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domingo, 15 de febrero de 2015

15 de febrero de 1953: Luis Procuna y Polvorito de Zacatepec

Luis Procuna en la Plaza de Acho
Luis Procuna sin duda fue un torero marcado por los contrastes. En una andadura por los ruedos que se prolongó durante más de tres décadas, su juego de luces y sombras fue uno de los distintivos que siempre le acompañó. En la Plaza México tuvo tardes de triunfo, pero las dos más grandes, sin duda, sucedieron con veinte años de diferencia, la primera, a la que me refiero el día de hoy y la de su despedida de los ruedos, ocurrida el 10 de marzo de 1974, cuando en olor de esa atracción que sobre las grandes masas ejercen solamente los genios de acusada personalidad, dijo adiós a una profesión que le permitió conocer las grandes alturas, pero también las más profundas simas.

La tarde de Polvorito

Esta faena es quizás una de las más vistas en el cine dentro de la historia del toreo. Es la que da pábulo a la construcción de la historia de la película ¡Torero!, dirigida por Carlos Velo y producida por Manuel Barbachano Ponce, en la que, a partir de las meditaciones del torero antes de la corrida, se reconstruye su vida y se nos presenta la catarsis del fracaso, trocada en el gran triunfo.

Recurro en primer término a la versión del periodista mexicano Javier Santos Llorente, un periodista que no lo es de toros y que en la proximidad del cincuentenario de la Plaza México, se propuso presentar un retrato de quien era el único sobreviviente – en ese momento – de los tres espadas del cartel inaugural del gran coso. El libro se titula Procuna. Retrato surrealista de un torero y allí se cuenta este episodio de la vida del Berrendito de San Juan de la siguiente forma:
Aquella tarde del 15 de febrero de 1953 destacó como nunca la personalidad desigual y desconcertante de Luis Procuna. Atravesaba por una etapa de depresión que había hecho bajar demasiado sus bonos taurinos. Estaba fuera de control nervioso y se encontraba en esa situación en que la mente no se centra, no responde, sino que conduce a actos involuntarios… En el cartel figuraban Carlos Arruza y Manolo Dos Santos, quienes ya venían toreando en pareja con bastante éxito. Procuna iba de relleno y ni así querían dejarlo torear al lado de aquellas figuras, pero Arruza lo impuso… Aparte de otras preocupaciones, Procuna tenía la de querer manifestar su agradecimiento a Arruza, quien era un gran torero, gran compañero y un gran señor, pues habiendo notado la perturbación de Luis se convirtió prácticamente en su subalterno para ayudarle a que su toro doblara, así, en la plaza, públicamente, Procuna se lo agradeció… Pero las cosas no quedaron en eso; empeoraron. Procuna estaba en plan de desastre. Con sus dos toros había estado fatal. Quién sabe qué se había apoderado de él, pero el caso era que se mostraba aterrorizado, presa de pánico, y huía del toro como de un fantasma demoníaco para ir a echarse de cabeza al callejón. Esto sucedió tres o cuatro veces por lo que el público se encrespó primero, luego se enfureció, y empezaron los insultos desde los tendidos. Bronca completa, hasta el reloj… Un griterío, una escandalera en grande que amainó cuando por el sonido de la plaza se escuchó: “Atención respetable público, en vista de su conducta, la autoridad ha impuesto una multa de cien pesos al diestro Luis Procuna”. Regocijo por parte de la gente y vivas al juez Lázaro Martínez porque la había vengado… La corrida estaba terminada, pero no… aún no. De pronto apareció Procuna plantado frente al palco de la autoridad solicitando permiso para regalar un toro. No podía hacer otra cosa que jugársela… La tarde había sido terrible, mortal para él; no enmendar representaba la ruina como torero. Ángel su hermano, que actuaba como su apoderado, le había autorizado el toro de regalo. El juez multador se levantó el sombrero y concedió el permiso… Mucha gente empezaba a abandonar los tendidos y desfilaba hacia los túneles de salida, pero volvía los ojos hacia el ruedo y vio con escepticismo que Procuna iba a regalar un toro. ¿Para qué?, se preguntaban. Casi todos los espectadores estaban levantados de sus asientos cuando se abrió la puerta de toriles y salió en estampida un toro, ¡pero un toro!, bufando y embistiendo con tal bravura que hundía los cuartos traseros en la arena arremetiendo contra el burladero como si quisiera levantar la plaza… El recibimiento que hizo Procuna a aquella fiera con el capote fue una llamarada que encendió la tarde que empezaba a extinguirse. Y retumbó el primer ¡olé!, profundo, estentóreo. A partir de ahí ya no dejó de torear en plan de genio. El público se había vuelto a sentar para ver aquél capote brillando con las chicuelinas y las gaoneras, y el tercio de banderillas que realizaba con vistoso estilo y alegría. ¡El toro era todo suyo!... Y después, el último tercio, con la plaza hirviendo. Procuna tuvo una idea que desbordó la grandiosidad del momento. Tomó los trastos y muy majo, encastado, montera en mano, se plantó respetuoso ante el placo de la autoridad y brindó la muerte de “Polvorito” a don Lázaro Martínez, con lo que lo hizo pasar a la historia como el único juez que ha recibido el brindis de un torero en la Plaza México… Luego empezó la faena. No es posible volver a narrar algo que tenía a todos al borde de la locura, con el frenesí sacudiendo la plaza hasta sus cimientos. Procuna se embriagaba del placer de torear, por alto, por abajo, en todas formas, como él quería, y emborrachaba a la gente con aquél derroche de inspiración, valor y arte. Toro y torero eran la fusión perfecta que hay en la fiesta brava… Envuelto en el triunfo y por el coro electrizante de la México… ¡TORERO!... ¡TORERO!, con el ruedo alfombrado con prendas y sombreros, se perfilo para matar, se tiró y hundió el estoque en todo lo alto para hacer caer a “Polvorito” con una sola estocada… Siendo un pésimo matador, eso fue como un milagro venido de lo alto. Las orejas, el rabo y locura en los tendidos. Todo lo sucedido en el redondel, desde los clavados al callejón, la multa, el brindis, todo se había conjuntado para que se realizara aquella maravillosa tarde… Inenarrable lo que luego sucedió. La gente, enardecida, sacó a hombros a Procuna y lo llevó triunfalmente por toda la avenida de los Insurgentes hasta el centro de la ciudad de México, y a las nueve de la noche aún lo paseaban en hombros por la avenida Juárez. El público que se disponía a entrar a esa hora al cine “Regis” lo vio… En solo una tarde se había mostrado tal cual es el sol y la sombra de la personalidad de Procuna, quien no sólo era el torero desigual sino un hombre desigual. Su humildad a veces y su arrogancia otras, sobre todo cuando estaba en el ruedo posesionado de su ego taurino, lo presentaban como un personaje de película que se materializó en el proyecto cinematográfico que concibió el productor Manuel Barbachano Ponce tan pronto como presenció la faene de “Polvorito”…
En la emoción de su relato, Santos Llorente omite señalar que Procuna pinchó al menos un par de ocasiones a Polvorito antes de dejar la estocada definitiva y que la gente, poseída por la emoción, se tiró al ruedo para cargar a hombros al torero antes de que el toro doblara, sin importarle su integridad física. Pero esas son minucias, quizás datos para la estadística o para la mera anécdota, pues la esencia del momento vivido está, creo, debidamente capturado por lo que nos cuenta en su obra.

Encontré una croniquilla de agencia de la época. En esos días era mera información y no se tenía quizás la dimensión de la trascendencia que tendría al paso de los años. La suscribe Tomás Avendaño, corresponsal de la Associated Press y dice lo que sigue:
Muy buena resultó la corrida de hoy en la Plaza México, en la cual alternaron los diestros mexicanos Carlos Arruza y Luis Procuna y el portugués Manolo dos Santos, pues los tres triunfaron, cada cual en un toro… El mayor triunfo correspondió a Procuna, quien tras de una labor deslucida en sus dos toros ordinarios, regaló otro a petición del público, porque el segundo de los suyos dobló sin que pudiera hacerle faena, y en el obsequio realizó estupenda faena, variadísima, brillante, con arte magnífico, que le valió estruendosas aclamaciones; ligó pases altos, estatuarios, naturales, de pecho, manoletinas, afarolados y muchos más, con gran sello original; a pesar de que estuvo desacertado con el estoque, cuando al fin logró tras dos pinchazos, cuajar buena estocada, el entusiasmo del público fue indescriptible y le concedió las dos orejas y el rabo y lo sacó en hombros...
Publicidad estadounidense a la película
¡Torero!
Esta crónica suaviza definitivamente el fracaso de Procuna ante los dos toros del lote que sacó en el sorteo, omite el hecho de que fue sancionado económicamente por el Juez de Plaza y señala con claridad que antes de la estocada definitiva, pinchó al menos dos veces – hay quien afirma que los pinchazos fueron tres – a Polvorito y aún así le cortó el rabo.

En cuanto al resto del resultado del festejo, Carlos Arruza cortó una oreja a Temblador de Pastejé, sustituto del cuarto, devuelto por inválido y Manolo Dos Santos se llevó las dos orejas de Lusitano del encierro titular de Zacatepec.

La película ¡Torero!

Decía al principio que la faena de Polvorito dio espacio para la elaboración de la película ¡Torero!, la misma está disponible en línea, con una muy aceptable calidad de imagen, misma que pueden ver en ESTA UBICACIÓN. Los últimos 16 o 17 minutos son el sumario del festejo que recuerdo en esta fecha.

Nota necesaria: Los resaltados en los textos de Javier Santos Llorente y de Tomás Avendaño son obra imputable exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en los respectivos originales.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Los toros en el cine: The Brave Bulls (Toros Bravos) y II

La cinta

El anuncio de la cinta en los vestíbulos de las salas
Rossen intenta concentrar Brave Bulls en la lucha de Luis Bello, el matador de toros que es el personaje central de la novela de Tom Lea con sus demonios interiores. Esos demonios en realidad serán un triángulo. La lucha por encontrar su verdadera identidad; la lucha por superar su propio miedo y la lucha constante por encontrarle sentido a su sitio dentro de la fiesta de los toros.

Luis Bello es en la trama de la novela un huérfano de la Revolución Mexicana, uno de esos que a pesar de que todo lo dieron en la guerra, perdieron a sus seres queridos y continuaron sirviendo a quienes pretendieron derribar de la cúspide de la pirámide social. En un flashback de la cinta, se le ve trabajando para los Pedrazo, grandes terratenientes y criadores de caballos de raza, desde una muy corta edad. Es a través de ellos que tiene su primer contacto con los toros de lidia, en la finca de don Tiburcio Balbuena, Santín en la cinta, Las Astas en el libro y es allí, según la trama, cuando decide hacerse torero para sacar a su familia de la miseria en la que vivían y de la que las promesas generadas por una guerra fratricida nunca los sacó.

Rossen logra dibujar de una manera más o menos fiel ese conflicto del torero – Mel Ferrer – quien se convierte en la víctima de la incomprensión de su familia. Su madre no comprende por qué solamente va a la casa familiar a recuperarse de las cornadas o a los funerales de los familiares cercanos. Tampoco entiende por qué Pepe – el debutante Eugene Iglesias – su hijo menor, decidió seguir los pasos de Luis y jugarse la vida delante de los toros. Los demás miembros del clan ven al diestro como una especie de caja registradora, al que solo recurren cuando se requiere dinero y esa suma de incomprensiones le produce una crisis de identidad personal.

Esa crisis se va a acentuar cuando se involucre sentimentalmente con una educada viuda de las altas esferas sociales de la Ciudad de México, Linda de CalderónMiroslava Stern – quien en la trama de la película, le es presentada por su apoderado Raúl FuentesAnthony Quinn – en vísperas de su presentación en la Plaza México para sustituir a Antonio Velázquez, herido días antes en Puebla y es este quizás uno de los deslices del guionista John Bright, pues en el texto de la novela, Luis Bello conocía a Linda de Calderón con antelación y ya pretendía una relación con ella, pues en la película lo hace aparecer como un amor a primera vista y en realidad, era una relación que se venía generando del hecho de que el torero frecuentaba los círculos de su apoderado, que era un miembro de una de las familias más renombradas de la capital y no un taurino profesional.

Todas esas cuestiones harán mella en Luis Bello, que en toda la trama de la historia se encontrará en la búsqueda de su realidad personal, de su verdadera identidad, porque la confusión sobre ella, es la que le está llevando a otros conflictos, de igual o mayor gravedad que estos y que están en la posibilidad de dar al traste con su vitola de torero triunfador.

Mel Ferrer y Miroslava en Toros Bravos
Los miedos de Luis Bello son consecuencia de su crisis de identidad. El no tener la certeza de cuál es su sitio en el mundo. La tarde en la que sustituye a Velázquez, el miedo a ser herido no le permite estar bien, aun habiendo brindado a Linda el primero de su lote. El primer espada, Juan Salazar será muerto por el cuarto de la tarde, al que Bello, como segundo espada tiene que dar muerte. En la muerte de Salazar, un torero viejo, con nombre pero sin fortuna, ve Luis su futuro y encuentra también la justificación para las precauciones que exhibió esa tarde. Es cuando le dice a su hermano Pepe y a su cuadrilla – representada entre otros por los toreros Pepe Luis Vázquez – mexicano –, Vicente Cárdenas Maera, don Felipe Mota y Pancho Balderas – que así como los toros dan dinero, también reparten cornadas y muerte.

Esos temores se acentuarían cuando Raúl Fuentes y Linda de Calderón perezcan juntos en un accidente de automóvil – el Cadillac del torero – mientras éste torea en Guadalajara. Volverá a sentir la presencia cercana de la muerte con el ingrediente añadido de la traición – misma que ignoraba, pues Fuentes y Linda de Calderón se entendían desde antes a sus espaldas – lo que le hace perderse de vista, para reaparecer en un bar de barriada – en la novela es en un discreto burdel, pero el Código Hayes seguramente exigía ese ajuste – unos días antes de la corrida con la que cierra la historia.

Los miedos de Luis Bello lo comienzan a desubicar acerca de su posición en la fiesta. Pierde la conciencia de su responsabilidad hacia la afición, hacia su cuadrilla y hacia sí mismo. Su primera intención es la de dejar los toros, pero el examen de la situación financiera de Salazar tras de su funeral, le deja ver que no está en aptitud de hacerlo. Ha gastado dinero a manos llenas y no tiene otros medios para subsistir, pues como dice repetidamente a Linda, torear es lo que hace para vivir, no sabe hacer otra cosa y entonces, tiene que prepararse para el futuro.

El abogado de la familia de Fuentes, Félix Aldemas LeónFernando del Valle – cuando se acerca a los Bello para encargarse temporalmente de sus asuntos, le dice a Pepe lo siguiente:

Quiero decirte esto. Méteselo en la cabeza a Luis y piensa tú también en ello, ahora que empieza tu carrera. Es criminal desperdiciar el dinero que ganan en las plazas a costa de arriesgar su vida. A menos de que Luis cambie, terminará en la calle. Como Salazar y como un centenar de toreros más a los que puedo nombrar. Es tiempo de que Luis cambie. Y este triste momento es oportuno para decidir este cambio. Tengo el más profundo afecto por el recuerdo de Raúl Fuentes y comprendo las irresponsabilidades y la falta de criterio de los jóvenes con sangre ardiente. Pero no quiero ver que tu hermano siga cometiendo errores…

Aun cuando en principio Aldemas se refiere a la cuestión monetaria, advierte en el fondo que Luis Bello se encuentra en una situación en la que no sabe cuál es exactamente su sitio en el entorno en el que domina y esa falta de ubicación le puede impedir el cristalizar sus esfuerzos en conseguir el merecido reposo del guerrero.

La catarsis vendrá en una corrida que se celebra en honor de Santa Bárbara en un pueblo llamado Cuenca. Allí actuarán mano a mano los hermanos Bello ante toros de Santín – insisto en que en la novela la ganadería era Las Astas – ante un singular encierro, en el que se incluye un toro que, a pesar de sus defectos – le faltaba el rabo y tenía la jeta deforme por haber sido atacado por coyotes cuando becerro – era de la mejor genealogía de su vacada. En esa tarde Luis Bello despejaría todas sus dudas acerca de quién era, de qué papel jugaba en el planeta de los toros y de su capacidad de sobreponerse a su propio miedo y a su instinto de conservación para así poder crear arte delante de los toros.

Mel Ferrer y Anthony Quinn
El detonante de la recuperación será el ver a su hermano Pepe en un momento de apuro ante el primero de su lote. Allí se dará cuenta de que no es él la única víctima de los cuernos de los toros y que también pueden herir a los que están cerca de él. Se percatará de que tiene ante ellos una responsabilidad, como la tiene ante el público que asiste a las plazas y al hacerlo, el destino le deparará un toro bravo – el defectuoso, llamado Brujo – que le permitirá el reencuentro necesario para retomar una carrera que iba en ascenso hasta antes de la sucesión de defunciones que le confunden en cuanto a su ubicación personal y taurina.

La expresión con la que la película concluye, es la que Luis Bello dirige a su hermano Pepe expresándole que un hombre no puede vivir siempre presa de sus miedos, cuando van camino a la enfermería, entre la algarabía de un público enfebrecido por el triunfo de dos toreros que aprovecharon la bravura de los toros y que se sobrepusieron a sus propias debilidades.

La crítica

En su día The Brave Bulls fue objeto de una exhibición efímera. Los líos de Robert Rossen con el HUAC motivaron su pronto retiro de las carteleras y por ello, me atrevería a decir que es una cinta de un raro culto, casi radicado entre los aficionados a los toros, más que entre los cinéfilos, dada la escasez de material sobre el tema.

Bosley Crowther, en la edición del 19 de abril de 1951 del New York Times, encuentra la traducción de Rossen a la obra de Tom Lea: brillante y que captura la crudeza salvaje y poderosa de la fascinación y repulsión que provoca la fiesta de los toros en la vida de las personas… Aclara que esa afirmación es para él importante, porque lamentablemente en los términos del Código de Producción –   el ya citado Código Hayes –, la muerte del toro y el proceso para llevarlo a ella, no puede ser mostrada y eso es observado a cabalidad.

Por su parte, la crítica sin firma aparecida en la revista Time del 23 de abril del propio año se pronuncia en sentido contrario al proclamar que: 

Rossen indispone el delicado equilibrio que existe entre la dureza y la nobleza que hay en la fiesta de los toros… (y) falla en hacer justicia al toreo como arte, como código de honor y como símbolo de valor… la falla se vuelve evidente en el clímax de la película cuando el protagonista se sacude su miedo y calmadamente enfrenta la muerte… Ferrer nunca se introduce en su personaje… Miroslava, una edición rubia de Rita Hayworth, irrumpe en la atmósfera mexicana como una femme fatale de “stock” hollywoodense. Los aficionados a los toros pueden solazarse con algunas escenas taurinas escogidas por el director Rossen, aunque siempre sujetas al “Código de Producción…

En el Variety del 1º de enero de 1951, se decía:

…las secuencias taurinas tienen una calidad que provocarán fascinación y repulsión. El guión se refiere a un matador que de ser un campesino, llega a la posición de ser un verdadero ídolo popular y que en la cúspide de su fama, se encuentra en un estado de confusión al creer que la posición de la que goza la debe exclusivamente a su apoderado y mentor…

La realidad de las cosas es que el entendimiento del sentido de la película – al menos desde mi punto de vista – no se puede dar si no se entiende la cuestión taurina y eso es lo que comenzó desde la elaboración del guión por John Bright. Al adaptar la novela de Tom Lea para el cine, omite un par de referencias personales que a mi juicio son fundamentales para entender los demonios contra los que Luis Bello lucha. El primero de ellos es de carácter temporal respecto de su relación con Linda de Calderón. Sí se planteara su relación con ella desde el inicio de la película, quedaría claro por qué le produce tanto dolor el engaño del que lo hace objeto su apoderado Raúl Fuentes con ella, el que descubre cuando mueren juntos en el accidente de automóvil que tiene lugar mientras Luis torea en Guadalajara.

Mel Ferrer
El segundo y que explicaría muchas cosas relativas a la personalidad taciturna y retraída del diestro, es el dejar sentado que era viudo. Que su esposa había muerto diez años antes mientras él hacía campaña en Lima y que se llamaba Bárbara y que era por eso que la fiesta de Cuenca tenía cierto significado para él y que esa ausencia de la mujer amada le impedía relacionarse, al menos de manera sentimental y con visos de permanencia, con otras mujeres, algo que pensó que pudo tener con Linda de Calderón y que vio disiparse en un abrir y cerrar de ojos.

La ausencia de esos dos detalles en el guión hace parecer a los dos personajes, Luis Bello y Linda de Calderón, huecos, incompletos y malos intérpretes a quienes los llevan a la pantalla. Debo diferir también con el crítico de la revista Time – a toro pasado – en su apreciación de la femme fatale de stock, pues no todas las mujeres mexicanas son morenas de larga cabellera como supongo querría ver el crítico a una belleza del Sur del Río Bravo que no desentonara. 

Se alaba y se critica el uso de los stock shots y la realidad es que aunque Floyd Crosby y James Hong fueron los encargados de las cámaras durante la filmación, y que el primero fue procurado por Rossen por su experiencia en la filmación de documentales, el uso de las escenas taurinas filmadas previamente es desastroso, pues en una misma faena se usan materiales de dos o tres distintas, sin cuidado de siquiera compaginar el color de los vestidos de los diestros, por lo que puede abrir de capa un diestro con vestido oscuro y torear con la muleta otro con vestido claro, lo que insisto, refleja una defectuosa asesoría técnica en la materia, no obstante que se diga en los créditos que el matador mexicano Pepe Luis Vázquez y el doctor Alfonso Gaona la prestaron durante la filmación, cuando en realidad, cuando debieron hacerlo fue durante la post producción.

Reportaje sobre Toros Bravos
En cuanto a las locaciones, las de los tentaderos se efectuaron en la plaza de tientas de lo que en su día fue la ganadería del Orfebre Tapatío Pepe Ortiz, en la Hacienda de Calderón y la corrida de Cuenca, en la Plaza de Toros Oriente, de San Miguel de Allende, Guanajuato. Igualmente, se hicieron tomas en diversas dependencias de la Plaza México.  

En cuanto a la novela original, ya apuntaba que los toros lidiados en la corrida de la catarsis eran de Las Astas, ganadería que se inspira, según detalles que se captan de su lectura, en la ganadería de La Punta, cuando el personaje Tiburcio Balbuena, propietario de Las Astas, refiere a Eladio Gómez, empresario de Cuenca, señalándole una habitación, que en ella durmieron todos los toreros importantes de la historia, desde Bombita hasta Manolete, sin faltar uno solo y eso en la vida real es así, en La Punta hay una habitación con esas características, que lleva en la puerta el nombre del Monstruo de Córdoba.

En suma, The Brave Bulls es una película que merece la pena ser vista, porque escapa a la temática común de las cintas comerciales de toros y toreros, abordando desde un ángulo distinto lo que vive en su interior uno solo de los personajes de la fiesta.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Los toros en el cine: The Brave Bulls (Toros Bravos), I

Aclaro: Esto ya lo había publicado yo en otro lugar y tiempo, pero creo que vale ponerlo aquí una vez más. Espero que Ustedes también lo consideren así.


Cartel anunciador de Toros Bravos
Tomás Pérez Turrent (apodado El Choni en su época de novillero), escribió en su día que el cine argumental taurino contiene mucho melodrama y poco arte. Desconozco si expresó alguna opinión sobre la cinta que da título a esta participación, pero creo que de haberla criticado, quizás le hubiera motivado a rectificar en algo su afirmación, que parece injustamente lapidaria.

El autor de la historia

The Brave Bulls es la representación cinematográfica de la novela escrita por Tom Lea (El Paso, Texas, 1907 – 2001), un personaje de la historia artística estadounidense que reúne entre sus habilidades, la de ser un extraordinario escritor y un extraordinario pintor. Además, fue corresponsal de guerra de la revista Life, cubriendo acontecimientos como la campaña de Peleliu en el Pacífico en el año de 1944. Como pintor y muralista, se inspiró en Europa en la obra de Eugene Delacroix en París y Piero Della Francesca y Luca Signorelli en Italia.

Su capacidad artística como pintor le obtuvo la posibilidad de ganar los concursos para pintar diversos murales en distintos edificios públicos a través de los Estados Unidos, como el Edificio de Correos Benjamín Franklin en Washington, D.C.; el Edificio Federal en El Paso, Texas y la Estación de Ferrocarriles Burlington en Lacrosse, Wisconsin entre otros. Pero al tiempo que pintaba, no descuidó la arista literaria de su personalidad y escribió dos novelas, The Hands of Cantú (Las Manos de Cantú) y la que nos ocupa en este momento, así como de otros 15 libros sobre otros temas diversos.

Sobre The Brave Bulls, cuya primera edición vio la luz en 1949, Tom Lea comenta lo siguiente:

…mi padre me había llevado a las corridas y había leído Muerte en la Tarde, así que empecé a seguir los toros, conocí a varios de esos jóvenes que aspiran a ser toreros, lo que me encantó y me hizo pensar que no existía manera de que yo pudiera realizar una obra ilustrada en la que pudiera plasmar mis sentimientos acerca de la fiesta de los toros, así que decidí escribir una novela. Empecé a escribir Toros Bravos en marzo del 47. El primer capítulo lo reescribí catorce veces y para el otoño de ese año ya tenía cuatro capítulos, los que envié a Boston y la respuesta que recibí, fue en el sentido de que me darían un anticipo por los derechos de la novela… También les hice saber que concebí los capítulos de la novela como un muralista, que conocía el principio y el final de cada uno, más no el intermedio… y que por eso quería ilustrar el inicio de cada uno de ellos. Eso les sorprendió, pues las novelas dejaron de tener ilustraciones casi desde la época Victoriana, más cuando vieron el proyecto de esos primeros capítulos, consideraron que podían convertir la novela en un ‘best seller’…

La crítica de la obra en su día fue favorable, pues se consideró que no hacía consideraciones filosóficas sobre la fiesta, sino que la presentaba en su cruda realidad. Y seguramente que fue exitosa, pues entre su primera edición americana y el año de 1960 se tradujo al noruego, alemán, francés, italiano, holandés y español (México y España) y además se hicieron ediciones en inglés para Inglaterra y Australia.

Viñeta de Tom Lea que ilustra la novela
The Brave Bulls
Esa fue la materia prima que el guionista John Bright, nominado para el Óscar en 1931 por su labor en El Enemigo Público número Uno utilizó para perfilar la historia que Robert Rossen, un proscrito, dirigiría y produciría casi al tiempo en el que la novela salió a las librerías. 

Robert Rossen

El director y productor de la cinta sería el entonces ya polémico Robert Rossen (Nueva York, 1908 – Hollywood, 1966), quien inició su andadura en el cine una docena de años antes de la producción de Toros Bravos, como co – guionista de La Mujer Marcada, película que tuvo como estelares a Humphrey Bogart y Bette Davis

La novela de Tom Lea salió a la luz en abril de 1949 y el New York Times, en su edición del 24 de mayo de ese mismo año, anunciaba que Rossen había adquirido los derechos cinematográficos sobre la novela, misma que filmaría como una producción independiente para Columbia Pictures, tan pronto como concluyera con el rodaje de All the Kings Men, cinta que obtuvo tres premios Óscar el año de 1949: al mejor actor (Broderick Crawford); a la mejor actriz secundaria (Mercedes McCambridge) y a la mejor película. 

Señalaba que Rossen era, al momento del inicio del rodaje de Toros Bravos, un personaje polémico. Después del 7 de diciembre de 1941, se distinguió por su oposición a la concentración de los recursos bélicos de los Estados Unidos en la guerra del Pacífico en Asia, abogó por la ampliación de un segundo frente en el teatro de operaciones europeo para contener las avanzadas de los nazis y fue cuando se comenzó a señalar su simpatía o afiliación al Partido Comunista de los Estados Unidos.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, participa en un movimiento de huelga en contra de la Warner y forma con Hal Wallis una productora independiente que solamente culmina una cinta, dado que la capacidad de Rossen motiva que se le contrate free – lance por otras compañías, lo que termina de esa manera su asociación con Wallis. Es también en ese tiempo cuando Jack Warner presenta al Comité Congresional de Actividades Antiamericanas (HUAC por sus siglas en inglés) una lista de escritores izquierdistas, entre los que incluye a Rossen y en contra de los cuales se inicia una cacería de brujas.

La novela
Aunque Rossen no será citado a declarar ante el HUAC de inmediato, por lo pronto pierde la oportunidad de dirigir El Tesoro de la Sierra Madre, proyecto en el que había iniciado trabajos y comienza a encontrar diversos escollos para encontrar sitio profesional, tanto, que para tomar la dirección de All the Kings Men, tuvo que manifestar por escrito a Harry Cohn, de Columbia Pictures, que había dejado de pertenecer al Partido Comunista. A Cohn le resultó suficiente esa declaración escrita por un tiempo, porque en 1951, apenas un mes después del estreno de Toros Bravos, declaraba que negociaba la terminación de sus asuntos con Rossen porque éste había sido llamado a declarar con relación a sus ligas con el Partido Comunista.

En 1951 Rossen se negó a proporcionar información, bajo el argumento de que podía incriminarlo a él también. Sin embargo, otros declarantes ante el mismo HUAC lo señalaron como miembro de la izquierda y por ello entró en la lista negra, lo que le apartó de los foros por dos años, pues en 1953 vuelve, de manera voluntaria ante el HUAC y allí reconoce, haber sido miembro del Partido Comunista de 1937 a 1947 y haberle hecho aportaciones económicas por un monto aproximado de 40 mil dólares. Además, en su testimonio señaló alrededor de 60 personas que según su conocimiento, también eran simpatizantes o miembros del Partido Comunista, casi todos ya nombrados en testimonios anteriores. Eso le sacó de la lista negra y le daba la oportunidad de volver a dirigir, ya que:

Le mataba el no trabajar. Estaba roto entre su deseo de trabajar y su deseo de mantenerse en silencio y no sabía que hacer. Yo creo que lo que quería saber era lo que yo pensaría de él si hablara. Nunca me lo dijo de esa manera. Aunque luego me explicó la política sobre el tema en los estudios y me hizo ver que de permanecer callado, no tendría oportunidad de volver a trabajar. Estaba bajo mucha presión, enfermo, su diabetes estaba sin control y bebía demasiado. Para ese tiempo yo ya había entendido que se había rehusado a hablar antes y que ya había cumplido su castigo, desde mi punto de vista. ¿Qué le puede decir un hijo a su padre en ese punto? La respuesta sería: ‘Estoy contigo hasta el final…’

Esa era la visión que Stephen Rossen presentó a Lorraine Lo Bianco acerca del efecto que produjo en su padre el tener que abjurar de sus creencias para poder mantenerse en activo. No obstante, su posición en Estados Unidos no le era ya muy cómoda y por ello emigró a Europa donde estuvo 6 años y aunque volvió a dirigir en su patria, nunca recuperó el placer que le producía el hacerlo en sus inicios.

Este es el hombre que, según la crítica de su tiempo, logró con Toros Bravos:

…capturar con pasión por la autenticidad y un uso creativo de cámaras y grabadoras de sonido que se combinan para la creación de un arte fluido, la recreación del ambiente que se respira en las calles y en las plazas de toros de la Ciudad de México, hasta las fiestas y las plazas de toros de los pueblos de la provincia mexicana, hasta donde ha llevado sus cámaras, artesanos y reparto y ha capturado la esencia de una cultura que eleva el arte de matar toros…

Concluye mañana...
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