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domingo, 17 de noviembre de 2013

Los giros de la fortuna (III)

Carlos Arruza
(Aguascalientes, Cª 1947)
Carlos Arruza recibió la alternativa de manos de Armillita el 1º de diciembre de 1940 en El Toreo de la Condesa, fungió como testigo el queretano Paco Gorráez. El piedrenegrino de la cesión se llamó Oncito y aunque el toricantano lo finiquitó, se fue a la enfermería con una cornada calificada de grave, por lo que fue el único toro que estoqueó en esa inauguración de esa temporada capitalina.

Tras de su alternativa, parecía que, como se dice en estos tiempos que corren, el paso del novillo al toro le pesó a Carlos Arruza, pues después de la alternativa no terminaba de confirmar con contundencia las buenas maneras con que se había revelado a la afición mexicana. Le faltaban todavía algunos años para sacar de su interior la extensa tauromaquia que llevaba dentro y que, unida a una personalidad arrolladora, resultara en ese torero portentoso que nos describiera don Celestino Espinosa R. Capdevila al narrar para el diario madrileño Arriba su confirmación de alternativa en la Corrida de la Concordia celebrada el 18 de julio de 1944 en la plaza de Las Ventas.

El episodio de su trayectoria al que hoy me refiero, es apenas unos meses anterior a ese fasto y es el resultado de un inesperado giro de la fortuna de quien después sería conocido como El Ciclón Mexicano.

Un mano a mano frustrado

Don Ignacio García Aceves había anunciado para el domingo 14 de noviembre de 1943 en su plaza El Progreso de Guadalajara, una corrida de toros en la que para dar cuenta de un encierro tlaxcalteca de Zacatepec, alternarían mano a mano Silverio Pérez y Carlos Arruza. La víspera del festejo el Faraón resultó afectado de un mal respiratorio – principio de pulmonía dice el telegrama con el que se disculpa su ausencia – y Arruza acepta despachar la corrida él solo.

La prensa tapatía apenas pudo dar cuenta a la afición, el mismo día del festejo de la modificación del cartel. En una columna titulada El deporte en si bemol del diario El Informador, su autor, Don Detalles reflexiona lo siguiente:
En toros nos falló el programa. Silverio Pérez, anunciado para hoy alternando con Carlitos Arruza, no podrá torear a causa de haber contraído una pulmonía. Por tanto, Arruza tendrá que encerrarse con la media docena de Zacatepec sin ayuda alguna…
En un anuncio pagado por la empresa, que cubre media plana del diario, se anuncia a la afición el cambio del programa, que no fue posible sustituir a Silverio Pérez con otro diestro de igual categoría y que por esa razón es que Carlos Arruza matará la corrida en solitario y además se hace saber que uno de los toros de Zacatepec se inutilizó, por lo que será sustituido por uno de La Punta. Por esas razones, pone a la disposición de quien quiera hacerlo, el precio de las entradas adquiridas en caso de devolución.

El anuncio del cambio del cartel (El Informador, 14 de noviembre de 1943)
En la misma edición de El Informador – 14 de noviembre de 1943 – se inserta una gacetilla sin firma, titulada La casta de Arruza. Esa inserción tiene visos de ser pagada y es del tenor que sigue:
¡Yo toreo los seis toros!... En esa forma categórica, firme, producto de su consistencia, de su confianza y su poderío, contestó Carlos Arruza a la empresa cuando fue a suplicarle que lo hiciera… Pocas palabras, pero con un sentido hondo de la responsabilidad que tiene un matador de toros que posee casta de la buena… Silverio Pérez está enfermo. Y en la imposibilidad de sustituirlo con otra figura de su categoría, nadie mejor que un torero poderoso como Carlos Arruza para llenar el hueco del Faraón, y llenar plenamente el escenario ocre de la plaza con su alegría y su torerismo… Así que esta tarde veremos en una prueba máxima, sucederse en emotiva continuidad, las bellezas artísticas, el poderío, la técnica maestra, que en su espuerta lleva Carlos Arruza, torero de casta. (R)
El festejo y su resultado

Lo que parecía dispuesto para un gran triunfo del joven Carlos Arruza, al final concluyó en una actuación que yo podría calificar de buena a secas. La crónica y comentarios del festejo reconocen la solvencia del torero, pero traslucen que le faltó alma a su quehacer en el ruedo. Primero pongo aquí lo que Don Detalles publicó en su columna del día siguiente de la corrida:
La corrida de ayer fue de bostezo. Desde al encender el Canalejas, hasta tirar la bachicha, fue un puro cabecear. Despertamos únicamente con dos quites de Carlitos Arruza, y una faena al tercero que hizo aplausos. Fuera de eso vimos ayer un Carlos despacha – toros como se pudo y “naa” más… Se notó desde luego, la falta de Silverio. Si ha estado por ahí, Carlitos no se hubiera sentido tan apático. Se le notaron ganas de torear, pero no cualquier toro. Lo quería suavecito, hecho a la medida, dócil, comprensivo. Pero como ese animal no salió, Carlitos no hizo más que despachar bichos como se los mandaban del corral. Lo que vimos ayer, pues, no fue otra cosa que una matanza de reses salpicada con un poco de toreo… Sin embargo, en lo poquísimo bueno que vimos de Arruza, siguió éste siendo el torero fino de siempre. El público le toleró mucho, porque le estima. Si ha sido El Soldado, le echan la plaza abajo…
El comentarista juzga con dureza al sobrino de León Felipe, acusándole incluso de querer ir cómodo y de salir meramente a cumplir. La crónica firmada por Jarameño, sin juzgar con tanta dureza, nos deja ver que los toros fueron mansos y que aunque el diestro se esforzó, faltó ese punto de inflexión que hace que una tarde que tiende al hundimiento se transforme y se encamine hacia la luminosidad del triunfo. Lo escrito por el nombrado cronista es lo siguiente:
Carlos Arruza dio buena faena al 3º. Por haberse enfermado Silverio Pérez, tuvo que lidiar Carlos cinco sosos bureles y uno bravo. Debido a la enfermedad de Silverio Pérez, el matador Carlos Arruza tuvo que apechugar con la lidia de cinco toros de Zacatepec y uno de La Punta, dándose una tarde sosa y fría, pues hacía falta la competencia de diestros y además el ganado superó en sosería al festejo… El entusiasmo que existía en el público tapatío por esta corrida, decayó en cuanto se anunció el sábado que no actuaría Silverio y el lleno que se mascaba tuvo que conformarse con ser una buena entrada en sombra y mala en sol, ya que se vio un gran claro en este tendido… Cuando salió Carlitos, ataviado con hermoso terno azul y oro, fue recibido con calurosas palmas… No logró lucimiento con la capichuela en el lanceo de sus seis toros, pues no vimos una sola verónica digna de mencionar… En quites estuvo más afortunado, ya que al primero le dio cuatro chicuelinas, cada una mejor que la anterior. Al siguiente toro hizo el alivio con tres gaoneras valientes embarrándose al animal y un verdadero quite por mariposas, pues alejó al burel del picador caído… Vistosas fueron sus chicuelinas y navarras que recetó al tercero y con el cuarto uso las fregolinas y las navarras de nuevo, tan buenas como las anteriores, repitiendo este quite con el quinto. Al que cerró plaza, no había nada que hacerle… En cada una de estas ejecuciones fue entusiastamente ovacionado y escuchó el toque de la música, pues estuvo muy torero Carlos al hacer los alivios a los piqueros… En dos ocasiones prendió banderillas sin que lograra fortuna en ninguno de los seis pares que colocó… Con la muleta lo vimos como torero enterado y dominador que es… A “Coyotito”, que inició el desfile de sosos, lo dobló con suavidad y le insistió con pases de pitón a pitón, rodilla en tierra. Una media estocada, delantera y caidita, y luego otra hasta el pomo, también caidita, fueron suficientes para despacharlo… “Limeño” fue el segundo de Zacatepec, al que se dedicó a castigarlo únicamente, cogiendo una estocada pulmonar, un tanto caída… Su mejor trasteo fue el del tercero, de nombre “Resbaloso”, iniciándola con tres derechazos, de los cuales el último fue superior. Vienen luego un pase lasernista y uno de la firma, para hacer un cambio de mano y luego más derechazos, todo ello con sabor, por lo que se le aplaudió con frenesí… Continúa con pases por alto, aguantando, y ejecutando un riñonudo molinete de rodillas, en la mera cuna del astado, terminando con lasernistas, para que se desgranara la ovación. Vuelve a los de Laserna, pero ahora de hinojos, por lo que el público le agasaja con más aplausos y la música toca dianas en su honor… Lástima que tan lucida faena no la haya coronado como debía, pues da tres pinchazos antes de introducir el acero hasta lo rojo, resultando la estocada caída y descabellando al segundo intento… Con los otros tres bichos, que presentaron innumerables dificultades, pues se defendían, tiraban tarascadas, se colaban, etcétera, no pudo hacerles el trasteo que deseaba. Además pasó fatigas con la espada, pues al cuarto, de nombre “Aceitero”, lo mató con una media estocada, cuatro pinchazos y cuatro sopapos. Con los dos últimos tuvo más suerte, ya que al primer viaje dejó buenas estocadas… El “Chatito” Mora, que fue el sobresaliente, hizo dos quites, uno por gaoneras ceñidas y el otro con un farol de rodillas… Como decimos al principio, el ganado fue el malo, ya que solamente salió bravo el tercero, al que le dio una buena faena Arruza. Por lo demás el diestro se concretó a salir del paso como mejor pudo y en hora y media despachó a sus seis enemigos… ¡Ojalá un alma piadosa le obsequie un diccionario al “Artista” para que haga los letreros de los nombres de los toros con menos faltas de ortografía!
Faltaban unos cuantos meses para que Carlos Arruza aprovechara a cabalidad otro giro de la fortuna y sorprendiera primero, a la afición de Madrid y después a la de España entera, revelándose como un torero capaz de enfrentar y de mantener una competencia con Manolete y permaneciendo desde entonces, como una de las principales figuras del toreo de la historia.

El telegrama que justifica la ausencia de Silverio
El Informador
(14 de noviembre de 1943)

domingo, 13 de octubre de 2013

Los giros de la fortuna (II)

La cornada de Margeli vista por el ilustrador de
El Imparcial (México D.F., 16/10/1900)
Eduardo Margeli Furcó tenía 20 años cuando llegó a México en 1895. Venía acompañando a sus primos Juan José Durán Pipa, matador de toros también natural de Cádiz y Antonio, hermano de éste. Algunos afirman que venía enrolado en la cuadrilla del primero como banderillero y otros, como Verduguillo, señalan que Margeli venía a México a ejercer su oficio de carpintero. Sea cual fuere la verdad de su ocupación al llegar a nuestro país, terminaría dedicándose a cuestiones relacionadas con la fiesta de los toros, primero vistiendo el terno de seda y alamares y después, siendo empresario, ganadero y como dice Cossío en su obra monumental, siendo el árbitro de las cosas de los toros aquí.

Una de las primeras noticias ciertas que se tienen de Margeli como banderillero es en la cuadrilla de Juan Jiménez Ecijano, aunque de nuevo es Rafael Solana Verduguillo quien controvierte esa información y señala que es más bien en una corrida celebrada en Durango el 26 de marzo de 1899 – cuatro años después de su llegada a México – a beneficio de los deudos del torero de Écija, cuando debuta como subalterno. De ser cierta esta última versión, la carrera de quien vestido de luces era apodado El Gaditano, fue brevísima según veremos enseguida.

La temporada que enlazaría a los siglos XIX y XX en la vieja Plaza México de la Calzada de la Piedad comenzó de una manera accidentada. En la corrida que abrió el ciclo, el domingo 7 de noviembre de 1900, Diego Prieto Cuatrodedos, quien alternó con Antonio Arana Jarana ese día en la lidia de toros de Piedras Negras, se llevó una paliza de consideración y siete días después, sería Eduardo Margeli la víctima del infortunio.

La segunda corrida de la temporada se daba el 14 de octubre de 1900, con toros de Santín, propiedad de don José Julio Barbabosa, para José Machío Trigo y Antonio Arana Jarana. El festejo resultó ser uno de esos que desde antes de su inicio comienzan a torcerse y terminan en auténticos desaguisados. Así lo refleja la siguiente relación de sucesos aparecida en el diario El Universal de la Ciudad de México del 16 de octubre de 1900:
Infracciones al reglamento de corridas de toros… La corrida de toros que antier se efectuó en la plaza «México» de esta capital dejó al descubierto y en actitud de punible abandono que provoca a ira, la energía de nuestras autoridades para hacer cumplir las disposiciones de ellas emanadas… El artículo 62 del Reglamento de corridas de toros, del 16 de febrero de 98, previene que no podrán venderse billetes más que en los expendios previamente anunciados por la empresa y por los vendedores ambulantes que autorice bajo su responsabilidad, debiendo tener dichos vendedores sus distintivos y no pudiendo alterar los precios fijados en los programas… Sin embargo, momentos después de haber sido abiertos los expendios en la plaza, se agotaron en ellos los boletos de entrada, pero multitud de vendedores ambulantes merodeaban por allí exigiendo precios casi dobles por los billetes: los de sol que valían cincuenta centavos eran vendidos a setenta y cinco y los de sombra que valían a dos pesos, eran vendidos a tres… Muchos suponen, no sabemos que en esto haya tomado la empresa alguna parte, pues sin su concurso los vendedores ambulantes no hubieran podido acaparar todos los billetes; pero la mayor responsabilidad por la infracción cometida, cae fatalmente sobre la autoridad en primer término, por no haber previsto el abuso de la empresa y enseguida, por no haber retirado de las cercanías de la plaza, como medida de policía a los que abusaban de tamaña debilidad, defraudando los intereses del público… Ante esas infracciones, se pregunta uno ¿para qué sirven el Regidor de diversiones, el Inspector del Ramo y la policía misma?... Otra de las infracciones cometidas fue la de la fracción III del artículo 48; ella establece que las empresas están obligadas a tener en las cuadres desde la antevíspera de la corrida, los caballos necesarios, a RAZÓN de cinco por cada toro que haya de lidiarse, y en la corrida del domingo no existían en la cuadra los 30 caballos correspondientes… Esto demuestra que hay que retomar la fracción IX del artículo 48 en el sentido de que el Director de lidia sea nombrado por el Ayuntamiento y expensado por él. Todas estas infracciones, todos estos abusos cometidos a la sombra de la autoridad y de la debilidad, deben corregirse en lo sucesivo, pero de una manera enérgica y decisiva…
Eduardo Margeli fue herido por el sexto toro de la tarde. Recibió una cornada penetrante de vientre que por la época en la que sucedió y por la extensión de la misma, debió ser mortal y sin embargo, sobrevivió a ella. Encontré varias versiones acerca de la manera en la que el percance se produjo. Voy a reproducir algunas a continuación:

Así lo contó El Primer Reserva en El Imparcial del día siguiente del festejo:
Sexto. – Aldinegro, bien puesto, de romana, hermosa lámina y marcado con el número 147. A su salida, encuentra a «Brazo de Hierro» suelto, por lo que le hace perder el caballo y le mete de cabeza en el callejón... Juan Pérez le pone una vara con caída y pérdida de cabalgadura. «Brazo de Hierro», sin mojar, cae al descubierto, perdiendo la mariposa. La plaza se queda sin picadores y el público empieza a gritar... Martínez sale de los corrales para mojar una vez. El toro salta al callejón y despeja a éste de tanto estorbo que había... «Minuto», en medio de la gritería ensordecedora del público, dedicada al biombo taurino, deja un mal par a cabeza pasada, después de cual, entra «Gaditano» y coloca medio de sobaquillo, siendo silbado ruidosamente... La cogida. – Como banderillero de vergüenza, vuelve de nuevo con los palos, entra por el lado izquierdo, que era por el que había entrado antes su compañero «Minuto» y él, sin prever que el toro se «acostaba» de ese lado, y dejó al cuarteo un par, del que sale cogido y volteado... Al principio se creyó que la cornada no había sido grave pues el diestro se levantó con entereza y por su pie se dirigió a la barrera, pero no pudo saltar ya y fue ayudado y conducido a la enfermería...
J. de C. en El Correo Español del 16 de octubre de 1900, escribió lo que sigue:
Sexto. – Colorao, de gran presencia y mucho poder, un verdadero toro... Arremetió con bravura a los piqueros, dándoles varios tumbos... Al cambiar de suerte, el público protestó, armando un gran escándalo... El «Gaditano», entre aquella gritería, entró al cuarteo, cortándole el toro el viaje y enganchándole por el vientre, levantándole y arrojándole a gran distancia. Acudieron todos sus compañeros al quite, llevándose al toro. El pobre muchacho se levantó y fue por su pie a la barrera, saltándola. Una vez ahí cayó en brazos de los monosabios, que le llevaron a la enfermería. El desgraciado banderillero sufrió una horrorosa cornada de 18 centímetros de profundidad, que entrando por el hipocondrio derecho le atravesó los intestinos. La herida ha sido considerada por los médicos de mortal de necesidad, y probablemente el valiente muchacho habrá dejado de existir a estas horas...
Y como es costumbre en estos casos trágicos, no faltan los agoreros del desastre que solamente encuentran interés en la fiesta para denostarla, como lo refleja esta nota aparecida en el diario El País, del 16 de octubre de 1900:
Siempre ha censurado EL PAÍS el salvaje espectáculo de las corridas de toros, dando para ello poderosas razones... Hoy nuevamente, con motivo de la desgracia ocurrida en la corrida del domingo y que en nuestro deber de informar nos vemos en el caos de consignar, volvemos a repetir que a espectáculo tan salvaje como el de las corridas de toros, no debe concurrir ninguna persona que profese la Santa Religión Católica para no fomentar esa nefanda fiesta... Como decíamos, en la corrida celebrada el domingo en la plaza «Méjico», después de un herradero continuo durante los primeros cinco toros, al salir el sexto, que fue el más valiente de la tarde, arremetió con tal furia en contra de los picadores, que en un momento mató cinco caballos, recibiendo en cambio, nueve lanzazos... El director del cambio de suertes, que lo era Honorio Romero «El Artillero», torero retirar y que siempre fue una nulidad en las plazas, ordenó el cambio de tercio no debiendo hacerlo, por no estar el toro bastante castigado y conservar la cabeza en alto y demostrar gran bravura... Un banderillero, «El Gaditano», cumpliendo con su obligación, quiso colocar un par de banderillas, y al verificarlo, el toro lo enganchó en el hipocondrio izquierdo, infiriéndole una profunda lesión de diez centímetros de extensión por cinco de ancho, haciéndole pedazos el epiplón... El herido fue trasladado a la enfermería, donde se le hizo la primera curación, siendo después trasladado a su casa en estado de suma gravedad... El público que asistió a la plaza se oponía a que el toro fuera banderilleado en tales condiciones, pero el Regidor Pérez Gálvez, que presidía la corrida, indicó que la orden estaba dada, así que si el infeliz torero muere, tanta culpa tiene Pérez como «El Artillero»... La corrida en general fue un fracaso, y así prometen serlo las demás…
Eduardo Margeli fue atendido en primera instancia por los encargados del servicio médico de plaza, doctores Carlos Cuesta Baquero y Silverio Gómez. A poco de iniciar la auscultación del herido se les agregó el doctor Ricardo Suárez Gamboa, Médico Militar y que era profesor de cirugía en la entonces Escuela Nacional de Medicina, además de ser autor de una serie de monografías de clínica quirúrgica. La primera versión de la extensión de la herida y de la técnica quirúrgica aplicada para atenderla se publicó al día siguiente del festejo en El Imparcial y es de la siguiente guisa:
La herida. – Está situada en el hipocondrio izquierdo, como a cinco centímetros abajo del borde de las costillas y sobre el borde izquierdo del músculo recto anterior. Perforó las paredes del vientre, penetrando el cuerno hasta el colon descendente, causando hernia voluminosa, sin que al parecer haya herida del intestino. El cuerno, que estaba astillado, penetró poco arriba de la región inguinal, levantando la piel en todo el trayecto, hasta el nivel antes dicho, que fue donde perforó el vientre. Eduardo Margeli, «Gaditano», presenta además una escoriación de grandes dimensiones en el frontal y algunas contusiones en el costado derecho. El pronóstico es mortal. Creen los médicos que es casi segura la aparición de la peritonitis, de la cual difícilmente se salvaría el herido. La operación. – Se procedió a cloroformar al herido, encargándose de aplicar el anestésico el señor Benjamín Calderón. Conseguida la insensibilidad del paciente, se desbridó ampliamente la herida, haciéndose la asepsia de las asas herniadas, resecando los fragmentos de epiplón, haciéndose un cuidadoso aseo de toda la cavidad del vientre; se hizo la canalización del vientre, con tan buen resultado, que antes de terminar la curación se comenzaron a producir líquidos por la canal. Se procedió enseguida a hacer las suturas y ligamentos necesarios, colocándose un apósito de gasa esterilizada, para impedir la infección…
Días después – 17 de octubre –, en el diario capitalino El Popular, se da cuenta de los avances en el estado de salud de El Gaditano:
El «Gaditano» fue trasladado a su casa, callejón de la Teja número 9 y allí es asistido por los doctores Gómez y Cuesta... Pasó la noche del domingo relativamente tranquilo y sin elevación de temperatura, pero desde el amanecer del lunes se inició la fiebre que a las 5 de la tarde de ese día, era, según indicación termométrica, de 39° y cinco décimos... Hoy, martes, a las 10 de la mañana, se hará al herido la segunda cura... Su estado es grave, pero los médicos no se desmoralizan y tienen esperanzas de salvarle... La herida que recibió el banderillero Eduardo Margeli (a) el «Gaditano» y que es gravísima, de las que ponen en peligro la vida, está situada en el lado izquierdo y en la parte inferior del tórax. Penetro el asta del toro al nivel de la fosa iliaca izquierda, inmediatamente arriba del pliegue inguinal, haciendo una herida de 7 u 8 centímetros de longitud, y rompiendo la piel y el tejido celular fue a penetrar la cavidad del vientre al nivel del hipocondrio. Por este orificio hicieron hernia el epiplón y el colon descendente, pero afortunadamente para el herido, no hubo herida intestinal... Los doctores Gómez y Cuesta, ayudados inteligentemente por el doctor Ricardo Suárez Gamboa, operaron al herido desbridando la herida, redujeron las vísceras herniadas, canalizando después con gasa antiséptica y un tubo la cavidad peritoneal, e hicieron las correspondientes suturas en la pared ventral…
Con sus altas y sus bajas, Eduardo Margeli logró superar la infección – no había antibióticos en esos días – y evitar el tétanos. No obstante, ya no pudo volver a torear. El día 24 de marzo de 1901 se le ofreció por el empresario Ramón López un festejo a su beneficio. Se lidiaron toros de Cazadero (1º y 7º), Parangueo (2º, 3º y 6º), Miura (4º) y Guanamé (5º) por los diestros Eduardo Leal Llaverito, Francisco Soriano Maera, Juan José Durán Pipa, Manuel Lavín Esparterito, Juan Vara Varita y Sebastián Chávez Chano. El cuarto, de Miura, que era semental de Cazadero, solamente se picó y banderilleó, volviendo vivo a los corrales. Ricardo Leal hizo el Tancredo y todos los diestros actuantes hicieron quites, pusieron banderillas y pasaron de muleta.

La cornada vista por el ilustrador del diario
"El Popular" (México D.F., 20/10/1900)
Tras la lidia del segundo, el empresario Ramón López entregó a Margeli un obsequio y entre el cuarto y quinto toros Pipa y Llaverito sacaron al ruedo a Margeli para cortarle el añadido. Hecho esto, la concurrencia le pidió diera la vuelta al ruedo y al hacerlo, comenzó a arrojarle dinero, de las lumbreras de la plaza, el Ministro de Hacienda José Yves Limantour, envió un billete de banco y lo mismo hicieron otras personalidades de esas localidades. Al final, los diarios que relatan el festejo y el mismo Verduguillo señalan que en esa pasada de capote recibió doscientos sesenta y un pesos, que se sumaron a los dos mil quinientos que fue el beneficio líquido del festejo, dinero con el que pudo volver a andar el camino.

Poco tiempo después volvería Eduardo Margeli a aparecer en el ambiente taurino. Entre 1908 y 1909, cuando Saturnino Frutos Ojitos se dedicó al completo a la atención de la carrera de Rodolfo Gaona, junto con Manuel Martínez Feria y Enrique Merino El Sordo reunieron una nueva Cuadrilla Juvenil Mexicana, asunto del que ya me he ocupado por aquí y algunos años después comenzaría, al decir de Cossío, una actividad de guía y apoderamiento de los toreros españoles que llegaban a México por aquellas fechas.

Terminaría sus días siendo empresario de El Toreo de la Condesa y parte de muchas y muy grandes controversias, aunque para él, el giro de la fortuna fue positivo, porque de haber recibido una cornada que en su tiempo era mortal de necesidad, escaló las posiciones necesarias para llegar a ser, como decía al principio, citando a Cossío, el árbitro de las cosas de los toros en nuestro país.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Los giros de la fortuna


El 19 de diciembre de 1965, reaparecía en la Plaza de Toros Torreón un diestro que, teniendo ya algunos años recorriendo los redondeles mexicanos, atisbaba apenas la oportunidad de sacar la cabeza entre los del escalafón mayor. Me refiero a Emilio Sosa, quien, por decirlo de alguna manera cobraba la oportunidad ganada con sangre en la misma plaza el 20 de noviembre anterior, cuando alternando con Curro Girón y Emilio Rodríguez en la lidia de toros de La Trasquila, el sexto de esa tarde, Corsario, le infirió una cornada de veinte centímetros de extensión en el muslo derecho. Su actuación en ese festejo, de acuerdo con la crónica que publicara en el diario El Siglo de Torreón su cronista titular Guillermo V. Zamudio, fue la de un bravo de los ruedos y aún sin cortar orejas, fue quien causó mejor impresión en esa tarde en la que se conmemoraba el trigésimo aniversario del coso torreonense.

Para la fecha de su reaparición, se le anunciaba en un cartel con dos diestros que de alternativa reciente, eran, junto con otros de su generación, quienes estaban llamados a tomar el relevo de los de la Edad de Plata mexicana, como fue el caso en esta tarde de Mauro Liceaga y de un jovencísimo Manolo Martínez, que toreaba su tercera corrida como matador de toros. El encierro provenía de la ganadería de Las Huertas, propiedad de don Luis Javier Barroso Chávez quien hacía su presentación en Torreón como ganadero.

Emilio Sosa se había presentado como novillero en la Plaza México el domingo 2 de agosto de 1953, llevando como alternantes a la rejoneadora norteamericana Georgina Knowles y a pie a Paco Honrubia y a Carlos Cruz Portugal. Los novillos fueron de Mimiahuápam, propiedad de don Luis Barroso Barona, persona que siempre trató de ayudar a Emilio, a quien se le fue vivo el segundo de la tarde nombrado Cantaclaro. Recibe una alternativa en Guatemala, el 22 de octubre de 1961, de manos de Jesús Córdoba con quien actúa mano a mano en la lidia de toros de Coapantes, misma a la que renuncia para volver a torear como novillero en la Plaza México el 15 de julio de 1962 y recibe el doctorado definitivo el 20 de diciembre de 1964, en Tapachula, Chiapas, de manos de Rafael Rodríguez, lidiando nuevamente toros de Coapantes.

Emilio Sosa había mantenido un cartel discreto en las plazas del Sur de la República Mexicana, toreando principalmente en los estados de Chiapas, Campeche y Tabasco y sin llegar más allá de las diez corridas al año. Con esa preparación es que llegó a Torreón a intentar dejar ese circuito en el que estaba inmerso, para intentar salir de allí con la oportunidad de convertirse en figura del toreo.

La corrida

La crónica es de Guillermo V. Zamudio y publicada en El Siglo de Torreón del día 20 de diciembre de 1965. Me parece algo alambicada, pero refleja quizás lo que a través del tiempo significó en realidad este festejo para algunos de sus participantes.

...no se puede ser honrado ni entregarse sin rodeos cuando se tiene enfrente no al toro que es nobleza en su bravura y es casta y es coraje en su divisa... sino al marrajo peligroso que salta a la arena a tirar la cornada que asesina y a cazar al torero en la embestida... Porque eso era “Comodín”, la fiera que inmolara ayer a Emilio; como así fueron “Cara Sucia”, “Castoreño”, “Cigarrito”, “Bravío” y “Fosforito”... Seis asesinos con cuernos que dieron siempre la impresión de estar toreados... que nunca tuvieron un gramo de nobleza, pero sí arrobas de cobardía, que volvieron la cara a los piqueros y que contra todas las reglas, tuvieron que ser castigados cerrándoles la salida y en los medios... Cobardes y asesinos, eso fueron los toros de Las Huertas... Ayer volvió a caer Emilio Sosa... Y su cornada no fue el producto de un desconocimiento de la lidia, ni de un intemperante alarde de valor, ni siquiera de un descuido... fue la manifestación clara del hombre que quiera darlo todo solo por recibir la satisfacción de cumplir con el que paga, de entregarse por entero a una afición como la nuestra que lo ha hecho suyo, que es parte de nuestra Fiesta y que lo quiere de verdad...

De lo que entresaco de la crónica, se deduce con claridad que el encierro del debutante ganadero Chacho Barroso no funcionó y que los toreros pasaron las de Caín con él. Y sobre todo Emilio Sosa, que se llevó una gran cornada en el tórax, según el parte médico:

Herida producida por cuerno de toro penetrante de tórax, como de diez centímetros de extensión, situada en el octavo espacio intercostal del hemitórax izquierdo, a nivel de la línea axilar media, que interesó piel, tejido celular subcutáneo, aponeurosis musculares intercostales, pleura parietal, fractura de costilla y entrando en la cavidad torácica, produjo un desgarre del pulmón izquierdo en cara posterior y superior del lóbulo medio, mediante una herida de un centímetro de extensión y medio centímetro de profundidad, y otra de siete centímetros de extensión y cinco de profundidad, con ruptura de pleura visceral y vasos pulmonares; además presenta hemotórax izquierdo abundante. Estas lesiones son de las que ponen en peligro la vida y tardan en sanar más de quince días. Doctores Gonzalo Reyes Gamboa. J. Romeo de la Fuente. Jesús Solís Fabila. David Martínez.

Emilio Sosa (Foto cortesía
Toreros Mexicanos)
Como podrán observar de la lectura de la descripción de la herida y de los destrozos que causó, es quizás una de las cornadas más graves que se han producido en ruedos mexicanos en el último medio siglo. Tan grave fue, que prácticamente quitó a Emilio Sosa de torero, porque si bien en 1966 y 67 todavía alcanzó a vestir el terno de luces en alguna oportunidad, ya no recuperó la posición que había alcanzado al final de ese 1965 y acabó por dejar los ruedos y si hemos de hacer caso al bibliófilo Daniel Medina de la Serna, integrado a la Policía Secreta de la Capital Mexicana.

Los giros de la fortuna

El tercer espada del cartel era un jovencito de Monterrey llamado Manolo Martínez, que esa tarde, decía arriba, salía al ruedo por tercera vez como matador de toros, pues apenas el 7 de noviembre anterior, Lorenzo Garza le había otorgado la investidura en la tierra de ambos, con el testimonio del linarense Humberto Moro, lidiando la terna toros de Mimiahuápam. La misma crónica que me trajo a recordar este festejo, dice sobre Manolo Martínez lo que sigue:

Manolo Martínez, que como novillero apuntaba como un pequeño Maestro, ayer parecía un estudiante, se dejó ver lo menos posible, se enfundó en su capote para cubrir su frío y tal vez su miedo y solo salió a la arena cuando las circunstancias así lo exigieron... Mal comienza como Diestro de Alternativa... tampoco en Monterrey se le dio bien...

Un juicio duro, directo y tempranero. Nadie pensaría que algo más de un año después, Manolo Martínez tendría el mando total de la Fiesta en México, que nada sucedía en ella sin su bendición y que igualmente, podía con todo y con todos en los ruedos y que ese estado de mando, se prolongaría por dos largas décadas, con todo lo positivo y también con todo lo negativo que una dictadura de esa naturaleza implica. Pero ese 19 de diciembre de 1965, no convenció al cronista de Torreón, que pensó que su alternativa fue precipitada.

Así son los giros de la fortuna, quien parecía salir del anonimato, en cuanto pudo ver la luz, resbaló para caer y no volver a salir y el que se dijo que no tenía la talla, fue el que resplandeció y mandó por largo, largo tiempo. 
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