domingo, 31 de mayo de 2020

28 de mayo de 1970. Confirma su alternativa en Madrid Antonio Lomelín

La temporada madrileña del 52

Infografía tomada de la cuenta de Twitter
del matador Antonio Lomelín hijo
@antoniolomelinn
Ese año del 52 estaban recién reanudadas las relaciones taurinas entre España y México y los toreros mexicanos eran novedad en los carteles de la Villa y Corte. El 25 de mayo, Juan Silveti le cortó las orejas al toro Campero de Pablo Romero y se convirtió en el primer torero mexicano en abrir la puerta grande de Las Ventas en una Feria de San Isidro – que para los nuestros era accesible apenas desde el año anterior – y el 12 de octubre, en la Corrida del Montepío de Toreros, le volvió a cortar una oreja a cada uno de los toros Granillero y Grillito del Conde de la Corte, para abrir de nuevo la llamada Puerta de Madrid. Desde esa fecha, y hasta lo que pretendo narrarles, el cerrojo de ella para los nuestros, parecía firmemente echado.

La corrida del Corpus en Madrid

El Jueves de Corpus es una festividad religiosa que en España tiene una gran nota de taurinidad. Son los de Sevilla, Toledo y Granada, festejos de gran tradición en el calendario taurino hispano y en el año de 1970, coincidió que la decimoquinta corrida de la Feria de San Isidro se diera en ese señalado día. El cartel lo conformaron toros de don Alonso Moreno de la Cova para Andrés Vázquez, José Manuel Inchausti Tinín y Antonio Lomelín, que confirmaría su alternativa.

El confirmante representaba una verdadera incógnita para la afición madrileña. Llegó a España sin un gran aparato publicitario, aunque con un excelente apoderamiento, por esas calendas lo llevaba Manuel del Pozo Rayito, quien conocía al dedillo los entramados de la fiesta del otro lado del mar y supo acomodarlo en plazas y ferias de importancia, sin importar que previamente no se haya anunciado su presencia por aquellos lares, y la astucia de Rayito dejó réditos, porque al final de ese Jueves de Corpus, Antonio Lomelín quedaba lanzado como una nueva figura del toreo.

El triunfo de Antonio

Barruntaba yo que Antonio Lomelín representó una sorpresa para la afición de Madrid. Y es que era verdaderamente nuevo en esa plaza, no solamente por no haber toreado allí, sino porque eran pocas las noticias suyas que los asistentes frecuentes a Las Ventas tenían de su actividad en México. Don Antonio (presumiblemente Antonio Abad Ojuel), cronista del semanario madrileño El Ruedo, en el número aparecido el 2 de junio de ese año, entre otras cuestiones reflexiona lo siguiente:
Si me preguntan qué es lo que más ha resonado de la corrida del Corpus en Madrid, diré sin titubeos: el mejicano.
— ¿También es de oro? — oigo que me preguntan.
—No sé de qué metal está fundido Antonio Lomelín; pero su vivaz y deportivo sentido del toreo tuvo un tintineo alegre.
— ¿Tan bueno es? — siguen las interrogaciones.
—Digamos que es dinámico, sorpresivo, rápido. Antes de comenzar la corrida todo el mundo preguntaba quién era. Al terminarla, seguro que le habían surgido centenares de amigos íntimos «de toda la vida» y miles de admiradores de «ya lo decía yo».
— ¿Y como torero? – apuran los técnicos.
— Tiene buena planta, juventud y ganas de triunfo. No maneja los engaños con temple — al menos el día de su presentación — y torea a trallazos y a velocidad de vértigo. Sabe hacer el toreo a cuerpo limpio, correr un toro, cambiarle, quebrarlo, con lo cual tiene una facilidad extraordinaria para las banderillas. Y se tira a matar como los nativos de Acapulco se tiran de las altísimas rocas al mar para asombro de turistas: de cabeza. Tiene mente despejada, serenidad y sentido de las relaciones públicas — bastó verle cómo saludaba a nuestra bandera — para caminar adelante con soltura.
— ¿Y su triunfo?
— Sonoro, ayudado un poco por la sorpresa. Como, en general, se esperaba un torero modesto, tal vez se sobreestimó su labor. Pero quien se asusta tan poco delante de un toro como «Napolitano» — enmorrillado, hondo, bien puesto y con cara de sabio del Pentágono — es digno de ser tenido en cuenta. Me acordé del día de la presentación de Carlos Arruza en Madrid, el 18 de julio de 1944, Todos entraron en la plaza preguntando quién era y salieron proclamando la llegada de un torero...
Don Antonio guarda un poco para sí el beneficio de la duda, pero hace un parangón al final de la cita que nos deja clara la gran impresión que causó Antonio Lomelín, compara su triunfo con el que tuvo Carlos Arruza el día de su confirmación. Así de grande fue la tarde que dio ese 28 de mayo de hace 50 años. Afirmaban quienes lo vieron, que se escuchó en Las Ventas, como en México, el grito de ¡torero!... ¡torero!, algo inusitado allá.

Otra relación del festejo es la de Antonio Díaz – Cañabate, en el ABC de Madrid. Conocido es el poco gusto de Díaz – Cañabate por los toreros no españoles, a quienes trató siempre con una dureza inusitada y a veces injustificada. En esta oportunidad, de manera sorpresiva, sin perder su línea de juzgar con rectitud lo visto en el ruedo, trata adecuadamente, creo, a Antonio Lomelín, según vemos en lo que sigue:
Antonio Lomelín, torero mejicano, nos sorprendió al banderillear sus dos toros. Siete pares colocó. El mejor, uno al verdadero quiebro, no a topa carnero, al primero. Nos sorprendió porque produjo la sensación de banderillero fácil, pero dentro de esa facilidad, cierto estilo airoso y sobre todo, alejado de la vulgaridad. Entra, se centra, clava y sale con donaire. Algo que no estamos acostumbrados en esta época de penuria banderillera. Su faena de muleta al toro de la confirmación de su alternativa fue desigual. A momento, lucida. A otros, excelente. En otros, corriente. En conjunto, muy aceptable. Creo que lo más sobresaliente estuvo en la estocada. Soberbia estocada, de perfecta ejecución. Una oreja. En el sexto se mantuvo por debajo de las posibilidades que le ofreció el buen toro. Comenzó con un pase muy espectacular, de frente, al toro, pero despidiéndolo con la muleta a la espalda, que intentó en el primero y que después repitió en éste. La gente, tan ansiosa, aunque no lo parezca, de salirse de lo trillado, se embaló. Volvió Lomelín a matar muy bien, de una estocada no tan perfecta como la primera, pero volcándose en el toro, y la embalada gente orejófila le concedió las dos orejas…
Así, con tres orejas en las manos, la de Montillano toro de su confirmación y las dos de Napolitano, toro que cerró el festejo, Antonio Lomelín abría la Puerta Grande después de casi 18 años de estar cerrada para un matador de toros mexicano, pues como decía al inicio de estas líneas, el candado lo tenía puesto para nuestros toreros desde el 12 de octubre de 1952.

El encierro de don Alonso Moreno

Los urcolas de don Alonso Moreno de la Cova cautivaron a la afición esa tarde. Era todavía el toro de antes del guarismo y reflexiona mi amigo Pedro del Cerroa quien pueden leer aquí – que muchos encastes fueron afectados por esa medida – quizás necesaria, diría yo –, por su orden se nombraron Montillano, Pensamiento, Pistolero, Cocinito, Caperuzo y Napolitano. Se condenó a banderillas negras a Cocinito, pero a Napolitano se le dio la vuelta al ruedo. Creo que el balance no puede considerarse negativo. Aplica aquí la socorrida frase atribuida a don Antonio Llaguno: los toros no tienen palabra de honor…

Díaz – Cañabate, en su crónica, dedica un buen espacio al análisis del encierro y es interesante lo que dice, de lo que entresaco lo siguiente:
...Don Alfonso (sic) Moreno de la Cova es un sevillano jaranero, en el buen sentido de la palabra, no juerguista, sino optimista y parlanchín, y fantasioso, pero hombre serio que ha heredado su afición al toro y, por consecuencia de ella, es ganadero que lucha en las tientas y estudia los sementales en busca del renombre y el prestigio para su hierro. Mas para obtenerlo no lo persigue para lo que se ha dado en llamar el toro comercial. Lo rastrea con el fin de alcanzarlo simplemente con el toro con hechuras de tal y, a ser posible, con hechos de bravura. Ejemplo de esto ha sido la corrida de hoy. 
Por el chiquero han salido seis estampas de toro. Regordíos, pero finos de línea. Regordíos, pero no cebados. A la finura de su línea se unía la arrogancia de sus cabezas, la hermosura de sus corpachones. Casi todos fueron ovacionados de salida. En la boca de los espectadores se agolpaban los piropos. Pocos animales existen que provoquen el requiebro encendido, ardoroso, rendido, como el que se dirige a una estupenda mujer... 
De las seis estampas hubo una mansa: la cuarta. De siempre he sentido predilección por los toros mansos. Cómo nunca me sometí a un psicoanálisis, ignoro el fundamento de esta simpatía... por desgracia, Andrés Vázquez no entendió a la magnífica y mansa estampa y fue condenada a banderillas negras... Las otras cinco estampas no defraudaron su imponente trapío. En el primer tercio sobresalieron la segunda y la sexta, sobre todo ésta, que se arrancaron de largo, aunque luego no recargaron. Suaves, nobles y facilones para los toreros... La corrida la llenaron las seis estampas de toro. Seis estampas que ojalá sirvan de modelo para toda clase de ganaderos y para que el público vaya dándose cuenta de que habiendo toros en el ruedo la fiesta adquiere lo que el torito no puede proporcionarla. Hermosura...
Al final

El triunfo de Madrid terminó por abrir las plazas españolas a Antonio Lomelín. Cerró la campaña con 22 corridas, cortando en ellas 41 orejas, según el escalafón publicado en el semanario El Ruedo y quedó encaminado para andar un sendero que lo llevaría en algo menos de una década a lo más alto de la torería en México, en una trayectoria marcada con muchos triunfos y muchos percances, pero hoy recuerdo aquí el gran y significativo triunfo que tuvo en su presentación en la plaza de toros más importante del mundo.

domingo, 24 de mayo de 2020

Historias negras de la Plaza México (I)

28 y 29 de abril de 1990. Dos corridas ignominiosas

Interior de la Plaza Mëxico
El martes 26 de abril de 1988 se anunció por la propiedad de la Plaza México que el contrato que tenía celebrado con la empresa Sol y Sombra, dirigida por el doctor Alfonso Gaona, había concluido y que éste no sería renovado. Por su parte, el empresario aseguraba que todavía quedaba un año de vigencia del arrendamiento celebrado. El resultado fue que el gran coso quedó cerrado prácticamente un año, entre litigios, rumores de que sería demolido para construir allí un centro comercial y propuestas de algunos de que se expropiara por ser ya patrimonio cultural de la Ciudad de México.

Discretamente – por no decir en la sombra – un grupo de políticos, aficionados y taurinos, operaron para lograr que la plaza se reabriera. El Jefe del Departamento del Distrito Federal, Manuel Camacho Solís, alentado por él ex – gobernador de Tlaxcala, Tulio Hernández Gómez, ideó la integración de un Patronato que se hiciera cargo de las cosas de la plaza, mismo que fue presidido por Salvador Trueba Rodríguez y en el que participaron personalidades como Javier Jiménez Espriú – sí, es el que Ustedes están imaginando – y en la parte operativa, Eduardo Azcué, Jesús Arroyo y el torero retirado Joselito Huerta.

La primera actividad del Patronato, en unión del Gobierno de la Ciudad de México fue la de tomar posesión de la plaza, juntamente con la afición, lo que se hizo de manera simbólica el 5 de febrero de 1989 y se dio una corrida de toros el 28 de mayo de ese año. Posteriormente se organizó una temporada de novilladas, para enseguida dar la temporada de corridas de toros que da pie a que yo meta los míos.

La temporada 1989 – 1990

Fue la única que organizó el Patronato, constó de veintiuna corridas; en ese ciclo se confirmaron catorce alternativas, once a toreros mexicanos y tres a diestros españoles y se concedieron dos alternativas, la de Enrique Garza y la del rejoneador Rodrigo Santos.

Pero el Patronato en alguna forma pagó el noviciado en materia de organización de festejos. Daniel Medina de la Serna, en el tercer volumen de Plaza México. Historia de una Cincuentona Monumental, refiere lo siguiente:
…el Patronato se había puesto a firmar, a tontas y a locas, contratos con todo matador, de la categoría que fuera, que llegara a solicitárselo, así que tenía un montón de diestros que le exigían el cumplimiento de dichos compromisos por lo que se ideó dar dos corridas, con siete alternantes cada una, ofreciéndoles que el que quisiera podía intervenir en ellas con la condición de no confirmar la alternativa para que fueran menos los candidatos a vestirse de toreros…
Al final de cuentas, diez toreros, Javier Tapia El Cala, Alfredo Gómez El Brillante, Jorge Carreño, Manuel Lima, Roberto Ramírez El Oriental, Mele Barbosa, Jesús Salazar, Gerardo Vela, Ángel Meraz Angelillo y Jorge Carmona, aceptaron la inusitada oferta y decidieron salir a torear sin refrendar la dignidad de su doctorado.

El reglamento vigente en esas fechas en el entonces Distrito Federal establecía:
ARTICULO 86. – Se respetará estrictamente el orden de alternativa y ésta debe ser confirmada en las plazas de primera categoría…
ARTICULO 112. – Las estipulaciones contenidas en los contratos que se celebren con motivo de festejos taurinos o en los acuerdos o convenios que se relacionen con los mismos, no impedirán el cumplimiento de las disposiciones del Reglamento. (DOF 11/septiembre/1987)
Entonces, tanto el Patronato, como las autoridades delegacionales y la Comisión Taurina, presidida esos días por Luis Niño de Rivera, perpetraron una flagrante violación al Reglamento Taurino vigente y definitivamente, ofendieron la dignidad de los toreros a los que negaron el derecho que les asistía, para confirmar sus alternativas, pues se dijo en los medios que tantas ceremonias en un mismo festejo, iban en contra de la categoría de la plaza. Como incentivo a los actuantes, se estableció que el octavo toro del festejo lo mataría el más destacado de los siete alternantes.

El festejo del 28 de abril

Se anunció una corrida de San Mateo para Javier Tapia El Cala, con alternativa del 9 de mayo de 1976 en Durango, Alfredo Gómez El Brillante, alternativado el 3 de marzo de 1979 en Pachuca, Jorge Carreño, doctorado el 16 de marzo de 1980 en Tapachula, José Lorenzo Garza, que recibió los trastos en León el 17 de enero de 1982, Manuel Lima, quien recibió la alternativa en San Luis Potosí el 22 de septiembre de 1984, Roberto Ramírez El Oriental, con alternativa en Torreón el 23 de marzo de 1987 y Mele Barbosa que se doctoró el 09 de febrero de 1988 en Villa de Álvarez.

Al final se lidiaron solamente dos toros de San Mateo (1º y 2º) y seis de San Marcos. De los diestros actuantes, solamente José Lorenzo Garza había confirmado su alternativa. Lo hizo el 11 de septiembre de 1983, entonces, en una mecánica lógica del festejo, debió confirmar a El Cala en el primero de la tarde y a partir de allí, Javier Tapia debió retomar su antigüedad y confirmar a los demás, pero como El Cala fue herido por el toro que mató ingresando a la enfermería, Garza tendría que haber confirmado también a El Brillante, que nuevamente, por antigüedad, sería el encargado de confirmar a los demás, pero eso no ocurrió así. Mele Barbosa mató al octavo de la tarde, no obstante haber sido herido por el que le tocó en el sorteo.

La corrida del 29 de abril

El encierro anunciado para este día fue de don Manuel de Haro y los siete actuantes serían Cruz Flores, doctorado en San Juan del Río el 13 de junio de 1976, Jesús Salazar, con alternativa en Aguascalientes el 29 de abril de 1978, Gerardo Vela, alternativado en Durango el 26 de septiembre de 1978, Gerardo Montejano, con alternativa en León el 12 de diciembre de 1980, Ángel Meraz Angelillo, con cesión de trastos en Motul el 05 de julio de 1981, Jorge Carmona, alternativado en Zacatecas el 16 de septiembre de 1986 y Pablo Curro Cruz, con alternativa en la Plaza México el 26 de abril de 1987.

Los toreros de esta corrida que estaban en la situación de confirmar eran Jesús Salazar, Gerardo Vela, Angelillo y Jorge Carmona y la cuestión del apadrinamiento estaba menos confusa, porque el más antiguo del cartel era Cruz Flores, que tenía su alternativa confirmada desde el 5 de marzo de 1978. Al final se lidiaron 7 toros de don Manuel de Haro y uno de su hijo Jorge (5º), sustituto del titular, devuelto por manso, mismo que se le fue vivo a Angelillo. Jorge Carmona mató el octavo toro en premio a su actuación en el que sacó en el sorteo.

El día después

Javier Tapia El Cala, Jesús Salazar, Gerardo Vela, Alfredo Gómez El Brillante, Jorge Carreño, Ángel Meraz Angelillo y Mele Barbosa no volvieron a pisar el ruedo de la Plaza México vestidos de luces. Jorge Carreño es rejoneador en la actualidad.

Manuel Lima nada más regresó a confirmar su alternativa el 29 de octubre de 1995; Jorge Carmona confirmó el 7 de junio de 1992 y volvió por última vez el 14 de octubre de 1993, para llevarse una grave cornada de Aguamiel de Espíritu Santo, actualmente enseña el toreo en su natal Zacatecas; por su parte, Roberto Ramírez El Oriental volvió para confirmar el 28 de septiembre de 1995, cambió el oro por la plata y actualmente está retirado de los ruedos.

Cruz Flores había toreado diez corridas en la gran plaza antes de la que hoy me ocupa y varias en carteles de gran fuste. Incluso, el 5 de febrero de 1979, indultó al toro Simpatías de Reyes Huerta, pero no sostuvo el paso, todavía volvería una tarde más. Falleció el 9 de diciembre de 2004. Gerardo Montejano ese día tuvo la segunda de sus tres tardes en la México. Para José Lorenzo Garza fue la última de las tres corridas en las que actuó en la gran plaza y Pablo Curro Cruz también terminó ese día su historia en el coso de la colonia Nochebuena.

Finalizando

Hay oportunidades que no lo son. Los dos festejos que aquí intento reseñar le sirvieron al Patronato que hacía empresa únicamente para librarse de una serie de contratos celebrados de manera irresponsable, pero al mismo tiempo le causaron daño a la dignidad de los toreros y a la integridad de la fiesta.

También representaron una flagrante violación a la normatividad que regulaba los festejos taurinos en la fecha en que los hechos se produjeron, con la complicidad de las autoridades y las asociaciones que se suponen que defienden los intereses profesionales de los diestros, que a ciencia y paciencia permitieron que se perpetrara ese atentado contra la entidad de sus agremiados.

Esto que hoy les cuento ya es una triste historia. Espero que se haya aprendido de lo sucedido y que en el futuro, no se vuelva a repetir.

miércoles, 20 de mayo de 2020

En el centenario de Carlos Arruza (VI)

20 de mayo de 1966. Carlos Arruza muere en un accidente de automóvil

Anuncio de la muerte de Carlos Arruza
Foto: Colección particular
Carlos Arruza murió en un accidente automovilístico. Los pormenores de esa jornada triste para la fiesta han sido ya suficientemente publicados y comentados como para volver a hacerlo un año más, aunque un punto de esa historia es de utilidad para desarrollar algunas ideas acerca del torero mexicano y su gusto y afición por los automóviles.

En varias entrevistas de su tiempo, Arruza expresó abiertamente su gusto por manejar vehículos. En un lenguaje más contemporáneo podríamos decir que era un conductor compulsivo, que confiaba casi ciegamente en sus facultades ante el volante y esa complusión la complementaba con un gran gusto por poseer automóviles, a ser posible, de gran lujo. Alberto Abraham Bitar, en su columna Puntos sobre las íes del diario capitalino La Jornada refiere unos hechos que pueden ilustrar esa arista de su personalidad:
...a fines de 1944, decidió emprender viaje a Portugal, ya no sintiéndose la divina garza, sino con los pies bien puestos en la tierra... su idea era pasar a España y reunirse con su madre que poco después llegaría a la tierra que la vio nacer. Y convencido de lo anterior, no empacó absolutamente nada relacionado con el toro: vamos, ni siquiera zapatillas de torear... Carlos, con todo el dinero que había ganado y algo más, compró un epatante Lincoln Continental y en compañía del también matador Antonio Rangel salió rumbo a Nueva York con el propósito de embarcarse en el “Serpa Pinto”... una vez llegó a Lisboa en su poderoso Lincoln, iba de un lado para otro –más bien de pachanga en pachanga–, en tanto llegaba el momento de reunirse en Madrid con su señora madre, pero, tal y como suele suceder, los caudales fueron mermando, así es que no tuvo más remedio que vender su automóvil en un súper precio...
Un gran automóvil americano, de esos que llevaban con un dejo de honor las figuras del toreo. En Europa, esos vehículos eran escasos y codiciados. En algunas localidades pequeñas, la gente les llamaba haigas y así fueron conocidos. En España, sobre todo, era la edad del gasógeno, la gasolina que movía esos potentes motores era escasa, pero para los toreros no había restricciones, es por eso que los toreros de muchas tardes se procuraban vehículos así, podían viajar más cómodos y más rápido entre plaza y plaza y si no, recuérdese el casi mítico Buick de Manolete.

En una entrevista que concedida a Cruz Ernesto Franquet, del semanario El Ruedo de Madrid, publicada el 11 de abril de 1945, Carlos Arruza expresaba lo siguiente:
…Arruza, que por la noche tenía que salir carretera adelante, para llegar con el alba a Granada, tuvo un gesto de contrariedad.
— Los viajes es lo más penoso y lo más aburrido. Ahora, con el coche que me he traído de Méjico, me parece que habré solucionado en parte estas molestias.
— La verdad es que se ha fantaseado mucho sobre ese coche que has traído; que si...
— Nada de ello es cierto. Es simplemente un coche amplio, estilo furgoneta, con cabida para unas nueve personas.
— ¿Lo conduces tú mismo?
— Sí; me gusta a mí mismo llevarlo. Parece que me da ello una mayor seguridad. Algunas veces se turna conmigo en el volante mi peón de confianza, Ricardo Aguilar…
Carlos Arruza expresaba allí su afición por conducir vehículos, la sensación de seguridad que sentía ante el volante y agregaría yo, el poco gusto que le representaba en ir por carretera de plaza en plaza, sobre todo, en esa campaña en la que toreó 108 corridas. No está de más reiterar que ese calendario había firmado 154 corridas y que 15 de las que perdió, fueron por lesiones distintas a las cornadas, aunque hayan sido causadas por los toros.

Un año antes de la declaración a la que me he referido, doña Cristina Camino Galicia, madre del torero, fue entrevistada también para El Ruedo. En ese 1944, Carlos Arruza era una de las revelaciones de la temporada española y la prensa especializada se preocupaba por conocer, por todas las vías posibles, la personalidad de ese torero que, a la manera de los Césares de la antigua Roma, llegó, vio y venció. El texto completo de la entrevista que hizo Antonio Morillas, publicada el 30 de agosto de 1944, es el siguiente:
A mi Carlos le han hecho más daño los automóviles que los toros...” dice en Santander la madre de Arruza 
No es culpa de un toro que esa honda cicatriz que Carlos Arruza exhibe en el cuello. Yendo a los toros, sí; pero no es de un toro. La culpa es de la faca de un cobarde. 
– No sé por qué hizo aquello con mi hijo aquel hombre – nos dice doña Cristina Camino, la madre del torero mejicano.  
Estamos ante ella en el peor momento para un reportaje: en esa hora de la tarde en que ya se han encendido unas velas a ambos lados de la imagen de la Madre de Dios, porque se aproxima el toque del clarín para que salgan las cuadrillas en Tarragona. Los labios de la madre de un torero, en esa inquietante coyuntura, sólo se despegan gustosamente para rezar. Pero la atención a la actualidad bien vale un fracaso. ¡Alguna vez hemos de «exponer» los cronistas de toros! Esta noche, después de la corrida de Tarragona, el torero saldrá en automóvil, con su cuadrilla, a marchas forzadas, para poder torear mañana en Santander. Y luego, a Gijón, a Barcelona... ¡al mundo! ¿Y el reportaje se ha de ir con ellos, muerto en flor, por nuestra timidez? La comprobación de un dato inédito de la biografía de este hombre, que llena y rebosa e! interés taurino de España, bien vale el oír: «No puedo recibirle; que comprenda y disculpe», equivalente a un fracaso. 
Doña Cristina Camino, santanderina, hija de un ilustre notario santanderino, viuda de un industrial santanderino también, ha tenido una grata deferencia para un periodista que trabaja en Santander. 
– Después de sortear esta tarde el peligro de los toros – nos dice con pesadumbre –, a lanzarse al otro peligro del automóvil. 
– Desde luego, más remoto. 
– A mi Carlos le han hecho más daño los automóviles que los toros. 
Y viene el relato que nosotros hemos perseguido. 
Arruza tiene coche y conduce bien. Él mismo se llama, humorísticamente, «viejo lobo del volante». Y un día va en Méjico, en su automóvil, a ver una novillada en la plaza de El Toreo. Le acompaña en la cabina de conducción su gran amigo el famoso boxeador mejicano «El Vaquero de Caborca». Trescientos metros antes de llegar a la Plaza choca el auto del torero con un autobús del servicio público. Poca cosa. Es más importante el susto que la colisión. Inculpaciones mutuas, un poco de violencia de expresión en ambos conductores y, al fin, el ofrecimiento de Arruza de reparar por su cuenta las ligeras averías del autobús. 
– Ahí va una tarjeta mía. Pase por el garaje de mi hermano José Luis y allí le harán gratuitamente a su coche las reparaciones que necesite. 
Y vuelve, tranquilo, a su cabina de conducción, convencido de que ha quedado resuello el incidente. Pero, no tiene tiempo de reanudar la marcha. Cuando impulsa el acelerador, el otro conductor le apuñala a traición en el cuello, en un costado y en una pierna. Es un momento de gran confusión. Mientras el torero se desangra en el coche, el agresor se agita en el suelo sin dientes y con un tímpano roto por la acción del puño de hierro de «El Vaquero de Caborca». Se habla de llevar a Arruza a una clínica, de trasladarlo a su domicilio, no distante... Pero en la plaza está el doctor Ibarra – el Jiménez Guinea de Méjico –, y Arruza sabe ya, por heridas propias, de la pericia de sus manos. 
– ¡Llevadme a la Plaza! ¡Quiero que me cure Ibarra! 
Y acaso por primera vez en la historia, un torero de paisano, que llega de la calle, es curado en la enfermería de una Plaza de Toros. 
– A eso es debida la herida que mi hijo lleva en el cuello. 
En otra ocasión Arruza, que ha toreado en Monterrey, resuelve pernoctar con su cuadrilla en la ciudad. Mañana será otro día y el sol le alumbrará en el retorno. Pero desde el hotel habla por teléfono con Méjico y hay una honesta mujercita, cubana y bella, en el otro extremo del hilo. Un banderillero le oyó asegurar: 
– Dentro de unas horas estaré ahí. 
Y, contrariando a picadores y banderilleros, manda disponer las cosas para ponerse inmediatamente en camino. Veinte minutos después – Arruza al volante – salen de Monterrey, Ni la luna ni los faros tienen luz bastante para señalar lo presencia de unas vacas en un recodo de la carretera. El coche da tres vueltas de campana y queda, con las ruedas en alto, al borde de un precipicio. Arruza tiene una clavícula rota; los demás toreros se levantan, milagrosamente, con absoluta libertad de movimientos para auxiliarle... 
– Los automóviles, como usted ve, son funestos para mi hijo.
Parecen premonitorias las apreciaciones de doña Cristina Camino Galicia, quien por lo visto temía más por la integridad de su hijo cuando se sentaba al volante, que cuando se ponía delante de los toros. Y es que quizás consideraba que el torero podía resolver las complicaciones que le presentaran los toros por sí mismo, en tanto que quizás las reacciones de los demás automovilistas, las condiciones de los caminos a transitar y el comportamiento de las personas era más impredecible. 

Las tribulaciones de doña Cristina al final del tiempo de Carlos Arruza se transformaron en una tristísima realidad. Algo más de dos décadas después de que externara públicamente la crispación que le producía saber que su hijo iba al volante de un automóvil, el destino se encontró con él en una carretera cercana a la Ciudad de México, en un día como hoy de hace 54 años.

domingo, 17 de mayo de 2020

Talavera de la Reina. La prensa regional toledana un siglo después (II/II)

Entrada a la corrida del 16 de mayo de 1920 en Talavera
Cortesía: Colección de D. Gabriel Vegas
Retomo aquí lo dejado pendiente ayer, y presento la conclusión de la revisión hemerográfica sobre la muerte de Gallito.

En el Eco Toledano

Verde y Oro era la firma taurina de El Eco Toledano. Diario defensor de los intereses morales y materiales de Toledo y su provincia, dirigido por su propietario Antonio Garijo. Su versión de los hechos es menos prolija y más compuesta en un sentido literario. En algunos pasajes da la impresión de haber combinado sus notas del festejo con la versión de algún otro asistente de confianza y después haber compuesto la crónica para no dejar a su diario sin la información del momento, eso se nota sobre todo, cuando invoca el lugar común de la herida en la femoral como causa de la muerte del diestro de Gelves y cuando complementa su relación con datos de otros sitios, como veremos enseguida:
Las víctimas del toreo 
Muerte de Joselito, en Talavera 
El lidiador más sabio y alegre que conocieron los tiempos, ha perdido ayer tarde la vida en una plaza de toros de quinto orden, pues de otra categoría no podemos calificar la de Talavera de la Reina de nuestra provincia. 
¡Pobre Gallito! Nos parece un sueño que haya matado un toro al que desde el año 1912, puso con su querido compañero Juan Belmonte, la Fiesta Nacional a un nivel no conocido en ninguno de los anales de la tauromaquia. 
Un morlaco de la ganadería no asociado de la Sra. Viuda de don Venancio Ortega, tiró al maestro, uno de esos cornalones que llamamos de caballo, seccionándole la femoral y produciéndole enorme destrozo en la región de los intestinos, falleciendo el gran torero, apenas llegó a la enfermería, en brazos de las asistencias. 
La tragedia ocurrió cuando se hallaba pasando de muleta al quinto toro de la citada ganadería, que era gordo, astifino y largo de cuello. Parece ser que a José no le gustó el bicho desde que salió de los chiqueros y le tomó justificadas precauciones, que fueron en aumento; y al disponerse a prepararle con un pase para abrirle más de tablas y estando el espada casi materialmente metido entre los pitones con el fin de que el toro se confiara y no se le fuera, no tuvo éste más que largar el pescuezo, pegar el hachazo y quedarse con el muchacho, al que volvió a recoger del suelo. 
El momento fue de inmensa emoción en el público y las cuadrillas, que con Sánchez Mejías al frente, continuaron la lidia bajo la impresión que es de suponer. 
Después... ¡el horrible cuadro de dolor para todos! Joselito ya sabéis lo querido que era para los suyos y por todos los aficionados y no aficionados. 
La ciencia no pudo salvar al que ya salió casi muerto del asta del toro. 
En Talavera, en Toledo, en Madrid, en... toda España ha producido la fatal noticia una honda pena. ¡Un diestro de esa categoría, en sus veinticuatro años de edad; millonario e ir a morir a una plaza de un pueblo, como quien dice! 
A José lo acompañaba desde a el año pasado cuando la cogida que tuvo en Madrid con aquél Benjumea, una mala estrella, hasta el punto que anteayer mismo en esta misma plaza, el último día que pisó en ella un sarraceno que le despidió para siempre con un almohadillazo que le alcanzó la cara... ¡Quién diría a Joselito que aquello era el fin de su historial en el ruedo de su más afecto, el de Madrid! 
No acierto a escribir, queridos lectores, una sensación nerviosa me embarga desde ayer, porque para mí en la fiesta de los toros me arrastraban desde hace ocho años nada más José y Juan. Sin ellos no sabía ir a la plaza. 
Ese gran carro con las dos poderosas ruedas que transportaba a la afición y formaba los dos bandos en que la tenía dividida, queda desecho. 
La fiesta ha perdido el ciento por ciento de su entusiasmo e interés. 
A las empresas les ha llegado un golpe inaguantable y los toreros han perdido al maestro de maestros. 
Talavera de la Reina, nombre que ha de quedar grabado en los fastos del toreo, se ve invadida de aficionados y gentes de todas clases, altas, medias y bajas categorías que han ido a rendir el último adiós a Joselito
Más de doscientos automóviles llegaron de Madrid. ¡De toreros no digamos nada! Su inseparable Belmonte fue presa de un fuerte síncope al saber la triste noticia y está abatidísimo. 
¡Y Rafael! ¡Pobre Rafael! ¡No quería ver el cadáver cuando llegó! 
Bombita, Gaona, Fortuna, La Rosa... ¡todos los diestros, ex diestros y admiradores que ayer estaban en Madrid, están en Talavera desde anoche. 
El cuerpo de Joselito será embalsamado y transportado por ferrocarril a Sevilla, donde recibirá sepultura en el suntuoso panteón de familia, del Cementerio de San Fernando. 
Descanse en Paz el torero más grande que conoció el revistero y amigo imparcial, que vierte lágrimas por su muerte.
Un breve análisis de las dos crónicas

Me llama la atención que en la extensa crónica de El Castellano, se pronuncie el nombre completo de la titular de la ganadería que lidió los toros del festejo, es decir, el de doña María Josefa Corrochano Viuda de Ortega, dejando claro su parentesco (algo que siempre escuché, pero de lo nunca que tuve real certeza) con Gregorio Corrochano y que por la corrección política que exigió en su día el respeto al cronista más influyente de su tiempo, se dejó pasar a la historia como el de la Señora Viuda de Ortega, ocultando sus demás señas, para no avergonzar o dejar en entredicho al venerable don Gregorio.

Igualmente me llama la atención que se exprese el origen de Bailaor, pues resulta ser similar a lo que hoy conocemos como los patasblancas o encaste Vega Villar, producto de un cruce entre Veragua y Santa Coloma, aunque en sus inicios. ¿Sería que Corrochano aconsejaba a sus parientes como llevar la ganadería? ¿O sería que seguían los pasos de Pepe Vega y esta tragedia les cortó el camino? Además, leo una información que no recuerdo haber visto en ningún otro lugar, y es el parte facultativo de la herida que le costó la vida a Joselito. Aunque lo que les presento se trata de prensa regional, contiene información que al paso del tiempo se vuelve invaluable, como podemos ver.

El último parte facultativo

El reporte de la necropsia practicada al día siguiente por los médicos José Fernández Sanguino, Antonio Fernández Sanguino y Fermín Muñoz Urra, refiere lo siguiente:
En la inspección exterior, una herida de forma circular, de siete centímetros de diámetro, en la región hipogástrica derecha. En la cavidad abdominal, perforación de peritoneo y rotura de tres asas intestinales. Desgarro de la aorta descendente a nivel del cuerpo de la segunda vértebra lumbar. Hemorragia interna, producida por la herida arterial, mortal en pocos minutos y sin posibilidad de ninguna intervención científica.
De manera tal que queda confirmado el parte facultativo que se contiene en la relación de El Castellano y la necesaria mortalidad de la cornada que Bailaor infirió al considerado el más poderoso de los toreros.

Los infaltables

En la edición de El Castellano del día 18 de mayo de 1920, en su primera plana (la noticia de la muerte de José en Talavera se dejó para la tercera), quien firmó como Estebanillo González alza su voz y a partir de la reciente muerte de Gallito en Talavera, encuentra una razón para pedir la abolición de la fiesta de los toros. Su arenga de ocasión es la siguiente:
¡No más toros! 
No incurriremos en la vulgaridad de hablar contra las corridas de toros en nombre de la civilización, ni menos vituperaremos a nuestra patria por no haber sabido europeizarse, como por ahí dicen algunos ignorantes. 
Entre el repugnante boxeo que tanto interés despierta entre ingleses y yanquis y las corridas de toros, preferimos éstas cincuenta veces, por ser menos crueles, por haber en ellas más arte y sobre todo, por ser algo nacional. 
Pero aún llevando hasta el extremo nuestra benevolencia, tampoco podemos admitir que las corridas de toros sean precisamente una escuela de ahorro y de cultura. De esto se ha dicho ya tanto, que sería superfluo añadir nuevas consideraciones. 
También en nombre de la Agricultura nacional y en nombre de la Sociología se ha pedido la supresión de las corridas de toros, pues grandes dehesas que ahora se dedican a la cría de reses de lidia podrían ser cultivadas provechosamente y dar empleo y sustento a centenares de familias; razón que no deja de tener peso en la actual crisis de subsistencias. 
Valgan lo que valiesen estas razones, decimos que nunca se presentará ocasión más propicia para prohibir las corridas de toros. 
Ha perdido la vida un torero que por su habilidad, por su juventud y por sus cualidades personales gozaba en toda España de las simpatías aún de aquellos que no son aficionados a las corridas de toros. 
La prohibición de las corridas sería un funeral espléndido a la memoria de Joselito. Después de él, nadie. 
Nosotros propondríamos que por suscripción nacional se erigiese un gran monumento al gran torero muerto en Talavera. Podría ser un monumento alegórico a esa que ha dado en llamarse fiesta nacional y para el cual sobrarían motivos ornamentales en la historia de la tauromaquia. En ese monumento podrían inmortalizarse las grandes eminencias en el arte de Cúchares
Y cuando estuviese erigido el monumento, propondríamos también que las cortes publicasen una ley con estos dos únicos artículos: 
Para satisfacción y consuelo de los aficionados, se permite celebrar una última corrida en cada plaza. 
Una vez celebrada esta corrida de consolación, se derribarán todas las plazas que no puedan aplicarse para otros usos y quedarán prohibidas para siempre las corridas de toros. 
Más difícil que esto era la prohibición de las bebidas alcohólicas y ha bastado la voluntad de Wilson para lograrlo. 
España debería gratitud al hombre público que lo intentase.
Los argumentos de quien pide la supresión de las corridas de toros no nos suenan extraños hoy. Habla ya, desde hace cien años, de la integración de España a Europa y de la necesidad de tierras para el cultivo, y curiosamente, el quizás argumento central de su disertación, se constriñe a la protección de la vida y la integridad física de quienes tomaron al toreo como forma de vida. En esta última cuestión es en lo único que difiere su postura de la de los actuales abolicionistas, que se preocupan más por la integridad del toro que se lidia, que por los hombres que se enfrentan a él. Como podemos ver, a un siglo vista, nada nuevo hay bajo el sol.

Concluyendo

Así es como se vio en la cercanía del tiempo y del espacio la muerte de Gallito. No son los renombrados escritores, ni las tribunas de importancia las que transmiten la información, pero como decía al inicio, tiene el valor agregado de que se publicó de inmediato, fijándola para la posteridad y dejando claros algunos datos que la historia oficial a veces oculta o pasa por alto.

Espero que estos puntos de vista, poco leídos, estudiados y dados a conocer, les hayan resultado de interés.

Agradecimiento

Quiero agradecer al aficionado gallista don Gabriel Vegas, el haberme facilitado las imágenes que ilustran estas dos participaciones.

Igualmente hago notar que otra versión de estas dos entradas la publiqué aquí y aquí hace diez años.

Los originales de las crónicas transcritas las pueden encontrar en estas ubicaciones:

Diario El Castellano del 17 de mayo de 1920.

Diario El Castellano del 18 de mayo de 1920.

Diario El Eco Toledano del 17 de mayo de 1920.

Diario El Eco Toledano del 18 de mayo de 1920.

sábado, 16 de mayo de 2020

Talavera de la Reina. La prensa regional toledana un siglo después (I/II)

Cartel de la corrida del 16 de mayo de 1920
Cortesía: Colección de D. Gabriel Vegas
Hoy se cumplen cien años de la muerte de Gallito en Talavera de la Reina. Las versiones que  más conocemos son las consideradas oficiales, las que publicaron los escritores más renombrados de ese tiempo y la de Gregorio Corrochano es la que tiene primacía sobre las demás, dado que él fue testigo de excepción de la tragedia de ese 16 de mayo en el coso que, el 29 de septiembre de 1890 inauguraran Fernando Gómez El Gallo y Antonio Arana Jarana lidiando toros de Enrique Salamanca.

No obstante, existen otras versiones de los sucesos que Guerrita llegara a calificar en el momento como el fin del toreo, y algunas de ellas con el valor añadido de la inmediatez. En el repositorio de la Biblioteca Virtual del Centro de Estudios de Castilla La Mancha y en la de Prensa Histórica del Ministerio de Cultura encontré dos diarios toledanos de la época, El Castellano y El Eco Toledano, en los que con cierta profusión de detalles se narran los sucesos de la última corrida lidiada por el menor de Los Gallos.

Los ejemplares de estos dos diarios vieron la luz al día siguiente del suceso, lunes, a despecho de la Ley del Descanso Dominical de Antonio Maura, en vigor desde septiembre de 1904 y que aunque un año después había levantado la prohibición del trabajo en domingo para los periódicos, justamente el 15 de enero de 1920 volvió a reiterar la prohibición de laborar ese día para los periódicos. 

Creo que aquí es donde reside uno de los grandes valores de la información en ellos contenida, porque a despecho de las sanciones que pudieran recibir derivadas de la Ley de Maura, los editores de dichos periódicos primaron la inmediatez en la transmisión de la noticia trascendente y también si consideramos que los diarios principales no darían la noticia sino hasta el martes 18 de mayo, debido al referido descanso.

¿Por qué fue Gallito a Talavera?

Existen diversas versiones que justifican la presencia de Gallito en Talavera ese 16 de mayo. La más común es la que sitúa a José y a Juan, el 15 de mayo, comentando la insufrible situación que pasaban en el abono madrileño, donde la afición, por la escasa presencia de los toros y el nulo juego que daban, llegaba incluso hasta a las manos con los toreros. En ese diálogo, se llega al consenso de que hay que retirarse de Madrid por un tiempo y allí surge para Joselito la posibilidad de ir a Talavera, una plaza de la que se ha escrito, le hacía mucha ilusión, porque la había inaugurado su padre.

Tanto así, que Francisco Narbona y Antonio García Ramos, en la biografía que escriben de Ignacio Sánchez Mejías, afirman que el cartel original del festejo del 16 de mayo de 1920 en Talavera estaba conformado por los toros de la Viuda de Ortega para Rafael El Gallo, Ignacio Sánchez Mejías y Larita, pero que al quedar desligado José de su compromiso madrileño, se decidió que la corrida fuera un mano a mano entre él e Ignacio, con el mismo encierro, producto de un cruce entre vacas de Veragua y toros de Santa Coloma.

Creo que esta versión es buena como recurso literario y nada más. Si se revisa la prensa madrileña de esas fechas, se podrá encontrar en el semanario El Toreo de Madrid, en su número del 10 de mayo de 1920, el anuncio de que el cartel de las fiestas de Talavera sería el mano a mano entre Gallito y Sánchez Mejías con toros de Ortega y en los días subsecuentes, el diario El Heraldo de Madrid anunciaba que la Compañía de Ferrocarriles de Madrid, Cáceres y Portugal ofrecía un tren especial para la corrida además de los ordinarios, que saldría a Talavera a las 7:30 de la mañana y regresaría a Madrid a las 8:30 de la noche de esa misma fecha.

Entonces, la versión literaria es solo eso, literatura.

En tiempos recientes se ha hecho pública una versión políticamente incorrecta sobre la presencia de Gallito en Talavera. Es la que presenta Domingo Delgado de la Cámara en su libro Avatares Históricos del Toro de Lidia y que cito enseguida:
…La obra de Joselito fue admirable: creó el toro moderno… Pero también hizo otras cosas menos buenas y más vergonzantes. En el cortijo de Los Merinales por orden de Joselito se instaló una barbería para adecentar las corridas que torreaban los fenómenos. Los Merinales era un apeadero ferroviario donde se embarcaban todas las corridas de las ganaderías sevillanas. Pero antes de ser encajonados, los toros pasaban por un pequeño trámite. Una menudencia sin importancia que llenó de ira a Gregorio Corrochano cuando se enteró. 
Corrochano lo hace público; Joselito se indigna, pues lo considera una traición personal. Durante el año de 1919 no se hablan. Los palos que atiza Corrochano a Joselito desde su tribuna de ABC son tremendos. Al final hubo paz. A Joselito no le interesaba tener en contra al crítico más influyente de la historia. En el transcurso de la comida reconciliatoria se llegó al siguiente acuerdo: Corrochano se compromete a retractarse de lo dicho y a poner bien a Joselito; José a cambio se compromete a torear la corrida de feria del pueblo de Corrochano, un pueblo sin la menor importancia taurina llamado Talavera de la Reina. Esa y no otra fue la razón por la que Joselito fue a torear a Talavera…
Quizás una combinación de los dos motivos expuestos nos de la motivación exacta del por qué de la presencia de Joselito en Talavera ese día. Don Miguel Lizón cuenta que José pretendía que le acompañara a la corrida José María de Cossío, quizás para tener otro testigo de calidad en lo que allí sucediera, pero la compañía del enciclopedista del toreo no fue posible por un compromiso familiar, así que tuvo que asistir al compromiso sin esa deseada compañía.

En el diario El Castellano

Es el número 3,262 de El Castellano. Diario de información el que contiene la relación de los sucesos de la corrida del día anterior en Talavera de la Reina. No menciona el nombre de su director, aunque por un anuncio contenido en su cuarta página, deduzco que lo publicaba la Editorial Católica Toledana, que para aprovechar la imprenta, ofrecía servicios de impresión en general a la comunidad.

La descripción de los acontecimientos, remitida por el cronista A. Zamora por la vía telegráfica a la redacción de El Castellano el día de los hechos es la siguiente:
Desde Talavera. Corrida tristemente memorable. Emocionante cogida de Gallito. La muerte del gran torero 
¿Presentimientos? 
¡Qué mala cara tienes! 
La expectación reinante entre la afición para presenciar la corrida de feria de ayer en Talavera de la Reina era grandísima. 
El viernes, a las tres de la tarde, ya se habían agotado las localidades en taquilla, que pasaron en su inmensa mayoría a mano de los revendedores. Localidad hubo que se pagó a 50 pesetas, sin que las autoridades pusieran coto a estos abusos; pues momentos antes de empezar la corrida, en las inmediaciones de las puertas de entrada a la plaza, el comercio clandestino de billetes era escandaloso y público. 
La animación en las inmediaciones del edificio y particularmente en su interior, fue como jamás se ha conocido en Talavera.
La plaza se hallaba ocupada en su totalidad, abundando en palcos y gradas inmensidad de bellas señoritas ataviadas con la clásica mantilla española y el castizo mantón de Manila. 
En el palco de la presidencia tomó asiento, además del alcalde D. José González de Rivera, el gobernador civil de esta provincia, D. José De Figueroa y otras distinguidas personalidades. 
Las cuadrillas fueron acogidas con una gran ovación al hacer el paseo, al compás del pasodoble Gallito por ser la primera vez que pisaba este ruedo. 
El tiempo amenazaba con lluvias, que por fortuna no se confirmaron. 
La lidia de los cuatro toros primeros fue corriente, dadas las condiciones que reunía el ganado, que cumplió bastante bien en el primer tercio, poniéndose difícil en los dos restantes. 
Al cuarto toro le banderillearon, a petición del público, los maestros, saliendo por delante Sánchez Mejías, que arrancando desde el estribo y a cuatro pasos del de Ortega, prendió un soberbio par, sobrado de valentía. 
Joselito puso uno en los medios muy artístico y muy valiente. Mejías cambió a cuerpo limpio en la preparación de su segundo par, que después clavó saliendo del estribo. 
Joselito cerró el tercio con otro par de poder a poder. 
Lidia del quinto toro 
El quinto toro de Dª. María Josefa Corrochano, viuda de Ortega, llamado Bailaor, brocho y cornicorto, negro zaíno, de cinco años, hijo de la vaca Bailaora de Veragua y del toro Canastillo de Santa Coloma, comprado a D. Dionisio Peláez, hizo una pelea en varas de toro bravo, certero y pegajoso. 
Entró a los caballos cinco veces desde largo, dejando sobre la arena los cinco pencos. 
En banderillas presentaba alguna dificultad e hizo varias arrancadas fuertes con ánimo de cobrar caza. 
Joselito, que vestía por última vez terno grana y oro, se dirigió al toro con cierta desconfianza, toda vez que la gente le oyó decir al bicho: ¡Qué mala cara tienes! 
¿Presentiría el Wilson del toreo lo que pocos momentos más tarde iba a ocurrirle? 
Joselito lo tomó con un ayudado, cambiándose luego la muleta por la espalda y después de otros pases vistosos, el toro tomó la querencia de un caballo situado en los tercios entre el 1 y el 2. 
Con pases de tirón trató de sacarlo de su querencia, llegando a distanciarle en parte del caballo muerto. 
Cogida de Joselito 
Al intentar un nuevo pase por bajo se le arrancó el toro con tal ímpetu, que no pudiendo defenderse el torero de la terrible acometida, salió enganchado en el pitón izquierdo, volteado y derribado, quedando tendido en la arena con las manos sobre el vientre y en estado cadavérico, pasando en hombros de sus banderilleros a la enfermería. 
La aparatosa cogida del diestro emocionó enormemente al público y lidiadores, quienes desde un principio sospecharon el fatal desenlace que pudiera tener. 
Su cuñado Sánchez Mejías quedó en el terrible trance de tener que terminar con la vida del toro que había causado la sensible desgracia del rey de los astros coletudos, haciéndolo con valentía y estando el cornúpeto materialmente encima del caballo, al que tal querencia había tomado. 
El público pedía a voces que se suspendiera la fiesta; pero Sánchez Mejías dio prueba de su valor temerario dirigiéndose al presidente y solicitando que diera suelta al toro que cerraba plaza. 
Este pisó el ruedo demostrando mayor bravura que sus antecesores, arrancándose tan fuertemente a los caballos que ocasionó en una caída estrepitosa varias lesiones a los picadores Ceniza y Zurito
Sánchez Mejías, en los quites, estuvo monumental y después cogió los palos, siendo perseguido tan de cerca por su enemigo que saltaron juntos al callejón, librándose milagrosamente de un serio percance. 
No se arredró Ignacio y uno tras otro, sopló tres soberanos pares que entusiasmaron al público, que llegó a olvidar por breves instantes la emoción sufrida momentos antes. 
Con la muleta, puesto que el toro se puso algo más difícil, trató de aliviar cuando antes, despachándolo de un pinchazo, una estocada medio caída y un descabello con la puntilla. 
En la enfermería 
Al ingresar Joselito a la enfermería de la plaza, a hombros de su cuadrilla, dijo estas últimas palabras, perdiendo poco después el conocimiento: 
¡Que llamen a mi médico, que me muero en Talavera! 
Depositado en la mesa de operaciones fue reconocido por los doctores, Sres. Luque y Ortega, quienes certificaron que durante la lidia del quinto toro había ingresado en la enfermería el diestro José Gómez (Gallito) con una herida penetrante de vientre en la región inguinal derecha con salida del epiplón, intestinos, vejiga y gran shock traumático y probable hemorragia interna. Otra herida en el tercio superior e interno del muslo derecho
Muerte de Gallito 
A consecuencia de estas heridas, falleció el infortunado Joselito a las siete horas y dos minutos de la tarde, sin que los esfuerzos de la ciencia pudieran hacerle reanimar. 
Por el sacerdote D. Francisco Vázquez le fueron administrados los últimos sacramentos. 
El diestro de Gelves murió rodeado de su hermano Fernando, su cuñado Sánchez Mejías y los individuos de su cuadrilla que estaban visiblemente emocionados. 
La cabeza del toro 
Sánchez Mejías mandó cortar la cabeza del toro Bailaor causante de esta desgracia, que ha sido enviada a Madrid para ser disecada y conservada como triste recuerdo. 
Otros detalles 
El gobernador civil, Sr. Figueroa, se emocionó grandemente con la inesperada desgracia y ordenó que la estación telegráfica de Talavera permaneciera funcionando toda la noche. 
Le pusieron telegramas a Rafael Gómez (El Gallo), al doctor de Joselito, D. Agustín Mascarell y a otros amigos y deudos del finado. 
Esta plaza, donde Joselito ha hallado su muerte, fue inaugurada por su difunto padre, Fernando Gómez (El Gallo), en el año 1891, matando él solo toros de D. Enrique Gutiérrez Salamanca.
Dejo en este punto la recolección de los sucesos de esa prensa regional toledana, para continuar el día de mañana con el otro diario encontrado.

domingo, 10 de mayo de 2020

En el centenario de Carlos Arruza (V)

Hace 75 años. Triunfo grande en Barcelona frente a Manolete

Cartelillo anunciador aparecido en La Vanguardia
10 de mayo de 1945
Para Carlos Arruza la temporada española de 1945 fue la de las 108 corridas. Un resumen de sus actuaciones publicado en el semanario madrileño El Ruedo al final de ese calendario, revela que había firmado allá 154 contratos de los cuales, por diversas lesiones sufridas solamente pudo cumplir los que, sin romper la marca impuesta por Juan Belmonte en 1919, representaron durante dos décadas la mayor cantidad de festejos toreados por un diestro en una temporada.

También considero importante hacer notar que durante la presencia de ambos en los ruedos, Arruza toreó 60 corridas con Manolete. De ese total, 47 se verificaron en el ciclo de hace 75 años y en la plaza en la que más actuaron ambos, fue precisamente la de Barcelona, donde lo hicieron 10 veces. No creo descabellado señalar que el cartel estrella de ese 1945 se formaba con Manolete, Arruza y – esto sin implicar un tono despectivo – otro

La corrida de Barcelona del 10 de mayo del 45 representaba el noveno encuentro de estos dos grandes toreros dentro de la temporada, el primero particularmente en la Monumental catalana y reproducía, en cuanto a toreros, el cartel de la segunda corrida de la feria de abril sevillana, celebrada el 19 de abril anterior, pues completaba la terna Pepín Martín Vázquez. Solamente difería el ganado anunciado, que en abril fue de don Carlos Núñez y para esta corrida que aquí recuerdo, don Pedro Balañá anunció un encierro de don Joaquín Buendía, de origen Santa Coloma.

Los prolegómenos del festejo

El anuncio de la corrida despertó gran expectación; tanta, que en la publicidad que se hacía a ella en los diarios de la época, se insertaba una nota al final del siguiente tenor: AVISO: Se suplica al público acuda con tiempo suficiente para acomodarse. Era tal el frenesí en la adquisición de entradas al mismo, que se preveía un lleno de No hay billetes y la nota al pie tenía por objeto el intentar garantizar que toda la concurrencia a la Monumental, pudiera disfrutar cómodamente del festejo.

La prensa barcelonesa se hizo eco también del atractivo despertado por la presencia de Manolete y Arruza juntos en esa capital por primera vez. En su debut allí, el 2 de abril, Arruza acabó con el cuadro, cortando cuatro orejas, dos rabos y una pata, y de Manolete, que se presentaba allí en la temporada, poco más se puede agregar, era una figura universal del toreo. La gente tenía real interés en ver a ambos encontrarse en los ruedos y competir por el triunfo. 

José Martín Villapecellín comenta lo siguiente el día de la corrida en el diario Mundo Deportivo:
...«Manolete» y Arruza se enfrentan en Barcelona. El comentario de la gente crece y crece como en la época gloriosa de Joselito y Belmonte. El perfil de los toreros se agiganta. Espigado y serio uno, como moderno Quijote; el otro alegre, musculoso y juvenil, como protagonista de una novela real. El arte de dos modos distintos de ser... Los manoletistas y los arrucistas llegan a las manos. ¡Viva el esplendor de la fiesta de toros! Fiesta dura y de discusión. Fiesta de hombres... «Manolete puede con Arruza...» «Arruza puede a Manolete...» Y los dos toreros distintos, pero grandiosos, triunfan una y otra tarde por esas plazas de España... El señor Balañá ha querido traerlos juntos a Barcelona para afianzar la calidad taurina de sus carteles. ¡Honor a la fiesta de los toros en jueves esplendoroso del mes de mayo! ... «Manolete» y Arruza, como Joselito y Belmonte, han dado todo lo que tenían que dar de sí para que sus respectivas épocas se escriban con letras de oro...
Puede parecer ditirámbico el parangonar a Manolete y Arruza con Joselito y Belmonte, pero a un cuarto de siglo de la disolución de la pareja que revolucionó el toreo, los dos actuantes captaban todo el interés de la afición y provocaban el interés de que se les viera en las plazas. Quizás lo comparable entre un tiempo y otro, es que se formaron bandos, algo que solamente pueden lograr las grandes figuras del toreo.

El festejo del 10 de mayo del 45

Efectivamente, la Monumental de Barcelona registró un lleno total. La corrida ofrecida por don Pedro Balañá no tenía medio de ser criticada en el papel, pues reunía aparte de los dos toreros más cotizados de la época, a Pepín Martín Vázquez, que habiendo tomado la alternativa al final de la temporada anterior alzándose como la revelación de ella, llevaba un importante paso en este calendario, siendo el triunfador de la feria de abril de Sevilla.

Al final fue Carlos Arruza el que salió con los trofeos en las manos. A Manolete se le juzgó con cierta dureza y Pepín Martín Vázquez sacó en el sorteo el lote menos propicio de una corrida que vio solamente lidiarse cuatro de los toros de la ganadería titular, siendo sustituidos por dos de don Felipe Bartolomé, uno desde el sorteo (4º) y otro por ser defectuoso de la vista el quinto. Quien firma como A. de Castro, en el ya citado diario Mundo Deportivo analiza así el comportamiento del ganado:
...Hace años que una corrida no despertaba el entusiasmo y el interés de la que estamos reseñando y por no faltar a la tradición, se torció el carro al tercer toro y no hubo medio de encarrilarlo. ¿De quién fue la culpa? Única y exclusivamente de los ganaderos que surtieron de reses la corrida. Don Joaquín Buendía se durmió en sus laureles y olvidando la importancia de la Monumental barcelonesa, envió lo peor que debió encontrar en la camada. Ya antes de la corrida hubo necesidad de substituir un toro, por otro de don Felipe Bartolomé y por ser defectuoso de la vista el quinto, fue devuelto al corral, saliendo en su lugar el sobrero también del susodicho don Felipe...
La crónica más extensa del festejo apareció en el diario La Vanguardia. La firma Eduardo Palacio Valdés, cronista de toros desde los inicios del siglo XX en el ABC madrileño y arrastra en ella el estilo implantado por su mentor Dulzuras, de hacer una especie de revista, toro a toro, de lo sucedido en el festejo y en un apartado final, realizar lo que en aquellos años se llamaba el juicio crítico de la corrida, lo que hoy consideramos propiamente como crónica.

Carlos Arruza le cortó el rabo al segundo de la tarde, Homero, número 4, de pelo negro, de don Joaquín Buendía. En la parte cuantitativa de su relación, Palacio Valdés describe lo siguiente:
...Segundo. – Grande y bizco del izquierdo. Arruza capoteó sin estrecharse. En quites hizo uno por chicuelinas, que se ovacionó. Pepín hizo el suyo con dos lances finísimos de temple, suavidad, dominio y lentitud. (Gran ovación.) El bicho sólo aceptó dos varas y Arruza, a petición del público, tomó los garapullos y clavó tres pares magníficos, sobre todo el que le sirvió para cerrar el tercio, de poder a poder. (Ovación continuada). Arruza, brindó al público y después del pase de tanteo ligó cinco naturales, uno de pecho, un natural, otro de pecho, todo ello ya entre ovaciones y música. Prosiguió su labor con un derechazo, uno por alto, y al engendrar otro, fue derribado, quedando bajo las patas del bicho, hasta que acudieron al quite todos sus compañeros... Se levantó el mejicano y, sin mirarse la ropa, volvió al toro, al que dio cuatro pases de rodillas, apoyando después, el brazo en el testuz. Un pinchazo en hueso y un volapié en todo lo alto concluyeron con la vida del astado. (Ovación, dos orejas, rabo, vuelta al ruedo y salida a los medios)...
En la parte crítica de su crónica, titulada Sillas de Ruedo, don Eduardo hace las siguientes reflexiones en torno a las actuaciones de Manolete y Arruza:
...Tornaba «Manolete» al ruedo de sus señeros triunfos, para competir en noble y justa emulación con Arruza, diestro marcado por el público de toros de toda España como posible rival del cordobés... «Manolete», a fuerza de impavidez y de dominadores recursos, logró ligar al compás de la música, como en el otro, una faena meritísima, cuya belleza arrogante no podía llegar, y no llegó, al graderío todo. Los quilates de aquella labor sólo podían valorarlos quienes hubiesen advertido las dificultades del astado. Se le aplaudió, pero mucho menos que en el bicho que rompió plaza, donde la ovación fue larga y unánime, por una gran faena que coronó con un volapié tan magnífico como el que le sirvió para despenar a su otro mentado y peligrosísimo enemigo... «Manolete» sonrió ayer dos o tres veces, y en la última creí entrever algo así como confianza en sí mismo, algo que no era orgullo ni jactancia, pero que me hizo recordar estos versos: 
Fiado en mi valer, que es quien me empuja
desoigo admoniciones que señalas.
El ave canta aunque la rama cruja;
¡como que sabe lo que son sus alas! 
Soberbiamente aprovechó Arruza las excelentísimas condiciones de su primer toro, al que banderilleó con el arte, alegría y poder que le son peculiares. Las ovaciones que escuchó fueron justísimas, como lo fueron las que acompañaron su faena en la que, imitando lo que hiciera antes «Manolete», dio dos tandas de naturales pisando majamente el terreno del toro, y tirando de él con suavidad y mando entre música y aplausos. Al engendrar un pase fue derribado, cayendo entre las patas del bicho que le buscaba afanosamente. Llegaron todos al quite, y el mejicano se levantó con sólo una paliza fuerte que no le impidió proseguir la faena con bravura, poniéndole punto final con un pinchazo y un volapié. Hubo corte de orejas y rabo y paseo triunfal... He de decir que las pasiones en tendidos, gradas y andanadas estuvieron al rojo. Las banderías no cejaron en sus respectivos empeños y todo fue algarabía, gritos, aplausos y un desbordante frenesí que a mí, viejo aficionado, me llenaba de entusiasmo, mientras el señor Balañá, entre barreras, meditaba mordiendo el puro y mirando fijamente a la arena. Sólo entonces temblé, pensando con terror si para el próximo encuentro «Manolete» – Arruza instalará, como en los combates de boxeo, «sillas de ruedo». Porque para mí tengo que también se venderían...
A. de Castro, en Mundo Deportivo recuerda lo siguiente:
...El apasionamiento que se ha adueñado de la afición barcelonesa por Manolete y Arruza, hace presagiar que han de dar ambos en nuestras plazas, tardes memorables de toros. La labor de uno y otro se midió ayer con distintos raseros y fue tanto lo que de bueno prodigaron, aunque no pudieran excederse por la calidad del ganado, que a la salida de la plaza, los encendidos comentarios en pro de los grandes toreros fueron tema obligado no sólo en los corrillos y peñas taurinas, sino que se extendieron a todos los ámbitos de la ciudad...
Manolete y Arruza reaparecerían en Barcelona unas semanas después y dejarían preparado el terreno para una de las más grandes ferias de la Merced que en la Ciudad Condal se recuerdan. En 1945 esa feria se dio con cuatro festejos, los días 23, 24, 25 y 26 de septiembre, actuando el Monstruo de Córdoba y el Ciclón Mexicano en todos ellos, y fueron de esas corridas monstruo tan del gusto de Balañá, de ocho toros, para dar cabida a las demás figuras del momento, y en ellas, también Arruza dejó su signatura de triunfador.

domingo, 3 de mayo de 2020

Jaime Rangel. A 35 años de su despedida de los ruedos

Jaime Rangel
Foto: Cortesía altoromexico.com
Al final de la temporada 1956 – 57, las cosas de los toros en la capital de México quedaron revueltas. Tanto así que la gran plaza permaneció cerrada hasta junio de 1958 y aún con esa apertura, hasta el año de 1960 su funcionamiento no fue regular. Por eso no se dieron en ella novilladas durante el verano de 1959, pero eso no significó que la Ciudad de México se quedara sin temporada chica, pues ésta se verificó en el hoy difunto Toreo de Cuatro Caminos, donde el ingeniero Armando Bernal ofreció a la afición un ciclo de 31 festejos, en los que destacaron entre otros, toreros como Héctor Obregón, Antonio Sánchez Porteño, Rubén Bandín y quien me ocupa en estas líneas, el hidalguense Jaime Rangel.

Sobrino de uno de los toreros más incomprendidos de la historia patria del toreo, me refiero a Ricardo Torres, nativo de San Miguel Vindhó, Jaime Rangel toreó en ese ciclo cuatrocaminero siete de los festejos ofrecidos en el serial y fue, al final el que mano a mano con Porteño, cerró esa temporada en una singular novillada de concurso de ganaderías organizada por la Asociación de Criadores, que ofrecía un premio de quince mil pesos al novillo triunfador a determinar entre Tejedor de Zotoluca, Bien Hecho de San Mateo, Marinero de Rancho Seco, Zacatecano de Jesús Cabrera, Aceitero de Pastejé y Anda Solo de Santo Domingo

Jaime Rangel fue uno de los novilleros que hicieron la transición a la temporada novilleril de la Plaza México para el año de 1960, ya normalizada su operación. Y lo hizo de manera triunfal. Esa temporada constó de 27 festejos de los cuales toreó 11, entre los cuales cuatro fueron de mano a mano y fue el primer novillero en la historia del coso en matar una novillada en solitario, el domingo 20 de noviembre con novillos de Pastejé. En ese calendario novilleril compitió con toreros como Víctor Huerta, Fernando de la Peña, Óscar Realme, Antonio Campos El Imposible, Felipe Rosas o Jorge Rosas El Tacuba.

Esa hoja de resultados le valió tomar la alternativa allí mismo el primer día de 1961 en un cartel redondo. Le apadrinó el Lobo Portugués Manolo dos Santos y atestiguó la ceremonia El Volcán de Aguascalientes Rafael Rodríguez. El toro de la ceremonia se llamó Relicario y fue de don Jesús Cabrera, como todos los de la corrida. Un dato estadístico interesante es que Jaime Rangel, al recibir la alternativa, se convirtió en el matador de toros número cien en presentarse en el ruedo de la plaza más grande del mundo.

Confirmó en Las Ventas de Madrid el 1º de junio de 1962, el encierro fue de Alipio Pérez Tabernero y le cedió los trastos el catalán Joaquín Bernadó en presencia del madrileño Luis Segura. El toro de la ceremonia se llamó Menudito y actuó en el festejo también el rejoneador Clemente Espadanhal. Una corrida complicada de juego, en la que el toricantano solamente pudo lucir su toreo de capa. Concluyó esa campaña española con 11 festejos, según el escalafón publicado por el semanario madrileño El Ruedo.

Con esa preparación acometió la temporada 1962 – 63 en la Plaza México. Vendría a competir con los toreros que venían del otro lado del mar: El Viti, Paco Camino, Diego Puerta, Pedrés, Mondeño y con los de aquí; Calesero, Velázquez, Rodríguez, Córdoba, Capetillo, Silveti, Huerta... Y dio el tono. La temporada se dividía en las dos plazas de toros de la capital en ese entonces. Así en Cuatro Caminos deja una gran faena al toro Amapolo de Jesús Cabrera el 11 de febrero, cuando alternaba con el Poeta del Toreo y Luis Segura, sin trofeos por sus fallas con la espada y el 22 de diciembre del 63, en la Plaza México, corta una sólida oreja a Turronero, también de don Jesús, preparando el terreno para lo que vendría el año siguiente.

Para el ciclo 63 – 64 en la Plaza México ya el nombre de Jaime Rangel era uno de los que adornaban la parte principal del derecho de apartado. Las hazañas rubricadas la temporada anterior en las dos plazas de la capital le habían otorgado ese derecho y la atención de la afición estaba en lo que podría lograr ante la ola de toreros que vendrían de ultramar para aderezar una temporada que atrajo, como en pocas ocasiones en la historia, la atención de quienes tienen gusto por estas cosas y también de quienes las aprecian solo ocasionalmente.

Así, el primer golpe en la mesa lo dio Jaime Rangel el 5 de enero de 1964. Encerrada estaba una seria corrida de La Punta para que Óscar Realme confirmara su alternativa de manos de Jaime y con el testimonio de Manuel García Palmeño. El primero de la tarde mandó al confirmante a la enfermería, y padrino y testigo se quedaron con la corrida. Jaime Rangel se entretuvo en cortarle las orejas a Malicioso, un toro bravo, al que le pudo y con el que demostró que estaba listo para mayores empresas.

Esa empresa mayor llegaría dos semanas después. La empresa anunció a Joselito Huerta, Paco Camino y Jaime Rangel para enfrentar un encierro de don Reyes Huerta. Camino estaba en el ánimo de la afición y Joselito Huerta era, sin duda uno de nuestros ases. Quien tenía que demostrar que su sitio en ese cartel, redondo en el papel, era válido allí, era Jaime Rangel. ¡Y vaya que lo hizo! El tercer toro de la tarde se llamó Moctezuma. La crónica de agencia publicada en el diario El Informador de Guadalajara refiere lo siguiente:
...Nuevamente Jaime Rangel triunfó en la Plaza México al realizar dos grandes faenas a sus enemigos, pese a ser poco propicios, los mató superiormente cortándole a su primero las orejas y el rabo y a su segundo le quitó un apéndice... Fue en el tercero de la tarde con el que Rangel hizo a los aficionados saborear su toreo estupendo. El de Reyes Huerta no se dejó torear con el capote... Con la muleta Rangel buscó sujetar a su enemigo a base de doblones y lo metió para instrumentar varios naturales y armar la escandalera... se perfiló a matar dejando un estoconazo hasta el puño, suficiente para que doblara el astado. Cortó las dos orejas y el rabo... Al sexto de la tarde, Rangel le hizo fiestas con el capote... Tras de brindar a la plaza entera, Jaime inició otra gran faena; toreó aguantando horrores, cada vez a menor distancia, ligando pases y obligando al toro a embestir. Terminó con media estocada en todo lo alto. Pidió el público la oreja y se le concedió, para refrendar su brillante actuación en esta tarde...
Paco Camino, ese día tuvo un diferendo con la afición y terminó abroncado en su primero, aunque después cortara la oreja del cuarto. y Joselito Huerta tuvo que recurrir incluso al toro de regalo, pero sin resultados plausibles.

Este fue quizás el momento cumbre de la carrera de Jaime Rangel en la gran plaza. Pero no dejó de ser un torero que fuera indispensable en las principales ferias y temporadas de las plazas de nuestro país. Así llevó su dignidad de matador de toros durante casi un cuarto de siglo, pues se anunció su despedida de los ruedos en la Plaza México para el domingo 5 de mayo de 1985, en un cartel que formaría junto al alicantino José Mari Manzanares y el hidrocálido Ricardo Sánchez, para lidiar toros de la ganadería debutante de La Soledad.

Para la ocasión eligió un terno azul marino y oro y de su actuación en esa tarde Luis Soleares en crónica de agencia publicada en el diario El Siglo de Torreón escribe lo siguiente:
...Jaime Rangel se fue de los toros ayer con el cariño de los aficionados. Cuando mató a su segundo, cuarto de la tarde, de una estocada fulminante, el público le permitió dar dos vueltas al ruedo y cortar merecida oreja, no de simple cortesía. Voluntarioso y aseado con la muleta, todavía logra sacar algunos derechazos con temple. El Gobernador de Tlaxcala, Tulio Hernández, le cortó la coleta en los medios... La actuación de Jaime Rangel, diestro pundonoroso a quien este cronista vio llegar a la fiesta como novillero y ahora lo ha visto irse de los ruedos para siempre... el hidalguense actuó con conocimientos, valor, entrega y voluntad... el de su despedida «Emir», con 492 kilos, da ocasión a Jaime, mientras le tocan «Las Golondrinas», de recordar que le conquistaron, hace dos décadas, la admiración de la gente. La sencillez y modestia de Jaime son bien recompensadas por el multicéfalo. Un estoconazo con el corazón del torero, y de resultados fulminantes, eleva la emoción del momento y da oportunidad a una oreja merecida y a dos largas vueltas al ruedo...
Después de esta tarde, Jaime Rangel no volvió a vestir el terno de luces. Era su corrida número 31 en la Plaza México, en la que siempre fue parte de carteles de polendas. Pero el dejar la vida activa en los ruedos no significó que se apartara de la fiesta. Se dedicó a enseñar los secretos del toreo a jóvenes que pretendían hacer armas dentro de la fiesta y a apoderar toreros. En esta vertiente, quizás Jorge Gutiérrez es su discípulo más notable.

Así pues, al cumplirse 35 años de su despedida de los ruedos, este día recuerdo a un torero mexicano que con dignidad llevó el nombre de nuestro país por las plazas del mundo.
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