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domingo, 29 de noviembre de 2020

Hoy hace medio siglo: La confirmación de Paquirri en la Plaza México

Confirmación de Paquirri en México
Cortesía: altoromexico.com

El contexto de esa temporada

La temporada 1970 – 71 en la Plaza México fue organizada ya por el ganadero Javier Garfias, pues desde agosto del año del Mundial de Futbol el cubano Ángel Vázquez había dejado de estar a la cabeza de los asuntos de DEMSA, la arrendataria y organizadora de los eventos taurinos en el coso más grande del mundo. 

Daniel Medina de la Serna cuenta que ese ciclo se celebró con una escasez de ganado en el campo bravo mexicano, pues a partir de que la Unión de Criadores de Toros de Lidia en España restringió la exportación de sus toros a Sudamérica, ese mercado quedó abierto a los ganaderos mexicanos, quienes atraídos por los dólares en juego, lo aprovecharon en detrimento del mercado nacional y aún ante esos hechos, la empresa de la Plaza México, no tomó las previsiones debidas y eso se notó en el ciclo.

Las ganaderías mexicanas que enviaron toros a las ferias de Caracas, Maracaibo y Valencia en Venezuela, Quito en Ecuador y Cali en Colombia fueron Javier Garfias, Reyes Huerta, Zotoluca, Santacilia, La Laguna, Mimiahuápam, Santa Martha, El Rocío, Santín, Peñuelas, Campo Alegre, San Diego de los Padres y José Julián Llaguno. Incluso, en el semanario El Ruedo de Madrid del 10 de noviembre de 1970, se relata que se tentó uno de los toros de Garfias en la plaza Nuevo Circo de Caracas para semental por Antonio Ordóñez, Dámaso González y el portugués José Falcón para la ganadería que Manuel Martínez Chopera y Sebastián González tenían en el Estado de Aragua con vacas de Santa Coloma.

Entonces, las ganaderías que enviaron sus toros a las 15 corridas de las que constó el ciclo fueron las siguientes: José Julián Llaguno (3 corridas); Tequisquiapan; Zacatepec; Javier Garfias (4 toros); Santacilia; Soltepec; Mariano Ramírez; Jesús Cabrera (5 toros); Manuel de Haro; Cerro Viejo; Gustavo Álvarez; Mimiahuápam; La Punta y toros sueltos, Pastejé, uno de regalo en la tercera; Valparaíso, el primero de la tarde que completó la corrida de Garfias y José Julián Llaguno otro que cerró esa misma tarde; Rancho Seco, uno que completó la corrida de Jesús Cabrera, más otro de Tequisquiapan de regalo; uno de Atenco de regalo en la de Gustavo Álvarez; y otro de éste último hierro para rejones, que al decir del mismo Medina de la Serna, resultaba ser el último toro de esa legendaria ganadería lidiado en la Plaza México hasta el año de 1996, cuando menos.

El elenco de toreros se conformó por los diestros mexicanos Pepe Luis Vázquez; Alfredo Leal; Joselito Huerta; Humberto Moro, que toreó su despedida de los ruedos; Raúl García; Raúl Contreras Finito; Manolo Martínez; Alfonso Ramírez Calesero Chico, que actuó por última vez en la México; Eloy Cavazos; Curro RiveraManolo Espinosa Armillita; Antonio Lomelín; Leonardo Manzano y Ricardo Castro. Confirmaron su alternativa Mario Sevilla; Raúl Ponce de León; Arturo Ruiz Loredo; Adrián Romero; Ernesto Sanromán El Queretano, quien nunca volvió a torear en la México y Miguel Villanueva. También se presentó una tarde el Centauro Potosino Gastón Santos.

Por los extranjeros actuaron Joaquín Bernadó, Santiago Martín El Viti y César Girón, en lo que resultó ser su última presentación en el ruedo de Insurgentes y confirmaron sus alternativas Francisco Rivera Paquirri, Dámaso González y el portugués José Falcón. Se quedaron anunciados José Luis Parada, quien fue herido en Acapulco una semana antes de su anunciada confirmación y por ello la pospuso para la temporada siguiente y Jesús Solórzano, que, propuesto originalmente para actuar con Paquirri en la corrida del 10 de enero del 71, no fue aceptado por este último, pues de ser así, el gaditano tendría que ir de primer espada y su contrato requería que alguien fuera por delante de él, así que Chucho fue sustituido por Manolo Espinosa Armillita.

La tarde de la confirmación de Paquirri

En ese estado de cosas se anunció la inauguración de la temporada para el domingo 29 de noviembre de 1970, con toros de José Julián Llaguno para Raúl Contreras Finito, Manolo Martínez y el gaditano Francisco Rivera Paquirri quien confirmaría su alternativa. El cartel era redondo, con dos de las figuras emergentes de México y uno de los toreros jóvenes de España que venía precedido de interesantes referencias y que post facto, sería uno al que la afición mexicana hubiera querido ver más.

La relación de los hechos de esa tarde que encontré es del puntilloso Carlos León, quien en su tribuna del desaparecido diario capitalino Novedades, titulada Cartas Boca Arriba, dirigida en esta oportunidad al gastroenterólogo José María de la Vega, encargado de la salud en esos días, del Presidente de la República, a partir de una entrevista televisiva realizada a éste último, próximo a entregar el poder, en la que comenta su gusto por la paella valenciana, construye una crónica de las suyas:

PAQUIRRI ARMÓ EL GRAN TACO: DOS OREJAS Y VUELTAS. Manolo llevó el telón del Arbeu para muletear, “Finito” ante bureles sin sal…

Francisco Rivera, con la mesa puesta

Usted, como refinado gastrónomo y excelente taurino, bien sabe que la sal es importantísima. Como afirmación contundente yo diría que, sin tener salero, no se puede ser cocinero ni torero. Pero en Andalucía la Baja y sobre todo cerca de las marismas, lo saleroso, lo resalao, rezuma por los poros de las personas. Y los diestros que nacen en la provincia de Cádiz, parece que bordan sus ternos con las brillantes escamas de las merluzas.

Para nuestro personal paladar, a ratos notamos en “Paquirri” cierta frialdad. Pero también el gazpacho cortijero o el aliño gitano se sirven bien fríos, como aquellos que nos hacía en casa de “Cagancho” Gabriela Ortega, descendiente de la Alboronía de los moros andaluces – y no por ello son menos agradables, pues no siempre está la sartén para frituras. Aun así el andaluz gazpacho frío lleva sal y pimienta, dos condimentos indispensables para que los guisos – y los toreros – tengan sabor.

Mas ya ve usted, doctor: aunque aquí suele decirse que no se puede sopear con la gorda ni hacer taco con tostada, vaya taco el que armó “Paquirri” en esta tarde de su presentación, a pesar de la escasa colaboración del ganado de Don José Julián Llaguno. Hasta la saciedad se ha repetido la trillada frase de que para que haya guisado de liebre, lo primero que se necesita es la liebre. Nada más falso, pues no hubo tales liebres, y sin embargo, Francisco el de Cádiz se despachó con la cuchara grande.

Pues allí tiene usted a “Caporal”, que desde que sale se emplaza y se resiste a ir a los capotes. Al fin el gaditano lo embarca en el suyo y le hace tragar varias verónicas excelentes. El bicho huye y muestra su mansedumbre en su querencia a barbear y saltar las tablas. Cuando el debutante se empeña en banderillear a ese poste, probón y sin codicia, confirmamos que no se puede soplar y comer pinole, pues “Paquirri” ha pasado fatigas sin cuento para lograr la mas o menos arrancada de un toro convertido en estatua de plomo. No obstante, ambientado de inmediato al quehacer mexicano, el pundonoroso andaluz se hace al dicho xochimilca de que “no hay que ser como los frijoles, que al primer hervor se arrugan”. Sin tener un toro “a modo”, ha cuajado, bordado, una faena cumbre, predominantemente izquierdista, que de inmediato le gana el favor popular. Ahora bien, del mismo modo que una paella queda incompleta si no se le acompaña con manzanilla sanluqueña o un vino seco de Utiel o de Requena, también un trasteo queda inconcluso si le falta el remate de la estocada. Claro que no es lo mismo saborear un “chato” que pasar por el trago amargo de la suerte suprema. Pero allí es donde se demuestra si un torero puede, merece llamarse matador de toros. Después del faenón, el espadazo caído le hizo perder los apéndices. Pero hubo dos vueltas a la redonda en franca apoteosis.

Nada de atole con el dedo

Aunque “Paquirri” ya tenía al público en la bolsa, no fue de los que dicen: ese arroz ya se coció, sino que vamos a cocer el otro. Como usted sabe, el principal secreto de una buena paella es hacerla a fuego de leña. Sin leña, no sabe lo mismo. Por ello, si el toro no trae bastante leña en la cabeza, la faena nos sabe diferente, como dulzona, cual si fueran inocentes alfajores de las Comendadoras de Santiago o candorosas y monjiles yemas de San Leandro. Y el sexto sí era un toro bien dotado de defensas, con cara seria, con cuajo. Por eso, todo lo que le hizo Francisco Rivera fue meritorio. Lucido con el capote, espectacular con las banderillas y superior en la faena que ha brindado a Joaquín Rodríguez Ortega. Faena torerísima, desde lo fundamental hasta lo pinturero. Y ahora sí media estocada fulminante, por lo cual le conceden un par de orejas, mientras tratan de sacarlo a hombros; pero lesionado en una pantorrilla, ha de pasar a la enfermería. Pero allí quedó su garbosa estampa de lidiador, más que de torero, capaz de dominar todos los tercios…

Parte médico de Paquirri

Herida por asta de toro en el tercio medio de la pierna derecha, de seis centímetros de extensión por cuatro de profundidad. Interesa piel, tejido celular subcutáneo y músculos de la región. Intervinieron los doctores Xavier Campos Licastro y Tirso Cascajares. El diestro fue operado con anestesia general en la enfermería de la plaza y se le trasladó a la Central Quirúrgica, donde quedó internado. 

Paquirri reaparecería el 10 de enero siguiente en la Plaza México con un gran triunfo ante el toro Caporal de Mariano Ramírez con el que ejecutó impecablemente la suerte de matar recibiendo y el 17 de febrero de 1971, cortaría otra oreja a Guadalupano de Cerro Viejo. Pero su gran tarde en esa plaza, quizás la mejor en nuestros ruedos, tendría lugar la siguiente temporada, el 19 de diciembre de 1971 ante el toro Girasol de Jesús Cabrera, de la que habrá tiempo para ocuparnos de ella.

Retales de la prensa de la época

En el semanario El Ruedo de Madrid del 6 de octubre de 1970, se anunciaba que la corrida de Mimiahuápam que se envió para lidiarse en el San Isidro de ese año y que al final no se envió a Madrid, sería lidiada en Sevilla el 12 de octubre en la conmemoración del tricentenario de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y que el torero mexicano que iría en el cartel sería Jorge Blando.

domingo, 15 de abril de 2012

19 de abril de 1978: Manolo Martínez hace su presentación en Sevilla


Manolo Martínez y sus campañas españolas

El anuncio de la presentación de Manolo
Martínez
(ABC de Sevilla 19/04/78)
Tras de una exitosa campaña en ruedos europeos durante el año de 1969 en la que se acercó al medio centenar de corridas, Manolo Martínez retornó a ellos al año siguiente con la intención de confirmar su alternativa en Madrid y de actuar con categoría en las principales plazas de España y Francia. De nuevo apoderado por Manolo Chopera, se le arregló una campaña en la que podría alternar actuaciones en ambos lados del Atlántico, pues su presencia en las ferias de México era también medular. Al final de cuentas esa temporada en los ruedos hispanos y franceses no tuvo la intensidad de la anterior. Los factores a los que se atribuyen esos resultados son muchos y variados, de acuerdo con la óptica que se aplique al análisis que se haga de ellos. La versión que Guillermo H. Cantú, en su obra Manolo Martínez, un demonio de pasión expresa sobre el particular es la siguiente:


Manolo toreó en su primer temporada 48 corridas, cortó 60 orejas y 5 rabos y dio 15 vueltas al ruedo, recibiendo a cambio 3 cornadas graves... pero no “arrasó”. Para arrasar hubiera tenido que quedarse a vivir en España y “tragar”, tragar mucho antes de vencer todos los obstáculos, en especial los de fuera del ruedo. A las casas taurinas españolas no les gustan los mandones ni por asomo, ni siquiera los de casa, que son más difíciles de sacudirse porque son de ahí, no tienen a dónde ir y resulta muy complicado correrlos... Tan pronto se dio cuenta de que su famoso apoderado en España, “Chopera”, lo estaba usando para atender sus diferencias con la empresa de Madrid, los demás “detalles” le colmaron el plato y sin más optó por concluir su campaña, cortando orejas y rabo en Ondara y nada en Bilbao, que fue la última actuación...
Desde esa tarde en Bilbao, que fue la del 18 de agosto de 1970 – con 12 tardes en ruedos hispanos y 2 en Francia –, Manolo Martínez no volvería a torear en un ruedo español sino hasta el 20 de octubre de 1974, a Marbella, a actuar en un mano a mano con Paco Camino, matando toros de Carlos Núñez, una corrida celebrada a la media noche para que pudiera ser vista desde este lado del mar por la televisión por la tarde y que al final de cuentas, resultó en un petardo televisivo de una – literal – proporción mundial.

Manolo Martínez y Sevilla

En los años de 1969 y 1970 Manolo Martínez no actuó en la Maestranza sevillana en ninguna de las dos ferias que allí se ofrecen – abril y San Miguel –, así como tampoco en alguna de las otras fechas señaladas en las que allí se ofrecen corridas de toros dentro o fuera del abono de la temporada de esa histórica plaza de toros.

De nuevo es la versión de Guillermo H. Cantú, pero ahora en su libro Visiones y fantasmas del toreo, la que intenta explicar la presentación de Manolo Martínez en ese ruedo y que coincidentemente resulta en su última actuación en plazas españolas:

...algunos años después, cuando Manolo revisó su carnet de actuaciones y descubrió que jamás había pisado el albero de la maestranza de Sevilla, una increíble laguna en su “curriculum”. De inmediato tomó la determinación de “palomear” el famoso templo, Al menos fue de esta manera como lo tomó la prensa española: “El torero millonario de Monterrey, vino a satisfacer un capricho”, publicaron, como si fuera un sacerdote rebelde que en gesto devoto decide celebrar misa en San Pedro y la Curia Romana se apresura a asignarle hora... Paco Camino asistió como aficionado a esa corrida. Bien sabía Paco qué clase de torero estaba pisando esa arena dorada...
El previo de la corrida (ABC de Sevilla 19/04/78)
Ignoro a esta fecha sí bastaría el capricho de Manolo Martínez para presentarse allí, pero sabiendo el modo de ser de don Diodoro Canorea, tengo la fundada sospecha de que no sería así. Algún interés debió revestir el torero para que le llevara en una de las fechas señaladas de esa Feria de Abril sevillana.

La corrida del 19 de abril de 1978

El festejo que se anunció para esa presentación de Manolo Martínez – sexto de feria y noveno del abono – fue con toros de los Herederos de Carlos Núñez para Manolo Martínez, Francisco Rivera Paquirri y José Mari Manzanares. Los toreros vistieron, según las crónicas, respectivamente de azul pavo y oro, azul celeste y oro y grana y oro.

De la crónica de Joaquín Caro Romero, aparecida en el diario ABC de Sevilla el día 20 de abril de 1978, extraigo lo siguiente, que relata el paso del torero de Monterrey por el albero maestrante:

El encierro de Herederos de Carlos Núñez tuvo boyantía y nobleza sobradas. Cuatro toros, como se suele decir, «sirvieron». De moderado trapío y escasa fuerza. El lote de Paquirri fue extraordinario. Indudablemente, el mejor. Los corridos en cuarto y sexto lugares tomaron dos varas. Los otros, una, y ya tuvieron bastante... El mejicano Martínez era «nuevo en esta plaza». Y pasó prácticamente desapercibido. Lo que no pasó desapercibido fue su muleta grande, que no es lo mismo que decir gran muleta. Cuando andaba liado con el cuarto sonó una voz desde la grada que decía al torero: «¡Métele tijera a esa muleta!» Martínez no aprovechó la suavidad de su primero, que metía divinamente la cabeza en el engaño. No obstante, consiguió un par de tandas de naturales y derechazos limpios e irreprochables. Dejó mucho que desear en sus dos oponentes. Tres pinchazos sin soltar y media muy delantera al que abrió plaza y estocada entera al cuarto...
Los toros que enfrentó Manolo Martínez llevaron por nombre «Afectísimo», número 22, mulato chorreado listón, con 500 kilos de peso y «Vilano», número 109, mulato listón, con 533 kilos y este resultó ser el último toro que mató en España el diestro de Monterrey.

Por su parte, Vicente Zabala Portolés, en la edición madrileña del mismo diario ABC, publicó lo siguiente:

El mejicano Manolo Martínez vino a Sevilla a cumplir un capricho: torear en esta plaza. Era una ilusión que, al parecer, Manolo Chopera le ha concedido como un regalo de Reyes. El ídolo de Méjico muleteó vulgar, sin rematar los pases y sin sentimiento a su primero y no se acopló con el otro. Queda muy  poco de aquél torero que en Bilbao se dejó romper las carnes con un toro de Osborne. Ahora ya es mucho más millonario que entonces. La vida del regiomontano está resuelta. Se ha dado un gustazo a costa de quitar un puesto a un torero español o a un mejicano con más entusiasmo. Hay quien se compra un yate. Martínez ha preferido el lujo de matar dos toros de Carlos Núñez en plena feria de Sevilla. Ya puede poner el cartel en su rancho azteca. Parece que se trataba de eso. Pues adiós, manito, ya nos vemos...
Al final del festejo, Paquirri cortó dos orejas protestadas al quinto de la tarde y Manzanares una al tercero de la tarde. El subalterno de la cuadrilla de Manolo Martínez, Chucho Morales, saludó desde el tercio.

Un último comentario al margen

En la crónica del festejo de dos días después, Joaquín Caro Romero relata lo siguiente:

En la corrida de ayer no se alteró, menos mal, el orden de antigüedad de los matadores como en la del pasado miércoles, donde Francisco Rivera «Paquirri», y no Manolo Martínez, era quien debía encabezar la terna.  Pepe Guerra Montilla, nieto del glorioso Rafael Guerra y bibliotecario del Círculo Taurino de Córdoba, me envía un amabilísimo telegrama, del que informo con mucho gusto a los aficionados. En efecto, al espada de Barbate le correspondía, por diferencia de seis meses de antigüedad en el doctorado (tomó la alternativa en Barcelona el 11 de agosto de 1966), haber lidiado el lote del mejicano (que recibió el grado en la Monumental de Méjico el 12 de febrero de 1967). Siento que Pepe Guerra no me haya avisado antes, pues yo no había caído en la cuenta. Y, al parecer, los confeccionadores de dicho cartel y acaso tampoco los propios diestros involucrados tampoco...
Reportaje gráfico de la corrida
ABC de Sevilla (20/04/78)
Craso error el del nieto de Guerrita y el de Caro Romero, al publicarlo. Manolo Martínez recibió la alternativa en Monterrey el 7 de noviembre de 1965 y esa alternativa era válida para todos los efectos conducentes y la fecha que se menciona en la crónica que cito, es la de la confirmación de su alternativa regiomontana en la monumental mexicana.

En pocas palabras, en verdad parece que en esa ocasión, para Manolo no había manera de quedar bien. No obstante, esta es la historia de su paso por Sevilla y su Feria de Abril, coincidentemente, como apunto, su última actuación en un ruedo de España y de Europa.
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