Mostrando entradas con la etiqueta La Guerrilla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Guerrilla. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de julio de 2026

25 de julio de 1969: Antonio Lomelín se presenta en ruedos de España

1969 fue el año de la guerrilla, la temporada en la que El Cordobés y Palomo Linares se organizaron una temporada paralela para contrarrestar la presión de empresarios como los Chopera, Canorea, Livinio Stuyck, Emilio Miranda y los Dominguín, quienes pretendían contratarlos con honorarios sujetos a un tope predeterminado y firmándoles las fechas en bloque.

Entonces, los dos diestros, que en las dos temporadas anteriores tuvieron entre ellos sus más y sus menos, unieron sus fuerzas, tomaron en arrendamiento muchas plazas de segunda y tercera categoría y se hicieron de una portátil para recorrer toda la geografía española sacando la vuelta a los empresarios que quisieron poner freno a sus pretensiones económicas – principalmente – y taurinas. 

Para ello, contaron con un amplio despliegue publicitario en los distintos medios, con el diario madrileño Pueblo y su director y jefe de información taurina, Emilio Romero a la cabeza, que fue quien bautizó la insurrección como La Guerrilla.

En ese estado de cosas, hubo muchos toros en España ese año de gracia, 625 corridas de toros se dieron y 375 novilladas con picadores. Así, los toreros hispanos tuvieron muchas fechas por cubrir y eso se reflejó en una escasa presencia de los nuestros por aquellas calendas, porque apenas se presentaron en esos ruedos tres matadores de toros: Manolo Martínez, Alfredo Leal y Antonio Lomelín; un rejoneador, Gastón Santos y un novillero, Luis Procuna hijo.

Antonio Lomelín bajo el signo de Arruza

Antonio Lomelín había recibido la alternativa en Irapuato el 20 de noviembre de 1967 y la confirmó en la Plaza México el 18 de febrero siguiente. Fue avanzando en una carrera en la que comenzaba a sacar la cabeza, apoyado en un valor a toda prueba, su facilidad con los palos en el segundo tercio y su impresionante habilidad como estoqueador. Los medios mexicanos comentaron con brevedad que, en mayo de 1969, asistiría a varios festejos de la Feria de San Isidro en Madrid.

La crónica de quien firmó como Claridades – no confundir con Fernando Gillis – en el Diario de Barcelona del día siguiente al del festejo, parece confirmar la especie:

Antonio Lomelín vino a España para ver 1a feria de San Isidro. Le acompaña un hijo de Silverio Pérez, ingeniero agrónomo, que mata el gusanillo de la afición toreando en festivales. Lomelín tomó la alternativa en la plaza de Irapuato (Estado de Guanajuato), el 20 de noviembre de 1967 de manos de Manuel Capetillo. «Haré lo posible – me dice – por cortar las orejas esta tarde»...

Bien arropado llegaba a tierras hispanas el diestro de Acapulco y también contó con la habilidad de quien le llevaba sus asuntos entonces, Manuel del Pozo Rayito, porque de ser un viaje de mera toma de contacto con el ambiente taurino español, terminó por arreglarle una brevísima campaña por aquellas tierras, que terminó por abrirle puertas para la siguiente temporada, que sería de capital importancia para él.

La fecha escogida, el día de Santiago Apóstol, taurinamente en Barcelona, encerraba una efeméride importante. Sigue contando Claridades:

Día de Santiago. Ha transcurrido un cuarto de siglo de la presentación de Arruza en Barcelona. Corría el 1944. El refuerzo de los turistas no contaba para nada. La entrada fue mezquina. Pero el éxito arrollador de Arruza y el triunfo de Mario Cabré fue como un toque que pone en actitud de alerta a una multitud. Cinco días después para ver a Arruza con Domingo Ortega y «El Andaluz» no se encontraba una entrada ni en reventa. A ningún precio... No se me olvidará jamás. Una afición jubilosa, de febril entusiasmo, aupaba a hombros a Arruza y Cabré por la avenida de José Antonio. Al llegar frente al hotel Ritz, detiene sus trémulos pasos la multitud. Arruza y Mario Cabré se abrazan emocionados. Es un símbolo veraz que hermana la gloria taurina de ambos países. Es la más auténtica propaganda, no la estúpida que manejan con incongruente constancia los toreros actuales... Al cuarto de siglo va a debutar en España un compatriota del inolvidable Arruza. Descansa en una habitación del Ritz. Contemplo la calle por el ventanal de se alojamiento. Le digo al torero mejicano: «Sensible el público a las proezas que habían realizado Arruza y Cabré, los fue aclamando con vítores de frenesí hasta el hotel». Lomelín me escucha inmóvil...

Así pues, un cuarto de siglo después de que Carlos Arruza se presentara en la Monumental de Barcelona, otro torero mexicano hacía lo propio en el mismo ruedo. Cuando Antonio Lomelín confirmó en Madrid, Antonio Abad Ojuel comparaba la sorpresa que el Ciclón Mexicano causó el día de su presentación allí, con la que el diestro acapulqueño produjo en la misma situación.

La corrida de su presentación

Para ese jueves de Santiago se anunciaron toros de Pilar Sánchez Cobaleda (1º y 6º); María Sánchez Cobaleda (2º y 4º) y Manuel Sánchez Cobaleda (3º y 5º), procediendo el de rejones, también de este último hierro, todos del encaste Vega – Villar. El cuarto de la corrida fue devuelto a los corrales por haber aparentado estar reparado de la vista, y fue sustituido por uno de María Antonia Fonseca Herrero. El cartel de toreros se integró por el rejoneador mexicano Gastón Santos, y en la lidia ordinaria el chiclanero Adolfo Ávila El Paquiro, Antonio Lomelín y el diestro de Trigueros Pablo Gómez Terrón.

La tarde de Antonio Lomelín fue bien saldada, pues cortó la oreja al primero de su lote y dio la vuelta tras despachar al segundo. Rafael Manzano, corresponsal del semanario El Ruedo de Madrid, relata:

Antonio Lomelín, mejicano, hacía su presentación en España. Ha dejado buena Impresión por sus excelentes maneras. A su primero lo veroniqueó con desahogo. La media del remate, superior. Le correspondió un bicho receloso y reservón; lo enceló con él cuerpo y tiró muy bien de su enemigo, con pases mandones y valerosos. Entró a herir en corto y señaló una entera, que bastó. Le concedieron una oreja. Un bicho con unas velas impresionantes, cornivuelto, fue el quinto. Lo recibió con una larga cambiada, de hinojos. Cogió los palos y dejó más sembrados en la arena que en el morrillo. Brindó al hijo de Silverio Pérez, que estaba en una barrera. La res tenía demasiadas perchas y e1 mejicano se sintió preocupado por las defensas del bicho, que se ceñía por el derecho, pero que tenía cómodo viaje por el izquierdo. Sin embargo, no se afligió y, sobre todo, entró a matar muy bien, señalando media, que bastó. Dio la vuelta al redondel...

Dejó su tarjeta de presentación con la espada, pero no pudo refrendar sus habilidades con las banderillas. Ya tendría tiempo de hacerlo. Por su parte, el ya nombrado Claridades, refiere:

Frente al torero con cosas de «torero antiguo», como le advirtió su tío, la juventud de Lomelín, mejicano esperanzado en cortarles las orejas a los toros. El segundo toro de la corrida tomó un refilonazo y una vara, saliendo suelto. En el tercio de banderillas prende el mejicano tres pares vulgares. Nada calibro de buen banderillero. Al ponerle el toro en suerte el peón Pepe Cano, cae debajo del estribo donde el toro le echa varias cornadas. Pasa por mi mente el drama del pobre Manuel de la Cruz Fuentes Bejarano. Advierto el terror, pero un capote danza portador del milagro de Santiago Apóstol. Segundo interminable. Lomelín con el toro de embestida corta, tardo y quedado, realiza una faena compuesta. Quizá peca, de adelantarle la muleta cada vez con exageración por el pitón contrario. Mata de pinchazo, estocada entera, volcándose, aún sin exceso de apreturas en la suerte. Oreja y vuelta al ruedo… En el toro quinto, de bella estampa y veleta de cornamenta, pidió el cambio con un solo puyazo, prendiéndole dos medios pares con desacierto. Brindó al hijo de Silverio Pérez, y anduvo breve con el toro de corta. embestida. Mató de pinchazo sin soltar y media estocada bien puesta. Vuelta al ruedo…

No hay mucha diferencia de criterios entre las dos relaciones. Quizás era cosa de tomarle el ritmo al toro español, porque en la prensa que pude revisar, no se hace referencia a que Antonio Lomelín haya visitado el campo por aquellas tierras o que haya toreado a puerta cerrada. Cuestiones que se podrían resolver en el tiempo y delante de los toros.

El resto de la campaña de Lomelín

El año de 1969 le redituó a Antonio 8 corridas en ruedos españoles, en plazas como Barcelona, San Sebastián, Almería o Palma de Mallorca. Alternó con toreros de la talla de Julio Aparicio, en su campaña de despedida, Joaquín Bernadó, Paco Camino, El Cordobés, Paquirri o Ángel Teruel, y dejó preparada la temporada de 1970, en la que confirmaría triunfalmente su alternativa en Madrid.

Retales de la prensa de la época

Al ir siguiendo la noticia de la corrida de la presentación de Antonio Lomelín, me encontré con la información de un festejo nocturno “De la Oportunidad”, – celebrado a las 11 de la noche del sábado 26 de julio – en la plaza de Vista Alegre en Carabanchel, Madrid. Alternaron Blas Romero El Platanito, Pepín Garrido, Jesús Lucas El Cañavate, Roberto Piles y Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea, ante novillos salmantinos de Enrique García de la Serna, de origen santacoloma.

Eran los primeros pasos en los ruedos de todos ellos. Terminarían cobrando notoriedad El Platanito, Roberto Piles y El Niño de la Capea por sobre todos, porque se alzaría para ser una figura histórica del toreo. Esa tarde – noche en realidad – es una de esas que tienden a esconderse en la memoria, para dejar el paso a las grandes tardes triunfales. 

Aldeanos