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domingo, 2 de agosto de 2020

Toros en la frontera. Un patrimonio perdido

Plaza de Toros El Toreo de Tijuana
Aunque el toreo se arraigó en la frontera entre México y Estados Unidos en el último tercio del siglo XIX como consecuencia de la herencia cultural compartida de quienes hacían la vida a uno y otro lado de la línea divisoria y secundariamente, al tráfico de bienes y de personas generado por el tendido de vías férreas que comunicarían a ambos países, es en la segunda mitad del siglo XX cuando la zona se convierte en un importante bastión para la fiesta de los toros en México. 

En el caso particular de Tijuana, durante la época de la prohibición, el hotel y casino de Aguacaliente y la cercanía de esta ciudad con la llamada Meca del Cine, fueron un atractivo para personajes importantes de la farándula, lo que motivó que al atractivo del juego, de la posibilidad de consumir bebidas alcohólicas sin disimulo y sin tener que guardar fingidos recatos que a veces imponía la extrañamente pacata sociedad norteamericana, se adicionara la fiesta de los toros, que en esos días y en muchos por venir, no era considerada políticamente incorrecta de ninguno de los lados de la línea fronteriza. También habrá que tener en cuenta que la base naval de San Diego fue un asiento de muchos nuevos aficionados, que al terminar su servicio allí, la diseminaron por el resto del territorio estadounidense.

Con menos atractivos lúdicos quizás, pero con un mercado potencial del lado estadounidense, estaban Ciudad Juárez, que tenía una fortificación del ejército del país vecino cerca de El Paso y tuvo un efecto y vocación similar al de la base de San Diego; pero además estaban en esa línea divisoria Nogales, San Luis Río Colorado, Ciudad Acuña, Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros y en todas esas localidades que veían transcurrir la existencia entre dos naciones y en ellas la tauromaquia tuvo un lugar destacado entre las diversiones públicas y fue la fuente de una afición seria, informada y conocedora. No era un remedo de fiesta o un mero mexican curios. La fiesta de la frontera Norte era la verdadera fiesta de los toros.

Por razones de tiempo y espacio tomaré como ejemplo la temporada de 1963, misma en la que se dieron en esa franja la friolera de 63 festejos entre mayo y septiembre – con algunos festejos residuales hasta noviembre – y que representan la cuarta parte de todos los que se dieron en la República ese año. A esos festejos acudieron las principales figuras de la época y presentaron sus encierros las mejores ganaderías del momento y por supuesto, las empresas dieron oportunidades a toreros emergentes para que pudieran demostrar que estaban listos para mejores empresas.

La temporada del 63

La parte mayor de ese calendario gravitó en las plazas de Tijuana (26) y Ciudad Juárez (22), que fueron las dos que más festejos dieron en México ese año. Superaron en número a la Plaza México (15), aunque habrá que señalar que ese año la temporada capitalina se repartió con El Toreo de Cuatro Caminos (12) – aunque administrativa y políticamente no sea parte de la capital mexicana –, por lo que sumando los festejos de los dos cosos, se supera en uno la cantidad ofrecida por las dos plazas de Tijuana. También esas dos ciudades de frontera dieron más corridas que Guadalajara (10) y Monterrey (12) y plazas como Nogales (8) o Nuevo Laredo (7) dieron más festejos que Aguascalientes (6), e incluso Acapulco, hoy irremisiblemente perdida para los toros, dio casi un número igual de festejos que la capital del país (14).

La competencia entre dos empresas, la que dirigía el doctor Alfonso Gaona y la que encabezaba el Mayor Salvador López Hurtado hizo posible esa circunstancia. Este último había edificado dos plazas monumentales en Ciudad Juárez (1957 – 2005) y otra en Tijuana (1960) para competir respectivamente con la Alberto Balderas y El Toreo. En la revista Toros de Jim Fergus, publicada del lado americano, ambas empresas hicieron el anuncio de sus elencos para la temporada de esa ciudad bajacaliforniana. El Mayor López Hurtado ofrecía presentar a los mexicanos Alfonso Ramírez Calesero, Andrés Blando, Pepe Luis Vázquez, Jesús Córdoba, Manuel Capetillo, Joselito Huerta, Jorge El Ranchero Aguilar, Humberto Moro, Antonio del Olivar, Eduardo Moreno Morenito y Felipe Rosas; a los españoles Pepe Osuna, Juan Jiménez El Trianero, Victoriano La Serna, Juan Bienvenida, Antonio Ortega Orteguita, Paco Corpas y Curro Montes; a los venezolanos César Girón y Curro Girón. También anunció a Jaime Bolaños, aunque no actuó y como pendientes de contrato a Diego Puerta y Antonio Campos El Imposible.

Por su parte, el doctor Gaona ofreció como bases de su temporada a Luis Procuna, Juan Silveti, Alfredo Leal, Jaime Bravo y José Ramón Tirado; a los españoles Joaquín Bernadó, Juan García Mondeño, Diego Puerta y Paco Camino y al portugués José Julio.

El contingente de diestros que actuaron en alguna de las plazas de la frontera y que no fueron anunciados en elenco alguno fue encabezado por Fermín Rivera, Luis Briones, Antonio Velázquez, Rafael Rodríguez, Félix Briones, Raúl Acha Rovira, Fernando de los Reyes El Callao, Raúl García, Víctor Huerta, Jaime Rangel, Emilio Rodríguez, Jesús Peralta, José Luis Ramírez, Tomás Abaroa, Rodolfo Palafox, Benjamín López Esqueda, José Gómez, Joselito Méndez y Rubén Salazar; el venezolano Rafael Báez; el colombiano Pepe Cáceres; los españoles Enrique Vera, Martín Sánchez Pinto y Juan Gálvez y el portugués Manolo dos Santos

También actuaron los rejoneadores Juan Cañedo, Gastón Santos y Mauricio Locken. Así pues, en las 63 corridas que se celebraron en la frontera de México con los Estados Unidos, estuvo presente casi todo el mundo taurino.

Las ganaderías que lidiaron sus toros en la frontera fueron entre otras Torrecilla, Jesús Cabrera, Santo Domingo, Tequisquiapan, Mimiahuápam, José Julián Llaguno, Valparaíso, Corlomé, Golondrinas, Ernesto Cuevas, Javier Garfias, La Laguna, Las Huertas, Ramiro González, Reyes Huerta, Boquilla del Carmen, La Punta, Matancillas, Santa María, Peñuelas, Viuda de Franco, El Romeral, Santoyo, Juan Aguirre, Hermanos Trouyet, Mariano Ramírez, Atlanga, Rancho Seco y Coaxamalucan

He de hacer notar que de acuerdo a la información recopilada por don Luis Ruiz Quiroz en su Resumen Estadístico 1958 – 1963, resulta complicado precisar, en el caso de de Tijuana y Ciudad Juárez, avanzada ya la temporada, en qué plaza se celebraron los festejos, porque de la composición de los carteles se advierte la presencia de toreros del elenco de una y otra empresa entreverados en los mismos carteles, lo que me deja suponer que no tenían pacto de exclusiva con la empresa que los anunció inicialmente.

La afición del lado americano

Peñas y clubes taurinos existen en los Estados Unidos desde hace más de 70 años, siendo de los vigentes el más antiguo Los Aficionados de Los Ángeles, en El Paso hay una agrupación cercana también a esa antigüedad y desperdigadas por toda la Unión Americana hay agrupaciones de aficionados anglosajones que entienden y sienten lo que es esta fiesta. Desde 1964 además, hay una Unión de Bibliófilos Taurinos (TBA) que a diferencia de las de nuestras tierras, funciona a distancia, por correspondencia diríamos, dada la distancia a la que se encuentran ubicados sus integrantes. 

El caso de los Bibliófilos americanos es curioso en muchos aspectos más. Contaba Bob Archibald – aficionado alumni de la base naval de San Diego – que cuando concibió a los TBA, en 1964 publicó una especie de anuncio clasificado en la revista de Jim Fergus convocando a los interesados en el tema y que el primero que acudió al llamado, fue precisamente Fergus. A la fecha TBA cumple 56 años de fructífera existencia.

Esos aficionados procuran asistir a festejos y ferias no solamente en la frontera, sino que viajan de manera individual u organizada a México, Sudamérica o Europa y disfrutan de festejos, del ambiente y de la cultura de los países que visitan y además se preocupan por difundir y comunicar sus impresiones a la demás afición. De esos grupos de aficionados surgieron fotógrafos como Lyn Sherwood o Don Mengason o escritores como el propio SherwoodTony Brand, Sarita Rosenfield o Luis M. Stumer.

También las estrellas de Hollywood se prodigaban en su asistencia a esos festejos y no era raro ver ocupando barreras a actores de la talla de Gilbert Roland, Rita Hayworth, Marilyn Monroe quien incluso llegó a acudir acompañada por su entonces esposo, el Yankee Clipper Joe Di’Maggio e incluso Walt Disney frecuentaba los tendidos de las plazas de Tijuana, para decepción de aquellos que lo plantean hoy como un tótem del animalismo rampante.

Publicaciones en inglés, otro de los efectos

Hacer una relación de todas las publicaciones que se generaron en la franja fronteriza con motivo de la fiesta debe ser complicado, sin embargo, la afición traída del norte de la línea divisoria pronto encontró la manera de difundir y comunicar lo que sucedía en ese tramo territorial y lo que se producía en otros lugares del llamado planeta de los toros, así, podemos recordar entre otras algunas publicaciones como las siguientes:

Corrida. The American Review of Bullfighting (1956), publicada en mimeógrafo por J.R. Ramadier y Tony Brand; le sigue Toros, nacida inicialmente como Toros y Tauromaquia (1957 – 1966), su editor era Jim Fergus, surge como un boletín mimeografiado y concluye su andadura como una revista de una gran calidad; después está Matador – Life and Culture of the Spanish World, editada por Jim Matthews, de corta vida, fue una revista de gran calidad que solamente publicó dos números en 1964 y un especial sobre El Cordobés en 1968; Clarín, Bullfight Review in English (1965 – 1990), editada por Lyn Sherwood, que comienza con una frecuencia semanal y posteriormente se vuelve mensual, sus últimos años fue de aparición irregular; Bullfight World (1984 – 1990), otra empresa editorial de Lyn Sherwood y last but not least, Cartel: Newsletter of Mexican Toreo (1986 – 1990), editada por David Tuggle.

Como decía antes, estas publicaciones no se restringían a los sucesos de la fiesta en la frontera, sino que cubrían los acontecimientos en otras latitudes y en el caso de Luis M. Stumer, uno de los corresponsales de la revista de Jim Fergus, durante 1968, publicaba en Madrid una reseña en inglés de lo que pasaba en la fiesta de este lado del mar, bajo el título de Bulls.

Aparte de todo ello, estaban los programas de los festejos impresos en la lengua de Shakespeare, algunos en formato de revista, como los titulados Tijuana: Program y Programs: International Bullfight. También es de tenerse en cuenta que el semanario El Redondel llevó durante muchos años una columna en esa lengua, escrita y firmada por la doctora Lee Burnett incansable bibliófila taurina.

Un territorio perdido

Hoy en día la frontera norte de México es una tierra perdida para los toros. En el centro de la República y especialmente en el altiplano, los festejos son escasos durante el verano y durante esa estación del año, durante mucho tiempo ese límite territorial fue el lugar donde tenía lugar la cita de vida y muerte de toros y toreros. Es interesante ver que al menos en Tijuana y Ciudad Juárez, en ese año del 63, había días en los que se daban toros en las dos plazas en una misma fecha, por ejemplo, el 26 de mayo de ese año, entre esas dos ciudades se dieron cuatro corridas de toros y el primero de septiembre, que era la víspera del labor day de los americanos hubo toros en Ensenada, Tijuana, Ciudad Juárez, Nogales, Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros y como un dato adicional, ese día la ganadería de don Javier Garfias lidió dieciséis toros; seis en Tijuana, seis en Juárez y cuatro en Ensenada.

También representó para algunos toreros de nuestra Edad de Oro la oportunidad de seguir en activo, pues ya vimos que Fermín Rivera, Luis Procuna y Luis Briones actuaron en esas plazas fronterizas y fue para otros, quizás la única vez que actuaron en territorio mexicano como el caso de Juan Bienvenida o Victoriano La Serna hijo. 

Por otra parte, en 1963, quizás se inició el camino a la pérdida del territorio fronterizo para la fiesta, pues cuenta Dick Frontain que en ese año, don Pedro González empresario y propietario de la plaza de Nogales, como resultado de una serie de negocios fallidos, tuvo que dar en pago muchos de sus bienes a instituciones de crédito, el coso taurino entre ellos y aunque los toreros y ganaderos se empeñaron en ayudarle a salir del bache, la temporada excepcionalmente larga que se dio en esa ciudad no fue suficiente para rescatar ese reducto taurino.

Hoy los tiempos son otros. La recuperación del espacio de la frontera para la fiesta está en la franja de lo muy difícil a lo imposible, pero nunca hay que olvidar que alguna vez esas tierras, también lo fueron de toros. 

Agradezco a mis amigos Doblón y David Tuggle, editor responsable de La Busca, órgano de difusión de los TBA, la ayuda que me proporcionaron para armar estos pergeños y expreso mi recuerdo a Arturo Díaz, quien dedicó algunos de los últimos años de su vida a investigar sobre este tema, pero el tiempo se le acabó.

domingo, 5 de julio de 2020

Los giros de la fortuna (IV)

Rocky Moody. La férrea voluntad de querer ser torero

Colfax, Iowa

Años después de su lesión
Rocky Moody seguía siendo
un reclamo en Ciudad Juárez
Colfax, Iowa, en el middleast norteamericano, es una población que se fundó en 1866 al influjo de una estación del ferrocarril y una posta de diligencias. Luego se descubrieron yacimientos de carbón, lo que facilitó el desarrollo urbano de la zona, y terminó de detonar ese proceso la aparición de pozos artesianos de aguas de alto contenido mineral que fueron aprovechados con propósitos de salud, dando una época de bonanza al pueblo que terminó con la gran depresión que inició en 1929.

Colfax es conocido además por ser el lugar de origen de James Norman Hall, autor de la novela Mutiny of the Bounty, que fue llevada al cine al menos en tres ocasiones, la primera estelarizada por Clark Gable en 1935; la segunda en 1962, con Marlon Brando en el papel principal, siendo nominada a siete premios Óscar, aunque ese fue el año en el que Lawrence de Arabia arrasó con todo y la tercera en 1984, con Mel Gibson al frente del reparto.

Pues bien, el 27 de agosto de 1931, cuando Colfax contaba apenas con unos 2,200 habitantes, llega al mundo quien nació como Hallis Ivar Warren en un hogar que hoy llamaríamos disfuncional. Poco viviría Hallis en Colfax, pues ya en 1933 su madre, con él y dos hermanas suyas, se mudó a Moline, en el estado de Illinois, una población diez veces mayor y seguramente con mayores oportunidades de empleo para una madre de familia sola y con tres hijos. De esta etapa de su vida Alameda, en Crónica de Sangre”, agrega:
…la mujer debe buscar el sustento suyo y el de sus cuatro hijos (Rocky tiene tres mediohermanas). El trabajo que encuentra en un restaurante le quita mucho tiempo y le da poco dinero. Tiene que acomodar a sus hijos repartiéndolos entre conocidos. Y el matrimonio Moody adopta al pequeño. Así, se convierte en Rocky Moody. Alterna el trabajo con el estudio. Los años pasan. Va a los clubes campestres como caddy y, cuando no, de lavaplatos. Y hace su high school. Le faltan dos años para terminar cuando decide un cambio. Pasa a una escuela especial de marina. Allí, completa sus estudios y obtiene su diploma…
San Diego y Tijuana

Es llamado al servicio militar obligatorio y por su paso en la escuela especial de marina es enlistado en la Armada de los Estados Unidos. Va al frente de guerra en Corea y después regresa a la base de San Diego en California. Allí, un fin de semana cualquiera, cruza la frontera hacia Tijuana, un domingo y se mete a la plaza de toros. Rocky Moody queda cautivado por lo que allí percibió. Sigue asistiendo cada vez que puede y en 1953, cuando termina su servicio, toma una decisión, será como esos hombres que visten trajes brillantes y juegan con la muerte en una forma más leal que como se hace en la guerra y… ganan dinero. Y busca la manera de conocer la forma de hacerlo. 

Trabaja en diversas ocupaciones para proveerse de sus avíos, lee la literatura taurina que cae en sus manos y cuando se entera que hay toros en los jaripeos del lienzo charro, se apersona allí para intentar echarles capa. Esa es su formación al inicio, valor puro, intuición y ganas de ser. Y con eso, el domingo 10 de abril de 1954, cuando para lidiar toros de La Punta alternaban Pepe Luis Vázquez (mexicano), Rafael Rodríguez y Juan Silveti, allí en Tijuana, se tira de espontáneo en el tercero de la tarde. Lyn Sherwood, en Yankees in the Afternoon cuenta:
…en una tarde en Tijuana, se tiró de espontáneo y de rodillas le pegó varios pases a un toro. La gente respondió con emoción. Esa probatura de gloria para Rocky fue breve pero deliciosa. La policía le echó mano y le llevaban a prisión, pero dos de los matadores del cartel, Pepe Luis Vázquez y Rafael Rodríguez intercedieron por él, por lo que volvió al tendido. Andando el tiempo, serían sus mentores…
Unos meses después, consigue que la empresa le permita lidiar un “novillo de regalo” en una corrida que torearon el rejoneador Gastón Santos y Antonio Velázquez, Rafael Rodríguez y Cayetano Ordoñez en la lidia ordinaria. Se le informa que el novillo es de La Laguna. Sale del paso a su entender. Se gastó todos sus ahorros en el intento, pero tuvo la satisfacción de considerarse ya un profesional.

Esos dos hechos consiguieron que Rocky Moody viniera a Aguascalientes, donde residía Rafael Rodríguez y donde Pepe Luis Vázquez pasaba largas temporadas. Aquí, entre nosotros, Rocky comenzó a aprender el toreo, a entender que no era solamente a base de valor seco y ganas de ser como se puede enfrentar a los toros con alguna probabilidad de éxito. Casi me atrevo a asegurar que Rocky vivía en una casona que está a unos pasos de la Plaza de Toros San Marcos, que durante muchos años funcionó como pensión y en la que muchos norteamericanos relacionados con el mundo del toro se alojaban en su paso por esta ciudad.

Andando para hacer camino

Rocky Moody empezó a aprender el toreo, haciéndolo de salón en la plaza de toros y recorriendo el camino que hacían los principiantes de aquella época. En esta región, era visitar las ganaderías cercanas y en temporada, ir casi en peregrinación a los pueblos de Jalisco en los que se celebraban novenarios y en los que se lidiaban toros de media casta o cebúes y que casi siempre sabían latín. En ese entonces no había escuelas taurinas, el noviciado era duro y el que lo superaba tenía alguna probabilidad de alcanzar el triunfo.

Fueron años difíciles. La prensa que pude consultar no le refleja actuaciones sino hasta el primer día de 1958, cuando en Rincón de Romos torea una corrida mixta con su guía, Pepe Luis Vázquez y le corta una oreja a uno de los de Presillas que le tocaron en suerte. Quizás lo mostrado en esa actuación impulsó a Pepe Luis a recomendarlo a la empresa de Juárez para que le dieran una oportunidad en cuanto hubiera un claro en su programación y así, se anunció a Rocky Moody en la Alberto Balderas de la ciudad fronteriza para el 20 de julio de ese 1958. Alternaría con Raúl García y Jorge Rosas El Tacuba en la lidia de novillos de José María Franco.

Rocky no había estado mal con el tercero de la tarde y ante el sexto salió a buscar un triunfo que le permitiera seguir funcionando en las plazas de importancia. Repentinamente, al intentar un muletazo, el novillo se frena, lo prende y le pega una cornada que desde el primer momento se percibió que era grave por el sangrado que brotaba de la herida.

La intervención fue oportuna pero plagada de complicaciones. La ligadura de la femoral partida – procedimiento quirúrgico comúnmente aplicado en la época – se soltó y comprometió la circulación de la pierna izquierda del torero, además, se desarrolló un proceso infeccioso que puso en peligro la vida de Rocky. Se hizo inminente la amputación. Para ello se le trasladó al hospital militar de Fort Bliss, en El Paso, Texas, mismo en el que, tenía derecho a ser atendido por su hoja de servicios militares.

En el semanario madrileño El Ruedo del 7 de agosto de 1958, se publicó la siguiente información:
Rocky Moody, el novillero norteamericano que resultó cogido en la novillada celebrada en Ciudad Juárez el pasado día 20 del actual, sufrió la amputación de la pierna izquierda por debajo de la rodilla en el hospital William Beatmunt, organismo militar del Fuerte Bliss, de El Paso, en Texas. 
El hospital no proporcionó información alguna a la prensa, y solo se supo que José López, apoderado del infortunado lidiador yanqui, comprobó la amputación. López pudo hablar con Rocky, y este le confirmó que piensa establecerse en Aguascalientes con un negocio. 
Entre tanto, el empresario de Ciudad Juárez organiza un beneficio para Rocky Moody. Ya contestó José Ramón Tirado diciendo que está dispuesto a torear a beneficio de Moody.
Al final fue una novillada la que se llevó a cabo en su beneficio. La información que aparecida en el diario El Siglo de Torreón del 8 de septiembre de 1958, dice:
Ciudad Juárez. 7 de septiembre. – En la plaza “Alberto Balderas”, ante un lleno total, en beneficio de Rocky Moody, siendo ovacionadísimo al presentarse en el ruedo, con novillos de Santo Domingo y Peñuelas. Patricia McCormick fue ovacionada en su lote. Rubén Salazar cumplió en uno y cortó oreja en el otro. Víctor Huerta dio la vuelta en uno y recibió la oreja en otro.
Rodando cuesta arriba

La andadura de Rocky Moody comenzó a ir cuesta arriba. Sus derechos como militar no cubrían una prótesis para su pierna amputada. Así, intentó ser agente de seguros, después lavaplatos y un sinfín de ocupaciones para tratar de subsistir. Alguien se apiadó de él y le regaló una pierna artificial, pero no comprendió que esos adminículos deben ser hechos a medida. Esa pierna postiza era más larga que la natural suya y le producía graves lesiones en el muñón de la amputación, así que dejó de usarla.

Pero después de dar tumbos debido a su discapacidad, Rafael Rodríguez volvería a aparecer en su vida. Y lo traería de nuevo a Aguascalientes. Alameda cuenta que la habitación de Rocky Moody en la pensión estaba como la dejó aquél día de julio de 1958 cuando tomó el tren para Ciudad Juárez, ilusionado porque torearía una novillada con dos de los punteros de México.

Eso debió ser el año de 1960. Una de las primeras cosas de las que se proveyó a Rocky Moody fue de una prótesis adecuada a su persona. Ya con la extremidad artificial adecuada, insistía en que quería y podía ser torero. Entonces El Volcán de Aguascalientes decidió ayudarlo a someterse a una prueba y lo llevó a Xajay, con sus amigos los señores Guerrero, para que toreara unas vacas. Allí, entre otras cosas, cuenta Alameda:
...Pero ahí viene otra vez la vaca. Rocky, alerta, se coloca en posición torera sobre las plantas, afloja el cuerpo y suelta el brazo en semicírculo de un derechazo. El animal, como si quisiera beberse la muleta, sigue ciego el engaño. Rocky no tiene más que girar sobre los talones con un pequeño esfuerzo y repite el pase. Limpidez. Aire quieto y silencio. Un momento perfecto… Empero hay algo falso. Y para que no lo olvidemos, la vaca, al revolverse, le come un tiempo a Moody y lo sorprende. No tiene más que apuntar el hachazo y lo alcanza entre la ingle y la cintura, con un desgarrón que a medias lo desnuda. El golpe ha sido seco, como balazo en costal de cuero. Y el muñeco de trapo cae desvencijado. Revuelto de capotes y de gritos. Maraña. Desorden… Meditación. Rocky sabía, antes de venir a Xajay, que no puede volver a torear. Su intento no tiene una finalidad práctica y mucho menos un propósito comercial…
Rocky Moody quizás allí quedó desengañado. Sherwood afirma que hizo algunas pruebas más y que logró dominar a la prótesis, pero que la Asociación de Matadores ya no le permitió actuar. Las verdaderas razones se perderán en la noche de los tiempos.

Por otra parte, el periodista hidrocálido Federico de León, en su columna sindicada Federico de León dice…, aparecida en el Diario de Colima del 6 de octubre de 1960 afirma:
...ROCKY Moody, el novillero norteamericano al que amputaron una pierna a causa de una cornada, estrenó pierna artificial. Abrirá un taller eléctrico en Aguascalientes...
No tengo recuerdos de Rocky Moody, ni de su taller aquí en Aguascalientes. Parece ser que pronto regresó a los Estados Unidos pues no podía soportar el dolor de la derrota en el mundo de los toros. Lyn Sherwood describe así sus últimos años:
...Así, se instaló en Mercier, Tennessee, donde se convirtió en agente de fianzas. También instaló un comercio de licores y una granja de aves, aunque nunca dejó de comentar cuestiones taurinas con amigos y toreros. Se volvió desconfiado y hasta cierto punto, paranoico, desconfiado, entre los pocos con los que tenía trato era con el texano Fred Renk. 
Rocky Moody falleció en septiembre de 1990. Ese fue el final solemne de un hombre derrotado que nunca dejó de maldecir los giros de la fortuna que le negaron una mejor oportunidad de gloria en los ruedos…
Los giros de la fortuna, dice Lyn Sherwood… esos giros que a veces derrumban la existencia… aún de los más valientes.
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