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sábado, 28 de abril de 2012

Tal día como hoy. 1963: Manolo dos Santos y Enrique Vera resultan los mejor librados en el cierre del serial


Manolo dos Santos
Hay toreros que ingresan a los carteles de las ferias por una mera cuestión coyuntural. Creo que ese fue el caso de Enrique Vera, que formó terna con Manolo dos Santos y Jorge El Ranchero Aguilar en la cuarta y última corrida de la Feria de San Marcos del año de 1963, al socaire del éxito que habían tenido sus incursiones en el cine, particularmente en dos películas; El Niño de las Monjas y El Último Cuplé, ambas éxito de taquilla aquí en Aguascalientes. No omito considerar que también Vera participó en Tarde de Toros, dirigida por Ladzlo Vadja, pero por su focalización a los entretelones de la fiesta, quizás su impacto fue menor que las dos primeras.

Un testigo que considero de excepción de esta tarde, mi amigo Gustavo Arturo de Alba, explica en su portal Cineforever la composición mayoritaria del público de esa tarde y las razones de su asistencia:

...Enrique Vera vino a México en 1962 y 1963, sin que llegará a actuar en la Plaza México, pero si lo vimos en Aguascalientes, durante la Feria de San Marcos de 1963, en que mi padre me mandó de “chaperón” de una de mis hermanas solteras, en ese tiempo, la cual quería ir a ver, en vivo y en directo, al guapo torero que había enloquecido de amor por la cupletista Sara Montiel. La corrida de marras se celebró el 28 de abril, alternando Enrique Vera con Manolo Dos Santos y Jorge “El Ranchero” Aguilar, en la lidia de un encierro de “El Rocío”, en donde el único animal que se prestó para el lucimiento de los toreros, fue precisamente el que le tocó a Vera, quién consiguió dar una vuelta al ruedo, en una faena de aliño, dada la áspera embestida del burel, en que se lució, como en la película, con sus manoletinas y muletazos por alto, aparte de ligar una serie afortunada de derechazos, pero lo cierto es que Enrique Vera no era un torero profundo, que llevaba gente a la plaza, más bien se iba por complacer o, la obligación de acompañar a hermanas o novias, según fuera el caso, a los tendidos para que admiraran la galanura de ese lidiador, el cual también combinaba la actuación en teatro, con las de cine, bailarín y cantante de andaluz… ah y también cuando tenía tiempo era torero...

La otra visión del festejo

La crónica publicada en el diario El Sol del Centro y suscrita por don Jesús Gómez Medina, refleja un festejo tedioso, principalmente a causa de la sosería de los toros murubeños de la ganadería de El Rocío, en esas fechas propiedad todavía de don Manuel Buch y Escandón, los que, si bien fueron bravos para los caballos, pronto se aplomaron. Del relato que hace don Jesús puedo rescatar lo siguiente:

Su majestad el tedio imperó ayer en el Coso San Marcos... Un solo puyazo, pero de efectos, pues el toro recargó y el varilarguero apretó el palo de firme y, tras un connato de toreo por las afueras a cargo del espada en turno, ya tenemos a éste con los garapullos en la mano... Por cierto, éste del segundo tercio uno de los episodios más destacados en la actuación de Dos Santos, pues éste con facilidad y oportunidad, colgó cuatro pares en el sitio adecuado, sobresaliendo por su emotividad y buena ejecución el sesgo por las afueras que colocó en cuarto término... Se adornó más tarde realizando el lasernista, siempre en pugna con un burel cuya sosería se acentuaba a cada momento. Y, para concluir, dejó una estocada contraria y delantera que hizo doblar. Ovación y vuelta al ruedo... Enrique Vera. Este joven torero hispano también cuajó los instantes más aplaudidos de su labor, mientras lidiaba al primero de sus antagonistas... Pese a la sosería del bicho, Vera echó tipo en dos parones por el lado derecho, que se quedaron sin rematar cuando el del Rocío tomó las de Villadiego... El trasteo, brindado a toda la concurrencia, incluyó tres series de derechazos cuya brillantez fue en aumento, rematadas con otros tantos pases de pecho. Se aploma el socio; Vera se adornó con tres manoletinas muy quietas y ceñidas, tras las cuales sufre un trompicón... Hace una rabieta el hispano, que no ha podido olvidar que alguna vez trabajó ante las cámaras cinematográficas. Y a toro parado, clava el acero hondo y con tendencias, y remata con descabello al primer golpe. Vuelta al ruedo, entre aplausos cerrados... Dejábamos de consignar cómo fue la entrada: regular en el tendido sombreado y muy floja en sol. Y es que los aficionados tienen un olfato...

Esos son los episodios más rescatables de un festejo que pasará a la historia también por ser la última vez que pisó vestido de luces el ruedo de la Plaza de Toros San Marcos el Lobo Portugués Manolo dos Santos. El cartelillo anunciador del festejo señalaba que en esa corrida se despedía del público de Aguascalientes, como de hecho, sus números parecen delatar que ya lo había hecho de los públicos europeos, pues si bien el año anterior había actuado en 25 festejos, en éste de 1963, ya no se presentó en plazas de allende el Atlántico y en México particularmente, solamente se vistió de luces en cuatro oportunidades. En cuanto a esta anunciada despedida, la crónica del festejo no hace mención ningún acto puntual destinado a señalar ese hecho dentro del mismo, pero el hecho del adiós de nuestras plazas sí resultó definitivo.

El festejo de hoy. 3ª corrida de feria: 7 toros de Begoña para el rejoneador Jorge Hernández Gárate, Julián López El Juli, Juan Pablo Sánchez y Arturo Saldívar.

domingo, 18 de enero de 2009

Hoy hace medio siglo: Confirmación de El Estudiante en la Plaza México


En este día se cumple medio siglo de que la temporada de corridas de toros en la Plaza México se inaugurara. Para la ocasión el abogado Ignacio Garciadiego, que se hacía cargo de los asuntos de los propietarios del gran coso, anunció a dos toreros tlaxcaltecas que tenían por divisa el sentimiento en su actuar; Jorge El Ranchero Aguilar y Fernando de los Reyes El Callao, completándose la tercia con la confirmación de la alternativa de un torero de Aguascalientes que paradójicamente, realizó su carrera novilleril sin haber pisado ese escenario.

El confirmante era Jesús Delgadillo El Estudiante, es uno de los toreros nativos de nuestro Barrio de Triana, que tiene por patrón al Cristo Negro del Encino y por imagen en cuanto a torería, al inmortal Poeta del Toreo Alfonso Ramírez Calesero.

El lote del confirmante se formó con los toros Coreano y Cañonero, ambos de La Laguna, siéndole cedidos los trastos por El Ranchero para lidiar a muerte al primero de los laguneros nombrados. El saldo de la tarde no fue de orejas para ninguno de los actuantes por las complicaciones del encierro, pero les valió a los tres para ser anunciados después en la Corrida Guadalupana celebrada el 19 de abril siguiente.

El Estudiante se presentó como novillero en la plaza El Progreso de Guadalajara el 5 de junio de 1955 en un festejo de selección y el 23 de octubre actúa en la es considerada una de las novilladas más exitosas de la década de los cincuenta en esa plaza con José Ramón Tirado y Carlos Saldaña, cortando dos orejas al sexto de la tarde, lo que le vale su inclusión en el cartel del Estoque de Plata y en el siguiente año, actuar en cuatro novilladas seguidas en El Toreo de Cuatro Caminos.

El 20 de abril de 1958, en la Plaza San Marcos de Aguascalientes, Alfredo Leal, ante el testimonio de Joselito Huerta, le cedió los trastos para pasaportar al primero de los de Lucas González Rubio corridos esa tarde.

Aconsejado por Pablo Lozano que hacía campaña en México, marcha a España a probar suerte como novillero, presentándose el 20 de junio de 1963 en Barcelona, para despachar novillos del Conde de Ruiseñada en unión de Curro Montenegro y José María Aragón, logrando sumar tres tardes más ese calendario.

En 1964 logra cuatro actuaciones en Las Ventas y corta una oreja en su debut al lado de Eduardo Ordóñez y José Luis González Copano, estoqueando novillos de Luis Frías Piqueras y Carlos Sánchez Rico. El 15 de agosto le corresponderá atestiguar, en unión de Copano y El Pepe, la muerte del banderillero gitano Manuel Leyton Peña El Coli, quien fue herido por el primero de los únicos tres de Ángel Rodríguez de Arce corridos esa tarde en el ruedo madrileño.

Vuelve a recibir la alternativa y así, el 10 de septiembre de 1964, en Barcelona, Fermín Murillo, con el testimonio de Curro Romero, le cede a Marciano, el primero de los seis de Torrestrella que se lidiarían esa tarde, dando El Estudiante la vuelta al ruedo en el sexto.

Esta alternativa la confirmaría en Madrid el 12 de octubre con el toro Gladiador de Arellano y Gamero Cívico, siendo padrino de la ceremonia Orteguita y testigo Santiago Castro Luguillano, que también confirmaba esa tarde.

Su hora dorada en Las Ventas la tuvo El Estudiante el 8 de agosto de 1965, fecha en la que cortó una oreja al tercero de Félix Cameno. Esta tarde trascendería también, porque Antonio Chenel Antoñete, cortó dos orejas al cuarto de la tarde, en una de sus resurrecciones taurinas, prólogo de la faena inolvidable de Atrevido de Osborne, el toro blanco del 15 de mayo de 1966.

Confirma su alternativa barcelonesa en la Plaza México el 22 de enero de 1967, siendo su padrino el diestro catalán Joaquín Bernadó y actuando como testigo Raúl García con la cesión del toro Vinatero de Tequisquiapan.

A partir de 1968 disminuye su presencia en los carteles y a partir de 1975 deja de actuar, reapareciendo el 30 de abril de 1982, para hacer su presentación en la Plaza Monumental Aguascalientes y al mismo tiempo despedirse de los ruedos, alternando con Eloy Cavazos y Humberto Moro hijo, en la lidia de seis toros de San Manuel, dando la vuelta tras la lidia del cuarto, entre el nostálgico son de Las Golondrinas y el afecto de la gente de su tierra, que veía dejar los ruedos a uno de sus toreros que destacó por su clase y su oficio en cuanta plaza pisó y a quien recuerdo aquí a los cincuenta años de su primera confirmación de alternativa.
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