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domingo, 25 de octubre de 2026

18 de octubre de 1981: Se presentan en plazas mexicanas Espartaco y Emilio Muñoz

Previo a la muy tapatía Feria de Octubre de hace 45 años, se dieron dos festejos para conmemorar el cincuentenario de don Ignacio García Aceves al frente de la empresa taurina de Guadalajara, de los cuales, 48 los desarrolló en la plaza de El Progreso y después del primer día de 1979, en la todavía llamada Monumental de Jalisco, a la que posteriormente se renombró como Nuevo Progreso. Contó el empresario a don Paco Madrazo para el libro Agotado el Boletaje:

Una noche de junio de 1931, el Dr. Ildefonso Zaragoza me fue a invitar como socio de su empresa. Estudiaba yo el segundo año de Leyes, y esa noche – echándole valor al asunto – me comprometí – sin avisarle a mi padre – a darle cincuenta novillos de nuestra ganadería de Guadalupe como aportación a la empresa. Don Lorenzo Garza era un hombre encantador y avaló mi chifladura, así es que, adiós leyes... En mis cincuenta años como empresario taurino, no recuerdo haber dejado fuera de mis elencos a ninguna figura ni diestro importante mundialmente conocida. De los nuestros, desde Fermín Espinosa “Armillita”, a Jorge Gutiérrez. De los españoles, desde Joaquín Rodríguez “Cagancho” a Juan Antonio Ruiz “Espartaco”. Sin tampoco haber faltado a mi plaza la famosa triada extranjera formada por Manolo dos Santos de Portugal, César Girón de Venezuela y Pepe Cáceres de Colombia... No recuerdo cual fue la primera corrida que vi en mi vida, pero no olvido a Luis Freg matando a los toros de una manera sensacional. Recuerdo también a un diestro español que tenía una panza más grande que la tuya, se llamaba Matías Lara “Larita”. Te daba risa verlo en la puerta de cuadrillas, pero después te asustaba de lo valiente que era. Respeté y admiré en todo lo que cabe a don Rodolfo Gaona, figuras de su talla nacen muy de vez en cuando. Ya en la calle fue otro cantar, me fue siempre chocante, no soportaba yo el ver a un mexicano conducirse y hablar como español. Conocí a Vicente Segura, un auténtico millonario que vistió de luces, pero muy basto y torpón, no recuerdo de él nada que valiera la pena. ¿Sabes a quién me tocó ver una tarde? A Carmelo Pérez, un torero de un valor espartano con una personalidad muy atrayente… De octubre de 1931 a la fecha, he tenido el gusto y el orgullo de haber contratado para mi plaza a todos los toreros mexicanos de importante cartel...

El domingo 18 de octubre de 1931 se dio una novillada en la plaza de toros El Progreso, en la que alternaron Saúl Guaso, Jesús González El Indio y Manuel Molina, ante novillos de La Estancia. Fue el primer festejo que organizaron en sociedad el doctor Ildefonso Zaragoza e Ignacio Garcia Aceves, quien calculaba, sin hacer números, que en sus primeros 50 años como empresario, seguramente dio más novilladas que corridas de toros.

Los festejos del cincuentenario

Para celebrar el aniversario del empresario, se organizaron dos festejos, una novillada que se celebró el sábado 17 de octubre, en la que actuaron Carlos Vidal, Curro Calesero y Luis Fernando Sánchez ante novillos de San Marcos y una corrida de toros en la que ante toros de San Mateo alternarían Manolo Arruza, Jorge Gutiérrez, Juan Antonio Ruiz Espartaco y Emilio Muñoz. 

La feria daría comienzo una semana después, arrancando el sábado 24, siendo precisamente Espartaco y Emilio Muñoz los atractivos ultramarinos de ese serial, junto con el rejoneador lusitano Joao Moura, y de las figuras mexicanas participarían Mariano Ramos, Manolo Arruza, Jorge Gutiérrez, David Silveti, Miguel Espinosa Armillita y como representante de los toreros de Guadalajara, Alfonso Hernández El Algabeño. La feria constaría de siete festejos y concluiría el primero de noviembre siguiente.

La presentación de Emilio Muñoz y Espartaco

Tanto Emilio Muñoz como Espartaco eran dos toreros que podríamos calificar como emergentes en el panorama taurino español en ese momento, pues habían recibido la alternativa poco menos de dos años antes, aunque en el caso del trianero Muñoz, el caso de su precocidad le había dado una amplia exposición mediática por aquellas tierras desde que era becerrista. En esos momentos los dos iban encaminados a tomar sitio como indiscutibles figuras del toreo, eran dos toreros de corte distinto y su devenir transcurriría por distintos derroteros.

Esa tarde, Emilio Muñoz solamente pudo enfrentar a uno de los dos del encierro titular que sacó en el sorteo, porque el segundo de su lote se descordó al estrellarse en un burladero y fue sustituido por un sobrero de Peñuelas. La crónica del festejo, escrita por el licenciado Francisco Baruqui para el diario El Informador, refiere acerca del hacer del torero de la Triana sevillana lo siguiente:

Quien crea que el Emilio Muñoz de la corrida de ayer es el que tanto he ponderado situándolo como la figura próxima de España, no crea estar en lo cierto. Emilio es torero de profundidad, de hondura y emotividad. Algo dejó ver en el tercero, citando clásicamente de frente al hacer el toreo por abajo, principalmente al natural. Ahora que, definitivamente, sintió la diferencia del tipo de embestida del astado español al mexicano. Le faltó bajar más la mano y acoplarse al son y al estilo. La gente le jaleó tocándole las palmas y haciéndole salir al tercio luego de una de tres cuartos y varios intentos de descabellar... Muchos espectadores a la salida del coso me abordaron para comentar sobre de Muñoz. Repetiré ahora lo que ahí les dije... No le han visto; dejen que tome ambiente, toree algo en el campo y le embista un toro ya con acoplamiento mayor y luego hablaremos. Le he visto desde sus inicios como becerrista, luego como novillero y su alternativa como matador. Este año la bordó en Sevilla, y... Ojalá la logre en Guadalajara... Porque con el capotillo como con la pañosa es torero y de los grandes. Necesita andar mejor con la espada. Aún le faltan tres bureles dentro de la feria. Mejor suerte para con ellos…

No ocultó don Paco Baruqui su gusto y preferencia por el toreo de Emilio Muñoz, en quien confesó tener puestas sus esperanzas. Dejaba puestas al tiempo las respuestas no dadas en esa tarde de su presentación.

Espartaco enfrentó completo su lote de San Mateo. La crónica refiere acerca del hacer del diestro de Espartinas lo siguiente:

También bordeando los veinte años debutó el rubio matador hispano Antonio Ruiz "Espartaco". El chaval tiene la simpatía que produce un rostro sonriente y carácter agradable. Bien que toreó a la verónica ciñéndose al toro y marcando bien los tiempos, yendo siempre adelante. Con la muleta, espectacular y despatarrado le tomó la distancia y velocidad a sus enemigos dejando ver que sabe ligar rematando con justeza series fincadas principalmente en ayudados por abajo con la derecha. Luego de meter la tizona entera en sitio que bastó, dio merecida vuelta en su primero, para con el octavo, un cárdeno impresionante, andar con recursos y dejar buena impresión. Al igual que mi criterio de Muñoz, insisto, hay que verlos a los dos con esperanza y más ambientados para sus futuras actuaciones...

Deja ver el cronista que una vez más ocurrió que los toreros del otro lado del mar se bajaron del avión para ir al hotel a vestirse y de allí ir a la plaza. Cuando se va enfrentar un compromiso de esa magnitud, se debe tener una preparación previa acorde a la magnitud del acontecimiento. Pero así se acostumbraba hilar las cosas… Y se sigue haciendo.

Espartaco, después de esa comparecencia en la feria de Guadalajara, no volvería a nuestro país sino hasta 21 de noviembre de 1999 para confirmar su alternativa en la Plaza México de manos de Eloy Cavazos y atestiguando Alfredo Gutiérrez. Por su parte, Emilio Muñoz actuaría en igual sentido, haciéndolo hasta el 2 de enero del 2000 apadrinándolo Manolo Mejía en presencia de Oscar San Román.

El triunfador de la tarde

El quinto de la corrida fue el toro bueno de la corrida. Buen Amigo, número 24, le correspondió a Manolo Arruza y con él realizó la faena de la tarde y redondeó el homenaje a don Ignacio. Escribe el cronista:

Si algún torero deseara redondear su faena soñada, la cumbre, puedo asegurar que la realizada por Manolo Arruza al quinto de la tarde – el del indulto –, sin lugar a dudas fue la de él. Definir lo que cuajó el vástago del inolvidable Ciclón tiene lo suyo. Puedo asegurar que si los términos de magistral, sentida, estética, soberbia en sí necesitaran de justificación, con la faena instrumentada por Manolo puede hacerse. Borrachera de bien torear. Erguida con la naturalidad de la también natural elegancia en la figura, bajando las manos por ambos lados, derrochando temple, mando, gusto por torear para sí mismo, gustándose a sí y gustando al aficionado... Bien tomada la distancia y el ritmo. Faena de armonía y de cadencia... La mejor que seguramente que hasta él hoy ha bordado, porque señores, lo que Arruza hizo fue eso... ¡Bordarla! Y allí queda...

En conclusión

Refería don Paco Baruqui en el introito de su crónica:

Hace cincuenta años, un joven ilusionado, enamorado de la más bella de todas las fiestas, incursionaba en el mundo de la empresa taurina. Cincuenta años hace que iniciándose entusiastamente echaba a rodar la rueda de las satisfacciones, las contrariedades, las angustias, las esperanzas, los triunfos y fracasos... Realidades todas en sí… Hoy, cincuenta años después, aquel hombre joven se mira pleno, completo, totalmente realizado. Empresario figura y figura de los empresarios siente culminada su labor. Hoy, cincuenta años después, ha experimentado la alegría inmensa de sentirse y estar acompañado en una misa, la develación de una estatua con su efigie, una corrida memorable y un festejo social en su honor. Estamos con él. Y si en muchas ocasiones tuve que arremeter en contra de lo que definitivamente no era, él sabe que con la limpieza con la que miro la fiesta de toros - que al cabo y al fin es de la forma misma que también la mira él -, llega a esos cincuenta años dando el espectáculo verdad, íntegro, y único que es el toro íntegro y verdadero. Sea mi enhorabuena para Ignacio García Aceves y que el destino, como sé que lo desea también, le depare otros cincuenta más al frente de su plaza, de su empresa, de su afición y su enamoramiento. Parabienes mil…

Así fue como se reconoció a un empresario independiente, que llevó su plaza y la defendió para que en su tierra la fiesta de los toros se mantuviera presente.

domingo, 20 de septiembre de 2026

18 de septiembre de 1931. Carnicerito de México confirma su alternativa en Madrid

Carnicerito de México se había presentado como novillero en Guadalajara el primero de marzo de 1925, para después hacerlo el 31 de mayo siguiente en el Toreo de la Condesa. Posteriormente recibiría una alternativa en El Progreso de la capital tapatía el 6 de marzo de 1927 de manos de Luis Freg, lidiándose toros de El Carnicero. Renunciaría a ese doctorado, pues volvería a actuar como novillero en El Toreo en 1928 y sería uno de los triunfadores de la temporada en esa plaza el año de 1929, junto con Alberto Balderas, Esteban García, Carmelo Pérez y Jesús Solórzano, alternando con los tres últimos en la disputa de la Oreja de Plata, mismo que se llevó el último de los nombrados.

Marcha a España al año siguiente y se presenta en aquellos ruedos el 4 de mayo en la plaza de Tetuán de las Victorias, alternando con Miguel Morilla Atarfeño y Juan Martín Caro Chiquito de la Audiencia en la lidia de novillos de Antonio Llanos. Actuaría siete tardes consecutivas en esa plaza, para presentarse en Sevilla el 22 de junio siguiente, en Madrid el 3 de agosto, en Zaragoza el 21 de septiembre y en Barcelona el 26 de octubre. Sumó en esa campaña 29 novilladas.

Entre los novilleros mexicanos que hacían campaña española en ese calendario, destacaron además de Carnicerito, Julián Pastor, Jesús Solórzano, Alberto Balderas y Luciano Contreras.

La alternativa definitiva en Murcia

Los triunfos que conquistó en la novillería le consiguieron la alternativa, la que se programó para el domingo 13 de septiembre de 1931 en la plaza de La Condomina de Murcia. El cartel se formó con un encierro andaluz de Miura, el borojeño Domingo Ortega y el bilbaíno Jaime Noaín. Era, en el lenguaje mercadológico de estos tiempos, un cartel juvenil, porque los tres compartieron varios carteles en su etapa de novilleros.

El 28 de octubre del año anterior, Carnicerito y Luciano Contreras habían dado una gran tarde de toros en una novillada que torearon mano a mano en La Condomina, razón por la que el torero de Tepatitlán tenía buen ambiente entre la afición murciana. El primero de la tarde se llamó Cebolleto, un toro quedado ante el cual solamente pudo estar valiente. Refiere la crónica del ABC madrileño que pudo rehacerse ante el que cerró plaza y que de no fallar a espadas pudo cortar alguna oreja. Al final del festejo se llevaron en hombros a los tres diestros, aunque solamente el vizcaíno Noaín había cortado apéndices.

José González no dejó pasar mucho tiempo para confirmar su alternativa en la plaza de la Carretera de Aragón. Apenas cinco días después de doctorarse, en una corrida calificada de extraordinaria, se decidió a la ratificación y así, para el jueves 18 de septiembre de ese 1931, fue anunciado junto con Manolo Bienvenida como padrino, Domingo Ortega como testigo y toros toledanos de Celso Cruz del Castillo, de encaste Saltillo.

Cuando sale el toro y todo lo descompone

La corrida de don Celso Cruz del Castillo no cumplió con las expectativas que en ella se pusieron, de hecho, puso en entredicho el prestigio de su criador. Las crónicas en su conjunto, coinciden en el hecho de su mal comportamiento en el ruedo y de que fue la causante de que un cartel que provocò un lleno en la plaza, terminara siendo un festejo en el que reinó el aburrimiento, a pesar del esfuerzo desplegado por los toreros. Cuenta Cèsar Jalòn Clarito, en su crónica aparecida en el diario El Liberal, la misma noche del festejo: 

Los toros de D. Celso Cruz del Castillo, de Maqueda, según dicen los carteles – sin duda por error o por errata, pues es Malqueda el verdadero nombre de origen que le va al ganado –, hace años que se juegan con tan mal éxito de presentación como de bravura. Lo chico y lo flaco en ellos suele ser tan corriente como lo manso. De algunos de esos males salieron redimidos en la corrida extraordinaria de ayer. No eran chicos – por lo menos cuatro de ellos – ni estaban flacos. Habían crecido y engordado con la ayuda de Dios... y de la Empresa, que les dio de comer unos meses en sus prados. Pero quizá esta misma circunstancia contribuyó a que el capítulo de la mansedumbre rebasase el nivel acostumbrado, a que fuesen los toros todavía más mansos, por más grandes…

Refiere el autor de unas de las más celebres Memorias que conoce la historia del toreo, que la corrida que permitió a Carnicerito de México confirmar su alternativa en Madrid, ya había estado por la Plaza de la Carretera de Aragón, pero que tuvo que ir a los predios de La Muñoza a terminar de ponerse, porque no estaba en condiciones cuando originalmente fue programada.

Por su parte, Rafael Hernàndez y Ramìrez de Alda, firmando como Rafael en el diario madrileño La Libertad, en torno a esta misma circunstancia, reflexiona:

Salieron al ruedo seis toros de D. Celso Cruz del Castillo, uno de los cuales fue retirado por estar cojo, y sustituido por otro de don Luis Bernaldo de Quirós, todos ellos gordos, finos, bien encornados y de bonito tipo; pero todos, ¡ay!, lo mismo los de D. Celso que el de D. Luis, mansurrones, quedadotes, sin genio ni estilo alguno, propios para que en ellos se estrellasen todas las ilusiones y todos los buenos deseos de los lidiadores. Como ocurrió…

Además de lo que apuntó Clarito, el cronista de La Libertad relaciona el hecho de que uno de los toros de Cruz del Castillo - el tercero - fue devuelto a los corrales. La razón legal esgrimida fue una supuesta cojera, pero lo que refieren varias de las crónicas, la razón legítima, es que se exigía su vuelta a los corrales por su manifiesta mansedumbre. A saber.

La realidad es que, siendo el toro el eje de esta fiesta, lo que puedan hacer o dejar de hacer los toreros está sujeto al comportamiento que estos desplieguen en la arena. Entonces, esos fueron los mimbres que tuvo la terna hace 95 años por estas fechas.

La actuación de Carnicerito

Ya apuntaba en líneas anteriores que la tarde fue cuesta arriba. Pero el diestro jalisciense no era de los que se detuvieran ante los obstáculos, por escarpados que parecieran. Ya había dejado por sentada esa arista de su personalidad torera durante su paso por las filas de la novillería, como lo advierte Federico M. Alcázar en su crónica publicada en El Imparcial al día siguiente de la corrida:

Carnicerito de Méjico no es una novedad. Tampoco un improvisado. Ha hecho la carrera paso a paso, derrochando bastante más valor que el que tienen estos fenómenos caniculares. Llega a la alternativa en sazón. Podrá o no tener una tarde brillante, pues eso depende en gran parte del ganado; pero lo que sí podemos afirmar rotundamente es que, con éxito o sin él, no saldrá de la plaza fracasado. Conoce el toreo con buenas maneras y, sobre todo, tiene valor para arrimarse. Esperemos el resultado... No me gusta este primer toro. De salida echa la cara al suelo, escarba y empieza a probar. Mal síntoma. Carnicerito le busca y tantea en varios terrenos, por fin logra dar tres verónicas paradas y ceñidas. Pero el de Cruz del Castillo se va. Sale suelto en el primer puyazo y continúa tardo y reservón... El nuevo matador de toros coge las banderillas por complacer al respetable, pues el toro no está para lucimientos. Cuartea un par bueno y repite con uno en tablas valentísimo. Se aplauden... Carnicerito encuentra al manso como salió del chiquero: con la cara por el suelo y sin embestir. Empieza con cuatro pases por bajo, en los que para, aguanta y se dobla valientemente... Como no es posible el lucimiento se decide a matar y señala un buen pinchazo; repite con otro de idéntica factura y descabella. Palmas y pitos al toro en el arrastre...

Dejó constancia Carnicerito de que, si bien el valor era su divisa, tenía el oficio bien aprendido y podía con los toros que le salieran. La cuestión del lucimiento ya es una externalidad, a veces posible, a veces no.

Por su parte, el ya citado Rafael, resume una tarde que entre líneas, advierte como un error de la administración del torero, según podemos leer:

Carnicerito de Méjico tomó la alternativa en las peores condiciones que pudieron ofrecérsele. En una corrida en que el fracaso era inevitable para cualquiera que no fuera un lidiador muy hábil y un torero muy completo, tuvo el buen gusto de no recurrir a esas temeridades novilleriles que le hubieran llevado a la enfermería sin que por eso se pudiera decir que habla estado bien. Su voluntad la demostró cogiendo las banderillas en el primer toro y jugándose la piel para clavarle dos pares y medio en los terrenos de dentro, donde lo que se contrasta es más el valor que el dominio de la suerte... En sus dos toros estuvo cerca y, en resumen, se puede decir de él que despachó los dos toros sin mengua para su decoro profesional y sin que el público, que se dio cuenta de la clase de enemigos que tenía, subrayara con protestas su labor. Puede decirse que el nuevo doctor quedó pendiente de otro examen para calificarle oportunamente...

Poco se puede agregar al análisis de Hernández y Ramírez de Alda, salvo tener en cuenta la consideración que hace acerca de la incomprensión de la concurrencia al esfuerzo del torero por agradar.

Por su parte, Gregorio Corrochano, en su tribuna del ABC madrileño, resume lo sucedido de la siguiente manera:

Poco tiene que contar la corrida de ayer. Si no se hubiera celebrado hubiera ganado – ganar por no perder – el crédito de una divisa, el de algún torero y el de algún negociador que recurriera al crédito para satisfacer una afición. Porque la corrida fue así... Lidiáronse toros de D. Celso Cruz del Castillo, que no pudieron jugarse en junio por falta de trapío, engordados en los prados de la empresa. Si alguna bravura tenía, el pienso se la quitó... Carnicerito de México eligió mala tarde para refrendar su alternativa. Buscó la emoción en banderillas, y, a decir verdad, la encontró. No banderilleó bien, pero la emoción estaba lograda. Muleteó con muchos toreros alrededor, muchos. Le estorbaron todo lo que pudieron. ¿No se dan cuenta los toreros de lo que estorban en tropel? Se van acercando, acercando, como si no vieran bien desde más atrás y quisieran verlo de cerca. Con esto, el toro se descompone más; el torero no sabe por qué hace aquello el toro y el peligro que se quiere evitar se aumenta, y el deslucimiento es el dueño del ruedo...

Una apreciación adicional la de don Gregorio encontramos aquí, en el sentido de la lidia defectuosa por parte de las cuadrillas. En fin, que las cosas no se dieron, al parecer, en ningún sentido para encaminarse por un sendero de triunfos.

El resto de la corrida

Manolo Bienvenida fue el mejor librado de la terna, cuando le realizó una gran faena al segundo de la tarde Arrojador, tras de la que dio una muy aclamada vuelta al ruedo, después de una insistente petición de oreja que no fue atendida. Por su parte, Domingo Ortega tuvo una tarde para el olvido, le tocó despachar al tercero bis, de Bernaldo de Quirós y al quinto, de la ganadería titular, siendo abroncado en ambos y al retirarse de la plaza, cuenta Corinto y Oro:

El diestro Ortega, al salir de la plaza, fue objeto de ruidosas protestas, y tuvo que protegerlo la autoridad contra las agresiones del público…

El toro de la confirmación de Carnicerito de México se llamó Estudiante, fue negro, bragado y veleto de encornadura.

domingo, 29 de octubre de 2023

A 50 años de la alternativa de Manolo Arruza


Es muy probable que Manolo Arruza se haya presentado en público ya sin el concurso de los demás hijos de las figuras de nuestra Edad de Oro, en San Luis Potosí el 25 de agosto de 1971 en un festival benéfico, en el que alternó con Luis Castro El Soldado, Silverio Pérez, Manolo Martínez, Curro Vázquez y Gabriel Soto El Momo en la lidia de novillos de las distintas ganaderías de esa entidad. Tenía 16 años y por lo que se puede deducir de distintas informaciones de prensa posteriores, el que lo ayudaba en su aprendizaje era Javier Cerrillo, quien fuera miembro de la cuadrilla de su padre y en su día también su compañero de aprendizaje en la escuela que tuvo Samuel Solís en la placita de Tacuba cuando ambos iniciaron su andar por los ruedos.

Fue Cerrillo quien lo acompañó a España el siguiente calendario para dejarlo allá a la vera de don Andrés Gago, quien lo introdujo al ambiente en el campo primero y ya avanzada la temporada, le arregló siete novilladas, todas en plazas de Andalucía, para que se fuera poniendo a punto para una campaña completa y definitiva. También toreó tres festivales benéficos, entre ellos, uno celebrado en Córdoba conmemorando el XXV aniversario de la muerte de Manolete.

La temporada de 1973

Ya establecido su crédito en ruedos hispanos, don Andrés Gago pudo contratarle a Manolo Arruza 33 novilladas en 1973, las que pudieron ser algunas más, pero una fractura en una mano le obligó a iniciar su temporada hasta mediados del mes de julio, perdiendo prácticamente un tercio de la temporada en su rehabilitación. Terminó la campaña en quinto lugar del escalafón y fue considerado, junto con Paco Alcalde y Carlos Escolar Frascuelo, uno de los novilleros más interesantes de ese momento. Eduardo Guzmán, en el número de El Ruedo salido a los puestos el 4 de septiembre de 1973, le veía así:

Manolo Arruza goza de unas envidiables facultades físicas. Alto, joven, sonriente y simpático, puede ser un torero bastante completo. Ya está mucho más hecho de lo que podía hacer suponer el número todavía escaso de novilladas lidiadas. Con el capote es variado y florido, con más lucimiento en los lances de adornos – faroles y chicuelinas – que en la verónica fundamental. Es un banderillero tan excepcional como pudo serlo el autor de sus días. Con la muleta hace algo más que defenderse, llevando en ocasiones perfectamente toreados a los astados mientras guarda una impresionante inmovilidad, arrastrando la muleta por la arena. Mata rápido y bien, a lo que le ayuda su elevada estatura. Todo lo cual no constituye pequeño bagaje para quien está prácticamente empezando…

Cerró esa su temporada final como novillero cortándole el rabo a un novillo de Carlos Núñez en Barcelona y su última actuación en ruedos hispanos ese calendario fue en un festival celebrado el 6 de octubre en Benidorm en homenaje y beneficio del matador de toros colmenareño Agapito García Serranito, quien cuatro años antes, fuera herido en esa plaza y a consecuencia de ese percance, quedara imposibilitado para continuar en su profesión.

Los prolegómenos de la alternativa

Tras del festival de Benidorm, Manolo Arruza anunció su regreso a México a recibir la alternativa. Algunos medios españoles cuestionaron su decisión, porque consideraron que con la sólida campaña novilleril que había desarrollado ese año del 73, podría ser doctorado allá en alguna de las primeras ferias importantes del siguiente calendario. En una entrevista anterior a la corrida del doctorado, pero aparecida en el número de El Ruedo salido a la venta el 23 de octubre de 1973, Manolo Arruza le declaró entre otras cosas a Jesús Sotos, lo siguiente:

Me voy agradecido a todos los españoles. Me han tratado muy bien. Excesivamente. Es un país de caballeros. Algo quisiera decirles a todos ustedes... Qué tomo la alternativa allá en Guadalajara porque es mi país. Pero que amo al de ustedes como al propio; que me llevo el mejor recuerdo de empresarios, ganaderos y afición. Y de ustedes. Repito: Gracias a todos... ¿Te vas a hacer matador de toros en homenaje al padre o por propia afición? ... Siento decirlo. Posiblemente el recuerdo siempre imborrable, de mi padre, me impulsara a la afición. Pero el toreo nació en mí. creo que soy torero desde que me parió mi madre... ¿Cómo será la futura temporada? ¿Piensas en Madrid y en Sevilla? ... Estaré presente en la temporada española. Pero eso habría que preguntárselo a mi apoderado. Él sabe en todo momento lo que tiene que hacer...

Por su parte, Vicente Zabala Portolés, en su tribuna del ABC madrileño, también dedicó espacio a anunciar la inminente alternativa de Manolo Arruza, en información aparecida el 19 de octubre de ese año:

El lunes toma la alternativa también en Guadalajara Manolo Arruza, hijo del «Ciclón Mejicano». El joven Arruza ha llevado a cabo una brillante temporada novilleril en España, aunque le haya faltado el espaldarazo de plazas tan importantes como las de Madrid y Sevilla... El padrino de la ceremonia va a ser el ídolo azteca Manolo Martínez y como testigo actuará el español Paco Ruiz Miguel. Los toros pertenecen a la ganadería del empresario Javier Garfias. ¡Lo que hubiera dado el llorado Carlos Arruza por ver la continuidad de sí mismo! Y es que los toreros que rompen sus dinastías a propósito, alejando a sus hijos de la razón de ser de sus vidas, arrostran una gran frustración. Me refiero, claro está, a aquellos toreros que se sienten eternamente toreros, para los que no cabe nunca lo de «ex – matador de toros». No entiendo los «ex». Los toreros de verdad son siempre toreros, aunque no ejerzan. ¿Qué otra cosa puede poner en su carnet de identidad un Pepe Luis Vázquez, por ejemplo? A nadie se le ocurre llamar a un doctor retirado «ex - médico», ni a un periodista «ex – periodista», ni a un ingeniero «ex – ingeniero». Sin embargo, se utiliza mucho con los toreros retirados, creándoles una amargura innecesaria...

Zabala incurre en un gazapo notable al informar un cartel que raya en lo imaginario en cuanto a padrino, testigo y toros, apoyado quizás en alguna información previa que fue superada por el anuncio oficial de la Feria de Octubre que al final ofreció don Ignacio García Aceves, pero por otra parte cuando menos deja espacio para informar del hecho en una de las tribunas de información más importantes del planeta de los toros.

La corrida de la alternativa

La corrida de la alternativa de Manolo Arruza era la segunda de una Feria de Octubre que arrancó el sábado 20 con una novillada y que continuaría en días consecutivos hasta el domingo 28, con ocho corridas de toros, en las que estaban anunciadas las principales figuras del toreo españolas y mexicanas. Aparte de la alternativa, Manolo Arruza llevaba dos tardes más en ese ciclo, al igual que las demás figuras anunciadas, así entonces, el arranque de su andadura como matador de toros no podía ser menos prometedor.

Esa segunda corrida de feria fue nocturna, por celebrarse en lunes, día laborable y se anunció un encierro de don Jesús Cabrera para Eloy Cavazos, Curro Leal y Manolo Arruza, que recibiría la alternativa. La crónica “in situ” del festejo la escribió don Francisco Baruqui Michel para el diario El Informador de Guadalajara y no fue muy cordial con el ganadero, porque consideró pobre la presentación y el juego de los toros:

La segunda de feria y... nada. Mucha expectación por esta corrida que mal anunciada como tal, debió ser como novillada por los astados que se lidiaron, sin presencia, sin trapío, bureles de «casta aguada» que con ir una vez al caballo se rajaban después; escarbando todos y llegando aplomados al último tercio, y no por falta de fuerza, sino por falta de casta, lo que se confirmaba en tanto que la lidia avanzaba. Y de tan poca presencia que hasta un «animado» espectador, burlándose de las autoridades (que ni esfuerzo tuvo que hacer para llegar descamisado al ruedo), se bajó que no se lanzó siquiera al último novillete de la noche. Eso sí, una novillada que se envió como corrida que deja muy mal parada la divisa de Cabrera...

Es conocida la exigencia que como aficionado tuvo el licenciado Baruqui, que a veces, a decir de muchos aficionados, rayaba en la exageración. Pero también habrá que abonar en su favor que ese acendrado espíritu crítico, es lo que ha dado a Guadalajara a estas fechas, su título de ser la plaza más seria de México, aunque a veces tenga sus desviaciones.

El toro con el que Manolo Arruza fue investido matador de toros se llamó Zacatecano. De su actuación esa noche, relata lo siguiente el citado cronista de El Informador:

Con elegante terno azul ultramarino y oro, muy bien vestido con pañuelo y todo (olé por la solera) y luciendo el capote de paseo de su inolvidable padre (vaya bordados que se hacían entonces), partió plaza Manolo al son de un paso doble muy retrasado e instrumentado por la semidormida banda, en la noche de su alternativa... Muy grata impresión me ha causado Arruza, bien cimentados los comentarios que de él se hacían antes de su presentación. Joven, torero, con planta y figura hacía sentir la presencia del incomparable Carlos, su padre. Lidiador fácil, dominador, imprime a su toreo esa característica del jugueteo que es consecuencia de su firme pisada y valor sereno; vaya forma de caminarle a los astados y de hacer verdad al torear (no usa para nada el pico del engaño, sino que cita con la muleta planchada y al realizar el pase no «saca» al toro de la pañosa, sino que lo torea bien mandado con las bambas de la muleta). Seguro, alegre y con repertorio; ¿hace cuánto que no veíamos quitar por gaoneras?, ¿cuánto qué no se remataba con afarolados?; ¿y la arrucina? ... Con el capote no destaca mucho, salvo en un farol de rodillas, en el que llevó muy toreado al animal. En verónicas acusa el defecto de echar el pie para atrás, pero en banderillas se muestra como un excelente rehiletero, seguro, con verdad, se deja llegar mucho al toro para levantar muy alto los brazos cuadrando bien, «asomándose al balcón»; y aunque luce las cualidades del padre; facultades, elasticidad que le permite verse atlético, tiene el muchacho mucho arte... Ahora que lo hemos visto con novillotes, en una «corrida» muy apañada, habrá que verlo con toros. Pero indiscutiblemente en Manolo Arruza hay una figura del toreo, que será cuña para muchos y habrá de quitar más de algún moño... (y, además, torea con la espada de matar y no pide musiquita). Con el acero se va muy derecho, y además es certero y con su elevada estatura, puede convertirse en un magnífico estoqueador...

Así fue la primera tarde de un torero que permaneció en activo, actuando en las principales plazas de toros del mundo hasta el 8 de noviembre de 2009, cuando se despidió de los ruedos en la Plaza México, alternando con Enrique Ponce y Fermín Spínola. El último toro que mató se llamó Veracruzano y fue de San José, ganadería propiedad de don José Arturo Jiménez Mangas. Hoy en día se dedica a preparar jóvenes que tienen la intención de hacerse toreros en la Academia Taurina Municipal de Aguascalientes.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son obra imputable exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 23 de julio de 2023

22 de julio de 1923: Pepe Ortiz se presenta en El Progreso de Guadalajara

Al arranque de la década de los veinte del pasado siglo, Pepe Ortiz, nativo de Guadalajara, radicaba en la Ciudad de México e intentaba ser cantante. Estudiaba con José Pierson, el formador de algunas de las voces más importantes que México ha dado. José Mojica, Alfonso Ortiz Tirado o Pedro Vargas pasaron por el estudio del maestro Pierson y es este último el que contó a Elena Poniatowska lo siguiente:

…durante un tiempo el maestro Pierson me invitó a vivir en su casa; allí vivía Jesús Mercado, barítono; Pepita Alonso, contralto, y José Arce, tenor, y a los cuatro nos dio habitación, comida y clases de canto a cambio de que le ayudáramos a hacer la limpieza de la casa. Yo era muy bueno para hacer las camas. Un día sentí que mi voz no era la misma y Mario Talavera, mi segundo padre, me consiguió entonces un empleo de profesor de coros en las escuelas secundarias. El era un hombre muy querido y me introdujo en todos los círculos artísticos, sociales, políticos, todos; él es autor de Gracia plena y con él conocí a Pepe Ortiz, quien andaba ya de torero y le gustaba cantar; entonces yo quise ser torero también, y a las seis de la mañana me levantaba, iba por él a Tacuba y luego a ejercitar el toreo, en casa de un banderillero, Luis Güemes…

Luis Güemes, discípulo de Ojitos enseñaba el toreo en la placita de toros de Tacuba, allí donde después lo haría otro contemporáneo suyo, Samuel Solís. Y allí inició su formación como torero Pepe Ortiz, y de allí obtuvo los conocimientos para presentarse en El Toreo de la Condesa el 23 de marzo de ese 1923, en un festejo, llamémosle mixto, en el que alternó con Guillermo Danglada, Agustín Escajadillo, Rafael Ezquerra Granerito, y la Cuadrilla Juvenil Guanajuatense, en la lidia de 4 novillos y 4 erales de Venadero. La relación aparecida en El Universal Taurino lo califica apenas como solvente.

No obstante, su maestro Güemes, que seguía activo en los ruedos, intentaba encontrarle actuaciones en las plazas en las que actuaba como banderillero a las órdenes de distintos diestros y así le consiguió un festejo mixto en la plaza El Centenario de San Pedro Tlaquepaque para el 29 de junio de ese 1923, en el que alternaría con el matador Carlos Lombardini, en la lidia de ganado de El Astillero, afirmando el anuncio del diario El Informador, que eran los miuras de Jalisco. Esa tarde no pudo mostrarse por causa del ganado que se lidió, mismo que a punto estuvo de causar un motín en la plaza. Sobre su actuación escribió para el citado diario El Tío Castuera:

Por lo que toca al paisano Ortiz, por ahora nos abstenemos de hacer un juicio crítico de su labor, porque cualquier concepto que emitiéramos sería aventurado ya que este diestro no tuvo ocasión de demostrarnos todo lo que sabe ni todo lo que la prensa metropolitana dice. El chico tiene voluntad y estilo y desearíamos verlo con toros que no sean huesos como los que ayer tuvo al frente...

El hecho es que Pepe Ortiz mostró lo suficiente para que la empresa de la capital de Jalisco lo incluyera en su siguiente programación y así, lo anunció en otro festejo mixto para el 22 de julio de ese año, para alternar con un matador de toros de oscura trayectoria, José Couso Rubiales, en la lidia de dos toros de San Mateo y tres de La Estancia. Como fin de fiesta se tentaría un toro de Piedras Negras, destinado a semental de esta última ganadería.

El festejo de El Progreso de hace un siglo

Pepe Ortiz terminó quedándose con el peso de la tarde, pues Rubiales fue herido de gravedad por el cuarto de la tarde. La impresión que causó a la afición tapatía fue importante, sobre todo si se considera que, en su actuación anterior en Tlaquepaque, apenas pudo salir del paso a causa de las condiciones del ganado que le tocó enfrentar. El Tío Castuera, encargado de la crónica del festejo para el diario El Informador, entre otras cosas, reflexiona:

…tras del triunfo que obtuvo ayer en el coso del Progreso, pensamos que se trata de un diestro interesante y que de seguro llegará a ocupar un puesto muy envidiable en las filas de la torería contemporánea. José demostró que es competente y que con buenos auspicios se ha iniciado en la carrera que ha elegido con todo corazón y voluntad, habiendo logrado ya obtener sus primeros logros… El muchacho sabe manejar el capote con destreza, banderillea con gracia y con la muleta también es aceptable. Con el acero es donde está más corto, pero dada su voluntad y entusiasmo, esto pronto desaparecerá y se convertirá el paisano en un verdadero matador de toros…

Como se puede apreciar, el cronista de Guadalajara advirtió en ese primer contacto que Pepe Ortiz era un torero completo, de maneras refinadas y que requería ver con constancia la cara del toro para afinar, por ejemplo, la suerte de matar, la que se aprende precisamente matando toros. Ya en cuanto a los pormenores de su actuación, refiere especialmente:

El público aplaudió a rabiar dos faroles de rodillas de José Ortiz y tres pares de banderillas en su último toro. También José estuvo muy bien en el primer tercio del quinto toro, por haber endilgado dos buenas verónicas, dos faroles y un quite por navarras. El público, no obstante haber recibido una fuerte mojada por la lluvia que se desató a la hora de empezar la corrida y que por poco da al traste con ella, no dio muestras de fastidio y pasaron los aficionados una tarde de alegría. El torero José Ortiz fue sacado en hombros por la muchedumbre y paseado por las principales calles…

Así pues, la presentación de Pepe Ortiz ante sus paisanos, puede calificarse de un triunfo importante y de un avance importante para su vuelta a El Toreo, donde sería el eje de las dos siguientes temporadas novilleriles y al menos, publicitariamente, tratado como el sucesor de Rodolfo Gaona, quien ya anunciaba su despedida de los ruedos, aunque en realidad sería el inicio de una extensa carrera en los ruedos marcada con un sello y una personalidad propios.

José Couso Rubiales, ¿la larga sombra de Gallito?

Decía al inicio que este torero mexicano tuvo una oscura trayectoria. Y es que a más de su fecha y lugar de alternativa y esta infausta tarde, no son más las noticias las que de él se tienen. Ese domingo 22 de julio del 23, uno de los toros de San Mateo corridos esa tarde, quedados del domingo de Pascua, y que fueron adquiridos para un festival que iba a torear Rodolfo Gaona y que al final se canceló. El parte que rindieron los médicos José Trinidad Márquez y Luis Farah fue el siguiente:

El matador de toros José Couso “Rubiales” fue llevado a la enfermería durante la lidia del cuarto toro, y presenta una herida en el muslo derecho sobre la cara interna, de una longitud de 25 centímetros. Interesó piel, tejido celular subcutáneo y en parte los músculos. Se hizo la primera curación y se le puso un apósito, siendo trasladado después al Sanatorio de la Colonia Moderna en donde se efectuará hoy, a las 8 horas.

En el número de El Universal Taurino del día 24 de julio siguiente, apareció la siguiente información:

El diestro José Couso “Rubiales” quien como informé en mi telegrama anterior, alternó ayer con José Ortiz lidiando toros de San Mateo, tiene una cornada de treinta centímetros en el muslo derecho. En opinión de los médicos que han atendido al herido, en caso de que se restablezca, de lo cual abrigan esperanzas, quedará inutilizado para continuar en su profesión, pues la herida es de tal magnitud que habrá necesidad de amputarle la pierna derecha…

Aclaro desde ahora que no encontré información posterior que confirmara la amputación de la pierna de Rubiales o su recuperación, su nombre simplemente se pierde en la noche de los tiempos.

A Rubiales lo hizo matador de toros Ángel Fernández Angelete en Progreso, Yucatán el 21 de enero de ese año 23. A su vez, el cacereño Angelete había recibido la alternativa de matador de toros de manos nada menos que de Gallito en Salamanca, en 1917. 

Angelete terminó sus días prácticamente inválido, con secuelas de lesiones por las cornadas recibidas, especialmente una en el pecho en Tetuán y el corte de los tendones de una mano en Ciudad Juárez de los que nunca se recuperó. No había cumplido 40 años de edad. Completó la lista de los ahijados de Joselito que murieron por cornada, jóvenes o fracasaron vestidos de luces.

¿Sería que aparte de los trastos de matar, Angelete le pasó a Rubiales ese mal fario de Gallito?

El fin de fiesta

El programa del festejo anunciaba la tienta o prueba de un toro de Piedras Negras que padrearía en la ganadería de La Estancia, propiedad de don Justo Torres:

Para terminar el espectáculo fue exhibido el toro que fue enviado de la ganadería de Piedras Negras por don Lubín González como semental para la hacienda de La Estancia, propiedad del señor Justo Torres. El bicho, aunque a causa del viaje se encontraba sacudido de carnes, puso de manifiesto su bravura tan luego como saltó a la arena. Este animal que va a servir para la fundación de una ganadería de casta, la primera en el Estado, es un ejemplar de tipo netamente español, corto de cuello, fino de remos, largo de cola y de una encornadura perfecta… Tiene 33 meses y se llama “Pavito”; tiene tres cuartos de sangre de la vacada del Marqués del Saltillo y un cuarto de la de Murube. La nota que dio este bicho es de suprema. El señor Torres tiene en sus dehesas 20 vacas bravas seleccionadas con el fin de que sean las primeras que sean vaciadas. Dentro de seis meses empezaremos a ver lidiar en nuestros cosos reses de casta pertenecientes a nuestro Estado… El bicho fue aplaudido cuando apareció en la arena.

De acuerdo con el cartel anunciador del festejo, lo lidió el aficionado Jesús Torres, pero la crónica no refleja el resultado de su actuación.

Así se dieron las cosas hace cien años, cuando se presentaba en su tierra un torero que dejó para la posteridad una serie de creaciones que dan variedad al toreo de capa y que cuando son ejecutadas hoy en día, sorprenden todavía como cuando fueron ejecutadas la primera vez, piezas de verdadero arte. Por algo se le llamó El Orfebre Tapatío.

domingo, 25 de diciembre de 2022

25 de diciembre de 1968: Richard Corey gana el Estoque de Plata en Guadalajara

The Virginian

En mis primeros años de vida, vi a mi madre leer con fruición una novela titulada como este acápite varias veces. Ella era una feroz devoradora de novelas en lengua inglesa, sobre todo aquellas que venían en el formato paperback tan popular en la tierra que le vio nacer. La verdad es que el título de la obra permanece en mis recuerdos, pero es hasta que me siento delante de la hoja en blanco para escribir estas líneas, que me preocupo por saber acerca de esa obra.

Así, me entero que The Virginian (1902), obra de Owen Wister, resulta ser, según la opinión mayoritaria, el primer western de ficción, que vino a permitir el establecimiento de un género literario y cinematográfico – versiones de la novela de Wister se filmaron en 1914, 1923, 1929 y 1946 – en los Estados Unidos. 

Pero también The Virginian es el título del séptimo capítulo de la obra de mi amigo Lyn Sherwood titulada Yankees in the Afternoon, en la que hace un repaso histórico de los toreros estadounidenses que han dejado alguna huella en la historia de esta fiesta. En ese séptimo capítulo Sherwood se dedica a relatar la vida y hazañas en los ruedos de Richard Corey, precisamente nativo de Charleston, West Virginia.

Ese virginiano vendría a hacer una interesantísima carrera en los ruedos de España y de México, a donde llegó a mitades de los años 60 y comenzó a aprender las bases del toreo en los Viveros de Coyoacán, mostrando una voluntad de aprender y una afición que no le cabían en el cuerpo. Eran los días en los que no había escuelas taurinas y a torear se aprendía en las prácticas de salón y recorriendo la legua.

Tal era la afición de Richard Corey, que el domingo 3 de diciembre de 1967, en El Toreo de Cuatro Caminos, se le tiró de espontáneo a Manolo Martínez en el segundo de su lote. Existen algunas fotografías del considerado anarquista de la fiesta en las que corre con largueza la mano diestra a ese Fundador de Mimiahuápam. La crónica de Carlos León de ese histórico festejo, recoge lo siguiente sobre este particular:

...Ahora está el de Monterrey ante “Fundador”, otro toro de solera que desde su salida se come los capotes y da ocasión a que Manolo se luzca con el suyo, en magníficas verónicas y en pinturero quite. Por desgracia la intromisión inoportuna de un espontáneo siembra el desconcierto sobre la arena. En la captura del intruso se excede brutalmente la Gestapo de San Bartolo, dando un clima de bronca y repulsa contra los esbirros y sus macanas. Para calmar las iras populares, Manolo tiene que rifársela de verdad y logra otra faena torera y temeraria. Y hunde bien la espada. Pero “Fundador” sostenido por su casta, se niega a doblar. Y entonces, Manolo echa a perder todo con una serie interminable de intentos de descabello, al grado que no hay más remedio que tocarle un aviso...

El en ese momento ignoto Richard Corey logró llamar la atención y de esa manera conseguir su vuelta a los tendidos. Ah, y, además, le puso cara la papeleta al anunciado para matar ese toro.

Toreando vestido de luces

El valor indiscutible que mostraba le permitió recorrer distintas plazas de la república. El 16 de junio de 1968 se presenta en la Monumental Jalisco, alternando con Ángel García El Chaval y Carlos Campos El Ahijado en la lidia de novillos de don Jesús Cabrera. Eso le valió torear los festejos del 8 y 15 de diciembre, además del que da motivo a que meta yo los pies en esta historia.

En Aguascalientes sería cobijado primero por el Grupo de los 5 – integrado por Gabriel Salazar, Héctor de Granada, Mario Rentería, José Luis Ornelas y Paco Muro – y posteriormente por la empresa de don Guillermo González Muñoz. En esos días asentó sus reales en esta tierra y en torno a su persona se tejían algunas leyendas, como aquella de que era un desertor de las filas estadounidenses, que no quiso ir a la guerra en Vietnam. Todavía hoy, se cuenta esa situación por quienes saben de su paso por nuestra ciudad. En algún momento de estas fechas, se le empezó a anuncia con su nombre castellanizado, como Ricardo Corey.

En el año de 1970, en la novillada de la Feria de San Marcos, ganó el Cristo Negro del Encino, después de que fuera uno de los soportes de la temporada 1969 – 70. También en ese calendario se dio su presentación en la Plaza México, el domingo 25 de julio, fecha en la que alternó con Raúl Ponce de León y el regiomontano Enrique Fernández, en la lidia de novillos de Gustavo Álvarez. En su debut le cortó la oreja al 6º, Alemán. Eso le valió torear seis novilladas en ese ciclo, entre ellas, un mano a mano con Adrián Romero, aunque salió con dos cornadas y solamente mató al primero de su lote y la del Estoque de Plata el primero de noviembre.

El Estoque de Plata de Guadalajara en 1968

El día de Navidad del año de los Juegos Olímpicos en la capital mexicana, se anunció la 14ª novillada de la temporada, en la que en disputa del Estoque de Plata aportado por la empresa de don Leodegario Hernández, actuarían en el ruedo de la Monumental Jalisco el acalitano Armando Mora, Arturo Ruiz Loredo, el portugués Oscar Rosmano, Ricardo Corey, Jorge Blando y Alfredo Alonso ante novillos de Guayabé, hierro de la titularidad de don Luis Obregón Santacilia.

Richard Corey le cortó las dos orejas al cuarto de la tarde, la relación del festejo, firmada por Enrique Aceves Latiguillo, cronista titular del diario El Informador de Guadalajara, dice sobre este particular:

Al norteamericano correspondió lidiar el mejor novillo del encierro, aprovechándolo perfectamente bien, tanto con el percal como con la muleta, con aquel en valientes faroles de rodillas y en preciosas orticinas, y con ésta, en templados derechazos, en estupendos naturales, en estatuarios ayudados por alto, en riñonudos molinetes de hinojos y en algunos estatuarios de pecho, y como mató de un pinchazo en buen sitio y de una media de rápidos efectos, se le concedieron las dos orejas de su adversario y con ellas tuvo más que suficiente para quedarse también con el trofeo ofrecido por la Organización de Leodegario Hernández.

El trofeo se lo disputó con cercanía el lusitano Oscar Rosmano, quien le cortó la oreja al segundo del festejo. Por su parte, Armando Mora, Arturo Ruiz Loredo, Jorge Blando y Alfredo Alonso no pudieron más que mostrar voluntad ante los bravos novillos de Guayabé.

En ruedos de España

Para 1971 Richard Corey enfrentó a su destino en ruedos hispanos. Torearía nueve novilladas ese ciclo, presentándose en Sevilla el 11 de julio y el 1º de agosto, y en la primera de esas tardes, en la que alternó con Curro Vega y Diego Sanlúcar en la lidia de novillos de Alfonso y Manuel Lacave, le cortó una oreja al primero de su lote. Sobre esa primera actuación en el ruedo maestrante, Manuel Olmedo Don Fabricio II, escribió en el ABC hispalense:

Dio la nota de emoción, en el segundo de la tarde, el mexicano Ricardo Corey, torero físicamente granado, que acreditó un valor desmedido al aguantar impávido los impresionantes derrotes del novillo, en una faena sin calidad, pero con el mérito indiscutible de la decisión inquebrantable que la inspiró. A lo largo del trasteo imperó el ¡uy! sobre el ¡olé!. Corey sufrió una aparatosa cogida. No se amilanó por el percance, incruento afortunadamente. Continuó cerquísima, jugándose el tipo, y coronó sus temeridades con una certera estocada. Obtuvo una oreja...

Al llegar al cierre de la temporada recibió una primera alternativa en la plaza castellano – manchega de Guadalajara, de manos de José Ruiz Calatraveño y con Rafael Torres de testigo, ante toros de don Luis Algarra Polera, cortando una oreja al toro de la ceremonia.

No ejercería mucho como matador de toros con ese doctorado, pues para el siguiente calendario lo renunció y toreó una decena de novilladas, a las que sumó otras once en 1973. En 1974 fue investido en definitiva como matador de toros en Cabra, apadrinándole Curro Girón y atestiguando José Fuentes. Los toros fueron de Clemente Tassara. Esa tarde le cortó las dos orejas a cada uno de sus toros.

Después de la alternativa actuó en otras ocho corridas en ruedos andaluces y para 1975, solamente se le registra una actuación el día 12 de octubre, en la Monumental de Barcelona, donde compartió cartel con César Morales y Félix López El Regio, en la lidia de toros de Juan Guardiola Soto y Manuel Sanz Jiménez (2º). Esa tarde en la capital catalana es la que se registra como su última actuación vestido de luces.

El devenir de Richard Corey

Tras de su presentación en Barcelona, volvió a los Estados Unidos y se dedica desde entonces a negocios agroindustriales. Richard Corey ya no confirmó su alternativa, ni en Madrid ni en México, tierra en la que, de acuerdo a los anuarios, tampoco se presentó ya como matador de toros.

Una apostilla final

El festejo taurino de Navidad es una tradición verdadera de esta fiesta. Ese 25 de diciembre de 1968, en Guadalajara, se dio, además del festejo que aquí me ha ocupado, otra novillada en El Progreso, en la que alternaron Alberto Martínez, Miguel Ángel Núñez y un fenómeno que, de no haberse encontrado con las astas de los toros, hubiera llegado lejos, me refiero a Curro Gama, quienes lidiaron novillos de Cerro Viejo.

Las crónicas reflejan que El Progreso se llenó y que la Monumental Jalisco registró la mejor entrada de su temporada novilleril, entradas ambas, prueba de que cuando se presentan carteles formados con imaginación y con nombres que interesan a la afición, ésta acude al llamado de las empresas.

No me resta más que desearles que tengan una Feliz Navidad en unión de aquellos a quienes quieren y pedirles que si está en su mano ayudar a alguien que tenga la suerte en contra en estos días, lo hagan, que algún día serán recompensados.

domingo, 31 de octubre de 2021

Ignacio García Aceves. A 90 años del inicio de su aventura empresarial

Don Ignacio con Jesús Solórzano
Paco Madrazo y Alberto Topete (1964)
El lunes 19 de octubre de 1931 los diarios de Guadalajara anunciaban el fallecimiento de Carmelo Pérez en Madrid la tarde del día anterior y el de Thomas Alva Edison, en West Orange, New Jersey, también la madrugada de esa víspera. En las páginas interiores, específicamente de El Informador, se daba cuenta de una novillada celebrada en la plaza de toros El Progreso, en la que alternaron Saúl Guaso, Jesús González El Indio y Manuel Molina, ante novillos de La Estancia. Fue una tarde en la que, de acuerdo con la crónica firmada por Tío Castuera, destacaron la clase y el valor de El Indio.

Esa novillada fue organizada por el doctor Ildefonso Zaragoza en sociedad con quien entonces era un joven estudiante del segundo año de la carrera de Derecho, Ignacio García Aceves, quien seguramente no se veía defendiendo causas en los tribunales y buscaba encauzar su existencia por otros derroteros. Allí comenzó ese joven de gran estatura y de ojos claros, una andadura por lo que años después sería llamado el planeta de los toros que duraría más de medio siglo.

Ignacio García Aceves aprendió pronto los intríngulis del manejo de los asuntos de la fiesta, y supo hacerse acompañar en diversas etapas de su vida como empresario, de personajes que le ayudaron a establecer y a dar lustre a la fiesta de los toros en Guadalajara. Nombres como el del licenciado Cenobio González, Miguel Manogrande, Manuel González Pinocho, su inseparable Alberto Topete, apodado El Teco o El Tecolote y en su última etapa don Paco Madrazo Solórzano, fueron cada uno en su tiempo el complemento ideal para resolver las distintas vicisitudes que va presentando el manejo de una empresa de toros.

Remozó y reinauguró dos veces El Progreso y le tocó tomar la amarga decisión de que fuera derruido para dar paso a lo que unos cuantos llaman la modernidad. Llevo a ese ruedo a todas las figuras mexicanas y extranjeras – pueden ustedes nombrar la que se les ocurra, que con seguridad allí estuvo – entre 1931 y 1978 y por supuesto, dio oportunidades a muchos, muchos novilleros que pretendían alcanzar la gloria que dan los toros. Le contó a don Francisco Madrazo Solórzano, para su libro Agotado el Boletaje, que, sin hacer números, él calculaba que en sus primeros 50 años como empresario, seguramente dio más novilladas que corridas de toros. Así se hilaban las cosas en otros días.

La feria de su cincuentenario

Para el mes de octubre de 1981, don Ignacio tiró la casa por la ventana para celebrar el medio siglo que completaba al frente de las cosas de los toros en Guadalajara. Ya no lo hacía en El Progreso, sino en la plaza que, llamada originalmente Monumental de Jalisco, fue rebautizada – malamente al decir de algunos, pues no existe entre ambas relación de causa a efecto – como Nuevo Progreso. Y lo hizo con grandeza. Entre el 17 de octubre y el 1º de noviembre de ese año, ofreció a la afición una novillada y 8 corridas de toros con figuras del toreo de España y México y también con quien era, en ese momento quizás, el mejor rejoneador del mundo.

En ese calendario del 81, estuvieron en nuestro país varios diestros europeos, pero llamó importantemente la atención la presencia en Guadalajara de dos toreros andaluces que, casi recién alternativados, tenían cautivada la atención de la afición española. Ellos eran Juan Antonio Ruiz Espartaco y el trianero Emilio Muñoz. El rejoneador portugués Joao Moura también era otro de los reclamos importantes y vendrían a formar carteles con Mariano Ramos, Manolo Arruza, David Silveti, Jorge Gutiérrez, Miguel Espinosa Armillita y por la torería de la tierra Alfonso Hernández El Algabeño.

Los actuantes en la novillada serían Carlos Vidal, Curro Calesero y Luis Fernando Sánchez y los encierros anunciados fueron de San Mateo, De Santiago, Jorge Barbachano, Santo Domingo, dos de Carranco, San Marcos con una corrida y una novillada y Mimiahuápam. Al final, solamente se lidió una de las corridas de Carranco que fueron anunciadas, pues la que saldría al ruedo el día 31 de octubre fue rechazado en el reconocimiento y fue sustituido por uno de San Mateo.


El resultado de la feria de octubre del 81

El 17 de octubre se lidió una novillada de San Marcos de excelente presentación y en esa tarde Luis Fernando Sánchez cortó la única oreja de la tarde a Vaquerito tercero de la tarde. Al día siguiente, en la corrida del cincuentenario, con toros de San Mateo, se vivió una de las tardes grandes del serial, pues el quinto, Buen Amigo fue indultado tras una gran faena de Manolo Arruza y Jorge Gutiérrez le cortó una oreja al sexto Cumplido. Se lidió uno de Peñuelas, sobrero, sustituto del 7º Caprichudo que se mató al estrellarse en un burladero, le tocó a Emilio Muñoz.

El segundo tramo de la feria inició el 23 de octubre, con un encierro de De Santiago, del que escribió Francisco Baruqui que fueron muy chicos, Emilio Muñoz le cortó una oreja al tercero. El día 24 con toros de Jorge Barbachano, chicos y débiles, Joao Moura dio la vuelta al ruedo en los dos de su lote. Esa tarde se despitorraron tres toros. Y el 25 de octubre, una corrida de Santo Domingo, justa de presencia, pero pareja, variopinta y bien criada. Espartaco dio vuelta en sus dos toros. 

El cierre de la feria inició el 29 de octubre, la corrida de San Marcos, fue calificada por Baruqui como su majestad el toro. Ante ella, Joao Moura dio vueltas al ruedo por fallar con el rejón de muerte. Al día siguiente, toros de Carranco, justitos en presentación. Emilio Muñoz y Joao Moura dan una vuelta al ruedo cada uno. El último día de octubre se lidia una segunda corrida de San Mateo, que sustituye a la de Carranco originalmente anunciada. Joao Moura, Jorge Gutiérrez y Alfonso Hernández El Algabeño cortan dos orejas cada uno y Mariano Ramos se lleva una protestada. Don Luis Ruiz Quiroz consigna que se le entregó a El Algabeño el trofeo Crónica de Plata, pero Francisco Baruqui en su crónica de El Informador no hace mención de ello. La feria cerró el 1º de noviembre, con un encierro de Mimiahuápam, muy terciado, dice Baruqui que tres toros estaban para festival de corto. Lo más destacado de la tarde que Espartaco le cortó las dos orejas al tercero.

Como se puede ver, aunque queda en la memoria colectiva que ese viaje único de Emilio Muñoz y de Espartaco a México de hace 40 años fue desde un punto de vista optimista, discreto, la realidad es que de las crónicas de Francisco Baruqui se puede advertir que tuvieron ambos un par de tardes interesantes, no rubricadas con la espada y por ello el trianero solamente cortó una oreja y el de Espartinas dos en una tarde. 

Fue una pena que no les volviéramos a ver por nuestras plazas cuando estaban en plenitud, pues volvieron nada más a confirmar a la Plaza México, para completar su expediente ya de salida, Espartaco, el 22 de noviembre de 1999 y Emilio Muñoz el 2 de enero de 2000. Así pues, la carrera de ambos, vestidos de luces en México, se reduce apenas a cinco tardes y casi con dos décadas de diferencia entre las cuatro primeras y la última.

El legado de don Ignacio

Don Ignacio García Aceves continuó siendo el empresario de la plaza de toros ya llamada Nuevo Progreso. Lo sería hasta su último aliento, que llegó el 30 de mayo de 1984. Era además ganadero, pues en 1965 se había asociado con José Antonio Llaguno García en la titularidad de los hierros de San Mateo y Pozo Hondo – actualmente San Lucas – cuya propiedad total adquirió en el año de 1980 y en 1970 adquirió la ganadería que fuera de don Miguel Franco y la renombró como San Marcos.

Su trayectoria empresarial durante más de medio siglo sin duda que tuvo sus luces y sus sombras, pero los resplandores son los que más permanecen en la memoria colectiva. Su forma de hacer fiesta en Guadalajara convirtió a su plaza de El Progreso y después a la del Nuevo Progreso, en la que dio festejos desde el 20 de octubre de 1979, en un referente a nivel nacional e internacional. No es en vano, que siempre se tenga por necesario triunfar en Guadalajara para poder acreditarse como figura del toreo en México.

Por estas y otras muchas razones, es que hoy deseo recordar a don Nacho, en la cercanía de los 90 años de sus inicios como empresario de toros y de los 40 de la celebración del cincuentenario de ese fructífero arranque empresarial.

domingo, 27 de diciembre de 2020

25 de diciembre de 1950: Calesero y Trianero de Mimiahuápam

Calesero según Pancho Flores
La tradición verbal del toreo nos hace llegar la versión de que Alfonso Ramírez Calesero fue un torero de un arte quintaesenciado y de valor medido, sambenito colgado a todos los diestros de su cuerda. Esas dos cuestiones nadie se atreve a ponerlas en duda, simplemente se toman como artículos de fe respecto de la vida torera del diestro de la Triana de Aguascalientes y a partir de allí se generan los análisis de su historia y se hace el recuento de su memoria.

Sin embargo, a veces en ese examen que se hace del paso de un diestro por los redondeles, sin malicia, se pasan por alto hechos o sucesos que tienen que ver con la definición del carácter y de la verdadera naturaleza de la esencia del torero de que se trate. En el caso de Calesero o se omite o se deja como algo meramente anecdótico lo que me ocupa este día.

Los días de Navidad y Año Nuevo fueron durante muchas décadas fechas muy señaladas para dar festejos postineros en las principales plazas del país. El caso de Guadalajara no era la excepción y para el 25 de diciembre de 1950, don Ignacio García Aceves anunció un cartel encabezado por Calesero, quien alternaría con Luis Briones y Gregorio García en la lidia de un encierro de la debutante ganadería de Mimiahuápam, propiedad de don Luis Barroso Barona en aquellas calendas.

Por confesión propia, la plaza de El Progreso era una en las que Calesero se sentía más cómodo y en la que, a la vuelta de los años, confesaría a Paco Coello, realizó la mejor faena de su vida a un toro de Tequisquiapan, llamado Hortelano. En esas condiciones y vista la inteligencia con la que don Nacho armó el cartel, pues Alfonso el Trianero podría alternar en quites con otro artista del percal como lo era Luis Briones y en el segundo tercio con un gran banderillero como en su día lo era el potosino Gregorio García.

La corrida de don Luis Barroso, bien presentada, salió con complicaciones. Ante los tres primeros de la tarde, los diestros solamente pudieron limitarse a cumplir, con el consiguiente desencanto de la concurrencia que llenaba el coso de la calle del Hospicio. En esas condiciones es a los toreros a quienes queda el tratar de componer el rumbo de la tarde. 

El cuarto toro se llamó, según la fuente que se consulte, Platanero o Trianero, era negro y estaba marcado con el número 34. Tras de los primeros compases de la lidia, Calesero entendió que no tenía otra opción que pegarse el arrimón, que su tauromaquia de arte quedaría para una mejor ocasión porque el adversario no estaba para florituras. La crónica sin firma aparecida en el diario El Informador de Guadalajara al día siguiente del festejo, entre otras cuestiones dice:

…en su primer toro “Calesero” había estado desconfiado con el capote y con la muleta, Ramírez se concretó a torear de lejos, con la punta de la muleta y cobrarle asco a un toro que merecía algo más.

Tal vez esto en mucho contribuyó a la entrega de “Calesero” en su segundo, un toro rápido, que huía de los capotes y que se defendía y que fue mal castigado. Sin embargo, Alfonso quiso triunfar, quizá arrepentido de lo hecho en el primero. Inició la faena hincado y hasta en seis ocasiones se pasó al toro en esa forma y buscándolo en todos los terrenos.

De pie siguió adornándose con un vasto repertorio de suertes, aguantando porque el toro empujaba más de la cuenta. Y cuando sacó a relucir ese pase cambiado, que es de lo mejor que puede hacer con la muleta, que no es el exactamente llamado de la “vitamina”, sino algo muy personal de “Calesero”, las dos veces que lo ejecutó le salió perfecto, solo que en el segundo quedó entablerado para sufrir el grave percance que hemos relatado.

La conmoción entre el público y los alternantes fue de esas que echan abajo una corrida. Y “Calesero” en lugar del triunfo por su emotiva y adornada faena que venía haciendo, aunque un tanto atropellada, se llevó seis cornadas en vez de las orejas y el rabo de su enemigo, que hubiera merecido de haber seguido en ese plan…

El percance fue de esos que capturan la atención de los tendidos desde que ocurre y no sale de ella en el resto de la tarde, sigue narrando el ignoto cronista del El Informador:

…La cogida fue tan fuerte como aparatosa. en una faena en la que Alfonso Ramírez estaba poniendo de su parte todo entusiasmo por triunfar y lo iba consiguiendo hasta poner de pie a los espectadores, después de prodigar un segundo pase cambiado muy personal de él, con que había obtenido estruendosas ovaciones, se echó el toro encima y estando entablerado, fue trompicado y enseguida levantado en vilo, arrojado contra las tablas y vuelto a recibir por los pitones hasta que el toro se le vino en gana…

… El diestro fue conducido al producirse la cogida al sanatorio de la calle Garibaldi donde estuvo en manos de los doctores Mota Velasco y Pérez Lete hasta después de las nueve de la noche en que terminaron de operarle. La cogida es muy seria por el número de heridas, la natural extenuación del herido, el choque traumático y lo intenso de la intervención quirúrgica. Pero también se dijo anoche que afortunadamente los cuernos del toro, que ambos había empleado para herir a “Calesero”, no habían interesado vasos importantes en las piernas, que fueran un peligro inminente para su vida…

Dentro de los límites de la desgracia, se adelantaba que las cornadas eran extensas, pero de las que la jerigonza médica de estos tiempos llama limpias, es decir, que no afectaron estructuras vasculares de importancia y por ende, salvo la naturaleza misma de las heridas, no comprometieron la vida del torero.

En el número de La Lidia de México aparecido el 5 de enero siguiente, quien firma como Antoñico A.D., hace también una serie de reflexiones acerca de este percance, señala como nombre del toro heridor el de Trianero – el de Platanero aparece en la crónica de El Informador – y lo más relevante, transcribe el parte médico completo que rindieron los doctores Ramírez Mota Velasco y González Pérez Lete y que es de la siguiente guisa:

Durante el último tercio de la lidia del cuarto toro de la tarde ingresó a esta enfermería el diestro Alfonso Ramírez, quien presenta las siguientes heridas por cuerno de toro: la primera cornada está situada en la cara interna del muslo derecho, al nivel del tercio inferior y con una extensión de catorce centímetros. Interesó piel, tejido celular, aponeurosis y músculos de la región. Las otras dos cornadas que tiene en el muslo derecho están situadas entre sí a una distancia de seis centímetros. Las dos comunican en la misma trayectoria y se dirigen hacia arriba y hacia adentro, interesando piel, tejido celular, aponeurosis y músculos de la región, que es el tercio medio, caras anterior e interna del citado muslo. con una extensión de quince centímetros, de abajo hacia arriba, siguiendo todo el pliegue inguinal. Las cornadas quinta y sexta se encuentran también en el muslo izquierdo y también en el tercio inferior. Ambas tienen un trayecto común hacia arriba y hacia adentro, en una extensión de treinta y cinco centímetros, desgarrando piel, tejido celular, aponeurosis y músculos de la región, teniendo ocho centímetros de profundidad, dejando al descubierto muchos vasos que sangraron en intensidad mediana. La séptima y última cornada está situada en el hipocondrio derecho con una extensión de tres centímetros que interesó piel y tejido celular. Se operó bajo anestesia de pentotal ciclo; se hizo la debridación correspondiente de las heridas, lavándolas con suero fisiológico. Se le aplicó sulfatiazol, afrontándole las heridas, músculos, aponeurosis y piel, dejándole siete tubos de canalización. Transfusión sanguínea. Aplicación de sueros antigangrenoso y antitetánico. De no presentarse ninguna complicación tardará en sanar unos veinte días.

Un parte muy extenso en el que se describen de manera prolija cada una de las siete heridas que sufrió Calesero, en el que llama la atención el hecho de que se haya aplicado sulfatiazol para prevenir la infección de las heridas reparadas, no obstante que ya había penicilina disponible en esa época y la necesidad de transfundirle sangre sin precisar el volumen aplicado.

Años después, en entrevista ex – profeso para el libro Las Cornadas, Calesero contó a Ignacio Solares y Jaime Rojas Palacios lo siguiente acerca de este pasaje de su vida en los ruedos:

Me trajo tanto tiempo entre los pitones, que me dio oportunidad a pensar ¿a quién le habré hecho tanto mal para que este toro me haga tanto daño? Cuando al fin me soltó, me paré y vi que entre las dos vías me salía un río de sangre. Creí que me había roto la femoral. Me quiso dar un shock, pero vino la reacción del hombre; si mi mal tiene remedio, ¿para qué me apuro?, y si no lo tiene… Entré tranquilo a la enfermería. Yo mismo me desamarré los machos, me puse en manos de Dios y me dispuse a que los médicos me “echaran mano”. Pasé las famosas 72 horas entre la vida y la muerte. Tenía mucha fiebre. Los médicos estaban temerosos de que se les hubiera quedado sin explorar alguna trayectoria de tantas heridas. Siempre he sido muy sano y metódico, entregado por completo a mi profesión. Lleno de sol y aire puro, estaba y estoy muy fuerte. Por eso, sané muy aprisa. Reaparecí el 14 de enero siguiente, a las tres semanas de lo de “Trianero” …

Efectivamente, la reaparición fue en la fecha indicada por el torero, en la feria de El Grullo, aún con los puntos en las heridas, toreando mano a mano con Manuel Capetillo y le cortó el rabo a uno de los toros de Lucas González Rubio que sacó en el sorteo y enseguida volvería a la Plaza México el 18 de febrero de 1951, alternando con Fermín Rivera y Carlos Arruza, para lidiar toros de La Laguna.

Iniciaba esta remembranza partiendo de la noción de que a Calesero generalmente se le concibe como un torero de valor medido. Creo que el hecho de haberse levantado de esta serie de cornadas, recibidas en un solo envite y haberse mantenido en un sitio de privilegio en el escalafón mexicano – lo llegó a encabezar los años de 1958, 59 y 60 – desmienten la forma y el fondo de esa concepción.

Alfonso Ramírez Alonso todavía recorrió los ruedos de México y de América del Sur durante casi dos décadas más, escribió en esos tiempos algunas de las páginas más grandes de su historia, como la de la tarde del 10 de enero de 1954, cuando el atildado y puntilloso Carlos León lo postuló para un hipotético Premio Nóbel del Toreo; o la del 18 de enero de 1959, allí mismo en Guadalajara, con el toro Yuca de Tequisquiapan, esa tarde en la que don Nacho García Aceves dijera que si Calesero” toreara así todos los domingos, sería dueño del Banco de México, o la del 25 de abril de ese mismo año, aquí en su tierra y otras muchas que ahora se me escurren de la memoria.

Un torero de valor medido no se habría quedado en los ruedos tanto tiempo, y sin embargo Calesero permaneció y permanece todavía entre nosotros, siempre habrá, cuando se necesite un referente del torero artista, que recurrir al justamente llamado Poeta del Toreo.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Los giros de la fortuna (V)

Jesús Arias Montes. La voluntad de querer ser

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Jesús Arias Montes nació en Atoyac, Jalisco el 10 de octubre de 1928. Se presentó como torero en público en 1946, a los 18 años. Su presentación no oficial en El Progreso de Guadalajara se dio el 10 de octubre de 1954. Para ese domingo don Nacho García Aceves ofreció a la afición una novillada en la que alternaron Eliseo El Charro Gómez, Manolo Barbosa y el portugués Joaquim Marques ante novillos de Cerralvo. La novillada se suspendió por lluvia durante la lidia del tercero de la tarde que se quedó en el ruedo. La crónica del diario El Informador de Guadalajara, del día siguiente del festejo, dice brevemente:

...En cuanto el aguacero amainó un poco, se echaron al ruedo anegado los espontáneos a jugarse la vida con el toro. El primer espontáneo pudo ser sacado. El primer espontáneo pudo ser sacado, pero en cuanto se arrojaron varios, uno de ellos se impuso con una muleta, con la que demostró facultades y descubrió que el de Cerralvo era un novillo digno de una buena faena...

El espontáneo de la muleta era precisamente Jesús Arias, quien curtido ya en ferias patronales y novenarios tuvo esa oportunidad y la aprovechó y seguramente fue visto por El Teco Topete, ojos y oídos de don Nacho en esa plaza, a quien le transmitió las posibilidades de ese joven aspirante a torero.

Un prometedor principio

Así, el 6 de marzo de 1955 Jesús se presenta ya anunciado en el cartel y vestido de luces, junto a Alfonso Lomelí y a Jorge Carrillo Chavalillo en la lidia de novillos de Los Lobos, cortando una oreja, Eso le valdrá repetir al siguiente domingo para enfrentar novillos de Peñuelas junto a Manuel Ochoa y Jorge Montaño Ojitos.

Esos éxitos le darían a don Ignacio García Aceves para esa temporada novilleril cartas con que jugar, tenía al de Cañadas, Alfonso Lomelí; también a Paco Castro; asomaba la cabeza Manolo Barbosa; Rubén Aviña tenía una tormentosa relación con la afición tapatía y de fuera venían José Ramón Tirado, Rodolfo Palafox, Emilio Rodríguez o Romerita a formar carteles que le llevaban a la gente a la plaza.

Así, Jesús Arias – Chucho Arias en los carteles – torearía en ese año de 1955, 5 de las 27 novilladas que diera don Nacho en El Progreso, la última de ellas, fue la que produjo el giro de la fortuna en la existencia de Jesús Arias Montes.

Aragonés, número 58, negro zaino, sexto de la tarde...

Para el domingo 11 de noviembre de 1955, se anunció un encierro de Cerralvo – entonces propiedad de don Felipe Padilla – para Óscar Rivera, Antonio Gómez y Jesús Arias. Era la quinta actuación de Jesús en ese calendario. La crónica sin firma aparecida en el diario El Informador de Guadalajara del día siguiente del festejo, entre otras cosas, dice lo siguiente:

Hay ocasiones en que no se siente gana alguna de hacer la reseña de una corrida de toros, pero la obligación está antes que los sentimientos humanos, y ahora es una de esas ocasiones. Todavía cuando la corrida resulta mala y sale uno aburrido, ya sea por la apatía de los toreros, la mansedumbre del ganado o algún otro incidente que se registre en el transcurso del festejo, pasa, pero ayer, cuando el público estaba más animado, viendo el nacimiento de un nuevo valor, que quizá sea el torero que tanta falta hace, saboreando la clase y el valor que estaba enseñando el matador, posiblemente haya asistido también a la muerte de un torero más, y sinceramente deseamos equivocarnos sobre esto, ya que Chucho Arias estaba enseñando clase y valor, y sobre todo, su gran casta y celo profesional. Al terminar una tanda de derechazos, se engolosinó con los fuertes aplausos y la música que en su honor se escuchaba, y posiblemente sin darse cuenta, se metió en el terreno del toro, y éste lo único que hizo fue sentir la pierna del torero sobre el cuerno, alargar la gaita y prenderlo de manera impresionante...

La crónica no proporciona parte médico, pero en el libro escrito por Federico Garibay Anaya y Guillermo Ramírez Parra, titulado Drama y Tragedia en la Fiesta en Guadalajara, se relatan las características y extensión de la herida sufrida por Jesús Arias Montes. Sufrió el arrancamiento de la arteria femoral profunda y un severo shock hipovolémico. Conforme a la costumbre de la época, se le practicó la primera intervención en la enfermería de la plaza, pero los doctores Ramírez Mota Velasco y González Pérez Lete, seguramente comprobaron que con el procedimiento ordinario de ligar los cabos del vaso arrancado la circulación de la pierna la circulación no se restablecía de manera adecuada, intentaron otro procedimiento, asistidos por los cirujanos vasculares Alfonso Topete y González Cornejo:

...por haber sufrido la cornada a las puertas mismas de la enfermería y por la coincidencia de poder contar con los eminentes médicos Alfonso Topete y González Cornejo, es que el doctor Pérez Lete llamó a la de Chucho Arias “una cornada de suerte”. Los especialistas le aplicaron el injerto de la arteria y pasadas veinticuatro horas, comenzaron poco a poco a manifestarse los alentadores efectos de tan certera medida...

El miembro se había salvado y en principio, se pensó que el torero también, pero... Jesús Arias manifestaba sentir un dolor insoportable en la pierna herida y los médicos lo encontraban explicable por la tremenda cornada que había recibido. Pero en realidad tenía otra explicación, cuando le pusieron de pie para dar unos pasos, sintió un fortísimo dolor en el pie, tomaron placas radiográficas y descubrieron una fractura que ya había comenzado a soldar causando un daño irreversible. Cuentan Garibay Anaya y Ramírez Parra citando a doña Carmelita Madrazo:

"...fue culpa de nosotros. Como la cornada había sido gravísima..." los médicos se avocaron exclusivamente a atenderla, sin sospechar siquiera la existencia de un traumatismo menor y de fácil - con el oportuno reconocimiento - tratamiento. La fractura que tardíamente descubrieron se localizaba en el calcáneo y el tendón de Aquiles ejercía una presión hacia arriba que produjo una retracción en la pierna (Y por si la pierna de Chucho no hubiera sufrido pocos daños a causa de la cornada, agréguense un par de accidentes motociclísticos) ...

Esa fractura fue al final la que terminó por quitar a Jesús Arias Montes la posibilidad de luchar por ser una figura del toreo. A partir de ese momento, tendría que replantear que hacer con su existencia.

Para el 8 de diciembre de 1955, el empresario de El Progreso organizó una novillada a beneficio de Jesús Arias. Alternaron ante novillos de Los Lobos, Manolo Barbosa, Rubén Aviña, Rodolfo Palafox, Alfonso Lomelí, Jesús Delgadillo El Estudiante y Amílcar Campos. En este festejo Palafox cortó una oreja al tercero y El Estudiante fue herido por el quinto. La entrada fue buena sin llegar al lleno y antes del sorteo, por la mañana se develó una placa en homenaje a los médicos de plaza que atendieron a Jesús Arias.

Cuenta Conchita Cintrón que, con la recaudación del festejo y una aportación de la empresa, se estableció un fideicomiso para que el torero caído pudiera reencaminar su existencia con menos sobresaltos.

Quiero ser como ese hombre…

Cada vez que se le pregunta a Jesús Arias Montes cuál era su pensamiento en ese momento, su respuesta es siempre la misma:

Ya que no podré ser torero, que es lo que yo más anhelaba en esta vida, quisiera asemejarme a ese hombre. “Ese hombre”, era el doctor Mota Velasco...

En una conferencia pronunciada en septiembre de 1979 durante la Semana Taurina que se celebró en el Ágora del ex – convento del Carmen, Jesús Arias Montes, ya un Cirujano General de prestigio y Profesor Universitario, manifestó lo siguiente:

Ya que me vi imposibilitado para volver a torear, bastantes personas procuraban levantarme los ánimos. Me insistían en que no abandonara mis estudios. A mí me daba vergüenza asistir a clases, tan grandote entre puros chiquillos. Además, mi situación era dificilísima, pobre, enfermo, sin... aliento... seguí estudiando, – continuó Chucho llevándose a los ojos un pañuelo – y a duras penas terminé la secundaria y luego el bachillerato. Después la ingresé a la Escuela de Medicina y a base de enormes sacrificios económicos conseguí al fin terminar la carrera...

La dedicación de Jesús Arias Montes le permitió compartir el Palco de Médicos de las plazas de toros de Guadalajara con sus maestros Ramírez Mota Velasco y González Pérez Lete un buen número de años y, además, prestar sus servicios en algunas plazas de otros lugares de Jalisco y de entidades circunvecinas. Allí le correspondió encontrarse con la otra muerte en el ruedo, cuando el 13 de enero de 1980, en Coquimatlán, Colima, un toro de San Felipe Torresmochas segó la vida del banderillero José Hernández Ríos El Chato de Tampico con una cornada en el cuello que le partió la carótida y la yugular.

El giro de la fortuna para el doctor Jesús Arias Montes fue positivo, y lo fue para la fiesta también. Visto lo que logró en un estado de tribulación, seguramente vestido de luces, habría llegado a ser figura del toreo.

Retales de información de la misma fecha

En la Plaza México, durante la novillada del Estoque de Plata, Raúl Márquez resultó con una cornada que le atravesó el muslo izquierdo, causada por el novillo Florero de Zotoluca. Escapó de la enfermería, mató al causante del desaguisado y se llevó el trofeo en disputa y un premio de diez mil pesos ofrecido por la empresa.

En Orizaba, Miguel Ángel García fue herido por el primero de su lote en la región testicular, en corrida que toreaba con Cayetano Ordóñez, que se quedó con toda la corrida. Actuó también a caballo, Gastón Santos.

En Barcelona, Jaime Bravo fue herido en la plaza de Las Arenas por el segundo novillo de su lote de Lisardo Sánchez, llamado Caballero, número 57, en la región inguinal derecha, con dos trayectorias, sin afectación de los paquetes vasculares de la región. Había cortado el rabo al primero de su lote. Alternaba con Miguel Ortas y Luis Parra Parrita y por delante salió el rejoneador Ángel Peralta que enfrentó un toro de don Joaquín Buendía.

Sin duda, ese 6 de noviembre de hace 65 años, fue un domingo verdaderamente sangriento…

Aldeanos