El 18 de mayo siguiente se presentó vestido de luces en la Isla de San Fernando, en festejo sin picadores, alternando en la lidia de novillos de Félix Gómez con Manuel Fernández Cádiz. Se presentó en Sevilla el l5 de agosto de 1925 alternando con Andrés Mérida y su combarriano Cagancho, ante novillos de Curro Molina, antes Urcola, haciendo lo propio en Madrid el 30 de julio de 1926. Curro Puya toreó su última novillada en Sanlúcar de Barrameda el 26 de agosto de 1927.
Entre 1926 y 1927, toreó 77 novilladas, siendo cabeza del escalafón junto con santanderino radicado en Valencia, Félix Rodríguez, y Cagancho, tres toreros que pasaron a la historia, los dos primeros de carrera breve y sino trágico . por distintas razones -, en tanto que Joaquín Rodríguez vivió muchos años y dejó larga historia tanto en España como en México.
Los prolegómenos de una tarde histórica
Bajo el ala de Juan Belmonte, la alternativa de Gitanillo de Triana tenía que ser un acontecimiento. Para ello, su protector se afanó en conseguir las mejores condiciones posibles en el tramo final de una temporada. Escribe Joaquín Albaicín:
Se preparó su alternativa cuidadosa y concienzudamente, con todo el apoyo de Belmonte, que ofició de testigo de la ceremonia y habló personalmente con Rafael “El Gallo” para que aceptara asumir el padrinazgo. Rafael lo hizo encantado, y llegó por fin para Francisco Vega de los Reyes (“Gitanillo de Triana”) el esperado día de su doctorado, que fue el 28 de agosto de aquel año que tan lejano nos parece de 1927, en la plaza de totos de El Puerto de Santa María, con toros de Concha y Sierra. La corrida fue todo un acontecimiento, para asistir al cual se desplazaron muchísimos aficionados de toda Andalucía...
Como bien lo describe Joaquín Albaicín en su libro Gitanos en el Ruedo, Juan Belmonte preparó las cosas como si fuera una cuestión propia, pues los toros de la Viuda de Concha y Sierra eran sus predilectos y la plaza elegida era una de solera, pero no de esas alguacilescas, que podían complicar el trance de una alternativa con exigencias fuera de sitio.
La prensa andaluza, la de Sevilla particularmente, se ocupó también de dar exposición al festejo, como la nota previa aparecida en el diario El Liberal de la víspera de la corrida, que ofrece la reseña de los toros a lidiarse:
En el encerradero de Salteras se han encajonado los seis toros de la ganadería de la señora viuda dé Concha y Sierra que se lidiarán mañana en la plaza del Puerto de Santa María... La corrida es de esmerada presentación y excelente lámina, compuesta de bichos buenos mozos, finos y gordos: una corrida magnífica... La fiesta reviste todos los caracteres de acontecimiento taurino, por tomar parte en ella el popularísimo Rafael el Gallo, el coloso Juan Belmonte (que aún está escuchando ovaciones por sus monumentales faenas en la plaza de San Sebastián el domingo último) y Gitanillo de Triana, que tomará la alternativa... La reseña del ganado es la siguiente: Número 94, «Gallito», negro lucero; número 90, «Lujoso», negro salpicado; número 104, «Tahonero», negro; número 47, «Vigilante», berrendo en negro; número 49, «Horquillero» negro, y número 64, «Buen mozo», cárdeno, careto... Habrá un tren especial, que saldrá de Sevilla a las ocho y cincuenta y dos de la mañana y del Puerto a las nueve y cuarenta y cinco de la noche... Lo dicho: la gran corrida. Mañana, al Puerto...
El reclamo estaba hecho, dos toreros ya legendarios ungirían como matador de toros a un valor nuevo, que en poco tiempo adquiriría su propia calidad de leyenda histórica.
La corrida de la alternativa
La tarde de la corrida no se ajustaba al ideal de una de toros. El cielo estaba entoldado y el viento de Levante era molesto, pero eso no ahuyentó a la afición, ni les impidió a los toreros realizar un esfuerzo importante para lograr que el festejo pasara a la historia por más razones que la mera efeméride. Así entonces, a las cinco de la tarde, hora anunciada, se abrió la puerta de cuadrillas para dar inicio a la festividad.
El primer toro de la tarde, sin que las crónicas lo consignen por su nombre, fue Vigilante, número 49, berrendo en negro. Ese es el toro con el que Rafael Gómez El Gallo, quien alrededor de esas fechas cumplía dos décadas ya como matador de toros, cedería los trastos para dar la alternativa a Gitanillo de Triana. De su actuación, nos relata lo siguiente Antonio Reyes Don Criterio, en su crónica escrita para el diario El Liberal de Sevilla:
Gitanillo de Triana ingresó ayer en el escalafón de los matadores de toros. Tomó la alternativa de manos de Rafael el Gallo – previo cortés y cariñoso discurso – y logró cortar las dos orejas del toro del doctorado… Este toro, berrendo en negro, fue uno de los mejores que ayer se lidiaron por lo noble y por el temple y suavidad con que embestía. El nuevo matador de toros practicó con el bravo astado una vistosa, valiente y lucida faena, que inició con un estatuario pase ayudado por alto. Dio otros también muy buenos, que se aplaudieron y olearon. No fue una faena de destaque, notable, pero sí lucida y tranquila. Entró a matar derecho y dio en tierra con el bruto de una estocada corta, arriba, perdiendo el trapo á la salida. Gitanillo, que brindó la muerte del toro de alternativa al ganadero don Antonio Flores, fue ovacionado, dio la vuelta al anillo y cortó las dos orejas del cornúpeto…
Dentro del terreno de la anécdota, se cuenta que, en el momento de la cesión de trastos, se dio un larguísimo parlamento entre padrino y ahijado. La versión de esos hechos que nos cuenta José Manuel López Mohiño, en su libro Francisco Vega de los Reyes “Curro Puya”. “Gitanillo de Triana”, esencia del toreo trianero, es la siguiente:
Se comentó que, llegado el momento de la ceremonia, establecieron un largo diálogo entre padrino y ahijado; los cronistas de la época afirmaron que al menos duró de 7 a 8 minutos. Extrañados todos, tanto público como periodistas de la alocución de Rafael, y una vez terminada la entrega de los trastos, todo el mundo con curiosidad fue a preguntarle al Gallo, el “Divino Calvo”, de lo que le había comentado al neófito, para asombro de todos, Rafael y Francisco discutían por el precio de unos gallos de pelea que el primero quería adquirir al toricantano y nuevo matador de toros... Esta fue una de las tantas genialidades de Rafael Gómez “El Gallo”. la afición a los gallos de pelea en esta época estaba muy generalizada en mundo del toro…
Por su parte, el ya invocado Joaquín Albaicín, en Gitanos en el Ruedo, cuenta esto:
La ceremonia de entrega de trastos al nuevo matador fue, al parecer, inusualmente larga, en especial para el público, que no alcanzaba a escuchar nada de lo que se estaban diciendo entre sí los dos toreros. Eran ambos muy aficionados a las peleas de gallos, y, como resultaba que tenía Curro dos pollos que antojábansele a Rafael dos luchadores imbatibles, no se le ocurrió otra cosa al “Gallo”, en el momento mismo de la investidura, que proponerle que se los vendiera. Así permanecieron varios minutos, cambiando impresiones sobre la raza de que hacía tal o cual crestudo gala en el palenque, y pujando cada vez más alto Rafael por los de Curro ante el gesto imperturbable de Belmonte y el estupor y la impaciencia de quienes llenaban los graderíos. Finalmente, convencido “El Gallo” de que no iba a dar a torcer su brazo Curro y de que no le vendería los gallos, le dio la alternativa, diciéndole al estrechar su mano: «Suerte, y al toro. Tú llegarás, porque eres gitano...»
Las diferencias entre una versión y la otra son de mero grado. La esencia reside en que en ese preciso momento se le ocurrió al Divino Calvo tratar la compra de unos gallos de pelea. Así eran las cosas de Rafael.
La gran tarde de Belmonte
Juan Belmonte les cortó las orejas y los rabos a los dos toros de su lote. Quizás su faena al toro quinto fue la que más caló en los tendidos. Escribió quien firmó como Gallardo para el diario El Noticiero Gaditano, aparecido al día siguiente del festejo:
Fueron los lances que dio Belmonte al penúltimo toro de la tarde, una verdadera lección de arte, valor y dominio. Ni decirse tiene que las manos se batieron constantemente… Un silencio se hizo en la plaza, cuando Belmonte iba con pasos firmes, provisto de la muleta y la espada a desafiar a la fiera. Había resucitado la figura del ídolo… Belmonte había logrado apoderarse de la muleta de Rafael, y para conquistar el triunfo, sólo tuvo que poner corazón. La «muleta maravillosa» hizo su efecto… Cuando más entusiasmado estaba el público con la faena, cayó rodando el bicho a los pies del torero. Se había consumado totalmente el triunfo… Fueron varias las vueltas que tuvo que dar al ruedo, llevando en sus manos los máximos galardones que pueden concederse a torero alguno…
Por su parte, El Gallo, quien enfrentó a los toros tercero y cuarto, salió con la oreja en la mano de este último, con el beneplácito de la concurrencia, a pesar de que fallara con el acero. Sigue relatando el citado Gallardo:
En el cuarto bicho, que le correspondió en suerte, también se lució con la muleta, no estando así desafortunado con el estoque, sin que esto fuera óbice a que el público de sol se empeñara en que le fuera concedida la oreja a Rafael, petición que mereció la aprobación de la presidencia…
El resumen del conjunto
Esa tarde de toros en El Puerto resultó ser memorable en su conjunto, pues los sucesos a recordar de ella no se reducen exclusivamente a la alternativa que se concedió en ella. Aunque el toricantano saldó su ingreso al escalafón mayor con un triunfo, Juan Belmonte fue a dejar en claro por qué era una figura principal de la fiesta. Refiere Don Criterio en el cierre de su crónica:
Fue la de ayer una gran corrida en su en su conjunto, saliendo él público sumamente satisfecho y agradablemente impresionado del resultado de la brillante fiesta. Aún está saboreando las soberbias y monumentales faenas de Belmonte, el amo y el único. Sí; el amo y el único.
Gitanillo de Triana confirmaría su alternativa en Madrid el 6 de octubre siguiente, en una corrida en la que actuarían el rejoneador portugués Simao da Veiga – lidiando dos toros, – Rafael El Gallo, Juan Belmonte y el confirmante, ante toros de Julián Fernández, antes de Vicente Martínez.

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