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domingo, 2 de febrero de 2020

4 de febrero de 1951: Jesús Córdoba y Luminoso de San Mateo. Alternativa de Humberto Moro

Jesús Córdoba
La temporada grande 1951 en la Plaza México inició con retraso. Comenzó hasta el final de enero porque se negociaba desde los últimos del año anterior la reanudación de las relaciones con la torería hispana, rotas desde 1947. Así, entre el ir y venir de noticias de esa continuación del intercambio, se programó para los dos primeros carteles de esa temporada, la alternativa de los triunfadores de la temporada de novilladas 1950 y en la corrida inaugural se le dio a Jorge El Ranchero Aguilar y en esta que hoy me entretiene aquí, se le daría al linarense Humberto Moro.

Un ejemplo de esas informaciones que cruzaban el Atlántico es la siguiente nota:
Valencia, febrero 4. – Refiriéndose a la inminente solución del pleito taurino hispano – mexicano, lo empresarios de la plaza de Toros de Valencia, que acaban de llegar de Madrid, afirman que si se llega al arreglo apetecido, los carteles de las corridas incluirán además de los toreros españoles, en la Feria de Julio a los mexicanos Antonio Velázquez, Jesús Córdoba, Luis Procuna, Carlos Arruza y Rafael Rodríguez. 
Tratarán de contratar además a los toreros Luis Miguel Dominguín, Aparicio, Litri, Martorell, Calerito y Manolo González, todos ellos españoles. 
La temporada valenciana comenzará con las corridas falleras en marzo. Luis Miguel Dominguín, Litri y Aparicio figuran en la primera el día 18. El 19 se enfrentarán mano a mano Aparicio y Luis Miguel Dominguín…
La segunda corrida de la temporada 1951

La segunda corrida de esa temporada 1951 fue anunciada con Manolo dos Santos, Jesús Córdoba y como ya señalaba arriba, la alternativa del torero de Linares, Nuevo León, Humberto Moro. El encierro seleccionado para la ocasión fue uno muy bien presentado de San Mateo.

El momento culminante de la tarde se dio en el quinto toro, llamado Luminoso por el ganadero y que correspondió en el sorteo al Joven Maestro. Ante este toro haría el primer asalto a la cumbre que ratificaría un mes después ante Cortijero de Zotoluca. La crónica de Paquiro en el ejemplar de La Lidia de México fechado el 9 de febrero de ese año, entre otras cosas, relata lo siguiente acerca de esa faena:
Jesús Córdoba sostuvo su cartel de primera figura de los ruedos y categoría de maestro del arte. Y para lograrlo tuvo que arriesgar la vida, salir con un puntazo en un muslo y con la taleguilla hecha trizas. Pero en las manos, orgullosamente lucía las orejas y el rabo del quinto de la tarde...  
Se portó pues, como un primate heróico... 
No le fue posible esculpir la obra la líneas suaves, serenas, plácidas, románticas. Correspondióle interpretar momentos de arte y de drama; de sol y de sangre, de calma y tempestad, de suspiros y de gritos. Porque la faena de Córdoba al quinto fue vibrante, roja, cálida... ¡de aguafuerte! 
Hubo inspiración y belleza, sí, pero también drama y tragedia. 
Los muletazos fueron surgiendo entre el alarido histérico de la multitud, que se asombraba al ver como el torero desafiaba y burlaba los puñales de su enemigo con una constancia de mártir, y con un temperamento de héroe. La hazaña – para que nada faltara – quedó rubricada con una estocada en la que el corazón fue entregado sin ninguna artimaña. Fue una estocada a lo hombre, a lo torero, llegando la mano hasta los mismos rubios después de haber metido todo el acero. Córdoba olvidóse salir del embroque, ¿para qué? Y el lógico resultado fue que saliera tropezado rodando por tierra. Una vez más había alcanzado las gestas únicas de los toreros y de los héroes. 
Fue aquello, en suma, la muestra más vibrante de lo que una figura de los ruedos debe hacer para sostener el máximo grado. 
Córdoba toreó al 5º con el corazón. Por eso, además de artista, fue un trágico avasallador. 
El ascenso prosigue 
Actuando en plan de testigo de la alternativa del día, se encargó de pasaportar en primer lugar al bicho que ocupó el tercer sitio. Este fue “Novelista”, bien armado y bien cubierto de riñones. Con la capa toreó Córdoba como lo hacen los maestros. Y con la muleta continuó en el mismo plan dándole al morlaco la lidia requerida y siempre manteniéndose limpio, desahogado y poderoso, El bicho acabó sus días un tanto soso, y fue entonces cuando surgieron las delicadezas del toreo por la cara, que Chucho hizo con todo acierto. Un pinchazo. La estocada y la ovación. Aquello había sido el prólogo. 
El quinto, el maravilloso “Luminoso”, fue saludado por Córdoba con verónicas de tres tiempos. El remate fue piramidal. El bicho acudió a los montados y tanto Córdoba como Dos Santos arrancaron ovaciones en sus respectivos quites. Moro, el ridi. 
Banderilleado por la peonería, “Luminoso” quedó a disposición de la muleta del leonés. Pases por alto; naturales citando de largo, templando a ley, estrechándose como los hombres, los remates de príncipe, la “vitamina” estrujante, una cogida quedando destrozada la taleguilla y el muslo con un puntazo. Levantóse Córdoba entre el manicomio que había forjado en los tendidos y siguió toreando ya con la diestra, ya con la zurda, burilando pases de factura indescriptible. ¡El drama y el arte habían tenido realización! 
Y tras de los últimos pases se acostó materialmente sobre el morrillo del bovino, en un volapié clásico y perfecto, saliendo rebotado de la suprema suerte. A los pocos instantes, el bravísimo y nobilísimo “Luminoso” rodó sin vida. 
Para Córdoba fueron las dos orejas y el rabo, además de incontables vueltas al anillo escuchando, una vez más, el himno de los consagrados ¡torero...! ¡torero...! 
Después de la apoteosis internóse en la enfermería...
De acuerdo con la estadística, ese es el único rabo que Jesús Córdoba cortó como matador de toros en la Plaza México, pero la cornada que se llevó, a esas alturas era la ya segunda de las siete que sufriría en el mismo escenario. Sin duda, el llamado Joven Maestro fue un torero duramente castigado por los toros en momentos especialmente inoportunos.

No obstante, esta faena es una de las que, dentro de un recuento que se hiciera de las grandes obras realizadas en el ruedo de la gran plaza, debería estar como una de las importantes.

El parte facultativo

La crónica nos refiere que se llevó un puntazo. La misma publicación a la que me he referido, transcribe el siguiente parte facultativo:
Herida por cuerno de toro en el tercio medio, cara externa del muslo izquierdo, con orificio de entrada de cuatro centímetros y trayectoria hacia adentro de doce centímetros. Interesó piel, tejido celular, aponeurosis y fibras musculares. Tiene también escoriaciones en el cuerpo de diversos grados. Se le aplicó anestesia con pentotal sódico, resección de piel, desbridación, desinfección, canalización con tubo de goma y suero antitetánico. Tardará en sanar quince días. Se traslada al Sanatorio Santa María de Guadalupe.
Como se puede leer, la herida sufrida por Jesús Córdoba fue algo más que un puntazo. Sin embargo no le restó ni afición, ni valor para seguir transitando por los ruedos.

El resto del festejo

Humberto Moro recibió la alternativa de manos de Manolo dos Santos con el toro Muchachito y fue herido por el sexto del festejo. A su vez, el padrino de la ceremonia cortó la oreja al cuarto, Jardinero, entre división de pareceres.

La de la concordia

Dos domingos después, el 25 de febrero se celebró en la quinta corrida de la temporada, la versión mexicana de la Corrida de la Concordia con Curro Caro, Carlos Arruza y Antonio Velázquez, los toros fueron de Pastejé y Arruza cortó el rabo a Holgazán, quinto de la tarde.

domingo, 22 de diciembre de 2019

15 de diciembre de 1929: alternativa de Jesús Solórzano en el Toreo de la Condesa

Jesús Solórzano
El Rey del Temple
La temporada de novilladas de 1929 en El Toreo de la Condesa generó una interesante cosecha de toreros. De la promoción de 1926 participó Esteban García; de la de 1928 participaron Alberto Balderas y José El Negro Muñoz. Y ya en el concurso del calendario correspondiente surgieron Carmelo Pérez, José González Carnicerito y Jesús Solórzano.

Es curioso ver que en esa temporada de novilladas, marcada por la acendrada rivalidad que mantuvieron Esteban García y Carmelo Pérez, misma que en alguna manera fue el eje y el sostén de ese ciclo novilleril, cuatro de los participantes en ella, tendrían un final trágico delante de los toros. El propio Esteban ese mismo año de 1929 en Morelia; Carmelo moriría en Madrid en 1931 a consecuencia de la cornada recibida en El Toreo unas semanas después de la que mandó a la tumba a su rival; Alberto Balderas sería el primer torero en morir en esa misma plaza el año de 1940 y Carnicerito terminaría sus días trágicamente en Vila Viçosa en Portugal en 1946. Personalmente, no creo que haya habido una generación de toreros con un final más trágico que esta.

En esta temporada de novilladas se disputaron dos galardones. Primeramente se disputó un anillo de oro con un gran brillante entre Esteban García y Carmelo Pérez, mismo que sería adjudicado al que resultara ser el triunfador en tres novilladas mano a mano que se celebrarían los días 18 y 25 de julio y 2 de agosto de 1929. 

Al final las novilladas terminarían celebrándose los días 18 de julio y Carmelo resultaría herido en un quite al primero de la tarde, quedándose Esteban con toda la corrida. La segunda se verificaría el 18 de agosto y Carmelo triunfaría y la tercera se verificaría hasta el 1º de septiembre y de nuevo Carmelo sería herido por el segundo de la tarde, aunque le sería llevado el rabo de su oponente a la enfermería. 

El 15 de septiembre se disputó la Oreja de Plata y ante novillos de Santín actuaron Esteban García, José González Carnicerito, Jesús Solórzano y Carmelo Pérez. El triunfador de la tarde y ganador del argentino trofeo fue el moreliano Solórzano. El premio llevaba añadido además el aliciente de recibir la alternativa en la temporada de festejos mayores inminente. Además, al final de ese festejo, se anunció al ganador del anillo, con valor de tres mil pesos que se disputaron Esteban García y Carmelo Pérez. El jurado designado al efecto decidió que era para Carmelo Pérez, independientemente de que de nueve toros que debió haber matado, solamente mató a cuatro. Cosas del destino.

La alternativa de Solórzano

La novena corrida de la temporada 1929 – 1930 se anunció con el santanderino Félix Rodríguez, Heriberto García y la alternativa de Jesús Solórzano, que, como había señalado líneas arriba, ganó esa oportunidad al obtener la Oreja de Plata el 15 de septiembre anterior. El encierro que se anunció para la ocasión fue uno de Piedras Negras, pero siempre hay contratiempos en esas cuestiones de los toros que se presentan a la plaza. La crónica del festejo, firmada por Edmundo Fernández Mendoza con su pseudónimo de Martín Galas, aparecida en el ejemplar de El Taurino publicado el 16 de diciembre de 1929, refiere lo siguiente:
La empresa de toros invitó al público a que fuera a admirar la hermosa estampa de los bureles de Piedras Negras que iban a lidiarse ayer. Pero, contra lo que era de esperarse, los aficionados hicieron poco caso del reclamo y se abstuvieron de ir a conocer la magnífica corrida (¿) que había encerrada. 
Y una prueba de lo que dejamos dicho, es que, habiendo anunciado que se correrían seis toros de Piedras Negras, hubo necesidad de sustituir dos de ellos, por otros tantos de La Laguna – ¡al fin de la misma camada! – porque los primeros tenían unas pezuñotas enormes, eran bastos, con exagerados pitones y con todas las hechuras de los bueyes que suelen pastar en las dehesas tlaxcaltecas de las que es propietario el bueno de Viliulfo González. 
Quizás en el cambio hayan salido perdiendo los aficionados, porque los dos bureles de La Laguna que pisaron el ruedo la tarde de ayer, se repararon de la vista a las primeras de cambio y dieron mal juego, sin que esto quiera decir que sus primos de Piedras Negras les fueran a la zaga, porque, en realidad, resultaron menos mansos de lo que se esperaba. Uno de los bichos tuvo que ser devuelto a los corrales porque también se reparó de la vista y… porque era manso. ¡Nada, que las ganaderías tlaxcaltecas no aciertan una ni por casualidad!...
Como vemos, ya de entrada se sustituyeron dos de los toros anunciados por otros de una ganadería distinta – si bien del mismo titular y residente en los mismos potreros – y durante la lidia se tuvo que sustituir a otro por resultar defectuoso de la vista, así pues, la mitad de la corrida que se anunció no se lidió.

Uno de los toros sustituidos fue el de la alternativa de Jesús Solórzano. Todas las relaciones históricas consignan que el toro de su alternativa en El Toreo fue de Piedras Negras, sin embargo, la crónica a la que he venido aludiendo relata lo siguiente:
Al toro que abrió plaza, que se llamó “Cubano” y que era negro zaino, bien puesto de defensas y oriundo de La Laguna, el de Morelia lo toreó por verónicas templando, mandando y recogiendo, hasta engranar cuatro lances que se le premiaron con ovación y música. En quites, el nuevo doctor hizo una chicuelina graciosa y ceñida, una verónica y media para rematar, que también se le aplaudieron con entusiasmo. El bicho se reparó de la vista desde el primer puyazo y los alternantes de Chucho no tuvieron lugar a lucirse en los turnos que les correspondían… 
Eran las cuatro y nueve minutos de la tarde, cuando Félix Rodríguez cedió los trastos a Solórzano, sonando las palmas para el nuevo doctor, que, tras de cumplir con la Presidencia, brindó desde el centro del ruedo a todo el público. Erguido, con calma, sabiendo el terreno que debía pisar, Chucho desplegó la muleta; pero, como el animal no acometiera, insistió repetidas veces, hasta que consiguió la arrancada del burel y entonces se produjo superior pase por alto, al que siguió un natural derechista, uno de pecho, que se le premian con palmas abundantes. Después otro alto y un natural con la izquierda; dos altos más, de muy fina factura y cuidando la línea, uno por abajo y otro de pecho. Sobre corto, atacando con fe y decisión, Solórzano cobró una estocada entera desprendida, que hizo que “Cubano” se entregara a los pocos instantes. Y para el nuevo doctor, que con este toro demostró que puede llegar a ser figura del toreo, hubo ovación y dianas, salida a los medios y vuelta al anillo. 
La alternativa de Chucho, como se ve, quedó sancionada por la opinión unánime del concurso…
Es decir, Cubano, el toro de la alternativa mexicana de Jesús Solórzano, fue de La Laguna. Muchos textos de historia tendrán que ser corregidos. Un testigo de excepción y de primera mano deja clara esa circunstancia.

Félix Rodríguez cortó un rabo a Cafetero, ese sí de Piedras Negras esa tarde. La crónica refiere que fue un torillo de escasa presencia con el que el torero de Santander pudo estar a gusto. Esa fue la gran tarde de Félix Rodríguez en México, que ya exhibía los estragos de la enfermedad que acabaría unos años después con su vida.

Colofón

Jesús Solórzano se vería forzado a renunciar a esa alternativa al año siguiente. Se fue a torear a España y realizó una intensa e interesante campaña novilleril, con triunfos en Barcelona, Sevilla y Madrid, para terminar recibiendo la alternativa el 30 de septiembre de 1930 en la Maestranza de manos de Antonio Márquez, con el testimonio de Marcial Lalanda, siéndole cedido el toro Niquelado de Pallarés Hermanos, antes Peñalver.

La historia de quien sería conocido como El Rey del Temple se llenó con nombres como Granatillo, Cuatro Letras, Leonés, Redactor, Tortolito, Brillante, Picoso y por supuesto, el de Revistero, toro de Aleas con el que realizó una de las faenas que entraron entre las más importantes que se realizaron en la historia de la plaza de toros de la Carretera de Aragón en Madrid.

Jesús Solórzano se despidió de los ruedos el 10 de abril de 1949 en la Plaza México, alternando con Luis Procuna y Rafael Rodríguez y el último toro que estoqueó fue Campasolo, de La Punta, propiedad entonces de sus cuñados Francisco y Jose C. Madrazo.

Jesús Solórzano falleció en la ciudad de México el 21 de septiembre de 1978.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 8 de diciembre de 2019

8 de diciembre de 1956: La alternativa de El Callao en El Toreo de Cuatro Caminos

Alternativa de El Callao
Foto cortesía del blog Toreros Mexicanos
Fernando de los Reyes es un torero que cautivó a la afición mexicana. Tuvo una extensa carrera novilleril, toreó 37 novilladas en la Plaza México y como era casi preceptivo en su tiempo, cruzó el Atlántico y dejó buena impresión en sus actuaciones en el escalafón menor, tan buena, que en el tramo final de la temporada española de 1953, se le otorgó una alternativa en Segovia, donde lo apadrinó Manolo Vázquez, con el testimonio de César Girón, cediéndole el toro Cortadillo de don Felipe Bartolomé.

No ejercería como matador de toros con ese doctorado, pues regresaría a México y nada más iniciar la temporada de novilladas de 1954, se estaría presentando en la plaza más grande del mundo para, en la categoría de los festejos llamados menores, actuar ese ciclo y los de 1955 y 1956, sumando en ellos 16 festejos y firmando una de sus grandes tardes ante el novillo Tonino de Soltepec, al que le cortó el rabo, dejando en claro y de una vez por todas que estaba listo para mayores empresas.

La Feria Guadalupana de 1956

Por aquellas calendas se afirmó que la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe necesitaba importantes obras de reconstrucción. Para allegar los recursos necesarios, un grupo de personas allegadas a la fiesta de los toros, encabezados por don Guillermo Barroso Corici, su hijo Luis Javier Barroso Chávez – en ese entonces ya ganadero de Las Huertas –, el licenciado Lázaro Martínez – en su día juez de plaza – y don Antonio Algara entre los más destacados, formaron un patronato para dar una feria taurina que recaudara fondos para la restauración del llamado centro espiritual de México.

Fermín Rivera, Rafael Rodríguez, Antonio Ordóñez, Miguel Báez Litri, Joselito Huerta, José Ramón Tirado, Antonio Borrero Chamaco y Fernando de los Reyes El Callao con toros de San Mateo, La Punta, Jesús Cabrera, Rancho Seco, Matancillas y Las Huertas serían las bases sobre las cuales gravitaría esa feria, el primer intento serio de ofrecer a la afición de la capital mexicana una serie ininterrumpida de festejos intercalada en una temporada que de ordinario se desarrolla de domingo a domingo. 

Dada la buena causa a la que se dedicaba, el doctor Alfonso Gaona pospuso una semana la continuación de la temporada 56 – 57 de la Plaza México, a efecto de que la Feria Guadalupana se diera sin contratiempos.

A este propósito escribe Horacio Reiba:
La tramó en 1956 aquel taurino singularmente astuto y marrullero que fue Antonio “Tono” Algara. Para el efecto, arrendó el Toreo de Cuatro Caminos – no la México, en manos de su adversario Alfonso Gaona –, encampanó al arzobispo primado Miguel Darío Miranda y Gómez y proclamó a los cuatro vientos que las utilidades que esperaba obtener serían destinadas a obras de la basílica de Guadalupe. Y armó seis carteles con el concurso de dos primeras figuras hispanas – Miguel Báez “Litri” y Antonio Ordóñez –, una autóctona – el maestro potosino Fermín Rivera, recién recuperado del infarto que finalmente lo retiraría de los ruedos –, tres jóvenes en plan de irrupción triunfal a partir de sus recientes doctorados – los mexicanos Joselito Huerta y José Ramón Tirado, y el onubense Antonio Borrero “Chamaco”, flamante producto del tremendismo entonces en boga –, y la segunda alternativa de Fernando de los Reyes “El Callao”, triunfador de la última temporada chica con ese arte tan suyo, endeble siempre y por momentos genial. 
De enviar el material bovino se encargarían los señores Madrazo –de La Punta y Matancillas–, Jesús Cabrera y San Mateo, ambas del campo bravo zacatecano, y del de Tlaxcala Rancho Seco y Mimiahuápam, la divisa debutante de Luis Javier Barroso…
Era esta feria un primer experimento en ese sentido en la capital mexicana, replicado un par de ocasiones más en el mismo coso de Cuatro Caminos e intentado en alguna ocasión y de manera tibia en la Plaza México.

La alternativa de El Callao

La segunda corrida de esa Feria Guadalupana se programó para el sábado 8 de diciembre de 1956.  Encabezaba el cartel Fermín Rivera que reaparecía después de haber sufrido un infarto de miocardio toreando en Monterrey seis meses antes e iba de segundo espada Antonio Borrero Chamaco. Los toros anunciados originalmente eran de Jesús Cabrera, pero como uno de los signos del serial, hubo baile de corrales y al final se lidiaron solamente tres de los originalmente anunciados y se remendó el encierro con otros tres de San Mateo. Carlos León, con su cáustico estilo refiere lo siguiente:
…de Saín el Alto habían traído unos moruchos que con mucho optimismo se suponía que iban a componer el encierro de esta tarde. Pero a mis gestiones personales, para librar a la fiesta del cucarachismo, se desinfectaron los corrales y desaparecieron así tres de los insectos colmenareños, que ahora estarán clavados con alfileres en la colección de cualquier naturalista, el cual desde luego será un entomólogo y no un señor que se dedique a darles pases naturales. Pero fue peor el remedio que la enfermedad, pues las tres sabandijas desechadas se sustituyeron por otras tres cucarachas sanmateínas, las cuales contagiadas del virus de mansedumbre que ya había en los corrales, resultaron una verdadera calamidad para la lidia…
El primero de la tarde fue Clavelito, de San Mateo y las crónicas relatan que únicamente quedó para la conmemoración de la efeméride. Lo importante llegó con el que cerró plaza, llamado Gordito y del hierro de don Jesús Cabrera Llamas. En la ya citada crónica de Carlos León, de tono epistolar y dirigida a don Eduardo Miura, se expresa lo siguiente:
…al sexto de hizo maravillas con la franela. Era otro torillo en miniatura, sarcásticamente llamado “Gordito”, siendo que más parecía procedente de la vacada del “Flaco” Valencia. Por si eso fuera poco, daba la impresión de que era un búfalo con cruza de bisonte o un cebú cruzado con vaca Holstein. Una ridiculez de ejemplarillo, como todo lo que sale de la vacada chuchesca. Pero “El Callao” está tan torero, tan en su punto de madurez y asentamiento, que logró meterlo en su muleta y torearlo asombrosamente, dando unos derechazos superiores, lentos, largos, majestuosos. Lo mejor, sin duda, de cuanto se vio en esta tarde. A patadas obligó a embestir al descastado morucho, para luego poner tal señorío en sus muletazos, que la gente se olvidó de la insignificancia del bicho y se asombró de la inmensa calidad que Fernando pudo poner en sus muletazos. Por desgracia volvió a estar inseguro con el acero y se le fueron las orejas, Pero, con lo que apuntó de buen toreo, basta para predecir que “El Callao” puede ser el mejor de la feria…
Esa alternativa la confirmaría Fernando de los Reyes al siguiente domingo en la Plaza México. Le apadrinaría Humberto Moro y sería testigo el toledano de Santa Olalla Gregorio Sánchez. El toro de la ceremonia se llamó Fígaro y fue de La Laguna. Ese día y ante ese primer toro de la tarde, volvió El Callao a ser el que realizara lo más torero de la tarde, aunque sin cortar orejas.

Ya de matador de toros El Callao tendría una actividad intermitente. Los criterios para medir el éxito en la fiesta se regían por los baremos sembrados por el tremendismo y se volvía necesario cortar las orejas a como diera lugar para seguir en el candelero, el ser y mostrarse torero ya no era suficiente y así, la luz que emitía Fernando de los Reyes en los ruedos se fue apagando poco a poco y fue creciendo su leyenda, que llega hasta nuestros días.

Concluyo con esta apreciación del ganadero Carlos Castañeda, que nos describe con precisión al torero:
En la literatura taurina se habla de escuelas del toreo para hacer referencia a formas comunes de torear de ciertos toreros, normalmente agrupados por zonas geográficas. Es para mí que esto funciona para aquellos que no resaltan y cuyo toreo en sus tardes de éxito o en su mejor expresión, se relaciona o se parece al de otros toreros de su misma calidad expresiva o técnica que coinciden territorialmente con determinadas partes del planeta de los toros. Los heterodoxos y las figuras no caben en estos cajones, porque imprimen sellos muy propios a “su” tauromaquia o desarrollan, aportan y establecen nuevas formas a “la” tauromaquia universal. La personalidad y el contacto con el público, condición de estos, los convierte en privilegiados y parece ser, que nuestro sujeto de plática fue uno de estos. “El Callao” fue un torero inclasificable. No pertenece a ninguna vertiente del toreo nacional. Esto fue para mí lo que lo mantuvo dentro de la aceptación del público capitalino tantos años y dio origen y vida a su trascendencia en el toreo mexicano…

domingo, 22 de septiembre de 2019

Una fotografía con historia (IV)

La alternativa de Domingo González Mateos Dominguín

Alternativa de Dominguín
Fotografía: Aurelio Rodero Reca ©
© Carlos González Ximénez - Archivo Ragel
Van a ser ya diez años que publiqué esto por primera vez en otra bitácora que mantenía el amigo Carlos González Ximénez, titulada Toreros Antiguos y que fue víctima de la intolerancia de los que se autonombran antitaurinos. El acervo fotográfico que allí se nos presenta es importante y muy interesante y hay imponderables de la tecnología que permiten que a pesar del intento de silenciarla, aún se pueda consultar en modo móvil, haciendo clic en este enlace.

La fotografía que da motivo a esta entrada, obra de Aurelio Rodero – socio de Manuel Vaquero hasta la muerte de éste –, es una de las clásicas de la iconografía del toreo. José Gómez OrtegaGallito, entregando los trastos y la dignidad de matador de toros a Dominguín

La fotografía de Aurelio Rodero es la que ilustra la crónica del festejo en La Lidia y también, el libro de Pepe Dominguín titulado Mi Gente en el capítulo que hace referencia a la ceremonia.

Domingo González Mateos, Dominguín (Quismondo, 4 de agosto de 1895) quien resulta ser la cabeza de una de las dinastías más celebradas del planeta de los toros se lanza a la aventura de los ruedos en el año de 1916, cuando comienza a recorrer diversas pueblos y plazas en el aprendizaje de la profesión de torero, matando su primer novillo el día de la Asunción en Torrijos ese mismo año.

Al año siguiente logra presentarse en Madrid, primero en Tetuán de las Victorias y después en la Plaza de la Carretera de Aragón, sin convencer a la afición. Regresa a la capital hispana en febrero de 1918 y tiene ocasión de acreditar sus avances, lo que le permite en ese mismo año, recibir la alternativa que le convierte en matador de toros.

Así, para el día 26 de septiembre de ese 1918, se anuncian 6 toros de don Juan Contreras para Gallito, quien apadrinará en una ceremonia doble al sevillano Manuel Varé Varelito y al toledano Dominguín. Al final de cuentas, de los toros de Contreras solo se lidian cuatro, siendo sustituidos el primero y el sexto por dos de Salvador García de la Lama. En esa tarde, los toreros partieron plaza al son del pasodoble Dominguín obra del compositor toledano Jacinto Guerrero, estrenado en honor a nuestro personaje.

El hecho de que en la tarde se concedieran dos alternativas por un mismo padrino, fue motivo de alguna crítica. Paco Media Luna, en el semanario El Toreo, del 30 de septiembre siguiente, dice lo siguiente:
…Hemos llegado a un término de novedades, que ya, efectivamente, no sabemos de dónde sacarlas. Algunos años llevábamos viendo corridas de toros, y habíamos visto perder, por novedad, el privilegio que Madrid tenía de dar alternativas absolutas, con las plazas de Sevilla, Valencia y las del maestrazgo en general; habíamos visto corridas en que se daba la alternativa a un solo lidiador, constituyendo la fiesta en que esto sucedía un verdadero acontecimiento para el público y para el torero quien alcanzaba la distinción; pero esto de que hubiera saldos de alternativas y un solo espada para concederlas en una sola fiesta, eso, la verdad que no lo habíamos visto, ni aún sospechábamos que pudiera ocurrir… Y sin embargo, sucedió; esta suerte o desgracia le tocó a Joselito, y el esperar el turno para tomar la alternativa en una misma tarde, como quien va a tomar la cédula, les correspondió a Varelito y a Dominguín, con seis toros de la ganadería de don Juan Contreras...
A Varelito se le alternativó con Flor de Jara, de García de la Lama y sin mediar espacio, el segundo de la tarde fue el de la cesión a Dominguín, se llamó Agujeto, de Contreras, llevaba el número 20 y fue de pelo negro zaíno. Domingo González, vestido de verde esmeralda y oro, después de brindar a su padrino, lució como un torero poderoso, merecedor de nuevas oportunidades, tal y como lo describe Zig – Zag en el ejemplar de La Lidia del 30 de septiembre:
...El toledano Dominguín tuvo “mala pata”, en los toros que le cupieron en suerte. El de la alternativa se le fogueó por manso, además era un toro que huía de su sombra, y el chico de Quismondo le obligó y le hizo embestirle al capotillo, dedicándole unos bonitos lances, entre los que sobresalieron una verónica y un ceñido recorte con la rodilla en la arena… Muy templado, muy bien y von conocimiento y dominio le toreo con la muleta y con una cantidad enorme de ganas, entró dos veces, en las que pinchó bien, acertando al segundo golpe de descabello... A pesar de todo, Dominguín se presenta como torero más completo y seguro con la muleta...
Por su parte, Ángel Caamaño El Barquero, en la edición nocturna de El Heraldo de Madrid de la fecha de la corrida escribió:
Este chico, que empezó
como empieza otro cualquiera,
y pronto se destacó
entre la gente torera,
una veces imitando
el estilo de un coloso,
y otras veces demostrando
que hay en él algo grandioso;
este chico ya está en la deseada jerarquía
y el “vistobueno” le da
el rey de la torería. 
Veremos si se va al fondo
cuyas negruras espantan,
o en la plaza de Quismondo
una estatua le levantan.
La tarde de su alternativa, fue el arranque de una gran historia dentro del ambiente taurino, que comprendió, aparte de su actividad como torero, el desarrollo de diestros como Domingo Ortega, Cagancho y sus propios hijos, el desarrollo de actividades empresariales en España y América y una importante vinculación con la fiesta en México, pues fue empresario y copropietario del viejo Toreo de la Condesa en la Ciudad de México y apoderado español de toreros de esta tierra como Armillita, Rafael Rodríguez, Silverio Pérez y Luis Castro El Soldado entre los más destacados.

Domingo González, Dominguín falleció en Madrid, el 21 de agosto de 1958.

domingo, 11 de octubre de 2015

Antonio del Olivar. Su alternativa a sesenta años vista

Celayense por adopción, Antonio Oliver López nació en la Mérida mexicana el 20 de octubre de 1935 y se convierte en Antonio del Olivar cuando don Francisco Madrazo y García Granados, el señor de La Punta le nombra así al comenzar a apoyar en su carrera en los ruedos, convencido de que las estéticas maneras del diestro le llevarían a caminar largo en las arenas de los redondeles.

Antonio del Olivar se distinguió por calidad al hacer el toreo y así se recuerdan de él faenas como la de su presentación como novillero en El Progreso de Guadalajara, o como la de su debut en la Plaza México el 17 de mayo de 1953, cuando cortó la oreja de Faisán de Santo Domingo. Este triunfo en particular le valió para torear en 8 de las 30 novilladas de esa temporada, llevándose la Oreja de Plata y ligar 7 festejos más el año siguiente dentro del serial del ruedo capitalino.

Marchó a España y se presentó en Sevilla el 17 de julio de 1955 alternando con José Rodríguez Soriano y Salvador Távora, dando la vuelta al ruedo tras la lidia de su segundo novillo y hace lo propio en la madrileña plaza de Las Ventas dos días después, tarde en la que también da una vuelta al ruedo. Salda la temporada con seis festejos menores (2 en Madrid, 2 en Sevilla y 2 en Barcelona) y lo que nos trae por aquí, la corrida de su alternativa, el miércoles 12 de octubre, precisamente en el ruedo venteño, recibiendo los trastos de manos de Luis Parra Parrita para pasaportar a Empalagoso, número 14, de pelo negro, de don Tomás Prieto de la Cal. Fungió como testigo de la ceremonia Alfonso Merino. Por delante lidió un novillo de Juan Cobaleda la rejoneadora Ana Beatriz Cuchet.

El recuento que hace el diario madrileño ABC sobre el festejo, firmado por X, es de la guisa siguiente:
Alternativa del mejicano Antonio del Olivar en Las Ventas... Para conmemorar la fiesta de la Raza, la empresa de la plaza de las Ventas organizó para ayer una corrida de toros con el aliciente de una alternativa y la repetición de la gentil rejoneadora Beatriz Couchet, que tan buen éxito alcanzó el día de su presentación en Madrid. Lo de la alternativa de Antonio del Olivar bien pudo ser una delicadeza en el día de la Hispanidad; pero estamos por decir que, aún sin esos alicientes, la plaza se hubiera llenado, como, en efecto, se llenó, porque el balance de esta temporada en lo que a concurrencia de espectadores se refiere, ha sido para la empresa de las Ventas, altamente satisfactorio... La corrida enviada por Tomás Prieto de la Cal estaba bien presentada. Lo que se dice una corrida «moza» que dio los siguientes pesos: primero, 515 kilos; segundo, 500; tercero, 531; cuarto, 544; quinto, 532 y el sexto, un jabonero de buena estampa, 550. En general, los toros fueron bien a los caballos, arrancando con codicia y poder, a excepción del quinto, que salió suelto a la primera vara, fue el más flojo y llegó a la muleta con escasa arrancada... Antonio del Olivar, novillero mejicano, tomó la alternativa de manos de Luis Parra «Parrita», de doctorado reciente también. Porque esta temporada ha sido de las alternativas innumerables, y así se da el caso de que muchos «padrinos» son de tan escasa antigüedad, que al comienzo de este mismo año andaban toreando como novilleros sin historia… Olivar toreó de capa con valentía, pero con poca quietud y en estas características se desarrolló la faena de muleta, con algunos intentos de torear con la izquierda, aunque lo más afortunado fue una serie de muletazos con la derecha en que se ciñó mucho y corrió bien la mano. Dejó media no mal colocada y descabelló al cuarto intento. La tardanza al descabellar hizo que los aplausos se enfriaran. Olivar los agradeció desde el tercio… En el sexto, a la valentía se unió más aguante, y como el toro metía dócilmente la cabeza, Olivar templó buenos pases con la derecha y le resultaron impecables y lucidos varios de pecho. Entró a matar un poco precipitadamente, pero agarró una buena estocada de la que dobló el de Prieto de la Cal. Hubo larga ovación, le fue concedida una oreja y los espontáneos para estas ocasiones se lo llevaron a hombros… Olivar se lleva un buen recuerdo de su alternativa y de este día de la raza...
Como podemos ver, el toreo reposado y clásico de Antonio del Olivar conquistó pronto a la afición venteña. El toro al que cortó la oreja se llamó Empalagoso, número 42, de pelo jabonero.

Otra relación más breve del hecho se publicó en el semanario El Ruedo, en su edición aparecida al día siguiente del festejo, firmada por Benjamín Bentura, Barico, quien describe así la actuación del diestro mexicano:
Antonio del Olivar: El nuevo matador de toros mejicano toreó con el capote afectado y retorcido; pero al público le gusta esa forma de veroniquear y se le aplaudió. Algo mejor manejó el capote el mejicano cuando se echó el capote a la espalda para quitar… En el toro de la alternativa, un buen bicho que no tenía fuerza, Olivar muleteó discretamente con la derecha y mató de una corta perpendicular y delantera… En el que cerró plaza, también brindado al público, Antonio del Olivar muleteó con mucho valor y no poco garbo; prodigó los muletazos de pecho y citando de espaldas y se arrimó mucho en los que dio de derecha. Mató de una entera buena, cortó la oreja y dio la vuelta al ruedo a hombros de los capitalistas.
Entre la tarde de su alternativa y el fin de la temporada española de 1957, suma 31 corridas de toros, destacando la del 28 de abril de 1957 en Las Ventas, cuando da la vuelta al ruedo tras la lidia del tercero de la tarde, que pasa a la historia por ser aquella en la que un entonces ignorado Manuel Benítez Pérez, años después célebre como El Cordobés, se tira de espontáneo. Entre el 4 y 18 de agosto de ese año actúa tres tardes seguidas en Barcelona. La primera implicó el estoquear una corrida de Miura que según las crónicas promedió 670 kilos y en la tercera, Antonio corta el rabo de Zurdito de don Felipe Bartolomé.

En México queda memoria de su faena a un toro de La Punta en El Progreso tapatío, malograda con la espada el 19 de enero de 1958; la que realizó a Andaluz de Coaxamaluca el 15 de febrero de 1959 en la Plaza México, la de Barquillero de Pastejé, la tarde de la confirmación de Paco Camino en México, la de Soy de Seda de Piedras Negras, en la que su actuación con el capote fue calificada como una apología de la verónica o la del toro Calé, de Arroyo Hondo, el día de la inauguración de la Monumental de las Playas en Tijuana.

El 4 de marzo de 1962, cuando actuaba en El Toreo de Cuatro Caminos con Juan Silveti y Fermín Murillo, recibe una cornada muy grande en la región perineal del toro Gavilán de El Rocío. La herida tuvo tres trayectorias y una de ellas de 30 centímetros de extensión, recibida al intentar un pase de pecho.

Recuperado de la cornada, Antonio del Olivar no deja de ser parte de carteles importantes, como las confirmaciones de El Viti, Joaquín Bernadó o El Cordobés, aquél que se le tirara de espontáneo algunos años antes y tiene una tarde memorable el 16 de febrero de 1964, cuando actuando con Diego Puerta y Abel Flores El Papelero, corta las dos orejas de Cantaclaro de Santa Marta, toro de regalo.

Antonio del Olivar fue Secretario General de la Asociación Nacional de Matadores de Toros y Novillos en México, de 1969 a 1975, año en el que concluyó su gestión por haberse despedido de los ruedos el 24 de diciembre de 1974, en la plaza Rodolfo Gaona de su tierra adoptiva, en una corrida en la que alternaron con él Manolo Martínez y Curro Leal en la lidia de toros del Doctor Castro.

Antonio del Olivar falleció en Celaya, Guanajuato, el 19 de noviembre de 1997.

Este es mi recuerdo de Antonio del Olivar, un fino torero mexicano, quien es el primer torero de estas tierras que recibiera la alternativa en la madrileña plaza de Las Ventas, un día como mañana de hace sesenta años.

domingo, 18 de enero de 2015

18 de enero de 1959: Calesero y Yuca de Tequisquiapan, en El Progreso de Guadalajara

El anuncio de la corrida
Hace ya algunos años la plaza de Guadalajara era una plaza de temporada. Eran los días en los que don Ignacio García Aceves ofrecía a la afición tapatía ciclos bien definidos de corridas de toros y de novilladas – de éstas, muchas – para intentar satisfacer a una buena afición que colmaba los tendidos del hoy desaparecido coso del Hospicio. La corrida a la que me refiero este día, tenía un aliciente adicional. Se otorgaba en ella la alternativa a un torero de la tierra, a Paco Huerta, después de que realizara una interesante campaña novilleril y le apadrinaría un diestro que era de los consentidos de la afición de la Perla de Occidente, mi paisano Alfonso Ramírez, Calesero, fungiendo como testigo un torero también de fino trazo como lo era Antonio del Olivar.

El encierro a lidiarse vendría de una ganadería que iba al alza y que en El Progreso tenía un inmejorable cartel. Los toros de Tequisquiapan, criados en esos días por don Fernando de la Mora Madaleno ya habían escrito en esa ciudad historias relevantes y la intención de anunciarlos en esta oportunidad era que permitieran a los alternantes en esta tarde que continuaran con esa cadena de éxitos.

La crónica del festejo que aparece en el diario El Informador del día siguiente de la corrida, sin firma, guarda una estructura que a mi juicio debe tener toda relación de esa naturaleza, pues comienza por hacer un balance general de festejo, para pasar a analizar el comportamiento del ganado lidiado en la tarde y después entra a detallar lo que los toreros hicieron con ellos. De ella, extraigo lo que sigue.

El festejo en lo general
La mejor corrida de toros que hemos presenciado en la remozada plaza de El Progreso fue, sin lugar a dudas, la efectuada ayer, en la que el diestro tapatío, Paco Huerta recibió la alternativa de matador de toros, sirviendo como padrino Alfonso Ramírez "El Calesero", y como testigo Antonio del Olivar… La primera mitad del festejo resultó tan extraordinaria, que en el toro del doctorado cortó oreja el nuevo matador, en el segundo "El Calesero" cortó oreja y rabo, y en el tercero, Del Olivar se llevó otra oreja. En la otra mitad solo destacó la buena voluntad y el valor de los diestros alternantes…
Los toros

De la corrida de Tequisquiapan, se expresa lo siguiente, aunque se omite hacer referencia a la presencia y al trapío de los toros lidiados:
…para que el lector pueda catalogar la actuación de cada uno de los alternantes, principiaremos por mencionar las características de los toros de Tequisquiapan que se lidiaron en esta ocasión. El corrido en primer lugar fue bravo y de buen estilo, el segundo resultó de bravura extraordinaria y mereció, junto con su ganadero, una vuelta al ruedo; el tercero mansurroneó, y tuvo una lidia incierta, llegando al último tercio en condiciones nada propicias para el lucimiento, y los lidiados en cuarto, quinto y sexto lugar tuvieron más o menos las mismas características del tercero…
Una verónica de Calesero
(Apunte de Juan Medina El Artista en El Informador 19/01/59)
Como se lee de lo transcrito, don Fernando de la Mora Madaleno dio la vuelta al ruedo tras la lidia del segundo de la tarde, en compañía de Calesero.

El gran triunfo de Calesero

Como lo señala el título de esta entrada, Calesero tuvo este día una de las grandes tardes de su vida. El segundo toro de la tarde – primero de su lote – fue nombrado Yuca y según la narración del anónimo cronista de El Informador, fue un toro de vuelta al ruedo. El trianero no lo dejó ir, lo aprovechó totalmente y escribió una de las grandes páginas de su historia en los ruedos, según podemos leer:
Toreó para él y de paso lo hizo para los aficionados. Se inspiró con la bravura de su adversario y, engolosinado, ejecutó una de las mejores faenas de su vida y la más extraordinaria que ha desarrollado en esta ciudad. Inició su obra en el segundo de la tarde, al que le pegó media docena de lances a la verónica, que fueron un portento de bien torear y después que remató con torerísima media de rodillas, la música tocó en su honor y los aficionados lo aplaudieron en forma tal que lo obligaron a dar la vuelta al anillo, devolviendo prendas de vestir. Con la plaza convertida en un manicomio, ya que después de un pinturero quite, clavó superior par de banderillas al quiebro, inició su colosal faena con un muletazo cambiado, para luego engarzar formidables derechazos, extraordinarios naturales, que siempre remató con el forzado de pecho en forma impecable y entre ovaciones de la multitud, siguió ejecutando toda clase de suertes del toreo, en las que no solo se vio la elegancia y personalidad del artista, sino también el valor, la seguridad y el dominio del maestro, del que ha llegado a la cúspide de su profesión y que sabe darle a cada uno de sus rivales la lidia requerida, de acuerdo con sus condiciones… Y como mató entrando como mandan los cánones, y después de un descabello, huelga decir que los aficionados blanquearon la plaza con sus pañuelos pidiendo los máximos honores para “El Calesero” y como la autoridad no tuvo inconveniente en conceder, el triunfador dio dos vueltas al ruedo luciendo la oreja y el rabo de su enemigo, acompañándolo en su segundo recorrido el ganadero de Tequisquiapan...
Antonio del Olivar

El torero nacido en la Mérida mexicana, pero afincado desde muy joven en Celaya, exhibió una arista distinta a la que tenía acostumbrada a la afición y públicos. No fue el torero de trazo fino y maneras clásicas esa tarde, sino que contra cualquier idea preconcebida, el triunfo lo obtuvo a partir de una exhibición de valor y de jugarse la vida ante un manso. Así se vio su actuación:
Tuvo muy poca suerte en el sorteo, ya que ninguno de sus adversarios se prestó para el lucimiento, pero este joven torero, no conforme con su suerte, se puso más bravo que sus toros y, cuando éstos no quisieron embestirle, él les embistió a ellos, logrando en tales condiciones su más meritorio triunfo en esta ciudad, pues si cuando el torero alcanza el éxito con un toro bravo es digno de aplauso, cuando logra triunfar con un manso, es superior el mérito… Y precisamente el éxito de Antonio en esta ocasión fue mayor, ya que le tumbó la oreja a un manso, al que a fuerza de consentir y aguantar, y meterle la franela en el hocico, lo hizo que arrancara en varias ocasiones para endilgarle superiores muletazos, en los que corrió la mano con valor y clasicismo. Hubo naturales y derechazos de muy buena factura, pero más que nada hubo una gran voluntad por parte del torero para jugarse la cornada, y como mató de certera media estocada, los aficionados pidieron y la autoridad concedió justificadamente la oreja...
El toricantano

Paco Huerta había hecho una interesante campaña novilleril que le había llevado a presentarse en la Plaza México el 7 de septiembre del año anterior, alternando con Emilio Rodríguez y Mario Ortega en la lidia de novillos de Cerralvo. Don Ignacio García Aceves le consideró preparado para la alternativa y le programó en este cartel con dos toreros artistas. El toro de la ceremonia – primero de la tarde – se llamó Hormigón y le cortó una oreja. Su actuar ante él fue el siguiente:
Quien desde esta fecha ha quedado convertido en matador de toros, tuvo una brillante alternativa, ya que logró cortarle la oreja al toro de su doctorado… Al primero no le hizo gran cosa con el percal, seguramente porque todavía estaba en plan de novillero, pero en cuanto “El Calesero” le cedió los trastos de matador, después de la ceremonia correspondiente, el tapatío se portó como todo un matador de categoría... Sus primeros muletazos fueron tres ayudados por alto, pegado al estribo, en los que templó y mandó con seguridad y dominio, para luego seguir con una serie de naturales en los que derrochó valor y puso a los aficionados de pie para festejarlo. Siguió con varios derechazos, que prendieron más el entusiasmo entre sus paisanos, ya que en cada uno de ellos se quedó más quieto que un poste, y después de nueva serie de naturales, de pecho, ayudados por alto y derechazos, ejecutó temerario molinete que mucho le ovacionaron, para tirarse a matar y lograrlo en el segundo viaje… Los aplausos arreciaron, los pañuelos salieron a relucir, la charanga tocó en honor del nuevo matador de toros y la autoridad concedió la oreja, con la que el diestro recorrió el anillo en señal de triunfo, devolviendo prendas de vestir...
Para terminar, dos opiniones más

Respecto de la actuación de Calesero esta tarde, dijo don Ignacio García Aceves: Si Calesero saliera así todas las tardes, sería el dueño del Banco de México.

Y por su parte, el ganadero Francisco Madrazo Solórzano remató: Cuando los artistas se enfadan y les sale un toro a su modo, cuidado con ellos, porque no perdonan…   

domingo, 14 de diciembre de 2014

14 de diciembre de 1947: La alternativa mexicana de Manolo dos Santos

Manolo dos Santos
La temporada taurina 1947 – 48 en la capital mexicana sería muy diferente a las tres anteriores. Nada más iniciar 1947 se rompieron – nuevamente – las relaciones entre las torerías de España y México y las dos empresas que funcionarían en la Ciudad de México – el Toreo de Cuatro Caminos estaba por ser inaugurado, asunto que ya he tratado en esta Aldea aquí – tenían en perspectiva la organización de dos temporadas que organizar sin la presencia de toreros como Manolete, Pepe Luis Vázquez o Luis Miguel Dominguín que vinieran a enriquecer los carteles al lado de las figuras mexicanas.

El elenco de la Plaza México se formó con toreros como Luis Procuna, Antonio Velázquez, Carlos Arruza, el reaparecido Silverio Pérez, Fermín Rivera y Ricardo Torres – quienes también actuarían en el coso recién inaugurado – además de Jesús Solórzano y Gregorio García. Para El Toreo estaban en exclusiva Armillita, Luis Castro El Soldado y Carlos Vera Cañitas, además de los que actuaron en los dos cosos. Por los extranjeros, actuó en El Toreo Manolo dos Santos de Portugal y en la México el peruano Alejandro Montani y el ecuatoriano Edgar Puente. Esos eran los mimbres que se tenían para ese ciclo capitalino.

La alternativa de Manolo dos Santos

La tercera corrida de la temporada inaugural de El Toreo de Cuatro Caminos se anunció con un encierro de Pastejé para Armillita, Carlos Arruza y el lusitano Manolo dos Santos, que recibiría la alternativa. La Plaza México no dio festejo ese domingo, lo que permitió que la entrada en el nuevo circo taurino fuera total. La crónica de Carlos León, el cáustico cronista del diario Novedades de la capital de México, refiere lo siguiente acerca de este fasto:
Trágica alternativa. – Brevemente pasó por la arena del “Nuevo toreo” la figura del debutante lusitano Manolo dos Santos, pues “Vanidoso” de Pastejé, se encargó de eliminarlo del ruedo para ponerlo en manos de los médicos. El toro era bravo y fue el mejor de la tarde. Sacó fuerza y poderío, se revolvía alegre sobre los capotes y tomó con codicia el del diestro portugués en quien anotamos un buen lance y un excelente recorte final… En los quites dio lugar a que los tres alternantes se lucieran… Dos Santos tomó las banderillas. De los tres pares que colgó, le resultó sobresaliente el segundo de poder a poder… “Armillita” le cedió los trastos y el ahijado brindó al público. Inició su faena por alto e inmediatamente echó abajo la mano derecha, para torear en redondo con buenas maneras, hasta que una colada de la res – que era pegajosa y se cernía – lo obligó a enmendarse… Reanudó con agallas su trasteo, al “tragar paquete” en dos muletazos por alto, ceñidísimos. Y también usó con acierto la zurda en tres naturales que remató dignamente con un bello forzado de pecho… El aire le molestaba y lo descubría, pero él se desentendió de Eolo y continuó arrimándose. Fue así como quedó a merced de la fiera al querer estirarse en otro obligado de pecho, donde el pitón del burel lanzó su brutal hachazo sobre el muslo derecho de Manolo. Fue una cornada seca sin aparato, pues ni siquiera llegó a derribarlo. Pero bien pronto el terno rosa se manchó con una intensa hemorragia. Valiente el de Portugal, quiso seguir toreando, haciéndose necesario que sus compañeros y peones lo sacaran del ruedo a fuerza viva…
Manolo dos Santos reaparecería en Cuatro Caminos hasta el 1º de febrero de 1948, alternando con Armillita y Luis Procuna en la lidia de toros de Zotoluca, en una corrida de esas que poco dejan para el recuerdo.

El triunfo de la tarde, de Arruza

Carlos Arruza no era personaje de la preferencia de Carlos León. Se refería a él como el Si – Clown o Ciclón Veloz – apelativo de un luchador de la época – y en sus agudas crónicas no lo dejaba con cabeza, cualquiera que fuera el resultado de sus actuaciones. Al repasar la crónica me sorprendió el talante con el que León relató la actuación de Arruza esta tarde, en la que cortó el segundo rabo otorgado en el nuevo Toreo – había ya cortado el primero el domingo anterior – y creo que vale la pena recordarlo aquí:
No soy yo precisamente quien tiene que rectificar su primera impresión sobre un torero, cuando ha sido el propio Arruza, quien, ha rectificado su manera de hacer el toreo. Hace ocho días le puse el “pero” de que fuera un lidiador fundamentalmente de piernas. Ahora me place reconocer que también ha sabido serlo de brazos; más aún: de exclusivo juego de muñecas, mientras que las plantas de los pies se sembraban, estoicas e inmutables… Doblemente me complazco en señalarlo, por haber sido el único que lo dijo. Yo opiné que, a más tardar en su tercera actuación, pasada la inicial sorpresa de su portentoso alarde de facultades, el público tendría que gritarle: “¡Quieto, quieto!” Y reconozco que antes de que ese grito se oyese, el propio Carlos Arruza salió ayer a poner de manifiesto que también puede fincar sus grandes éxitos en el secreto del aguante. Ante esa evidencia y mientras en tales circunstancias se desenvuelvan sus posibilidades, ¡con que gran satisfacción me uno a quienes han proclamado al criollo como un portento taurino de la época! Y en especial, porque ha usado limpiamente la mano zurda, que ayer, como antaño y siempre, tendrá que ser la piedra de toque para valorizar un torero…
El toro al que Arruza cortó el rabo se llamó Centenario y fue de Pastejé, quinto de la tarde. Antes ya había cortado las orejas al tercero, de San Mateo, sustituto de Revoltoso, del hierro titular, devuelto por lisiado y curiosamente, fue brindado por Carlos a los Duques de Montoro, de visita en México por esos días. Fue el segundo de 35 rabos cortados en esa plaza de toros – ya extinta – historia que fue cerrada el 1º de diciembre de 1994 por Eloy Cavazos al cortar el rabo al toro Fundador de Arroyo Zarco.

Armillita

El Maestro de Saltillo cortó las dos orejas al primero de su lote, Serranito, en una faena que al decir de Carlos León, se premió el ejercicio de la sabiduría del torero por sobre la brillantez del trasteo, dado que a excepción del toro que abrió el festejo, el resto de la corrida fue un saldo ganadero.

Y concluyo


Al volver a Europa Manolo dos Santos renunciaría a esta alternativa para torear novilladas en la temporada española y volver a recibir el grado el día 15 de agosto de 1948 en Sevilla, apadrinándole Manuel Jiménez Chicuelo en presencia de Andaluz, siendo el toro de la ceremonia Verdón, de Villamarta.

domingo, 16 de noviembre de 2014

16 de noviembre de 1952: La primera alternativa de Alfredo Leal

Le llamaban El Príncipe del Toreo
Alfredo Leal Kuri fue parte de una generación de toreros que hicieron el parteaguas de la historia de la fiesta en México, de aquellos que hicieron posible el hablar del antes y el después de una Edad de Oro, de la generación del 48 que fue encabezada por Los Tres Mosqueteros, aunque en ella también se formaron con honores el propio Leal, y aunque presentados en las dos temporadas anteriores, también la integraron Héctor Saucedo, Nacho Treviño, Jorge El Ranchero Aguilar, Juan Estrada, Alfonso Pedroza La Gripa, Curro Ortega, Fernando López El Torero de Canela, Tacho Campos, Rubén Rojas El Jarocho, Paco Ortiz y otros varios que caminaron más o menos largo en lo que Díaz Cañabate llamara en su tiempo El Planeta de los Toros, pero que tuvieron la virtud de demostrar a la afición que el trono que pronto dejarían vacante Fermín, Garza, Silverio y El Soldado, podría ser dignamente ocupado por un largo tiempo.

Alfredo Leal debutó como novillero en la plaza más grande del mundo el 11 de junio de 1948, flanqueado por nuestro Alfonso Pedroza La Gripa y Tacho Campos, para lidiar novillos de don Jesús Cabrera, ganadero que tendría predilección por las cristalinas maneras de este torero. Da la vuelta al ruedo tras la lidia del novillo Muñequito en esa oportunidad y se abre las puertas de las demás plazas de la República y así, el 26 de septiembre de 1948, hace su única aparición con ese carácter en el viejo Progreso de Guadalajara, sustituyendo a Rafael Rodríguez, quien dos domingos antes había irrumpido como volcán en la Plaza México. Actuó Leal junto a Arcadio Ramírez y Joaquín Díaz para despachar novillos de Santín. Don Paco Madrazo recuerda así esa actuación: Es un diestro de fino hacer y limpio trazo… La gente comenzó a hablar de Leal, un torero de cristal….

Tras recibir en 1949 dos cornadas de un novillo de La Punta en la Plaza México, Alfredo Leal se aparta de los ruedos, para volver con el ánimo renovado en la temporada novilleril de 1952, misma de la que resulta ser uno de los triunfadores y con ello se ganó el derecho a recibir la alternativa en la siguiente “temporada grande”, misma que se programó para la tercera corrida del ciclo, en la que se anunció originalmente un encierro de Zacatepec para Carlos Arruza – quien toreaba la que resultó ser la campaña de su despedida –, José María Martorell y el toricantano. Al final de cuentas, se lidiaron solo cuatro de los toros del encierro titular y por una cuestión administrativa – el hierro de mayor antigüedad tenía que abrir y cerrar plaza – los dos sustitutos de La Laguna vinieron a corresponder al toricantano.

El toro de la cesión se llamó Cortapelo y Alfredo Leal estuvo bien con él. La tarde fue para su padrino Carlos Arruza, quien realizó una de sus grandes obras en la Plaza México ante Bardobián de Zacatepec. Los sucesos de la corrida los cuenta así la crónica de agencia publicada en el diario El Informador de Guadalajara, del día siguiente del festejo:
México, D.F., noviembre 16. - Ante un lleno imponente se efectuó esta tarde una corrida en la Plaza México, alternando Carlos Arruza, José María Martorell y Alfredo Leal, habiendo recibido este último la alternativa de manos de Arruza. Se lidiaron cuatro toros de Zacatepec y dos de La Laguna; estos exclusivamente para Leal, quien estuvo desafortunado en su faena. 
Al primer toro de la alternativa, bravo y pegajoso, le hizo Leal una empeñosa faena, coronándola con una impresionante estocada de efectos rápidos. A su segundo le hizo un trasteo anodino, en el que a menudo fue el toro el que se impuso al diestro. Lo terminó con una buena estocada, ante la indiferencia general. 
Arruza se enfrentó a su primero, que resultó el manso de la tarde. Lo banderilleó sin fortuna, pero le hizo una faena dominadora, con muletazos por bajo muy bien rematados, inclusive varios derechazos, antes de matarlo con una estocada caída. A su segundo le cuajó un extraordinario quite por gaoneras; lo banderilleó en forma magistral y le hizo una gran faena con pases de todas marcas; naturales pletóricos de mando, derechazos pausados y dos muletazos de su invención, pasándose la res por la espalda; le hizo un gran molinete de rodillas y mató de una soberana estocada, todo lo cual convirtió la plaza en un manicomio. Se le dieron las dos orejas y el rabo, y se le hizo dar varias vueltas al ruedo. 
Martorell también logró una buena actuación. Veroniqueó toda la tarde en forma espectacular, con las manos muy bajas, haciendo que la música sonara varias veces en su honor. Cuajó dos dramáticas faenas, metido siempre entre los pitones para hilvanar naturales y derechazos indiscutiblemente emocionantes. Mató a su primero de una buena estocada y le cortó la oreja, dando la vuelta al ruedo. En su segundo también cortó oreja en medio de aclamaciones”. 
La crónica atribuye a José María Martorell el haber cortado dos orejas esa tarde. Por su parte, la estadística que recuperó don Luis Ruiz Quiroz para la obra Plaza México. Historia de una cincuentona monumental, señala que solamente cortó la oreja al quinto de la tarde. El texto de la obra, escrito por don Daniel Medina de la Serna, coincide en lo esencial con la crónica que transcribo, en el sentido de que la alternativa de Leal fue anodina.

La falta de un triunfo sonado en esta fecha le impidió a Alfredo Leal el caminar con la dignidad de matador de toros de inmediato. Tanto así, que al año siguiente renunció a ella y marchó a España a torear como novillero y a conseguir de nuevo la categoría de matador de alternativa, la que ahora sí, paseó con categoría por casi tres décadas por los ruedos del mundo. Pero ese es un asunto del que me ocuparé más adelante en esta misma bitácora.

Alfredo Leal falleció en la Ciudad de México el 2 de octubre de 2003.

Aquí inserto un vídeo de una actuación de Alfredo Leal, a mitad de los años sesenta, en la plaza de toros El Progreso de Guadalajara, donde se puede apreciar la gran calidad de su toreo. Ojalá que lo disfruten.




domingo, 26 de octubre de 2014

11 de julio de 1954: Alternativa de Raúl Iglesias en Carabanchel

Raúl Iglesias
(Foto cortesía blog Toreros Mexicanos)
Raúl Iglesias, originario de San Luis Potosí, fue uno de los toreros mexicanos que se vieron eclipsados por el advenimiento a los ruedos, primero del fenómeno llamado Joselillo y después por el de los Tres Mosqueteros, pues aunque inició su camino en las plazas de la capital mexicana desde el 20 de agosto de 1944, al enfrentar 5 novillos de Ajuluapan y uno de Sayavedra en unión de Félix Briones y Leopoldo Gamboa – asunto del que ya me he ocupado en este lugar – y posteriormente hizo la transición a la Plaza México actuando en la primera novillada que se diera en ese escenario el 26 de mayo de 1946, cuando alternó con Manuel Jiménez Chicuelín y Gabriel Soto para dar cuenta de un encierro de Santín y aún acusando buenas maneras en su día, no pudo alcanzar el paso de los que al final de cuentas marcaron un parteaguas en la historia del toreo mexicano.

No obstante, Raúl Iglesias no dejó de lado su intención de llegar a ser matador de toros y aún cuando muchos de sus compañeros de promoción habían obtenido ya el grado de matadores de toros, partió a Europa junto con toreros como Alfredo Leal, Fernando de los Reyes El Callao o Jaime Bravo y a partir de 1952 realizó campañas novilleriles allá, logrando presentarse en la plaza de toros de Las Ventas el 1º de junio de 1952, fecha en la que alternó con Juan Zamora y Jesús Gracia en la lidia de novillos de Isaías y Tulio Vázquez.

Entre la fecha de su presentación y el 9 de mayo de 1954, Raúl Iglesias actuaría cinco veces en la plaza más importante del mundo y quizás su tarde más destacada en ella sería la del 28 de marzo de ese último año, cuando acartelado con Paco Ruiz y Rafael Carbonell, por heridas de sus alternantes, se quedó con cuatro de los seis novillos anunciados y le cortó la oreja al sexto, Burgalés, número 29, de Molero Hermanos.

La alternativa de Raúl Iglesias se anunció para el 11 de julio de 1954 en la Chata de Vista Alegre en Carabanchel. Los toros a lidiarse serían de José Carvajal González, quien lidiaba en prueba de ascenso. El padrino de la ceremonia fue Jaime Malaver, quien le cedió al toro Ruiseñor, número 62 de la ganadería anunciada y el testigo, Enrique Vera. El hecho de la alternativa en sí es uno que merece ser recordado, aunque he de añadir que de los 70 toreros mexicanos que han recibido la alternativa en España, Raúl Iglesias es el único que la obtuvo en Carabanchel.

El toricantano de hace 60 años fue herido por el toro de su alternativa, al igual que su padrino y el picador Manuel Pérez Lobo. La primera crónica del festejo en cuanto a tiempo, fue la escrita por quien firmó como Lafuente para la Hoja del Lunes siguiente al festejo y de ella extraigo lo que sigue:
No estuvo lucida la corrida de toros de Vista Alegre, pero sí variada. Hubo profusión de banderillas negras, caídas aparatosas, música, corte de una oreja y tres cogidas, afortunadamente, sin graves consecuencias… No fue precisamente el aire molestísimo que reinaba el mayor enemigo de los lidiadores. La corrida enviada por la ganadería en periodo de prueba de don José Carvajal González, de Jabugo, fue desigual, pero con predominio de los broncos, reservones y de tal mansedumbre que resultaron ilidiables. Los dos últimos embistieron algo a fuerza de porfía… Del mejicano Raúl Iglesias sólo puede decirse que hizo al primero de los auténticos “enemigos” un quite vistoso y pinturero. Nada más recibir los trastos de manos de Malaver, al desplegar la muleta en el pase inicial de la faena fue destapada por el aire, y el toro lo derribó, cogiéndolo y tirándolo dos veces, dando la sensación de grave cornada... El público, sin duda, presagió la corrida y acudió a ocupar tan solo una tercera parte de la plaza. Desde luego, con Eolo iracundo y el ganado suspendido en la prueba pública, no era posible hacer mayores florituras a unos toreros que, por añadidura, se encuentran desentrenados... Parte facultativo. – Raúl Iglesias sufrió puntazo corrido en región lumbar, contusiones y erosiones múltiples y conmoción cerebral. Pronóstico reservado... Dr. Gómez Lumbreras.
El martes siguiente, Miguel Ródenas fue el encargado de narrar los sucesos para el ABC madrileño. De su relación copio estas líneas:
No fue tarde de toros la del domingo. Esto no quiere decir que fuera tarde de castañas asadas y de mesa – camilla, pero tampoco de toros. Las dificultades que origina el viento pueden salvarse a veces cuando se tiene delante a una bestia noble y suave, pastueña y fácil. Lo difícil, en ocasiones trágico, es hallarse ante unos cornúpetas que como los de la divisa de D. José Carvajal González, imponentes de trapío, tuvieran además un estilo endemoniado, acusaran fuerza y desconcertaran, justamente a algunos toreros por las cortas arrancadas y por un cabeceo también huracanado, como la tarde… Raúl Iglesias fija al toro de su alternativa con unos lances muy toreros. No hay otra cosa que hacer, mejor dicho, no se puede hacer otra cosa. Y viene el abrazo de ritual en el que Malaver da la alternativa a Iglesias. El mejicano se dirigió al toro – que como todos, era incierto, reservón y cobarde –, y al desplegar la muleta ante el hocico del morucho, el diestro perdió el engaño por un derrote y ya sin defensa posible, el marrajo alcanzó al torero, corneándole… Afortunadamente, Raúl Iglesias, pese a la aparatosa cogida, solo sufrió erosiones y contusiones de pronóstico reservado... Justo es consignar que Pedro Mesa bregó muy bien y que los picadores “Manoliyo de Córdoba” y Juan Avia pusieron las varas con gran arte y eficacia. Y ahora, una duda me está atormentando y que brindo a los maestros Corrochano y “Giraldillo” para qué, con su sapiencia, me saquen de ella: Si un novillero va a tomar la alternativa y cuando se la han concedido con el ceremonial de costumbre, al primer pase resulta cogido el diestro y no mata al toro que le corresponde, ¿se puede considerar el torero en lo sucesivo como matador de toros? Si lo último que mató el diestro fue un novillo y no un toro, por circunstancias adversas, ¿qué tiene efectividad? ¿La teoría o la práctica? Creo que el tema merece cierta atención y por eso humildemente, lo consulto.
La duda final que expresa Ródenas en su crónica se repite tiempo con tiempo, aunque es claro que una vez consumada la cesión de trastos, el grado de matador de toros se ha alcanzado, independientemente de que el toricantano pueda o no matar al toro de la ceremonia.

Raúl Iglesias no confirmó su alternativa ni en la Plaza de Las Ventas, ni en la Plaza México. Duramente castigado por los toros, en los años finales de su vida estuvo confinado a una silla de ruedas a consecuencia de las lesiones recibidas en los días en los que vistió de luces. No obstante, aprovechó los conocimientos obtenidos en los ruedos para apoyar a la escuela taurina que funcionó algunos años en la Plaza México.

Raul Iglesias falleció en la Ciudad de México el 6 de abril de 2011.

domingo, 28 de septiembre de 2014

28 de septiembre de 1930: El Rey del Temple recibe la alternativa en Sevilla

San Miguel de 1930
Jesús Solórzano Dávalos fue el triunfador de la temporada de novilladas de 1929 en El Toreo de la Condesa, un serial en el que junto con él descollaron Carmelo Pérez, Esteban García y José González Carnicerito, con quienes completó el cartel de la Oreja de Plata formado por suscripción popular a iniciativa de El Universal Taurino, festejo que se celebró el 8 de septiembre de 1929, con un encierro de Santín. El moreliano fue quien se llevó el trofeo en la espuerta y curiosamente, sus tres alternantes morirían posteriormente a consecuencia de heridas por asta de toro.

La obtención de la Oreja de Plata garantizó a Jesús Solórzano la alternativa en la siguiente temporada de corridas de toros y así, el 15 de diciembre de ese mismo año, el santanderino Félix Rodríguez le cedió al toro Cubano de Piedras Negras en presencia de Heriberto García para investirlo como matador de toros en la capital mexicana.

Marcha a España en 1930 e inicia una campaña como novillero que le lleva a actuar en las principales plazas de la península y es en la Feria de San Miguel de ese calendario que se anuncia su alternativa en un cartel formado originalmente con Antonio Márquez como padrino y Marcial Lalanda como testigo, para enfrentar un encierro de los hermanos Luis y José Pallarés (antes Peñalver). Sin mediar explicación, cayó del cartel el llamado Belmonte Rubio y entró en su lugar Cayetano Ordóñez Niño de la Palma, por lo que el padrino del ya llamado aquí en México El Rey del Temple fue Marcial Lalanda.

Juan Mª Vázquez, en el número del ABC de Sevilla aparecido el 30 de septiembre de 1929, refirió lo siguiente acerca de la corrida de la alternativa de Jesús Solórzano:
El nuevo doctor. – Desde el domingo, la comunidad taurina cuenta con un nuevo doctor: es el mejicano Jesús Solórzano, que allá en la primavera, al presentarse en España ante el público de Sevilla, logró interesar a los aficionados más severos con un arte muy moderno y gallardo que era feliz asimilación y trasunto de la manera de Antonio Márquez, con tanta exactitud reflejada que hasta faltaba en la feliz asimilación el granito de sal de que el bien escogido modelo carecía... De la campaña que el novillero Solórzano desarrolló ante nosotros – olvidando descensos inevitables –, quedaban, para hacerle merecedor de la categoría máxima, los buenos recuerdos de sus lances de capa, ceñidos, templados y elegantes, y, sobre ello, la emoción de la soberbia faena de muleta con que enardeció a los sevillanos, en la tarde en que se les dio a conocer. Las crónicas y comentarios que inspiró su labor afortunada constituía – aún sin el aditamento de su triunfo en Madrid – documentación suficiente para unir a la solicitud de alternativa, escalada hoy por cualquier audaz exento de valor personal y de méritos artísticos. Ya la tiene Solórzano, y alcanzada en la cuna y la sede de su arte. Que siempre use de ella con pundonor y decoro, mirando a completar su personalidad en el oficio – que es ya distinguida – y evitando a quienes fueron los primeros en aplaudirle por estas tierras el mal sabor de las retractaciones... En su día solemne, el notable lidiador se produjo con ese pundonor que para lo futuro le pedimos; animoso, lleno de los mejores deseos se esforzó en agradar al concurso, y si no siempre el éxito correspondió al designio, por lo general su labor fue buena y dejó grato sabor... Capeó al natural al que abrió plaza, de salida y en los quites – adornándose aquí con una vistosa serpentina – estirado, quieto y apretándose. Aunque el toro no tenía buen estilo - la corrida de los Sres. Pallarés, en ese respecto, dejó bastante que desear -, quiso sumar al esfuerzo su arte de banderillero, y reuniéndose muy bien puso con gran facilidad dos pares y medio – derrotando el bicho las dos últimas veces – que le fueron – como los lances consignados – aplaudidísimos. En fin: investido por Marcial, libró con un buen ayudado una acometida imprevista y, seguidamente, entre dos naturales aceptables, consumó, sereno y valiente, un gran pase de pecho. Con la derecha, cerquísima de las astas, aunque sufriera más de un derrote, siguió con adornos el estimable trasteo, hasta que, igualada res, entrando muy ligero, dejó una estocada atravesada. Un descabello a la segunda tumbó al enemigo, y Solórzano, afectuosamente, dio la vuelta al dorado círculo... La lidia del sexto estuvo tocada de la sosera de aquél animal, animándola tan solo el arte del banderillero. Al matar entró bien al pinchar y mal al secundar con una estocada fea... En el resto de la lidia, como capeador, Solórzano ostentó repetidas veces la brillantez de su estilo. Fue magnífica su intervención en el lucidísimo tercio de quites del tercer toro, el único verdaderamente bravo de la primera de Feria... Porque Jesús necesita del toro bravo y codicioso; el que amilana a los astros prudentes. Cuando le veamos ante bichos de esa clase, su figura, entonadamente compuesta el domingo, volverá – en armónica pugna el artizado arrojo y la noble fiereza – a nimbrarse de un claro resplandor... 
Jesús Solórzano, visto por Martínez de León
la tarde de su alternativa (ABC de Sevilla 30/09/30)
Ese sería el primer paso de una historia que se escribiría con nombres como los de Revistero, de Aleas – al que cortó las dos orejas en la plaza vieja de Madrid y de lo que me he ocupado ya en esta AldeaGranatillo, Redactor, Cuatro Letras, Batanero, Brillante, Príncipe Azul, Pies de Plata, Tortolito, Picoso o Pimiento y que lograron construir la historia y la leyenda de El Rey del Temple.

Jesús Solórzano se despidió de los ruedos el 10 de abril de 1949 en la Plaza México, en una corrida de toros en la que alternó con Luis Procuna y Rafael Rodríguez en la lidia de un encierro de Matancillas. El último toro que mató vestido de luces fue Campasolo y llevaba en el anca el hierro de La Punta – ganadería hermana de la anunciada – también propiedad de sus cuñados Francisco y José C. Madrazo, al que le cortó una oreja. 

Jesús Solórzano Dávalos falleció en la Ciudad de México el 21 de septiembre de 1978.

Nota: Los resaltados en la crónica de Juan Mª Vázquez, son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en el original.
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