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domingo, 1 de febrero de 2015

1º de febrero de 1925: Chicuelo y Lapicero de San Mateo en El Toreo

Chicuelo a hombros febrero 1 de 1925
(Foto: El Universal Taurino)
Uno de los axiomas del toreo moderno es que el toreo ligado se presentó en sociedad el 3 de julio de 1914, cuando Gallito lidió en solitario siete toros de los sucesores de don Vicente Martínez en la plaza de Madrid. No me corresponde entrar aquí a la discusión del toro determinante o el toro determinado que planteara en su día José Alameda para intentar explicar la aparición de esa manera de torear.

Es el mismo Alameda quien afirma que la evolución del toreo ligado alcanza su culmen el 24 de mayo de 1928, cuando Manuel Jiménez Chicuelo se encuentra en la misma plaza de Madrid, con el toro Corchaíto de Graciliano Pérez Tabernero. Una faena que, dice don José, se convertiría en el modelo a seguir a partir de esa fecha y cuya trascendencia fue vista por escritores como Federico M. Alcázar y Manuel Soto Lluch, pero negada prima facie por otros como Gregorio Corrochano.

Es el mismo Alameda el que advierte que antes, en México, el mismo Chicuelo había realizado el toreo como con Corchaíto a dos toros de don Antonio Llaguno. Fue el 1º de febrero de 1925 al toro Lapicero y el 25 de octubre de ese mismo año a Dentista. Solamente quedaba pendiente la aportación de Armillita, materializada el 5 de junio de 1932, en Madrid con el toro Centello de Aleas, consistente en echar la muleta adelante, citar allí al toro y traerlo así toreado – tirando de él – para terminar el giro copernicano que supuso la aparición en los ruedos de Gallito y Belmonte.

Así pues, este día se cumplen noventa años de la triunfal actuación de Chicuelo ante Lapicero de San Mateo, recuerdo esa importante hazaña.

La primera versión en el tiempo es la que Rafael Solana Verduguillo publicó en el semanario El Universal Taurino al día siguiente del festejo y en lo que importa, dice:
En la mano zurda lleva Chicuelo la muleta. Provoca el espada desde buen terreno, la fiera se arranca, y se produce el primer pase natural, estupendo. Y sigue otro, colosalísimo, sin enmendarse, y otro más, y así hasta cinco, girando el toro en derredor del espada, sin despegar el hocico de la mágica franela. Y luego el forzado de pecho, como remata a esta primera parte de la clásica faena… ¿Para qué decir que toda la concurrencia está de pie y aclamando hasta el delirio al matador?... Chicuelo deja que el toro se reponga, y vuelve luego a la carga, e instrumenta tres naturales más y otro de pecho, tranquilo, seriecito, torero. Y así sigue trasteando con la zurda exclusivamente, con la que torean los maestros. Otros tres naturales y otro de pecho. Imponente está el chiquillo… Ahora el sevillano va a torear con la derecha: pasamos de clasicismo a la pinturería. El pase inicial de esta tercera parte del trasteo es un “afarolado”; Manolo se ha pasado la muleta por la cabeza, recordándonos a Gallito; y luego, un ayudado por alto, con los pies clavados en la arena, estatuario. Y uno de pecho y el de la firma, perfectamente rematado… Estamos todos locos. Ya el público no sabe si aplaudir, gritar o qué. Manolo se dispone a poner término a la escena, pero el concurso no le deja. ¡Sigue toreando, por tu madre!, gritan todos. Y el sevillano nos da gusto y vuelve a recrearse empleando ahora los ayudados por bajo, pasándose todo el toro por delante. ¡Cuatro faenas en una!... Ha sido tan largo el muleteo, que el toro ha acabado echando la jeta por el suelo. Manolo se tira la escopeta a la cara, pero el “Lapicero”, humillado, no le deja entrar a herir. Al fin, Manolo se decide a ir por las famosas uvas, estando el toro desigualado y humillado y deja media estocada tendenciosa, descabellando después. ¡Ha sido la mejor faena de la temporada!... Estalla la ovación clamorosa. Aplaudimos al mismo tiempo al artista grandioso y al bravo animal, y mientras Chicuelo da por un lado la vuelta al ruedo, por el otro pasean las mulillas al cadáver del bravísimo “Lapicero” en medio de la ovación que tributamos al ganadero don Antonio Llaguno a quien el público llama insistentemente, sin lograr hacerlo salir… Gran número de pañuelos blancos ondean en las alturas en demanda de la oreja; pero don Isaac Pérez no concede el galardón, quizás por lo defectuoso de la estocada. ¿Pero señor, no ha visto usted en qué forma ha tenido que entrar a matar el sevillano? ¿No vio usted que el toro no se dejaba meter mano, y que si Chicuelo se hubiera propuesto MATAR BIEN, se habría alargado el asunto? Vaya, hombre…
Me llama la atención el hecho de que el torero haya dado la vuelta al ruedo al tiempo en que arrastraban al toro y que no haya esperado a que el arrastre terminara para salir después a agradecer la ovación. Después, me impresiona la entereza de don Antonio Llaguno, que pese a la insistente petición de la concurrencia, se negó a salir a agradecer la ovación que se le tributaba.

Una segunda versión es la de Benjamín Vargas Sánchez Juan Gallardo, corresponsal del semanario madrileño The Times que apareció el 8 de marzo de 1925. De ella, extraigo lo que sigue:
¡Hay que decirlo! Sí, señores; para mí, para mi gusto, para mi criterio, bueno o malo, como se quiera, la faena más grande de la temporada, la más clásica, la más bella, la mejor, ha sido la que anteayer realizó el prodigioso torero sevillano con su primer toro. ¡Eso es canela!... «Lapicero» se llamaba el toro de Chicuelo. Un buen toro; un enemigo a la medida del torero: bravo, con poder en las patas y manejable. ¡Y qué cosas hizo el chaval con este «Lapicero»! Antes que reseñar tan gran faena hay que descubrirse. ¡Abajo los sombreros!... Se inició el chiquillo con cinco estupendos pases naturales. Cinco modelos de izquierdismo clásico; cinco naturales con más naturalidad en la ejecución que quien los inventó. Y con más quietud que si torease de salón. Qué admirable manera de templar, de despedir y recoger, girando sobre los talones y ligando uno tras otro. ¡Modelo regio para un cuadro! Y luego, como si aún no le pareciese suficiente aquella formidable ovación, a ligar dos naturales con otros tantos de pecho. Pero no muletazos secos, no; nada de eso; lances llenos de bríos, de valor, de entusiasmo, de arte, de sabiduría, sacándose al toro de la mismísima faja y barriendo los lomos en los de pecho. Y luego, para variar, un «afarolado», varios de la firma, algunos ayudados y otras mil precocidades definitivas. ¡Qué faenaza! ¡Qué engarce de maravillas!... Años hace que no vemos algo igual. Yo ignoro si Lagartijo e! Grande, Guerrita o Montes y Curro Cúchares harían algo más de lo que yo he visto ayer a Chicuelo con su primer toro; pero aunque lo hubiesen hecho, nunca lo podría creer… ¿Una faena con más conciencia, con más seguridad, con más ante? ¡Imposible! ¡Imposible! ¡Si parecía que el chiquillo toreaba y ejecutaba como si estuviese tocado por la gracia divina!... Y el final también digno. Arrancó a matar con seguridad, con decisión. Y surgió la estocada: hasta la bola y en lo alto. Luego un descabello certerísimo y... ¡el delirio!... No recordamos cuántas vueltas dio triunfalmente a la pista. Ni mucho menos cuántas dianas se tocaron en Su honor. Pero aquello fue apoteósico. Ya la multitud, ebria de arte y de emociones, pidió la oreja para el señor Manuel Jiménez. Pero el regidor – testarudo o villamelón – no accedió. Eso no importa; el público la pidió, y eso equivale a su otorgamiento. Son los públicos quienes dan esos galardones. ¿Entendido?... También «Lapicero» fue despedido con honores cuando las mulillas lo llevaron al destazadero. Y también para don Antonio Llaguno hubo gritos de entusiasmo… Todo muy bien, todo muy justo…
Lapicero de San Mateo
(Foto: The Times)
Ambas versiones coinciden en lo esencial, pero difieren en la manera en la que Chicuelo puso fin a los días de Lapicero, pues mientras Verduguillo dice que lo mató de una estocada defectuosa seguida de descabello, Juan Gallardo habla de una estocada en lo alto, también seguida de descabello. Me llama también la atención el hecho de que el cronista mexicano se refiera al hecho de ligar los naturales usando la frase tópica de girar sobre los talones, y es que entonces, el concepto de ligazón no se entendía a cabalidad. El que no se haya concedido el apéndice pedido – al parecer de manera unánime – a Chicuelo, me hace pensar que la primera versión invocada es más certera.

El festejo era el beneficio de Chicuelo y actuaba mano a mano con Rodolfo Gaona, quien fue herido por el primero de la tarde Vive Lejos, por lo que el torero de La Alameda se quedó prácticamente con toda la corrida. El parte facultativo de la herida del Petronio fue el siguiente:
Los médicos que suscriben certifican que al finalizar la lidia del primer toro ingresó a esta enfermería el diestro Rodolfo Gaona, presentando las lesiones siguientes: Herida por cuerno de toro, ovalar, de diez centímetros de extensión en la cara externa del muslo izquierdo, tercio superior, con despegamiento de piel y tejido celular. Esta lesión le impide continuar la lidia. México, febrero 1º de 1925. Doctores José Rojo de la Vega y Luis Desentís.
Rodolfo Gaona reaparecería el siguiente domingo en la propia plaza de El Toreo.

Aclaración: Los resaltados en las relaciones de Verduguillo y Juan Gallardo son obra exclusiva de este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

jueves, 7 de enero de 2010

Una estampa del pasado (II)


TOROS EN MADRID
26 de mayo de 1935
SEIS TOROS DE SALAS
CHICUELO, GARZA y EL SOLDADO
¡Toros, toros!



Tantas vese se ha dicho ar público que er toro que nesesitaa er torero moderno pa divertirno ha de sé chico, gordito, con lo pitone como platanitos, que, hoy sediendo un poco, mañana otro poco y al otro más, se ha llegao a perder por completo la emosíón der toro. Yo creo que er día —por esas cosas rara que pasan en la vida— que aparesiera por las puertas de los chiqueros de Madrí la cara seria der toro auténtico, muchos se desmayarían en los tendió. ¡Seguro! Hoy cree er público de verdá que esto que le sirven como toro lo son, ¿Cómo, si no, dejó pasa ar sesto toro, de Ortega, sustituto der de Sala, que era una verdadera cabrilla? Creo que er que está por fuera der mostradó, er que se retrata en la taquilla, lleva siempre rasón; pero es que si llega a jartarnos der to la emosión der toro, terminaremos por irno ar furbó, que por argo se llama a esto la fiesta de los toro, y no la der torero. Venga er toro de verdá, en presensia y potensia, que es la sustansia de la fiesta: si no, nos vamo a enterá de que han muerto las corría de toroscuando nos dé en la narí el oló de su cadave. Y ya saben ustede que no lo hago por mi. ¡Yo soy partidario der Beti! De los seis toro de Sala se echaron pa tras quinto y sesto, que fueron sustituido por dos de Ortega. Los de plantilla y los sustituto fueron buenos, nobles, tersiaíto y sin fuersas. Una buena corría pa er torero. "Chicuelo" hase tiempo que debía paga pasaje á la plasa. No hay derecho a que este torero vea los toro en er mismo redondé, y en cambio er que vaya a sacá una barrera le cueste un ojo de la cara. ¿Por qué, vamo ave? Toreó y mató a su primero muy mal; toreó y mató ar que le dejó Garsa muy mal, y toreó con la muleta y mató a su segundo muy mal. Hubo un momento, sin embargo, en que me saqué der borsillo do o tre viva a España que tenía preparao por si "Chicuelo" quería estirarse, emparedao como estaba entre do estrangero. No pudo sé. Ar suelo se me cayeron loa viva a España, sin éntusiasmo y marchitos. Fué cuando er mármol de la Alamea se conmovió un poquito y, juntando los pies, saludó ar cuarto torillo con sinco o seis lanses y media verónica llenos de grasia. Siguió un quite por chicuelina, menos bueno; metió ar toro en suerte animao y artístico..., ¡y se acabó! Tó er mundo sabe que Manolo es un buen torero; pero es como er que tenía un tío en Arcaiá, que ni tenía tío ni tenia na. Garsa salió er domingo con er való nesesario pa da lo que sabe, er parón. Su primero, que no tenía, por farta de fuersa, la velosidá nesesaria pa la espesiacidá der mejicano, lo cogió ar que hasia seis o siete atragantone, y lo metió en la enfermería. Su segundo era más suavón, y lo dejó hasé. Er público se vorvio loco, y cuando er torero mató de media, le dio la oreja, la vuerta al ruedo y le tiró sombreros y otras prenda. Ya he dicho que er que paga manda, y cartuchera en er cañón. No toreó Garsa, ¡qué va a sé torea eso! Er toro entró suerto y salió suerto; es desí; nó mandó er torero, y por esto no toreó. Se colocó en la asera, dejándole ar toro er sitio justo pa pasá; pero no dirigió ar toro, que pasó suelto, como quiso. ¿Que esto emosiona hasta ese punto? Bueno. En esto me pasa como con la emosión der toro verdá y der que no lo é. El otro día, cuando dije que "er Sordao" había cumplido y que podía cogé la lisensia cuando quisiera, las gente me querían comé. Hoy, en cambio, me dieron la rasón al despedí ar torero con aquella lluvia de armohadilla. ¡Qué miedo en los dos! ¡Qué mítin! ¡Con desirle a ustede que er público, por asosiasión de idea, se vorteó pa "er Gallo" en plena "faena" der "Sordao" y lo ovasionó, está dicho to!
Muy bien Mende. La plasa, llena.

OSELITO




Ilustración de la crónica por Martínez de León


Nota del amanuense: Cualquier similitud con la realidad actual, ¿es mera coincidencia? Los subrayados son obra mía.
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