viernes, 27 de febrero de 2009

Instantes


Para ser alguien a quien – según confesión propia – la comunicación por medio de la pluma no se le da, Heriberto Murrieta ha logrado labrar un buen sendero en esta arista de su quehacer taurino, si vemos que entre su obra se cuentan El Toreo-Verdad (1992), Tauromaquia Mexicana. Imagen y Pensamiento (1994, con reedición por la UNAM en 2004), Cien Jueves Taurinos (1995),Silverio Pérez (1999), Los Cronistas (1999, aunque no de tema exclusivamente taurino, tiene tres capítulos dedicados al tema en las personas de Alonso Sordo Noriega, Pepe Alameda y Paco Malgesto) y Vertientes del Toreo Mexicano (2008), obra esta última, presentada en Aguascalientes apenas en mayo pasado.

Hoy por la mañana, en el segundo patio de lo que fuera la casa vincular del Mayorazgo Rincón Gallardo y que hoy es la sede del Poder Ejecutivo del Estado, acompañado por el Gobernador del Estado, el Ingeniero Luis Armando Reynoso Femat y el Director Técnico de la Escuela de las Artes y la Tauromaquia, el matador de toros en el retiro César Pastor, Heriberto presentó la obra que realizó conjuntamente con el joven fotógrafo Pablo Esparza titulada Instantes, compuesta de 137 imágenes, en las que se recoge en una secuencia que lleva solución de continuidad, todo el tránsito del toreo, desde el origen del toro en el campo, hasta su arrastre en la plaza de toros.

La vinculación de Heriberto Murrieta con Pablo Esparza viene a partir de que formaran equipo para cubrir los festejos celebrados en la Plaza México para los diversos medios informativos en los que colabora el escritor, de esa manera, han ido formando una colección fotográfica que revela la variedad, el colorido y la riqueza de la fiesta, misma que consideraron válida para ponerla a disposición de quienes tienen afición tanto a los toros, como a la fotografía como expresión artística.

Para el artista de la cámara, la publicación resulta ser un compendio de la búsqueda de la magia que hay en lo taurino, representa un recorrido cronológico desde que el toro está en su hábitat natural, hasta que llega a la plaza y allí comienza su interacción con el hombre, principalmente con el que está vestido de luces en el ruedo y que unidos, transmiten a los que ocupan los tendidos una serie de sensaciones que marcan el rumbo y el destino de los festejos que se celebran.

Las imágenes captadas por la lente de Pablo Esparza, pretenden precisamente, dejar una impronta de esos impactos emocionales, algunos gratos, otros dolorosos, como un gran panóptico de las luces y de las sombras de lo que es la esencia del juego de vida y muerte que es la fiesta de los toros.

El libro precisamente como lo describe el título de la obra, capta en esos 137 instantes, lo que constituye la esencia de la fiesta de los toros y desde mi punto de vista, resulta un interesante medio para difundir los valores de la fiesta y también para defenderlos, sobre todo hoy en día que son objeto de tanto descrédito por aquellos que no los comprenden y que acercándose a obras como esta, podrían captar mejor su sentido.

domingo, 22 de febrero de 2009

Jesús Gómez Medina (1918 – 2009)

El pasado martes, el decano de los escritores de toros en México entró en la inmortalidad. Su desaparición física deja un lugar que difícilmente será ocupado en los menesteres de la crónica y la crítica de estos temas y deja tras de sí una rica herencia de cultura que queda plasmada en sus escritos, los que se distinguieron siempre por la ecuanimidad, el correcto uso del idioma y como escribía hace unos días el amigo Gustavo de Alba una prosa casi poética, en la que se puede resumir la historia taurina de Aguascalientes de la última mitad del Siglo XX.

Don Jesús relataba que sus primeros festejos los presenció en su niñez, acompañando a su padre o a alguno de sus hermanos mayores y recordaba también que su primer contacto con el periodismo taurino lo encontró con la lectura de las crónicas de Carlos Quirós Monosabio, publicadas en el diario El Universal de la Ciudad de México, en la parte final de la década de los veinte y principios de los años treinta del pasado siglo, volviéndose asiduo de las plazas locales a partir del año de 1936, cuando decía, acudió a presenciar un mano a mano entre Calesero y Juan Estrada con novillos de Matancillas, siendo que a partir de ese día presenció casi todos los festejos que se dieron en nuestros ruedos, de manera ininterrumpida hasta el año de 1995.

A instancias del médico de los toreros, Óscar Hernández Duque, se inicia como escritor de toros en 1944, haciendo las reseñas de los festejos para las revistas La Lidia y La Fiesta, fundadas por Roque Armando Sosa Ferreyro Don Tancredo, con quién le unió una sólida amistad y en 1948, el licenciado Ignacio Lomelí Jáuregui, director a la sazón de El Sol del Centro, le invita a encargarse de la sección taurina de ese diario, la que como decía, ocuparía durante alrededor de cincuenta y un años, junto con la corresponsalía de los diarios de la Cadena García Valseca, hoy Organización Editorial Mexicana.

Tuvo un breve tránsito como Juez de Plaza – Presidente – durante la Feria de San Marcos de 1974, serial en el que se pudo observar el contraste de su verticalidad de aficionado con los criterios de los taurinos. La del 74 fue una feria accidentada, en la que por pretender hacer valer la autoridad que su cargo en la plaza le otorgaba y con ella imponer el criterio del que paga su entrada por ver un espectáculo íntegro, tuvo frecuentes roces con los profesionales. Llevó a buen puerto la nave, pero no volvió a ocupar el palco de la autoridad.

En 1992 publicó el libro La Ciudad, La Fiesta y Sus Plazas, una edición de Gobierno del Estado de Aguascalientes, que hace un recorrido por la historia de la fiesta en Aguascalientes y resalta algunos de los hechos más importantes ocurridos allende sus linderos. La obra tuvo como propósito el difundir la remodelación y ampliación de la Plaza Monumental Aguascalientes que le dio la fisonomía y la capacidad que actualmente tiene.

Don Jesús Gómez Medina fue un hombre respetado en su ejercicio como escritor e informador taurino. Su verticalidad dejaba fuera de duda la información que transmitía y su estilo fluido y de buena construcción lingüística hacía placentera la lectura de sus colaboraciones, que con mucho, sirvieron para formar a más de una generación de aficionados en esta su tierra.

Concluyo con una reflexión de don Jesús contenida en su libro citado arriba, que bien ilustra su manera de ser y de ver la vida y la fiesta:

…a través de los muchos años de espectador asiduo de la fiesta, he sido testigo de los cambios que se han operado en ella. Tan solo quiero mencionar dos, ambos muy significativos y de suma trascendencia: el primero, en el ganado, en el toro de lidia. A fuerza de insistir en la búsqueda de un astado ideal para el toreo artístico, de calidad o estilizado, al toro se le ha disminuido al máximo su condición esencial: la bravura.

Y si a esto se añade la viciosa práctica de lidiarlo prematuramente, cuando ni por su edad, trapío y peso, a despecho de lo que el mentiroso cartel proclama, es en realidad un toro como se entiende que debe ser destinado a la lidia, tenemos como resultado necesario el espectáculo despojado de emoción y de calor en que se convierten muchas veces los festejos taurinos.

Añádase a lo anterior la monotonía, la ausencia de variedad y las faenas a golpe cantado que suelen ser las que nos ofrecen los astros mayores y menores de la época, y habremos identificado otro de los aspectos del toreo actual. Que, por lo demás, posee una plasticidad y una belleza formal indiscutible, pero al que no le sobraría una inyección de emoción para que fuera mejor. Y no olvidemos que la emoción está en el toro…

Por mi parte debo admitir que estoy en deuda con el espectáculo taurino. Le debo muchos, incontables momentos en los que disfruté a plenitud de la emotividad y de la gallardía y de la belleza del arte del toreo. Conocí y gocé del toreo de los ases de la edad de oro – Fermín, Lorenzo, “El Soldado”, etc. – y actualmente disfruto y gozo por igual con las actuaciones de Miguel de Gutiérrez, del Niño de la Capea, de Ortega Cano…

Además, por los toros o a través de los toros he conocido a muchos de los que han sido o son mis mejores amigos.

Algo más le debo al toreo: el haber disfrutado mucho de lo que de calidad y del valía existe en la literatura y en las bellas artes, en relación con el espectáculo taurino…


(Jesús Gómez Medina, La Ciudad, La Fiesta y Sus Plazas, Gobierno del Estado de Aguascalientes, 1ª edición, 1992, Págs. 211 – 212)


Así pensaba un hombre íntegro, un gran aficionado que nos hará mucha falta en el tendido de nuestras plazas y al que solamente le quedó una asignatura pendiente desde mi punto de vista, que bien puede ser una deuda que la fiesta tiene con él y es la publicación de un libro con una selección de sus crónicas más señaladas. Espero que pronto se le reconozca su trayectoria de esa manera.

martes, 17 de febrero de 2009

Una mujer universal


Conchita Cintrón ha hecho el último paseíllo. Personificó la clase y la feminidad en un ambiente que generalmente se ha considerado cosa de hombres. Su personalidad es el claro ejemplo de lo que es la auténtica unidad en la pluralidad diversa. Torera en el ruedo, esposa, madre de familia, extraordinaria escritora. Una mujer en toda la extensión que el término admite. Y no hacía manifestaciones. Hoy le recuerdo con la décima que José Alameda le dedicara en su día y que viene de un genio a otro genio...





Décima a Conchita Cintrón

Por el ruedo del ensueño
te sueño toda de oro
y todo de negro el toro
fundidos en un empeño
casi verdad, casi sueño.
Y me pregunto por qué,
ni siquiera en sueños sé
como juntas, amazona
la elegancia de Gaona,
con la llama de José.

domingo, 15 de febrero de 2009

Sevilla canta en Aguascalientes…


Hace muchos años, Jorge Negrete y Carmen SevillaGitanillo de Triana estuvo en el reparto –estelarizaron una película titulada Jalisco canta en Sevilla. De allí y del anuncio que se hizo el pasado jueves de la Feria Mundial del Toro, tomo el título de este post, sobre todo, que en estos días, en uno de esos canales de nostalgia pasaron por la televisión la película de marras.

Me llama la atención que desde noviembre pasado que se anunciara que Aguascalientes adoptaría a la referida Feria Mundial, de este lado del mar ya no se haya tocado el tema, ni siquiera de manera incidental y sí en cambio, en la cuna del evento, se de como un hecho, de que en el último tercio de este 2009, se verificará en nuestro suelo, una reedición a manera de franquicia con derechos de uso de marca de la que tendrá lugar en Híspalis dentro de unos días.

Ya decía a principios de diciembre que eso era lo que sucedería. No me sonaba lógico que Sevilla abandonara un proyecto tan rentable por muy grande que fuera el actual proceso de crisis y lo enviara allende el Atlántico. Ahora intento averiguar cómo se vería entre nosotros la parte comercial de esa feria, pero el sitio en el que se supone que podríamos ver ese despliegue, está aún en proceso de ser integrado en alguna de sus partes.

También me despierta curiosidad el saber qué eventos taurinos, aparte de la corrida de los aledaños del 2 de noviembre tendríamos – tientas, alguna novillada adicional, el espectáculo de Salvador Távora, etc. – y si la Feria del Toro podrá competir con el ya establecido Festival de Calaveras que tiene como centro la celebración del Día de los Fieles Difuntos, tal y como lo hacemos aquí en México, porque seguramente nuestro Alcalde la usará como medio para impulsar su pretensión hacia la gubernatura de Aguascalientes, tal y como lo anunciara el pasado noviembre de 2008.

Total, que el anuncio hecho por la UCTL y FIBES deja una serie de hiatos que no tienen respuesta de momento, pero que si revela otros interesantes, como que allá todo tiene un costo y aquí estamos acostumbrados – mal quizás – a que esos eventos son gratuitos, ¿podremos empatar criterios en ese sentido?, ¿quién absorberá esos costos? Solamente nos queda esperar y ver si el tiempo es el que nos da las respuestas…

Edito: Marginalmente tiene que ver con esto, en cuanto a que se refiere al toro. Recomiendo la lectura de la columna ¿La Fiesta en Paz? que publica hoy mi amigo Leonardo Páez en el diario La Jornada de la Ciudad de México. No tiene desperdicio.

jueves, 12 de febrero de 2009

Joaquín Sabina


Hoy cumple 60 años Joaquín Sabina. Ha estado en la ebullición de algunas cuestiones de la Aldea de Tauro por su asociación con algunos de los mediáticos del momento, pero eso, desde mi punto de vista, no le quita que sea el Juglar de la España contemporánea -visto sea, desde esta orilla del Atlántico-. Así pues, recuerdo la efeméride con dos trozos de su obra que a mí en lo particular me han llamado la atención y sobre todo, me han gustado:






…Glorietas, revistas, zaguanes, pistolas,
“que importa”, “lo siento”, “hasta siempre”, “te quiero”,
hinchas del Atleti, gángsters de Coppola,
verónica y cuarto de Curro Romero.

Más de cien palabras, más de cien mentiras
para no cortarse de un tajo las venas,
más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena...

“Más de cien mentiras”, en “Esta Boca es Mía”, 1994.


SONETO A AÑTOÑETE

Esta tarde la sombra está que arde,
Esta tarde rezamos los ateos,
Esta tarde Antoñete (Dios te guarde)
Desempolva el milagro del toreo.

Esta tarde Madrid es mi planeta,
Esta tarde se guarda la distancia,
Esta tarde da clases de muleta
El catedrático de la elegancia.

Esta tarde se paran los relojes,
Esta tarde hacen huelga las tormentas,
Esta tarde no importan los mundiales.

Esta tarde el chiquero sobrecoge,
Esta tarde, en su casa de Las Ventas,
Descumple años Chenel por naturales.

martes, 10 de febrero de 2009

¿Corrección política? (III)


Hace unos días escribía sobre el hecho de que se considera políticamente correcto el invitar a la residencia presidencial a tomarse la fotografía al equipo campeón de cada uno de los dos mini – torneos anuales del jueguito ese de la pelotita y los pies y que de igual manera se consideraba al hecho de que el Titular del Poder Ejecutivo de esta República, hiciera como que la fiesta de los toros no existe.

El pasado domingo al parecer se rompió esa corrección, pues la Señora Esposa del Presidente de México asistió a la corrida celebrada en la plaza más grande del mundo, ocupó la barrera de sol que tradicionalmente usaron ella y su marido mientras no tuvieron la responsabilidad política que ahora llevan y hasta le fue brindada la muerte del sexto de la tarde por el confirmante Joselito Adame.

Lo curioso es que la asistencia a la plaza de toros de la Primera Dama de este País se produce por una invitación que el pasado jueves hizo a nuestro Presidente el diestro valenciano Enrique Ponce, en una cena celebrada en la misma residencia presidencial en la que se recibió a los de la pelotita, pero ¡oh sorpresa!, el hecho de que el torero hispano haya visitado al Mandatario, nunca se publicitó.

Seguramente el hecho de participar que el Presidente de la República y su Esposa se reúnen con uno de los toreros más importantes de este momento, carece precisamente de esa corrección política que les impulsa a mantener su afición a los toros en un recatado anonimato, aunque la fiesta sea parte de nuestras tradiciones y nuestra cultura desde hace muchos siglos.

Lo único que puedo agregar al respecto, es que sigo sin entender…

A propósito. – Les recomiendo la lectura de la colaboración de Rafael Cardona en el diario La Crónica de Hoy de la Ciudad de México, tiene que ver tangencialmente con el asunto y les aseguro que no tiene desperdicio lo que allí nos plantea.

sábado, 7 de febrero de 2009

Manolete en Aguascalientes: Nihil Novum…


En el post relativo al aniversario de la Plaza México, les contaba que el 5 de febrero tiene algunas otras cuestiones para recordar en lo taurino. En el caso de Aguascalientes, se cumplieron 62 años de la única presentación del Monstruo de Córdoba en la hoy centenaria Plaza de Toros San Marcos, en lo que constituyó su penúltima actuación en América, pues cuatro días después toreó en la Mérida mexicana y regresó a España para allí, encontrarse con su destino.

Di algunas vueltas para buscar la forma de comentar este hecho histórico, pero al final de cuentas concluí en que la versión más fiel de los hechos, la podría dar una crónica de la época. Así pues, transcribo íntegra la que escribiera Ramón Morales Padilla para el semanario La Lidia de México, misma que apareció en su número 219, correspondiente al 14 de febrero de 1947. Los resaltados son míos y demuestran que en una importante medida, no hay nada nuevo bajo el sol en estas cuestiones de las relaciones taurinas hispano – mexicanas.

Corrida triunfal en Aguascalientes

Aguascalientes, Ags., a 6 de febrero de 1947. – (Exclusivo para La Lidia de México). – Gran interés despertó en esta ciudad entre los aficionados la corrida efectuada ayer tarde, en la que alternaron El Monstruo de Córdoba, Manuel Rodríguez Manolete, Luis Procuna y Chicuelín, lidiando toros de Peñuelas, que vinieron a sustituir a los de Pastejé, en vista de que no se dio el permiso para que los toros salieran de sus dehesas hasta la plaza, evitando así el contagio de la epizootia.

Quince días antes que fuera anunciada esta corrida, los boletos se comenzaron a vender en gran escala y si la plaza no se llenó completamente como era de esperarse, se debió a que muchos aficionados no habían adquirido su boleto con anterioridad, y dado que también los toros no se pusieron a la vista del público sino hasta el día del festejo, no siendo de la procedencia anunciada.

¿Sabía Usted que la aftosa hizo un bien?

Aquellos que no quedaron conformes con el cambio de los toros, imaginándose que se les iba a engañar, a estas horas estarán contrariados, porque los toros de Peñuelas fueron la base para que viéramos una gran tarde de toros. Don Miguel Dosamantes Rul, propietario de la ganadería envió un lote terciado pero de mucha bravura y nobleza, que permitió el lucimiento de los alternantes. De los seis toros corridos, cuatro hicieron la pelea del verdadero toro de casta, yéndose siempre los toros para arriba, a los cuales Procuna cortó oreja y rabo del segundo y quinto; Chicuelín obtuvo iguales apéndices en el sexto y Manolete hizo una gran faena, pero no tuvo suerte con el pincho y se le fueron las orejas.

El primero llegó aplomado al último tercio pero sin presentar dificultad ninguna y el tercero se aquerenció al último. Pudiéramos asegurar que si se hubieran lidiado las reses de Pastejé, no se habría dado una corrida tan buena tanto para los toreros como para el público. Bendita sea la fiebre aftosa. ¿O no?

Orejas y rabo a Procuna

El berrendito Luis Procuna nos ha dado la impresión de poder más con el toro más valiente y más artista. Con el capote y sobre todo, al torear a la verónica, no se acomoda y lo hace de muy fea manera; en los quites está más variado y se ve adelantado. Pero con la muleta cambia totalmente. Aquel toreo que hacía en épocas pasadas, forzando demasiado el cuerpo, parece haberlo olvidado. ¡El torero se hace toreando!

Desde que el chico partió plaza la gente le hizo saludar desde el tercio al terminar el paseo: (¿Para hacer que Manolete apretara?) y estuvo animándolo para que nos diera una buena tarde como lo hizo.

En el primer toro cuando libró al picador, Procuna hizo un gran quite por chicuelinas, llevándose las primeras palmas.

A su primer toro lo lanceó de fea manera. En los quites se animó tantito, pero con la muleta prodigó algo serio. Después de echar la muleta por abajo en algunas ocasiones, se estiró para dar una serie de muletazos altos girando en la embestida. Vinieron los derechazos, manoletinas, procunesas, pasándose a un milímetro los pitones de la res. Cuando los espectadores aplaudían a rabiar, se fue tras la espada, sepultándola en todo lo alto y que bastó para que el bravo de Peñuelas cayera patas arriba. La oreja y el rabo, dos vueltas al ruedo y ovaciones a Dios dar.

Pero si la faena del primer toro entusiasmó mucho al público, la del quinto toro los volvió locos. Sus mismas deficiencias con el capote, pero después con la muleta, vimos el toreo bueno, sin trampas. ¡Qué bien toreó! El principio de esta faena fue como la del primero. Muy quieto citó Luis de largo para instrumentar unos pases altos, con la particularidad de la casa. Derechazos, naturales, lasernistas, manoletinas, procunesas y pases de adorno, rematando todos ellos. Con el ruedo tapizado de sombreros, Procuna se volcó en el morrillo del bravo animal, volviendo a tirar patas arriba al de Peñuelas. Nuevamente se le concedieron la oreja y el rabo; dio tres vueltas al ruedo, acompañado en una de ellas de Calesero, representante del ganadero.

¡Juventud, valor, clase, personalidad y todo lo que hay que tener para ser figura del toreo lo tiene LUIS PROCUNA!

También en Jalisco hace aire y fresco

Pero en el cartel figuraba además de Procuna y Manolete, otro matador de toros muy bravo y con mucha enjundia. Casta de torero tiene Manuel Jiménez Chicuelín, que si no tiene un lugar de figura entre los primates por el momento, aseguramos que si sigue por esa ruta, muy pronto lo tendrá.

Manolo no había tenido suerte en su primero y hasta se tardó para matarlo. Cuando el toro cayó por fin, el público le premió con algunas palmas. En los toros de sus alternantes había hecho varios quites muy valientes y muy artísticos; pero Procuna había estado enorme y Manolete había toreado estupendamente bien. ¿Qué decisión tomaría Chicuelín para salir adelante? Valor, toreo bueno y otras cosas. A Jiménez se le había puesto la cosa muy dura y pudo salir avante y es cuando se premia más un esfuerzo de esa magnitud.

Al sexto toro lo recibió con una serie de verónicas con los pies juntos, pasándose al toro por los adornos del traje. En los quites Chicuelín hizo el lance creado por su homónimo, volteando la cara a los tendidos. Remató guapamente y las ovaciones, que en esta vez fueron continuas, volvieron a ensordecer el coso.

Inició la última faena de la tarde con tres pases de rodillas. Ya de pie, toreó por derechazos, naturales, un gran pase de pecho. Manoletinas con la vista fija en los tendidos y en fin, desplantes suicidas. Un pinchazo en lo duro y una estocada en la que Manolo salió rebotado de la suerte, dieron fin al festejo. Los pañuelos volvieron a salir rebosantes por enésima vez para pedir las orejas y el rabo para este diestro, que el público sacó en hombros hasta el hotel.

Sí, en San Juan hace aire, pero en Jalisco también lo hay, y muy perfumado.

Manolete, muy buen torero

Hemos dejado al último al torero cordobés cometiendo una arbitrariedad. Pero hay que juzgarlo a la manera que lo vimos.

No cabe duda que el nombre de MANOLETE en el cartel es garantía para la empresa que lo contrata. En Aguascalientes no se había visto nunca que se apartaran boletos con anticipación. Esta vez lo hubo y en qué forma. A Manolete fuimos a ver todos, parece que su nombre tuviera arte de magia; pero si no de magia, sí de arte de torear con mucha grandeza.

La nueva escuela trazada por este señor, trae a la fiesta un alarde más de tragedia, pero para el torero, una forma más sencilla de torear. Así lo creímos.

En su primer toro no pudo redondear una faena de las más grandes pero sí un alarde de torerismo indiscutible; y de no haberse puesto pesado con el estoque, se hubiera ganado una oreja.

Pero también este torero tiene grandeza de no dejarse ganar la pelea, y por ello, le vimos instrumentar unos lances rematados en forma peculiar, para recibir al cuarto.

Con la muleta le vimos estar siempre muy cerca del toro, aguantarlo, consentirlo y sacárselo de abajo. Así tiró varias veces del toro en unos derechazos y naturales. Como sus alternantes, Manolete volteó la cara hacia los tendidos para torear de esa manera. El muletazo de su invención hizo calentar más a la gente y si hubiera tenido suerte con la toledana, se hubiera llevado iguales apéndices que sus compañeros.

Aguascalientes ya vio a MANOLETE, al igual que en otras partes, ha dejado la impresión de lo que es: UN TORERO MUY GRANDE y muy honrado.

El Corresponsal
Ramón Morales Jr.


Como podemos ver, en seis décadas y algo más las cosas no han variado mucho. Se aprecia la grandeza de las figuras, pero también que a veces optan por la comodidad. Creo que la crónica transcrita, así lo revela. Curiosamente, en Aguascalientes no volvieron a darse festejos taurinos, sino hasta octubre de ese 1947, por lo que más adelante les contaré las impresiones de la época sobre un abril sin toros.

viernes, 6 de febrero de 2009

¿Sumisión o formación?


Una emisora de radio local tiene un programa de toros llamado Tertulia Taurina, que pasa de lunes a viernes de 3 a 4 de la tarde. Camino de regreso del trabajo, escuché ayer 5 de febrero de 2009 la intervención de uno de los conductores de la emisión, el novillero retirado y hoy periodista Pepe Caro acerca de que los toreros mexicanos que van a hacerse a España se someten a los intereses de una organización taurina ajena a la de su Patria. No estoy de acuerdo con esa apreciación, porque creo que parte de una premisa equivocada.

Tengo la impresión, a partir de las afirmaciones sostenidas en el curso de la emisión, de que el amigo Pepe tiene la idea de que la Fiesta de aquí y la de España son dos cosas distintas y allí es donde creo que está su error de concepto, pues no podemos hablar de la Fiesta de México y de la Fiesta de España. La Fiesta de los Toros tiene universalidad, esto último en el sentido de que en los lugares o países en los que se vive y disfruta, comparten una sola tradición cultural en torno a ella. Hablar de que hay dos o tres o cuatro Fiestas distintas, es fragmentar una tradición que tiene un origen único y restarle el valor que como parte de la manera de ver la vida de los pueblos hispánicos necesariamente tiene.

La diferencia entre España y México se da, desde mi punto de vista, en el toro que se lidia. Allá hay una variedad genética que permite tener distintas expresiones del toro de lidia -aún con la cuestión de lo que allá llaman el monoencaste- en tanto que en nuestro País, la expresión del toro de lidia es casi nada más una, la creada por don Antonio y don Julián Llaguno en San Mateo, llamada con razón la ganadería madre del campo bravo mexicano.

Desde mi punto de vista, lo que sucede hoy y aquí, es que no hemos superado el trauma -hago especial énfasis en las cursivas- de que se haya producido un relevo generacional sin sobresaltos. Tengo la impresión de que creímos que así como se dio la transición de la Edad de Oro (Armillita, Garza, Silverio, El Soldado y demás figuras) a la Edad de Plata (Los Tres Mosqueteros, Leal, Moro, Huerta, El Ranchero y demás figuras), las cosas serían siempre de la misma manera, sin detenernos a pensar que los toreros de tronío surgen muy de cuando en cuando y que a veces, como a los llamados toreros de arte o de pellizco, hay que saber esperarlos. Es al fin de cuentas, como todo lo que se hace delante del toro, hay que darle sus tiempos, sus pausas. Dar tiempo al tiempo... dijo don Renato Leduc.

Entonces, afirmar que es nocivo o negativo que un torero vaya a formarse a España o que implique una sumisión a los señores de la Fiesta de ese lado del Atlántico me parece que resulta de una hipótesis errada. Entonces: ¿el buscar conocimientos en una Universidad del extranjero implica sumisión a los intereses académicos o profesionales del lugar en el que dicha Institución de Enseñanza se encuentre?, ¿es algo negativo el buscar la mejora profesional allende nuestras fronteras?

No creo que las cosas sean así. Lo que nos pasa, es que el relevo de lo que yo llamaría la Edad Moderna del Toreo en México, a lo que sería la Edad Actual no se ha terminado de producir. La búsqueda del o de los valores que consumen esa transición o relevo ha llevado a quienes tienen interés en encabezarlo a buscar los medios necesarios para hacerlo, en los lugares en los que creen que los pueden encontrar y hoy, por el tipo de toro que se lidia, creo que no debe cabernos duda de que en España están esos valores.

Por eso es que no puedo coincidir con la opinión de Pepe Caro, a quien sin embargo, le reconozco un profundo amor por esta Fiesta y un enorme deseo de que salga del marasmo en el que está inmersa de este lado del Atlántico.

La imagen la tomo prestada del último post de Javier, en Toro, Torero y Afición.

Edito: Este día (9 de marzo de 2009), recibo un comentario que queda patente abajo. La fotografía que ilustra esta entrada es obra de Jon Roman. Al momento de utilizarla no tuve más referencia que la que se señala arriba, sin embargo, hoy corrijo la omisión y ofrezco una sincera disculpa por ella.

jueves, 5 de febrero de 2009

La México, 63 años después (anexo gráfico)



La temporada 1945 - 46 en El Toreo se inició con las protestas de los aficionados por la elevación de los costos de las entradas y del derecho de apartado.




Reza la manta: En todo hay precio tope. Pero vaya tope que le dan a la afición con los precios del derecho de apartado de la nueva plaza judía.




El ambiente hacia la plaza que se inauguraría era también hostil. Aficionado: No te dejes robar, en la plaza del judío son peores que Algara y su reventa. No compres apartado.




Una vista de la Ladrillera Guadalupe y de los primeros movimientos de tierra para la edificación de la Plaza México.




Otra vista de la obra de edificación de los tendidos y de la plaza ya concluida.




El proyecto original de la zona en la que está la Plaza México comprendía una Arena, campos de Tenis, Cine y otras instalaciones para el ocio, además del Estadio y el Coso Taurino.




Aún con la opinión contraria de algunos sectores de la afición, la puerta de cuadrillas se abrió el 5 de febrero de 1946.




El programa de mano del primer festejo.




Dos vistas aéreas de la Plaza México y de su entorno.




Una entrada del festejo del cincuentenario.




Hace 30 años. La única aparición de Manolo Martínez.

La México, 63 años después

La Plaza de Toros México fue inaugurada el 5 de febrero de 1946. La corrida inaugural se anunció con seis toros de San Mateo para Luis Castro El Soldado, Manuel Rodríguez Manolete y Luis Procuna, siendo estos dos últimos quienes a la postre, resultarían los triunfadores de la tarde de la efeméride, cortando una oreja cada uno.

Al preparar este post, recordé que hace algún tiempo leí una versión en el sentido de que la Plaza México fue construida al influjo de la aparición del Monstruo de Córdoba en el planeta de los toros. Intenté recordar de quien era la afirmación, pero la memoria se ponía esquiva. Así que me puse a releer algunos textos en en su busca y me encontré de nuevo con la cita, que es de don Filiberto Mira, quien al realizar una magnífica biografía del hijo de doña Angustias, afirma lo siguiente:

La afición española saboreó poco a poco la transfiguración que al arte de torear le imprimió el carácter propio de Manolete. La mexicana se lo encontró de pronto, y tal fue la colosalidad del impacto, que habiéndolo visto – y solo en un toro, pues su segundo lo hirió al abrirse de capa – por primera vez el 9 de diciembre de 1945, la conmoción hizo que se hiciera – para él, con él y por él – la mayor plaza de toros que en el mundo existe. Esta se inauguró el 5 de febrero de 1946. Es la de México, Monumental con monumento a Manolete. ¿Qué otro torero ha provocado que en tan corto tiempo – menos de dos meses – se haya construido un coso tan descomunal como el de Insurgentes, con cabida para 50.000 espectadores? (Mira, Filiberto. Manolete. Vida y Tragedia. Ed. Aplausos – Salvador Pascual Benet, Valencia, 1984, Págs. 204 y 206).


Aunque a veces hoy no lo parezca, la Plaza México no es una plaza de talanqueras que pueda levantarse en dos meses. Por los antecedentes apuntados arriba, fue meramente circunstancial el hecho de que estuviera lista para ser inaugurada a los pocos días de la llegada de Manuel Laureano Rodríguez Sánchez a suelo patrio. Las obras de construcción de la plaza se iniciaron en 1944 y duraron dieciséis meses más de los referidos por mi admirado don Filiberto, quien seguramente al socaire de su veneración por Manolete, incurrió en ese gazapo histórico.

Al final de cuentas, lo que vale es que la Ciudad de México tiene para sí la plaza de toros con mayor capacidad en el mundo, escenario que hoy cumple 63 años y que en buena medida, es el punto focal – por este día – de la atención de los aficionados a la Fiesta en el mundo, aunque a veces, por lo que allí se presenta, no lo merezca.

Espero en los próximos días, agregar algunos comentarios sobre los inicios de esta plaza de toros y sobre alguna otra cosa sucedida en un día como hoy.

domingo, 1 de febrero de 2009

El Tío Carlos


Un buen amigo me ha hecho llegar una obra titulada Crónicas Taurinas (Colección Autores de Querétaro, número 20, selección de Carlos Jiménez Esquivel, Gobierno del Estado de Querétaro, 1991), una recopilación de crónicas escritas por el abogado, político y periodista queretano, don Carlos Septién García (1915 – 1953), mayoritariamente conocido por su alias periodístico que titula este post, pero que también firmó en lo taurino como Don Pedro y El Quinto.

El Tío Carlos cubre con su narrativa de los acontecimientos taurinos una etapa que resulta importante para la comprensión del devenir actual de la Fiesta en México, pues entre 1941 y el año de su defunción, tuvo la ocasión de presentar a la afición mexicana una visión más o menos ecuánime – su preferencia por Silverio y por Arruza trascienden a su obra – y absolutamente desinteresada de lo que sucedía en las plazas de toros de la Ciudad de México, las principales de esta República.

En sus propias palabras:

…la valorización simplemente técnica de las corridas – tan útil y necesaria a la pureza de la tauromaquia – no podía constituir por sí misma el atractivo principal de una reseña para esas grandes multitudes que llenan las plazas con más sed de emoción plástica o dramática que de perfección de procedimientos… el olvido de la pureza técnica podía desviar al toreo por las sendas del barroquismo sin sustancia, del esteticismo decadente o del drama sin dignidad… consideró por todo eso que si alguna misión habría de cumplir como cronista de toros ella sería la de servir el inagotable buen gusto del público mexicano ayudando tanto a definir los valores estéticos que cada torero representa, como a darles una jerarquía justa y fundada…


Esta cita la hago del prólogo que hace al primer libro que sobre el tema publicó, titulado Crónicas de Toros, que vio una primera edición en 1948 y una segunda 30 años después, en la que recopila en una primera sección las crónicas que escribió bajo el seudónimo de El Quinto en el semanario La Nación, del cual fue fundador y en la otra, las que como El Tío Carlos alumbró en el diario El Universal de la Ciudad de México, dándose el caso, de que de algunos festejos, seleccionó las dos para integrar la publicación.

La mayoría de los historiadores de la prensa taurina en México le ubican como cronista solamente entre 1941 y 1948, pero la obra que motiva este comentario nos deja en claro que siguió adelante prácticamente hasta su muerte, cubriendo entonces la cúspide de la Edad de Oro del toreo en México y su transición hacia la Edad de Plata, dejándonos en sus crónicas una imagen escrita con la pluma sobre el papel, que nos permite conocer con bastante fidelidad lo que representó en su momento cada uno de los ganaderos y diestros a los que se refiere en sus relaciones.

Horacio Reiba Alcalino, evocando a Ryszard Kapucinski comenta que varias de las virtudes del periodismo taurino se han perdido hoy en día y hace especial énfasis en dos: la cultura general del escribidor y la falta de estilo personal, lo que no permite ni identificar, ni disfrutar el contenido del relato de los sucesos acaecidos en los festejos, pues o como decía El Tío Carlos, se cae en una sesuda descripción técnica que tiene como característica principal su ininteligibilidad o en una serie de barroquismos hueros que dicen menos que nada. Por eso, considera el cronista de la Puebla mexicana, Carlos Septién García pertenece a una aristocracia que está prácticamente extinta.


Los textos contenidos en Crónicas Taurinas hacen una transición casi silenciosa del primer libro de Septién. Si bien se repiten algunos textos que son obligados, como aquél de El Castaño Expiatorio, los relativos a la muerte de Manolete y el entierro de Joselillo, extraídos de lo que el autor titulara como el Martirologio de 1947, el relativo a la tarde de Garza con Amapolo y El Monstruo con Murciano o el de la faena de Armillita a Nacarillo de Piedras Negras, el resto constituyen un interesante panóptico del desarrollo de la Fiesta mexicana en el lapso de tiempo que cubre su actividad como cronista, en el que podemos ver la consolidación de toreros como Rafael Rodríguez El Volcán de Aguascalientes, Manuel Capetillo y Jesús Córdoba, o conocer, prácticamente de primera mano, el transcurso del hacer de Manolo González, José María Martorell o Julio Aparicio en la cumbre de sus carreras por los ruedos de México.

Concluyo con otra reflexión de Carlos Septién García, que a mi juicio resulta enriquecedora:

…los toros son más que una simple “fiesta” sujeta a tales o cuales costumbres… tenemos en ella una de las mejores expresiones populares del genio de nuestra raza y de muchos de sus más nobles impulsos. Gracia, valor, autenticidad, liturgia, capacidad de hazaña, sentido del sacrificio, religiosidad, belleza, generosidad, entrega… Todo esto y más forma la sustancia humana de las corridas de toros, caudal de temperamento, de tradición y de anhelos que fluye en los toros con poderío y libertad incomparables… Es la misma sustancia de que está hecha la Patria; la misma de que están amasadas las grandes creaciones de nuestra estirpe en cualquier otro campo del espíritu. Resulta entonces no sólo legítimo sino aun en cierta forma debido el dar a los toros el rango de magnífica creación popular de nuestra cultura…


En suma, estamos ante una obra que aparte de servir de referencia, nos lleva por los caminos de un conocimiento culto de lo que fue en su día, la Fiesta de los Toros en México.
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