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domingo, 14 de junio de 2026

13 de junio de 1971: La primera transmisión satelital a todo el mundo de una corrida de toros

Estamos prácticamente en la víspera de la conmemoración del quinto centenario de la celebración del primer festejo taurino celebrado en lo que hoy es México, que la historia tiene documentado con certeza. Los juegos de toros y cañas a que hace referencia Hernán Cortés en su Quinta Carta de Relación al emperador Carlos I, y que recuerda, no tanto por el hecho de la celebración táurica en sí, sino porque encontrándose en ella, llegaron hasta él los enviados de Luis Ponce de León a comunicarle que estaba sujeto a Juicio de Residencia, es decir, a un procedimiento de investigación por las responsabilidades en las que pudiera haber incurrido durante el tiempo en el que desempeñó diversos cargos al frente de los asuntos de la Corona Española en estas tierras.

El hecho que refleja el documento da debida cuenta de que las celebraciones con toros, como la de ese día de San Juan de 1526, habían trascendido ya los confines de la Península Ibérica y que así como la lengua, la religión y la cultura de la antigua Iberia buscaban acomodo en las tierras recién ocupadas, a partir de ese momento, también los divertimentos, como las fiestas con toros tratarían de encontrar su sitio entre los recién llegados y los naturales. Y a este día, es perfectamente dable afirmar que se arraigaron en su nuevo asentamiento y fueron aceptados por quienes los trajeron y también por quienes los recibieron.

La universalidad del toreo

Sin dejar de tener una esencia profundamente hispana, la fiesta de los toros es aceptada por personas de todo tipo de herencia cultural en el planeta, aunque también es innegable que en sus inicios, su funcionamiento dependía totalmente de lo que se gestaba y producía en España. Será, en la visión de José Alameda, México, de donde salga quien rompa ese ciclo y abra las entrañas de la fiesta para el resto de los países donde se verificaba:

Se dice que Gaona fue el que “universalizó” el toreo mexicano, el que abrió las puertas del ámbito internacional para los toreros de México… La consideración tiene que ser más amplia. Veamos: hasta entonces, todas las figuras del toreo habían sido nacidas en España; Gaona es el primero que, sin haber nacido en tierra directamente española, se hace figura del toreo mundial. Más tarde, vendrían Armillita y Arruza, y el venezolano César Girón y el portugués Manolo Dos Santos… Pero el primero: Rodolfo Gaona... No digamos, pues, que Gaona “universalizó” el toreo mexicano: “universalizó” el toreo. Punto...

Así lo plantea don José en su Historia Verdadera de la Evolución del Toreo, porque a su juicio, es a partir de la emergencia del Califa de León cuando se entiende que las puertas se tienen que abrir para cuando menos, los toreros que surgen en latitudes diferentes a lo que España es.

Las ciencias avanzan que es una barbaridad...

Esa expresión que Sebastián hace a don Hilarión en La Verbena de la Paloma, obra de Ricardo de la Vega, musicalizada por Tomás Bretón, ha trascendido a su tiempo y la realidad es que en algo más de medio siglo, el conocimiento de los sucesos de la fiesta, pasó de las reseñas escritas en los diarios, a las imágenes en movimiento en los noticieros cinematográficos, pero el saber del acontecer en las plazas en lo que hoy llamamos tiempo real, estaba reservado solamente a aquellos que adquirían su localidad en las taquillas y ocupaban una localidad en los tendidos. No había otra manera de ver los toros en directo.

Cuando la televisión llega a las plazas, se amplía el número de espectadores, pero en un inicio, en un radio restringido alrededor del coso en el que se celebraba el festejo. Cuando se descubre que enviando las señales al espacio exterior y devolviéndolas después a puntos determinados en la tierra, se pueden cubrir cuantos puntos se deseen sobre el planeta, se desarrolla la tecnología, lanzándose diversos satélites de comunicaciones de órbita geoestacionaria. En el caso relacionado con este tema, es fundamental el llamado Intelsat IV – F2, que fue el que hizo posible la transmisión de la corrida que me ocupa.

La llamada corrida del siglo

Para el 13 de junio de 1971, se anunció que en la plaza de toros de Jaén actuarían Santiago Martín El Viti, Manuel Benítez El Cordobés y José Fuentes ante un encierro de don Carlos Núñez, en un festejo nocturno que sería transmitido a veintidós países del mundo, entre los que se contaron Estados Unidos, Canadá, México, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Venezuela, Colombia, Perú, Uruguay, Ecuador, Argentina, Grecia, Rumania, Portugal, Yugoslavia, Taiwán, Hong Kong, Líbano, Japón y Australia.

El festejo tendría un carácter benéfico, destinándose los ingresos que produjera para las FEAPS (Federación Española de Asociaciones Pro Subnormales) y el mismo tuvo por un incansable y eficaz organizador a El Cordobés, que fue quien gestionó los asuntos taurinos en España y en el extranjero, hizo los amarres necesarios para obtener la transmisión internacional del mismo. Escribió quien firmó como A, en El Ruedo fechado el 8 de junio de 1971:

…la Fiesta de Toros no podía quedar al margen de la evolución ecuménica que se está operando en el mundo respecto a que por canónico entendemos incluso lo moral… Y es en Jaén en donde, en la anunciada corrida multitelevisada de próxima celebración – el día 13 del corriente –, El Cordobés, El Viti y José Fuentes van a matar seis «toros» a las ocho de la tarde… Esta serie de coincidencias en la celebración del espectáculo que han de presenciar unos doscientos millones de seres pertenecientes a pueblos, razas y naciones diversas, dispares en psicología y entendimiento, va a suponer un veredicto en cuanto atañe a la Fiesta que ha caracterizado la mayor parte de la manera de ser del espíritu hispánico… Nos alegra, y presumimos de que no será ésta la última ocasión en la que la Fiesta española conmueva. al mundo y nuestras instituciones benéficas cambien también la escuálida faz de su Hacienda…

El transmitir en vivo, una corrida de toros a muchas partes del mundo, representaba hace 55 años, una oportunidad dorada. El resultado de la corrida fue triunfal, El Viti le cortó las orejas y el rabo a su primer toro, El Cordobés también le cortó el rabo a su primero, a pesar de un pinchazo y las dos orejas a su segundo y José Fuentes saldó la noche con tres orejas en la espuerta. Al exterior, se dio una imagen de que la fiesta de los toros encerraba – y encierra – una grandeza que merecía y merece ser conocida.

Algunas celebraciones periféricas

En Nueva York, se renombró una plaza pública con el nombre de Plaza de Toros, según relata la crónica aparecida en semanario El Ruedo fechado el 15 de junio de 1971:

Y es que la histórica plaza neoyorquina de Pennsylvania se llama desde el pasado jueves, día 10 de los corrientes, «Plaza de Toros», en conmemoración de la primera corrida que, por televisión, vía satélite, se retransmitió desde España al Madison Square Carden, situado frente a la nueva «plaza»… La ceremonia que rebautizaba la plaza neoyorquina se inició a la una de la tarde (las 19,00 hora española) en la esquina de la calle 33 y Séptima Avenida y fue presidida por míster Bud Palmer (jefe de Relaciones Públicas de la ciudad) y míster E. William Henry (presidente de la Management System Corp., promotora de la corrida). En un ambiente de pasodobles participaron en ella muchachas ataviadas con trajes regionales españoles, y los invitados, entre los que se encontraban personalidades españolas, fueron obsequiados con una típica sangría…

Y además, desde la gran manzana, se envió a una funcionaria de su Ayuntamiento para presidir el festejo, junto con las autoridades de plaza, Margarita Martínez, de origen portorriqueño, quien entregó al alcalde de Jaén, Ramón Calatayud Sierra, una placa conmemorativa enviada por el alcalde neoyorkino John Lindsay, quien a su vez recibió por conducto de su enviada, las llaves de oro de la ciudad de Jaén.

El devenir de esta tarde

Ya en las diversas relaciones del festejo, tras de exponer el éxito de este festejo, se proponía declarar el 13 de junio como el Día Mundial de la Tauromaquia y se anunciaba la celebración de más corridas televisadas vía satélite en circuito cerrado. Sigue el cronista de El Ruedo:

Cuando nos referimos a que esta corrida de Jaén puede modificar la cara financiera de la Fiesta, no especulamos con hipótesis. Por de pronto, las corridas que se van a celebrar en Valencia (Venezuela), en conmemoración de te batalla de Carabobo durante los días 26 y 27 del presente junio, serán retrasmitidas (vía satélite) a España, Méjico, Perú, Colombia, Ecuador y Panamá como obsequio del Gobierno venezolano a los mencionados países de habla hispana… En la corrida del sábado 26, Antonio Bienvenida y Luis Miguel Dominguín lidiarán, junto con el venezolano Curro Girón, toros mejicanos de Reyes Huerta. La del domingo 27 será a usanza goyesca y las reses de Javier Garfias serán despachadas por Curro Romero, el mejicano Manolo Martínez y el venezolano Efraín Girón… En resumen: la corrida que comentamos marca – no por lo que sucedió en el ruedo, sino por sus planteamientos y supuestos previos y posteriores – una verdadera fecha histórica… No es aventurado augurar que, en lo sucesivo, se podrá hablar del toreo, antes y después de su primera retransmisión mundial vía satélite, desde la plaza dé Jaén…

Ese festejo resultó ser apenas un primer paso. Hoy, algo más de medio siglo después, los toros se transmiten vía satélite y en directo a quien tenga el deseo de acceder a ellos, y no solamente festejos puntuales o con una causa benéfica, sino ferias y a veces temporadas completas.

Eso demuestra que cinco siglos después de haber salido de España, la fiesta de los toros efectivamente adquirió el carácter de universal.

domingo, 8 de febrero de 2026

6 de febrero de 1927: Pepe Ortiz realiza la orticina por primera vez en El Toreo de la Condesa

La temporada 1926 – 27 en El Toreo no resultó ser todo lo satisfactoria que la afición esperaba. Después de los grandiosos sucesos ocurridos en la anterior y con las ausencias de Rodolfo Gaona y la de Ignacio Sánchez Mejías, uno, retirado definitivamente de los ruedos y el otro, temporalmente fuera de ellos y dedicado a otros menesteres, se encontraron con un elenco que no llevaba nombres rutilantes en su composición, ni figuras que, en ese momento, se distinguieran por su consistencia. Escribió en su día Verduguillo:

No había en España, ni tampoco en México, toreros de quienes echar mano, diestros que con el anuncio de su nombre pudieran llamar a los aficionados a las taquillas a adquirir su derecho de apartado, y asistir a las corridas en que tomaran parte... Don Antonio Galván Duque tuvo la gentileza de atender a mi recomendación, y el primer espada que contrató en Madrid fue Nicanor Villalta, un muchacho aragonés, “gigante y cabezudo”, y que tenía el pescuezo más largo que un toro de Miura. Fue quien despertó mayor entusiasmo en aquella temporada en que ni “Chicuelo” ni Marcial Lalanda lograron hacer cosas mayores...

La parte nacional de los matadores de toros fueron únicamente Pepe Ortiz y Juan Espinosa Armillita, quienes junto con otros diestros como Valencia II, Fausto Barajas o Manuel del Pozo Rayito se encargaron de completar los 22 festejos de los que constó el serial que se dio entre el 10 de octubre de 1926 y el 20 de febrero de 1927.

Ka penúltima corrida de la temporada era parte de una serie de tres festejos ofrecidos de manera continua por la Asociación de Prensa, los días 5, 6 y 7 de febrero de ese 1927, los dos primeros, corridas de toros y el tercero, una actuación de los hermanos Manolo y Pepe Bienvenida ante erales de Zotoluca.

Una corrida pasada por agua

La corrida del 6 de febrero de 1927 se anunció con un encierro de San Diego de los Padres, para Manuel Jiménez Chicuelo y Pepe Ortiz, mano a mano. Una corrida que a punto estuvo de ser suspendida, después de arrastrado el segundo de la tarde, pero Chicuelo en su calidad de primer espada y director de lidia, consideró que la corrida podía continuar y se llevó una de las más fuertes ovaciones de la tarde.

Aparte de las vicisitudes climáticas, los toros no dieron el juego que de ellos se esperaba. Relata en su crónica aparecida en el semanario Toros y Deportes, aparecido al día siguiente de la corrida:

Poco tengo que decir de los toros que para la segunda corrida de la prensa enviaron los señores Barbabosa propietarios de la ganadería de San Diego de los Padres. Los pupilos de don Antonio mansurronearon de lo lindo; casi todos ellos volvieron la cara ante los pencos, no se dejaron castigar, salieron rebrincando cuando los hulanos les hurgaban la piel y saltaron al callejón una barbaridad de veces... Tres de los sandieguinos no debieron pasar, y si se escaparon de volver a los corrales, ello se debió a que el cambiador de suertes se empeñó en hacernos tragar el camelo, y en complicidad con los pincharratas, puso cuanto estuvo de su parte porque la divisa barbabosina – permítaseme el término –, saliera lo mejor librada posible... Pero justo es asentar que entre tanto buey de carreta como hoy soltaron los señores Barbabosa, hubo un toro que mereció los honores de ser paseado por el redondel... Mi felicitación calurosa a los señores propietarios de San Diego, por la brillante pelea que dio este animal; pero siento no poder decir lo mismo de los demás, porque francamente hablando, hubo algunos de ellos indignos de ser lidiados en la plaza más importante de la República, que es la de “El Toreo”...

Como vemos, un ejemplar salvó in – extremis el honor de la divisa, porque la corrida en su conjunto no correspondió con su juego al prestigio de la ganadería de su procedencia. Y, sin embargo, los toreros pudieron triunfar ante ella.

El genio creador de Pepe Ortiz

La crónica refiere que quien después sería llamado El Orfebre Tapatío sorteó el lote más malo de la corrida y que los toros corridos en segundo y cuarto lugar no tenían dentro faena alguna. Es más, el primero de su lote, saltó repetidas veces al callejón, en todos los tercios de la lidia y para poder matarlo, Pepe Ortiz tuvo que ir a sacarlo de allí. 

Lo interesante llegó con el sexto de la corrida, llamado Aretillo, un toro negro, ante el que, realizó una obra que ha pasado a la historia y que es, al final, la que da notabilidad a esta fecha de la historia. Relata Verduguillo:

José Ortiz torea con el capote con una exquisitez, con una suavidad, con una finura inigualables. Ahí han quedado esos cuatro lances para que venga cualquiera de aquí o de allá a mejorarlos. Cuatro monumentos. Si los ve Benlliure de seguro que los adopta por modelo, porque de esos entran muy pocos en libra… ¿Y en los quites? Ortiz se reveló en los dos que hizo, como un maestro. En el primero ejecutó otras dos verónicas de las que llevan su sello, y luego, con majestuosidad, con garbo indescriptible, se echó el capotillo a la espalda, dibujó una gaonera y recortó muy torero. En el otro, ejecutó tres lances de difícil clasificación: fueron una especie de tijerillas combinadas con navarras, vamos, algo maravilloso, estupendo, grandioso. “Chicuelo” no se dejó ganar la pelea, y también hizo de las suyas. La ovación para ambos fue delirante... Inició el trasteo con un pase cambiado por alto; luego dio uno de pecho, ceñidísimo, siguió con un natural con la diestra, y después otro de pecho hincando la rodilla derecha. Dejó que el toro se repusiera para después continuar la faena... La segunda parte se compuso de un pase de la firma que ni dibujado resulta más bonito, al que siguió uno de pecho muy apretado. Luego toreó José por delante, con elegancia, con dominio, con gallardía. Y al correr la mano en un natural con la diestra, el diestro resbala y cae en la cara. Momento emocionante: el toro hace por el diestro, le mete la cabeza, lo tiene entre las patas, largo rato y le pisa la cabeza. Pepe se levanta encorajinado, recoge espada y muleta, y sin verse la ropa va en busca de su enemigo... Pero a partir de eso, la faena se torna vulgar. Pepe torea por la cara, de pitón a pitón y en cuanto logra la cuadratura entra derecho y pincha en las alturas. La escena se repite hasta cuatro veces más, porque el toro se pone por delante y no ayuda nada al matador. Al fin logra Pepe media estocada en las agujas, que basta. Ovación grande...

La pérdida del equilibrio por un resbalón, quedando a merced del toro, da la impresión de haber arruinado una obra que apuntaba a ser redonda. Pero la impresión causada en la concurrencia fue contundente.

Chicuelo se mantiene en el ánimo de la capital

Manuel Jiménez Chicuelo terminó de entrar en el ánimo de la afición de la Ciudad de México un par de años antes, cuando materialmente bordó el toreo ante Lapicero de San Mateo allí mismo en El Toreo. En esta oportunidad, ya como cabeza del elenco de la temporada, se veía en la situación de tener que refrendar su calidad de figura ante la afición capitalina.

La ocasión se le presentó ante el tercero de la corrida Pergamino, que fue el toro de la corrida que salvó el honor de su divisa, lo aprovechó cumplidamente y le cortó las orejas y el rabo. Refiere Rafael Solana en su relación:

Seis lances dio Manolo a “Pergamino”, y en todos ellos el artista hizo alarde de bravura, de elegancia y dominio; remató enredándose el toro a la cintura. En los quites, el de la Alameda, lo mismo que su compañero el tapatío, se hicieron aplaudir fuerte… La faena de “Chicuelo” con “Pergamino” fue artística, pinturera, valiente: el toro no pasaba y Manolito toreó con la derecha, por bajo y por alto, siempre cerca, metido constantemente entre los pitones, en el terreno enemigo. Hubo una serie de medios pases graciosísimos que levantaron una oleada de aplausos y un afarolado que puso a la concurrencia de pie. Entró derecho el maestro y sepultó la mitad del acero en el mismo hoyo de las agujas, y como el toro tardara en doblar, “Chicuelo” descabelló al primer sopapo. La ovación fue enorme y se le concedieron al artista las dos orejas y el rabo de su noble enemigo. A petición del público, el toro fue paseado por el redondel, previa la aquiescencia del C. Regidor que presidía la corrida...

La descripción de la faena nos revela una arista distinta del toreo de Chicuelo, pues hace referencia a un torero que se mete en los terrenos del toro, más que hacer el toreo artístico con la muleta, todo con el afán de salir triunfante de esta corrida.

Reflexiones sobre Pepe Ortiz

El sesgo histórico de esta tarde deriva de que Pepe Ortiz realizó en ella por vez primera en un quite la orticina, reflejando con ella la profundidad de su creatividad con el capote en las manos. Escribe Robert Ryan:

La tauromaquia de Pepe Ortiz tiene extraordinaria vigencia porque restaura al moderno toreo de capa la olvidada riqueza del repertorio antiguo. En un momento histórico en que el arte de torear tomaba nuevos cauces de temple, estética y despaciosidad, Ortiz tomó en sus manos la capa de torear y, acorde con la nueva disciplina, se forjó una maestría de la tauromaquia de los siglos. Siendo un artista creativo, su hondo concepto de torería le impulsó a reencontrar, a redescubrir, las perdidas huellas del galleo, a explorar y revelar los pliegues más sutiles de la navarra, la tijerilla, la suerte de “Illo”, los recortes y las largas. Su arte recoge los matices de un espíritu sensible inmerso en la cultura de la capa, partiendo sus innovaciones de las aportaciones y el ejemplo de los clásicos…

A partir de esas bases es que creó distintas suertes con el capote, que le permitieron perpetuar su nombre y su obra en la historia del toreo. A propósito de la orticina, el propio torero refirió al licenciado Alberto Guzmán, quien firmando como Alberto Lázaro, dejó escrito en el semanario La Lidia:

La orticina está inspirada en “Chicuelo”, por su chicuelina – pero la chicuelina antigua, que es girando con el toro al compás de una verónica en redondo –. Se me hizo fácil hacer exactamente la suerte al revés, o sea haciendo una tijerilla redonda, girando con el toro en una vuelta completa… Esta suerte la intenté en mis horas de práctica, cuando hacía el toreo de salón. Cuando creí que era realizable, la hice con una vaca en la hacienda de Xajay y viendo que resultaba, y con la aprobación de don Eduardo Margeli (que Dios guarde), la hice en El Toreo durante la corrida que ya mencioné.

Toreros graves y toreros leves

Decía al principio que Verduguillo criticaba la temporada 1926 – 27 por no tener figuras de peso en su elenco y en sus reflexiones escritas y publicadas años después, sostenía sus argumentos señalando que el triunfador de la temporada había sido nada menos que Nicanor Villalta, quien a la vez ganó la Oreja de Oro. Esa reflexión me llevó a recordar un capítulo del libro La pantorrilla de Florinda y el origen bélico del toreo, de José Alameda, mismo que lleva por encabezado el que utilizo para esta sección. Entre otras cosas, Alameda expresa:

La literatura taurina, complacida en realzar a los toreros llamados "hondos", ha olvidado con frecuencia otra condición en cierto sentido más pura, la de los toreros que se elevan y pierden peso al torear… Entre los diversos matices del toreo de nuestro tiempo, puede distinguirse y establecerse un orden de niveles en que se sitúan los toreros, por su expresión y proyección. Unos, al ras; otros, ahondando, gravitando. Otros, hacia arriba, levitando. (La palabra “levitación”, no registrada por la Academia, lo está por otros diccionarios más abiertos, de más pronto eco, como procedente de un cierto uso real, del que puede derivarse el verbo levitar, parónimo de leve, y de levantarse.) … Toreros de gravitación y toreros de levitación. Toreros graves y toreros leves… De los primeros, está llena la literatura taurina, pragmática. De los segundos, ¿cuáles?, ¿quiénes? … Pongo tres ejemplos: un sevillano, Manuel Jiménez “Chicuelo”; un mexicano, Pepe Ortiz; otro sevillano, Pepe Luis Vázquez… Frente a la expresión ahondada del trianero Juan Belmonte, por ejemplo, del toledano Domingo Ortega (el de su primera época) o del mexicano Silverio Pérez, epígono de Ortega con personalidad propia, está el de Pepe Luis Vázquez, torero sin peso; está el de José Ortiz, que, al caminar con el toro, parecía despegarse del suelo, liberado de la arena… Pepe Ortiz fue un caso notabilísimo. Entre los toreros que han sabido andarle al toro, sólo él tuvo un acento distinto. Se le anda al toro, por lo común, para “poderle”: Ortiz lo hacía para “florearlo”. En México, “florear con la reata”, con la cuerda, es el juego que hace el jinete charro, convirtiendo la utilidad – lazo, aprehensión, caza – en adorno, ya sin causa. Era lo que Ortiz hacía en los quites, yendo y viniendo con el toro, en un juego de ala, complicado y fino a la vez, un barroco impalpable. De la “chicuelina” hizo un desliz. Inventó la "chicuelina andante". Tal como él la hacía era un paseo que se convertía en vuelo… Calificar a eso, simple y poco despectivamente, de “gracia torera” y pasarse de largo, como algunos quieren hacer… pone en entredicho a sus críticos superficiales…

Alameda nos deja claro aquí, que el poder con los toros no es ya solamente cuestión de profundidad o de hondura, que también se puede conseguir a través de la belleza e incluso, con la apariencia de lo que, algunos pretenden demeritar reduciéndolo a la mera expresión de un gracejo taurino. 

Esas son las reflexiones que nos deja, a la vuelta de casi un siglo, la creación de una suerte de capa que, la escuchamos en las reflexiones sobre el arte que se crea delante de los toros, pero la vemos muy de cuando en cuando delante de ellos. Quizás sea tiempo ya, de ir desempolvando ese amplio catálogo de suertes, para darle variedad y vistosidad a lo que sucede en el ruedo.

Hasta dentro de una semana.

Aviso parroquial: los resaltados en los textos de Verduguillo y José Alameda son obra imputable exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 30 de marzo de 2025

A un siglo de la despedida de los ruedos de Rodolfo Gaona (IV)

Rodolfo Gaona y la evolución del toreo

El toreo había cambiado con una rapidez inusitada en las dos décadas que Rodolfo Gaona permaneció en los ruedos como matador de toros. Por una parte, Juan Belmonte apareció y depuró el elemento del temple y después vendría Gallito a traer los primeros esbozos del toreo en redondo. Sin embargo, a esas dos piezas les faltaba un tercer elemento para que unidas debidamente produjeran una verdadera evolución. Escribe José Alameda:

La consideración preferente de los valores espaciales, de postura o de plasticidad es una trampa en la que ha caído la crítica y la historiografía taurina... Los valores de tiempo son esenciales en el toreo... Y Gaona los tenía... Gaona les andaba a los toros, pero no solo en banderillas... también con la muleta... dentro del desarrollo de la faena, para mantener la reunión entre suerte y suerte, en el enlace de ellas... en las pocas filmaciones que se conservan, se encuentran algunos momentos en que le anda al toro con un “tempo”, con una cadencia, que no son frecuentes hoy en día, pero menos lo eran en aquellos...

El tercer elemento era ese tempo o ritmo que aportaba Gaona y que como dice Alameda, se le escapa a la mayoría de los historiadores del toreo. Por azar o por preclara inteligencia, Chicuelo reúne las piezas y las expresa por primera vez en México el 1º de febrero de ese 1925 ante Lapicero de San Mateo, demostrando que otra forma de hacer el toreo es posible.

Gaona ante la crítica en su última temporada

El Califa de León alguna vez confesó que Belmonte había llevado a todos los toreros de su tiempo a terrenos que nunca sospecharon pisar. Igualmente, con el paso del tiempo, la tauromaquia del torero de León fue evolucionando de manera imperceptible, distinguiéndose con claridad diferencias entre lo que le hacía a los toros el Gaona anterior a 1916 cuando permaneció prácticamente exiliado en España hasta 1921, y lo que realizó en sus últimas temporadas en México. Escribe una entonces jovencísima Esperanza Arellano, quien después sería conocida por su seudónimo de Verónica sobre este particular:

Ha toreado con esa arrogancia, con esa elegancia suya, es cierto, pero siempre en el terreno del más neto de los modernismos. Y sigue siendo, no lo niego, el amo, el único, modernista y todo, porque sabe lo que nadie y domina como nadie. Ahí lo imperdonable. ¿Qué necesidad tiene Gaona de torear así? ¿El mal gusto de los públicos? ¡No y mil veces no! ¿Es que Rodolfo dejaría de ser el gran torero que es, dejaría de querérsele y aplaudírsele, sólo porque no prodigara el relumbrón, la chabacanería y no torease con refinado modernismo? Él, el gigante, el coloso, debía imponerse e imponer al relajamiento, la degeneración, el mal gusto de los públicos, su arte grande, quintaesenciado; su toreo clásico, bello y gallardo, y aquéllos no tendrían más remedio que rendirse a la verdad, avasallándose al arte que satisface y a la belleza que cautiva y subyuga...

Estas duras afirmaciones contenidas en el ejemplar de El Universal Taurino aparecido el 5 de enero de 1925, cuestionan la evolución de la tauromaquia de Gaona, le critican que se haya adaptado a los cambios que evidentemente estaba sufriendo el toreo y de alguna manera le exigían que volviera a sus maneras originales.

Pero no es solamente Verónica quien alza la voz para señalar que la evolución del toreo del llamado Petronio es motivo de desagrado. También don Luis de la Torre El – hombre – que – no – cree – en – nada, en el ejemplar del El Universal Taurino del 19 de enero siguiente, se expresa en semejante sentido:

En su libro “Mis Veinte Años de Torero”, Capítulo IX, Párrafos II y IV de la página 117, refiriéndose a la mejor faena de su vida, ejecutada el día 21 de abril de 1912, en la plaza de Sevilla, España, dice Gaona: “La faena de muleta fue breve y artística: quince muletazos magistrales, solo, derecho y toreando de brazos... Aquella fue una faena seria. Sin arrodillamientos. Sin molinetes, ni cogerse de los pitones. Nada: toreo clásico, del que yo sabía... Los pases fueron ligados todos, en el terreno que yo quise, mandando y. haciendo del toro lo que me dio la gana”. ¿Se dan cuenta, señores gaonistas (?), de lo que es una faena cumbre de las que ahora se ven pocas, simple y sencillamente porque no las entendemos? Junto a ese modelo de faena y comparadas con algunas otras que han ejecutado no sólo Gaona, sino también otros diestros modernistas a quienes no queremos darles mayor importancia, digan ustedes, ¿qué lugar les corresponde a las tan cacareadas de “Pavo”, “Faisán” y algunas más? Yo juzgo que colocadas entre el modernismo – lugar que les corresponde –, son faenas magníficas, pero nunca comparables con otras portentosas en las que, según opinión netamente gaonista, ha sobrado toro o ha faltado torero, únicamente porque no ha sido el ídolo quien las ha ejecutado. Para las de Gaona hubo oreja bien ganada; para las otras, aunque también la hubo, se concedió por indulgencia y nada más. ¡Vaya imparcialidad y buena fe! ...

Algo de miopía, sin duda, ante el inminente cambio de maneras que estaba ya tocando a la puerta. El 1º de febrero de ese mismo año ocurrió la epifanía y el 25 de octubre siguiente Manuel Jiménez Chicuelo regresaría a ratificar que el modelo a seguir para la realización de una faena en una plaza de toros, sería a imagen y semejanza de la que él realizó ese domingo a otro toro de San Mateo, ahora llamado Dentista. A veces somos renuentes al cambio, pero con afición, terminamos aceptándolo.

15 de febrero de 1925, el encuentro de Gaona y Azote de San Diego de los Padres

En el año de 1921, a iniciativa de los directores de los diarios El Universal, El Gráfico, El Demócrata, El Heraldo, El Mundo y Últimas Noticias entre otros, se inició la edificación de la Casa de Salud del Periodista en la zona conocida ese entonces como Chapultepec Heights hoy las Lomas de Chapultepec en la Ciudad de México. Entre los eventos generados para financiarla, se incluyó en la temporada 1921 – 22 una corrida de toros, que se volvió tradicional desde entonces.

La correspondiente a la temporada 1924 – 25 se ofreció el día 15 de febrero de 1925 y para lidiar toros de San Diego de los Padres, se anunció a Rodolfo Gaona, Manuel Jiménez Chicuelo y Antonio Márquez. Esa tarde fue fecha de uno de los grandes hitos de la campaña final del Indio Grande, por su hacer ante el toro Azote, del que el torero recordó ante su biógrafo Carlos Quirós Monosabio:

A “Revenido II” y a “Azote” también los maté a mi gusto... Entre los pares que vivirán muchos años, dejo el de “Pinturero” y el de “Azote” – de San Diego los dos –; éste muy parecido al de “Pavo”... En la corrida de la Casa de Salud del Periodista, con “Peinador” y “Triciclo”, hice dos tercios de quites que, vaya, todavía se están aplaudiendo...

La crónica escrita por Verduguillo para El Universal Taurino acerca de la actuación de Gaona ante el sandieguino, en lo esencial es la siguiente:

En cuarto turno aparece “Azote”, cárdeno bragado, coletero, calcetero. Número 12. Tiene todo el tipo de aquel célebre toro “Sangre Azul”, de quien se dice que es hermano… toma el Califa las banderillas; y después de gallear, prende un colosalisímo par de poder a poder. Y sigue con otro, llegando a la cara, y levantando los brazos, maravillosamente. El tercer par es imponente. Vaya forma de medir los terrenos y de cuadrar en la misma cabeza… Rodolfo tiene que contender con un enemigo que, aunque escaso de poder, conserva codicia y acude donde le llaman. El primer pase es ayudado por alto; sigue un natural muy vistoso, aunque despegadillo. Se pasa el leonés la muleta a la derecha. Un natural, luego el de pecho, con los pies juntos, corriendo la mano, y pasándose todo el toro por la faja. Y después de esto, toda esa serie de pases y medios pases que el Califa lleva guardados en el baúl, y sólo saca los días grandes. ¡Qué faenaza! Cuánto valor, cuánta salsa ha derrochado el mexicano. Los que han opinado que para tener salsa torera hay que nacer en las márgenes del Guadalquivir, se han equivocado; que no contaban con que en el Estado de Guanajuato hay una ciudad que se llama León, que también da lo suyo… Y cuando “Azote” junta las manos, nuestro entusiasmo se torna en locura, al ver a Gaona volcarse, materialmente, sobre el toro, y hundirle la tizona un poquito del lado de allá pero con magnífica dirección. El toro tarda en doblar y Rodolfo descabella a pulso… Ovación delirante: las dos orejas, el rabo, tres vueltas al redondel. Sombreros, pañuelos, palomas, bastones… El acaboselipsis…

La faena de Gaona no fue precisamente breve y tendiente únicamente a despachar al toro que, falto de fuerza, pocas opciones dejaba para esperar la realización de algo de lucimiento ante él. Y sin embargo, tirando de una nueva manera de hacer, de una tauromaquia que estaba por llegar para quedarse, pudo evitar el adormecimiento de la concurrencia, alegrarla y alzarse con un gran triunfo en esa señalada tarde.

15 de marzo de 1925. Gaona y Hortelano de Veragua

La corrida a beneficio del Montepío de Toreros fue la penúltima que toreó Gaona en El Toreo. Se repetía el cartel de un mes antes, para alternar con Chicuelo y Antonio Márquez en la lidia de un encierro del Duque de Veragua, que permitió a los lidiadores recaudar recursos para sus compañeros heridos y también para los actuantes, que tuvieron una tarde redonda. Gaona le cortó el rabo al cuarto del festejo, Hortelano. Escribe Verduguillo acerca de su actuación:

“Hortelano” se llama el cuarto: es negro entrepelado, listón… Tras de brindar al señor Secretario de Industria y Comercio don Luis N. Morones, que ocupa un delantero de tendido, Rodolfo pasa a contender con “Hortelano”, al que encuentra aplomadísimo, pero dando la cara. Al dar Gaona el primer pase, de pecho con la derecha, el toro clava los pitones y da la voltereta, y con esto se le acaba el poco gas que le quedaba… El Indio supo aprovechar las condiciones de inmovilidad de su adversario y lejos de aburrirnos le sacó gran partido. Vimos al artista adornarse en todos los momentos, aunque el toro no le embistiera. No fueron pases los que dio el leonés, fueron simples adornos al margen de la fiera que le veía asombrada del dominio que derrochaba el maestro… Sí, señor, porque maestría y mucha se necesita para alcanzar lucimiento con un toro que no solamente no pasa, sino que ni siquiera se mueve…  Gaona ha logrado hacer del toro lo que se le da la gana. Y así vemos que lo lleva de un sitio a otro, como si fuera un corderito amaestrado. Le gustó a Rodolfo para dar la estocada, la querencia natural de los toriles, donde el torito podría hacer algo por él. Y sí que lo hizo. El leonés se perfiló en corto, dando la espalda a la misma puerta de los chiqueros, entró derecho, y hundió todo el acero en la misma cruz. Después descabelló al segundo golpe. Ovación grande, las dos orejas, el rabo, etc. Ovación también al toro…

La descripción que hace Rafael Solana de esa actuación es importante, porque no refleja una actuación tradicional, de manual, diríamos, ante un toro aplomado, agarrado al piso. Rodolfo Gaona quería cerrar su temporada regular con un gran triunfo y lo consiguió recurriendo a cuanto recurso estuvo en su mano para salir avante. Aparte del bien dominado oficio y de su evidente raza, recurrió a formas de salir a enfrentar a los toros que entonces eran novedosas.

Para terminar

La grandeza del toreo y de los toreros se demuestra en su capacidad de adaptarse a su evolución, siempre que se respete su esencia. En esos días el toro estaba siendo objeto en México de una profunda transformación genética, hecho que, sumado a la que estaba ya sufriendo el toreo, lo que exigía una manera nueva de enfrentar a los toros en los redondeles. Rodolfo Gaona, en el cierre de su brillante carrera, dejó bien claro que estaba perfectamente adaptado a esos cambios y en aptitud de contender con los nuevos valores de la fiesta, en sus propias claves. A veces, pareciera, a los que nos cuesta adaptarnos es a nosotros, los aficionados.  

domingo, 16 de febrero de 2025

A un siglo de la despedida de los ruedos de Rodolfo Gaona (I)

Al prepararse la temporada 1924 - 25 de El Toreo de la Condesa, flotaba ya en el ambiente la idea de que sería la última en la que el eje de ese serial sería la figura de Rodolfo Gaona. Rafael Solana Verduguillo, relata que al prepararse la contratación de los toreros foráneos que en ella actuarían, el doctor Jesús Luna, gerente de la empresa, viajó a España en la primavera del 24 con esa idea:

Llegó el Dr. Luna a Madrid dispuesto a ver corridas antes de hablar con ningún apoderado. Asistió a casi todas las ferias importantes, comenzando por la de Valencia y acabando por la de San Sebastián... El primero que contrató fue “Chicuelo”... En Madrid, el más aplaudido era un torero paisano... Se llamaba Antonio Márquez. También lo contrató el doctor Luna... otro madrileño, un muchacho chaparrón, regordete, con la nariz respingadilla, cuyo nombre era Victoriano Roger y lo apodaban “Valencia II” o bien el “Chato Valencia”... Su hermano José ya estaba contratado y así consideró el doctor que, con los Valencias, Márquez y “Chicuelo”, ya tendría Gaona para divertirse...

Por su parte, el propio Califa de León meditó en voz alta delante de Monosabio para su libro Mis Veinte Años de Torero, lo siguiente:

El año pasado pensé quitarme de los toros; en principio resistí, pero, al fin me dejé convencer de los míos u acepté, sobre todo ante la actitud intransigente de un grupo de aficionados que no quisieron ver, ni el mérito, ni la exposición de muchas de mis faenas, ni la calidad de los toros que me tocaron en las primeras corridas de la temporada. Y no me fue porque consideré que en esas condiciones no debía irme de los toros... Hoy las condiciones son distintas, he probado que puedo y que estoy como nunca estuve... Juzgo que mi misión ha quedado cumplida...

Y los resultados que refleja la historia corroboran la apreciación del torero de León. Esa temporada 1924 - 25, constó de 25 corridas que se ofrecieron entre el 12 de octubre de 1924 y el 29 de marzo de 1925 y Rodolfo Gaona actuó en quince de esos festejos, es decir, el peso de la temporada descansó sobre sus hombros y él lo llevó adelante, para cerrar su carrera en los ruedos el 12 de abril de ese 1925.

Los fastos de la última temporada del Califa

La temporada final de Rodolfo Gaona en la plaza de la colonia Condesa estuvo señalada por un número importante de obras imperecederas. Las tardes de gloria se recuerdan todavía por sus faenas a los toros Brillantino y Jorobado de Piedras Negras; Faisán y Cornetín de Atenco; Pavo y Revenido II de Zotoluca; Cantarero de CoaxamalucanTurronero II de La Laguna; Azote de San Diego de los Padres; y, Hortelano del Duque de Veragua.

El torero tuvo bien formada su opinión sobre algunas de estas faenas. Así lo contó a Carlos Quirós Monosabio:

El toro más manejable que me han echado esta temporada, indudablemente fue “Brillantino”, de Piedras Negras... Le hice una buena faena, pero, como el toro puso lo suyo, el mérito nos lo repartimos entre los dos... Cuando salió el “Faisán”, de Atenco - mi ganadería favorita -, no lo pude torear de capa ni en quites... Reparé que “Faisán” dos, tres veces que lo mandé correr para las tablas, no llegaba... Hice que lo llevaran otra vez, y una tercera, y, efectivamente; no llegaba a los tableros... entonces se me ocurrió sentarme en el estribo y le metí cuatro muletazos a un toro que ninguno creía que podía toreársele de esa manera... Con “Revenido II”, de Zotoluca, creo haber hecho mi mejor trabajo de muleta esta última temporada... Mi mejor par de banderillas fue el de “Pavo” de Zotoluca... Esta temporada he clavado muchos buenos pares de banderillas, que dejo allí para que los borren. Pero en ninguno expuse tanto como con “Pavo”: se me arrancó como para dejarme en el sitio. Si me falsea un pie, allí quedo...

El análisis a posteriori del torero, prácticamente en la víspera de la última tarde, no es contradictorio con lo que los cronistas dejaron escrito acerca de esas extraordinarias tardes que rememora el diestro.

El porqué del adiós

Gaona afirma retirarse de los ruedos por petición de su familia, cuando aún se encuentra pleno de facultades. Pero también en alguna forma reflexiona sobre la dureza de su paso por los ruedos durante casi dos décadas:

Sin alardes de ninguna especie, estoy convencido de que mi carrera ha sido de las más difíciles, porque fue una pelea sin tregua. Aquí y en España siempre me han echado un contrincante con quien disputar las palmas. No se ha querido que descanse... Esa situación no es posible mantenerla siempre. Toda fuerza tiene su límite... los públicos piden más y más todos los días, con injusticia, según mi criterio, porque creo que, cuando se tiene historia y antecedentes, también debe haber consideraciones... La resolución de quitarme de los toros ha sido un trance muy duro para mí... Cedí a instancias de mis hijos; a la consideración del tiempo que ha pasado; a las exigencias de los públicos...

Don Arturo Muñoz La Chicha, torero de plata de esta tierra, con quien tuve amistad y conviví varios años, decía que la despedida de los ruedos más inteligente que había visto fue precisamente la de Rodolfo Gaona, porque la decidió y llevó a cabo, afirmaba cuando todavía le podía a los toros y no andaba dando lástimas... De la exposición de motivos que el llamado Petronio le hizo a Monosabio para Mis Veinte Años de Torero, se advierte claramente que esa era su intención, irse dejando tras de sí, una estela de grandeza.

Gaona y la elegancia

Una de las señas de identidad que se han presentado para distinguir a Rodolfo Gaona es la de su elegancia. Muchas vueltas al mundo ha dado una imagen suya, captada en el Toreo de la Condesa, donde da una vuelta al ruedo junto con Antonio Fuentes, donde dan la impresión de ser dos cariátides recorriendo la circunferencia del ruedo, por la apostura y, precisamente la elegancia con la que se conducían en el momento en el que la cámara fotográfica les captó.

Escenas como esa le generaron al Califa una etiqueta de torero elegante y sobrenombres como el de Petronio del toreo. Escribe José Alameda al respecto:

Le dijeron en México “El Petronio del toreo” y con ello no le hicieron favor alguno, pues con eso se recalca lo más externo de su arte, la ya dicha y redicha elegancia, que pudo resultarle "comercial", pero que distrae de sus valores más auténticos... Llamarle a Gaona “Petronio del toreo” no es lo más, es lo menos que puede decirse de él... La consideración preferente de los valores espaciales, de postura o de plasticidad, es una trampa en la que ha caído la crítica y la historiografía taurina en ciertas épocas... Los valores de tiempo son esenciales en el toreo... Gaona les andaba a los toros, pero no sólo en banderillas... también en la muleta. No sólo para ir al toro o para citarlo, sino dentro del desarrollo de la faena, para mantener la reunión entre suerte y suerte, en el enlace de ellas... Esta cualidad de “andarle al toro” la lleva a su cumbre Domingo Ortega... Y, sin el poder de Ortega, pero con mayor finura, Antonio Ordóñez... Pero el primero en la cronología del toreo moderno, es Rodolfo Gaona...

Como se ve, la tan traída y llevada elegancia de Rodolfo Gaona, es apenas una mera tarjeta de presentación, pero que no refleja en forma alguna la esencia del ser y del hacer del torero.

Pero también existe otra arista de la noción de la elegancia, que expone Ortega y Gasset:

Los latinos llamaban al hecho de elegir, escoger, seleccionar, “eligere” y al que así lo hacía, “eligens” o “elegans”. El “elegans” o elegante no es más que el que elige y elige bien. Así pues, el hombre tiene de antemano una determinación elegante, tiene que ser elegante… El latino advirtió… que después de un cierto tiempo la palabra “elegans” y el hecho del “elegante” – la “elegantia” – se habían desvaído algo, por ello era necesario agudizar la cuestión y se empezó a decir “intellegans”, “intellegantia”, inteligente… Así pues, el hombre es inteligente, en las cosas que lo es, porque necesita elegir…

Entonces, la elegancia, como sinónimo de la inteligencia, idea que no desarrolla José Alameda, puede ser también admisible como atributo del torero de León, Guanajuato, aunque la apreciación por la cual se le calificó así, no haya sido precisamente esa.

Así pues, a partir de esta fecha y en las siguientes semanas, trataré de ir recordando algunos fastos de la última temporada capitalina de Rodolfo Gaona, hasta llegar a la fecha de su despedida de los ruedos.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son obra imputable exclusivamente a este amanuense, porque no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 2 de febrero de 2025

Sobre la involución del concepto de bravura y la permanencia de la fiesta


Vivimos en estos tiempos, como aficionados a la tauromaquia, tiempos complicados por la prevalencia y la imposición de las ideas que, derivadas de las creencias generadas por el culto woke que preside la vida cultural, académica y política que nos rodea, ha provocado una serie de acciones y actitudes buenistas hacia las cosas y hacia los animales que nos rodean, elevándolos a categorías que terminan equiparándolos a los seres humanos, adjudicándoles derechos por la vía legislativa – sin entender que éstos son siempre anteriores a las personas – y creando situaciones que afectan a la vida y a la cultura de los pueblos.

En el caso de la fiesta de los toros, el meollo del asunto se ubica en una cuestión principalmente semántica, pero que en el discurso es utilísima para aquellos que se oponen – casi siempre desde la ceguera que produce el desconocimiento – a la tauromaquia, porque la diferencia entre lo que es cruel y lo que es cruento no es de mero grado, sino de auténtico fondo. La fiesta de los toros es cruenta porque en ella se vierte sangre, de los toros, pero también de los toreros. Jamás será cruel, porque no se infringe daño alguno, por el mero placer de hacerlo. La cirugía es cruenta, pero no es cruel; en cambio, la guerra es cruenta y cruel al mismo tiempo. Así, el mero uso inapropiado de un término, permite a quienes ignorantemente vociferan en contra de la fiesta, captar audiencias y convencerlas de algo que carece de sustento alguno.

La fiesta sin sangre o los toros del velcro

Hace un par de semanas leía una entrevista que hacía Leonardo Páez en su tribuna del diario capitalino La Jornada a Francisco Terán, cronista taurino de muchos años y entre otras cuestiones, afirmó:

Creo que al quitar la sangre del toro en el ruedo – morirá como sea y donde sea, pero no a la vista –, no se está quitando la esencia del toreo sino una de sus esencias; hoy, el arte del toreo es algo más que dar muerte a los toros a estoque. Las generaciones futuras de aficionados no van a querer la sangre del toro en el ruedo, sino eventualmente la del torero. Entonces, no hay que pensar sólo en lo que hoy nos gusta, sino en las preferencias del público futuro, siempre y cuando, claro, se efectúe una eficaz capacitación mediática que abone en el retorno de la ortodoxia…  (La Fiesta en Paz, 19 de enero de 2025)

Me preocupa sobremanera lo que afirma Paco Terán. La sangre que vierten los toros producto de las suertes de varas y del segundo tercio, no es una de las esencias del toreo, sino en el caso de la lucha del toro ante los picadores, es prácticamente la esencia de la tauromaquia. Parece olvidarse el entrevistado, que la fiesta es de toros, que tiene por objeto el valorar la bravura del que sale al ruedo y que esa valoración, esencialmente, es justamente en la suerte de varas.

La justipreciación de la bravura

Afirmaba con firmeza hace unos cuantos días el ganadero Francisco Javier Araúz de Robles, en una tertulia con la Asociación El Toro de Madrid, que la bravura del toro de lidia se mide en la suerte de varas. Esa reiteración que hace el ganadero, la explicó así en su día Domingo Ortega, en su célebre conferencia La Bravura del Toro, pronunciada en 1960 ante la peña Los de José y Juan:

En la suerte de varas está el problema de la bravura del toro. Si no fuese por esta razón, Portugal, donde no se matan los toros en la plaza, tendría los más bravos del mundo porque pueden emplearlos como sementales después de ver el resultado de su lidia. Pero como tampoco se pican, se quedan sin saber cuál es el auténticamente bravo, lo único que pueden ver es cuál es el más cómodo para el torero, pero eso no es la auténtica bravura... Es en la suerte de picar cuando el toro la demuestra, lo que pasa es que después de esa suerte el noventa por ciento de los toros empieza a defenderse con menos peligro porque les queda menos fuerza. Pero cuando sale el toro bravo sigue embistiendo con la misma intención, que es la de atacar, no la de defenderse...

La lidia girará siempre alrededor de la bravura del toro, porque dependiendo de sus condiciones el diestro tendrá que plantear su hacer delante de él, y la única manera de conocer esa manera de establecer su estrategia, será conociendo si su adversario es o no bravo. 

Por su parte, Carlos Urquijo, quien encabezara una de las ganaderías más emblemáticas de España durante muchos años, refiere lo siguiente acerca de la suerte que es el fiel de la bravura del toro:

Lógicamente el toro debe adaptarse, conservando su pujanza fundamentada en el tronco de su procedencia, pudiéndolo reconocer en la plaza, aunque careciera de hierro y divisa… Se ha pedido respeto para el toro grande, en detrimento del respeto al toro bravo… Ennoblezcamos el arte de picar. Ese tercio debe reformarse, es factible y conveniente. El toro que por su condición de bravo humille ante ese muro pierde toda posibilidad de embestir. No lo convirtamos en un títere. Si así fuese, cada vez surgirán más argumentos agnósticos que negaran la justificación de su existencia… (El País, Madrid, 5 de abril de 2024)

Entonces, la suerte de varas, además de ser el medio de calibrar la bravura del toro, resulta ser un medio por el cual, ejecutada conforme lo señalan los cánones, se le demuestra respeto al toro, permitiéndole exhibir su fuerza, su pujanza y sus verdaderas condiciones de lidia. La reforma que menciona Urquijo, debería consistir, entiendo, en la utilización de caballos más ligeros y de petos menos tiesos y voluminosos que permitan al toro una pelea más equitativa, para así evitar la descarada simulación que hoy se hace, convirtiendo la suerte de varas en un mero trámite.

El toro del futuro

La pasada semana se celebró en las Islas Azores el IV Fórum Mundial de la Cultura Taurina. Entre las varias cuestiones que allí se trataron, una que me llamó la atención y que fue la que me llevó a garabatear estas notas, fue la relativa al toro del futuro. Entre otras cuestiones, en su participación el ganadero portugués Joaquim Grave afirmó al respecto:

El toro del futuro ya está en el campo, y coincido con mis compañeros de mesa y reconozco la gran labor llevada a cabo por todos los ganaderos en las dos últimas décadas, que han diseñado un toro más completo y bravo que nunca. Considero que la bravura es una total entrega ante los engaños que se ha conseguido con muy concretas mejoras genéticas en cuanto al físico y al comportamiento del animal…

La bravura concebida como una total entrega ante los engaños, prescinde de los conceptos clásicos y tradicionales de lo que la bravura es. En consecuencia, parece que ya al ganadero del futuro ya no le preocupa calibrar de esa manera si sus toros son bravos, sino saber únicamente si pueden engullirse muchos muletazos. Escribió don Luis Fernández Salcedo:

Mira Ramón: nada de varas, caídas, etc., porque todo esto ha pasado a la historia. Dinos en el telegrama qué tal han resultado los toros; pero, sobre todo, cómo han quedado los toreros, que, al fin y al cabo, esto es lo que se refleja en el libro de Caja, y aquello en el historial, libro muy pesado ya de manejar en nuestros días y en el cual, te aseguro, que muchas veces no sé qué poner… (Relatividad de la bravura, o mañana será otro día, en Tres ensayos sobre la relatividad taurina, 1948)

La bravura, en su recto sentido, hoy ha pasado a segundo término. Lo que como tal se conceptúa, es la capacidad del toro para repetir embestidas en el último tercio. Así lo predecía José Alameda hace 40 años:

...ese toreo exigirá otro tipo de toros. Y los tendrá. Los ganaderos se los darán. Y el toreo de muleta acabará por comerse a la suerte de varas, que quedará relegada al papel de simple tramoya, a su servicio... (Historia Verdadera de la Evolución del Toreo, 1985, Pág. 29)

El llamado toro del futuro parece estar predeterminado para las llamadas corridas incruentas o del velcro. La noción justa y clásica de la bravura ha involucionado a eso y va a quedar archivada en las crónicas de prensa y en los libros, pero al paso que llevan las cosas y con la evidente aquiescencia de las fuerzas vivas del toreo, todo apunta a que ese es el destino y probablemente el final de una tradición cultural de todos los pueblos hispanos. 

Coda: la muerte del toro ha de ser en el ruedo

Ya apuntaba Paco Terán que el toro, en una fiesta con sangre o sin ella, habrá de morir. Y también anotaba el Padre Cué en alguno de sus ejercicios poéticos, que el toreo es un juego de tres: del toro, el torero… y la muerte, a veces la del torero, a veces la del toro. Hogaño, pareciera que para dar un lavado de cara al toreo, se promueve el indultismo, con la finalidad de demostrar a los que no gustan de esta fiesta, que el toro también tiene oportunidad.

Esa no es una vía más que para propiciar el descastamiento del toro. Vuelvo a citar a Carlos Urquijo en algo interesantísimo que declaró a Alfonso Navalón:

...muchos toros indultados en la plaza por bravos, después de tomar tres puyazos superiores, son luego malos sementales en el campo... Por eso soy partidario de la tienta de machos. Por eso te dije hace cinco años que la mayor vergüenza de un ganadero es que le indulten un toro en la plaza, porque es señal que no lo ha sabido ver en el campo... Porque cuando se manda un toro a la plaza es porque no sirve para semental... (En Viaje a los toros del sol, 2005)

Así pues, no se trata de convencer a nadie de que los aficionados y profesionales de la tauromaquia somos buenas personas. Con conservar su esencia en puridad, creo que basta. No hay que quedar bien con los de fuera, primero habrá que limpiar la casa. Lo demás, llegará por añadidura. Y agrego para terminar, esto último será una auténtica tarea de romanos.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son obra imputable únicamente a este amanuense, porque no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 14 de enero de 2024

Jesús Solórzano y Fedayín de Torrecilla, a 50 años vista

Jesús Solórzano
Foto: Lyn Sherwood

El seguro azar del toreo

José Alameda ha explicado con claridad lo que pudiera considerarse una de las grandes paradojas de la fiesta de los toros, en el sentido de que lo único seguro en ella, sea precisamente el azar, entendido éste, en el sentido de que por más previsiones que se tomen al respecto de una situación determinada, no necesariamente se dará el resultado que se previene, sino uno que puede ser fortuito, accidental o involuntario.

Era quizás miércoles y todavía no estaba definido el cartel de la sexta corrida de la temporada 1973 – 74 de la Plaza México. Muchos rumores circulaban entre la afición y los medios especializados. Dadas las importantes actuaciones de Manolo Martínez y Mariano Ramos el domingo anterior, las voces más fuertes propalaban un mano a mano entre ambos toreros ante el encierro de Torrecilla que era lo único fijo para la fecha. Pero también se decía, que en las oficinas de la empresa se manejaba que en la combinación que se diera podría participar Jesús Solórzano, anunciado en el apartado y que a esa fecha aún no se había presentado ante la afición capitalina.

Cuenta don Alberto A. Bitar que ante la sola mención de que Jesús Solórzano podría entrar en el cartel en el que se lidiarían los toros de Torrecilla, don José Julián Llaguno montó en cólera:

José Julián Llaguno, llevado por su encono en contra de Jesús – nunca se supo bien a bien el fondo de la cuestión – amenazó con que su familia no permitiría que se lidiaran los de Torrecilla, que convocaría a una conferencia de prensa y que entablaría una demanda contra la empresa… José Julián Llaguno era famoso por dos motivos: el primero, por sus chistes, y el segundo, por lo violento de su carácter, sólo que no tomó en cuenta a la Delegación, que amenazó con retirar del cartel a la ganadería para el Distrito Federal, amén de aplicarle una cuantiosa multa… (La Jornada, 29 de octubre de 2017)

Bastó el apercibimiento de la autoridad para que la ira de don José Julián se apagara y aceptara la terna de toreros que la empresa formó para enfrentar a los toros de su hermano José Antonio, que se completó con Eloy Cavazos y Mariano Ramos, para dar cuerpo a ese sexto festejo del serial 73 – 74. De esa manera el azar jugó la primera de sus cartas, abriendo una puerta que inicialmente estaba casi absolutamente cerrada para Jesús Solórzano.

El segundo pase del azar se produjo con los toros de Torrecilla. La corrida llegó a los corrales de la Plaza México seguramente la tarde del día 8 de enero de ese 1974, con la idea de que estuviera allí los cinco días anteriores al festejo, según lo marcaba el Reglamento. Pero el jueves siguiente, dos toros se pelearon y uno quedó inutilizado. Así lo cuenta don Francisco Madrazo Solórzano en su libro El Color de la Divisa:

…una llamada de Carlos González me inquietó, me contó con detalle como el toro número 38, inutilizó durante una pelea, al número 31, quebrándole una pata… Llamé por teléfono a Carmelita Llaguno y le pedí que embarcara otro toro a la mañana siguiente. Y como yo no podía ir, llamé también a “Chemel” para que me sustituyera: “Entre el 50 y el 49, que escoja Toño el que más le guste, están muy iguales en trapío y peso”, le dije… El jueves 10 de enero festejan sus aniversarios de nacimiento mi tío Jesús Solórzano Dávalos – 1908 –, y Manuel Martínez Ancira – 1947 –, les llamé a ambos para felicitarlos. Ese mismo día nació mi hijo, Antonio Manuel. Mientras acompañaba a Esperanza, me enteré por la prensa que mi primo, Chuchito Solórzano Pesado, completaría el cartel de la corrida del domingo… Toño, acompañado por su primo “Chemel” Garamendi, embarcaba al toro número 49, sustituyendo al lastimado. Cuatro días después, el solitario viajero y el diestro postergado, se unirían – cómplices felices – en una de las más grandes, bellas y mejor trazadas faenas en la historia de la Plaza México: la de Jesús Solórzano Pesado, al toro “Fedayín”, No 49, negro, de Torrecilla, con divisa verde y blanca...

La segunda carta del azar fue la del triunfo. Fedayín no iba, en principio, a esa tarde en la Plaza México, tuvo que darse un percance en los corrales para que de manera emergente fuera llevado a sustituir a uno de sus hermanos que se inutilizó. Y jugó también para que en el sorteo le correspondiera a Jesús Solórzano quien lo aprovechó a plenitud.

Jesús Solórzano y Fedayín ante la crónica

El quinto toro de esa corrida, el que de acuerdo a la voz popular, nunca es malo, fue nombrado Fedayín y ante él, Jesús Solórzano realizó una faena que hoy es considerada por muchos como de culto, pero que, en el fondo, es una de esas que, cuando se haga un recuento de las grandes obras realizadas en el ruedo de la Plaza México, tendrá que ser considerada, necesariamente. José Alameda, en su tribuna de el Heraldo de México, entre otras cosas, expresó lo siguiente a propósito de ella:

Siempre que el arte hace su aparición, la fiesta se desintoxica. Porque, no lo dude usted, la fiesta vive intoxicada. Intoxicada de monotonía… Pero el arte verdadero, ¡aparece tan de tarde en tarde! Sin embargo, es suficiente con que asome para que cambie toda la valoración del toreo. Solórzano acabó ayer, de un solo golpe, con esa faena de molde, monótona e industrial, esa faena que se imprime en serie, como las estampas de calendario, la misma que hemos visto ya este año y el anterior y el otro y el otro… ¿hasta cuándo?... Lo que hizo ayer Solórzano fue poner en evidencia la realidad del arte auténtico, fragante, inspirado, sincero, frente al arte de “los pintores de calendario”. Dicho con bíblico lenguaje: Solórzano vino a correr a los mercaderes del templo… La obra de arte tiene siempre que dar la impresión de algo único, distinto, sin par. Es todo lo contrario de la copia fotostática. La obra de arte, hija de la inspiración, es un modelo único. Por eso vale tanto. El público de la plaza México, este público dotado de tan impalpable sensibilidad y tan implacable juicio, lo comprendió, también de golpe, de corazón, con el alma desnuda. Y se entregó al artista con voto unánime para poner en las manos de Solórzano las dos orejas del toro. Porque en los grandes momentos, hay una emoción de la mente y un juicio del corazón… Solórzano, sí. Pero no sólo él. Fue también el aficionado mexicano, en su puesto de honor de la plaza México, el que dio el ejemplo: moralmente, expulsó a los mercaderes del templo… (Heraldo de México, 14 de enero de 1974)

Por su parte, Carlos León, en su crónica epistolar, dirigida a don Lucas Lizaur, de la zapatería El Borceguí, apunta:

Jesús Solórzano II, que inesperadamente entró al cartel como con calzador, parecía que iba a ser el “Ceniciento” de la tarde; un simple “arrimado”, marginado en un rincón de la cocina mondando patatas, mientras otros se despachaban el caldo gordo con la cuchara grande… ¿Qué fue lo que hizo Chucho para armar la que armó y colocarse, de golpe y porrazo, en un sitial que nunca había tenido? Pues muy sencillo: Volver los ojos hacia el toreo de antaño, al toreo clásico, al torear rondeño. En vez de dejarse llevar por el camino herético de la supuesta e iconoclasta “Escuela Mexicana del Toreo”, retornó a la verdad y a la naturalidad, a la pureza de procedimientos, a la estética desahogada. Y con eso tuvo para abrirle los ojos al público, que en una revelación volvía a ver los viejos moldes que creían haber roto los falsos profetas… Si bien con el capote anduvo desdibujado – lo estuvieron todos –, en lo demás, hasta en adornarse en banderillas que ya casi nadie las clava, hizo una faena de “las de ayer”, un trasteo de los que quitan años de encima, con muletazos y buenas maneras de otras épocas. Todo lo gris que había estado en su primero, fue luminosidad con este quinto toro, que en mala hora bautizaron “Fedayín”, nombre aborrecible para personas civilizadas. Para tan bella faena, pocas nos parecieron dos orejas y dos vueltas al ruedo. Pero eso era lo de menos, había resucitado el bien torear y eso nos llenaba de regocijo… (Novedades, 14 de enero de 1974)

Por su parte, el licenciado Antonio García Castillo Jarameño, titular de la sección taurina del diario deportivo Ovaciones de la capital mexicana se pronunció en el sentido siguiente:

Con la franela, la obra cumplida; la faena en que estuvo impreso un estilo personalísimo, tanto en las formas como en la construcción, muletazos acendrados, con el ritmo preciso, a la distancia justa, a la altura necesaria, engolosinando al noble y bravo burel de Torrecilla, haciendo que el enorme coso fuera un solo olé, y que la gente sintiera que admiraba algo distinto, nuevo, que no era más que eso: el personal sentir de un hombre frente a un toro... ¡nada más! Ahí trenzados en magníficas formas derechazos y naturales; ahí la culminación con el muletazo de pecho cumplido en su cabal dimensión; ahí la arrucina, pero la arrucina sin aprovechar el viaje, sino citando, embarcando, es decir, toreando y el remate justo con uno de pecho de cabo a rabo. Y los adornos – suficiencia y torerismo – en esos derechazos en redondo citando casi de espaldas, los medios pases ligados con otros por bajo sobre la diestra. Pero sobre todo y además de todo, todo ejecutado con un aliento de personal calidad... sí, “El estilo del hombre”. Dos orejas, tras un pinchazo y una más de media. Ovación inacabable y dos vueltas al anillo con salida a los medios... (Ovaciones, 14 de enero de 1974)

La relación de Alameda anota una cuestión importantísima que parece hoy de actualidad, pero que es un mal, que pareciera ser crónico para la fiesta, en el sentido de que llegan momentos en que el toreo se estereotipa, y las faenas se parecen demasiado unas a otras. La crónica de Carlos León resalta el valor intrínseco y esencial de la faena, la pureza en su trazo y en los procedimientos utilizados y que no resultan ser más que el reflejo de una tauromaquia concebida a partir de la naturalidad en su ejecución y en una técnica muy depurada en su concepción. Es por eso que el cronista del Novedades, al describirla, la señala como una faena de las de ayer. Por su parte, Jarameño deja en claro que la obra realizada por el hijo del Rey del Temple ante Fedayín no era cosa de cualquier domingo, sino una de esas que se recordarían por siempre.

El juicio personal de Jesús Solórzano

Cinco años después del hito, en el programa de televisión Toros y Toreros del entonces Canal 11 de la capital mexicana, que, en esas fechas, (1979) conducían Julio Téllez, Luis Carbajo y José Luis Carazo Arenero, se proyectó el vídeo de la faena y lo comentó el propio Jesús Solórzano, quien entre otras cuestiones dijo sobre ella lo siguiente: 

Esa tarde era de mucho compromiso, el único vestido que tenía para estrenar era ese y yo me dije: “o me retiro de los toros, o me compro más vestidos…”, me la estaba jugando al todo por el todo… son faenas que te ponen en tu sitio y que te dan aire para caminar… no podía yo fallar con el toro, todo lo que tenía que hacer era muy pensado, ya después te vas gustando, te olvidas de todo y te entregas al placer de torear… había que darle la pausa al toro, dejarle respirar… mi toreo tiene la influencia de la buena tauromaquia… hoy me doy cuenta de lo grande que puede ser la amalgama de las suertes que tiene el toreo… los toreros hemos perdido mucho porque estamos haciendo un toreo estándar, un toreo igual… esta faena recurre al toreo clásico… lo de ahora es muy bueno, pero con lo de ahora y lo de antes, hay que hacer algo mejor…

Como se aprecia, a un lustro de distancia, Jesús Solórzano distinguía, sin petulancia, el valor de su obra ante Fedayín, y establecía las líneas divisorias entre el toreo puro y lo que se pudiera considerar el toreo moderno. No se mostraba refractario a lo que algunos han dado en llamar la evolución del toreo, pero sí dejaba bien claro que las bases fundamentales de la tauromaquia son inamovibles, que son esenciales y cualquier modificación que se plantee, ha de ser a partir de ellas.

En conclusión

En este día se cumplen cincuenta años de esta gran obra de Jesús Solórzano, una faena clásica, en la que se reiteró una vez más que el toreo puro, ese toreo en el que, como lo dejó dicho Rafael Ortega, para transmitir, primero se tiene que sentir, es y será siempre el que mueva las fibras sensibles de afición y público, el que deje en nosotros su huella indeleble y que nos invite a volver a la plaza el siguiente domingo, con la esperanza de volver a encontrar esa conjunción entre toro y torero que es la razón de nuestra afición, eso que llaman el toreo eterno.

domingo, 13 de agosto de 2023

Relecturas de verano (XII)

En la Puerta

Fernando López Vázquez, un torero de exquisitos procedimientos ante los toros vio publicado en 1991 su valiente ensayo biográfico que llevó por título el apodo que, en una crónica aparecida en el diario capitalino Excélsior, le impusiera para la posteridad, firmando como Don Inmodesto, el que después pasaría a la historia universal del toreo y de las letras como José Alameda: El Torero de Canela, partiendo quizás de aquella idea que externara Arthur Miller, en el sentido de que el aroma de algo es aquello que no se puede ver, pero se puede percibir y sobre todo, se puede recordar.

Aproximadamente una década después – tengo en mi poder la segunda edición del año 2001 –, El Torero de Canela volvió a las arenas editoriales, en esta oportunidad con una novela, en la que, evidentemente, el tema de la fiesta es el eje de la trama y en el que a través del andar de un personaje – Fermín Conde – estudiante de música en el Conservatorio Nacional, que como él, accidentalmente acudió a un festejo taurino y en cuanto observó lo que allí sucedía quedó seducido por el ambiente, construye una historia que, de acuerdo con los sucesos de la actualidad reciente, cobra a mi personal juicio, mucho interés.

La trama de En la Puerta

Fermín Conde, decía, era un estudiante del Conservatorio Nacional de Música, originario de Pachuca, Hidalgo y en una visita de fin de semana a la casa de su familia, se reúne con su novia que era hija de uno de los profesores más importantes de la Escuela de Música de la Universidad de Hidalgo, profesor que ese domingo, fue llamado in extremis, a suplir a su amigo el director de la banda de música que amenizaba los festejos taurinos de la plaza Vicente Segura de la llamada Bella Airosa.

El profesor universitario y director suplente invita a los toros a su hija y al que después sería su yerno a acompañarlo al festejo y ambos acuden a regañadientes, porque, sintiéndose cultos, no admiten la existencia ni la subsistencia de una fiesta como la de los toros. Concluida la corrida, el autor escribe los siguientes diálogos:

Al término de la corrida se reunieron con don Evodio, salieron lentamente hacia el vehículo y ya en él, se escuchó a Grecia decir:

- No me gustó, es sangriento, pobres animales…

- Me gustaría aprender a torear, dijo Fermín.

- ¡No! Dijeron ambos al mismo tiempo.

- Sí – ratificó Fermín – el toreo es bello, rítmico, aunque estoy de acuerdo con usted maestro, en que la música no es la apropiada y contigo Greci, en que el espectáculo es sangriento, pero quitando esas dos “cosas”, el toreo es hermoso…

Lo que una supuesta afiliación cultural impedía ver a dos personas, fue precisamente la ventana que se abrió para una tercera, que en los términos del decurso de la obra, a partir de ese año de 1997, empezó a buscar la manera de aprender a torear, como una manera de entender lo que había visto esa tarde de domingo, en la que accidentalmente, sin proponérselo, asistió a una corrida de toros.

Posteriormente Fermín Conde se acercaría a los más conspicuos aficionados de su ciudad natal y se dedicaría a leer las principales obras escritas a propósito de la tauromaquia, ello sin descuidar por una parte sus estudios de música, pero tampoco su aprendizaje de los secretos de la lidia de los toros, que emprendía con verdadero interés.

De allí a la triunfal presentación como novillero en León, Guanajuato, el siguiente enero, transcurrió un suspiro y a la alternativa en olor de multitudes, apenas otro. Fermín Conde, un virtuoso de la música y del toreo ocupaba las todavía principales páginas de los medios que difundían la fiesta sin temor a ser considerados políticamente incorrectos.

Los conceptos conflictivos en la novela

Pronto Fermín Conde se encontraría inmerso en los principales acontecimientos de la fiesta en este país. La corrida del 5 de febrero no podía prescindir de su presencia y apenas con unos cuantos años de alternativa, era el principal atractivo de ella. En ese festejo, realizó un ejercicio que no es precisamente ortodoxo y que se relata por el autor así:

Ahora – continuó el cronista – ya se abrieron las medias puertas del ruedo donde aparecen los picadores; en el tercio contrario Pablo Samperio toca al toro quedándose con él, mientras Fermín Conde llega hasta donde están los picadores dialoga con ellos, retroceden y vuelve a cerrarse el ruedo. Por medio de serias con un brazo en alto Fermín trata de explicar al público que los picadores no saldrán; por el interfón la autoridad del callejón informa a la autoridad de la plaza que los de a caballo, a pedimento del matador Fermín Conde, aceptaron no salir, por lo que el matador queda autorizado para continuar la lidia; mientras todo esto sucede, el público de las localidades cercanas a los sucesos se entera que ese toro se lidiará sin picar y empieza a aplaudir y la noticia se va regando por el tendido y cuando la autoridad lo anuncia por el sonido local estallan los aplausos de un público que no sabe exactamente lo que va a suceder pero que intuye que algo está modificando la tradición en la fiesta de toros y si ustedes me lo permiten – decía el locutor – yo con ellos.

Al final de cuentas, el toro así lidiado, fue indultado. Ni siquiera se pudo calibrar su bravura ante los picadores, solamente se pudo ver que era un dulce para la muleta y por eso se le perdonó la vida… La mesa estaba puesta para un giro copernicano – nada propicio – en la fiesta de los toros.

Posteriormente el torero Fermín Conde intentaría imponer lo que hoy son llamadas las corridas del velcro, en las que no se pica a los toros y la suerte de banderillas se simula pegando al morrillo de los toros una capa de velcro, para que las banderillas se sujeten a ella por acción de ese mecanismo de adhesión plástico. El autor narra que la Unión de Subalternos se opuso a la celebración de tales festejos, amenazando vetos a las plazas que los llevaran a cabo, por lo que el torero – músico desistió de ello, cumpliendo con sus compromisos a la usanza tradicional y después de ello, haciendo un paréntesis en su carrera en los ruedos, para dedicarse por completo a la música.

- ¿Qué has pensado sobre lo de los subalternos?

- Creo – contestó Fermín – que aún no tengo la fuerza suficiente para cambiar el rumbo del toreo y, pensándolo bien, creo que nunca lo podré hacer... no seré yo quien acabe lo que lleva siglos de ser... continuaremos con lo tradicional, pero yo estoy en esto por el arte que en ello existe y también creo que para que llegue a ser arte puro, deberán limarse asperezas; tal vez estoy equivocando el camino y no deba hacerlo en las plazas, el tiempo lo dirá.

El epílogo de la novela

Fernando López, El Torero de Canela, cierra su novela con una supuesta crónica, fechada el año 2055, en la que, entre otras cuestiones, se dice:

Con la eliminación de los picadores, se acabó, se cerró el capítulo del toreo nacido a caballo con los señores feudales... El toro, con tres años cumplidos y cuatrocientos kilos de peso, salió en las plazas con el beneplácito del público... Generalmente los tres toreros hacen dos “quites” cada uno en cada toro, con los aplausos y ovaciones que merezcan, durando el tercio de capa, diez o quince minutos... El tercio de banderillas también se modificó, se usan las banderillas con el velcro adhesivo y se desterró el arpón. El largo de las mismas se redujo a cuarenta centímetros resultando más emotiva la suerte, la que sigue ejecutándose de poder a poder, al sesgo, al cambio, andándole hasta la cara, con giros, con cambios de espalda, galleando, por la izquierda, por la derecha, por dentro, por fuera, colocándose tantos pares como el público pida... Al llegar al último tercio, fue una sorpresa comprobar que sin el castigo del picador y los arpones de las banderillas, la mayoría de los toros embisten mejor; sin el tiempo limitado, las faenas con muleta son tan largas o cortas como el toro, torero y público quiere... la suerte de matar se ejecuta sin estoque y el toro regresa vivo a los corrales... ahora ya el único en peligro de muerte es el torero y esto aumentó el interés por el espectáculo, aún en aquellos que antes la repudiaron con el pretexto de “la protección a los animales”...

¿Apología o premonición?

Los sucesos de fechas recientes, como el anuncio de toros sin sangre en un cortijo privado, que al final, vistas las pocas imágenes que del mismo circularon, fueron una lamentable mojiganga en la que participaron toros de lidia y un matador de toros, me llevaron a recordar que hace algunos años leí esta novela del Torero de Canela. En una primera lectura, archivé el libro molesto, decepcionado, porque quedé convencido de que don Fernando López, después de haber sido un torero importante en la historia patria del toreo, se había convertido en un apologista de esas corridas sin sangre.

Pero ahora, a la vuelta de los años, y vistos los sucesos recientes, me quedo con la duda acerca de sí efectivamente su obra tenía por objeto el defender ese tipo de festejos taurinos o sí por el contrario, su intención era la de advertirnos, como torero que ha sido y como aficionado, del mal que se nos venía encima, por la penetración en los medios de la fiesta de personas que desconocen su historia, sus tradiciones y sus entrañas.

Hoy dejo este intento de reseña bibliográfica con una duda. No obstante, si pueden conseguir el libro, léanlo y entérense de los peligros que se nos vienen encima.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son obra imputable exclusivamente a este amanunense, por no obrar así en su respectivo original.

Referencia bibliográfica: En la Puerta. – Fernando López Vázquez. – Grupo Editorial Alternativa, segunda edición, México, 2001, 187 páginas, con ilustraciones en blanco y negro. – ISBN 970 – 9030 – 02 – 7.

domingo, 9 de julio de 2023

9 de julio de 1922: Una accidentada jornada en Tetuán de las Victorias

Plaza de toros de Tetuán de las Victorias

El arranque del séptimo mes del año 1922 no pudo ser mejor en el aspecto taurino para la afición madrileña. Fueron puestos a su disposición tres festejos en un radio territorial más o menos accesible, a modo de que pudieran elegir el que resultara de su interés. En la plaza de la Carretera de Aragón se dio una corrida de toros con un cartel formado por Bernardo Casielles, Enrique Rodríguez Manolete II y Eleazar Sananes, quienes enfrentarían toros del Marqués de Melgarejo. En la plaza de Vista Alegre, en Carabanchel, se ofreció una novillada en la que Francisco Navarro, Domingo Hernandoarena y el mexicano José Flores Joselito, se las verían con novillos de Manuel Santos, antes Antonio Fuentes

El festejo de la plaza de Tetuán

La tercera opción para la afición de Madrid se dio en la plaza de Tetuán de las Victorias. Allí ante novillos de Joaquín López de Letona y Gumersindo Llorente, actuarían Miguel Casielles – hermano del primer espada de la corrida de Madrid –, Enrique García Hilacho y el debutante gaditano José Ángel. He de confesar que al buscar un hecho significado en esta fecha para intentar contar algo este día, me encontré con el nombre del marchenero Hilacho y me vino a la memoria aquella narración de José Alameda, en el sentido de que, el primer festejo que recordaba haber visto en su vida, fue precisamente en Marchena y fue una novillada en la que actuó ese Enrique García

Las dos ganaderías que lidiaron en ese festejo tenían su asiento en Madrid. La de López de Letona es situada indistintamente en Ciempozuelos o en El Escorial – según la fuente que se consulte – y la de Llorente era del rumbo de Barajas, y creo que no está de más señalar que en parte de las tierras en las que en algún tiempo pastaron los toros de lidia de don Gumersindo, hoy está edificado el aeropuerto internacional Barajas – Adolfo Suárez de Madrid. Los dos ganaderos enviaron novillos de muy buenas condiciones. Escribió Pepe Lápiz en El Liberal del 11 de julio siguiente:

Pues nada, que D. Joaquín López de Letona y D. Gumersindo Llorente enviaron toros bravos, muy bravos, con nervio y con poder, que se iban tras el engaño, resolviéndose en un palmo de terreno. Eso fue todo… Los tres primeros lidiados fueron los de Letona, y fueron terciados: de veinte a veintidós arrobas, suaves, pastueños, blandos de patas, finos de pezuña, bien criados, no exagerados de defensas, pero con poco nervio, especialmente el primero y tercero… Otros toreros hubieran armado el escándalo con esos toros, ya que se prestaron a ello; donde les mostraban el engaño, allá acudían; ¿para cuándo aguardan estos fenómenos? …Los otros tres, de Llorente, fueron también muy bravos, pero grandes, el lidiado en cuarto lugar, en la plaza de Madrid, hubiera sido un toro de bandera; tenía ocho años y unas veintiocho arrobas; tipo de toro tan perfecto no se ha presentado en Madrid hace muchos años; no tenía más defecto que presentaba una nube en el ojo izquierdo; pero de bravura hubiera podido competir seguramente con el del señor Tabernero que tan celebrado fue, justamente, desde luego, en la plaza de Madrid... No me explico como el señor Llorente no guardó este toro hermoso, bravísimo, para semental. Los otros dos, quinto y sexto, hermosos también y bravos, aunque no tan grandes…

El resto de las opiniones de la prensa de la época va en el mismo tenor. Los novillos que salieron al ruedo fueron para hacerles fiestas y, diríamos hoy, para cortarles las orejas, pero la tarde se torció y las cosas se dieron de otra manera.

Presentación y despedida

Voy a faltar a la tradición y a comenzar por quien salió al ruedo en tercer sitio. Un novillero de Cádiz anunciado como José Ángel y del cual no encontré más señas en anuarios, revistas o libros de referencia. Creo que después de enterarse de lo que sucedió en esta tarde en Tetuán, se podrá comprender por qué su historia torera se perdió en esa forma. Decía que le correspondía lidiar, en principio, al tercero y al sexto de la corrida, es decir, uno de López de Letona y otro de Llorente, pero no mató a ninguno de los dos. Quien firmó como Don Valentín, en el diario La Voz de Madrid del día siguiente del festejo relata así su paso por ese ruedo:

El que debutó ayer, el José Ángel de nuestros pecados, miedoso, ignorante, sin haber hecho nada más que el ridículo, tomó la muleta, se acercó al toro, y al arrancársele el bicho, se tiró al suelo y se quedó «dormido» en la arena. Le llevaron a la enfermería. Allí, según nos contaron luego, ocurrió el número más divertido. Le reconocieron tres médicos, y los tres certificaron que no tenía nada; pero José Ángel se empeñó en que estaba gravísimo. Prevaleció el criterio de los médicos, y los agentes plantearon a su vez un dilema: al ruedo, o a la cárcel. José Ángel no lo dudó: a la cárcel. Y se lo llevaron…

Fue la primera baja de un festejo que a la postre resultaría accidentado, pero sin padecer lesión alguna, únicamente fue vencido por su propio miedo, que le hizo preferir la cárcel que enfrentarse al toro y a la multitud.

Miguel Casielles

El torero asturiano, cuyo hermano actuaba casi al mismo tiempo en la plaza de Madrid, tuvo una tarde, según a quien se lea, cercana al desastre o de acuerdo a los más ecuánimes, esforzada. J.C., en el ABC madrileño, describe así su labor:

Casielles, que había estado lucido con la capa y regular en la muerte del primero y del tercero – al que tuvo que despachar por haberse inutilizado el debutante –, fue cogido aparatosamente en el segundo pase, ingresando en la enfermería con un varetazo en un costado y conmoción visceral…

Por su parte, el anónimo cronista de El Imparcial, también de Madrid, relata su actuación de la siguiente manera:

Miguel Casielles, que en las anteriores corridas en que actuó ya había fracasado, quedó, así como para retirarse. Derrochó enorme miedo en su primero, y en el cuarto no hizo absolutamente nada; pero el toro le dio un achuchón y se fué a la enfermería, no volviendo al ruedo, aunque sólo le apreciaron «excitación nerviosa»…

Así pues, Casielles también terminó en la enfermería, anotando quizás el destino trágico al que iba encaminada su existencia. Cossío lo incluye en su tratado señalando sus inicios en 1924 y ya vemos aquí que arranca al menos un par de años antes; luego, señala su paso a las filas de los de plata en 1927, pero actuó como jefe de cuadrillas en Madrid cuando menos en tres novilladas en agosto de 1928, marzo de 1929 y agosto de 1931. Murió el 23 de agosto de 1934, tras de sufrir una cornada penetrante de vientre precisamente en Tetuán, cuando salió de banderillero en una novillada que torearon Edmundo Zepeda, Miguel Cirujeda y Rafael de la Serna, ante novillos de María Montalvo.

Enrique García Hilacho

El torero de Marchena que reveló la fiesta a José Alameda estuvo a punto de quedarse con cuatro toros en esta fecha de hace 101 años. Los dos de su lote, el segundo de Casielles y el segundo de José Ángel. De hecho, terminó matando tres. Y un sector de la crónica le tomó en cuenta el esfuerzo que realizó, como Jusepe, quien para el semanario El Toreo, escribió:

Lancea regular en su primero y se luce en quites. Muletea valiente y enterado, y da fin del novillo con un pinchazo y una buena estocada. Es ovacionado. En su segundo desiste de lancear por no reunir condiciones el bicho. Como llegó difícil a la muerte, lo muletea con inteligencia, para un pinchazo, media bien puesta y tres intentos de descabello. Por las cogidas de Casielles y José Ángel, tuvo que matar el cuarto, haciéndolo gracias a su inconmensurable valor; pues el novillo se puso muy difícil. Intentó matar el sexto, y no pudo por resultar cogido en el primer pase. El toro fué retirado al corral por no haber matadores…

Las relaciones más duras, criticaron el hecho de que Hilacho se haya retirado a la enfermería por apenas un palotazo en la mandíbula, cuando veremos más adelante, que recibió una cornada en la cara que le penetró la cavidad bucal.

Por esa razón el presidente Pérez de Soto, suspendió la corrida antes de morir el sexto de la tarde – de Llorente – pues hirió a Hilacho cuando toreaba de capa, y al quedarse las cuadrillas sin matadores, no había manera de finiquitar el festejo, a pesar de las protestas de la concurrencia. Recorte, en La Libertad, recomendaba ecuanimidad al público por esa situación. 

Esa actuación le valió un par de actuaciones más en Tetuán y el 15 de agosto, Hilacho logró presentarse en Sevilla. Dice Cossío que permaneció en los ruedos hasta el año de 1930 y que se quedó a vivir en Madrid, dedicándose a empleos completamente extraños al taurinismo.

Los partes facultativos

El semanario El Toreo publicó los partes que rindió el doctor Fernández Almiñaque, encargado del servicio en la plaza de Tetuán, y son de la siguiente guisa:

Durante la lidia del cuarto toro ingresó en la enfermería el espada Miguel Casielles, con una fuerte excitación nerviosa y diversos palotazos que le impiden continuar la lidia.

Durante la lidia del sexto toro ha ingresado en esta enfermería Enrique García (Hilacho), con una herida contusa en la región maxilar inferior derecha, de unos seis centímetros de extensión, penetrante en la cavidad bucal. Pronóstico reservado.

Aparte, recibieron atención en la enfermería, según las crónicas el alguacil Isidro Agamias, por un toro que saltó la barrera, al igual que un empleado del servicio de plaza identificado como El Cubano; el banderillero Malagueñín; tres monosabios que no fueron debidamente identificados; el delegado de la autoridad Antonio Martínez; y, un par de crónicas mencionan a un sobresaliente, sin identificarlo también.

Así pues, el de Tetuán fue un festejo muy accidentado y con mucho trabajo para los médicos en la enfermería.

En otros frentes

En Madrid fueron heridos Manolete II y el picador Formalito; en Carabanchel, Francisco Navarro recibió una cornada calificada de muy grave, y el fotógrafo Arturo Torres también fue lesionado al saltar el segundo de la tarde al callejón. En Valencia, pasaron por la enfermería Eugenio Ventoldrá y Algabeño; en tanto que en Bilbao, Gallito de Zafra también tuvo un pronóstico de muy grave.

Como podemos ver, el domingo 9 de julio de 1922 fue uno de esos que pasan a la historia, pero no por la luz del triunfo, sino por las sombras que generan el dolor y la sangre derramada por los toreros heridos. También esos momentos de la historia del toreo, se deben recordar.

Aldeanos