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domingo, 16 de agosto de 2026

15 de agosto de 1946: La postrera lección magistral de Armillita en Sevilla

Para la Corrida de la Prensa de 1946 en Sevilla, se escogió la fecha del jueves 15 de agosto, festividad de Nuestra Señora de la Asunción, que en la capital hispalense se celebra como el día de la Virgen de los Reyes. El cartel anunciado para la ocasión tenía su miga, pues se compuso con el joven rejoneador Pepe Anastasio, nieto del ganadero Anastasio Martín y para la lidia ordinaria Fermín Espinosa Armillita, Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana y Luis Miguel Dominguín. El encierro a lidiarse sería de Manuel González Martín, antes de Juan Contreras, al igual que el corrido el año anterior.

La presencia de Armillita en el cartel era quizás el mayor atractivo, después del triunfo que consiguió en el mismo festejo a beneficio de la asociación mutualista a beneficio de los redactores periodísticos. También la presencia de Gitanillo de Triana y la presentación como matador de toros del casi recién alternativado Luis Miguel Dominguín enriquecían el atractivo de la combinación. Escribió Fernando López Grosso El Chico del Baratillo en Lunes – la Hoja Oficial sevillana - del 12 de agosto de ese año:

Presiden el cartel las reses de Contreras, prestigioso ganadero, que envía una selección admirable... Pepe Anastasio Martín, verdadera realidad en la lidia a caballo, nos ofrecerá su toreo campero grato, animado y valeroso de rejonear, banderillear y dar muerte con el rejón a un enemigo de pujanza y fuerza... Respecto a Armillita, el primer espada, de la terna, aún recordamos en Sevilla el toro que lidiara después de brindarlo a Juan Belmonte, donde el torero mejicano demostró su extraordinaria competencia y arte, que en la corrida de la Prensa afirmará de seguro... Gitanillo de Triana, con su toreo por “bulerías” y si alguien exige más, fandanguillos gitanos, martinetes, “repajolera gracia”, recuérdese su actuación durante la Feria de San Miguel, también torea en nuestra corrida... Y como nota muy destacada también la reaparición de Dominguín, este Luis Miguel que, en el cuarto de la tarde del mes de julio de 1944, cuando en el ruedo del Baratillo se despedía de novillero con reses del duque de Tovar, dio la vuelta al ruedo, mostrando dos orejas ganadas a pulso por su arte y valor, “luciendo” las taleguillas destrozadas por las astas del enemigo... Cierto es que no es posible formar un cartel más completo ni más atrayente que el de la corrida de la. Asociación de la Prensa de Sevilla para el jueves próximo día 15, festividad de Nuestra Señora de los Reyes, a las ocho de la tarde...

El día de la corrida

Al final de cuentas, no se pudieron lidiar los siete toros de Manuel González Martín como estaba anunciado. El de rejones, fue uno de Salvador Guardiola, y en el apartado, otro se inutilizó y fue sustituido por un toro de doña Julia Cossío, que era la titular del hierro que en su día fue de Guadalest. Este último fue el primero de la lidia ordinaria. 

El atractivo cartel provocó una gran entrada en la plaza de la Maestranza, con la seguridad de que se viviría una tarde memorable como la del año anterior. Y en esta oportunidad, la expectación no condujo a la decepción, según lo veremos en lo que adelante intentaré exponer.

Una nueva lección magistral de Armillita

La crónica más sentida y literariamente compuesta que encontré sobre este festejo, es la que escribió Antonio Olmedo Don Fabricio para el ABC de Sevilla. En ella, refiere el cambio de etapa que se avizoraba en el horizonte de la fiesta y exponía como en esta tarde histórica, se reunían dos etapas de la fiesta:

...ayer pisaron el ruedo de la Maestranza dos toreros que representan la era que se va y otro que es digno representante de la época que llega, y como los tres abundaran en las normas del clasicismo, ramificado al nacer en Hillo y Romero, los tres hubieron de ser aclamados por maestros indiscutibles de la torería. Así se logró, se logra y se logrará el arte del toreo, ayer, hoy v siempre...

Pareciera que Don Fabricio apostaba por la modernidad y el porvenir, pero hay una vertiente del toreo que se sobrepone a cualquier versión evolutiva que pueda tener y que termina por poner de acuerdo a todos, y unas líneas más adelante, lo terminará por aceptar implícitamente cuando nos cuenta lo realizado por el Maestro de Saltillo:

Armillita, el más calificado representante de la época que se va, se mostró ayer tan animoso, como cuando estaba al comienzo de su brillante carrera. Toreó de capa en toda oportunidad con reposo v mando, y realizó en su primero un tercio de banderillas estimabilísimo... A este toro, de Guadalest. como queda dicho, le vio pronto el lado bueno - el izquierdo - y la faena que en él realizara tuvo por base una serie de seis naturales excelentes: segundo y tercero, perfectos, coreados por los entusiastas. En la parte adjetiva de la faena descolló un molinete de rodillas de mucha emoción por lo arriesgado. Mató Armillita de una certera estocada y le fueron concedidas las dos orejas, con los honores inherentes que le fueron rendidos, después de arrastrado el toro, al que le dedicaron palmas los aficiónanos. La faena de Armillita a su segundo fue de viejo lidiador, destroncando a la res con pases por bajo muy ajustados, para estirarse más tarde en redondos, molinetes v cambios de mano muy espectaculares. Muerta la res con arreglo al arte. Armillita dio vuelta al ruedo, exhibiendo la oreja del animal, concedida a petición unánime. Bien por el veterano maestro...

Armillita, vestido de salmón y oro, tuvo dos toros para realizar toda la gama del toreo. Primero, el de arte y lucimiento y después, el de dominio y poder, dejando claro que el aforismo aquel de que todos los toros tienen su lidia es valedero. Las crónicas de esta tarde no reflejan la presencia de un testigo de excepción – Juan Belmonte – como en la corrida del año anterior, pero la afición de Sevilla fue clara en su veredicto.

Esta sería la última actuación de Armillita en la plaza de toros de Sevilla.

Gitanillo y Luis Miguel

La tarde de Rafael Vega es considerada como una de las mejores de su paso por el coso del Baratillo. Relata Don Fabricio:

Dijo Gitanillo ayer el cante grande, al lancear a manos bajas y suerte cargada en ese añejo estilo del que sólo él guarda la solera. Fueron sus faenas diferentes, pero sumamente meritorias ambas. La de su primero, fundamentada en dos series de naturales, ligando al remate el pase de pecho, clásico, en que la muleta acaricia los lomos del animal en toda su extensión. Finalmente, unos adornos, moderno estilo, pero de antigua esencia, y luego la ejecución de la suerte suprema con arrestos y tino. El entusiasmo cundió, y Rafael dio la vuelta al ruedo con las dos orejas del animal en sus manos, durando la ovación largo rato...

Por su parte, Luis Miguel Dominguín salió a pelear un sitio entre las figuras, mismo que esperaba ocupar al precio que fuera:

Toreó Dominguín, en todo momento, de capa como mejor no cabe; banderilleó al tercero de la tarde, sobresaliendo en dos pares al quiebro, modelo de gallardía y perfección el segundo, y realizó una inenarrable faena en su primero, comenzada con cuatro emocionantes pases en el estribo, para desgranar a seguidas el más completo repertorio, a planta, más que quieta, estática, y figura erguida. Ayudados, naturales, molinetes de rodillas: todo, en fin, cuanto es dable hacer en el toreo lo realizó Dominguín con majestuosidad de rito para matar finalmente a la ley. Cortó las dos orejas del animal, dio la vuelta al ruedo y salió varias veces al tercio a saludar, sacando luego a sus compañeros a compartir las ovaciones...

El segundo toro de Luis Miguel fue condenado a banderillas negras y con él también demostró valor y un gran conocimiento de la lidia. Al final del festejo:

Los tres espadas y el rejoneador salen en hombros de la Plaza. Es la mejor corrida desde hace muchos años. La Asociación de la Prensa no recuerda otra igual desde la temporada Valencia II y Maera...

El recuento de las grandes tardes

Cuando se relataba la salida en hombros de los toreros, se hablaba de la brillante redondez de la tarde. El Chico del Baratillo en la hoja oficial Lunes salida el día 19 siguiente al de la corrida, hace las siguientes reflexiones:

Es curioso recordar los buenos espectáculos taurinos que han ofrecido siempre “los chicos de la Prensa” y citamos primero el de la fecha 24 de junio de 1917 cuando el inolvidable Joselito lidió seis toros de doña Carmen de Federico. La comisión organizadora agregó al aliciente de la tarde el regalo de la cabeza disecada del toro que mejor lidiara Gallito aquella tarde y resulto que el Jurado pasó serios apuros para escoger la mejor faena, pues José lidió los seis toros de manera sorprendente, cortando orejas en cinco de ellos. La mejor faena de Joselito fue en el quinto en los tres tercios v dicho Jurado – con el público también – acordó que fuera la cabeza de este toro la disecada, que le correspondió en sorteo a don José Luis Folache… Y a los siete años surge otra combinación organizada por la Asociación de la Prensa el día 10 de junio de 1924 con reses de don Félix Suárez para los diestros Valencia II y Maera, corrida también super extraordinaria, donde el valor v la emoción se derrochó a torrentes… Ahora, a los veintidós años, ha sucedido igual: es decir, eme la afición ha vuelto a remover sus alegrías v sus esperanzas, pues con corrida como la del día 15, donde el arte y el valor se han confundido de tan grandiosa forma, no es posible que se olvide en el transcurso de los años v siempre se diga lo que en las otras dos citadas: ¡Aquella corrida de la Prensa de Sevilla! … Armillita. un torero de sabor v calidad; Gitanillo de Triana, arte y esencia, oro puro del crisol del barrio trianero y Dominguín, el torero largo con el capote, excelente banderillero y muletero de gran clase… Puede estar muy satisfecha la Asociación de la Prensa de Sevilla por este gran triunfo artístico, y ya tiene en su haber tres fechas imborrables; 1917, 1924 y 1946…

Vendrían después otras tardes memorables también, pero para esa fecha, la terna de fechas seleccionadas era considerada la mejor selección de un festejo que se celebraba desde el año 1909.

México y la Corrida de la Prensa de Sevilla

La presencia de toreros mexicanos en la Corrida de la Prensa sevillana no es extraña, es más, en el primer festejo a beneficio de la Asociación de la Prensa de Sevilla, actuó un torero mexicano, Eligio Hernández El Serio, el 11 de julio de 1909. Después, de manera intermitente, participaron diestros como Luis Freg – en dos ocasiones, una en la Maestranza y otra en la Monumental –, Vicente Segura, el ya invocado Armillita – también en dos oportunidades –, Luis Procuna, Humberto Moro, Jesús Córdoba, Juan Silveti, Joselito Huerta, Carlos Arruza – como rejoneador –, Manolo Arruza, y Alejandro Silveti.

De esta relación vale la pena destacar que Luis Freg es el único que ha sido herido en una corrida de esta naturaleza, en la Maestranza, en 1912, y que el mismo Freg es el único torero mexicano que actuó en la extinta plaza Monumental de Sevilla. Por otra parte, Carlos Arruza y Juan Silveti se vieron continuados en ella, cuando años después, sus hijos Manolo y Alejandro también se presentaron en una corrida a favor de la Asociación de la Prensa de Sevilla.

En el año de 1978, además de la actuación de Manolo Arruza, asistió a la corrida el Presidente de México, José López Portillo, que hacía gira por España y en la de 1954, se produjo en una misma tarde, la única actuación de Jesús Córdoba y Juan Silveti en este tipo de festejos.

La Corrida de la Prensa deja mucho material para contar todavía. Ya habrá oportunidad para hacerlo.

domingo, 2 de agosto de 2026

2 de agosto de 1944: Luis Miguel Dominguín recibe la alternativa en La Coruña


Los hermanos González LucasDomingo, Pepe y Luis Miguel – , de acuerdo con la obra del segundo de ellos titulada Mi Gente, tomaron la decisión en acuerdo con su padre, de dedicarse a torear en el año de 1936 y para ello dejaron España, se radicaron en Lisboa, lugar en el que podrían torear en público y posteriormente se dirigieron a México, en donde estuvieron en el campo en las ganaderías de Piedras Negras y La Laguna, sin poder actuar en las plazas, dada la ruptura de las relaciones taurinas hispano – mexicanas. Eso les hizo apuntar la dirección de sus pasos hacia América del Sur, donde pudieron desarrollarse primero como becerristas y posteriormente, como novilleros.

Así, Luis Miguel Dominguín llegó a tomar una alternativa el 23 de noviembre de 1941, en Bogotá, de manos de Domingo Ortega, con el testimonio de su hermano Domingo, lidiando toros peruanos de La Viña. La crónica  aparecida en el diario El Tiempo de Bogotá, firmada por K – Milo, refiere que Luis Miguel le cortó las orejas y el rabo al toro de su alternativa.

La familia González Lucas regresaría a España en 1942 y habida cuenta que a las alternativas recibidas fuera de allí no se les reconocía validez, Luis Miguel comenzó a torear novilladas, recibiendo su primera cornada el 30 de agosto de 1942 en Málaga. 

Torearía 15 festejos en 1943, presentándose ese año en Las Ventas, alternando el 5 de septiembre con Rafael Perea Boni y Eugenio Fernández Angelete, cortando dos orejas esa tarde, lo que le valdría regresar allí el día 30 siguiente, mano a mano con su hermano Pepe, tarde en la que solamente dio una vuelta al ruedo tras despachar a su primero y en la que tratando de salir triunfante, regaló el sobrero.

La temporada de 1944, la de su alternativa, le representó otras 22 novilladas, en las que compartió cartel con todos los que encabezaban el escalafón, como Pepín Martín Vázquez, Parrita, Paquito Muñoz o Jaime Marco El Choni. Se presentó en Sevilla el 8 de junio y allí mismo, el 30 de julio, se despidió de la novillería, alternando con Rafael Martín Vázquez y Cayetano Ordóñez hijo, cortándole las dos orejas a un novillo del Duque de Tovar y siendo llevado en hombros hasta el Hotel Majestic.

La previa de la corrida

La feria veraniega de La Coruña del año 44 constaría de dos corridas a celebrarse el miércoles 2 y el domingo 6 de agosto. La primera sería la fecha en la que Luis Miguel sería alternativado – de manera definitiva – por Domingo Ortega, en presencia de su hermano Domingo y con la actuación del rejoneador Álvaro Domecq. El encierro a lidiarse sería de Samuel Hermanos y salvo los toros y la actuación del torero a caballo, el cartel de toreros a pie era una repetición del de Bogotá de casi cuatro años antes.

La Hoja del Lunes coruñesa aparecida el 31 de julio anterior, a propósito de la primera corrida de feria, relata:

Van a iniciarse las fiestas veraniegas de La Coruña y, contra todo lo acostumbrado, se inician este año en miércoles con un acontecimiento taurino: la alternativa de Luis Miguel Dominguín que recibirá el título de manos de Domingo Ortega... Grande es el honor que nos otorga el benjamín de una dinastía de toreros, y nuestra plaza habrá de sentirse orgullosa en ese día cobijando entre sus muros tan grande solemnidad, siquiera su alegría se vea empañada por la amenaza de derribo que sobre ella pesa... Esta ceremonia de la alternativa será para muchos espectadores una novedad, pero nuestra plaza ha sido ya testigo de otra solemnidad análoga, registrada hace una treintena de años, poco más o menos. Y fue la Asociación de la Prensa la que organizó y llevó a efecto, por cierto, con éxito sin precedente, aquella corrida en que Manuel Mejías “Bienvenida” otorgó el espaldarazo a Alfonso Cela “Celita”... Pues de tan grata recordación de aquella solemnidad, estamos convencidos de que habrá de ser la que, pasado mañana, miércoles, nos ofrezca Luis Miguel Dominguín. La plaza volverá a verse colmada de gente, porque el nuevo matador de toros llega a ocupar este puesto por sus propios merecimientos cumplidamente demostrados en los circos taurinos de toda España...

El ambiente para esta primera corrida de feria parecía interesado en este cartel de apertura. Interesante resulta la reflexión que se hace también en el sentido de que se planteaba el derribo de la plaza de toros, inaugurada en 1885. La realidad es que resistió en pie hasta 1967, cuando se celebró en ella su último festejo y posteriormente fue demolida.

El triunfo de Luis Miguel

Curiosamente, la crónica de la agencia Cifra, replicada por los diarios ABC, Arriba y Pueblo de Madrid, no refieren la actuación de don Álvaro Domecq al relatar el festejo y el semanario El Ruedo, ni siquiera se ocupa de la corrida en comento. De esa crónica, se deduce que la tarde de la definitiva alternativa de Luis Miguel fue triunfal. 

La plaza estuvo llena, el tiempo fue bueno y presidió el alcalde Luis Vázquez asesorado por Marcial Lalanda. La actuación del toricantano fue del siguiente tono:

Primero. – Luis Miguel lo recibe en la en la barrera, de rodillas, con una larga afarolada. Continúa por verónicas, que se aplauden con entusiasmo. Tres varas. En quites son ovacionados los tres matadores. Un par y dos medios de banderillas. Ortega, en medio de gran ovación, entrega los trastos a Luis Miguel. Este brinda a su padre. (Suena la música.) Luis Miguel comienza la faena con cuatro pases soberbios de rodillas. Sigue con otros muy ceñidos, que arrancan ovaciones. Intercala tres naturales y se adorna con toque de pitón. Pinchazo y media. Descabello. (Ovación, oreja, vuelta al ruedo y salida a los medios)… Sexto. – A la salida, Luis Miguel se arrodilla en el centro de la plaza y recibe con al toro con una larga afarolada. Continúa con verónicas insuperables que se ovacionan. (El público puesto en pie, le tributa una prolongada ovación). Cuatro varas y los tres matadores se hacen aplaudir en quites. Luis Miguel cambia medio par de banderillas y repite con dos pares, que se ovacionan por su ejecución artística. Brinda a Ortega, y comienza una faena muy torera y temeraria, adornada con pases de diversa factura. Termina con media y descabello al tercer intento. (Oreja, ovación, vuelta y salida del redondel a hombros de los espectadores)…

Domingo Ortega cortaría una oreja al segundo de la corrida y por su parte Domingo Dominguín daría una vuelta al ruedo tras la lidia del quinto de la corrida.

El arranque de una leyenda

A los pocos días de haber recibido la alternativa, se anunció que Luis Miguel Dominguín sería apoderado por Marcial Lalanda. Así lo contó a su biógrafo, don Carlos Abella:

Mi padre consideró oportuno que el primer año de matador me apoderara Marcial Lalanda y fue una temporada de preparación pues toreé solo ocho corridas, pero hay una de la que guardo especial memoria, pues fue la celebrada el 25 de agosto en Almería, porque esa tarde salí a por todas porque era la primera vez que toreaba con «Manolete» y sabía que era a quien había que empezar a presionar. Estuve bien y en un momento de la corrida, Domingo Ortega, que actuaba en primer lugar y que ya «comodón» se amoldaba a «Manolete», me reprochó mi celo, como ya había hecho en Bogotá hacía dos años. «Domingo, tú ganas 50,000 pesetas, como “Manolete” y yo solo 15,000 pesetas»... Y volviste a torear con él el 12 de octubre en Alicante... Sí, pero, aunque en Almería no corté orejas, el apoderado de «Manolete», «Camará» consideró incómoda mi presencia en los carteles de «Manolete» y se movió con las empresas para que me dejaran «parado». De hecho, después de Almería, solo toreé tres corridas...

El apoderamiento por Marcial Lalanda se anunció en El Ruedo del 9 de agosto de 1944. En cuanto al enfrentamiento con la administración de Manolete, hay historias que corroboran su veracidad, pero al final de cuentas, la historia nos deja ver la coincidencia de ambos toreros en fechas importantes de sus trayectorias.

domingo, 22 de junio de 2025

10 de junio de 1971: Reaparece en los ruedos Luis Miguel Dominguín

El 31 de mayo de 1970 se produjo un catastrófico sismo en el Perú, que pasó a la historia como el Sismo de Ancash, que causó el fallecimiento de 70 u 80 mil personas, la desaparición de unas 20 mil y alrededor de 400 mil lesionados. Fue, indudablemente una tragedia de extraordinarias proporciones que produjo la movilización de todas las diferentes agrupaciones de personas y de instituciones para intentar remediar, en lo posible, las carencias que generó ese fenómeno de la naturaleza.

El toreo, siempre solidario

Para el final de la temporada madrileña de ese año de 1970, se anunció la celebración de un festival taurino a beneficio de las obras de reconstrucción de los daños causados por el sismo en el Perú. Inicialmente se manejó que el cartel de toreros sería una terna formada por Antonio Bienvenida, Luis Miguel Dominguín y Manuel Benítez El Cordobés. El anuncio final se produjo con la fecha del sábado 10 de octubre de ese mismo año, con un mano a mano entre Antonio Bienvenida y Luis Miguel Dominguín, quienes enfrentarían seis novillos de Juan Mari Pérez Tabernero Montalvo. Creo interesante resaltar lo siguiente de ese festejo:

Al gesto de torear en Madrid unieron los dos diestros la honradez de hacerlo ante novillos – toros (ligeramente despuntados), que tuvieron más de toros que de novillos. Peso, edad, genio... En fin, nada de becerras festivaleras. Toros de pareja lámina y desigual comportamiento, lo que permitió a Antonio y a Luis Miguel lucir sus largas facultades de lidiadores, buscando en cada uno de ellos, los lances más oportunos, las suertes de más feliz ejecución...

Nada de becerras festivaleras..., señaló Andrés Travesí en su crónica del ABC madrileño, resaltando de la actuación de los maestros en el retiro – todavía – la eficacia con la que se condujeron y que motivó que, aunque el festejo fue largo – dice la crónica que duró dos horas y cuarto – que se los llevaran en hombros por la calle de Alcalá.

Ese ganado que ellos seguramente escogieron para el festival de Madrid me sugiere que, como se cuenta en las varias biografías que se han publicado ambos toreros se preparaban ese año 70 para reaparecer el siguiente calendario, pero ya vestidos de luces, en las plazas de España. Escribe don Carlos Abella en su libro Luis Miguel Dominguín a corazón abierto:

Luis Miguel decidió volver a los toros en 1970, y fiel a su trayectoria, se encerró durante el invierno para perder los kilos ganados en las «farras» y en los saraos de los últimos diez años, aunque durante ellos había procurado torear en el campo becerros y toros de su propia ganadería, comprada en 1960 a Dª Piedad Figueroa, y a los que ha marcado con un hierro que hace honor a su personalidad: los toros de Luis Miguel lucirán en el brazuelo el Nº 1.

Así pues, el festival de Madrid y el que torearían tanto don Antonio Bienvenida, como Dominguín en Huelva el lunes siguiente, a beneficio de la Hermandad del Rocío, con Litri, Chamaco, Diego Puerta y Paco Camino ante novillos del Marqués de Albayda, eran parte de una preparación, a esas alturas del calendario, intensiva, para romper a torear en la siguiente temporada.

La reaparición en Palma de Gran Canaria

Antonio Bienvenida había reaparecido en Madrid, en la Feria de San Isidro el día 30 de mayo de 1971, mientras que Luis Miguel Dominguín postergó la suya para cuando la temporada estuviera algo más avanzada y en una plaza de menor responsabilidad. Así, arregló con Octavio Martínez Nacional, diestro retirado y empresario de la Palma de Gran Canaria, volver a los ruedos en ese escenario de veraneo. El cartel que se formó para la ocasión, a celebrarse el jueves 10 de junio de ese año – Jueves de Corpus – fue con Antonio Bienvenida, Luis Miguel Dominguín y Miguel Márquez, quienes lidiarían un encierro de Samuel Flores, del que al final, solamente se corrieron cinco toros, pues el sexto fue sustituido por un sobrero de Soto de la Fuente. La tarde fue ventosa y eso condicionó el resultado de la corrida. Escribió Jerónimo Aguilar, corresponsal del semanario madrileño El Ruedo:

El fuerte viento reinante ha roto las ilusiones de cuantos acudimos a ver la reaparición de Luis Miguel «Dominguín»... Con lluvia se puede torear, con frío y calor, también; con viento, no. Es el mayor enemigo de la Fiesta nacional... Esto es lo que ha ocurrido esta tarde en la que tan sólo el joven diestro Miguel Márquez, por sus especiales condiciones físicas – su poca estatura le permite torear con el capote muy recogido o con muleta pequeña –, ha podido triunfar rotundamente... Si la tarde hubiera sido apacible, tenemos la seguridad de que el festejo habría hecho historia... Y no es que Luis Miguel nos haya defraudado, ni mucho menos; pero no le hemos podido ver en todo su esplendor... Ahora bien, sí que hemos podido ver a un Luis Miguel seguro, tranquilo, dominador, con esas mismas características que un día le situaron a la cabeza de la torería... No hemos asistido a un éxito de clamor de Luis Miguel «Dominguín», por causa del viento, como hemos repetido, pero sí a la efeméride de su reaparición y a poder comprobar que el maestro está en plenitud de facultades y podrá dar grandes tardes de toros. Y Dios quiera que sea por mucho tiempo...

Recibió una oreja del primer toro de su lote y saludó desde el tercio en su segundo. Pero su presencia y sobre todo, el vestido de luces que estrenaba, era parte del atractivo de la tarde. Sigue escribiendo el corresponsal de El Ruedo:

¡Ah! El terno de Luis Miguel. Mucho se ha hablado de que iba a constituir una innovación grande. Desde el tendido nos ha parecido un traje precioso, liviano en las hombreras y, especialmente, en los bajos de la taleguilla, donde se aprietan los machos. Si es cierto que resulta mucho más cómodo para el torero que se han venido usando hasta ahora no hay pero que podamos oponerle, pues no rompe la ortodoxia de los trajes de luces...

Eran los vestidos de diseño picassiano que tenían la particularidad de ser más livianos que los convencionales. Se habla también que, en esa fecha, partió plaza con un capote de paseo que llevaba motivos dibujados por el poeta Rafael Alberti, pero eso, la prensa no lo refleja por razones comprensibles.

Antonio Bienvenida, quien también reaparecía en el coso de la Palma, cortó una oreja al toro que abrió la corrida y Miguel Márquez le cortó el rabo al tercero del encierro. La entrada apenas alcanzó, señalan los cronistas, la mitad del aforo del coso.  Así pues, sin ser una tarde de grandes triunfos, quedó señalada en la historia, como aquella que representó el último regreso a los ruedos de Luis Miguel Dominguín.

El devenir de ese retorno

La temporada de 1971 le representó a Luis Miguel 40 corridas de toros, en plazas de mediana responsabilidad, pues a excepción de las de Barcelona y San Sebastián, los demás cosos en los que actuó fueron de menor compromiso. En ese ciclo le dio la alternativa a José Mari Manzanares y al francés Roberto Piles

También regresó a México, donde toreó cuatro tardes entre el 10 y el 17 de octubre, en Monterrey, Guadalajara (2) y Tijuana, quedándose contratado para reaparecer en la Plaza México el 16 de enero de 1972, pero una fractura sufrida en una mano en Lima, lo mantuvo en el dique seco hasta después de las Fallas de Valencia, por lo que esa reaparición ya no se produjo.

Al año siguiente torearía 34 en España y 4 en Francia, pero ampliaría su presencia en plazas de importancia al acudir a las ferias de Bilbao y Santander y reaparecería en Madrid – Carabanchel – el 9 de julio de ese año, alternando con Curro Romero y Eloy Cavazos.

Y terminaría su andar por los ruedos en 1973 con 45 corridas en España, iría a las ferias de Valencia y de Sevilla y reaparecería en la plaza de Las Ventas el 9 de junio, nada menos que en la Corrida de la Beneficencia, alternando con El Viti y José Antonio Campuzano, quien confirmaba la alternativa, enfrentando la terna toros de Manuel Arranz.

El 23 de septiembre de ese 1973, en la apertura de la Feria de la Merced de Barcelona, toreó vestido de luces por última vez en su vida. Alternó con Francisco Ruiz Miguel y Julio Robles en la lidia de toros de Sepúlveda. Fue una tarde lluviosa, en la que el público no se mostró agradado con lo que le realizó a sus toros. 

Así es como se cerró la carrera en los ruedos de uno de los toreros más carismáticos que la historia reciente del toreo ha conocido.

domingo, 12 de junio de 2022

7 de junio de 1942. Domingo Dominguín recibe la alternativa en Barcelona

Domingo y Pepe Dominguín, Morenito de Valencia
Las Ventas, Madrid, 5 de septiembre de 1940
Foto: Archivo Martín Santos Yubero - Comunidad de Madrid

Domingo González Mateos, natural de Quismondo, hoy en Castilla – La Mancha, había recibido la alternativa de matador de toros el 26 de septiembre de 1918 en Madrid, de manos nada menos que de Gallito, en una tarde en la que fue también investido Manuel Varé Varelito, de triste fortuna en los ruedos. Dominguín tendría relativo éxito con la muleta y la espada en sus manos, pero no era hombre de estarse quieto, así que pronto empezó a entreverar con sus actuaciones en los ruedos, la realización de negocios taurinos. Menos de una década después de esa ceremonia de alternativa, ya había descubierto a un torero de Triana que será per sécula, un referente en cuestiones de arte: Cagancho y poco tiempo después a otro, este, casi paisano suyo, toledano, de Borox: Domingo Ortega, uno de los epítomes del poderío con los toros.

Los tres hijos varones de Dominguín fueron toreros, y se hicieron cuando España estaba inmersa en una cruel Guerra Civil. En 1936 se los trajo a México, pero ante la imposibilidad de que pudieran actuar, regresó con ellos a Portugal para que se formaran como toreros, sin embargo, es en estas tierras donde se prueban por primera vez, según lo cuenta Pepe Dominguín en su libro Mi Gente:

En la hacienda de don Wiliulfo González, dueño de las ganaderías de Piedras Negras y La Laguna, toreamos unas vacas en un tentadero. Los resultados fueron buenos y mi padre pensó en lanzarnos a torear en público, pero otra vez el odioso pleito entre toreros españoles y mexicanos lo hizo imposible, por más gestiones que a altos niveles se hicieron, viendo así desparecer otra posibilidad de ganar algún dinero para casa… Imposibilitados para nuestro quehacer, pensó mi padre en el regreso a España. Habían transcurrido nueve meses desde nuestra llegada y el panorama no estaba ni medianamente claro…Después de unos meses de permanencia en una casa situada a un lado de la playa de San Pedro en Estoril… nos mudamos a la capital, a Lisboa… Un día, terminadas las clases, nos reunió a Domingo (dieciséis años), Luis Miguel (diez años) y a mí (catorce años) en su despacho y seriamente nos trasladó la proposición que le habían hecho. Él sabía que aquel primer paso de torear en público, podía significar el comienzo de una vida profesional que hasta entonces en nosotros no había pasado de ser una diversión sin más trascendencia… Casi al unísono, juntándose sus últimas palabras con las primeras nuestras, dijimos: ‘¡Adelante! ¡Queremos torear! ¡Yo sí! ¡Yo también! ¡Y yo! ...

Tres años después estaría Dominguín moviendo los hilos con sus conocidos para obtener un crédito que le permitiera que los dos mayores, Domingo y Pepe, pudieran iniciar sus carreras en forma en los ruedos españoles. Se asegura que fue el subdirector del Banco de España, Ramón Artigas, el que le prestó al de Quismondo la cantidad de 3,000 pesetas para que avituallara a sus hijos decididos a ser toreros. Así, los presenta en Linares, en junio de 1939 y harán lo propio en Madrid el 1º de septiembre del año siguiente. 

Ese debut madrileño de Domingo y de Pepe Dominguín no fue triunfal. La prensa y la afición esperaban una presentación digamos, mejor cuidada y ante la poca presencia y fuerza de los novillos que lidiaron junto a Mariano Rodríguez Exquisito, fueron juzgados con inusual dureza. Tuvieron que repetir el jueves siguiente, ante un encierro de Miura – una corrida de toros – ante la que pudieron, al fin, demostrar su valía, según cuenta Manuel Sánchez del Arco Giraldillo en el ABC madrileño del día siguiente del festejo:

Fue un gesto. Un gesto de pundonor como se registran pocos... Los que desean que los chiquillos de Dominguín tropiecen, quedaron servidos en la intención, pero burlados en el resultado... la plaza se llenó... y Domingo y Pepe triunfaron... Ellos, que pudieron buscar otro ganado, se complacieron en torear Miuras... No hubo ocasión para cortar oreja... pero al aficionado imparcial, al que los mide en sus justas proporciones, agradaron... Toreros, toreros buenos con amor propio que todo lo intentan, que tienen extensión y en la extensión, detalles buenos...

Con ese bagaje comenzó Domingo, junto con su hermano Pepe, a recorrer las plazas de España, Francia y Portugal y las del Sur del continente americano, porque México estaba fuera de toda cuestión en esos días.

El inusual reencuentro de tres figuras

Tras de cerca de dos años de torear novilladas, el hijo mayor de Dominguín fue anunciado para recibir la alternativa en Barcelona, el domingo 7 de junio de 1942. Le apadrinaría Cagancho en la presencia de Morenito de Talavera. Los toros serían gamerocívicos de Domingo Ortega. La remembranza acerca del reencuentro con éste último y Cagancho era inevitable, y Eduardo Palacio, el cronista titular de La Vanguardia de Barcelona, abre su crónica titulada Danza de tres nombres con una disertación en ese sentido:

La base de este trenzado es el nombre del ex diestro de Quismondo Domingo González «Dominguín». Arribó de chaval a la capital de España, donde ejerció un modesto oficio, hasta que su voluntad férrea y su clarísimo talento natural decidieron de consuno poner punto a la situación aquella, con la siguiente resolución: «Yo seré torero» … Se doctoró como matador el 26 de septiembre de 1918, en Madrid. Llevaban «Gallito» v Belmonte seis y cinco años de alternativa, respectivamente. Toreó con ellos, ganó dinero y se retiró... Hombre de gran talento, repito, se dedicó a negocios taurinos en gran escala. Adivinó en Cagancho una primera figura, le firmó un contrato de exclusiva, le cuidó, le mimó y contribuyó poderosamente a que destacase en la forma que destacó... Tres años más tarde mataba seis toros en Aranjuez el gran Marcial, y por puro compromiso sacó de sobresaliente de espada a un labrador de Borox que se llamaba Domingo López Ortega Marcial le dejó alternar en quites en los dos últimos toros. Dominguín vio en aquel labrador un «grullo», como había sido él al llegar a Madrid. Le buscó y hablaron. Aquel año trajo a López Ortega a Barcelona, donde se reveló como lo que es: un enorme torero. Se firmó una exclusiva se borró el López y quedó Domingo Ortega, a secas… Todo lo apuntado justifica que la casa de «Dominguín» en Madrid, calle de Atocha, 30, fuese una verdadera agencia taurina., por la que correteaban sus tres hijitos: «Domingo, le decían algunos amigos, tus hijos serán toreros». «Antes los mato», respondía... El cartel de la Monumental rezaba, así: Seis toros de Domingo Ortega, para Cagancho, Morenito de Talavera y Domingo González, «Dominguín» que tomará la alternativa. Esas líneas fueron las culpables de que bailasen en mi imaginación tres nombres a lo largo de la corrida, que voy a reseñar...

En estas páginas virtuales he sostenido que la historia camina en círculos. En estos hechos que intento contar, podemos encontrar un ejemplo de ello. Tras de diversas vicisitudes y el transcurso del tiempo, los Dominguín, Cagancho y Domingo Ortega volvían a encontrarse en una plaza de toros. En esos días, todos bajo la vigilante mirada de el Dominguín mayor, que entonces ya era el principal y más sagaz hombre de negocios taurinos en el planeta descrito por Díaz – Cañabate.

El anuncio de la corrida
Mundo Deportivo, Barcelona, 5 de septiembre 1940

La alternativa

Los hijos de Dominguín aprendieron bien el oficio de ser toreros, y también, el tiempo lo diría más adelante, el de atender con eficiencia, asuntos taurinos. Pero ese domingo de hace 80 años, se trataba de investir como matador de toros a Domingo hijo, quien tuvo una actuación decorosa, según nos sigue contando Eduardo Palacio:

Negro, con el número 28 en los lomos y por nombre «Discípulo» era el toro que rompió plaza. Con él había de licenciarse un casi licenciado en Derecho. de 21 años de edad, llamado Domingo González, «Dominguín». Vestía de blanco y oro. Mozo espigado, sereno y sabiendo andar entre los toros con esa difícil facilidad característica de cuanto se realiza con naturalidad. El muchacho veroniqueó con estilo y guapeza, escuchando, como en los quites, grandes aplausos. Cagancho cede los trastos al hijo de sin más fiel mentor, y lo abraza. El muchacho busca con ojos febriles otros ojos que se descubren pronto, porque en ellos titilan unas lágrimas, y brinda el toro de su alternativa. El chiquillo sube para ello al estribo de la barrera, y por sobre ella asoma una cabeza que besa con la máxima ternura al inminente matador de toros. El «grullo» de antaño, que pudo educar a sus hijos señoritos a fuerza de exponer la vida, ve acongojado, emprender al primogénito aquellos peligros que tan bien conoce. Toda esta meditación mía dura un instante. El nuevo «Dominguín» se arrodilla ante el toro de la alternativa, y lo saluda con dos pases escalofriantes. Sigue la faena en pie, valiente, seguro de sí y de que conoce la profesión, y esmalta gallardamente una labor inteligente. Junta «Discípulo» las manos, y el espada, señala, un superior pinchazo que agarra hueso y cobra enseguida, arrancando también sobre corto y por derecho una gran estocada. Estalla una ovación y el ya matador de toros da la vuelta al ruedo y sale a los medios a saludar…

Al final de la tarde, Cagancho había resultado el triunfador del festejo al cortarle el rabo a Campesino, segundo de la corrida y por su parte, Morenito de Talavera dio un par de celebradas vueltas al ruedo. Esos fueron los hechos en los cuales, Domingo Dominguín iniciaba su andar por los ruedos como matador de toros.

El devenir de Domingo Dominguín

Castigado por los toros, pronto empezó a buscar otras actividades, dentro y fuera del ambiente de los toros que colmaran sus ambiciones. Con la orientación de su padre, fue adentrándose en el mundo de los despachos y también fue buscando opciones intelectuales para realizarse. Así, se afilió al entonces ilegal Partido Comunista de España y trabó amistad con Jorge Semprún, Javier Pradera, Juan Antonio Bardem y otros proscritos, con los que hacía actividades políticas, pero también los llevaba a los toros. Así, se cuenta que, en la última etapa del franquismo, varios exiliados en Francia, veían los toros de San Isidro en el tendido de los sastres instalado tras de la puerta de caballos de Las Ventas, por obra y gracia de Domingo, quien además era el más eficaz salvoconducto para que ellos pudieran entrar y salir de España sin ser incomodados, porque aparte, era, familiarmente, amigo del entonces Jefe del Estado.

La vida de Domingo González Lucas a partir de la tarde del 16 de septiembre de 1948, en Mora de Toledo – don Carlos Abella lo sitúa en Lorca, pero la prensa de la época lo fija en la nombrada Mora – sería una para ser contada en un gran libro biográfico o en una interesantísima novela histórica. Apoderó figuras del toreo – Rafael Ortega, su hermano Luis Miguel o su cuñado Antonio Ordóñez –, también fue empresario de plazas de toros – es autor de los ciclos de La Oportunidad en Carabanchel – y hasta productor cinematográfico, pues con el nombrado Bardem y otros más, fue causante directo de la realización de Viridiana, una de las grandes cintas de Luis Buñuel.

Como empresario fue audaz, tanto, que es uno de los autores intelectuales de ese par de festejos que se dieron en Belgrado el 2 y el 3 de octubre de 1971, en el marco de la vuelta a los ruedos de su hermano Luis Miguel. Una experiencia en la que no se ganó dinero, pero se abonó a la universalidad de la fiesta de los toros.

La vida de Domingo fue azarosa, sin duda y él mismo le puso – según la versión oficial – punto y final en Guayaquil, Ecuador, el 13 de octubre de 1975.

domingo, 28 de junio de 2020

En el centenario de Carlos Arruza (VII)

25 de junio de 1945: Arruza convence a Madrid en la corrida del Montepío de Toreros

La terna de la Corrida del Montepío de 1945
Foto: El Ruedo
La Asociación de Auxilios Mutuos de Toreros y su Montepío fue fundada en 1909 por Ricardo Torres Bombita. Ya con anterioridad Luis Mazzantini había advertido la necesidad de una unión de esa naturaleza, pero es la actividad del diestro de Tomares la que logra cristalizar la fraternidad y conseguir que los toreros y la Unión de Criadores de Toros de Lidia hagan aportaciones para tener un fondo de previsión para sus socios y se estableció además el deber de los asociados de torear corridas a beneficio de la Asociación y su Montepío en las diversas plazas españolas y se convino con la empresa de la plaza de Madrid que se separaría una fecha de importancia cada año para la celebración del festejo correspondiente en la capital española.

El Montepío de Toreros fue presidido por toreros de importancia en la historia. Evidentemente el primero que lo dirigió fue Bombita, pero también en su decurso lo encabezaron diestros como Vicente Pastor, Gallito, Juan Belmonte, Domingo Ortega, Marcial Lalanda o el mismo Carlos Arruza, quien para el año de 1946 fue electo para dirigirlo, no obstante no ser de nacionalidad española, dados los grandes gestos de solidaridad que tuvo siempre para con sus compañeros de profesión.

La corrida del Montepío de Toreros de 1945

El cartel que se confeccionó para ese lunes 25 de junio de 1945 fue integrado por Luis Gómez Estudiante (alternativa de 1932), Carlos Arruza (alternativa de 1940) y Luis Miguel Dominguín (alternativa de 1944), quienes enfrentarían un encierro de encaste Contreras de Manuel González, una ganadería que vivía horas bajas. Pese a las adversidades del clima, la plaza de Las Ventas se llenó. La afición también fue solidaria con los toreros, dado el fin benéfico del festejo. Dice Manuel Sánchez del Arco Giraldillo en el ABC madrileño del día siguiente del festejo:
Está llena la plaza. Van a correrse seis toros de Manuel González, de Salamanca, por las cuadrillas de “Estudiante”, Arruza y Luis Miguel “Dominguín”. Poco antes de comenzar la corrida descarga una fuerte tormenta, pero la gente no se retrae. Preside el Sr. Cartier...
Como se ve, el cartel tenía el atractivo suficiente, con un torero veterano, cuajado, la figura emergente del momento y un torero joven en ascenso, como para que los elementos no fueran suficientes para hacer que la concurrencia se retirara de sus localidades y aguantaran a esperar que escampara, pues como lo señalara Alfredo Marquerie en su columna Banderillas de fuego de El Ruedo, la corrida comenzó apenas cinco minutos después de la hora programada.

El triunfo de Arruza

Carlos Arruza saldó su actuación con tres orejas en la espuerta. Y de acuerdo con las crónicas, fueron tres orejas de muy distinto valor, porque la que cortó al segundo toro de su lote fue arrancada a sangre y fuego, a un toro de esos que hoy se diría que tienen un peligro sordo, que no se nota y las faenas que se les hacen, muchas veces son incomprendidas desde los tendidos. La crónica de Giraldillo, en la parte reflexiva, señala lo siguiente:
No necesita su nombre el acompañamiento de los signos de admiración que fui poniendo a lo largo de mis notas la tarde de ayer. Basta decir Arruza, así, sencillamente. Su nombre está ya en las bocas infantiles y se le canta en el corro, signo de la máxima popularidad. Aquí está Arruza, el torero nacido en Méjico de sangre española. Estoy por decir que es más nuestro que de ellos, por el estilo y la calidad. Tres orejas cortó ayer. No valía nada el torillo segundo, pero él sugestionó al público, y el toro comenzó a crecer y la cosa a revestirse de seriedad. Arruza sugestiona, alucina. Y – ¡de esto no quepa duda! – lo que consigue tiene como fundamento el conocimiento hondo y perfecto del oficio. Lo que le resulta, le resulta por el fondo torero que luego logra forma espectacular. De lo contrario, Arruza sería juguete y carne de los toros. Y sabe suplir con espeluznantes arrestos lo que falta de toro. ¡Qué poco toro había en el segundo! ¡¡Pero qué torero!! Por eso pudo cortar dos orejas. Cuando reaccionó la gente y recordó la poca fuerza del toro, las orejas estaban en manos de Arruza y lograda la apoteosis. Pero salió el quinto, un toro serio, a la defensiva, bronco, de mal estilo. ¡Ay si Arruza no fuera ante todo un torero fundamental cómo hubiera cambiado la decoración en este toro! Aquí sí que estuvo bien. Mucho mejor que en el otro. Para el aficionado y el crítico aquella lidia seca, cargada, larga, aquellos pases al toro entablerado, aquel conjunto serio de torear admitía parangón con lo mejor que hemos visto, leído y oído contar a los viejos. La figura cumbre del fundador del Montepío sonreía, gozosa, desde su gloria. Así, señores, así se toreaba a los mansos, así se torea. Y en este toro mereció Carlos Magno los honores todos. Le aplaudieron todos, le dieron una oreja, pero no le entendieron. Dominó al toro, pero no sugestionó al público que no comprendió todo el mérito de la faena. Las tres orejas cortadas estuvieron en manos de Arruza. Esto es el resumen de la tarde...
Como se ve, en la faena realizada por Arruza a ese toro quinto, la concurrencia se concentró más en la forma que en el fondo, pero el cronista, creo, pudo apreciar que el torero supo imponerse a las condiciones del astado y darle la lidia que requería y además hacerlo con lucimiento, aunque en las gradas no fuera suficientemente valorado. No obstante, en el anterior, el menos complicado, ya había asegurado la puerta grande.

El resto del festejo

La corrida de Manuel González no fue fácil para los toreros. Débiles unos, broncos otros, no parecieron adecuados para un acontecimiento como la corrida del Montepío de Toreros. Así, Estudiante y Luis Miguel Dominguín solamente tuvieron ocasión de exhibir pundonor y entrega. Así se refiere a su actuación Manuel Sánchez del Arco:
Luis “El Estudiante”, pundonoroso, bravo, veteranía simpática y honrosa - en la línea austera de Villalta -, toreó muy bien de capa. Hizo quites de emoción y dio muletazos formidables. Es todo un torero “Estudiante”... 
Luis Miguel tuvo mucha voluntad. Acudió a los quites con entusiasmo y dio estilo a sus derechazos, pugnando por empalmar faena. Entre los valores nuevos, Luis Miguel tiene puesto de honor, aunque aún no ha dado su tarde de matador de toros en Madrid... 
Y todos merecieron la salida triunfal, como pago al gesto generoso que tuvieron...
Una corrida complicada generalmente requiere de una actuación impecable de las cuadrillas. En esta tarde destacó con Carlos Arruza el hacer de Fernando Gago, quien con las telas se condujo sin tacha:
Mención aparte merece Fernando Gago. Tenemos en él un gran torero de a pie. Arruza le cuenta como su mejor auxiliar. Bien colocado siempre, yendo al toro en los momentos difíciles, Gago está en la primera categoría de hoy y admite parangón con los mejores peones…
En conclusión

Es esta en teoría, la segunda salida en hombros de Carlos Arruza de la plaza de Madrid. La primera sería la de la tarde de su confirmación de la que existen versiones de prensa contradictorias acerca de si cortó una o dos orejas al segundo toro de su lote.

Carlos Arruza torearía y triunfaría en otra corrida del Montepío de Toreros, ya como Presidente de éste, el 3 de octubre de 1946, pero esa es ya otra historia.

domingo, 7 de julio de 2019

Rovira, a 70 años de su encerrona en Madrid

Rovira 

Rovira y Luis Miguel Dominguín
Lima, noviembre de 1949
Raúl Acha Sanz nació en Buenos Aires en 1920. Un mero accidente demográfico diría yo. Hijo de españoles, tenía en las venas una sangre que le impulsaría a andar caminos distintos a los que se dedican los hijos de la tierra en la que nació. Vivió en España durante su infancia y primera juventud y se trasladó con su familia después a Perú, donde decidió ser peruano y caminar así por el resto de sus días. Allí, en las tierras de Atahualpa, es donde decide hacerse torero y después de actuar en sus primeros festejos, viene a México, donde debuta en el Toreo de la Condesa como novillero en el año de 1945 y también en estas tierras recibirá una primera alternativa en nuestra Mérida, de manos de Luis Gómez Estudiante, con el testimonio de Gregorio García, siéndole cedido el toro Diablito de Palomeque.

Vuelve a España y conforme a la normatividad de la época tiene que recibir la alternativa de nuevo. Lo hace en lo que durante décadas fue el puerto de entrada de los toreros que llegaban a España desde América, en Barcelona. Fue el día de San Juan de 1946. Le apadrinó Manolo Escudero y atestiguaron Julián Marín y Luis Briones. El toro de la ceremonia fue Mochuelo, de Arturo Sánchez Cobaleda. Eso le permitió hacer campaña en ruedos hispanos y confirmar su alternativa en Madrid el 10 de octubre de ese mismo año, llevando como padrino a Gitanillo de Triana, quien ante Parrita, le cedió la muerte de Barbas Blancas de Joaquín Buendía.

Rovira mantuvo un buen cartel en los ruedos de España y el accidente demográfico de su nacimiento le permitió actuar en un singular festejo taurino celebrado el 12 de junio de 1947, en honor de Eva Duarte de Perón, en la que para lidiar toros de Clemente Tassara, se acartelaron el rejoneador Pepe Anastasio y los espadas Gitanillo de Triana, Pepe Luis Vázquez y el personaje que motiva estas líneas.

La encerrona

El 3 de julio de 1949 era domingo. Día de toros. La empresa de la plaza de Madrid tenía que dar el festejo del abono. Mucho se especula sobre el origen de esta corrida de único espada en pleno verano madrileño. Una de las leyendas en torno al asunto es en el sentido de que existiendo un fuerte pique entre Rovira y Luis Miguel Dominguín y estando anunciado éste último para el martes siguiente (5 de julio) para actuar en solitario en la Corrida de la Prensa, Raúl Acha movió lo movible y lo inamovible para lograr matar él en solitario antes que el hijo de don Domingo seis toros en Madrid y tratar de írsele por delante. Cierta o falsa esta especulación, el hecho es que así se produjeron y resultaron los hechos.

Para la ocasión se anunció una corrida del Marqués de Albayda para Rovira y uno de Manuel García – Aleas para rejones que lidiaría Pepe Anastasio entre el tercer y cuarto toro de la lidia ordinaria. Alberto Vera Areva, en el número 263 de el semanario El Ruedo, aparecido el 7 de julio de 1949, en columna titulada Las reses y sus condiciones de los cuatro últimos festejos celebrados en Madrid, analiza lo siguiente sobre los toros de Albayda:
El domingo 3 de julio, se jugó una notable corrida del marqués de Albaida, cuyo único "defecto" consistió en ser brava y en conservar los seis toros en la testa, por expresa voluntad de su criador, eso que han dado en llamar el “venenillo”. Corrida algo desigual en tipo, pero uniforme casi toda en casta y buen estilo, que proporcionó al ilustre y esmerado ganadero un legítimo triunfo. 
El primero, “Bravío”, número 40, negro bragao, tuvo poca presencia; bravo y codicioso, tomó tres varas y embistió rectamente, doblando las manos en alguna ocasión; pesó en canal 231 kilos. “Ignorado”, número 31, negro, apretó en tres varas y llegó a la muerte con poco gas, pero con temple y nobleza; pesó 277 kilos. “Carcelero”, número 22, negro bragao, gordo y de trapío, fue un espléndido bicho; suelto de la primera vara, crecióse en las cuatro siguientes, en las que recargó valientemente, derribando y volteando dos veces a caballo y picador; bravo y suave, llegó a la muerte embistiendo como un borrego; pesó el bicho, ovacionado en el arrastre, 285 kilos, “Cocherito”, número 42, negro bragao, terciado y con casta, tomó tres varas con mucha codicia, equivaliendo la última a media estocada; con bravura peleó en el mismo terreno, como todos sus hermanos y pasó a la muerte agotado, pero noblote; pesó 261 kilos. “Gastador”, número 34, negro bragao, recibió cuatro varas, saliendo suelto de la primera y recargando bravamente en las demás; embistió muy dócil, aunque gazapeando a lo último, por haberle pegado en demasía; pesó 281 kilos. “Bolero”, número 43, negro y serio, fue otro toro de bandera, que se dejó meter el palo en seis ocasiones, dando fuertes costaladas a los piqueros, sin acobardarse, siguió embistiendo hasta el último momento, con extraordinaria bravura y nobleza; pesó el bravo toro 294 kilos...
Areva hace algunas puntualizaciones interesantes. En primer término se refiere a la integridad de las astas de los toros. Faltaría alrededor de tres años para que Antonio Bienvenida denunciara que el afeitado era práctica cotidiana en las plazas de España y que una importante mayoría de los toros que se lidiaban en las plazas estaban mutilados. Después, hace notar con claridad que la bravura del toro no está reñida con la nobleza en el juego que dan en la faena de muleta y también que cuando el toro es bravo y tiene fuerza, rinde en la faena de muleta. No cabe duda que eran otros tiempos, desgraciadamente ya idos.

La tarde de Rovira fue redonda. Terminó cortando cuatro orejas entre el beneplácito de la concurrencia que no llenó la plaza de Las Ventas. Manuel Sánchez del Arco Giraldillo, en su crónica del ABC madrileño del 5 de julio siguiente a la corrida, expone lo siguiente:
Al margen de todo comentario sobre la significación y la oportunidad de la corrida celebrada el domingo, atendiendo solo a la reseña de lo que en el ruedo ocurrió, el mero relato ya es un elogio para el gesto de Rovira. Tarde de fuego. Bajaban unas nubes de plomo para fundirse en el crisol de la plaza. Se acentuaba la borrasca veraniega; el ventarrón de Levante, típico solano, recogía todo el ardor de la estepa manchega. Las nubes, pesadas, se sentían perezosas y no descargaban. Este era el ambiente; nada favorable, por cierto. 
Cuenta Raúl Ochoa “Rovira”, con el fervor de los aficionados madrileños, inclinados hacia él, no por capricho, sino ganados por un valor a toda prueba y una voluntad siempre ofrecida. Se le puede discutir si tiene eso que se llama “clase” y que muchas veces consiste no más que en ser pícaro; se le puede negar eso que se llama "salero" y que suele ser no más que un fraude de triste gracia; pero, lo que nadie negará a “Rovira” es su valerosa voluntad, sus deseos sin medida, su propósito de luchar y seguir adelante. En este orden le consideramos capaz no ya de encerrarse con seis de Albayda, sino con doce ya de Palha, ya de Coruche o Miura. Por él, contra viento y marea, llueva agua helada o plomo derretido, no ha de quedar la cosa.
Algo sorprendente fue el gesto de Raúl. La sorpresa estaba en la ocasión, que, creo sinceramente, no fue bien elegida. En otro momento de la temporada hubiéramos considerado mejor encajada la hazaña. Si algo deliberado hubo en la organización, ese algo iba en contra del propio matador. ¡Pero váyanle ustedes con obstáculos al gallardo “Rovira”! Allá va él dando el pecho...
Y dar el pecho a todo fue lo que hizo el simpático y valeroso torero americano de contextura vasca, auténtico “morrosko” o así…
Vamos a la labor de “Rovira”, el animoso. En el primero, faena breve y estoconazo que mereció ovación prolongada hasta el saludo desde el tercio. En el segundo, gran faena con pases en redondo, que emocionan. La gente se ha puesto en pie. No es posible ceñirse más. Hay unas manoletinas y unos adornos por la cara. Cuadra la res. ¿Es un rayo que por fin ha dejado escapar la tormenta cernida sobre la plaza? No; es la espada de “Rovira”, la de alta tensión, que ha caído sobre el toro, fulminándolo. Hay ovación, corte de oreja, vuelta al ruedo y muestras de entusiasmo...  
Sale el tercer toro, “Carcelero”, honra de su divisa. Bravo y noble. Raúl ha hecho un quite muy vistoso. Brindis a Andrés Martínez de León. El toro, al que dejaron dentro el hierro y una cuarta de palo, sigue boyante. En el centro de “la candente arena” es la cosa. Y la cosa es que vemos unos pases de buen temple, sobre redondo. El torero marca el son y el toro le sigue. Hay mando. La faena, sencillamente buena. Pases de pecho. Ovaciones. Otra vez descarga el rayo, es decir, que la espada ha entrado por las agujas. Entusiasmo en signo “rovirista” y las dos orejas con dos vueltas al ruedo...

Por su parte don Luis Uriarte, firmando como El de Tanda, en la Hoja del Lunes del 4 de julio de 1949, relata lo siguiente:
Matar seis toros, lo que se dice matarlos, puede ser cosa relativamente fácil. Matarlos con éxito, de cuatro estocadas y dos medias y tres intentos de descabello, en poco más de hora y media, cortando cuatro orejas en tres toros, dando la vuelta al ruedo en uno, oyendo muchas palmas en los otros dos y ni una sola voz de protesta en ningún momento de la lidia, esto ya es más difícil. Y esto es lo que ayer hizo Rovira... 
El sexto entraba mejor al engaño, y Rovira, que en el primer tercio lo aprovechó para instrumentar un buen quite por chicuelinas, le sacó en el último una bonita y muy completa faena, que inició con seis ayudados por alto aguantando impávido el embroque, prosiguió con afarolados, redondos, molinetes y manoletinas, muy valiente y muy dueño de la situación, y remató con otra estocada de las suyas y un descabello. Nueva oreja, nueva vuelta al ruedo, en hombros ahora de los “capitalistas”, y salida en andas por la puerta grande. 
Eran las nueve de la tarde. Como la corrida empezó a las siete menos cuarto, y de esas dos horas y cuarto hay que descontar media hora larga, larga, que se llevaron el rejoneador y los preliminares, quiere decirse que Rovira empleó poco más de hora y media en su hazaña de matar seis toros de seis entradas, a una por toro, refrendadas con tres descabellos. 
¡Ah! Y sin usar en ninguno la malhadada espadita de madera, sino la de acero, la de verdad, que es la única que deberían usar los toreros que no sean demasiado comodones.
El resumen de la actuación de Rovira se puede condensar en las palabras de Benjamín Bentura Barico, publicadas en el ejemplar de El Ruedo arriba citado:

Es indudable que “Rovira” logró el pasado domingo uno de sus más sólidos éxitos. A nuestro entender llegó al ápice de la perfección como estoqueador. Ni una sola vez pudo el más exigente espectador poner el más leve reparo a la ejecución de las estocadas del peruano. Ya es notable que un matador mate seis toros de cuatro estocadas, dos medias estocadas y tres intentos de descabello, pero si se tiene en cuenta que en todas las ocasiones en que entró a matar el estoque quedó en la cruz, en cuatro, hasta la cruz, y el matador cruzó siempre bien, la hazaña – las tres cruces en cuatro toros y dos cruces en dos – ha de calificarse de extraordinaria…”
Colofón

Dicen las crónicas que los capitalistas se llevaron en hombros a Rovira hasta el obelisco de Manuel Becerra. La leyenda cuenta que él pidió que lo llevaran hasta la casa de Luis Miguel… y que lo llevaron. La encerrona de Dominguín, un par de días después, pasada por agua, pocas opciones de triunfo tuvo, lo que agrandó el de Raúl Acha

El hecho es que la rivalidad entre ambos se fue agrandando, tanto que en la Feria del Señor de los Milagros de Lima de ese año, celebrada en la Nueva Plaza de Toros de Lima, acabaron a los golpes en el ruedo en el festejo celebrado el día 6 de noviembre.

Rovira es el único torero de a pie no nacido en España que ha matado una corrida en solitario en el ruedo de Las Ventas desde que se celebró el primer festejo en ella hace ya algo más de 88 años. ¿Veremos algún día a otro torero de este lado del mar repetir esa hazaña?

Después de dejar los ruedos Rovira se dedicó a apoderar toreros. Falleció en Cuernavaca, México el 3 de junio de 2007.

domingo, 22 de diciembre de 2013

21 de diciembre de 1952: El Ranchero Aguilar y Náufrago de Rancho Seco

Jorge El Ranchero Aguilar
(Foto cortesía altoromexico.com)
En el transcurso de la semana me preguntaba qué tema abordar para estos días en los que la atención de muchos está en otros temas. Al revisar las efemérides me encontré con que hace algo más de seis décadas al igual que éste día se lidió en la Plaza México una corrida de Rancho Seco a la que enfrentaron Andrés Blando, Luis Miguel Dominguín y Jorge El Ranchero Aguilar. Vistas las crónicas escritas acerca del mismo, me decidí a presentárselos como el tema por este par de días.

La temporada 52 – 53

En el ciclo de corridas que ofreció el doctor Alfonso Gaona entre el 2 de noviembre de 1952 y el 1º de marzo de 1953 – en número de 18 – destacaron las confirmaciones de alternativa de Luis Miguel Dominguín y de Rafael Ortega – éste, en su única actuación en La México –; las despedidas de Carlos Arruza y Silverio Pérez; las grandes faenas de Manuel Capetillo a Fistol de Zotoluca, del Ranchero Aguilar a Montero de San Mateo, de Carlos Arruza a Bardobián de Zacatepec, de Luis Miguel a Pajarito de San Mateo, de Luis Procuna a Polvorito y de Manolo dos Santos a Lusitano, ambos de Zacatepec. Es también la temporada de las grandes broncas de Luis Procuna, que tienen su clímax la tarde del 15 de febrero de 1953, cuando el Berrendito regala al citado toro Polvorito y revierte una tarde en la que exhibió la summa de sus fracasos y tuvo su renacimiento como torero.

La 10ª de la 52 – 53

Luis Miguel Dominguín
(Foto: James Burke - Life, 1959)
Para la décima corrida de la temporada, decía que se anunció a Andrés Blando, Luis Miguel Dominguín y Jorge El Ranchero Aguilar con toros de Rancho Seco. El primer espada se presentaba en la temporada y en cierta manera era retribuido por un triunfo que había logrado al final de la temporada anterior, en tanto que los otros dos alternantes eran de los triunfadores de la temporada.

Luis Miguel Dominguín, en su tercera aparición consecutiva del ciclo, había logrado ya revertir la hostilidad que inicialmente tuvo la afición mexicana en su contra, que llevada por las versiones que culpaban al madrileño de la muerte de Manolete, le recibió de mala manera y estaba dispuesta a abroncarle por cualquier causa. Delante del toro fue como demostró su real valía y el hecho de que todo lo demás eran solamente infundios.

La crónica escrita por Carlos León para el ya extinto diario Novedades de la Ciudad de México, relata en lo que interesa, lo que sigue:
Otro gran triunfo del “Ranchero”: Corta dos orejas. – Luis Miguel lidió bien al quinto y lo mató de volapié concediéndosele un apéndice. – Aguilar, en el que cerró plaza, un mozo de 548 kilos, armó el alboroto y salió en hombros. – Andrés Blando, incoloro. – ¡Qué buen torero es Luis Miguel!. – Tan bueno, que como no pueden acabarlo en franca lid sobre los ruedos, han tenido que servirse de medios innobles. Primeramente, la necia campaña de desprestigio, que se derrumbó en pocos segundos cuando Luis Miguel conquistó al público el día de su debut. Después, la sucia calumnia de que había triunfado con toros “afeitados”, infundio que las autoridades deshicieron, poniendo en ridículo al vil calumniador. Y por último, ayer, los “reventadores” a sueldo que buscaron sacar de quicio a “Dominguín”, mientras éste, flemático y torero, sin perder la calma en ningún instante, fue callando poco a poco los gritos, hasta cuajar un triunfo y cortar una oreja… No fue un triunfo fácil y por ello tuvo mayor mérito. Teniendo que vencer un ambiente molesto, luchando a la vez con los toros y con los enemigos emboscados. Luis Miguel hizo gala de una gran serenidad y fue labrando el triunfo paso a paso, conquistando el terreno palmo a palmo, hasta imponerse triunfador sobre las circunstancias difíciles y las opiniones adversas, sosteniéndose, a la postre, en el sitio señero de mandón de la fiesta… En cambio para Jorge Aguilar todo era propicio. Sus éxitos recientes le habían ganado el favor popular, muy justificado por cierto. Pero, sobre todo, su gesto hombruno de darle la pelea en el ruedo a Luis Miguel, en vez de rehuir la batalla y darla solamente a través de sus publicistas, lo traía de antemano aureolado de un prestigio varonil que además justificó bravíamente con el sexto de la tarde. Así, el “Ranchero” no tuvo que agazaparse tras las turbias calumnias de “Don Primicio”; ni menos necesitó pagar gritones que fueran a zaherir a un compañero. Le bastó con dar la pelea franca y abierta, con auténtica nobleza, para unir su triunfo al de “Dominguín”, cortar orejas y salir en hombros de los aficionados… Dos orejas para Aguilar. No nos gustó Jorge con su primero. Se atrabancó, se atropelló, anduvo sin plan por toda la plaza, derrochando agallas, pero sin acoplarse con “Bandolero”, viéndose en apuros hasta para pasaportarlo con la tizona… Pero a “Náufrago”, el sexto, le cuajó una faena pletórica de emotividad, de las que llegan hondo a las masas, tanto por el valor que derrochó como por las excelsitudes que alcanzó en instantes de buen toreo… “Náufrago”, que fue el único toro bravo del encierro y que pesaba además quinientos cuarenta y ocho kilogramos y traía pujanza y fiereza, ayudó a hacer más impresionante la labor de Aguilar. Desde los muletazos iniciales, por alto, en que la fiera embestía arrolladora y el “Ranchero” se paraba inmóvil, la nota dramática se posesionó de los espectadores. Poco después de aquél preámbulo estoico, Aguilar encendió más aún los entusiasmos al correr la mano en los derechazos de angustioso corte, pero mandando sobre la fiera. Igualmente en sus naturales, el moreno se recreó, saboreó lo que hacía, logrando que en ningún momento se perdiera el ángulo dramático y emotivo que culminaría cuando se echaba al toro por delante en el garbo de los forzados de pecho. Con el ruedo lleno de sombreros y con la muchedumbre enloquecida, desorbitada por el angustioso toreo del mexicano, ya lo de menos fue que Jorge pinchara y que enseguida rematara su labor con un espadazo caído. El tan solo quería que se muriera el toro, para izar en hombros al ídolo popular de la presente temporada. Y tras de concederle las orejas, en volandas se lo llevaron, triunfador, culminando así otra actuación relevante de este muchacho que está en su momento y está sabiendo aprovecharlo…
La última tarde de Juan Espinosa Armillita

Juan Espinosa Armillita
(Foto: Luis Reynoso)
La fiesta es de triunfo y tragedia y en esta tarde no pudo apartarse de los triunfos relatados antes, la tragedia de uno de los más grandes toreros de plata que hayan pisado un ruedo en lo que un día fuera el planeta de los toros. Me refiero a Juan Espinosa Armillita, personaje del que ya me he ocupado en otro espacio de esta misma Aldea, quien esa tarde salía en la cuadrilla de Luis Miguel Dominguín.

Juan Espinosa Saucedo se había retirado de los ruedos el 3 de abril de 1949 junto con su hermano Fermín y volvió a los ruedos esa temporada para auxiliar a los hermanos Pepe y Luis Miguel Dominguín en su primera campaña americana, en reconocimiento a la amistad que unía a las familias de ambos toreros. 

El segundo toro de la tarde, llamado Cañí, le prendió al colocar el primer par de banderillas, al parecer sin consecuencias, pero el torero se dolió del golpe y pasó a la enfermería en donde se le encontró una cornada de grandes proporciones. El parte médico rendido fue el siguiente:
Herida con orificio de entrada de cuatro centímetros, penetrante de vientre y tórax por donde hace hernia el epiplón mayor en la base del hemitórax izquierdo, cara lateral a la altura del décimo espacio intercostal. Interesó partes blandas, fondo del saco pleural, peritoneo y fosa renal izquierda, dejando al descubierto el riñón. El diestro sufre fuerte estado de shock y la herida es de las que ponen en peligro la vida.
Juan Espinosa Armillita se recuperó del percance y vivió varios años más, pero esa fue la última tarde que salió a un ruedo vestido de luces.

jueves, 25 de abril de 2013

Tal día como hoy: 1956. Luis Miguel Dominguín, triunfador de la feria


La Plaza de Toros San Marcos fue escenario de las corridas de nuestra feria desde su inauguración, un 24 de abril de 1896. En su ruedo han actuado casi todos los toreros que la historia reconoce como las principales figuras de la tauromaquia, así entre los diestros hispanos, nombres como los de Antonio Montes, Luis Mazzantini, Ricardo Torres Bombita, el genial Rafael Gómez El Gallo, Ignacio Sánchez Mejías, Marcial Lalanda o Manolete en alguna fecha fueron parte del reclamo para que la afición se congregara en el coso de la calle de la Democracia.

El nombre de Luis Miguel Dominguín se suma a esa lista de ilustres, cuando es anunciado para lidiar mano a mano con Alfonso Ramírez Calesero, un encierro de don Ramiro González. Evidentemente el anuncio de esa corrida, segunda de la feria, produjo gran expectación, porque la presencia de una figura de la importancia del madrileño en nuestra plaza no era cosa común en aquellos años. La información previa a la corrida resalta lo siguiente:

Hoy es el día grande de Aguascalientes, y en la arena del coso San Marcos va a tener realización el tan ansiado y esperado mano a mano de Luis Miguel Dominguín y Alfonso Ramírez "Calesero"... No sería hiperbólico afirmar que en esta tarde, el centro de gravedad taurina del mundo estará situado en el coso San Marcos; sobre sus arenas se fijarán, plenas de expectación, las miradas de los aficionados de uno y otro lado del charco, dispuestas a dar fe de las hazañas de los dos ases del toreo... Incidentalmente, resulta adecuadísimo para festejar el sexagésimo aniversario de la inauguración del coso San Marcos, suceso que tuvo lugar la tarde del ya lejano 24 de abril de 1896... El lleno puede darse por descontado: la solemnidad de la fecha, la categoría y el indiscutible atractivo de los matadores y el ya sólido prestigio de la vacada de don Ramiro González, han despertado entre los aficionados de todos los puntos del país un interés y entusiasmo desusados por asistir al festejo... Todo se ha conjuntado para hacer de la de esta tarde una corrida excepcional, una fecha de relieve extraordinario, un festejo de los de pronóstico...

Ese era el ambiente previo a la corrida que resultó triunfal para Luis Miguel, según lo cuenta la crónica publicada en El Sol del Centro del 26 de abril de 1956, firmada en esa oportunidad por El Reserva y que en lo medular dice:

Triunfo rotundo de Luis Miguel. Cuajó dos faenas plenas de calidad, mando y torerismo. Chispazos de arte de Calesero; los de Ramiro González, nobles y fáciles. En tanto que Alfonso Ramírez fue de nueva cuenta el orfebre de los fugaces lances de calidad excelsa... Luis Miguel Dominguín cuajó una actuación pletórica de solidez y torerismo y, tras de haber sido recibido hostilmente, concluyó convenciendo a todos y llevándose consigo la admiración de forasteros e indígenas... No es la suya una de esas personalidades que, por lo brillantes o simpáticas se adentran luego en el corazón de los públicos, ni tiene su toreo la caleidoscópica luminosidad o la intensidad dramática que singulariza el arte de otros coletudos; por el contrario, su porte adusto, casi altanero, repele mejor que atrae, y su toreo que, por lo seco en ocasiones antójase desangelado, logra a la postre conquistar la admiración del pópulo por la ardua vía del convencimiento... El toreo es el arte de dominar las reses bravas; y esto, señorío absoluto sobre el astado, dominio de las suertes y de las variables situaciones de la lidia; la eficacia aunada al bienhacer, la destreza en feliz conjunción con el arte, tal fue, en síntesis, la actuación de Dominguín... Tan brillante como meritoria resultó su labor con el cuarto "Corsetero", un burel que como sus hermanos, fue noble y manejable, aunque no anduvo sobrado de alegría. Luis Miguel lo lidió con acierto, lo "metió" en el engaño y, midiendo con singular precisión el ritmo de cada embestida, tirando del bicho con mando inexorable, fueron brotando las tandas de derechazos, las repetidas series de pases naturales. Producíase luego, con oportunidad y gallardía el remate de la tanda, y a los pies del diestro rodaba la ovación. Porque el público, que principió jaleando débilmente los primeros muletazos, acabó por entregarse al madrileño y rendirle su admiración. Vinieron los adornos y, tras los adornos, la estocada en sitio desprendido, ejecutando la suerte con clasicismo. Y al rodar "Corsetero", albearon los tendidos y, con ambas orejas y el rabo del bicho en las manos, Luis Miguel recorrió el ruedo por partida doble... Tan lucido paréntesis tendría más tarde una prolongación durante la faena del sexto, "Canastero"... También entonces el dominio del diestro hizo factible la realización de un trasteo de tanta calidad y brillantez, como mérito, porque "Canastero", mansurrón y sin enjundia, acabó por rendirse al poderío de la muleta del madrileño que, como en su turno anterior, dedicóse a trazar reiteradamente la semiparábola del toreo verdad, con asentamiento, temple y mando singulares... Dos pinchazos rematados con una estocada honda en el sitio debido, dieron término a la vida de "Canastero". Y entre ovaciones y música y a hombros de los capitalistas, Luis Miguel Dominguín recorrió por última vez el ruedo sanmarqueño...

Como podemos ver, aún en esos tiempos se seguía reprochando a Luis Miguel Dominguín su participación en la corrida de Linares en la que perdiera la vida Manolete. A ello se agregaba el hecho de que su relación profesional y personal con Carlos Arruza no era de lo mejor, lo que trascendió a los medios de la época y por eso se le hostilizaba al aparecer por la puerta de cuadrillas. Eso aumentaba el grado de dificultad en sus actuaciones y el valor de los triunfos que obtenía, a partir de poder con los toros… y con los públicos.

El festejo de hoy: Corrida llamada Ponciana. Dos reses de Los Encinos para rejones y cuatro de San Isidro para Pablo Hermoso de Mendoza, Fermín Spínola y Joselito Adame.

lunes, 23 de enero de 2012

Relecturas de Invierno (III)


Recuerdos de un Torero. Andrés Luque Gago

Uno de los libros publicados el pasado 2011 que despertaron mi interés desde que se anunció su salida a la luz fue el que titulado Recuerdos de un Torero, trajera a la afición las remembranzas de uno de los más destacados toreros de plata de la segunda mitad del Siglo XX, don Andrés Luque Gago.

Más que una autobiografía, Recuerdos de un Torero resulta ser una recolección ordenada de una serie de recuerdos del paso por los ruedos de Andrés Luque Gago, quien en esa serie de apuntes, ordenados y pulidos por su hijo Andrés Luque Teruel, refleja la intensidad con la que puede vivir su paso por los ruedos aquél que tiene vocación por ser torero y que reconoce en el vestir el terno de seda y alamares una especial dignidad, la que de acuerdo con el ser y el parecer de cada quien, le otorgará su sitio dentro y fuera de los redondeles.

De su paso por el escalafón novilleril, Luque Gago recuerda lo siguiente:

…Tenía buenas formas, me faltaba ambición y, por eso, la principal cualidad para ser figura. En aquél momento, tampoco me acompañaba el físico, condición que, sin duda, y aunque entonces no lo supiese, determinaba la anterior carencia. Esa circunstancia limitaba y, en última instancia, impedía la mentalización necesaria para una lucha tan dura…

De allí su decisión de aceptar la invitación que le hiciera Curro Girón para ir con él como banderillero y a partir de ese momento, iniciar una andadura que duraría treinta años largos en el entorno de los principales toreros de su tiempo.

Ya como hombre de plata, Andrés Luque Gago presenta una serie de retratos de los diestros con los que formó cuadrilla. Luis Miguel Dominguín, Carlos Corbacho, José Julio, Manolo Vázquez, Miguelín, Pedrés, Antonio Bienvenida, Antoñete, Antonio Ordóñez, Francisco Ruiz Miguel, Paquirri, Manolo Arruza y Rafael de Paula. En algunos de esos retratos la técnica empleada es más impresionista que en otros, dependiendo del tiempo y la cercanía mantenidos con sus maestros, pero deja claro en todos los casos, el profundo respeto sentido por los jefes de cuadrilla a cuyas órdenes estuvo.

Por ejemplo, de Ordóñez en el ruedo, dice lo siguiente:

…Nosotros estábamos muy pendientes y cuando remataba, le quitábamos el toro rápido, de manera que evitábamos los tiempos muertos o las simples demoras… Con la mirada nos decía dónde debíamos colocarnos y dónde teníamos que situar al toro. Un simple gesto lo decía todo…

Y de su paso por la cuadrilla de Ruiz Miguel, recuerda esto:

…La diferencia de ganado era abismal. Luis Miguel, veterano y ya por encima de los condicionantes de la temporada, intervenía en corridas elegidas, con toros de ganaderías acreditadas y cómodos de juego y presentación; Ruiz Miguel, joven y capacitado, lo hacía ante todo tipo de toros y las ganaderías más duras incluidas las de Miura, Pablo Romero y todas las variantes de Santa Coloma y Atanasio…

También habla de la necesidad del torero de ir al campo, pues lo reconoce como el laboratorio de la técnica y así repasa primero su formación en los tentaderos de Juan Belmonte en Gómez Cardeña, Joaquín Buendía, los de las familias Galache y Cobaleda, los hermanos Cembrano, pero teniendo siempre como cuartel general de invierno la finca de los Rodríguez Pacheco en Ciudad Rodrigo, lugar en el que reconoce que adquirió el oficio para volverse torero de plata.

Luego, ya maduro y en el lugar de los principales dentro de los de su escalafón, persistiría en el paso por los tentaderos, recordando especialmente los compartidos con Luis Miguel Dominguín y Paquirri:

…Como sucedía con Luis Miguel Dominguín, pasábamos parte del invierno en el campo, en su finca de Cantora. En una ocasión, le compró ochenta vacas con más de diez años a Manuel Camacho, procedencia Núñez, que llevamos entre los dos y a pie de finca a finca, con la única ayuda del picador Antonio Torres. Pasábamos los días entrenando, jugando al fútbol y retentando ese ganado…

Por supuesto que guarda recuerdo y respeto también para sus compañeros Alfredo David – de quien reconoce su gran toreo de capa –, Michelín, El Boni, Julio Pérez Vito, Enrique Bernedo Bojilla y Luis González entre los que más nombra, aunque reconoce como sus espejos a Juan de la Palma, Chaves Flores y Tito de San Bernardo:

…Juan de la Palma, hermano y banderillero de Antonio Ordóñez… se convirtió en toda una referencia. Su dominio de los terrenos y la eficacia con la que desplazaba a los toros le daba un toque elegante sin acaparar ningún protagonismo. Lo veía y pensaba que algún día llegaría a tener esa soltura… Chaves Flores era un modelo para buenos aficionados… ofrecía garantías a toreros de corte muy distinto… Tito de San Bernardo, otro lidiador, capotero le decíamos entonces, con un conocimiento de los terrenos, dominio y temple fuera de lo común…

Andrés Luque Gago dejó la vida profesional como banderillero en abril de 1986 y como señala en el capítulo final del libro, sigue como aficionado disfrutando la fiesta a la que tanto dio y la que mucho también le ha dado. 

En lo personal, le recuerdo en su actuación los domingos 27 de enero y 3 de febrero de 1980, a las órdenes de Rafael de Paula en la Plaza México. Las circunstancias no fueron las propicias para el torero jerezano, pero Andrés Luque Gago pudo cautivarnos con su fino capote de brega, tanto así, que se le otorgó el Trofeo Domecq al mejor de su especialidad por esa temporada 1979 – 1980.

Como lo he afirmado en anteriores oportunidades, espero que con lo aquí presentado se despierte su interés por la lectura de este libro, que es de los que le mantienen a uno prendido a la tela hasta que concluye. Es por eso que no abuso ya en intentar describir la obra, o de citar más de su contenido, invitándoles mejor a que la obtengan y la lean en su integridad.

Recuerdos de un Torero
Andrés Luque Gago
La Isla de Siltolá
Colección Levante
Sevilla, 2011
ISBN 978 – 84 – 15039 – 41 – 9

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