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domingo, 16 de febrero de 2014

Postdata

Plaza Monumental de Sevilla
El único vestigio
Durante los últimos siete días continué dando vueltas a lo que dejé aquí publicado la pasada semana. Algo no me cuadraba y al volver sobre el tema, de pronto me vino a la memoria el recuerdo de aquellos sucesos que se dieron en el tránsito de la primera a la segunda década del siglo XX, cuando José Gómez Ortega Gallito, proclamado El Rey de los Toreros, tuvo sus diferendos con la administración – empresa – y con la propiedad de la Plaza de Toros de la Maestranza de Sevilla.

Gallito en su día no exigió de manera absurda que los propietarios del coso echaran o pusieran a tal o cual empresario a manejarlo. Antes mejor, consiguió inversionista – José Julio Lissén Hidalgo –, terrenos y puso también sus cuartos para construir una plaza de toros en la cual pudiera lucir su arte – y su ciencia – para los más. Pero en el tiempo que esa nueva plaza de toros estuvo en proceso de construcción, no se alejó de la Maestranza, siguió acudiendo a ella, pues reconocía que su compromiso primero era con la afición. 

La nueva plaza de toros fue la Monumental de San Bernardo, obra que quedó inconclusa en sus propósitos por los sucesos de Talavera de la Reina y por la deliberada incuria a la que fue abandonada por aquellos interesados en evitar su florecimiento y permanencia, tanto física como en la memoria histórica de Sevilla.

Este recuerdo me lleva a preguntarme si hoy, a casi un siglo de distancia, la Versión 2014 de los Fabulosos Hombres G está tan descontenta con lo que en la Maestranza sucede y tiene tanta urgencia o deseo de torear en Sevilla, como para abordar una empresa como la que Gallito inició en el primer cuarto del pasado siglo.

De acuerdo con lo que se oye y se lee, los cinco inconformes cuentan con los posibles para costear la edificación de un escenario adecuado – quizás hasta cubierto y multiusos, para hacerlo de una máxima rentabilidad – y si Sevilla es la manzana de la discordia, quizás pudiera levantarse, no en el término municipal de la capital andaluza, pero sí en alguno de los otros municipios colindantes y conurbados como Alcalá de Guadaira, Tomares, Camas o quizás en la misma Puebla del Río, como punto de inicio de una campaña renovadora de la manera de hacer fiesta” y de homenaje al autor intelectual de este intento de coup d’etat – hasta ahora fallido – abrileño.

Con esa casa propia, nadie impondría condiciones a los chicos G y ellos podrían poner en práctica todas las reivindicaciones que reclaman y demostrar a tirios y troyanos cuál es la realidad que debe imperar en la Fiesta en este nuevo siglo.

Pero aquí es que me surge otra interrogante: ¿Tendrán los G – 5 el suficiente tirón para emprender exitosamente una empresa de esa envergadura? De esto no puedo, ni quiero barruntar una respuesta. Lo único que creo al respecto es que resulta más cómodo exigir y criticar a los demás sin ponerse en los zapatos del de enfrente.

¿O será que no lo piensan emprender por temor a que de su inversión quede como recuerdo únicamente un pedazo de un muro?

domingo, 2 de junio de 2013

11 de febrero de 1945: La epifanía mexicana de Pepe Luis Vázquez

Pepe Luis Vázquez
(Imagen cortesía del Aula Taurina de Granada)
La décima tercera corrida de la llamada Temporada Hispano – Mexicana 44 – 45 representaba la quinta actuación de Pepe Luis Vázquez en el viejo Toreo de la Ciudad de México. Las crónicas reflejan que en las cuatro tardes anteriores había dejado muestras de su buen toreo, pero por algunas causas – principalmente, los toros – no había justificado aún el predicamento que precedió su llegada a esta tierra y que le hacía encabezar el elenco de toreros españoles que volvían a nuestras plazas después de una suspensión de relaciones taurinas que se inició en Madrid, en mayo de 1936.

Cagancho, Antonio Bienvenida, Gitanillo de Triana y Rafael Ortega Gallito ya se habían presentado también ante la afición capitalina y no habían tenido ocasión de poner sobre la arena las virtudes que atesoraban. Por su parte, Pepe Luis Vázquez en sus anteriores comparecencias pudo dejar constancia de su calidad, aunque sin redondear. Eso motivó que se le empezara a comparar con otro ilustre paisano suyo, Chicuelo, afirmando que requería de un tipo de toro bien determinado para poder lucir.

Para el 11 de febrero de 1945, Tono Algara anunció la presentación de la ganadería de Piedras Negras, cuyo encierro sería lidiado por Pepe Luis Vázquez, Rafael Ortega Gallito y Luis Procuna, que era uno de los triunfadores que la temporada había producido y que el domingo anterior le cortara el rabo a Cabrillo de Pastejé y ante el que, haciendo gala de su inventiva, realizara por primera vez el pase por alto que en ese día se llamó procunesa y que pasaría a la posteridad como la sanjuanera.

La corrida que me ocupa hoy estuvo a punto de ser suspendida por causa del viento que sopló toda la tarde. La crónica de Francisco Montes, publicada en el número 115 del semanario La Lidia, aparecido en la capital de México el 16 de febrero de ese año, refiere lo siguiente acerca de esa contingencia:

Minutos antes de que el reloj de la plaza marcara las cuatro de la tarde, la Empresa, por medio de unos cartelitos consultó con los asistentes si se daba la corrida en esas condiciones o si se dejaba para el lunes a las cinco de la tarde (ya que el peor enemigo de las corridas de toros es el mofletudo Eolo que además de poner en inminente peligro la vida de los lidiadores, desluce lógicamente todo lo que se intenta); pero siendo la respuesta afirmativa, la Autoridad ordenó hicieran el paseo las cuadrillas capitaneadas por Pepe Luis Vázquez, que vestía de obispo y oro; Rafael Ortega “Gallito”, de azul rey y oro y Luis Procuna, de verde nilo y plata; el paseo es frío y a tono con la tarde…

Ante los toros de Tlaxcala, fue cuando la afición de la capital mexicana pudo apreciar en toda su extensión la tauromaquia del torero del Barrio de San Bernardo. Fue su faena al cuarto toro, Anillito, número 13, negro bragado, que Pepe Luis Vázquez pudiera expresar su profunda tauromaquia. De la citada crónica de Francisco Montes, transcribo estas ideas:

Su segundo enemigo se llamó “Anillito”, número 13, negro, bragado, listón y capacho; el diestro de San Bernardo, molestado por el vendaval, pero imponiéndose a las circunstancias logró dos magníficas verónicas que remató con media estupenda, siendo muy ovacionado. En los quites “Gallito” derrochó valor y voluntad recibiendo palmas. “Bogotá” y Redondo parean con brevedad… Pepe Luis brindó la muerte de su enemigo al ex – presidente de la República de Cuba, coronel Fulgencio Batista que fue aclamado cariñosamente por toda la plaza. El sevillano, molestado por el vendaval, inicia su faena con un pase por alto, se pone la muleta en la mano izquierda y da el primer natural movidillo, para continuar con otros estupendos, naturales clásicos, siendo el tercero de la serie imponente y superior: un dechado de bien torear. La serie de naturales la liga con el auténtico pase de pecho y la ovación estalla tempestuosa, la música toca en su honor; sigue toreando en la misma forma, toreo serio, hondo, señorial, majestuoso, que hace de la plaza un manicomio; sigue su faena con la mano derecha en plan de escándalo, luchando continuamente con la sosería del burel y molestado por el viento que no ha dejado de soplar un solo instante; una gran faena, una estupenda faena que coronó con una estocada delanterilla que fue suficiente para mandar al destazadero al burel de Piedras Negras, un apéndice; la ovación es apoteósica, las palmas y la música acompañan la vuelta al ruedo del diestro sevillano, quien ha logrado cortar su primera oreja en “El Toreo” de México con una faena en la que tuvo que imponerse a los elementos… Los enemigos gratuitos del diestro de San Bernardo deben estar rabiando, ya que no podrán seguirle llamando “el torero del detalle”, pues su faena fue grandiosa y en circunstancias adversas para el torero; un triunfo meritorio que aunque lo deseen, no podrán negar sus detractores…

La relación que hace Francisco Montes nos refleja el impacto que causó la expresión íntegra de la tauromaquia de Pepe Luis Vázquez, dejando ver en su redacción, la emoción del cronista al poner en blanco y negro la impresión que su actuación le causó.

Una semana después, en el mismo semanario La Lidia, don Luis de la Torre El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada, reflexiona sobre esta actuación y creo que al margen del calor del momento, desentraña la esencia de la actuación del torero de San Bernardo. De su comentario, entresaco lo que sigue:

“Cuatro veces anteriores había dejado solamente el agridulce sabor en detalles fulgurantes de su arte personal, con la esperanza de que al fin destapara el frasco de la esencia pura de su toreo, tal como aconteció hace años con Manuel Jiménez, el torero de la Alameda. Y fue en esta tarde huracanada, cuando el viento en su furia incontenible se empeñó en impedir todo lucimiento, en la que Pepe Luis Vázquez, luchando abiertamente con el desatado elemento, luciera por primera vez en plenitud completa la maravilla del toreo clásico por excelencia. Fueron solamente en cantidad de nueve o diez los muletazos que a media plaza, sin buscar abrigo ninguno libertador del vendaval, los que dieron el triunfo definitivo al pequeño torero sevillano. Pero, ¡qué muletazos! Citando de frente y a distancia al burel para aguantar su acometida, empapándolo en los vuelos de la muletilla y engranar de esa guisa el verdadero toreo en redondo, rematado magistralmente con el auténtico forzado de pecho, ese muletazo de asombro que desde la época de Belmonte no habíamos vuelto a presenciar en toda su magnificencia. ¿Y después? Otra maravillosa serie de muletazos al natural rematados con un molinete doble en la misma cara de la res, esquivando así la acción del viento huracanado. ¡Asombroso! Una faena, más bien dicho, un FAENÓN clásicamente puro, coronado más tarde, ya en medio del entusiasmo general, con media estocada que hiciera a la res clavar las astas en la arena, para morir fulminada a los pocos instantes… La hazaña de Pepe Luis es de las que consagran. ¡Obligados estamos a entonar el “mea culpa” aquellos que supusimos no dejarían mayor recuerdo que sus detalles de oro purísimo en sus pasadas actuaciones! Lástima me causa escuchar en labios de viejos aficionados, conocedores de estos menesteres, frases tendientes a demeritar la que ha sido por todos conceptos la mejor faena de la temporada, por su auténtico clasicismo y belleza incomparable. Belmonte con un toro del Marqués del Saltillo (enero 22 de 1922) y “Chicuelo” con “Dentista” (octubre 25 de 1925), han vuelto a aparecer, gracias a Pepe Luis Vázquez, en el coso de la Condesa…

El anuncio del festejo en La Lidia
De estas reflexiones creo que vale la pena resaltar dos hechos, primero, el que sin buscar abrigo del viento, Pepe Luis Vázquez realizó una faena descansada en el pase natural y después, que con esa entregada actuación, entró en definitiva en el gusto de la afición de la Ciudad de México.

Por el resto del festejo, Luis Procuna cortó el rabo al sexto, Peregrino y Gallito saludó tras la lidia del segundo, Fistolillo. Al descabellar al sexto, Gallito se luxó el hombro derecho, pero pudo concluir su labor y por su pie se trasladó a la enfermería a ser atendido. 

Para Pepe Luis Vázquez, el gran triunfo en México vendría un año y seis días después, cuando en corrida nocturna, alternando con Manolete y de nuevo, Luis Procuna, cortara el rabo al toro Cazador de Coaxamalucan, en lo que resulta ser uno de los festejos míticos de nuestra historia taurina reciente y de la que ya me he ocupado aquí mismo en una entrada anterior.

Con este recuerdo de la tarde en la que manifestó su grandeza a la afición mexicana, expreso mi reconocimiento a la trayectoria de Pepe Luis Vázquez, quien entrara en la inmortalidad hace unos días.

Aclaro: Los resaltados en los textos transcritos no corresponden a sus originales, son responsabilidad exclusiva de este amanuense.

domingo, 15 de julio de 2012

Relecturas de verano IV: La Monumental de Sevilla. Voces y Silencios


Tengo un especial interés por la historia de algunas plazas de toros que han dejado de tener presencia material en lo que fuera llamado el planeta de los toros. Me sucede con El Toreo de Cuatro Caminos en México y también ejercen sobre mí una especial atracción los sucesos que fueron el origen y el final de la Plaza Monumental de Sevilla.

La obtención del conocimiento de los hechos que conforman la historia de esta última tiene ciertas complicaciones, porque a pesar de que su existencia fue azarosa y breve, la información es escasa y se encuentra, pareciera que estratégicamente dispersa en los medios de comunicación de su tiempo, de manera tal que resulta, dijera un preclaro hombre de mi tierra, don Aquiles Elorduy, una verdadera tarea de romanos el encontrarla y ordenarla, para encontrarse después, con que es incompleta e interesada en una gran cantidad de casos.

De allí se desprende el extraordinario valor de la investigación de la profesora de la Universidad Texas  TechLourdes Ramos – Kuethe al desarrollar el contenido del libro titulado La Monumental de Sevilla. Voces y Silencios, publicado a principios de este año por el Instituto de la Cultura y de las Artes de Sevilla, porque pese a los obstáculos documentales que enfrentó para estructurar la obra, logró sacarla a buen puerto y presentar un extraordinario estudio de lo que fue durante alrededor de quince años, la plaza de toros de mayor capacidad de la antigua Híspalis.

La estructura de la obra

La Monumental de Sevilla. Voces y Silencios parte de un estudio de lo que era la sociedad de Sevilla en el último tercio del siglo XIX hacia las dos primeras décadas del siglo XX, de acuerdo con la conformación de sus organizaciones sociales, políticas y económicas, que se desarrollan en una ciudad que prácticamente mantuvo su conformación medieval hasta esos días y que solamente ante la imposición legal de modernizar su infraestructura urbana, inició los intentos de asimilarse a los tiempos que vivía.

Plaza Monumental de Sevilla
(Fotografía de Juan José Serrano, mayo 1930)
La profesora Ramos – Kuethe nos llevará de manera concisa por las vías de cómo esa modernización urbanística generó lo que pudiera llamarse una nueva casta de industriales que a partir de la expansión de la mancha urbana instalaron establecimientos fabriles que generaron riqueza de fuentes distintas a la agricultura y la ganadería tradicionales en la zona y aunque quizás esos capitales de nuevo cuño podían competir en volumen con los que eran de raigambre allí, no pudieron evitar el estigma de ser calificados de advenedizos a la riqueza o como nuevos ricos, lo que les mantuvo apartados de los altos círculos sociales de esos tiempos.

La Plaza de Toros Monumental de San Bernardo – llamada así por localizarse en ese tradicional barrio sevillano – se construyó con fondos aportados mayoritariamente por José Julio Lissén Hidalgo, uno de esos industriales, quien actuó con la asesoría en lo taurino del llamado rey de los toreros José Gómez Ortega Joselito y contrató para el proyecto, diseño estructural y dirección de la obra a los arquitectos Francisco Urcola – realizador de la donostiarra de El Chofre  y José Espiau

Los   ominosos  silencios de Sevilla


Mucho se ha escrito y hablado de los silencios de Sevilla. Silencio de cofradía. Silencio de patio. Silencio de noche de verano. Silencio de claustro de convento. Silencio de tendido de la Maestranza. Silencio de pueblo antiguo. Silencio de equilibrio. Silencio clásico. Silencio humilde. Silencio orgulloso. Silencio profundo...

Como vemos, llamados silencios de Sevilla tienen fama. De hecho, el término, tratándose de toros, se refiere al hecho de la expectante ausencia de ruido que se genera actualmente en la Plaza de la Maestranza cuando se barrunta algo importante. Pero en el caso de la plaza de toros del Barrio de San Bernardo, creo que el silencio que se ha guardado, parcial o total, casi desde su fundación, es un silencio ominoso.

Desde antes de su apertura, se intentó silenciar el efecto benéfico que la plaza podría tener sobre las cosas de la fiesta y solamente se resaltaron los hechos negativos generados en su entorno. De hecho, pareciera que se intentó borrar su existencia de la faz de la tierra y de los anales de la historia, según lo revela la obra que intento comentar:

Con la construcción de La Monumental, la Maestranza se enfrentó a una nueva amenaza que podía quitar de sus manos el privilegio de organizar corridas de toros. Por eso y de manera más o menos subrepticia, se embarcó en un boicot de la nueva plaza tratando de desacreditarla lo más posible… Hoy día sin embargo, los documentos legales indispensables para una detallada historia de La Monumental, son imposibles de localizar en el archivo y la hemeroteca de la ciudad…

Sin embargo, el sol no puede taparse con un dedo y aunque los principales oráculos Corrochano a la cabeza  de la fiesta se sumaron al ejercicio de descrédito y por otra parte, los medios llamados especializados – algunos locales también – deliberadamente omitían informar sobre los festejos ocurridos en su redondel, la memoria colectiva retiene el recuerdo de la plaza de toros que Gallito construyó como un primer ejercicio para hacer más popular la fiesta de los toros.

Los motivos de la autora

Explica la profesora Ramos – Kuethe que su obra resulta del deseo de conocer lo que había detrás de un pedazo de muro que se ubica en la hoy Avenida Eduardo Dato, frente a los Jardines de la Buhaira, en el corazón del sevillano y taurino Barrio de San Bernardo, donde residió al hacer una estancia académica en Sevilla. Una vez que fue informada que ese resto de construcción, con una puerta tapiada que en su día fue la de los toreros de la Plaza de Toros Monumental de Sevilla, se dedicó a recabar la información necesaria para poner a disposición de quienes tenemos interés por la fiesta, por la historia o por ambas, el breve paso temporal de este monumental recinto taurino.

Algunas cifras de La Monumental de San Bernardo

Festejo de la última temporada
de La Monumental
La autora recoge la celebración de cincuenta y cuatro festejos, entre su inauguración en 1918 y su clausura en 1921 (1918: 24; 1919: 28; 1920:12). Un diestro recibió la alternativa en su ruedo, Juan Luis de la Rosa, el 28 de septiembre de 1919, de manos de Joselito y solamente un torero mexicano pisó su ruedo, Luis Freg, quien actuara como primer espada en la Corrida de la Prensa de ese mismo año, alternando con Domingo González Dominguín y José Roger Valencia, para dar cuenta de un encierro de Antonio Flores, antes Braganza. La Monumental pereció al embate de la picota en el año de 1930.

En fin, que considero que este es uno de esos libros que un aficionado a la fiesta no debe dejar de leer, sobre todo, porque tiene la ventaja de haber sido escrito por una persona que lejos de cualquier apasionamiento, acometió su investigación desde un ángulo meramente histórico y cuando el trabajo lo requirió, acudió a las fuentes taurinas para redondear o encontrar el contexto correcto al tema investigado.

Y no entro en más detalles, porque no creo que sea justo ni con la obra, ni con su autora, así que lo que habrá que hacer, es obtener un ejemplar y leerlo, que en el caso se trata de uno de esos libros que no se caen de las manos.

Referencia Bibliográfica: La Monumental de Sevilla. Voces y Silencios. – Lourdes Ramos – Kuethe. – Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla (ICAS), Biblioteca de Temas Sevillanos, Vol. 80. – 1ª edición, Sevilla, 2011, 238 páginas, con ilustraciones en blanco y negro. – ISBN 978 – 84 – 92417 – 48 – 3.

lunes, 16 de mayo de 2011

16 de mayo de 1920: Los hechos de Talavera de la Reina según Rafael El Gallo

Detalle del cartel anunciador de la
corrida del 16 de mayo de 1920
(Colección Gabriel Vegas)

Por algunas razones que no vienen al caso, en las últimas semanas me he mantenido más lejos del ordenador que de costumbre y más cerca de los libros también. Uno de los que retomé para su lectura, después de muchos años, fue el de Marino Gómez Santos, Mi Ruedo Ibérico, el que compendia una serie de magníficas y extensas entrevistas a toreros de distintas épocas en las que, a diferencia de la interviú de hoy, Gómez Santos deja a sus interlocutores hablar, hablar a su aire a partir de leves insinuaciones que les hace. Eso enriquece la obra en comento y dibuja de manera extraordinaria al personaje entrevistado.

Hace más o menos un año, un amigo, Gabriel Vegas, me envió la imagen que encabeza esta entrada, a propósito del díptico que entonces publiqué conmemorando el nonagésimo aniversario de la tragedia de Talavera y exponiendo la visión de la prensa regional toledana sobre el asunto. En su comunicación sobre el envío, me hacía notar que el cartel que ilustraba el primer artículo, era una alegoría realizada a posteriori y que el auténtico era el que en presentación más humilde, se imprimió en la Imprenta Velasco de Madrid, sita en Marqués de Santa Ana número 11, duplicado. En su comunicación, me pedía incluirlo en esas entradas, pero le respondí entonces que me parecía un desperdicio dejar un documento tan valioso en algo que quedaría archivado, por la relativa frecuencia con la que actualizo esta bitácora. (A petición del propio Gabriel recorté parte del cartel, para evitar que sea usado con fines de falsificación)

Taleguilla usada por Joselito en Talavera
(Museo Taurino de Valencia, imagen aportada por
Gabriel Vegas)
Así que ofrecí a Gabriel el publicar alguna arista sobre este tema al año siguiente, para publicar la imagen que tan gentilmente me envió, junto con otras dos que tiempo después me hizo llegar también y allí empezaron mis quebraderos de cabeza, pues me pareció un despropósito el reiterar alguna temática trillada o el recurrir a algún lugar común – con mis disculpas a Monsieur Flaubert – pero en la lectura del libro de Marino Gómez Santos al que al principio aludía, se me abrió el panorama, dado que allí hay una serie de charlas que durante quizás una semana de abril de 1959, sostuvo con Rafael El Gallo, en la casa familiar de la sevillana calle O'Donnell y entre los temas tratados, está precisamente el de Joselito y los sucesos de Talavera de la Reina.

Lo que contó Rafael a Gómez Santos no es una versión al uso y aunque en otro sitio de esta misma Aldea he señalado que a El Gallo no debemos recordarle por sus bagatelas, sino por su esencia como torero, considero que en este caso vale la pena saber cómo le venía a la memoria, justo un año antes de morir, la tragedia del 16 de mayo de casi 40 años antes:
…¿Dónde estaba Usted aquella tarde…?
- La corrida de Talavera se hizo para mí y para Ignacio, pero José me dijo: «Quítate de Talavera y vete a Madrid. Cógete el sitio mío, porque yo no voy a ir.» José estaba disgustado por lo que ocurría con la corrida de Urquijo.
- Pero ¿qué ocurrió?
Rafael el Gallo se aprieta el pañuelo de seda blanco al cuello.
- Que la marquesa de Urquijo iba a dar la primera corrida de su ganadería y quería que la torease José. Todo el mundo se opuso a que José fuese a Madrid con toros desconocidos. Y José no quieras saber cómo se puso. Dijo que o no toreaba la corrida de Urquijo o no iba. Por eso no quiso torear en Madrid y me dijo a mí que fuese yo, porque no acababa de ponerse de acuerdo con la empresa.
Coloca los brazos sobre la mesa y apoya sobre ellos la barbilla.
- Ese día, 16 de mayo, me reemplazó en Talavera. En Madrid amaneció lloviendo.
El Gallo, al levantarse de la cama la mañana de la corrida, se fue al balcón para ver la cara al día. Llovía torrencialmente. Se quedó un buen rato contemplando el aguacero, miró al cielo turbio y se fue al teléfono para comunicar con Juan Belmonte, con quien debía torear aquella tarde.
- Oye, Juan: te llamo para decirte que si nos vestimos, porque el día ha amanecido infame. ¿A ti qué te parece?
- Hombre, Rafael, yo creo que debemos vestirnos, no sea que a las cuatro «campe» y nos coja en pijama.
El Gallo le dijo a su mozo de espadas que fuese vistiéndole. Sonaba el agua torrencial en los cristales.
- Yo no sé para qué se viste usted, maestro, porque han dicho abajo que en Talavera se ha suspendido también por la lluvia. En Madrid, seguro que también se suspende – le dijo el mozo de espadas.
Rafael el Gallo sintió entonces un alivio inmenso de que suspendiese la corrida de Talavera que iban a torear Joselito y Sánchez Mejías. No sabía por qué, pero estaba contento.
- Vete despacio vistiéndome, que me parece a mí también que no va a cesar de llover y vas a tener que desvestirme.
Sonó el teléfono en la habitación.
- Maestro, que resulta que en Madrid se ha suspendido y en Talavera se está celebrando.
El Gallo comenzó a vestirse de calle y pidió que le marcasen el número de teléfono de Belmonte.
- Oye, Juan: ¿sabes que se ha suspendido en Madrid?
- Sí, acaban de pasarme recado.
- Oye, yo creo que lo mejor será que vaya a recogerte para ir a tomar un cocido a Casa Morán. Estoy aquí en el hotel con el marqués de Llen, que tiene el coche abajo. No tardamos nada.
El Gallo, con el marqués de Llen, bajaba por la escalera del hotel. Al llegar a la conserjería entraba un repartidor de telegramas.
- No se vaya, don Rafael, que es para usted.
Ajeno completamente a la posible tragedia que no había pensado aquella tarde, el Gallo abrió el telegrama: «José, cogida gravísima vientre.»
Ahora, al referirse al telegrama, Rafael el Gallo palidece. Su semblante se torna sombrío. Cambia su tono de voz.
- Yo pensé en seguida que aquello no era nada tranquilizador, porque si era una cogida gravísima en el vientre, lo más probable es que no tuviera salvación. «Lo ha matado», pensé rápidamente.
El marqués de Llen puso en marcha un flamante Rolls – Royce.
- Belmonte me aguardaba para ir a Casa Morán a tomar el cocido, y como no había salido del cuarto no se enteró de lo que ocurría hasta que nosotros estábamos en la carretera.
La noticia llegó a Madrid con rapidez.
- Al llegar a Alcalá para entrar en la Puerta del Sol, la gente se agrupaba en Teléfonos. Era un enjambre que se revolvía como si se tratase de una revuelta política. Bueno, en la Puerta del Sol aquello ya no puede explicarse. No cabía una persona más. Estaba hirviendo.
El Gallo gesticula con la mano.
- ¡Hirviendo estaba aquello! No sé si la gente esperaba noticias o sí sabían todo lo que pasaba.
 En medio de la carretera, que estaba en reparación, había grandes montones de piedras.
- Pasamos sobre ellas como por un tobogán. No sé a qué velocidad íbamos, ni cómo llegamos a la plaza de Talavera. Cuando entré en la enfermería me encontré con dos médicos jóvenes, amigos de José, que estaban ya lavándose las manos. Tenían los brazos manchados de sangre. Al volverme así, vi a José tendido, con el vestido de torear roto a jirones y la cara pálida. Estaba ya de cuerpo presente.
En el rostro de Rafael, continente de cuero, aparece una lágrima.
- Me quedé solo con él, mirándole, contemplándole. Blanquito, el pobre, estaba acurrucado en un rincón.
- Pero ¿y la gente de Talavera, Rafael?
- Había ido al pueblo a llorar.
Esta contestación del Gallo me produce una profunda impresión.
- Sí; la gente había ido a llorar al pueblo. Mi cuñado Ignacio se fue a la estación a gestionar el que reforzaran los turnos del telégrafo.
 Se le rompe la voz. Respeto el silencio. No quiero preguntarle nada.
- José estaba allí, de cuerpo presente.
Me acuerdo de aquellas imágenes certerísimas de Lorca:
Tres golpes de sangre tuvo,
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
A medianoche se percibió el rumor lejanísimo de un motor de automóvil. Prestó atención.
- Junto a la ventana de la enfermería se detuvo un automóvil. Oí un portazo. Empujaron la puerta y vi que entraban la reina Victoria y el rey don Alfonso XIII. No saludaron. Se fueron derechos a arrodillarse a los pies de José. Recuerdo que el rey dijo: «Victoria, ¿has traído el rosario?» La reina dijo que sí: «Vamos a rezar», dijo el rey. Yo estaba empezando a sentirme enfermo, porque no he podido llorar nunca, y eso hace mucho daño al corazón. Me quedé mirando como rezaban los reyes. La reina llevaba un velo negro sobre la cara, muy tupido. Al marcharse, don Alfonso me dio un abrazo y me dijo: «¡Lástima de hombre el que hemos perdido, Rafael!»
A los pocos momentos de haber emprendido los reyes el viaje de regreso a Madrid, la gente que estaba llorando en el pueblo llegó hasta la enfermería de la plaza de toros de Talavera.
- Las mujeres entraban, sin saber por dónde. Entraban atropellándose, y al encontrarse frente a mi hermano de cuerpo presente, decían: «¡José!» Y no decían más porque se desmayaban. Los hombres, con la gorra de visera en la mano, le miraban, se quedaban muy pálidos y acababan por caerse al suelo también. Hubo que prestarles auxilio, y los médicos acabaron todas las cosas que tenían en el botiquín.
Rafael da una palmada en el brazo de madera del sillón.
- ¡Ea, hablemos de otra cosa!
No le digo nada. Y él sigue con su recuerdo melancólico encerrado en la plaza mayor de su cabeza.
- Al día siguiente me puse malo. Estuve siete meses en cama. Creí que también yo me iba «pá» allá.
Pienso que por hoy ya basta el relato. Me despido de Rafael el Gallo, que se queda en su cuarto. Salgo al pasillo, en penumbra. Las mujeres cosen silenciosamente en el comedor.
- Buenas noches.
- Vaya usted con Dios…
(Marino Gómez Santos, Mi Ruedo Ibérico, Ed. Espasa Calpe, Colección La Tauromaquia, Vol. 37, 1ª edición, Madrid, 1991, Págs. 76 a 79)
Museo Taurino de Valencia
(Cortesía Gabriel Vegas)
Como pueden deducir de la lectura de lo transcrito, la versión de El Gallo no es una versión común y corriente de lo sucedido en Talavera. No obstante, resulta de interés saber cómo vio y se vio Rafael ese día, al menos en los remolinos de su mente. Por esa razón no haré comentario alguno, ni la contrastaré con la prensa de la época, creo que vale por sí sola y por lo que en sí representa, por lo que no tiene caso el intentar acreditar o desacreditar su contenido y sí por el contrario, disfrutarlo intensamente.

Espero que pese a su extensión, esto haya resultado de su interés.

lunes, 17 de mayo de 2010

Talavera de la Reina. La prensa regional toledana 90 años después (II/II)

Continúo con lo dejado pendiente ayer, y presento la conclusión de la revisión periodística sobre la muerte de Joselito.


En el Eco Toledano

Verde y Oro era la firma taurina de El Eco Toledano. Diario defensor de los intereses morales y materiales de Toledo y su provincia, dirigido por su propietario Antonio Garijo. Su versión de los hechos es menos prolija y más compuesta en un sentido literario. En algunos pasajes da la impresión de haber recibido la versión de algún asistente de confianza y después haber compuesto la crónica para no dejar a su diario sin la información del momento, sobre todo, cuando invoca el lugar común de la herida en la femoral como causa de la muerte del diestro de Gelves y cuando complementa su nota con datos de otros sitios, como vemos enseguida:



Muerte de Joselito, en Talavera

El lidiador más sabio y alegre que conocieron los tiempos, ha perdido ayer tarde la vida en una plaza de toros de "quinto orden", pues de otra categoría no podemos calificar la de Talavera de la Reina de nuestra provincia.

¡Pobre "Gallito"! Nos parece un sueño que haya matado un toro al que desde el año 1912, puso con su querido compañero Juan Belmonte, la Fiesta Nacional a un nivel no conocido en ninguno de los anales de la tauromaquia.


Un morlaco de la ganadería no asociado de la Sra. Viuda de don Venancio Ortega, tiró al maestro, uno de esos cornalones que llamamos "de caballo", seccionándole la femoral y produciéndole enorme destrozo en la región de los intestinos, falleciendo el gran torero, apenas llegó a la enfermería, en brazos de las asistencias.

La tragedia ocurrió cuando se hallaba pasando de muleta al quinto toro de la citada ganadería, que era gordo, astifino y largo de cuello. Parece ser que a José no le gustó el bicho desde que salió de los chiqueros y le tomó justificadas precauciones, que fueron en aumento; y al disponerse a prepararle con un pase para abrirle más de tablas y estando el espada casi materialmente metido entre los pitones con el fin de que el toro se confiara y no se le fuera, no tuvo éste más que largar el pescuezo, pegar el hachazo y quedarse con el muchacho, al que volvió a recoger del suelo.

El momento fue de inmensa emoción en el público y las cuadrillas, que con Sánchez Mejías al frente, continuaron la lidia bajo la impresión que es de suponer.

Después... ¡el horrible cuadro de dolor para todos! Joselito ya sabéis lo querido que era para los suyos y por todos los aficionados y no aficionados.

La ciencia no pudo salvar al que ya salió casi muerto del asta del toro.


En Talavera, en Toledo, en Madrid, en... toda España ha producido la fatal noticia una honda pena. ¡Un diestro de esa categoría, en sus veinticuatro años de edad; millonario e ir a morir a una plaza de un pueblo, como quien dice!

A José lo acompañaba desde a el año pasado cuando la cogida que tuvo en Madrid con aquél Benjumea, una mala estrella, hasta el punto que anteayer mismo en esta misma plaza, el último día que pisó en ella un sarraceno que le "despidió para siempre con un almohadillazo que le alcanzó la cara"... ¡Quién diría a Joselito que aquello era el fin de su historial en el ruedo de su más afecto, el de Madrid!

No acierto a escribir, queridos lectores, una sensación nerviosa me embarga desde ayer, porque para mí en la fiesta de los toros me arrastraban desde hace ocho años nada más José y Juan. Sin ellos no sabía ir a la plaza.

Ese gran carro con las "dos poderosas ruedas" que transportaba a la afición y formaba los dos bandos en que la tenía dividida, queda desecho.


La fiesta ha perdido el ciento por ciento de su entusiasmo e interés.

A las empresas les ha llegado un golpe inaguantable y los toreros han perdido al maestro de maestros.

Talavera de la Reina, nombre que ha de quedar grabado en los fastos del toreo, se ve invadida de aficionados y gentes de todas clases, altas, medias y bajas categorías que han ido a rendir el último adiós a Joselito.


Más de doscientos automóviles llegaron de Madrid. ¡De toreros no digamos nada! Su inseparable Belmonte fue presa de un fuerte síncope al saber la triste noticia y está abatidísimo.

¡Y Rafael! ¡Pobre Rafael! ¡No quería ver el cadáver cuando llegó!


"Bombita", Gaona, "Fortuna", La Rosa... ¡todos los diestros, ex diestros y admiradores que ayer estaban en Madrid, están en Talavera desde anoche.

El cuerpo de Joselito será embalsamado y transportado por ferrocarril a Sevilla, donde recibirá sepultura en el suntuoso panteón de familia, del Cementerio de San Fernando.

Descanse en Paz el torero más grande que conoció el revistero y amigo imparcial, que vierte lágrimas por su muerte.

Me llama la atención en la prolija crónica de El Castellano, que se pronuncie el nombre completo de la titular de la ganadería que lidió los toros del festejo, es decir, el de doña María Josefa Corrochano Viuda de Ortega, dejando claro su parentesco (algo que siempre escuché, pero de lo que tuve real certeza) con Gregorio Corrochano y que por la corrección política que exigió en su día el respeto al cronista más influyente de su tiempo, se dejó pasar a la historia como el de la Señora Viuda de Ortega, ocultando sus demás señas, para no avergonzar o dejar en entredicho al venerable don Gregorio.

Igualmente me llama la atención el origen de Bailaor, pues resulta ser lo que hoy conocemos como los patasblancas o encaste Vega Villar, producto de un cruce entre Veragua y Santa Coloma, aunque en sus inicios. ¿Sería que Corrochano aconsejaba a sus parientes como llevar la ganadería? ¿O sería que seguían los pasos de Pepe Vega y esta tragedia les cortó el camino? Además, leo una información que no recuerdo haber leído en ningún otro lado, el parte facultativo de la herida que le costó la vida a Joselito. Aunque lo que les presento se trata de prensa regional, contiene información que al paso del tiempo se vuelve invaluable, como podemos ver.

El reporte de la necropsia practicada al día siguiente por los médicos José Fernández Sanguino, Antonio Fernández Sanguino y Fermín Muñoz Urra, refiere lo siguiente:


En la inspección exterior, una herida de forma circular, de siete centímetros de diámetro, en la región hipogástrica derecha. En la cavidad abdominal, perforación de peritoneo y rotura de tres asas intestinales. Desgarro de la aorta descendente a nivel del cuerpo de la segunda vértebra lumbar. Hemorragia interna, producida por la herida arterial, mortal en pocos minutos y sin posibilidad de ninguna intervención científica.

De manera tal que queda confirmado el parte facultativo que se contiene en la relación de El Castellano y la necesaria mortalidad de la cornada que Bailaor infirió al considerado el más poderoso de los toreros.




Los infaltables

En la edición de El Castellano del día 18 de mayo de 1920, en su primera plana (la noticia de la muerte de José en Talavera se dejó para la tercera), quien firmó como Estebanillo González alza su voz y a partir de la reciente muerte de Joselito en Talavera, encuentra una razón para pedir la abolición de la fiesta de los toros. Su arenga de ocasión es la siguiente:



No incurriremos en la vulgaridad de hablar contra las corridas de toros en nombre de la civilización, ni menos vituperaremos a nuestra patria por no haber sabido "europeizarse", como por ahí dicen algunos ignorantes.

Entre el repugnante boxeo que tanto interés despierta entre ingleses y yanquis y las corridas de toros, preferimos éstas cincuenta veces, por ser menos crueles, por haber en ellas más arte y sobre todo, por ser algo nacional.

Pero aún llevando hasta el extremo nuestra benevolencia, tampoco podemos admitir que las corridas de toros sean precisamente una escuela de ahorro y de cultura. De esto se ha dicho ya tanto, que sería superfluo añadir nuevas consideraciones.

También en nombre de la Agricultura nacional y en nombre de la Sociología se ha pedido la supresión de las corridas de toros, pues grandes dehesas que ahora se dedican a la cría de reses de lidia podrían ser cultivadas provechosamente y dar empleo y sustento a centenares de familias; razón que no deja de tener peso en la actual crisis de subsistencias.

Valgan lo que valiesen estas razones, decimos que nunca se presentará ocasión más propicia para prohibir las corridas de toros.

Ha perdido la vida un torero que por su habilidad, por su juventud y por sus cualidades personales gozaba en toda España de las simpatías aún de aquellos que no son aficionados a las corridas de toros.

La prohibición de las corridas sería un funeral espléndido a la memoria de Joselito. Después de él, nadie.

Nosotros propondríamos que por suscripción nacional se erigiese un gran monumento al gran torero muerto en Talavera. Podría ser un monumento alegórico a esa que ha dado en llamarse fiesta nacional y para el cual sobrarían motivos ornamentales en la historia de la tauromaquia. En ese monumento podrían inmortalizarse las grandes eminencias en el arte de Cúchares.

Y cuando estuviese erigido el monumento, propondríamos también que las cortes publicasen una ley con estos dos únicos artículos:

1o Para satisfacción y consuelo de los aficionados, se permite celebrar una última corrida en cada plaza.

2o Una vez celebrada esta corrida "de consolación", se derribarán todas las plazas que no puedan aplicarse para otros usos y quedarán prohibidas para siempre las corridas de toros.

Más difícil que esto era la prohibición de las bebidas alcohólicas y ha bastado la voluntad de Wilson para lograrlo.

España debería gratitud al hombre público que lo intentase.

Concluyendo

Así es como se vio en la cercanía del tiempo y del espacio la muerte de Joselito. No son los renombrados escritores, ni las tribunas de importancia las que transmiten la información, pero como decía al inicio, tiene el valor agregado de que se publicó de inmediato, fijándola para la posteridad y dejando claros algunos datos que la historia oficial a veces oculta o pasa por alto.

Espero que estos puntos de vista, poco leídos, estudiados y dados a conocer, les hayan resultado de interés.

domingo, 16 de mayo de 2010

Talavera de la Reina. La prensa regional toledana 90 años después (I/II)

Hoy es el nonagésimo aniversario de la muerte de Joselito en Talavera de la Reina. Las versiones que conocemos son las de los escritores más renombrados de ese tiempo y la de Gregorio Corrochano es la que tiene primacía sobre las demás, dado que él fue testigo de excepción de la tragedia de ese 16 de mayo en el coso que el 29 de septiembre de 1890 inauguraran Fernando Gómez El Gallo y Antonio Arana Jarana lidiando toros de Enrique Salamanca.

No obstante, existen otras versiones de los sucesos que Guerrita llegara a calificar como el fin del toreo, algunas con el valor añadido de la inmediatez. En el repositorio de la Biblioteca Virtual del Centro de Estudios de Castilla La Mancha y en la de Prensa Histórica del Ministerio de Cultura encontré dos diarios toledanos de la época, El Castellano y El Eco Toledano, en los que con cierta profusión de detalles se narran los sucesos de la última corrida lidiada por el menor de Los Gallos. Los ejemplares vieron la luz al día siguiente del suceso, a despecho de la Ley del Descanso Dominical de Antonio Maura (que implicaba entre otras cosas, que los lunes no se publicaran periódicos), dada la magnitud del hecho.

¿Por qué fue Joselito a Talavera?

Existen diversas versiones que justifican la presencia de Joselito en Talavera ese 16 de mayo. La más común es la que sitúa a José y a Juan comentando la insufrible situación que pasaban en el abono madrileño, donde la afición, por la escasa presencia de los toros y el nulo juego que daban, llegaba incluso hasta a las manos con los toreros. En ese diálogo, se llega al consenso de que hay que retirarse de Madrid por un tiempo y allí surge para Joselito la posibilidad de ir a Talavera, una plaza de la que se ha escrito, le hacía mucha ilusión, porque la había inaugurado su padre.

Tan es así, que Francisco Narbona y Antonio García Ramos, en la biografía que escriben de Ignacio Sánchez Mejías, afirman que el cartel original del festejo del 16 de mayo de 1920 en Talavera estaba conformado por los toros de la Viuda de Ortega para Rafael El Gallo, Ignacio Sánchez Mejías y Larita, pero que al quedar desligado José de su compromiso madrileño, se decidió que la corrida fuera un mano a mano entre él e Ignacio, con el mismo encierro, producto de un cruce entre vacas de Veragua y toros de Santa Coloma.

Creo que esta versión es buena como recurso literario y nada más. Si se revisa la prensa madrileña de esas fechas, se podrá encontrar en el semanario El Toreo de Madrid, en su número del 10 de mayo de 1920, el anuncio de que el cartel de las fiestas de Talavera sería el mano a mano entre Joselito y Sánchez Mejías con toros de Ortega y en los días subsecuentes, el diario El Heraldo de Madrid anunciaba que la Compañía de Ferrocarriles de Madrid, Cáceres y Portugal ofrecía un tren especial para la corrida además de los ordinarios, que saldría a Talavera a las 7:30 de la mañana y regresaría a Madrid a las 8:30 de la noche de esa misma fecha.

Entonces, la versión literaria es solo eso, literatura.

En fechas recientes se ha hecho pública una versión políticamente incorrecta sobre la presencia de Gallito en Talavera. Es la que presenta Domingo Delgado de la Cámara en su libro Avatares Históricos del Toro de Lidia y que cito enseguida:


…La obra de Joselito fue admirable: creó el toro moderno… Pero también hizo otras cosas menos buenas y más vergonzantes. En el cortijo de Los Merinales por orden de Joselito se instaló una ‘barbería’ para ‘adecentar’ las corridas que torreaban los fenómenos. Los Merinales era un apeadero ferroviario donde se embarcaban todas las corridas de las ganaderías sevillanas. Pero antes de ser encajonados, los toros pasaban por un pequeño trámite. Una menudencia sin importancia que llenó de ira a Gregorio Corrochano cuando se enteró.

Corrochano lo hace público; Joselito se indigna, pues lo considera una traición personal. Durante el año de 1919 no se hablan. Los palos que atiza Corrochano Joselito desde su tribuna de ABC son tremendos. Al final hubo paz. A Joselito no le interesaba tener en contra al crítico más influyente de la historia. En el transcurso de la comida reconciliatoria se llegó al siguiente acuerdo: Corrochano se compromete a retractarse de lo dicho y a poner bien a Joselito; José a cambio se compromete a torear la corrida de feria del pueblo de Corrochano, un pueblo sin la menor importancia taurina llamado Talavera de la Reina. Esa y no otra fue la razón por la que Joselito fue a torear a Talavera…

Quizás una combinación de los dos motivos expuestos nos de la motivación exacta del por qué de la presencia de Joselito en Talavera ese día. Don Miguel Lizón cuenta que José pretendía que le acompañara a la corrida José María de Cossío, quizás para tener otro testigo de calidad en lo que allí sucediera, pero la compañía del enciclopedista del toreo no fue posible por un compromiso familiar, así que tuvo que asistir al compromiso sin esa deseada compañía.


En el diario El Castellano

Es el número 3,262 de El Castellano, diario de información el que contiene la información relativa a los sucesos de la corrida del día anterior en Talavera de la Reina. No menciona el nombre de su director, aunque por un anuncio contenido en su cuarta página, deduzco que lo publicaba la Editorial Católica Toledana, que para aprovechar la imprenta, ofrecía servicios de impresión en general a la comunidad.

La descripción de los acontecimientos, remitida por el cronista A. Zamora por la vía telegráfica a la redacción de El Castellano el día de los hechos es la siguiente:



¿Presentimientos?

¡Qué mala cara tienes!

La expectación reinante entre la afición para presenciar la corrida de feria de ayer en Talavera de la Reina era grandísima.

El viernes, a las tres de la tarde, ya se habían agotado las localidades en taquilla, que pasaron en su inmensa mayoría a mano de los revendedores. Localidad hubo que se pagó a 50 pesetas, sin que las autoridades pusieran coto a estos abusos; pues momentos antes de empezar la corrida, en las inmediaciones de las puertas de entrada a la plaza, el comercio clandestino de billetes era escandaloso y público.

LLa animación en las inmediaciones del edificio y particularmente en su interior, fue como jamás se ha conocido en Talavera.

La plaza se hallaba ocupada en su totalidad, abundando en palcos y gradas inmensidad de bellas señoritas ataviadas con la clásica mantilla española y el castizo mantón de Manila.

En el palco de la presidencia tomó asiento, además del alcalde D. José González de Rivera, el gobernador civil de esta provincia, D. José De Figueroa y otras distinguidas personalidades.

Las cuadrillas fueron acogidas con una gran ovación al hacer el paseo, al compás del pasodoble "Gallito" por ser la primera vez que pisaba este ruedo.

El tiempo amenazaba con lluvias, que por fortuna no se confirmaron.


La lidia de los cuatro toros primeros fue corriente, dadas las condiciones que reunía el ganado, que cumplió bastante bien en el primer tercio, poniéndose difícil en los dos restantes.

Al cuarto toro le banderillearon, a petición del público, los maestros, saliendo por delante Sánchez Mejías, que arrancando desde el estribo y a cuatro pasos del de Ortega, prendió un soberbio par, sobrado de valentía.

Joselito puso uno en los medios muy artístico y muy valiente. Mejías cambió a cuerpo limpio en la preparación de su segundo par, que después clavó saliendo del estribo.

Joselito cerró el tercio con otro par de poder a poder.

Lidia del quinto toro

El quinto toro de Da. María Josefa Corrochano, viuda de Ortega, llamado "Bailaor", brocho y cornicorto, negro zaíno, de cinco años, hijo de la vaca "Bailaora" de Veragua y del toro "Canastillo" de Santa Coloma, comprado a D. Dionisio Peláez, hizo una pelea en varas de toro bravo, certero y pegajoso.

Entró a los caballos cinco veces desde largo, dejando sobre la arena los cinco pencos.

En banderillas presentaba alguna dificultad e hizo varias arrancadas fuertes con ánimo de cobrar caza.

Joselito, que vestía por última vez terno grana y oro, se dirigió al toro con cierta desconfianza, toda vez que la gente le oyó decir al bicho: "¡Qué mala cara tienes!"

¿Presentiría el Wilson del toreo lo que pocos momentos más tarde iba a ocurrirle?

Joselito lo tomó con un ayudado, cambiándose luego la muleta por la espalda y después de otros pases vistosos, el toro tomó la querencia de un caballo situado en los tercios entre el 1 y el 2.

Con pases de tirón trató de sacarlo de su querencia, llegando a distanciarle en parte del caballo muerto.

Cogida de Joselito

Al intentar un nuevo pase por bajo se le arrancó el toro con tal ímpetu, que no pudiendo defenderse el torero de la terrible acometida, salió enganchado en el pitón izquierdo, volteado y derribado, quedando tendido en la arena con las manos sobre el vientre y en estado cadavérico, pasando en hombros de sus banderilleros a la enfermería.

La aparatosa cogida del diestro emocionó enormemente al público y lidiadores, quienes desde un principio sospecharon el fatal desenlace que pudiera tener.

Su cuñado Sánchez Mejías quedó en el terrible trance de tener que terminar con la vida del toro que había causado la sensible desgracia del rey de los astros coletudos, haciéndolo con valentía y estando el cornúpeto materialmente encima del caballo, al que tal querencia había tomado.

El público pedía a voces que se suspendiera la fiesta; pero Sánchez Mejías dio prueba de su valor temerario dirigiéndose al presidente y solicitando que diera suelta al toro que cerraba plaza.

Este pisó el ruedo demostrando mayor bravura que sus antecesores, arrancándose tan fuertemente a los caballos que ocasionó en una caída estrepitosa varias lesiones a los picadores Ceniza y Zurito.

Sánchez Mejías, en los quites, estuvo monumental y después cogió los palos, siendo perseguido tan de cerca por su enemigo que saltaron juntos al callejón, librándose milagrosamente de un serio percance.

No se arredró Ignacio y uno tras otro, sopló tres soberanos pares que entusiasmaron al público, que llegó a olvidar por breves instantes la emoción sufrida momentos antes.

Con la muleta, puesto que el toro se puso algo más difícil, trató de aliviar cuando antes, despachándolo de un pinchazo, una estocada medio caída y un descabello con la puntilla.

En la enfermería

Al ingresar Joselito a la enfermería de la plaza, a hombros de su cuadrilla, dijo estas últimas palabras, perdiendo poco después el conocimiento:

"¡Que llamen a mi médico, que me muero en Talavera!"

Depositado en la mesa de operaciones fue reconocido por los doctores, Sres. Luque y Ortega, quienes certificaron que durante la lidia del quinto toro había ingresado en la enfermería el diestro José Gómez (Gallito) con una herida penetrante de vientre en la región inguinal derecha con salida del epiplón, intestinos, vejiga y gran shock traumático y probable hemorragia interna. Otra herida en el tercio superior e interno del muslo derecho.

Muerte de "Gallito"

A consecuencia de estas heridas, falleció el infortunado Joselito a las siete horas y dos minutos de la tarde, sin que los esfuerzos de la ciencia pudieran hacerle reanimar.

Por el sacerdote D. Francisco Vázquez le fueron administrados los últimos sacramentos.

El diestro de Gelves murió rodeado de su hermano Fernando, su cuñado Sánchez Mejías y los individuos de su cuadrilla que estaban visiblemente emocionados.

La cabeza del toro

Sánchez Mejías mandó cortar la cabeza del toro "Bailaor" causante de esta desgracia, que ha sido enviada a Madrid para ser disecada y conservada como triste recuerdo.

Otros detalles

El gobernador civil, Sr. Figueroa, se emocionó grandemente con la inesperada desgracia y ordenó que la estación telegráfica de Talavera permaneciera funcionando toda la noche.

Le pusieron telegramas a Rafael Gómez (El Gallo), al doctor de Joselito, D. Agustín Mascarell y a otros amigos y deudos del finado.

Esta plaza, donde Joselito ha hallado su muerte, fue inaugurada por su difunto padre, Fernando Gómez (El Gallo), en el año 1891, matando él solo toros de D. Enrique Gutiérrez Salamanca.
 Bailaor

domingo, 31 de mayo de 2009

¡Los dos solos!: Como era antes y como es hoy

Ha terminado la Feria de San Isidro y hay mucho material para la reflexión. El éxito se apareció muy de momento en momento en la Plaza de Las Ventas y los momentos amargos fueron los que se sucedieron con más regularidad de la que todos quisiéramos y confirmando al final, que los presagios que se hicieron sobre la inadecuada y cicatera confección del serial, tenían fundamento lógico y que solo era cuestión de tiempo su confirmación.

En el entretiempo de la Feria de Abril de Sevilla y la de Madrid, comenzó a circular la especie de que en septiembre se daría en el Coliseo Romano de Nimes, un mano a mano entre dos de los toreros ausentes del ciclo de Madrid y que en consecuencia Enrique Ponce y José Tomás dirimirían ante los toros las diferencias que mediáticamente han hecho públicas.


La nota esencial que de esto se puede deducir sería que después de hablarse por años de vetos, de ventajas tiradas en los despachos, de evasiones premeditadas y de otras cuestiones que a la hora de la verdad poco o ningún sustento tienen, los directamente involucrados darían su versión en el lugar en donde realizan su principal forma de expresión: el ruedo de una plaza de toros.

El anuncio de esa posibilidad induce a la reflexión. El encuentro de esos dos toreros en una corrida de toros, que sin duda han de ser los que más atractivo de taquilla representan en este momento, es uno que se gestó en los medios. Antes, ese tipo de enfrentamientos se barruntaban en el ruedo, delante de los toros y de cara a la afición, que era la que los exigía. Hoy, tal parece que es a dimes y diretes como se gestionan las carreras de los toreros. Y parece ser que si es en la prensa rosa, mucho mejor.


Hace ya algunos ayeres sucedió un hecho, en Madrid mismo, en el que al mediar una corrida de toros, la afición congregada en la Plaza de la Carretera de Aragón, pedía a la empresa la actuación de dos diestros solos. Recurro a la Hemeroteca y a la Biblioteca y paso a contarles…

El 21 de junio de 1917 tuvo lugar en la vieja plaza de Madrid la Corrida del Montepío de Toreros, fasto que anualmente se celebraba para fondear a la mutualidad que se hacía cargo de costear los costos que generaba la estancia hospitalaria y la inacción de los diestros heridos. La fundación de la Asociación Benéfica de Auxilios Mutuos de Toreros – es su nombre oficial – se debe principalmente a la iniciativa de Ricardo Torres Bombita, que toma en 1909 – este año sería el de su centenario – el testigo de la labor que en el siglo anterior iniciaron Luis Mazzantini y Minuto.


En ese cartel de 1917, se lidiaron tres toros de la Viuda de Concha y Sierra (1º, 2º y 6º), dos de Gregorio Campos (3º y 4º) y uno del Marqués de Salas (5º), éste en sustitución de uno de Campos, devuelto por inválido. Los diestros que enfrentaron esos toros fueron Rodolfo Gaona, Joselito y Juan Belmonte, quien de acuerdo con sus propios recuerdos y lo que las crónicas de esa tarde reflejan, realizó una de las mejores faenas de su historia en la capital española.

Sobre esa tarde particular, Manuel García Santos, cuenta lo siguiente en su libro Juan Belmonte. Una Vida Dramática, publicado en México en el año de 1962, a poco de la muerte del torero de Triana:

… El público, enfebrecido, reclamó a Gaona también para que diera la vuelta al ruedo con Joselito, y aquello era el triunfo más grande que se recordaba para dos toreros. Al final de unas ovaciones que parecían interminables, la gente se volvió de espalo das al ruedo para dirigirse al representante de la empresa, que era Manolo Retana, y gritarle a coro:

- ¡Una corrida para los dos solos!... ¡Para los dos solos!...

Y todavía señalaron más, y gritaron estentórea mente: - ¡Fuera Belmonte!... ¡Que se vaya Belmonte!... Cuando sonó el clarín para la salida del sexto toro el público se disponía a abandonar la plaza. ¡Ya qué se iba a ver después de aquello!...



… Se abrieron los toriles, salió a la arena el toro, y el público se quedó un momento al ver a Juan Belmonte irse hacia la bestia. ¿Haría algo Juan?... ¡Era difícil!...

… Se fue al toro a la salida del caballo en la última vara, y dice él refiriéndose a ese instante:

"Dejándome de adornos y alegrías llamé a la res como manda la ley del toreo rondeño puro y, entregándome al placer de torear, con una confianza ciega, le di media verónica que acaso sea la mejor que haya dado en mi vida torera. Guardo de aquel lance la impresión de que el toro era una masa moldeable que se enroscaba en mi cuerpo y se plegaba inverosímilmente a mi cintura y a mi capote..."

"Dicen que fue aquella la mejor faena que yo he hecho en mi vida. Quizá. Yo sé únicamente que en aquel trance en que me había puesto mi abandono, hice lo que de modo inexcusable había que hacer para seguir siendo torero. Por eso seguí siéndolo. No se me concedió la oreja del toro porque la estupefacción de la multitud ante lo que sus ojos habían visto era tanta que nadie se preocupaba más que de llevarse las manos a la cabeza y dar rienda suelta a su emoción. La familia real, que presenciaba la corrida, permanecía también en la plaza terminada la corrida – cosa desusada en ellas –, y los buenos aficionados deliraban. Creo que un momento como aquel vale por todas las amarguras de la vida del torero. Porque así me lo parece es por lo que caigo en la impertinencia de contarlo yo mismo con una pueril inmodestia..."



Las crónicas de la fecha narran lo siguiente. En El Imparcial del 22 de junio de 1917, Barbadillo dice:

No se podría, por mucha voluntad que se pusiera en ello, relatar calmosa y ordenadamente lo sucedido en la fiesta de ayer. Vibra la pluma como si tuviera alma, y parece que sola, sin la mano nerviosa que la guía, podría correr atropellada y loca sobre el papel, trazando una vez y otra el nombre heroico, Belmonte, Belmonte, Belmonte. Siempre Belmonte y Belmonte no más. Inevitablemente, fatalmente, cuando se intenta concretar los mezclados recuerdos de la tarde, solo se ve salir de los chiqueros aquel torillo largo, flaco y feo, pelear tan suave y noblemente en la lidia más bella, más bizarra, más pinturera que ha visto la Plaza de Madrid desde hace muchos años, por parte de Rodolfo, José y Juan y por parte también del estupendo rehiletero Magritas y acabar cayendo a los pies de un magno artista tras la soberbia faena que nunca, nunca, nunca podrá ni él mismo superar…

…Nadie se mueve. Algunas manos ondean pidiendo la oreja. Luego caen lacias, sin insistir. La gente está rendida por la paliza de la enorme emoción. Unos muchachos se echan al ruedo, cogen al espada, lo pasean por el redondel. La Plaza entera, aún las personas de la Familia Real que siguen en su palco, prorrumpe en un aplauso cariñoso. Sale Belmonte por la puerta en triunfo. Sale la gente luego…

¡La mejor tarde de una vida torera!

¡Tal vez la mejor tarde desde que el toreo se inventó!


En la edición matutina del diario La Correspondencia, de Madrid, también del 22 de junio de 1917, el cronista P. Álvarez relata:

SEXTO. ‘Barbero’ número 45, negro y con abundante cornamenta. De Concha y Sierra. Belmonte veroniquea en las tablas del 1, y luego, después de un quite, administra dos verónicas apretadísimas y media, tan ceñida, que se arrolla el toro a la cintura. Gaona luego torea sublimemente de rodillas. José se mete dentro del toro con tres medias verónicas. Sigue el de Triana que pone de pie al público con sus medias verónicas y un farol limpio y diáfano. Finalmente acaba el asunto Gaona con unas gaoneras monumentales. Los tres toreros tienen que saludar, descubriéndose, cuando acaba el tercio, que ha sido como pocas veces se ve. Magritas está colosal en banderillas y Maera cumple. Belmonte nos pone de pie, pues cada pase es una ovación ensordecedora. Hay molinetes, naturales y se queda de rodillas toreando. Media estocada, entrando bien y se queda muleteando de una forma tan ceñida, que es imposible describir. Descabella a la primera, y hay ovación y petición de oreja. A Belmonte lo pasean en hombros por la plaza, entre una imponente ovación.



Por su parte, Don Severo, en La Lidia, del día 25 de ese mismo mes, describe lo que sigue:

…Los dos, los dos repetía el público.

Esto significaba la inutilización, la proscripción de Belmonte, que había quedado mal en el tercer toro y que se había echado al público encima en una caída peligrosa por dejar al piquero a merced del bicho.

Pero Juan Belmonte tiene amor propio, y sabe aprovechar las ocasiones. Y como la ocasión se presentó al poco rato, vino con ella la rehabilitación del trianero…

…Muchas veces he visto a Juan, bien, muy bien, superior. Pero como la tarde del jueves, no lo he visto nunca. Tan variado, tan preciso, tan suave, tan emocionante, no le había visto nunca.

Tenía que realizarse esa faena en la plaza de Madrid y tenía que venir yo verla yo desde Barcelona. Yo que admiro a Juan Belmonte en lo que vale; pero que no soy un partidario incondicional suyo, como muchos de los que ni siquiera le han visto torear...

Belmonte vuelve a ser lo que era. El Belmonte de las grandes tardes de emoción y de arte incomparable. El que se transforma delante de los toros y compone figuras magníficas. ¿Que ahora volverá a estar tres, cinco, diez corridas apático, indolente, sin afición? Es fácil; pero el día que le salga otro toro a propósito hará lo que hizo el jueves.

Hoy Juan Belmonte se parece en este detalle, a Rafael el Gallo. El día que quieren ó les sale un toro que embista...

Yo siento que el amigo Durá no haya hecho la crónica de esta corrida. Habría dicho del trianero lo que acabo de consignar y mucho más. Adolfo Durá, es de los belmontistas conscientes…



¿Sería esta la tarde en la que se inspiró Alameda para escribir su soneto de la Estampa de Gaona con Gallito? Suena a tal, porque fue, según las relaciones que llegan a nuestros días, una de esas fechas en la que los dos colosos salieron a defender su sitio de privilegio, así como también, ante el apremio, lo hizo también Belmonte y de una manera inenarrable.


Pero como podemos ver, el modo de hilar las cosas de ayer a hoy ha variado radicalmente. Gaona y Gallito precisamente ante el toro lograron convencer a la afición madrileña de su día de la necesidad de verles solos, sin prensa, juego de despachos u otro tipo de campaña de por medio, pero no contaban con que El Pasmo despertaría y volvería a poner las cosas en su sitio. Hoy, bastan dos o tres ditirambos mediáticos y ya está, cuando para dar verdadero fondo a esas confrontaciones hay que cocinarlas, ante el toro.

Así era entonces y así es hoy. ¿Veremos algún día que se pida, en las plazas de estos tiempos, algo similar?
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