domingo, 27 de agosto de 2023

27 de agosto de 1916: La tragedia de Antonio Carpio, el dómine de Catarroja

Antonio Carpio Asins nació en Catarroja, población de la albufera valenciana el 11 de enero de 1895. Hijo de un constructor de carros y el mayor de cinco hermanos, en cuanto tuvo la edad suficiente fue enviado por su familia a realizar estudios de magisterio. Casi al final de esa formación profesional, el padre cae gravemente enfermo y con dificultad los concluye, consiguiendo, afortunadamente, ser destinado para ejercer su profesión docente a su localidad natal, donde se puede hacer cargo de su familia con el exiguo salario que entonces se pagaba a los maestros de escuela.

Creo que no requiere mucha explicación el hecho de que en la hoy Comunidad Valenciana existe una arraigada tradición taurina, tanto en la forma digamos convencional, con los festejos celebrados en las plazas de toros, así como en una importantísima cantidad de festejos con toros en las calles, los Bous al carrer. Casi al tiempo de que Antonio Carpio iniciaba su ejercicio como maestroescuela, Juan Belmonte recibía la alternativa y establecía un precedente en el sentido de que se podía salir de la miseria enfrentándose a los toros, al mismo tiempo de que impuso un nuevo canon para lidiarlos. 

Antonio Carpio se inspiró en el veloz ascenso de Belmonte y comenzó a frecuentar los festejos callejeros que se daban en su entorno. Allí abrevó los rudimentos para tratar de evitar las cornadas que dan los toros y en un momento determinado decidió que había más fortuna en los redondeles que en las aulas, renuncia a sus cinco pesetas diarias de salario y comienza a andar los caminos de España en busca de oportunidades para torear.

El paso por los ruedos de Antonio Carpio

Su presentación, vestido de luces fue en octubre de 1914, en la plaza de Valencia, en una novillada económica. Esa tarde se llevó una cornada, primera de las muchas que habían de poner en peligro su vida. Escribió acerca de lo que aportó en esos días el torero de Catarroja, José Simón Valdivielso:

El «parón», al que ya no se otorga consideración excesiva, fue entonces la revelación traída al toreo por la decisión da aquel maestrito de Catarroja, que quería conquistar, a costa de su riesgo, el bienestar para sus padres y la seguridad para el porvenir de sus hermanos... Antonio Carpio armó el gran alboroto entre la afición. ¡Y era dificilísimo armar el alboroto entonces! …

Quedarse quieto y jugar los brazos para desviar las embestidas de los toros… Ese era el secreto del hacer de Antonio Carpio en los ruedos y pronto le sirvió de reclamo para presentarse en las plazas más importantes de su patria. El 14 de marzo de 1915 lo hace en Barcelona, en la plaza de Las Arenas, alternando con Emilio Cortell Cortijano y Manuel Álvarez Andaluz en la lidia de novillos de Medina Garvey. Acerca de su actuación esa tarde, escribió para la edición nocturna del diario Noticiero Universal de la fecha del festejo, quien firmó como Licenciado Flechilla:

Carpio, que viste terno granate y oro, coge los trastos y da un pase alto muy peligroso y al segundo, de pecho, no da salida y es enganchado por el sobaco izquierdo. Se levanta y muletea desconcertado, temiéndose nuevamente una cornada. Entra algo lejos y pincha cayéndose el hierro. Intenta el descabello y suelta una baja. El toro dobla y unos aplauden y otros silban. El mozo, que está muy verde con el estoque, ha demostrado que no le tiene miedo a los cuernos…

Esa tarde, para no perder costumbre, salió con un puntazo de siete centímetros en la región glútea izquierda y no pudo matar al segundo novillo de su lote.

Su presentación en la Maestranza de Sevilla tendría lugar el 13 de junio siguiente, cuando para lidiar novillos de Gamero Cívico, tuvo de compañeros de cartel a Manuel Álvarez Andaluz y Pepe Rodas. Quien firmó como A.N. Drés en el diario Correo de Andalucía del día siguiente al del festejo, refirió acerca de su actuación lo siguiente:

Carpio, por lo que se ha visto en su debut, es un novillero muy mediano, habiendo sufrido una equivocación con venir a Sevilla, porque si ésta da mucho al que hace cosas grandes al toro, en cambio destroza a quien no se acerca, ni para ni aguanta en la inmensa mayoría de las veces... Aquí hay que hacerlo, y si no... ¡al agua! ...

El trato del cronista sevillano no fue precisamente comedido con la actuación del maestro de escuela valenciano, pues propiamente lo desahucia en su primera actuación en ese ruedo. No obstante, volverá al siguiente domingo y para no variar, saldrá herido por el primero de su lote.

La presentación en Madrid tendrá lugar el 25 de marzo de 1916, cuando enfrentaría novillos de la Viuda de Félix Gómez, junto con Manuel García Reyes y Pepe Amuedo. Esa tarde Pepe Amuedo terminaría matando a cuatro novillos, por percances de sus alternantes. A propósito de la actuación de Antonio Carpio, escribió Ángel Caamaño El Barquero, para El Heraldo de Madrid del día siguiente al de la novillada:

Siguiendo mi costumbre, ni afirmo, ni niego, ni digo que si esto, que si lo otro, y que si ya está aquí el redentor taurino. Me limito a decir que los capotazos que acaba de dar el joven Carpio han sido requetesuperiores, y se los aplaudo con entusiasmo... Carpio sale, se hace el silencio y el muchacho se va solo al cornúpeto y le larga, de primeras, un natural, otro de pecho, otro alto y otro de trinchera, que no diré yo que fueran la esencia del clasicismo; pero si digo y afirmo que estuvo cerca, cerquísima, entre los pitones y sin asustarse y sin descomponerse...

Además, Antonio Carpio sumó tardes en Almería, Zaragoza, Málaga, Cartagena, Tafalla o Gijón. Independientemente de repetir en varias ocasiones en Barcelona y en Madrid, donde se presentó por última vez el 15 de agosto y de donde salió para cumplir compromisos en Tafalla al día siguiente, en Gijón, el 20 de agosto y el de Astorga el 27 de agosto. Escribe F. Mendo en El Ruedo de Madrid del 24 de enero de 1952:

Vuelve a actuar en las Plazas de sus mejores tardes; viene a Madrid avanzada la temporada, el 15 de agosto; para entonces llevaba toreadas treinta y dos corridas, tenía firmadas otras tantas, y la Empresa de la capital de España acababa de apalabrarle el doctorado para la segunda temporada de abono de la próxima temporada… Dentro de esta excelente racha, el 27 de agosto aceptó intervenir en una corrida mixta en Astorga; tres toros de Rivas para «Torquito I» y otros tres, no menos pavorosos, para Carpio… Antes de abandonar Madrid la noche anterior a la corrida, unos amigos del torero trataron de hacerle desistir de enfrentarse con un ganado que de antemano se sabía era viejo y de excesivas defensas. Fué vano el intento.

- ¡Hay que triunfar o morir!... ¡Pero pronto!...

- Respondió Carpio.

Bebió unos chatos de manzanilla con sus acompañantes.

— ¡Por tu buena suerte! 
— Deseó alguien.

— ¡Que Dios la reparta entre nosotros!

— Murmuró el diestro con un gesto fatalista…

Astorga, 27 de agosto de 1916

El domingo 27 de agosto de 1916 se anunció en la plaza de toros de Astorga un festejo mixto en el que alternarían el matador de toros Serafín Vigiola Torquito y Antonio Carpio, novillero, en la lidia de seis de don Ángel Rivas, ganadero de Cabañas de Sayago. La procedencia de los toros a lidiarse era de la antigua ganadería de Santiago Neches, formada con vacas de Veragua y sementales de Conradi y Santa Coloma. Siendo propiedad de Neches, el 23 de agosto de 1908, en la misma plaza de Astorga, un toro de esa vacada hirió mortalmente al torero Hilario González Serranito, motivo por el cual se enajenó la ganadería a su titular en la fecha que me ocupa en este momento.

El segundo de la tarde, se llamó Aborrecido. José Rico de Estasen relata así la actuación final de Antonio Carpio ante él:

El astado, de imponente aspecto y gran poder, llevaba un nombre siniestro: «Aborrecido». Era de la ganadería de Rivas, y resultó de difícil lidia; tanto, que al hacerle un quite volteó al diestro aparatosamente, destrozándole la taleguilla. Pero Antonio Carpio no se amilanó. Antes, al contrario, continuó prodigando sus muestras de arrojo y valentía, sobre todo una vez provisto de los trastos de matar, con los que dio al bicho varios pases de muleta, apretándose hasta lo inverosímil… En uno de éstos, el novillo de siniestro nombre se le arrancó, empitonándole por el muslo derecho… El desgraciado diestro, tras de ser volteado aparatosamente, cayó al suelo. Tras la cogida aparatosa y emocionante, se levantó, echó a correr, y aún tuvo fuerzas para saltar la barrera. En el callejón acudieron a su auxilio miembros de la Cruz Roja, quienes le trasladaron a la enfermería. El infeliz novillero dejó tras de sí un reguero de sangre…

Fue atendido por el médico de Astorga, José Hernández Mena y estando en el tendido el cirujano del Hospital Princesa de Madrid, Julio Garro, se aprestaron a atender al torero herido, pero cuando llegó a la enfermería estaba el torero ya en lo que hoy llamaríamos choque hipovolémico por el profuso sangrado. Refiere el semanario madrileño Toros y Toreros del 29 de agosto siguiente:

El percance acaeció al matar Carpio su primer burel, el cual, alcanzándole, le corneó furiosamente causándole, aparte del magullamiento general, una tremenda herida como dé veintidós centímetros de extensión, por quince de profundidad en el muslo derecho interesándole la arteria femoral. En vista de la postración en que se encontraba el herido por efecto de la grandísima hemorragia sufrida, fue viaticado, y no obstante los esfuerzos de la ciencia, falleció a las diez y media de la noche…

Rafael Pérez Taylor, periodista mexicano que firmaba sus escritos como Hipólito Seijas, cita lo siguiente en su colaboración aparecida en el número del semanario La Lidia, de la Ciudad de México, fechado el 26 de mayo de 1944:

En la enfermería, entrando ya en período agónico, preguntó a su apoderado:

- ¿Cuánto dejo en el banco para mi familia?

- Sesenta mil pesetas.

- Muero contento. De maestro de escuela nunca las hubiera reunido y dejado...

Hipólito Seijas no precisa la fuente de la que recabó tal diálogo, pero el recorrido literario por la vida del torero hace presumir que esa entereza mostrada en sus últimos instantes era posible.

El regreso a Catarroja

Sería otro torero valenciano, éste de Algemesí, el que organizaría un festejo en 1922, a efecto de conseguir el traslado de los restos mortales de Antonio Carpio a Catarroja. Me refiero a Rosario Olmos, compañero de generación de Manolo Martínez El Tigre de Ruzafa y de Francisco Tamarit Chaves. Apoderado por el escritor taurino Isidro Amorós Don Justo, consigue un acercamiento con la empresa de Valencia, dirigida por Arturo Duart, para que el 3 de diciembre de ese 1922, se formara un cartel en el que actuaron Rafael Dutrús Llapisera, el picador José Cantos Barana y los novilleros Manuel Martínez, Francisco Tamarit Chaves, Rosario Olmos y Tomás Jiménez ante novillos de distintas ganaderías.

José Rico de Estasen, en el número de El Ruedo salido a los puestos el 13 de mayo de 1954, escribe acerca del resultado del festival:

Lo recaudado en la novillada benéfica de que queda hecha mención, alcanzó a sufragar los gastos del traslado del cadáver de Carpio y de la construcción del artístico mausoleo donde habría de ser inhumado en el Camposanto de Catarroja. El panteón donde reposan los restos del lidiador inolvidable aparece coronado por una cruz, de la que pende un ángel labrado con mucha soltura y primor. En el pedestal destaca el busto del fallecido, sobre una rama de laurel y una cartela con esta inscripción: «LOS TOREROS VALENCIANOS Y LA AFICIÓN A ANTONIO CARPIO» …

El dómine de Catarroja había vuelto a casa, aunque quizás nunca alcanzó a escuchar en una plaza el pasodoble que ese año de 1916 compuso en su honor el músico gallego Reveriano Sotullo, que en la cubierta de su partitura reza: Al nuevo fenómeno Antonio Carpio. Carpio, pasodoble flamenco. Pero seguramente algún día de estos, resuene en una plaza y quien lo reconozca, recuerde que se le dedicó a un torero valiente y decidido a salir adelante aún a costa de perder su vida.

Post scriptum

Hace un par de décadas, Giovanna Ribes, sobrina nieta de Antonio Carpio, dirigió el rodaje de un documental titulado El Sueño Temerario, mismo en el que:

A través de un novillero, Antonio Carpio “El Maestro” que murió en Astorga de una cornada en la femoral a principios del siglo XX y de los novilleros actuales Juan Ávila y Juan Francisco Prados, “El Sueño Temerario” es un documental personal que pretende indagar sobre la conciencia del ser humano, el temor al fracaso y su deseo de realizar grandes acciones, a veces incluso capaces de determinar el proceso histórico, acciones que los convierte en héroes cautivos de su propio sueño y que los lleva a la decisión de recibir la muerte, gustosos, antes que la figura del héroe que ellos han soñado se desvanezca entre la multitud…

La producción de aproximadamente una hora de duración, se puede ver en esta ubicación

Reconocimiento: Quiero agradecer a mi amigo Paco Abad el haberme puesto sobre la pista de este asunto en su magnífica bitácora del Aula Taurina de Granada. Lo allí publicado lo pueden ustedes consultar aquí y aquí.

domingo, 20 de agosto de 2023

21 de agosto de 1944: Gregorio García se presenta en plazas de España

Gregorio García
Foto: Orduña

El año de 1944 es uno señalado para la historia patria del toreo, pues el 18 de julio de ese calendario, se reanudó el intercambio taurino con España, suspendido efectivamente desde el 11 de junio de 1936, fecha en la que nuestros toreros – Armillita, Carnicerito de México y El Soldado – actuaron en Murcia, teniéndose como pretexto, la falta de la carta de trabajo que preceptuaba un decreto aparecido en la Gaceta de Madrid del 3 de mayo anterior y que sirviera, en mi concepto, para encubrir una serie de intereses políticos de toreros de primera línea y ganaderos españoles, así como para quitar de en medio a otros actores principales, que en las circunstancias que se vivían antes de la Guerra Civil, amenazaban con quedarse con el mando de la fiesta allá y quizás hasta aquí.

Por ese inicio tardío de la campaña para nuestros diestros, el escalafón final refleja pocos de sus nombres, apenas una media docena de matadores de toros, Fermín Rivera, Carlos Vera Cañitas, Luis Castro El Soldado y Arturo Álvarez Vizcaíno, aparte del nombrado Ciclón Mexicano y del personaje de este día. También actuaron allá varios novilleros o matadores de toros que renunciaron a la alternativa recibida aquí, con la finalidad de recibir una nueva allá. Nombres como los de Felipe González El Talismán Poblano, Antonio Rangel o Leopoldo Ramos El Ahijado del Matadero se vieron anunciados en la plaza de Madrid en ese calendario de la reanudación.

El abono de San Sebastián de 1944

Eduardo Pagés era quien llevaba la plaza de El Chofre en San Sebastián. Para ese calendario ofreció un abono de 5 corridas de toros, celebrándose las tres primeras, los días 13, 14 y 15 de agosto, dentro de la Semana Grande y contaban con la presencia de figuras como Domingo Ortega, El Estudiante, Manolete o Pepe Luis Vázquez. Los dos festejos complementarios del abono se darían los domingos 20 y 27 de agosto y entre estos dos últimos se intercaló, el jueves 24 de agosto, un festival benéfico que tenía como atractivo la actuación de Juan Belmonte toreando a caballo y del siempre genial Rafael Gómez El Gallo.

La corrida del domingo 20 de agosto sería una de concurso de ganaderías, en las que toros de Juan Pedro Domecq, Félix Moreno Ardanuy, y Clemente Tassara por los ganaderos andaluces y de Caridad Cobaleda Vda. de Galache, Antonio Pérez de San Fernando, y Atanasio Fernández por los de Salamanca, se disputarían el Toro de Oro, escultura realizada por Mariano Benlliure. El cartel de toreros se anunció originalmente con Manuel Álvarez Andaluz, Manolo Escudero y Luis Miguel Dominguín, quien apenas había recibido la alternativa el día 2 anterior en La Coruña, de manos de Domingo Ortega.

El día 15 de agosto, la prensa de San Sebastián advertía que habría una baja en el cartel y que sería precisamente la de Luis Miguel y también aseguraba que Gregorio García recibiría la alternativa en San Sebastián. Escribió J. Cortabarría para La Voz de España, de la capital guipuzcoana:

Parece que para la corrida concurso del domingo no vendrá uno de los tres toreros anunciados. No lo aseguramos, porque todavía no ha llegado el consabido e inevitable parte facultativo. Si llega – que, por lo que cuentan, llegará pronto –, en ese caso, sustituyendo al torero que falte, vendría otro que es mejicano, a punto de pisar tierra española. Se llama Gregorio García. De él cuentan y no acaban. Como banderillero, extraordinario, sobre todo. Más que Carlos Arruza, según algunos… Si lo dicho se confirma – que se va a confirmar –, Gregorio García tomará la alternativa el domingo en nuestra plaza… Y para que nadie se torture el cerebro, vamos a apuntar más. El torero que, posiblemente no vendrá el domingo, es Luis Miguel «Dominguín» …

Pareciera que al redactor de La Voz de España no le había llegado la información de que a partir del 18 de julio anterior, las alternativas concedidas en El Toreo y otras plazas de primera categoría en México eran plenamente válidas en España y únicamente requerían confirmarse en Madrid, por lo que en consecuencia, Gregorio García, quien fue investido matador de toros en la plaza de La Condesa el 5 de diciembre de 1943, por Jesús Solórzano, en presencia de El Soldado, podía actuar en corridas de toros allá, sin cortapisa alguna.

Posposición de la corrida

Como lo señalaba en líneas anteriores, el festejo fue originalmente anunciado para el domingo 20 de agosto, pero a causa del mal tiempo, se tuvo que posponer para el día siguiente, lunes 21, según se anunció en la Hoja del Lunes de la capital donostiarra, aparecida el día que se verificó el festejo:

La corrida suspendida ayer a causa del mal tiempo, se celebrará esta tarde con los mismos alicientes y el mismo cartel. Y a la misma hora: cinco y media... Los toros, seis de las primeras ganaderías salmantinas y andaluzas seleccionadas para este concurso del «Toro de Oro» modelado por Mariano Benlliure, y la presentación en España del ídolo de los públicos mexicanos y portugueses Gregorio García, que alternará con el gran torero trianero «Andaluz» y el fino artista madrileño Manuel Escudero...

Allí la explicación del cambio de la fecha originalmente anunciada.

La actuación de Gregorio García

Al torero de la hacienda de Santo Domingo le tocó enfrentar a los toros de Atanasio Fernández y de Clemente Tassara. De su actuación ante el primero, llamado Cardillito, número 30, de 482 kilos de peso, el citado cronista de La Voz de España, escribió:

Mala suerte en el ganado, para presentación ante un público distinto al suyo, tuvo el mejicano Gregorio García. Para él fue el mansísimo toro de Atanasio Fernández – más de un manso así ha de salir en ganadería cual esta, sin base y menos abolengo – y a él le correspondió también el peligrosísimo de Tassara. El de Atanasio, por añadidura, y aparte del aparato en la cabeza, llegó a sus manos sin haberle partido apenas un pelo los del castoreño. Lo toreó suave de capa el mejicano y luego le colocó tres magníficos pares de banderillas: al cuarteo, de poder a poder y al sesgo. Los tres, apurado en la salida – una de las veces se vio perseguido y derribado – pero con elegancia, con gracia en la preparación y ejecución. La plaza entera se levantó para aclamarle. Con la muleta, tiró a abreviar. Hábil al matar…

Como se ve, Gregorio confirmó su fama de gran banderillero y la calidad de su toreo de capa. Quizás y de acuerdo con lo descrito por Cortabarría en su crónica, se vio un poco apurado por la pujanza del toro español en su primer encuentro, aunque desde el inicio, se deja en claro que no era un toro para el lucimiento.

El segundo de su lote fue el de Tassara, quien firmó como Feliú, en el Diario Vasco contó así su actuación y los sucesos de su lidia:

SEXTO. – De don Clemente Tassara, de Sevilla. Se llama «Canilejo», lleva el número 15 y es negro y gordo, magnífico de estampa y ancho de cuerna. Su salida, lenta y solemne, levanta aplausos de admiración. Lo merece en efecto su lámina imponente. Pesaba 443 kilos. Pero lo que ganó por presentación, lo perdió por su pelea cobarde, gazapona, huida y reservona, lanzando hachazos sobre seguro y esperando siempre al enemigo. Tomó seis varas saliendo huido y rebrincando en las seis. Su lidia fue peligrosísima por su pelea bronca y reservona… El mejicano García le propinó cuatro verónicas imponentes (las mejores de la tarde) que arrancaron olés y ovaciones. Después, contra la opinión del público, cogió las banderillas e intentó el primer par al cuarteo. Al ir a clavar, consintiendo mucho, lo esperó el toro y decidió salir del embroque sin ponerlas y por pies, cayendo en un tropezón ante la cara del bicho que hizo por él rompiéndole la taleguilla por la parte trasera del muslo derecho. Al quite se lanzan peones y espadas y el toro incierto buscó la salida. Escudero, que acudía presuroso advirtió que el toro se le echaba encima e intentó sacárselo, pero el cuerno le enganchó por el pecho y lo llevó colgado ocho o diez metros hasta que cayó por su peso, exánime. Lo recogen las asistencias y pasa a la enfermería. (La emoción es enorme pues se aprecia a simple vista una cornada grave). El mejicano vuelve a intentar clavar banderillas, pero al fin desiste ante la imposibilidad de hacerlo… Su faena de muleta, en cambio, fue una revelación. Logró hacerse con el toro y dominarlo con extraordinaria bravura, surgiendo pases de gran belleza. Mató recibiendo de una gran estocada. (Fue despedido con una fuerte ovación) …

La evolución de Manolo Escudero

Manolo Escudero
La cornada que recibió el torero del barrio de Embajadores fue gravísima. El parte médico que se rindió por los doctores Urbina y Garmendia, aparecido en el número de El Ruedo salido a los puestos el 23 de agosto siguiente fue de la siguiente guisa:

Durante la lidia del sexto toro ha ingresado el diestro Manolo Escudero, que presenta herida penetrante en el pulmón, por la región axilar izquierda, con rotura de costillas y fuerte conmoción. Pronóstico, muy grave. El torero, al ingresar a la enfermería, fue asistido por los doctores Urbina y Garmendia. Sufrió un fuerte colapso, que inquietó a los facultativos, así como la gran pérdida de sangre. La primera impresión era que el diestro sufría una cogida de las que pueden hacer peligrar su vida. A la media hora de su permanencia en la enfermería reaccionó algo, lo que permitió a los médicos su traslado a la Clínica San Ignacio, donde se le hará nueva intervención.

Un par de semanas después, pudo ser trasladado al Sanatorio de Toreros en Madrid, para continuar su recuperación, allí, le entrevistó quien firmó como A.R.A., entrevista que salió publicada en el número de El Ruedo, fechado el 6 de septiembre de ese 1944, en el que, entre otras cosas, el torero contó:

...Una cogida tonta. Era el último toro de la tarde y Gregorio García prendía el último par de banderillas... Yo iba andando hacia la barrera para abandonar el ruedo, cuando vi al mejicano que caía y abrí el capote para hacer el quite. El toro se arrancó ciego, le atropelló y se me echó encima. Me enganchó y sentí perfectamente que me pegaba la cornada en el pecho. Me tuvo prendido unos instantes, durante los cuales no sólo sentí un dolor terrible, sino que me di cuenta de cómo se desgarraba la carne. Pensé que me había matado y ya no pude levantarme...

Hace unos años tuve la oportunidad de conversar con el maestro Raúl García, sobrino de Gregorio García, acerca de este incidente, tratando de obtener más información acerca del mismo. Lo único que me pudo contar fue que su tío Gregorio recordaba con claridad, pero con desazón esa tarde y esa grave cornada que seguro estaba que era para él y que nadie pudo hacer nada por evitarla, pero sin dar más detalles.

La recuperación de Manolo Escudero fue lenta. No estuvo en condiciones de reaparecer sino hasta el 26 de abril de 1945, en Barcelona, justamente en la presentación de Silverio Pérez como matador de toros en ruedos hispanos.

El devenir de Gregorio García 

Ese año de 1944, Gregorio García fue el torero mexicano que más actuaciones sumó en ruedos europeos, después de Carlos Arruza. Donde tuvo mayor predicamento fue en las plazas de Portugal, sobre todo en la de Lisboa, donde llegó a sumar 48 tardes. También en Portugal, Gregorio García fue pionero en cuanto al marketing taurino, pues había una marca de ropa para caballero con su nombre.

Nunca confirmaría su alternativa en la capital española, pero permanecería en activo hasta el año de 1965, despidiéndose del público mexicano el 1º de mayo en la plaza de Torreón y de la afición lisboeta en Campo Pequeño el 15 de julio de ese mismo año.

Gregorio García falleció en Uruapan, Michoacán, el 6 de marzo de 1993.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son obra imputable exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en los originales de los que fueron copiados.

domingo, 13 de agosto de 2023

Relecturas de verano (XII)

En la Puerta

Fernando López Vázquez, un torero de exquisitos procedimientos ante los toros vio publicado en 1991 su valiente ensayo biográfico que llevó por título el apodo que, en una crónica aparecida en el diario capitalino Excélsior, le impusiera para la posteridad, firmando como Don Inmodesto, el que después pasaría a la historia universal del toreo y de las letras como José Alameda: El Torero de Canela, partiendo quizás de aquella idea que externara Arthur Miller, en el sentido de que el aroma de algo es aquello que no se puede ver, pero se puede percibir y sobre todo, se puede recordar.

Aproximadamente una década después – tengo en mi poder la segunda edición del año 2001 –, El Torero de Canela volvió a las arenas editoriales, en esta oportunidad con una novela, en la que, evidentemente, el tema de la fiesta es el eje de la trama y en el que a través del andar de un personaje – Fermín Conde – estudiante de música en el Conservatorio Nacional, que como él, accidentalmente acudió a un festejo taurino y en cuanto observó lo que allí sucedía quedó seducido por el ambiente, construye una historia que, de acuerdo con los sucesos de la actualidad reciente, cobra a mi personal juicio, mucho interés.

La trama de En la Puerta

Fermín Conde, decía, era un estudiante del Conservatorio Nacional de Música, originario de Pachuca, Hidalgo y en una visita de fin de semana a la casa de su familia, se reúne con su novia que era hija de uno de los profesores más importantes de la Escuela de Música de la Universidad de Hidalgo, profesor que ese domingo, fue llamado in extremis, a suplir a su amigo el director de la banda de música que amenizaba los festejos taurinos de la plaza Vicente Segura de la llamada Bella Airosa.

El profesor universitario y director suplente invita a los toros a su hija y al que después sería su yerno a acompañarlo al festejo y ambos acuden a regañadientes, porque, sintiéndose cultos, no admiten la existencia ni la subsistencia de una fiesta como la de los toros. Concluida la corrida, el autor escribe los siguientes diálogos:

Al término de la corrida se reunieron con don Evodio, salieron lentamente hacia el vehículo y ya en él, se escuchó a Grecia decir:

- No me gustó, es sangriento, pobres animales…

- Me gustaría aprender a torear, dijo Fermín.

- ¡No! Dijeron ambos al mismo tiempo.

- Sí – ratificó Fermín – el toreo es bello, rítmico, aunque estoy de acuerdo con usted maestro, en que la música no es la apropiada y contigo Greci, en que el espectáculo es sangriento, pero quitando esas dos “cosas”, el toreo es hermoso…

Lo que una supuesta afiliación cultural impedía ver a dos personas, fue precisamente la ventana que se abrió para una tercera, que en los términos del decurso de la obra, a partir de ese año de 1997, empezó a buscar la manera de aprender a torear, como una manera de entender lo que había visto esa tarde de domingo, en la que accidentalmente, sin proponérselo, asistió a una corrida de toros.

Posteriormente Fermín Conde se acercaría a los más conspicuos aficionados de su ciudad natal y se dedicaría a leer las principales obras escritas a propósito de la tauromaquia, ello sin descuidar por una parte sus estudios de música, pero tampoco su aprendizaje de los secretos de la lidia de los toros, que emprendía con verdadero interés.

De allí a la triunfal presentación como novillero en León, Guanajuato, el siguiente enero, transcurrió un suspiro y a la alternativa en olor de multitudes, apenas otro. Fermín Conde, un virtuoso de la música y del toreo ocupaba las todavía principales páginas de los medios que difundían la fiesta sin temor a ser considerados políticamente incorrectos.

Los conceptos conflictivos en la novela

Pronto Fermín Conde se encontraría inmerso en los principales acontecimientos de la fiesta en este país. La corrida del 5 de febrero no podía prescindir de su presencia y apenas con unos cuantos años de alternativa, era el principal atractivo de ella. En ese festejo, realizó un ejercicio que no es precisamente ortodoxo y que se relata por el autor así:

Ahora – continuó el cronista – ya se abrieron las medias puertas del ruedo donde aparecen los picadores; en el tercio contrario Pablo Samperio toca al toro quedándose con él, mientras Fermín Conde llega hasta donde están los picadores dialoga con ellos, retroceden y vuelve a cerrarse el ruedo. Por medio de serias con un brazo en alto Fermín trata de explicar al público que los picadores no saldrán; por el interfón la autoridad del callejón informa a la autoridad de la plaza que los de a caballo, a pedimento del matador Fermín Conde, aceptaron no salir, por lo que el matador queda autorizado para continuar la lidia; mientras todo esto sucede, el público de las localidades cercanas a los sucesos se entera que ese toro se lidiará sin picar y empieza a aplaudir y la noticia se va regando por el tendido y cuando la autoridad lo anuncia por el sonido local estallan los aplausos de un público que no sabe exactamente lo que va a suceder pero que intuye que algo está modificando la tradición en la fiesta de toros y si ustedes me lo permiten – decía el locutor – yo con ellos.

Al final de cuentas, el toro así lidiado, fue indultado. Ni siquiera se pudo calibrar su bravura ante los picadores, solamente se pudo ver que era un dulce para la muleta y por eso se le perdonó la vida… La mesa estaba puesta para un giro copernicano – nada propicio – en la fiesta de los toros.

Posteriormente el torero Fermín Conde intentaría imponer lo que hoy son llamadas las corridas del velcro, en las que no se pica a los toros y la suerte de banderillas se simula pegando al morrillo de los toros una capa de velcro, para que las banderillas se sujeten a ella por acción de ese mecanismo de adhesión plástico. El autor narra que la Unión de Subalternos se opuso a la celebración de tales festejos, amenazando vetos a las plazas que los llevaran a cabo, por lo que el torero – músico desistió de ello, cumpliendo con sus compromisos a la usanza tradicional y después de ello, haciendo un paréntesis en su carrera en los ruedos, para dedicarse por completo a la música.

- ¿Qué has pensado sobre lo de los subalternos?

- Creo – contestó Fermín – que aún no tengo la fuerza suficiente para cambiar el rumbo del toreo y, pensándolo bien, creo que nunca lo podré hacer... no seré yo quien acabe lo que lleva siglos de ser... continuaremos con lo tradicional, pero yo estoy en esto por el arte que en ello existe y también creo que para que llegue a ser arte puro, deberán limarse asperezas; tal vez estoy equivocando el camino y no deba hacerlo en las plazas, el tiempo lo dirá.

El epílogo de la novela

Fernando López, El Torero de Canela, cierra su novela con una supuesta crónica, fechada el año 2055, en la que, entre otras cuestiones, se dice:

Con la eliminación de los picadores, se acabó, se cerró el capítulo del toreo nacido a caballo con los señores feudales... El toro, con tres años cumplidos y cuatrocientos kilos de peso, salió en las plazas con el beneplácito del público... Generalmente los tres toreros hacen dos “quites” cada uno en cada toro, con los aplausos y ovaciones que merezcan, durando el tercio de capa, diez o quince minutos... El tercio de banderillas también se modificó, se usan las banderillas con el velcro adhesivo y se desterró el arpón. El largo de las mismas se redujo a cuarenta centímetros resultando más emotiva la suerte, la que sigue ejecutándose de poder a poder, al sesgo, al cambio, andándole hasta la cara, con giros, con cambios de espalda, galleando, por la izquierda, por la derecha, por dentro, por fuera, colocándose tantos pares como el público pida... Al llegar al último tercio, fue una sorpresa comprobar que sin el castigo del picador y los arpones de las banderillas, la mayoría de los toros embisten mejor; sin el tiempo limitado, las faenas con muleta son tan largas o cortas como el toro, torero y público quiere... la suerte de matar se ejecuta sin estoque y el toro regresa vivo a los corrales... ahora ya el único en peligro de muerte es el torero y esto aumentó el interés por el espectáculo, aún en aquellos que antes la repudiaron con el pretexto de “la protección a los animales”...

¿Apología o premonición?

Los sucesos de fechas recientes, como el anuncio de toros sin sangre en un cortijo privado, que al final, vistas las pocas imágenes que del mismo circularon, fueron una lamentable mojiganga en la que participaron toros de lidia y un matador de toros, me llevaron a recordar que hace algunos años leí esta novela del Torero de Canela. En una primera lectura, archivé el libro molesto, decepcionado, porque quedé convencido de que don Fernando López, después de haber sido un torero importante en la historia patria del toreo, se había convertido en un apologista de esas corridas sin sangre.

Pero ahora, a la vuelta de los años, y vistos los sucesos recientes, me quedo con la duda acerca de sí efectivamente su obra tenía por objeto el defender ese tipo de festejos taurinos o sí por el contrario, su intención era la de advertirnos, como torero que ha sido y como aficionado, del mal que se nos venía encima, por la penetración en los medios de la fiesta de personas que desconocen su historia, sus tradiciones y sus entrañas.

Hoy dejo este intento de reseña bibliográfica con una duda. No obstante, si pueden conseguir el libro, léanlo y entérense de los peligros que se nos vienen encima.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son obra imputable exclusivamente a este amanunense, por no obrar así en su respectivo original.

Referencia bibliográfica: En la Puerta. – Fernando López Vázquez. – Grupo Editorial Alternativa, segunda edición, México, 2001, 187 páginas, con ilustraciones en blanco y negro. – ISBN 970 – 9030 – 02 – 7.

domingo, 6 de agosto de 2023

6 de agosto de 1933: Triunfal alternativa de Lorenzo Garza en Santander

Lorenzo Garza
Foto: Luis Reynoso
Lorenzo Garza se marchó a España en 1932, con una carta de recomendación de Carlos Quirós Monosabio para Eduardo Pagés y consigue actuar allí en seis novilladas – Barcelona, Santander, Bilbao, San Sebastián y Burdeos – dejando una buena impresión, a partir de hacerse notar como un torero predominantemente de valor. Algunos lo llamaron en esa primera época torero de parón, como Daniel Tapia en su Historia del Toreo, pero otros, como Néstor Luján, en su obra de igual título, lo califica más bien de estoico.

Sea como fuere, logró interesar a más empresas que a la de Pagés, que era la que lo amparaba y en el año de 1933 suma quince novilladas antes de que, se anuncie su alternativa en la plaza de Santander, que fue el puerto por el que entró a España el calendario anterior, apadrinándole Pepe Bienvenida y fungiendo como testigo Antonio García Maravilla. Los toros serían de Celso Cruz del Castillo, de origen Saltillo – Santa Coloma, vía Dionisio Peláez y cuyo hierro corresponde en la actualidad a la ganadería de La Guadamilla.

La impresión previa del festejo

La crónica que Federico M. Alcázar escribió como enviado para el diario madrileño La Voz, en esta ocasión recoge lo sucedido en la víspera en Vitoria y en la corrida que me ocupa. En la consideración previa a la narración de los sucesos en el ruedo, cuenta:

En Santander nos aguarda una novedad: la alternativa de Garza. Lorenzo Garza no es un improvisado en el toreo. Llega a la alternativa después de una campaña brillante y triunfal de novillero. De todos los toreros que han venido en estos últimos años de Méjico, Garza es el de más acusada personalidad. Tiene un valor tan extraordinario, que raya en la temeridad, y además torea bien… Pero lo característico de su toreo es la emoción, una emoción que hace temblar a la gente de angustia. Si los toros no le echan atrás, va a poner la tila a millón. Palabra…

Como se ve, su narrativa parte de la idea inicial que se tuvo de Lorenzo Garza, que era un torero todo valor, estoico, como lo calificó Luján y que resolvía todo a base de riñones y de jugarse la piel con alegría delante de los pitones de los toros. En suma, era un temerario que sabía torear y que podía complicarle la existencia a los que estaban en la cumbre con su entrega y su valor.

Habrá que agregar que la plaza se llenó y que asistieron al festejo el Ministro de Industria y Comercio José Franchy y Roca, el embajador de Francia, – seguramente ambos vacacionaban en el lugar –, y las crónicas reflejan que había en los tendidos numerosos aficionados de habla inglesa pues estaba atracado en el puerto el vapor Calgary.  

La actuación de Lorenzo Garza en esa tarde

Según la fuente que se lea, la actuación del Califa de Monterrey tuvo importancia, pero las fuentes más fiables que son el propio Alcázar y el cronista anónimo del diario madrileño Luz, reflejan que la tarde fue triunfal para él. En la edición de Luz, salida a los puestos el 7 de agosto de 1933, se relata acerca de su actuación ante el sexto de la tarde:

Negro y más grande que los últimos. Garza intenta armar el escándalo, pero el bicho no acude; cuando lo consigue se lo pasa por la barriga con un valor temerario. Garza brinda desde el centro, y en el primer pase sale trompicado, pero luego hace una faena valentísima. Se desmaya una inglesita en un palco. Cinco pases por bajo, y ya el público se pone de pie. Otros cinco de rodillas y arma el alboroto. Sigue entre los pitones, y entra a matar, dejando una estocada formidable. Descabella y es ovacionadísimo. Se tira al ruedo un grupo de «capitalistas» y lo sacan en hombros por la puerta grande, llevándoselo hasta el ferial de ganado, donde al fin puede escapar hasta el coche…

Por su parte, Alcázar, de una manera más compuesta en el aspecto literario, expone de la siguiente forma la actuación del toricantano:

Lorenzo Garza ha estado a punto de darnos un disgusto en el primer toro. Al engendrar un lance de capa ha sido cogido y volteado, metiéndole el toro la cabeza en el suelo. Afortunadamente el percance no le ha impedido hacer un quite colosal y derrochar un valor extraordinario en la faena de muleta. Empezó con el ayudado por alto, al que siguió uno de pecho formidable. Estalló la ovación, y ligó cuatro naturales estupendos. Al doblar la muleta para echarse el toro por delante en el obligado de pecho se dobló el animal de las manos y la suerte quedó rota. Continuó toreando a los acordes de la música, metido entre los pitones, en medio del entusiasmo del público. Mató de una corta delantera, un pinchazo y un descabello. (Le ovacionaron) … En el último armó un alboroto mayúsculo. El toro era tardo; pero Garza se metió en el terreno, le obligó a embestir, y después de dos ayudados espléndidos que se jalearon dio una serie de pases en redondo formidables. Toro y torero parecían fundirse en un solo cuerpo. Tan ajustado, tan ceñido, le pasaba el toro. Cada muletazo iba seguido de un clamor de entusiasmo y un susto de la muchedumbre. Rompió de nuevo la música a tocar, y continuó toreando temerariamente, entre ovaciones clamorosas. Después se hincó de rodillas, dando varios pases colgado en los pitones. Entró derecho a matar, y el estoque cayó delantero. Por tardar en doblar el toro no le dieron la oreja; pero el público se tiró al ruedo y se lo llevó en hombros por la Alameda. Una alternativa con éxito. Con el valor que ha derrochado esta tarde Garza, sobre todo después del tantarantán del primer toro, se podían hacer varios toreros… Garza es un torero que asusta, y precisamente en esto radica el interés de su figura. También torea, y torea admirablemente, parando, templando, cargando la suerte, sobre todo al toro de pronta arrancada; pero su nota característica es el valor: un valor que, como hemos indicado anteriormente, raya en la temeridad…

El estilo del cronista es más claro para exponer, en conjunto, la realidad de la actuación del torero que se alternativaba esa tarde, describe las suertes que la integraron, pero no es la mera reseña de las mismas, sino que intenta plantear la manera como apreció lo que vio en la plaza. En lo que coincide con la anterior, es en que aún sin corte de apéndices, se lo llevaron en hombros de la plaza.

El resto de la corrida

Dice Alcázar en su crónica que vio a Pepe Bienvenida dar los mejores lances que le había visto en su vida y que como banderillero tuvo un éxito rotundo. No tengo elementos para determinar si esa afirmación era ditirambo o en realidad ocurrió así. Lo cierto es que Pepe Bienvenida es, por lo que le he visto en las cintas y el video, el torero más completo de esa casa, quizás algo corto de personalidad, pero para mí, el más completo de todos.

Maravilla le cortó la oreja al tercero, al que toreó con lucimiento tanto de capa como con la muleta. Esa tarde, según la mayor parte de las relaciones consultadas, fue el que mejor estuvo con la espada, por eso la obtención del trofeo.

Del encierro lidiado, escribió Federico M. Alcázar:

Los toros de D. Celso, hoy de sus hijos, Manolo Muñoz y Celsito, es de lo más puro que pasta en campos de Castilla. Por su procedencia y por su casta merecen la misma estimación que los de Graciliano, Coquilla y demás ganaderías punteras de Salamanca. La corrida de esta tarde ha estado magníficamente presentada. Tipo, peso, pitones, finura y trapío. Una corrida para Madrid, con un peso que no bajará de trescientos kilos. Los seis toros se han arrancado pronto a los caballos, recargando con codicia, derribando con estrépito, haciendo una pelea superior, y sobre todo, acusando la brava casta de Santa Coloma y Saltillo. El más bravo ha sido el cuarto, un ejemplar precioso, y el más flojo, el quinto. Para los toreros no han dado tanto juego. El primero y último, dóciles, y el tercero y quinto, tardos, reservones. Todos han llegado al final quedados por su pelea con los caballos…

Ya aprecio por allí que se puede deducir que hay toros bravos para el ganadero y toros bravos para el torero, cuestión de ver las entrelíneas del párrafo.

Una reflexión hecha algo más de una década después

Con esa alternativa, Lorenzo Garza toreó apenas tres corridas de toros y el 24 de febrero siguiente, volvería a torear novilladas, iniciando la definitiva campaña novilleril en Valencia. Ese calendario torearía quince novilladas y el 5 de septiembre de 1934 recibiría el doctorado definitivo en Aranjuez, de manos de Juan Belmonte. En 1945 regresó a hacer una campaña que resultó de gran importancia, porque el 15 de julio de ese año, le cortó dos orejas al segundo toro de su lote, de Alipio Pérez Tabernero, en la plaza de Las Ventas, alternando con Manuel Álvarez Andaluz, Manolo Escudero y la torera a caballo Conchita Cintrón.

Un mes antes de esa tarde triunfal, en el número de El Ruedo aparecido el 12 de junio de ese año, se publicó una entrevista que le concedió a Cruz Ernesto Franquet, entre otras cosas, Lorenzo Garza dijo:

Me costó mucho trabajo llegar donde quise. Hube de tomar en España dos veces la alternativa. Una, en Santander, que me la otorgó Pepe Bienvenida, siendo testigo Maravilla, y a la que renuncié más tarde, para volver a las novilladas, y luego, la definitiva, en Aranjuez, que me la dio Belmonte, actuando de testigo Marcial Lalanda. Pero hasta llegar aquí hubo mucho que luchar. El principio de mi carrera taurina empieza en junio del año 1934 con una tarde lluviosa, en la que conseguí el éxito que yo perseguía. Desde ahí todo fué relativamente fácil. Actuaba con El Soldado y Cecilio Barral, y me salieron las cosas como uno tantas veces ha pensado...

Así fue como se inició el camino de un torero que, según Néstor Luján:

...tiene una importancia excepcional en la historia del toreo. A él se debe la innovación del cite de perfil absoluto toreando con la muleta, que debía inmortalizar Manolete y hacerse habitual en el toreo moderno... Garza es el primero que cita de perfil... ello le permite encadenar los naturales en redondo con una fluidez que encontrará su máximo exponente artístico en Manolete y emocional en Silverio Pérez...

Sismo y estatua se le llamaría para la posteridad, a quien a partir de la voluntad de ser, inició hace 90 años el difícil camino para tratar de llegar a ser figura del toreo.

Aviso Parroquial: El resaltado en la transcripción de la entrevista aparecida en el semanario El Ruedo, es obra imputable exclusivamente a este amanuense, pues no obra así en su respectivo original.

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