Mostrando entradas con la etiqueta José Alameda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Alameda. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de noviembre de 2019

Carmelo Pérez y Michín de San Diego de los Padres. 90 años después (II/II)

Anuncio de la reaparición de Carmelo Pérez
para el 24 de noviembre de 1929
Decía ayer que la recuperación de Carmelo fue lenta, como lento debió ser su andar por los ruedos. Las opiniones autorizadas de su tiempo señalan que se le adelantó a la alternativa y que no se le permitió madurar un concepto del toreo que le era propio, distinto a todo lo visto hasta entonces y que quizás, requería un toro distinto al que se lidiaba por esos entonces.

La manera en la que se le llevó a la alternativa fue retorcida, por lo menos. Si lo que escribe Verduguillo lleva algo de verdad, más que facilitarle el camino para ser una figura del toreo, se le envió directamente al cadalso:
Yo hablé con Carmelo con toda claridad. 
- Mira Carmelo, tú todavía no estás preparado para la alternativa: te cogen mucho los novillos, y si no te lastiman seriamente es porque ‘El Conejote’ trae enemigos sin fuerza, sin grano, apropiados para que tú hagas con ellos ese tipo de toreo tan peligroso que tienes metido en la cabeza. Cuando vengan las corridas gordas y graneadas, va a ser diferente el caso, vas a tener que sortear y si te toca un toro fuerte te puede lastimar de VERDAD. 
Pocos fuimos, ciertamente, los que nos atrevimos a hablar con Carmelo Pérez con sinceridad, los demás taurinos, temerosos de que Gaona se disgustara si se le quitaba un elemento de gran arrastre, preferían guardar un medroso silencio… 
Llegó esa tarde Carmelo de la Rosa a hablar con Rodolfo Gaona y entró temblando como tiembla el conejo en la presencia del león. El que lo hubiera visto abrir la puerta de aquel despacho, habría comprendido que todo estaba perdido… 
- Te he llamado, dijo Rodolfo, para que firmes el contrato de Carmelo Pérez. Ya él te habrá hablado del asunto. Son dos corridas a tres mil pesos cada una, lo que siempre se ha pagado por las alternativas. 
Como Carmelo de la Rosa musitara que su torero valía un poco más, Gaona lo atajó: Eso ya se verá con el toro: si como yo creo Carmelo Pérez está bien, ya toreará más corridas a mejor precio. 
En eso entró ‘El Chato’ Padilla que fue quien aceleró la firma del funesto contrato: 
- Si no firmas, le dijo a Carmelo de la Rosa, ya te puedes despedir del zarzo de banderillas. No lo volverás a hacer en todos los días de tu vida… 
Y al ver Carmelo de la Rosa que se le escapaba un ingreso de aproximadamente QUINCE PESOS a la semana, firmó la alternativa de su poderdante Carmelo Pérez… No era el contrato de la alternativa, era la sentencia de muerte…
Y esa relación de Rafael Solana no era la única en ese sentido. Se habló también en El Taurino del 31 de diciembre de ese 1929 del hecho de que su deficiente administración lo había llevado a esa penosa situación en la que se encontraba:
En un periódico de la tarde, que tiene el sólido prestigio de su seriedad, se publicó hace pocos días una información relacionada con el estado que guarda Carmelo Pérez. En esa información, que debemos considerar honrada, porque en ese concepto tenemos a su autor, se pintaban, con los más vivos e impresionantes colores, la desilusión del matador herido, su pesimismo para continuar en la peligrosa profesión a que se ha dedicado, su desencanto por la explotación de que fuera víctima y su amargura por los padecimientos sufridos y por la situación lamentable en que se encontraba. 
Pocos días después, en el mismo periódico de la tarde, aparecía un nuevo reportazgo, que para nosotros tuvo todas las características de una gacetilla de la empresa, en el que pretendió desvirtuar aquella impresionante noticia que tan comentada fuera por el público, haciendo aparecer, en boca del propio Carmelo Pérez, opiniones y conceptos completamente distintos a los que expusiera al periodista que primeramente lo entrevistó… 
Mas, a pesar del cambio radical que se operó en el ánimo de Carmelo, los aficionados sensatos, los que hemos seguido paso a paso el viacrucis de este desafortunado muchacho, los que no comulgamos con ruedas de molino, vimos en su nueva actitud la presión moral de alguien a quien interesa que el público confíe en su pronta reaparición en “El Toreo”, para seguir siendo objeto de la misma incalificable explotación que, desde que vistió por primera vez el traje de luces, se ha venido cometiendo con él… 
¡Qué distinto hubiera sido si Carmelo Pérez cae en manos de un apoderado consciente, de un administrador que, lejos de buscar un rápido enriquecimiento, a costa de la sangre de este esforzado mozo, con inminente peligro de su vida, se hubiera preocupado por enseñarle lo mucho que le faltaba por aprender, antes de llevarlo a que tomara la alternativa, por mil conceptos prematura!... 
Porque los apoderados de Carmelo tenían la seguridad de que este muchacho, al doctorarse, arrastraría a las multitudes hasta proporcionar a la empresa que lo contratara, el único lleno que, como nosotros lo aseguramos al iniciarse la temporada, se registraría en “El Toreo”…
No obstante esos comentarios, surgían voces que intentaban alentar al torero herido y que dejaban patente, que como lo dijo Frascuelo, los toros dan cornadas porque no pueden dar otra cosa. Así parece hacerlo entender don Luis de la Torre El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada en su comentario titulado El Caso Carmelo Pérez, donde expresa:
…El punto de mira de todas las opiniones ya citadas, no es otro que señalar como causa fundamental del accidente la ignorancia del diestro y su temeridad al enfrentarse con enemigos mayores a sus fuerzas, aprovechándose para ello de las circunstancias aparentemente favorables en apoyo a sus tesis… Carmelo Pérez, no hay que dudarlo, está muy lejos de ser un lidiador consumado, está muy lejos de conocer a la perfección todos los secretos de la lidia, que para eso se necesita tiempo; pero de esto a que sea un ignorante y todavía más, a que su ignorancia y falta de recursos haya sido el motivo de su horrenda cogida, media un abismo. ¿Acaso no hemos visto caer al más sabio de los toreros, al golpe certero de un utrero? ¿Vamos a buscar en su sabiduría lo que sólo fue obra de la fatalidad?... No señores, limitémonos a lamentar las continuas caídas de quienes se dedican a tan difícil y peligrosa profesión, sea quienes fueren, un maestro o un principiante; pero no nos asustemos de esos percances, hijos legítimos de la fiesta, y mucho menos nos aprovechemos de las circunstancias para sacar avantes nuestras ideas por sofísticas que sean. 
Carmelo Pérez, ¡ese loco desenfrenado!, algo debe tener para haber electrizado a las multitudes, no una vez, sino durante toda una temporada, siendo él un principiante y toreando al lado de lidiadores reconocidos ya unánimemente como cuajados, y de los cuales, por enorme desgracia, hemos visto caer también a uno…
Concluyo esta intervención con algo de la apreciación que José Alameda hace sobre Carmelo Pérez en su libro Los Heterodoxos del Toreo y que dice así:
Carmelo era un torero roto que traía la muerte en el cuerpo… Sin facultades y con poca luz aparente, toreaba muy cerca de la tierra (otra similitud con «El Espartero»); tanto que sin el arte de «Chicuelo», claro; y sin la grandeza de Ortega, desde luego; era más «moderno» que ellos. Y con más drama, con más misterio… Fue Carmelo Pérez un heterodoxo no tanto por el «qué», pues no hacía suertes distintas a las conocidas, sino por el «cómo», pues las hacía en una forma totalmente suya, no mimética, creada y con un acento marginal fortísimo, con ese sabor a légamo que hay en los que están en el río, pero no en su corriente, sino en su doliente…
Carmelo Pérez falleció en Madrid el 18 de octubre de 1931, a consecuencia las secuelas de las cornadas que le infirió Michín de San Diego de los Padres.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Carmelo Pérez y Michín de San Diego de los Padres. 90 años después (I/II)

El tránsito de los años de 1929 a 1930 estuvo marcado por el sino de Carmelo Pérez. El torero texcocano fue el eje de esos calendarios, primero porque en la temporada de novilladas que se dio en el primero de esos calendarios, que constó de 21 festejos, toreó dos terceras partes de ellos, después de renunciar a una fallida alternativa que había recibido en Puebla el 13 de enero de manos de Cagancho y después, porque casi al final del año, recibió una de las cornadas más pavorosas que recuerda la historia del toreo en México.

La temporada grande 1929 – 1930 en El Toreo de la Condesa gravitaba principalmente sobre los nombres de los toreros hispanos que vendrían a sostener el interés de los carteles que en ella se ofrecerían. El toreo mexicano seguía padeciendo la orfandad en que la despedida de Rodolfo Gaona – para esas fechas metido a empresario – lo había dejado y así, los nombres del ya mencionado Joaquín Rodríguez Cagancho, Antonio Márquez, Félix Rodríguez, Mariano Rodríguez Exquisito y Ricardo González vendrían a apuntalar a los emergentes Heriberto García, Jesús Solórzano, Pepe Ortiz, Paco Gorráez y a un Juan Silveti que seguía derrochando valor ante los toros.

El imán mexicano para la temporada era la alternativa de quien revolucionó la temporada de novilladas: Carmelo Pérez. La cosa hubiera resultado redonda si su epígono novilleril, Esteban García no hubiera perecido en una novillada en Morelia, asunto del que me he ocupado ya en este sitio de esta Aldea, porque de esa manera la empresa que regentaban Gaona y El Chato Padilla hubieran podido mantener un enfrentamiento delante de los toros que había nacido en los festejos menores, pero el hombre propone y viene el toro y todo lo descompone…

La quinta corrida de la temporada 29 – 30

Para el domingo 17 de noviembre de 1929 se anunció un encierro de San Diego de los Padres para Antonio Márquez, que se presentaba en la temporada, Pepe Ortiz y Carmelo Pérez, que reaparecía después de una triunfal alternativa recibida en la tercera corrida del ciclo, el 3 de noviembre, de manos de Cagancho, con Heriberto de testigo y toros de Piedras Negras.

Rafael Solana Verduguillo cuenta que se pensó repetir a Carmelo al domingo siguiente de su alternativa, con la corrida de San Diego de los Padres, pero que había en ella un toro que desentonaba con el resto del encierro y que al pedirse a don Antonio Barbabosa que lo cambiara por otro, se negó rotundo. Por ello, se pospuso su reaparición para el domingo 17, en espera de que don Antonio recapacitara y escogiera otro toro para completar la corrida.

Llegada la fecha, El Chato Padilla fue de nuevo a San Diego y lo que cuenta Verduguillo es lo siguiente:
No tengo otro, contesta el ganadero. Si quiere usted esos seis, bien, si no, déjelos.  
El empresario explica a don Antonio: es que va a torear Carmelo Pérez y si ese toro llegara a tocarle, podría lastimarlo. 
¿Y por qué le va a tocar?, dice don Antonio. Son tres los matadores. Puede que le toque a alguno de los otros. 
Con esto se dio por convencido “El Chato” Padilla y vino la corrida de San Diego, integrada como dije, de cinco ejemplares muy a modo y uno que tenía cara de Barrabás…
Por lo visto Michín – el que tenía cara de Barrabás – era el sino de Carmelo Pérez.

La crónica del suceso

En el ejemplar del semanario El Taurino, que viene a ser algo así como la última etapa de El Universal Taurino, aparecido al día siguiente del festejo, viene la crónica de Edmundo Fernández Mendoza, bajo el seudónimo de Martín Galas, de la que rescato lo siguiente:
¿No será posible que lleguemos a ver una buena corrida de toros esta temporada? Porque tardes van, tardes vienen y siempre lo mismo: El eterno desfile de toros mansurrones, difíciles, broncos, reparados de la vista y resentidos de los remos. Toros de encargo para quitar la personalidad a los lidiadores. 
Ayer se encerró una corrida de San Diego de los Padres, desigual en presentación como en bravura; y el público, que está cansado ya de tantos camelos que le vienen dando los señores ganaderos, no pudo contener sus iras y se dio a protestar, primero, a voz en cuello, después, uniendo la acción a las palabras, destruyendo los anuncios de lámina que había en el tendido, arrojando los cojines, maderas y toda clase de proyectiles a la arena, cuando el cuarto toro, un manso perdido que había vuelto la cara vergonzosamente a los caballos, fue impuesto por la autoridad y por el cambiador de suertes, a pesar de la gritería enorme, de la bronca más grande que hemos visto en “El Toreo”. 
La actitud del público es explicable y justificada, puesto que, a pesar de que paga sus boletos al precio que se les fija, no se les cumple lo que los carteles ofrecen. ¿No hay toros de primera clase en las ganaderías? ¿Se acaba el ganado de lidia en México? ¡Vayan ustedes a saber; pero el caso es que, de seguir las cosas como van, la temporada fracasará irremisiblemente!... 
¡La Tragedia! 
Fue en el sexto, un retinto albardado, bien puesto de pitones, que se llamó “Michín”, donde se registró la tragedia que tiene luchando entre la vida y la muerte al bravo torero de Texcoco. Apenas salido el animal y sin esperar a que los peones lo fijaran – tal era su deseo de desquitarse ampliamente – Carmelo le largó un capotazo por abajo y al ejecutar una verónica de las suyas, es decir, ceñidísima y parando lo indecible, fue empitonado por el burel que, al derrotar, se lo pasó de un cuerno al otro, para arrojarlo a la arena, meterle la cabeza varias veces y arrastrarlo, porque, seguramente, el pitón estaba atorado en la ropa. ¡Momentos de intensísima emoción, de inenarrable angustia! Todos intentan hacer el quite, arrebatar su presa al burel que, codicioso, seguía tirando cornadas al cuerpo del lidiador, que fue recogido en grave estado por las asistencias y conducido a la enfermería…
Otra versión del hecho está en el libro Tres Décadas de Toreo en México, de Rafael Solana Verduguillo, también testigo del hecho y versa de la siguiente manera:
No esperó más Carmelo y sin ver un segundo capotazo, saltó a la arena… sin ver el estilo del toro, al ver solamente que era muy bravo, se plantó muy entablerado, casi a la puerta misma del burladero de matadores, para largar un capotazo por el lado izquierdo, sobre el que el toro se revolvió con la velocidad de un relámpago. Carmelo entonces se hizo arco para dejar pasar al bravo sandieguino en un lance por el lado derecho comprometidísimo; nuevamente se revolvió el toro con enorme rapidez, ganando terreno y entonces Carmelo, por más que estiró el brazo izquierdo, no pudo darle salida; ‘Michín’ lo prendió con el pitón izquierdo, por el muslo izquierdo, más arriba de la rodilla. 
Lo que la afición mexicana presenció en los siguientes segundos fue una verdadera pesadilla, un drama espantoso; jamás la fiesta de toros fue más sangrienta, jamás hubo en plaza alguna una cogida más impresionante; lo que ‘Michín’ hizo con Carmelo fue una verdadera carnicería, parecía un perro bravo destrozando una gallina, saltaban trozos de la ropa de Carmelo, de la ropa blanca y de la ropa roja… Los toros de San Diego siempre fueron sanguinarios con los caballos; pero esta era la primera vez que se veía a uno cebarse tan golosamente no en un cuadrúpedo, sino en un hombre. 
Era imposible hacer un quite; por más que los otros matadores y los subalternos luchaban, no conseguían que la atención del codicioso animal se separase por un solo instante de la víctima que estaba destrozando. La cogida duró más de un minuto y medio, y es la más larga que jamás haya habido… ‘Michín’ se pasaba al sangriento muñeco de trapo en que Carmelo se había convertido, de un pitón a otro, aunque siempre se pudo ver que el que usaba para herir era el izquierdo; solo lo alejaba de sí para tomarle nuevamente puntería y volver a herir… la cornada del tórax fue perfectamente visible; y la mayor del muslo se produjo también en una forma en la que todo el público la pudo ver; el toro se puso a Carmelo entre las patas, y bajó el pitón para arar con él sobre la carne viva del infortunado diestro, haciendo brotar un torrente de sangre...
Espeluznante debió ser presenciar la escena. Si la lectura de este par de relaciones es sobrecogedora, quiero suponer que haber presenciado en la plaza el hecho, debió serlo aún más, y es que aunque la Historia del Toreo de este lado del mar nos habla de percances graves, no nos refiere alguno donde el toro se haya encelado con tal fiereza con su víctima.

Los partes facultativos

El parte que quiero suponer previo, está en la crónica de Martín Galas y es de la siguiente guisa:
Durante el primer tercio de la lidia del último toro, ingresó a esta enfermería el diestro Carmelo Pérez, que presenta las lesiones siguientes: 
Herida causada por cuerno de toro en la cara antero – interna de la unión de los dos tercios, medio y superiores del muslo izquierdo, que interesó, tejido celular y músculos. Herida causada por cuerno de toro, en la cara posterior del hemitórax derecho, a la altura del noveno espacio intercostal y sobre la línea axilar posterior, penetrante de tórax. Otras tres heridas causadas por cuerno de toro: Una en el escroto, como de tres centímetros de extensión, que interesó piel y tejido celular; otra en la cabeza de la ceja izquierda, de un centímetro de extensión, que interesó piel y tejido celular; otra en el párpado superior del mismo lado, como de tres centímetros de extensión que interesó los mismos planos que la anterior. 
La herida del muslo tiene una extensión como de veintiocho centímetros. La del tórax, una extensión como de ocho centímetros. Las dos primeras lesiones son de las que ponen en peligro la vida. 
Además presenta contusiones dermoepidérmicas en diferentes partes del cuerpo…
Por su parte, Verduguillo, en su libro citado, expone un parte más elaborado, quizás redactado con posterioridad y sin la prisa que requiere la inmediatez de la crónica y que es del tenor siguiente:
Los médicos cirujanos que suscriben, encargados de la enfermería de la plaza El Toreo, dan parte a la autoridad que preside, de que durante el primer tercio de la lidia del sexto toro, ingresó a esta dependencia el diestro Carmelo Pérez con las siguientes heridas: 
Primera: Herida causada por cuerno de toro, de veinticinco centímetros de longitud, situada en el tercio medio e inferior de la cara interna del muslo izquierdo, interesando las partes blandas, faltando solo la piel para salir por la cara externa; descubrió las venas femorales y desgarró el nervio crural, destruyendo grandes porciones musculares. 
Segunda: Herida causada por cuerno de toro en el hemitórax derecho a la altura del noveno espacio intercostal, de nueve centímetros de extensión. 
Tercera: Herida contusa de tres centímetros en la región axilar, que interesó el tejido celular. 
Cuarta: Herida contusa de dos centímetros de extensión en la cabeza de la ceja izquierda, interesando el tejido celular. 
Quinta: Herida con desgarradura de la porción izquierda del escroto central de tres centímetros de extensión. 
Sexta: Varios varetazos en distintas partes del cuerpo. 
Pronóstico: El conjunto de las lesiones pone en peligro la vida del diestro.  
Curación: Bajo anestesia mixta amplióse la herida del muslo haciéndose una contraabertura en la cara externa; canalizóse con tubo de goma y taponóse con gasa yodoformizada la herida del hemitórax, suturándose las contusiones; inyectáronsele quinientos centímetros cúbicos de suero fisiológico, aceite alcanforado y adrenalina…
La recuperación de Carmelo Pérez fue lenta. Duró más de un año, porque en un principio al parecer se concedió poca importancia a la herida del tórax y fue la que generó mayores complicaciones y la que al final de cuentas vendría a costarle la vida.

Carmelo Pérez reapareció vestido de luces en El Toreo de la Condesa hasta el 4 de enero de 1931.

Pero dada la extensión que va adquiriendo, aquí dejo esto por hoy y espero concluirlo el día de mañana.

lunes, 28 de octubre de 2019

Chicuelo y Dentista de San Mateo (II/II)

Manuel Jiménez Chicuelo
Decía en la parte anterior que se criticó el encierro enviado por don Antonio Llaguno a El Toreo por su escasa presencia. Voy a dejar aquí una especie de discusión mediática que se generó a propósito de la corrida, donde el medio especializado – Toros y Deportes – realizó una defensa a ultranza de la corrida y en otros, se dijeron cosas distintas.

La corrida de San Mateo

La crónica que he citado y que apareció en El Siglo de Torreón abre con un juicio acerca del encierro lidiado esa tarde y no es halagüeño. El cronista expresa lo siguiente:
No dejó muy alto el pabellón la vacada de San Mateo. Cierto que envió, para regalo de los ‘mataores’, media docena de ejemplares preciosos. Todos ostentaron pelambre oscura, finísima; cornamenta afinada y bien puesta; larga y sedosa cola... pero el ‘supremo juez’ dictaminó que dos de los toros eran muy pequeños para contender con los 'maestros' y chilló... chilló... y al fin se impuso, logrando que los chotillos fueran vueltos al corral y que en su lugar brincasen a la candente arena sustitutos de San Diego de los Padres. 
Hubo un quinto toro que valió un Potosí: suave, noble, bravísimo, bebiéndose el engaño como quien se bebe una copa de ambrosía. Fue Chicuelo el encargado de lidiar esta ‘bendición del cielo’. 
Dos animales de San Mateo y dos de San Diego fueron buenos. Los otros dos, de San Mateo también pasaron gracias a las complacencias del cambiador y a que los acosaron con el capote. Que si no...
La apreciación transcrita es que la corrida estaba bien criada, pero que pecaba de juventud. chotillos llama a los toros devueltos. Veremos enseguida que los defensores de la corrida esgrimen diversos argumentos, que no parecen vertidos hace noventa y cuatro años, sino ayer, antier u hoy para defender algo que, en teoría, no debería tener defensa.

La primera defensa es de Verduguillo y también es con lo que inicia su relación del festejo. Lo hace de la siguiente manera:
Sabemos de sobra que los señores Antonio y Julián Llaguno se dedican a la cría de reses bravas y no de elefantes. La diferencia esencial que existe entre el paquidermo y el toro (aparte lo de la piel gruesa, los colmillos, la trompa, etc.), es el tamaño. El elefante es más grande que el toro. En cambio, el toro tiene dos afilados pitones y una ligereza que no tienen los tranquilos habitantes de las selvas africanas. 
Pues bien: quedamos en que en la Hacienda de San Mateo no hay cría de elefantes. 
¿Qué los toros deben tener cierta edad, cierto peso? Admitido. No seré yo quien salga ahora en defensa del toro sacudido de carnes, y con los pitones como plátanos. No. Para que las corridas sigan siendo un exponente de valor, precisa que exista el peligro. Pero cuando vemos salir un toro fino, gordo, bien puesto de pitacos, con abundante armamento en la sesera, con poder, con nervio y todo lo demás, no tenemos por qué chillar. Ya hace tiempo mi ilustre compañero “Monosabio” escribió en estas mismas columnas un artículo titulado “Los chicos también las dan”. A “Joselito” lo mató un toro pequeño y cornicorto, y ¡qué coincidencia! se llamaba “Bailaor” como uno de los de esta tarde. 
San Mateo envió para el debut seis toros bajitos de agujas, bien puestos de pitones, de pelo sedoso y abundante cola, pezuña recogida, cuello corto. Seis cromos eran, pintados no habrían sido más bonitos. Quizás uno, el segundo, o sea el primero que tocó a “Chicuelo” desentonó un tanto; era un poquitín basto, y a fe que el juego que dio estuvo también en consonancia con su tipo. Fue el único que hizo cosas feas; para decirlo de una buena vez, fue manso. Los otros cinco fueron estupendos. A mi juicio el que abrió plaza fue el mejor. Era una delicia de toro; con qué suavidad embestía, con qué bonito estilo tomaba el engaño, metía la cabeza y se revolvía sin querer causar daño. Pero no lució lo que debía por lo mal que se le toreó; ya sabemos lo poco que puede hacer Juan Silveti con esta clase de enemigos. 
El quinto fue también un gran toro; peleó muy bien en todos los tercios, y llegó a la muerte conservando nervio y poder en las extremidades, Si ese toro cae en manos de otro torero no luce lo que lució con “Chicuelo”, y así como en el primero Silveti no estuvo a la altura del toro, en el quinto el torero se elevó muchos codos por encima de su adversario. 
El tercero que era muy bravo, fue devuelto por chico... Y el cuarto fue devuelto porque su matador no quiso que pasara...
La comparación del toro con el elefante es cíclicamente un arma arrojadiza para defender la falta de trapío del toro de lidia. Pues bien, Rafael Solana no paró en mientes para utilizarla e intentar justificar la digamos, justeza del encierro de San Mateo, que como ya lo he contado y se desprende de las reseñas, no se pudo lidiar completo, porque los asistentes a la plaza, simplemente no tragaron.

Pero aún hay más, en el mismo Toros y Deportes, una jovencísima Esperanza Arellano, que en esos entonces tendría unos 17 o 18 años de edad y que después sería conocida por su seudónimo de Verónica, también salta a la palestra con su alegato titulado El toro chico y el torero grande y se manifiesta en este sentido:

En la temporada pasada (¿a qué remontarnos a épocas lejanas?) por la puerta de los chiqueros salió un torillo pequeñín, con los pitones muy moderaditos, bravo, noble, inocentón ¡una monada de animalito! Se llamaba “Brillantino”... 
Pero unos y otros, nada dijeron de la insignificancia del toro, mejor dicho, de “Brillantino”. 
Otra tarde “Hortelano” un toro por su tamaño, pero un becerro, un corderito inofensivo por sus condiciones de lidia, corre la suerte de “Brillantino”... 
Y así como salieron “Brillantino” y “Hortelano” dos bichos inofensivos, el uno por su insignificancia y el otro por sus condiciones de lidia, salieron “Jorobado”... “Faisán”... “Revenido II”... 
Las faenas maravillosas se sucedían con halagadora frecuencia. Todos hablaron de ellas. Se prodigó el ditirambo, la hipérbole. Mas respecto al elemento toro no se dijo ni se escribió una palabra. 
Y ahora, hace unos días sale “Dentista”, un toro joven como otros muchos, como los que generalmente se lidian en nuestra plaza. 
“Dentista” es bravo y es noble. Chicuelo realiza con él un faenón, éste sí en verdad maravilloso, por el soberano clasicismo, por la gracia incomparable, por la suprema gallardía de que supo impregnarlo el gran artista de Sevilla... 
Admiré la conducta de “Dentista”, me cayeron en gracia sus maneras de persona mayor, me entusiasmé con su nobleza y su bravura; pero francamente perdí la cabeza ante aquella grandiosa demostración de lo que es el toreo de verdad, sin engañifas ni relumbrones. 
No alabo ni aplaudo la pequeñez de “Dentista”, pero sí protesto contra esa prodigalidad de sátiras e ironías que “Dentista” despertó en los espíritus malévolos, en los eternos descontentos, en los catedráticos convencionales. Era un choto, un becerro. ¡Pero cómo se toreó a ese becerro!... 
No señores, no es por ahí. Si no os ciega el apasionamiento; si no cerráis los ojos a la verdad; si escribís guiados no por el convencionalismo, sino por la sinceridad del entusiasmo, si usasteis el ditirambo y la hipérbole para describir a Gaona con “Brillantino”, a Lalanda con “Buzo”, a Belmonte con un Murube pequeñín e inofensivo, a Silveti con “Volante”, un Veragua de mantequilla, a Sánchez Mejías con un pietreño insignificante, elogiad con toda expansión y justicia; aplaudid con todo ardor y sinceridad la faena de “Chicuelo” con “Dentista”, faena que hablando franca y desapasionadamente, superó las realizadas por el Árbitro de las Elegancias, por el Milagro de Triana, el Emperador del Ritmo y El Hombre que Trafica con la Muerte.
La futura Verónica aplica el adagio aquel del mal de muchos…, en lugar de criticar y de exigir que en las corridas de toros, salga el toro. No defiende expresamente la pequeñez de Dentista, pero se conformó con lo que le ofrecieron.

Otra opinión es la que apareció en el semanario madrileño La Lidia del 5 de abril de 1926, a título de resumen de temporada, firmado por José Rodríguez, corresponsal en México de esa publicación y señala:
No necesitaré repetir lo que todos los aficionados saben o han oído decir. La temporada ha sido un desastre. Y un desastre de los grandes. 
Expliquemos el porqué de ello. 
1° La mala propaganda y pésima confección de los carteles. 
Lo primero, por querernos presentar a toreros medianías como grandes artistas. Lo segundo, por obligarnos a ver carteles de tres matadores, tomando como base dos de los ases y completándolos con toreros mediocres, aún cuando sean mexicanos. 
2° La actuación de los toreros y la serie de becerros y bueyes que, con anuncio de toros de primera, hemos visto desfilar. 
Aquellos con desgana y sin poder dar gusto a las derechas. El ganado, becerros y bueyes. En contadas corridas hemos visto toros que sean tales. Toros que necesitaban toreros que se preocupasen de torear más al público que a la llamada fiera... 
De los 25 naturales que dice usted le dio Manolo a Dentista de San Mateo, es una exageración, pues fueron 15. Un número extraordinario tratándose de esos pases. Sobre esto no cabe duda, y así lo reconozco y lo hago constar. Este famoso Dentista era un becerro que se perdió cuando cambiaban el tercio de banderillas; al fin Magritas lo encontró debajo de un sombrero de los que habían caído al ruedo. Esta afirmación no es mía, sino de un ...sabio, al que por consiguiente, hay que darle crédito y sobre todo, habiendo sido siempre defensor del toro chico...
Es decir, la pequeñez del ganado que se lidió en esa corrida y en toda la temporada también trascendió el Atlántico.

La importancia de Chicuelo

En el programa de televisión Tendido Cero transmitido el 28 de septiembre de este año, se emitió un extenso reportaje sobre la persona y la figura de Chicuelo. Entre las opiniones que allí se expresaron, estuvo la de Domingo Delgado de la Cámara, que entre otras cosas expresó lo siguiente:
Chicuelo es el eslabón entre Joselito y Belmonte por un lado y Manolete por otro y es además el constructor de la faena de muleta actual... Existe una idea muy superficial de Chicuelo, diría más, es el torero más maltratado y peor entendido de la historia del toreo... Chicuelo es quien verdaderamente capta las enseñanzas técnicas de Joselito y Belmonte, capta el toreo en redondo que intentaba hacer Joselito, pero que le salía movido y capta que Belmonte se iba al pitón contrario y eso le permite desplazar a los toros; entonces, ensambla el toreo ligado en redondo girando sobre los talones de Joselito con el terreno de Belmonte, lo que le permite torear quieto ligado en redondo y rematando con el pase de pecho, hace la faena actual... A Chicuelo el viaje a México le viene de maravilla, las primeras faenas ligadas totalmente en redondo las hace en México los años 25 y 26 a dos toros de San Mateo llamados Dentista y Lapicero; esto no es una casualidad. ¿Por qué fueron esas faenas en México y no en otro lugar? Pues por las características del toro mexicano... Los críticos no se dieron cuenta de la faena de Corchaíto, pero el público sí, la prueba es que no había entrado a matar y estaba todo el público en pie agitando los pañuelos pidiendo las orejas, el público sí que tuvo una percepción de que ese día se estaba produciendo un cambio histórico y desde luego se estaba entrando en otra etapa del toreo...
Esta apreciación es rotunda y nos deja en claro, como lo anticipara José Alameda, que el hilo del toreo tiene una sucesión continua, pero que no tiene momentos definidos en los cuales se va a producir.


domingo, 27 de octubre de 2019

Chicuelo y Dentista de San Mateo (I/II)

Chicuelo y Dentista de San Mateo
Foto: Luis Reynoso - Toros y Deportes
26 de octubre de 1925
José Alameda escribe que una de las piedras angulares de la faena de muleta moderna es la faena que Manuel Jiménez Chicuelo realizó en El Toreo de la Condesa el domingo 25 de octubre de 1925 al toro Dentista de San Mateo. En esa tercera corrida de la temporada 1925 – 26, el llamado Torero de la Alameda de Hércules alternaba con Juan Silveti y el valenciano Manolo Martínez, apodado El Tigre de Ruzafa. Ya me he ocupado en estas mismas páginas de las otras dos partes del tríptico que concluye la revolución que iniciaron Gallito y Belmonte, cuando el mismo Chicuelo se enfrentó a Lapicero, también de don Antonio Llaguno y a Corchaíto de don Graciliano Pérez Tabernero. Hoy me ocupo de la tercera pieza del puzzle, aunque no precisamente en su orden cronológico.

Después de Gaona

Algo más de seis meses habían pasado desde que Rodolfo Gaona dijera adiós a los ruedos. Y no me cuesta afirmar que al inicio de esa temporada 1925 – 26, la afición de la capital mexicana era presa de un sentimiento de orfandad. Cuando menos desde el ciclo 1920 – 21 y hasta ese 12 de abril de 1925, El Indio Grande era el eje y el factótum de las cosas de los toros en la Ciudad de México y en las plazas mexicanas, y cuando se tuvo que anunciar la primera temporada en la que con seguridad este torero no estaría presente, empresa y afición se enfrentaron a un enigma que era de complicada resolución.

Los toreros anunciados como base de la temporada fueron los hispanos Ignacio Sánchez Mejías, José García Algabeño, Cayetano Ordóñez Niño de la Palma, Manuel Jiménez Chicuelo, Manolo Martínez y José Gómez Joseíto de Málaga y por los nacionales, Luis Freg, Juan Silveti, Pepe Ortiz y Salvador Freg, con el compromiso de mejorar el cartel conforme fuera avanzando la temporada.

A diferencia de la etapa de Gaona, el peso de la temporada ahora recaía sobre los toreros hispanos, aunque ellos llegarían conforme esta fuera avanzando. Tanto así, que Silveti toreó las tres primeras fechas seguidas y Joseíto de Málaga las dos primeras. Chicuelo fue el primero en llegar a suelo patrio y el primero en encender hogueras.

La tarde de Dentista

Fue una tarde accidentada. Más adelante me ocuparé del asunto de los toros, pero adelanto que de los seis de San Mateo, solamente se lidiaron cuatro. Dos fueron rechazados por el público por su escasa presencia. Y aunque el gran triunfo y hazaña de Chicuelo quedaron para la historia, también quedó escrito el hecho de que la corrida enviada por don Antonio Llaguno careció de la presencia necesaria para ser lidiada en la principal plaza de toros de esta república.

Dentista fue el quinto toro de la corrida. Encontré tres relaciones de lo sucedido entre Chicuelo y él. Voy a citar primero la aparecida en el semanario Toros y Deportes aparecido el día siguiente al del festejo, firmada por Rafael Solana Verduguillo, que es, en lo que interesa, en los términos siguientes:
... Lo grande, lo maravilloso, lo indescriptible fue en el quinto. Desde que salió “Dentista” que tal era el pintoresco nombre que don Antonio Llaguno había puesto a su bravo pupilo, todos dijimos: Ahora va lo bueno. 
¡Qué lances a la verónica! Erguido el torero, majestuoso el conjunto, grandioso el momento en que la fiera pujante y el artista se reunían. En los lances por el lado derecho, el diestro abría un tanto el compás; cargando la suerte porque notó que el toro ceñíase por ese lado; en cambio, en las verónicas por el izquierdo, “Chicuelo” conservaba los pies juntos clavados en la arena, despegándose al enemigo con un ligero movimiento de muñeca que bastaba para imprimir al capote ondulaciones vistosísimas y graciosas. Fueron ocho verónicas que provocaron otros tantos alaridos de la multitud, ¡”Chicuelo”, eres inmenso!... 
Cuando “Chicuelo” sin brindar a nadie, salió a contender con “Dentista”, reinaba en la plaza un alboroto tremendo. Todos sabíamos que el maestro iba a hacer una faena de las grandes, pero ni por la mente nos pasaba que llegara a ser lo que nuestros ojos tuvieron la dicha de ver. 
El muletazo inicial fue un natural con la zurda, siguió otro natural imponente por el temple y valor derrochado, y luego otro más enredándose el toro a la cintura. 
Ya estamos todos de pie. Imposible resulta seguir paso a paso la faena, porque el cronista se olvida de la obligación que tiene de anotar en su carnet los detalles, y arrojando papel y lápiz se dedica a gozar del espectáculo en toda su grandiosidad. 
Confórmese el lector que tuvo la desgracia de no presenciar esa faena con una ligera impresión de ella, condensada en cuatro adjetivos VALIENTE, ELEGANTE, SOBRIA, CLÁSICA. 
No hubo en el maravilloso muleteo un solo detalle de chabacanería ni un desplante de relumbrón, ni siquiera un tocamiento de testuz, ni tampoco vueltecitas de espaldas y sonrisas con el público. No. Lo que hubo fue mucho arte, mucho valor, mucha esencia torera. Lo que hubo fueron VEINTICINCO PASES NATURALES, todos clásicamente engendrados y rematados, provocando con la pierna contraria, dejando llegar la cabeza hasta casi tocar los pitones la barriga del lidiador y en ese momento, ¿me entienden señores? en ese momento desviar la cabezada mientras el resto del cuerpo del toro seguía su viaje natural y pasaba rozando los alamares de la chaquetilla... 
Y para qué decir más. Imagínese el lector la faena más meritoria, la más artística, la más apegada a las reglas del toreo, la más completa en todos los sentidos... Yo juro que en los veinte años, jamás me había entusiasmado como ahora... 
Tres pinchazos y un estoconazo hasta la pelota rubricaron la gloriosa hazaña. El ruedo se alfombró materialmente con sombreros, abrigos y otras prendas. Millares de pañuelos ondeaban en las diestras de los espectadores y el Presidente concedió las dos orejas y el rabo... 
¡Qué grande eres “Chicuelo”!...
A la crónica de Verduguillo puedo señalarle que no señala lo esencial, el hecho de que Chicuelo toreó ligado al natural. Habla de toreo clásico y aunque el hecho de que contabilice veinticinco pases naturales puede hacer pensar entre líneas que existió ligazón, no lo deja dicho de manera expresa, como cuando narró la faena de Lapicero. El cronista se dejó llevar por la emoción – en su texto lo confiesa – y no deja para la posteridad, insisto lo esencial del momento vivido.

Una segunda versión es lo que se publicó también el 26 de octubre siguiente en el diario El Siglo de Torreón, sin firma. Es del tenor siguiente:
El quinto es de San Mateo. Sale de ‘estampía’ y remata en las tablas, metiendo la cabeza y echando al aire astillas de la madera. Es una hermosa y brava bestia. 
Chicuelo tiene su ‘aquel’ por lo que le aconteció con el enemigo pasado, y quiere sacarse la espina. Allá va, derechito a veroniquear. ¡Y qué manera de hacerlo! Firme, serio, cerrando el compás y levantándose en la punta de los pies cuando los cuernos del toro le acarician la panza... Son dos tandas de verónicas. No sabríamos elogiarlas de una en una para ensalzarlas todas en conjunto. Brotan las palmas hasta del cemento de la galería. 
El tercio primero es bueno. Cuatro caricias recibió el astado de los de ‘aúpa’ dejando en la arena, para hacer zapatos, carteras y otros utensilios de cuero, cuatro sardinas disecadas. 
Hubo modo de hacer quites y aplaudimos hasta la apoplejía uno de Chicuelo rematado con la célebre ‘chicuelina’ – patentada y garantizada por su autor – que suscita alaridos de entusiasmo en las masas... 
Bien y rápido el segundo tercio. Se advierte que los palitroqueros procuran despachar breve para no descomponer aquel toro ideal. 
De tres naturales, uno alto, dos ayudados y tres naturales más, que arman el escándalo, se compone la primera parte de la faena. Hay un afarolado cambiando de mano el engaño para endilgar el natural, que provocan el delirio. Otro de pecho, dos naturales y TRES MÁS, total cinco, con un breve intervalo, notándose que Chicuelo da este pase completo, hasta donde puede extenderse la mano, quebrándose sobre los riñones y doblando la cabeza con mucha gracia... 
Y luego dos pases más de pecho, uno de ellos de rodillas que vuelve loco al público. Todo el mundo está de pie, con la boca seca y ronco de tanto gritar. Como se advierte que el matador lía la muleta, hay gritos ¡¡no!!... ¡¡más, más...!! Y Chicuelo accede. 
Sigue la faena, primorosa, emotiva, encantadora. Iguala el toro y se produce un pinchazo. Más tela y una estocada hasta las cintas. Descabello al segundo papirotazo. 
Aplausos, orejas, rabo, tres vueltas al ruedo, salida a los medios, puros, bastones y prendas de vestir... Como un homenaje póstumo al de San Mateo, las mulillas dan al cadáver insepulto, una vuelta en redondo...
Me llama la atención que este escribidor señala que Chicuelo, al dar el pase natural, lo da completo, hasta donde puede extenderse la mano, quebrándose sobre los riñones…, lo que me induce a entender que al no ser usual el concepto de ligazón, intentó explicar de la mejor manera posible, que el torero engarzaba las suertes unas con otras.

La tercera versión es la que apareció en el diario de Guadalajara El Informador, también sin firma. Es más breve, pero dice así:
Su faena de muleta es de tres pases naturales, de pecho, dos naturales, tres más y se nota que Chicuelo los da completos hasta donde puede extender la mano hacia atrás; viene después dos pases de pecho rodilla en tierra y como pretende tirarse a matar, el público, loco de júbilo por la faena que acaba de presenciar, pide a Chicuelo que siga toreando, y entonces saca algunos nuevos pases tan hermosos como los anteriores; da un pinchazo, pero como el toro no dobla, siguen más pases y da otro pinchazo y aunque no muy bueno, sin embargo el toro iguala y entonces cobra una estocada hasta las cintas, descabellando al segundo intento… 
El público entonces se manifiesta en todo su entusiasmo, aplaudiendo a Chicuelo a rabiar; se le da la oreja del toro y Chicuelo da una vuelta al ruedo devolviendo sombreros, bastones y otros objetos que el público le arroja en señal de admiración y cariño... 
Antes de doblar el sexto toro, el público se echa al ruedo y coge a Chicuelo y en hombros lo pasea por toda la plaza, en medio de una entusiasta ovación.
Igualmente quien la transmitió, se detiene en observar que el torero da completo el natural.

Como podemos ver, las relaciones se detienen más en el cataclismo producido por el torero en los ruedos, que en el cambio de canon que se estaba dando en ese momento, algo que si se advirtió apenas en el mes de febrero anterior. Ya vendrían después los estudiosos a explicarnos que ese día se empezó a escribir una nueva página de la Historia Universal del Toreo.

¿Por qué Dentista?

Dejo paso a una anécdota que cita Guillermo Ernesto Padilla en su Historia de la Plaza El Toreo acerca de por qué el quinto toro de esa tarde se llamó Dentista:
La presente anécdota tuvo lugar el domingo 25 de octubre de 1925 en las corraletas de “El Toreo”, a la hora del sorteo de los toros que habrían de lidiarse por la tarde. Se estaba enchiquerando un encierro de San Mateo para que lo lidiasen Juan Silveti, Manuel Jiménez “Chicuelo” y Manolo Martínez (torero valenciano). 
Naturalmente ahí estaba don Antonio Llaguno, quien tenía por costumbre presenciar los sorteos de sus toros, y bautizar a algunos de ellos con nombres que luego pasaban a la inmortalidad. Una especie de “hobby” del ganadero señor. 
Una vez enterado don Antonio de que en el lote de “Chicuelo” iba el toro en el que cifraba toda su confianza para que resultara de bandera, se puso afanosamente a buscar a Manolo para felicitarlo por su buena suerte y desearle triunfo. Pero no lograba encontrar al sevillano. En eso se cruza con “Magritas”, el notable peón de la cuadrilla de “Chicuelo” al que pregunta: 
- ¿Dónde está tu matador? 
- Por ahí, don Antonio, por ahí - respondió el subalterno - creo que entró en la vivienda del guardaplaza a hacer un “buche” de algo, porque le duele una muela. 
- ¿Una muela? ¿Has dicho una muela? Pues corre para que le digas a Manolo que esta tarde ser las verá con un dentista... y muy bueno, ¿eh? 
Inmediatamente ordenó don Antonio que a aquél toro se le bautizara con el nombre de “Dentista”. 
Por la tarde, tal como lo había presentido el inolvidable ganadero, el toro resultó extraordinario, y con él “Chicuelo” se remontó a las cimas de la inmortalidad con una faena grandiosa en la que engranó veinticinco pases naturales maravillosos.
La anécdota puede o no ilustrar una realidad, pero no deja de ser algo que forma ya parte de la leyenda de esa tarde histórica.

Dada la extensión que va cogiendo esto, lo concluyo el día de mañana.

domingo, 20 de octubre de 2019

Re – crónica de un petardo consumado… a 45 años vista (I/II)

Paco Camino
El 20 de octubre de 1974 se celebró en la plaza de toros entonces llamada Nueva Andalucía y hoy conocida como Puerto Banús, una corrida que se televisó a todos los países de habla hispana en los que la fiesta de los toros tiene arraigo. En ella alternaron mano a mano Paco Camino y Manolo Martínez ante reses de los Herederos de don Carlos Núñez. Como casi todo espectáculo que es motivo de expectación, su resultado fue decepcionante.

El hecho de que el festejo se televisara tuvo en su día un cierto aire de novedad. Para lograr eso, se tuvo que anunciar su realización a las once de la noche, de modo tal que no perjudicara a los empresarios que en esa misma fecha tenían anunciadas corridas o novilladas en horario diurno y al mismo tiempo, se aprovechó la diferencia horaria con el continente americano para que el mismo pasara por la pequeña pantalla en un momento en el cual fuera atractiva la emisión del evento.

El iter de la transmisión

De acuerdo con la información que pude encontrar en la prensa española, al parecer la idea inicial era que el festejo se celebrara en México. Quien gestó la idea de todo este asunto fue el empresario mexicano don Jaime de Haro Caso, a quien he mencionado en alguna otra ocasión en estas mismas páginas y que tenía experiencia en la organización de eventos televisados a escala mundial. Es Vicente Zabala Portolés, en la edición del ABC de Madrid del 13 de septiembre de 1974, que hace las siguientes precisiones:
La prensa mejicana informa de lo avanzadas que van las conversaciones encaminadas a una posible confrontación artística del azteca Manolo Martínez, ídolo de aquella afición, y el español Paco Camino. 
Las pretensiones son ambiciosas. Primero, tienen que contratar a Paco Camino, que goza en aquel país de enorme cartel, pese a hacer muchos años que no actúa ante los aficionados mejicanos; pero dejó grato recuerdo como consecuencia de memorables actuaciones en la Monumental de Insurgentes. 
El primer paso ya está dado: Jaime de Haro ha entrado en conversaciones con Pepe Chafic, apoderado del diestro regiomontano, quien ha dado su conformidad para la «pelea». 
Todo parece indicar que el señor Haro se encuentra en España de riguroso incógnito. Ahora trata de convencer a Manolo Chopera, exclusivista de Camino, para poder llevar a cabo el proyecto. 
Como ya se dijo en su momento, el problema no se encuentra sólo en la contratación de Camino y Martínez, sino en la posibilidad de retransmitir los festejos por televisión a diversos países. Es ahí, en los derechos televisivos, donde está el negocio y la posibilidad de que ambos diestros acepten el enfrentamiento. 
Por otra parte, no creo que a estas alturas ninguno de los dos espadas tengan nada que dirimir. Ambos son de sobra conocidos de los aficionados. Martínez conserva el liderato en su país, mientras Camino se lo ha dejado ir en las tres últimas temporadas en el nuestro. Los dos tienen largas fortunas y reducida afición. Se les presenta la gran ocasión de aumentar sus respectivos capitales. A estas alturas tienen muy poco que perder. Por unas actuaciones más, con mayor o menor suerte, no van a aportar o disminuir nada a sus historiales, que prácticamente ya están escritos. 
En mi opinión harían bien en llegar a un acuerdo y ofrecer esos «manos a manos» para los países de habla hispana. Conocen bien el oficio y cualquiera que sea el momento que atraviesen ambos toreros me consta que no van a hacer el ridículo...
Al final, los hechos se desarrollarían de una manera distinta, pero el apunte inicial deja muy claro que don Jaime de Haro, que tenía fuertes vínculos con el campo bravo mexicano, fue quien planteó y llevó a cabo las bases sobre las cuales se verificó el hecho que hoy intento recordar.

Toros y tele en México

El intento de don Jaime de Haro viene después de que el 19 de enero de 1969 se expulsó de la Plaza México a las cámaras de televisión. Desde esa fecha, la transmisión de las corridas de toros en señal abierta dejó de ser una cosa habitual en la programación y entre esa fecha y el festejo que me ocupa y que espero que les ocupe un rato a Ustedes, recuerdo entre otras, algunas retransmisiones como la del 31 de diciembre de 1972, fecha de la confirmación de Francisco Ruiz Miguel; la del 28 de enero de 1973, corrida de la despedida de Joselito Huerta o la del 10 de marzo de 1974, que representó la despedida de Luis Procuna.

Es decir, de los toros un espacio infaltable en la televisión abierta dominical, se convirtieron en una cuestión puntual y hoy en día prácticamente extinta.

Vientos de fronda

Una vez anunciado el festejo, surgieron algunas inconformidades del lado mexicano. Y es que al pasar éste por la televisión aquí precisamente a las cuatro de la tarde, los festejos programados por las distintas empresas, seguramente se verían afectadas por la competencia de la televisión. En esa virtud, se acordó suspender todos los festejos anunciados para ese 20 de octubre, según nota de la agencia Prensa Independiente de México S.A. (PIMSA), aparecida en el diario El Porvenir de Monterrey, que es de la siguiente guisa:
Suspenden las corridas hoy 
México, Oct. 19 (PIMSA). - Mañana no habrá corridas ni novilladas en el país.
Las empresas de provincia y DEMSA en esta capital y en sus plazas de provincia, decidieron no arriesgar plata y sus cuatro festejos que habían planeado para mañana se posponen ocho días. 
La razón es sencilla: El mano a mano monumental desde Marbella, España, entre Manolo Martínez y Paco Camino, considerados como los dos mejores muleteros del mundo.
Esa suspensión, quizás acordada días antes motivó la airada protesta de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros y de la Asociación de Matadores, que intentaron impedir la transmisión por televisión del festejo. En el semanario El Ruedo, del 22 de octubre de 1974, se relata lo siguiente:
Las Asociaciones de Matadores de Toros y de Subalternos de Méjico se opusieron a su transmisión por televisión… 
Antes de la celebración de la corrida de Marbella, la Junta Nacional Taurina del Sindicato del Espectáculo tuvo que reunirse para autorizar y confirmar su celebración. 
La citada reunión, que se celebró el día 16 y fue presidida por el titular del Sindicato, Jaime Campmany, fue convocada al recibirse un telegrama de las Asociaciones Mejicanas de Toreros y Subalternos, en el que pedían apoyo al Sindicato español para la prohibición de la transmisión del mano a mano. 
Basaban dicha petición el presidente de la Asociación de Toreros Mejicanos Jaime Rangel, y el banderillero Juan Escamilla, en representación de la Asociación de Subalternos, en el grave perjuicio económico que sufrirían los espectáculos taurinos anunciados para ese día en Méjico, por cuanto el festejo se celebró a las once menos cuarto de la noche, hora española, que corresponden a las cuatro de la tarde, hora de Méjico. Y se consideró que un cartel en el que figuraban los dos toreros, de España y América, que cuentan con más partidarios en Méjico, ofrecido en directo por televisión, repercutiría negativamente en las recaudaciones taquilleras de las corridas y novilladas anunciadas en todo el país mejicano. 
Por otra parte, en el citado telegrama, las asociaciones mejicanas hacían hincapié en que Manolo Martínez, el picador de su cuadrilla Juan Carlos Contreras y el banderillero Jesús Morales – llegados con el matador a Madrid – no contaban con los permisos que deben ser concedidos por ellas, aunque tanto el matador como los dos subalternos mejicanos aseguraron tener todos los documentos y permisos en regla...
Y las cosas se llevaron todavía a un extremo mayor. Se amenazó con la ruptura del convenio taurino, según se publicó en la Hoja del Lunes de Madrid al día siguiente del festejo en nota firmada por José Luis Dávila:
Independientemente de su resultado artístico, la corrida hispano – mejicana televisada por vía satélite va a traer cola. 
Una de las consecuencias inmediatas será la de la ruptura del convenio taurino entre ambos países. Por una diferencia muy sencilla: la diferencia de horario entre Méjico y España. Aquí las once de la noche no es inconveniente para la retransmisión de una corrida, pero allá “reciben” el festejo a las cuatro de la tarde, cuando se están celebrando otras corridas, coincidencia que ni por aquellos, ni por estos pagos se permite sindicalmente. Si para montar un saneado negocio se ha conseguido el enlace vía satélite y logrado la colaboración de Manuel Martínez – danza de millones –, el que figure el nombre de este diestro azteca en el cartel de Andalucía la Nueva no impide que los diestros y empresarios mejicanos no vayan a plantear crudamente el problema y a denunciar la infracción manifiesta…
Como se ve, las cosas no caminaban bien y aún no salía el primero de la tarde a la arena.

El resultado

Ya lo decía arriba, corrida de expectación, corrida de decepción. Pero si al adagio agregamos los desatinos organizativos, el resultado no puede ser más que la catástrofe. Encontré tres relaciones de lo ocurrido en el festejo de marras. Son, por decir lo menos, cáusticas. Empiezo, por orden temporal, con la de José Luis Dávila, aparecida en la Hoja del Lunes madrileña del día siguiente al del festejo:
…Los países hispanoamericanos y los televidentes de Norteamérica que lo contemplaron en circuito cerrado se habrán hecho una idea muy pobre de lo que es nuestra fiesta y de lo que son nuestras ganaderías de reses bravas, representadas por los seis toretes – gachos, bizcos, terciados... – de los señores herederos de don Carlos Núñez. Todos los vieron y no vamos a insistir, pero es realmente vergonzoso que sólo recibieron una varita y un par de banderillas cada uno o casi todos, para puntualizar más exactamente. 
Más cosas: después de sus declaraciones en Méjico tras su fracaso en España, nos pareció muy “digno” y “diplomático” el brindis de Manolo Martínez: “Brindo por todo Méjico”. Lo único elegante que mostró el azteca fue su traje de luces... Otro día, hay tela (y “tele”) para rato, hablaremos. Por ejemplo, hubo danza de pesos – y pesetas –, pero no se facilitó ni uno solo de los pesos de los toros. Era delicioso ver una furgoneta con un altavoz anunciando que se lidiaría un toro más. Ni en una plaza de carros del último villorrio celtibérico...
Sigue en su orden la que escribió Vicente Zabala Portolés aparecida en el ABC de Madrid el martes 22 de octubre siguiente y es de la siguiente guisa:
«Perros» en la corrida mundial que presenciaron cerca de cien millones de espectadores 
Paco Camino y Manolo Martínez se prestaron a una torpe burla de toda la afición hispana, desaprovechando una ocasión más de promover y popularizar la fiesta de los toros 
…No hay quien pueda con los taurinos. La creencia general de la calle es que el llamado planeta de los toros está habitado por una grey de pícaros, matones y granujas. Están equivocados. Difícilmente se puede encontrar una tan rara colección de ciudadanos ingenuos, infantiloides, de tan alicorto vuelo intelectual como el de estas gentes de la tauromaquia. 
Ni a propósito se puede hacer tan insistentemente un mayor daño a un espectáculo tan añejo y de tan firmes cimientos. Los más recalcitrantes enemigos de las corridas de toros, los más veteranos y laureados socios de la Protectora de Animales, difícilmente podrían disponer las cosas de manera más corrosiva para la fiesta de los toros que estos delirantes taurinos que los aficionados tenemos la desgracia de padecer… 
Para empezar, aún conscientes de que les contemplaban de ochenta a cien millones de espectadores, muchos de los cuales no tenían ni idea de lo que era una corrida de toros, se llevaron seis «raspas», seis «perros» de Carlos Núñez. Seis puñaladas más a la fiesta nacional, que le fueron asestadas con toda clase de agravantes y alevosía, porque si la corrida de toros consiste en maltratar a una chota que es incapaz de sostenerse en pie, si este arte es una sucesión de vulgares trapazos, si la competencia entre dos toreros se apoya en la grosería de uno de ellos, que, resentido por su anterior fracaso profesional en España, brinda «por Méjico» para luego dejar en ridículo al toreo de su país con un estilo de lo más corrientito y anodino, si no se desprende la emoción ni el arte de ninguna de las acciones que se desarrollan en la arena, ¿qué queda de este espectáculo?... 
Daba pena ver a Paco Camino perdiendo terreno con el capote, a merced de las mal encastadas chotas de Núñez. Ni un lance de capa, ni tan siquiera una de sus socorridas chicuelinas, ni un quite, ni dos pases ligados, templados y rematados. Derechazos con el pico de la muleta, perfilero y desconfiado. Ni un solo gesto de enfado, de vergüenza torera. Antes de hacer el paseo ya había tirado las armas aceptando torear – ¿torear? – tan vergonzosa chotada. Nadie pide que se trajera una corrida de Hoyo de la Gitana, pero ¿tan difícil es conseguir seis toros como los que se lidian en Pamplona, San Isidro, Sevilla o Bilbao? Seis toros de digno trapío. No hacía falta el buey de San Marcos. Podía valer cualquier cosa que se pareciera a una auténtica corrida de toros. 
Y no digamos nada de Manolo Martínez, del muy perfilero «Manolo Telones», toreando arqueado, con la muleta atravesada por la espada, atentando contra los ojos de los becerros, pues con esa horrenda forma de montar la muleta lo único que puede conseguir es dejar tuerto al «perro» de turno. 
Si de verdad estas son las dos máximas figuras del toreo hispano – mejicano, ¡cómo está la fiesta, Dios mío! La corrida mundial ha sido un fracaso, un rotundo fracaso de organización. Una corrida de toros sin toros constituye una burla incalificable que a nadie beneficia, y menos que a nadie a esta pobre fiesta que ha tenido la desgracia de caer en manos de gentes que la manejan con tanta torpeza como desprecio para sus propios intereses, aunque ellos crean lo contrario. Es la prisa de apurar el presente con desprecio absoluto del futuro. Los hombres que no hicimos la guerra sabemos algo de esta sucia teoría.
Dejo aquí por hoy esto, mismo que concluiré el día de mañana.

jueves, 23 de mayo de 2019

Democracia en el ruedo

Nota Aclaratoria: Hace casi tres años que tengo abandonada esta bitácora. Pero los hechos sucedidos hace unos días en el tendido de la plaza de Las Ventas a propósito de la actuación del Presidente Gonzalo de Villa Parro, me hacen retomar este texto que escribí hace casi nueve años y que se publicó con el mismo título en el año 2010 como un capítulo del libro titulado Arte, Realidad y Ficción, una apreciación social, aquí en Aguascalientes. Espero que sirva para entender la posición que guardamos como espectadores en los espectáculos taurinos y que me sirva a mí, para de una vez por todas, retomar estos apuntes.

Durante mi primera juventud leí en algún lugar que las plazas de toros eran los escenarios más democráticos que existen, más que nada, porque los ocupantes de un espacio en sus tendidos, dada su disposición más o menos circular, tienen un punto de vista equidistante de lo que sucede en el ruedo. En ese tiempo no entendí a cabalidad la expresión – cuyo autor no recuerdo – pero hoy comprendo que la posibilidad de apreciar en la vida una misma situación desde una perspectiva igualitaria, genera una posibilidad de quizás, resolver con menos sobresaltos los problemas que ésta nos presenta.

Los orígenes de la fiesta
  
Aunque hoy la fiesta de los toros tiene una dirección y un entorno netamente popular, se origina como un ejercicio bélico, temporalmente nacido durante las guerras de la Reconquista Española. José Alameda, uno de los que postulan esta particular teoría del origen del toreo lo explica de la siguiente manera:
Estaba sencillamente, en el baño de La Cava, según le llamaría un francés al baño de Florinda y la torre que veía junto a mí era la torre del Rey Don Rodrigo. Desde aquella ventana, Rodrigo, oculto tras de una cortina, espiaba a las jóvenes en el baño y vio a la bella Florinda medirse la pierna y la de sus compañeras para ver quien la tenía más redonda y mejor formada. ¡Ved en lo que se fundan los grandes acontecimientos! Si Florinda hubiese tenido la pantorrilla poco formada y la rodilla fea, los árabes no hubiesen ido a España. Desgraciadamente, Florinda tenía el pie pequeño, los tobillos finos y la pierna más blanca y mejor formada del mundo. Rodrigo se enamoró de la bañista imprudente y la sedujo. El Conde Julián, padre de Florinda, furioso por aquél ultraje, traicionó a su país para vengarse y llamó a los moros en su ayuda. Rodrigo perdió aquella famosa batalla de que se habla en los romanceros… Fue una idea absurda la de colocar un baño delante de la torre de un Rey joven. (ALAMEDA, José. La Pantorrilla de Florinda  y el Origen Bélico del Toreo. Ed. Diana. 1ª Edición. México, 1980. Págs. 32 – 33).
Esa invasión de Europa por los árabes, motivada por una indiscreción duraría algo más de siete siglos, mismos en los cuales, se produciría una serie de guerras, que los especialistas de hoy calificarían como de baja intensidad y en las que había muchos tiempos muertos.

A partir de esa idea es que el ya nombrado Alameda ofrece como origen del toreo a partir de la utilización del toro y del caballo para el entrenamiento de la guerra de la siguiente forma:
Esta guerra de ocho siglos, larguísima guerra, tiene también grandes treguas y durante las treguas, los guerreros de uno y otro bando se entrenan en grandes torneos a caballo, a veces incluso, confraternizando provisionalmente para matarse mejor después. La caballería es el arma fundamental, a la que hay que mantener a punto ‘en condición’ como decimos en el lenguaje deportivo de hoy, y para que el entrenamiento sea eficaz, para que se asemeje a la guerra, allí está el toro. Nacen así, por el espíritu de guerra, por el clima y las necesidades de la guerra, los grandes torneos de alanceamiento de toros.
La intención bélica está patente porque no se emplea instrumento ‘taurino’ (como el rejón, que vendrá después) sino un instrumento de guerra, la lanza…
El hecho de la guerra es determinante. El toreo se produce en España y no en otra parte, porque España es el único país que vive en guerra. El origen no está en el bravío carácter español, ni en el fastuoso carácter musulmán, sino en el hecho de la guerra…
Expulsados los moros, termina el largo drama de la reconquista, que deja, como tantas veces antes y después, en el bravío suelo de Iberia la estela de un recuerdo poblado de cadáveres, de sombras. Pero quedan dos muertos en pie: la aristocracia y la caballería. Dos piezas de un centauro que corre todavía más ligero que el río, pero cuyo manantial ya está cegado…
¿Que puede hacerse cuando, sin haber ya guerra, hay todavía aristocracia, hay caballería y hay un toro? Se hace lo de siempre en las épocas de decadencia: un remedo de lo anterior, más refinado, pero ya vacío… Lo que antaño era lanzada contra el moro, es ahora quebrar de rejoncillos contra el toro y estocadas a los galanes audaces… (ALAMEDA, José Op. Cit., Págs. 21 a 23)
Como vemos, el toreo como ejercicio de jinetes, nace justo al tiempo de las guerras de reconquista española y es preciso señalar una cuestión, nace como ejercicio de la aristocracia, que era la que tenía los caballos y la que se encargaba de proteger los territorios de la Corona Española. La presencia del pueblo se dará en este tiempo de manera marginal, solo en soporte o apoyo de los caballeros, en cuyo auxilio vendrían cuando quedaban comprometidos o a merced de los astados.

El cambio de poderes

Alameda hace un señalamiento importante en su postulado, al final de la guerra quedan la aristocracia y la caballería, pero ya no hay una razón de fondo para practicar esos ejercicios de jinetes. Por otra parte, como lo dijera Von Ihering, muchos mañanas han quedado asegurados, entonces, los que se arriesgaron ante los moros o ante los toros, pueden dedicarse a otras cuestiones que entrañan menos peligro.

Es allí cuando abandonan la escena como principales los toreros de a caballo y aquellos que en principio eran solo auxiliadores o chulos de a pie, toman las riendas de lo que se transforma en espectáculo; deja el campo abierto para trasladarse a los centros de población y presentarse primero, en las plazas públicas de las poblaciones y después, en escenarios diseñados específicamente para el efecto.

Cuando las fiestas de toros se urbanizan, se democratizan. Ya no se puede dejar al azar el comportamiento de los toros y de los hombres. La autoridad toma providencias al respecto y es así que se previene evitar las averías causadas por las reses cerriles que eran conducidas a las zonas urbanas y una segunda, consistente en el hecho de que los juegos de toros tenían que celebrarse en lugares especialmente preparados para ello, a fin de evitar que durante la lidia se produjeran desaguisados.

Esas dos razones, entre otras varias, motivaron que los cabildos y las diferentes autoridades forales emitieran disposiciones dedicadas a regular la manera y el lugar en el cual se podían correr toros bravos, como el que enseguida cito, correspondientes a la localidad de Zamora, del siglo XIII, fechado en el año de 1270:
Defendemos que ninguno sea osado de correr toro ni vaca brava en el cuerpo de la villa, sino en aquél lugar que fue puesto que dicen Sancta Altana; y allí cierren bien, para que no salga a hacer daño. Y si por ventura saliere, mátenlo para que no haga daño. Y aquél que esto contraviniere, pague C maravedíes de la moneda mayor corriente en la tierra, la mitad para los muros de la villa y la otra mitad para los jueces y para enmendar el daño que el animal hiciere. (BADORREY MARTÍN, Beatriz, Primeras disposiciones jurídicas sobre las fiestas de toros. – En La Fiesta de los Toros ante el Derecho. – Unión Taurina de Abonados de España, 1ª Edición, Madrid, 2002, Pág. 21.)
En los aspectos propios de la lidia, se atribuye a Francisco Montes, Paquiro el ser el primer legislador de la fiesta, pero también José Delgado, Pepe – Illo aportó lo suyo a este asunto y tiene que ver en mucho con el comportamiento de los públicos en las plazas. En su expresión, Pepe – Illo distingue el comportamiento de las personas consideradas bien nacidas con el de aquellas que se considera que no lo son, la referencia que hace es la siguiente: 
La indiscreta e inmoderada conducta que el pueblo bajo observa en las  funciones de toros, influye conocidamente en el poco acierto de los toreros, contra los cuales dirigen sus obscenas y torpes palabras, su estrepitoso ruido de voces, palos y cuantos excesos y descomposturas inspira solo la embriaguez. (SAVATER, Fernando. – Caracterización del espectador taurino en Arte y Tauromaquia, Universidad Internacional Menéndez Pelayo. – Ediciones Turner, 1ª edición, Madrid, 1983, Pág. 111).
Acerca de esta proposición de Pepe – Illo, diestro que muriera el 11 de mayo de 1801, en la plaza de Madrid, a consecuencia de la cornada que en el pecho le infiriera el toro Barbudo de Peñaranda de Bracamonte, el filósofo Fernando Savater hace las siguientes reflexiones:
El autor de la tauromaquia invoca a la autoridad para que mantenga el orden de las plazas, es decir, para que los espectadores tiendan a interiorizar su embriaguez y no distraigan al toro y al torero de la suya.
Las recomendaciones de Pepe Illo que venimos comentando no responde tanto a un deseo policial de la ley y orden de la plaza, como al más comprensible de proteger al torero.
Pensemos en que la tauromaquia es el conjunto de las reglas que pretende imponer un torero a las funciones de toros: Por el más elemental instinto de conservación, tiene que intentar en ellos controlar por medio del apoyo de la autoridad competente el asalto del peligroso entusiasmo como la temible decepción a que se expone. (SAVATER, Fernando, Op. Cit., Págs. 114 a 118).
De lo comentado hasta aquí, podemos ver que los primeros pasos que se dan para regular los festejos taurinos, son aquellos que tienden a la conservación de la tranquilidad pública, sea mediante la imposición de normativas o sea mediante la contratación con el responsable de la organizar los festejos de que se trate.

No obstante, se mantiene una distinción entre aquellos que pertenecen al pueblo y aquellos que, por su cuna, parecieran merecer una consideración especial, distinta a la de la generalidad de la población. Distinción que al paso del tiempo, desaparecerá en los tendidos de las plazas de toros.

Democracia y toros

Al avanzar en su desarrollo la tauromaquia como hoy la concebimos, las diferencias entre los ocupantes de una localidad en los tendidos de una plaza se van borrando. Ya no se trata de encontrar una localización especial para unos y otros, sino de obtener la posibilidad de disfrutar el goce que produce la presencia del toro, como lo pedía Ortega y Gasset, con casta, poder y pies y el torero que crea arte con él.

Los nuevos circos taurinos, circulares en su mayoría, otorgan una nueva posibilidad en la apreciación que era la que comentaba al principio. En cualquier punto determinado de la circunferencia, hay una relación equidistante al lugar en el que los hechos se suceden en la arena. Las posiciones cambian, las perspectivas también y los privilegios se borran, dejando atrás la posibilidad de que solo unos cuantos puedan tener la oportunidad de apreciar en su integridad la creación del diestro. La circunferencia democratiza la tauromaquia.

Posteriormente se comenzó a premiar la labor de los diestros. Primero era el juicio del encargado de presidir el festejo el que determinaba el trofeo, después, se reguló en el sentido de que la premiación sería en orden a la petición de la concurrencia. Algunas plazas, como dice Savater, son más maniáticas y alguacilescas y otras, simplísimas y acomodaticias, pero en todas, es la decisión popular la que motivará la concesión de trofeos.

Sobre este particular escribió Federico Jiménez Losantos:
…El coso venteño es quizás el último del mundo donde se vigila con extremado celo que la lidia se atenga a las ordenanzas y que el toreo se haga como mandan los cánones – aunque en algunos tendidos vendrían bien unos cursillos de derecho canónico –. Madrid es la primera plaza del mundo porque es la más exigente. Otra cosa es que siempre exija con razón y educación, esto es más raro… el otro día el presidente señor Lamarca, hombre de recia personalidad había concedido una oreja a en su primero a Ponce a petición del público – tuve allí la impresión de que muchos creyeron que le había dado las dos – se negó a conceder la oreja de su segundo, aunque el público la pedía en cantidad harto suficiente de pañuelos… El criterio liberal, personal, de mérito y exigencia, primó aquí sobre el criterio democrático y eso me parece un abuso intolerable de la presidencia… Por encima del sagrado derecho a opinar, está en la fiesta, la Ley, o sea, el Reglamento, al que debe servir la autoridad competente y si no lo sirve, deja de ser autoridad… Al negar Lamarca a la mayoría de aficionados venteños su derecho a conceder la primera oreja… lo que ha hecho Lamarca es cargarse precisamente el liberalismo, que exige en las organizaciones modernas – y la fiesta lo es más de lo que parece – un respeto escrupuloso a la base democrática. (JIMÉNEZ LOSANTOS, Federico. Democracia taurina. En ABC, Madrid, 28 de mayo de 1994, Pág. 22).
Como se puede apreciar, el extremo democrático que se vive en la apreciación y sobre todo, en la toma de decisiones dentro de los escenarios taurinos llega casi al extremo del aforismo vox populi, vox dei. Sin embargo, como dijera el personaje de Ibsen en Un enemigo del pueblo, no siempre las mayorías tienen la razón - pero la pueden llegar a tener -, aunque he de convenir en que cada plaza tiene sus propias peculiaridades, que en el fondo, son más fuertes que las de sus ocupantes, que en muchos casos, se han llegado a convertir en el espíritu de ellas.

A guisa de remate

Cito a mi amigo Enrique Martín:
Algo tan trascendental como las orejas, las de los toros, se otorgan de la mejor forma posible, se le da el poder al pueblo soberano y decide. Que bonito, sale un chico, se lía a pegar pases y más pases y sus paisanos tienen la facultad de convertirle en un triunfador, en un héroe, en el ídolo local para las próximas veinticinco fiestas patronales. Pero me van a permitir que proponga una pequeña modificación a un sistema tan perfeccionado a lo largo de los años y que con el paso del tiempo se ha visto reforzado y suficientemente contrastado. Aquel simple flamear de pañuelos ha encontrado su complemento en el griterío. Pañuelos y voces, ¿quién podría sustraerse a semejante embrujo?...
...Pero yo me andaba por presentar mi aportación personal a este modelo secular. De la misma forma que los que piden la oreja agitan pañuelos blancos, digo yo que por qué no nos dan la oportunidad a los que creemos lo contrario, y que por ejemplo sólo tuviéramos que mostrar un pañuelo verde, morado o a cuadros. Que el asesor del usía cuente y una vez hechos públicos los resultados, decidir...
...Pero como los tiempos han cambiado, el modelo democrático debería extenderse a más aspectos de la lidia y así tendríamos un espectáculo a gusto del consumidor y llevaríamos a su máximo esplendor esa ley que dice: el que paga manda. No me parece bien que el cambio de tercio se lo ventilen entre dos personas, el presidente y el matador, ¿y los demás? ¿No decidimos ni pintamos nada? ¿Y por qué el espada de turno puede elegir entre la derecha o la izquierda? ¿Por qué no podemos votar si queremos que el espada ponga banderillas? De esta forma seguro que todos saldríamos mucho más satisfechos de la plaza...
...Puede que así estuviéramos ante una fiesta perfecta, en la que el que paga es el dueño absoluto de este manicomio. Puede que alguien haya reparado en que no he incluido en las decisiones a tomar por sufragio universal la sustitución de los toros, sea en los corrales o ya en el ruedo. Para eso existen profesionales perfectamente capacitados que saben más que nosotros del tipo de toro que gusta en cada plaza. Como muestra los becerros de la novillada, que a algunos nos parecieron eso, becerros, descastados, no aptos para Madrid, pero que seguro que salieron porque a los aficionados se nos escapan matices a los que no podremos llegar en la vida... (Las orejas y el sufragio universal)
Es decir, algunos matices de la participación del aficionado o del asistente a los festejos taurinos pudieran ampliarse. Enrique lo dice en son de broma, criticando lo que se ha hecho con la intervención popular en esa toma de decisiones dejada al asistente a los festejos.

Porque ya no es solamente el hecho de la equidad en la perspectiva la que democratiza la tauromaquia, sino que, como en todo principio de autoridad, hoy, el gobernado tiene también parte fundamental en la toma de las decisiones finales y en la libertad de expresarse.

domingo, 29 de marzo de 2015

30 de marzo de 1958: Escultor de Zacatepec hiere gravemente a Antonio Velázquez

Antonio Velázquez tras la cornada de Escultor
El 30 de marzo de 1958 era Domingo de Ramos. Había toros en El Toreo de Cuatro Caminos, para lo que se anunció una corrida de toros de Zacatepec, misma que sería lidiada y muerta a estoque por Antonio Velázquez, Humberto Moro y José Ramón Tirado. Velázquez vivía un bache en su brillante carrera y necesitaba triunfar esa tarde para remontarlo, porque él ya sabía lo que era salir de una racha de triunfos y quedarse parado de repente. Tenía que salir a morirse, como lo hacía tarde a tarde para sostener el sitio de figura del toreo que tanto le costó conquistar.

El toro escogido para salir al ruedo en cuarto lugar fue llamado por don Daniel Muñoz Escultor. José Alameda recuerda de la faena a ese toro, un quite por saltilleras, al que calificó de espeluznante, porque el toro quedó crudo después de su encuentro con los montados. La escena es perpetuada por un cuadro de Pancho Flores que reproduce el momento del cite, que nos muestra a Velázquez citando con el capote plegado a la espalda y el toro arrancado hacia él, en una composición que refleja en mucho el drama de ese momento y que puede darnos una cercana idea de lo que sucedía en Cuatro Caminos ese Domingo de Ramos de 1958.

La necesidad del triunfo era evidente y para obtenerlo, Antonio ya conocía el medio: Había que reescribir la historia de la Oreja de Oro de trece años atrás, pues los sucesos parecían estarse repitiendo y sabedor el torero de lo que causa el estar sin torear, no quería volver a vivir las consecuencias de esa inactividad. Así pues, intenta la faena por naturales, pero al tratar de rematar uno de ellos, Escultor se le cuela y le tira un derrote seco,  homicida y el pitón le penetra por el lado derecho del cuello, produciéndole a Velázquez una de las cornadas más impactantes que se recuerdan. 

La crónica de la agencia United Press, publicada en el diario El Informador de Guadalajara al día siguiente del festejo, señala con brevedad lo siguiente:
Velázquez fue cogido ayer en El Toreo. – México D.F., marzo 30. (U.P.). – Antonio Velázquez fue cogido aparatosamente en la corrida de esta tarde en la Plaza del Toreo y sufrió dos cornadas, una en el cuello y otra en el muslo… Se torearon reses de Zacatepec. Tres toros fueron protestados por su pequeñez… Velázquez veroniqueó regularmente en el primero y dejó pinchazo y estocada entera en buen sitio. (Silencio). En el cuarto, el del percance, Velázquez ejecutó buenas verónicas y saltilleras. Fue cogido aparatosamente y vuelto a recoger en la arena, en medio de gran impresión del público. Terminó con el causante de la cogida con una estocada caída, refrendada con certero descabello… Moro tuvo actuación medrosa e incolora en sus dos enemigos… Ramón Tirado lidió valientemente pero estuvo sin suerte al matar. En el último, Tirado veroniqueó regularmente y fue aplaudido… Durante la corrida el público insultó a la empresa por la pequeñez del ganado.
Me llama sobremanera la atención el desplante de valor y de torería de Antonio Velázquez, quien no obstante estar gravemente herido – con dos cornadas –, tuvo los arrestos para ir a estoquear a Escultor y después pasar a la enfermería a ser atendido.

Al día siguiente del percance se dio cuenta de la gravedad de la herida que Antonio llevaba en el cuello. En nota aparecida de nueva cuenta en el diario El Informador de Guadalajara, se daba cuenta de lo siguiente:
Ligera mejoría de Antonio Velázquez. – México D.F., marzo 31. – Una ligera mejoría dentro de la gravedad, fue anotada ayer por los médicos que atienden al matador Antonio Velázquez, gravísimamente herido por el toro “Escultor” de Zacatepec… Dijeron los doctores Rojo de la Vega e Ibarra que hasta pasadas setenta y dos horas no se podrá emitir el parte facultativo… Tres complicaciones podrían presentarse hasta entonces: flemón en el cuello, encefalitis y meningitis… Velázquez no ha perdido un solo momento la lucidez y esta madrugada pidió un recado de escribir para preguntar: “¿podré volver a hablar?”, cuando se le contestó que sí, guiñó un ojo y tuvo un destello de alegría… También por escrito preguntó sobre el matador que le sustituirá en la corrida inaugural de la temporada el domingo próximo de la plaza monumental de Ciudad Juárez… Esta mañana los médicos le hicieron una larga curación y más tarde fue llevado al radiólogo a bordo de una ambulancia, para sacarle varias radiografías a fin de orientar mejor a los cirujanos… La cornada que sufrió el diestro leonés es de las más impresionantes que recuerdan los aficionados, y solo comparable a la que sufrió Carmelo Pérez en 1929 por el toro “Michín” de San Diego de los Padres.
La nota habla por sí sola, el temor de los médicos ante el peligro de la infección en el tejido del cuello o en la cavidad craneal dejaba en espera la comunicación de la extensión de las lesiones sufridas por el diestro, mismas que serían atendidas, creo, una vez que esa amenaza estuviera superada. La realización del estudio radiográfico “para orientar mejor a los cirujanos” así me lo sugiere.

Transcurridas las setenta y dos horas señaladas por los médicos Rojo de la Vega e Ibarra, se hizo el siguiente anuncio, también por medio de la prensa:
Ha salvado la vida Antonio Velázquez. – México, D.F., abril 2. – Se cumplieron setenta y dos horas del accidente de Antonio Velázquez, durante los cuales los médicos temieron que empeorara la gravedad del diestro, herido el domingo en la plaza El Toreo, por el toro “Escultor” de Zacatepec… Los médicos consideraron que si en el plazo señalado no se presentaban complicaciones, ahora sería remoto el peligro de las mismas, y de hecho firmaron que el bravo torero leonés ha salvado la vida… Sin embargo, el tratamiento requerirá un plazo no menor de cuarenta y cinco días… La temperatura fue normal en el curso de todo el día, no pasando de treinta y siete grados y un décimo. Asimismo, el pulso y la presión arterial son los de una persona que dista mucho de inspirar temores a los médicos… Velázquez en varias ocasiones dio pequeños pasos dentro de su cuarto de enfermo y ha recibido amigos, compañeros y admiradores que fueron a visitarlo… Todo hace pensar que el valiente torero ha ganado la partida contra la muerte, en su lucha que empezó el domingo a las cinco y media de la tarde hasta la misma hora del miércoles dos de abril.
En consecuencia de esa declaración, se emitió el siguiente parte facultativo:
Herida por cuerno de toro, de dos centímetros de extensión, por dieciocho de profundidad, con trayectoria ascendente en la región submaxilar derecha, que interesó planos blandos, rompiéndolos; fracturó la masa horizontal derecha del maxilar inferior derecho; perforó el piso de la boca; desgarró totalmente la lengua en tres porciones de cinco, cuatro y tres centímetros; fracturó el paladar óseo, el maxilar superior sobre la línea media del hueso etmoides, llegando al piso anterior del cráneo en su base. Esta herida es de las que ponen en peligro la vida. (Ignacio Solares y Jaime Rojas Palacios, Las Cornadas, Cía. General de Ediciones, 1ª edición, México 1981, Pág. 199.).
Cuentan los familiares del torero que en cuanto recuperó la conciencia tras la cirugía que le fue practicada para reparar los destrozos de la cornada, lo primero que preguntó fue: ¿Cuándo vuelvo a torear?

Casi seis meses después volvería Velázquez a los ruedos. Reapareció en Ciudad Juárez, el 17 de agosto de 1958, alternando con quien fuera su matador en sus días de torero de plata, Luis Castro El Soldado y Jorge El Ranchero Aguilar, para lidiar la terna toros de La Punta y en prueba del temple adquirido con el percance, le cortó las orejas y el rabo a los dos toros que mató esa tarde.

Edito: Don José Ramírez me escribe por vía distinta a esta y me manifiesta lo siguiente: "Yo presencié esta corrida y esta tragedia. Antonio Corazón de León no regresó a la arena a matar a Escultor de Zacatepec. No estaba en condiciones físicas de hacerlo, ni nadie se lo hubiera permitido, desde los monosabios, a los médicos de plaza".

Queda aclarado pues, el desliz del cronista de la agencia United Press, que así lo consignó en su día y entonces fue Humberto Moro quien terminó con los días del causante del grave desaguisado.

Aclaración pertinente: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Aldeanos