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domingo, 26 de diciembre de 2010

Tauromaquia mexicana

Par a dos manos, a caballo.
José Guadalupe Posada (1852 - 1913)
Juan Pellicer Cámara (1910 - 1970), abogado, funcionario y escritor taurino. Juez de Plaza (Presidente) en la Plaza México. En el año de 1973 se recopiló una selección de sus colaboraciones epistolares a la revista mexicana Tiempo, que dirigía el novelista Martín Luis Guzmán, bajo el epígrafe de Cartas Taurinas (Joaquín Mortiz, colección Contrapuntos).

De las cartas que el editor de la obra seleccionó, me parece interesante la que está fechada el día 15 de septiembre de 1969, pues habla de expresiones muy mexicanas de la tauromaquia, pero también de otras cuestiones que creo que a Ustedes les podrá llamar la atención:

El estilo y el hombre

Querido don Martín:

El toreo mexicano tiene un acento propio y un sentimiento distinto, como ya en otra ocasión o en otras, he comentado. El ideal estético de nuestros toreros, originado por su raíz indígena, se realizó de un modo evidente y de él nació un estilo de torear. Fue Buffon el que dijo que el estilo es el hombre, y ser mexicano implica un estilo en el toreo. Pero aparte de esto, hubo en nuestra tauromaquia otras manifestaciones peculiares, de arrojo, de simple destreza, de habilidad, de suertes que han caído en el desuso, lo mismo sucedió en España con otras, propias de acróbatas valerosos.

Ha sido el salto sobre el toro, si no el primero, sí uno de los primeros lances del toreo. Miles de años antes de Cristo, se saltaba sobre los toros en Creta. Después el salto se hizo con la ayuda de una garrocha, Si los vasos cretenses están adornados con pinturas que representan aquellos brincos primitivos, las aguafuertes de Goya dan testimonio del salto con la garrocha, practicado por Juanito Apiñani, Y exclusivamente propia de toreo mexicano es la suerte de saltar con dos garrochas. Aquí en México la practicó, en la plaza de toros de Bucareli – año de 1888 –, un banderillero de Ponciano Díaz, que se llamó Atenógenes de la Torre. Era un atleta de grandes bigotes. Unas veces hacía de picador, otras de banderillero, y de espada muchas veces también. La suerte de saltar con dos garrochas la inventó para rivalizar con un torero español, que se llamó Juan Romero ‘Saleri’, que era todo un maestro en brincar con una y que, sin embargo, fue herido mortalmente al ejecutar esta suerte, en la plaza de Puebla. Atenógenes de la Torre, cuando el toro llegaba a la misma jurisdicción, se elevaba apoyándose sobre las dos garrochas, mientras el astado pasaba entre ellas. Otra suerte mexicana fue la de ‘La Mamola’, muy en boga en el pasado siglo. Era así: antes de abrirse el toril, el diestro se acostaba de espaldas en el suelo, frente a la puerta y a la distancia adecuada para que el toro le viera en el momento de salir al ruedo. Con las piernas levantadas verticalmente, sostenía con los pies una olla – una piñata – llena de ceniza o de yeso, y en aquella postura, esperaba la embestida. El toro rompía la piñata y su contenido le bañaba la cabeza para quedar como si lo hubieran enmascarado. Al asestar el topetazo, hacía que el toro diera una ‘machincuepa’.

Otras suertes fueron también creadas por la inventiva y el arrojo de nuestros toreros, como la llamada ‘de la Rosa’, que consistía en realizar un recorte a cuerpo limpio, burlando la embestida con un quiebro. En el momento del embroque, clavaba en el testuz una rosa, sujeta a un palillo de varios centímetros de longitud, en uno de cuyos extremos, había un rejón.

Si su tocayo Martín Barcáiztegui hacía alardes de irracional temeridad; si Juanito Apiñani realizaba locuras, como llamaba Goya a sus saltos, y si ‘El indio’ Mariano Ceballos no se quedaba atrás en tales arrebatos, como el de montarse en un toro y clavarle rejones a otro, Ildefonso García, aquí en México – año de 1839 –, no se quedaba atrás con el ‘Paso de la Muerte’, que era cosa muy diferente a la suerte charra que conocemos, pues Ildefonso se montaba sobre el astado y de espaldas a los pitones, iba recorriendo el lomo, hasta colocarse cerca del testuz, para cruzar los pies debajo del pescuezo de la res, resistiendo así los derrotes hasta cansar al astado y poderse desmontar. Pero, don Martín, esto que le voy a contar en seguida, tiene excepcional importancia, pues aclara que no fue don Tancredo López, en España, el que creó la suerte de esperar a pie firme e inmóvil a un toro, sino que el tabasqueño José Vázquez – al que con cordialidad costeña llamaban ‘Don Pepe’ – inventó realmente la suerte. Fue en Orizaba donde la practicó por primera vez, disfrazado de esqueleto, con una ropa blanca pintada de rayas negras para simular los costillares y otros huesos. Esto sucedía por allá por el año de 1881, cuando ‘Don Pepe’ tenía 55 años de edad y muchos riñones aún. Tuvo un imitador notable, que fue un banderillero llamado Antonio González ‘El orizabeño’, quien dio a conocer la suerte citada aquí en México, cuando corría el año de 1887. Don Tancredo López apareció en los redondeles españoles a principios de siglo unos quince o veinte años después de ‘Don Pepe’. Don Tancredo, además, hizo su número con variantes ventajosas, pues no se paraba en la arena, sino sobre un pedestal como de metro y medio de altura, para que, en caso de que el bicho embistiera, la cornada fuera al pedestal y no al hombre. Don José María Vázquez, además de que realizaba su suerte a ras del suelo, no esperaba que el toro saliera al ruedo, sino que lo citaba ya durante la lidia, cuando el astado era ya más peligroso.

Puedo citarle, don Martín, otras suertes típicamente mexicanas, entre ellas, la de banderillear con palitos de tres pulgadas, que realizaba el legendario Lino Zamora. Banderillear con la boca fue creación estrafalaria de Felicitos Mejía ‘El veracruzano’, que en esa suerte sufrió tremenda cornada, aquí en México, en la plaza de El Huizachal. Por último, quiero relatarle algo al parecer increíble, como es la suerte de estoquear arrodillado. Ponciano Díaz lo hizo en varias ocasiones, una de ellas, en la plaza de San Luis Potosí, en el año de 1882. Valor y una coordinación perfecta son indispensables para estoquear de tal manera. Matar recibiendo es una hazaña, pero recibir, y de rodillas, es algo que solo se realiza con la imaginación.

En cuanto al toreo a caballo, es muy importante saber que la suerte de banderillear a dos manos es netamente mexicana, y que fue el gran caballista Ignacio Gadea, nacido en Guadalajara, quien la ejecutó, por vez primera, en el año de 1853, en la plaza del Paseo Nuevo de Bucareli, y por cierto, en una fiesta dedicada al célebre truhán que se llamó Antonio López de Santa Anna. Después de Ignacio Gadea, fue Ponciano Díaz el mejor realizador de esta suerte, que dio a conocer en la Península Ibérica en 1889, practicándola en Madrid, Sevilla y Lisboa, sobre magníficos caballos mexicanos que se llamaban ‘El general’ y ‘El avión’.

Arcadio Reyes, famosísimo picador nuestro, fue también un gran banderillero a dos manos, y en Lima, en la plaza de Acho, dio a conocer esta suerte del toreo mexicano a la jineta.

Nuestra torería, por lo que he relatado, no se quedó atrás en cuanto a demostraciones de habilidad y de valor, sino al contrario, en muchos casos ha echado pie adelante a la española, según acabo de relatarle. Y como se dice al terminar las cartas, sin más de momento a qué referirme – pues la novillada del domingo pasado apenas tendrá importancia para la estadística – le envío mi cordial saludo semanal”.

Espero que efectivamente, como en mi caso personal, encuentren de interés el contenido de este texto, que revela la manera en la que una manifestación cultural profundamente española, puede adaptarse y adquirir matices culturales de otros lugares, donde ha sido adoptada.

lunes, 19 de octubre de 2009

17 de octubre de 1889. Ponciano Díaz recibe la alternativa en Madrid

El primer torero mexicano que recibió una alternativa española fue Ponciano Díaz, natural de la Hacienda de Atenco, la que cuenta con el hierro y divisa con mayor antigüedad en el mundo. Ya cuando fue a España, Ponciano tenía alrededor de diez años en la brega, combinando las suertes de charrería con las propias de la lidia a pie, creando una singular tauromaquia a la mexicana, aunque su paso por la cuadrilla del torero gaditano Bernardo Gaviño, definió la predominancia de la manera de hacer el toreo a la manera del llamado abuelo del toreo mexicano, aunque sin apartarse de los orígenes que le eran propios.

El pasado sábado se cumplieron 120 años de este fasto, mismo que recuerdo a través de la revisión hemerográfica del hecho y de algunos de sus antecedentes y consecuencias cercanas.

Las crónicas parecen indicar que es el periodista taurino Julio Bonilla Recortes el que le convence de ir y le lleva a España, según se desprende de lo publicado por Federico Mínguez, en el ejemplar de la revista La Lidia de Madrid el 5 de julio de 1889:

...El señor D. Julio Bonilla es propietario, fundador y en la actualidad director de un periódico que se publica sin interrupción desde hace cinco años titulado El Arte de la Lidia... Sus consejos son escuchados como artículo de fe, y su amistad se la disputan desde el primer día que le tratan los toreros españoles... nada tenía que hacer en Madrid; le indicó su grande amigo Ponciano Díaz su deseo de venir a España y como quien toma el tranvía, tomó el vapor y aquí está, muy contento en esta tierra que no conocía, familiarizado ya con nosotros como si hubiese nacido en Maravillas y sintiendo el momento de abandonarnos...

En La Ilustración Española y Americana del 30 de julio de 1889, se relata la presentación de Ponciano Díaz – previa a su alternativa – ante la afición de Madrid, en la que exhibió su personalísima manera de enfrentar a los toros de lidia, en los términos siguientes:

…En la Plaza de Toros de Madrid se han presentado los mejicanos Ponciano Díaz, Agustín Oropeza y Celso González, para hacer gala de su destreza en la lidia y dominio de reses á la usanza de su tierra… El público madrileño tiene en materia de toreo un gusto muy formado y muy estrecho, y es difícil satisfacerle con lo que se aparte de sus aficiones: hay matadores muy aplaudidos en otras plazas, que no son tolerados en la de Madrid, donde todo estreno y novedad son peligrosos… El arte antiguo del rejón, que sólo se usa ya en las fiestas Reales, no es del agrado de los aficionados del día, con ser un arte muy gallardo. Bien puede estar satisfecho Ponciano Díaz de los aplausos que obtuvo al poner banderillas á caballo, suerte tan lúcida como bella, en que no supimos qué admirar con preferencia, si su habilidad de jinete ó de domador por lo bien amaestrada de la jaca que montaba, ó el arte, precisión y gallardía con que plantó las banderillas, que al desplegar sus cintas cubrieron al toro con los colores mejicanos y españoles… También halló el público mérito en las suertes de colear, lazar y montar el toro, aunque no gustaron tanto como espectáculo y diversión. El banderilleo mejicano obtuvo la palma, y ó mucho nos equivocamos, ó ha de hacer escuela y alternar en nuestras corridas con las suertes españolas, por lo airoso y lo lucido…

Por su parte, M. del Todo y Herrero, en el número de La Lidia correspondiente al 5 de agosto del mismo año, hace la siguiente presentación y juicio de Ponciano, de acuerdo con lo que había visto y leído sobre su persona y su actuar en los ruedos hasta ese momento:

Ponciano Díaz y Salinas, nacido en Atenco (Estado de México) el 19 de noviembre de 1858 e hijo de D. Guadalupe, caporal de dicha hacienda y de doña María de Jesús…La circunstancia de producirse en Atenco ganado de lidia de alguna nombradía y contar con redondel adecuado para ella, sirvió a Ponciano de aliciente y acicate para lanzarse por el peligroso camino que recorre, haciendo sus primeros ensayos bajo la dirección de los hermanos Hernández y formado luego como banderillero en la cuadrilla del célebre Bernardo Gaviño, en la que solo permaneció seis meses, al cabo de los cuales se presentó como matador o jefe de cuadrilla el domingo de Pascua, 13 de abril de 1879 en la plaza de Puebla... Hay motivos para que este torero sea simpático a los españoles, uno de los cuales, que prueba la bondad de su carácter, es el de que, despreciando rivalidades de nación, hace causa común con casi todos los diestros que van de España a México, trabajando con ellos en muchas ocasiones,especialmente en sus beneficios… La crítica de Ponciano, como matador de toros, la hace la prensa del país, por punto general, manifestando que no está muy suelto en el manejo de la muleta, razón por la que en este concepto es poco artístico su trabajo; pero que en cambio reúne gran certeza para herir en lo alto, y suma facilidad para practicar la suerte aguantando. Es, además, excelente conocedor de la lidia de las reses, y no tiene rival clavando banderillas a caballo...


Acerca de su alternativa, recibida antier hace 120 años, en la 14ª corrida del abono madrileño, de manos de Frascuelo y llevando de testigo a Guerrita, lidiando toros de Veragua y de Orozco, se hicieron diversos juicios, unos más en serio, otros, me parece a la distancia y derivados de la simple lectura de las crónicas, tirando más a chacota.

Paco Media Luna en El Toreo, revista madrileña de la misma fecha del festejo, escribió lo siguiente:





…La verdadera novedad a que nos referimos era la presentación del diestro mejicano Ponciano Díaz, como matador de toros y a quien ya conocíamos como gran jinete y excelente banderillero a caballo... El resto del programa lo componían tres toros del duque de Veragua y tres de Orozco, y los diestros Frascuelo y Guerrita, con quienes había de alternar el mejicano... Ponciano Díaz, después de agradecer la deferencia del diestro español y darle las más expresivas gracias, se dirigió en busca del cornúpeto, que estaba aplomado y acudía bien. Y previa una faena compuesta de cuatro pases altos, otros cuatro con la mano derecha y uno natural, le dio pasaporte con una estocada honda y caída. El diestro mejicano que lucía terno azul con golpes de oro y cabos rojos, escuchó algunas palmas al retirarse al estribo... Las condiciones con que este diestro ha tomado la alternativa nos impiden ocuparnos del trabajo de Ponciano como matador de toros… Es valiente en el acto de meter el brazo y tira siempre a asegurar, pero su arte de torear no puede agradar en las plazas de España. Se mueve demasiado y la muleta es un estorbo en sus manos… Pero como este apreciable diestro no ha tomado la alternativa en Madrid con objeto de exhibirse en plazas de la Península, sino que su viaje a España ha tenido por objeto estudiar el arte a que se dedica, y con su ensayo perfeccionarse en la ejecución, solo merece de nosotros un aplauso...

Por su parte, Mariano de Cavia, Sobaquillo, en crónica formada a partir de un supuesto diálogo con Sidi Mohamed Ben-Guassán, embajador extraordinario de un llamado S.M. Cheriffiana en Madrid, dijo:

Ponciano... Al llegar tal torero de los bigotes, ya fue más locuaz y se mostró más expansivo que el simpático magrebí… Pero cometería yo un verdadero abuso de confianza (aprendan de mí los inteviewadores de oficio) reproduciendo todo lo que oí de labios de Ben-Guassán, quién sabe si daría origen a un conflicto diplomático entre México y Marruecos… Reserva ante todo, y conténtese el curioso lector con conocer esta frase, elegida entre varias del marroquí: "No ser hombre dominando fiera. Ser tigre luchando toro"… Estas palabras pintan la gran valentía y la gran ignorancia taurina de Ponciano, a quien el público de Majerit (como dice el moro) trató con benevolencia y cariño…


Aficiones, en el diario El Imparcial de Madrid, en su ejemplar correspondiente al 18 de octubre de 1889 manifestó:

...Lumbrero, de Veragua, cárdeno oscuro y bien armao… Muy bravo, toma siete varas de los de a caballo, nacionales y extranjeros... Galindo y Pepete, agregados diplomáticos de Ponciano, toman los palos de los banderilleros de Salvador, clavando aquél par y medio y Pepete un par, después de salir en falso cuatro veces... Va de oro y azul y brinda por España y su tierra; previa la investidura que le concede en las formalidades de ritual Salvador Sánchez... Ponciano y compañía pasan de muleta, de capote, de montera y de todo al Lumbrero... Y se acaba este trabajo, atizando Ponciano un bajonazo...



Con algo más de ecuanimidad, en el ejemplar de La Lidia publicado el 21 de octubre de 1889, Sánchez de Neira reflexionó:

…Es valiente si los hay, y a pesar de que no conoce el miedo, para poco, está en constante movimiento, como acostumbrado a un género de lidia completamente distinta a la que en España se usa. En su país cuídanse los lidiadores de esquivar la acometida de las reses, ganándoles la cabeza con el cuerto, no conduciéndolas a voluntad con el engaño, que para ellos es un auxiliar secundario, y precisamente nosotros concedemos mayor mérito al buen uso de la mano izquierda con la muleta, o a la que lleva el capote, que a la agilidad de piernas… Por eso ha parecido deficiente en Madrid su modo de torear, que, volvemos a decir, es enteramente distinto al nuestro, de lo cual pocos se hicieron cargo en la corrida del jueves. Únicamente hay semejanza en el modo de entrar a matar, que lo hizo perfectamente, en línea recta, marcando bien la salida e hiriendo en lo alto hasta la guarnición del estoque, sobre todo en la estocada del último toro, que fue monumental, entrando al volapié en tablas y en un terreno donde pocos entran. No es posible juzgar a un espada en una sola tarde, pero no consiguió poco el nuevo matador, escuchando aplausos…

Más la actuación de Ponciano no fue solamente la novedad de una tauromaquia distinta y la alternativa de un diestro que pudiéramos llamar exótico. Dejó escuela y es el picador José Bayard, Badila quien la pone en práctica, como lo consigna La Ilustración Española y Americana del 15 de mayo de 1890, a propósito de la retirada de Frascuelo de la vida pública:

…El acontecimiento popular de estos días ha sido la retirada de la vida pública hecha solemnemente por el célebre matador Salvador Sánchez, ó Frascuelo… Hace veinticinco años era Frascuelo un obscuro y pobre oficial de papelista, que pedía un capote prestado para aprender á torear. Hoy se retira á la vida privada rico, famoso y vitoreado… En la función de despedida, todos le obsequiaron haciendo habilidades. Badila, ese picador que canta y representa, banderilleó á caballo, á la mejicana: cuando vimos a Ponciano Díaz hacer esa bonita suerte, presentimos que nuestro arte nacional la adoptaría, y vemos que no nos engañábamos. Frascuelo salió de la Plaza luciendo por última vez el traje corto, y aclamado por sus admiradores. Dejaba de ser hombre público para ser padre de familia. Ya puede, si quiere, asegurar su vida en La Equitativa, ó en alguna sociedad del mismo género, sin pagar exceso de prima…

Este es el resumen de cómo se juzgó en su día la presencia del primer lidiador mexicano que acudió a España a obtener el grado de matador de toros, perpetuando así en México, la manera de lidiar toros como se hacía en España y abriendo un camino que lleva ya más de seis decenas de diestros que han ocurrido allá por lo mismo. Es este pues, el inicio de una de las grandes tradiciones taurinas mexicanas.

jueves, 22 de enero de 2009

22/I/1888, Nace en León de los Aldamas, Rodolfo Gaona



Afirma José Alameda que es Rodolfo Gaona el que hace universal el toreo. Sustenta su afirmación en el hecho de que es el primer diestro no español que se convierte en figura indiscutida de los ruedos, porque aunque antes que él tomara la alternativa en Madrid Ponciano Díaz, el que trasciende de ambos lados del Atlántico es precisamente El Petronio.

Hoy, a ciento veintiún años de su natalicio y aunque ya me había parado por aquí, creo que vale recordarle, como un torero efectivamente universal, capaz de absorber la atención de toda la afición de su tiempo y que fuera parte, de la etapa histórica en la que el toreo adquirió los caracteres que la han conducido por los derroteros que hoy discurre.

Es el propio Alameda, quien nos presenta el ser de las cosas en esos días, en su soneto Estampa de Gaona con Gallito publicado originalmente en su libro Seguro Azar del Toreo y en el que nos muestra que la rivalidad de ambos en realidad pudo ser admiración:



Estampa de Gaona con Gallito

Huraño, cenceño, altivo,
quieto en la estampa te veo
como cuando estabas vivo
en la summa del toreo.

Te da los palos José
- las banderillas, tu suerte -.
Él lo sabe - y yo lo sé -
no por competir, por verte.

Por ver en tiempo y espacio
el milagro de ajustar
los pies al verso de Horacio.

Y salir como al entrar,
andando, abriendo despacio
tu gloria, de par en par.


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Aldeanos