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domingo, 15 de marzo de 2020

3 de marzo de 1974: El encuentro de Borrachón de San Mateo y Manolo Martínez

Manolo Martínez al natural
Las cornadas de los toreros

Ya en algunas entradas anteriores había comentado lo que es conocido como la sentencia de Frascuelo, la expresión aquella que indica que los toros dan cornadas porque no pueden dar otra cosa. ¿Pero es esto nada más así? ¿Son las cornadas meramente azar?

Para conformar esta participación busqué corroboración de la idea que se propaga en el sentido de que las cornadas son resultado de errores de los toreros. Resulta complicado encontrar en blanco y negro el reconocimiento de tal afirmación. Sin embargo, esta se hace y por allí algo queda. Hace unos once años, el 26 de julio de 2009, con motivo de haber cumplido setenta años, se publicó en el Diario Vasco una entrevista a Santiago Martín El Viti y a este propósito dijo lo siguiente:
...todas las cornadas o las cogidas son por un error del torero. Es cierto que el toro avisa casi siempre pero incluso cuando no lo hace te coge por algo que tú no has hecho bien. Y de los errores se aprende. Como en todos los aspectos de la vida...
Por otro lado, don Javier Villán, en su obra Tauromaquias. Lenguaje, liturgias y toreros, bajo la voz Error, define entre otras cuestiones, lo siguiente:
Error. Las cornadas acaecen casi siempre por un error de los toreros. Es dogma universalmente aceptado que el toro avisa pero nunca se equivoca...
Seguramente habrá más opiniones y comentarios al respecto, pero los que cito creo que ilustran suficientemente la situación. Entonces, aunque queda un breve espacio para el azar o para la influencia de los elementos, sin duda las cornadas pueden atribuirse en gran medida debidas a errores de los toreros.

Plaza México, temporada 1973 – 74 

Este ciclo, organizado por DEMSA y segundo que encabezaba como gerente el ganadero Javier Garfias, constó de 16 corridas y una extraordinaria. El elenco de toreros lo conformaron, por orden de aparición Alfredo Leal, Eloy Cavazos, Antonio Lomelín, Curro Rivera, Mariano Ramos, Francisco Ruiz Miguel, Raúl Contreras Finito, Adrián Romero, Raúl Ponce de León, José Mari Manzanares, Jesús Solórzano, Pepe Cáceres, Manolo Espinosa Armillita, Mario Sevilla y Jaime Rangel. Actuaron también los rejoneadores Pedro Louceiro y Gastón Santos. Confirmaron su alternativa El Niño de la Capea y Curro Leal (1ª) y Jorge Blando (12ª) y se despidió de la profesión Luis Procuna (14ª).

Los grandes hechos de esa temporada fueron sin duda la faena de Mariano Ramos a Abarrotero de José Julián Llaguno que fue indultado en la 5ª del serial; la de Jesús Solórzano a Fedayín de Torrecilla en la 6ª; la del Niño de la Capea a Alegrías de Reyes Huerta en la 7ª, malograda con la espada; la de Luis Procuna, a Caporal con la que cortó el último rabo de su carrera y la de Jesús Solórzano a Billetero, ambos toros del Ing. Mariano Ramírez, estas dos en la 14ª.

Los efectos del número 13

El domingo 3 de marzo de 1974 se celebraba la 13ª corrida de la temporada. Alternaban Manolo Martínez, José Mari Manzanares y Mariano Ramos. El encierro anunciado era de San Mateo. La tarde y la temporada se presentaban cuesta arriba para el torero de Monterrey. Era su sexta presentación del ciclo y hasta el momento no había tenido una tarde en la que se pudiera decir que había justificado su posición de eje del mismo.

En el renglón de resultados, no había cortado un solo apéndice y sí al contrario, llevaba dos toros devueltos al corral, Campanero de Mimiahuápam en la segunda – esta tarde también el Niño de la Capea se dejó uno vivo – y Huapanguero de Reyes Huerta en la séptima. 

En esta última tarde ocurrió un hecho que vale para la anécdota, pues el juez de plaza, mi paisano don Jesús Dávila, le sonó a Manolo el primer aviso cuando intentaba meter al toro en la muleta. El torero, furioso, arrojó los trastos a la arena y se metió al burladero de matadores a esperar que le sonaran los otros dos avisos. Cuando sonó el tercero, salió, tomó su muleta y comenzó a torear por naturales, salieron los cabestros, uno de ellos arrolló al subalterno Chucho Morales, mientras, Manolo Martínez le metió la espada a Huapanguero que cayó muerto y después los cabestros también arrollaron al diestro. La gente pedía los trofeos para el torero. Gran bronca al juez, vueltas al ruedo al torero. Al final, multa al torero y hecho inusitado para la historia de la plaza.

Pero volviendo al tema, la decimotercera corrida de la temporada 73 – 74 era de fuerte compromiso para Manolo Martínez. Los toros de San Mateo, con edad, resultaron complicados. El cuarto de la tarde, llamado Borrachón, número 13, era el segundo del lote del llamado Milagro de Monterrey. Y era un toro con cierta historia. Gustavo Castro Santanero, caporal – mayoral – entonces de la ganadería relata lo siguiente:
Manolo Martínez, de novillero, le cortó el rabo a un novillo de nombre “Toledano”, número 50, al que me había dicho don Javier Garfias que le pusiera nombre. Cuando me preguntó por qué lo había bautizado así, le dije: “porque va a salir con mucho temple, igualito que las espadas de Toledo”. No recuerdo si era la segunda o la primera novillada que Manolo toreaba en Guadalajara. Estuvo sensacional; desde entonces apuntaba el cante. 
Ya de matador, a Manolo le salió el toro número 13 en la Plaza México, aquél famoso “Borrachón” que puso en peligro su vida por la cornada tan grave que le pegó en la corrida del 3 de marzo de 1974. A este toro, en el embarque, me le escapé gracias a que andaba muy bien “montao” en mi caballo “El Charrasqueao”; me hizo dos veces el viaje en un terreno muy corto, y en una corraleta me le salí. Eso fue nomás gracias a que andaba bien montado... (Gustavo Castro Cuna “El Santanero” Capítulo 7, Págs. 77 – 78)
El peso de la responsabilidad hizo a Manolo Martínez intentar hacerle fiestas al toro número 13. De las relaciones que pude leer, quizás pensó que podría someterlo como a Jarocho, de la misma ganadería, un par de años antes. Esto escribió Daniel Medina de la Serna sobre lo sucedido esa tarde:
Sin mencionar en ningún momento que se trataba de una corrida vieja, pasada de edad; lo que también puede corroborarse con las fotografías que publicaron los diarios, porque se ha venido creando la leyenda de que algunos de esos toros, especialmente el primero y “Borrachón”, tenían nueve años de edad y que hasta habían estado padreando en la ganadería. El causante del desaguisado era un toro resabiado, sí, de indudable peligro, al que Manolo Martínez, a pesar de haber sido avisado antes, trató de pasárselo por la faja hasta que sobrevino el percance; y es que las figuras, si lo son, tienen que pisar esos terrenos comprometidos cuando su jerarquía puede estar en entredicho, y la temporada, para el de la Sultana del Norte, se había venido dando en forma bastante adversa y necesitaba el triunfo… o la cornada…
La crónica de la agencia Excélsior, aparecida en el diario El Informador de Guadalajara al día siguiente del festejo, señala como mecánica del percance la siguiente:
El percance se registró en el tercio, cerca del burladero de matadores, cuando Manolo intentaba dar un pase natural a “Borrachón”, toro negro astifino, marcado con el número 13 y con 444 kilos. 
El burel, que había manifestado casta, se quedó y se venció; prendió a Manolo con el pitón izquierdo y derrotó. Todavía en el suelo el torero, el burel hizo por él y lo levantó impresionantemente por la casaquilla…
El parte facultativo presentado por el doctor Javier Campos Licastro, en esa fecha Jefe de los Servicios Médicos de la Plaza México fue del siguiente tenor:
Estado de shock traumático intenso. Herida de cuerno de toro como de 8 centímetros de extensión situada el tercio medio de la cara interna del muslo izquierdo. Hemorragia profusa. Se apreciaron dos trayectorias, la primera hacia arriba y afuera casi hacia el trocánter mayor, como de 36 centímetros de longitud. La segunda hacia fuera y abajo como de 24 centímetros de longitud. Están lesionados ampliamente los músculos vasto interno, vasto externo y recto anterior, con sección de la arteria y la vena femoral profunda. Pronóstico grave. Tardará en sanar más de quince días.
Sección de la arteria y la vena femoral profunda... En otros tiempos esa leyenda era una sentencia de muerte para un torero. El avance de la cirugía y quizás también, el destino, permitieron que Manolo Martínez superara esa gravísima lesión – aunque el parte facultativo use solamente el término grave – y continuara su carrera en los ruedos.

El día después

Entrevistado por periodistas de la agencia Excélsior en su habitación de hospital, el torero de Monterrey expresó lo siguiente al día siguiente del percance:
La temporada presente ha estado llena de percances para Manolo, 2 toros que oficialmente se fueron vivos al coral, aunque uno murió en el ruedo por su espada. La competencia de nuevas figuras, las broncas, los pleitos y en veces el arte de una capa que silenciosa recorre el espacio entre él y la res que bufa y estalla de nervios...
- “¿Contribuyó esto a la cornada?”
- “No creo. Lo que pasa es que el público cada vez me exige más. Competencia no creo, yo no tengo competencia, nadie...”
- “¿Pérdidas económicas?”
- “Pues en las plazas pequeñas – dice José Chafic – un promedio de 60,000 pesos por corrida. Lo que no toree en la México equivale a 250,000 por cada domingo”.
Pero lo que me duele es no poder torear las corridas que ya tenía firmadas...
Y ya tiempo después, con espacio para la reflexión, Manolo Martínez le contó esto a Ignacio Solares y Jaime Rojas Palacios:
¿Puede ser el mismo un hombre después de una experiencia así?
- Dicen que influyó determinantemente la impresión nerviosa que tuve al saberme herido de tanta gravedad… La verdad es que desde el principio, desde que entró el cuerno de Borrachón en mi carne, yo sentí que me moría, que la vida se me iba por la herida. Nunca me había sucedido, pero también es cierto que nunca había sufrido una cornada tan grave.
- ¿Te hizo más temeroso la cornada de Borrachón?
- Al contrario. Después de haberme salvado de esa cornada todo lo que viniera era ganancia. Nunca aprecia uno tanto la vida como cuando acaba de ver el rostro de la muerte. (Las Cornadas, Pág. 251)
La realidad es que en el imaginario colectivo, la cornada de Borrachón se percibe como un parteaguas en la historia taurina de Manolo Martínez. Recurro nuevamente a la apreciación de mi amigo Gastón Ramírez Cuevas, quien señala que el Manolo Martínez anterior al percance era el de blanco y negro y el posterior era en technicolor. El eterno contraste del antes y el después.

Sea como fuere, errores de los toreros, mero azar o simplemente, como decía El Negro, retribución de los toros porque no pueden hacerlo de otro modo, la historia de los toreros también se puede escribir a partir de las cornadas que reciben.

Manolo Martínez reapareció en Morelia el 31 de marzo de ese 1974. Alternó con Eloy Cavazos y Curro Rivera en la lidia de toros de Javier Garfias. Cortó tres orejas y un rabo. Yo le vi reaparecer aquí la noche del 23 de abril de ese año, flanqueado por mi padre y don Toño Ramírez González. Para lidiar toros de Gustavo Álvarez se acarteló con Eloy Cavazos y Mariano Ramos. Vestía un terno negro y oro y en el tendido corría la especie de que era el mismo que vestía la tarde del 3 de marzo anterior...

Y fuera de tema. En estos tiempos difíciles, cuiden su salud y la de quienes los rodean.

domingo, 30 de mayo de 2010

Miguel Ángel

El tema de hoy no se refiere al artista del Renacimiento que es uno de los más altos referentes de la cultura universal. La única coincidencia está en el nombre y es uno de los casos que nos recuerdan que el drama de la fiesta no está sujeto a un guión escrito previamente, ni que las lesiones que sufren los diestros en el redondel son de las que se curan sin secuelas. Esta historia de un valentísimo y carismático torero mexicano del mediodía del pasado siglo, nos deja claro que los toros pueden dar dinero, posición y fama, pero también – y de eso tenemos algunos ejemplos recientes – dan graves cornadas que en determinadas circunstancias pueden terminar con la vida de quienes las reciben.

Miguel Ángel García Medrano

Fue originario de Apan, Hidalgo, donde nació el 29 de octubre de 1929. Su presentación como novillero en la Plaza México ocurre el 30 de julio de 1950 y entre ese domingo y el 22 de julio de 1951, Miguel Ángel – así se anunciaba en los carteles – entraría definitivamente en el ánimo de la afición de la capital mexicana. En esta última fecha alternaba con Julio Pérez Vito y Fernando de los Reyes El Callao y aunque la tarde fue del tlaxcalteca de la mirada triste con Cuadrillero de San Mateo, en su turno al quite con este toro, el Güero - en México llamamos güero a los rubios - realizó uno por gaoneras que terminó por definirle ante la afición de la capital mexicana. En palabras del bibliófilo Daniel Medina de la Serna:


El Güero Miguel Ángel era un desesperado en busca de gloria… o tal vez de la muerte; la aguja de su brújula no sabía marcar otro derrotero que el del ‘arrimón’ ahora sí y mañana también y a la menor oportunidad o provocación, clavaba los pies en la arena y pegaba, sin darle ninguna importancia a los pitones, sus gaoneras tremebundas. Nunca fue un torero de arte, ni de clase, pero sí un torero con emoción de alto voltaje…
Se mantuvo en el interés de la afición, aunque con pronunciados altibajos hasta el año de 1953, cuando marcha a España a hacer campaña como novillero, de la mano del Coronel Escalante, que lo puso a cargo de Domingo González Dominguín, para que lo apoderara en la península, presentándose en Las Ventas el 4 de octubre de ese calendario.

Bajo el signo de la sustitución

Algunas de las fechas señaladas de la carrera de Miguel Ángel García estarían marcadas por el signo de la sustitución. Su presentación en la Feria de Abril sevillana, el 2 de mayo de 1954 se dio por ese medio, cuando Jaime Ostos, por motivos relacionados con su servicio militar, no estuvo en posibilidad de actuar junto al lusitano Paco Mendes y Pepe Ordóñez para despachar un encierro de don Felipe Bartolomé. Así fue que Domingo González le consiguió al Güero la oportunidad de actuar en la Maestranza y de iniciar temprano y en una feria de importancia su temporada de ese año.

El primer novillo de la tarde le correspondió a Miguel Ángel y lo sucedido lo describió así Gómez Bajuelo, cronista del diario ABC de Sevilla en su edición del 4 de mayo siguiente:




El signo dramático de la Feria...

La Feria de este año ha tenido un signo dramático. Con él, más acusado aún, se cerró la novillada del domingo. Toreros de todas las categorías – matadores, banderilleros, picadores y hasta "espontáneos" – quedaron prendidos de las astas de las reses y pasaron triste y obligada visita a la enfermería. ¿Desentrenamiento, impericia, pujanza del toro en abril? Tal vez haya habido de todo un poco. Lo cierto es que el balance ha sido doloroso. Y no más en sus consecuencias, porque en Sevilla, la intervención facultativa es firme vehículo de la misericordia divina…

…Un espontáneo, en varios pases, descabaló la pureza inicial del arranque del novillo. Esto hubiera sido suficiente para que Miguel Ángel, rehusando el propósito preconcebido, se hubiera atenido a las circunstancias. Pudo más su afán valeroso. Y en terrenos del 2, sin esa soledad que fija más la atención del bicho, intentó el cambio de rodillas. Este alcanzó al espada que, entre la emoción del público, con mueca de dolor en el rostro, caminó hacia la enfermería en los diligentes brazos de las asistencias...
La cornada que recibió Miguel Ángel fue gravísima, el primer parte facultativo rendido por el doctor Leal Castaño fue el siguiente:


Fue asistido durante la lidia del primer toro, el mejicano Miguel Ángel, de una herida que le interesa la bóveda del palatino, alcanzando el peñasco, con fractura del mismo; parálisis del nervio facial y otorragia. Pronóstico: gravísimo.
Una vez que el torero fue trasladado a la clínica de Nuestra Señora de los Reyes, con el equipo adecuado, se practicaron nuevos estudios y se rindió un parte complementario, mismo que ya refleja otras lesiones que no se apreciaron en las primeras curaciones practicadas en la enfermería:


El diestro mejicano Miguel Ángel García, sufre una herida por asta de toro que interesa paladar interior y posterior y que atravesando la fosa tiroidea derecha alcanza el peñasco, fracturando la base del cráneo con parálisis del nervio facial. Gran otorragia. Pronóstico gravísimo. Durante la cura se le hizo una transfusión de sangre de 200 centímetros cúbicos.
La evolución de la recuperación del torero fue objeto de seguimiento por los diarios españoles de la época, que reproducían los partes que periódicamente remitía el equipo médico encargado de su atención. Se vio la conveniencia de hacer llegar a la madre de Miguel Ángel a acompañarle y facilitarle su restablecimiento, de lo que el semanario madrileño El Ruedo publicó un amplio reportaje gráfico y que está a la vista en la bitácora del Aula Taurina de Granada que con acierto y afición administra el buen amigo Paco Abad.

El torero se recuperó y logró tomar la alternativa al final de la temporada. Fue en Palma de Mallorca, el 26 de septiembre, cuando José María Martorell ante el testigo Victoriano Posada, le cedió a Miguel Ángel García el toro Barreto de Ramos Matías Hermanos. Ya como matador de toros, el valiente torero de Apan regresó a México. También les reenvió al reportaje gráfico de El Ruedo que obra en el Aula Taurina de Granada.

La debacle

Miguel Ángel confirmó su alternativa en la Plaza México el 16 de enero de 1955. Lo apadrinó Ricardo Balderas que le cedió al toro Trueno Verde de Torrecilla delante del cordobés José María Martorell, pero la crisis estallaría al domingo siguiente, en la confirmación de Jumillano y así lo contó en su día Pocapena en el diario Esto:


Miguel Ángel dio la vuelta al ruedo, salió a los medios a saludar y se fue a la enfermería donde los médicos que lo asistieron diagnosticaron que no estaba en condiciones físicas para seguir toreando. Al torero no le convenció la opinión de los facultativos y volvió al callejón, donde su apoderado, amigos y compañeros pudieron apreciar, por incoherencias manifiestas en su conversación, que era un disparate salir a despachar al segundo suyo, último de la corrida y el de más peso, pues dio en la romana 540 kilos…
José Octavio Cano, en el mismo diario, le dirige estas sentidas reflexiones:


Con una nerviosidad terrible he seguido las incidencias trágicas de tu negativa a dejarte sacar de la plaza porque los médicos ordenaban que tu no estabas en condiciones de poder lidiar al sexto. Y sin embargo lo hiciste…

Te impusiste al fin de cuentas sobre los gendarmes, sobre los médicos, sobre la multitud que acabó pidiendo que te fueras. Pero sigo creyendo que a pesar de todo, ni los médicos, ni la autoridad, ni nadie, debieron haberte dejado continuar. Los ruedos de las plazas de toros no deben convertirse nunca en piedra de sacrificios humanos…

Lo que me parece necesario y urgente, por razones puramente buenas, es que por este año al menos, es que te retires de los toros, Miguel Ángel. Tú necesitas rehacerte física y moralmente. Y digo moralmente, porque los pitos que has escuchado en tus dos tardes te han herido… Creo que te han hecho muy mal en traerte en estas condiciones y sobre todo en haberte lanzado a los ruedos a una lucha desigual con los hombres y con los toros.
Y es que, cuenta también Daniel Medina de la Serna, al mediar el festejo, Miguel Ángel comenzó a insistir a gritos que estaba en Sevilla y que en su siguiente toro iba a pegar un repaso a todos esos gachupines. Eso motivó que el Juez de Callejón pidiera que los médicos lo examinaran y tras hacerlo, ellos determinaron que no estaba en aptitud de continuar en la lidia. El hecho trascendió y de nuevo es el semanario de Madrid, El Ruedo, el que publica un amplio reportaje gráfico sobre el asunto, el que también pueden ver en la casa de Paco Abad.

Aún tendría arrestos para ir de nuevo a España, confirmar en Madrid el 19 de mayo de ese 1955, curiosamente entrando al cartel de nuevo por la vía de la sustitución, en este caso - paradójicamente - de Pepe Ordóñez. Esa tarde, Manolo Vázquez – que también sustituía a Antonio Ordóñez – le cedió al toro Ratonero, de Carlos Núñez, en presencia de Jumillano. Esa campaña española le redituaría un total de 6 corridas de toros.

Su tristísimo final

Miguel Ángel se mantuvo en activo hasta 1959, cuando toreó su último festejo en la Plaza México. Fue un festival a beneficio de la Unión Mexicana de Matadores, en el que alternó con los rejoneadores hermanos Ruiz Loredo, Andrés Blando, Ricardo Balderas, Pepe Luis Vázquez - mexicano - y El Callao. Los altibajos de su estado mental ya no le permitían mantener una actividad constante en los ruedos y por eso mismo, las empresas no hacían el intento de contar con él. Tras del festejo, manifestó lo siguiente al semanario capitalino Claridades:


He acostumbrado a las empresas a que me la juego cada vez que salgo y no me perdonan que alguna tarde no corte orejas… últimamente me regatean los centavos en forma que me hace pensar que ya está bien de lucha inútil y que mejor será que me retire…

Miguel Ángel García fue encontrado sin vida en una banca del Paseo de la Reforma de la Ciudad de México en septiembre de 1974. Su cadáver ingresó a la morgue como desconocido y cuando ya los estudiantes de medicina lo utilizaban para prácticas anatómicas, uno de los médicos forenses advirtió las cicatrices de las cornadas en sus muslos y le comentó a Pepe Alameda el hallazgo, quien acudió a identificarlo y permitió así que sus familiares pudieran darle la debida sepultura.

domingo, 21 de marzo de 2010

El Palacio de los Deportes: una feria atípica (1976)

El Palacio de los Deportes


Una vez que se anunció que la Ciudad de México sería la sede de los Juegos Olímpicos de 1968, se acometieron una serie de edificaciones de audaz arquitectura. Una de ellas fue el Palacio de los Deportes, ubicado dentro del complejo denominado Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixhuca cuyo diseño y construcción fue encomendado a los arquitectos Félix Candela, Antonio Peyrí y Enrique Castañeda Tamborrell.

Es un edificio de planta circular cubierta con una cúpula cuyo claro máximo es de 160 metros, con una superficie de 171,000 metros cuadrados y fue diseñado originalmente para albergar las competencias de basquetbol, boxeo, lucha libre, levantamiento de pesas, gimnasia y esgrima y su utilización posterior a la Olimpiada se destinaría para otros eventos que necesitan una gran superficie para su desarrollo como hockey sobre hielo, espectáculos ecuestres, danza, circo, centro de convenciones y exposiciones y sala de conciertos.

Cuenta con 22,370 asientos, de los cuales 7,370 son desmontables y su signo distintivo es la cúpula que lo cubre, que es un paraboloide hiperbólico de aluminio tubular sostenido por enormes arcos y techado con láminas de madera impermeabilizada recubiertas con placas de cobre, diseño del arquitecto hispano – mexicano Félix Candela (1910 – 1997), uno de los distinguidos huéspedes que recibimos de la diáspora republicana.

La Fiesta y la Ciudad de México en 1976

Daniel Medina de la Serna llama a la temporada 1975 – 76 de la Plaza México la temporada a la deriva. Fue la última que ofreció Diversiones y Espectáculos de México S.A. (DEMSA) – de infeliz memoria en su paso por la gran plaza – y lo hizo sin contar con la presencia de Manolo Martínez y Mariano Ramos, que eran los triunfadores del serial anterior, así como tampoco con los toreros españoles, dado que por esos días se había producido una nueva ruptura del convenio que regula la actuación de los toreros de aquí y de allá, aquí y allá.

Las atracciones de esa temporada eran la reaparición de Manuel Capetillo, que volvía a los ruedos después de algo más de 7 años de ausencia, Eloy Cavazos, Curro Rivera y Manolo Arruza que regresaba de cumplir una interesante campaña española. La temporada de 16 corridas transcurrió entre tumbos y con muchos carteles, a decir del citado Medina de la Serna, con tufo a novillada. Capetillo no logró captar el interés de la afición y se la pasó armando mítines. Cavazos mantuvo esa relación tortuosa que tuvo siempre con la afición capitalina y Curro Rivera y Manolo Arruza no demostraron tener la personalidad suficiente para cargar con el peso de una temporada como la de la Plaza México.

Para la anécdota, vale contar que el candidato único a la Presidencia de la República, José López Portillo, asistiría a la corrida del 28 de marzo, acompañado por Armillita, Silverio, Calesero, El Soldado y Lorenzo Garza y que al siguiente domingo, el 7 de abril, terminó la temporada con la corrida del Estoque de Oro, misma que representó la última vez que Manuel Capetillo pisó el ruedo de la plaza de Insurgentes vestido de luces. El trofeo en disputa fue para Manolo Arruza.

El cierre de la Plaza México

El 2 de mayo de 1976, el novillero retirado Carlos González, en su carácter de representante de DEMSA, anunció a los medios de comunicación que la empresa se retiraba del negocio de los toros en la Plaza México por incosteable.

Ya durante los dos años anteriores se había mantenido una campaña mediática criticando el sistema impositivo que gravaba a la fiesta en la Capital de la República, mismo que databa de la década de los cuarenta y que aparte de las contribuciones regulares a cualquier actividad empresarial, llevaba una sobretasa del 10 por ciento sobre las entradas brutas, destinadas a la asistencia pública, producto de aquella oscura donación que hizo la familia de Maximino Ávila Camacho de las acciones de El Toreo S.A. a la Beneficencia Pública.

La realidad de los hechos es que cuando se montaron carteles con imaginación y se provocaron entradas respetables en los tendidos, la sobretasa de referencia nunca fue un gran lastre. Se convirtió en tal, cuando la empresa intentó aplicar la ley del menor esfuerzo e intentó conseguir las mismas entradas con carteles con tufo a novillada – reitero la misma terminología de Medina de la Serna – sin pensar que el destinatario final del producto que ofrecen, aún conserva su libertad de elegir si asiste o no al festejo anunciado.

La Plaza México permanecería así, cerrada, sin empresa al frente de sus destinos, hasta el 13 de febrero de 1977.

Jaime de Haro Caso

Jaime de Haro Caso no era una persona ajena al mundo de los toros. Su hermano Manuel era ganadero en Tlaxcala y él mismo tenía una estrecha relación familiar con don Juan Sordo Madaleno, ganadero de Xajay. Aparte, en 1974, había ya organizado en Marbella, una corrida de toros en la que Paco Camino y Manolo Martínez despacharon mano a mano un encierro de Carlos Núñez. El objetivo del festejo era que se transmitiera en vivo a México, así que el festejo fue nocturno (a la media noche de España) y aunque el resultado artístico fue un petardo, fue un buen intento de demostrar que toros y tele podían convivir de una manera rentable y conveniente.

Ante la ausencia de quien se hiciera cargo de los destinos de la Plaza México, la imposibilidad de acceder a su manejo y el hecho de que El Toreo de Cuatro Caminos tampoco estaba disponible para ser utilizado de inmediato, se dio a la tarea de conseguir un escenario en el cual ofrecer festejos taurinos y por otra parte a intentar destrabar el conflicto existente entre las torerías de España y México.

Jaime de Haro consiguió que el Gobierno de la Ciudad de México le rentara el Palacio de los Deportes, en el que inició de inmediato las obras de acondicionamiento y el 18 de agosto de 1974, con la presencia de Jaime Ostos en México, anunció la reanudación de relaciones taurinas - las diplomáticas se reanudarían entre 77 y 78 - entre México y España. Rafael Morales Clarinero, se lo contó así a don Martín Luis Guzmán:

Jaime Ostos, jefe de los diestros españoles, pasó por México y reanudó el convenio taurino entre México y España. Desde el 18 de agosto, diestros de uno y otro país podrán torear, libremente, aquí y allá. Los intereses, que siempre pesan más que los principios, abren el cauce a la variedad de carteles que se pueden hacer en las temporadas próximas…

Solucionados esos problemas, se anunció que del 12 al 19 de septiembre se darían en el Palacio 8 corridas de toros, seguidas, en un hecho inusitado en la Capital del País, pues regularmente allí los festejos son de domingo a domingo y por rarísimo acaso – diría Alameda – ocurre alguna ocasión en la que se llegan a dar dos en días seguidos. Las combinaciones anunciadas fueron las siguientes:

Domingo 12 de septiembre 1976: Jesús Solórzano, Rafael Torres y Manolo Arruza. 5 Las Huertas, 1 Manuel de Haro.

Lunes 13 de septiembre 1976: Manuel Capetillo, Marcos Ortega y Gabriel Puerta. 5 Campo Alegre, 1 Zacatepec.

Martes 14 de septiembre 1976: Curro Rivera, Roberto Domínguez y Cruz Flores. 6 San Miguel de Mimiahuápam.

Miércoles 15 de septiembre 1976: Manolo Arruza, Manili y Cruz Flores. 6 Manuel de Haro.

Jueves 16 de septiembre 1976: Curro Rivera, Roberto Domínguez y Ricardo Balderas. 7 Santo Domingo.

Viernes 17 de septiembre 1976: Curro Rivera, Miguel Villanueva y Rafael Torres. 5 Manuel de Haro, 1 Coaxamalucan.

Sábado 18 de septiembre 1976: Curro Rivera, Manolo Arruza y Cruz Flores. 7 Tequisquiapan.

Domingo 19 de septiembre 1976: Manuel Capetillo, Jesús Solórzano y Gabriel Puerta. 7 Coaxamalucan.

Podrán observar las ausencias de Manolo Martínez y Eloy Cavazos. La del primero resulta evidente, dado que al ser televisada totalmente la feria, el asunto era para él una cuestión de principios y en el caso de Cavazos, al parecer fue una cuestión de pesos y centavos. De los presentes, Rafael Torres, Gabriel Puerta, Roberto Domínguez, Manili y Cruz Flores confirmaron sus alternativas y Ricardo Balderas hijo la recibió. El asunto de las confirmaciones lo comentaré más adelante.

En el renglón trofeos, se cortaron 12 orejas y un rabo, Curro Rivera fue el triunfador numérico al llevarse 7 y un rabo, Manolo Arruza y Cruz Flores obtuvieron 2 orejas cada uno y el sevillano Gabriel Puerta cortó una oreja, por cierto, la primera de la feria. En el renglón de los percances, Manili sufrió una cornada de 7 centímetros de extensión que le impidió continuar en la feria y Roberto Domínguez una contusión al lidiar un toro de regalo en su actuación final de la feria.

El momento más destacado de esta feria, para Rafael Morales Clarinero, resultó ser la faena realizada por Curro Rivera al toro Consentido de San Miguel de Mimiahuápam, el 18 de septiembre, faena de la que hace el siguiente recuento:

En la biografía de Curro Rivera y en los anales de la tauromaquia mexicana va a quedar, eternizada en letras de oro y en crónicas ricas en superlativos, la faena extraordinaria, genial por momentos, que el hijo del potosino Fermín le hizo al noble Consentido de la ganadería de San Miguel de Mimiahuápam. Mire Usted señor Martín Luis, cómo el entender al toro mexicano ha llevado a Curro a faenas muy armoniosas, muy acompasadas, tan limpias en su ejecución, que yo solo podría equipararlas al más liso lenguaje de Cervantes en las Novelas Ejemplares. Sin duda alguna el toro fue nobilísimo, sin malas intenciones, más merecedor de vuelta al ruedo que de arrastre lento, pero en otras manos que no hubieran sido las de Curro, hubiese parecido un poco soso. Curro consintió a Consentido y el toreo alcanzó uno de sus inolvidables momentos en el tiempo, distancia y forma…

Sobre esta feria escribió en su día Joaquín Vidal a propósito de una entrevista que realizó a Roberto Domínguez sobre su participación en esta feria:

...la feria tiene interés, por la atención que le presta el público, pero cuenta con el gran inconveniente de la mala calidad del ganado. «En cuanto a trapío, los toros vienen a ser como los que se lidian en España en plazas de segunda categoría. En cuanto a casta no hay comparación posible: apenas si se les vislumbra.»

Los toros de las mejores ganaderías, Vistahermosa, San Mateo, Torrecillas, Llaguno, los tienen copados las principales figuras mexicanas, para lidiarlos en los festejos de la temporada grande. Lo usual en México es que las figuras adquieran corridas completas para los festejos en que han de participar. Adelantan una señal por cada corrida reseñada y cuando se embarcan para su lidia abonan el resto. Naturalmente, en los contratos que firman con las empresas se tiene en cuenta el precio del ganado. No es, por otra parte, una práctica original y exclusiva. Sabemos que en España las figuras también imponen hierros y reses, y cuentan con veedores para la selección en el campo…


La realidad es que al ser el toro mexicano genéticamente diferente al español, su trapío tiene que ser valorado en la medida de su encaste. Admito que en la feria del Palacio de los Deportes de 1976 hubo algún baile de corrales y algún toro devuelto después de salido al ruedo, pero de los 50 lidiados, la mayoría tuvieron el tipo y la categoría suficiente para ser lidiados en una plaza de primera categoría.

El asunto de las confirmaciones

Decía hace unos párrafos que Rafael Torres, Gabriel Puerta, Roberto Domínguez, Manili y Cruz Flores confirmaron sus alternativas en la feria. De todos estos toreros, solamente Roberto Domínguez y Cruz Flores volvieron a actuar como matadores de toros en la Capital mexicana y específicamente en la Plaza México. A ambos se les hizo confirmar de nueva cuenta su alternativa.

Daniel Medina de la Serna – como muchos otros –, al referirse a esas confirmaciones del Palacio de los Deportes, las cuestiona, entrecomilla el término confirmación y las llama evidentemente inválidas. La realidad de los hechos es que quienes cuestionan la validez de esas confirmaciones de alternativa lo hacen amparados exclusivamente en un sentimiento de defensa de una supuesta tradición que no tiene sustento alguno, pues en todo caso, la confirmación de alternativa es un hecho que está reglamentado y que se sujeta a la normatividad que rige los festejos taurinos en la Ciudad de México.

El artículo 1º del Reglamento de los Espectáculos Taurinos de 1953, vigente en el Distrito Federal en 1976, cuando las confirmaciones en cita se dieron, establecía que las plazas de toros eran de primera categoría cuando tenían capacidad de 10 mil o más espectadores; de segunda, cuando su capacidad era entre 4 mil y 10 mil y de tercera, aquellas con cupo inferior a 4 mil.

Por su parte, el artículo 68 del mismo Reglamento decía en su parte conducente lo que sigue:

…el matador que actúe por primera vez en una plaza de primera categoría en el Distrito Federal, matará en esa ocasión el primer toro, previa cesión de trastos que le haga el espada correspondiente, excepto en el caso de que el matador que se presente ocupe el primer lugar en el programa, pues entonces le cederá los trastos el que le sigue en antigüedad…

Como se observa, la regla es clara al hablar de plaza de primera categoría y el Reglamento no hace excepción en cuanto a que la plaza sea fija, desmontable o transitoria, así como tampoco exige que la confirmación o cesión de trastos se deba hacer en la plaza de mayor capacidad del Distrito Federal, simplemente exige que se haga en una que sea de primera.

Entonces, el que se exija que solamente sean válidas las confirmaciones de la Plaza México, es un verdadero despropósito y el haber obligado en este caso a Cruz Flores a que confirmara de nuevo el 5 de marzo de 1978 y a Roberto Domínguez el 1º de febrero de 1981 en la Plaza México, un verdadero atropello, puesto que en su día, habían confirmado debidamente sus respectivas alternativas, aunque a más de algún defensor de las tradiciones no le pareciera y demostrara con ello, su ignorancia del entorno jurídico de este asunto.

Colofón

Al final de la feria, en un alarde populista, las autoridades de la Ciudad de México anunciaron que no se volvería a facilitar el Palacio de los Deportes para un espectáculo elitista como el taurino y es que los precios de acceso al inmueble fueron muy diferentes – al alza – que los de la Plaza México. También dejaría claro que el maridaje toros – televisión, sujeto a determinadas medidas de control y difusión beneficia a la fiesta y a sus actores.

El tiempo demostraría que en política, como ante los toros, se vale rectificar y el Palacio de los Deportes, algo más que una década después, volvería a albergar festejos taurinos y los toreros que echaron a las cámaras de las plazas, abogarían por el regreso de ellas. De este último asunto, ya me ocupé en otro espacio de esta misma Aldea. Del otro, del regreso de los toros al Palacio de los Deportes, espero hacerlo pronto.
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