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domingo, 10 de enero de 2021

El Premio Nobel del Toreo

10 de enero de 1954. Calesero realiza la mejor tarde de su carrera en la Plaza México

El Premio Nobel se instauró a finales del siglo XIX para galardonar e incentivar las investigaciones y avances en la ciencia. También se incluyó una vertiente artística en el mismo al establecerse uno para la literatura, entendiéndose que todos esos avances y obras literarias tendrían que haber aportado algo a la humanidad. 

Es curioso que esos premios se concentren en disciplinas científicas y solamente uno de los seis que se entregan – en 1968 se creó uno para las ciencias económicas – se destine a las artes, siendo quizás que, en la evolución de la humanidad, las artes expresan mejor el ser y el sentir de lo que somos y se alejan de las implicaciones políticas que la mayoría de los que se otorgan tienen.

No voy a defender el otorgamiento de un Premio Nobel para el toreo. Entiendo y acepto que su propuesta fue un ditirambo de Carlos León, cronista en su día del diario Novedades de la Ciudad de México, pero ese aparente desatino ilustra la necesidad de que quienes otorgan ese tipo de galardones volteen sus ojos a la fiesta, y se enteren de que allí hay una manifestación artística que merece ser valorada y por qué no, recompensada.

La enorme hazaña de Calesero

Alfonso Ramírez Alonso, natural de la Triana de Aguascalientes, era uno de los toreros que hicieron la transición de El Toreo de la Condesa a la Plaza México, pues recibió en el antiguo coso la alternativa el 24 de diciembre de 1939. Era conocido por su extraordinaria clase y por su creatividad con el capote, pero en las plazas de la capital no había redondeado una tarde. Podría afirmarse, sin afán peyorativo, que apuntaba, pero no disparaba, aunque en plazas como Guadalajara o Aguascalientes tuviera tardes redondas que le mantuvieran en el ánimo de la afición e hicieran que se le esperara una temporada y la otra también.

Ese domingo 10 de enero de 1954 le correspondieron dos toros de Jesús Cabrera que por su orden de salida se llamaron Campanillero y Jerezano y con ellos Calesero se encontró con su toreo y se encontró con la afición de la capital mexicana. Solamente les cortó una oreja por un mal manejo de la espada, pero lo que les hizo con la capa, las banderillas y la muleta sigue allí y si algún día se hiciera un recuento de las grandes faenas hechas en el ruedo de la Plaza México, al menos una de ellas sería tomada para esa relación.

Decía al principio que Carlos León, del extinto diario Novedades, propuso un Premio Nobel del Toreo. Pues para recibirlo designó a Calesero precisamente en esta tarde. Lo hizo en sus Cartas Boca Arriba, dirigida en esta ocasión a don Rodolfo Gaona, y entre otras cosas, le refiere lo siguiente:

El Calesero saturó de arte a la Plaza México; cortó una oreja, pero merecía el Premio Nobel de la torería

…Maestro, es necesario que usted vea torear a Alfonso Ramírez, ese extraordinario artista, que al fin, ha redondeado en la capital, una actuación inolvidable…

… ¡Qué alegría siente el aficionado cuando triunfan los auténticos artistas del toreo! Estoy seguro de que usted, si hubiera contemplado lo que en los tres tercios de la lidia realizó el diestro hidrocálido, habría sentido una gran emoción estética y, muy en lo íntimo, la satisfacción de ver el resurgir a quien es capaz de seguir su escuela y continuar el dogma artístico que usted dejó como ejemplo de lo que debe ser el arte del toreo…

A partir de los lances sedeños con que saludó a ‘Campanillero’, lances de una suavidad y de un temple exquisitos, empezamos a saborear el resurgimiento de este gran torero que sublimó en esta fecha memorable la limpia ejecución de las suertes. Ese quite con dos faroles invertidos, una chicuelina y el clásico remate de la larga cordobesa, llenaron la plaza de sabor a torero. Y por ahí siguió, alegre y variado, finísimo en todo instante, como en la gallardía con que citó para un par al quiebro, marcando la salida y saliendo deliberadamente en falso, para inmediatamente volver a citar y dejar al cuarteo un par perfecto que aún ligó con un rítmico galleo…

…Y hoy, ¡con qué alborozo me he unido al clamor popular, celebrando el renacimiento de un auténtico torero!…

Pues así ha ocurrido maestro, en esta inolvidable tarde. Cuando salió ‘Jerezano’, el quinto del encierro, todavía Alfonso Ramírez iba a superarse. La suavidad de aquellos lances a pies juntos y la lentitud que puso en las chicuelinas para rematarlas con un recorte teniendo ambas rodillas en la arena, volvieron a poner de relieve que nos hallábamos ante un artista de los que se ven pocas veces. Descubierto y en los medios, Alfonso tuvo que agradecer la ovacionaza que premiaba su excelsitud con el capote.

Clavó un solo par, al cuarteo, y no es exagerar si decimos que usted mismo lo hubiera rubricado como propio, por la majestad y la exposición con que el hidrocálido cuadró en la cara y alzó los brazos. Luego brindó al doctor Gaona; al empresario que tendrá que poner al Calesero todos los domingos de lo que resta de la temporada. Y salió de hinojos, para iniciar su trasteo con tres muletazos dramáticos. Pero en seguida, ya de pie, volvió a bordar el toreo. Sobre todo, allí quedaron dos series de naturales que nadie – así: ¡nadie! – ha trazado con más naturalidad y mayor lentitud desde los buenos tiempos de Lorenzo Garza en 1935.

Sin suerte con la espada, se le fueron las orejas de ‘Jerezano’. Pero otra vez ha dado dos vueltas al ruedo y ha saludado desde los medios, en una apoteosis inacabable.

…Y luego ha salido en hombros, consagrándose de la noche a la mañana como el artista de más clase de cuantos hoy por hoy visten el traje de torero...

Si solamente tuviéramos a la vista esta crónica, pudiéramos pensar que Carlos León vio algo parecido a un espejismo. Pero afortunadamente el maestro Julio Téllez, en la obra que el Gobierno de Aguascalientes dedicó al Poeta del Toreo, cita otra crónica, aparecida ésta en el diario El Universal, sin firma, en la que se manifiesta entre otras cuestiones esto:

Alfonso Ramírez lo hizo todo, y todo con una inspiración y una belleza insuperables; cortó una oreja y fue paseado en hombros por las calles de la capital.

Alfonso Ramírez, Poeta del Toreo; porque eso ere tú Alfonso – nada más, en toda su sencilla inmensidad – ¡El Poeta del Toreo!

Teníamos empañada la visión de las cosas, como la tenemos siempre, porque las miramos con tristes ojos de adulto, que presumen de ya saber, de ya conocerlo todo. Y lo que pasa es que hemos olvidado al niño que en nosotros quedó atrás, y que fue asomándose al mundo con ojos nuevos, sorprendidos, jubilosos de cada encuentro y de cada hallazgo.

Hemos olvidado, olvidamos casi siempre al poeta que quedó atrás, allá en la infancia lejana. Porque dicen – y tú debes saberlo bien Calesero – que ser poeta es volver a ser niño. Que es crear, volver a crear en nosotros aquella mirada de sorpresas y de júbilo fresco ante el mundo, ante todas las cosas: el sol y las aves, la rosa y el agua.

Las vemos todos los días, y porque creemos presuntuosamente conocerlas, se nos quedan sólo en la mirada, y no nos penetran hasta la raíz del alma, ahí donde se halla el verdadero conocimiento, la comprensión auténtica, emocionada e íntima. Ahí donde sabe llegar el poeta, para comprender, para sentir la música oculta y ofrecérnoslas luego, y hacernos el regalo de su propia emoción, de su comprensión, de su inspiración, en suma.

Ahí donde llegaste tú ayer, Calesero poeta.

¿A que seguir? ¡Todo el toreo, de rodillas y de pie, por verónicas y chicuelinas, en las largas cordobesas y en las vitaminas, en los derechazos y en los naturales, en los remates y en los desplantes, nos los diste como poeta: como cosas nuevas, frescas, estrenadas ahí mismo, descubiertas en ese momento, desconocidas -o mejor, reconocidas en su perfil primero, en su sabor inicial, ¡en su autenticidad más honda…!

Así pues, podemos advertir que esa tarde del 10 de enero de 1954, Calesero conmovió las estructuras del toreo hasta sus cimientos. 

Cuenta don Julio Téllez, testigo también de esa tarde:

¿Por qué esa gran emoción? ¿Por qué esa locura colectiva? Todo era como un gran juego de niños; remataba de rodillas, y la gente se paraba gritando. Pegaba una seria de naturales y la gente de pie enloquecida se miraba entre sí diciendo: “Esto no puede ser”. Y la locura final, con aquella cadenciosa larga cordobesa. ¿Cuántos años hace que no ven algo parecido?, nos preguntaban los compañeros de tendido.

Salimos de la plaza exhaustos, felices, por primera vez vi a mi padre con una alegría que no le conocía, y a boca de jarro le pregunté: ¿El Calesero es el mejor torero del mundo? ¡Hoy lo fue!, y cada vez que toreé en esta forma, lo será, me contestó…

Creo que está claro por qué Carlos León propuso un Premio Nobel para el toreo y a Alfonso Ramírez Calesero para recibirlo.

El predicamento inicial de la corrida

Inicialmente, el interés del festejo se depositó en la reaparición de Fermín Espinosa Armillita, que volvía a la gran plaza después de haber toreado allí su despedida el 3 de abril de 1949. El Maestro había iniciado lo que resultaría ser una breve campaña de retorno el 20 de diciembre anterior en Aguascalientes alternando con el propio Calesero y Antoñete.

Esa temporada del regreso de Armillita constaría de quince festejos y concluiría el 5 de septiembre en Nogales. Dos de esas corridas se verificaron en el extranjero, una en Bogotá y otra en Arles.

El tercer espada del cartel fue Jesús Córdoba, quien fue herido por Gordito, el primero de su lote durante la faena de muleta y pasó inédito esa tarde. Fue la tercera de una racha de cuatro cornadas consecutivas que el llamado Joven Maestro sufrió en la Plaza México.

Para terminar

Dijo don Francisco Madrazo Solórzano acerca del propio torero: Cuando los artistas se enfadan y les sale un toro a su modo, cuidado con ellos, porque no perdonan… 

Probablemente Calesero sorteó el mejor lote esa tarde, pero indudablemente que no se trata únicamente de llevarse los mejores toros, sino de saber que hacer ante ellos. Y Calesero lo hizo, por eso hoy, sesenta y siete años después, se le sigue recordando, entre otras cosas, por esa señalada tarde. 

domingo, 10 de noviembre de 2019

Detrás de un cartel (XV)

La confirmación madrileña de Juan Espinosa Armillita

Colección: Biblioteca Digital de Madrid
Juan Espinosa Saucedo fue el primer Armillita en alcanzar la dignidad de matador de toros. Su recuerdo en la memoria colectiva reside como parte de la mancuerna de extraordinarios hombres de plata que formó con su hermano Zenaido en la cuadrilla de su hermano menor Fermín, integrando una de las mejores cuadrillas que ha conocido la historia del toreo, sin embargo, su paso por los ruedos como jefe de cuadrillas tiene momentos interesantes que vale la pena traer al recuerdo.

Acerca de la carrera de Juan Armillita escribió Rafael Solana Verduguillo:
Es un buen torero fundido en los moldes antiguos, pero con mucha personalidad, no tiene la finura de Ortiz ni de José Flores, ni de Cayetano González, pero tiene mucho sentido del toreo. Es valiente, se pasa los pitones cerca; apunta un gran banderillero. 
Se abre paso Juan, con la cooperación de la mala suerte de Pepe Ortiz y las disipaciones de José Flores. Tiene Armillita un numeroso grupo de partidarios... 
Juan Espinosa Armillita fue el triunfador de esa temporada chica de 1924 y a principio de la temporada formal, la última del Califa de León, recibió la alternativa de manos de éste, con todos los honores. 
Buen torero Juan Armilla, se malogró a causa de una terrible cornada que recibió en una plaza española. Se hizo banderillero, y varios años estuvo en la cuadrilla de su hermano Fermín...
Es un breve resumen de su paso por los ruedos. Por mi parte, ya hice algunos apuntes biográficos en esta ubicación y por esta oportunidad me ocuparé de la confirmación de su alternativa española en Madrid.

La alternativa hispana

Si bien Juan Espinosa había sido doctorado por Rodolfo Gaona en El Toreo de la Condesa el 30 de noviembre de 1924, con la cesión del toro Costurero de Zotoluca en presencia de Antonio Márquez, al emprender el viaje a España, esa alternativa no le fue reconocida, razón por la cual tuvo que recibirla nuevamente en Talavera de la Reina el 16 de mayo de 1925. Le apadrinó Marcial Lalanda en festejo que torearon mano a mano. El ganado anunciado fue de Justo Puente, antes Vicente Martínez, pero las crónicas del festejo indican que el toro de la ceremonia fue de la señora Viuda de Ortega. De la actuación de Armillita esa tarde, para el Heraldo de Madrid, escribió lo siguiente Federico Morena bajo el seudónimo de Chatarra:
...El toro de tu alternativa – le anunciaron – pertenece a la Viuda de Ortega. 
Ese – respondió – es un accidente sin importancia. 
Y en efecto, aunque el toro no estaba para dibujos, como suele decirse, Espinosa le tomó de capa valerosamente y ciñóse con él en varios lances a la verónica que levantaron una tempestad de aplausos. 
– ¡Viva Mejico! – se oyó decir en las graderías. 
Cambiado el tercio, Espinosa tomó las banderillas. En esta suerte, al decir de los mejicanos, no tiene rival. Dicho queda que no permitía el astado florituras. Empero le clavó Armillita un par soberbio en las mismas péndolas. Fue algo así como un pequeño anticipo que plugo al rey del arponcillo hacernos en la fecha de su alternativa. 
La característica de la faena con el trapo rojo fue el valor, un valor frío, sereno, que le permitió sortear impávido los peligros de un bruto que no era ciertamente un dechado de nobleza; pero hubo además una serie de muletazos magníficos, oro de ley de 18 kilates. 
Y cuadró el toro. Armillita perfilóse sobre corto y avanzó con deseo de matar bien. ¿Qué importa si la espada quedó vertical y unas mijitas delantera? Así lo entendió, como nosotros, el pueblo soberano, que hubo de conceder al neófito el galardón supremo; la oreja de la víctima. 
Espinosa dio la vuelta triunfal y saludó en fin, desde los medios. 
Talavera de la Reina, la ciudad hidalga, había dado al toreo, a modo de cumplida reparación, un lidiador excepcional, ya que no, como Joselito, un lidiador único...
Grata impresión causó Juan Espinosa en su presentación en ruedos españoles, haciendo válida la publicidad que le precedió en la que se le anunciaba como el heredero de Gaona y dejó desde el inicio el interés de seguirle viendo por las posibilidades que apuntaba su hacer en los ruedos.

La confirmación en Madrid

La revalidación de la alternativa de Talavera se programó para el 20 de septiembre de ese 1925. Le apadrinaría Serafín Vigiola Torquito y sería segundo espada José Roger Valencia. El encierro que se anunció era de Florentino Sotomayor, de Córdoba. Al final solamente se lidiaron cinco de los inicialmente anunciados, puesto que uno de ellos se inutilizó en los corrales, siendo sustituido por uno de José Bueno, antes Albaserrada, que fue el que abrió el festejo y que se nombró Rebozado.

Varias son las crónicas del festejo que localicé y que detallan una lucida actuación de Juan Espinosa en esa señalada fecha. En primer término cito la que publicó el diario madrileño el Heraldo del día siguiente al del festejo, firmada por Ángel Caamaño El Barquero, que en lo medular dice:
Armillita. – Por ser la primera vez que le hemos visto ante los toros, cae dentro de nuestro sistema de no juzgar definitivamente por la primera exhibición. Vimos, sin embargo, en él cosas tan estimables, que aunque no repita merecen ser consignadas. Ellas son: vista para enmendarse capoteando a bueyes inciertos como el primero; dominio absoluto y grandioso del asunto banderilleril, demostrado con todas las excelencias en el primer par al cornúpeto que rompió plaza, y en el inmensísimo que clavó al último; inteligencia para medir las faenas de muleta (breves ambas, la una por mansedumbre de uno de los enemigos y la otra por acabamiento del otro) y decisión al meter el brazo de la espada. 
Quien hace todo eso, y en ello pone maneras y no se acobarda ni se duele en lances como el que le ocasionó el toro sexto, y, en fin, pisa tranquilamente la arena sin hacerse un lío ni ofrecer una vacilación, no es lógico emparejarle con la diosa casualidad. Al tiempo confiamos la afirmativa o la negativa. Esperemos pues...
La versión de quien firma como Rafael en el ejemplar de La Libertad aparecido el 22 de septiembre siguiente, es en el sentido que sigue:
El mejicano Armillita es de los pocos que ha venido a España modestamente, sin fantasías ni reclamos a la americana, para someterse al fallo del público y recibir su placet. Tomó la alternativa en Méjico de manos de Gaona, y luego, más respetuoso que muchos toreros nacionales con los prestigios de la plaza de Madrid, vino a que el público español rubricara su doctorado en la más importante de todas sus plazas, y aceptó para ello una corrida dura y difícil como suelen ser las del ganadero cordobés D. Florentino Sotomayor. Todas estas consideraciones debió tenerlas el público en cuenta, porque al hacer el paseo fue saludado el mejicano con cariñosas palmas de simpatía, que debieron quitarle el miedo, si es que lo tenía, a esa severidad que la leyenda adjudica a los aficionados madrileños. 
No fue la alternativa de Armillita todo lo brillante que hubiera podido ser, dadas las buenas condiciones que apuntó el muchacho; pero lo que no tuvo de brillantez ganó de efectividad para los efectos de comprobar la capacidad taurina del nuevo doctor. Luchando con toros difíciles, con el aire, que soplaba fuerte, y con ese natural azoramiento que producen todas las ceremonias, por sencillas que sean, logró Armillita ser ovacionado y dar la vuelta al ruedo después de la muerte del primer toro, un marrajo de D. José Bueno, grande y difícil, y ser aplaudido también en la muerte del que cerró plaza, así como en cuantos quites tuvo ocasión de hacer. 
Párrafo aparte merece su labor como banderillero. En la corrida del domingo demostró Armillita que si como torero es, después de Gaona, de lo mejor que ha venido de Méjico, con las banderillas puede emparejarse con aquel. Los tres pares que clavó al primer toro, uno de poder a poder, otro de frente y otro por los terrenos de dentro, fueron tres pares de maestro por la ejecución, el valor y la seguridad que demostró, ya que el toro no era una pera en dulce ni mucho menos...
En el sentido de que Juan Armillita demostró ser un avezado banderillero, también se pronunciaron Corinto y Plata en La Voz, Federico M. Alcázar en El Imparcial, César Jalón Clarito en El Liberal y M. Reverte en el ABC.

El encierro

La corrida a lidiarse no era de las consideradas fáciles. Como podremos leer a continuación, enfrentar los de Sotomayor tenía su dificultad añadida. Como ejemplo, recurro a la apreciación de Clarito, que para El Liberal del 22 de septiembre escribió:
Como ocurre más de una vez con las corridas «pregonadas», la de Sotomayor, que llevaba en los prados de la empresa desde el mes de abril, resultó punto menos que inofensiva. Sólo salió a la plaza un toro verdaderamente manso y de lidia peligrosa, por lo que se defendía y acechaba el momento de «hacer carne», y para eso no pertenecía a la vacada cordobesa; era un sobrero de D. José Bueno, que sustituyó a un inútil y que rompió plaza por respetar la absurda costumbre de que también con los sobreros se considere el turno de antigüedad... 
El Sr. Sotomayor ha encastado sus reses, hasta hace poco de media sangre miureña, con Parladé. Buen andaluz, hablará de las excelencias de los Miura ganaderos; pero luego, a la chita callando, irá «echando abajo» todo lo que en su vacada conserve las características de Miura, guardándose y reforzando lo que trascienda a Ibarra...
En ese año de 1925 Juan Espinosa inició su camino como matador de toros, mismo que andaría hasta el año de 1933, cuando cambiaría el oro por la plata y se integraría a la cuadrilla de su hermano Fermín, misma en la que permanecería casi hasta el final de su carrera.

Vuelvo a traer aquí algo que ya había citado y que escribió el biógrafo del Maestro Fermín, don Mariano Alberto Rodríguez, acerca de Juan Espinosa Armillita:
...Juan tenía el toreo en la cabeza y fue un eficaz peón de brega. Con los toros difíciles el capote de Juan fue látigo y tralla para domeñarlos, quitarles resabios, toreando sin enseñarles malas ideas. Solía cambiar los toros de tercio con el capote a dos manos, moviéndolo rítmicamente mientras se movía hacia atrás. En el sitio en que lo quería su matador entraba el capote de Zenaido y cortaba el viaje del toro. La colocación de aquella pareja de Juan – Zenaido fue única…
Juan Espinosa falleció en la Ciudad de México el 24 de mayo de 1964.

Aviso parroquial: Los subrayados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanunense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 27 de octubre de 2019

Chicuelo y Dentista de San Mateo (I/II)

Chicuelo y Dentista de San Mateo
Foto: Luis Reynoso - Toros y Deportes
26 de octubre de 1925
José Alameda escribe que una de las piedras angulares de la faena de muleta moderna es la faena que Manuel Jiménez Chicuelo realizó en El Toreo de la Condesa el domingo 25 de octubre de 1925 al toro Dentista de San Mateo. En esa tercera corrida de la temporada 1925 – 26, el llamado Torero de la Alameda de Hércules alternaba con Juan Silveti y el valenciano Manolo Martínez, apodado El Tigre de Ruzafa. Ya me he ocupado en estas mismas páginas de las otras dos partes del tríptico que concluye la revolución que iniciaron Gallito y Belmonte, cuando el mismo Chicuelo se enfrentó a Lapicero, también de don Antonio Llaguno y a Corchaíto de don Graciliano Pérez Tabernero. Hoy me ocupo de la tercera pieza del puzzle, aunque no precisamente en su orden cronológico.

Después de Gaona

Algo más de seis meses habían pasado desde que Rodolfo Gaona dijera adiós a los ruedos. Y no me cuesta afirmar que al inicio de esa temporada 1925 – 26, la afición de la capital mexicana era presa de un sentimiento de orfandad. Cuando menos desde el ciclo 1920 – 21 y hasta ese 12 de abril de 1925, El Indio Grande era el eje y el factótum de las cosas de los toros en la Ciudad de México y en las plazas mexicanas, y cuando se tuvo que anunciar la primera temporada en la que con seguridad este torero no estaría presente, empresa y afición se enfrentaron a un enigma que era de complicada resolución.

Los toreros anunciados como base de la temporada fueron los hispanos Ignacio Sánchez Mejías, José García Algabeño, Cayetano Ordóñez Niño de la Palma, Manuel Jiménez Chicuelo, Manolo Martínez y José Gómez Joseíto de Málaga y por los nacionales, Luis Freg, Juan Silveti, Pepe Ortiz y Salvador Freg, con el compromiso de mejorar el cartel conforme fuera avanzando la temporada.

A diferencia de la etapa de Gaona, el peso de la temporada ahora recaía sobre los toreros hispanos, aunque ellos llegarían conforme esta fuera avanzando. Tanto así, que Silveti toreó las tres primeras fechas seguidas y Joseíto de Málaga las dos primeras. Chicuelo fue el primero en llegar a suelo patrio y el primero en encender hogueras.

La tarde de Dentista

Fue una tarde accidentada. Más adelante me ocuparé del asunto de los toros, pero adelanto que de los seis de San Mateo, solamente se lidiaron cuatro. Dos fueron rechazados por el público por su escasa presencia. Y aunque el gran triunfo y hazaña de Chicuelo quedaron para la historia, también quedó escrito el hecho de que la corrida enviada por don Antonio Llaguno careció de la presencia necesaria para ser lidiada en la principal plaza de toros de esta república.

Dentista fue el quinto toro de la corrida. Encontré tres relaciones de lo sucedido entre Chicuelo y él. Voy a citar primero la aparecida en el semanario Toros y Deportes aparecido el día siguiente al del festejo, firmada por Rafael Solana Verduguillo, que es, en lo que interesa, en los términos siguientes:
... Lo grande, lo maravilloso, lo indescriptible fue en el quinto. Desde que salió “Dentista” que tal era el pintoresco nombre que don Antonio Llaguno había puesto a su bravo pupilo, todos dijimos: Ahora va lo bueno. 
¡Qué lances a la verónica! Erguido el torero, majestuoso el conjunto, grandioso el momento en que la fiera pujante y el artista se reunían. En los lances por el lado derecho, el diestro abría un tanto el compás; cargando la suerte porque notó que el toro ceñíase por ese lado; en cambio, en las verónicas por el izquierdo, “Chicuelo” conservaba los pies juntos clavados en la arena, despegándose al enemigo con un ligero movimiento de muñeca que bastaba para imprimir al capote ondulaciones vistosísimas y graciosas. Fueron ocho verónicas que provocaron otros tantos alaridos de la multitud, ¡”Chicuelo”, eres inmenso!... 
Cuando “Chicuelo” sin brindar a nadie, salió a contender con “Dentista”, reinaba en la plaza un alboroto tremendo. Todos sabíamos que el maestro iba a hacer una faena de las grandes, pero ni por la mente nos pasaba que llegara a ser lo que nuestros ojos tuvieron la dicha de ver. 
El muletazo inicial fue un natural con la zurda, siguió otro natural imponente por el temple y valor derrochado, y luego otro más enredándose el toro a la cintura. 
Ya estamos todos de pie. Imposible resulta seguir paso a paso la faena, porque el cronista se olvida de la obligación que tiene de anotar en su carnet los detalles, y arrojando papel y lápiz se dedica a gozar del espectáculo en toda su grandiosidad. 
Confórmese el lector que tuvo la desgracia de no presenciar esa faena con una ligera impresión de ella, condensada en cuatro adjetivos VALIENTE, ELEGANTE, SOBRIA, CLÁSICA. 
No hubo en el maravilloso muleteo un solo detalle de chabacanería ni un desplante de relumbrón, ni siquiera un tocamiento de testuz, ni tampoco vueltecitas de espaldas y sonrisas con el público. No. Lo que hubo fue mucho arte, mucho valor, mucha esencia torera. Lo que hubo fueron VEINTICINCO PASES NATURALES, todos clásicamente engendrados y rematados, provocando con la pierna contraria, dejando llegar la cabeza hasta casi tocar los pitones la barriga del lidiador y en ese momento, ¿me entienden señores? en ese momento desviar la cabezada mientras el resto del cuerpo del toro seguía su viaje natural y pasaba rozando los alamares de la chaquetilla... 
Y para qué decir más. Imagínese el lector la faena más meritoria, la más artística, la más apegada a las reglas del toreo, la más completa en todos los sentidos... Yo juro que en los veinte años, jamás me había entusiasmado como ahora... 
Tres pinchazos y un estoconazo hasta la pelota rubricaron la gloriosa hazaña. El ruedo se alfombró materialmente con sombreros, abrigos y otras prendas. Millares de pañuelos ondeaban en las diestras de los espectadores y el Presidente concedió las dos orejas y el rabo... 
¡Qué grande eres “Chicuelo”!...
A la crónica de Verduguillo puedo señalarle que no señala lo esencial, el hecho de que Chicuelo toreó ligado al natural. Habla de toreo clásico y aunque el hecho de que contabilice veinticinco pases naturales puede hacer pensar entre líneas que existió ligazón, no lo deja dicho de manera expresa, como cuando narró la faena de Lapicero. El cronista se dejó llevar por la emoción – en su texto lo confiesa – y no deja para la posteridad, insisto lo esencial del momento vivido.

Una segunda versión es lo que se publicó también el 26 de octubre siguiente en el diario El Siglo de Torreón, sin firma. Es del tenor siguiente:
El quinto es de San Mateo. Sale de ‘estampía’ y remata en las tablas, metiendo la cabeza y echando al aire astillas de la madera. Es una hermosa y brava bestia. 
Chicuelo tiene su ‘aquel’ por lo que le aconteció con el enemigo pasado, y quiere sacarse la espina. Allá va, derechito a veroniquear. ¡Y qué manera de hacerlo! Firme, serio, cerrando el compás y levantándose en la punta de los pies cuando los cuernos del toro le acarician la panza... Son dos tandas de verónicas. No sabríamos elogiarlas de una en una para ensalzarlas todas en conjunto. Brotan las palmas hasta del cemento de la galería. 
El tercio primero es bueno. Cuatro caricias recibió el astado de los de ‘aúpa’ dejando en la arena, para hacer zapatos, carteras y otros utensilios de cuero, cuatro sardinas disecadas. 
Hubo modo de hacer quites y aplaudimos hasta la apoplejía uno de Chicuelo rematado con la célebre ‘chicuelina’ – patentada y garantizada por su autor – que suscita alaridos de entusiasmo en las masas... 
Bien y rápido el segundo tercio. Se advierte que los palitroqueros procuran despachar breve para no descomponer aquel toro ideal. 
De tres naturales, uno alto, dos ayudados y tres naturales más, que arman el escándalo, se compone la primera parte de la faena. Hay un afarolado cambiando de mano el engaño para endilgar el natural, que provocan el delirio. Otro de pecho, dos naturales y TRES MÁS, total cinco, con un breve intervalo, notándose que Chicuelo da este pase completo, hasta donde puede extenderse la mano, quebrándose sobre los riñones y doblando la cabeza con mucha gracia... 
Y luego dos pases más de pecho, uno de ellos de rodillas que vuelve loco al público. Todo el mundo está de pie, con la boca seca y ronco de tanto gritar. Como se advierte que el matador lía la muleta, hay gritos ¡¡no!!... ¡¡más, más...!! Y Chicuelo accede. 
Sigue la faena, primorosa, emotiva, encantadora. Iguala el toro y se produce un pinchazo. Más tela y una estocada hasta las cintas. Descabello al segundo papirotazo. 
Aplausos, orejas, rabo, tres vueltas al ruedo, salida a los medios, puros, bastones y prendas de vestir... Como un homenaje póstumo al de San Mateo, las mulillas dan al cadáver insepulto, una vuelta en redondo...
Me llama la atención que este escribidor señala que Chicuelo, al dar el pase natural, lo da completo, hasta donde puede extenderse la mano, quebrándose sobre los riñones…, lo que me induce a entender que al no ser usual el concepto de ligazón, intentó explicar de la mejor manera posible, que el torero engarzaba las suertes unas con otras.

La tercera versión es la que apareció en el diario de Guadalajara El Informador, también sin firma. Es más breve, pero dice así:
Su faena de muleta es de tres pases naturales, de pecho, dos naturales, tres más y se nota que Chicuelo los da completos hasta donde puede extender la mano hacia atrás; viene después dos pases de pecho rodilla en tierra y como pretende tirarse a matar, el público, loco de júbilo por la faena que acaba de presenciar, pide a Chicuelo que siga toreando, y entonces saca algunos nuevos pases tan hermosos como los anteriores; da un pinchazo, pero como el toro no dobla, siguen más pases y da otro pinchazo y aunque no muy bueno, sin embargo el toro iguala y entonces cobra una estocada hasta las cintas, descabellando al segundo intento… 
El público entonces se manifiesta en todo su entusiasmo, aplaudiendo a Chicuelo a rabiar; se le da la oreja del toro y Chicuelo da una vuelta al ruedo devolviendo sombreros, bastones y otros objetos que el público le arroja en señal de admiración y cariño... 
Antes de doblar el sexto toro, el público se echa al ruedo y coge a Chicuelo y en hombros lo pasea por toda la plaza, en medio de una entusiasta ovación.
Igualmente quien la transmitió, se detiene en observar que el torero da completo el natural.

Como podemos ver, las relaciones se detienen más en el cataclismo producido por el torero en los ruedos, que en el cambio de canon que se estaba dando en ese momento, algo que si se advirtió apenas en el mes de febrero anterior. Ya vendrían después los estudiosos a explicarnos que ese día se empezó a escribir una nueva página de la Historia Universal del Toreo.

¿Por qué Dentista?

Dejo paso a una anécdota que cita Guillermo Ernesto Padilla en su Historia de la Plaza El Toreo acerca de por qué el quinto toro de esa tarde se llamó Dentista:
La presente anécdota tuvo lugar el domingo 25 de octubre de 1925 en las corraletas de “El Toreo”, a la hora del sorteo de los toros que habrían de lidiarse por la tarde. Se estaba enchiquerando un encierro de San Mateo para que lo lidiasen Juan Silveti, Manuel Jiménez “Chicuelo” y Manolo Martínez (torero valenciano). 
Naturalmente ahí estaba don Antonio Llaguno, quien tenía por costumbre presenciar los sorteos de sus toros, y bautizar a algunos de ellos con nombres que luego pasaban a la inmortalidad. Una especie de “hobby” del ganadero señor. 
Una vez enterado don Antonio de que en el lote de “Chicuelo” iba el toro en el que cifraba toda su confianza para que resultara de bandera, se puso afanosamente a buscar a Manolo para felicitarlo por su buena suerte y desearle triunfo. Pero no lograba encontrar al sevillano. En eso se cruza con “Magritas”, el notable peón de la cuadrilla de “Chicuelo” al que pregunta: 
- ¿Dónde está tu matador? 
- Por ahí, don Antonio, por ahí - respondió el subalterno - creo que entró en la vivienda del guardaplaza a hacer un “buche” de algo, porque le duele una muela. 
- ¿Una muela? ¿Has dicho una muela? Pues corre para que le digas a Manolo que esta tarde ser las verá con un dentista... y muy bueno, ¿eh? 
Inmediatamente ordenó don Antonio que a aquél toro se le bautizara con el nombre de “Dentista”. 
Por la tarde, tal como lo había presentido el inolvidable ganadero, el toro resultó extraordinario, y con él “Chicuelo” se remontó a las cimas de la inmortalidad con una faena grandiosa en la que engranó veinticinco pases naturales maravillosos.
La anécdota puede o no ilustrar una realidad, pero no deja de ser algo que forma ya parte de la leyenda de esa tarde histórica.

Dada la extensión que va cogiendo esto, lo concluyo el día de mañana.

domingo, 9 de junio de 2019

Rodolfo Gaona y Barrenero de Albaserrada

A un siglo de la presentación de los grises en Madrid

Rodolfo Gaona y Barrenero de Albaserrada
Foto: Aurelio Rodero Reca. La Lidia, 4 de agosto de 1919
En el año de 1912 don Hipólito Queralt y Fernández Maqueira, Marqués de Albaserrada, adquirió de su hermano Enrique, Conde de Santa Coloma, ganados encastados en Saltillo y Santa Coloma – estos a su vez origen Saltillo – Ybarra – para formar su propia ganadería de lidia. Presentó su primera corrida de toros en Sevilla el día 23 de abril de 1916, misma que lidiaron mano a mano Gallito y Juan Belmonte y algo más de tres años más tarde, haría su presentación en Madrid, con una corrida que lidiarían Cástor Jaureguibeitia Cocherito de Bilbao, Rodolfo Gaona y Julián Sáiz Saleri, misma que es la que me ocupará en esta oportunidad.

Algunos antecedentes

A riesgo de incurrir en territorios de lo que es materia de la prensa rosa, he de señalar que Rodolfo Gaona y Jiménez, natural de León de los Aldamas, Guanajuato, México, había contraído matrimonio eclesiástico con Carmen Ruiz Moragas en la parroquia de la Señora de las Angustias de Granada en noviembre de 1917. Una boda que tuvo rumbo y significación dentro del ambiente social y taurino de la época.

El matrimonio tuvo una breve duración, pues era casi de dominio público que la señora Ruiz Moragas era amante del rey Alfonso XIII, con quien procreó dos hijos, aunque en la época, se acusó por activa y por pasiva al carácter brusco, duro, insensible, juerguista, incapaz de comprender el tesoro de ternura que guardaba el corazón de aquellas muchachita de dieciocho años la ruptura matrimonial. El paso del tiempo develaría las verdaderas razones, pero eso se decía en aquellos tiempos y eso se usó como arma arrojadiza en contra del torero.

En ese entorno y en ese estado de ánimo llegó a la corrida del 29 de mayo de 1919 el Indio Grande. Atacado por la sociedad española, especialmente por la madrileña. Hecho trizas moralmente. Pero dispuesto a enfrentar a una ganadería de nuevo cuño integrando un cartel en el que él representaba seguramente el máximo atractivo. Supongo que todo se le presentaba cuesta arriba.

La corrida

Cocherito de Bilbao fue cogido por el primero de la tarde antes de la estocada, así que en términos de la reglamentación aplicable de la época, Rodolfo Gaona mató esa tarde los dos toros que le tocaron en suerte, más los dos de su alternante herido. De la actuación de Saleri solamente se ocupan las crónicas de la época de su primer toro, del tercero, señalando que fue una actuación aseada. Fue tal la escandalera que se armó en la lidia del quinto, que allí terminan las relaciones que encontré.

El encierro

El ganadero debutante debió salir satisfecho con lo que la prensa madrileña expresó respecto de sus toros. Para muestra lo que Alejandro Pérez Lugín Don Pío, escribió en El Liberal de Madrid del día siguiente del festejo:
La nota interesante de la corrida fue el ganado. Enorgullecedor «debut». Toros bien presentados, que recordaban por su tipo y hechuras el origen, y por sus hechos hicieron honor a su sangre brava entre las bravas, aún cuando los hubo mejores y menos buenos, tuvieron todos bravura y poder, de cabeza y de patas, que es el que disgusta a los toreros y dejaron satisfecha a la afición y al marqués de Albaserrada, colocado en la plaza de Madrid entre los ganaderos de primerísima fila, como dice el académico Retana.
Ahora marqués, no olvide usted el momento tan agradable, su mejor rato de ganadero, que ayer gozó largamente en esta plaza y cuando llegue la hora de hacer todos los años la elección de toros, recuerde a la primera plaza de España, que le dio ayer la mayor satisfacción que como ganadero podía esperar... y apártele lo mejor. Siquiera porque aquí hay paladar para saborear las cosas buenas.
Nunca olvidaremos los aficionados aquél quinto toro «Barrenero» de nombre, número 11 en el padrón municipal, negro de pelo y con tipo de Saltillo.
En cuanto «Barrenero» vio delante de sí el primer caballo arrancó a él impetuoso, lo alzó como una pluma y lo metió dentro del callejón por encima de la barrera, haciendo saltar a continuación el tablero que arrancó de un golpe para ver la cara de su víctima. Luego, cada vez que le citaban y le citaron siete, se arrancaba pronto y breve y codicioso y dejaba caer con tremendos tumbos caballo y caballero hechos tal lío que los «monos» se veían y deseaban para deshacerlo y separar al de arriba del de abajo. En la arena reinaba un pánico tremendo. ¡Quites! La providencia los haga. ¡Quién osaba ponerse en el camino de aquella mole, de aquella impetuosa catapulta que lo arrollaba todo! Seis fueron los tumbos. En seis años no vuelven a sonreír los picadores que llevaron esta suerte de varas.
 - ¡A cualquier cosa llaman suerte! - dirán los aludidos.
Fue una pelea de toro bravo, seco, duro y poderoso, que el público, que el público siguió enardecido y entusiasmado, aplaudiendo repetidas veces las bravas arrancadas del bravo «Barrenero» y haciendo una ovación grandísima al ganadero, que estaba en su barrera del 10, junto a su hermano el conde de Santa Coloma...
Gaona y Barrenero

Vista la crítica que hace el gallista Don Pío a las condiciones del toro, ¿qué fue lo que sucedió a Rodolfo Gaona delante de él? 

Primero la versión de Ángel Caamaño El Barquero, en el Heraldo de Madrid:
Formidable escándalo. A Gaona le echan un toro al corral... Gaona empieza su faena sin ganas más que de meter mano pronto y sin preparación entra a herir descompuesta y arteramente, desatándose el público en una de las protestas más serias y más indignadas que hemos presenciado.
El ruedo se cubre totalmente de almohadillas dando una en la cara del torero que ya agotadas sus menguadas energías no hace por acercarse a las tablas, donde los proyectiles caen en verdadera nube.
A todo esto el cornúpeto no se muere ni a tres tirones, y el escándalo no cesa, y salen almohadillas no sabemos de dónde, pues parece que en cada tendido hay una fábrica de esos chismes. Uno de ellos arranca la muleta de manos de Gaona y otra queda clavada en en pitón derecho de la res.
Uno tras otro suenan los avisos, y al recibir el tercero Gaona abandona su enemigo, que ni a tres tirones quiere seguir a los mansos.
En el tendido 1 vienen a las manos algunos espectadores y la benemérita se lleva a uno de ellos...
Más desarrollada es la versión de Joaquín López Barbadillo Barbadillo, en El Imparcial, de la que extraigo lo siguiente:
Un excelentísimo toro criado por un Excelentísimo Señor... Cuando Gaona, para quien la tarde venía ya siendo aciaga y contra quien el público venía mostrando un encono hasta entonces excesivo quizás, cogió los trastos, hubo un momento de revuelo, de voces, de manifestaciones encontradas y, en el fondo, de gran expectación «aguardaban» allí, en la brega con la fiera; en la reserva o en el arrojo al muletearla; en la decisión o la cobardía al herir. Llegó el espada al bruto y lo empezó a trastear. Hubo dos o tres pases por la cara, que el matador daba con precaución. Surgió la grita. Hubo otros pases más, en igual forma. Entonces el escándalo se hizo de pronto, repentinamente, loco, descomunal. Para que el torero no entrase a herir al toro, comenzaron a caer montones de almohadillas al redondel... Gaona entró cuarteando y la protesta imponente arreció... Era la pasión que estallaba desmedida, furiosa, ciega, atroz contra él y contra todos, contra lo de ayer y anteayer, y todo el año y siempre, y contra el asco al TORO DE VERDAD. Y el toro de verdad, como temiendo a algún almohadillazo traicionero más que a los hombres que estaba visto que no podían con él, fue a plantarse en el centro de la plaza y allí le entró de nuevo malamente el ya aturdido y ciego matador, y le dio un metisaca, que a simple vista pareció que debiera haber concluido con la vida del duro y pujante animal.
Pero aconteció lo contrario; desde entonces, fue como si la res, teniendo dentro un misterioso brío que la hiciera invulnerable, hubiera decidido no morir, si no se moría a ley, y frente a frente, como en la dehesa alguna vez soñó. Se fue hacia los tableros; de todas partes proseguía la lluvia implacable y furiosa de almohadillas; no era ya posible torear; triunfaba el público; Gaona se resignó. Humilló la frente; la suya y la de toda o casi toda la torería actual. A partir de aquel momento no intentó siquiera el muleteo. Sonó el primer aviso, y el segundo y salieron los mansos al redondel.
El toro inmóvil, impasible, soberbio, herido de muerte, pero sin morir, los contemplaba inmóvil. Y es que pensaba el toro:
- Yo no me voy de aquí; yo muero aquí. No voy con mansos a ninguna parte. Al corral van los bueyes, los marrajos, los que no saben concluir como yo.
Y al cabo de un gran rato le abrieron la puerta del callejón por si tal vez el bruto quisiera irse por él. Pero él corneó la puerta, se resistió, volvió a andar por el ruedo con su doliente y bestial majestad. Miraba a los tendidos; parecía buscar a alguien, querer poner en práctica una firme y postrera voluntad... Le abrieron otra puerta. Era la Puerta de Madrid. Por ella entró, Avanzó lentamente rascando con el flanco la barrera del 10.
Y alzó los ojos y se detuvo allí, bajo su amo. No se volvió a mover. Allí fueron por él un par de bueyes y no lo pudieron sacar. Allí por fin, a petición del público, dispuso el presidente que el puntillero acabase con él.
Y cayó «Barrenero» patas arriba, mirando a lo alto, como preguntando:
- ¿He muerto dignamente Excelentísimo Señor?
Y las mulillas dieron lentamente dos vueltas a la plaza con él, y en cada una de ellas, cuando el toro pasaba por el 10, sus ojos negros, sus ojos grandísimos, todavía llenos de nobleza y de ferocidad, miraban a lo alto diciendo:
- ¿Cómo he muerto, Excelentísimo Señor?...
La versión de Rodolfo Gaona

En Mis Veinte Años de Torero, Rodolfo Gaona reflexiona lo siguiente sobre esta séptima tarde del abono madrileño de 1919:
No voy a tratar de justificarme. Hice mal. Es un borrón que tengo en mi carrera. Relato cómo fue y porqué lo hice. Claro que mi deber me obligaba a matar a ese toro. No lo niego. Pero nadie podrá negarme que no estaba obligado a desafiar un peligro mayor, como era que me derribaran de un cojinazo delante de un bicho de tanto peligro como aquel.
Fui criticado rudamente. Mis enemigos se dieron vuelo. Nadie tomó en consideración la actitud del público para conmigo. Y no se dijo que Barrenero había distado mucho de ser un toro de bandera y no que lo comenzaba yo a torear como se torea a esos toros broncos que conservan poder: quitándoselos a fuerza de doblarlos con la muleta, con mucho castigo...
Corolario

Todo apunta a que la tarde aciaga de Rodolfo Gaona ante Barrenero fue la explosión de un hombre roto por las circunstancias que le afectaban fuera del ruedo. El torero no dijo más que lo expresado a Monosabio en su libro biográfico. La prensa y la sociedad hispana se cebaron con él en la fecha de los hechos y años después con motivo de la muerte de Carmen Ruiz Moragas. Tal parece que nunca le perdonaron que fuera a pelear de tú a tu con los principales de allá.

Muchos afirman que esta fue la última tarde de Rodolfo Gaona en España. Nada más falso. El Califa de León todavía terminó esa temporada y toreó la siguiente (1920), con la que terminaría su andar por los ruedos hispanos. Sin embargo, en 1923 intentó volver a torear por aquellos pagos pero se encontró con que ya las cosas estaban organizadas de una manera distinta a como él las dejara tres años antes. No obstante, pudo torear una corrida de toros el 1º de julio en Barcelona, alternando con Diego Mazquiarán Fortuna y Francisco Vila Rubio de Valencia, en la lidia de toros de Andrés Sánchez.

Así pues, se dieron las cosas en la tarde en la que debutaron en Madrid hace un siglo los toros que hoy en día se lidian a nombre de Victorino Martín.

Edito: A unas horas de haber puesto esto en circulación, Octavio Lara Chávez, amigo de Querétaro, me hace llegar una información que tenía a la mano pero que no tuve la precaución de consultar. Es lo que escribe Guillermo Ernesto Padilla en su libro El Maestro de Gaona acerca de este asunto. Transcribe, sin citar la fuente, una entrevista que hace Manuel García Santos a Julián Sáiz Saleri en el año de 1943, en el que entre otras cosas revela lo siguiente:
Años después de aquél sonado suceso, Julián Sáiz "Saleri", uno de los protagonistas de tan infausta tarde, hacía las siguientes confesiones al periodista español don Manuel García Santos:
"Le hacía yo una entrevista para las páginas de "El Ruedo" al que fue buen torero, Saleri II, en la ya desaparecida "Granja del Henar". Estábamos sentados Julián y yo en los divanes debajo del reloj, y terminada mi misión llegó esa hora de las confidencias en las que se habla íntimamente sin recato ni escrúpulos. Y fue entonces cuando me dijo Saleri II al hablar de la grandeza de Joselito:
- Joselito es el torero que yo he admirado más. Era asombroso en su dominio, y no se le veía el fin. Nadie ha tenido ni más poder, ni mayor afición, ni más inteligencia... Pero tiene un lunar José en su historia, y yo he sido testigo de ese acto.
- ¿A qué se refiere Usted?
- A lo que hizo con Gaona.
- ¿Con Gaona?... ¿Cuándo?
- El día de la corrida de Albaserrada.
Y me contó con detalle esta anécdota íntima de la vida de Joselito que, ciertamente fue un borrón en su historia de torero y que fuera de Saleri II, no se la oí contar a nadie:
Había exigido Joselito a la empresa de Madrid que anunciara una corrida gorda, dura y con años que tenía Albaserrada. El empresario Retana, acostumbrado a los rasgos de Joselito, no discutió, pero asombrado por aquello que no estaba justificado por ningún suceso taurino, le preguntó a José:
- ¿Quién va a torearla?
- La voy a torear yo. Y me pone Usted en el cartel con Gaona y... con otro.
Saleri al llegar a este punto me contaba:
Yo llegué a Madrid, de torear en el Norte y me extrañó que me avisaban que toreaba. Iba a negarme, pero me dijo Retana que era cosa de José y acepté. Gaona se negó de plano, pero al saber que toreaba Joselito, accedió también. Pero la sorpresa fue mayor en la víspera de la corrida, cuando vemos anunciado con nosotros a Cocherito de Bilbao en lugar de José. Yo como nada tenía que perder, y a mí me han dado siempre igual unos toros que otros, no me gustó la cosa, pero... pasé por ella. Rodolfo creo que protestó. Se le dieron razones, se le habló y terminó accediendo. Y... ¡no le digo a Usted nada!... No había salido el primer toro y ya estaba Cocherito de Bilbao en la enfermería... Luego salió "Barrenero" y acabó con Gaona. Acabó con él porque se dejó vencer sin luchar.
- Sin luchar, ¿contra quién?
- Sin luchar contra el toro y sin luchar contra José, que aquella tarde debía estar con nosotros frente a los albaserradas, que para eso los había exigido a la empresa...
Eso ha sido el lunar en la historia de un torero tan grande como fue Joselito...
Esto lo supe yo, porque Saleri II me lo dijo en el mes de agosto de 1943, en los divanes de la antigua "Granja del Henar" con el pelo ya blanco Julián Sáiz. En esa edad las cosas se dicen ya sin acritud, porque se está tan lejos del bien, como del mal..."
Reitero, Padilla no cita la fuente de la que obtiene la entrevista que transcribe. Pero por otro lado, volviendo a la prensa que revisé inicialmente, me encontré con el parte médico de la herida de Cocherito de Bilbao, publicado en el Heraldo de Madrid y es el siguiente:
Parte facultativo: Durante la lidia del primer toro ha ingresado en la enfermería el diestro Cástor Ibarra «Cocherito», con una herida en la región perónea izquierda, de forma triangular, de diez centímetros de extensión, que interesa masas musculares; lesión que le impide continuar. - Dr. Taboada.
En términos médicos, la herida de Cocherito no aparenta revestir gravedad y sí, a la luz del tiempo, aparenta ser solamente una coartada para dejarle a Gaona lo que tenía encerrado en toriles. Así pues, la hipótesis de la encerrona no se puede descartar por completo. 

Hay cosas que por el tiempo que ha transcurrido ya no se puede averiguar, pero evidencias quedan siempre que nos dejan material para pensar y para discutir.

domingo, 12 de julio de 2015

El Par de Pamplona a cien años vista


El Par de Pamplona
(Foto: Aurelio Rodero Reca)
La segunda corrida de la Feria de Pamplona del año de 1915 se se celebró el día 8 de julio y se acarteló con toros de Concha y Sierra para Serafín Vigiola Torquito, Rodolfo Gaona y Joselito. Fue una buena tarde, en la que Torquito resultó ovacionado y Gaona y el menor de los Gallos cortaron una oreja.

La trascendencia de la tarde surge al paso de los años, por una magnífica fotografía de Aurelio Rodero – seguramente realizada para Toros y Toreros –, que recoge el instante del segundo par de banderillas a Cigarrito, el primer toro de su lote – el de la oreja – que de acuerdo a los recuentos, fue de dentro a afuera. La fotografía en cuestión, misma que enseguida podemos ver, fue motivo de cuestionamientos, incluso por el propio Rodolfo Gaona, quien cerca del ocaso de su existencia, manifestó lo siguiente respecto de la misma y del par que perpetúa:
…todo el mérito corresponde al fotógrafo Rodero, por la oportunidad y ángulo de la gráfica. Como ese, puse 300 o 400 pares iguales o mejores. Y es que… el ángulo en que se tomó la foto miente. Así como se ve en el retrato y en la escultura miente. Es un par imposible. Porque ese par lo puse sobre el pitón de salida y no entre los cuernos… (Eduardo Barceló, Rodolfo Gaona. El Indio Grande. México 1975)

En la biografía que confió a Carlos Quirós Monosabio (Mis 20 Años de Torero, 1925), Rodolfo Gaona dijo lo siguiente acerca de su paso por la Feria de Pamplona de 1915:
…Alcancé triunfos en todas partes y muy especialmente en Pamplona, con toros del Duque. Toreaba con Posada y Saleri II… En la corrida anterior clavé un par de banderillas extraordinario. De ese par aquí hay fotografías y los aficionados lo conocen por ‘El Par de Pamplona’…
Las reseñas de la corrida nos dicen lo siguiente:

En La Correspondencia de España del 9 de julio de 1915, el corresponsal señala lo siguiente:
PAMPLONA. (Jueves, tarde.) Celébrase la segunda corrida de feria. La tarde está fresca. Preside el concejal D. José Martínez. La entrada es superior. Hay en los palcos deslumbrante mujerío. Lidiánse seis de Concha y Sierra. Son los matadores Gaona, Torquito y Joselito... PRIMERO «Cigarrito», negro, bravo, de poder. Toma cinco puyazos por dos caídas. Hay buenos quites de los maestros. Un piquero pasa conmocionado a la enfermería. Gaona banderillea á los acordes de la música. Cuelga un buen par de frente. Uno superior y otro de dentro a fuera, bueno. Palmas. Gaona, de gris y oro, da pases por alto, dos por bajo, de trinchera, uno de rodillas, sufriendo un achuchón del que se libra con valentía. Clava una estocada delantera y luego mete á volapié una gran estocada un poco caída. Descabella. Ovación y oreja...
Por su parte, en El Imparcial de la misma fecha resalta:
...Con mejor entrada que la que hubo ayer, se ha celebrado la segunda corrida de feria. Gaona, Torquito y Joselito el Gallo han lidiado seis toros de Concha y Sierra, que resultaron bravos... Gaona ejecutó con el primero una faena animadísima y valerosa, en que hubo varios admirables pases de rodillas y otros agarrándose a los pitones. La preciosa labor fue coronada con media estocada desprendida, una entera en lo alto, entrando desde cerca y derechísimo, y un descabello. (Gran ovación, una oreja y vuelta al redondel.) ...Con el capote no cesaron de oír palmas los tres espadas, y banderilleando pusieron cátedra, como de costumbre, Gaona y Joselito...
Y unos días después, en La Lidia, el 12 de julio siguiente, se describe lo que sigue:
...Se lidian toros de Concha y Sierra por Gaona. Torquito y Gallito... Primero, Cigarrito, negro. Gaona se muestra artístico en varios lances superiorísimos con que saluda al de Concha y Sierra. El diestro es objeto de una ovación... El bicho toma cinco varas por dos tumbos. Farnesio es aplaudido en un gran puyazo... En quites, vuelve Gaona a escuchar palmas. Toma los palitroques y coloca un buen par de frente. Repite con otro de la misma marca, y termina con otro de dentro a fuera magistral... El mejicano viste torno gris perla y oro. Con la muleta, derrocha arte, valentía y elegancia... Su faena es magistral, sobresaliendo varios pases rodilla en tierra y otros cogiendo los pitones... El público le premia varias veces con oles y palmas... Arranca a matar y deja una buena estocada, algo delanterilla. Repite con un volapié inmenso y descabella al primer golpe. (Ovación, oreja y vuelta al ruedo.)...

El Par de Pamplona
(Humberto Peraza)
Hay, como se puede deducir, imprecisión acerca de si el par de dentro a fuera fue el segundo o el tercero. Unas relaciones lo ponen en segundo lugar y otras en el tercero. La fotografía del hecho, sin duda nos deja ver que fue el segundo par. Lo interesante del hecho, es la elegancia y la calidad en la ejecución, la oportuna colocación de Aurelio Rodero para obtener esa arista de la suerte y la difusión de la gráfica que permitió a la misma circular y seguir dando la vuelta al mundo, como el ejemplo de la manera en la que se debe colocar un par de banderillas.

Ya vemos el testimonio de su autor en el ruedo. Afirma que la fotografía miente, pero aunque fuera así, nunca pudo negar que esa gran obra de Rodero, que inmortalizó otra grande suya, contribuyó a forjar su historia y sobre todo, su leyenda.

Nota: Hace seis años había publicado otra versión de este texto en esta misma Aldea, que pueden consultar aquí.

domingo, 11 de mayo de 2014

Mexicanos que cortan orejas en la Feria de Abril de Sevilla

En la Feria de Abril sevillana – paradójicamente verificada en mayo – de este año de gracia de 2014, se anunciaron tres toreros mexicanos. Es este un hecho que llama la atención a la afición, sobre todo si consideramos que en los últimos ciento tres años (1911 – 2014), es más el tiempo muerto que el coso del Baratillo ha representado para nuestra torería.

Afirmo lo anterior porque durante los siguientes calendarios no localicé presencia de toreros mexicanos en la temporada sevillana: 1911, 1913, 1915, 1920 – 1929, 1931, 1932, 1934, 1936 – 1944, 1948 – 1953, 1958 – 1962, 1966, 1967, 1970, 1973 – 1976, 1980 – 1982, 1984, 1985, 1987 – 1993, 1995 – 1997, 1999 y 2003 – 2007.

Como lo reflejan las cifras, en ciento tres años, cincuenta y ocho de ellos han visto transcurrir el abono de Sevilla – y por ende su Feria de Abril – sin el concurso de nuestros diestros. De allí que ahora me ocupe de localizar quienes han actuado en ella más de una tarde – y aclaro desde ahora que solo me limito al espacio de tiempo de esa feria abrileña – y a que en ella hayan cortado alguna oreja.

Rodolfo Gaona

Abre esta relación el Califa de León, que el 21 de abril de 1918 cortó una oreja al segundo de su lote, de Concha y Sierra, en tarde en la que alternó con Gallito y con Fortuna. La relación aparecida en el diario El Imparcial de Madrid, al día siguiente del festejo, dice lo que sigue:
En Sevilla, La cuarta de feria. Ganado de Concha y Sierra para Gaona, Joselito y Fortuna. Una oreja a Joselito y otra a Gaona. Sevilla 21 (6:10 tarde). Con el tiempo amenazando lluvia y un lleno completo se celebra la cuarta corrida de feria, en la que se corren toros de Concha y Sierra... Cuarto. - Un aficionado salta al ruedo para torear, cae ante la cara del toro y de milagro no es empitonado... Gaona torea por gaoneras, siendo colosales las tres primeras. (Ovación)… El mejicano empieza la faena de muleta con un pase de rodillas colosal; luego, pases de tirón para llevarse el toro a los medios. Allí hace una gran faena; arregla la muleta de espaldas al toro. Entrando bien, da un volapié inmenso y se sienta en el estribo, mientras el bicho dobla sin puntilla. (Grandísima ovación, oreja y vuelta al ruedo. Al cabo, con la colosal faena, ha redimido en parte el mejicano sus culpas de las anteriores tardes)...
Del mismo Madrid, El Heraldo, la noche misma del festejo, dice lo que sigue:
Cuarto. – «Rutinero», castaño... Un capitalista se arroja al ruedo. Gaona da dos verónicas valientes y una gaonera superior. Después hace un quite muy lucido. Gallito otro bueno y Fortuna otro de valiente... Gaona cuartea en un par muy fino. Repite con otro igual. Termina con otro, al cuarteo, de buena ejecución... Toma los trastos y da el primer pase hincado de rodillas. Sigue cerca, con pases de tirón para llevarse el toro a los medios. Una vez conseguido el objeto, da dos pases de rodillas agarrando el pitón. Un molinete muy lucido. La faena es muy adornada. Entrando de manera colosal, deja una estocada en la cruz. El toro tarda en doblar y Gaona se lo lleva al sol, donde dobla…
La crónica de El Heraldo no consigna el otorgamiento de la oreja, igual que el semanario El Toreo. Habría que aclarar que en el que abrió plaza también se le tiró un espontáneo a El Petronio y que Joselito le cortó una oreja al segundo de la tarde. La oreja obtenida por Gaona resulta ser, según los historiadores de la Maestranza, la tercera que se concedía en la historia de la plaza.

Armillita

La siguiente oreja que cortó un torero mexicano la obtuvo Fermín Espinosa Armillita el 20 de abril de 1933, cuando para lidiar toros de doña Carmen de Federico alternó con Manolo Bienvenida y Domingo Ortega. Es curioso que el Maestro, pese a la excelente impresión que causó en esa plaza, de acuerdo con la crónica publicada en el ABC de Sevilla por Juan Mª Vázquez al día siguiente de la corrida, no terminaría de entrar en ella sino hasta 1945, cuando corta un rabo a un toro de Manuel González en la Corrida de la Prensa. De la relación indicada extraigo lo que sigue:
Ocho toros y un torero… No necesitaron ser muy puros ni absolutamente reposados los cinco naturales que Fermín Armillita engarzó en su corrida de la Feria de septiembre, para que el ágil y gracioso torero de Méjico sobrepujase – aparte la gentileza de sus adornos sevillanos – la impresión producida entonces por las estrellas que le acompañaban en el cartel, de las cuales, porque eran estrellas fugaces, sería inútil preguntarnos ahora los nombres... Únicamente por el esfuerzo de su mano izquierda Armillita ha vuelto a Sevilla, y, gracias a su vuelta, volverá otra vez, como primerísima figura, a figurar en nuestras corridas más solemnes... Adornado, pinturero, valiente, decidido a abrirse paso... él – nadie más que él – alegró el circo de la Maestranza durante la lidia de una corrida que hizo difícil, no la malicia – que no existió –, sino la bravura auténtica y pegajosa de unos bichos en los cuales la traza veragüeña derivaba mejor al estilo pastueño, encarrilado y lento, de los murubes, por el camino sinuoso, de apremiantísimas curvas, de la sangre de Saltillo. Suelto, desahogado, muy torero, el reposo suave de sus verónicas, el floreo multicolor de sus quites y la majeza de sus pares de banderillas – al quiebro y al cuarteo – acusaron al único torero de la tarde, que, si un poco atosigado al muletear, por el nervio de sus enemigos, de ellos dio cumplida cuenta bien pronto, sin que le hubiese abandonado la tranquila sonrisa de quien sabe lo que hace, cómo lo hace y cuál ha de ser el resultado feliz de su esfuerzo... Armillita, frecuentemente ovacionado, cortó la oreja del quinto toro, y fue despedido con una calurosa salva de aplausos...
En el caso de Armillita hago una necesaria y muy honrosa excepción en esta relación de triunfos, porque en 1933, el Maestro actuó una sola tarde.

Carlos Arruza

El Ciclón Mexicano, el 18 de abril de 1945 será el siguiente en obtener un trofeo. Esa tarde los toros fueron de Clemente Tassara y sus alternantes Manolete y Pepe Luis Vázquez. La crónica de Antonio Olmedo Don Fabricio, también en el ABC de Sevilla, refiere lo que sigue:
Dos taleguillas rotas... El tema de los toros ha vuelto al ser habitual en esta nuestra Sevilla, madre del toreo. La expectación, forjada a fuerza de valor y estilo por esas dos figuras señeras de la tauromaquia, que son Manolete y Arruza, se ha justificado ayer plenamente sobre el ruedo de la Real Maestranza... Dos taleguillas rotas, las que ciñen Arruza y Manolete, califican y ponderan el éxito del festejo de ayer; las dos primeras taleguillas de la torería actual, hechas jirones por las astas de los toros de Tassara, son el exponente de una competencia que devuelve a la fiesta su emoción sustancial, sin la cual degeneraría el toreo... Arruza merece la consideración de benemérito de la fiesta nacional... Las faenas a sus dos toros fueron sencillamente inenarrables. La primera breve, pero cerquísima y eficaz, para matar como los cánones mandan. La segunda faena, tan cercana como la otra, más reposada y completa, sobresaliendo los pases por bajo iniciales, los magníficos naturales con la izquierda y dos emocionantísimos y soberbios molinetes de rodillas... La faena había puesto en vilo a los espectadores y como la estocada fue certera, hubo oreja y aún unánimemente se pedía mayor premio para el aclamado espada...
Al día siguiente, 19 de abril, alternando de nueva cuenta con Manolete y completando la terna Pepín Martín Vázquez, Carlos Arruza volvió a cortar otra oreja a uno de los toros de Carlos Núñez que le tocaron en suerte.

Jesús Córdoba

En 1953 Jesús Córdoba le cortó una oreja a un Miura el día 24 de abril y al día siguiente, otra a un sobrero de Benítez Cubero que los maestrantes le obsequiaron para que in extremi” salvara un festejo que se había ido por la borda a causa de la falta de casta y fuerza de los toros de Sánchez Cobaleda y Escudero Calvo corridos en la lidia ordinaria. De ese par de tardes me he ocupado ya en esta ubicación por lo que les remito a ella para recordar las particularidades de esas hazañas del Joven Maestro en el coso del Baratillo.

Joselito Huerta

El León de Tetela es el siguiente torero mexicano que actuó un par de tardes en la Feria de Sevilla y salió al menos con un apéndice en la mano. El 17 de abril de 1957 fue acartelado con toros de Manuel Sánchez Cobaleda y Carlos Núñez (4º, 5º) y con Antonio Ordóñez y Manolo Vázquez como compañeros de terna. La tarde transcurrió entre el sopor que producen el calor y el mal juego de los toros. La crónica de Gil Gómez Bajuelo en el ABC de Sevilla apunta lo que sigue:
En el segundo festejo Joselito Huerta realizó brillante labor, premiada con un apéndice… Los «cobaledas», gordos, congestivos, quedados al máximo, pero sin malas ideas... La fiesta transcurrió sosa, monótona, apenas sin relieve... El brindis de Joselito Huerta. Cuando juzgamos la labor del mejicano, el Domingo de Resurrección, dijimos que era muy otro del año pasado. Que se había superado... Hubo un momento ayer - ¡hombres de poca fe - en que estuvimos a punto de retractarnos... Y llegó el sexto. Tenía los cuernos en alto, ancha la cuna. Nada con el capote. El caballo repelía al toro. Estaba la atmósfera cargada de pesadez. Los banderilleros acentuaron el clima. Sólo Luis Andaluz pareó con discreción. Y vimos como Joselito Huerta molido por la paliza que le dio su toro anterior, cosido y recosido el traje en el callejón, salió al tercio brindando a la plaza. ¿Brindar de qué? ¿Qué había visto? Hasta el viento se levantó, haciendo el quite al torero, tratando de hacerle desistir. Pero el mejicano no cedió. Empapó de agua la muleta, para vencer al aire primero y vencer después al toro. Surgieron indómitas las reacciones del indio bravo. Le consintió a fuerza de arrimarse. Le hizo embestir, lo dominó y surgió en varias fases una magnífica faena, en la que los redondos fueron el motivo de varias tandas de naturales, soberbios, magistrales, en los que el mejicano tomó de largo al toro y lo llevó con temple, embarcándolo, corriendo la mano superiormente... Estupenda, magnífica faena, valerosa y artística, que culminó con la estocada, que puso al toro patas arriba, en decúbito supino, Aleteó de albura el graderío y el presidente concedió la oreja al mejicano. Quedó justificado el sorprendente brindis y nosotros sentimos el gozo de diferir la íntima retractación…
Curro Rivera

Pasarían 14 años para que otro diestro mexicano obtuviera algún apéndice y es en este orden Curro Rivera quien, alternando con Curro Romero y Victoriano Valencia en la lidia de toros de Fermín Bohórquez logra la hazaña. La tarde del 19 de abril de 1971 corta tres orejas y se convierte en el primero y único torero mexicano entre 1911 y esta fecha en abrir la Puerta del Príncipe en la Feria de Abril de Sevilla. Manuel Olmedo Don Fabricio II, relató en el ABC de Sevilla lo siguiente:
Curro y Currito… La presentación de Currito Rivera en la Maestranza ha sido triunfal y convincente. Lo hemos visto en todo momento muy seguro y muy suelto. Al tercero de la tarde lo lanceó con tanta decisión como prestancia... Luego, dominador y arrogante, con sereno coraje compuso una faena de muleta superior a las condiciones del toro... Excelente fue el trasteo y soberbia fue la estocada con que Currito tumbó a su adversario... difícilmente superable por la guapeza, por el buen estilo y por la precisión con que realizara la suerte el joven diestro, premiado justamente con las dos orejas de su adversario. En el sexto, manso integral... Currito lo persiguió denodadamente y le dio muchos pases, deshilvanados, llenos de majeza... concluyó su esforzada labor con un estoconazo, saliendo trompicado. Hubo eufóricos en número suficiente para que al interesante espada le concedieran una oreja. Halagüeño debut...
Los toros a los que Curro Rivera cortó las orejas fueron Zalamero (3º) y Gavilán (6º).

Joselito Adame

Cierra esta relación el torero de Aguascalientes, quien el 16 de abril de 2012, enfrentando toros del Conde de la Maza, cortó una oreja al segundo de su lote – sexto de la tarde –, en tarde en la que alternó con Luis Bolívar y Salvador Cortés. A esa fecha, habían pasado 41 años entre la tercera oreja de Curro Rivera – también cortada al sexto de aquella corrida – y esta obtenida por Joselito. Fernando Carrasco, cronista del ABC de Sevilla, contó así lo sucedido:
Joselito Adame capea la mansedumbre… Al que cerró plaza le dejó un quite por lopecinas para el recuerdo. Vino con muchas ganas este Adame, que brindó al respetable. Se la jugó sin cuento en unos estatuarios ajustadísimos rematados con un extraordinario pase del desprecio. Muy bien el mexicano, que le dio distancia a su oponente y al natural, le hilvanó una tanda majestuosa. Sin humillar del todo, Adame supo sacarle todo el partido por ambos pitones. Estuvo pinturero y a la par valeroso para tragar en las embestidas con la cara a media altura de «Puritito», que finalmente claudicó. Buena la estocada. Una oreja de ley por cómo planteó y resolvió la situación…
He de aclarar que en la Feria de 2012, esta fue la única tarde a la que Joselito Adame fue contratado.

El pasado viernes – 9 de mayo –, Joselito Adame cortó una oreja, de nuevo al sexto de la corrida de Victoriano del Río, un colorado llamado Despreciado. Sus alternantes fueron Enrique Ponce y Sebastián Castella. De nuevo y para no romper la línea de citación de opinión seguida, recurro a la crónica de Fernando Carrasco publicada en el ABC de Sevilla en la que expresa esto:
A por todas… Joselito Adame ha recibido a sus dos toros a portagayola. Muy bien el inicio de faena a su primero, un toro encastado que ha pedido mando y que le dejasen la muleta en la cara. Así lo ha entendido el mexicano, que ha brillado sobre todo sobre la diestra. Toro importante al que le ha tragado en los últimos compases de faena. Los dos descabellos han dejado todo en una vuelta al ruedo... Otro toro bueno ha sido el sexto, repitiendo y con vibración. Adame, queriendo mucho, lo ha toreado muy bien, primero en estatuarios y luego sobre la diestra en series quizá algo ligeras pero emocionantes. Bajó algo al natural pero subió de tono sobre la diestra, donde recibió una fea voltereta al rematar con un molinete. Se levantó sin mirarse y una postrera serie a diestras encandiló al respetable. Y la gran estocada, que ha necesitado de dos descabellos, le ha puesto la oreja en sus manos…
Dados los tiempos muertos a los que me he referido al inicio y a la gran cantidad de festejos fuera de feria a los que han acudido nuestros toreros, la cosecha de apéndices en los de abril es breve. Pero todos tienen su historia. Aquí tienen lo que yo considero lo más relevante de ella.

domingo, 2 de febrero de 2014

1º de febrero de 1914: Se instalan por primera vez burladeros en El Toreo de la Condesa

Vicente Pastor
Para la décimo tercera corrida de la temporada 1913 – 1914, don José del Rivero había anunciado un encierro tlaxcalteca de Piedras Negras y como espadas para dar cuenta de él a Vicente Pastor, Rodolfo Gaona y Juan Belmonte

El domingo anterior, en el mismo escenario, El Pasmo sufrió una severa paliza que tuvo a la afición de la capital mexicana en vilo durante toda la semana y a un empresario serio como el nombrado Del Rivero en un constante entredicho por mantener a Belmonte en el cartel y no anunciar su sustitución y permitir a los inconformes con el cambio en el festejo anunciado el devolver las entradas previamente adquiridas.

Lo que muchos ignoraban entonces es que por esos días iniciáticos de sus andares por los ruedos, Juan Belmonte tenía una extraña fascinación por cumplir a como diera lugar sus compromisos, aún en detrimento de su integridad personal. Entonces, si había asegurado a Del Rivero que torearía el domingo primero de febrero, es que estaría a la hora anunciada en la primera plaza de toros de América para cumplir con su compromiso.

También se ignoraba por los más que el redondel de esa plaza – aún nueva, apenas con seis años de funcionar – sufriría unas modificaciones para permitir que un maltrecho Juan Belmonte pudiera cumplir con su compromiso con la empresa que lo contrató y con la afición mexicana, misma que consistiría en la colocación de burladeros que permitirían al torero hispalense buscar refugio en el callejón sin tener que tomar el olivo.

Quien firmó como El Raisuli para el diario El Correo Español de la capital mexicana, comenta lo siguiente acerca de esa corrida:
Con animación extraordinaria, debido a la reaparición del fenómeno Belmonte, se verificó ayer la corrida de toros. Los tendidos aparecían casi repletos… La expectación era grande, pues se aseguraba que el diestro de Triana no podría torear, dado el mal estado de su salud, y atestiguaban tal aserto seis burladeros colocados en el ruedo, para proteger al matador, que estaba imposibilitado de saltar la barrera. Desfilaron las cuadrillas entre nutridos aplausos, y los tres matadores pasearon por la arena para corresponder a las palmas... Resumen… La divisa de Piedras Negras no fue fogueada, por la sencilla razón de que a la presidencia no le pareció oportuno cumplir con el reglamento… Además, bueno es hacer notar que, los substitutos no pertenecieron a la vacada que estaba anunciada en los carteles. Fueron de Zotoluca… ¿Con qué derecho se cambia un cartel sin avisar previamente?... Salvo el primer zotoluqueño que llegó mal a la muerte, los demás estuvieron manejables. Con los de a caballo no quisieron bromas, y con los peones estuvieron quedados y poco bravos… De los matadores sobresalió, sin disputa, Vicente Pastor, que si alargó la faena con el primero, fue debido a que no quiere aprovechar las ventajas, y quiere matar a los toros de frente y en las suertes acostumbradas… Esto debiera agradecérselo el público y se lo agradece sin duda, pues no dio pruebas de impaciencia durante los veintisiete minutos que duró la muerte del primero. En el cuarto, mató cuatro toros en uno solo, después de desgranar una soberbia faena… Gaona pudo lucirse en su primero y se lució de verdad, lo mismo que el trianero en el tercero… Lo demás, ni frío, ni calor. Salvo la pareja de peones de Pastor, que estuvo bregando muy bien toda la tarde…
Juan Belmonte
Aunque en su resumen omite la actuación de Belmonte, en el cuerpo de la crónica le acredita un buen toreo a la verónica y que a pesar de que falló a espadas, dio la vuelta al ruedo tras de pasaportar al primero de su lote. Vicente Pastor no mató ninguno de los toros titulares de la corrida, pues el primero de la tarde fue devuelto a los corrales por chico y manso y el cuarto, por lo segundo. Los sustitutos fueron de Zotoluca. Ante la poca costumbre de otorgar apéndices en esos días, entiendo que la corrida fue una de esas que hoy se consideraría apoteósica.

Otra versión de estos mismos hechos es la de Miguel Necoechea Latiguillo, publicada en el diario “El Imparcial”, también de la Ciudad de México. Ya había presentado a Latiguillo en alguna oportunidad anterior y comentado su cercanía con los que en su tiempo peinaban coleta y demás fuerzas vivas. De su versión de los hechos extraigo lo que sigue:
La promesa que parecía enguilnardecer como una viñeta florida, el programa de la fiesta brava de ayer, se realizó para el regocijo de la afición, que llegaba al coso un tanto desconfiada, pero con el deseo de ver cumplidas sus esperanzas… ¡Pastor, Gaona, Belmonte!... La trinidad que encarna todo lo que de bello, de artístico y de atrayente encierra el toreo. El poder supremo de la fiesta al servicio del estoque; "gallardía que se une al rayo"; ciencia que se une al estoque y de la que es maestro Pastor. El arte sutil, las gallardías y floreos de capa, las actitudes de suma elegancia, las líneas impecables de un bronce sin tacha y todo ello bordado en oro, a un paso de las fieras; tal Gaona. Y la valentía sin límites, el desprecio de la vida, la granada de una sonrisa que abre muy cerca ese par de dagas ensangrentadas que el toro agita cuando vuelve; el abanico de las verónicas abierto en el testuz mismo, así Belmonte, que materialmente parece como si se embarrara en el lustroso y encrespado pelo de los astados… La perspectiva de ver una sola tarde como esos tres maestros habrían de echar arte, valor, sabiduría, arrojo y finura frente a los toros que enviaba Piedras Negras, producía aleteos de esperanza en el ánimo de los aficionados, a quienes no fue posible ver el domingo anterior a esa realidad que ayer, bajo un sol magnífico, hizo agitarse de entusiasmo a quienes llenaban casi por completo la plaza del Toreo… Fue una buena corrida, porque es verdad que mucho dejaron que desear los toros (vieja y monótona cantinela que desgraciadamente parece ya consagrado estribillo), también es cierto que en ocasiones se prestaron al lucimiento de los diestros y que estos no desaprovecharon la oportunidad… No dejó tampoco de influir en el resultado general la delicada salud de Belmonte y que hizo pesar sobre la plaza quién sabe qué extraño ambiente que restó lucimiento a las hazañas... Bien se ve que Belmonte no está repuesto de sus heridas. Ayer hubo que poner burladeros en la plaza para evitar que el colosal trianero tuviera que saltar la barrera...
Al final, Latiguillo reduce el hecho de los burladeros a una cuestión meramente incidental o anécdotica, perdida entre su prolija y ditirámbica crónica, seguramente para resaltar la hombrada de Belmonte y evitar que pudiera parecer un alivio del torero.

No obstante, su estado de aflicción física era evidente, Ambos cronistas concluyen en que tras la muerte del sexto tuvo que ser auxiliado por sus compañeros de cartel y de cuadrilla para poder dejar el ruedo, dado el estado de agotamiento que presentaba. Pero eso no iba a detener a Juan Belmonte en si camino hacia la cumbre, pues para el siguiente domingo se anunció la repetición del cartel, a beneficio del trianero, aunque incluyendo en la combinación tres toros españoles de Peláez.

El anuncio del beneficio de Belmonte, para una semana después con el mismo cartel de toreros
El Toreo de la Condesa vio así por primera vez burladeros en su redondel. Se instalaron para auxiliar a un torero disminuido en sus facultades físicas. No mucho tiempo después dejaron de considerarse un alivio y pasarían a ser parte de la topografía cotidiana de ese y de todos los ruedos del mundo.
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