domingo, 28 de enero de 2024

21 de enero de 1964: Se presenta El Cordobés en Aguascalientes

Sin los medios de comunicación actuales, El Cordobés era, sin duda, un torero conocido ya para la afición mexicana. Entre los noticieros cinematográficos que reservaban una generosa porción de su metraje para informar de las cosas de los toros y la irrupción de Manuel Benítez en los foros cinematográficos, se tenía una idea bastante cercana a la realidad de la revolución que estaba llevando a cabo en los ruedos de su tierra. Meses antes de su llegada a nuestras plazas, en abril de 1963, se estrenó en las salas mexicanas, Aprendiendo a morir, su debut cinematográfico y justo en la antevíspera de su presentación en el Toreo de Cuatro Caminos, se proyectó por primera vez Chantaje a un torero.

Así pues, con los medios existentes, se podía tener una noción de lo que la empresa que tenía a doña Dolores Olmedo y Juan Cañedo como figuras principales, presentaría en las inmediaciones de la Navidad de ese año 63. Ya comentaba antes, que El Cordobés declaró a Rafael Morales Clarinero, que solamente venía contratado por dos tardes:

Tengo 60 firmadas para la temporada próxima... Después de estas dos corridas aquí me voy a Cali, para torear el 27 y 29... No sé si regrese a México, eso es cosa de mi apoderado... Yo estoy dispuesto a dejar contento al público, aunque como es natural, no siempre se puede...

Evidentemente que después del rotundo triunfo que se apuntó en la tarde del 22 de diciembre, los principales empresarios del país se dedicaron prácticamente a acosar a Manolo Chopera, encargado de los asuntos de Benítez, para intentar llevarlo a sus plazas. Y es que en esas calendas había muchos empresarios independientes, que llevaban una o dos plazas a lo sumo, lo que permitía competencia y variedad en la oferta en esos ruedos.

La consecuencia no tardó en hacerse evidente. Las apenas dos corridas que trajo firmadas El Cordobés al final de 1963 se transformaron en más de una treintena para el inicio de 1964. Y por supuesto que Aguascalientes no se iba a quedar fuera de esa ruta.

El anuncio de la actuación de El Cordobés

El sábado 18 de enero de 1964, la primera plana de la sección deportiva del diario El Sol del Centro, se dedicó por entero al anuncio de la contratación de Manuel Benítez para actuar en la Plaza de Toros San Marcos. ¡“El Cordobés”, torea aquí el martes!, decía la cabeza de la nota, que, sin firma, explicaba:

…es bien sabido que, desde que existe el coso San Marcos, por sus arenas han desfilado, casi sin excepción, todos los primates de la torería de este y aquel lado del charco. ¡Manuel Benítez no iba a dejar de hacerlo! … saldrán a disputarle las ovaciones y el triunfo dos toreros mexicanos, representativos de dos etapas y dos interpretaciones diversas del arte de Cúchares: Alfonso Ramírez “Calesero”, el emperador del primer tercio, y Jaime Rangel, el más joven entre los astros taurinos de México cuya revelación ha teñido de esperanzas el cielo de la afición mexicana… frente a los tres ases, lucirán su arrogancia y mostrarán su fiereza y bravura seis hermosos bureles de La Punta…

Y por otra parte, el cartelillo anunciador del festejo, aparecido en el diario Heraldo de Aguascalientes, rezaba:

Plaza de toros San Marcos. ¡Monumental corrida de toros! La empresa, Jesús Ramírez Alonso, sin escatimar gasto alguno, ha confeccionado este extraordinario cartel: Presentación del diestro de Palma del Río: Manuel Benítez "El Cordobés", Alfonso Ramírez “Calesero” y Jaime Rangel con primorosos toros de La Punta…

Se hacía especial hincapié en que don Jesús Ramírez Alonso, el empresario, no había escatimado gasto alguno para traer a nuestra ciudad al diestro más cotizado del momento, como en su día lo hiciera trayendo a Luis Miguel Dominguín o a Litri, cuando justamente estaban en la cresta de la ola.

La corrida de la decepción

Aunque los boletos se pusieron a la venta apenas la víspera del festejo, la San Marcos se llenó a toda su capacidad, y eso que los precios fueron incrementados en un 30% con relación a los festejos de la anterior Feria de San Marcos. La prensa de la época no refleja inconformidades de la afición por esa subida de precios, que seguramente consideraban adecuada, dada la redondez, en el papel, del cartel anunciado.

La esencia de la fiesta está justamente en los toros que han de ser lidiados. Si el toro no está presente o no da el juego que de él se espera, todo se va por la borda, y esto fue lo que sucedió este martes de hace 60 años. La anónima crónica publicada en el diario Heraldo de Aguascalientes del día siguiente del festejo, así lo refleja:

La enorme expectación que despertó entre los aficionados el cartel que confeccionó la empresa de Chito Ramírez, se fue apagando a medida que transcurría la lidia de los bureles malísimos de La Punta que en ningún momento se dejaron torear. Y así tuvimos una corrida que no pasará a la historia no obstante la inclusión en ella de “El Cordobés” y el auténtico triunfador de la Plaza México, Jaime Rangel… La entrada fue indudablemente lo mejor ayer en el Coso San Marcos, estuvo lleno a reventar, los aficionados que esperaban ver una corrida buena, salieron completamente decepcionados por las condiciones de los punteños…

Los mejores momentos de la tarde los dio Jaime Rangel, que fue premiado con la vuelta al ruedo tras de finiquitar al quinto. Relata don Jesús Gómez Medina en su crónica para El Sol del Centro:

...en su segundo, tras de un primer tercio aceptable y luego de un derechazo inicial de espectacular ejecución, citando a distancia y aguantando como los buenos y seguido de otros que también le fueron jaleados, el punteño buscó el abrigo de los tableros y, apencado en tal sitio, concluyó su lidia... Pero Rangel, que a todo trance deseaba refrendar y rubricar éxitos recientes, trastocando las situaciones, literalmente se convirtió en el agresor: “embistió”, por así decirlo, al descastado burel. Y cercándolo, cruzándose con él en forma tremenda, acosando al manso, obligándolo, en suma, logró instrumentar varios pases izquierdistas de gran mérito por lo expuestos, por el terreno que pisó y la forma en que aguantó el flamante ídolo de la afición mexicana... Por ello, al concluir de dos pinchazos y un espadazo tendido, Jaime Rangel fue obligado a recorrer el ruedo recogiendo la cosecha de su tesón, de su torerismo y de su honradez profesional...

El estelar de la combinación, El Cordobés, se mostró voluntarioso a pesar de que tampoco tuvo mucha tela de donde cortar. Refiere don Jesús Gómez Medina:

El sensacional torero de Palma del Río, autor principal del morrocotudo lleno, en realidad quedó inédito para la afición de Aguascalientes. Pues en su primero, un torillo raquítico, que rodó por la arena cuando apenas acababa de abandonar los chiqueros, no ofrecía posibilidad alguna, ya no digamos para la obtención del triunfo, sino tan solo para una actuación plausible. Se imponía abreviar, como lo hizo el hispano...

Ante el sexto de la tarde, las cosas parecían corregirse, pero tampoco llegaron a buen puerto. Sigue contando don Jesús:

Y con el sexto, que, como sus hermanos, hizo una prometedora irrupción en el ruedo. El Cordobés lanceó con su estilo basto, afinando un tanto en las chicuelinas del único quite a que dio lugar el punteño. Pues conviene hacer hincapié en que todos los bureles, a excepción del primero, recibieron un solo picotazo... Sin embargo, tan breve ración de hierro bastó para que el segundo adversario del Cordobés expulsara de su cuerpo la pequeña dosis de casta que trajo de la dehesa... Pero la casta de que carecía el bicho la exhibió entonces Manuel Benítez para extraer a pulso y a base de su indiscutible aguante, varios pases con la derecha que reavivaron un tanto los adormecidos entusiasmos de las graderías. Tales fueron aquellos derechazos en los que, entre la erecta figura del de Palma del Río y las tablas no existía sino el breve espacio suficiente para que pasara la cola del desangelado morlaco. Que, sin embargo, tenía dos pitones cuya existencia, al parecer, ignoraba El Cordobés... La desastrosa jornada llegó a su término, finalmente, cuando el pupilo de Chopera clavó medio espadazo delantero, que hizo doblar...

Por su parte, Calesero tuvo buenos momentos en los dos primeros tercios del que abrió plaza y ante el cuarto de la sesión, la concurrencia le hizo pagar los platos rotos por el mal rumbo que iba tomando la tarde, según lo escribió el citado cronista de El Sol del Centro:

Y en Alfonso Ramírez se cobraron entonces los aficionados, amén de las culpas del propio espada, agravios en los que indiscutiblemente aquél no tenía parte. Pues, ¿por qué inculparlo de la debilidad de remos y del descastamiento mostrado por la mayoría de los punteños? …

Queda evidente que los toros enviados por don Paco Madrazo no se prestaron para florituras y aunque los toreros le pusieron voluntad al asunto, ésta no fue suficiente para corregir el rumbo de la tarde, que por sí sola pasó a la historia, aunque el cronista del Heraldo de Aguascalientes afirmara exactamente lo contrario.

El deseo de volver

Después de la corrida El Cordobés fue agasajado por el Maestro Armillita en su casa de Chichimeco. Allí le entrevistó don Ramón Morales Jr., quien en El Sol del Centro, publicó lo siguiente:

Me voy con grandes deseos de volver pronto a Aguascalientes”, nos dijo Manuel Benítez “El Cordobés” antenoche, en la finca de Armillita… El martes, Fermín nos invitó a cenar… Se habló del resultado pobrísimo en lo artístico de la corrida que horas antes se había celebrado; de que, gracias a “El Cordobés”, la plaza se había llenado totalmente en un día laborable cuando los boletos se habían puesto a la venta apenas un día antes, etc… “El Cordobés” se refirió a la forma como había respondido el público en la taquilla y de su estupendo comportamiento, pues no obstante el resultado del festejo, por culpa del ganado, la concurrencia apenas sí mostró su enfado – la de sol – con algunos gritos, en tanto que los espectadores de sombra se mantuvieron callados, serenos… “Tengo deseos de volver pronto a Aguascalientes, quizás entonces haya más suerte”…

El Cordobés volvería a Aguascalientes alrededor de un mes después. Si las cosas se tercian, quizás en estas mismas páginas virtuales, pueda ocuparme de ello.

domingo, 21 de enero de 2024

20 de enero de 1974: Triunfo y escándalo en la Plaza México

La temporada 1973 – 74 de la Plaza México seguía dando tema para la discusión a la afición mexicana domingo a domingo y la séptima corrida del serial no sería la excepción, porque la terna integrada por Manolo Martínez, Adrián Romero y Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea, enfrentando un encierro de don Reyes Huerta, atrajo una gran concurrencia al coso de la Ciudad de los Deportes y después de concluido, dejó hechos para la historia y para la memoria.

Manolo Martínez y El Niño de la Capea habían ya tenido actuaciones con claroscuros en el serial, puesto que, en la segunda fecha, a ambos se les fue vivo uno de los toros de Mimiahuápam que les tocó en suerte. El de Monterrey vio volver a los corrales a Campanero el 4º de la tarde y por su parte, El Capea no pudo finiquitar a Nene, el cierraplaza, por lo que también regresó vivo por la puerta de toriles.

En la tarde de esta séptima corrida se conjugarían muchas cuestiones, pero sucedería un hecho inédito, creo que, en la historia universal de la fiesta, según podremos ver a continuación.

Manolo Martínez y Huapanguero

El cuarto de la tarde se llamó Huapanguero, número 19 y se le anunciaron 492 kilos en la tablilla. Las relaciones refieren que hizo cosas de manso a su salida, saltando incluso al callejón. No obstante, por alguna razón Manolo se empeñó en realizarle una faena meritoria con la muleta, por lo que se enzarzó con él en una larga serie de tandas de muletazos, con resultados que no terminaron por trascender a los tendidos. Escribió el corresponsal de la agencia EFE, para el semanario madrileño El Ruedo fechado el 22 de enero siguiente:

En el cuarto, faena empeñosa, que en un momento dado dividió opiniones, para luego unificarlas cuando dio una tanda de derechazos muy templados… Prolongó tanto la faena, que escuchó un aviso. El diestro, encorajinado, arrojó la muleta y se metió entre barreras, ordenándole la autoridad a volver al ruedo…

Por su parte, Daniel Medina de la Serna, en su Historia de una Cincuentona Monumental…, refiere con su particular estilo, lo siguiente:

…el de Monterrey protagonizó uno de sus escándalos más recordados: resulta que se eternizó muleteando a “Huapanguero”, cuarto de la tarde, hasta llegar al tiempo límite que señalaba el reglamento, por lo que el juez Jesús Dávila, considerando que sólo los diamantes son eternos y no los trasteos anodinos, le hizo sonar el primer aviso, por lo cual el de Monterrey se sulfuró, se enchiló como se dice vulgarmente y botó rabioso muleta y estoque y lanzando miradas flamígeras hacia el palco de la autoridad fue a meterse al burladero de matadores para que empezara el sainete, el usía a ordenarle que matara al toro y el torero que no, que no y que no; muchos del callejón le aconsejaban que cumpliera con su obligación y otros que hacía bien en negarse, para algo era el rey absoluto de la tauromaquia nacional, lindando sus atributos con los de un dios; el público tomaba partido según sus simpatías o antipatías y aquellos se volvió un pandemónium…

Total, que el torero no salió y sonaron los dos avisos siguientes. Entonces, Manolo Martínez tomó espada y muleta y volvió al ruedo y se puso a torear… Fueron diez muletazos intensos, con la gente en las gradas entregada a lo que hacía y se tiró a matar, dejando una buena estocada. Sigue diciendo la crónica de El Ruedo:

Dobló el toro y salieron los mansos en ese momento, embistiendo uno de ellos a Manolo, y al hacerle el quite, Chucho Morales resultó arrollado, sufriendo la fractura del brazo derecho. La gente se puso del lado de Martínez, abucheando a la autoridad y arrojando almohadillas. Hubo petición de orejas, que no se concedieron, y el diestro dio tres vueltas al ruedo…

Al final de cuentas, Chucho Morales no tuvo fractura en su brazo derecho, solamente un traumatismo de consideración.

Manolo Martínez fue propuesto para una sanción pecuniaria de $50,000.00, misma que quedó reducida a la quinta parte cuando la autoridad la calificó. Dice la información de El Ruedo salido a la venta el 29 de enero de 1974:

Todo esto se ha traducido en una gran publicidad para el torero regiomontano, mientras la parte sana de la afición señala que: «Manolo Martínez no sólo debe pagar la multa de diez mil pesos, sino añadir otros diez mil, porque el incidente del pasado domingo le permitió convertir en un triunfo lo que era una actuación mediocre» … Una gran faena de Pedro Moya «Niño de la Capea» había borrado del mapa a Martínez, cuando el gesto alterado que tuvo ante él primer aviso, arrojando la muleta y metiéndose al callejón, hizo reaccionar a una gran parte del público a su favor…

Todo es según el color del cristal con que se mira.

Nota al canto: Un clip de video de unos seis minutos y medio, con un resumen de la actuación de Manolo Martínez esa tarde, se puede ver en este lugar del sitio de Facebook de la Filmoteca José Luis Salgado.

El Niño de la Capea y Alegrías

El tercer toro de esa misma corrida se llamó Alegrías y fue el que permitió a Pedro Gutiérrez Moya el rehacerse ante la afición de la capital mexicana, después de que en su segunda actuación se le hubiera ido vivo un toro. Esto le contó a Víctor José López El Vito:

...El pasado 20 de enero se cumplió otro aniversario de una de las siempre recordabas faenas en la Plaza de Toros Monumental México. Fue, en 1974, al toro “Alegrías” de Reyes Huerta. El salmantino, desde su finca, echa mano de la memoria… Fue la tarde que México me adoptó. Relata Capea… Yo arreglé mi bronca con un gran toro de Reyes Huerta, “Alegrías”. Manolo estuvo mal y se descaró con el juez de plaza. Le multaron, le pegaron una gran bronca y desde el tendido le amenazaban con improperios…

Y es certera la remembranza del torero salmantino, porque a partir de esa tarde, su empatía con la afición de la capital fue in crescendo, hasta llegar a convertirse en uno de los toreros de la Plaza México.

Ante Alegrías, su actuación fue resumida así por el citado cronista de El Ruedo:

En el tercero, Pedro Moya «El Niño de la Capea» toreó con primor a la verónica y bordó un quite por chicuelinas. Después realiza la faena de la temporada, que inició con pases de trinchera rodilla en tierra, para después bordar al natural. Largas series con temple admirable… Cuando intentaba cuadrar al toro para entrar a matar, una espectadora de barrera se quitó la camisa y, al quedar con el busto a la intemperie, se formó el alboroto. Cuando los agentes se la llevaban por el callejón se produjo en los graderíos división de opiniones por el «striptease» imprevisto… Dos pinchazos, medio estocada y descabello al tercer golpe. Escuchó un aviso, pero a pesar de ello la gente le aclamó, enloquecida, y hubo mucha petición de oreja, obligándole al diestro salmantino a dar dos vueltas al ruedo y a saludar desde los medios…

Por su parte, refiere Daniel Medina de la Serna:

Y vaya de anécdota: mientras “El Capea” inmortalizaba y se daba gusto pasándose por la faja a “Alegrías”, en una barrera se desarrollaba un acto bataclanesco de “strip tease” a cargo de una fulana que sin más ni más se despojó de la blusa dejando al aire y a la vista del conglomerado el tetamen, no muy imponente ni aparatoso sino más bien menguado y venido a menos, dicho sea de paso, distrayendo así la mirada de los entusiastas espectadores, vinieron a continuación los forcejeos de los guardianes del orden para bajar al callejón a la deshonesta e impúdica damisela que se colgó desesperada, con todas sus fuerzas del alambre que corre a todo lo largo de las primeras filas de barreras; ahí fueron abundantes jalones y tironeos, sin que hubiera ocurrido, como apuntó atinadamente el pintor Pancho Flores en sus comentarios del siguiente martes en el “Esto”, apelar a las cosquillas, método infalible para que se soltara la irreductible exhibicionista. Curiosamente, en alguna temporada anterior, esta descocada fue la misma que trató de tirarse de espontánea en un toro de “Paquirri”...

Una gran tarde la del Niño de la Capea y que le descubrió y nos descubrió la inmensidad de torero que teníamos delante.

La actuación de Adrián Romero

Al final de cuentas Adrián Romero fue el único que salió con orejas en las manos. Se llevó la de Bonito Sueño, quinto de la corrida. En la crónica de El Ruedo:

Adrián Romero fue ovacionado en el segundo por un quite por chicuelinas. Larga y empeñosa faena a un toro con genio, al que sacó partido. Pinchazo y estocada... En el quinto, ovacionado en verónicas de pie y de rodillas, así como por chicuelinas. Fue aclamado en el tercio de banderillas, particularmente en un quiebro en los medios. Con la muleta inició el trasteo con dos cambiados y siguió con pases de todas las marcas. Gran estocada. Una oreja y vuelta al ruedo…

La consecuencia

Poco se habló del tema en la prensa nacional que pude consultar. Pero al domingo siguiente, en el diario El Informador de Guadalajara, en la columna titulada Oro, Seda y Sol, firmada por Rafaelillo M., se contienen entre otras, estas reflexiones:

El tiempo señalado es suficiente para una gran faena; lo ha sido en muchos años en que se ha observado la misma norma… Pero puede haber alguna excepción, cuando una faena plena de arte, con mando y liga, sobrepase el tiempo señalado, creo que entonces se le debe tolerar. Sin embargo, una faena prolongada, tediosa y sin torerismo, debe recibir los avisos de Ley. El público, en estos casos, empieza a pedirlos y a silbarlos. La faena que se prolonga sin ton ni son, no la aguanta el público ni el toro… Se dice que en el Distrito Federal se va a pedir a las Autoridades que se reforme el Reglamento en lo que a los avisos respecta, alargando más el tiempo. ¡Está claro! No habrá diestro que vuelva a escucharlos, aunque se eternice con el estoque… ¿Será posible que los que viven de la fiesta, destruyan la fiesta?

Y todavía recuerdo que me sorprendí cuando un día en la plaza de Sevilla, un vecino de tendido me preguntó por qué las faenas de muleta duran media hora en México… Creo que aquí encontrarán la razón.

domingo, 14 de enero de 2024

Jesús Solórzano y Fedayín de Torrecilla, a 50 años vista

Jesús Solórzano
Foto: Lyn Sherwood

El seguro azar del toreo

José Alameda ha explicado con claridad lo que pudiera considerarse una de las grandes paradojas de la fiesta de los toros, en el sentido de que lo único seguro en ella, sea precisamente el azar, entendido éste, en el sentido de que por más previsiones que se tomen al respecto de una situación determinada, no necesariamente se dará el resultado que se previene, sino uno que puede ser fortuito, accidental o involuntario.

Era quizás miércoles y todavía no estaba definido el cartel de la sexta corrida de la temporada 1973 – 74 de la Plaza México. Muchos rumores circulaban entre la afición y los medios especializados. Dadas las importantes actuaciones de Manolo Martínez y Mariano Ramos el domingo anterior, las voces más fuertes propalaban un mano a mano entre ambos toreros ante el encierro de Torrecilla que era lo único fijo para la fecha. Pero también se decía, que en las oficinas de la empresa se manejaba que en la combinación que se diera podría participar Jesús Solórzano, anunciado en el apartado y que a esa fecha aún no se había presentado ante la afición capitalina.

Cuenta don Alberto A. Bitar que ante la sola mención de que Jesús Solórzano podría entrar en el cartel en el que se lidiarían los toros de Torrecilla, don José Julián Llaguno montó en cólera:

José Julián Llaguno, llevado por su encono en contra de Jesús – nunca se supo bien a bien el fondo de la cuestión – amenazó con que su familia no permitiría que se lidiaran los de Torrecilla, que convocaría a una conferencia de prensa y que entablaría una demanda contra la empresa… José Julián Llaguno era famoso por dos motivos: el primero, por sus chistes, y el segundo, por lo violento de su carácter, sólo que no tomó en cuenta a la Delegación, que amenazó con retirar del cartel a la ganadería para el Distrito Federal, amén de aplicarle una cuantiosa multa… (La Jornada, 29 de octubre de 2017)

Bastó el apercibimiento de la autoridad para que la ira de don José Julián se apagara y aceptara la terna de toreros que la empresa formó para enfrentar a los toros de su hermano José Antonio, que se completó con Eloy Cavazos y Mariano Ramos, para dar cuerpo a ese sexto festejo del serial 73 – 74. De esa manera el azar jugó la primera de sus cartas, abriendo una puerta que inicialmente estaba casi absolutamente cerrada para Jesús Solórzano.

El segundo pase del azar se produjo con los toros de Torrecilla. La corrida llegó a los corrales de la Plaza México seguramente la tarde del día 8 de enero de ese 1974, con la idea de que estuviera allí los cinco días anteriores al festejo, según lo marcaba el Reglamento. Pero el jueves siguiente, dos toros se pelearon y uno quedó inutilizado. Así lo cuenta don Francisco Madrazo Solórzano en su libro El Color de la Divisa:

…una llamada de Carlos González me inquietó, me contó con detalle como el toro número 38, inutilizó durante una pelea, al número 31, quebrándole una pata… Llamé por teléfono a Carmelita Llaguno y le pedí que embarcara otro toro a la mañana siguiente. Y como yo no podía ir, llamé también a “Chemel” para que me sustituyera: “Entre el 50 y el 49, que escoja Toño el que más le guste, están muy iguales en trapío y peso”, le dije… El jueves 10 de enero festejan sus aniversarios de nacimiento mi tío Jesús Solórzano Dávalos – 1908 –, y Manuel Martínez Ancira – 1947 –, les llamé a ambos para felicitarlos. Ese mismo día nació mi hijo, Antonio Manuel. Mientras acompañaba a Esperanza, me enteré por la prensa que mi primo, Chuchito Solórzano Pesado, completaría el cartel de la corrida del domingo… Toño, acompañado por su primo “Chemel” Garamendi, embarcaba al toro número 49, sustituyendo al lastimado. Cuatro días después, el solitario viajero y el diestro postergado, se unirían – cómplices felices – en una de las más grandes, bellas y mejor trazadas faenas en la historia de la Plaza México: la de Jesús Solórzano Pesado, al toro “Fedayín”, No 49, negro, de Torrecilla, con divisa verde y blanca...

La segunda carta del azar fue la del triunfo. Fedayín no iba, en principio, a esa tarde en la Plaza México, tuvo que darse un percance en los corrales para que de manera emergente fuera llevado a sustituir a uno de sus hermanos que se inutilizó. Y jugó también para que en el sorteo le correspondiera a Jesús Solórzano quien lo aprovechó a plenitud.

Jesús Solórzano y Fedayín ante la crónica

El quinto toro de esa corrida, el que de acuerdo a la voz popular, nunca es malo, fue nombrado Fedayín y ante él, Jesús Solórzano realizó una faena que hoy es considerada por muchos como de culto, pero que, en el fondo, es una de esas que, cuando se haga un recuento de las grandes obras realizadas en el ruedo de la Plaza México, tendrá que ser considerada, necesariamente. José Alameda, en su tribuna de el Heraldo de México, entre otras cosas, expresó lo siguiente a propósito de ella:

Siempre que el arte hace su aparición, la fiesta se desintoxica. Porque, no lo dude usted, la fiesta vive intoxicada. Intoxicada de monotonía… Pero el arte verdadero, ¡aparece tan de tarde en tarde! Sin embargo, es suficiente con que asome para que cambie toda la valoración del toreo. Solórzano acabó ayer, de un solo golpe, con esa faena de molde, monótona e industrial, esa faena que se imprime en serie, como las estampas de calendario, la misma que hemos visto ya este año y el anterior y el otro y el otro… ¿hasta cuándo?... Lo que hizo ayer Solórzano fue poner en evidencia la realidad del arte auténtico, fragante, inspirado, sincero, frente al arte de “los pintores de calendario”. Dicho con bíblico lenguaje: Solórzano vino a correr a los mercaderes del templo… La obra de arte tiene siempre que dar la impresión de algo único, distinto, sin par. Es todo lo contrario de la copia fotostática. La obra de arte, hija de la inspiración, es un modelo único. Por eso vale tanto. El público de la plaza México, este público dotado de tan impalpable sensibilidad y tan implacable juicio, lo comprendió, también de golpe, de corazón, con el alma desnuda. Y se entregó al artista con voto unánime para poner en las manos de Solórzano las dos orejas del toro. Porque en los grandes momentos, hay una emoción de la mente y un juicio del corazón… Solórzano, sí. Pero no sólo él. Fue también el aficionado mexicano, en su puesto de honor de la plaza México, el que dio el ejemplo: moralmente, expulsó a los mercaderes del templo… (Heraldo de México, 14 de enero de 1974)

Por su parte, Carlos León, en su crónica epistolar, dirigida a don Lucas Lizaur, de la zapatería El Borceguí, apunta:

Jesús Solórzano II, que inesperadamente entró al cartel como con calzador, parecía que iba a ser el “Ceniciento” de la tarde; un simple “arrimado”, marginado en un rincón de la cocina mondando patatas, mientras otros se despachaban el caldo gordo con la cuchara grande… ¿Qué fue lo que hizo Chucho para armar la que armó y colocarse, de golpe y porrazo, en un sitial que nunca había tenido? Pues muy sencillo: Volver los ojos hacia el toreo de antaño, al toreo clásico, al torear rondeño. En vez de dejarse llevar por el camino herético de la supuesta e iconoclasta “Escuela Mexicana del Toreo”, retornó a la verdad y a la naturalidad, a la pureza de procedimientos, a la estética desahogada. Y con eso tuvo para abrirle los ojos al público, que en una revelación volvía a ver los viejos moldes que creían haber roto los falsos profetas… Si bien con el capote anduvo desdibujado – lo estuvieron todos –, en lo demás, hasta en adornarse en banderillas que ya casi nadie las clava, hizo una faena de “las de ayer”, un trasteo de los que quitan años de encima, con muletazos y buenas maneras de otras épocas. Todo lo gris que había estado en su primero, fue luminosidad con este quinto toro, que en mala hora bautizaron “Fedayín”, nombre aborrecible para personas civilizadas. Para tan bella faena, pocas nos parecieron dos orejas y dos vueltas al ruedo. Pero eso era lo de menos, había resucitado el bien torear y eso nos llenaba de regocijo… (Novedades, 14 de enero de 1974)

Por su parte, el licenciado Antonio García Castillo Jarameño, titular de la sección taurina del diario deportivo Ovaciones de la capital mexicana se pronunció en el sentido siguiente:

Con la franela, la obra cumplida; la faena en que estuvo impreso un estilo personalísimo, tanto en las formas como en la construcción, muletazos acendrados, con el ritmo preciso, a la distancia justa, a la altura necesaria, engolosinando al noble y bravo burel de Torrecilla, haciendo que el enorme coso fuera un solo olé, y que la gente sintiera que admiraba algo distinto, nuevo, que no era más que eso: el personal sentir de un hombre frente a un toro... ¡nada más! Ahí trenzados en magníficas formas derechazos y naturales; ahí la culminación con el muletazo de pecho cumplido en su cabal dimensión; ahí la arrucina, pero la arrucina sin aprovechar el viaje, sino citando, embarcando, es decir, toreando y el remate justo con uno de pecho de cabo a rabo. Y los adornos – suficiencia y torerismo – en esos derechazos en redondo citando casi de espaldas, los medios pases ligados con otros por bajo sobre la diestra. Pero sobre todo y además de todo, todo ejecutado con un aliento de personal calidad... sí, “El estilo del hombre”. Dos orejas, tras un pinchazo y una más de media. Ovación inacabable y dos vueltas al anillo con salida a los medios... (Ovaciones, 14 de enero de 1974)

La relación de Alameda anota una cuestión importantísima que parece hoy de actualidad, pero que es un mal, que pareciera ser crónico para la fiesta, en el sentido de que llegan momentos en que el toreo se estereotipa, y las faenas se parecen demasiado unas a otras. La crónica de Carlos León resalta el valor intrínseco y esencial de la faena, la pureza en su trazo y en los procedimientos utilizados y que no resultan ser más que el reflejo de una tauromaquia concebida a partir de la naturalidad en su ejecución y en una técnica muy depurada en su concepción. Es por eso que el cronista del Novedades, al describirla, la señala como una faena de las de ayer. Por su parte, Jarameño deja en claro que la obra realizada por el hijo del Rey del Temple ante Fedayín no era cosa de cualquier domingo, sino una de esas que se recordarían por siempre.

El juicio personal de Jesús Solórzano

Cinco años después del hito, en el programa de televisión Toros y Toreros del entonces Canal 11 de la capital mexicana, que, en esas fechas, (1979) conducían Julio Téllez, Luis Carbajo y José Luis Carazo Arenero, se proyectó el vídeo de la faena y lo comentó el propio Jesús Solórzano, quien entre otras cuestiones dijo sobre ella lo siguiente: 

Esa tarde era de mucho compromiso, el único vestido que tenía para estrenar era ese y yo me dije: “o me retiro de los toros, o me compro más vestidos…”, me la estaba jugando al todo por el todo… son faenas que te ponen en tu sitio y que te dan aire para caminar… no podía yo fallar con el toro, todo lo que tenía que hacer era muy pensado, ya después te vas gustando, te olvidas de todo y te entregas al placer de torear… había que darle la pausa al toro, dejarle respirar… mi toreo tiene la influencia de la buena tauromaquia… hoy me doy cuenta de lo grande que puede ser la amalgama de las suertes que tiene el toreo… los toreros hemos perdido mucho porque estamos haciendo un toreo estándar, un toreo igual… esta faena recurre al toreo clásico… lo de ahora es muy bueno, pero con lo de ahora y lo de antes, hay que hacer algo mejor…

Como se aprecia, a un lustro de distancia, Jesús Solórzano distinguía, sin petulancia, el valor de su obra ante Fedayín, y establecía las líneas divisorias entre el toreo puro y lo que se pudiera considerar el toreo moderno. No se mostraba refractario a lo que algunos han dado en llamar la evolución del toreo, pero sí dejaba bien claro que las bases fundamentales de la tauromaquia son inamovibles, que son esenciales y cualquier modificación que se plantee, ha de ser a partir de ellas.

En conclusión

En este día se cumplen cincuenta años de esta gran obra de Jesús Solórzano, una faena clásica, en la que se reiteró una vez más que el toreo puro, ese toreo en el que, como lo dejó dicho Rafael Ortega, para transmitir, primero se tiene que sentir, es y será siempre el que mueva las fibras sensibles de afición y público, el que deje en nosotros su huella indeleble y que nos invite a volver a la plaza el siguiente domingo, con la esperanza de volver a encontrar esa conjunción entre toro y torero que es la razón de nuestra afición, eso que llaman el toreo eterno.

domingo, 7 de enero de 2024

6 de enero de 1974: Mariano Ramos y Abarrotero de José Julián Llaguno

La mitad de la década de los 70 del pasado siglo fue un periodo en el que Mariano Ramos declaró sus intenciones y se afirmó como figura del toreo a pesar del breve tiempo que había transcurrido desde que recibió su alternativa. Sus triunfos en plazas como El Progreso, la impresionante Feria de San Marcos que realizó el año 73 y sus firmes pasos en la Plaza México le abrieron un sitio en los principales carteles de nuestras plazas.

Y el ciclo 1973 – 74 en la plaza más grande del mundo no sería la excepción para él, no obstante que fue uno en el que se produjeron hechos que marcaron la historia del escenario y de nuestra fiesta. Esa temporada fue la de faenas como las de Jesús Solórzano a Fedayín de Torrecilla; la del Niño de la Capea a Alegrías de Reyes Huerta; la de Luis Procuna a Caporal de Mariano Ramírez; o la de Jaime Rangel a Mapache de El Rocío. Y en cuanto a la cuota de sangre, trascendió grandemente la cornada que Borrachón de San Mateo le infirió a Manolo Martínez en la décimo tercera corrida de ese ciclo.

La quinta corrida de la temporada 1973 – 74

Para el domingo 6 de enero de 1974, se anunció un encierro de José Julián Llaguno para Manolo Martínez, José Mari Manzanares y Mariano Ramos. El tercer espada de ese domingo había cortado una oreja de mucho peso dos domingos antes a un toro de San Mateo. Por su parte, Manolo Martínez, regresaba después de haberse dejado un toro vivo en la segunda corrida de la temporada y para el alicantino era su presentación en el ciclo.

Mariano Ramos salió a revientacalderas esa tarde. Le cortó una oreja a Durangueño, el primero de su lote y forzó las cosas para que Manolo Martínez se tuviera que emplear ante el cuarto y salir al final con dos discutidas orejas en las manos. El sexto de la corrida se llamó Abarrotero y se le anunció un peso de 492 kilos en la tablilla. La crónica de Ernesto Navarrete Don Neto para la Agencia France Presse (AFP), publicada al día siguiente de la corrida en el diario El Siglo de Torreón, cuenta lo siguiente sobre la actuación del torero – charro:

La de hoy fue la tarde de consagración de Mariano Ramos, sobre el ruedo del magno embudo de Insurgentes. Su faena al toro “Abarrotero” de la ganadería de don José Julián Llaguno, pasa a la historia entre las más bellas y mejor construidas que recordamos haber visto en esta plaza… El toro tuvo clase, embestida ideal que entusiasmó al público que acabó solicitando en forma unánime e imperiosa el indulto. Concedido éste, para Mariano fueron las dos orejas y el rabo simbólicos, para añadirlos a la oreja, cortada por faena de enorme mérito al tercero de la tarde. Y así culminó una corrida, la quinta de la temporada, en un clima de entusiasmo que rayó en la locura… Fue una tarde de toros con mucho que comentar, fue pasar por el tamiz de la crítica para orientación de un público tantas veces despistado por falta de sereno análisis… Por ejemplo, se nos antojó pequeño el reconocimiento de la labor torera de Mariano en el tercer toro, con un solo apéndice, y cuando un poco después, con extraordinaria largueza, como regalo de día de reyes, a Manolo Martínez el usía le entregara dos orejas sin justificación alguna… El primer toro del lote de Mariano tuvo sentido y peligro. Sólo pisando tan firme en el ruedo como lo está haciendo este nuevo astro mayor de la torería azteca se podía sacarle los muletazos reviviendo el milagro bíblico de extraer agua de una roca. En cada pase se jugó Ramos la epidermis, imponiendo el mando y el torerismo de su muleta en un quehacer torero saturado de emoción y maestría… Y así al toro difícil, Mariano lo dominó con su muleta garra, ya podrán ustedes imaginar la que formó con el de embestida ideal que cerró plaza… Decimos que Mariano Ramos bordó el toreo, lo hizo con el capote en verónicas y en un espectacular quite por chicuelinas, para volcarse en una faena en la que se abrió el mágico abanico de los pases en redondo, con temple y mando o la gallarda teoría clásica del natural… Luego, a media faena, cuando se había emborrachado de bien torear, vino la pincelada garbosa de los ayudados, lo mismo por alto que por abajo. En su momento, concedido el indulto, los trofeos simbólicos y la vuelta al ruedo a hombros, en un clima de auténtica apoteosis…

Extensa es la narración de Don Neto, pero al mismo tiempo describe con claridad lo sucedido en esa particular faena y el ambiente que privaba en la plaza esa tarde, que, seguramente, terminó por cimentar a Mariano Ramos como una importante figura del toreo mexicano.

La polémica sobre el indulto de Abarrotero

Las crónicas del festejo y la información taurina de los siguientes días, cuestionaron con fuerza el indulto de Abarrotero. La postura unánime de los opinadores era en el sentido de que el toro fue bueno para el torero, pero que no merecía la gracia del indulto. La versión más inmediata es la de la citada crónica de Don Neto, que especialmente sobre este particular manifiesta:

¿Fue un toro para indulto? A nuestro juicio, decididamente no. En el toro de lidia cuenta el buen estilo, pero mucho más la bravura, la auténtica fiereza, de la que es piedra de toque la suerte de varas. La pelea de “Abarrotero” fue blanda e inclusive saltó una vez al callejón. El juez de plaza tenía toda la razón al ordenar que Mariano lo estoquease y sí se doblegó fue por la masiva petición de un público entusiasta pero desorientado de mucho tiempo acá en calibrar las virtudes del personaje central de la bella fiesta...

Dice el cronista que el toro fue blando con los caballos y que saltó una vez al callejón. Agrega que el indulto fue concedido por la presión de un público desorientadamente entusiasmado que no supo valorar debidamente las condiciones del astado.

Por su parte, Daniel Medina de la Serna cita otras dos opiniones en el mismo sentido. La primera es la de Juan Pellicer López, el juez de plaza que concedió la gracia a Abarrotero, expresada en entrevista al diario Esto y es en el sentido siguiente:

Debo repetir que, en mi criterio, el toro no merecía el indulto por todo lo expuesto (floja pelea con los caballos, salir suelto, etc.). Sólo que la unanimidad con que el público pidió la vida del toro me hizo acceder... Además, comenzaban a surgir brotes de indisciplina...

Agrega el entonces juez de plaza como causales del despropósito la unanimidad de la petición, pese a la evidencia de la falta de méritos y una especie de responsabilidad suya, de mantener la tranquilidad pública, por aquello de los brotes de indisciplina que afirma, empezaban a producirse entre la concurrencia.

La segunda opinión citada por Medina de la Serna es la de don Manuel García Santos, publicada en El Sol de México, en el que hace una especie de post – scriptum a su crónica aparecida en el mismo diario:

Como no anoté (en la crónica) que el indulto de “Abarrotero” fue una cosa sentimental y tenía por objeto que el nobilísimo toro muriera tranquilo, pastando en la dehesa, ¡se lo había merecido!, pero... de eso a destinarlo a la reproducción... va un abismo…

La opinión de García Santos resulta un interesante corolario de las dos anteriores y explica mejor la causa del indulto, que fue realmente una reacción sentimental de la concurrencia a un toro que se dejó hacer y nada más, pero sin ser verdaderamente bravo.

Daniel Medina de la Serna encadena ese indulto con otro anterior, en el ciclo de novilladas, otorgado el 11 de noviembre anterior cuando Carlos Serrano El Voluntario se encontró con Campanero de Las Huertas:

Mariano Ramos, a la chita callando, debutó (3ª) cortando una oreja; a los quince días, tras una gran faena a “Abarrotero”, que fue indultado, le simuló la suerte de matar, como si en el Toreo, con mayúscula, se valieran otras cosas que no sean las auténticas. Dicho indulto, como sucedió con el novillo de “El Voluntario”, lo fue por el público, sin el convencimiento del juez… Y como el miedo no anda en burro, “Juanito” optó por lo fácil y cometió la misma pifia que su contralapache Pérez y Fuentes unas semanas antes, sentando un lamentable antecedente al que se han acogido algunos jueces sin carácter ni redaños…

Al final de cuentas se buscó la manera de limitar la cantidad y asegurar la calidad en el indulto de los toros. Una medida que se tomó fue la de eliminar la concesión de apéndices simbólicos. Primero fue en la Plaza México y después las plazas de mayor importancia en México fueron secundando esa disposición reglamentaria. De esa forma, los toreros procuran irse tras de la espada para salir con los apéndices en la mano. No es lo mismo la crónica que hable de que una corrida se saldó con un par de vueltas al ruedo, que, con un par de orejas en las manos, y es que, a veces, para ciertos efectos, los apéndices no son meros retazos de toro.

La temporada capitalina que estaba en curso hace medio siglo tuvo muchas cotas altas. De algunas me he ocupado ya por estas páginas virtuales. De otras, seguramente en fechas siguientes, habrá espacio para seguirlas comentando.

Aldeanos