domingo, 28 de junio de 2020

En el centenario de Carlos Arruza (VII)

25 de junio de 1945: Arruza convence a Madrid en la corrida del Montepío de Toreros

La terna de la Corrida del Montepío de 1945
Foto: El Ruedo
La Asociación de Auxilios Mutuos de Toreros y su Montepío fue fundada en 1909 por Ricardo Torres Bombita. Ya con anterioridad Luis Mazzantini había advertido la necesidad de una unión de esa naturaleza, pero es la actividad del diestro de Tomares la que logra cristalizar la fraternidad y conseguir que los toreros y la Unión de Criadores de Toros de Lidia hagan aportaciones para tener un fondo de previsión para sus socios y se estableció además el deber de los asociados de torear corridas a beneficio de la Asociación y su Montepío en las diversas plazas españolas y se convino con la empresa de la plaza de Madrid que se separaría una fecha de importancia cada año para la celebración del festejo correspondiente en la capital española.

El Montepío de Toreros fue presidido por toreros de importancia en la historia. Evidentemente el primero que lo dirigió fue Bombita, pero también en su decurso lo encabezaron diestros como Vicente Pastor, Gallito, Juan Belmonte, Domingo Ortega, Marcial Lalanda o el mismo Carlos Arruza, quien para el año de 1946 fue electo para dirigirlo, no obstante no ser de nacionalidad española, dados los grandes gestos de solidaridad que tuvo siempre para con sus compañeros de profesión.

La corrida del Montepío de Toreros de 1945

El cartel que se confeccionó para ese lunes 25 de junio de 1945 fue integrado por Luis Gómez Estudiante (alternativa de 1932), Carlos Arruza (alternativa de 1940) y Luis Miguel Dominguín (alternativa de 1944), quienes enfrentarían un encierro de encaste Contreras de Manuel González, una ganadería que vivía horas bajas. Pese a las adversidades del clima, la plaza de Las Ventas se llenó. La afición también fue solidaria con los toreros, dado el fin benéfico del festejo. Dice Manuel Sánchez del Arco Giraldillo en el ABC madrileño del día siguiente del festejo:
Está llena la plaza. Van a correrse seis toros de Manuel González, de Salamanca, por las cuadrillas de “Estudiante”, Arruza y Luis Miguel “Dominguín”. Poco antes de comenzar la corrida descarga una fuerte tormenta, pero la gente no se retrae. Preside el Sr. Cartier...
Como se ve, el cartel tenía el atractivo suficiente, con un torero veterano, cuajado, la figura emergente del momento y un torero joven en ascenso, como para que los elementos no fueran suficientes para hacer que la concurrencia se retirara de sus localidades y aguantaran a esperar que escampara, pues como lo señalara Alfredo Marquerie en su columna Banderillas de fuego de El Ruedo, la corrida comenzó apenas cinco minutos después de la hora programada.

El triunfo de Arruza

Carlos Arruza saldó su actuación con tres orejas en la espuerta. Y de acuerdo con las crónicas, fueron tres orejas de muy distinto valor, porque la que cortó al segundo toro de su lote fue arrancada a sangre y fuego, a un toro de esos que hoy se diría que tienen un peligro sordo, que no se nota y las faenas que se les hacen, muchas veces son incomprendidas desde los tendidos. La crónica de Giraldillo, en la parte reflexiva, señala lo siguiente:
No necesita su nombre el acompañamiento de los signos de admiración que fui poniendo a lo largo de mis notas la tarde de ayer. Basta decir Arruza, así, sencillamente. Su nombre está ya en las bocas infantiles y se le canta en el corro, signo de la máxima popularidad. Aquí está Arruza, el torero nacido en Méjico de sangre española. Estoy por decir que es más nuestro que de ellos, por el estilo y la calidad. Tres orejas cortó ayer. No valía nada el torillo segundo, pero él sugestionó al público, y el toro comenzó a crecer y la cosa a revestirse de seriedad. Arruza sugestiona, alucina. Y – ¡de esto no quepa duda! – lo que consigue tiene como fundamento el conocimiento hondo y perfecto del oficio. Lo que le resulta, le resulta por el fondo torero que luego logra forma espectacular. De lo contrario, Arruza sería juguete y carne de los toros. Y sabe suplir con espeluznantes arrestos lo que falta de toro. ¡Qué poco toro había en el segundo! ¡¡Pero qué torero!! Por eso pudo cortar dos orejas. Cuando reaccionó la gente y recordó la poca fuerza del toro, las orejas estaban en manos de Arruza y lograda la apoteosis. Pero salió el quinto, un toro serio, a la defensiva, bronco, de mal estilo. ¡Ay si Arruza no fuera ante todo un torero fundamental cómo hubiera cambiado la decoración en este toro! Aquí sí que estuvo bien. Mucho mejor que en el otro. Para el aficionado y el crítico aquella lidia seca, cargada, larga, aquellos pases al toro entablerado, aquel conjunto serio de torear admitía parangón con lo mejor que hemos visto, leído y oído contar a los viejos. La figura cumbre del fundador del Montepío sonreía, gozosa, desde su gloria. Así, señores, así se toreaba a los mansos, así se torea. Y en este toro mereció Carlos Magno los honores todos. Le aplaudieron todos, le dieron una oreja, pero no le entendieron. Dominó al toro, pero no sugestionó al público que no comprendió todo el mérito de la faena. Las tres orejas cortadas estuvieron en manos de Arruza. Esto es el resumen de la tarde...
Como se ve, en la faena realizada por Arruza a ese toro quinto, la concurrencia se concentró más en la forma que en el fondo, pero el cronista, creo, pudo apreciar que el torero supo imponerse a las condiciones del astado y darle la lidia que requería y además hacerlo con lucimiento, aunque en las gradas no fuera suficientemente valorado. No obstante, en el anterior, el menos complicado, ya había asegurado la puerta grande.

El resto del festejo

La corrida de Manuel González no fue fácil para los toreros. Débiles unos, broncos otros, no parecieron adecuados para un acontecimiento como la corrida del Montepío de Toreros. Así, Estudiante y Luis Miguel Dominguín solamente tuvieron ocasión de exhibir pundonor y entrega. Así se refiere a su actuación Manuel Sánchez del Arco:
Luis “El Estudiante”, pundonoroso, bravo, veteranía simpática y honrosa - en la línea austera de Villalta -, toreó muy bien de capa. Hizo quites de emoción y dio muletazos formidables. Es todo un torero “Estudiante”... 
Luis Miguel tuvo mucha voluntad. Acudió a los quites con entusiasmo y dio estilo a sus derechazos, pugnando por empalmar faena. Entre los valores nuevos, Luis Miguel tiene puesto de honor, aunque aún no ha dado su tarde de matador de toros en Madrid... 
Y todos merecieron la salida triunfal, como pago al gesto generoso que tuvieron...
Una corrida complicada generalmente requiere de una actuación impecable de las cuadrillas. En esta tarde destacó con Carlos Arruza el hacer de Fernando Gago, quien con las telas se condujo sin tacha:
Mención aparte merece Fernando Gago. Tenemos en él un gran torero de a pie. Arruza le cuenta como su mejor auxiliar. Bien colocado siempre, yendo al toro en los momentos difíciles, Gago está en la primera categoría de hoy y admite parangón con los mejores peones…
En conclusión

Es esta en teoría, la segunda salida en hombros de Carlos Arruza de la plaza de Madrid. La primera sería la de la tarde de su confirmación de la que existen versiones de prensa contradictorias acerca de si cortó una o dos orejas al segundo toro de su lote.

Carlos Arruza torearía y triunfaría en otra corrida del Montepío de Toreros, ya como Presidente de éste, el 3 de octubre de 1946, pero esa es ya otra historia.

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