y han rectificado el primer parte, diciendo que el estado del diestro es muy grave. Pasará la noche en la enfermería de la Plaza y se suspenderá una verbena que se debería celebrar en sus dependencias.

Por nuevas noticias que llegan de la enfermería, se sabe que el estado de Silveti es muy grave. El diestro, a consecuencia de la gran cantidad de sangre perdida, ha sufrido varios colapsos. Se pensó, en vista de la gravedad, administrar al diestro los últimos Sacramentos; pero se desistió de ello a ruegos del hermano del herido, que expresó el temor de que la ceremonia impresionara a éste mucho. Témese esta noche fatal desenlace en la enfermería. Después de vestirse los toreros han vuelto a la Plaza y no les han dejado entrar en la enfermería. Su paisano Freg está afectadísimo. Silveti toreaba hoy por segunda vez en España.

En El Heraldo de Madrid (26 de junio por la noche):

El estado de Silveti. Por telégrafo. Valencia 26 (1m). Solo funciona el pulmón izquierdo de Silveti. Los diestros Freg y «Saleri» con sus cuadrillas se han ofrecido incondicionalmente y permanecen a la puerta de la enfermería. Los médicos turnan. Se ha rogado a la estación del Norte que las máquinas que pasan junto a la enfermería eviten en lo posible el ruido. Se teme que se presente la pulmonía traumática. Se reciben muchos telegramas y muchas personas acuden a la enfermería...

Valencia, 26 (2:40 t). Ha sido trasladado «Silveti» al Hospital, aplicándosele inyecciones de aceite alcanforado, dándosele antes un sorbo de «champagne». También se le aplicó un terrón de hielo. Se le ha levantado el apósito, viéndose que la herida presenta el mismo aspecto de gravedad.

El Heraldo de Madrid (27 de junio por la noche):

Estado de Silveti. Por telégrafo. Asistido por dos monjas. - Una de ellas, mejicana. - Palabras del diestro. - Viaticado. - Aumenta el pesimismo. Valencia 27 (4, 5 t). Silveti está asistido por dos monjas, una de las cuales es mejicana. El diestro confraternizó con ella, recordando a sus familias. La monja mejicana le entregó una medalla de la Virgen de Guadalupe, patrona de Méjico. Silveti le pidió otra de la Virgen del Carmen, siendo complacido. En vista del estado del herido, la monja le pidió que se confesase. Silveti contestó: «Soy bueno, esperamos unos días. Deme agüita hermana, pues tengo mucha sed». Esta madrugada se agravó subiéndole la fiebre a 38 grados. Ahora tiene Silveti 37 grados y medio y 140 pulsaciones. Aumenta el pesimismo de los médicos.

El Liberal, diario de Madrid, en su ejemplar correspondiente al 22 de agosto de ese año, informa lo siguiente:

Silveti, restablecido. El novel matador de toros mejicano, Juan Silveti se encuentra totalmente restablecido de la gravísima herida que le causó en Valencia un toro de Palha en día 25 de junio último. Silveti, a quien las Empresas de Bilbao y Sanlúcar de Barrameda habían hecho ofrecimientos que reanudase sus tareas, pero no lo hará hasta el día 3 de septiembre, en que probablemente toreará en el Puerto de Santa María. Después es casi seguro que se presente al público madrileño en una Plaza de las proximidades de la villa y corte.

Como podemos ver, la cornada que le infirió Jilguero de Palha fue gravísima. La versión de Verduguillo es que Juan Silveti fue dejado en la enfermería de la plaza esperando su pronto deceso y que la atención médica que se le proporcionó fue ya cuando se vio que superó la noche siguiente a la cornada. Por lo que se lee en los diarios consultados, esa es una versión alejada de la realidad, pues al diestro herido se le atendió con los medios que en ese día había al alcance.

El día de mañana concluiré con estos apuntes.

sábado, 1 de mayo de 2010

Tal día como hoy: 1964. Triunfo de Peñuelas. Juan Silveti actúa por última vez en nuestra feria.

Durante el último tercio de la década de los 50 y la primera mitad de la siguiente, el hijo del Tigre de Guanajuato fue uno de los toreros que fortificaron la tradición y la leyenda del serial de San Marcos. Su depurada tauromaquia era un platillo que la afición de Aguascalientes se solazaba en degustar, pues de los de su generación, es quizás junto con Jesús Córdoba, el torero que mejor dominó el conocimiento de la lidia, de los terrenos y de las suertes precisas para poder dar a cada toro la lidia correcta y adecuada a sus condiciones.

La oportunidad que da ocasión a este comentario, fue el festejo final de la feria en el que alternaron con él Humberto Moro y el utrerano Juan Gálvez, para dar cuenta de un importante encierro de Peñuelas. Las crónicas refieren la actuación del Tigrillo como discreta y como triunfadores de la corrida al encierro de Peñuelas y al linarense Moro que cortó una oreja.

El relato de de don Jesús Gómez Medina sobre lo destacado de la tarde es el siguiente:


El pasado viernes la del toro con nervio y pujanza. En efecto, por obra de los astados de Peñuelas volvimos a apreciar la suerte de varas con todo lo que encierra de emoción y dramatismo; de gallardía y de espectacularidad.

Por obra de los toros de Peñuelas, mal de su grado, visitaron varias veces la inhóspita arena – ¡los primeros tumbos de la Feria! – y también, en dos o tres ocasiones, el poderío de los bureles, aunado a su fiereza, lanzó estrepitosamente a jinete y cabalgadura contra los tableros, para reproducir una escena que arrancada, al parecer, de las añejas estampas de Daniel Perea, conserva aún su abigarrado patetismo.

Fueron los de Peñuelas en suma, fieramente bravos, con la bravura que emociona y entusiasma; con esa bravura, con esa fiereza que son y serán siempre las cualidades esenciales del toro de lidia. Con la bravura, con la fiera acometividad que, desgraciadamente, va escaseando en otras ganaderías; pero que hay que cuidar con todo celo, pues cuando tales características dejan de existir en los cornúpetas destinados al toreo, se habrá extinguido ya esa raza admirable llamada toro de lidia.

A todo esto, digamos que, con tales cualidades, los de Peñuelas tenían mucho que toreárseles, como se dice en el argot taurino. No, no eran los toros de azúcar y mazapán que por faltos de fuerza o de fiereza – de bravura – se antojan inofensivos. No.

A estos bureles había que dominarlos antes de hacerles florituras. Había que poder con ellos, en suma. ¿Lo consiguieron los maestros?...

El programa anunciador del festejo en los diarios invitaba al público a asistir a los corrales de la plaza a apreciar el encierro. Es curioso observar ese detalle, pues si bien la reglamentación exige que los toros estén a la vista unos días antes del festejo, es raro que se invite públicamente a verlos, más bien se trata de evitar, so pretexto de que con la afluencia de público se mueven y se pueden inutilizar.

Al final de cuentas y como decía antes, solamente Humberto Moro logró cortar una oreja al segundo de la tarde, con el que pasó algún momento de apuro en el primer tercio, cuando le echó mano. Por su parte, Juan Gálvez tuvo una tarde de esas para no recordar, en la que se vio sin deseos ni reposo al hacer el toreo.

Juan Silveti seguiría asistiendo a nuestra Feria de San Marcos, aunque ya no lo haría vestido de luces. La fiesta en México ya se comenzaba a manejar de una nueva manera y el respeto a la dignidad de los toreros estaba siendo soslayado, se pretendía tratar a los artistas como jornaleros sin importar la jerarquía que les es consustancial. Por eso él y varios de los de su tiempo decidieron que era el momento de dar vuelta a la página y dar por concluida con lucimiento una trayectoria, que seguir adelante pero sin esa necesaria dignidad.

Hoy le recuerdo en la que fuera su presentación postrera en nuestra feria y como actual cabeza de una dinastía de toreros, que se encamina a encontrar ya a la cuarta generación de matadores de toros en su historia.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Dinastías en las plazas de Aguascalientes

Se ha anunciado para este día un festival, que para efectos de marketing, es de dinastías, en el que actúan los hijos de Armillita, Calesero, Juan Silveti, Humberto Moro, del rejoneador Jorge Hernández Andrés y el matador en retiro Luis Fernando Sánchez. La finalidad del festejo es el homenajear se afirma – celebrar, diría yo – el septuagésimo aniversario de vida del hijo mayor de Fermín El Sabio, Manolo Espinosa Armillita y el recolectar fondos para la atención de la infancia discapacitada, que serán aplicados por la Fundación Teletón y el Ayuntamiento de esta ciudad.

Aunque casi no me ocupo de la actualidad inminente en este espacio, me siento motivado a hacerlo ahora, porque en ese marketing al que he aludido antes, se afirma que este festival es el primer evento taurino que reúne en una plaza nuestra a varias dinastías de prosapia en los ruedos y creo que un mero accidente demográficoClaudio H. Vargas dixit – lo puede hacer aparecer así, pero un recorrido por la historia, nos puede mostrar que en festejos formales y en festivales también, los hijos de aquellos que han sido gente en esto, se han reunido más de alguna vez.

El retroceso en el tiempo lo iniciaré en el año de 1964 – que si hurgamos en las hemerotecas y en los anuarios con seguridad habrá más para relatar –, cuando precisamente Manolo Espinosa hacía sus primeras armas en los ruedos y en Aguascalientes había lo que parecía iba a ser una próspera industria vitivinícola. En el mes de agosto, la Feria de la Vendimia se acompañaba de festejos taurinos y así, el día 16 de ese mes se anunció una novillada en la que con un seleccionado encierro de Matancillas – todavía encaste ParladéCampos Varela –, aún propiedad de don José C. Madrazo, se reunieron en el ruedo de la hoy centenaria Plaza de Toros San Marcos, el ya nombrado Armillita, Jesús Solórzano y Alfonso Ramírez Calesero Chico, cuyos padres llenaron grandes páginas de la historia del toreo.



Manolo Espinosa y Calesero Chico el 16 de agosto de 1964 (Foto: Archivo Carlos Meza Gómez)


Este festejo tuvo mucho predicamento, pues aún tratándose de una novillada, la plaza se llenó. Me contaba Carmelita Madrazo, una notabilísima escritora de estos temas, sobrina del ganadero que lidiaba en la fecha e hija del de La Punta, que al empresario, don Jesús Ramírez Alonso le sobró únicamente una entrada en las taquillas, misma que colocó en un marco. Sobre este festejo, don Jesús Gómez Medina escribió lo siguiente en El Sol del Centro del día 17 de agosto de 1964, en crónica que tituló Los tres cachorros llenaron la plaza al máximo:
...Una completa faena de Chucho. Soberbios naturales de Calesero y el fácil hacer de Manolo. Primoroso encierro de Matancillas del que destacaron tres novillos. La tarde, espléndida. Y el lleno, total, rebosante. Clima y ambiente de una gran solemnidad, en suma. Y dispersos aquí y allá, entre barreras y en el tendido, los miembros del senado taurino en pleno: El Maestro Fermín, Carlos Arruza, Chucho y Lalo Solórzano. También Humberto Moro y Juanito Silveti. Y ganaderos y aficionados de postín en gran número. Todo esto a tono con la categoría y la importancia del cartel. En estas condiciones hicieron el paseo los tres herederos: Chucho Solórzano, Calesero Chico y Manolo Armilla…


Un segundo encuentro dinástico se daría el 23 de noviembre de 1969, cuando Manolo Espinosa, Jesús Solórzano y el hijo de Fermín Rivera, Curro, se enfrentaron a un gran encierro del Ingeniero Mariano Ramírez. Fue una tarde de grandes triunfos en los que el hijo de Armillita destaca con Garambullo, el primero de su lote; Solórzano con Piel de Plata, al que le corta el rabo y que le ha valido una placa en los muros del coso y Curro Rivera con Pitero, del que también recibe el apéndice caudal.

No pasará mucho tiempo para que el encuentro se dé ya en la nueva Plaza Monumental, el 1º de noviembre de 1975, en esta ocasión serán Alfonso Ramírez Calesero, Juan Silveti y Humberto Moro por los de ayer y Humberto Moro hijo, David Silveti y José Antonio Ramírez El Capitán por los de hoy los que enfrentaron un encierro de Santa Rosa de Lima, entonces sita en Aguascalientes y propiedad en esas fechas de los señores Ibarra Mora, cuñados de El Poeta del Toreo. El festival tenía finalidad benéfica también y resulta interesante ver aquí que en alguna forma, aunque resulte simbólica, los padres entregaron el testigo a sus hijos toreros que prácticamente iniciaban su andadura por los redondeles. El triunfo ese día, fue para el hijo del linarense Humberto Moro, que le cortó el rabo al cuarto del festejo.

Hogaño, a unas décadas de distancia, volvemos a ver algunos nombres anunciados, como el de Manolo Espinosa Armillita, el de José Antonio Ramírez El Capitán – autor por cierto, de una de las faenas más grandes que haya realizado un novillero en la Plaza México –, Humberto Moro y eso me permite alzar la voz para señalar que quizás debió tenerse en cuenta a Jesús Solórzano, que en Aguascalientes realizó algunos de sus trasteos más recordados y que desde ese aparentemente lejano 1964, arrancó junto con el homenajeado una carrera en los ruedos que les llevó juntos por muchos ruedos y por muchas cuestiones de la vida. Pero este es un deseo personal y seguramente los organizadores no están para satisfacer ese tipo de peticiones.

Creo que por la causa noble a la que pretende apoyar y por el reconocimiento que pretende dar a alguien que ha dedicado prácticamente toda su vida a la fiesta de los toros, merece ser exitoso. ¡Que todos tengan suerte!
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