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domingo, 26 de enero de 2020

28 de enero de 1934: Pepe Ortiz realiza por primera vez el quite de oro

Pepe Ortiz el quite de oro
Cortesía: Antena 3
Iniciamos el año en Twitter, entre otras cosas, con un hilo de conversación con el aficionado bilbaíno que firma como Martín Agüero Ereño (@MartinAgueroE) y nos exponía los diversos apartados de la Tauromaquia de Pepe Illo de 1796 y entre las infografías que nos presentó se encontraba la de el llamado “lance de frente por detrás”.

He de confesar que esa denominación de lance de frente por detrás automáticamente lo asociaba con la gaonera, pues cuando el Califa de León trajo la suerte a los ruedos y le imprimió su personal sello, se discutió mucho la denominación del lance, hasta que Don Pío zanjó la cuestión y determinó con autoridad que en lo sucesivo sería gaonera dada la personalísima manera en la que Rodolfo Gaona ejecutaba esa suerte.

Pues bien, al observar la litografía de la tauromaquia de Pepe Illo que ilustra la descripción del lance de frente por detrás me encontré con que era una suerte distinta, pero que en la tauromaquia más o menos reciente ha sido ejecutada. Es más, casi de inmediato me recordó al Orfebre Tapatío, Pepe Ortiz, quien es reconocido como uno de los más grandes creadores de suertes de capa de la Historia del Toreo y pensé que se trataba de la tapatía. Ocurrí a la videoteca de la red y consultada, me encontré con que esa imagen de la Tauromaquia coincide con lo que en movimiento es el quite de oro.

Una vez aclarada la duda, me puse a hurgar en la hemeroteca y me enteré que la efeméride de la presentación en sociedad de la suerte estaba cercana, siendo por ese motivo que estoy aquí tundiendo teclas para presentarles algunos datos de ese hecho.

La corrida de la Oreja de Oro de 1934

La temporada 1933 – 34 en el Toreo de la Condesa se sostuvo básicamente con los nombres de Armillita, Domingo Ortega, Jesús Solórzano y Alberto Balderas. La competencia ganadera entre los toros de Tlaxcala y Zacatecas fue férrea. Debutó la ganadería de Torrecilla y no exageraría si afirmo – de acuerdo con lo leído – que la cumbre de la temporada se presentó en los dos mano a mano que se celebraron entre Armillita y Domingo Ortega en domingos consecutivos.

El cierre de la temporada se dio el domingo 28 de enero, con la corrida de la Oreja de Oro. Se anunció a los cuatro ejes del serial ya nombrados y se completó la sexteta que disputaría el trofeo con dos toreros que pasaron sin dejar huella por el mismo, el veterano Luis Freg y Pepe Ortiz. El encierro a lidiarse sería de La Laguna.

La corrida tuvo su momento cumbre en el segundo de la tarde, el toro de Pepe Ortiz. La crónica publicada en el diario El Informador de Guadalajara, relata lo siguiente:
SEGUNDO. – El segundo animal es un ejemplar magníficamente dotado de puñales de nombre “Periodista”, marcado con el número 19, cárdeno oscuro, con bragas y abierto de pitones. Corresponde a José Ortiz que lo recibe con tres verónicas ceñidas y espectaculares, causando un verdadero escándalo en los tendidos por la naturalidad y el aplomo con que las ejecuta. 
Pepe continúa toreando por “tapatías” y haciendo con vistosidad “mandiles”. Solórzano sin necesidad, pues el toro pasa bien por ambos lados, torea por la cara y tan no es necesario, que Pepe, en el quite hace una verdadera demostración de sabiduría domando al animal por ambos lados. Lagartijo se encarga de banderillear, haciéndolo bien. 
Pepe que viste terno crema y plata, toma los trastos y comienza su faena con tres pases naturales, lentos, suaves, hechos con valor, siguiendo seis naturales que remata con un molinete, cambiando el trapo a la espalda, recibiendo en pago una justa ovación. 
Decide terminar y pincha, más ración de tela para tirarse al volapié dejando todo el estoque que dio fin con el astado. La plaza se convierte en un caso de ebullición y todos los aficionados, convencidos, piden al presidente que se le de a Pepe la oreja del animal, pero como el cambiador no accede, se organiza la gran rechifla en su honor, siendo obligado el diestro a dar la vuelta al ruedo escuchando dianas. En realidad la faena ha sido muy buena y merece el premio, pero la presidencia está inaccesible...
De lo que relata el que firma como El Corresponsal Viajero, no se desprende el quite novedoso realizado por el Orfebre. Resalta el conjunto de la faena como una obra grande, sobre todo con la muleta y el hecho de que haya pinchado al toro y que le haya sido negada la oreja, pese a la petición de la concurrencia.

Por su parte, años después (1951), Rafael Solana Verduguillo, en su recuento histórico publicado por los Bibliófilos Taurinos de México bajo el título de Tres Décadas del Toreo en México, hace la siguiente remembranza:
La oreja de oro de ese año fue para Pepe Ortiz pero tal vez no le fue concedida por su buena faena al toro Periodista, sino por un quite, un quite de prodigio, de maravilla, no vuelto a hacer después, ni hecho antes, que se llamó “el quite de oro”, y que fue el momento cumbre de la temporada: un instante de arte, de inspiración, que borró la esforzada labor de muchas tardes de los toreros maestros; el genio es así, una sola gota de genio vale más que océanos enteros de buena voluntad o de esfuerzo. 
El quite de Pepe Ortiz, que cegó con su novedad deslumbradora, en realidad no tenía nada nuevo, era el viejísimo lance que ya aparece interpretado por los moros en las litografías de Goya; pero nadie lo ha hecho en la época moderna, más que Ortiz, que por cierto, sólo lo ejecutó dos veces en su vida, esa tarde aquí, y otra en Granada…
Circula en diversos medios digitales y lo cita también Luis F. Odría, en su libro El Arte del Toreo y los Secretos de la Lidia la siguiente afirmación atribuida a Pepe Ortiz, pero sin fijar circunstancias de tiempo, modo y lugar de su pronunciamiento:
Fue un caso excepcional el de ese quite, pues nació esa misma tarde frente al toro. Me eché el capote a la espalda con intención de hacer una suerte conocida, pero al sentir la arrancada del toro tan intempestivamente, no tuve tiempo de hacer lo que iba a ejecutar, y entonces me quedé con los pies juntos, casi de costado. Dejé pasar al toro en la forma más o menos en que se hace el lance de costado; volví a tirar de mi capote y me volví a colocar por el otro lado, dándole la espalda al toro y haciéndolo pasar; ya al tercer lance tenía perfectamente echa la suerte. Esta suerte es una de las más bellas del toreo, y es muy semejante a las de frente por detrás con los pies juntos; desde luego, una de las más difíciles de hacer, pues yo mismo apenas la he podido ejecutar en tres ocasiones: en México, el día de la “Oreja de Oro”, la segunda en Granada, España, y la tercera, en Guadalajara, Jalisco…
Esa es pues una breve relación del nacimiento de lo que hoy conocemos como el quite de oro.

El resto del festejo tuvo el siguiente resultado: Luis Freg dio la vuelta al ruedo en el primero; Armillita tuvo división en el suyo, Alberto Balderas fue ovacionado y resultó herido, Jesús Solórzano fue silenciado en su labor y Domingo Ortega fue abroncado.

La creación artística

Ya había expresado por aquí que hace algunos años – ya muchos – tuve un paso nada reseñable por la Facultad de Arquitectura. En ese paso tuve la fortuna de tener como profesor de Teoría de la Arquitectura a Salvador Pinoncelly (Torreón, 1932 – Ciudad de México, 2007) quien nos decía que el creador tiene muy escasas posibilidades de ser absolutamente original. Afirmaba que dentro del proceso creativo, todos obtenemos información de nuestro subconsciente de algo que hemos visto, oído o leído en alguna parte, en algún momento de nuestra vida, aunque no lo recordemos de inmediato. De allí concluía Pinoncelly, la absoluta originalidad, era casi imposible, aunque la nueva obra tenga el sello personal y la firma de su autor.

El lance de frente por detrás
Infografía cortesía de Martín Agüero Ereño
@MartinAgueroE
No tengo la exacta noción de quien fue el mentor taurino de Pepe Ortiz, pero seguramente fue uno de esos toreros del entresiglos del XIX al XX, un torero formado en las rígidas reglas de la Tauromaquia de Pepe Illo y que cuando menos le instruyó al Orfebre Tapatío los rudimentos de esa Tauromaquia o Arte de Torear, donde se explican las suertes y la forma de ejecutarlas.

Así pues, en ese ejercicio subconsciente al que se refería el maestro Pinoncelly, de ser veraz la cita atribuida a Pepe Ortiz acerca de la forma en la que se vio compelido a ejecutar el quite de oro, surgió a la realidad ese conocimiento que alguien le transmitió de ese lance de frente por detrás descrito e ilustrado en esa tauromaquia primigenia y quedó perpetuado en una creación que hogaño se trata de rescatar del olvido, como lo hizo Antonio Ferrera en la más reciente Feria de San Isidro.

Agradezco a Martín Agüero Ereño haberme facilitado la infografía utilizada en estas líneas y el haberme puesto en la pista de este asunto.

Si desean ver la ejecución del quite de oro, en esta ubicación se encuentra un vídeo de la serie Alas de Mariposa, donde, de salón, lo ejecuta el matador de toros Miguel Ángel Martínez El Zapopan.

domingo, 8 de julio de 2012

Relecturas de verano III: Por qué Morante


Hace algunos años ya – que si los cuento resultarán muchos –, Salvador Pinoncelly (Torreón, 1932  Ciudad de México, 2007) quien fuera mi profesor de Teoría de la Arquitectura – en un paso poco feliz por esa Facultad – nos decía que el creador tiene muy escasas posibilidades de ser absolutamente original. Afirmaba que dentro del proceso creativo, todos obtenemos información de nuestro subconsciente de algo que hemos visto, oído o leído en alguna parte, en algún momento de nuestra vida, aunque no lo recordemos de inmediato. De allí concluía Pinoncelly, la absoluta originalidad, era casi imposible, aunque la nueva obra tenga el sello personal y la firma de su autor.

Recurro a ese recuerdo de una de mis etapas estudiantiles, porque tengo la impresión de que esa es la aproximación que generalmente hacemos los aficionados cuando un torero comienza a despertar interés. Primero, nos causa asombro, pero después, empiezan a salir de las profundidades de nuestro subconsciente recuerdos que llevan más o menos tiempo allí refugiados, que nos conducen a compararle con otros a los que hemos visto en las plazas, en el cine o en los vídeos, en las fotografías o aún en la literatura.

Allí reside a mi juicio el gran mérito de la aproximación que hace Paco Aguado a la vida, pero sobre todo, a la tauromaquia de Morante de la Puebla, cuando al analizarla desde su parentesco con las generadas en ambas márgenes del Guadalquivir y aún asumiendo la referida apreciación del pintor y arquitecto mexicano, tira de la memoria, pone sobre la mesa los nombres y los datos y expresa su juicio del por qué de cada una de esas apreciaciones. La originalidad en este caso, el de Paco, reside no solo en el hecho de establecer o de proponer esa especie de genealogía al hacer en el ruedo de Morante, sino de exponer los hechos que a su juicio la fundamentan.

Y es que, como podemos leer en la obra y pese a que a veces nuestros sentidos nos quieran guiar a encontrarle parangón, Morante no es un imitador de estilos ajenos, aunque busque en ellos la particularidad de su propia esencia. Y es así que a partir de escuchar, de leer y de ver imágenes fijas y en movimiento de los toreros sevillanos y trianeros que le precedieron en la historia encontrará las influencias que se reflejarán en la manera en la que se conduce ante los toros, pero siempre con un marcado acento personal que lo hace diferente y único. 

Paco Aguado, tras de su análisis, sitúa la tauromaquia de Morante de la Puebla en la cuerda de Chicuelo, pasando por Pepín Martín Vázquez y Manolo González, aunque recuperando esencias de toreros icónicos de la afición del lado del Arenal como El Pío, Antonio Gallardo, El Vito, Macandro o Rafaelito Chicuelo. Toreros todos ellos que sin ocupar un sitio de aquellos que son llamados figuras, si llevan entre ellos lo que Alameda llama el hilo del toreo de esa margen del Guadalquivir.

Los dos Morantes

Uno de los planteamientos que me resultaron más interesantes dentro de la lectura, es la manera en la que nos presenta la evolución de la figura de Morante de la Puebla y la manera en la que prácticamente, nos puede resultar en dos toreros distintos, dependiendo del momento de su evolución. Le cito:

Con el utrero y los primeros cuatreños, caminó por la senda marcada por los toreros sevillanos de la facilidad y la gracia natural. Pero a medida que avanzó su carrera y el toreó dejo de ser para él un sueño de adolescentes para convertirse en una lucha de hombres, con las exigencias que imponen el toro y las propias estructuras del negocio t,aurino, José Antonio Morante fue encauzando sus dotes por otras formas de expresión. Un renovado concepto que, sin dejar de ser coherente con el que tenía asumido desde niño, se debía antojar mejor lenguaje para transmitir el cúmulo de sentimientos que iba añadiéndole la vida, como persona y como artista. Para expresar en suma, un mensaje más profundo…

Creo necesario aclarar que el concepto que Paco Aguado considera novedoso ya sumado a la original tauromaquia de Morante de la Puebla, es la influencia que produce la manera de hacer el toreo que se genera al cruzar el Puente de Isabel II, en Triana.

A partir de allí, vendrá una extraordinaria presentación de la evolución del torero hasta su hacer actual, sin dejar de lado las vicisitudes personales que le han afectado en su paso por los ruedos, más no es mi cometido hacer una síntesis completa de la obra aquí, ni de justicia con el autor el no dejar nada para la lectura del libro, misma que no tengo empacho en recomendar.

En suma, Por qué Morante resulta ser una interesante manera de recoger el hilo del toreo desde el punto de vista de un torero en particular, con una extraordinaria prosa y un excelente manejo del lenguaje, un libro que insisto, a mi juicio merece ser leído y analizado, pues nos da medios para poder comprender la evolución de uno de los diestros más destacados de nuestros días y también, de la tauromaquia que se ha generado en una de las regiones más emblemáticas de lo que en algún tiempo fue llamado el planeta de los toros.

Referencia bibliográfica: Por qué Morante. – Paco Aguado, con prólogo de Agustín Díaz Yanes. – 1 Más Uno Editores, primera edición, Madrid, 2011, 193 páginas, con ilustraciones a color y en blanco y negro. – ISBN 978 – 84 – 938722 – 1 – 2. 
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