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domingo, 8 de febrero de 2015

Relecturas de invierno (VIII)

Tierra Brava. Allende Aguascalientes

Aunque la fiesta hoy en día tiende a ser concebida por muchos como un mero festín de trogloditas, la realidad es que se traduce en un ejercicio de conservación. La fiesta de los toros, en efecto, ha sido un medio que a través de la historia ha permitido conservar tradiciones, rituales y muy importantemente, el entorno natural en el cual vivimos.

Es en esa última vertiente en donde la crianza del toro de lidia cobra especial importancia. El toro de lidia es una especie animal única – el único gran logro de la zootecnia hispana, afirma Sanz Egaña –, que de no ser por la fiesta, se hubiera extinguido hace siglos. El hábitat en el que el eje de la tauromaquia es criado se mantiene en un estado de protección absoluta, porque el toro debe llegar a la plaza en un perfecto estado de naturaleza.

La fiesta y el toro pues, no son precisamente ese bárbaro festín que intereses oscuros y difíciles de confesar intentan mostrar a las mayorías. La fiesta y el toro, además de la profunda raigambre que tienen en nuestros pueblos, hacen un gran servicio a favor de la preservación de nuestra cultura, de nuestras tradiciones y de nuestro entorno natural. Sólo por eso, la fiesta merece ser preservada y dada a conocer a las nuevas generaciones como un medio de transmisión de las tradiciones más preciadas de nuestros pueblos, por todas las vías posibles.

César Coll Carabias toma con esta obra, parte de esa responsabilidad de hacer trascender a la fiesta dando a conocer a quienes dedican vida y afanes a la crianza de su protagonista central. Definitivamente, una manera eficaz de transmitir lo que la fiesta es en realidad – que va más allá del producto terminado que es la corrida de toros – es mostrar a propios y extraños las interioridades del quehacer de todos los que participan en ella.

El toro es el eje de la fiesta. Decía Eduardo Solórzano: El toro es primero, el torero es después, aunque lo bajen de una estrella vestido de seda y oro, y sin embargo en la realidad, la crianza del toro de lidia resulta ser una de las actividades menos reconocidas o laureadas en el tránsito de la historia del toreo, olvidando de alguna manera, que sin toro, no hay fiesta posible. De aquí la trascendencia de lo que con esta obra nos propone César Coll. Recorrer el campo bravo de Aguascalientes y su llamada zona de influencia para confirmar el hecho de que la tauromaquia es una de las herencias culturales más preciadas que tenemos, tanto, que la tierra de la gente buena sirve de hogar a quienes por distintas razones tienen sus hatos en territorios que por razones políticas, pertenecen a demarcaciones distintas.

Aunque uno de los primeros festejos taurinos en Aguascalientes está documentado en el siglo XVIII, es en el siglo XVII cuando el toro de lidia llega a nuestras tierras de manera incidental. Se afirma – sin que tenga yo medio demostrativo de ello – que los jesuitas fundadores de la Hacienda de Cieneguilla fueron los primeros en traer ganado bravo para usarlo a modo de centinelas en los linderos más alejados de su propiedad. Esa práctica se extendería en otras fincas, no sólo de esta región, sino de todo México y en un ejercicio de ganadería extensiva, las haciendas tenían piaras de ganado que guardaba cierta aptitud para la lidia. Creo que ese es el caso de la Hacienda de Pabellón en Aguascalientes y la de La Luz en el municipio de Huanusco, en Zacatecas.

Esos ganados tenían determinadas características fenotípicas que los distinguían de los dedicados a la crianza ordinaria para abasto o para leche y así eran fácilmente identificables en el campo y determinables en su función. Esto lo deduzco de un aserto que hace don Paco Madrazo en su libro El Color de la Divisa, cuando refiere que en su casa, la Hacienda de La Punta, antes de dedicarse a la crianza del toro de lidia, se mantenía una piara de reses de pelo colorado hornero, de los que a veces le pedían a su padre para las plazas de toros del rumbo.

Afirma Jesús Gómez Serrano – en Haciendas y Ranchos de Aguascalientes – que es en el último tercio del siglo XIX cuando en la misma Hacienda de Cieneguilla, se inicia la crianza ya organizada del toro de lidia en Aguascalientes por don José María Dosamantes, ganados que después serían trasladados a la Hacienda de San Miguel de Venadero y que conforme a lo que anuncia el cartel de la inauguración de la Plaza de Toros San Marcos (1896), eran de cruza española.

Lo anterior nos deja ver que los criadores de toros de lidia tienden a serlo por generaciones. Veremos en esta obra que en varios casos hay familias que se han dedicado de antiguo a proporcionar a la fiesta su razón de ser. Pero también, cuando por alguna razón esas familias se apartan de la actividad o se extinguen, otros aficionados han tomado el testigo y continúan con esta labor de conservación. A veces también algunos dejan la crianza del toro por diferentes motivos y al paso de algún tiempo “reinciden” aquí mismo o en lugar diferente. La ganadería de lidia sin duda, ejerce alguna especie de hechizo sobre quien se dedica o ha dedicado a ella.

El campo de Aguascalientes y su región aledaña es agreste. No tiene a su favor grandes corrientes de agua, embalses o zonas densamente arboladas. Creo que eso hace más meritoria la labor de quienes dedican vida y afanes a criar al toro de lidia, porque al estar este ganado en un estado muy próximo al de naturaleza, está sujeto en una inmensa medida a los efectos de los elementos y el suplementar los efectos de éstos, diría el pensador y educador hidrocálido, don Aquiles Elorduy, resulta ser una verdadera tarea de romanos.

Por eso es que conocer lo que con esos “mimbres” han realizado las familias Madrazo, Dosamantes, Ibarra, Rangel, Castorena, Muñoz, Cortina o quienes les han seguido en el tiempo entre los que han hecho de la preservación del toro de lidia la razón de su existencia, resulta ser de un gran valor histórico en varias vertientes y hace que el libro de César Coll que estamos a punto de leer adquiera un especial interés, no solo para el aficionado a las cuestiones taurinas, sino también para el interesado en aquellas relacionadas con la evolución del agro en la región, o las que tienen que ver con la economía en ella.

El itinerario histórico de la crianza del toro de lidia en la región que circunda a Aguascalientes tiene una profunda riqueza, construida a partir del trabajo de varias generaciones de hombres y mujeres que en busca de conservar un espacio en el campo de México y una especie que genera a uno de los animales más hermosos sobre la faz de la tierra, dedicaron vidas, haciendas y afanes. Criar toros de lidia va más allá de ser una mera actividad económica; criar toros de lidia representa – o debe representar – la continuación de una de las tradiciones más veneradas de los pueblos hispanos, que, aunque cuestionada por algunos en estos tiempos que corren, no deja de tener hondas raíces y de ser consustancial a nuestra manera de ser.  

Veo pues, en este magnífico recorrido de César Coll Carabias, no solamente un inventario de lo que actualmente contamos y de lo que hemos perdido en materia de ganado de lidia en esta región, sino que observo también el recordatorio de un principio que, por fundamental, nunca debe ser soslayado: sin toro, no hay fiesta posible.

Nota Bibliográfica: Tierra Brava. Allende Aguascalientes. – César L. Coll Carabias. Óskar Ruizesparza (fotogtrafía). – Editorial Méxicomio, Guadalajara, México, 1ª edición, 2014, 170 Págs. (Con ilustraciones en color y blanco y negro). ISBN 970 – 624 – 231 – 7.

sábado, 5 de mayo de 2012

Tal día como hoy. 1984: Miguel Armillita y Luis Fernando Sánchez justifican el cartel extraordinario


El serial de San Marcos de 1984 corrió entre el 22 de abril y el 13 de mayo y se anunció como constante de catorce festejos – 12 corridas de toros y 2 novilladas –, descansando el peso de las festividades mayores en toreros como Eloy Cavazos, Curro Rivera y Jorge Gutiérrez por los toreros mexicanos y El Niño de la Capea y José Mari Manzanares por los que vinieron del otro lado del Atlántico, aunque ya en Aguascalientes, como lo señalara don Jesús Gómez Medina un par de años antes, a propósito de la importante faena de Humberto Moro hijo el día de la despedida de El Estudiante, otro torero también de casa, las puertas de la Monumental Aguascalientes – ese es su nombre oficial –, se abrían también para los toreros hidrocálidos.

Ese era el caso para dos parejas de hermanos, unos de profunda raigambre en el mundo taurino, hijos del que con poco margen para la discusión, es el torero más grande que ha dado México en la historia y me refiero a Fermín y Miguel Espinosa, los hijos de Armillita, en tanto que lo que podría considerarse su contraparte, la constituyeron los hermanos Ricardo y Luis Fernando Sánchez, hijos también de torero, aunque no de la dimensión y trascendencia del Maestro de Saltillo.

Ricardo Sánchez solamente pudo cumplir su primer compromiso en la Feria, el 24 de abril, pues fue herido por el segundo toro del lote de Las Huertas que le tocó en suerte y por otra parte, aunque hubo triunfos resonantes de otros diestros, tanto Miguel Armillita como Luis Fernando Sánchez, sin encontrarse directamente en un cartel, comenzaron a forjar un pique en los tendidos que empujó a los empresarios doctor Alfonso Pérez Romo, Eduardo Solórzano y Julio Díaz Torre a intentar ofrecer a la afición un festejo extraordinario.

El diario El Sol del Centro, el jueves 3 de mayo de 1984 anuncia lo siguiente:

El adelanto que dio a sus favorecedores EL SOL DEL CENTRO de la corrida extraordinaria en mano a mano entre los diestros oriundos de Aguascalientes, Miguel Espinosa “Armillita Chico” y Luis Fernando Sánchez quedó confirmado por la empresa de la plaza de toros de la avenida licenciado López Mateos... Lo anterior lo dio a conocer el señor Eduardo Solórzano el mismo día primero de mayo...

El encierro que se anunció fue uno de la ganadería potosina de Manuel Labastida. Recuerdo que fue una corrida seria, desde la barrera en la que presencié el festejo, justo arriba de la puerta de toriles, me percaté que en el anca izquierda los toros llevaban herrado indistintamente el número cero o el nueve, lo que me indica que tenían entre cuatro y cinco años de edad. Eso sí, fueron algo flojos, pero con las complicaciones que da el toro con edad, lo que dio a la corrida la emoción que da la presencia del toro, añadida a la confrontación de dos toreros que tenían cautivado el interés de la afición en ese momento.

Miguel y Luis Fernando cortaron un rabo cada uno, al tercero y al cuarto de la tarde y los detalles de esas faenas según la crónica de don Jesús Gómez Medina, son los que siguen:

El triunfo de Miguel con “Indiano”... Pausadas verónicas, a pie junto primero y abriendo luego el compás, tan quietas como mandonas, ganándole el terreno de un lance al siguiente del burel... y, tras el puyazo de ritual, el lance de “Chicuelo” concluido con vistoso remate... Y tres pares de banderillas, entre ovaciones y música, destacando el tercero, al sesgo por las afueras, Y el brindis a Juan Andrea, en testimonio de una añeja amistad. Y la faena rebosante de calidad y torerismo ante un enemigo cuyo vigor decrecía a ojos vistas, al que Miguel toreó señorialmente, imperiosamente; más a la vez, con un temple tan justo, con suavidad tal, que en ocasiones diríase que la muleta estaba hecha de terciopelo... y, cuando “Indiano” fue a menos, los adornos pintureros, oportunos y todo realizado en el sitio que el torero quiso, en los medios del ruedo; y todo ligado, eslabonado y, además, concluido, rematado a ley; como si, mientras toreaba, fuese Miguel repitiendo para sí la sentencia de Rafael “El Gallo”: Lo bien toreao es lo bien arrematao... Entrando por derecho, media estocada en lo alto. Dobló luego “Indiano” y, entre rotundas aclamaciones, testimonio de admiración, entusiasmo y pleitesía, Miguel Espinosa fue galardonado con las orejas y el rabo y recorrió el ruedo en triunfo...

En cuanto al cuarto de la tarde, la versión de don Jesús es como sigue:

Y el éxito de Luis Fernando con “Antequerano”... Apareció en cuarto turno y fue de pelaje cárdeno, bien dotado de herramientas. De salida flaqueaba de los remos traseros... Luis Fernando Sánchez le propinó dos lances de hinojos que alborotaron al graderío, seguidos de toreo a la verónica de discreta ejecución... Ya está Luis Fernando brindando a Humberto Moro, colega y consanguíneo al que inoportuno percance dejó fuera de los festejos feriales. ¡Bello gesto, en verdad, el de Luis Fernando! A todo esto, “Antequerano” no era fácil ni mucho menos. Mansurrón, muy tardo, agarrado al piso, como ahora se dice; y, cuando finalmente embestía, lo hacía paso a paso, enterándose, sin plena fijeza; de aquí el singular mérito de lo realizado por su matador. Rompió éste las hostilidades con dos riñonudos pases de rodillas, y, una vez de pie, a pugnar, a insistir, a acosar una y otra vez al descastado burel, en este sitio o en el otro; en el tercio, o en los medios, en tablas, para obligarlo, para forzarlo a embestir, Y cuando finalmente esto ocurría, ¡qué prodigioso aguante, qué valor tan rotundo y, a la vez, tan sereno; qué estoicismo, en suma, el de este joven torero de Aguascalientes, mientras “Antequerano” pasaba, mejor que acometía, en muletazos angustiosamente lentos, intensamente emotivos, con olor a tragedia y a gloria!... Porque así es como se forjan las figuras; a golpes de corazón, con audacia, con fe, con relámpagos de arte como el que irradiaba la muleta de Luis Fernando cuando la bestia, sometida a la inexorable decisión del torero, terminaba por obedecer el trazo imperioso del engaño... Logró de esta manera muletazos sensacionales dentro de una faena que, naturalmente no tuvo cabal unidad ni en cuanto a la jerarquía de los pases ni al lugar en que fue llevada a cabo; pero que siempre estuvo caldeada por la llama de la emoción más intensa y dignificada por la entrega total de que su realizador hizo gala. Una estocada por demás delantera puso término a la vida de “Antequerano”. Y en pleno triunfo, Luis Fernando Sánchez recibió las orejas y el rabo del bicho y recorrió la pista entre cálidas e interminables aclamaciones...

La corrida fue presidida por el C.P. Jesús Dávila Medina, quien en esos días desarrollaba la misma función en la Plaza México. Miguel Espinosa Armillita, vistió un terno nazareno y oro, en tanto que Luis Fernando Sánchez salió con uno en palo de rosa con pasamanería blanca. El sobresaliente fue otro torero de la tierra, el matador de toros Fabián Ruiz y cabe hacer notar que Miguel Armillita solicitó la anuencia de la autoridad para retirarse antes de la salida del sexto de la tarde, debido a que tenía que tomar un avión para trasladarse a Tijuana, donde toreaba al día siguiente.

El festejo de hoy. 10ª corrida de feria: 6 de Mimiahuápam y Begoña para Eulalio López Zotoluco, Alejandro Talavante y Diego Silveti.

lunes, 15 de junio de 2009

Para no perder el hilo... Novilleros mexicanos que han cortado orejas en Las Ventas (1935-2009)

Apenas el pasado jueves ponía aquí el antecedente de esta entrada y cubría las seis décadas anteriores al festejo madrileño del Corpus. Al acometer la búsqueda de los datos de la intervención que antecede a esta, pensé que al tiempo, podría entresacar los datos que revelaran quienes entre todos los novilleros mexicanos que han actuado en la Plaza de Las Ventas, han cortado orejas allí.

Es así que me encontré con datos históricos muy interesantes, como los que dejan ver que los tres integrantes de la dinastía Liceaga que actuaron en ese escenario, salieron al menos, con una oreja en la mano; que la saga de los Solórzano se mantuvo triunfadora en la Plaza de la Carretera de Aragón y también en la nueva de Las Ventas y que son tres los novilleros de Aguascalientes que han obtenido un trofeo tras de sus actuaciones novilleriles allí.

Así pues, sin más prolegómenos, paso a presentar, ahora sí creo que completa, la relación de los novilleros mexicanos que han obtenido alguna oreja en la principal plaza de toros del mundo.

1935. – Las primeras orejas para los novilleros mexicanos en la nueva plaza madrileña se dieron en esta que resulta ser su primera temporada regular. Es Eduardo Solórzano quien abre este apartado de la historia la tarde del 7 de abril, cuando en la lidia de novillos de Villarroel, alternó con Antoñete Iglesias y José Vera Niño del Barrio. Poco más de seis meses después, el 27 de octubre, será Jesús González El Indio, que formó cartel con Miguel Cirujeda y Ricardo González Navas para enfrentar 3 novillos de Juan Terrones y 3 de Ricardo Ayala, el que salga con un apéndice en la mano.

1945. – Abre el año Antonio Toscano que anunciado con Manolo Navarro y Luis Álvarez Andaluz Chico, obtiene una oreja de los novillos de José María Soto que le tocaron en suerte. El malogrado Eduardo Liceaga hará lo propio los días 26 de agosto y 2 de septiembre; la primera tarde alternó con Rafael Llorente y Andaluz Chico en la lidia de novillos de Garro y Díaz Guerra y en la segunda, con Morenito de Talavera Chico, Ricardo Balderas y Manuel Perea Boni con 7 novillos de Concha y Sierra y 1 de Sánchez de Terrones. Cierra la cuenta de este año Paco Rodríguez, quien partió plaza el 16 de septiembre con Rafael González Machaquito y Alberto García El Soldado, amén del rejoneador Francisco Murteira Correia, para enfrentar 5 novillos de Claudio Moura, 1 de Sánchez Fabrés y 1 de Demetrio Fraile.

1946. – El 24 de marzo, acartelado con Dionisio Rodríguez y Manuel Perea Boni, Paco Rodríguez obtuvo de nueva cuenta una oreja, en esta oportunidad de los novillos de María Sánchez de Terrones corridos en la fecha.

1951. – Anselmo Liceaga será el personaje de este año, pues los días 29 de abril y 9 de agosto saldrá con una oreja en el esportón. La primera tarde enfrentó novillos de Alicio Tabernero junto a Juan Bienvenida y Dámaso Gómez y la segunda, alternó con Dámaso Gómez y Enrique Vera en la lidia de novillos de Garro y Díaz Guerra.

1952. – El 6 de abril de 1952 se anunciaron novillos de Manuel Arranz para Manuel Navarro Navarrito, Joselito Torres y el mexicano Manolo Márquez, quien cortó una oreja a los toros de su lote, alzándose como triunfador esa tarde.

1953. – Será otro torero de sino trágico, Miguel Ángel García, quien salga con una oreja en las manos el 4 de octubre, cuando para lidiar novillos de Prieto de la Cal, alternó con Joselito Álvarez y Félix Saugar Pirri.

1954. – Abre la cuenta de este calendario Raúl Iglesias, quien el 28 de marzo, acartelado con Paco Ruiz y Raúl Carbonell, obtiene una oreja de los novillos de Molero Hermanos (4) y Juan Sánchez Valverde (2) lidiados en la fecha. El mediático Jaime Bravo será el segundo triunfador mexicano del año, cuando acompañado de Victoriano Posada y Manuel del Pozo Rayito, lidió un encierro de doña Eusebia Galache y cierra el ciclo Miguel Ángel García, que cortó dos orejas a los novillos del Marqués de Villagodio que lidió en cartel que formó con Antonio Vázquez y Luis Parra Parrita.

1956. – El mazatleco José Ramón Tirado cortó orejas en tres tardes consecutivas, los días 8, 12 y 15 de julio. En la primera, lo hizo a un novillo de Atanasio Fernández, cuando alternaba con el zaragozano Fermín Murillo y Paco Pita; la segunda, alternando con Pepe Cáceres y Victoriano Valencia, se llevó otra oreja de un novillo de la misma procedencia. En la tercera, abrió la puerta grande al llevarse dos orejas de su segundo novillo de Garro y Díaz Guerra, cuando alternaba con Juan Jiménez El Trianero y el colombiano Pepe Cáceres otra vez.

1962. – Para los nuestros comienza el 29 de junio, cuando el regiomontano Fernando de la Peña se lleva la oreja del tercero de la tarde, de Ana Peña, siendo sus compañeros de cartel Antonio León y José Luis Barrero y el 26 de agosto Óscar Realme, que alternaba con Rafael Montero Rafaelete y Pepe Mata, obtiene la oreja de su primer novillo, que llevaba el legendario hierro de don Manuel García Aleas.

1963. – Es de nueva cuenta Fernando de la Peña quien abre la senda de los triunfos, cuando se lleva una oreja de un novillo del Marqués de Albaserrada el día 1º de mayo, acartelado con Antonio Medina y Efraín Girón. Posteriormente el 1º de septiembre, Mauro Liceaga quien alternaba con Francisco Raigón y José Ortas, se lleva una oreja de un novillo de Samuel Flores.

1964. – El acapulqueño Antonio Sánchez Porteño, abre la Puerta Grande el día 31 de mayo, cuando se lleva dos orejas de su primer novillo del Marqués de Albayda, en tarde que alternó con José Luis Barrero y Antonio Sánchez Fuentes. Es el único que asegundó el logró de Miguel Ángel García y José Ramón Tirado de casi una década antes.

Es el mismo 1964 y el día 19 de julio, el hidrocálido Jesús Delgadillo El Estudiante, corta una oreja a un novillo de Luis Frías Piqueras, cuando hizo terna con Eduardo Ordóñez y José González Copano.


1966. – Es el hijo de El Rey del Temple, Jesús Solórzano Pesado, quien continúa con esta relación de triunfos, al obtener la oreja del tercero de la tarde de Sotillo Gutiérrez, cuando formaba cartel con Manuel Linares y José Ramón Lafuente el 18 de julio de ese calendario.

1977. – El torero de la colonia La Joya, José Luis Ortega, logrará en dos domingos seguidos la hazaña y así, en su presentación, el 4 de septiembre, cuando se acarteló con Eladio Peralvo y Pedro Somolinos, se llevó la oreja del sobrero de El Jaral de la Mira que cerró plaza y a los siete días exactos, se volvió a llevar otra, ahora del quinto de los Hermanos García Romero, que lidió en unión de Manolo Sales y Pepe Luis Chaves.

2000. – Veintitrés años pasaron entre la anterior oreja y la siguiente, que correspondió al tapatío Antonio Bricio, que integrando terna con Luis Vilches y Torres López, el día 21 de julio, obtuvo la oreja del tercero de la tarde de la ganadería debutante de Román Sorando.

2007. – Domingo 16 de septiembre, día de la Independencia Nacional. Octavio García El Payo, corta una oreja al cuarto de la tarde de la ganadería de Hermanos Torres Gallego, cuando alternaba con Alberto Lamelas y Salvador García.

2008. – El domingo 6 de abril, el novillero de Aguascalientes, Mario Aguilar, corta la oreja al sexto de Martelilla, en tarde que formó cartel con Agustín de Espartinas y Eliseo Gallardo. Este trofeo fue el primero de la temporada en la Plaza de Las Ventas y el segundo para un diestro hidrocálido de este escalafón en este periodo de tiempo.

2009. – Jueves 11 de junio, Festividad del Corpus. Arturo Saldívar, de Aguascalientes, que entró al cartel en sustitución del originalmente anunciado José Manuel Más, corta la oreja al cuarto de los novillos de Hermanos Torres Gallego, en tarde que actuó junto a Francisco Pajares y Ernesto Javier Tapia Calita, en un curioso cartel en el que dos novilleros mexicanos se conjuntaron en un mismo cartel en la principal plaza de toros del mundo, hecho que sucede en Las Ventas por décimosegunda ocasión.

En total son veintidós los compatriotas que han cortado orejas en Madrid en el último medio siglo. Solamente Miguel Ángel García, José Ramón Tirado y Porteño consiguieron abrir la Puerta Grande y los que lograron repetir su hazaña con más de una tarde cortando apéndices, son Eduardo Liceaga, Paco Rodríguez, Anselmo Liceaga, Miguel Ángel García, José Ramón Tirado, Fernando de la Peña y el capitalino José Luis Ortega.

Debo destacar que los tres últimos triunfadores son producto del proyecto de formación taurina “Tauromagia” iniciado en México por un grupo de taurinos que integraron entre otros Enrique Martín Arranz, Carlos Neila, Julio Esponda, Manuel Villalvazo Baz, Juan Cubero, Alberto Elvira y otros destacados personajes de la fiesta de aquí y de allá que vinieron a México a buscar talento que formar para destacar en los ruedos.

Por último, también recalco que las dos últimas orejas cortadas por novilleros mexicanos en Madrid, fueron concedidas a dos toreros de Aguascalientes, orgullosamente hidrocálidos, quizás llamados a tomar el testigo dejado por otros toreros de esta tierra que tuvieron vocación y carácter de figuras del toreo como Rafael Rodríguez “El Volcán de Aguascalientes” o Miguel Espinosa “Armillita Chico” y llevar por lo alto el nombre de su tierra por los ruedos de La Aldea de Tauro.
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